“A corazón abierto”, en librería

A un mes de su presentación formal en la Feria del Libro de Caá Catí, “A corazón abierto”, la crónica sobre momentos, lugares y personas escrita por Eduardo Ledesma, ya está en librería disponible para la venta.
Cumplidos los trámites legales de rigor para esta segunda tirada -puesto que la primera fue una donación del autor y del editor a la Biblioteca Popular Juan Manuel Rivera-, los ejemplares ya se encuentran disponibles en La Rioja 755 de Corrientes, Capital, sede central de Moglia Ediciones.
Para quienes se encuentren fuera la ciudad o de la provincia y deseen un ejemplar, pueden solicitarlo por mail a: moglialibros@hotmail.com; ingresando al website de la editorial: www.mogliaediciones.com.ar y, también, a través de Mercado Libre.
También el autor tiene disponible ejemplares que pueden solicitarse por mensajes privados a través de cualquiera de sus redes sociales Facebbok; Twitter o Instagram y de su página web https://eduardo-ledesma.com

El libro

Eduardo Ledesma escribió esta crónica para dar visibilidad a las personas y al lugar, y “si bien el libro tiene su epicentro en lo que sucedió en la IV Feria del Libro de Caá Catí, está rebalsado con otros personajes y otros lugares”.
“La feria en sí misma dispara muchas cosas. Creo que es desconocida en gran parte de la provincia porque no es hija del marketing. Y sin hacer alardes y sin mostrar sus pretensiones, año tras año sigue creciendo”, deslizó el periodista.
Esta publicación que aún huele a nuevo, fue en principio producto de una donación tanto de Leonardo Moglia de la Editorial Moglia como del periodista Eduardo Ledesma, quienes en su primera edición confirieron a la Biblioteca Rivera toda la potestad de comercialización de los ejemplares.
Ahora el libro cumplió con sus pasos de inscripción de propiedad para su reedición y comercialización.

Se dice de mi…

“Esta crónica relata la experiencia de un viaje, pero no un viaje cualquiera sino uno “a corazón abierto”. Ya con el título, Eduardo Ledesma nos previene que la crónica no se basará únicamente en la IV Feria del Libro de Caá Catí, sino también en los engranajes, motivaciones y paisajes humanos que la sustentaron”.
“Ledesma maneja con soltura los tiempos de la crónica; los matiza con pasajes ficcionados de testimonios reales que dotan al relato de una tensión propia de otros géneros. Tal entrecruzamiento le permite desarrollar distintos asuntos a la vez sin que se pierda el hilo ni decaiga el interés por la lectura”.
Rodrigo Galarza, poeta.

“No tengo tantas palabras para nombrar la naturaleza, más bien pocas; me crié con el desapego porteño que cree que la naturaleza es un lugar bello y lejano para ir de vacaciones. Ahora me puedo imaginar ese paraje que describe Eduardo en su crónica, donde “sólo había hierbas fragantes, de campo, sembradas al boleo”, casi puedo olerlo. Todo su relato fue un empujón que me hizo volver a ese día y medio en Caá Catí, al sonido dulce del chamamé, a las historias de los poetas que escribieron el pueblo desde el exilio y de los forasteros que se aquerenciaron ahí”.
Alejandra Zina, escritora.

“Recién termino de leer “A corazón abierto” y durante toda la lectura con “carne de gallina” a pesar que soy “cuervo”. Realmente no pude salir nunca de esa emoción de ver reflejada allí la parte más secreta e importante de mi vida artística y de mi vida personal. Es una crónica que está tan bien hecha, con emoción y con justeza que te lleva en un camino directo al corazón de Caá Catí y al corazón del lector.
Romy Espinoza, abogado, escritor, músico, cantor.

“Yo no soy un crítico literario y menos aún lector de crónicas, por lo que sospecho que lo que encontré en el libro “A corazón abierto”, que me encantó, es un aire de novela. Creo que eso indecible entre el material de una novela o un cuento (ficción) o una crónica (algo que sí sucedió) y que se discute a propósito de un recuerdo, es clave. Porque no hay dudas de que el autor escribe sobre algo que sucedió no sólo en el relato de la muerte de Gerardo sino de todo lo que pasó en Caa Catí en esos días. Pero lo que me enganchó a mí es la forma literaria. Su estilo literario”.
Fernando Abelenda, psiquiatra, lector, conductor y columnista de radio

Leer “A corazón abierto” fue como caminar la siesta dormida de Caá Catí pueblo.
Moni Munilla, escritora

“Mi comentario no intenta ser una crítica formal ni académica de un libro, pero es quizá lo que todo autor busca: ver si lo que escribió “llegó” al corazón del lector. Y a mí no solo me llegó, sino que me conmovió y me mueve a visitar ese antiguo almacén (tan bien descripto), estar en su Laguna Rincón, y conocer a la señora que dibuja con los pies… Claro, y concreto, con la simpleza de “lo nuestro” y una pluma que sin dejar de lado su origen periodístico, incursiona de manera brillante en la literatura.
Graciela Faccini, periodista.

“La tierra ebria sobre mí y yo en una voluntad azul bajo las aguas poseído por el temblor de las especies”. Ese temblor y esa ebriedad mueven las pulsiones de Eduardo ahora en un libro de crónica. Aquí pone su firma, donde la pantalla blanca del computador no tiene límites y los personajes, los momentos y los lugares del interior de Corrientes quedan por un momento -tan solo por un instante- congelados en las páginas de este libro que tituló “A corazón abierto”.
La invitación va más allá de leer: la invitación es para ir pynandi por la tierra del taragüí y conocer su historia cultural, aquella mezcla de poesía y música.
Paulo Ferreyra, periodista.

Una crónica atrapante, un relato fascinante, una literatura que enternece y cala hondo en el corazón del correntino. Imposible no conmoverse con protagonistas como “Cancho” Gordiolla Niella (mi compañero durante el tránsito por caminos del arte), como Pilar Benítez a quien conocí a través de “Pintores sin manos”, o como Fany, la fámula de Borges, fiel y desinteresada como el correntino de ley. Esta obra es, sin lugar a dudas, el preludio de futuros grandes éxitos.
Rosita Troia, docente, crítica de arte

La reverberación de la palabra escrita

Por Paulo Ferreyra
Especial para el diario El Litoral

 

La tarde comienza a la siesta, ya después de comer Heraldo Vallejos nos hace de guía por la casa del poeta de Caá Catí, David Martínez. De camino al lugar llovizna, las calles parecen más anchas y desiertas, cortada la quietud por algún auto que pasa raudamente. Las hojas de los árboles están selladas, no se mueve nada, el agua que va cayendo congela hasta los ánimos.
El acceso al pueblo es por la avenida 12 de Octubre, de cara a esta calle se encuentra el almacén y lo que fue la biblioteca de David Martínez. Aún se conservan ahí sus libros, parte de su mobiliario y el almacén, el mismo que estuvo cerrado durante cuarenta años y hace poco se abrió como un cristal intacto, con la colonia fresca y algunos productos amarillos marcados por el paso del tiempo.
La presentación de libros comenzó con el grupo de escritores de Apóstoles, Mónica Ortiz trajo el libro “Madrugadas y silencios”. Luego los cocineros del Iberá, quienes estuvieron durante los tres días ofreciendo exquisiteces, compartieron su experiencia ante un nutrido auditorio. Pasadas las 17 fue el turno de la poeta María Laura Riba, quien presentó su libro “Ella sin nombre” y estuvo acompañada por Heraldo Vallejos. Ambos hablaron del camino que la llevó a escribir esta novela poética.

