¿Hacia dónde va el gobierno de Valdés?

El gobierno de Gustavo Valdés sigue la lógica de los pueblos, aún de los más modestos. De aquellos que evolucionaron, y lo hicieron en ancas de las formas de la política, de la economía, de la cultura. El Gobernador parece encarnar esa sofisticación. Pero, ¿servirá para algo? ¿Nos llevará a alguna parte? ¿Necesitamos un estadista o nos alcanza con un patrón? ¿El Gobernador está mirando solo una parte o toda la realidad provincial? ¿Cambiará lo que está mal, lo que está enquistado, mañoso? ¿Hay forma de barajar y dar de nuevo, cuando hay deudas que pagar, producto de una continuidad política y electoral? ¿Oxigenará las zonas estancadas del gobierno? ¿Saneará los empachos heredados? ¿Por qué hay tanta diferencia, si es que la hay, entre estos hombres que nos gobiernan hoy y los que sustentaron la pujanza oxidada de la provincia? Aquí unas pocas claves para entender el cambio y el estado de la época.

#Desarrollismo
Valdés fue a la Legislatura para dar cuenta del primer año de su gobierno y proyectar el segundo. ¿Qué hizo? Un diagnóstico largo de la realidad que algunos dicen que fue poco profundo. Que en todo caso, en términos económicos, fue mezquino en el análisis. Y que por conveniencia obvió a Mauricio Macri y a la situación nacional. Quizás sí.
Para contrarrestar -como si fuera posible en términos reales esa separación entre una supuesta malaria nacional y una presunta bonanza provincial-, allí mismo trazó la línea directriz de su gobierno que proyecta similitudes con los objetivos que marcó y concretó el desarrollismo en Corrientes.
Tan mal estuvimos, evidentemente, que Valdés bosqueja hoy casi lo mismo que Fernando Piragine Niveyro concretó hace más de 60 años. Aggiornado por los tiempos, las circunstancias y las tecnologías, la pretensión parece ser la misma: no sólo crecer en número por la natural reproducción, sino desarrollarnos. Sobre tres o cuatro puntos concretos. Lo triste allí no es proyecto, que parece más que acertado. Lo triste es que nos sigan faltando las mismas cosas que hace medio siglo.

#Sueldos
Hace tiempo que ya no alcanza con que la Provincia sólo pague los sueldos estatales y se contente con ello. Y hace tiempo quiere decir más o menos 15 años.
Que el Gobierno no pague los sueldos es una situación de anomalía. Que lo pague, por tanto, es una situación de normalidad. No es una obra ni una dádiva. Es sólo eso: lo mínimo que debe hacer un gobernante.
Aquí, en cambio, el colombismo abusó de la angustia generada por la crisis del 99 y desde entonces azuza con esos fantasmas, siempre para sostenerse en el poder o conservar su cuota parte. Mientras eso sucedía, es decir cuando sucedía el colombismo, los años también se sucedieron. Inexorables. Y las condiciones de desarrollo para el resto de los correntinos, la mitad que no trabaja en el Estado, nunca aparecieron.
A juzgar por lo que dice constantemente Valdés y repitió en el discurso del viernes ante la Asamblea Legislativa, está para mucho más que pagar salarios. Incluso para mucho más que sólo conservar el poder, que es la lógica típica de nuestros patrones silvestres.

#Trabajo
Valdés sabe que no alcanza sólo con poner plata en los cajeros. Sabe que los trabajadores no “institucionalizados” también dependen en algún punto de él en tanto gobernante. De los horizontes que trace la provincia.
A los más vulnerables -caídos del sistema- se los ayuda, aunque ello implique la queja de los que al parecer no necesitan de ese impulso. Incluso muchos de sus partidarios. Gente que cree que cuando la cosa anda bien es mérito personal, y que cuando anda mal es culpa del Estado que sostiene malandras o piqueteros, choriplaneros o corruptos. ¿Qué hizo con ellos? Les envió un mensaje:
—Nosotros no renegamos de la asistencia social —dijo Valdés—. ¿Cómo podríamos renegar si hay tanta gente que necesita una ayuda para poder vivir? Pero sabemos que esa no es la solución. Que lo que debemos hacer es generar condiciones para que florezca el trabajo, para que todos y cada uno de los correntinos puedan ganarse la vida con el sudor de su frente y el esfuerzo propio. Y tiene que ser una vida digna. Una vida que dé oportunidades. Que brinde acceso a una educación de calidad que nos permita crecer y progresar como personas, pero también como sociedad.

#Industria
¿Cómo se hace, en todo caso, para generar esos parámetros de dignidad?
Valdés dice que están las condiciones básicas para la industrialización, que allí está puesta la expectativa de la provincia. En los bosques. En la madera.
—Tenemos que apostar a la forestoindustria. Ese es un potencial de crecimiento fenomenal —afirmó. Tan convencido está, que en el discurso ante los legisladores usó más de 30 veces la palabra industria. Fue de las más recurrentes.
El trabajo saldrá de allí y del turismo, manifestó. Trabajo de calidad, digno, que ayude a limar las bases sólidas que estructuran la pobreza. Pero también de las obras. De los miles de trabajos que demandará el Estado a lo largo y ancho de la provincia. Con plata propia y con plata que reclamará a la Nación, según expresó. Gobierne quien gobierne. Las regalías de Yacyretá son un ejemplo.

#Infraestructura
Pero para generar trabajo, sostiene el Gobernador, también se necesita una infraestructura que permita producir y transportar la producción: energía eléctrica y gas natural, rutas y autopistas seguras, puentes, parques industriales, puertos como los de Lavalle e Itá Ibaté o los que se están proyectando en Ituzaingó y El Sombrero. Aeropuertos como los que se necesitan en Paso de los Libres, Goya y otras ciudades, caminos rurales, comunicaciones, internet de alta velocidad para conectarnos con el mundo…
Energía, rutas, puertos, aeropuertos, comunicaciones, educación, parques industriales, incentivos fiscales, seguridad jurídica. En suma, la provincia de Piragine. Una provincia que exige mucho más que sólo pagar en tiempo y forma pequeñas sumas que ni en suma hacen una gran suma.

#Pobres
Pagar los sueldos, si bien aportó en su momento la dosis de paz social necesaria para poder reencauzar la provincia, no alcanza hoy para cambiar los cimientos de la marginación, de la indigencia, de la pobreza. De allí se sale con salud, trabajo y educación. Pero para aprender, por ejemplo, hay que comer. Tan mal estamos que de eso todavía se encarga el Estado: de la comida de los chicos. Esa es la provincia que tenemos. Esta es la provincia que gobierna Valdés. Esa es la provincia que heredó de Ricardo Colombi: con 40% de pobres, y de pobres que se mueren.
El Gobernador mismo lo dijo:
—La mortalidad infantil que cae año tras año desde 2014 cuando era del 15,9 a 2018 donde fue del 11,6. En 5 años se redujo un tercio. ¿Alcanza? No. Pero es la prueba de que estamos haciendo las cosas bien.
También se refirió al embarazo adolescente, asunto que “afecta mayormente a los sectores más postergados de la población, donde hay más desinformación y más abuso”. Dijo que el embarazo adolescente también bajó del 21% al 18%. Estamos por debajo del promedio nacional. Aunque se redujo un 15%, aún sigue siendo muy alto si nos comparamos, reconoció.

#Proyección
Hay muchos otros índices. Algunos son buenos o están en eso, pero otros siguen siendo malos. Lo bueno en todo caso está en que Valdés parece no esquivar el bulto. La suma de sus dos discursos en la Legislatura constituyen un vuelco en la política provincial: pasamos de una provincia escondedora y sin rumbo de mediano y largo plazo a una que empieza a mostrarse y proyecta.
—¿Es suficiente?
—No.
—¿Qué es lo alentador entonces?
—El incremento de la obra pública, multiplicador de trabajo; el accionar de algunas reparticiones y empresas públicas; los procesos de modernización e inclusión con trabajo; el pedido a los legisladores para aprobar las leyes de voto joven y de paridad de género; el compromiso con las políticas de igualdad de derechos entre hombres y mujeres; de contención para la comunidad Lgbtq y las acciones de ataque contra la violencia de género. Acción, ante tanta quietud y quebranto. Acción. Veremos.
—Tenemos una política federal de desarrollo porque promovemos el arraigo de la gente en las ciudades de toda la Provincia —dijo Valdés para finalizar—. No queremos que los correntinos tengan que emigrar buscando mejores de oportunidades. Queremos nacer, crecer y morir en Corrientes.
Tampoco esto es casual.
Si en el último tiempo era difícil hasta nacer en estas tierras, crecer y morir en Corrientes se ha convertido en un “privilegio” que ha perdido al menos un tercio de los correntinos. Son los que se fueron porque acá ya no podían.
Si alguno vuelve es porque tuvo buenas noticias. Ojalá.

Valdés dejó ir a otro colombista

El gobernador Gustavo Valdés decidió darle salida a otro ministro. Al de Obras Públicas. Es el segundo que despide desde que asumió en 2017. Es también el segundo colombista puro que sobrevivía del proceso regimentado que empezó 2001. A la luz de lo que se sabe, es muy bueno para su gestión, porque el cambio se sostiene en el trabajo o, mejor dicho, es producto de su falta. Lo malo es que la continuidad del gobierno responda a pactos políticos que mantienen una inercia que se queda corta y se muestra exhausta para los tiempos que corren, los procesos electorales que se avecinan, y las necesidades que –en provincias como estas–, no merman.
Lo auspicioso es el movimiento, en todo caso. Que Valdés, a diferencia de Colombi, suprime el lastre a cambio del llano, y no a cambio de promociones costosas para el erario público como la de los ex ministros Julián Dindart u Orlando Macció, a los que facilitó becas de diputado nacional y de asesor en Consejo Educación, respectivamente.
Puede que pronto Rodríguez u otro desocupado aparezca en alguna lista legislativa amiga, pero ya no será lo mismo que hacerle peso al gobierno desde adentro del gobierno. Veremos.

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En verdad, hoy Valdés disimula como puede ese dato que lo envuelve: que de los 13 ministros que lo acompañan desde hace poco más de un año, 8 venían de las gestiones inmediatas anteriores. Hubo uno incluso que venía de 2001: Enrique Vaz Torres, el primer echado.
Disimula que más del 80% de los ministros constituyen una herencia que le daba continuidad, sí, pero le restaba poder de fuego.
Ya con Vaz Torres en la calle Valdés demostró que no está para soportar desplantes de los que antes eran sus iguales, pero ahora son sus subordinados institucionales. Ya con Vaz Torres envió un mensaje multipropósito, a la política externa y a la interna. A la ciudadanía. Con Bernardo Rodríguez da otro mensaje que impacta de lleno en la interna, ahora, en la hora de la interna.

—¿Qué fue lo que pasó?
—Que el ministro de Obras y Servicios Públicos, Bernardo Rodríguez, presentó su renuncia, texto que fue aceptado el viernes por el gobernador Valdés. Que el alejamiento del popular “Gringo” se dio 48 horas después de la cesantía del subsecretario de la repartición, Miguel Angel Tombolini.
(Dos bajas en una semana en el mismo sector. En un ministerio clave para mostrar hechos que acompañen lo que por ahora se ve en soledad: la trabajosa voluntad de Valdés de estar cerca de las demandas de la gente en todo el territorio, justo en momentos en que el clima, además, hace notar la pequeñez humana, pero también las falencias de las políticas públicas y los déficits estructurales, mantenidos y acrecentados por los gobiernos anteriores. De los inmediatos anteriores, incluso, el actual gobernador fue parte. Negar eso es tan errado como echarle la culpa a un empleado por decisiones mal tomadas por el CEO de la empresa.

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Según se dijo oficialmente para salir del paso, al promediar la semana el arquitecto Tombolini habría tomado la decisión de irse de su oficina para acogerse al beneficio jubilatorio. Otras voces dicen que el subsecretario venía arrastrando diferencias con el Gobernador, que se agravaron por asuntos privados del funcionario que tomaron estado público el año pasado. Que reclamos vecinales de su pago chico, mal gestionados, y con costos para el propio Valdés, precipitaron la decisión.
Dicen también algunos hombres bien informados que merodean el Ministerio de Obras, que Valdés echó a Tombolini.
—En ese tema no dudes. Valdés lo echó. Ahora si quiere se jubila —dicen con énfasis los maestros del hormigón armado. Aseguran además que esa decisión “no le gustó” a Rodríguez.
—No le gustó y entonces renunció.

Al hacerlo, al alejarse de su puesto de ministro de Obras y Servicios, Bernardo hizo trascender que habría renunciado por “motivos personales” y “para dedicarse de lleno a su actividad privada, ya que tiene una empresa de transporte de materiales”. Justo de materiales.
Lo llamativo de la cuartada es que los Rodríguez, él y sus dos hermanas, vienen ocupando cargos públicos y partidarios en la UCR desde que Ricardo Colombi llegó al poder, hace casi 20 años. Nunca hubo problemas con la empresa familiar. Tal vez ahora haya a un exceso de crecimiento o un exceso de crisis económica, razones que demanda la atención de sus propios dueños. El tiempo dirá.

