Diario El Litoral y Eduardo Ledesma estrenan ciclo de entrevistas

En el marco de una nueva apuesta, que incluye la incursión en los formatos televisivos a demanda, El Litoral y este sitio estrenan un ciclo de entrevistas con el que pretende además retomar un ejercicio sano como infrecuente: el debate de las ideas.
La primera temporada de este ciclo de conversaciones entre el subdirector de El Litoral y distintas personalidades locales, de la región y del país estará disponible en el formato on demand: a pedido, o, como se conoce en castellano simple, en el formato de televisión digital a la carta, de manera gratuita, a partir de las 21 de este miércoles 15 de mayo, a través de diversas plataformas virtuales. Una de ellas será esta y otra la del diario El Litoral.
En tanto, continúan las conversaciones para que el envío pueda redistribuirse también por la televisión analógica, para cumplir de ese modo con aquellas personas que todavía se sirven de las programaciones fijas curadas por los canales tradicionales.
El programa propone una serie de entrevistas a intelectuales, dirigentes políticos, artistas y profesionales de distintas ramas del saber y del hacer, para pensar sobre temas contemporáneos que nos atraviesan como sociedad: poder, política, género, cultura, arte. La voz y el silencio.
Contrario a los formatos más populares de los últimos años, este ciclo de entrevistas no hará foco en aquellas cuestiones que busquen ahondar en la intimidad o la biografía personal de los entrevistados, sino que fue pensado como un espacio intercambio sobre los desafíos colectivos de la sociedad en los tiempos que corren.
Cuestionamientos como cuál es el rol social de la universidad para el desarrollo de las provincias; qué es el género y por qué debe estar en la agenda política; cómo puede ayudar el psicoanálisis a comprender a una sociedad conservadora y superficialmente estática como la correntina; qué cantan los que cantan; qué cuentan los que cuentan; qué es el poder real y cuál el poder formal; cuál es nuestra relación con la discusión centro-periferia; en qué consistiría la reparación histórica que andamos pidiendo a diestra y siniestra, etc., etc.. Estos y otros interrogantes, no menos hondos ni complejos, forman parte de las consultas que comenzarán a ser respondidas desde este miércoles con la licenciada en Filosofía Guadalupe Arqueros.
Será esta la primera temporada. Al menos es esa la pretensión, pues su hechura de alta factura técnica/periodística desafía en estos momentos los pormenores y los pormayores de la crisis económica que golpea a los argentinos en general, y al periodismo y a los medios en particular.
Estas entregas, no obstante, tendrán como magnífico marco el centenario Teatro Oficial Juan de Vera, un escenario central para comprender la vida cultural e intelectual de la provincia de Corrientes y también de la región, ya que supone un espacio privilegiado para la contemplación y el intercambio con referentes de las artes y la cultura tanto provincial como regionales, nacional e internacional.
Ese es el espíritu que impulsa este proyecto: la posibilidad de discutir ideas, en el marco de una escena que en general embellece o sublima el pensamiento.
La producción es una realización del periodista correntino Eduardo Ledesma, subdirector del diario El Litoral, columnista del programa “Desayuno”, de Radio Dos, y del programa “No está todo dicho”, del Canal T5 Satelital. Cuenta además con la apoyatura técnica, en diseño gráfico, de Augusto Vilar, la fotografía de Nicolás Alonso, la estética audiovisual de la productora 20/47, la realización audiovisual de Hugo Zamora y Joaquín Dalmazzo y la producción general de Andrea de los Reyes.
El estreno se realizará este miércoles a las 21 a través de dos plataformas online: ellitoral.com.ar y eduardo-ledesma.com. Desde ese momento quedará disponible cada capítulo, semana a semana, hasta concluir la temporada que se calcula en 20 episodios.

