Crujidos radicales

La provincia se juega mucho el año que viene, en el marco de una crisis que se presenta como problema para los que gobiernan y como posibilidad para los que no.

La oposición local tomó nota y empezó a trabajar. Esto quiere decir que los legisladores peronistas jugaron sus cartas para activar un mecanismo de presión e incorporar muchas de las múltiples necesidades de Corrientes en el presupuesto nacional, instrumento que tuvo su primera sanción el jueves en la Cámara de Diputados.

El Gobierno de la Nación hizo lo propio y habilitó una bolsa grande de plata para darle material proselitista a los propios, y material institucional al extraño. En este caso el extraño sería el gobernador Gustavo Valdés, con quien el presidente Alberto Fernández mantiene una relación de cercanía madura, aceitada sobre un concepto de federalismo. Mantener la equidistancia facilitaría las cosas si es que tienen que convivir más allá de 2021, lo cual implicaría la reelección de Valdés.

Esa posibilidad, que en principio debería ser un problema para la oposición (que hace tres elecciones queda en la puerta, pero sin poder entrar al palacio de Salta y 25 de Mayo), parece ser más un problema del radicalismo, que hace crujir su interna por asuntos no resueltos, más allá de los números, que siempre fueron un ordenador político en la era del colombismo.
Sucede que los números ahora acompañan a Valdés, y Ricardo Colombi parece no convencerse ante esa evidencia amarga, entonces apela a lo que sabe y que tiene aprendido de sus viejos libros gordos de chicanas y zancadillas.

Y si bien en público se desmienten las intencionalidades, o se las minimizan, vale hacer un racconto para dejar constancia, al menos, de un problema político que ya tiene algunos síntomas y que mal gestionado podría agravarse. Veamos los puntos más importantes de lo que hasta ahora es sólo una puesta en escena:

Acto 1

Esta semana se trató y se aprobó el presupuesto nacional en la Cámara de Diputados. Allí obtuvo su primera sanción con 139 votos a favor, 15 en contra y 90 abstenciones.

Los diputados correntinos se dividieron en dos bloques. Por un lado están los que aprobaron, es decir los tres peronistas (“Pitín” Aragón, Nancy Sand y Jorge Romero) y las dos del PRO (Ingrid Jetter y Sofía Brambilla); y por el otro están los que se abstuvieron, es decir los dos radicales (Estela Regidor y Jorge Vara).

Parece el mundo del revés, pero no lo es. Es el mundo de la política.

—¿Cómo se entiende?

—Así:

El Gobernador pidió a los legisladores correntinos de ECO-Juntos por el Cambio que “acompañen” el proyecto, entre otras cosas porque sus voces fueron escuchadas y el presupuesto prevé la afectación de unos 116.000 millones de pesos en obras. El asunto es que sólo las diputadas macristas lo hicieron.

Regidor y Vara, radicales ellos, se abstuvieron de votar en general, aunque votaron en particular los artículos que beneficiaban a Corrientes. En ese mismo acto desoyeron el pedido del Gobernador, alegando conducta partidaria, pues siguieron la bajada de línea del radicalismo nacional que les ordenó abstenerse.

Aquí hay que tener presente que una cosa es la estrategia nacional de la UCR, y otra la estrategia provincial de cara a las elecciones provinciales del año que viene, cosa que se diferencia todavía más de la estrategia del gobierno provincial, que tiene más responsabilidades, de cara a la gente, que la de pelear espacios o negocios.

En esa línea se manifestó el viernes el secretario general, Carlos Vignolo, quien hablando por radio dijo que Regidor y Vara “tomaron una decisión equivocada”.

Para agregar, solo decir que Vara fue siempre ministro de Ricardo Colombi, hasta que fue electo diputado ya en épocas de Valdés. Y Regidor fue siempre un comodín versátil que a veces cubre necesidades electorales, a veces necesidades administrativas y siempre responde a los requerimientos políticos del ex gobernador. Siempre. Es infalible. Por lo tanto, si siguió un mandato partidario, ese no partió de la ciudad de Buenos Aires sino de la calle Buenos Aires. El tiempo dirá por qué o para qué lo hizo de ese modo.

Acto 2

Si bien responde a una disposición nacional fundamentada en los impedimentos de la pandemia, la conducción de UCR Corrientes decidió prorrogar todos sus mandatos partidarios hasta por lo menos mediados del año que viene. Hay quien dice, no obstante, que ciertos sectores influyentes del partido intentarían alargar la prórroga hasta diciembre de 2021. He allí la clave.

En el resto de los distritos esa decisión tiene un peso determinado, pero en Corrientes, y pongamos por caso, en Santiago del Estero, que también elige gobernador en 2021, esta decisión es un tanto más trascendente porque los procesos electorales son más grandes y determinantes. Se juegan las gobernaciones e intendencias, además de la integración de los parlamentos.

Los mandatos de las autoridades de la UCR Corrientes caducan el 16 de diciembre, pero ante la imposibilidad de realizar convenciones y asambleas, el Consejo Nacional habilitó una extensión de los mismos.

En Corrientes, la decisión de prorrogar mandatos surgió tras la reunión de la Mesa Ejecutiva del Comité Central de la UCR realizada el pasado jueves 22 de octubre. Esa mesa está integrada por Ricardo Colombi, Héctor Lopez, Graciela Insaurralde, Graciela Rodríguez, Norberto Ast, Manuel Aguirre y Susana Nugara, entre otros.