—¿Quién es Rodríguez entonces, un funcionario de carrera-militante o un próspero empresario?
—El ahora ex ministro es oriundo de Curuzú Cuatiá. El “Gringo” es hermano de Alicia, histórica y leal secretaria privada de Ricardo Colombi; y de Graciela, actual senadora, pero que supo jugar todas las canchas que el ex gobernador le pidió. Ricardista de paladar oscuro, fanática hincha de Boca, pero a la vez un cuadro de excepción, en comparación con muchos otros.
Es decir que Rodríguez, dados sus pergaminos y pedigrí, es un peso pesado en la simbología “eco-frentetodiana”. Fue el primer secretario privado del mercedeño cuando éste asumió la Gobernación en 2001. Fracasó luego en una candidatura a intendente en Curuzú. Volvió para quedarse en la segunda gestión Colombi. Asumió la “Sub-Intervención” del Instituto de Viviendas, sillón que se compró a su medida. En 2011 asumió la titularidad del organismo. Hasta el 10 de diciembre de 2017 ocupó ese cargo (sin mayores logros a juzgar por el acuciante déficit habitacional de la provincia), para luego jurar como ministro de Obras, lugar que quedó vacante cuando Aníbal Godoy asumió como diputado provincial.
El “Gringo” permaneció 14 meses como ministro, pero empezó a flaquear y se tuvo que ir. Su salida, segunda cronológicamente y en importancia después de que Valdés echó a Vaz Torres, aviva el fuego de muchos comentarios. Los de siempre tienen que ver con otras renuncias. En el bolillero, por alguna razón, siempre están el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, y el de Desarrollo Humano, Federico Mouliá, pero empiezan a aparecer otros nombres conforme crece la demanda de trabajo político, de alineamientos internos y de compromiso con el líder. Con este que gobierna.

—Algunos deberían tener cuidado —dijo alguien cerca de Casa de Gobierno. —La inoperancia se cubre un tiempo con acuerdos políticos. Pero esa misma ineficiencia mezclada con deslealtad, puede ser explosiva.
—¿Qué más dicen en el Gobierno?
—Que Rodríguez deja el Estado para dedicarse a su familia, y para trabajar -tal vez ahora sí- como administrador de su empresa.
—¿Qué quiere decir “tal vez ahora sí”?
—Y no se si no te diste cuenta, pero ya venía haciendo la plancha hace rato.
—Pero el gobernador también lo sabe desde hace rato: de él y de otros dicen lo mismo…
—Hablemos del Gringo. Venía con freno de mano, desganado, desmotivado, haciendo poco.
—¿De cansancio nomás, o porque no estaba de acuerdo con el Gobernador?
—La verdad es que demostraba poco interés en hacer algo a favor de la gestión. Apostaba al juego de la marioneta, y eso no es así. Ojo.

Al parecer, el que de golpe también se está dando cuenta que eso no es así es el propio Colombi. El viernes por la noche apenas saludó a Valdés: apretón de manos (mano flácida, como siempre con los que detesta), mesa de por medio y obligado por el protocolo en la recepción nocturna a los embajadores que visitaron la provincia el fin de semana.
—Todo muy frío —dijeron los que los vieron.
—¿Y cómo será la sucesión en el Ministerio?
—Para reemplazar a Rodríguez suenan al menos tres personas, todos hombres y con perfiles bastante distintos. Uno de ellos descolla en la actividad específica: Claudio Polich, un cuadro de alta formación y expertise que desde hace tiempo da muestras de eficiencia y que espera su momento. Fue, a la vista de todos, uno de los puntales en la victoria de la elección capitalina, en junio del 17, al ponerse al frente de los trabajos de recuperación de caminos y asistencia vecinal en las épocas del diluvio infernal que ahogó las chances de reelección de Fabián Ríos.
Consultado al respecto, dijo ni.
—No tengo confirmación de nada. En estas horas estuvimos charlando, pero no del tema. No tengo idea de qué decidirá el Gobernador.

En breve se sabrá. Pero ya hay una certeza: nadie que juegue el juego de la marioneta se sumará al gobierno. Ojo.

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Las teorías políticas que estudian los tipos de liderazgo, tratan estos como otros asuntos. La teoría de las “democracia delegativa”, por ejemplo, estudió mucho en cuanto a los colaboradores directos de los líderes, que cuando son compartidos, dejan de ser verdaderos aliados.
—¿Y porqué es tan importante?
—Porque gobernantes como Colombi no aceptan más que empleados autómatas. “Obedientes seguidores que no pueden adquirir peso político propio, anatema para el poder supremo del líder”, escribió en su momento el cientista político Guillermo O´Donnell.
Esos líderes tampoco tienen en realidad ministros, ya que ello implicaría un grado de autonomía e interrelación entre ellos que es, por la misma razón, inaceptable.

Valdés se está armando. Necesita colaboradores: mente y acción al servicio del gobierno, y no correveidiles de un poder que ya no es.

Valdés, transición y hegemonía

El poder de los gobernantes está fundado sobre
la ignorancia, en la domesticada mansedumbre del pueblo”.

“Yo el supremo”
Augusto Roa Bastos

 

El Gobierno de Corrientes cierra un año perfecto. Otro más.

Ni la feroz crisis económica que se lleva puestas familias enteras en todo el país; ni los vaivenes políticos; ni los avatares del clima. Nada de eso parece conmover a las estructuras del poder que sostiene hoy, en la cúspide, a Gustavo Valdés.

Le pasan de largo los problemas asociados a la falta de trabajo o al cierre de las fuentes que había; a las pérdidas de las condiciones laborales mínimas; a la negación, flexibilización o restricción de derechos. Le resbalan los inconvenientes ligados a la tercerización de los servicios o a la reducción de ciertas prestaciones estatales; o la acentuación de la liberalización de la economía.

Parece inmune -por nombrarlos y reconocerlos- a los niveles dolientes de pobreza, o de marginación y exclusión. Incluso navega aguas calmas mientras otros se hunden en su mentira o incapacidad, ineptitud que se lava y queda al desnudo ante cada lluvia, y que aún así sostiene la pompa de su nombre: plan hídrico.

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¿Pero por qué nada de esto conmueve al gobierno?

Valdés parece a salvo de la crisis porque todavía capitaliza la novedad de su autoridad.

Encabeza una administración que avanza briosa aunque sin haber variado la matriz que sigue dando réditos aún por encima de lo que es: la puntualidad en el pago de los salarios. Esquiva la amargura de los reclamos porque es inteligente en suficiencia para pisar los puntos altos de una gestión que apenas despunta y que aún con problemas, disimula sus carencias: algunas propias, otras tantas del lastre ministerial heredado del colombismo y las restantes, producto de la devaluación, el ajuste, la desinversión general, los tarifazos y la inflación que se acelera en vez de bajar como se prometió largamente.

Aún así Valdés marca diferencias.

A Macri le saca ventajas cuantiosas en cuanto a la consideración general de la gente. A su antecesor, en tanto, ya le dio varias vueltas: en el trato con los dirigentes políticos, con los funcionarios de los otros poderes del Estado, con la sociedad civil, con los visitantes nacionales y extranjeros.

Marca diferencias en cuanto su visión de provincia: Valdés parece tener un proyecto, que además es superador del pago de los sueldos, aunque mientras tanto se apoye en ese recurso. Parece querer algo más que sólo acumular poder.

Habla de puertos, pistas y puentes; de rutas y pasos; de energías renovables, de autopistas de información, pese a que todavía debe lidiar con los cables y cortes de la Dpec y con las luces de sus administradores, que están cambiando foquitos mientras las estructuras funcionales se derriten; y con el oscurantismo de las cuentas de la administración, que vino de doblez en doblez desde 2001. Por eso, en ese cansancio, por ejemplo, echó a Vaz Torres, el ecónomo preferido de Colombi, generando en el acto un mensaje de largo alcance desde las costas de la autonomía.

Falta. Claro que sí.

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Puertas para afuera del gobierno, es lícito preguntar por el ministro de Justicia: no se le escucha la voz hace meses-años. ¿Sólo no habla, o tampoco hace? ¿Qué estaría haciendo en todo caso, en estos tiempos cruciales, el ministro de Desarrollo Social? Y el de Industria: además de bajar cuadros de Alfonsín de las oficinas públicas, ¿trabaja en algún proyecto relacionado con la industria? ¿Qué será de la vida del ministro de la Producción? ¿Se llamó o lo llamaron a silencio? ¿Y el de Obras Públicas?

También están los que hablan mucho, pero no acompañan esa verba con movimiento: allí están las estadísticas educativas y sanitarias para confirmarlo. Están los ni-ni. Y los devotos del marketing. Y están también los que hablan más de la cuenta. Los que hablan y dicen cosas, como que en Corrientes no hay inseguridad…

Para más, o para peor, están aquellos ministros y también funcionarios de menor rango que hablan como si hubieran llegado al gobierno hace 5 minutos. ¿Recién ahora se están dando cuenta de todo lo que falta o es que antes no los dejaban opinar, ni podían proponer opciones? En cualquier caso callaron y cobraron religiosamente sus sueldos.

También están los acomodaticios que mandan a los críticos al interior, como si en algún lugar de interior estuviera escondido algo que no se ve en la provincia capaz desde Piragine, o desde “Pocho” Romero Feris, para hablar desde la recuperación democrática para acá.

Aún así Valdés flota.   

Y si es verdad la mitad de lo que dice, y concreta al menos un cuarto, Corrientes ingresará a una instancia desconocida, después de tantos años de nada, o de muy poco.

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¿Pero si no hay nada, o hay muy poco, por qué entonces el Gobierno cierra un año en positivo y en paz?

Aquí podríamos poner en revisión algunos conceptos se esgrimieron como verdades durante largos años.

La paz social, por caso, es producto del pago en tiempo y forma de los salarios. Sí. De los planes y “pluses” que hacen que no alcancen los días para ir a buscar dinero de los cajeros. Poco muy poco en comparación con algunos vecinos, pero dinero al fin y todas las semanas. Sí.

La gobernabilidad, vaya aspiración, es producto de la división y muerte de la mayoría de los partidos políticos. De las internas y traiciones. Y por si fuera poco, de la voracidad de muchos dirigentes que prefirieron (¿y aún prefieren?) el destrato de hombres como Ricardo Colombi a tener que ganarse la vida por fuera de las arcas del Estado.

Las instituciones de contralor, a su turno, piden permiso para controlar. Las defensorías de los vecinos, de los usuarios y afines, piden permisos a sus mandantes políticos (sí, a su patrones partidarios) para ver si reciben ciertos expedientes o firman ciertas notas con reclamos generales.

La Legislatura se convirtió poco menos que en una escribanía, cuando no en un estorbo. Los escarceos que se escuchan en las bancas vienen de los patios internos o, para ponerlo en situación, de los generosos parquizados radicales, entre otras cosas por la falta de una oposición monolítica, seria, constructiva, que no le tenga miedo al debate y que debata donde debe hacerlo, no en las oficinas de los bloques, entre pocos y a escondidas. Si existe una oposición que se opone, es decir, que cumple con su rol más allá de la política del acuerdo, o del consenso (que parece ser la única forma de hacer política en Corrientes) no se nota. Si hay intenciones -de control por ejemplo, o de propuestas- son cortadas de cuajo por favores adeudados o presiones inconfesables.

Tan endeble es todo que por revisar el presupuesto la oposición fue tratada de “irresponsable”. Se dejó tratar así y una vez más fue avasallada. Pero la tensión es necesaria. Y la negativa también. Decir “no” es empezar a pensar, diría Viñas. A pensar alternativas al pensamiento único. Nada menos.

La Justicia juega su juego, y vaya que lo juega, según se lee últimamente. Los empresarios amigos del poder hacen su negocio. Y entre otras instituciones, el periodismo hace silencio. Muchas veces. Como hacen silencio los que saben y pueden hacer ruido. Las iglesias por ejemplo.

Paz y amor
Es bueno cerrar un año sin saqueos, sin gente en las calles rompiendo vidrios o lastimando su propio cuero. Claro que sí. Pero es malo que haya un 40% de pobres y una inflación de otro tanto no menor que ese guarismo, y sólo suenen villancicos importados en vez de voces propias al son del chamamé o al ritmo del carnaval.

Aturde tanto silencio. Y lo que es peor, la cosa parece que no irá a mejorar. No en lo inmediato al menos.

La hegemonía de la que disfruta Gustavo Valdés, producto del control social-cultural-político que se ejerce desde los cargos públicos, los contratos y negocios, los comités, las aulas, los púlpitos y los medios, y desde los despachos, no sólo viene aplacando los reclamos (que los hay, pero de intensidad en degradé conforme fueron pasando los años desde 2001 en adelante) sino que también aplaca las relaciones de fuerza. Llegamos a tal punto que hoy el contrapeso de Valdés parece ser Colombi, quien no se resigna al hecho de ya no ser. Ricardo Colombi no se acostumbra a estar un rato a la sombra”, le dijo alguien a otro alguien que lo escribió en un diario porteño. Y si no es así, esto ya fué así.

Valdés, en tanto, no encuentra desafíos en el PJ o en alguna de sus variantes, o en sectores de algún armado opositor con intenciones y planes concretos para llegar al poder.

