Cristina conmoción

La decisión de alta política con la que Cristina Fernández de Kirchner sacudió ayer la modorra nacional constituyó una conmoción. Hasta los propios se sorprendieron. Los extraños se desconcertaron y los anti se dividieron en dos grupos. Los unos escupen fuego como dragón enojado y los otros aún no reaccionan, aplastados por el impacto de la noticia.

—¿Qué noticia?
Esa que motoriza la decisión de Cristina Fernández de correrse a un costado, de anunciar que será candidata a vice de Alberto Fernández y que competirá en las elecciones Primarias.
Tanto impacto causó la jugada (el tiempo dirá si fue táctica o estratégica), que el movimiento parece darle la razón a Alejandro Grimson, autor del libro “¿Qué es el peronismo?”.

—¿‏Por qué le da la razón?
Porque Grimson, un antropólogo social e investigador del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), viene diciendo hace tiempo que “el peronismo no deja de conmover la política argentina”.

—¿Y qué tiene que ver con la decisión de Cristina Fernández de Kirchner?
Eso justamente: que conmovió el tablero político nacional, les guste o no les guste a algunos o a muchos.

“De pronto surgió una perspectiva”, escribió ayer la filósofa Esther Díaz. “Una lección de gubernamentalidad. Un ejercicio de la política, no un mandato del márquetin. Sentido de la oportunidad, astucia razonada, conexión con los problemas reales, renunciamientos necesarios. Somos testigos de un gesto político notable, de un acontecimiento”, sentenció.
Tal “acontecimiento”, tiene reminiscencias históricas: Fernández-Fernández suena similar a Perón-Perón; Alberto al gobierno, Cristina al poder es igual a lo dicho y hecho por Perón y Cámpora. Hay otras referencias menos románticas, más dramáticas y un poco más alejadas de la realidad de este supuesto “renunciamiento” de Cristina, que acerca el recuerdo de Evita.
Pero más allá de la comparación en clave histórica, aprobatoria o condenatoria (pues hay para todo) este “acontecimiento” ya desdibujó varias otras candidaturas que ensuciaban el camino al acuerdo de un armado opositor competitivo. Además, dejó en falsa escuadra la estrategia del “populismo-venezualismo” de Cambiemos. Comprometió aún más al radicalismo que, dividido como está, no sabe si creer o no el golpe de efecto, si llamar o no a los peronistas para armar un frente alternativo, o si seguir o no en Cambiemos. (El gobernador mendocino Alfredo Cornejo dijo ayer, en Clarín, que tras la jugada de CFK, su propuesta para sumar peronistas a Cambiemos “está más vigente que nunca”).
El “acontecimiento”, en tanto tal, también, puso en modo de recálculo a los operadores internacionales y los organismos de crédito.
Sucede que Alberto Fernández puede encolumnar gobernadores, puede contener a otros referentes del peronismo de centro, federal, racional o como se llame; puede sumar a las clases populares, a los trabajadores y a sus líderes a los que ya envió señales de afecto y puede dialogar con aquellos que no lo harían con Cristina (ni ella con aquellos). Es que el hombre representa, desde las veredas del “márquetin”, como diría Esther Díaz, una figura más educada, o al menos más moderada que CFK. Alberto Fernández vendría a ser una figura de esas que le gustan al establishment comunicacional-institucional de la Nación, pues entre otras cosas encarna un antídoto para los fantasmas de la cesación de pagos y el aislamiento internacional. Es un constructor, dicen. Un componedor.
Ayer, igual, el desconcierto del establishment comunicacional-institucional de la Nación fue tal, que abordaron el acontecimiento con calificativos desdeñosos, ayudados con carpetas de servicios varios.
Extravagancia dijo uno; títere acotó otro. Alberto es un mentiroso, un doble agente, bramó una señora. Un verdadero panqueque sin personalidad, analizó alguien en Corrientes, para este cronista.
Ella es ella, más que nunca: pues nunca antes alguien renunció a los honores pero no a la lucha, se bajó un escalón y desde allí digitó quien estará en el de arriba. Genial, ironizó alguien más. Sustentan en esa movida la figura de la marioneta. (Además de actuar con los manuales de la infantilería política, quienes apuntan eso en realidad todavía resisten la inteligencia de una mujer como Cristina: la atacan y la niegan, creyendo que así se exorcizan de ella y del alcance de su expertise política).
“Es la admisión de que con ella sola no alcanza”, llegó a decir un radical correntino que pidió reserva tras la conversación con quien esto escribe. “El anuncio encierra el reconocimiento de que el cristinismo había achicado al kirchnerismo”, analizó un colega en la metrópoli. “Esta decisión implica nestorizarse para tratar de ampliar su base en busca de la recuperación del poder”. Etc., etc..

***

Sergio Massa fue el primero en ver la luz al final del camino:
“Tenemos la responsabilidad de construir una gran coalición opositora y una nueva mayoría para los argentinos, para derrotar a un gobierno que destruyó a la clase media argentina”.
“Creemos que es importantísimo construir no solamente un nuevo gobierno y una nueva mayoría sino un nuevo peronismo”, afirmó minutos después de que la ex presidenta anunciara su decisión a través de un video de Twitter.

Massa trazó así el objetivo: ganarle a Macri.

En la misma línea se leen las capitulaciones de Agustín Rossi y Felipe Solá. Se esperan más. Daniel Scioli optó por la idea de una gran Paso. Los gobernadores peronistas, varios de ellos, se mostraron “contentos”.

Ahora queda el trabajo. Para todos.

Queda el armado de un vehículo electoral amplio y competitivo mientras se generan los planes y proyectos para lo que viene: una Argentina con enormes carencias y dificultades. Una Argentina en la que será necesario fortalecer los mecanismos de gobernabilidad. Y esta será una necesidad para los Fernández eventualmente, como para los Macri o los Massa, los Lavagna o los Schiaretti. Para el que gane.
Queda además, mientras tanto, llegar a las Paso, después a octubre y tratar de que el país resista entero para encarar el proceso que comenzará el 10 de diciembre.

Queda por delante frenar el deterioro diario de la Argentina, de su gente.

Es allí donde radica la importancia de las señales que envíe el Gobierno a partir de este nuevo escenario. O de las que envíe Mauricio Macri. O el radicalismo en su calidad de socio-sostén territorial del fracaso de Cambiemos. Es que “Macri sólo le ganaba a Cristina, y capaz ahora no le gana a Alberto”, dijo ayer el histórico dirigente Julio Bárbaro. Antes era peronista; ahora es un inclasificable por la cantidad de boletos que se le ven en los bolsillos.
Además dijo otra cosa. Habló de conmoción: de una conmoción que sacudió a gobernadores, intendentes y dirigentes de todo arco político nacional. Y eso tal vez genere todavía más bronca entre los que minimizan la jugada y la descalifican, porque los globos y el ritual de fiesta de quince con música de Gilda nunca moverá las estructuras políticas de la Nación como movió un video con voz en off de CFK, transmitido por Twitter.
Por eso los berrinches en los referentes más desbocados e irresponsables del macrismo que, ante la falta de argumentos, azuzan el miedo, insultan. Fracasan también allí, en la reacción ante una jugada política que pone fichas nuevas en el juego cuyo resultado se conocerá recién el mes de octubre.

—¿Qué hay además, mientras tanto?
La pequeñez de aquellos que recuerdan los días en los que Fernández y Fernández tenían visiones distintas de la política, del gobierno, del país. Opinar distinto lo hizo distinto a Fernández. Y ahora la hace distinta a Fernández.
No obstante ello, al traer esos recuerdos, los odiadores de clase, los fanáticos y los interesados beneficiarios del statu qúo actual no ven que el “peronismo jamás será atrapado en una frase”. Desconocen que para explicarlo es necesario “escapar del análisis unidimensional y desplazarce a un abordaje multidimensional”, como dice Grimson. No alcanza con el enojo.

¿Por qué?
Porque “el peronismo nació y se configuró como un espejo invertido del antiperonismo”, y ambos corren a la par desde hace más siete décadas.
Y el antiperonismo, y su primo hermano el macrismo, son hoy los jefe de campaña de un espacio en formación que puede, si sabe, liquidar el pleito en una pasada.

Colombi, el espía espiado

 

Una versión desusada de Ricardo Colombi fue el jueves a radio Mitre Corrientes, al programa de María Mercedes Vázquez. Versión descontracturada, jocosa, con ínfulas de espía. Un Colombi disfrazado de vigilante. De lobo solitario. De elemento activo de algún servicio de inteligencia, o algo por el estilo, que se reporta a sí mismo.
Esa versión risueña de Colombi, más parecido a un actor de reparto divorciado de su oficio, exageró su sorpresa por la vista que ofrecen los ventanales de la emisora ubicada en la esquina de las calles La Rioja e Yrigoyen (en diagonal al edificio del diario El Litoral), e interpretó una suerte de fruición sobre el espionaje, aunque su personaje (malo) no pudo esconder al menos dos de sus obsesiones verdaderas: el control y el diario El Litoral.

—¿Qué tal Ricardo Colombi? ¿Cómo te va?— empezó María Mercedes.
—Bien. ¿Cómo te sentís en tu nueva casa?
—Bien. ¿Te gusta?
—Sí, porque se observa todo desde acá. Se controla bien (…) Realmente muy lindo lugar…
—¿Te gusta?
—Me gusta. Muy buena imagen. Se observa todo y se controla todo desde acá. Más que Barreiro…
—(Risas). Empezó…
—Se controla más que Barreiro desde acá— insistió, y de ese modo dio cuenta de la situación que se hizo pública en la semana.
¿Cuál? La que sostiene que el espía Hugo Rolando Barreiro declaró ante el juez Alejo Ramos Padilla que la organización de espionaje ilegal, inorgánica de la Agencia Federal de Inteligencia, hizo “trabajos” para el senador Carlos Mauricio Espínola. Según trascendió, el espía/arrepentido le dijo al magistrado que las operaciones se realizaron contra el ex gobernador Ricardo Colombi, y contra el actual gobernador, Gustavo Valdés. Barreiro relató además que participó de una reunión con D’Alessio y Espínola en la que el grupo del falso abogado le vendió teléfonos israelíes al senador. Se supone que no eran para hablar con Santiago Lange.
“Camau” desmintió todo: dijo que no espía a nadie y que con “Santi” habla por WhatsApp desde el celular de siempre, pero parece que sí se reunió con D’Alessio. No quería decirle que “no” quería sus servicios por teléfono.
Valdés, en tanto, dijo que no tiene nada que esconder.
Y Colombi hace chistes, sin inmutarse demasiado.
—Escuchá— ordena la conductora, tratando de retomar el hilo de la entrevista, pero Colombi tenía otros planes.
—¿Qué es lo que está enfrente?— preguntó el ex intendente de Mercedes.
—¿Usted se siente observado? Es el diario El Litoral— acotan Juan Manuel Laprovitta y Horacio Ramírez Verdaguer.
—Ah, pero observás bien, quien entra, quien sale.
—Todo (se ve desde acá).
—Quien escribe, quien no escribe. Los editoriales. Cómo hacen…
—Todo.
—Qué dicen, qué no dicen. La verdad, se controla todo. Mirá vos, no conocía— le dijo a sus interlocutores, y se rió, golpeando el palmar de su extremidad superior derecha contra el dorsal de su extremidad izquierda. El popular “peté por la mano”, uno de sus recurrentes fetiches.