En tal reunión, Colombi expuso la necesidad de considerar la prórroga dada la imposibilidad material de realizar procesos electorales en este contexto pandémico, ya que su concreción implicará el desplazamiento y aglomeración de personas. Es lo que pasará, de hecho, en las elecciones generales, pero para Colombi el riesgo de contagio está en la interna. (¿?)

Lo que no se dice de esa argucia es que tales autoridades tendrán responsabilidades en 2021, por caso la de fiscalizar los procesos y armar las listas de candidatos. (Por suerte lo tienen a Colombi, que se ofrece gratis a realizar esas tareas). De todos modos todavía no está dicha la última palabra. La decisión final debería surgir de la Convención Provincial. Allí necesitarían unos 70 votos para imponer una decisión al respecto.

Acto 3

La semana pasada ocurrió también un escarceo en la Cámara Baja de la Provincia. Diputados peronistas enrolados en el Frente de Todos solicitaron preferencia para agilizar el tratamiento de dos leyes clave para la sociedad en su conjunto, pero ambos fueron rechazados. Se trata de los proyectos de paridad de género y voto joven.

El diputado José Mórtola fue quien primero pidió preferencia para los proyectos de paridad de género, incluyendo el enviado por el gobernador Gustavo Valdés. Tras la votación, su petición fue desestimada. Más adelante, el diputado César Acevedo solicitó la preferencia para las iniciativas de voto joven, que también fueron rechazadas.

Es verdad que el PJ está en su derecho y casi en obligación de insistir con estos temas, aunque cuando puertas adentro tuvo que responder por la paridad, por ejemplo en la disputa entre Rubén Bassi y Patricia Rindel, no quiso hacerlo o no pudo. Y entonces recibió la ayuda solícita del oficialismo radical en el Senado, que con notable coherencia avaló al varón por sobre la mujer y terminó la discusión.

Tal vez no sea este el caso, pero desde entonces ya nadie puede mirar con ingenuidad los amagues opositores para poner en evidencia la supuesta negativa oficialista de tratar estos asuntos, porque negar espacios a la mujer o a los más jóvenes, no generan impacto directo en los generales de las sombras, sino que comprometen más la palabra del Gobernador, más allá de colocar a la provincia entre las más atrasadas en cuanto a la “real igualdad de derechos” que exige la propia Constitución.

Cada vez que es consultado por el tema, Valdés pide que en vez de reclamarle a él, se les reclame a los legisladores por su actitud de negativa constante. Tal vez tenga razón. El ministro Vignolo, que también respondió sobre esto el viernes en una entrevista en Radio Dos, intentó bajar los decibeles. Dijo que cuando estén dadas las condiciones, la Legislatura avanzará en ambas cuestiones.

Pero el tiempo es ahora, y él lo sabe, o debería saberlo. Demorar el debate implicaría votar otra vez, el año próximo, en las mismas condiciones de siempre, desoyendo fuertes demandas sociales, cambios culturales ya dados en el mundo con evidencias de sobra y las propias promesas formuladas por Gustavo Valdés hace casi 4 años.

También lo saben quienes frenan estas iniciativas, y tal vez por eso lo hagan: porque pescan en río revuelto, y mientras haya pesca, se demora la jubilación de varios pescadores. De todos modos tendrán que tener cuidado, porque el proceso de cambio ya empezó y hace tiempo que escapa de su control.