De hecho, hay quienes piensan (y parece razonable) que sin 2019 no habrá 2021 para ningún esquema que se geste por fuera de Cambiemos en Corrientes, y eso que más allá de cualquier chicana, el gobierno de Macri hace todos los días alguna macana para perder las elecciones.

Si Mauricio Macri o alguno de los suyos accede a la Presidencia este año que comienza (cosa que parece posible, aún teniendo en cuenta lo de las macanas), será muy difícil para los cuadros opositores, por caso los correntinos, encontrar un esquema aglutinante: no solo por la escasez de horizonte, o la atomización de dirigentes y partidos, sino por algo menos romántico y más determinante: si no hay gobierno nacional, no habrá quién financie una campaña a gobernador en 2021 en una provincia donde Valdés corre con fuerza, ventajas y con el portento de uno o un par de gobiernos a su favor.

Puede haber financistas interesados, pero ¿pondrán la plata que hace falta hoy para salir a “convencer” a un electorado cada vez más escéptico, dada la cantidad de engaños que apila?

En fin: uno puede estar a favor o en contra de Valdés, pero de él no será la culpa si de la hegemonía pasamos a un predominio cuasi cesarista. No será culpa del radicalismo que las relaciones de fuerza en la provincia la manejen ellos mismos, es decir Valdés y Colombi. Pero el problema será de todos si “pasan cosas” y se reedita un quiebre como el de los primos Ricardo y Arturo entre 2005 y 2009.

La teoría hegemónica, que en Corrientes se aplica como si fuera el modelo en el que se inspiró Gramci, nos da al menos la chance de estudiar nuestro presente.  

Aún estamos a tiempo de generar sujetos colectivos involucrados con la calidad institucional y política, para evitar, en principio, lo que ciertamente ya se ve en esas costas del Paraná: la imposición de los tipos culturales de los que predominan y de las clases que denoninan. La imposición de los que mandan y nombran.

Queda claro que el sentido común político desde 2001 en adelante fue el sentido común de Colombi, y del radicalismo que él conduce. También queda claro que ese sentido común está siguiendo el derrotero del ocaso, forzado por las circunstancias que el propio Valdés se encargó de marcar: ahora es tiempo de igualdad de derechos, de la paridad de género, de que los chicos más chicos voten a sus representantes, de cambiar los modos de la política: todos asuntos que han calado en el debate público que Colombi y gente como él prefirió no abordar.

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Hay tarea por delante si la pretensión es frenar el camino hacia los excesos. Una democracia no institucionalizada como la nuestra, se caracteriza por el poco alcance, la debilidad y la baja densidad de las instituciones políticas existentes, dice O´Donnell. El problema con eso es que el lugar de esas instituciones queda ocupado por otras prácticas no formalizadas pero firmemente afirmadas, como el clientelismo, el patrimonialismo y la corrupción.

Conviene que no suceda. Incluso el propio Valdés saldría beneficiado de una actitud social más activa, pues con el acompañamiento y contralor político y social (que implica darle unas vacaciones a la claque aplaudidora que merodea presta y angurrienta por la cuadra del poder) podría encabezar un gobierno de este tiempo, más acorde con las demandas generales y menos acorde con los caprichos personales.

Tal vez podríamos pensar entre todos la provincia que queremos y nos merecemos. Podríamos empezar por entender que el pago de salarios no es una dádiva. Que es una obligación de todo empleador -no solo del Estado- pagar por el trabajo. En tiempo. En forma. De manera justa.

El Gobernador lo agradecerá, porque parece que está para más que eso. Y también la provincia, que desde hace rato merece más que sobrevivir siendo una satrapía ubicada en el vertice superior derecho y caliente del Norte pobre de la Argentina.

El segundo ocaso de Vaz Torres

En sólo once horas de un mismo día, el gobernador Gustavo Valdés produjo y consumó el hecho político (interno) más trascendente de sus once meses de gestión: echar del gobierno al ministro de Hacienda y Finanzas José Enrique “Chirulo” Vaz Torres, alter ego en funciones del viejo régimen colombista al que representaba en persona, forma y concepto.
Ocurrió el lunes. A las 9 de mañana, cuando José Enrique aún no terminaba de digerir el desayuno de ese rutinario amanecer, lo atragantaron con un bocado amargo parecido al que tuvo que engullir hace unos cuantos años, también en contra de su voluntad: el decreto de su despido.
Porque a Vaz Torres no le pidieron la renuncia sino que lo renunciaron, haciéndole tomar, en ese acto, un poco de su propia medicina: un jarabe más bien pastoso, oscuro y agrio que bien podría ser la síntesis de sus tantísimos años en la oficina principal del palacio San Martín.
A las 9, Valdés firmó el decreto de su remoción, a las 19 empezó un acto en Casa de Gobierno y para las 20 de ese mismo lunes, la provincia ya tenía nuevo ministro de Hacienda: Marcelo Rivas Piasentini.
—¿Qué pasó en el medio?
—Toneladas de hartazgo —dicen en Casa de Gobierno.
—¿En verdad es para tanto?
Hay quienes dicen lo siguiente: que el ministro era un intratable o se volvió así; que generaba conflicto donde no había, con la gente o el personal de menor jerarquía; que hacía esperar a sus pares, en la antesala pero también en el trabajo diario, pues aseguran que les trababa expedientes y pedidos, algunos a instancias del propio Gobernador.
—¿Por qué crees que no está el presupuesto todavía? —hizo notar alguien que caminaba ayer por la esquina del poder.
Más aún: dicen que Vaz Torres no se avino a los tiempos. Pero también dicen que más allá de lo que él mismo mandaba a publicar, nunca fue un amigo declarado de la transparencia, siguiendo, claro, cierta lógica escondedora que se le pedía o se le consentía durante el colombismo. No es casual entonces -cualquiera podría suponer- que desde hace varios años haya un cono de sombras sobre las actividades en las que debe iluminar la Dirección de Estadísticas de la Provincia.
—A veces actuaba como si fuera el dueño de la plata y no un mero administrador —agregaron, como si faltaran causales, algunos de sus ex compañeros. Muchos respiran aliviados. Algunos todavía están desconcertados.
La historia, de todos modos, empieza desde más lejos y hay quienes dicen que llegó a su punto culminante cuando empezó a desafiar mandatos de Valdés, algo que tampoco es nuevo en el ex ministro.

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José Enrique Vaz Torres fue siempre una de las principales figuras de los equipos o vehículos de gestión comandados por Ricardo Colombi. Estuvo al frente del Ministerio de Hacienda y Finanzas desde el 10 de diciembre de 2009 de forma ininterrumpida. Ya había ocupado ese cargo entre 2001 y 2006, desde que Ricardo asumió por primera vez hasta que fuera apartado por Arturo Colombi en medio de la feroz interna entre los primos.
En total fueron cerca de 15 los años que “Chirulo” Vaz Torres -exitoso contador público virasoreño- estuvo al mando de las arcas correntinas. Siempre fue un super-funcionario o al menos eso hacía creer realizando declaraciones públicas picantes, al borde del insulto, especialmente contra el Gobierno nacional cuando Cristina Fernández era presidenta. De Néstor Kirchner no hablaba mucho, como tampoco lo hacía su jefe Ricardo.
También era habitual que utilizara las radios para tirar algunos cohetes verbales contra la oposición. Y que descalifique a los periodistas cuando estos ponían en duda el peso específico de su gestión que, a la luz de tantos años, no movió casi en nada los índices más dolorosos que tiene la provincia. Tal vez por eso se esconden esos índices, o algunos buscan silenciarlos.
Sigamos. Vaz Torres -sin que sea exclusividad suya- era afecto al relato. Y ese día que lo echaron, el lunes, se hizo hacer el relato final. Con más amor que criterios de verdad política, su oficina de prensa envió a los medios un resumen de gestión.
Punto uno: dice que le debemos a Vaz Torres la restitución del flujo de pago de la nómina salarial desde 2001, desde cuando se debían 4 meses de sueldo y los mismos se pagaban un 60% en Cecacor (una vez más, el sueldo. O solo el sueldo).
Que le debemos el rescate de los Cecacor, el programa de Conversión de la Deuda Pública 2003, el Programa de Financiamiento Ordenado, la Ley de Administración Financiera, la vida del IPS, Ioscor y del Banco de Corrientes; y el desarrollo y ejecución de la costanera Sur, drenajes de Goya y Virasoro y otras tantas obras públicas. Obras públicas le debemos al ministro de Hacienda, según relatan sus relatores. 
Que le debemos la canasta escolar, la canasta navideña y hasta el cordero correntino (¡vaya gestión el financiamiento de comida!). Le debemos los camiones y máquinas que se le vendieron a los municipios y el diseño e instrumentación del programa de cesión de recursos a las comunas a través de la Coparticipación: el índice pasó de 15% a 19%. (Se olvidó, por supuesto, de que eso empezó tras la reforma de la Constitución de 2007).
Le debemos, dice el relato de Vaz Torres, el 82% móvil para los jubilados y hasta el incremento de la nómina salarial para el personal en actividad que pasó de $34 millones en 2001 a $1.925 millones desde en 2018. Un incremento de 5.562% que cualquiera creería que se debe a la evolución de la economía y de sus valores en todos estos años. Pues Vaz Torres dice que él inventó eso. Y que dio ese aumento.
(Que un funcionario lo diga en estos términos y pase de largo, explica muchas de las razones por las que Corrientes está como está. Vaz Torres habrá sido un buen administrador para alguien, pero queda claro que a costa de todos. Pues sólo en Corrientes es excepcional que un contador pague sueldos. Y que además lo exhiba como logro por casi 20 años después de una crisis).
También, según el catálogo de la creación “vaztorriana”, a él se le debe pleitesía por los fondos fiduciarios y una serie larga de instrumentos impositivos que, vaya injusticia del destino, mantiene a la provincia sumida en una pobreza galopante y con una matriz económica tal vez de las más regresivas y conservadoras que se haya visto nunca.
Pero no sólo eso: cualquier correntino que lea con detenimiento la épica literaria que le construyeron a Vaz Torres (de apuro y como souvenir del final de fiesta), puede experimentar una sensación profunda de engaño, pues quizás ese correntino haya pensando, como la mayoría, que desde 2001 en adelante había votado a Ricardo, a Arturo y a Gustavo Valdés para que hagan eso que al parecer hizo en soledad el popular “Chirulo”.
O tal vez esto otro: que el engañado sea el propio Vaz Torres, que en ancas de un pony que lo sostuvo arriba tanto tiempo, creyó que era él, y no otro, el elegido para gobernar. ¿Se habrá creído en serio Vaz Torres que era él el gobernador?
Al parecer en eso estaba otra vez (como en 2006) hasta que llegó Valdés y le comunicó su despido. Un cese que no se agota en el acto administrativo. Echar a Vaz Torres sostiene un mensaje por lo menos de doble registro:
a) Para la interna es un llamado de atención. Una advertencia. Un punto de inflexión en la gestión que debe cambiar de ritmo si quiere acompañar el proceso del nuevo gobernador. Aún sobreviven ministros heredados que lucen agotados en comparación con los bríos naturales de una administración de once meses. ¿Tendrán ideas para esta nueva etapa que amaga con seguir con fuerza decidida?
—Nadie está atornillado a su sillón —repite cada tanto Valdés.
b) Para el afuera, el despido de Vaz Torres es la ratificación del rumbo electoral: la gente no votó un cambio de gobierno. Votó a un nuevo gobernador, más joven, con otra impronta. Votó una superación de lo anterior. Pero votó a alguien para que gobierne, no para que se deje gobernar.
—La gente no quiere volver para atrás —dicen los que rodean a Valdés, mirando encuestas.
En síntesis, si echó a Vaz Torres, Valdés puede echar a cualquiera. Una localización, tenencia y ejercicio del poder que, juran y perjuran en su círculo áulico, no incuba, como en épocas del arturismo, una ruptura con Ricardo Colombi, al que muchos ven como un general en retirada.
Resta ahora dejar andar a Rivas Piasentini para determinar si el cambio de hombre repercute en el cambio del perfil económico o de las pautas para el desarrollo que necesita la provincia.
Para José Enrique, en cambio, es el segundo ocaso. Primero lo echó Arturo Colombi en 2006. Ahora lo echó Valdés. La mala noticia para él es que el único que lo soporta y lo devuelve al cargo ya no es, ya no está. Pero debemos reconocer que si vuelve por tercera vez, la mala noticia ya no será suya sino comunitaria.