***
Después, más de lo mismo. Cuando Vázquez logró encauzar la entrevista, sólo enganchó la versión “normal” de Colombi.
¿Cuál es?
El Colombi que habla de escuchas y operaciones de inteligencia ilegales como algo natural de la política. El que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. El que habla de las aspiraciones radicales y exige compartir el poder con Mauricio Macri…
¿Como acá en Corrientes?
Por supuesto. O alguien pone en duda que el radicalismo comparte el gobierno con sus socios.
¿En serio?
Por supuesto. Trabajo en equipo. La escudería perfecta en la que el ex chacarerito del paiubre es el piloto y el resto (partidos -sellos de goma- y dirigentes) los que cambian las cubiertas.
¿Eso dijo Colombi?
Por supuesto que no. Eso dicen sus socios, pero en secreto, porque no se animan a decírselo en la cara.
***

Lo que sí dijo Colombi en radio Mitre es que quiere reformar el Código Electoral provincial. Sostuvo que es “necesario”. (Y nunca es tarde cuando la dicha es buena: vio la urgencia ahora que es legislador, pues no tuvo tiempo de verla en sus 12 años de gobierno).
Hay más. El Colombi “estadista” habla de reformar todo, menos la discrecionalidad de llamar a elecciones. El Colombi “legislador” quiere nuevo código para que la provincia tenga control sobre los padrones, sobre los circuitos electorales y sobre las boletas. Llegó la hora de las boletas únicas, señaló. El Colombi “magistrado” quiere una justicia electoral ad hoc. Algo así como el control sobre quién puede votar y sobre quién puede y no puede ser candidato. ¡Qué bueno es! Un estadista que parece espía y que piensa en el control.
El Colombi “normal”, además, aplaudió la decisión del gobernador del Chaco, Domingo Peppo, de suspender las elecciones Primarias provinciales. No debe haber internas, dijo. Todo debe resolverse en las generales. No vaya a ser que la institucionalidad y las condiciones de cierta igualdad (sobre todo con quien maneja los recursos del Estado) le socaven el poder. En fin. No hay plata para las internas, así que mejor el dedo. Y mejor si es su dedo. (Aunque no lo expresó, tal vez por pudor).
También pidió acompañamiento, porque desde el Gobierno no se puede hacer más, reconoció Colombi, en términos generales. Es la hora de mejorar, hora de cambios profundos, agregó. Esta ya era la otra versión de Colombi: la negadora. La que no recuerda que él y los suyos gobiernan desde 2001.
Habló de ECO, aunque no de la contradicción que implica hablar maravillas del alineamiento Nación-Provincia-Municipio y alejarse del gobierno enclenque de Mauricio Macri desdoblando las elecciones. Habló del ECO en el que ya no hay lugar para Cambiemos.
Habló también, a regañadientes, de la crisis del PJ. Pero no se metió en la interna: sólo comparó:
—Nosotros siempre estuvimos con la boleta 3, en las buenas y en las malas— dijo.
Por supuesto que olvidó que la UCR estuvo intervenida y que hubo problemas con esa boleta en el medio término del arturismo, cuando él y su primo Arturo Alejandro sumieron al partido y a la provincia en un baile institucional como producto de sus irresueltos problemas de medidas parentales. Un detalle. A quién puede importarle.
Igual, cualquiera podría coincidir en algo con el ex diputado nacional que otrora pidió extender la intervención de Corrientes, algo que también suele olvidar. Se puede coincidir en que “siempre (ante) la ineficacia de alguien, la culpa la tiene otro”. Así le dijo a María Mercedes, y él sabe de lo que habla, pues se pasó todos estos años endilgándole a otros las culpas que no eran de nadie más.
De hecho, allí mismo dio una muestra de ese veneno. Cuando le preguntaron por la pobreza, dijo que bueno, estemmm, la pobreza, los índices, las metodologías, estemmm, sarasa, y quemmm, lo que pasa es quemmm los medios, pobreza, sarasa, pobreza. Punto. Clarísimo.
Y para finalizar lo mejor: la cara oculta de la luna. Otra vez el espionaje. El control. Los celos. El dibujo de sí mismo.
—¿Tenés mejor relación con la prensa ahora?
—Y… después de que vos saliste de la otra radio (LT7), sí.
—¿Qué te pareció la mudanza?
—Año nuevo, casa nueva, dicen.
—Bueno, fue mucho tiempo…
—Bueno, pero yo ya te dije ayer el tema de la luz.
—¿Qué es lo de la luz?
—Nooo. (Risas. Golpe palmar derecho sobre el dorsal izquierdo).
—Gracias, Ricardo Colombi.
—Bueno. Pero realmente muy buena visión, eh. Espectacular se ve.
—Capaz se alquila oficinas por acá (si tanto le gusta)…
—No, no, porque ustedes me van a controlar mucho.
—¿Y ya está bastante controlado?
—Me van a agarrar con los teléfonos esos…
—(Risas)
—Pero de ahí se ve bien —insiste—: quién entra y quién sale, ¿no?
—¿Del diario El Litoral?
—No sé de quién es el diario ese, no conozco, pero… estemmm…
—Ese diario es de Carlos Romero Feris.
—¡Ah!, ¿de él es? Me estoy enterando de que queda acá enfrente (manotazo nervioso sobre la mesa). Pero se ve bien.
—Bueno, vamos a despedirlo porque ya empezó con la pavada. Gracias, Ricardo Colombi.
—Bueno, mucha suerte, que tengas éxito y que te quedes por mucho tiempo acá, porque los alquileres salen caro.
—(Risas)
—Los alquileres de las casas salen caro, te actualizan cada 90 días, te indexan.
—Bueno, pero ahora va a salir más barato el alquiler de la otra (casa/radio) porque no estoy yo.
—¡Ah, no!, pero está el gurú… Cierto.
—¿Gurú?
—Sí.
—¿El que está en mi horario?
—No, no. Yo te digo el pecado, pero no el pecador. Averigüen ustedes.
—Bueno, gracias.
—Gracias, suerte, y que se repita la invitación. Para el chipá ya tienen ahí. Como para quince días tienen— dijo y se fue, siendo una caricatura de sí, escuchando El vagabundo, de Alberto Cortéz, que había muerto ese día.
Se fue como siempre que se fue: chiquito, haciendo notar su despecho porque los gurúes ya no susurran en su oído. Hablando del control que tal vez ya no tenga y por eso proyecta esa necesidad. Haciendo notar la dádiva. El chipá, como los sueldos. Pero no todo está perdido: si el Indec encuestara allí donde Colombi deja chipacitos, tal vez haya menos pobres. Ojalá. Así aliviana la pesada herencia con la que carga Valdés.

La oportunidad de Valdés

 

INFOGRAFIA: AUGUSTO VILAR / DIARIO EL LITORAL. FUENTE: ELABORACION PROPIA SOBRE LA BASE DE DATOS DEL INDEC Y DEL OBSERVATORIO DE LA UCA

Corrientes es la ciudad/provincia más pobre del país. Sin atenuantes. Lo dijo el Indec en su último informe y el dato impactó de lleno en el Gobierno que, hasta entonces, hasta la formulación estadística de esa realidad, corría solo una apacible carrera hacia las elecciones del 2 de junio, o rumbo a la hegemonía, o, si miramos bien, hacia la antesala de la suma del poder público.

Nadie en la administración provincial, lícitamente, esperaba que el mayor de los reveses desde que Gustavo Valdés es el inquilino de la casona de Salta y 25 de Mayo, llegara desde el propio Gobierno nacional. Del fuego amigo. Del planeta mayor en la alineación cósmica que nos iba a sacar del ostracismo, o de la “postración”, para usar un término que usó el propio Gobernador.

Fue duro, y se notó en las reacciones.

Fue duro que nos digan que uno de cada dos correntinos es pobre. Y que uno y medio de cada diez no alcanza siquiera a comer seguido. Porque aquí hay un dato: más de 150 mil correntinos son indigentes. Son los que están en el precipicio. Los que bailan en la sombra, diría alguien, con puñal poético.

Pero más allá de la dureza de esta situación, la verdad es que nadie de buena voluntad puede/debe sorprenderse. Los hipócritas, que los hay en ristra, obvio que lo harán. Pues como dice el doctor Fernando Abelenda, “la nuestra es una sociedad que se nutre de contradicciones: por un lado reivindica los valores cristianos y, por otro, exhibe niveles de injusticia social y de pobreza indignantes”. Amén.

Veamos:
El dato de la pobreza, que empeoró en el segundo semestre de 2018, ni es entera responsabilidad de Valdés ni es una novedad exótica. La estructura de la pobreza de Corrientes es dura, larga, vieja. Si hay responsabilidades allí, hay que buscarlas al menos desde principios del siglo pasado. Por eso mismo hay oportunidades. Muchas. Porque a Valdés no se le pide la derrota del flagelo (ojalá pueda hacerlo), sino que ponga el barco en esa dirección. Que atienda la materialidad de la carencia, pero también, y sobre todo, lo inmaterial de la falta, el arco institucional por ejemplo, para dotar a la gente de condiciones de dignidad hace tiempo perdidas por falta de horizontes.

Valdés tiene la oportunidad de mejorar las cosas, que no es lo mismo que maquillar un índice y mentir o mentirse. Constituiría ello, de hacerlo, una variante doble entre la negación y la mutación en el otro, en lo que hasta hace 5 minutos se criticaba. Porque hacer un propio índice de pobreza para mejorar los guarismos (como sugirió el ministro de Hacienda, Marcelo Rivas Piasentini), no es otra cosa que lo que hizo a comienzos de 2007, en la Nación, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Y criticar la forma de medición del Indec no sólo es muy parecido a lo que hacía el kirchnerismo, sino que es, además, impactar de lleno tal vez en una de las pocas acciones que Mauricio Macri hizo bien desde que es presidente: dotar de solvencia técnica y confiabilidad política y simbólica a los números nacionales del Instituto de Estadísticas.

Valdés tiene la oportunidad de evitar convertirse en lo que criticó, porque tiene en sus manos la concreción de una cantidad de proyectos que podrían generar trabajo de calidad que impactarán de verdad en los índices. Es la forma de salir. No lo son, él lo sabe, ni el plus ni el “plus-cito”, como dijo. Dibujar un guarismo nuevo, condescendiente, no será más que el muro que algunos dictadores construyeron, décadas atrás, para tapar la vista hacia los pobres.

Valdés tiene una oportunidad. Dejar de negar. Cambiar para siempre el negacionismo de sus antecesores.

Tiene la oportunidad de hacer, que es una oportunidad reservada para pocos. Oportunidad que muchos desaprovechan, además, y no es sólo un juego de palabras. Es la necesidad de conferir acción política al discurso político.

Valdés tiene la oportunidad de salir de la zona de su confort, que vendría a ser el trabajo por y para los empleados públicos, y encarar con paso firme y rápido lo que pregona: una proyección de desarrollo que incluya también a la poca/mucha población que no depende directamente del Estado en Corrientes. Porque pobres también, y sobre todo, hay en este segmento.

Los empleados públicos, para decirlo abiertamente, no son los únicos que viven en Corrientes. Y tampoco son los únicos pobres.

Más aún: si el Gobierno publicita con pompas e insistencia la universalidad de su plan alimentario escolar, no es porque le guste el derroche de dinero que no hay, sino porque sabe que los chicos lo necesitan. Necesitan comer, primero, para saciar el hambre, y luego alimentarse para poder estudiar. Así de lejos queda nuestra línea de largada.

Valdés tiene la oportunidad de reconocer incluso que los sueldos que se pagan, por más que se paguen religiosamente, son sueldos de pobreza. Y además se pagan en negro. Porque al reconocer esa situación, de nuevo, se puede mejorar.
De hecho, cualquiera que mire los cronogramas de pago sabe que los primeros tramos del Gobierno están por debajo de la línea de pobreza. La cosa es más grave si miramos los sueldos de Capital. Solo los funcionarios cobran por encima de esa línea en el Municipio. Y esos también son empleados del Estado. Esos y los de los restantes 73 distritos.

Valdés tiene la oportunidad de zanjar las supuestas diferencias estadísticas entre la ciudad y el campo. Primero porque en las ciudades vive la mayor parte de la población provincial y segundo porque, o no se conoce la realidad o se está mirando otra provincia: pero en el campo correntino la pobreza no solo está, sino que es un integrante más de las familias desde los tiempos de la creación.

Valdés tiene la oportunidad -y eso sí es para aplaudir, porque ya lo mencionó públicamente el viernes- de sanear la situación de las estadísticas locales.

Desde que murió Telva Gallesio, en 2013, la Dirección de Estadísticas de Corrientes fue una bola sin manija. Muchos de los profesionales de esa repartición trataban de hacer lo que podían, sin objetivos ni rumbo. Hace tiempo que tienen problemas salariales y, por si fuera poco, recién antes de irse echado por Valdés, el ex ministro Vaz Torres produjo el nombramiento de un director que, por lo que se ve, aún no le encuentra el agujero al mate.

Las estadísticas provinciales que importan están publicadas sólo hasta 2014, desde entonces casi no sabemos nada de Corrientes, y lo que sabemos lo sabemos por la Nación.

Pues bien: Valdés tiene la oportunidad de sanear la Dirección de Estadísticas, limpiar los rastros de cualquier interna política si es que la hay, y retomar la elaboración profesional de datos por al menos tres razones:

a. Porque hay gente capacitada para hacerlo y porque esos datos ya eran profesionales. Basta con darles objetivos y reeditar los mejores procesos de producción de ese valioso conocimiento cifrado, estadístico.
b. Porque su gobierno -el de Valdés, pero también cualquier otro- necesita instrumentos de navegación para tomar decisiones, lo que además demuestra lo importante que es tener un yacimiento de información pública confiable y permanente, sin bombas de activación remota.
c. Y porque también el ciudadano necesita saber dónde está parado para tomar sus propias decisiones. Es una base necesaria, primera, si en verdad queremos que el sector privado también colabore con el desarrollo provincial.

En fin. Valdés tiene la oportunidad de hacer un buen gobierno. Y todavía está a tiempo, aun por encima de las cuestiones económicas del país que impactan directamente en el ritmo de su plan de acción. (Era allí, en todo caso. En el fracaso económico había y hay un flanco enorme para asestar la crítica a Macri, no en las estadísticas).

Valdés tiene la oportunidad de hacer un gran gobierno, para lo cual necesita, de movida, el acompañamiento de todos los sectores políticos y sociales. Condición necesaria de Valdés si quiere un gobierno abierto, y del resto, si la intención es no quedarse sólo en la crítica.

La oposición, que en Corrientes es poco menos que el peso de su propio nombre, debería tomar nota de su responsabilidad, que no es hacer leña del árbol caído, porque también debe pagar, eventualmente, su cuota parte de este estado de cosas.

La oposición, más que hacer gráficos comparativos y compungirse y arroparse con los disfraces de la campaña electoral, debería ayudar a encontrar la salida, a generar mecanismos de control, que está visto que son indispensables más allá de la coyuntura. Entre otras cosas para evitar los excesos.

