Las espinas de Rozas

El senador Angel Rozas, ex gobernador de la provincia del Chaco, aportó esta semana un acto cipayesco, mezquino, enajenado de la realidad que vive el país y sobre todo la región que lo vio nacer y que gobernó largamente. ¿Qué hizo? Mal usó sus redes sociales para vender como un logro que el radicalismo -partido que lo cobija-, consiguió torcerle el brazo al Gobierno que él y otros integran, para frenar una medida polémica: el pago retroactivo de sobrecostos de la tarifa de gas que debían hacer los usuarios para compensar, por la devaluación, a las empresas prestatarias.
La medida, a todas luces discutible y polémica, perjudicaba directamente a los usuarios que tienen el servicio del gas natural, prestación esencial no solo para las familias sino también para las pymes y grandes empresas. En términos políticos, perjudicaba mayormente a Buenos Aires, un electorado que nadie está en condiciones de dejar de contener.
Pues bien: el radicalismo, según Rozas, lo hizo. ¿Qué hizo? Dejó en evidencia una medida inconsulta y problemática para la aprobación del presupuesto nacional, que por si fuera poco agrava la situación económica de los argentinos que tienen gas natural y, ahora también, de los que no lo tienen.
Escribió Rozas en Twitter: “Lo logramos, el radicalismo consiguió frenar la suba retroactiva del gas. El Estado se hará cargo del monto extra”. 
Pero, ¿en qué nos afecta a nosotros? En mucho.
Como consecuencia de esa jugada del radicalismo, no solo socializamos pasivos privados (producidos por una feroz depreciación monetaria, echando mano a una norma de la Argentina menemista dolarizada) sino que pagamos la sangría de un servicio que nos excluye a todo el NEA, como el gas natural. También asistimos a una nueva entrega en favor de las grandes metrópolis. Cedemos recursos que son de todos, que nos cuestan conseguir y que no alcanzan. Si el Estado paga, esa plata sale de una caja para meterse en otra, asunto que podría terminar en menos obras públicas, menos servicios, menos trabajo, peores salarios y en la postergación, una vez más, de las reparaciones que nos deben. No solo a Corrientes sino a la región.
¿Qué más? Asistimos a la miserabilidad de un senador de la Nación como Angel Rozas que desoye las voces de sus montes para dejarse seducir por el griterío porteño que reproducen los medios. Lo vemos hacer política de la menor estatura con la crisis y el consecuente ajuste al que recurrió el gobierno de Mauricio Macri, que, vaya ironía, el mismo Rozas integra como socio.
(Pobre Macri, además de pánico debe tener espasmos seguido. Tener de socios a Rozas, Aída Ayala o a su comprovinciana ilustre Elisa Carrió debe ser bastante pesado. Le cambian la agenda, le salpican algunos asuntos reñidos con la ley, le marcan la cancha, le digitan funcionarios y también le dibujan límites en su autoridad. Lo raro es que nadie se escandaliza. Cualquier Dady Brieva que se extralimite como Carrió recibe el mote de destituyente. Ella, en cambio, sigue siendo la fiscal moral de la Nación. Cosas que pasan).
También debe ser pesado para el Presidente tener en su “mejor gabinete de los últimos 50 años” a funcionarios como Javier Iguacel, el ex titular de Vialidad Nacional, a quien el fuego amigo apoda cariñosamente “Buzz Lightyear”, por el personaje animado de Toy Story al que dicen que se parece.
¿Quién es Iguacel? Un muchacho que culpa de todo al kirchnerismo. El mismo que sin sonrojarse, contrató a la Escuela de Arte de la actriz Cecilia Maresca para mejorar su oratoria. El mismo que, por ese “coucheo” le hizo gastar 25 mil pesos mensuales por varios meses a Vialidad. Es decir al Estado. Es decir…
Iguacel es el mismo al que se le cayeron dos puentes en Corrientes pese a que cinco minutos antes le habían hecho un informe diciendo que todo estaba regio. (Corrientes sigue sin esos puentes en Itatí, sobre el Iribú Cuá, y en Esquina, sobre el arroyo Guazú. Y una familia misionera sigue llorando a su muerto, víctima de la desgracia de tener que pasar por una provincia pobre, postergada y sin infraestructura de calidad, que no pudo frenar el vehículo de Rogelio Schering, quien murió al caer al agua cuando la camioneta que conducía terminó en el río porque nadie puedo prevenirlo).
Su última escena fue el escándalo por la resolución que transfería a los usuarios de gas la deuda que las petroleras les reclaman a las distribuidoras por la calefacción dolarizada del último invierno. Y como recibió cascotes desde todos los cuadrantes, ¿a que no saben a quién culpó? Exacto: al kirchnerismo. “La mayoría de las quejas por el aumento de gas son de militantes kirchneristas”, dijo en la antikirchnerista radio Mitre.
Pues resulta que sus socios le mostraron que su barbaridad no corre. Que no se trata sólo del kirchnerismo. De hecho, al parecer, las medidas de Iguacel no escurren ni dentro del Gobierno, según dicen, porque el ex CEO petrolero (su ex empresa sería una de las beneficiarias de la resolución trunca) es afecto a puentear sus mandos superiores. Hasta ahora lo banca el Presidente, pero debió callarse la boca y guardarse después de intentar deslegitimar el reclamo social por el asfixiante ajuste y la inflación descontrolada, tildándola de reclamo político. Como si las acciones de su cartera no lo fueran en todas sus formas. En fin…
Por suerte está Carrió, que salió a bancarlo. “Está perfecto (que el Gobierno haya frenado la medida). Era un horror, pero no creo que haya sido una idea de Iguacel”, sostuvo la legisladora días pasados. Menudo favor: Lilita Carrió está diciendo que el bueno de Iguacel puenteó a su superior, el ministro Nicolás Dujovne, que no avisó a nadie, que puso en jaque el acuerdo político por el presupuesto y generó una nueva crisis social-política-económica sosteniendo una idea que no es suya. Genial.

Una matriz histórica

Si no fuera tan trágico todo, Rozas daría para la risa en una serie interminable de “memes”. Pero es trágico, aunque no exclusivo del legislador. Sucede que el chaqueño no está solo en la conceptualización unitaria de este país. La cosa, en lo hondo, va más allá de la entrega de Rozas y de los gobernadores y de los dirigentes radicales, que como alternativa a la embarrada del Gobierno (que exhibe cada vez con mayor frescura su ineptitud) hacen pagar a todos por lo que solo algunos tienen.
El comportamiento de Rozas se verifica a lo largo de la historia con muchos legisladores que cuando llegan a Buenos Aires y disfrutan de los atributos del cargo, son capaces de vender las joyas de la abuela con tal de contentar al patrón -generalmente el presidente o algún líder opositor- y preservar sus privilegios.
No hace falta dar nombres (serían menos las excepciones, claro) pero incluso Corrientes ha dado muestras sobradas de genuflexión política. Y si bien cada tanto se habla del tema, los diputados y senadores no fueron capaces, al menos hasta ahora, de regionalizar sus fuerzas y reclamos y potenciarlos con la suma de sus votos.
Solo por mencionar un ejemplo, el del gas natural, hay que recordar que el primer proyecto presentado en el Congreso para que Corrientes y la zona tengan ese servicio, data de 1960. Lo presentó Augusto Conte (h). Es decir: hace casi 60 años duerme el sueño de los justos.
Y ni hablemos de los gobernadores, muchos de los cuales siguen el mismo mecanismo de entrega ante Nación. Ejemplos también abundan. Y, por el contrario, como escasean los que en verdad disputan los intereses que legítimamente les pertenecen a las provincias, la mayoría se sirve del marketing para disimularlo.
Lo que hay es pura actuación política. Puro acting. En Corrientes pasó hasta hace poco: un socio que después dejó de serlo y que ladraba como el perro a la luna. El asunto es que antes había cedido unos cuantos derechos.
Eso mismo llevó a varios intelectuales a analizar el comportamiento, y como la discusión centro-periferia en este país viene casi como una yapa desde la Revolución de Mayo, podría decirse que está demostrado que el centro no siempre tiene toda la culpa. 
Creer que Buenos Aires, el Gobierno de la Nación, Mauricio o Cristina (o Néstor, o los cinco, o Menem, o Alfonsín, y de allí al principio de los tiempos) son los únicos responsables de nuestros males es correr de la escena a los actores locales, como Rozas y tantos más. Y al correrlos se les concede un salvoconducto que no deberían tener por la traición que hacen de sus votos. Por la traición a su electorado. Por rifar sus causas más nobles.
Rozas, mientras tanto, festeja ser radical y frenar al Gobierno. En el Chaco, su provincia (como en muchas otras, incluida Corrientes) hay más gente en las casas de crédito que en los supermercados. Y cuando no, están en los hospitales, comisarías o en los divanes, tratando de mitigar tanta angustia.
Angel, mientras tanto, tuitea. Antes de festejar eso del gas, festejó en clave medieval por otro servicio: por el agua potable que está llegando en el ocaso del año 2018, a ciertos lugares de su provincia postergada. “Seguimos avanzando para que en #Chaco, más de 16 mil personas del Impenetrable tengan agua potable. #UnMejorLugarDondeVivir cc @frigeriorogelio”.
Arrobar al ministro del Interior Rogelio Frigerio no es casual, por supuesto. Ese acto de alcahuetería es una prueba más de la sumisión a la que se entregan algunos, sujetos por el peso de la decadencia, el desprecio por el otro y las mezquindades personales y protopolíticas.

El aborto de las perras, y los perros

Resulta fundamental, hoy, hacer foco en la sesión que entre el miércoles y jueves posibilitó la primera sanción del proyecto de legalización del aborto. Y hacer notar que hasta parece viable este país con sus instituciones andando.
Es necesario destacar el trabajo de las legisladoras y legisladores que se tomaron su tiempo, escucharon a la sociedad civil organizada y le dieron marco institucional al debate de un tema que hasta ayer nomás era de los más oscuros y mejor guardados. En rigor, un asunto escondido.
Es legítimo, por eso, destacar el valor del presidente Mauricio Macri de poner el tema sobre la mesa y la apertura de la Cámara de Diputados, que asumió su cuota parte para dar una discusión de cara a la gente.
Allí una clave: la madurez política demostrada en todo el proceso no constituye una concesión graciosa de los parlamentarios. Los nuevos derechos, cuando surgen, en general les son arrebatados a alguien que no quiere cederlos. Y esta vez, los diputados y diputadas fueron portavoces de un momento, de un reclamo que lleva años y que tomó cuerpo y desarrolló alas por la militancia de miles de mujeres que, como muchas en este país, pasan a la historia luciendo pañuelos. Ahora son de color verde.

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Es necesario, asimismo, saludar el alto nivel de conciencia democrática de los actores de uno y otro lado que posibilitaron la construcción de la media sanción para un proyecto que salió mejor de como ingresó, porque el texto permeó a extendidos aportes fundados en evidencias, en asuntos políticos antes que metafísicos, en el entendimiento de que lo que se trata aquí y ahora es de una cuestión de salud pública. De la legalidad o clandestinidad de una práctica que existe. Y mata.
El trabajo legislativo hizo olvidar, por momentos, que muchos de estos legisladores generan rechazos. Que muchos son sobrevivientes del que se vayan todos. Del borocotazo. Mercaderes de los pasajes de avión o colectivo. De cupos interminables. Que son privilegiados con dietas de una economía enajenada muchas veces de las crisis del país. Casi no importó.
Se les reconoce, en cambio, el haber afrontado el desafío de tratar un tema que incomoda y atraviesa de manera transversal a partidos, credos y clases sociales. Muchos resistieron a presiones, de uno y otro lado, y entendieron su lugar: que esta vez fueron instrumento de una voluntad popular que está varios pasos adelante de la voluntad política.