Las espinas de Rozas

El senador Angel Rozas, ex gobernador de la provincia del Chaco, aportó esta semana un acto cipayesco, mezquino, enajenado de la realidad que vive el país y sobre todo la región que lo vio nacer y que gobernó largamente. ¿Qué hizo? Mal usó sus redes sociales para vender como un logro que el radicalismo -partido que lo cobija-, consiguió torcerle el brazo al Gobierno que él y otros integran, para frenar una medida polémica: el pago retroactivo de sobrecostos de la tarifa de gas que debían hacer los usuarios para compensar, por la devaluación, a las empresas prestatarias.
La medida, a todas luces discutible y polémica, perjudicaba directamente a los usuarios que tienen el servicio del gas natural, prestación esencial no solo para las familias sino también para las pymes y grandes empresas. En términos políticos, perjudicaba mayormente a Buenos Aires, un electorado que nadie está en condiciones de dejar de contener.
Pues bien: el radicalismo, según Rozas, lo hizo. ¿Qué hizo? Dejó en evidencia una medida inconsulta y problemática para la aprobación del presupuesto nacional, que por si fuera poco agrava la situación económica de los argentinos que tienen gas natural y, ahora también, de los que no lo tienen.
Escribió Rozas en Twitter: “Lo logramos, el radicalismo consiguió frenar la suba retroactiva del gas. El Estado se hará cargo del monto extra”. 
Pero, ¿en qué nos afecta a nosotros? En mucho.
Como consecuencia de esa jugada del radicalismo, no solo socializamos pasivos privados (producidos por una feroz depreciación monetaria, echando mano a una norma de la Argentina menemista dolarizada) sino que pagamos la sangría de un servicio que nos excluye a todo el NEA, como el gas natural. También asistimos a una nueva entrega en favor de las grandes metrópolis. Cedemos recursos que son de todos, que nos cuestan conseguir y que no alcanzan. Si el Estado paga, esa plata sale de una caja para meterse en otra, asunto que podría terminar en menos obras públicas, menos servicios, menos trabajo, peores salarios y en la postergación, una vez más, de las reparaciones que nos deben. No solo a Corrientes sino a la región.
¿Qué más? Asistimos a la miserabilidad de un senador de la Nación como Angel Rozas que desoye las voces de sus montes para dejarse seducir por el griterío porteño que reproducen los medios. Lo vemos hacer política de la menor estatura con la crisis y el consecuente ajuste al que recurrió el gobierno de Mauricio Macri, que, vaya ironía, el mismo Rozas integra como socio.
(Pobre Macri, además de pánico debe tener espasmos seguido. Tener de socios a Rozas, Aída Ayala o a su comprovinciana ilustre Elisa Carrió debe ser bastante pesado. Le cambian la agenda, le salpican algunos asuntos reñidos con la ley, le marcan la cancha, le digitan funcionarios y también le dibujan límites en su autoridad. Lo raro es que nadie se escandaliza. Cualquier Dady Brieva que se extralimite como Carrió recibe el mote de destituyente. Ella, en cambio, sigue siendo la fiscal moral de la Nación. Cosas que pasan).
También debe ser pesado para el Presidente tener en su “mejor gabinete de los últimos 50 años” a funcionarios como Javier Iguacel, el ex titular de Vialidad Nacional, a quien el fuego amigo apoda cariñosamente “Buzz Lightyear”, por el personaje animado de Toy Story al que dicen que se parece.
¿Quién es Iguacel? Un muchacho que culpa de todo al kirchnerismo. El mismo que sin sonrojarse, contrató a la Escuela de Arte de la actriz Cecilia Maresca para mejorar su oratoria. El mismo que, por ese “coucheo” le hizo gastar 25 mil pesos mensuales por varios meses a Vialidad. Es decir al Estado. Es decir…
Iguacel es el mismo al que se le cayeron dos puentes en Corrientes pese a que cinco minutos antes le habían hecho un informe diciendo que todo estaba regio. (Corrientes sigue sin esos puentes en Itatí, sobre el Iribú Cuá, y en Esquina, sobre el arroyo Guazú. Y una familia misionera sigue llorando a su muerto, víctima de la desgracia de tener que pasar por una provincia pobre, postergada y sin infraestructura de calidad, que no pudo frenar el vehículo de Rogelio Schering, quien murió al caer al agua cuando la camioneta que conducía terminó en el río porque nadie puedo prevenirlo).
Su última escena fue el escándalo por la resolución que transfería a los usuarios de gas la deuda que las petroleras les reclaman a las distribuidoras por la calefacción dolarizada del último invierno. Y como recibió cascotes desde todos los cuadrantes, ¿a que no saben a quién culpó? Exacto: al kirchnerismo. “La mayoría de las quejas por el aumento de gas son de militantes kirchneristas”, dijo en la antikirchnerista radio Mitre.
Pues resulta que sus socios le mostraron que su barbaridad no corre. Que no se trata sólo del kirchnerismo. De hecho, al parecer, las medidas de Iguacel no escurren ni dentro del Gobierno, según dicen, porque el ex CEO petrolero (su ex empresa sería una de las beneficiarias de la resolución trunca) es afecto a puentear sus mandos superiores. Hasta ahora lo banca el Presidente, pero debió callarse la boca y guardarse después de intentar deslegitimar el reclamo social por el asfixiante ajuste y la inflación descontrolada, tildándola de reclamo político. Como si las acciones de su cartera no lo fueran en todas sus formas. En fin…
Por suerte está Carrió, que salió a bancarlo. “Está perfecto (que el Gobierno haya frenado la medida). Era un horror, pero no creo que haya sido una idea de Iguacel”, sostuvo la legisladora días pasados. Menudo favor: Lilita Carrió está diciendo que el bueno de Iguacel puenteó a su superior, el ministro Nicolás Dujovne, que no avisó a nadie, que puso en jaque el acuerdo político por el presupuesto y generó una nueva crisis social-política-económica sosteniendo una idea que no es suya. Genial.

Una matriz histórica

Si no fuera tan trágico todo, Rozas daría para la risa en una serie interminable de “memes”. Pero es trágico, aunque no exclusivo del legislador. Sucede que el chaqueño no está solo en la conceptualización unitaria de este país. La cosa, en lo hondo, va más allá de la entrega de Rozas y de los gobernadores y de los dirigentes radicales, que como alternativa a la embarrada del Gobierno (que exhibe cada vez con mayor frescura su ineptitud) hacen pagar a todos por lo que solo algunos tienen.
El comportamiento de Rozas se verifica a lo largo de la historia con muchos legisladores que cuando llegan a Buenos Aires y disfrutan de los atributos del cargo, son capaces de vender las joyas de la abuela con tal de contentar al patrón -generalmente el presidente o algún líder opositor- y preservar sus privilegios.
No hace falta dar nombres (serían menos las excepciones, claro) pero incluso Corrientes ha dado muestras sobradas de genuflexión política. Y si bien cada tanto se habla del tema, los diputados y senadores no fueron capaces, al menos hasta ahora, de regionalizar sus fuerzas y reclamos y potenciarlos con la suma de sus votos.
Solo por mencionar un ejemplo, el del gas natural, hay que recordar que el primer proyecto presentado en el Congreso para que Corrientes y la zona tengan ese servicio, data de 1960. Lo presentó Augusto Conte (h). Es decir: hace casi 60 años duerme el sueño de los justos.
Y ni hablemos de los gobernadores, muchos de los cuales siguen el mismo mecanismo de entrega ante Nación. Ejemplos también abundan. Y, por el contrario, como escasean los que en verdad disputan los intereses que legítimamente les pertenecen a las provincias, la mayoría se sirve del marketing para disimularlo.
Lo que hay es pura actuación política. Puro acting. En Corrientes pasó hasta hace poco: un socio que después dejó de serlo y que ladraba como el perro a la luna. El asunto es que antes había cedido unos cuantos derechos.
Eso mismo llevó a varios intelectuales a analizar el comportamiento, y como la discusión centro-periferia en este país viene casi como una yapa desde la Revolución de Mayo, podría decirse que está demostrado que el centro no siempre tiene toda la culpa. 
Creer que Buenos Aires, el Gobierno de la Nación, Mauricio o Cristina (o Néstor, o los cinco, o Menem, o Alfonsín, y de allí al principio de los tiempos) son los únicos responsables de nuestros males es correr de la escena a los actores locales, como Rozas y tantos más. Y al correrlos se les concede un salvoconducto que no deberían tener por la traición que hacen de sus votos. Por la traición a su electorado. Por rifar sus causas más nobles.
Rozas, mientras tanto, festeja ser radical y frenar al Gobierno. En el Chaco, su provincia (como en muchas otras, incluida Corrientes) hay más gente en las casas de crédito que en los supermercados. Y cuando no, están en los hospitales, comisarías o en los divanes, tratando de mitigar tanta angustia.
Angel, mientras tanto, tuitea. Antes de festejar eso del gas, festejó en clave medieval por otro servicio: por el agua potable que está llegando en el ocaso del año 2018, a ciertos lugares de su provincia postergada. “Seguimos avanzando para que en #Chaco, más de 16 mil personas del Impenetrable tengan agua potable. #UnMejorLugarDondeVivir cc @frigeriorogelio”.
Arrobar al ministro del Interior Rogelio Frigerio no es casual, por supuesto. Ese acto de alcahuetería es una prueba más de la sumisión a la que se entregan algunos, sujetos por el peso de la decadencia, el desprecio por el otro y las mezquindades personales y protopolíticas.

El aborto de las perras, y los perros

Resulta fundamental, hoy, hacer foco en la sesión que entre el miércoles y jueves posibilitó la primera sanción del proyecto de legalización del aborto. Y hacer notar que hasta parece viable este país con sus instituciones andando.
Es necesario destacar el trabajo de las legisladoras y legisladores que se tomaron su tiempo, escucharon a la sociedad civil organizada y le dieron marco institucional al debate de un tema que hasta ayer nomás era de los más oscuros y mejor guardados. En rigor, un asunto escondido.
Es legítimo, por eso, destacar el valor del presidente Mauricio Macri de poner el tema sobre la mesa y la apertura de la Cámara de Diputados, que asumió su cuota parte para dar una discusión de cara a la gente.
Allí una clave: la madurez política demostrada en todo el proceso no constituye una concesión graciosa de los parlamentarios. Los nuevos derechos, cuando surgen, en general les son arrebatados a alguien que no quiere cederlos. Y esta vez, los diputados y diputadas fueron portavoces de un momento, de un reclamo que lleva años y que tomó cuerpo y desarrolló alas por la militancia de miles de mujeres que, como muchas en este país, pasan a la historia luciendo pañuelos. Ahora son de color verde.

***

Es necesario, asimismo, saludar el alto nivel de conciencia democrática de los actores de uno y otro lado que posibilitaron la construcción de la media sanción para un proyecto que salió mejor de como ingresó, porque el texto permeó a extendidos aportes fundados en evidencias, en asuntos políticos antes que metafísicos, en el entendimiento de que lo que se trata aquí y ahora es de una cuestión de salud pública. De la legalidad o clandestinidad de una práctica que existe. Y mata.
El trabajo legislativo hizo olvidar, por momentos, que muchos de estos legisladores generan rechazos. Que muchos son sobrevivientes del que se vayan todos. Del borocotazo. Mercaderes de los pasajes de avión o colectivo. De cupos interminables. Que son privilegiados con dietas de una economía enajenada muchas veces de las crisis del país. Casi no importó.
Se les reconoce, en cambio, el haber afrontado el desafío de tratar un tema que incomoda y atraviesa de manera transversal a partidos, credos y clases sociales. Muchos resistieron a presiones, de uno y otro lado, y entendieron su lugar: que esta vez fueron instrumento de una voluntad popular que está varios pasos adelante de la voluntad política.

***

En eso estábamos hasta que aparecieron los legisladores correntinos. Apareció Estela Regidor, comparó a las mujeres con perras preñadas y fue tendencia nacional en todos los rankings de las barbaridades antiderechos. Apareció Julián Dindart con un cinismo que parece perfeccionarse con el tiempo y luego Oscar Macías, que no tuvo mejor idea que copiar el argumento de una filósofa que está a favor del aborto para votar, él, en contra. No apareció Jorge Romero, pues prefirió la mitad de abajo de la medianía y no obstante votar en contra. Apareció Araceli Ferreyra, sí, y dijo a los tropiezos lo que piensa y milita. Luego José Ruiz Aragón, que tribuneó con un documento ajeno pero que le calzó al efecto. Y Sofía Brambilla, que navegó aguas mansas desde lo discursivo, después de soportar ataques arteros del fuego amigo.
Los correntinos votaron 4 en contra y 3 a favor. Y está perfecto. De eso se trata la democracia. Pero más allá del voto, respetable en toda su dimensión, hay cuestiones que no pueden pasar de largo. No se trata sólo del aborto. Se trata de los argumentos utilizados: del cinismo, la hipocresía, la pereza intelectual y la demagogia que ha sumido a nuestra embajada parlamentaria en una mediocridad que avergüenza. Indigna de nuestra propia historia.
Varias preguntas: ¿No trabajan de eso? ¿No tienen tiempo para estudiar los temas o lo que van a decir al respecto? ¿No se pasaron tres meses escuchando especialistas para salir a rebolear desatinos como quien apurado por las tripas se hace encima? ¿Nadie les dijo que eran la voz institucional de un momento histórico? ¿Nadie les avisó que el país estaba mirando? Veamos:

Las perras preñadas
“¿Qué pasa cuando nuestra perrita se nos queda embarazada? No le llevamos al veterinario para que aborte… Lamentamos: uuu. Pero inmediatamente salimos a buscar a quién regalarle los perritos. ¿Si? (¿?)… No sé de qué se burlan”.
Más allá de su posición fervorosamente militada en favor de “las dos vidas”, respetable por cierto, la diputada radical Estela Regidor no puede comparar a las mujeres con perras preñadas. No. No puede decir que las peores fieras tienen a sus crías, porque algunas incluso se comen a sus crías. Pero además porque en el reino animal no está configurada la violación ni el consentimiento, o los problemas derivados de la pobreza y de la falta de educación. Por eso no puede.
Regidor dijo además que no cree en las cifras que expusieron el anterior ni el actual ministro de Salud, pese a que es de su alianza. No cree porque esta vez esos datos hacen trizas sus sesgos. Y pese a que dijo al inicio que tiene “escaso razonamiento”, puso en duda el rigor científico de las cifras aportadas por los científicos.
Dijo bien, eso sí, que toda la situación de vulnerabilidad de las mujeres tiene causas: la pobreza, el sistema sanitario deficitario y la falta de políticas de contención. Dijo que conoce niñas de 9 años que quedaron embarazadas, pero no dijo si denunció esas violaciones, y tampoco recordó que el sistema sanitario del que habla es el sistema que sostuvo su jefe, Ricardo Colombi, con ministros como su compañero de bancada, Julián Dindart, que se fue al Congreso dejando en Corrientes los peores índices de mortalidad infantil y neonatal del país, con hospitales desmantelados donde ni siquiera se podían practicar partos de rutina.
Dijo la diputada, asimismo, que urge educar desde temprana edad, pero olvidó decir que el gobierno de Colombi -o de los primos Colombi-, que se extendió por 16 años desde 2001, no garantizó las políticas de educación sexual integral ni el acceso total a métodos de anticoncepción. En cambio, su mentor apuró una declaración pro-vida cerca de calculadas fechas electorales.
Para cerrar se reservó lo mejor: mandó a sus colegas a leer. A leer proyectos alternativos como uno de su autoría que, según dijo, propone contención para la mujer y, de paso, la adopción desde el vientre materno. Cualquier parecido con el libro de Margaret Atwood, es pura coincidencia. Más allá de todo, “El cuento de la criada” es una muy buena lectura. Inquietante, como las palabras de Estela.

El poeta de las cañadas
El también radical Julián Dindart fue todavía más allá. Con su cara endurecida por una argamasa de cinismo negacionista, comenzó su alocución algo contrariado porque, según dijo, el proyecto pateó formalidades. No dijo cuales.
Se enojó además porque la hipocresía comenzó temprano en el recinto, según dijo. Y por esta razón, tal vez, sintió que él también podía hacer su aporte.
Dijo que camina entre los pobres y que los pobres sienten orgullo cuando conciben hijos. Habló como pediatra -dijo- y por eso me niego a votar la ley. Porque el texto deja afuera de la decisión al padre y la mujer no puede tomar sola la decisión de abortar. No puede, dijo. Es injusto.
Dindart, que en sus épocas de ministro de Salud no sólo empeoró los índices sanitarios sino que dijo que las chicas se embarazan para cobrar un plan (cosa que repitió después siendo titular de la comisión de Familia, por lo cual lo echaron de ese puesto) ahora se escandalizó ante sus pares porque en el debate -dijo- hubo muchas posiciones extremistas.
Reconoció que en los países avanzados la situación del aborto legal lleva a la baja las muertes y el número de prácticas, pero para eso, recordó, primero hay que educar. ¿No se le ocurrió decirle eso a Colombi en su momento? ¿No se le ocurrió plantear esa queja cuando gobernaba el kirchnerismo? ¿No se le ocurrió decírselo a Macri? No. Se le ocurrió ahora.
Tal vez no podía hacer esos planteos, y por eso, para aliviar sus frustraciones, recurre a la catarsis escrita. Y fue entonces cuando reveló que en sus ratos libres se desahoga escribiendo poemas. Y recitó uno de su autoría, justo el 13, día del escritor.
Está inspirado en una madre que abortó, dijo. Aquí un extracto:

Hay dos ojos que me miran
hay pasos que nunca he oído
hay momentos que ya fueron
hay momentos no existidos…

Con sarcasmo agudo, alguien dijo que después de escuchar las aventuras literarias de Dindart, Borges se revolcó en su tumba pidiendo una ficha de afiliación al peronismo.

El copión
Y cuando parecía que ya estaba la cosa, apareció el peronista-sciolista goyano Oscar Macías con un discurso mal leído que estaba condenado a la intrascendencia hasta que alguien lo descubrió.
El cantante con licencia -famoso por ponerle voz al himno de la Fiesta Nacional del Surubí- parece que no tuvo tiempo para armarse una postura y entonces no sopesó mejor idea que ver una charla TEDx y copiarse unas palabritas.
En concreto, a Macías se lo acusa de plagiar pasajes casi textuales de una charla que realizó la ensayista, filósofa y poeta Laura Klein, quien usó los argumentos robados por Macías para manifestarse a favor del aborto legal.
La escritora, además, fue una de las 700 oradoras que opinó en el marco de los trabajos de comisión desarrollados en el Congreso. Al parecer, el diputado no tuvo tiempo de averiguar y lo mandaron, o fue él mismo, por su pereza, al rincón de los más vagos entre los diputados. No se trata aquí sólo de pereza intelectual sino de robo intelectual: una forma artera de no reconocer el trabajo del otro. Así y todo, después de haber sido pillado, dijo que de ser necesario pedirá disculpas personalmente a la escritora. Y hasta se enojó por lo que calificó una ridiculez. Es decir el robo. Curiosa la escala de valores la del diputado.

La nada
Para ser justos, igual, hay que decir que el más “cómodo” de los legisladores correntinos fue Jorge Antonio Romero (PJ), que ni siquiera se molestó en hablar. Como no está obligado a exponer para recibir su paga, se limitó a votar la ley. A votar en contra de ella.

La militante
De nuevo: uno puede estar en contra o a favor no sólo del aborto legal sino de las posturas de los legisladores, pero no se puede dejar de reconocer, en la diputada Araceli Ferreyra (FPV), su militancia activa en la lucha de las mujeres. Su posición, dicha con tropiezos, a las apuradas, con nerviosismo, y apelando a cuestiones más bien legislativas, nunca fue impostada ni mucho menos especulativa.
Fue siempre de frente, al frente. Porque no se puede andar por la vida con el dedito acusador bancando pensamientos de la época de las carretas, argumentó, y descalzó el asunto de las cifras. Es verdad: no hay cifras porque los abortos son clandestinos, bramó, y se ganó unos aplausos. No estuvo brillante, pero se le notó su entrega a la causa y algo fundamental como mínimo: el dominio del expediente que trataban.

Para la tribuna
El más aplaudido fue el kirchnerista “Pitín” Aragón. Con admirable solvencia en el manejo de la escena, y paradójicamente al borde de la jactancia, se autocalificó como un muchacho humilde: alguien sin autoridad para juzgar a las mujeres; creyente, devoto de la Virgen de Itatí y de Dios, a quienes les pregunta, dijo, el por qué de las muertes de las chicas por abortos clandestinos. Aplausos.
Dijo también que le sugirieron “recalcular” su voto porque fue elegido por una provincia conservadora. No es conservadora la provincia; lo son sus dirigentes, dijo. Aplausos. Y después se dedicó a la leer el documento del Colectivo de Mujeres Correntinas, pero esta vez, citando la fuente. Otra vez aplausos, porque la contundencia de ese documento lo eximió de tener que hablar él en nombre de lo que no conoce.

El voto apedreado
La exposición de Sofía Brambilla, del PRO, fue tal vez la más esperada, porque la diputada del frente Cambiemos jugó al enigma hasta que dijo, el domingo 10, que votaría a favor de la ley. Fue entonces cuando le salieron al cruce. Y la cruzaron. El más contundente de todos fue el doctor Alfredo Revidatti, coordinador de Hospitales Públicos, quien por Twitter dijo: “Lamento profundamente esta separación de la diputada Brambilla de los correntinos. Si hubiera sabido no hubiera integrado la lista con ella. Pido disculpas a los que me votaron”.
Pero los ataques no se limitaron a su ex compañero de lista. Quien también opinó fue el ex diputado nuevista Omar Yung. En un posteo de Facebook escribió: “Qué tristeza legisladoras como vos (…) Qué vulgar resultaste. No podés ni empezar a fundamentar tu posición. Renunciá y dale paso a un hombre que representa a los que amamos la vida. Mirá lo que votamos por culpa de las sábanas!”.
Más allá de lo incalificable de su comentario, resulta sugerente que Yung hable de las sábanas cuando él mismo ingresó a la Legislatura provincial como parte de listas electorales que se arman en Corrientes, más pensando en lealtades de servil sumisión con el mandamás de turno que en pericias legislativas o políticas.
También resulta llamativo el bajísimo nivel de republicanismo del doctor Revidatti, que no sólo atacó a Brambilla sino que después, por radio, se manifestó en contra de la anticoncepción pidiendo una educación sexual basada “en valores”. (Y esto sin abundar en el hecho de que se arroga la representatividad de “los” correntinos tomando la parte por el todo).
Si la ley de aborto legal sale, ¿qué va a hacer el doctor Revidatti? ¿Va a renunciar a la coordinación de hospitales o va a dejar su postura personal para aplicar eventualmente acciones de sanidad pública? ¿Qué va a hacer en todo caso el gobernador Gustavo Valdés con este funcionario que, si conoce, no quiere ver la realidad de los jóvenes de este lugar y tiempo? ¿Cómo gestionar un gobierno para todos con funcionarios que ven sólo una parte y quieren imponer esa parte al resto?
Todo esto sobrepasó el volumen de la exposición de Brambilla, que algunos pueden decir que fue auténtica, y otros que fue calculada, escolar, demagógica, con un ojo en las encuestas y otro en su futuro político. Sea cual fuera su motivación, como el resto de los votos, no se mereció el trato que recibió. O sí, porque en todo caso sirvió para hacer caer máscaras. Varias.

***

Para el futuro queda un aprendizaje. Los correntinos debemos asumir responsabilidades y hacernos cargo de los representantes que votamos. No alcanza sólo con la vergüenza ajena que generan quienes, expuestos a un momento histórico, lo desperdician con burradas (o perradas), hipocresías, hurtos, negacionismos, o con pensamientos personalísimos, morales y religiosos, que impiden ver que su rol es el de la representación, es decir, el de la legislación general y para el conjunto. La ley, como dijo Darío Sztajnszrajber -que pronto estará en Corrientes-, debe resguardar una cosa: que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado. La democracia -no hay que olvidar- es lo opuesto a lo absoluto.

La educación de pobres y ricos, canallas y desclasados

CARTA ABIERTA A LA GOBERNADORA MARIA EUGENIA VIDAL

Hola, María Eugenia. ¿Cómo le va, Gobernadora? Espero que bien. Iba a presentarme, pero creo que no vale la pena, ni que a usted vaya a importarle. Sí creo que resultaría útil y, por lo tanto, me gustaría hacerle llegar una historia que sucedió aquí en Corrientes, provincia lejana a la Buenos Aires que usted gobierna. Una de tantas.

Escuché y leí lo que dijo sobre las universidades públicas. Eso de que no fue justo llenar la provincia de universidades “cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina llega hoy a la universidad”. Eso es falso, ¿sabe?, además de canallezco.

Escuché, también, eso que dijo sobre las licencias de los docentes y sobre algo tan importante en este momento: que no será candidata a la Presidencia.

Qué bueno que lo diga, María Eugenia: tener una presidenta que piense lo que usted piensa sería, al menos, un retroceso. Porque no nos gustaría tener una presidenta que todavía no sabe que esto es Argentina y no el jardín de Noruega, Canadá o Suecia, donde se vive ciertamente mejor. O Finlandia, Singapur o Japón donde están los mejores niveles educativos. El punto de partida mayoritario, aquí, queda un tanto más lejos.

Qué bueno, de todos modos, que esté pensando en la plata de los docentes: en lo que deberían cobrar, María Eugenia. Usted fue votada para pensar en cómo gestionar el financiamiento de la educación pública, porque usted está en un gobierno, ¿sabe?, no en una empresa. Porque podemos estar de acuerdo en lo malo de los abusos y del costo de las licencias extendidas, María Eugenia, pero parece un tanto peligroso, además de demagógico -en ese contexto, claro-, ir a decir ante señoras y señores del Rotary Club que usted piensa que están mal algunos derechos que los trabajadores argentinos han conseguido a lo largo de muchos años de lucha. Las licencias, por mencionar una.

No se preguntó, en todo este tiempo, ¿por qué hay muchos maestros enfermos? ¿Por qué no pueden o no quieren dar clases? ¿Por qué necesitamos tantos reemplazos? O, en todo caso, ¿qué hizo usted para cambiar la matriz del problema que no sea la eliminación de derechos o recortes en el financiamiento?

En fin, María Eugenia. Igual, aquí estamos por otra cosa.

Déjeme contarle una historia que conozco: la de un muchacho pobre que se hizo universitario. Le va a encantar, a usted que es una leona, mamá corazón…    

Nació en un pueblo que tenía menos de 10 mil habitantes a finales de la década del 70. En un pueblo chico de Corrientes, o sea, en el interior del interior, donde la igualdad de oportunidades, María Eugenia, no encuentra caminos asfaltados para entrar.