Así, y ahora que despertó de su luna de miel con este dato doliente de la realidad, el Gobernador tiene la oportunidad de sacarse las últimas ataduras políticas/partidarias y poner en fila a su equipo de gobierno. De expulsar a los soñolientos y seguir con los ya despabilados o con los no aburguesados después de tantos años de quietud.

Es aquí y ahora, antes de entrar en tiempo de descuento.

Esta es su oportunidad.

Es una cruzada, sí. Pero no está solo. Lo acompañarán los sectores más ricos y la clase media todavía no pobre de pobreza absoluta, porque ambos sectores quieren estar mejor. Y resistirán: de eso no hay dudas.

Tampoco hay dudas en el acompañamiento de los pobres, porque los pobres lisos y llanos, además de ser muchos, harán todo lo que esté a su alcance para ayudarse a sí mismos a salir del infierno. Sólo necesitan que se les tire una soga. Y que quede claro: no trabajarán por ser radicales ni por ser valdesistas. Sencillamente lo harán porque los pobres no tienen tantas oportunidades, y perder una es mucho más que eso. Mucho más.

¿Hacia dónde va el gobierno de Valdés?

El gobierno de Gustavo Valdés sigue la lógica de los pueblos, aún de los más modestos. De aquellos que evolucionaron, y lo hicieron en ancas de las formas de la política, de la economía, de la cultura. El Gobernador parece encarnar esa sofisticación. Pero, ¿servirá para algo? ¿Nos llevará a alguna parte? ¿Necesitamos un estadista o nos alcanza con un patrón? ¿El Gobernador está mirando solo una parte o toda la realidad provincial? ¿Cambiará lo que está mal, lo que está enquistado, mañoso? ¿Hay forma de barajar y dar de nuevo, cuando hay deudas que pagar, producto de una continuidad política y electoral? ¿Oxigenará las zonas estancadas del gobierno? ¿Saneará los empachos heredados? ¿Por qué hay tanta diferencia, si es que la hay, entre estos hombres que nos gobiernan hoy y los que sustentaron la pujanza oxidada de la provincia? Aquí unas pocas claves para entender el cambio y el estado de la época.

#Desarrollismo
Valdés fue a la Legislatura para dar cuenta del primer año de su gobierno y proyectar el segundo. ¿Qué hizo? Un diagnóstico largo de la realidad que algunos dicen que fue poco profundo. Que en todo caso, en términos económicos, fue mezquino en el análisis. Y que por conveniencia obvió a Mauricio Macri y a la situación nacional. Quizás sí.
Para contrarrestar -como si fuera posible en términos reales esa separación entre una supuesta malaria nacional y una presunta bonanza provincial-, allí mismo trazó la línea directriz de su gobierno que proyecta similitudes con los objetivos que marcó y concretó el desarrollismo en Corrientes.
Tan mal estuvimos, evidentemente, que Valdés bosqueja hoy casi lo mismo que Fernando Piragine Niveyro concretó hace más de 60 años. Aggiornado por los tiempos, las circunstancias y las tecnologías, la pretensión parece ser la misma: no sólo crecer en número por la natural reproducción, sino desarrollarnos. Sobre tres o cuatro puntos concretos. Lo triste allí no es proyecto, que parece más que acertado. Lo triste es que nos sigan faltando las mismas cosas que hace medio siglo.

#Sueldos
Hace tiempo que ya no alcanza con que la Provincia sólo pague los sueldos estatales y se contente con ello. Y hace tiempo quiere decir más o menos 15 años.
Que el Gobierno no pague los sueldos es una situación de anomalía. Que lo pague, por tanto, es una situación de normalidad. No es una obra ni una dádiva. Es sólo eso: lo mínimo que debe hacer un gobernante.
Aquí, en cambio, el colombismo abusó de la angustia generada por la crisis del 99 y desde entonces azuza con esos fantasmas, siempre para sostenerse en el poder o conservar su cuota parte. Mientras eso sucedía, es decir cuando sucedía el colombismo, los años también se sucedieron. Inexorables. Y las condiciones de desarrollo para el resto de los correntinos, la mitad que no trabaja en el Estado, nunca aparecieron.
A juzgar por lo que dice constantemente Valdés y repitió en el discurso del viernes ante la Asamblea Legislativa, está para mucho más que pagar salarios. Incluso para mucho más que sólo conservar el poder, que es la lógica típica de nuestros patrones silvestres.

#Trabajo
Valdés sabe que no alcanza sólo con poner plata en los cajeros. Sabe que los trabajadores no “institucionalizados” también dependen en algún punto de él en tanto gobernante. De los horizontes que trace la provincia.
A los más vulnerables -caídos del sistema- se los ayuda, aunque ello implique la queja de los que al parecer no necesitan de ese impulso. Incluso muchos de sus partidarios. Gente que cree que cuando la cosa anda bien es mérito personal, y que cuando anda mal es culpa del Estado que sostiene malandras o piqueteros, choriplaneros o corruptos. ¿Qué hizo con ellos? Les envió un mensaje:
—Nosotros no renegamos de la asistencia social —dijo Valdés—. ¿Cómo podríamos renegar si hay tanta gente que necesita una ayuda para poder vivir? Pero sabemos que esa no es la solución. Que lo que debemos hacer es generar condiciones para que florezca el trabajo, para que todos y cada uno de los correntinos puedan ganarse la vida con el sudor de su frente y el esfuerzo propio. Y tiene que ser una vida digna. Una vida que dé oportunidades. Que brinde acceso a una educación de calidad que nos permita crecer y progresar como personas, pero también como sociedad.

#Industria
¿Cómo se hace, en todo caso, para generar esos parámetros de dignidad?
Valdés dice que están las condiciones básicas para la industrialización, que allí está puesta la expectativa de la provincia. En los bosques. En la madera.
—Tenemos que apostar a la forestoindustria. Ese es un potencial de crecimiento fenomenal —afirmó. Tan convencido está, que en el discurso ante los legisladores usó más de 30 veces la palabra industria. Fue de las más recurrentes.
El trabajo saldrá de allí y del turismo, manifestó. Trabajo de calidad, digno, que ayude a limar las bases sólidas que estructuran la pobreza. Pero también de las obras. De los miles de trabajos que demandará el Estado a lo largo y ancho de la provincia. Con plata propia y con plata que reclamará a la Nación, según expresó. Gobierne quien gobierne. Las regalías de Yacyretá son un ejemplo.

#Infraestructura
Pero para generar trabajo, sostiene el Gobernador, también se necesita una infraestructura que permita producir y transportar la producción: energía eléctrica y gas natural, rutas y autopistas seguras, puentes, parques industriales, puertos como los de Lavalle e Itá Ibaté o los que se están proyectando en Ituzaingó y El Sombrero. Aeropuertos como los que se necesitan en Paso de los Libres, Goya y otras ciudades, caminos rurales, comunicaciones, internet de alta velocidad para conectarnos con el mundo…
Energía, rutas, puertos, aeropuertos, comunicaciones, educación, parques industriales, incentivos fiscales, seguridad jurídica. En suma, la provincia de Piragine. Una provincia que exige mucho más que sólo pagar en tiempo y forma pequeñas sumas que ni en suma hacen una gran suma.

#Pobres
Pagar los sueldos, si bien aportó en su momento la dosis de paz social necesaria para poder reencauzar la provincia, no alcanza hoy para cambiar los cimientos de la marginación, de la indigencia, de la pobreza. De allí se sale con salud, trabajo y educación. Pero para aprender, por ejemplo, hay que comer. Tan mal estamos que de eso todavía se encarga el Estado: de la comida de los chicos. Esa es la provincia que tenemos. Esta es la provincia que gobierna Valdés. Esa es la provincia que heredó de Ricardo Colombi: con 40% de pobres, y de pobres que se mueren.
El Gobernador mismo lo dijo:
—La mortalidad infantil que cae año tras año desde 2014 cuando era del 15,9 a 2018 donde fue del 11,6. En 5 años se redujo un tercio. ¿Alcanza? No. Pero es la prueba de que estamos haciendo las cosas bien.
También se refirió al embarazo adolescente, asunto que “afecta mayormente a los sectores más postergados de la población, donde hay más desinformación y más abuso”. Dijo que el embarazo adolescente también bajó del 21% al 18%. Estamos por debajo del promedio nacional. Aunque se redujo un 15%, aún sigue siendo muy alto si nos comparamos, reconoció.

#Proyección
Hay muchos otros índices. Algunos son buenos o están en eso, pero otros siguen siendo malos. Lo bueno en todo caso está en que Valdés parece no esquivar el bulto. La suma de sus dos discursos en la Legislatura constituyen un vuelco en la política provincial: pasamos de una provincia escondedora y sin rumbo de mediano y largo plazo a una que empieza a mostrarse y proyecta.
—¿Es suficiente?
—No.
—¿Qué es lo alentador entonces?
—El incremento de la obra pública, multiplicador de trabajo; el accionar de algunas reparticiones y empresas públicas; los procesos de modernización e inclusión con trabajo; el pedido a los legisladores para aprobar las leyes de voto joven y de paridad de género; el compromiso con las políticas de igualdad de derechos entre hombres y mujeres; de contención para la comunidad Lgbtq y las acciones de ataque contra la violencia de género. Acción, ante tanta quietud y quebranto. Acción. Veremos.
—Tenemos una política federal de desarrollo porque promovemos el arraigo de la gente en las ciudades de toda la Provincia —dijo Valdés para finalizar—. No queremos que los correntinos tengan que emigrar buscando mejores de oportunidades. Queremos nacer, crecer y morir en Corrientes.
Tampoco esto es casual.
Si en el último tiempo era difícil hasta nacer en estas tierras, crecer y morir en Corrientes se ha convertido en un “privilegio” que ha perdido al menos un tercio de los correntinos. Son los que se fueron porque acá ya no podían.
Si alguno vuelve es porque tuvo buenas noticias. Ojalá.

Valdés dejó ir a otro colombista

El gobernador Gustavo Valdés decidió darle salida a otro ministro. Al de Obras Públicas. Es el segundo que despide desde que asumió en 2017. Es también el segundo colombista puro que sobrevivía del proceso regimentado que empezó 2001. A la luz de lo que se sabe, es muy bueno para su gestión, porque el cambio se sostiene en el trabajo o, mejor dicho, es producto de su falta. Lo malo es que la continuidad del gobierno responda a pactos políticos que mantienen una inercia que se queda corta y se muestra exhausta para los tiempos que corren, los procesos electorales que se avecinan, y las necesidades que –en provincias como estas–, no merman.
Lo auspicioso es el movimiento, en todo caso. Que Valdés, a diferencia de Colombi, suprime el lastre a cambio del llano, y no a cambio de promociones costosas para el erario público como la de los ex ministros Julián Dindart u Orlando Macció, a los que facilitó becas de diputado nacional y de asesor en Consejo Educación, respectivamente.
Puede que pronto Rodríguez u otro desocupado aparezca en alguna lista legislativa amiga, pero ya no será lo mismo que hacerle peso al gobierno desde adentro del gobierno. Veremos.

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En verdad, hoy Valdés disimula como puede ese dato que lo envuelve: que de los 13 ministros que lo acompañan desde hace poco más de un año, 8 venían de las gestiones inmediatas anteriores. Hubo uno incluso que venía de 2001: Enrique Vaz Torres, el primer echado.
Disimula que más del 80% de los ministros constituyen una herencia que le daba continuidad, sí, pero le restaba poder de fuego.
Ya con Vaz Torres en la calle Valdés demostró que no está para soportar desplantes de los que antes eran sus iguales, pero ahora son sus subordinados institucionales. Ya con Vaz Torres envió un mensaje multipropósito, a la política externa y a la interna. A la ciudadanía. Con Bernardo Rodríguez da otro mensaje que impacta de lleno en la interna, ahora, en la hora de la interna.

—¿Qué fue lo que pasó?
—Que el ministro de Obras y Servicios Públicos, Bernardo Rodríguez, presentó su renuncia, texto que fue aceptado el viernes por el gobernador Valdés. Que el alejamiento del popular “Gringo” se dio 48 horas después de la cesantía del subsecretario de la repartición, Miguel Angel Tombolini.
(Dos bajas en una semana en el mismo sector. En un ministerio clave para mostrar hechos que acompañen lo que por ahora se ve en soledad: la trabajosa voluntad de Valdés de estar cerca de las demandas de la gente en todo el territorio, justo en momentos en que el clima, además, hace notar la pequeñez humana, pero también las falencias de las políticas públicas y los déficits estructurales, mantenidos y acrecentados por los gobiernos anteriores. De los inmediatos anteriores, incluso, el actual gobernador fue parte. Negar eso es tan errado como echarle la culpa a un empleado por decisiones mal tomadas por el CEO de la empresa.

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Según se dijo oficialmente para salir del paso, al promediar la semana el arquitecto Tombolini habría tomado la decisión de irse de su oficina para acogerse al beneficio jubilatorio. Otras voces dicen que el subsecretario venía arrastrando diferencias con el Gobernador, que se agravaron por asuntos privados del funcionario que tomaron estado público el año pasado. Que reclamos vecinales de su pago chico, mal gestionados, y con costos para el propio Valdés, precipitaron la decisión.
Dicen también algunos hombres bien informados que merodean el Ministerio de Obras, que Valdés echó a Tombolini.
—En ese tema no dudes. Valdés lo echó. Ahora si quiere se jubila —dicen con énfasis los maestros del hormigón armado. Aseguran además que esa decisión “no le gustó” a Rodríguez.
—No le gustó y entonces renunció.