Dejen de extorsionarnos

Hay una cualidad constitutiva que tiene el radicalismo y que lo define propositivamente: la capacidad de debate como producto del pensamiento crítico. La Convención Nacional del pasado lunes en Parque Norte, deliberación que terminó en la aprobación de un documento con el que la UCR ratificó su pertenencia a Cambiemos, fue una prueba de aquel distintivo característico. Debate de ideas, sopeso de criterios, cálculo de diferencias, enojos, insultos, pero al final un voto democrático, autosuficiente, que asume la posibilidad de error, la eventualidad del fracaso político (o electoral) pero como consecuencia, en todo caso, de una idea rectora: “vencer al populismo”.
—¿Por qué?
Porque en el radicalismo -en tanto partido de ADN republicano- las adhesiones a determinadas estrategias políticas nunca son incondicionales. Es decir, representa la exacta oposición a un nutriente que suele abonar los campos populistas, pero que repugna al protagonista de un partido democrático y de una sociedad democrática, que vendría a ser el ciudadano: ese sujeto político que participa de la vida pública y que está en contra de los excesos autocráticos.
Pues bien: el tiempo dirá qué pasará en octubre, pero el vigor del partido radical, la hondura de su debate interno genera envidia republicana: envidia entre aquellos que aún en la disidencia responden al estímulo de la democracia y reaccionan ante cualquier forma de autoritarismo.
Es pronto para saber si el radicalismo tomó el camino correcto. Si será escuchado por un partido como el PRO, poco afecto a deliberaciones horizontales de este tipo, reacio a las elecciones internas (miremos la Nación, confirmemos analizando lo que pasa en Corrientes), y ni qué hablar de los acuerdos de cúpula, como propuso Alfredo Cornejo en la Convención. Al PRO se le ha brotado la piel cada vez que alguien le pidió algo distinto a lo que está acostumbrado a digitar el Presidente con su raquítico entorno, más afecto al marketing que a la política.
Dicen algunos, sobre todo los que flotan con el helio que infla los globos amarillos, que no hay PRO sin Macri y mucho menos Cambiemos sin Macri. Eso es lo que enerva al radicalismo, a una parte al menos. A aquellos que no pueden sostener con la mirada altiva el doble estándar que implica criticar por autoritario al kirchnerismo y al mismo tiempo aceptar el capricho del PRO, que aún no resuelve si Cambiemos admitirá que la candidatura presidencial se decida en una elección primaria.
¿Cuál es -en este marco- la fe que mueve al radicalismo? ¿Por qué cree que esta vez será distinto? Si Macri no está acostumbrado a escuchar, ¿por qué lo haría ahora? ¿Y si no lo hace? ¿Romperán? ¿O seguirán doblados a la pobre caricia con la que se justifican algunos? ¿A la supuesta fortaleza de la alianza parlamentaria?
Si vuelven a ganar las elecciones y la situación (sobre todo económica) no cambia sino que se acentúa (ir más rápido en la misma dirección, como promete Macri), ¿qué pasará con el radicalismo y su propia historia, que solía estar lejos de la furia empobrecedora del liberalismo insensible, especulador e inescrupuloso? ¿Cómo remontarán los alfonsinistas el haberse opuesto a los mandatos de don Raúl Ricardo, del padre de la democracia?
Encrucijada difícil.
¿Y qué pasará con Corrientes si gana la oposición? El gobernador Gustavo Valdés ya marcó las diferencias, tal vez en clave proselitista. “No podemos permitir que nos discriminen ni nos castiguen por pensar distinto”, dijo en el cierre de campaña para las elecciones de hoy, evocando la Era K. Imposible no coincidir. Pero Valdés tiene responsabilidades más allá de su gusto político personal y ello implica también hacer cumplir en Corrientes lo que pide para el país.
“No podemos permitir que nos discriminen ni nos castiguen por pensar distinto”. Claro que no. La coherencia allí es el mejor antídoto para exorcizar la bipolaridad de algunos que ven la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.
Igual, hay esperanzas. La alineación Nación-Provincia-Municipios dejó la vara bastante baja y a Valdés, bastante comprometido. Pero el Gobernador, lejos de amedrentarse, le puso el pecho a la situación, se cargó el proceso electoral al hombro, el peso de algunas candidaturas, y puso en juego su propio capital político (que es muy alto, según todas las mediciones públicas y privadas) para tratar de entregarle al macrismo un alivio en el penoso derrotero electoral que ha cumplido hasta hoy. Pero si la cosa sigue adversa, nadie duda de la capacidad de Valdés para una rápida relectura del mapa político. A favor tiene su vitalidad, su inteligencia y su baúl personal vacío de lastre y de tosquedades silvestres. Cosas -todas- que estimulan el pragmatismo amigo del futuro y de una carrera que se proyecta por encima de 2021. Veremos.

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Lo que dejó la Convención de la UCR, además, es la vigencia de la política como mecanismo de transformación.
La jugada de Cristina Fernández de correrse y de nombrar a Alberto Fernández, es una jugada que deja en manos de la política algo que en la Argentina de hoy ya no puede resolverse ni con personalismos ni sólo con astucia. El radicalismo parece entender eso a la perfección. Y a una jugada política devolvió con otra jugada política, con más institucionalidad. Resta saber si lo que fue una necesidad de la hora para el kirchnerismo, es una conducta vital para el radicalismo. Resta saber si la cosa no acabó en Parque Norte.
La institucionalidad política, asimismo, suele ser motivo de discursos para la Coalición Cívica. No se le nota tanta acción, pero le brotan los discursos en ese sentido. El massismo también leyó el momento y aprovechó para sacarle el jugo a una puesta en escena democrática que delegó la decisión en su líder, que hasta ahora no sabe qué hacer. Roberto Lavagna sigue sin caer, mientras el Peronismo Federal sigue cayendo. Hay que esperar. Como habrá que esperar también la reacción del PRO, que en su corta historia exhibe sólo misales de adoración a Macri. Tal vez, y dado que atravesamos otro momento, la respuesta sea distinta.
Por lo demás, la democracia argentina le deberá a los radicales -una vez más- la luz que alumbra el camino. Lo que pasó el lunes en la Convención de Parque Norte (aquella muestra condensada de convivencia interna en la disidencia) es tal vez la evidencia de que los argentinos podemos ejercer la política sin caer en los extremismos destructivos. “Nos acercamos o nos alejamos de nuestros valores históricos, pero damos la cara y nos haremos cargo si nos equivocamos”. Ese parece ser el mensaje radical.
El lunes pasado hubo debate. Política. Se discutió: se ganó y se perdió, pero se discutió, lo cual es un ejercicio sano y sanador que muchos radicales olvidaron que existe, sobre todo por estas pampas.
Hay que agradecer a la Convención Nacional de la UCR sus conceptos republicanos y aplicarlos siempre, no sólo cuando conviene. En Corrientes, por ejemplo, hace tiempo que sus sucesivos gobiernos radicales dejaron a un lado la caja de herramientas radicales. Responden a un líder, que demanda silencio y obediencia. Eso mismo que Cornejo y otros, el lunes, marcaron como las deficiencias de Macri. Pues son esos, y no otros, los atributos de las personalidades populistas.
“Dejen de extorsionarnos” lanzó entonces el gobernador de Mendoza y presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical. “Dejen de extorsionarnos y decir que cada crítica de la UCR por tarifas aumenta el Riesgo País y dispara el dólar. Dejen de extorsionarnos con eso de que no podemos hablar en público sobre nuestras diferencias”, remató.
Eso mismo podrían esgrimir aquí, en Corrientes, muchas voces disidentes. “Dejen de extorsionarnos”, porque eso es lo que los convierte en lo que critican, dirían, a modo de síntesis, esas voces supuestas…