Su padre -el del muchacho-, trabajaba en una fábrica que cerró durante el menemismo. Su madre, ama de casa.

Sumada la miseria de ambos, no llegaba para hacer ni siquiera una pequeña gran miseria.

Con los años -dice el muchacho-, el padre le contó que en la época de Alfonsín conservaba al menos unas monedas que le permitían tener la cabeza despabilada. ¿Sabe por qué? Porque tenían que hacer malabares para gambetearle a la inflación. ¿Le suena?

Con Menem ya no hubo ni eso: ni monedas. El padre tuvo que poner todo su empeño en un oficio que tenía y sabía, porque había estudiado en una de esas misiones monotécnicas con las que el Estado, desde el primer peronismo, trataba de ayudar a la gente de las zonas alejadas o rurales como las nuestras.

El padre, pobre, cuenta el muchacho, hombreaba maderas que labraba en un taller al aire libre, resguardado del sol por la fronda de un naranjo, casi como un artesano, porque se imaginará, María Eugenia, lo que era para esa gente tener una máquina. Y si la tenía, lo que era pagar la energía. Bueno, no se aflija: es más o menos como ahora.

No alcanzaba la plata, claro, por eso el muchacho tuvo que salir a trabajar: tenía apenas 12 años. Vendía quiniela y diarios. Era canillita de El Litoral (como muchos lo fueron para pagarse sus estudios). Y estudiaba. Eso sí. Mucho estudiaba, María Eugenia, porque, ¿sabe qué?, el muchacho tuvo un momento de lucidez, y supo desde entonces que no quería para él eso que le estaba pasando a su familia.

Estudió y trabajó de chico, le hicieron bullying (que entonces no sabía que se llamaba así); algunos docentes lo ayudaban y otros le hacían zancadillas (siempre hubo esas cosas, ¿no?). Pero como el muchacho no se resignaba a que las cosas fueran así y no tenía fuerzas para cambiarlas, viajó a otro pueblo, haciendo dedo, cada semana (todos los lunes y viernes) para seguir estudiando. Los fines de semana volvía a su casa y salía a trabajar para poder costear la comida en el internado de una escuela pública, técnica, que hasta recibía especies como forma de pago. Comprenderá que el muchacho no tenía para bancarse una pensión. Pero el Estado estuvo otra vez allí. Y alguna gente, como la mayoría en Corrientes: gente que sabe dar la mano. ¿Entiende María Eugenia?

El muchacho siguió estudiando, se graduó con honores, fue abanderado, y entonces decidió que seguiría en la universidad. Sabía, por supuesto, que primero tenía que conseguir trabajo, porque no había nada que pudiera sacar de su casa, donde su madre ama de casa y su padre changarín, todavía tenían que alimentar otras 6 bocas. ¿Me sigue?

Pues el muchacho llegó a la Capital, como tantos correntinos del interior. Tuvo un trabajo que le permitió vivir: primero en un cuarto que le prestó un cura caritativo y después en una pensión y después en un departamentito que compartía con otros correntinos y chaqueños, estudiantes todos, pobres también.

Vino la crisis del 99 y tras cartón la de 2001. El Lecop nacional, el Patacón de ustedes, María Eugenia, y el Cecacor nuestro, que valía menos que papel higiénico. Comían salteado, María Eugenia, pero seguían estudiando.

“Teníamos pequeñas alegrías que nos permitían seguir” -me contó el muchacho-: el amor, la amistad, y algo que es casi una obligación entre los pobres: la solidaridad.

Gracias a la universidad pública, Gobernadora, el muchacho pudo salir del infierno. En este caso fue gracias a la Universidad Nacional del Nordeste, que tiene su sede en la Capital, porque Corrientes no tuvo la suerte de que le siembren universidades, ¿sabe?, cosa que evitaría la migración que nos desangra y nos vacía. Gracias a la Unne pudo seguir estudiando y trabajando. Le costó, pero pudo seguir, formar una familia, tener hijos, y hasta proyectar un futuro un tanto mejor para ellos, para sus hijos. No terminó la carrera en tiempo y forma, no, pero después de 14 años volvió, sacó materias y se lió con la tesis. Sigue intentando. Y allí sigue estando la universidad: pública y gratuita.

Sabe qué, María Eugenia: me dicen que el muchacho le mezquina los juguetes a los hijos, pero que gasta la fortuna que no tiene en libros. ¿Se imagina por qué, no?

El muchacho, gracias a la universidad pública, conoció amigos, amigos que le presentaron otros amigos que a su vez le presentaron a otros y fue haciendo una carrera. Le permite vivir, bien a veces: le permite saber que la comida, al menos, no es un problema. ¿Sabe qué?: hasta de vacaciones va. Y sueña con que algún día llevará a sus padres -que no saben lo que es eso-, tal vez a Asunción, que queda cerca. O al Brasil, más distante, pero a la vez más cerca y más barato que Mar del Plata. ¿Se imagina? Sus padres -los padres del muchacho- ¡de vacaciones! De ir, señora, por fin conocerán el mar.

***

El muchacho, María, es primera generación de universitarios en su familia de 7 hermanos. Y decidió quedarse. Porque señora, como usted sabrá bien, uno de cada tres correntinos se va: de su casa, su tierra, de su familia. Se va a Buenos Aires, por ejemplo, porque aquí escasea el trabajo. Aún hoy las oportunidades escasean, María Eugenia, y los sueños andan de a pie, ¿sabe?, y caminan lento, porque la cosa no mejora y cuesta más cada día. A los pobres por pobres, pero también le cuesta a nuestros mejores talentos, y aún a los más pudientes, para quienes esta provincia no tiene las redes de contención suficientes. Ni las necesarias tiene.

No quiero aburrirla, pero deje que le cuente algo: el muchacho trabajaba y estudiaba, y le costaba mucho el inglés. Pero ¿sabe qué?: gracias a la universidad pública pudo hacerlo una y otra vez. Y aprobó. Y gracias a la universidad pública leyó a Arlt, Walsh, Borges, García Márquez y Cortázar; a Hemingway, Capote, Wolf y Dostoievski; a Kafka y a Macedonio. Leyó a Ulrico Schmidl: ¡con eso le digo todo!

Gracias a la universidad pública, un día leyó a Piglia, y este le contó a través de uno de sus personajes que también a Arlt le costaba el inglés, por lo que, para leer literatura de afuera, “ilustrada”, el “maldito” leía traducciones. ¡Qué le parece!

Gracias a la universidad pública, me dijo el muchacho, puede discrepar con usted, María Eugenia. Tal vez no le importe, pero para este muchacho, que haya universidad pública en Corrientes no es una “prioridad equivocada”. Ojalá siembren más universidades en toda la provincia, porque como las carreras están mayoritariamente concentradas en Capital y en Resistencia, se abusan los inmobiliarios. Cuesta mucho alquilar una casa pequeña, un departamento o una pensión. Y ¿sabe qué?: en Corrientes hay cerca de 50 mil universitarios. Este año se inscribieron 21.865. ¿Sabe cuántos alumnos había hace 50 años?: había sólo 1.409. Ahora egresan anualmente cerca de 3.000 profesionales.

La Unne, además, da trabajo a 4.898 docentes y a 1.869 no-docentes. Casi sin presupuesto, en tanto, se las amañaron para crear gabinetes de investigación, con todo lo que eso significa. Pero hay más: unos 7.100 alumnos y alumnas estudian en las universidades privadas.

¿Se imagina lo que es eso para nosotros, María Eugenia, una provincia que aún hoy tiene el 40 por ciento de su población en la pobreza y el 10 por ciento más en la indigencia? Uno de cada dos, María…

La universidad pública le dio a ese muchacho una oportunidad. Se las da a miles de argentinos. De hecho, en Corrientes y Chaco estudian personas de muchas provincias. En las caras de esa gente se nota cuándo desayunaron y cuándo no, María Eugenia, pero van. Tenemos el mate, que sirve para la mañana, la siesta, la tarde y la noche. Para engañar al estómago y espantar al sueño. Si pueden comprar yerba, habrá para seguir soñando, pero despiertos. Para creer que es posible un mañana mejor.

Tal vez algunos tarden largos años y otros no se reciban nunca, pero ya no serán los mismos.

El muchacho que le cuento, María Eugenia, no fue el mismo después de leer el primer apunte fotocopiado. No fue el mismo después de leer a Tomás Eloy, Caparrós, Guerriero, Licitra, Cabezón Cámara o a Alarcón. No fue el mismo después de Lope de Vega: mire que lo que digo. De García Lorca. O de Godoy Cruz, que además daba clases en la facultad a la que iba. ¿Se imagina un pobre con esos libros? Conocer de Velázquez, saber de Rubens, Da Vinci, Picasso, Van Gogh, Goya, Monet o Manet…

Me contó una vez que sus cuadros preferidos son los románticos y heroicos. Le gusta mucho “La balsa…” de Géricault; “La libertad conduce…” de Delacroix; o Marat pintado por David. Si no fuera por la universidad pública, ese pobre muchacho, o muchacho pobre, no sabría de la Bauhaus, ni de Kandinski, ni de Pollock.

Me contó que una vez viajó a Cachi, Salta, donde estuvo estos días el Presidente. ¿Y sabe qué? Allí, en esa altura rocosa donde el diablo perdió el poncho, vio un par de niños collas con sus computadoras proveídas por el Estado. Estaban estudiando mientras cuidaban sus cabras.

¿Se figura lo que es eso, María Eugenia, para “los caídos” en la educación pública? Si no se hace la idea, sepa que mucha gente antes que usted, María Eugenia, no sólo lo imaginó, sino que lo llevó a la práctica, e hizo de Argentina un país distinto a los demás, donde la educación a secas, y más aún, la educación superior, es una cosa para pocos, como sugiere su pensamiento elitista, un tanto desclasado, que parece querer arrebatarle a los pobres tal vez la única puerta de salida que le ofrece el Estado cuando no llega tarde.

¿Sabe qué pasa cuando el Estado llega tarde, Gobernadora? Traslada a esos pobres en ambulancias o patrulleros a poblar terapias o calabozos.

La educación pública, la universidad, María Eugenia, en Corrientes provee como pocas cosas un aspiracional histórico: la movilidad social de los que no tienen dinero, pero sí tesón e inteligencia y eso que usted dice, citando a Einstein, que es la fuerza más grande del universo: la voluntad.

La historia de este muchacho que le cuento, María Eugenia, se repite por miles en Corrientes, como en toda la Argentina. Casi le diría que en esas historias se condensa el modelo meritocrático del que habla Cambiemos, ¿o eso es puro verso, eso también, María?

Bueno: no me haga caso. Pero, ¿me creería si le digo que aquí hasta los ricos estudian en la universidad pública? Es más, de allí salieron muchos de los dirigentes que integran Cambiemos, ¿sabe? Más aún: de ahí salieron muchos de los votos con los que Macri ganó el país y usted la provincia, María Eugenia. De la universidad pública salieron nuestros gobernadores, ¿sabe?, socios políticos suyos además, y una gran cantidad de funcionarios que cuando eran chicos, señora, eran pobres. Son los nombres propios de la movilidad social ascendente.

En fin. No quiero molestarla más. Usted ya tiene bastante poniéndose botas de goma y jeans y tapados de leona para ir de safari a las zonas carentes de Buenos Aires. Si viniera de safari a Corrientes, María, vería que de esos caseríos marginales salen pibes que van a la universidad, que trabajan y estudian y casi no comen y casi no duermen. Y pibas que, además de todo eso, en algunos casos tienen que criar también a sus chiquitos. Ideal para las selfies que tanto le gustan, señora.

***

P/D: Gobernadora. Me dijeron que sus lecturas favoritas son las novelas de Hosseini, y que le gusta mucho Jeffrey Archer y también Sidney Sheldon.

La lectura del muchacho que le cuento, María, es una especie de biblioteca mínima para las carreras de Comunicación, porque, me olvidé de decirle: siempre soñó con ser periodista, y viajar, conocer gente y lugares, tratar de señalar sandeces, custodiar valores -como los de la educación, por ejemplo-, y eventualmente alguna vez entrevistar a un presidente. ¿Qué le parece? ¿Nada mal, no? Nada mal para el hijo de un carpintero y una ama de casa. Para un muchacho nacido en el interior del interior, en un pueblo pobre de una provincia pobre insertada en una de las regiones más pobres de la Argentina.

Hay mucha voluntad ahí, María Eugenia, pero no sólo eso: también allí estuvo siempre la educación pública. Y gente que supo tender la mano.

Que le vaya bien, Gobernadora. Reciba nuestros pobres saludos desde Corrientes.

Tassano y la culpa de los ansiosos

Para el intendente Eduardo Tassano, la culpa de todo, por poco, la tenemos nosotros, los ciudadanos. Por pedirle que gobierne. Que su gestión arranque de una vez. Que haga algún que otro pavimento o bacheo. Que gestione. Que asista a los vecinos en sus necesidades. Que no maltrate a los empleados. Ni a los funcionarios (puesto que hay quienes no aguantan y se van). Que remita los informes que se le piden. Que proyecte y que de una vez se haga cargo del cargo, que también viene con obligaciones. Como el durazno con pelusa.