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En eso estábamos hasta que aparecieron los legisladores correntinos. Apareció Estela Regidor, comparó a las mujeres con perras preñadas y fue tendencia nacional en todos los rankings de las barbaridades antiderechos. Apareció Julián Dindart con un cinismo que parece perfeccionarse con el tiempo y luego Oscar Macías, que no tuvo mejor idea que copiar el argumento de una filósofa que está a favor del aborto para votar, él, en contra. No apareció Jorge Romero, pues prefirió la mitad de abajo de la medianía y no obstante votar en contra. Apareció Araceli Ferreyra, sí, y dijo a los tropiezos lo que piensa y milita. Luego José Ruiz Aragón, que tribuneó con un documento ajeno pero que le calzó al efecto. Y Sofía Brambilla, que navegó aguas mansas desde lo discursivo, después de soportar ataques arteros del fuego amigo.
Los correntinos votaron 4 en contra y 3 a favor. Y está perfecto. De eso se trata la democracia. Pero más allá del voto, respetable en toda su dimensión, hay cuestiones que no pueden pasar de largo. No se trata sólo del aborto. Se trata de los argumentos utilizados: del cinismo, la hipocresía, la pereza intelectual y la demagogia que ha sumido a nuestra embajada parlamentaria en una mediocridad que avergüenza. Indigna de nuestra propia historia.
Varias preguntas: ¿No trabajan de eso? ¿No tienen tiempo para estudiar los temas o lo que van a decir al respecto? ¿No se pasaron tres meses escuchando especialistas para salir a rebolear desatinos como quien apurado por las tripas se hace encima? ¿Nadie les dijo que eran la voz institucional de un momento histórico? ¿Nadie les avisó que el país estaba mirando? Veamos:

Las perras preñadas
“¿Qué pasa cuando nuestra perrita se nos queda embarazada? No le llevamos al veterinario para que aborte… Lamentamos: uuu. Pero inmediatamente salimos a buscar a quién regalarle los perritos. ¿Si? (¿?)… No sé de qué se burlan”.
Más allá de su posición fervorosamente militada en favor de “las dos vidas”, respetable por cierto, la diputada radical Estela Regidor no puede comparar a las mujeres con perras preñadas. No. No puede decir que las peores fieras tienen a sus crías, porque algunas incluso se comen a sus crías. Pero además porque en el reino animal no está configurada la violación ni el consentimiento, o los problemas derivados de la pobreza y de la falta de educación. Por eso no puede.
Regidor dijo además que no cree en las cifras que expusieron el anterior ni el actual ministro de Salud, pese a que es de su alianza. No cree porque esta vez esos datos hacen trizas sus sesgos. Y pese a que dijo al inicio que tiene “escaso razonamiento”, puso en duda el rigor científico de las cifras aportadas por los científicos.
Dijo bien, eso sí, que toda la situación de vulnerabilidad de las mujeres tiene causas: la pobreza, el sistema sanitario deficitario y la falta de políticas de contención. Dijo que conoce niñas de 9 años que quedaron embarazadas, pero no dijo si denunció esas violaciones, y tampoco recordó que el sistema sanitario del que habla es el sistema que sostuvo su jefe, Ricardo Colombi, con ministros como su compañero de bancada, Julián Dindart, que se fue al Congreso dejando en Corrientes los peores índices de mortalidad infantil y neonatal del país, con hospitales desmantelados donde ni siquiera se podían practicar partos de rutina.
Dijo la diputada, asimismo, que urge educar desde temprana edad, pero olvidó decir que el gobierno de Colombi -o de los primos Colombi-, que se extendió por 16 años desde 2001, no garantizó las políticas de educación sexual integral ni el acceso total a métodos de anticoncepción. En cambio, su mentor apuró una declaración pro-vida cerca de calculadas fechas electorales.
Para cerrar se reservó lo mejor: mandó a sus colegas a leer. A leer proyectos alternativos como uno de su autoría que, según dijo, propone contención para la mujer y, de paso, la adopción desde el vientre materno. Cualquier parecido con el libro de Margaret Atwood, es pura coincidencia. Más allá de todo, “El cuento de la criada” es una muy buena lectura. Inquietante, como las palabras de Estela.

El poeta de las cañadas
El también radical Julián Dindart fue todavía más allá. Con su cara endurecida por una argamasa de cinismo negacionista, comenzó su alocución algo contrariado porque, según dijo, el proyecto pateó formalidades. No dijo cuales.
Se enojó además porque la hipocresía comenzó temprano en el recinto, según dijo. Y por esta razón, tal vez, sintió que él también podía hacer su aporte.
Dijo que camina entre los pobres y que los pobres sienten orgullo cuando conciben hijos. Habló como pediatra -dijo- y por eso me niego a votar la ley. Porque el texto deja afuera de la decisión al padre y la mujer no puede tomar sola la decisión de abortar. No puede, dijo. Es injusto.
Dindart, que en sus épocas de ministro de Salud no sólo empeoró los índices sanitarios sino que dijo que las chicas se embarazan para cobrar un plan (cosa que repitió después siendo titular de la comisión de Familia, por lo cual lo echaron de ese puesto) ahora se escandalizó ante sus pares porque en el debate -dijo- hubo muchas posiciones extremistas.
Reconoció que en los países avanzados la situación del aborto legal lleva a la baja las muertes y el número de prácticas, pero para eso, recordó, primero hay que educar. ¿No se le ocurrió decirle eso a Colombi en su momento? ¿No se le ocurrió plantear esa queja cuando gobernaba el kirchnerismo? ¿No se le ocurrió decírselo a Macri? No. Se le ocurrió ahora.
Tal vez no podía hacer esos planteos, y por eso, para aliviar sus frustraciones, recurre a la catarsis escrita. Y fue entonces cuando reveló que en sus ratos libres se desahoga escribiendo poemas. Y recitó uno de su autoría, justo el 13, día del escritor.
Está inspirado en una madre que abortó, dijo. Aquí un extracto:

Hay dos ojos que me miran
hay pasos que nunca he oído
hay momentos que ya fueron
hay momentos no existidos…

Con sarcasmo agudo, alguien dijo que después de escuchar las aventuras literarias de Dindart, Borges se revolcó en su tumba pidiendo una ficha de afiliación al peronismo.

El copión
Y cuando parecía que ya estaba la cosa, apareció el peronista-sciolista goyano Oscar Macías con un discurso mal leído que estaba condenado a la intrascendencia hasta que alguien lo descubrió.
El cantante con licencia -famoso por ponerle voz al himno de la Fiesta Nacional del Surubí- parece que no tuvo tiempo para armarse una postura y entonces no sopesó mejor idea que ver una charla TEDx y copiarse unas palabritas.
En concreto, a Macías se lo acusa de plagiar pasajes casi textuales de una charla que realizó la ensayista, filósofa y poeta Laura Klein, quien usó los argumentos robados por Macías para manifestarse a favor del aborto legal.
La escritora, además, fue una de las 700 oradoras que opinó en el marco de los trabajos de comisión desarrollados en el Congreso. Al parecer, el diputado no tuvo tiempo de averiguar y lo mandaron, o fue él mismo, por su pereza, al rincón de los más vagos entre los diputados. No se trata aquí sólo de pereza intelectual sino de robo intelectual: una forma artera de no reconocer el trabajo del otro. Así y todo, después de haber sido pillado, dijo que de ser necesario pedirá disculpas personalmente a la escritora. Y hasta se enojó por lo que calificó una ridiculez. Es decir el robo. Curiosa la escala de valores la del diputado.

La nada
Para ser justos, igual, hay que decir que el más “cómodo” de los legisladores correntinos fue Jorge Antonio Romero (PJ), que ni siquiera se molestó en hablar. Como no está obligado a exponer para recibir su paga, se limitó a votar la ley. A votar en contra de ella.

La militante
De nuevo: uno puede estar en contra o a favor no sólo del aborto legal sino de las posturas de los legisladores, pero no se puede dejar de reconocer, en la diputada Araceli Ferreyra (FPV), su militancia activa en la lucha de las mujeres. Su posición, dicha con tropiezos, a las apuradas, con nerviosismo, y apelando a cuestiones más bien legislativas, nunca fue impostada ni mucho menos especulativa.
Fue siempre de frente, al frente. Porque no se puede andar por la vida con el dedito acusador bancando pensamientos de la época de las carretas, argumentó, y descalzó el asunto de las cifras. Es verdad: no hay cifras porque los abortos son clandestinos, bramó, y se ganó unos aplausos. No estuvo brillante, pero se le notó su entrega a la causa y algo fundamental como mínimo: el dominio del expediente que trataban.

Para la tribuna
El más aplaudido fue el kirchnerista “Pitín” Aragón. Con admirable solvencia en el manejo de la escena, y paradójicamente al borde de la jactancia, se autocalificó como un muchacho humilde: alguien sin autoridad para juzgar a las mujeres; creyente, devoto de la Virgen de Itatí y de Dios, a quienes les pregunta, dijo, el por qué de las muertes de las chicas por abortos clandestinos. Aplausos.
Dijo también que le sugirieron “recalcular” su voto porque fue elegido por una provincia conservadora. No es conservadora la provincia; lo son sus dirigentes, dijo. Aplausos. Y después se dedicó a la leer el documento del Colectivo de Mujeres Correntinas, pero esta vez, citando la fuente. Otra vez aplausos, porque la contundencia de ese documento lo eximió de tener que hablar él en nombre de lo que no conoce.

El voto apedreado
La exposición de Sofía Brambilla, del PRO, fue tal vez la más esperada, porque la diputada del frente Cambiemos jugó al enigma hasta que dijo, el domingo 10, que votaría a favor de la ley. Fue entonces cuando le salieron al cruce. Y la cruzaron. El más contundente de todos fue el doctor Alfredo Revidatti, coordinador de Hospitales Públicos, quien por Twitter dijo: “Lamento profundamente esta separación de la diputada Brambilla de los correntinos. Si hubiera sabido no hubiera integrado la lista con ella. Pido disculpas a los que me votaron”.
Pero los ataques no se limitaron a su ex compañero de lista. Quien también opinó fue el ex diputado nuevista Omar Yung. En un posteo de Facebook escribió: “Qué tristeza legisladoras como vos (…) Qué vulgar resultaste. No podés ni empezar a fundamentar tu posición. Renunciá y dale paso a un hombre que representa a los que amamos la vida. Mirá lo que votamos por culpa de las sábanas!”.
Más allá de lo incalificable de su comentario, resulta sugerente que Yung hable de las sábanas cuando él mismo ingresó a la Legislatura provincial como parte de listas electorales que se arman en Corrientes, más pensando en lealtades de servil sumisión con el mandamás de turno que en pericias legislativas o políticas.
También resulta llamativo el bajísimo nivel de republicanismo del doctor Revidatti, que no sólo atacó a Brambilla sino que después, por radio, se manifestó en contra de la anticoncepción pidiendo una educación sexual basada “en valores”. (Y esto sin abundar en el hecho de que se arroga la representatividad de “los” correntinos tomando la parte por el todo).
Si la ley de aborto legal sale, ¿qué va a hacer el doctor Revidatti? ¿Va a renunciar a la coordinación de hospitales o va a dejar su postura personal para aplicar eventualmente acciones de sanidad pública? ¿Qué va a hacer en todo caso el gobernador Gustavo Valdés con este funcionario que, si conoce, no quiere ver la realidad de los jóvenes de este lugar y tiempo? ¿Cómo gestionar un gobierno para todos con funcionarios que ven sólo una parte y quieren imponer esa parte al resto?
Todo esto sobrepasó el volumen de la exposición de Brambilla, que algunos pueden decir que fue auténtica, y otros que fue calculada, escolar, demagógica, con un ojo en las encuestas y otro en su futuro político. Sea cual fuera su motivación, como el resto de los votos, no se mereció el trato que recibió. O sí, porque en todo caso sirvió para hacer caer máscaras. Varias.

***

Para el futuro queda un aprendizaje. Los correntinos debemos asumir responsabilidades y hacernos cargo de los representantes que votamos. No alcanza sólo con la vergüenza ajena que generan quienes, expuestos a un momento histórico, lo desperdician con burradas (o perradas), hipocresías, hurtos, negacionismos, o con pensamientos personalísimos, morales y religiosos, que impiden ver que su rol es el de la representación, es decir, el de la legislación general y para el conjunto. La ley, como dijo Darío Sztajnszrajber -que pronto estará en Corrientes-, debe resguardar una cosa: que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado. La democracia -no hay que olvidar- es lo opuesto a lo absoluto.