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Cornejo habló de errores, de achiques y, por lo tanto, en términos electorales, pidió ratificar la alianza pero ampliarla, como se hizo en Corrientes desde 2001.
Cornejo pidió cambiar el nombre, de ser necesario: “Eso no importa”, dijo, dado que Cambiemos se convirtió en un oxímoron en sí mismo: Cambiemos no ha cambiado nada de lo que vino a cambiar. Más bien empeoró lo que ya estaba.
Por eso mismo en Corrientes ya se hizo el cambio y hoy se pondrá a prueba, en las legislativas. ECO ya olvidó deliberadamente su pertenencia a Cambiemos. Y no está mal, pues nadie está obligado a declarar en su propia contra.
Cornejo pidió “tolerancia, respetarnos más”. “Tenemos ideas sensatas, no estupideces para proponerles”, bramó, y se lanzó a construir puentes de plata con los peronistas republicanos. De nuevo allí marcó un rumbo: a sus elementos internos, sobre todo a los más fundamentalistas, les dijo que en el peronismo también hay republicanos. Que no todo se agota en la grieta, ni en la lógica binaria de Twitter.
Cornejo reconoció que “tenemos probabilidades ciertas de salir derrotados en las elecciones de octubre”, por lo que pidió redoblar los esfuerzos. “El populismo no los sacará de la pobreza”, les dijo a los pobres. Podríamos aportarle una idea al gobernador mendocino: tampoco lo hizo el programa de Cambiemos, más bien todo lo contrario.
Por eso tal vez haya que cambiar. Parte del radicalismo ya advirtió que ha llegado el momento.

Valdés dejó ir a otro colombista

El gobernador Gustavo Valdés decidió darle salida a otro ministro. Al de Obras Públicas. Es el segundo que despide desde que asumió en 2017. Es también el segundo colombista puro que sobrevivía del proceso regimentado que empezó 2001. A la luz de lo que se sabe, es muy bueno para su gestión, porque el cambio se sostiene en el trabajo o, mejor dicho, es producto de su falta. Lo malo es que la continuidad del gobierno responda a pactos políticos que mantienen una inercia que se queda corta y se muestra exhausta para los tiempos que corren, los procesos electorales que se avecinan, y las necesidades que –en provincias como estas–, no merman.
Lo auspicioso es el movimiento, en todo caso. Que Valdés, a diferencia de Colombi, suprime el lastre a cambio del llano, y no a cambio de promociones costosas para el erario público como la de los ex ministros Julián Dindart u Orlando Macció, a los que facilitó becas de diputado nacional y de asesor en Consejo Educación, respectivamente.
Puede que pronto Rodríguez u otro desocupado aparezca en alguna lista legislativa amiga, pero ya no será lo mismo que hacerle peso al gobierno desde adentro del gobierno. Veremos.

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En verdad, hoy Valdés disimula como puede ese dato que lo envuelve: que de los 13 ministros que lo acompañan desde hace poco más de un año, 8 venían de las gestiones inmediatas anteriores. Hubo uno incluso que venía de 2001: Enrique Vaz Torres, el primer echado.
Disimula que más del 80% de los ministros constituyen una herencia que le daba continuidad, sí, pero le restaba poder de fuego.
Ya con Vaz Torres en la calle Valdés demostró que no está para soportar desplantes de los que antes eran sus iguales, pero ahora son sus subordinados institucionales. Ya con Vaz Torres envió un mensaje multipropósito, a la política externa y a la interna. A la ciudadanía. Con Bernardo Rodríguez da otro mensaje que impacta de lleno en la interna, ahora, en la hora de la interna.

—¿Qué fue lo que pasó?
—Que el ministro de Obras y Servicios Públicos, Bernardo Rodríguez, presentó su renuncia, texto que fue aceptado el viernes por el gobernador Valdés. Que el alejamiento del popular “Gringo” se dio 48 horas después de la cesantía del subsecretario de la repartición, Miguel Angel Tombolini.
(Dos bajas en una semana en el mismo sector. En un ministerio clave para mostrar hechos que acompañen lo que por ahora se ve en soledad: la trabajosa voluntad de Valdés de estar cerca de las demandas de la gente en todo el territorio, justo en momentos en que el clima, además, hace notar la pequeñez humana, pero también las falencias de las políticas públicas y los déficits estructurales, mantenidos y acrecentados por los gobiernos anteriores. De los inmediatos anteriores, incluso, el actual gobernador fue parte. Negar eso es tan errado como echarle la culpa a un empleado por decisiones mal tomadas por el CEO de la empresa.

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Según se dijo oficialmente para salir del paso, al promediar la semana el arquitecto Tombolini habría tomado la decisión de irse de su oficina para acogerse al beneficio jubilatorio. Otras voces dicen que el subsecretario venía arrastrando diferencias con el Gobernador, que se agravaron por asuntos privados del funcionario que tomaron estado público el año pasado. Que reclamos vecinales de su pago chico, mal gestionados, y con costos para el propio Valdés, precipitaron la decisión.
Dicen también algunos hombres bien informados que merodean el Ministerio de Obras, que Valdés echó a Tombolini.
—En ese tema no dudes. Valdés lo echó. Ahora si quiere se jubila —dicen con énfasis los maestros del hormigón armado. Aseguran además que esa decisión “no le gustó” a Rodríguez.
—No le gustó y entonces renunció.