“Estar cerca para  contarlo”
Luego de realizar durante dos días el seminario sobre Crónica, tema central de la 5ª Feria del Libro de Caá Catí, Josefina Licitra presentó su más reciente libro, “38 Estrellas, la mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia”.
En la mesa estuvo acompañada por Gabriela Bissaro, quien fue desentrañando cómo se gestó el libro.
“A principios de 2011, cuando trabajaba en un perfil sobre José Mujica, quien entonces era presidente de Uruguay, tuve una entrevista con Lucía Topolansky: su compañera afectiva y hoy vicepresidenta de Uruguay. En aquella charla, Topolansky habló de la gesta colectiva que había sido el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), al que ella y Mujica se habían sumado en los 60, contó cómo esa militancia tenía sus réplicas en las decisiones de gobierno, recorrió su propia vida y evocó los eventos políticos y personales que habían marcado su juventud. Ahí mencionó, sin mayor detenimiento, la Operación Estrella: una fuga carcelaria que ocurrió en Montevideo el 30 de julio de 1971, que llevó a la libertad a treinta y ocho presas políticas y que, hasta el momento, aun cuando tenía cualidades llamativas, no había sido recordada por ninguno de mis entrevistados anteriores.
Esa fue la punta, comencé a investigar y no encontré ningún libro sobre el tema”, explicó Licitra.
“Siempre una fuga es atrapante para leer. Conocemos fugas de hombres, pero una fuga de mujeres conocemos muy poco, entonces esta historia comenzaba a atraerme por varios frentes, una fuga y de mujeres. Sentí que ahí tenía una historia”, subraya.
Luego amplió su alusión explicando procesos de trabajo, pautas que la ayudaron a ordenar la historia y destacó que es un libro con datos duros e históricos, pero que está narrado en forma de novela. “Todos los datos están chequeados porque es un libro periodístico. Al escribir una crónica no podemos ser otro, pero podemos estar cerca para entender lo que sucede”, indicó Licitra.
“Las mujeres eran más reservadas que los hombres. Fui entrevistando a algunas de las fugadas y fue necesario hacer una revisión de los hechos para contextualizar quiénes fueron los Tupamaros. Tardé muchos años y es el libro que más tiempo me llevó, pero eso sucede porque vivo en este país donde uno hace muchas cosas y además escribe un libro”, destacó.

Embriagados en palabras 
La tarde del domingo en cuanto a presentaciones de libros cerró con “A corazón abierto”, del periodista Eduardo Ledesma. Estuvieron en la mesa Yamil, Fabián, Eva, Melisa, Heraldo y Romy. Comenzaron leyendo fragmentos del libro y se fueron ganando poco a poco por la trama, las historias, los personajes. Fue creciendo todo hasta quebrar y volver vidriosos los ojos del autor, que necesitó tiempo para reponerse y leer también él un fragmento.
“El libro es un regalo que en simultáneo es una devolución de todo lo que nos da Caá Catí. Leo Moglia dijo que si yo ponía el texto, él ponía el libro. Así se gestó este proyecto. Las historias y el hilo central tienen que ver con esta Feria del Libro, pero se ensancha con otras historias y personajes entrañables para todos. La pretensión fue poner en estas páginas lo que significa y lo que es Caá Catí”, explicó Ledesma. Al mismo tiempo y casi en simultáneo Fabián Brizuela agregó: “Es interesante vernos en estas páginas”.
La crónica fue el tema de este año y el libro de crónica juega con los datos del periodismo y la literatura, hay poesía, imágenes que están en la memoria del pueblo y se hicieron historia a través de sus escritores.
“El título del libro hace alusión a la manera en que lo escribí. Este libro lo escribí a corazón abierto, puesto que a menudo debo congelar mi corazón para escribir, pero aquí lo dejé latir y abierto”, explicó Ledesma.
Las historias y las anécdotas en el cierre se fueron esparciendo. Romy Espinoza contó su anécdota con el escritor saladeño Gerardo Pisarello y dejó mudos a todos por un instante, mientras la emoción reverberaba en los rostros ya sensibles en la despedida de la feria.
Hubo aplausos sostenidos después para Gabriela Bissaro y Carlos Lezcano. Este último tomó la palabra para señalar su agradecimiento por el apoyo de todos. “Desde hace unos años en el mes de marzo nos reunimos para pensar la Feria del Libro. Esto se hace con trabajo, y queremos invitar a que se sigan sumando, porque los nuevos contenidos de la feria vendrán de personas nuevas”, destacó.
El cierre musical fue con un homenaje a Rudy y Nini Flores de la mano de Ricardo Navarro y Alejandro Barrios y luego una actuación de Guaranítica.
En ese contexto se acercó una señora y entregó un pan enorme a varios de los organizadores y también a Eduardo Ledesma, una forma más de agradecimiento por su contribución y aporte a la Feria del Libro.

Eduardo Ledesma presenta su libro “A corazón abierto” en Caá Catí

Por Paulo Ferreyra. Publicado en el diario El Litoral

Van acercándose los días en los que Caá Catí se vestirá de palabra y música. La Feria del Libro es un hecho cultural donde la venta de libros es casi un accesorio, y los personajes y el lugar cobran un vuelo insólito para quienes se acercan a conocerlo.
Eduardo Ledesma escribió un libro de crónica para dar visibilidad a las personas y al lugar, y “si bien el libro tiene su epicentro en lo que sucedió en la IV Feria del Libro de Caá Catí, está rebalsado con otros personajes y otros lugares”. La feria en sí misma dispara muchas cosas. “Creo que es desconocida en gran parte de la provincia porque no es hija del marketing. Sin hacer alardes y sin mostrar sus pretensiones, año tras año sigue creciendo”, desliza el periodista.
Esta publicación que aún huele a nuevo, muy nuevo, abrirá su fragancia el próximo domingo. El libro es producto de una donación tanto de Leonardo Moglia de la Editorial Moglia como del periodista Eduardo Ledesma, quienes en esta primera edición del libro confieren a la Biblioteca Popular Juan Manuel Rivera toda la potestad. El libro se venderá a un precio módico y todo lo recaudado será para la biblioteca.
Hace apenas un año atrás, en este pueblo de arena, laguna y bajo ese cielo inmenso, Selva Almada leía un texto inédito de un trabajo que todavía no había presentado en Buenos Aires. Este año estará Josefina Licitra, quien presentará su nueva crónica “38 Estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia”.
“La tierra ebria sobre mí y yo en una voluntad azul bajo las aguas poseído por el temblor de las especies”. Ese temblor y esa ebriedad mueven las pulsiones de Eduardo ahora en un libro de crónica. Aquí pone su firma, donde la pantalla blanca del computador no tiene límites y los personajes, los momentos y los lugares del interior de Corrientes quedan por un momento -tan solo por un instante- congelados en las páginas de este libro que tituló “A corazón abierto”.
La invitación va más allá de leer: la invitación es para ir pynandi por la tierra del taragüí y conocer su historia cultural, aquella mezcla de poesía y música.
“El libro se escribió a lo largo de un año. Es un testimonio que me deja satisfecho. En la intimidad del trabajo hay muchas satisfacciones. Esta crónica es una contribución de toda la gente que participó y de Leo Moglia. Nadie cobra nada por esto. Es una donación”.
“En tanto texto, la escritura me permitió jugar en un registro al que no estoy acostumbrado: me permitió jugar con la ficción. Dialogué con personas que ya no están, con el archivo. Estos elementos periodísticos y narrativos me permitieron generar un relato de asuntos verídicos con una carnadura mayor al del lenguaje periodístico”, concluye.
Esta crónica relata la experiencia de un viaje, pero no un viaje cualquiera sino uno “a corazón abierto”. Ya con el título, Eduardo Ledesma nos previene que la crónica no se basará únicamente en la IV Feria del Libro de Caá Catí, sino también en los engranajes, motivaciones y paisajes humanos que la sustentaron”.
“Ledesma maneja con soltura los tiempos de la crónica; los matiza con pasajes ficcionados de testimonios reales que dotan al relato de una tensión propia de otros géneros. Tal entrecruzamiento le permite desarrollar distintos asuntos a la vez sin que se pierda el hilo ni decaiga el interés por la lectura”. Así traza este libro el poeta Rodrigo Galarza.