Al hacerlo, al alejarse de su puesto de ministro de Obras y Servicios, Bernardo hizo trascender que habría renunciado por “motivos personales” y “para dedicarse de lleno a su actividad privada, ya que tiene una empresa de transporte de materiales”. Justo de materiales.
Lo llamativo de la cuartada es que los Rodríguez, él y sus dos hermanas, vienen ocupando cargos públicos y partidarios en la UCR desde que Ricardo Colombi llegó al poder, hace casi 20 años. Nunca hubo problemas con la empresa familiar. Tal vez ahora haya a un exceso de crecimiento o un exceso de crisis económica, razones que demanda la atención de sus propios dueños. El tiempo dirá.

—¿Quién es Rodríguez entonces, un funcionario de carrera-militante o un próspero empresario?
—El ahora ex ministro es oriundo de Curuzú Cuatiá. El “Gringo” es hermano de Alicia, histórica y leal secretaria privada de Ricardo Colombi; y de Graciela, actual senadora, pero que supo jugar todas las canchas que el ex gobernador le pidió. Ricardista de paladar oscuro, fanática hincha de Boca, pero a la vez un cuadro de excepción, en comparación con muchos otros.
Es decir que Rodríguez, dados sus pergaminos y pedigrí, es un peso pesado en la simbología “eco-frentetodiana”. Fue el primer secretario privado del mercedeño cuando éste asumió la Gobernación en 2001. Fracasó luego en una candidatura a intendente en Curuzú. Volvió para quedarse en la segunda gestión Colombi. Asumió la “Sub-Intervención” del Instituto de Viviendas, sillón que se compró a su medida. En 2011 asumió la titularidad del organismo. Hasta el 10 de diciembre de 2017 ocupó ese cargo (sin mayores logros a juzgar por el acuciante déficit habitacional de la provincia), para luego jurar como ministro de Obras, lugar que quedó vacante cuando Aníbal Godoy asumió como diputado provincial.
El “Gringo” permaneció 14 meses como ministro, pero empezó a flaquear y se tuvo que ir. Su salida, segunda cronológicamente y en importancia después de que Valdés echó a Vaz Torres, aviva el fuego de muchos comentarios. Los de siempre tienen que ver con otras renuncias. En el bolillero, por alguna razón, siempre están el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, y el de Desarrollo Humano, Federico Mouliá, pero empiezan a aparecer otros nombres conforme crece la demanda de trabajo político, de alineamientos internos y de compromiso con el líder. Con este que gobierna.

—Algunos deberían tener cuidado —dijo alguien cerca de Casa de Gobierno. —La inoperancia se cubre un tiempo con acuerdos políticos. Pero esa misma ineficiencia mezclada con deslealtad, puede ser explosiva.
—¿Qué más dicen en el Gobierno?
—Que Rodríguez deja el Estado para dedicarse a su familia, y para trabajar -tal vez ahora sí- como administrador de su empresa.
—¿Qué quiere decir “tal vez ahora sí”?
—Y no se si no te diste cuenta, pero ya venía haciendo la plancha hace rato.
—Pero el gobernador también lo sabe desde hace rato: de él y de otros dicen lo mismo…
—Hablemos del Gringo. Venía con freno de mano, desganado, desmotivado, haciendo poco.
—¿De cansancio nomás, o porque no estaba de acuerdo con el Gobernador?
—La verdad es que demostraba poco interés en hacer algo a favor de la gestión. Apostaba al juego de la marioneta, y eso no es así. Ojo.

Al parecer, el que de golpe también se está dando cuenta que eso no es así es el propio Colombi. El viernes por la noche apenas saludó a Valdés: apretón de manos (mano flácida, como siempre con los que detesta), mesa de por medio y obligado por el protocolo en la recepción nocturna a los embajadores que visitaron la provincia el fin de semana.
—Todo muy frío —dijeron los que los vieron.
—¿Y cómo será la sucesión en el Ministerio?
—Para reemplazar a Rodríguez suenan al menos tres personas, todos hombres y con perfiles bastante distintos. Uno de ellos descolla en la actividad específica: Claudio Polich, un cuadro de alta formación y expertise que desde hace tiempo da muestras de eficiencia y que espera su momento. Fue, a la vista de todos, uno de los puntales en la victoria de la elección capitalina, en junio del 17, al ponerse al frente de los trabajos de recuperación de caminos y asistencia vecinal en las épocas del diluvio infernal que ahogó las chances de reelección de Fabián Ríos.
Consultado al respecto, dijo ni.
—No tengo confirmación de nada. En estas horas estuvimos charlando, pero no del tema. No tengo idea de qué decidirá el Gobernador.

En breve se sabrá. Pero ya hay una certeza: nadie que juegue el juego de la marioneta se sumará al gobierno. Ojo.

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Las teorías políticas que estudian los tipos de liderazgo, tratan estos como otros asuntos. La teoría de las “democracia delegativa”, por ejemplo, estudió mucho en cuanto a los colaboradores directos de los líderes, que cuando son compartidos, dejan de ser verdaderos aliados.
—¿Y porqué es tan importante?
—Porque gobernantes como Colombi no aceptan más que empleados autómatas. “Obedientes seguidores que no pueden adquirir peso político propio, anatema para el poder supremo del líder”, escribió en su momento el cientista político Guillermo O´Donnell.
Esos líderes tampoco tienen en realidad ministros, ya que ello implicaría un grado de autonomía e interrelación entre ellos que es, por la misma razón, inaceptable.

Valdés se está armando. Necesita colaboradores: mente y acción al servicio del gobierno, y no correveidiles de un poder que ya no es.

Valdés, transición y hegemonía

El poder de los gobernantes está fundado sobre
la ignorancia, en la domesticada mansedumbre del pueblo”.

“Yo el supremo”
Augusto Roa Bastos

 

El Gobierno de Corrientes cierra un año perfecto. Otro más.

Ni la feroz crisis económica que se lleva puestas familias enteras en todo el país; ni los vaivenes políticos; ni los avatares del clima. Nada de eso parece conmover a las estructuras del poder que sostiene hoy, en la cúspide, a Gustavo Valdés.

Le pasan de largo los problemas asociados a la falta de trabajo o al cierre de las fuentes que había; a las pérdidas de las condiciones laborales mínimas; a la negación, flexibilización o restricción de derechos. Le resbalan los inconvenientes ligados a la tercerización de los servicios o a la reducción de ciertas prestaciones estatales; o la acentuación de la liberalización de la economía.

Parece inmune -por nombrarlos y reconocerlos- a los niveles dolientes de pobreza, o de marginación y exclusión. Incluso navega aguas calmas mientras otros se hunden en su mentira o incapacidad, ineptitud que se lava y queda al desnudo ante cada lluvia, y que aún así sostiene la pompa de su nombre: plan hídrico.

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¿Pero por qué nada de esto conmueve al gobierno?

Valdés parece a salvo de la crisis porque todavía capitaliza la novedad de su autoridad.

Encabeza una administración que avanza briosa aunque sin haber variado la matriz que sigue dando réditos aún por encima de lo que es: la puntualidad en el pago de los salarios. Esquiva la amargura de los reclamos porque es inteligente en suficiencia para pisar los puntos altos de una gestión que apenas despunta y que aún con problemas, disimula sus carencias: algunas propias, otras tantas del lastre ministerial heredado del colombismo y las restantes, producto de la devaluación, el ajuste, la desinversión general, los tarifazos y la inflación que se acelera en vez de bajar como se prometió largamente.

Aún así Valdés marca diferencias.

A Macri le saca ventajas cuantiosas en cuanto a la consideración general de la gente. A su antecesor, en tanto, ya le dio varias vueltas: en el trato con los dirigentes políticos, con los funcionarios de los otros poderes del Estado, con la sociedad civil, con los visitantes nacionales y extranjeros.

Marca diferencias en cuanto su visión de provincia: Valdés parece tener un proyecto, que además es superador del pago de los sueldos, aunque mientras tanto se apoye en ese recurso. Parece querer algo más que sólo acumular poder.

Habla de puertos, pistas y puentes; de rutas y pasos; de energías renovables, de autopistas de información, pese a que todavía debe lidiar con los cables y cortes de la Dpec y con las luces de sus administradores, que están cambiando foquitos mientras las estructuras funcionales se derriten; y con el oscurantismo de las cuentas de la administración, que vino de doblez en doblez desde 2001. Por eso, en ese cansancio, por ejemplo, echó a Vaz Torres, el ecónomo preferido de Colombi, generando en el acto un mensaje de largo alcance desde las costas de la autonomía.

Falta. Claro que sí.

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Puertas para afuera del gobierno, es lícito preguntar por el ministro de Justicia: no se le escucha la voz hace meses-años. ¿Sólo no habla, o tampoco hace? ¿Qué estaría haciendo en todo caso, en estos tiempos cruciales, el ministro de Desarrollo Social? Y el de Industria: además de bajar cuadros de Alfonsín de las oficinas públicas, ¿trabaja en algún proyecto relacionado con la industria? ¿Qué será de la vida del ministro de la Producción? ¿Se llamó o lo llamaron a silencio? ¿Y el de Obras Públicas?

También están los que hablan mucho, pero no acompañan esa verba con movimiento: allí están las estadísticas educativas y sanitarias para confirmarlo. Están los ni-ni. Y los devotos del marketing. Y están también los que hablan más de la cuenta. Los que hablan y dicen cosas, como que en Corrientes no hay inseguridad…

Para más, o para peor, están aquellos ministros y también funcionarios de menor rango que hablan como si hubieran llegado al gobierno hace 5 minutos. ¿Recién ahora se están dando cuenta de todo lo que falta o es que antes no los dejaban opinar, ni podían proponer opciones? En cualquier caso callaron y cobraron religiosamente sus sueldos.

También están los acomodaticios que mandan a los críticos al interior, como si en algún lugar de interior estuviera escondido algo que no se ve en la provincia capaz desde Piragine, o desde “Pocho” Romero Feris, para hablar desde la recuperación democrática para acá.

Aún así Valdés flota.   

Y si es verdad la mitad de lo que dice, y concreta al menos un cuarto, Corrientes ingresará a una instancia desconocida, después de tantos años de nada, o de muy poco.

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¿Pero si no hay nada, o hay muy poco, por qué entonces el Gobierno cierra un año en positivo y en paz?

Aquí podríamos poner en revisión algunos conceptos se esgrimieron como verdades durante largos años.

La paz social, por caso, es producto del pago en tiempo y forma de los salarios. Sí. De los planes y “pluses” que hacen que no alcancen los días para ir a buscar dinero de los cajeros. Poco muy poco en comparación con algunos vecinos, pero dinero al fin y todas las semanas. Sí.

La gobernabilidad, vaya aspiración, es producto de la división y muerte de la mayoría de los partidos políticos. De las internas y traiciones. Y por si fuera poco, de la voracidad de muchos dirigentes que prefirieron (¿y aún prefieren?) el destrato de hombres como Ricardo Colombi a tener que ganarse la vida por fuera de las arcas del Estado.

Las instituciones de contralor, a su turno, piden permiso para controlar. Las defensorías de los vecinos, de los usuarios y afines, piden permisos a sus mandantes políticos (sí, a su patrones partidarios) para ver si reciben ciertos expedientes o firman ciertas notas con reclamos generales.

La Legislatura se convirtió poco menos que en una escribanía, cuando no en un estorbo. Los escarceos que se escuchan en las bancas vienen de los patios internos o, para ponerlo en situación, de los generosos parquizados radicales, entre otras cosas por la falta de una oposición monolítica, seria, constructiva, que no le tenga miedo al debate y que debata donde debe hacerlo, no en las oficinas de los bloques, entre pocos y a escondidas. Si existe una oposición que se opone, es decir, que cumple con su rol más allá de la política del acuerdo, o del consenso (que parece ser la única forma de hacer política en Corrientes) no se nota. Si hay intenciones -de control por ejemplo, o de propuestas- son cortadas de cuajo por favores adeudados o presiones inconfesables.

Tan endeble es todo que por revisar el presupuesto la oposición fue tratada de “irresponsable”. Se dejó tratar así y una vez más fue avasallada. Pero la tensión es necesaria. Y la negativa también. Decir “no” es empezar a pensar, diría Viñas. A pensar alternativas al pensamiento único. Nada menos.

La Justicia juega su juego, y vaya que lo juega, según se lee últimamente. Los empresarios amigos del poder hacen su negocio. Y entre otras instituciones, el periodismo hace silencio. Muchas veces. Como hacen silencio los que saben y pueden hacer ruido. Las iglesias por ejemplo.

Paz y amor
Es bueno cerrar un año sin saqueos, sin gente en las calles rompiendo vidrios o lastimando su propio cuero. Claro que sí. Pero es malo que haya un 40% de pobres y una inflación de otro tanto no menor que ese guarismo, y sólo suenen villancicos importados en vez de voces propias al son del chamamé o al ritmo del carnaval.

Aturde tanto silencio. Y lo que es peor, la cosa parece que no irá a mejorar. No en lo inmediato al menos.