Al hacerlo, al alejarse de su puesto de ministro de Obras y Servicios, Bernardo hizo trascender que habría renunciado por “motivos personales” y “para dedicarse de lleno a su actividad privada, ya que tiene una empresa de transporte de materiales”. Justo de materiales.
Lo llamativo de la cuartada es que los Rodríguez, él y sus dos hermanas, vienen ocupando cargos públicos y partidarios en la UCR desde que Ricardo Colombi llegó al poder, hace casi 20 años. Nunca hubo problemas con la empresa familiar. Tal vez ahora haya a un exceso de crecimiento o un exceso de crisis económica, razones que demanda la atención de sus propios dueños. El tiempo dirá.

—¿Quién es Rodríguez entonces, un funcionario de carrera-militante o un próspero empresario?
—El ahora ex ministro es oriundo de Curuzú Cuatiá. El “Gringo” es hermano de Alicia, histórica y leal secretaria privada de Ricardo Colombi; y de Graciela, actual senadora, pero que supo jugar todas las canchas que el ex gobernador le pidió. Ricardista de paladar oscuro, fanática hincha de Boca, pero a la vez un cuadro de excepción, en comparación con muchos otros.
Es decir que Rodríguez, dados sus pergaminos y pedigrí, es un peso pesado en la simbología “eco-frentetodiana”. Fue el primer secretario privado del mercedeño cuando éste asumió la Gobernación en 2001. Fracasó luego en una candidatura a intendente en Curuzú. Volvió para quedarse en la segunda gestión Colombi. Asumió la “Sub-Intervención” del Instituto de Viviendas, sillón que se compró a su medida. En 2011 asumió la titularidad del organismo. Hasta el 10 de diciembre de 2017 ocupó ese cargo (sin mayores logros a juzgar por el acuciante déficit habitacional de la provincia), para luego jurar como ministro de Obras, lugar que quedó vacante cuando Aníbal Godoy asumió como diputado provincial.
El “Gringo” permaneció 14 meses como ministro, pero empezó a flaquear y se tuvo que ir. Su salida, segunda cronológicamente y en importancia después de que Valdés echó a Vaz Torres, aviva el fuego de muchos comentarios. Los de siempre tienen que ver con otras renuncias. En el bolillero, por alguna razón, siempre están el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, y el de Desarrollo Humano, Federico Mouliá, pero empiezan a aparecer otros nombres conforme crece la demanda de trabajo político, de alineamientos internos y de compromiso con el líder. Con este que gobierna.

—Algunos deberían tener cuidado —dijo alguien cerca de Casa de Gobierno. —La inoperancia se cubre un tiempo con acuerdos políticos. Pero esa misma ineficiencia mezclada con deslealtad, puede ser explosiva.
—¿Qué más dicen en el Gobierno?
—Que Rodríguez deja el Estado para dedicarse a su familia, y para trabajar -tal vez ahora sí- como administrador de su empresa.
—¿Qué quiere decir “tal vez ahora sí”?
—Y no se si no te diste cuenta, pero ya venía haciendo la plancha hace rato.
—Pero el gobernador también lo sabe desde hace rato: de él y de otros dicen lo mismo…
—Hablemos del Gringo. Venía con freno de mano, desganado, desmotivado, haciendo poco.
—¿De cansancio nomás, o porque no estaba de acuerdo con el Gobernador?
—La verdad es que demostraba poco interés en hacer algo a favor de la gestión. Apostaba al juego de la marioneta, y eso no es así. Ojo.

Al parecer, el que de golpe también se está dando cuenta que eso no es así es el propio Colombi. El viernes por la noche apenas saludó a Valdés: apretón de manos (mano flácida, como siempre con los que detesta), mesa de por medio y obligado por el protocolo en la recepción nocturna a los embajadores que visitaron la provincia el fin de semana.
—Todo muy frío —dijeron los que los vieron.
—¿Y cómo será la sucesión en el Ministerio?
—Para reemplazar a Rodríguez suenan al menos tres personas, todos hombres y con perfiles bastante distintos. Uno de ellos descolla en la actividad específica: Claudio Polich, un cuadro de alta formación y expertise que desde hace tiempo da muestras de eficiencia y que espera su momento. Fue, a la vista de todos, uno de los puntales en la victoria de la elección capitalina, en junio del 17, al ponerse al frente de los trabajos de recuperación de caminos y asistencia vecinal en las épocas del diluvio infernal que ahogó las chances de reelección de Fabián Ríos.
Consultado al respecto, dijo ni.
—No tengo confirmación de nada. En estas horas estuvimos charlando, pero no del tema. No tengo idea de qué decidirá el Gobernador.

En breve se sabrá. Pero ya hay una certeza: nadie que juegue el juego de la marioneta se sumará al gobierno. Ojo.

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Las teorías políticas que estudian los tipos de liderazgo, tratan estos como otros asuntos. La teoría de las “democracia delegativa”, por ejemplo, estudió mucho en cuanto a los colaboradores directos de los líderes, que cuando son compartidos, dejan de ser verdaderos aliados.
—¿Y porqué es tan importante?
—Porque gobernantes como Colombi no aceptan más que empleados autómatas. “Obedientes seguidores que no pueden adquirir peso político propio, anatema para el poder supremo del líder”, escribió en su momento el cientista político Guillermo O´Donnell.
Esos líderes tampoco tienen en realidad ministros, ya que ello implicaría un grado de autonomía e interrelación entre ellos que es, por la misma razón, inaceptable.