 

La corriente hipócrita

El pasado miércoles 8 de agosto, 38 de los 72 senadores nacionales frenaron, al menos por este año, el tratamiento del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE): la legalización del aborto. ¿Qué hicieron los senadores correntinos? Siguieron la lógica mayoritaria-negativa. Fue la misma postura que asumieron los diputados en la votación de la Cámara baja, aunque aquella vez la iniciativa logró la media sanción.
En Diputados, 4 de los 7 votaron en contra. En el Senado, 2 de los 3.
Podríamos decir, en general, sin atender la naturaleza de la representatividad, que un 60% de los legisladores correntinos votó en contra de la ley y un 40% a favor. Tanto los que representan al pueblo como los que lo hacen en nombre de la provincia, en mayoría, se negaron a la legalización del aborto.
¿Será ese el reflejo de lo que piensa la sociedad? ¿Son mayoría los que quieren que nada cambie? ¿O en realidad los diputados y senadores hicieron cálculos -de uno y otro lado- pensando en cuestiones menos morales y altruistas, como la angurria por engrosar las matemáticas de su egoísmo para usarlas en tiempos electorales? No lo sabemos, pero lo veremos, más pronto que tarde.
Podríamos decir también que entre los “Pro-Vida/Anti-derechos, Hipócritas, Clericales, etc.” -según la calificación agrietada y de color verde en la que nos movimos todos estos meses de discusión-, 5 de los 6 votos lo aportaron hombres, casi todos mayores de 50 años: Julián Dindart, Jorge Romero, Oscar Macías, Pedro Braillard y Camau Espínola. También está una mujer: Estela Regidor, más joven, pero al parecer cómoda en el canon que rige la vida actualmente.
Entre los “Pro-Aborto/Anti-Vida, Genocidas, Asesinos, Feminazis, etc.” -según la nomenclatura de los teñidos con el color celeste-, se cuentan 3 mujeres y un hombre. Una del PRO, Sofía Brambilla, y 3 peronistas-kirchneristas: Aracely Ferreyra, Pitín Aragón y Ana Almirón. La mayoría menores de 50 años.

¿Hay allí un dato? ¿Los que están en contra, hombres mayores de 50 años, blancos, católicos, heterosexuales, representan una matriz conservadora? Si no es así, ¿qué representan? ¿A quién? O, mejor dicho: ¿qué pasa, según ellos, con la parte de las mujeres que necesitan y reclaman contención del Estado para cuidarse, informarse o en todo caso no morirse si de todos modos tienen que tomar la decisión de abortar? ¿No creerán lo que dicen, incluso algunas mujeres, que con la legalización, el aborto se convertirá en el nuevo deporte nacional? ¿O sí? Esperemos que no.
Muchas son las preguntas y pocas las respuestas cuando no son chicanas o mentiras. Porque no abundan las propuestas que de verdad busquen una solución al problema, difícil si los hay, y que quedó demostrado que divide a la sociedad toda. Fracturándola.
No obstante, ellos, los legisladores, ensayaron sus respuestas. Y en cada una de estas dos sesiones especiales dieron una muestra pequeña de la transversalidad de la discusión. También hicieron papelones, o esgrimieron argumentos por debajo de la altura que demandó y demanda un debate de estas características. Lo de comparar a las mujeres con perras preñadas sirve de muestra. Alcanza y sobra. Aunque no puede olvidarse aquello del diputado que se copió una opinión a favor del aborto para él votar en contra: Regidor y Macías. Una radical y un peronista. Parejitos. Después estuvo Dindart el poeta. Romero, el que ni se mosqueó: prefirió el silencio, cobarde o prudente, según el cristal que se use para la mira. Calló, pero votó en contra. Aragón fue el relator de un documento del Colectivo de Mujeres Correntinas y poco más. Y Ferreyra defendió su postura militante, sin sobreactuaciones, pero también sin brillo.

***

Pero ¿en el Senado qué pasó? Corrientes tiene tres representantes: Ana Almirón, Pedro Braillard Poccard y Camau Espínola.
Almirón fue una de las primeras en hablar. Para comenzar admitió que estaba en contra de la legalización del aborto, pero que al informarse cambió de opinión. “Hace 3 años estaba en contra, pero pude dejar de lado mis convicciones religiosas y personales”, dijo. También aclaró que el debate no era sobre el comienzo de la vida: “Estamos hablando de salud pública”.
Dijo que hoy vivimos el tiempo de las mujeres en el mundo: que están empoderadas, que nos exigen esta ley para que puedan decidir sobre su cuerpo, porque quieren elegir cuándo ser madre, cómo, sin morir en el anonimato de la clandestinidad.
Después entró el nudo de su alocución. Recordó que Corrientes se declaró Pro-Vida en 2011 por un decreto de Ricardo Colombi. Una provincia pro-vida pero que los primeros días de julio no pudo salvar a una chica de Perugorría de 27 años que murió por desangrado en Goya; ni pudo hacer nada el 27 de julio con otra chica de 31 años que murió tras una infección por un legrado en Capital. Dos casos sólo en el último mes, recalcó.
“Esta es la salud que tenemos en mi provincia, una provincia pro-vida en la que las mujeres siguen muriendo por aborto clandestino. Si en el último mes tenemos dos casos, no me quiero imaginar todos los casos que nos ocultan”, dijo luego.
Recordó las polémicas declaraciones del director de Hospitales Públicos, Alfredo Revidatti, cuando cuestionó la Educación Sexual Integral y los anticonceptivos. Revidatti sigue siendo funcionario.
También cuestionó a Dindart por haber dicho que las niñas abusadas se “embarazaban porque tenían un rédito económico”. Dindart sigue de diputado, pero en sus tiempos libres se dedica a la literatura.
Recordó además que Corrientes no adhirió al protocolo para la atención integral de las personas con el derecho a la interrupción legal del embarazo que publicó el Ministerio de Salud de la Nación en 2015. Y hasta se acordó de Colombi que vetó la ley de electrodependientes. “¿Qué vida estamos cuidando entonces?”, preguntó.
“Esta ley no obliga a nadie a abortar, sólo le da la oportunidad a quien lo necesite y lo tenga en forma segura. Con esta ley no van a haber más o menos abortos. Lo que van a hacer son menos chicas muertas”, dijo.
Hasta allí todo bien, sólo que después puso en jaque su actuación por esa adicción que tienen los políticos por el atajo. Almirón no fue la única (recién está aprendiendo en comparación con otros), pero mintió argumentando, cuando dijo que en Corrientes la tasa de mortalidad materna cuadruplica la nacional.
“En 2016, último año con información disponible, Corrientes tuvo una tasa por encima del promedio nacional, aunque no cuatro veces superior”, corroboró el sitio Chequeado.com. De acuerdo con los datos oficiales, en 2016 (último disponible), en la Argentina se produjeron 245 muertes de mujeres embarazadas. Esto representa una tasa de 3,4 muertes maternas por cada 10 mil nacidos vivos. En Corrientes, esa tasa fue de 4 muertes cada 10 mil nacidos vivos. Es decir, una tasa por encima del promedio nacional, aunque no el cuádruple, como mencionó la senadora. La fuente de las cifras es la Dirección de Estadísticas e Información en Salud del Ministerio de Salud de la Nación.
Este guarismo ubicó a Corrientes, en 2016, entre las siete provincias con mayor tasa de mortalidad materna del país. Más arriba sólo están Formosa, Catamarca, San Luis, Salta, La Rioja y Chaco, en ese orden. Hasta allí el chequeo.
Es decir: Corrientes tiene muy malos datos como para encima salir a exagerarlos. No hacía falta. Y si somos pro-vida y queremos salvar las dos vidas, etc., podríamos empezar por algo: tal vez por mejorar los índices de mortalidad infantil (muertes de bebés cada mil nacidos vivos), indicador en el que Corrientes es campeón desde hace años. Durante el colombismo fue la peor del país.