La educación de pobres y ricos, canallas y desclasados

CARTA ABIERTA A LA GOBERNADORA MARIA EUGENIA VIDAL

Hola, María Eugenia. ¿Cómo le va, Gobernadora? Espero que bien. Iba a presentarme, pero creo que no vale la pena, ni que a usted vaya a importarle. Sí creo que resultaría útil y, por lo tanto, me gustaría hacerle llegar una historia que sucedió aquí en Corrientes, provincia lejana a la Buenos Aires que usted gobierna. Una de tantas.

Escuché y leí lo que dijo sobre las universidades públicas. Eso de que no fue justo llenar la provincia de universidades “cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina llega hoy a la universidad”. Eso es falso, ¿sabe?, además de canallezco.

Escuché, también, eso que dijo sobre las licencias de los docentes y sobre algo tan importante en este momento: que no será candidata a la Presidencia.

Qué bueno que lo diga, María Eugenia: tener una presidenta que piense lo que usted piensa sería, al menos, un retroceso. Porque no nos gustaría tener una presidenta que todavía no sabe que esto es Argentina y no el jardín de Noruega, Canadá o Suecia, donde se vive ciertamente mejor. O Finlandia, Singapur o Japón donde están los mejores niveles educativos. El punto de partida mayoritario, aquí, queda un tanto más lejos.

Qué bueno, de todos modos, que esté pensando en la plata de los docentes: en lo que deberían cobrar, María Eugenia. Usted fue votada para pensar en cómo gestionar el financiamiento de la educación pública, porque usted está en un gobierno, ¿sabe?, no en una empresa. Porque podemos estar de acuerdo en lo malo de los abusos y del costo de las licencias extendidas, María Eugenia, pero parece un tanto peligroso, además de demagógico -en ese contexto, claro-, ir a decir ante señoras y señores del Rotary Club que usted piensa que están mal algunos derechos que los trabajadores argentinos han conseguido a lo largo de muchos años de lucha. Las licencias, por mencionar una.

No se preguntó, en todo este tiempo, ¿por qué hay muchos maestros enfermos? ¿Por qué no pueden o no quieren dar clases? ¿Por qué necesitamos tantos reemplazos? O, en todo caso, ¿qué hizo usted para cambiar la matriz del problema que no sea la eliminación de derechos o recortes en el financiamiento?

En fin, María Eugenia. Igual, aquí estamos por otra cosa.

Déjeme contarle una historia que conozco: la de un muchacho pobre que se hizo universitario. Le va a encantar, a usted que es una leona, mamá corazón…    

Nació en un pueblo que tenía menos de 10 mil habitantes a finales de la década del 70. En un pueblo chico de Corrientes, o sea, en el interior del interior, donde la igualdad de oportunidades, María Eugenia, no encuentra caminos asfaltados para entrar.

Su padre -el del muchacho-, trabajaba en una fábrica que cerró durante el menemismo. Su madre, ama de casa.

Sumada la miseria de ambos, no llegaba para hacer ni siquiera una pequeña gran miseria.

Con los años -dice el muchacho-, el padre le contó que en la época de Alfonsín conservaba al menos unas monedas que le permitían tener la cabeza despabilada. ¿Sabe por qué? Porque tenían que hacer malabares para gambetearle a la inflación. ¿Le suena?

Con Menem ya no hubo ni eso: ni monedas. El padre tuvo que poner todo su empeño en un oficio que tenía y sabía, porque había estudiado en una de esas misiones monotécnicas con las que el Estado, desde el primer peronismo, trataba de ayudar a la gente de las zonas alejadas o rurales como las nuestras.

El padre, pobre, cuenta el muchacho, hombreaba maderas que labraba en un taller al aire libre, resguardado del sol por la fronda de un naranjo, casi como un artesano, porque se imaginará, María Eugenia, lo que era para esa gente tener una máquina. Y si la tenía, lo que era pagar la energía. Bueno, no se aflija: es más o menos como ahora.

No alcanzaba la plata, claro, por eso el muchacho tuvo que salir a trabajar: tenía apenas 12 años. Vendía quiniela y diarios. Era canillita de El Litoral (como muchos lo fueron para pagarse sus estudios). Y estudiaba. Eso sí. Mucho estudiaba, María Eugenia, porque, ¿sabe qué?, el muchacho tuvo un momento de lucidez, y supo desde entonces que no quería para él eso que le estaba pasando a su familia.

Estudió y trabajó de chico, le hicieron bullying (que entonces no sabía que se llamaba así); algunos docentes lo ayudaban y otros le hacían zancadillas (siempre hubo esas cosas, ¿no?). Pero como el muchacho no se resignaba a que las cosas fueran así y no tenía fuerzas para cambiarlas, viajó a otro pueblo, haciendo dedo, cada semana (todos los lunes y viernes) para seguir estudiando. Los fines de semana volvía a su casa y salía a trabajar para poder costear la comida en el internado de una escuela pública, técnica, que hasta recibía especies como forma de pago. Comprenderá que el muchacho no tenía para bancarse una pensión. Pero el Estado estuvo otra vez allí. Y alguna gente, como la mayoría en Corrientes: gente que sabe dar la mano. ¿Entiende María Eugenia?

El muchacho siguió estudiando, se graduó con honores, fue abanderado, y entonces decidió que seguiría en la universidad. Sabía, por supuesto, que primero tenía que conseguir trabajo, porque no había nada que pudiera sacar de su casa, donde su madre ama de casa y su padre changarín, todavía tenían que alimentar otras 6 bocas. ¿Me sigue?

Pues el muchacho llegó a la Capital, como tantos correntinos del interior. Tuvo un trabajo que le permitió vivir: primero en un cuarto que le prestó un cura caritativo y después en una pensión y después en un departamentito que compartía con otros correntinos y chaqueños, estudiantes todos, pobres también.

Vino la crisis del 99 y tras cartón la de 2001. El Lecop nacional, el Patacón de ustedes, María Eugenia, y el Cecacor nuestro, que valía menos que papel higiénico. Comían salteado, María Eugenia, pero seguían estudiando.

“Teníamos pequeñas alegrías que nos permitían seguir” -me contó el muchacho-: el amor, la amistad, y algo que es casi una obligación entre los pobres: la solidaridad.

Gracias a la universidad pública, Gobernadora, el muchacho pudo salir del infierno. En este caso fue gracias a la Universidad Nacional del Nordeste, que tiene su sede en la Capital, porque Corrientes no tuvo la suerte de que le siembren universidades, ¿sabe?, cosa que evitaría la migración que nos desangra y nos vacía. Gracias a la Unne pudo seguir estudiando y trabajando. Le costó, pero pudo seguir, formar una familia, tener hijos, y hasta proyectar un futuro un tanto mejor para ellos, para sus hijos. No terminó la carrera en tiempo y forma, no, pero después de 14 años volvió, sacó materias y se lió con la tesis. Sigue intentando. Y allí sigue estando la universidad: pública y gratuita.

Sabe qué, María Eugenia: me dicen que el muchacho le mezquina los juguetes a los hijos, pero que gasta la fortuna que no tiene en libros. ¿Se imagina por qué, no?

El muchacho, gracias a la universidad pública, conoció amigos, amigos que le presentaron otros amigos que a su vez le presentaron a otros y fue haciendo una carrera. Le permite vivir, bien a veces: le permite saber que la comida, al menos, no es un problema. ¿Sabe qué?: hasta de vacaciones va. Y sueña con que algún día llevará a sus padres -que no saben lo que es eso-, tal vez a Asunción, que queda cerca. O al Brasil, más distante, pero a la vez más cerca y más barato que Mar del Plata. ¿Se imagina? Sus padres -los padres del muchacho- ¡de vacaciones! De ir, señora, por fin conocerán el mar.

***

El muchacho, María, es primera generación de universitarios en su familia de 7 hermanos. Y decidió quedarse. Porque señora, como usted sabrá bien, uno de cada tres correntinos se va: de su casa, su tierra, de su familia. Se va a Buenos Aires, por ejemplo, porque aquí escasea el trabajo. Aún hoy las oportunidades escasean, María Eugenia, y los sueños andan de a pie, ¿sabe?, y caminan lento, porque la cosa no mejora y cuesta más cada día. A los pobres por pobres, pero también le cuesta a nuestros mejores talentos, y aún a los más pudientes, para quienes esta provincia no tiene las redes de contención suficientes. Ni las necesarias tiene.

No quiero aburrirla, pero deje que le cuente algo: el muchacho trabajaba y estudiaba, y le costaba mucho el inglés. Pero ¿sabe qué?: gracias a la universidad pública pudo hacerlo una y otra vez. Y aprobó. Y gracias a la universidad pública leyó a Arlt, Walsh, Borges, García Márquez y Cortázar; a Hemingway, Capote, Wolf y Dostoievski; a Kafka y a Macedonio. Leyó a Ulrico Schmidl: ¡con eso le digo todo!

Gracias a la universidad pública, un día leyó a Piglia, y este le contó a través de uno de sus personajes que también a Arlt le costaba el inglés, por lo que, para leer literatura de afuera, “ilustrada”, el “maldito” leía traducciones. ¡Qué le parece!

Gracias a la universidad pública, me dijo el muchacho, puede discrepar con usted, María Eugenia. Tal vez no le importe, pero para este muchacho, que haya universidad pública en Corrientes no es una “prioridad equivocada”. Ojalá siembren más universidades en toda la provincia, porque como las carreras están mayoritariamente concentradas en Capital y en Resistencia, se abusan los inmobiliarios. Cuesta mucho alquilar una casa pequeña, un departamento o una pensión. Y ¿sabe qué?: en Corrientes hay cerca de 50 mil universitarios. Este año se inscribieron 21.865. ¿Sabe cuántos alumnos había hace 50 años?: había sólo 1.409. Ahora egresan anualmente cerca de 3.000 profesionales.

La Unne, además, da trabajo a 4.898 docentes y a 1.869 no-docentes. Casi sin presupuesto, en tanto, se las amañaron para crear gabinetes de investigación, con todo lo que eso significa. Pero hay más: unos 7.100 alumnos y alumnas estudian en las universidades privadas.

¿Se imagina lo que es eso para nosotros, María Eugenia, una provincia que aún hoy tiene el 40 por ciento de su población en la pobreza y el 10 por ciento más en la indigencia? Uno de cada dos, María…

La universidad pública le dio a ese muchacho una oportunidad. Se las da a miles de argentinos. De hecho, en Corrientes y Chaco estudian personas de muchas provincias. En las caras de esa gente se nota cuándo desayunaron y cuándo no, María Eugenia, pero van. Tenemos el mate, que sirve para la mañana, la siesta, la tarde y la noche. Para engañar al estómago y espantar al sueño. Si pueden comprar yerba, habrá para seguir soñando, pero despiertos. Para creer que es posible un mañana mejor.

Tal vez algunos tarden largos años y otros no se reciban nunca, pero ya no serán los mismos.

El muchacho que le cuento, María Eugenia, no fue el mismo después de leer el primer apunte fotocopiado. No fue el mismo después de leer a Tomás Eloy, Caparrós, Guerriero, Licitra, Cabezón Cámara o a Alarcón. No fue el mismo después de Lope de Vega: mire que lo que digo. De García Lorca. O de Godoy Cruz, que además daba clases en la facultad a la que iba. ¿Se imagina un pobre con esos libros? Conocer de Velázquez, saber de Rubens, Da Vinci, Picasso, Van Gogh, Goya, Monet o Manet…

Me contó una vez que sus cuadros preferidos son los románticos y heroicos. Le gusta mucho “La balsa…” de Géricault; “La libertad conduce…” de Delacroix; o Marat pintado por David. Si no fuera por la universidad pública, ese pobre muchacho, o muchacho pobre, no sabría de la Bauhaus, ni de Kandinski, ni de Pollock.

Me contó que una vez viajó a Cachi, Salta, donde estuvo estos días el Presidente. ¿Y sabe qué? Allí, en esa altura rocosa donde el diablo perdió el poncho, vio un par de niños collas con sus computadoras proveídas por el Estado. Estaban estudiando mientras cuidaban sus cabras.