La hegemonía de la que disfruta Gustavo Valdés, producto del control social-cultural-político que se ejerce desde los cargos públicos, los contratos y negocios, los comités, las aulas, los púlpitos y los medios, y desde los despachos, no sólo viene aplacando los reclamos (que los hay, pero de intensidad en degradé conforme fueron pasando los años desde 2001 en adelante) sino que también aplaca las relaciones de fuerza. Llegamos a tal punto que hoy el contrapeso de Valdés parece ser Colombi, quien no se resigna al hecho de ya no ser. Ricardo Colombi no se acostumbra a estar un rato a la sombra”, le dijo alguien a otro alguien que lo escribió en un diario porteño. Y si no es así, esto ya fué así.

Valdés, en tanto, no encuentra desafíos en el PJ o en alguna de sus variantes, o en sectores de algún armado opositor con intenciones y planes concretos para llegar al poder.

De hecho, hay quienes piensan (y parece razonable) que sin 2019 no habrá 2021 para ningún esquema que se geste por fuera de Cambiemos en Corrientes, y eso que más allá de cualquier chicana, el gobierno de Macri hace todos los días alguna macana para perder las elecciones.

Si Mauricio Macri o alguno de los suyos accede a la Presidencia este año que comienza (cosa que parece posible, aún teniendo en cuenta lo de las macanas), será muy difícil para los cuadros opositores, por caso los correntinos, encontrar un esquema aglutinante: no solo por la escasez de horizonte, o la atomización de dirigentes y partidos, sino por algo menos romántico y más determinante: si no hay gobierno nacional, no habrá quién financie una campaña a gobernador en 2021 en una provincia donde Valdés corre con fuerza, ventajas y con el portento de uno o un par de gobiernos a su favor.

Puede haber financistas interesados, pero ¿pondrán la plata que hace falta hoy para salir a “convencer” a un electorado cada vez más escéptico, dada la cantidad de engaños que apila?

En fin: uno puede estar a favor o en contra de Valdés, pero de él no será la culpa si de la hegemonía pasamos a un predominio cuasi cesarista. No será culpa del radicalismo que las relaciones de fuerza en la provincia la manejen ellos mismos, es decir Valdés y Colombi. Pero el problema será de todos si “pasan cosas” y se reedita un quiebre como el de los primos Ricardo y Arturo entre 2005 y 2009.

La teoría hegemónica, que en Corrientes se aplica como si fuera el modelo en el que se inspiró Gramci, nos da al menos la chance de estudiar nuestro presente.  

Aún estamos a tiempo de generar sujetos colectivos involucrados con la calidad institucional y política, para evitar, en principio, lo que ciertamente ya se ve en esas costas del Paraná: la imposición de los tipos culturales de los que predominan y de las clases que denoninan. La imposición de los que mandan y nombran.

Queda claro que el sentido común político desde 2001 en adelante fue el sentido común de Colombi, y del radicalismo que él conduce. También queda claro que ese sentido común está siguiendo el derrotero del ocaso, forzado por las circunstancias que el propio Valdés se encargó de marcar: ahora es tiempo de igualdad de derechos, de la paridad de género, de que los chicos más chicos voten a sus representantes, de cambiar los modos de la política: todos asuntos que han calado en el debate público que Colombi y gente como él prefirió no abordar.

***

Hay tarea por delante si la pretensión es frenar el camino hacia los excesos. Una democracia no institucionalizada como la nuestra, se caracteriza por el poco alcance, la debilidad y la baja densidad de las instituciones políticas existentes, dice O´Donnell. El problema con eso es que el lugar de esas instituciones queda ocupado por otras prácticas no formalizadas pero firmemente afirmadas, como el clientelismo, el patrimonialismo y la corrupción.

Conviene que no suceda. Incluso el propio Valdés saldría beneficiado de una actitud social más activa, pues con el acompañamiento y contralor político y social (que implica darle unas vacaciones a la claque aplaudidora que merodea presta y angurrienta por la cuadra del poder) podría encabezar un gobierno de este tiempo, más acorde con las demandas generales y menos acorde con los caprichos personales.

Tal vez podríamos pensar entre todos la provincia que queremos y nos merecemos. Podríamos empezar por entender que el pago de salarios no es una dádiva. Que es una obligación de todo empleador -no solo del Estado- pagar por el trabajo. En tiempo. En forma. De manera justa.

El Gobernador lo agradecerá, porque parece que está para más que eso. Y también la provincia, que desde hace rato merece más que sobrevivir siendo una satrapía ubicada en el vertice superior derecho y caliente del Norte pobre de la Argentina.

El segundo ocaso de Vaz Torres

En sólo once horas de un mismo día, el gobernador Gustavo Valdés produjo y consumó el hecho político (interno) más trascendente de sus once meses de gestión: echar del gobierno al ministro de Hacienda y Finanzas José Enrique “Chirulo” Vaz Torres, alter ego en funciones del viejo régimen colombista al que representaba en persona, forma y concepto.
Ocurrió el lunes. A las 9 de mañana, cuando José Enrique aún no terminaba de digerir el desayuno de ese rutinario amanecer, lo atragantaron con un bocado amargo parecido al que tuvo que engullir hace unos cuantos años, también en contra de su voluntad: el decreto de su despido.
Porque a Vaz Torres no le pidieron la renuncia sino que lo renunciaron, haciéndole tomar, en ese acto, un poco de su propia medicina: un jarabe más bien pastoso, oscuro y agrio que bien podría ser la síntesis de sus tantísimos años en la oficina principal del palacio San Martín.
A las 9, Valdés firmó el decreto de su remoción, a las 19 empezó un acto en Casa de Gobierno y para las 20 de ese mismo lunes, la provincia ya tenía nuevo ministro de Hacienda: Marcelo Rivas Piasentini.
—¿Qué pasó en el medio?
—Toneladas de hartazgo —dicen en Casa de Gobierno.
—¿En verdad es para tanto?
Hay quienes dicen lo siguiente: que el ministro era un intratable o se volvió así; que generaba conflicto donde no había, con la gente o el personal de menor jerarquía; que hacía esperar a sus pares, en la antesala pero también en el trabajo diario, pues aseguran que les trababa expedientes y pedidos, algunos a instancias del propio Gobernador.
—¿Por qué crees que no está el presupuesto todavía? —hizo notar alguien que caminaba ayer por la esquina del poder.
Más aún: dicen que Vaz Torres no se avino a los tiempos. Pero también dicen que más allá de lo que él mismo mandaba a publicar, nunca fue un amigo declarado de la transparencia, siguiendo, claro, cierta lógica escondedora que se le pedía o se le consentía durante el colombismo. No es casual entonces -cualquiera podría suponer- que desde hace varios años haya un cono de sombras sobre las actividades en las que debe iluminar la Dirección de Estadísticas de la Provincia.
—A veces actuaba como si fuera el dueño de la plata y no un mero administrador —agregaron, como si faltaran causales, algunos de sus ex compañeros. Muchos respiran aliviados. Algunos todavía están desconcertados.
La historia, de todos modos, empieza desde más lejos y hay quienes dicen que llegó a su punto culminante cuando empezó a desafiar mandatos de Valdés, algo que tampoco es nuevo en el ex ministro.

***

José Enrique Vaz Torres fue siempre una de las principales figuras de los equipos o vehículos de gestión comandados por Ricardo Colombi. Estuvo al frente del Ministerio de Hacienda y Finanzas desde el 10 de diciembre de 2009 de forma ininterrumpida. Ya había ocupado ese cargo entre 2001 y 2006, desde que Ricardo asumió por primera vez hasta que fuera apartado por Arturo Colombi en medio de la feroz interna entre los primos.
En total fueron cerca de 15 los años que “Chirulo” Vaz Torres -exitoso contador público virasoreño- estuvo al mando de las arcas correntinas. Siempre fue un super-funcionario o al menos eso hacía creer realizando declaraciones públicas picantes, al borde del insulto, especialmente contra el Gobierno nacional cuando Cristina Fernández era presidenta. De Néstor Kirchner no hablaba mucho, como tampoco lo hacía su jefe Ricardo.
También era habitual que utilizara las radios para tirar algunos cohetes verbales contra la oposición. Y que descalifique a los periodistas cuando estos ponían en duda el peso específico de su gestión que, a la luz de tantos años, no movió casi en nada los índices más dolorosos que tiene la provincia. Tal vez por eso se esconden esos índices, o algunos buscan silenciarlos.
Sigamos. Vaz Torres -sin que sea exclusividad suya- era afecto al relato. Y ese día que lo echaron, el lunes, se hizo hacer el relato final. Con más amor que criterios de verdad política, su oficina de prensa envió a los medios un resumen de gestión.
Punto uno: dice que le debemos a Vaz Torres la restitución del flujo de pago de la nómina salarial desde 2001, desde cuando se debían 4 meses de sueldo y los mismos se pagaban un 60% en Cecacor (una vez más, el sueldo. O solo el sueldo).
Que le debemos el rescate de los Cecacor, el programa de Conversión de la Deuda Pública 2003, el Programa de Financiamiento Ordenado, la Ley de Administración Financiera, la vida del IPS, Ioscor y del Banco de Corrientes; y el desarrollo y ejecución de la costanera Sur, drenajes de Goya y Virasoro y otras tantas obras públicas. Obras públicas le debemos al ministro de Hacienda, según relatan sus relatores. 
Que le debemos la canasta escolar, la canasta navideña y hasta el cordero correntino (¡vaya gestión el financiamiento de comida!). Le debemos los camiones y máquinas que se le vendieron a los municipios y el diseño e instrumentación del programa de cesión de recursos a las comunas a través de la Coparticipación: el índice pasó de 15% a 19%. (Se olvidó, por supuesto, de que eso empezó tras la reforma de la Constitución de 2007).
Le debemos, dice el relato de Vaz Torres, el 82% móvil para los jubilados y hasta el incremento de la nómina salarial para el personal en actividad que pasó de $34 millones en 2001 a $1.925 millones desde en 2018. Un incremento de 5.562% que cualquiera creería que se debe a la evolución de la economía y de sus valores en todos estos años. Pues Vaz Torres dice que él inventó eso. Y que dio ese aumento.
(Que un funcionario lo diga en estos términos y pase de largo, explica muchas de las razones por las que Corrientes está como está. Vaz Torres habrá sido un buen administrador para alguien, pero queda claro que a costa de todos. Pues sólo en Corrientes es excepcional que un contador pague sueldos. Y que además lo exhiba como logro por casi 20 años después de una crisis).
También, según el catálogo de la creación “vaztorriana”, a él se le debe pleitesía por los fondos fiduciarios y una serie larga de instrumentos impositivos que, vaya injusticia del destino, mantiene a la provincia sumida en una pobreza galopante y con una matriz económica tal vez de las más regresivas y conservadoras que se haya visto nunca.
Pero no sólo eso: cualquier correntino que lea con detenimiento la épica literaria que le construyeron a Vaz Torres (de apuro y como souvenir del final de fiesta), puede experimentar una sensación profunda de engaño, pues quizás ese correntino haya pensando, como la mayoría, que desde 2001 en adelante había votado a Ricardo, a Arturo y a Gustavo Valdés para que hagan eso que al parecer hizo en soledad el popular “Chirulo”.
O tal vez esto otro: que el engañado sea el propio Vaz Torres, que en ancas de un pony que lo sostuvo arriba tanto tiempo, creyó que era él, y no otro, el elegido para gobernar. ¿Se habrá creído en serio Vaz Torres que era él el gobernador?
Al parecer en eso estaba otra vez (como en 2006) hasta que llegó Valdés y le comunicó su despido. Un cese que no se agota en el acto administrativo. Echar a Vaz Torres sostiene un mensaje por lo menos de doble registro:
a) Para la interna es un llamado de atención. Una advertencia. Un punto de inflexión en la gestión que debe cambiar de ritmo si quiere acompañar el proceso del nuevo gobernador. Aún sobreviven ministros heredados que lucen agotados en comparación con los bríos naturales de una administración de once meses. ¿Tendrán ideas para esta nueva etapa que amaga con seguir con fuerza decidida?
—Nadie está atornillado a su sillón —repite cada tanto Valdés.
b) Para el afuera, el despido de Vaz Torres es la ratificación del rumbo electoral: la gente no votó un cambio de gobierno. Votó a un nuevo gobernador, más joven, con otra impronta. Votó una superación de lo anterior. Pero votó a alguien para que gobierne, no para que se deje gobernar.
—La gente no quiere volver para atrás —dicen los que rodean a Valdés, mirando encuestas.
En síntesis, si echó a Vaz Torres, Valdés puede echar a cualquiera. Una localización, tenencia y ejercicio del poder que, juran y perjuran en su círculo áulico, no incuba, como en épocas del arturismo, una ruptura con Ricardo Colombi, al que muchos ven como un general en retirada.
Resta ahora dejar andar a Rivas Piasentini para determinar si el cambio de hombre repercute en el cambio del perfil económico o de las pautas para el desarrollo que necesita la provincia.
Para José Enrique, en cambio, es el segundo ocaso. Primero lo echó Arturo Colombi en 2006. Ahora lo echó Valdés. La mala noticia para él es que el único que lo soporta y lo devuelve al cargo ya no es, ya no está. Pero debemos reconocer que si vuelve por tercera vez, la mala noticia ya no será suya sino comunitaria.