Valdés se está armando. Necesita colaboradores: mente y acción al servicio del gobierno, y no correveidiles de un poder que ya no es.

Volver al pasado

Muchos manuales de consultoría política sostienen una tesis dominante y comprobada de que las campañas electorales e incluso las permanentes son mucho más retrospectivas que prospectivas. Priman los argumentos relacionados con el pasado del que se sacan tajadas positivas y negativas, según la conveniencia del momento.
Esta aseveración de corte teórico encuentra en el país ejemplos confirmatorios a raudales. Pero no es todo: los movimientos políticos de Corrientes elevan a la categoría de teorema esas aproximaciones que aportó la Comunicación Política a lo largo de los años.
La referencia al pasado está muy presente en la Argentina: en el peronismo que recuerda a sus muertos, Perón y Néstor, y olvida estratégicamente a sus vivos: los 5 presidentes de aquella semana trágica de 2001 y a Cristina Fernández de Kirchner, que respira bajo mullidas alfombras de expedientes judiciales.
Y también está en el radicalismo que ensalza a Alem, Illia, Balbín y Afonsín pero ningunea a De la Rúa, su fracaso y sus consecuencias derivadas.
En ese contexto, el clima de proselitismo espeso en el que está entrando esta nación, al parecer atonta al Gobierno de Mauricio Macri que no ceja en su amontonamiento de errores, los que podrían condicionar su medio término y con él toda su proyección de futuro. Sus buenas intenciones, debe saberlo el Presidente, no conmueven el corazón del peronismo que se recicla oliendo, persiguiendo y bebiendo la sangre de los débiles.
Pero más allá de la política, tampoco esos buenos deseos llenan la olla ni apaciguan la angustia de las clases excluidas y trabajadoras, que sienten en la espalda el peso del ajuste, en los bolsillos la inflación y en toda su carne los despidos propios, de amigos o familiares. La vuelta a lo peor del cirujeo que perfiló la última crisis terminal de la Argentina.

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Y Corrientes, que ahora marcha al ritmo del disco nacional, no está ajena a esa triste melodía. Y aún así, el tópico es el pasado. Es la materia que han elegido los estrategas del Gobierno de Ricardo Colombi para salir a barrer las aspiraciones del candidato peronista con el que -como pasó en 2013-, el radicalismo y sus aliados menores saldrán a confirmar la grieta electoral-política y a tratar de sobreponerse al obstáculo de esa polarización.
Para el colombismo y su troupe de “aspirantes”, Camau Espínola es el pasado: el kirchnerismo, los bolsos de López, las obras de De Vido y la billetera de Báez; la prepotencia de Cristina, la indiferencia organizada y sistemática del Estado o, recientemente, la farsa de Milani, el general represor con el que el cristinismo sostuvo su política de Derechos Humanos. El castillo de naipes de ese cuento acaba de implosionar.
Para el peronismo fabián-camausista, en tanto, que por un rato entendió que había que buscar al enemigo afuera, el pasado está corporizado en Macri: en el neoliberalismo, en los ajustes, en las mentiras sistemáticas, en las fallas políticas que abrevan en la fuente de los imberbes (o de los imbéciles) y en los datos que le reflejan sus propias planillas de Exxel: en poco más de un año de Gobierno, Macri y otros 50 funcionarios suyos ya están imputados por hechos de corrupción.

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(¿Está claro? que) no es lo mismo tirar bolsos llenos de dinero a un convento, traer o sacar plata en aviones, o enriquecer a tu familia completa, que perdonarle a tu papá, desde el Estado, unos 70 mil millones de pesos, mientras por otro lado le sacas “20 pesos” a los 7 millones de jubilados por en “error de cálculo”. Que no es lo mismo tener a un represor montando escena como guardia de los desaparecidos, que un aduanero que reivindique a los represores. ¡Qué cosa! ¡Tán distintos, tan iguales!
La retrospección, queda demostrado, es un camino peligroso. Lo es en la Nación y lo es también en Corrientes. Sobre todo porque los que disputan el control del Gobierno en todos sus niveles tienen más pasado que futuro y un presente de quietud y mentira.
Debería tener cuidado el Gobierno de Corrientes cuando habla del pasado, porque sacando cuentas, si el kirchnerismo es pasado, el colombismo ya lleva en el poder más que los Kirchner y sus crías. Y eso sin hablar de aquellas épocas en las que compartían escenarios y hasta afiches electorales.
La oposición peronista, por su parte, tiene en su carga genética parte de lo poco bueno y lo mucho malo que le pasó a este país. Cuando estuvo porque estuvo y cuando no, porque hizo lo posible y lo imposible para volver haciendo zancadillas y repartiendo codazos.
El peronismo, que es alérgico al llano, debería en algún momento hacer su mea culpa. Un paneo basta para ver entre sus filas la condensación de promesas sustentadas en el curriculum de algunos de sus miembros, pero también el prontuario de lo más nefasto de la historia reciente del país, y también de Corrientes: dirigentes extraviados, sin votos y dañinos que han hecho del travestismo político su forma de vida. Y que devienen hoy -porque los han dejado- en generales plenipotenciarios que se aprovechan del desprecio interno en el que transcurre el PJ correntino detrás de la retórica del consenso.