¿Se figura lo que es eso, María Eugenia, para “los caídos” en la educación pública? Si no se hace la idea, sepa que mucha gente antes que usted, María Eugenia, no sólo lo imaginó, sino que lo llevó a la práctica, e hizo de Argentina un país distinto a los demás, donde la educación a secas, y más aún, la educación superior, es una cosa para pocos, como sugiere su pensamiento elitista, un tanto desclasado, que parece querer arrebatarle a los pobres tal vez la única puerta de salida que le ofrece el Estado cuando no llega tarde.

¿Sabe qué pasa cuando el Estado llega tarde, Gobernadora? Traslada a esos pobres en ambulancias o patrulleros a poblar terapias o calabozos.

La educación pública, la universidad, María Eugenia, en Corrientes provee como pocas cosas un aspiracional histórico: la movilidad social de los que no tienen dinero, pero sí tesón e inteligencia y eso que usted dice, citando a Einstein, que es la fuerza más grande del universo: la voluntad.

La historia de este muchacho que le cuento, María Eugenia, se repite por miles en Corrientes, como en toda la Argentina. Casi le diría que en esas historias se condensa el modelo meritocrático del que habla Cambiemos, ¿o eso es puro verso, eso también, María?

Bueno: no me haga caso. Pero, ¿me creería si le digo que aquí hasta los ricos estudian en la universidad pública? Es más, de allí salieron muchos de los dirigentes que integran Cambiemos, ¿sabe? Más aún: de ahí salieron muchos de los votos con los que Macri ganó el país y usted la provincia, María Eugenia. De la universidad pública salieron nuestros gobernadores, ¿sabe?, socios políticos suyos además, y una gran cantidad de funcionarios que cuando eran chicos, señora, eran pobres. Son los nombres propios de la movilidad social ascendente.

En fin. No quiero molestarla más. Usted ya tiene bastante poniéndose botas de goma y jeans y tapados de leona para ir de safari a las zonas carentes de Buenos Aires. Si viniera de safari a Corrientes, María, vería que de esos caseríos marginales salen pibes que van a la universidad, que trabajan y estudian y casi no comen y casi no duermen. Y pibas que, además de todo eso, en algunos casos tienen que criar también a sus chiquitos. Ideal para las selfies que tanto le gustan, señora.

***

P/D: Gobernadora. Me dijeron que sus lecturas favoritas son las novelas de Hosseini, y que le gusta mucho Jeffrey Archer y también Sidney Sheldon.

La lectura del muchacho que le cuento, María, es una especie de biblioteca mínima para las carreras de Comunicación, porque, me olvidé de decirle: siempre soñó con ser periodista, y viajar, conocer gente y lugares, tratar de señalar sandeces, custodiar valores -como los de la educación, por ejemplo-, y eventualmente alguna vez entrevistar a un presidente. ¿Qué le parece? ¿Nada mal, no? Nada mal para el hijo de un carpintero y una ama de casa. Para un muchacho nacido en el interior del interior, en un pueblo pobre de una provincia pobre insertada en una de las regiones más pobres de la Argentina.

Hay mucha voluntad ahí, María Eugenia, pero no sólo eso: también allí estuvo siempre la educación pública. Y gente que supo tender la mano.

Que le vaya bien, Gobernadora. Reciba nuestros pobres saludos desde Corrientes.

Tassano y la culpa de los ansiosos

Para el intendente Eduardo Tassano, la culpa de todo, por poco, la tenemos nosotros, los ciudadanos. Por pedirle que gobierne. Que su gestión arranque de una vez. Que haga algún que otro pavimento o bacheo. Que gestione. Que asista a los vecinos en sus necesidades. Que no maltrate a los empleados. Ni a los funcionarios (puesto que hay quienes no aguantan y se van). Que remita los informes que se le piden. Que proyecte y que de una vez se haga cargo del cargo, que también viene con obligaciones. Como el durazno con pelusa.

El domingo pasado, por televisión, el intendente Eduardo Tassano gastó cerca de 30 minutos de valioso aire para justificarse ante la audiencia. No hay plata. Todo es un desastre. Y la culpa es de otro. Del otro. Del anterior.

Se quejó de la herencia recibida. De 350 millones de pesos en deudas. De un rojo mensual de 20 que se redujo a 14 millones de pesos y que, según dejó entrever, maniata su plan de acción. De deudas escondidas por el estropicio que produjo Fabián Ríos, según denunció. De una superpoblación de agentes comunales mal distribuidos que se consumen más del 70% de los recursos. Cargos políticos, según le gusta decir.

Justificó la ineptitud de algunos de sus funcionarios. Dijo, sonriente, que se debe a la juventud, y a una supuesta falta de experiencia. Pero como Macri, sugirió que tiene el mejor equipo de los últimos años. “Muy técnico”. “Estoy muy conforme”. Pidió tiempo. Están precalentando.

Dijo que lo que la gente llama “falta de gestión” es en realidad ansiedad (de la gente, claro). Que el plan hídrico es un éxito. Que los estacioneros de la Axion de España y 3 de Abril le cargaron gratis el tanque de su vehículo porque rebosaban de alegría. Tenían motivos: había escupido un loro y la esquina, famosa por sus lagunas, esta vez no se inundó. Esa vez fue la de la tarde-noche del 3 y 4 de mayo: llovió 32 milímetros.   

Un tanto contrariado por esa ansiedad de la gente que reclama, después de haberlo votado, hizo una serie de observaciones inquietantes:

-¿Quién dijo que la Municipalidad tiene que hacer obras? -preguntó.

-Ese es un concepto instalado -dijo, y agregó-: El éxito de la gestión está en la planificación, en dejar una ciudad para el futuro. Saber hacia dónde vamos.

Tal vez tenga razón. Si el éxito está allí, podemos planificar y no ejecutar, total no haría falta…

Después dijo que se hace asesorar por el ministro Carlos Vignolo y que con él están revisando el plan de obras que dejó el ex intendente. Un tanto raro, puesto que Vignolo tal vez haya sido el jefe comunal capitalino más intrascendente de por lo menos las últimas dos décadas, producto, hay que decir también, de la feroz disputa entre los primos Colombi: Arturo y Ricardo.

Que Vignolo haya dejado un plan, quiere decir que tenía un plan. Algo es algo, al menos para la historia.

Pero vamos a lo que importa ahora. El presente y el futuro. Al pasado hay que soltarlo. Estudiarlo, sí, para no volver a cometerlo, y avanzar una vez aprendido cuáles fueron nuestros errores. El problema es, como decía Marcel Proust, que “a veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas”.

La clase política ensaya decisivamente este estado de cosas. Ni mira el pasado y poco le importa el futuro, más que el futuro cercano que incluya, eventualmente, una reelección o un ascenso en la pródiga escala gubernamental. Cierto es también que en muchos casos ni siquiera importa eso. Hay administradores del erario comunal-provincial que se contentan con llenar sus bolsillos a costa de los programas de desarrollo, del bienestar de la gente, haciendo negocios con o contra el Estado. Lejos están de tener una mirada superadora, comunitaria, democrática. No les importa. Un pueblo interesado, culto, podría ser un peligro, así que mejor así como estamos…   

Pero volvamos a Tassano. La culpa de todo no la tienen los ciudadanos. Es más: la culpa no siempre es del otro. Gobernar es su obligación, que para eso se lo votó. Tuvo un largo tiempo de preparación y todavía está reponiendo gabinete. Ya va siendo hora de salir a la cancha.

Es cierto que lleva pocos meses en ejercicio, pero con los planetas alineados y con un Estado provincial que vela por los capitalinos, cosa que no hizo su jefe político, Ricardo Colombi, y que tampoco hizo Arturo Colombi, cuando era su jefe político. Que le pregunte sino a su otro jefe político, Carlos Vignolo.

Vignolo padeció la mezquindad de Arturo, que no hizo más que seguir la lógica de Ricardo, que hizo padecer su mezquindad asfixiando a Nora Nazar, a Camau Espínola y a Fabián Ríos.

Lo malo de todo eso es que las facturas mayores no son políticas, sino sociales. Nora, Vignolo, Camau o Fabián tienen resueltas sus vidas. Pero los vecinos de la Capital todavía se inundan, todavía rompen sus autos en las calles deterioradas, todavía caminan sobre barriales eternos, demandan por servicios y por obras de infraestructura básica que les mejore al menos un poco la calidad de vida.

Esta es la parte de la historia que no deben olvidar los que creen que sólo el kirchnerismo es la razón de nuestros problemas. Aquí, en Corrientes, también cuentan los 16 años de gobiernos enfrentados a la Capital. Y todos fueron radicales. 

Es un dato de la realidad que hemos vivido y que debemos cambiar, abandonando nuestra inocencia en el debate político, o nuestra malicia, o nuestro cinismo, o la grieta reductora que hace ver el mundo de modo binario. Necesitamos pensarnos de nuevo, pero con grandeza, sin mentiras.

Que los vecinos reclamen acción, entonces, tiene relación con cierto hartazgo, pero también con una expectativa que crearon el propio Tassano, el propio Colombi, el propio Macri.

Pues ahora que cumplan: que muestren que la alineación Nación-Provincia-Municipios de verdad existe. Que no fue sólo una expresión de deseos de alta cotización en las lides electorales. La ansiedad no nació de un repollo, si es que la hay. Debería saberlo ya el doctor Tassano.

Los vecinos tienen necesidades. Tienen derecho a vivir mejor y a no volver a ser estafados. Los empleados tienen derechos, no sólo los funcionarios.

Los empleados son trabajadores que no se merecen ser menospreciados por su militancia política. Tassano despidió a cientos de agentes que venían de la gestión anterior porque eran empleados políticos, dice, y repite. Llamativo, porque Tassano también es un empleado. Y político. Llegó a intendente ostentando condición de tal. Y gracias al trabajo de muchos militantes políticos: radicales, o del PRO, o de los tantísimos partidos de la alianza ECO+Cambiemos.

Decir que los empleados de la gestión anterior son políticos, y agregar con ello una sazón hedionda, es escupir para arriba. Porque la política es la herramienta. Siempre. Y además porque los empleados que supuestamente sobran fueron reemplazos en muchos casos por otros empleados, algunos (bastantes) de los cuales son parientes directos de los jerarcas de la nueva administración. Nepotismo puro y duro.

¿Opusieron antecedentes, o rindieron estos sus aptitudes para entrar a la esfera pública, o son sólo militantes que han sido premiados por su esfuerzo electoral? ¿Cuál sería la diferencia para que los otros empleados sean políticos y estos no?

Si es por achicar o eficientizar el gasto -materia loable y necesaria para equilibrar las cuentas-, podrían hacer el esfuerzo de buscar otros argumentos.

Hay más. Si Fabián Ríos “no pagó nada”, como dijo Tassano el domingo, por televisión, en el programa “Equipo de Noticias” que conduce Carlos Simón por Canal 13, ¿por qué no lo denuncia? ¿Qué espera?

-Los últimos meses no pagaba nada, así era fácil -se quejó Tassano, casi chillando.

Decirlo por la tele, pero no justificar la denuncia ni elevar planteo a la justicia, también es fácil. ¿O no?  

¿Si el Municipio es inviable, tiene un rojo mensual millonario, por qué avanzó primero con una jugosa actualización salarial de los funcionarios? Dice que están revisando las cuentas y renegociando contratos a la baja. Y que ahora paga menos de teléfono. Empezó el saneamiento. Es un alivio. ¿Alcanzará?

Ahora, ¿hasta cuándo hay que financiar la inexperiencia de los funcionarios? Si tiene, como Macri, el mejor equipo de los últimos años, como dijo alguien por ahí, ¿por qué no pone a los titulares?

Al Estado no se lo desfalca sólo con una burocracia corrupta y ladrona. También se lo desfalca con una burocracia ineficiente y cara.

Tal vez haya mucha ansiedad y el doctor Tassano esté en lo cierto. Tal vez haya demasiada expectativa puesta en él, en su gestión, y tal vez allí esté el error. Ojalá que no, porque falta mucho para que termine lo que empezó hace 5 meses.

También hubo un error cuando salieron, literalmente, a abrir el paraguas antes de que llueva. Salieron a festejar que la ciudad no se anegó con 32 milímetros de lluvia y resulta que con 40 fue un caos. Y la estación de servicio que le regaló un tanque de nafta una semana antes, ahora volvió a inundarse.