***
Más tarde intervino Pedro Braillard Poccard. Hizo una descripción biológica de la concepción y después una serie de consideraciones políticas-ideológicas.
Comentó que escuchó a un biólogo respetable que, con el rigor de su ciencia y claridad de conceptos, lo puso en duda, pero que no alcanzó a convencerlo. Por lo tanto, “ante cualquier duda, me inclino a favor de la vida”, dijo.
“El concepto de vida humana es una convención arbitraria, decía el biólogo”, dijo, pero en ese sentido ancló su postura en contra: desde la concepción hay un ser humano. “Y apoyo la vida que está empezando”.
Luego reconoció que “los abortos clandestinos y los embarazos no deseados son una realidad que existe” en adolescentes y niñas, por lo que pidió que del debate “salgan soluciones”.
“Los que estamos acá queremos expresar lo que pensamos, asumiendo una responsabilidad ante nuestra sociedad”, dijo, y repudió los insultos hacia alguno de sus pares. (Uno de ellos llegó a decir que se la pasó, los días previos, atajando crucifijos).
Habló luego de cuestiones de constitucionalidad, de que los médicos no merecen el trato que les daba el proyecto, de la objeción de conciencia, del daño al sistema público si se echara a médicos valiosos por no practicar abortos.
Después entró a lo hondo: “Me pidieron que no vote por mis convicciones. Pero estamos acá por nuestras convicciones. Por pensar, sentir. Por nuestras trayectorias”, dijo.
Agregó que tuvo “el honor de ser 4 años ministro de Salud de mi provincia y entonces me permito opinar. Creo que tenemos un largo camino por recorrer en materia de políticas de salud, de prevención y de educación para la salud y de hablar del tema. De discutir y de explicar de qué se trata todo esto de los embarazos no deseados, de las enfermedades de transmisión sexual. Los chicos deben saber”.
“Estamos preocupados por un problema, pero tenemos puntos de vista diferentes. Unos piensan que el IVE es la solución y otros pensamos que no es la salida. Sentémonos a ver cuál es la mejor forma de hacerlo”.
Después, palabras más, palabras menos, dijo: yo voto por mis convicciones, por mi trayectoria. No soy hipócrita ni retrógrado. “No quiero que me juzguen porque yo no juzgo a nadie”.
El senador votó en contra, por sus convicciones, según dijo, aunque reconoció estar en duda. Pero ante la duda no se abstuvo. Votó en favor de un embrión y en contra de ampliar el derecho de una mujer que quiere optar, planificar, no morir.
Dijo que el haber sido ministro de Salud le permite opinar sobre lo que hay que hacer. La pregunta es ¿qué hizo? Y si hizo algo ¿qué impacto tuvo? ¿Sobre qué cimientos planteó su gestión sanitaria, si los indicadores correntinos en la materia son históricamente malos, tirando a peores?
Y ya que habló de trayectorias, habría que ver cuál de todas, porque tiene muchas y algunas muy buenas. Pero más allá de que al senador no le guste que lo tilden de hipócrita, de arcaico y esas cosas que se escucharon en el debate, habría que buscar en todo caso algún otro calificativo para conceptualizar a alguien que desde una banca dice -hoy- que hay que sentarse a ver qué hacer, cuando su legajo político tiene más de 30 años.
La hoja profesional de Braillard Poccard dice que fue ministro de Salud de un gobierno cuestionado; que fue funcionario de un ex gobernador que es el único preso por corrupción en Corrientes. Él mismo fue gobernador. ¿Qué hizo por este tema cuando lo fue, antes de ser echado?
Hoy pide educar, pero por la crisis que se inició en su gobierno, los estudiantes correntinos pasaron de año por decreto, con las escuelas cerradas y los maestros en carpas o cortando rutas. ¿Cuál era su convicción en ese entonces? ¿Por qué estuvo bajo el influjo de un corrupto procesado, enjuiciado y condenado? ¿Si se equivocó entonces, no puede pasar eso mismo ahora?
¿Qué hizo como legislador provincial cuando se rehabilitó por medio del voto popular? ¿Qué propuso? ¿Qué hizo o propuso cuando fue vicegobernador de Colombi, un gobernador que por “pro-vida” no permitió la educación sexual que sigue sin darse en las escuelas correntinas? ¿Qué hizo para garantizar la provisión de anticonceptivos?
¿Qué cambió ahora para creer que se van a hacer las cosas que faltan? ¿En verdad Braillard Poccard no siente ninguna responsabilidad política después de tanta trayectoria y convicción?
Ahora hay que educar, dice, y en Corrientes se armó un revuelo porque una maestra escribió “bienvenides” en un pizarrón. Una palabra que mereció una censura trucha por parte de la oficialidad local.

¿En serio podemos encarar un proceso educativo en salud sexual y reproductiva con un Ministerio de Educación que mandó un memorando a los colegios para que los docentes no usen lenguaje inclusivo? ¿Con un Ministerio que mandó una resolución interna redactada con errores ortográficos, sin consulta de expertos ni de bibliografía, refritando fragmentos de una nota de Clarín, para luego borrar fuentes y enrevesar lo dicho por un lingüista consultado por el diario?
Se ve que prende rápido el “Modelo Macías: copio y tergiverso” en estos sembradíos de la vida. Si eso no es hipocresía, ¿qué es? ¿Cinismo? ¿Algo peor tal vez?

***
La cosa no terminó allí. O sí. Porque el tercer senador provincial votó en contra, pero en silencio, integrando el lote de senadores que prefirió jugar a la escondidas. Se trata de Carlos Mauricio Espínola.
Camau no habló. De hecho, apenas se lo vio en la sesión, arrellanado en su poltrona. Tal vez no tuvo tiempo ni de plagiar, como su compinche el diputado Macías. O tal vez su espanto ante un momento trascendental de la historia política del país y del continente, tenga que ver con un rapto de lucidez: no podía ir al Senado a recitar su verso marketinero de la fe, el optimismo, los brazos en alto, como el remedo paródico de su otrora mentor Daniel Scioli.
Perdió una oportunidad histórica, al menos de expresarse, porque casi no se escucha su voz en el Congreso. Y otra más elevada: perdió una oportunidad de explicar por qué votó en contra de una ampliación de derechos, o de explicar en todo caso qué son las dos vidas para él. De explicar por qué votó en contra de las muchas correntinas que se mueren por pobres, o en todo caso de decir en qué sustenta su pretensión de salvar vidas, su proyecto para mejorar los índices o los sistemas de salud, cuando mientras tanto, una y a veces las dos vidas se terminan yendo igual, por falta de educación, de prevención, de contención, de empatía. Por falta de soberanía. Por falta de Estado. Por imperio de la clandestinidad, donde mandan el perejil, la aguja de tejer y la percha. ¿Qué pensará de todo esto el senador medallista olímpico?
Ya en el plano estrictamente político, Camau Espínola perdió la oportunidad de explicar por qué votó como votó, sin que ese voto lo convierta en más de lo mismo. Dicho de otro modo: ¿en carácter de qué los correntinos tendrían que asentir, si es que intenta por tercera vez, que en caso de ganar sería un gobernador del cambio, del progreso? En las campañas anteriores se llenó la boca hablando del atraso, al que él ahora aporta.
Camau Espínola, con su voto en contra, silencioso, se perdió la oportunidad de explicar qué intereses defiende. Qué cálculos hace. ¿Piensa en alguien más que en él? ¿Será verdad que actúa por olfato? ¿Será verdad que es muy católico, casi místico? ¿Lo hace por convicción religiosa o de otra índole? ¿Será que cree que los sectores conservadores que siempre le negaron el acompañamiento lo harán ahora porque ayudó a trabar esta ley?
En esa matemática egoísta, ¿cuál sería el cálculo que deben hacer las chicas que militaron su causa y que ahora se sienten defraudadas? Y, finalmente, ¿qué lo diferencia, por caso, de Ricardo Colombi? ¿Será que hay diferencia?
Por lo que se ve, está claro que sólo los distingue la edad y la barba rala del patrón del Paiubre.