El domingo pasado, por televisión, el intendente Eduardo Tassano gastó cerca de 30 minutos de valioso aire para justificarse ante la audiencia. No hay plata. Todo es un desastre. Y la culpa es de otro. Del otro. Del anterior.

Se quejó de la herencia recibida. De 350 millones de pesos en deudas. De un rojo mensual de 20 que se redujo a 14 millones de pesos y que, según dejó entrever, maniata su plan de acción. De deudas escondidas por el estropicio que produjo Fabián Ríos, según denunció. De una superpoblación de agentes comunales mal distribuidos que se consumen más del 70% de los recursos. Cargos políticos, según le gusta decir.

Justificó la ineptitud de algunos de sus funcionarios. Dijo, sonriente, que se debe a la juventud, y a una supuesta falta de experiencia. Pero como Macri, sugirió que tiene el mejor equipo de los últimos años. “Muy técnico”. “Estoy muy conforme”. Pidió tiempo. Están precalentando.

Dijo que lo que la gente llama “falta de gestión” es en realidad ansiedad (de la gente, claro). Que el plan hídrico es un éxito. Que los estacioneros de la Axion de España y 3 de Abril le cargaron gratis el tanque de su vehículo porque rebosaban de alegría. Tenían motivos: había escupido un loro y la esquina, famosa por sus lagunas, esta vez no se inundó. Esa vez fue la de la tarde-noche del 3 y 4 de mayo: llovió 32 milímetros.   

Un tanto contrariado por esa ansiedad de la gente que reclama, después de haberlo votado, hizo una serie de observaciones inquietantes:

-¿Quién dijo que la Municipalidad tiene que hacer obras? -preguntó.

-Ese es un concepto instalado -dijo, y agregó-: El éxito de la gestión está en la planificación, en dejar una ciudad para el futuro. Saber hacia dónde vamos.

Tal vez tenga razón. Si el éxito está allí, podemos planificar y no ejecutar, total no haría falta…

Después dijo que se hace asesorar por el ministro Carlos Vignolo y que con él están revisando el plan de obras que dejó el ex intendente. Un tanto raro, puesto que Vignolo tal vez haya sido el jefe comunal capitalino más intrascendente de por lo menos las últimas dos décadas, producto, hay que decir también, de la feroz disputa entre los primos Colombi: Arturo y Ricardo.

Que Vignolo haya dejado un plan, quiere decir que tenía un plan. Algo es algo, al menos para la historia.

Pero vamos a lo que importa ahora. El presente y el futuro. Al pasado hay que soltarlo. Estudiarlo, sí, para no volver a cometerlo, y avanzar una vez aprendido cuáles fueron nuestros errores. El problema es, como decía Marcel Proust, que “a veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas”.

La clase política ensaya decisivamente este estado de cosas. Ni mira el pasado y poco le importa el futuro, más que el futuro cercano que incluya, eventualmente, una reelección o un ascenso en la pródiga escala gubernamental. Cierto es también que en muchos casos ni siquiera importa eso. Hay administradores del erario comunal-provincial que se contentan con llenar sus bolsillos a costa de los programas de desarrollo, del bienestar de la gente, haciendo negocios con o contra el Estado. Lejos están de tener una mirada superadora, comunitaria, democrática. No les importa. Un pueblo interesado, culto, podría ser un peligro, así que mejor así como estamos…   

Pero volvamos a Tassano. La culpa de todo no la tienen los ciudadanos. Es más: la culpa no siempre es del otro. Gobernar es su obligación, que para eso se lo votó. Tuvo un largo tiempo de preparación y todavía está reponiendo gabinete. Ya va siendo hora de salir a la cancha.

Es cierto que lleva pocos meses en ejercicio, pero con los planetas alineados y con un Estado provincial que vela por los capitalinos, cosa que no hizo su jefe político, Ricardo Colombi, y que tampoco hizo Arturo Colombi, cuando era su jefe político. Que le pregunte sino a su otro jefe político, Carlos Vignolo.

Vignolo padeció la mezquindad de Arturo, que no hizo más que seguir la lógica de Ricardo, que hizo padecer su mezquindad asfixiando a Nora Nazar, a Camau Espínola y a Fabián Ríos.

Lo malo de todo eso es que las facturas mayores no son políticas, sino sociales. Nora, Vignolo, Camau o Fabián tienen resueltas sus vidas. Pero los vecinos de la Capital todavía se inundan, todavía rompen sus autos en las calles deterioradas, todavía caminan sobre barriales eternos, demandan por servicios y por obras de infraestructura básica que les mejore al menos un poco la calidad de vida.

Esta es la parte de la historia que no deben olvidar los que creen que sólo el kirchnerismo es la razón de nuestros problemas. Aquí, en Corrientes, también cuentan los 16 años de gobiernos enfrentados a la Capital. Y todos fueron radicales. 

Es un dato de la realidad que hemos vivido y que debemos cambiar, abandonando nuestra inocencia en el debate político, o nuestra malicia, o nuestro cinismo, o la grieta reductora que hace ver el mundo de modo binario. Necesitamos pensarnos de nuevo, pero con grandeza, sin mentiras.

Que los vecinos reclamen acción, entonces, tiene relación con cierto hartazgo, pero también con una expectativa que crearon el propio Tassano, el propio Colombi, el propio Macri.

Pues ahora que cumplan: que muestren que la alineación Nación-Provincia-Municipios de verdad existe. Que no fue sólo una expresión de deseos de alta cotización en las lides electorales. La ansiedad no nació de un repollo, si es que la hay. Debería saberlo ya el doctor Tassano.

Los vecinos tienen necesidades. Tienen derecho a vivir mejor y a no volver a ser estafados. Los empleados tienen derechos, no sólo los funcionarios.

Los empleados son trabajadores que no se merecen ser menospreciados por su militancia política. Tassano despidió a cientos de agentes que venían de la gestión anterior porque eran empleados políticos, dice, y repite. Llamativo, porque Tassano también es un empleado. Y político. Llegó a intendente ostentando condición de tal. Y gracias al trabajo de muchos militantes políticos: radicales, o del PRO, o de los tantísimos partidos de la alianza ECO+Cambiemos.

Decir que los empleados de la gestión anterior son políticos, y agregar con ello una sazón hedionda, es escupir para arriba. Porque la política es la herramienta. Siempre. Y además porque los empleados que supuestamente sobran fueron reemplazos en muchos casos por otros empleados, algunos (bastantes) de los cuales son parientes directos de los jerarcas de la nueva administración. Nepotismo puro y duro.

¿Opusieron antecedentes, o rindieron estos sus aptitudes para entrar a la esfera pública, o son sólo militantes que han sido premiados por su esfuerzo electoral? ¿Cuál sería la diferencia para que los otros empleados sean políticos y estos no?

Si es por achicar o eficientizar el gasto -materia loable y necesaria para equilibrar las cuentas-, podrían hacer el esfuerzo de buscar otros argumentos.

Hay más. Si Fabián Ríos “no pagó nada”, como dijo Tassano el domingo, por televisión, en el programa “Equipo de Noticias” que conduce Carlos Simón por Canal 13, ¿por qué no lo denuncia? ¿Qué espera?

-Los últimos meses no pagaba nada, así era fácil -se quejó Tassano, casi chillando.

Decirlo por la tele, pero no justificar la denuncia ni elevar planteo a la justicia, también es fácil. ¿O no?  

¿Si el Municipio es inviable, tiene un rojo mensual millonario, por qué avanzó primero con una jugosa actualización salarial de los funcionarios? Dice que están revisando las cuentas y renegociando contratos a la baja. Y que ahora paga menos de teléfono. Empezó el saneamiento. Es un alivio. ¿Alcanzará?

Ahora, ¿hasta cuándo hay que financiar la inexperiencia de los funcionarios? Si tiene, como Macri, el mejor equipo de los últimos años, como dijo alguien por ahí, ¿por qué no pone a los titulares?

Al Estado no se lo desfalca sólo con una burocracia corrupta y ladrona. También se lo desfalca con una burocracia ineficiente y cara.

Tal vez haya mucha ansiedad y el doctor Tassano esté en lo cierto. Tal vez haya demasiada expectativa puesta en él, en su gestión, y tal vez allí esté el error. Ojalá que no, porque falta mucho para que termine lo que empezó hace 5 meses.

También hubo un error cuando salieron, literalmente, a abrir el paraguas antes de que llueva. Salieron a festejar que la ciudad no se anegó con 32 milímetros de lluvia y resulta que con 40 fue un caos. Y la estación de servicio que le regaló un tanque de nafta una semana antes, ahora volvió a inundarse.

¿Le mandarán la factura? ¿Racapacitará el doctor Tassano y pagará su combustible? ¿Si está dispuesto a aceptar que le llenen el tanque gratis, estaría dispuesto a aceptar otro favor o dádiva en cosas más importantes?

Hay quien dijo que los errores de comunicación se pagan caro, a la larga o a la corta. Allí, a mi entender, hay otro error: festejar que una esquina no se inundó con 32 milímetros de una lluvia perezosa no es un error de comunicación. Comunicar eso es un error político. Como creer que sanear esa esquina (céntrica, para variar, donde circula y trabaja mucha gente, pero donde no vive casi nadie) es sanear toda la ciudad. ¿Y los barrios? ¿Y los barrios de los márgenes? ¿Y las calles de tierra? ¿Y las zanjas? ¿Y los pastos? ¿Y la basura?

Por último. ¿Quién dijo que la Municipalidad tiene que hacer obras?, preguntó el domingo Tassano. El éxito de la gestión está en la planificación, en dejar una ciudad para el futuro, argumentó. Tiene razón, sobre todo en esto último.

Ahora, si no es mucha molestia, estaría bueno saber cuál es la ciudad que pretende dejar el doctor corazón. ¿Cuál es la ciudad que perfila la gestión que encabeza? Porque, al momento, sólo conocemos la ciudad que está pensando remozar y ampliar la Nación y los planes que tiene el gobierno de Gustavo Valdés, planes que si se concretan, romperán, para beneficio de los capitalinos, la lógica de sus antecesores inmediatos.

También hay algunas iniciativas privadas, pero ¿y la Municipalidad?

Con respecto a las obras podemos discutir, largo y tendido. Porque no fue eso lo que Tassano dijo en campaña. En campaña habló de obras y de servicios y de planes ambiciosos.

Ya en la campaña de 2009 fue bastante ambicioso. Prometía mil cuadras de asfalto. La gente no creyó. Ni Vignolo, que entonces era intendente y adversario, creía posible esa barbaridad, y salía en cuanto medio tenía a su alcance a ridiculizarlo. Lo bautizaron Pinocho.

¿Qué pasó en este tiempo? Tassano quería hacer asfalto en pleno gobierno de Cristina Kirchner y ahora que tiene a su socio Mauricio Macri en la presidencia ¿sólo quiere hacer maquetas? ¿De verdad piensa lo que piensa o es una manera de justificar las dificultades que ve por delante en medio de la crisis que atravesamos?

Además, pensándolo bien, si la ciudad sólo necesita un planificador, ¿para qué votamos un intendente, vice, concejales? ¿Para qué la ciudadanía, con sus impuestos, está pagando un organigrama comunal enorme? ¿No sería más barato y eficiente pagar los honorarios de consultoría de Tony Puig, que estos días anduvo por Esquina y que tiene probado que sabe de ciudades?  

¿Qué pensará el doctor Emilio Lanari de todo esto? ¿Qué hubiese pasado si él encabezaba la fórmula y resultaba electo intendente?

Contrafáctico. Lamentablemente.

Fin. Ojalá estas líneas, con el tiempo, sean sólo un emergente del inconformismo, como advierten los pasantes de trolls de la Comuna, que se andan reproduciendo. Ojalá arranque la gestión y descalce las críticas. Estas y las que puedan surgir. Ojalá sea antes de que de verdad cunda la ansiedad y exteriorice sus tensiones.

Nación, Provincia ¿y Municipio?