¿Le mandarán la factura? ¿Racapacitará el doctor Tassano y pagará su combustible? ¿Si está dispuesto a aceptar que le llenen el tanque gratis, estaría dispuesto a aceptar otro favor o dádiva en cosas más importantes?

Hay quien dijo que los errores de comunicación se pagan caro, a la larga o a la corta. Allí, a mi entender, hay otro error: festejar que una esquina no se inundó con 32 milímetros de una lluvia perezosa no es un error de comunicación. Comunicar eso es un error político. Como creer que sanear esa esquina (céntrica, para variar, donde circula y trabaja mucha gente, pero donde no vive casi nadie) es sanear toda la ciudad. ¿Y los barrios? ¿Y los barrios de los márgenes? ¿Y las calles de tierra? ¿Y las zanjas? ¿Y los pastos? ¿Y la basura?

Por último. ¿Quién dijo que la Municipalidad tiene que hacer obras?, preguntó el domingo Tassano. El éxito de la gestión está en la planificación, en dejar una ciudad para el futuro, argumentó. Tiene razón, sobre todo en esto último.

Ahora, si no es mucha molestia, estaría bueno saber cuál es la ciudad que pretende dejar el doctor corazón. ¿Cuál es la ciudad que perfila la gestión que encabeza? Porque, al momento, sólo conocemos la ciudad que está pensando remozar y ampliar la Nación y los planes que tiene el gobierno de Gustavo Valdés, planes que si se concretan, romperán, para beneficio de los capitalinos, la lógica de sus antecesores inmediatos.

También hay algunas iniciativas privadas, pero ¿y la Municipalidad?

Con respecto a las obras podemos discutir, largo y tendido. Porque no fue eso lo que Tassano dijo en campaña. En campaña habló de obras y de servicios y de planes ambiciosos.

Ya en la campaña de 2009 fue bastante ambicioso. Prometía mil cuadras de asfalto. La gente no creyó. Ni Vignolo, que entonces era intendente y adversario, creía posible esa barbaridad, y salía en cuanto medio tenía a su alcance a ridiculizarlo. Lo bautizaron Pinocho.

¿Qué pasó en este tiempo? Tassano quería hacer asfalto en pleno gobierno de Cristina Kirchner y ahora que tiene a su socio Mauricio Macri en la presidencia ¿sólo quiere hacer maquetas? ¿De verdad piensa lo que piensa o es una manera de justificar las dificultades que ve por delante en medio de la crisis que atravesamos?

Además, pensándolo bien, si la ciudad sólo necesita un planificador, ¿para qué votamos un intendente, vice, concejales? ¿Para qué la ciudadanía, con sus impuestos, está pagando un organigrama comunal enorme? ¿No sería más barato y eficiente pagar los honorarios de consultoría de Tony Puig, que estos días anduvo por Esquina y que tiene probado que sabe de ciudades?  

¿Qué pensará el doctor Emilio Lanari de todo esto? ¿Qué hubiese pasado si él encabezaba la fórmula y resultaba electo intendente?

Contrafáctico. Lamentablemente.

Fin. Ojalá estas líneas, con el tiempo, sean sólo un emergente del inconformismo, como advierten los pasantes de trolls de la Comuna, que se andan reproduciendo. Ojalá arranque la gestión y descalce las críticas. Estas y las que puedan surgir. Ojalá sea antes de que de verdad cunda la ansiedad y exteriorice sus tensiones.

Nación, Provincia ¿y Municipio?

Y¿Arranca o no arranca? No se trata de una publicidad de bujías: se trata de la marcha institucional de la Municipalidad de Corrientes. ¿Comenzó en diciembre o sigue en los prolegómenos? Es una pregunta que surge no sólo de un requerimiento periodístico ante tanta quietud, sino de una sensación de vacío que tiende a generalizarse entre los propios vecinos.
Tal vez haya un problema de base. Las elecciones comunales del 4 de junio de 2017 que catapultaron al doctor Eduardo Tassano, ocurrieron demasiado tiempo antes del traspaso de mando que se concretó el 10 de diciembre. En el medio habría de realizarse, además, la otra gran elección: la que consagró a Gustavo Valdés como sucesor de Ricardo Colombi.
Ante tal circunstancia, Tassano no tuvo opciones. Comenzó y terminó el 2017 haciendo campaña. Prometía y prometía, porque corría desde atrás en todas las encuestas.
Mientras prometía, un dilatado temporal de lluvia inundó gran parte de la provincia y casi que ahoga a la Capital. Le vino como anillo al dedo: aprovechó cada milímetro de agua caída para machacar sobre supuestas falencias de la gestión de Fabián Ríos, que luchaba por seguir.
El agua fue una bendición para Tassano. O su cruz. Porque ganó las elecciones, pero ese éxito debía pagarse inmediatamente con cuotas altísimas de participación en la campaña de Valdés. Había que poner su imagen y prestigio al servicio de la madre de las batallas. ¿Cómo lo hizo? Siguió prometiendo.
Ganó Valdés. Asumieron ambos. Y cansados de repetir las bondades de la alineación Nación-Provincia-Municipios, fueron puestos a la tarea de gobernar.
La Nación parece muy interesada en la provincia. Desde Mauricio Macri para abajo, siguen viendo a Corrientes como un atajo para el proyecto reeleccionista del Presidente. Con poco se puede mostrar mucho, y ello sustenta las palabras del líder de Cambiemos: la del Taragüí como uno de los motores del desarrollo regional.
El Gobierno provincial también se muestra encaminado en ese sentido. Desde Gustavo Valdés para abajo, hablan de proyectos concretos, de obras. Muchas de ellas se harán en Capital, lo que constituye un cambio sustancial en relación con los 16 años de colombismo. Se proyecta sobre la ciudad para recuperarla, embellecerla y ampliarla.
La única administración de la tríada política ideal que no entra en eje es la Municipalidad de Corrientes. Como que no encuentra su lugar.
Después de tantas promesas, Tassano o los suyos parecen paralizados, desbordados. Y en vez de empezar por las respuestas, empezaron por ensayar excusas, tocando fibras sensibles como el trabajo y el salario resultante.
En el amanecer de la gestión ya hubo problemas con los empleados. Se denunciaron casos de maltrato y abuso de autoridad, inconvenientes con la obra social y un escenario incierto para un gran número de trabajadores que temen posibles cesantías.
A muchos se les cortaron los recesos. Se le cuestionaron los uniformes que venían de la época anterior. En paralelo se realizó un censo. Control, control y más control. ¿Está mal? Quizás no. ¿Sirvió para algo todo ese desgaste? Todavía está por verse. En la Comuna dicen que sí, que sirvió, y señalan una larga lista de bondades.
“Hay que conocer el personal para mejorar las prestaciones”, sostiene el Intendente. Tiene razón. Pero en el medio ocurrió lo de los maltratos.
Fueron especialmente hostigados algunos empleados identificados con la gestión anterior: se los acusa de no trabajar. De ñoquis. Pero a la vez, hubo un festival de nombramientos de entrecasa. Nepotismo, que le dicen.
Se prometió un plus. Se prometió ampliarlo. Pero ya se le bajó el pulgar a la “dádiva”.
Tassano prometió un plus desdoblado de mil pesos en dos cuotas de 500: se pagó en enero y febrero. Pero ahora su exégeta comunicacional, “Cuqui” Calvano, descartó toda posibilidad de seguir pagándolo durante el año, como se había deslizado en las campañas. “No está prevista la posibilidad de prolongar el plus durante el año; no es algo que tengamos en consideración”, dijo. Punto.
Sigue “Cuqui”: “Tenemos una situación financiera complicada. Hay un déficit importante y con eso es muy difícil”, dijo hace unos días por radio.
Es la cantinela que viene desde la campaña electoral, que se intensificó durante la transición y que ahora, desde diciembre a esta parte, parece ser la tabla de salvación de una gestión en ciernes: culpar al otro, defenestrar el pasado, quejarse de la falta de recursos y en el mismo acto, esconder la quietud, cierta desidia y el déficit de servicios. 

***

Puede que no haya recursos. Puede que Ríos haya desfalcado: pues entonces que lo denuncien en la Justicia, no en los medios.
Pero, ¿no era que la alineación se constituiría en la solución a todos los problemas de postergación de Corrientes? ¿Qué hace tanto tiempo Tassano en Buenos Aires, en todo caso? ¿No le hacen caso? ¿No le dan respuestas? ¿Qué es lo que gestiona? Por ahora, sólo se lo ve de claque.

***

Despejados los primeros nubarrones con los trabajadores, llegó la primera tormenta fuerte, una tormenta de verdad que puso a prueba “la gran promesa”. La ciudad volvió a anegarse, con lo que quedó al desnudo el punto que sustentó toda la campaña de ECO+Cambiemos en Capital: el plan hídrico.
Mientras llovía y se inundaba, para ir a lo primero, la Municipalidad tardó una eternidad en dar respuestas. Y lo hizo después con ayuda de la Provincia. No está mal, pero hay quien dice, cerca de Valdés, que el gobernador tuvo que zamarrear a más de uno para que despabilen y salgan a ayudar.
Tras cartón, Nación y Provincia, hace unos pocos días, hablaron del plan hídrico. Del plan provincial que está en ejecución, y del plan local que están en veremos.
El ministro Jorge Vara, después de intercambiar con tonos adustos con el ingeniero Luis Tassano, subsecretario de Obras Hídricas de la Municipalidad, corrió el velo al asunto: el plan hídrico municipal todavía está en etapa de diseño. “Estamos concluyendo el proyecto”, dijo ante el intendente Tassano, ante el gobernador Valdés y ante el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña. Tras eso,  el jefe comunal se llamó a silencio.
¿Qué fue entonces lo que presentó el médico cardiólogo en campaña? Una promesa.

***

Planificar la ciudad, o trabajar en grandes obras -sería necio no admitirlo-, no se logra de un día para el otro. Tampoco podría hacerlo sólo la Municipalidad: eso lo sabe cualquiera. Cualquiera. Por eso siempre es conveniente medir las palabras en la campaña.
Tassano hizo caso omiso, o lo que pudo. Y operó en campaña regido por el teorema favorito de Colombi. El teorema de Baglini, que dice: “El grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”.
Quizás prometió más de la cuenta. Quizás estuvo obligado. Quizás pensó que no llegaría. Pero hace rato que está en el gobierno, y da la sensación, sólo mirando la agenda de la semana que acaba de terminar, que las gestiones y obras que están sosteniendo a Tassano son las que el Gobierno está diseñando y ejecutando en Capital.
¿Y eso qué tiene de malo? A priori nada, pero revela que de la tríada electoral exitosa, Nación y Provincia están en plan de trabajo; y que la Comuna es por ahora sólo una circunstancia geográfica de proyectos políticos mucho más grandes.
Los vecinos, muchos de ellos, ya empezaron a hacer notar sus quejas.
Quizás llegó el momento de que el intendente empiece a trabajar de verdad en su gestión. Que entienda que en Buenos Aires no están todas las respuestas. Eso es lo que advierten incluso sus socios políticos, que no tendrán mayores problemas en dejar de serlo si es que lo que trama cerca de Balcarce 50 es algo más que una obra o servicio.

***

-¿Y? ¿Arranca o no arranca? -pregunta el locutor.
-Siempre arranca -se responde.
Ojalá que éste también sea el caso.

¿Comenzó el gobierno de Valdés?