***
Mientras tanto, ¿qué pasó en Argentina? Mucho para el futuro.
Para el presente, que las cosas sigan como hasta ahora: con unos 345.627 abortos por año que se van a seguir haciendo, según calculó el Ministerio de Salud de la Nación, a un costo de $11.500 cada uno. Si se aprobaba la ley, la reducción presupuestaria iba a ser del 83%, pues la práctica de aborto seguro saldría no más de $1.900 cada uno. Tal vez no tenga nada que ver, pero vale el dato económico sobre todo para la gente que se preocupa mucho cuando se gastan sus impuestos en planes sociales o nuevos derechos para los menos favorecidos.
Tal vez cayó en la cuenta, y por eso mismo el gobierno de Mauricio Macri esté pensando en eliminar los jugosos “planes sociales” que se distribuyen para sostener al clero.
¿Y en Corrientes? Un sector seguirá militando. Tal vez lo hagan los dos colores.
Lo que es seguro es que las chicas seguirán acompañándose, tal vez más informadas. Y que los abortos seguirán practicándose en tugurios o en clínicas privadas. Allí, católicas y no católicas, conservadoras y progresistas, radicales y peronistas o las chicas del PRO, salvarán su honor y esconderán su goce de manera segura por unos miles de pesos. Las más pobres rifarán la satisfacción de abstraerse por un momento de su malaria estructural, en la ruleta de una curandera o, llegado el caso de la mala suerte, en una sala de terapia de un hospital público.
El resto -de seguir así-, nos convertiremos en personajes de un cuento de José Gabriel Ceballos: “Homenaje al doctor”, al que un crítico le inventó un final influido por el contexto de esta discusión. Dice así:
“Historias durísimas contadas en clave de humor, como aquella del sepelio del médico del pueblo, personajón de alta alcurnia y respeto, en que el cortejo fúnebre es liderado por las prostitutas del mítico burdel pueblerino, agradecidas todas por los numerosos abortos que el muerto les había practicado durante años”, y que habría cobrado en especie.

Dario Sztajnszrajber: “El filósofo no sabe y pregunta, porque preguntando se rompen las hegemonías”

Exactamente dos horas habló Darío Sztajnszrajber en la inauguración de la Feria Provincial del Libro. Fue el viernes 13 de julio por la noche y no en el auditorio, como estaba previsto, sino en el escenario mayor montado para los espectáculos musicales. Esto se debió a que su nivel de convocatoria superó las expectativas y obligó a las autoridades a mover las piezas sobre la marcha para que nadie se quede sin verlo. Sin escucharlo.
El docente y filósofo echó mano a un envidiable manejo de la escena y logró que el público no se moviera, pese a lo extenso de su ponencia que comenzó pasadas las 19. Logró, además, que el público guardara respetuoso silencio y, llegado el momento, interactuara y se divirtiera, tomara aire y saliera a flote con solvencia pese a la profundidad de los temas desarrollados: el amor, pero desde marcos conceptuales varios y complejos.
En ese sentido, resultaría imposible abordar por escrito la presentación del mediático divulgador, pero vale la pena hacer el intento de al menos listar varios de los conceptos más importantes de la charla que, a patio lleno, revistió de un rotundo éxito la primera gala de la 8ª Feria Provincial del Libro.

  • Hay quienes confunden al filósofo con los sabios. En realidad es una intención, porque el filósofo no sabe, sino que es un aspirante del saber. Un amante del saber.
  • Como no sabe, pregunta, porque preguntando desestabiliza las hegemonías.
  • Para la filosofía la normalidad no existe. Lo normal, lo supuesto, oculta algo. Lo normal es una construcción social.
  • Normal es que las mujeres sean madres. ¿Es normal?
  • La sociedad se aferra al formato normalizado. Pero a la norma alguien la puso en nombre de su propio interés.
  • El poder se manifiesta de manera invisible. Por eso es necesario deconstruir. Para mirar la historia de determinadas construcciones. Deconstruir para emancipar.
  • Todo depende del marco teórico. Una botella de agua puede ser una botella de agua o puede ser la historia de la contaminación ambiental, o puede ser la historia de la explotación de los trabajadores.
  • Lo personal es político.
  • Que no te otorguen un derecho que de por sí te pertenece, dijo, citando a Nietzsche.
  • El deseo es el deseo del deseo.
  • El amor es dolor.
  • La media naranja. Platón decía: “Uno ama lo que no tiene y busca en el otro completarse”. Esa idea de completarse supone la idea de una carencia, y la gran carente en la historia occidental es la mujer que siempre ha estado en el lugar de la figura de la falencia.
  • Aristóteles define a la mujer como un macho no realizado, ni hablar de los relatos bíblicos que ponen a la mujer siempre en un lugar subsidiario, de acompañamiento.
  • Todas nuestras historias de amor son de algún modo una réplica de la historia de Adán y Eva, Romero y Julieta. Por eso, la desconstrucción va a desmitificar esos relatos.
  • La plenitud absoluta es una idealización.
  • Debemos aspirar a deconstruir la idea productiva de las cosas. De las relaciones. Que todo tiene que tener valor.
  • Lo que mejor explica el amor es la literatura. Somos narradores. Los editores de nuestra propia vida.
  • El amor es un proyecto político que se construye con el otro.
  • Pero más que estar en contacto con el otro, lo que hacemos en el amor es estar en contacto con lo que uno proyecta de sí mismo en el otro. Me parece importante des-idealizar al amor. En términos vinculares no lo podemos pensar como ganancia porque entonces uno de los dos terminaría siendo un medio. Una mercancía para que el otro se expanda.
  • La libertad es huir de uno mismo.
  • La metafísica es lo que está más allá de lo natural.
  • La política es ponerse de acuerdo en las diferencias. Una sociedad madura debería ponerse de acuerdo para que una persona que está en contra del aborto pueda convivir con otra que está a favor. Hoy, la ley sólo resguarda una postura. No es democrática cuando no permite el aborto.
  • El que esté en contra del aborto que viva su vida como quiere, pero que conviva democráticamente con quien está a favor.
  • El conflicto se tornaría “violento” si una de las partes suprime al resto en nombre de la reconciliación, de la armonía y del pensamiento único.

Estos y otros tantos pensamientos, narrados sobre la base de la filosofía de todos los tiempos, constituyen de hecho los fundamentos que dan vida a los dos libros publicados por el autor: ¿Pará qué sirve la filosofía? y Filosofía en 11 frases, libros -por otra parte- altamente recomendados.
Después de su presentación de dos horas, ante un público amplio, heterogéneo y muy respetuoso, el divulgador agradeció y fue despedido con una ovación.
Antes de la charla, por la mañana, dio una conferencia de prensa y luego, a la tarde, compartió un rato con sus lectores y lectoras, y firmó ejemplares a quienes se lo pidieron.
Un acierto de la organización de la Feria del Libro que será recordada como una de las más convocantes, esclarecedoras y políticas de todas las ediciones hasta aquí desarrolladas.