Si le preguntan, Flinta cree que lo hostigan

El senador radical cuasi vitalicio Sergio Flinta fue ayer por la tarde a radio Sudamericana. Y no fue de paseo. Al parecer acordó una entrevista en la que no debían hacerle preguntas.
No tan raro por sistemático. Sucede que al parecer el legislador pautó una entrevista que en realidad iba a ser lo de siempre: un monólogo. Pero los periodistas preguntaron. Y como el senador no está acostumbrado a las preguntas, cree que lo hostigaron. Entonces se defendió, según dijo.
—¿Cómo lo hizo?
—Atacando a los periodistas de la radio.
Descalificando a uno porque supuestamente es militante, como si eso, en todo caso, y si así lo fuera, estuviera mal. Porque según dejó entrever, para el senador sólo está bien que los periodistas militen en el radicalismo. Y está aún mejor que no pregunten y obedezcan, como él obedeció siempre a Ricardo Colombi.
De él, del patrón del paiubre, se llevó un latiguillo: que la culpa de todo siempre es del otro. Por eso se encabritó. Porque los periodistas preguntaron sobre la coyuntura nacional, asignándole al gobierno la cuota de responsabilidad en la situación actual, que se agrava conforme pasan los días; en las promesas incumplidas; en las mentiras…
—¿Y qué respondió Flinta?
—Que Macri está mal por culpa de Cristina. Que la economía está mal por culpa de la sequía. El país no despega por culpa del tiempo. Que la inflación no baja por culpa de la especulación. Que el dólar sube porque hay una conspiración comandada por el Vaticano. Que el el país está a punto de explotar, pero está bien, porque este es un país real y no la ficción chavista, según dijo.
Que a Macri no le afectará la economía en las elecciones, dijo, pero todos los gobernadores radicales, incluido el de Corrientes, desdoblaron las elecciones para no ir en la pérdida con Macri.
Pérdida, además, es una palabra que usó su jefe político, que en otra radio también se enojó cuando le preguntaron por el fiasco de la alineación Nación-Provincia-Municipio, que está funcionando tan mal como los semáforos de la avenida 3 de Abril.
Pero como ni él mismo se cree su relato, sintió que estaba siendo atacado. Entonces acusó a uno de sus entrevistadores de militante y descalificó al resto porque no son periodistas recibidos. Diplomados.
Tan soberbio, como siempre el senador, que cree que él sí está habilitado. Claro: porque ser veterinario te hace un experto en leyes. Y por eso está hace tanto tiempo en el Senado: desde 2001 y se quedaría al menos hasta 2023.

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Pero encima de esto, el senador debe saber, si le interesa de verdad la realidad más allá de la chicana con la que intenta desacreditar a los que le preguntan cosas que no puede responder sin mentir o enojarse, que en Argentina el ejercicio del periodismo goza de amplias libertades. No está colegiado ni se requiere titulación para su ejercicio. Está establecido así en la Ley Nacional 12.908. Tal vez no la leyó, porque esa ley es una ley peronista, y el senador cree que la historia empezó con Ricardo Colombi.
Más aún. Si para entrevistarlo al senador Flinta hace falta una matrícula -lo cual lo desnuda en su postura autoritaria, contraria a la naturaleza de su rol de funcionario público-, habría que preguntarse qué hizo él, siguiendo esa misma lógica, o cuáles son sus pergaminos para seguir viviendo del Estado como senador de un gobierno que se extendió por más de 15 años y que se fue dejando más pobres que cuando empezó.
Difícil que responda. De hecho, en estos días se le andan preguntando cosas de la interna radical y él sale del paso metiéndose en la interna peronista. Cuando ocurre al revés, él suele ser el primero en amonestar a los atrevidos.
Tal vez sólo esté enojado. O quizá no esté encontrando los argumentos. Pero lo que no puede hacer es convertirse en lo que toda su vida criticó. ¿O sí?

El poder de los medios, Ivan Schuliaquer

Propone armar el rompecabezas del poder de los medios adentrándose al tema sin respuestas totalizadoras. El hecho de que ya no se pueda pensar a la política sin los medios ni a los medios sin la política no es nuevo. No obstante, en los últimos años, como nunca antes, el rol de los medios de comunicación forma parte del debate social cotidiano: ya no es aceptable que pueda existir un narrador omnisciente de la realidad. Así, la idea de que los medios puedan ser objetivos y neutrales entra en crisis. El autor estructura el trabajo en seis capítulos, donde entrevistó a estudiosos y teóricos reconocidos como Gianni Vattimo, Pablo Boczkowski, Gabriel Vommaro, Antonio Negri, Néstor García Canclini y Ernesto Laclau para plantearse nuevas interrogantes sobre los medios de comunicación.