Y¿Arranca o no arranca? No se trata de una publicidad de bujías: se trata de la marcha institucional de la Municipalidad de Corrientes. ¿Comenzó en diciembre o sigue en los prolegómenos? Es una pregunta que surge no sólo de un requerimiento periodístico ante tanta quietud, sino de una sensación de vacío que tiende a generalizarse entre los propios vecinos.
Tal vez haya un problema de base. Las elecciones comunales del 4 de junio de 2017 que catapultaron al doctor Eduardo Tassano, ocurrieron demasiado tiempo antes del traspaso de mando que se concretó el 10 de diciembre. En el medio habría de realizarse, además, la otra gran elección: la que consagró a Gustavo Valdés como sucesor de Ricardo Colombi.
Ante tal circunstancia, Tassano no tuvo opciones. Comenzó y terminó el 2017 haciendo campaña. Prometía y prometía, porque corría desde atrás en todas las encuestas.
Mientras prometía, un dilatado temporal de lluvia inundó gran parte de la provincia y casi que ahoga a la Capital. Le vino como anillo al dedo: aprovechó cada milímetro de agua caída para machacar sobre supuestas falencias de la gestión de Fabián Ríos, que luchaba por seguir.
El agua fue una bendición para Tassano. O su cruz. Porque ganó las elecciones, pero ese éxito debía pagarse inmediatamente con cuotas altísimas de participación en la campaña de Valdés. Había que poner su imagen y prestigio al servicio de la madre de las batallas. ¿Cómo lo hizo? Siguió prometiendo.
Ganó Valdés. Asumieron ambos. Y cansados de repetir las bondades de la alineación Nación-Provincia-Municipios, fueron puestos a la tarea de gobernar.
La Nación parece muy interesada en la provincia. Desde Mauricio Macri para abajo, siguen viendo a Corrientes como un atajo para el proyecto reeleccionista del Presidente. Con poco se puede mostrar mucho, y ello sustenta las palabras del líder de Cambiemos: la del Taragüí como uno de los motores del desarrollo regional.
El Gobierno provincial también se muestra encaminado en ese sentido. Desde Gustavo Valdés para abajo, hablan de proyectos concretos, de obras. Muchas de ellas se harán en Capital, lo que constituye un cambio sustancial en relación con los 16 años de colombismo. Se proyecta sobre la ciudad para recuperarla, embellecerla y ampliarla.
La única administración de la tríada política ideal que no entra en eje es la Municipalidad de Corrientes. Como que no encuentra su lugar.
Después de tantas promesas, Tassano o los suyos parecen paralizados, desbordados. Y en vez de empezar por las respuestas, empezaron por ensayar excusas, tocando fibras sensibles como el trabajo y el salario resultante.
En el amanecer de la gestión ya hubo problemas con los empleados. Se denunciaron casos de maltrato y abuso de autoridad, inconvenientes con la obra social y un escenario incierto para un gran número de trabajadores que temen posibles cesantías.
A muchos se les cortaron los recesos. Se le cuestionaron los uniformes que venían de la época anterior. En paralelo se realizó un censo. Control, control y más control. ¿Está mal? Quizás no. ¿Sirvió para algo todo ese desgaste? Todavía está por verse. En la Comuna dicen que sí, que sirvió, y señalan una larga lista de bondades.
“Hay que conocer el personal para mejorar las prestaciones”, sostiene el Intendente. Tiene razón. Pero en el medio ocurrió lo de los maltratos.
Fueron especialmente hostigados algunos empleados identificados con la gestión anterior: se los acusa de no trabajar. De ñoquis. Pero a la vez, hubo un festival de nombramientos de entrecasa. Nepotismo, que le dicen.
Se prometió un plus. Se prometió ampliarlo. Pero ya se le bajó el pulgar a la “dádiva”.
Tassano prometió un plus desdoblado de mil pesos en dos cuotas de 500: se pagó en enero y febrero. Pero ahora su exégeta comunicacional, “Cuqui” Calvano, descartó toda posibilidad de seguir pagándolo durante el año, como se había deslizado en las campañas. “No está prevista la posibilidad de prolongar el plus durante el año; no es algo que tengamos en consideración”, dijo. Punto.
Sigue “Cuqui”: “Tenemos una situación financiera complicada. Hay un déficit importante y con eso es muy difícil”, dijo hace unos días por radio.
Es la cantinela que viene desde la campaña electoral, que se intensificó durante la transición y que ahora, desde diciembre a esta parte, parece ser la tabla de salvación de una gestión en ciernes: culpar al otro, defenestrar el pasado, quejarse de la falta de recursos y en el mismo acto, esconder la quietud, cierta desidia y el déficit de servicios. 

***

Puede que no haya recursos. Puede que Ríos haya desfalcado: pues entonces que lo denuncien en la Justicia, no en los medios.
Pero, ¿no era que la alineación se constituiría en la solución a todos los problemas de postergación de Corrientes? ¿Qué hace tanto tiempo Tassano en Buenos Aires, en todo caso? ¿No le hacen caso? ¿No le dan respuestas? ¿Qué es lo que gestiona? Por ahora, sólo se lo ve de claque.

***

Despejados los primeros nubarrones con los trabajadores, llegó la primera tormenta fuerte, una tormenta de verdad que puso a prueba “la gran promesa”. La ciudad volvió a anegarse, con lo que quedó al desnudo el punto que sustentó toda la campaña de ECO+Cambiemos en Capital: el plan hídrico.
Mientras llovía y se inundaba, para ir a lo primero, la Municipalidad tardó una eternidad en dar respuestas. Y lo hizo después con ayuda de la Provincia. No está mal, pero hay quien dice, cerca de Valdés, que el gobernador tuvo que zamarrear a más de uno para que despabilen y salgan a ayudar.
Tras cartón, Nación y Provincia, hace unos pocos días, hablaron del plan hídrico. Del plan provincial que está en ejecución, y del plan local que están en veremos.
El ministro Jorge Vara, después de intercambiar con tonos adustos con el ingeniero Luis Tassano, subsecretario de Obras Hídricas de la Municipalidad, corrió el velo al asunto: el plan hídrico municipal todavía está en etapa de diseño. “Estamos concluyendo el proyecto”, dijo ante el intendente Tassano, ante el gobernador Valdés y ante el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña. Tras eso,  el jefe comunal se llamó a silencio.
¿Qué fue entonces lo que presentó el médico cardiólogo en campaña? Una promesa.

***

Planificar la ciudad, o trabajar en grandes obras -sería necio no admitirlo-, no se logra de un día para el otro. Tampoco podría hacerlo sólo la Municipalidad: eso lo sabe cualquiera. Cualquiera. Por eso siempre es conveniente medir las palabras en la campaña.
Tassano hizo caso omiso, o lo que pudo. Y operó en campaña regido por el teorema favorito de Colombi. El teorema de Baglini, que dice: “El grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”.
Quizás prometió más de la cuenta. Quizás estuvo obligado. Quizás pensó que no llegaría. Pero hace rato que está en el gobierno, y da la sensación, sólo mirando la agenda de la semana que acaba de terminar, que las gestiones y obras que están sosteniendo a Tassano son las que el Gobierno está diseñando y ejecutando en Capital.
¿Y eso qué tiene de malo? A priori nada, pero revela que de la tríada electoral exitosa, Nación y Provincia están en plan de trabajo; y que la Comuna es por ahora sólo una circunstancia geográfica de proyectos políticos mucho más grandes.
Los vecinos, muchos de ellos, ya empezaron a hacer notar sus quejas.
Quizás llegó el momento de que el intendente empiece a trabajar de verdad en su gestión. Que entienda que en Buenos Aires no están todas las respuestas. Eso es lo que advierten incluso sus socios políticos, que no tendrán mayores problemas en dejar de serlo si es que lo que trama cerca de Balcarce 50 es algo más que una obra o servicio.

***

-¿Y? ¿Arranca o no arranca? -pregunta el locutor.
-Siempre arranca -se responde.
Ojalá que éste también sea el caso.

¿Comenzó el gobierno de Valdés?

 

Cómo deberá medirse el éxito de la gestión de Gustavo Valdés? ¿Sólo con prudencia administrativa, con orden interno, paz social, gobernabilidad y anuncios, como hasta ahora? ¿Contando la cantidad de visitas de funcionarios nacionales, incluido las del Presidente, que se han convertido casi en una olimpiada en la época de Ricardo Colombi?.
¿Se lo medirá por sus gestos y actitudes, que vienen dando señales de cambio en sólo dos meses de mando, o se lo medirá por concreciones, que aún no aparecen, y que son en todo el mundo las variables más aceptadas de aptitud, eficiencia y crecimiento colectivo?
A juzgar por lo que dice el Gobernador, sería por esto último.
Por ahora son como bosquejos. Son planes. Esquemas. Proyectos. Ideas sueltas con pretensión de materialidad, pero nada más. Dejan ver, eso sí, una especie de horizonte, un objetivo, una meta más allá de la permanencia en el poder, que también talla en el amasijo.
Valdés habla de la autovía urbana de la Capital, que debería empezar a ejecutarse el mes próximo. Habla de poder continuarla: de la circunvalación Capital, para que la autovía sea efectivamente urbana y la Ruta 12, desde Riachuelo a Perichón, o más adelante, tenga una senda alternativa que descomprima la carga vehicular diaria que circula por la zona.
Habla de una autovía segura, hasta Empedrado o Saladas, y desde Capital, al Norte, hasta por lo menos Paso de la Patria, o Itatí.
Habla de un segundo puerto nuevo, en la zona de El Sombrero. De reacondicionar el puerto de Capital e incluso echar mano a la escuela de formación de mecánicos, técnicos y navegantes.
De habilitar lo antes posible el puerto de Itá Ibate.
Habla, por supuesto, del segundo puente, que está en vías de licitación. Con plazos increíbles, no porque no sean los plazos, sino por los aplazos consuetudinarios que sufrió esta obra largamente anhelada por los correntinos y chaqueños.
Valdés habla de una Capital mimetizada con las ciudades que la circundan. De iluminación de rutas. De caminos seguros. De transporte integrado.
Habla de extender la avenida Independencia hasta la zona del barrio Laguna Brava.
Habla de recuperar la Terminal de Ómnibus, reacondicionando el lugar que hoy ocupa, generando un nuevo ingreso por donde antes pasaba el tren. Se aferra al lugar, pese a que alguno de sus ministros sugirió reubicarla a Santa Catalina o donde hoy funciona el Mercado Central, en cercanías de la rotonda.
Habla de un aeropuerto, de defensas y obras costaneras en Ituzaingó y Apipé, y de otros aportes que debería derramarse de la Entidad Binacional Yacyretá.
Habla de la recuperación de puentes y rutas, de la construcción de rutas nuevas. De los planes de saneamiento y del plan hídrico: el provincial que recitó con solvencia el viernes el ministro de Producción, Jorge Vara, y el de la ciudad, que está en proceso, pero que, al parecer, será posible gracias a varios-muchos aportes técnicos y económicos del Gobierno provincial.
Según Vara, y respecto al plan hídrico de Capital, “estamos concluyendo el proyecto”.
– “Si bien hay medidas que se han tomado en consonancia con el mismo, es muy grande la intervención que se requiere y los mecanismos son variados. De todos modos, lo más claro es que tenemos que mejorar los ductos de desagüe, porque la Capital tiene las condiciones naturales para que escurra hacia el río Paraná. Es decir: tenemos que trabajar en los conductos de escurrimiento. Es un trabajo costoso y muy importante, por lo que vamos a necesitar un periodo de tiempo para definir en su totalidad el proyecto”.
Hay allí una novedad, porque el viernes, justamente, durante la visita del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que se publicitó como para anunciar el plan hídrico de la ciudad, la cosa cambió en el aire. Se habló del plan hídrico, pero provincial. Un plan que ya fue anunciado y que ya está en obra, en muchos de sus puntos.
Se mencionó el plan de la ciudad, que, en palabras de Vara, aún está en evaluación.
Queda claro no obstante que la provincia se hizo cargo del combo, y para colmo, el intendente Eduardo Tassano guardó silencio. ¿Qué pasó allí? La pregunta es tan inquietante como otra, aunque menos grave, que tiene que ver con Peña:
¿A qué vino el Jefe de Gabinete? Más aún: ¿A qué vino Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios?
Lombardi ni habló. Y Peña, primero en conferencia y después, tras un recorrido que hizo por el Instituto de Cardiología, no repitió más que las frases de la campaña: adelante, juntos, cambio, codo a codo, trabajo en equipo, Nación-Provincia-Municipio.
Es verdad que hubo una reunión en casa de Gobierno y también un almuerzo en un hotel boutique de la ciudad. Casi seguro que allí está respuesta de la visita del Jefe de Gabinete. Casi seguro que existe una razón lo suficientemente importante como para mover una nave de la flota oficial para un paseo de 4 o 5 horas por Corrientes.
Casi seguro que en esos encuentros están las claves de lo que vendrá: el viaje del gobernador Valdés con el presidente Mauricio Macri a México, la visita de Valdés a la asamblea legislativa nacional que hará variar el protocolo provincial, después de muchos años. Y tal vez los anuncios que se harán el 1 de marzo ante la propia asamblea, cuando tenga que trazar el plan de acción anual del Gobierno de Corrientes que, después de 16 años, no será el plan de Ricardo Colombi.
¿Por qué no sería el plan de Colombi? Porque no lo es.
Un solo detalle confirma el perfil de este segmento de obras que pretende poner en marcha y eventualmente inaugurar Valdés: la mayoría involucran a la Capital, departamento sistemáticamente postergado por el ex gobernador.
Pero más allá de ello, otro asunto sustenta el modelo Valdés: muchas de las obras, planes y financiamiento que pretende lograr el Gobierno para poder anudar sus objetivos devienen de un posicionamiento distinto en relación con Yacyretá. Es el gran perfil esbozado por el Gobernador: hacer que la Entidad Binacional corresponda a Corrientes como no lo hizo todo este tiempo, por distintas razones. La mayoría de ellas políticas.
Según altas fuentes de Casa de Gobierno, ya hay algunos avances en cuanto al reclamo que hizo Valdés cuando asumió: conseguir dividendos, en especie y en efectivo, en concepto de regalías. Se trata, en rigor, de una vía de financiamiento genuina que, de conseguirse, constituiría una línea alternativa a la histórica: esa que incluye ir a postrarse ante el mandamás de turno sin que importen razones ni derechos.