Las espinas de Rozas

El senador Angel Rozas, ex gobernador de la provincia del Chaco, aportó esta semana un acto cipayesco, mezquino, enajenado de la realidad que vive el país y sobre todo la región que lo vio nacer y que gobernó largamente. ¿Qué hizo? Mal usó sus redes sociales para vender como un logro que el radicalismo -partido que lo cobija-, consiguió torcerle el brazo al Gobierno que él y otros integran, para frenar una medida polémica: el pago retroactivo de sobrecostos de la tarifa de gas que debían hacer los usuarios para compensar, por la devaluación, a las empresas prestatarias.
La medida, a todas luces discutible y polémica, perjudicaba directamente a los usuarios que tienen el servicio del gas natural, prestación esencial no solo para las familias sino también para las pymes y grandes empresas. En términos políticos, perjudicaba mayormente a Buenos Aires, un electorado que nadie está en condiciones de dejar de contener.
Pues bien: el radicalismo, según Rozas, lo hizo. ¿Qué hizo? Dejó en evidencia una medida inconsulta y problemática para la aprobación del presupuesto nacional, que por si fuera poco agrava la situación económica de los argentinos que tienen gas natural y, ahora también, de los que no lo tienen.
Escribió Rozas en Twitter: “Lo logramos, el radicalismo consiguió frenar la suba retroactiva del gas. El Estado se hará cargo del monto extra”. 
Pero, ¿en qué nos afecta a nosotros? En mucho.
Como consecuencia de esa jugada del radicalismo, no solo socializamos pasivos privados (producidos por una feroz depreciación monetaria, echando mano a una norma de la Argentina menemista dolarizada) sino que pagamos la sangría de un servicio que nos excluye a todo el NEA, como el gas natural. También asistimos a una nueva entrega en favor de las grandes metrópolis. Cedemos recursos que son de todos, que nos cuestan conseguir y que no alcanzan. Si el Estado paga, esa plata sale de una caja para meterse en otra, asunto que podría terminar en menos obras públicas, menos servicios, menos trabajo, peores salarios y en la postergación, una vez más, de las reparaciones que nos deben. No solo a Corrientes sino a la región.
¿Qué más? Asistimos a la miserabilidad de un senador de la Nación como Angel Rozas que desoye las voces de sus montes para dejarse seducir por el griterío porteño que reproducen los medios. Lo vemos hacer política de la menor estatura con la crisis y el consecuente ajuste al que recurrió el gobierno de Mauricio Macri, que, vaya ironía, el mismo Rozas integra como socio.
(Pobre Macri, además de pánico debe tener espasmos seguido. Tener de socios a Rozas, Aída Ayala o a su comprovinciana ilustre Elisa Carrió debe ser bastante pesado. Le cambian la agenda, le salpican algunos asuntos reñidos con la ley, le marcan la cancha, le digitan funcionarios y también le dibujan límites en su autoridad. Lo raro es que nadie se escandaliza. Cualquier Dady Brieva que se extralimite como Carrió recibe el mote de destituyente. Ella, en cambio, sigue siendo la fiscal moral de la Nación. Cosas que pasan).
También debe ser pesado para el Presidente tener en su “mejor gabinete de los últimos 50 años” a funcionarios como Javier Iguacel, el ex titular de Vialidad Nacional, a quien el fuego amigo apoda cariñosamente “Buzz Lightyear”, por el personaje animado de Toy Story al que dicen que se parece.
¿Quién es Iguacel? Un muchacho que culpa de todo al kirchnerismo. El mismo que sin sonrojarse, contrató a la Escuela de Arte de la actriz Cecilia Maresca para mejorar su oratoria. El mismo que, por ese “coucheo” le hizo gastar 25 mil pesos mensuales por varios meses a Vialidad. Es decir al Estado. Es decir…
Iguacel es el mismo al que se le cayeron dos puentes en Corrientes pese a que cinco minutos antes le habían hecho un informe diciendo que todo estaba regio. (Corrientes sigue sin esos puentes en Itatí, sobre el Iribú Cuá, y en Esquina, sobre el arroyo Guazú. Y una familia misionera sigue llorando a su muerto, víctima de la desgracia de tener que pasar por una provincia pobre, postergada y sin infraestructura de calidad, que no pudo frenar el vehículo de Rogelio Schering, quien murió al caer al agua cuando la camioneta que conducía terminó en el río porque nadie puedo prevenirlo).
Su última escena fue el escándalo por la resolución que transfería a los usuarios de gas la deuda que las petroleras les reclaman a las distribuidoras por la calefacción dolarizada del último invierno. Y como recibió cascotes desde todos los cuadrantes, ¿a que no saben a quién culpó? Exacto: al kirchnerismo. “La mayoría de las quejas por el aumento de gas son de militantes kirchneristas”, dijo en la antikirchnerista radio Mitre.
Pues resulta que sus socios le mostraron que su barbaridad no corre. Que no se trata sólo del kirchnerismo. De hecho, al parecer, las medidas de Iguacel no escurren ni dentro del Gobierno, según dicen, porque el ex CEO petrolero (su ex empresa sería una de las beneficiarias de la resolución trunca) es afecto a puentear sus mandos superiores. Hasta ahora lo banca el Presidente, pero debió callarse la boca y guardarse después de intentar deslegitimar el reclamo social por el asfixiante ajuste y la inflación descontrolada, tildándola de reclamo político. Como si las acciones de su cartera no lo fueran en todas sus formas. En fin…
Por suerte está Carrió, que salió a bancarlo. “Está perfecto (que el Gobierno haya frenado la medida). Era un horror, pero no creo que haya sido una idea de Iguacel”, sostuvo la legisladora días pasados. Menudo favor: Lilita Carrió está diciendo que el bueno de Iguacel puenteó a su superior, el ministro Nicolás Dujovne, que no avisó a nadie, que puso en jaque el acuerdo político por el presupuesto y generó una nueva crisis social-política-económica sosteniendo una idea que no es suya. Genial.

Una matriz histórica

Si no fuera tan trágico todo, Rozas daría para la risa en una serie interminable de “memes”. Pero es trágico, aunque no exclusivo del legislador. Sucede que el chaqueño no está solo en la conceptualización unitaria de este país. La cosa, en lo hondo, va más allá de la entrega de Rozas y de los gobernadores y de los dirigentes radicales, que como alternativa a la embarrada del Gobierno (que exhibe cada vez con mayor frescura su ineptitud) hacen pagar a todos por lo que solo algunos tienen.
El comportamiento de Rozas se verifica a lo largo de la historia con muchos legisladores que cuando llegan a Buenos Aires y disfrutan de los atributos del cargo, son capaces de vender las joyas de la abuela con tal de contentar al patrón -generalmente el presidente o algún líder opositor- y preservar sus privilegios.
No hace falta dar nombres (serían menos las excepciones, claro) pero incluso Corrientes ha dado muestras sobradas de genuflexión política. Y si bien cada tanto se habla del tema, los diputados y senadores no fueron capaces, al menos hasta ahora, de regionalizar sus fuerzas y reclamos y potenciarlos con la suma de sus votos.
Solo por mencionar un ejemplo, el del gas natural, hay que recordar que el primer proyecto presentado en el Congreso para que Corrientes y la zona tengan ese servicio, data de 1960. Lo presentó Augusto Conte (h). Es decir: hace casi 60 años duerme el sueño de los justos.
Y ni hablemos de los gobernadores, muchos de los cuales siguen el mismo mecanismo de entrega ante Nación. Ejemplos también abundan. Y, por el contrario, como escasean los que en verdad disputan los intereses que legítimamente les pertenecen a las provincias, la mayoría se sirve del marketing para disimularlo.
Lo que hay es pura actuación política. Puro acting. En Corrientes pasó hasta hace poco: un socio que después dejó de serlo y que ladraba como el perro a la luna. El asunto es que antes había cedido unos cuantos derechos.
Eso mismo llevó a varios intelectuales a analizar el comportamiento, y como la discusión centro-periferia en este país viene casi como una yapa desde la Revolución de Mayo, podría decirse que está demostrado que el centro no siempre tiene toda la culpa. 
Creer que Buenos Aires, el Gobierno de la Nación, Mauricio o Cristina (o Néstor, o los cinco, o Menem, o Alfonsín, y de allí al principio de los tiempos) son los únicos responsables de nuestros males es correr de la escena a los actores locales, como Rozas y tantos más. Y al correrlos se les concede un salvoconducto que no deberían tener por la traición que hacen de sus votos. Por la traición a su electorado. Por rifar sus causas más nobles.
Rozas, mientras tanto, festeja ser radical y frenar al Gobierno. En el Chaco, su provincia (como en muchas otras, incluida Corrientes) hay más gente en las casas de crédito que en los supermercados. Y cuando no, están en los hospitales, comisarías o en los divanes, tratando de mitigar tanta angustia.
Angel, mientras tanto, tuitea. Antes de festejar eso del gas, festejó en clave medieval por otro servicio: por el agua potable que está llegando en el ocaso del año 2018, a ciertos lugares de su provincia postergada. “Seguimos avanzando para que en #Chaco, más de 16 mil personas del Impenetrable tengan agua potable. #UnMejorLugarDondeVivir cc @frigeriorogelio”.
Arrobar al ministro del Interior Rogelio Frigerio no es casual, por supuesto. Ese acto de alcahuetería es una prueba más de la sumisión a la que se entregan algunos, sujetos por el peso de la decadencia, el desprecio por el otro y las mezquindades personales y protopolíticas.

El aborto de las perras, y los perros

Resulta fundamental, hoy, hacer foco en la sesión que entre el miércoles y jueves posibilitó la primera sanción del proyecto de legalización del aborto. Y hacer notar que hasta parece viable este país con sus instituciones andando.
Es necesario destacar el trabajo de las legisladoras y legisladores que se tomaron su tiempo, escucharon a la sociedad civil organizada y le dieron marco institucional al debate de un tema que hasta ayer nomás era de los más oscuros y mejor guardados. En rigor, un asunto escondido.
Es legítimo, por eso, destacar el valor del presidente Mauricio Macri de poner el tema sobre la mesa y la apertura de la Cámara de Diputados, que asumió su cuota parte para dar una discusión de cara a la gente.
Allí una clave: la madurez política demostrada en todo el proceso no constituye una concesión graciosa de los parlamentarios. Los nuevos derechos, cuando surgen, en general les son arrebatados a alguien que no quiere cederlos. Y esta vez, los diputados y diputadas fueron portavoces de un momento, de un reclamo que lleva años y que tomó cuerpo y desarrolló alas por la militancia de miles de mujeres que, como muchas en este país, pasan a la historia luciendo pañuelos. Ahora son de color verde.

***

Es necesario, asimismo, saludar el alto nivel de conciencia democrática de los actores de uno y otro lado que posibilitaron la construcción de la media sanción para un proyecto que salió mejor de como ingresó, porque el texto permeó a extendidos aportes fundados en evidencias, en asuntos políticos antes que metafísicos, en el entendimiento de que lo que se trata aquí y ahora es de una cuestión de salud pública. De la legalidad o clandestinidad de una práctica que existe. Y mata.
El trabajo legislativo hizo olvidar, por momentos, que muchos de estos legisladores generan rechazos. Que muchos son sobrevivientes del que se vayan todos. Del borocotazo. Mercaderes de los pasajes de avión o colectivo. De cupos interminables. Que son privilegiados con dietas de una economía enajenada muchas veces de las crisis del país. Casi no importó.
Se les reconoce, en cambio, el haber afrontado el desafío de tratar un tema que incomoda y atraviesa de manera transversal a partidos, credos y clases sociales. Muchos resistieron a presiones, de uno y otro lado, y entendieron su lugar: que esta vez fueron instrumento de una voluntad popular que está varios pasos adelante de la voluntad política.