El un libro chiquito, rápido de leer, pero profundo y de digestión lenta. De consulta permanente. Está claro que es de lectura obligada para periodistas y dueños de medios, pero también para estudiantes y, más aún, para aquellos que están en la profesión y fueron forjados por el propio oficio.

Medios, poder y contrapoder

Este libro, que reúne a tres destacados especialistas en comunicación (Denis de Moraes, Ignacio Ramonet y Pascual Serrano), está orientado por intenciones interconectadas. En la primera parte se examinan formas y efectos de la colonización del imaginario social por parte de los medios corporativos, a menudo con la divulgación masiva de verdades convenientes y rentables. Se analiza la configuración actual del sistema mediático, bajo la fuerte concentración monopólica en torno a megagrupos y dinastías familiares; las estrategias de comercialización de los bienes simbólicos; la subordinación de informaciones de interés general a ambiciones lucrativas; la retórica poco convincente de la corporaciones mediáticas a favor de la libertad de expresión, que oculta el deseo asumido pero no declarado de hacer prevalecer la libertad de empresa sobre las aspiraciones colectivas; la pérdida de credibilidad de la prensa y las implicaciones para la democracia.

De este libro que quiero mucho, al punto de no prestarlo, rescato siempre una frase de Ramonet, acorde con los tiempos y nuestras realidades:

“Produzca una información diferente, inteligente, verdadera, confiable, creativa, adaptada a las nuevas tecnologías, y no lo contrario, como hacen los grandes medios, que intentan adecuar las nuevas tecnologías a la prensa tradicional”.

El mejor oficio del mundo

“El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad.”
Gabriel García Márquez

 

 

El periodismo es el mejor oficio del mundo. Lo dijo García Márquez y muchos compañeros en la profesión así lo creen, aún en las peores épocas. Aún en días como los actuales en que la indecencia pelea con la coherencia una definición en clave de sinónimo; en que la militancia disputa con la independencia nuevas formas de periodismo, como si fuera posible en esos términos; en momentos en que la descalificación desplaza a los argumentos y el mínimo reconocimiento de terceros es más bien una gestión interesada en busca de silencios o voces direccionadas.

Sucede ahora mismo. El Día del Periodista aparece como una celebración apoteótica de la hipocresía, primero porque siempre hay poco para festejar y segundo porque el mar de egos que inunda las costas de la corporación (para usar un término ciertamente vigente) nos hace malos anfitriones. Y al no ser capaces de encauzar y sostener el más mínimo respeto por un colectivo social como el periodístico, cedemos gratuitamente nuestros espacios. Entonces surgen los otros, los cientos de amos de ocasión que compran simpatías y compromisos con un par de chipacitos. Cinismo puro.

Cada 7 de junio recordamos a Moreno con una misa en la escuela que lleva su nombre y después, o antes, cenamos en el gremio. El resto de la semana nos hacemos del tiempo que no tenemos. La agenda nunca es más revisada para poder estar en la mayor cantidad de atracones de favor donde hay que escuchar incluso al depreciado porque se usa, es costumbre.

¿Alguien recuerda convite como el de los periodistas pero con enfermeros, bomberos, docentes, porteros, mecánicos o carpinteros?

Tal vez no sean “tan importantes” como los periodistas.

Lo cierto es que nosotros, dueños de la efímera verdad del momento, del día o de la historia, hasta que alguien la revise, no somos capaces de cuestionar en los hechos el por qué de los favores. Sí la veracidad de cualquier versión ciudadana que interrumpa el descanso del statu quo. Brindamos al abrigo del señorío pero le contamos las costillas a sus víctimas.

Nos olvidamos, en días como los de hoy, que la mayoría de nuestros celebrantes luchan el año entero para imponernos su verdad callando, a nosotros o a colegas.

No recordamos que algunos otros viven del diseño de los más variados métodos de censura, o de presiones de todo tipo, principalmente económicas, para hacer decir lo que conviene, antes de lo que se debe.