La última nota: adiós Carlos Gelmi

—Hola, Gelmi, tengo malas noticias.
—¿Qué pasó?

—Me llamó su tocayo, el dueño, enojado porque no escribimos. Ninguna firma local en el último número, dijo, quejándose…
—¿O sea que ahora podemos escribir?

—Bueno, más o menos. ¿Le reservo su página para el domingo?
—Bueno. Está bien. Pero que sea la última vez.

***

Ese sábado a la tarde, como tantos sábados, me pasó la nota. Título: “Confusiones de un machirulo”. Y no hizo ni hace falta más para saber de qué se trataba: de Ella y del actual El. Esa nota, por esas cosas caprichosas que tiene el periodismo, todavía estaba ayer en la página web del diario. Salió el 3 de junio. El domingo antepasado decidió no escribir y esta última semana no insistimos, porque andaba medio quejoso.

—Los médicos me dicen que no tengo nada, pero me tienen como un fenómeno recorriendo especialistas.
—Ya va a pasar, no se preocupe —le dije, creyéndolo.
Ayer, cuando me dieron la noticia, recordé lo que mil veces hablamos: que no abandonaría el trabajo, pese a que el último tiempo era la vista la que se le negaba. Y que, si no era su voluntad, sólo saldría del diario con los pies para adelante.
Gelmi podía hablar así y peor aún cuando se trataba de él mismo. Muchas veces me incomodó con un asunto que compartía como quien reparte el chisme de un amorío. Me contaba pormenores de los preparativos de su muerte.
Gelmi era un detallista. Un obsesivo del trabajo. De su trabajo. Del de sus compañeros. Y ayer dio la última clase de periodismo práctico.
1. No se murió en el diario para evitarnos ese contratiempo, pues retrasaría la edición.
2. Se murió temprano, para que tengamos tiempo de buscar algo en el archivo.
3. Y se murió el Día del Padre, con todos sus afectos cerca, para evitar gastos mayores. Porque si bien Gelmi pensaba en la Historia, hasta en eso era austero.

***

Ayer, cuando me dijeron que Gelmi había muerto, recordé lo mucho que nos dio. Lo mucho que le negó a sus propios hijos por nosotros. Recordé la debilidad que tenía por su hija y sus nietos, todos ellos, aunque más acá en el tiempo hablaba mucho de los “demonios” más chiquitos.
Recordé lo mucho que extrañaba a Mario Mauriño. A Chaque.
Y recordé también la última nota que le hice, porque esa nota le dio título a un libro que tal vez alguna vez se edite. Gelmi lo sabía, y hasta se alegró por la osadía. Ahora me apena porque ya no podrá leerlo.

—Cuán malo será eso que escribís que tenés que recurrir a las boludeces que digo yo—me dijo. Nos reímos.
Con cosas como esas podíamos hablar 5 minutos o años. Hasta que una vez le pregunté:

—¿No se cansa de escribir?
—No. Me aburre releerme.

—¿Por qué?
—No sé. No puedo.

—¿Y cómo hace con la inspiración?
—No hago nada. A esta altura los temas aparecen solos.

—¿Sí?
—En realidad para ser periodista tenés que ser un poco descarado.

—¿Usted lo fue?
—Algunas veces, pero con tonteras.

—¿Lo descubrieron alguna vez?
—Nunca me lo hicieron saber.

(Ríe. Y como lo hace solo, tal vez lo haga de su picardía).
—El periodismo es un mundo de mentirosos—dice luego, jocosamente, pero la daga llega al hueso. No entra en detalles, pero en esa frase está condensada la crítica y tal vez la autocrítica por los deslices en los que cayó él y la profesión a lo largo del tiempo. Un poco por cuestiones que involucran a los periodistas, personalmente, y otro poco por cuestiones más estructurales.
Gelmi supo de esas cosas. Jugó en una aldea como la de Corrientes, pero también en la gran metrópoli. No se la contaron, y esa experiencia es la que pudo exhibir hasta el último día.

—Sesenta años después, ¿volvería a elegir el periodismo como profesión?
—Sí.

—¿Se arrepiente?
—No.

***

—Ya que lo dice, Gelmi, le hago la última pregunta: ¿Va a escribir algo para el domingo?
—Y no sé… ¿sobre qué?

—Digamos que tema tiene…
—¿Cuál por ejemplo?

 

No importa la pelea, importa el Gobierno

El gobernador Gustavo Valdés participó este domingo de un programa de televisión y ratificó en ese marco, además de otras cuestiones relacionadas con la gestión, la línea discursiva que vienen esgrimiendo los líderes del “proyecto”. Dijo que su relación con el ex gobernador Ricardo Colombi es excelente y que no habrá pelea como quieren algunos.

Es llamativo pensar que alguien quiere hacerlos pelear o verlos peleados, pero es una manera de verlo. Otra manera posible de analizar una relación política es que no es la pelea lo que importa. No es relevante que Valdés y Colombi hablen, viajen, vacacionen juntos, o lo que quieran. Lo que es relevante para la vida pública es la necesaria distancia que debe tomar Valdés si lo que importa -y le importa-, es la calidad del Gobierno: de su gobierno.

Valdés, entrevistado por Equipo de Noticias de Canal 13 dijo que “la relación con Ricardo Colombi es muy buena”. “Estamos permanentemente en contacto. Es cierto que a algunos le gustaría, pero no hay conflicto con él”, dijo.

En la misma línea, hace varios días y hablando por Radio Dos, Colombi fue más contundente, como es habitual en sus parlamentos: “Tienen que sacarse de la cabeza que me voy a pelear con Gustavo Valdés”, sentenció. “Mi relación con él es buena… hasta le hago de chofer. Con su impronta está avanzando, y lo vamos a acompañar”.

Pasa que “algunos agoreros quieren que nos peleemos, pero eso no está en mi espíritu. Que se saquen de la cabeza esa idea. Hay algunos medios que están pendientes de eso… y tratan de crear polémica, pero eso es una estupidez”.

Lo que no es una estupidez es su intromisión en el nuevo gobierno. Se diga lo que se diga (y Colombi, está demostrado, es libre de decir lo que quiere), cualquier ciudadano correntino, o cualquiera que más o menos mire el desarrollo del juego político, advierte que no hay autonomías plenas. No las hubo en la conformación del gabinete, en los recambios que se están amagando, y que incluso insinúan la vuelta de funcionarios cuestionados y hasta denunciados por distintos tipos de malversaciones.

No hay autonomía en esa supuesta entrega desinteresada que implica hacerle de chofer al Gobernador, como si éste lo necesitara.

En fin.

Pero como cada uno es libre de decir lo que le venga en gana, como hace Colombi, y lo hizo siempre, cambiando el nombre a la gente, insultando dirigentes, maltratando periodistas, incluso burlándose de sus oponentes (como hizo en junio y en octubre pasado, en sendos festejos por triunfos electorales), uno puede decir que la cercanía política del ex gobernador atenta contra la búsqueda de nuevos mecanismos de gestión de la cosa pública.

Einstein decía que, si uno siempre hace lo mismo, no debe, a la vuelta, esperar resultados diferentes.

Los resultados de los tantos años de Colombi en el poder están a la vista: enormes bolsones de pobreza e indigencia, liderazgos nacionales en los peores rankings, por caso los de mortalidad infantil y neonatal; los educativos de repitencia, sobreedad e incomprensiones textuales o numéricas; problemas en los hospitales, de trabajo en general, de conectividad, de energía, de puentes, viviendas, etc., etc.