 

Cómo deberá medirse el éxito de la gestión de Gustavo Valdés? ¿Sólo con prudencia administrativa, con orden interno, paz social, gobernabilidad y anuncios, como hasta ahora? ¿Contando la cantidad de visitas de funcionarios nacionales, incluido las del Presidente, que se han convertido casi en una olimpiada en la época de Ricardo Colombi?.
¿Se lo medirá por sus gestos y actitudes, que vienen dando señales de cambio en sólo dos meses de mando, o se lo medirá por concreciones, que aún no aparecen, y que son en todo el mundo las variables más aceptadas de aptitud, eficiencia y crecimiento colectivo?
A juzgar por lo que dice el Gobernador, sería por esto último.
Por ahora son como bosquejos. Son planes. Esquemas. Proyectos. Ideas sueltas con pretensión de materialidad, pero nada más. Dejan ver, eso sí, una especie de horizonte, un objetivo, una meta más allá de la permanencia en el poder, que también talla en el amasijo.
Valdés habla de la autovía urbana de la Capital, que debería empezar a ejecutarse el mes próximo. Habla de poder continuarla: de la circunvalación Capital, para que la autovía sea efectivamente urbana y la Ruta 12, desde Riachuelo a Perichón, o más adelante, tenga una senda alternativa que descomprima la carga vehicular diaria que circula por la zona.
Habla de una autovía segura, hasta Empedrado o Saladas, y desde Capital, al Norte, hasta por lo menos Paso de la Patria, o Itatí.
Habla de un segundo puerto nuevo, en la zona de El Sombrero. De reacondicionar el puerto de Capital e incluso echar mano a la escuela de formación de mecánicos, técnicos y navegantes.
De habilitar lo antes posible el puerto de Itá Ibate.
Habla, por supuesto, del segundo puente, que está en vías de licitación. Con plazos increíbles, no porque no sean los plazos, sino por los aplazos consuetudinarios que sufrió esta obra largamente anhelada por los correntinos y chaqueños.
Valdés habla de una Capital mimetizada con las ciudades que la circundan. De iluminación de rutas. De caminos seguros. De transporte integrado.
Habla de extender la avenida Independencia hasta la zona del barrio Laguna Brava.
Habla de recuperar la Terminal de Ómnibus, reacondicionando el lugar que hoy ocupa, generando un nuevo ingreso por donde antes pasaba el tren. Se aferra al lugar, pese a que alguno de sus ministros sugirió reubicarla a Santa Catalina o donde hoy funciona el Mercado Central, en cercanías de la rotonda.
Habla de un aeropuerto, de defensas y obras costaneras en Ituzaingó y Apipé, y de otros aportes que debería derramarse de la Entidad Binacional Yacyretá.
Habla de la recuperación de puentes y rutas, de la construcción de rutas nuevas. De los planes de saneamiento y del plan hídrico: el provincial que recitó con solvencia el viernes el ministro de Producción, Jorge Vara, y el de la ciudad, que está en proceso, pero que, al parecer, será posible gracias a varios-muchos aportes técnicos y económicos del Gobierno provincial.
Según Vara, y respecto al plan hídrico de Capital, “estamos concluyendo el proyecto”.
– “Si bien hay medidas que se han tomado en consonancia con el mismo, es muy grande la intervención que se requiere y los mecanismos son variados. De todos modos, lo más claro es que tenemos que mejorar los ductos de desagüe, porque la Capital tiene las condiciones naturales para que escurra hacia el río Paraná. Es decir: tenemos que trabajar en los conductos de escurrimiento. Es un trabajo costoso y muy importante, por lo que vamos a necesitar un periodo de tiempo para definir en su totalidad el proyecto”.
Hay allí una novedad, porque el viernes, justamente, durante la visita del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que se publicitó como para anunciar el plan hídrico de la ciudad, la cosa cambió en el aire. Se habló del plan hídrico, pero provincial. Un plan que ya fue anunciado y que ya está en obra, en muchos de sus puntos.
Se mencionó el plan de la ciudad, que, en palabras de Vara, aún está en evaluación.
Queda claro no obstante que la provincia se hizo cargo del combo, y para colmo, el intendente Eduardo Tassano guardó silencio. ¿Qué pasó allí? La pregunta es tan inquietante como otra, aunque menos grave, que tiene que ver con Peña:
¿A qué vino el Jefe de Gabinete? Más aún: ¿A qué vino Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios?
Lombardi ni habló. Y Peña, primero en conferencia y después, tras un recorrido que hizo por el Instituto de Cardiología, no repitió más que las frases de la campaña: adelante, juntos, cambio, codo a codo, trabajo en equipo, Nación-Provincia-Municipio.
Es verdad que hubo una reunión en casa de Gobierno y también un almuerzo en un hotel boutique de la ciudad. Casi seguro que allí está respuesta de la visita del Jefe de Gabinete. Casi seguro que existe una razón lo suficientemente importante como para mover una nave de la flota oficial para un paseo de 4 o 5 horas por Corrientes.
Casi seguro que en esos encuentros están las claves de lo que vendrá: el viaje del gobernador Valdés con el presidente Mauricio Macri a México, la visita de Valdés a la asamblea legislativa nacional que hará variar el protocolo provincial, después de muchos años. Y tal vez los anuncios que se harán el 1 de marzo ante la propia asamblea, cuando tenga que trazar el plan de acción anual del Gobierno de Corrientes que, después de 16 años, no será el plan de Ricardo Colombi.
¿Por qué no sería el plan de Colombi? Porque no lo es.
Un solo detalle confirma el perfil de este segmento de obras que pretende poner en marcha y eventualmente inaugurar Valdés: la mayoría involucran a la Capital, departamento sistemáticamente postergado por el ex gobernador.
Pero más allá de ello, otro asunto sustenta el modelo Valdés: muchas de las obras, planes y financiamiento que pretende lograr el Gobierno para poder anudar sus objetivos devienen de un posicionamiento distinto en relación con Yacyretá. Es el gran perfil esbozado por el Gobernador: hacer que la Entidad Binacional corresponda a Corrientes como no lo hizo todo este tiempo, por distintas razones. La mayoría de ellas políticas.
Según altas fuentes de Casa de Gobierno, ya hay algunos avances en cuanto al reclamo que hizo Valdés cuando asumió: conseguir dividendos, en especie y en efectivo, en concepto de regalías. Se trata, en rigor, de una vía de financiamiento genuina que, de conseguirse, constituiría una línea alternativa a la histórica: esa que incluye ir a postrarse ante el mandamás de turno sin que importen razones ni derechos.

Corrientes: zona de promesas en tiempos de ajuste

El 2017 fue un año importante. Pero como el Tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su consentimiento, habrá que dejarlo en reposo para darle luego su valía específica. No obstante, el fin de año demanda un balance. Y aquí hay uno.

Cada cual puede y debe tener su propia visión de las cosas, lo cual impide ensayar un análisis totalizador. Igualmente, desde el punto de vista institucional -que es más o menos la directriz que siguió esta columna a lo largo del año-, hay mucha claridad:

—Desde 2001 hasta hoy, Corrientes mantuvo su institucionalidad en manos correntinas, en hombres elegidos por el voto popular (sí, hombres, todos los gobernadores correntinos fueron y son hombres: blancos, católicos, heterosexuales). Tal continuidad de 16 años no registra antecedentes inmediatos. Ya son cinco los gobiernos elegidos democráticamente, en forma sucesiva, sin interrupciones de ninguna naturaleza.

—El fantasma de las intervenciones federales, que azuzó hasta en las épocas de Arturo Colombi (sobre todo por el sanguinario internismo de los primos y la actuación de ciertos sectores del Poder Judicial) parece hoy alejado de esas costas, producto de una madurez relacional entre elementos de la clase dirigente, pero también del fortalecimiento de las bases políticas, y de una gobernabilidad robusta que abreva en la paz social.

—El 2017 marcó asimismo el fin de la Era de los Colombi. Después de 16 años, ningún mercedeño-pariente con ese apellido gobierna Corrientes. Y lo que algunos acólitos pueden leer como una exageración, otros menos interesados en la propiedad de la herencia por cuestiones de sangre reconocerán que más allá de la formalidad, la desaparición del apellido Colombi de la grilla de gobernadores es un paso adelante fundamental para seguir cimentando la institucionalidad local, lejos de los patriarcas-caudillos-líderes que coquetean con las eternidades en el poder, pretendiendo convertir la cosa pública en patrimonio privado.

—El 10 de diciembre pasado Gustavo Valdés se convirtió en el gobernador propietario número 59 de la historia organizada de Corrientes, que comienza en 1821. Ese 10 de diciembre ocurrió hace 21 días: casi nada, aunque suficiente para sugerir que la casona de 25 de Mayo y Salta no sólo está habitada por otra persona sino también por otro modo de hacer las cosas. Veremos.

—Para empezar, el reconocimiento de la pobreza estructural que horada la (calidad de) vida de la mitad de la población de Corrientes, constituye un giro copernicano de Valdés en relación con Colombi, que fue siempre un negador sistemático y un experto en la traslación de culpas. También lo es el tipo de relación que plantea el nuevo Gobernador con la Nación, de sociedad política, pero sin renunciamientos. Y la apertura que ha demostrado con referentes políticos e intendentes de la oposición durante los últimos días.

—Habrá que ver de todas maneras hasta dónde pueden terciar las ideas de Valdés en el nuevo escenario de ajuste feroz y achicamiento estatal que plantea el gobierno de Mauricio Macri, cuestión que sólo con la reforma previsional y el pacto fiscal ya dejó a Corrientes en situación de merma financiera. “Desagradable”, según el propio Valdés.

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—Este año que se despide, asimismo, marcó el regreso del radicalismo al poder en Capital, después de 8 años de gobiernos kirchneristas-peronistas. El doctor Eduardo Tassano le ganó (por unos pocos puntos) la pulseada al ingeniero Fabián Ríos, en el marco de una elección llena de particularidades: fue convocada muy anticipadamente para el 4 de junio; iba a realizarse con sistema electrónico y al final volvió a votarse con sábanas de papel; supuestamente hubo acuerdos políticos que se incumplieron y zancadillas de rigor variable. Ganó el más fuerte: Tassano, y su espalda convertida en fortaleza por los incalculables apoyos de los gobiernos provincial y nacional.

—Habrá que observar ahora cómo administra esa fortaleza; las relaciones intra ECO+Cambiemos; las que mantiene de manera directa con funcionarios nacionales; y su propia aspiración-proyección-provincial personal que se disimula, pero no puede esconderse.

—En paralelo, la derrota de Ríos confirmó una vieja tradición de la política correntina: nunca un intendente fue reelecto en la ciudad. Nunca. Tampoco un intendente capitalino fue inmediatamente gobernador. Tassano debería tenerlo en cuenta. El último que chocó ante esta “maldición” fue “Camau” Espínola en 2013.

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La desaparición del apellido Colombi de la grilla de gobernadores es un paso adelante fundamental para seguir cimentando la institucionalidad local, lejos de los patriarcas-caudillos-líderes que coquetean con las eternidades en el poder, pretendiendo convertir la cosa pública en patrimonio privado.

—Como ya ocurrió en 2005, hay que recordar -con Néstor Kirchner, Arturo Colombi y Carlos Vignolo-, pero con resultados que mejor olvidar, el 2017 sirvió también para que el oficialismo provincial comandado por Ricardo Colombi lograra, a través de las urnas, una condición política ideal para dejar de generar excusas y empezar a trabajar en la gestión: Colombi y los suyos le pidieron a la ciudadanía alinear Nación-Provincia-Municipios. Contados que fueron los votos, la situación política pedida fue concedida. Ahora no caben más que los resultados. O Dios y la Patria se lo demandarán.

—¿Pero, qué podrían demandar Dios y la Patria después de tantos años, tantas posibilidades perdidas y, no obstante, tantas elecciones ganadas que ratificaron el rumbo? Pues algo más que el pago de los sueldos en tiempo y forma. Tal vez el desarrollo. O un mínimo de crecimiento sostenido. O recuperar a la provincia de su atraso. Insertarla quizás en el concierto nacional. O generar condiciones de crecimiento económico: energía eléctrica a prueba de calores o tormentas, puertos, caminos. Rutas acordes con las necesidades de estos tiempos. Achicar la pobreza, la indigencia. Pobreza. Indigencia.

—Quizás podría demandarse reducir en serio -con más instrumentos de gestión y menos lápices de dibujo- la mortalidad infantil y neonatal. La mejora en la atención de los hospitales. Atacar la repitencia y sobreedad escolar. Atender la falta de escuelas o el mal estado de las mismas. Ponerle industrias a los parques industriales. Y la lista sigue…

—La herencia de la que no puede hablar Valdés es muy larga. Y doliente. Quedó desnuda mitad de año cuando el clima se ensañó con gran parte de la provincia. Las inundaciones que azotaron al Centro-Norte correntino desde abril hasta julio dejaron pérdidas que aún ahora no pueden cuantificarse del todo, pues siguen ocurriendo, ahora con la sequía. A los miles de evacuados y autoevacuados de entonces, hubo que agregar las pérdidas de casi 100 mil cabezas de ganado bovino, otras tantas de ganado ovino y caballar. La provincia tiene (o tenía) un rodeo de 5 millones de cabezas bovinas y de ellas, un millón y medio fueron afectadas por encontrarse en la región inundada.