***

En eso estábamos hasta que aparecieron los legisladores correntinos. Apareció Estela Regidor, comparó a las mujeres con perras preñadas y fue tendencia nacional en todos los rankings de las barbaridades antiderechos. Apareció Julián Dindart con un cinismo que parece perfeccionarse con el tiempo y luego Oscar Macías, que no tuvo mejor idea que copiar el argumento de una filósofa que está a favor del aborto para votar, él, en contra. No apareció Jorge Romero, pues prefirió la mitad de abajo de la medianía y no obstante votar en contra. Apareció Araceli Ferreyra, sí, y dijo a los tropiezos lo que piensa y milita. Luego José Ruiz Aragón, que tribuneó con un documento ajeno pero que le calzó al efecto. Y Sofía Brambilla, que navegó aguas mansas desde lo discursivo, después de soportar ataques arteros del fuego amigo.
Los correntinos votaron 4 en contra y 3 a favor. Y está perfecto. De eso se trata la democracia. Pero más allá del voto, respetable en toda su dimensión, hay cuestiones que no pueden pasar de largo. No se trata sólo del aborto. Se trata de los argumentos utilizados: del cinismo, la hipocresía, la pereza intelectual y la demagogia que ha sumido a nuestra embajada parlamentaria en una mediocridad que avergüenza. Indigna de nuestra propia historia.
Varias preguntas: ¿No trabajan de eso? ¿No tienen tiempo para estudiar los temas o lo que van a decir al respecto? ¿No se pasaron tres meses escuchando especialistas para salir a rebolear desatinos como quien apurado por las tripas se hace encima? ¿Nadie les dijo que eran la voz institucional de un momento histórico? ¿Nadie les avisó que el país estaba mirando? Veamos:

Las perras preñadas
“¿Qué pasa cuando nuestra perrita se nos queda embarazada? No le llevamos al veterinario para que aborte… Lamentamos: uuu. Pero inmediatamente salimos a buscar a quién regalarle los perritos. ¿Si? (¿?)… No sé de qué se burlan”.
Más allá de su posición fervorosamente militada en favor de “las dos vidas”, respetable por cierto, la diputada radical Estela Regidor no puede comparar a las mujeres con perras preñadas. No. No puede decir que las peores fieras tienen a sus crías, porque algunas incluso se comen a sus crías. Pero además porque en el reino animal no está configurada la violación ni el consentimiento, o los problemas derivados de la pobreza y de la falta de educación. Por eso no puede.
Regidor dijo además que no cree en las cifras que expusieron el anterior ni el actual ministro de Salud, pese a que es de su alianza. No cree porque esta vez esos datos hacen trizas sus sesgos. Y pese a que dijo al inicio que tiene “escaso razonamiento”, puso en duda el rigor científico de las cifras aportadas por los científicos.
Dijo bien, eso sí, que toda la situación de vulnerabilidad de las mujeres tiene causas: la pobreza, el sistema sanitario deficitario y la falta de políticas de contención. Dijo que conoce niñas de 9 años que quedaron embarazadas, pero no dijo si denunció esas violaciones, y tampoco recordó que el sistema sanitario del que habla es el sistema que sostuvo su jefe, Ricardo Colombi, con ministros como su compañero de bancada, Julián Dindart, que se fue al Congreso dejando en Corrientes los peores índices de mortalidad infantil y neonatal del país, con hospitales desmantelados donde ni siquiera se podían practicar partos de rutina.
Dijo la diputada, asimismo, que urge educar desde temprana edad, pero olvidó decir que el gobierno de Colombi -o de los primos Colombi-, que se extendió por 16 años desde 2001, no garantizó las políticas de educación sexual integral ni el acceso total a métodos de anticoncepción. En cambio, su mentor apuró una declaración pro-vida cerca de calculadas fechas electorales.
Para cerrar se reservó lo mejor: mandó a sus colegas a leer. A leer proyectos alternativos como uno de su autoría que, según dijo, propone contención para la mujer y, de paso, la adopción desde el vientre materno. Cualquier parecido con el libro de Margaret Atwood, es pura coincidencia. Más allá de todo, “El cuento de la criada” es una muy buena lectura. Inquietante, como las palabras de Estela.

El poeta de las cañadas
El también radical Julián Dindart fue todavía más allá. Con su cara endurecida por una argamasa de cinismo negacionista, comenzó su alocución algo contrariado porque, según dijo, el proyecto pateó formalidades. No dijo cuales.
Se enojó además porque la hipocresía comenzó temprano en el recinto, según dijo. Y por esta razón, tal vez, sintió que él también podía hacer su aporte.
Dijo que camina entre los pobres y que los pobres sienten orgullo cuando conciben hijos. Habló como pediatra -dijo- y por eso me niego a votar la ley. Porque el texto deja afuera de la decisión al padre y la mujer no puede tomar sola la decisión de abortar. No puede, dijo. Es injusto.
Dindart, que en sus épocas de ministro de Salud no sólo empeoró los índices sanitarios sino que dijo que las chicas se embarazan para cobrar un plan (cosa que repitió después siendo titular de la comisión de Familia, por lo cual lo echaron de ese puesto) ahora se escandalizó ante sus pares porque en el debate -dijo- hubo muchas posiciones extremistas.
Reconoció que en los países avanzados la situación del aborto legal lleva a la baja las muertes y el número de prácticas, pero para eso, recordó, primero hay que educar. ¿No se le ocurrió decirle eso a Colombi en su momento? ¿No se le ocurrió plantear esa queja cuando gobernaba el kirchnerismo? ¿No se le ocurrió decírselo a Macri? No. Se le ocurrió ahora.
Tal vez no podía hacer esos planteos, y por eso, para aliviar sus frustraciones, recurre a la catarsis escrita. Y fue entonces cuando reveló que en sus ratos libres se desahoga escribiendo poemas. Y recitó uno de su autoría, justo el 13, día del escritor.
Está inspirado en una madre que abortó, dijo. Aquí un extracto:

Hay dos ojos que me miran
hay pasos que nunca he oído
hay momentos que ya fueron
hay momentos no existidos…

Con sarcasmo agudo, alguien dijo que después de escuchar las aventuras literarias de Dindart, Borges se revolcó en su tumba pidiendo una ficha de afiliación al peronismo.

El copión
Y cuando parecía que ya estaba la cosa, apareció el peronista-sciolista goyano Oscar Macías con un discurso mal leído que estaba condenado a la intrascendencia hasta que alguien lo descubrió.
El cantante con licencia -famoso por ponerle voz al himno de la Fiesta Nacional del Surubí- parece que no tuvo tiempo para armarse una postura y entonces no sopesó mejor idea que ver una charla TEDx y copiarse unas palabritas.
En concreto, a Macías se lo acusa de plagiar pasajes casi textuales de una charla que realizó la ensayista, filósofa y poeta Laura Klein, quien usó los argumentos robados por Macías para manifestarse a favor del aborto legal.
La escritora, además, fue una de las 700 oradoras que opinó en el marco de los trabajos de comisión desarrollados en el Congreso. Al parecer, el diputado no tuvo tiempo de averiguar y lo mandaron, o fue él mismo, por su pereza, al rincón de los más vagos entre los diputados. No se trata aquí sólo de pereza intelectual sino de robo intelectual: una forma artera de no reconocer el trabajo del otro. Así y todo, después de haber sido pillado, dijo que de ser necesario pedirá disculpas personalmente a la escritora. Y hasta se enojó por lo que calificó una ridiculez. Es decir el robo. Curiosa la escala de valores la del diputado.

La nada
Para ser justos, igual, hay que decir que el más “cómodo” de los legisladores correntinos fue Jorge Antonio Romero (PJ), que ni siquiera se molestó en hablar. Como no está obligado a exponer para recibir su paga, se limitó a votar la ley. A votar en contra de ella.

La militante
De nuevo: uno puede estar en contra o a favor no sólo del aborto legal sino de las posturas de los legisladores, pero no se puede dejar de reconocer, en la diputada Araceli Ferreyra (FPV), su militancia activa en la lucha de las mujeres. Su posición, dicha con tropiezos, a las apuradas, con nerviosismo, y apelando a cuestiones más bien legislativas, nunca fue impostada ni mucho menos especulativa.
Fue siempre de frente, al frente. Porque no se puede andar por la vida con el dedito acusador bancando pensamientos de la época de las carretas, argumentó, y descalzó el asunto de las cifras. Es verdad: no hay cifras porque los abortos son clandestinos, bramó, y se ganó unos aplausos. No estuvo brillante, pero se le notó su entrega a la causa y algo fundamental como mínimo: el dominio del expediente que trataban.

Para la tribuna
El más aplaudido fue el kirchnerista “Pitín” Aragón. Con admirable solvencia en el manejo de la escena, y paradójicamente al borde de la jactancia, se autocalificó como un muchacho humilde: alguien sin autoridad para juzgar a las mujeres; creyente, devoto de la Virgen de Itatí y de Dios, a quienes les pregunta, dijo, el por qué de las muertes de las chicas por abortos clandestinos. Aplausos.
Dijo también que le sugirieron “recalcular” su voto porque fue elegido por una provincia conservadora. No es conservadora la provincia; lo son sus dirigentes, dijo. Aplausos. Y después se dedicó a la leer el documento del Colectivo de Mujeres Correntinas, pero esta vez, citando la fuente. Otra vez aplausos, porque la contundencia de ese documento lo eximió de tener que hablar él en nombre de lo que no conoce.

El voto apedreado
La exposición de Sofía Brambilla, del PRO, fue tal vez la más esperada, porque la diputada del frente Cambiemos jugó al enigma hasta que dijo, el domingo 10, que votaría a favor de la ley. Fue entonces cuando le salieron al cruce. Y la cruzaron. El más contundente de todos fue el doctor Alfredo Revidatti, coordinador de Hospitales Públicos, quien por Twitter dijo: “Lamento profundamente esta separación de la diputada Brambilla de los correntinos. Si hubiera sabido no hubiera integrado la lista con ella. Pido disculpas a los que me votaron”.
Pero los ataques no se limitaron a su ex compañero de lista. Quien también opinó fue el ex diputado nuevista Omar Yung. En un posteo de Facebook escribió: “Qué tristeza legisladoras como vos (…) Qué vulgar resultaste. No podés ni empezar a fundamentar tu posición. Renunciá y dale paso a un hombre que representa a los que amamos la vida. Mirá lo que votamos por culpa de las sábanas!”.
Más allá de lo incalificable de su comentario, resulta sugerente que Yung hable de las sábanas cuando él mismo ingresó a la Legislatura provincial como parte de listas electorales que se arman en Corrientes, más pensando en lealtades de servil sumisión con el mandamás de turno que en pericias legislativas o políticas.
También resulta llamativo el bajísimo nivel de republicanismo del doctor Revidatti, que no sólo atacó a Brambilla sino que después, por radio, se manifestó en contra de la anticoncepción pidiendo una educación sexual basada “en valores”. (Y esto sin abundar en el hecho de que se arroga la representatividad de “los” correntinos tomando la parte por el todo).
Si la ley de aborto legal sale, ¿qué va a hacer el doctor Revidatti? ¿Va a renunciar a la coordinación de hospitales o va a dejar su postura personal para aplicar eventualmente acciones de sanidad pública? ¿Qué va a hacer en todo caso el gobernador Gustavo Valdés con este funcionario que, si conoce, no quiere ver la realidad de los jóvenes de este lugar y tiempo? ¿Cómo gestionar un gobierno para todos con funcionarios que ven sólo una parte y quieren imponer esa parte al resto?
Todo esto sobrepasó el volumen de la exposición de Brambilla, que algunos pueden decir que fue auténtica, y otros que fue calculada, escolar, demagógica, con un ojo en las encuestas y otro en su futuro político. Sea cual fuera su motivación, como el resto de los votos, no se mereció el trato que recibió. O sí, porque en todo caso sirvió para hacer caer máscaras. Varias.

***

Para el futuro queda un aprendizaje. Los correntinos debemos asumir responsabilidades y hacernos cargo de los representantes que votamos. No alcanza sólo con la vergüenza ajena que generan quienes, expuestos a un momento histórico, lo desperdician con burradas (o perradas), hipocresías, hurtos, negacionismos, o con pensamientos personalísimos, morales y religiosos, que impiden ver que su rol es el de la representación, es decir, el de la legislación general y para el conjunto. La ley, como dijo Darío Sztajnszrajber -que pronto estará en Corrientes-, debe resguardar una cosa: que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado. La democracia -no hay que olvidar- es lo opuesto a lo absoluto.

La educación de pobres y ricos, canallas y desclasados

CARTA ABIERTA A LA GOBERNADORA MARIA EUGENIA VIDAL

Hola, María Eugenia. ¿Cómo le va, Gobernadora? Espero que bien. Iba a presentarme, pero creo que no vale la pena, ni que a usted vaya a importarle. Sí creo que resultaría útil y, por lo tanto, me gustaría hacerle llegar una historia que sucedió aquí en Corrientes, provincia lejana a la Buenos Aires que usted gobierna. Una de tantas.

Escuché y leí lo que dijo sobre las universidades públicas. Eso de que no fue justo llenar la provincia de universidades “cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina llega hoy a la universidad”. Eso es falso, ¿sabe?, además de canallezco.

Escuché, también, eso que dijo sobre las licencias de los docentes y sobre algo tan importante en este momento: que no será candidata a la Presidencia.

Qué bueno que lo diga, María Eugenia: tener una presidenta que piense lo que usted piensa sería, al menos, un retroceso. Porque no nos gustaría tener una presidenta que todavía no sabe que esto es Argentina y no el jardín de Noruega, Canadá o Suecia, donde se vive ciertamente mejor. O Finlandia, Singapur o Japón donde están los mejores niveles educativos. El punto de partida mayoritario, aquí, queda un tanto más lejos.

Qué bueno, de todos modos, que esté pensando en la plata de los docentes: en lo que deberían cobrar, María Eugenia. Usted fue votada para pensar en cómo gestionar el financiamiento de la educación pública, porque usted está en un gobierno, ¿sabe?, no en una empresa. Porque podemos estar de acuerdo en lo malo de los abusos y del costo de las licencias extendidas, María Eugenia, pero parece un tanto peligroso, además de demagógico -en ese contexto, claro-, ir a decir ante señoras y señores del Rotary Club que usted piensa que están mal algunos derechos que los trabajadores argentinos han conseguido a lo largo de muchos años de lucha. Las licencias, por mencionar una.