¿A Colombi le debemos el pago de los sueldos en tiempo y “forma” a la Administración Pública? Si. ¿Cierta paz social? Si. ¿Altos niveles de gobernabilidad? Si. Después podemos preguntar, entre la misma clase política, cómo logró todo eso: si por las buenas, persuadiendo, o a los empujones.

Lo que está visto -más allá de todo- es que ya no alcanza. Y que las líneas de acción trazadas por Valdés implican atender el Estado con otras herramientas y desde otros paradigmas.

El primero de ellos es hacerse cargo de los problemas: Valdés ya lo hizo: los enunció a todos y cada uno ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo, después de un negacionismo de más de tres lustros. A Eduardo Tassano todavía lo estamos esperando, no porque necesitemos esperarlo, sino para demandar que cumpla lo que prometió en campaña: que la alineación Nación-Provincia-Municipio sería nuestra “salvación”.

Si fuera por Colombi, según dijo la semana pasada por Radio Sudamericana, la ausencia de gestión en la Capital -después de las inundaciones de promesas- es culpa de Fabián Ríos. El colmo del cinismo. Pero él tiene derecho a ese planteo. Como nosotros a no creerle.

Está visto: no importa que sigan comiendo a asados o que viajen juntos. Importa que el gobernador, que es Gustavo Valdés, tenga las condiciones prácticas e ideales para desarrollar su gobierno, y que después, en todo caso, pase a cobrar sus aciertos o a pagar por sus errores. La otra lógica, esa que implica que los aciertos son míos y los errores de los otros, y que imperó en Corrientes desde 2001, no nos ha traído a buen puerto.

 

Valdés y las diferencias con Colombi, las responsabilidades y los estilos

Tras el discurso del jueves 1 de marzo con el que inauguró el período ordinario de sesiones, había mucho para preguntarle a Gustavo Valdés. Mucho por preguntar pero algo en que ahondar. Ese algo tenía que ver con la mirada. ¿Qué ha cambiado en Corrientes para pasar del negacionismo exasperante, gambeteador consuetudinario de responsabilidades, a un estado de contrición aparentemente pleno, pero también de alivio y proyección?

Algunas respuestas:

—Estamos a pocas horas del discurso con el que abrió el año legislativo. La oposición dice que fue esperanzador, con un diagnóstico fino de la realidad. ¿Se esperaba esa recepción?
—Agradezco los conceptos. Tratamos de hacer justamente un diagnóstico de la realidad, de cuál es el punto de partida y a partir de ahí tenemos que comenzar a trabajar. Creo que la única forma que tenemos de mejorar la realidad es si sumamos voluntades. Yo decía que tenemos que sumar la mayor cantidad de correntinos posible y estamos direccionados hacia ese objetivo que es justamente el del desarrollo. Creo que con el desarrollo nosotros podemos lograr muchas cosas, pero ese desarrollo tiene que venir atado a tratar de lograr dinamismo en otros sectores y que esos sectores de la economía, más el sector privado, también logren la inclusión de los ciudadanos que esperan vivir mejor, tener más salud y que podamos estar cada día mejor.

—También tildaron de desarrollista a su discurso. ¿Cómo lo calificaría usted?
—Fue un discurso desarrollista porque creo que nosotros necesitamos desarrollo. Y también es modernizador. Yo hablé mucho de innovación, porque nosotros tenemos que innovar y trabajar no solamente en la administración pública, sino que tenemos que empezar a cambiar también la forma de pensar, a buscar ideas, a buscar proyectos en general.

—Se le reconoce el diagnóstico porque ha reconocido una serie de falencias, y ese reconocimiento no era común en sus predecesores.
—Siempre las comparaciones son odiosas. Pero cuando uno dice que quiere tener más educación es porque está reconociendo que no tiene la suficiente. Cuando uno dice voy a construir un camino es porque ese camino no lo tiene. Creo que hay varias formas de decirlo y hay varias formas de reconocer la realidad. Yo lo digo en un estilo: y creo que es un estilo y una forma de explicarle a la gente cuál es el inconveniente que tenemos y cuál es la solución y cuál es el camino que vamos a seguir para conseguir ese objetivo.

—Sí, pero es más que el estilo, porque usted cuando asumió reconoció la pobreza y antes no sólo no se reconocía ese flagelo sino que se ponía en duda hasta el sistema de medición. Ya el de Mauricio Macri, no el Indec de Cristina Fernández…
—Pero también el sistema puede tener falencias.

—Por supuesto que sí…
—Lo condenable es cuando nosotros tenemos un Instituto de Estadística y Censos que miente a propósito para tener un resultado que te oculta las cifras. Podemos estar de acuerdo o no, pero sabemos que hay varias formas de medir. Porque hay varias metodologías para incorporar o no un número. Pero más allá de eso, nosotros tenemos que reconocer que la Argentina es un país que tiene inconvenientes, que no es uno de los países más desarrollados de la región. Nosotros antes teníamos mucho por lo que sentirnos orgullosos y hoy tenemos inconvenientes. Entonces tenemos que reconocer ese inconveniente para buscar las soluciones.
Pero son estilos.

—¿Cuánto tiempo está dispuesto a esperar para comenzar a ver resultados?
—Estamos trabajando y tenemos que comenzar a ver resultados. Tenemos algunos que son importantes, por ejemplo en materia de seguridad, y ya lo vamos a ver en otros aspectos. La negociación con los docentes; cómo vamos a trabajar en salud. Tenemos que hacer un trabajo de evaluación completo de lo que se está haciendo.
El ciudadano de Corrientes, el 54%, no tiene la percepción que usted tiene (risas), por eso me han votado como gobernador de la provincia. Siempre que hay cosas…

—Alegra mucho la visión que usted tiene de la provincia: es la visión que mucha gente, salvo el Gobierno, tenía de esta provincia en los últimos 16 años. Por eso justamente…
—No. Tenemos que adaptar las realidades.

—Hoy da la sensación de que estamos mirando la misma provincia.
—Exactamente. Pero tenemos una condición: que la gente ha votado a un gobernador que, como todo gobernador, le da su impronta. Creo que nosotros vivimos una situación de paz social que no vivieron otras provincias. Somos una de las tres provincias más desendeudadas de la Argentina y decir que podemos hacer todo lo que vamos a hacer es porque tenemos una buena provincia. Hoy podemos decir que haremos 4 mil kilómetros de ripio porque tenemos recursos, o que podemos invertir 1.700 millones de pesos en educación para tener un plan universal de alimentación porque tenemos recursos.
Vos te imaginás si, aparte de la situación que tenemos, tuviéramos una provincia mal administrada: estaríamos como otras (señala en dirección al Chaco) que reciben un punto más de coparticipación y están en la misma situación que nosotros. O dicho de otra manera: reciben un 25% más de recursos y están en la misma situación que nosotros.

Cambió la forma o el estilo, no importa. Importa que hay un punto de partida.
¿Algo para celebrar? Poco todavía. Pero ya hay un punto de partida.

***

Entrevista publicada en el diario El Litoral

Cuerpo central 👉 http://bit.ly/2oSF9RU
Diferencias con Colombi 👉 http://bit.ly/2FoTIGO
Salarios 👉 http://bit.ly/2CYhRie
Gabinete 👉 http://bit.ly/2FaAVjk

Por Eduardo Ledesma; Jose Agustin Gomez; Mar Blanco
Ph Nicolas Alonso

Entrevista con el gobernador Gustavo Valdés

A pocas horas del discurso con el que abrió el año legislativo, el gobernador Gustavo Valdés accedió a una entrevista para hablar del discurso que tuvo una buena acogida por todo el arco político local, incluida la oposición. Agradeció los conceptos.