Días como los de hoy sientan las bases de un jubileo en el que muchos caemos, para luego, sumidos en una especie de insomnio conveniente, repitamos los discursos sin siquiera recurrir a una partitura. Recitamos de memoria, a veces sin necesidad, cierta melodía dominante (término si los hay), históricamente pretendida en tanto única.

No obstante, un día como el de hoy, tal vez sirva en el fondo también para algo. Puede que para debatir; para hacer las cuentas y tratar de ver si nuestros números pesan más en la columna del debe o en la del haber.

Es decir: ¿Sirve, un día como el de hoy, para preguntarnos por qué es mejor trabajar para un gobierno que para un medio? ¿Es posible que la obviedad de la razón del dinero se imponga, sin más, a las razones de la profesión? ¿Es posible que transitemos un cambio de formato, donde el escritorio sea suficiente verdad para trocarlo por la crónica desde el lugar de los hechos? ¿Es admisible que el periodismo de la gacetilla reemplace a uno de creación? ¿Podemos acceder a que el dato oficial niegue la más mínima investigación? ¿Somos capaces de permitir que la alienación programada desde los sectores encumbrados, del origen que fueran, sea suficiente calmante para el fuego de la preparación, de la superación permanente? ¿Es posible que después de desnudar todas estas falencias nos creamos elegidos?

El vale todo de estos días habilita primeros planos a triunfos fugaces y lo niega a cualquier crítica. De hecho, esto de la crítica nos convierte hoy, sin escalas, en estatales o corporativos, plato que se come sazonado con escraches de todo tipo, y embestidas de una violencia que desnuda el ADN de otros tiempos.

La discapacidad de la hora se ensaña con el oído más que con la boca. Escuchamos poco y, cual niño incontinente, nos decimos encima, todo el tiempo. Reproducimos discursos unidireccionales que en estas zonas andan teniendo dos propaladoras, y nos olvidamos de sus razones. No las cuestionamos. Quemamos, por tanto, la raíz de cualquier análisis.

En cambio, asumiendo cierta complicidad ignorante, muchos periodistas y medios nos adjudicamos un arbitraje ante el público al que le permitimos cualquier exceso. Ni siquiera nos hacemos cargo de decirlo con voz propia. Usamos a la gente (que también se dice encima) para abonar un discurso estigmatizante, discriminador, que convierte a la víctima en victimario de un sistema viciado, excluyente.

Cuando esto pasa, periodista y periodismo han dejado de mediar para convertirse en serviles re-productores de sentidos que no controlan.

“Es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional”, agrega García Márquez.

Tal vez, finalmente, sirva un día como el de hoy para reconocernos en el circo. ¿Nos veremos haciendo piruetas que además, por si fuera poco, otros copian, con tal de que la gente nos lea, nos siga, nos crea?

¿La vanidad que nos envuelve nos permitirá alguna vez hacer algún tipo de autocrítica seria, para que además de leernos, la gente nos tenga algo de compasión?

Ya no se trata de que nos sigan como a profetas. Se trata de que seamos dignos de recuperar nuestra propia dignidad, ultrajada por tanta hipocresía y servilismo idiota, producto de nuestro analfabetismo en el tratamiento de cuestiones clave de la cosa pública y de nuestra sumisión dolorosamente prostituta ante cualquier tipo de poder.

Por estas, y otras cosas, el periodismo seguirá siendo el mejor oficio del mundo. Porque permite, al menos, poder decirlo. Ojalá permita discutirlo.

Felicidades.

Noticias del poder, Jorge Halperín

Noticias del poder: buenas y malas artes del periodismo político. En este libro, Jorge Halperín entrevista a prestigiosas figuras como Eduardo Aliverti, Juan Luis Cebrián, Jorge Lanata, Rodolfo Terragno, entre otros, en busca del verdadero rol del periodismo político en la sociedad occidental de hoy.

Tal vez los tiempos cambiaron un poco, pero no la manera de acarar la cosa política. Allí hay continuidades contadas, recetas, maneras, y algunos elementos que trascienden los tiempos y que son útiles para el ejercicio de la profesión.