—Los pequeños productores tenían afectadas unas 12 mil hectáreas. Estuvieron comprometidas entre 400 y 500 mil cabezas de ganado por el anegamiento de los campos. La gravedad del fenómeno climático se situó en el eje de las localidades de Loreto, Caá Catí y Berón de Astrada. En esa zona cayeron más de 2 mil milímetros en cuatro meses, lo que generó inconvenientes en las 350 mil hectáreas que integran la cuenca del Riachuelo. La situación desmejoró el estado de los caminos rurales. Hubo campos que perdieron hasta el 80% de su superficie. Los pasos consolidados estuvieron tambaleantes y los caminos principales, como la Ruta 12, vieron caer dos de sus puentes, reparados provisoria y parcialmente meses después.

—La inundación afectó a 2,5 millones de hectáreas de campos en once departamentos. Las pérdidas económicas superaron los $1.000 millones, y si bien se declaró el estado de excepción, el Fondo Nacional de Emergencia creado por ley para toda la República Argentina fue absolutamente insuficiente.

—La lluvia constante durante esos meses, no sólo afectó a productores y a miles de familias correntinas, sino que además fue un catalizador de un acumulado de broncas varias que tuvieron incidencias decisivas en los resultados electorales de varios municipios, empezando por el de Capital.

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He allí una serie encadenada de sucesos que marcaron el año 2017.

Hubo otros también importantes, claro. Los correntinos en su conjunto tuvieron logros y fracasos a lo largo de este 2017. Sucede siempre.

Hay realizaciones que animan y reveces que duelen: que no todas las mesas tengan lo suficiente; que los jubilados sean siempre variable de ajuste; que haya menos derechos laborales y flexibilizaciones; y que la inflación lejos de reducirse sea recalibrada al alza, y prolongada en el tiempo.

Queda claro que hay mucho trabajo por delante. Es hora de hacer y de hacerse cargo. Ya no hay a quien echarle la culpa. ¿O sí?

Valdés apunta al bolsillo de Macri

 

Ocurrió hace una semana. El domingo pasado, y después de 16 años, Gustavo Valdés ponía fin a la lista de los Colombi en la grilla de mandatarios, y recibía los atributos del mando convertido minutos antes en el gobernador propietario número 59 desde que Corrientes se organizó institucionalmente en 1821.
Fue un hecho importante, sin dudas, pero no el único. Porque más allá de los protocolos, Valdés produjo otros hechos de trascendencia que pudieron resultar imperceptibles, pero que marcan un camino nuevo, distinto, mejor asfaltado que el de la confrontación que usó, como el kirchnerismo en la Nación, el colombismo en Corrientes.
Valdés ingresó el domingo a Casa de Gobierno haciéndose cargo de problemas pesados, que además eran sistemática y oficialmente ignorados.
– “Hoy hablaba de un tema que era central: el combate de la pobreza. (…) Nosotros tenemos que combatir la pobreza, esa pobreza estructural que durante mucho tiempo se quiso esconder debajo de la alfombra (…) Sabemos que la única manera de solucionar los problemas es reconociéndolos. Y sí, tenemos pobreza; por eso los correntinos tenemos que trabajar el doble, todos los días y todos juntos para que la pobreza se erradique de Corrientes y de Argentina”.
En ese sencillo, pero emotivo acto, Valdés asumió su gobierno, que es el de Corrientes, una provincia con índices sociales dolientes, infames. Reconoció el problema, y marcó de ese modo un punto de partida para tratar de morigerarlo y eventualmente solucionarlo. No se escudó en los índices ni en los sistemas de medición, como hizo su antecesor siguiendo lógicas que supuestamente decía combatir.
Pero hay más. Valdés lanzó, hace una semana, un llamamiento importante, tal vez el más inteligente de los últimos 16 años. Pero también riesgoso. Ubicó detrás suyo a la provincia y llamó al millón de correntinos a unirse en un reclamo superador, contenedor, hacia un “enemigo” externo, en este caso el Estado Nacional, que históricamente fue hostil y mezquino, y muchas veces también dañino con los intereses provinciales.
Los modos de Valdés son menos graves y no anticipan una guerra, pero sí los ubican en posición de tener que discutirle a la Nación una especie de reparación histórica, de endilgarle su voracidad y de desafiarle a cumplir con la ley y la Constitución.
En términos políticos, lo que pretende Valdés es algo que no conoce antecedentes inmediatos: la plata, pero también la gloria. Que Nación repare con recursos largos años de indiferencia, pero al mismo tiempo, que ello no implique un quiebre del gastado eslogan de la alineación Nación-Provincia-Municipios.
Lo que pretende Valdés, es que la relación entre las dos casas rosadas, la de Balcarce 50 y la de Salta y 25 de Mayo, encuentren un camino distinto al de la sumisión o el sometimiento. Que la relación sea el fruto de un consentimiento de partes en la que ninguna renuncie a algo que no esté pautado en términos de justicia y de entendimiento republicano.

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Parece candoroso. Parece más un reclamo de Colombi al kirchnerismo (en las épocas en las que no eran socios). Pero no. Y allí radica otra sutileza. Valdés tiene noticias del kirchnerismo, pero también fue tomando nota de las acciones que el macrismo hace o deja de hacer en función de las necesidades que tienen las provincias. Lo que está sucediendo ahora mismo con el tratamiento de la ley de reforma o ajuste previsional, según sea quien mire, enciende luces de alerta. Y una cosa es defender el proyecto, y otra cosa es comer vidrio.
Valdés plantea una reparación histórica, dinero o especies, pero a alguien que no se caracteriza por la generosidad. A alguien que puede ser tan insensible como para generar ahorro con la plata de los jubilados. He allí el desafío más grande del Gobernador: reclamar lo que es de todos, y tratar de conseguirlo, sin romper puertas ni ventanas ni puentes. ¿Podrá?
Podría decirse que se propuso una meta difícil.
– “Nosotros los correntinos no tenemos pobreza estructuralmente económica, nosotros tenemos recursos naturales y somos ricos, pero no nos reconocen desde Buenos Aires como tiene que ser. Fíjense, yo provengo de una ciudad que es Ituzaingó, era chiquito, y se instaló una oportunidad enorme que fue la represa de Yacyretá, la cual nos entrega a los correntinos tan sólo el 1% de lo que produce y la Constitución del 94 nos dice que los recursos naturales son de las provincias. Por eso como política de Estado tenemos que reclamar lo que es de los correntinos”.

Valdés plantea una reparación histórica, dinero o especies, pero a alguien que no se caracteriza por la generosidad. A alguien que puede ser tan insensible como para generar ahorro con la plata de los jubilados. He allí el desafío más grande del Gobernador: reclamar lo que es de todos, y tratar de conseguirlo, sin romper puertas ni ventanas ni puentes.

Allí hay otra clave. Lo que propone Valdés no tendrá la fuerza que necesita si la ciudadanía no lo avala, no acompaña, no se encolumna.
– “Lo mismo nos pasó con Salto Grande -siguió el Gobernador-, y eso tiene que ser vital para nosotros. Y no hablo de nuestra alianza gobernante, hablo de todos los sectores sociales y políticos que tenemos que tener esta visión para poder desarrollarnos. Somos una provincia supuestamente pobre, pero somos una de las más ricas en recursos naturales”.
Somos la primera potencia forestal y nosotros tenemos que lograr industrializar nuestra madera. Eso son nuestros desafíos y esos son los desafíos que tenemos que hacerlos juntos”.
La Legislatura tomó nota y acompañó con voto unánime el proyecto de ley para provincializar los recursos de Yacyretá. Responde a un proyecto similar que tiene estado parlamentario en el Congreso Nacional y que fue presentado en su momento por el entonces diputado Valdés.
De eso, además, habló el Gobernador con el ministro Juan José Aranguren el miércoles pasado. También se lo comentó al presidente Macri.
– “A nosotros por ahí nos criticaban cuando decíamos que teníamos que alinear Nación, Provincia y Municipios. Tal vez el término alinear sea un término erróneo, pero nosotros decíamos que alinear democráticamente, porque todas las provincias constitucionalmente fuimos concebidas para tener autonomía e igualdad, por eso queríamos nosotros volver a integrarnos al concierto de las provincias para tomar las decisiones y así lo hicimos, ahí estuvimos, férreamente defendiendo lo que es de los correntinos con este pacto fiscal, que seguramente vamos a tener que trabajar y mucho para lograrlo”.
Todo eso dijo Valdés el domingo pasado. También habló de la modernización. Se quejó de la discriminación nacional, otra vez, pero recordó que “la gran avanzada del mundo implica tener conectividad, y nosotros tenemos que modernizarnos y ese es un desafío enorme que tenemos que brindar y hacerlo juntos”. Juntos.
¿Le alcanza a Valdés con sólo pedirlo? ¿La oposición política entendió, en menos de una semana, que Valdés no es Colombi? ¿Los correntinos que no votaron por el abogado capitalino-ituzaingueño, y que en números constantes desde hace 8 años constituyen el 45 por ciento de la población, están dispuestos a acompañarlo bajo la bandera de la unidad, que es un activo en baja en este momento del país?.
Sobran preguntas y escasean respuestas. Por lo pronto el Gobernador parece dispuesto a avanzar con decisión aún si enfrente está el Presidente. Pero reclama acompañamiento. Gente en su rincón.
Porque mientras diseña lo que aspira que sea el perfil de su gobierno, debe atender cuestiones menos sublimes y más acuciantes: el reclamo de varios intendentes (muchos de la alianza ECO+Cambiemos, pero también y sobre todo de la oposición), que sin un auxilio de la Provincia difícilmente puedan pagar sueldos y aguinaldos. Una amenaza que podría empañar la primera Navidad del heredero no ya de Colombi, sino de una forma de hacer gobierno con poco más que la garantía de los salarios. No es poco.
Valdés lo sabe, y dicen cerca de él que, que tras analizar caso por caso, en los próximos días dará una respuesta a los jefes territoriales.
Mirando el reloj están los más complicados: Eduardo Tassano de Capital; e Ignacio Osella de Goya.