Habló del diagnóstico de la realidad trazado en ese mensaje, del punto de partida de su trabajo, del perfil desarrollista que pretende imprimirle a su gestión. Del reconocimiento de falencias del pasado, de las estadísticas oficiales, de obras, de algunas líneas de gestión, por caso la intención de reducir a un dígito la mortalidad infantil de aquí a 4 años.

Habló del inicio de clases y de la visita del presidente Mauricio Macri.

Por supuesto, habló también de la política salarial integral para este año.

 

Adelanto

Valdés: recuento de daños y proyección a largo plazo

Gustavo Valdés no habló de la herencia. No puede hacerlo por una larga lista de circunstancias políticas, que se sintetizan en una oración de ocho palabras: recibió el gobierno de su mentor, Ricardo Colombi. Pero sí hizo algo digno de esperanzas: reconoció cada uno de los problemas que estancaron a la provincia durante los últimos 20 años y que se negaron sistemáticamente en los últimos 16. El cambio tal vez empiece por ahí, y más allá de las expectativas que tenga cada uno, ese punto de partida predispone a la provincia a transitar el merecido, postergado y reclamado camino de la reconstrucción, del desarrollo, la modernización y la inclusión social.
Fueron esos, de hecho, los ejes del discurso con el que el Gobernador, ayer a la noche, dejó inaugurado el período ordinario de sesiones de la Legislatura.
Gustavo Valdés fue recibido después de las 19 en las remozadas instalaciones del Palacio de las Leyes (todavía con olor a pintura) y desde las 19.20 hasta las 20.27 recorrió las 24 páginas del cuadernillo de su discurso, el primero de su gobierno, plazo fijo en el que depositó el éxito o fracaso de su gestión. No sólo de este año. Porque fue un discurso largamente aspiracional, que no verá frutos en 365 días. No lo creería ni el más optimista. Pero sí marca un rumbo y metas. Veremos.

***

Para empezar, selló el carácter de esta etapa que comienza: “Corrientes somos todos”, dijo, e instituyó ese slogan como la identificación de su gestión, que tiene además la intención de una convocatoria amplia, abierta, que incluya principalmente a las mujeres y a los más vulnerables, y a los vecinos de todas las direcciones. Mencionó especialmente a la Capital. Un detalle, pero no tanto. Es una gran diferencia en relación a los últimos años llenos de diferencias entre el Gobierno y el principal distrito provincial. Hay más.
Este largo “todos” incluye “a los que están y a los que se fueron”, dijo Valdés. Incluye a los que se fueron porque no tenían razones para quedarse. Ni trabajo. Ni futuro. Hubo aplausos. Muchos.
Gustavo Adolfo Valdés reiteró los ejes de su gestión trazados en diciembre, cuando asumió: desarrollo, modernización e inclusión social. Habló de aumentar el producto bruto y mejorar la distribución de la riqueza. De más energía para las empresas. De empleos de calidad bien remunerados. Habló de la falta de energía, sí, y también de escasez de rutas, caminos rurales, de puentes para la producción.
De la necesidad de recursos humanos capacitados. De la salud de la gente y del ambiente. Del agua potable, de la necesidad de cloacas. De viviendas saneadas para prevenir enfermedades.
Definió la modernización conceptualizando por comparación: “El mundo está creando inteligencia artificial y nosotros todavía luchamos contra la deserción escolar”, dijo. Fue una daga. Muchos en la sala tragaron saliva. “Modernización no es comprar computadoras. Es cambiar nuestras cabezas y pensar de otra manera”, insistió.
La inclusión social y la lucha contra las desigualdades -reiteró- será uno de los pilares sobre los cuales descansará su gestión. El punto de partida es difícil, “pero asumimos el problema y nos proponemos tratar de solucionarlos”, prometió. Asumir el problema, otra gran diferencia con sus antecesores.
Su visión será humanista, adelantó, pero con bagaje doctrinario para marcar el rumbo del gobierno. Su inspiración: los héroes, desde San Martín para abajo, hasta los comprovincianos que todos los días “trabajan para hacer grande a Corrientes”.
Mencionó a Ricardo Colombi. No podía obviarlo. El ex gobernador miraba retraído desde su banca de senador. En ese momento Valdés habló de un legado. De paz social. De las inversiones. Del Banco de Corrientes saneado. De una provincia desendeudada. De equilibrio fiscal. De los jubilados. Del 82% móvil y de una directriz: “No vamos a transferir nuestra caja de jubilaciones a la Nación. Es de los correntinos y seguirá siendo de los correntinos”, bramó, y le respondieron con vítores.
Habló de una relación madura con los municipios, con todos ellos, sin que importe el partido político de cada administración. Si concreta ese anuncio en los hechos, el nuevo Gobernador habrá marcado otra diferencia con el pasado inmediato.
Habló de industrializar la madera y abrió la puerta, de par en par, a la radicación de una papelera. Mencionó incluso la posibilidad de construir viviendas con este material. Trabajo para los correntinos. “Porque si no lo hacemos nosotros, otros lo van a hacer, arrebatándonos los empleos que necesita nuestra gente”, argumentó.
Mencionó la ganadería y su exportación. El arroz. Los cítricos, la horticultura, la yerba, el té, la miel. Pidió crecer y mejorar.
Se extendió hablando de turismo, del Iberá, de la expansión del aeropuerto Piragine Niveyro y del traspaso a la jurisdicción provincial de otras cinco pistas. Pidió articular conocimiento con los reservorios como la Universidad del Nordeste. Ponderó el conocimiento.
Habló de energías renovables, de represas, y apostó por Garabí. Se detuvo luego en Yacyretá y Garabí: “Corrientes merece una reparación histórica en materia energética y la estamos reclamando. Tenemos derecho a exigir las obras que no se hicieron durante décadas. Porque sí se hicieron en Misiones y se discriminó a Corrientes”, remarcó. Aplausos.
Valdés dijo que concibe su gestión asumiendo desde el Estado el impulso para el desarrollo, la regulación de la vida pública y la generación de oportunidades. “Creemos en la gestión colaborativa y horizontal. No queremos compartimentos estancos”, dijo, y luego remató: “Hacer una gran obra necesita planificación, recursos, gestión, interacción con la sociedad. Eso no lo hace un ministerio, lo hace un gobierno”.
Fue un claro mensaje, pero para la interna del gabinete. Mensaje para quienes usan los recursos del Estado para hacer marketing personal. En fin. Siguió.

Habló de obras. De equipamiento para municipios. De un plan de transporte y de otro para el tratamiento de residuos. De atacar las adicciones.
Pidió la Ley de Educación y el Código Procesal Penal.
Habló de viviendas. De regulación dominial. De un banco de tierras. Del Fondo de Desarrollo Rural. Del plan hídrico. De los productos hechos en Corrientes. De salarios. De la violencia de género. De la seguridad. Del narcotráfico. De la educación. De salud. De cultura.
Habló de la pobreza. De la mortalidad infantil. “Nuestro desafío para los próximos 4 años es bajar la mortalidad infantil a un dígito”, dijo, y le respondieron con aplausos. Hoy Corrientes es la segunda peor en este punto, después de Formosa. Durante el colombismo fue la peor de todo el país.

***

Una hora y siete minutos después de empezar, el gobernador Gustavo Valdés terminó su discurso. Pidió el acompañamiento de todos, “para cumplir nuestro destino”, según dijo.
Hay un punto de partida. Parece claro. Parece estar encaminado a dar respuestas a un orden de prioridades urgentes para el despegue provincial. Ojalá no muera antes de nacer por problemas políticos internos. O por mezquindades externas. Ojalá la oposición asuma responsablemente su rol. Que controle, al igual que la Justicia. Hay un millón cien mil correntinos, según Valdés, que estarán mirando. En una mano sostendrán los premios y en la otra los castigos.