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El panorama no es el mejor. El país se debatirá este año entre dos formas de pasado: entre el que encarna el kirchnerismo-peronismo y el que encarna el macrismo-menemismo-aliancismo. Dos formas de gobierno: el del call center atendido por pasantes o el del látigo de los barones y baronesas. Por el momento al menos no hay posibilidad de síntesis.
El gobierno de Corrientes se desmarca: está aprendiendo a usar su call center, trolls y demás servidores humanos de propagandas varias, pero siempre respondiendo a la matriz de otro tiempo, analógica y ciertamente autoritaria: la de un líder que manda y del resto que se encolumna. Cualquiera que encarne un desafío a ese andamiaje no tiene otro destino más que el de la morgue de los burócratas ambiciosos.
Es difícil, en ese contexto, que unos y otros hablen de las bondades de la democracia que no practican ni entre ellos. El radicalismo primero y el PJ la última semana, dieron muestras de gambeta electoral que atiende a múltiples razones, todas ellas ponderables, pero que socavan el sistema, minimizan la participación ciudadana y terminan reduciendo la política a las lógicas primitivas de mando que se heredó de la revolución francesa: el gobierno de elegidos.
Y después está el discurso que se estructura en esa urdimbre funcional. Un referente de ECO+Cambiemos dijo la semana pasada que Espínola no puede ganar porque ya perdió en 2013. En el mismo acto y en la misma radio, ese mismo senador-candidato ponderaba la candidatura de Tassano, que paradójicamente también ya perdió, en 2009.
En paralelo, un referente del PJ-FPV dijo que si llega al poder pujará para evitar que los funcionarios se enquisten en el poder. Daría por terminado, prometió, con aquellos que no conocen otro trabajo más que cobrar del Estado desde que se fue la dictadura.
Se refería al cargo de gobernador y esa prohibición ya está en la Constitución, pero lo que plantea el muchacho es un régimen al estilo norteamericano: dos períodos y a la casa.
Se trata de un acto de voluntarismo puro si se tiene en cuenta que en el mismo sector que él lidera, para estas mismas elecciones, postularán a candidatos que tratarán de encontrar una hendija judicial para burlar las trabas de continuidad que hoy mismo tienen  la Constitución y las cartas orgánicas. Lo que se dice cinismo puro.
Ni hablar de las promesas. El colombismo hará hincapié en las promesas incumplidas de sus oponentes y, por el contrario, tratará de cortar todas las cintas posibles antes de las elecciones. La autovía de la Capital se inscribe en ese esquema. La obra la anunció CFK con Camau, pero la inaugurará -se cree- Macri con Ricardo.
De otro lado la zona de promesas es grande: viviendas, caminos, energía, trabajo. La Coca Cola que no viene no se sabe si por las condiciones fiscales del país o por las condiciones jurídicas de la provincia. Lo concreto es que no llega.
Así es difícil la cosa. Tan difícil como la tiene el presidente. Según el Macrimetro (una iniciativa civil, colaborativa y apartidaria que tiene por objetivo verificar el cumplimiento de las promesas de campaña del presidente), Mauricio hizo en campaña 265 promesas. Lleva en el cargo 435 días. Cumplió 10, incumplió 4, 27 están en progreso y 224 promesas están pendientes.

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Ojalá una iniciativa como esta se ponga en marcha en Corrientes, entre otras cosas, para evitar que las barbaridades que se dicen tengan un mínimo control que escape a la protección de los medios, muchas veces demasiado cercanos a la lógica del discurso único que con dinero público se convierte en hegemónico.
Alguien debería ponerle un coto a la paparruchada de defender el Iberá hasta el 10 y entregarlo el 11 de diciembre; o la berretada de la emancipación con la que se trata de encubrir la mas absoluta dependencia. Pasó con el kirchnerismo. Pasa hoy con el macrismo. En fin, es peligroso hablar de pasado, más aún del pasado reciente que muestra más continuidades que cambios.

El teorema de Colombi y la búsqueda del diálogo en medio de los monólogos

 

 

Más desnutrido que lo que el menos optimista hubiese querido, el pasado miércoles empezó a sesionar, al menos en la formalidad del puntapié inicial, el anunciado Consejo Consultivo de Políticas Públicas, espacio con el que el Gobierno pretende encauzar su liderazgo, diseñando en el mismo acto una serie de objetivos políticos, sociales y económicos. Todo ello, claro, en el marco del Pacto Correntino de Crecimiento, otro megaproyecto que sigue buscando su concreción plena desde que se acuñó, durante la reforma de 2007, hasta que se plasmó en el texto constitucional a modo de cláusula transitoria.

Pues bien: abrió sus puertas el Consejo de Políticas Públicas, precedido de una serie de buenas intenciones y de la sacralización del diálogo, aunque en rigor de verdad, el encuentro entre legisladores y el gobernador Ricardo Colombi no es por el momento más que el monólogo de las partes que conforman un todo. De hecho, por el momento no apareció el PJ, que atendiendo sólo los guarismos de las últimas elecciones, representa la voluntad de casi la mitad de los correntinos.

Revisando este punto parece necesario contarlos en el debate para que pueda haber consenso y para que éste sea de calidad. Por el momento, no obstante, los muchachos peronistas se autoexcluyeron y pusieron condiciones. Pero quieren estar, afirman. Sucede que mientras tanto, esta especie de gataflorismo hace mella en las bases, que reclaman a sus representantes (inorgánicamente, claro) hacer frente a sus responsabilidades y a no ceder espacios de construcción política.

Por lo demás, hay que decir que el Consejo no tiene previsto, en una primera instancia al menos, dialogar con aquellos sectores que no tienen representación en el Parlamento, lo que vuelve aún más complicada la posibilidad de elaborar una agenda que sea inclusiva y que contenga justamente a los sectores menos favorecidos por las políticas que se fueron sucediendo a lo largo de la historia de Corrientes.