Valdés al gobierno

Llegó el día. Entra el capitalino-ituzaingueño Gustavo Adolfo Valdés y se va el mercedeño Horacio Ricardo Colombi. Pero, ¿se va? Por lo pronto sí, se corre unos metros hacia el río, pero sigue en la cuadra del poder, en el Senado. Después de 12 años de ejercicio efectivo en el Gobierno de Corrientes, en 16 años consecutivos (el interregno corresponde a su primo Arturo Alejandro), “Lalaca” Colombi entrega el mando de su tercer período de gestión. Lo hará hoy a la tarde en Casa de Gobierno. Estuvo 4.383 días ejerciendo la primera magistratura, con varios récords, de permanencia y también políticos.
Sucede que Ricardo Colombi es el hombre que más tiempo ejerció el cargo de “gobernador propietario” de Corrientes. En marzo de 2016 batió el récord de duración que tenía Pedro Ferré, el brigadier que en tres períodos alternados ostentaba la marca más larga en el inquilinato del palacio de Salta y 25 de Mayo: 10 años, 3 meses y 14 días.
Desde hoy, el paiubrero Horacio Ricardo se lleva para robustecer su ego, una reválida difícil de igualar y superar, porque Pedro Ferré fue gobernador de la Provincia durante 3 períodos, en casi 18 años; pero Colombi lo superó en 16 años y con 3 elecciones ganadas, logrando en ese acto otra marca histórica: es el primer y único gobernador (por el momento) en usufructuar el instituto de la reelección, incorporado a la Constitución en la reforma del año 2007 y que su primo Arturo quiso, sin éxito, estrenarla en 2009.
El mandato que ahora comienza es inédito en la provincia. Constituye un paso adelante en la institucionalidad local, desacostumbrada hasta el año 2001, a un período tan largo sin interrupciones dirigidas desde Buenos Aires por imperio de las intervenciones federales, un mal que en 17 oportunidades tuvo que soportar el pueblo de Corrientes.
La tarea que tiene por delante el doctor Gustavo Valdés es enorme, porque de movida implica el desafío de seguir manteniendo la paz y la estabilidad política, sin que el apellido Colombi administre los destinos de la provincia.
Ojalá le vaya bien.
Mientras tanto, ya hay algo para festejar: las 20.144 personas que nacieron en 2001 en Corrientes y las 300 mil en promedio que nacieron desde entonces hasta hoy, podrán anotar otro apellido en la lista de gobernadores. Llegarían tal vez a la conclusión de que los Colombi no eran monarcas ni tenían derecho de sangre. Aunque eso todavía esté por verse.
Por lo pronto, hay muchas preguntas y pocas respuestas revistiendo este recambio. Queda por delante saber si Valdés emprenderá en algún momento un despegue o seguirá dependiendo de un poder ajeno, como el que llevó al quiebre entre los primos en el primer año de gestión de Arturo Colombi, en 2005, y desde entonces hasta el año 2009.
En una entrevista con El Litoral -que se publica hoy mismo-, Valdés lo puso en estos términos: “Cambió el gobernador, no el gobierno. La gente eligió eso en octubre”.
A juzgar por el gabinete que presentó el viernes, se trata justamente de eso, de una continuidad. Una prolongación manifiesta que, leída en términos positivos, constituye también un respeto hacia la perennidad del Estado, algo también desusado en Corrientes. Desusado porque cuando se intentó algo parecido, una disputa fratricida terminó por imponerse, llevando por delante los sueños del millón de correntinos. Desusado porque, incluso antes de los Colombi, la lógica rupturista también fue parte de la política correntina. Por eso es difícil este momento, porque hay datos históricos que sustentan la duda y, en este caso, también la versión negativa de esta continuidad.
Es que el que se quema con leche, ve la vaca y llora. Y Colombi lo sabe por experiencia propia. Por eso, creen los más desconfiados, el gobernador saliente devenido senador dejará, más allá de la confianza personal que le tiene a Valdés, granadas de activación remota por si alguien intenta algún tipo de autonomía. De esto se viene hablando desde la designación misma del sucesor, ocurrida el 14 de julio.
Nadie puede garantizar que una cosa u otra vaya a pasar en el futuro, pero hay un dato de la realidad que es elocuente: de los 13 ministros que acompañarán a Valdés, 8 siguen de las gestiones inmediatas anteriores. Uno incluso viene de 2001. Hubo un enroque: Horacio Ortega pasará de manejar Seguridad a esa suerte de jefatura de gabinete que se desprende del Ministerio de Coordinación y Planificación. El tiempo dirá si es una buena decisión. De momento, se sabe que es un hombre de confianza de Valdés y eso ya es suficiente activo en las arenas movedizas de la política.
Se sumaron 5 ministros para completar vacancias generadas por cargos electivos y pases a retiro (el único desplazamiento efectivo es el de la ex ministra de Turismo), la mayoría de los cuales viene de otras áreas del gobierno saliente. En la resta cayeron las mujeres: ahora sólo queda una en Educación.
Esta cuenta arroja este resultado: más del 80% de los ministros sigue. Como por inercia.
En el mismo acto puede decirse que por primera vez el PRO (partido del presidente Macri) tendrá representación en el gabinete provincial, un logro para pocos, pues sólo 4 de los más de 20 partidos que integran ECO tienen una distinción tan alta. La supremacía es radical, claro: 10 sobre 13 espacios, contando al fiscal de Estado. Veremos, veremos, después lo sabremos.
Mientras tanto, vale preguntarse qué tiene de progresista o vanguardista esta escudería que acompañará a Valdés. Qué aportarán ahora que no hicieron en los últimos 8, 12 o 16 años.
La respuesta política más urgente a este tipo de planteos, cuando viene de la vereda del oficialismo, tiene que ver con que hubo cosas que se hicieron bien; que estos ministros las hicieron y que por eso la gente votó. Y que la gente votó básicamente por la alineación Nación-Provincia-Municipios. Los que están, sobre todo en áreas clave -creen algunos “valdesistas”, que ya los hay- son los más idóneos para continuar sin pausas las gestiones, muchas de las cuales bajan con apuro de la Nación, pues en 2018 se entrará en tiempo de descuento si quiere aspirar a una reelección de Mauricio Macri.
También dicen, en la misma línea, que ahora sí se podrán financiar los proyectos (elaborados por estos mismos que siguen) que antes no se pudieron por la mezquindad nacional.
Eso es cierto, aunque no del todo. Se desmiente por las longitudes y caladuras de los acuerdos que los Colombi sostuvieron en distintos momentos con el kirchnerismo. Pero además porque eso de la discriminación deja afuera del análisis a las responsabilidades propias, a la ineptitud o desidia de los propios funcionarios, a los que siempre les quedó más cómodo echarle la culpa al otro que hacerse cargo de su “no pude”, “no supe” o “no quise”.
En eso, además, este entramado político se emparenta a lo peor de las prácticas de los gobiernos conservadores que supuestamente había que superar. Esa cantinela viene de 2001, pero no sólo no ocurrió, sino que la esperanza colombista muchas veces terminó mimetizándose con aquellas formas. A veces por necesidad, y las más de las veces por conveniencia: por acuerdos sustentados en el más descarnado de los pragmatismos que privilegiaron los resultados electorales a las cuestiones éticas, de decencia o de superación institucional que muchas veces se blandieron como banderas.
En 2005 también se logró la alineación Nación-Provincia-Municipios, pero fue sólo un espejismo. Una fórmula proselitista. Terminó mal. Ese pasado debe estar doliendo ahora mismo. También el hecho de que se terminaron las excusas.
Ahora hay que atacar la pobreza-indigencia que pesa sobre la mitad de la población provincial según el Indec, la mortalidad infantil más alta del país, los índices de insuficiencia educativa, los problemas de conectividad, de precio y calidad energética, la falta de trabajo genuino (el Estado cierra este año siendo un patrón más grande que el sector privado, según las estadísticas oficiales de empleo registrado), el déficit habitacional y entre otras cosas (este punteo no se agota aquí) generar las condiciones para el desarrollo individual y colectivo, económico, pero también cultural, de la calidad de vida.
Las condiciones políticas están dadas idealmente para el despegue. No chocar la calesita dependerá en todo caso de Valdés y de la gente que le dejó Colombi. Necesitamos que suceda, de una vez por todas.

Ya no hay excusas

Ya no hay excusas. A lo largo del por momentos agobiante calendario electoral correntino, la ciudadanía fue confirmando el sentido político de su voto: se recostó por la alineación de los tres niveles del Estado. La trillada y muchas veces falsa (pero no por eso menos contundente) expresión de deseos de unir Nación-Provincia-Municipio, encontró en Corrientes un salvoconducto para que cambiar sea seguir.
La administración que desde el 10 de diciembre comandará Gustavo Valdés, dio el primer batacazo en el mes de junio cuando el justicialismo no pudo ratificar su permanencia en el municipio de la Capital. Perdió Fabián Ríos. Ganó Eduardo Tassano. Y en ese mismo acto, el rumbo empezó a trazarse con optimismo para ECO+Cambiemos que tenía por delante tres paradas bravas. Con el diario del lunes, podría decirse que no fueron tan bravas como la de Capital.
El error estratégico de Ríos, que traducido al lenguaje común fue el adelantamiento de las elecciones, traía consigo, evidentemente, la llave que destrabaría todas las elecciones.
Anímica, económica y políticamente disminuidos por la pérdida en Capital, el PJ ensayó una interna para regenerar votos y morigerar un eventual impacto negativo en las Primarias de agosto. No lo logró.
ECO+Cambiemos decidió no abrir sus listas y se quedó con el 45 por ciento de los votos. Fue un segundo gran triunfo, pero que sin embargo no pareció el portal de entrada para lo que vino después. No pareció porque la oposición, dividida, había firmado una alianza amplia de unidad para octubre. Contaron sus votos y eran más que los del Gobierno. Compraron aire y tiempo, pero ninguna certeza en su derrotero errante.
Así llegó el 8 de octubre y Gustavo Valdés se impuso a “Camau” Espínola. Desde lo conceptual la elección parecía más ajustada de lo que fue efectivamente cuando se abrieron las urnas. Una amplia diferencia colocó al capitalino-ituzaingueño en el sillón de Ferré y allí sí, envalentonado, el Gobierno de Corrientes que “muñequea” Ricardo Colombi salió a correr el último tramo del calendario electoral provincial-nacional con una pretensión: conseguir los tres diputados nacionales.
ECO+Cambiemos volvió a ganar ayer. Consiguió 2 de los 3: Estela Regidor y Sofía Brambilla. Y se impuso primero por mérito propio. Felicitaciones. Pero se impuso también por una serie larga de desaciertos de la oposición que no logra darle a la gente que no quiere que sigan los mismos (alrededor del 45 por ciento desde hace por lo menos 8 años), un emergente convocante y capaz de asumir ese liderazgo.
La oposición divide cuando debe juntar y hace al derecho lo que debe hacer al revés. Copia modelos (por caso las colectoras) haciendo lecturas erróneas allí donde reposa una regularidad histórica: ninguna elección es igual a la otra. Y no encuentra un mensaje claro. No quisieron ser kirchneristas, pero tampoco se diferenciaron del todo del macrismo.
La oposición nunca encontró la diferencia efectiva con lo que proponía Valdés (una especie de cambio justo) y entonces la ciudadanía que inclina la cancha y que optó por la continuidad en este esquema agrietado, tan cerrado del 54 al 45 por ciento, votó por quien le asegura ciertas certezas: el pago de sueldos es la más contundente. Pero también la paz social. La gobernabilidad.
Para más, la oposición volvió a diluir su potencial ayer, al tener opciones separadas que el 8 de octubre fueron una sola. Por eso también, la estrategia electoral, constituye una materia ineludible que debe saber-entender quien aspira a administrar el poder.
Nito Artaza capitalizó su imagen y otra regularidad que le asiste: siempre tiene buenas performances cuando va solo. Fue segundo en Capital y tuvo una elección al menos sorprendente en el interior. Le disputó de igual a igual a Jorge Romero. Ambos se restaron y estuvieron a un paso de allanarle el camino a Alfredo Revidatti, el tercero de ECO.
Así y pese al modo soberbio en el que lo dice, viendo lo acontecido, Colombi tiene razón: hay muchos dirigentes peronistas que deben pegarse una vuelta por la escuela.
Pero más allá de este análisis en línea de lo que vino sucediendo en Corrientes, el resultado de la elección de ayer confirma un dato político saliente: la alineación.
De allí se desprende, con claridad, siguiendo el lineamiento conceptual del propio gobernador Colombi, que la victoria no da derechos sino obligaciones. Por lo tanto, lo que la ciudadanía hizo este año fue quitarle al gobierno la bandeja de los peros, de los palos en la rueda.
Ya no hay excusas. Ya no hay peleas políticas con el gobierno nacional y tampoco debería haberlas entre el gobierno provincial y los municipios, por caso los más importantes y a la vez más “conflictivos” del último tiempo: Capital y Goya, ni más ni menos que los dos más densamente poblados de la provincia. Allí estarán ahora Eduardo Tassano e Ignacio Osella, dos de paladar negro.
Pero ECO consiguió intendentes en por lo menos otros 30 municipios. Ayer sumó uno más, el de Ituzaingó, por lo que en gran parte de la provincia no hay diferencias a la vista. No hay culpables -a priori- que puedan retrasar el progreso largamente prometido a lo largo de los últimos 16 años, pero básicamente en las campañas de estos días.
No hay excusas para mejorar la infraestructura, para generar trabajo, para mejorar la educación y la salud, para recuperar calidad institucional, el diálogo, el reconocimiento del otro como alguien que piensa distinto, pero que por ello no es un enemigo. No hay excusas para sumar en vez de discriminar.
Ya no hay excusas para trabajar. Para hacerse cargo de los problemas. Para recuperar la institucionalidad que no significa otra cosa que mantener desde el gobierno relaciones serias, institucionales y responsables con los municipios opositores, que fue justamente el reclamo que largamente sostuvo la Provincia en relación con la Nación.
Ya no hay excusas. Es hora de ir a las cosas.