No se preguntó, en todo este tiempo, ¿por qué hay muchos maestros enfermos? ¿Por qué no pueden o no quieren dar clases? ¿Por qué necesitamos tantos reemplazos? O, en todo caso, ¿qué hizo usted para cambiar la matriz del problema que no sea la eliminación de derechos o recortes en el financiamiento?

En fin, María Eugenia. Igual, aquí estamos por otra cosa.

Déjeme contarle una historia que conozco: la de un muchacho pobre que se hizo universitario. Le va a encantar, a usted que es una leona, mamá corazón…    

Nació en un pueblo que tenía menos de 10 mil habitantes a finales de la década del 70. En un pueblo chico de Corrientes, o sea, en el interior del interior, donde la igualdad de oportunidades, María Eugenia, no encuentra caminos asfaltados para entrar.

Su padre -el del muchacho-, trabajaba en una fábrica que cerró durante el menemismo. Su madre, ama de casa.

Sumada la miseria de ambos, no llegaba para hacer ni siquiera una pequeña gran miseria.

Con los años -dice el muchacho-, el padre le contó que en la época de Alfonsín conservaba al menos unas monedas que le permitían tener la cabeza despabilada. ¿Sabe por qué? Porque tenían que hacer malabares para gambetearle a la inflación. ¿Le suena?

Con Menem ya no hubo ni eso: ni monedas. El padre tuvo que poner todo su empeño en un oficio que tenía y sabía, porque había estudiado en una de esas misiones monotécnicas con las que el Estado, desde el primer peronismo, trataba de ayudar a la gente de las zonas alejadas o rurales como las nuestras.

El padre, pobre, cuenta el muchacho, hombreaba maderas que labraba en un taller al aire libre, resguardado del sol por la fronda de un naranjo, casi como un artesano, porque se imaginará, María Eugenia, lo que era para esa gente tener una máquina. Y si la tenía, lo que era pagar la energía. Bueno, no se aflija: es más o menos como ahora.

No alcanzaba la plata, claro, por eso el muchacho tuvo que salir a trabajar: tenía apenas 12 años. Vendía quiniela y diarios. Era canillita de El Litoral (como muchos lo fueron para pagarse sus estudios). Y estudiaba. Eso sí. Mucho estudiaba, María Eugenia, porque, ¿sabe qué?, el muchacho tuvo un momento de lucidez, y supo desde entonces que no quería para él eso que le estaba pasando a su familia.

Estudió y trabajó de chico, le hicieron bullying (que entonces no sabía que se llamaba así); algunos docentes lo ayudaban y otros le hacían zancadillas (siempre hubo esas cosas, ¿no?). Pero como el muchacho no se resignaba a que las cosas fueran así y no tenía fuerzas para cambiarlas, viajó a otro pueblo, haciendo dedo, cada semana (todos los lunes y viernes) para seguir estudiando. Los fines de semana volvía a su casa y salía a trabajar para poder costear la comida en el internado de una escuela pública, técnica, que hasta recibía especies como forma de pago. Comprenderá que el muchacho no tenía para bancarse una pensión. Pero el Estado estuvo otra vez allí. Y alguna gente, como la mayoría en Corrientes: gente que sabe dar la mano. ¿Entiende María Eugenia?

El muchacho siguió estudiando, se graduó con honores, fue abanderado, y entonces decidió que seguiría en la universidad. Sabía, por supuesto, que primero tenía que conseguir trabajo, porque no había nada que pudiera sacar de su casa, donde su madre ama de casa y su padre changarín, todavía tenían que alimentar otras 6 bocas. ¿Me sigue?

Pues el muchacho llegó a la Capital, como tantos correntinos del interior. Tuvo un trabajo que le permitió vivir: primero en un cuarto que le prestó un cura caritativo y después en una pensión y después en un departamentito que compartía con otros correntinos y chaqueños, estudiantes todos, pobres también.

Vino la crisis del 99 y tras cartón la de 2001. El Lecop nacional, el Patacón de ustedes, María Eugenia, y el Cecacor nuestro, que valía menos que papel higiénico. Comían salteado, María Eugenia, pero seguían estudiando.

“Teníamos pequeñas alegrías que nos permitían seguir” -me contó el muchacho-: el amor, la amistad, y algo que es casi una obligación entre los pobres: la solidaridad.

Gracias a la universidad pública, Gobernadora, el muchacho pudo salir del infierno. En este caso fue gracias a la Universidad Nacional del Nordeste, que tiene su sede en la Capital, porque Corrientes no tuvo la suerte de que le siembren universidades, ¿sabe?, cosa que evitaría la migración que nos desangra y nos vacía. Gracias a la Unne pudo seguir estudiando y trabajando. Le costó, pero pudo seguir, formar una familia, tener hijos, y hasta proyectar un futuro un tanto mejor para ellos, para sus hijos. No terminó la carrera en tiempo y forma, no, pero después de 14 años volvió, sacó materias y se lió con la tesis. Sigue intentando. Y allí sigue estando la universidad: pública y gratuita.

Sabe qué, María Eugenia: me dicen que el muchacho le mezquina los juguetes a los hijos, pero que gasta la fortuna que no tiene en libros. ¿Se imagina por qué, no?

El muchacho, gracias a la universidad pública, conoció amigos, amigos que le presentaron otros amigos que a su vez le presentaron a otros y fue haciendo una carrera. Le permite vivir, bien a veces: le permite saber que la comida, al menos, no es un problema. ¿Sabe qué?: hasta de vacaciones va. Y sueña con que algún día llevará a sus padres -que no saben lo que es eso-, tal vez a Asunción, que queda cerca. O al Brasil, más distante, pero a la vez más cerca y más barato que Mar del Plata. ¿Se imagina? Sus padres -los padres del muchacho- ¡de vacaciones! De ir, señora, por fin conocerán el mar.

***

El muchacho, María, es primera generación de universitarios en su familia de 7 hermanos. Y decidió quedarse. Porque señora, como usted sabrá bien, uno de cada tres correntinos se va: de su casa, su tierra, de su familia. Se va a Buenos Aires, por ejemplo, porque aquí escasea el trabajo. Aún hoy las oportunidades escasean, María Eugenia, y los sueños andan de a pie, ¿sabe?, y caminan lento, porque la cosa no mejora y cuesta más cada día. A los pobres por pobres, pero también le cuesta a nuestros mejores talentos, y aún a los más pudientes, para quienes esta provincia no tiene las redes de contención suficientes. Ni las necesarias tiene.

No quiero aburrirla, pero deje que le cuente algo: el muchacho trabajaba y estudiaba, y le costaba mucho el inglés. Pero ¿sabe qué?: gracias a la universidad pública pudo hacerlo una y otra vez. Y aprobó. Y gracias a la universidad pública leyó a Arlt, Walsh, Borges, García Márquez y Cortázar; a Hemingway, Capote, Wolf y Dostoievski; a Kafka y a Macedonio. Leyó a Ulrico Schmidl: ¡con eso le digo todo!

Gracias a la universidad pública, un día leyó a Piglia, y este le contó a través de uno de sus personajes que también a Arlt le costaba el inglés, por lo que, para leer literatura de afuera, “ilustrada”, el “maldito” leía traducciones. ¡Qué le parece!

Gracias a la universidad pública, me dijo el muchacho, puede discrepar con usted, María Eugenia. Tal vez no le importe, pero para este muchacho, que haya universidad pública en Corrientes no es una “prioridad equivocada”. Ojalá siembren más universidades en toda la provincia, porque como las carreras están mayoritariamente concentradas en Capital y en Resistencia, se abusan los inmobiliarios. Cuesta mucho alquilar una casa pequeña, un departamento o una pensión. Y ¿sabe qué?: en Corrientes hay cerca de 50 mil universitarios. Este año se inscribieron 21.865. ¿Sabe cuántos alumnos había hace 50 años?: había sólo 1.409. Ahora egresan anualmente cerca de 3.000 profesionales.

La Unne, además, da trabajo a 4.898 docentes y a 1.869 no-docentes. Casi sin presupuesto, en tanto, se las amañaron para crear gabinetes de investigación, con todo lo que eso significa. Pero hay más: unos 7.100 alumnos y alumnas estudian en las universidades privadas.

¿Se imagina lo que es eso para nosotros, María Eugenia, una provincia que aún hoy tiene el 40 por ciento de su población en la pobreza y el 10 por ciento más en la indigencia? Uno de cada dos, María…

La universidad pública le dio a ese muchacho una oportunidad. Se las da a miles de argentinos. De hecho, en Corrientes y Chaco estudian personas de muchas provincias. En las caras de esa gente se nota cuándo desayunaron y cuándo no, María Eugenia, pero van. Tenemos el mate, que sirve para la mañana, la siesta, la tarde y la noche. Para engañar al estómago y espantar al sueño. Si pueden comprar yerba, habrá para seguir soñando, pero despiertos. Para creer que es posible un mañana mejor.

Tal vez algunos tarden largos años y otros no se reciban nunca, pero ya no serán los mismos.

El muchacho que le cuento, María Eugenia, no fue el mismo después de leer el primer apunte fotocopiado. No fue el mismo después de leer a Tomás Eloy, Caparrós, Guerriero, Licitra, Cabezón Cámara o a Alarcón. No fue el mismo después de Lope de Vega: mire que lo que digo. De García Lorca. O de Godoy Cruz, que además daba clases en la facultad a la que iba. ¿Se imagina un pobre con esos libros? Conocer de Velázquez, saber de Rubens, Da Vinci, Picasso, Van Gogh, Goya, Monet o Manet…

Me contó una vez que sus cuadros preferidos son los románticos y heroicos. Le gusta mucho “La balsa…” de Géricault; “La libertad conduce…” de Delacroix; o Marat pintado por David. Si no fuera por la universidad pública, ese pobre muchacho, o muchacho pobre, no sabría de la Bauhaus, ni de Kandinski, ni de Pollock.

Me contó que una vez viajó a Cachi, Salta, donde estuvo estos días el Presidente. ¿Y sabe qué? Allí, en esa altura rocosa donde el diablo perdió el poncho, vio un par de niños collas con sus computadoras proveídas por el Estado. Estaban estudiando mientras cuidaban sus cabras.

¿Se figura lo que es eso, María Eugenia, para “los caídos” en la educación pública? Si no se hace la idea, sepa que mucha gente antes que usted, María Eugenia, no sólo lo imaginó, sino que lo llevó a la práctica, e hizo de Argentina un país distinto a los demás, donde la educación a secas, y más aún, la educación superior, es una cosa para pocos, como sugiere su pensamiento elitista, un tanto desclasado, que parece querer arrebatarle a los pobres tal vez la única puerta de salida que le ofrece el Estado cuando no llega tarde.

¿Sabe qué pasa cuando el Estado llega tarde, Gobernadora? Traslada a esos pobres en ambulancias o patrulleros a poblar terapias o calabozos.

La educación pública, la universidad, María Eugenia, en Corrientes provee como pocas cosas un aspiracional histórico: la movilidad social de los que no tienen dinero, pero sí tesón e inteligencia y eso que usted dice, citando a Einstein, que es la fuerza más grande del universo: la voluntad.

La historia de este muchacho que le cuento, María Eugenia, se repite por miles en Corrientes, como en toda la Argentina. Casi le diría que en esas historias se condensa el modelo meritocrático del que habla Cambiemos, ¿o eso es puro verso, eso también, María?

Bueno: no me haga caso. Pero, ¿me creería si le digo que aquí hasta los ricos estudian en la universidad pública? Es más, de allí salieron muchos de los dirigentes que integran Cambiemos, ¿sabe? Más aún: de ahí salieron muchos de los votos con los que Macri ganó el país y usted la provincia, María Eugenia. De la universidad pública salieron nuestros gobernadores, ¿sabe?, socios políticos suyos además, y una gran cantidad de funcionarios que cuando eran chicos, señora, eran pobres. Son los nombres propios de la movilidad social ascendente.

En fin. No quiero molestarla más. Usted ya tiene bastante poniéndose botas de goma y jeans y tapados de leona para ir de safari a las zonas carentes de Buenos Aires. Si viniera de safari a Corrientes, María, vería que de esos caseríos marginales salen pibes que van a la universidad, que trabajan y estudian y casi no comen y casi no duermen. Y pibas que, además de todo eso, en algunos casos tienen que criar también a sus chiquitos. Ideal para las selfies que tanto le gustan, señora.

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P/D: Gobernadora. Me dijeron que sus lecturas favoritas son las novelas de Hosseini, y que le gusta mucho Jeffrey Archer y también Sidney Sheldon.

La lectura del muchacho que le cuento, María, es una especie de biblioteca mínima para las carreras de Comunicación, porque, me olvidé de decirle: siempre soñó con ser periodista, y viajar, conocer gente y lugares, tratar de señalar sandeces, custodiar valores -como los de la educación, por ejemplo-, y eventualmente alguna vez entrevistar a un presidente. ¿Qué le parece? ¿Nada mal, no? Nada mal para el hijo de un carpintero y una ama de casa. Para un muchacho nacido en el interior del interior, en un pueblo pobre de una provincia pobre insertada en una de las regiones más pobres de la Argentina.

Hay mucha voluntad ahí, María Eugenia, pero no sólo eso: también allí estuvo siempre la educación pública. Y gente que supo tender la mano.

Que le vaya bien, Gobernadora. Reciba nuestros pobres saludos desde Corrientes.