Por eso, según varios referentes consultados para esta nota, la declamación del consenso no es más que eso. Porque el Gobierno no dialoga con el PJ, que representa a casi la mitad del electorado y porque además, básicamente, los sectores que hasta el momento respondieron al convite o son socios de Encuentro por Corrientes, o tienen afinidad ideológica con el radicalismo gobernante, pese a haber sido elegidos con votos prestados, aportados por el kirchnerismo más recalcitrante, o por distintas vertientes del progresismo provincial.

En el radicalismo no desconocen esta realidad, pero recuerdan que es el comienzo. Esperan por el peronismo, aún con sus planteos, y piden reconocer el éxito que en sí mismo representa este espacio de negociación, inédito en Corrientes.

 

Debate ideológico

El Consejo Consultivo de Políticas Públicas, puede decirse en este contexto, es una de las ideas más importantes del Gobierno desde que los Colombi llegaron al poder, hace más de una década, pues de concretarse al menos parte de sus objetivos, cristalizaría el viejo anhelo de diseñar un plan de convergencia lo más parecido a las políticas de Estado de las que mucho se habla y poco se oye.

Implicaría el diseño de un plan estratégico de crecimiento y desarrollo económico y social, y es allí donde se centra (al menos en el debate público, mediado por la prensa) la diferencia de criterios, puesto que hay gente dentro del peronismo, por ejemplo, que cree que el Gobierno persigue más un plan de acción económico que social. Es el mismo planteo que hace la izquierda, y alguno que otro sector sin representación o incluso los que teniendo votos en las cámaras quedaron afuera del llamado.

Sustentado en los valores de la democracia, el Gobierno entiende que la representación de las mayorías es suficiente para diagramar un plan de estas características, pues además piensa instrumentar otros niveles de negociación, lo que cerraría un círculo virtuoso para la consecución del objetivo principal.

Hay quienes, de todas maneras, opinan lo contrario, y consideran que así usada la democracia es como el abuso estadístico del que hablaba Borges. Ni los más saben de todo; ni los pocos no saben nada, y por lo tanto reclaman.

Es que más allá del posicionamiento político de cada sector, hay algo de cierto en lo que dicen los marginados. “Vamos a debatir inclusión, pero sólo desde la perspectiva de los poderosos”. El Gobierno lo desmiente y pide tiempo.

 

El teorema de Colombi

El gobernador, hábil para manejarse en el barro de la política, se defiende atacando. No se sabe si de puro gusto, por su forma de ser, o porque no los quiere, Colombi aleja con su lengua las críticas que le hace la oposición. Ningunea a los no representados y trata de irresponsable al peronismo, colectivo al que además le moja la oreja mofándose de su último triunfo electoral.

Ya en 2012, al habilitar la Asamblea Legislativa, Colombi citó a su correligionario Raúl Eduardo Baglini (uno de los pocos políticos argentinos en tener un teorema con su nombre), para demostrar la actitud crítica del peronismo. El jueves, desde Goya, Colombi habló por radio con María Mercedes Vázquez, y allí, al abordar la ausencia del peronismo en el inicio del Concejo de Políticas Públicas, volvió sobre la sentencia de su correligionario mendocino que reza: “Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”.

La chicana del mandatario sugiere la irresponsabilidad del PJ por su lejanía con el poder, una osadía a casi 4 años vista. Otros, desde la misma vereda, creen que la negativa se sustenta en ciertos “berrinches de Fabián Ríos, que se siente muy incómodo negociando cualquier cosa con este gobierno”, según graficó un encumbrado dirigente radical.

No obstante esto, en el kirchnerismo lo toman como de quien viene. Entienden el enredo dialéctico pero parecen dispuestos, al menos en los niveles legislativos, a no renunciar a la posibilidad de un entendimiento en tanto y en cuanto se conversen algunos puntos clave: salud, educación, vivienda, trabajo, energía, infraestructura, el trato con los municipios.

“No tenemos un planteo rupturista, al contrario, queremos discutir pero en serio”, se defendió ayer el presidente del PJ, Fabián Ríos, en contacto con El Litoral. “Pero no vamos a darle la foto a alguien que desde allí intenta reinventarse”, añadió el intendente. Para Ríos no es la foto del diálogo. Es diálogo o nada es.

El presidente del bloque del PJ en Diputados, José Mórtola, se manifestó en el mismo sentido, pidiendo voluntad de diálogo y no de sometimiento, y por ello mismo, según dijo, enviaron una nota al Gobernador dejando en claro que participarían del llamado en tanto haya una agenda clara, concreta, con puntos de interés para los correntinos.

Al cruce aclaratorio, a instancias de este mismo diario, salió Sergio Flinta, presidente de la UCR y voz autorizada en cuestiones de la política oficial. “No hay agenda, al menos en estos primeros pasos. Es, en todo caso, a agenda abierta. Por eso invitamos al PJ y si quieren venir con sus propios temas que lo hagan, pero nosotros vamos a avanzar con ellos o sin ellos”.

“El resultado de este proceso será de una manera con el PJ y de otra, sin ellos, pero el Gobierno tomó la decisión política de generar una agenda de futuro y lo vamos a llevar adelante”, advirtió confiado.

El guión final, para Flinta, será con los que están, pues sabe que lo ideal, muchas veces, es enemigo de lo posible. El tiempo dirá.