Carlos Altamirano, cierre de lujo para las actividades culturales del diario El Litoral

Con una disertación conceptualmente profunda, de registro múltiple por los enfoques y sobre todo por la variedad de temas abordados, pero anclada por momentos en el punto de vista que otorga el lugar de nacimiento, el sociólogo correntino Carlos Washington Altamirano pasó el jueves por el salón auditorio diario El Litoral y prestigió el cierre de las actividades educativas y culturales que Editora Juan Romero previó para el año 2018.
Fue una conferencia magistral guiada en clave de conversatorio que perdió toda formalidad por un arranque emotivo: compañeros de promoción de Altamirano, ex alumnos de la “gloriosa” Escuela Regional, abrieron la actividad con la entrega de un pergamino de reconocimiento: una caricia al alma del homenajeado, al mismo tiempo que tributo de una profunda admiración de sus condiscípulos de la Secundaria, entre los que se contaba al ex gobernador José Antonio “Pocho” Romero Feris, otrora director de El Litoral.
El promotor de la iniciativa fue el señor Rodolfo Fankhauser, quien además, llevó la voz cantante del homenaje, en nombre propio, de los allí presentes y de los que no pudieron estar por cuestiones de lejanía o relacionadas con la salud.
Luego de ese inicio, se dio lectura a la declaración de interés que la presentación del libro “La Argentina como problema” recibió de la Vicegobernación de Corrientes, gesto del vicegobernador Gustavo Canteros agradecido por las autoridades del diario y por el propio invitado.
Por lo demás, el marco fue el ideal para este cierre de año: Altamirano habló ante sus ex compañeros, público general, profesionales de distintas disciplinas, como la profesora Ana María Pérez Rubio, investigadora del Conicet y del Centro de Estudios Sociales de la Unne; el escritor y crítico Arturo Zamudio Barrios o el psiquiatra Fernando Abelenda, quien el miércoles 28, conjuntamente con Carlos Lezcano (uno de los promotores de esta presentación) publicó una entrevista al ensayista en las páginas de El Litoral.
Asistieron, además, referentes de organizaciones civiles de la ciudad, concejales, disputados y senadores en actividad y con mandato cumplido como Justo Estoup, Fabián Nieves, José Ernesto Meixner, Jorge Simonetti y Yamil Machado, respectivamente, entre otros.
También estuvo el ex gobernador Ricardo Guillermo Leconte, quien ponderó el libro, uno de los ensayos allí editados, y reconoció la labor del destacado sociólogo correntino que además es referencia nacional e internacional en materia cultural, de las letras y de las humanidades en general.
“Fue un gran cierre de año para los ciclos educativos y culturales organizados por el diario. Provechoso y emotivo. Agradecemos a Carlos Altamirano, y dejamos abiertas las puertas para futuras visitas”, dijo Carlos Alberto Romero Feris, director propietario de El Litoral, quién recibió en horas de la mañana al intelectual y luego, en horas de la tarde, sólo participó de la recepción y apertura de la presentación, por razones de fuerza mayor.
En el mismo sentido se manifestó el presidente de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani, que por lo apretado de su agenda no pudo asistir al evento pero envió una carta conceptuosa solicitando las correspondientes disculpas.

La presentación
La exposición de Carlos Altamirano se realizó en formato de conversatorio guiado por el subdirector del diario El Litoral, Eduardo Ledesma, y la historiadora Gabriela Quiñonez, de la Universidad Nacional del Nordeste, los que luego de una breve introducción dieron la palabra al invitado, quien disparó como un latiguillo: “Es difícil hablar ante la tribu cuando uno se ha ido”.
Se trata de una declaración, pero que encierra un sinfín de prudencias, por los temas que trata el autor a lo largo de su obra, y que ahora aparecen de nuevo en el libro que coordinó con Adrian Gorelik: “La Argentina como problema”.
Aquello de las diferencias entre Buenos Aires y el interior. La discusión sobre los intelectuales: qué son, cómo se validan, qué deben hacer frente a la política. Cómo se construye una posición en el debate público, cómo se debate el destino y la actualidad o un tema “nacional”, desde el margen de una provincia. Cómo se debate desde la periferia o por lo menos, desde afuera de la centralidad porteña.
Tantos temas para tan poco tiempo. No obstante, hubo espacio para una síntesis:
“Quisiera una democracia pluralista, una democracia que permita que la mayoría -todos si es posible- vivan de manera digna y que Argentina esté conectada con el mundo, así como me gustaría que la Argentina sea un país más conectado internamente. Y que se piense también que el miraje de la Argentina no sea exclusivamente el que procede Buenos Aires, que también se piense la Argentina desde Corrientes”.
Agregó:

“Eso quiere decir que los correntinos no solamente se afanen por expresarse o mostrar quiénes somos, lo que me parece bien y natural, sino cómo pensamos al país a partir de este punto en el que estamos situados”, argumentó el pensador.
También se explayó sobre el asunto de las culpas: ¿De quién es la culpa de que Argentina no crezca? ¿O de que Corrientes siga marginada? 
En ese punto volvió a la tensión centro-periferia, Buenos Aires-Interior:
“Ni en la metrópoli hay sólo poderosos, ni en la provincia sólo gente simple y postergada, objeto de una manipulación sin fin”.
“Esa visión de las estructuras de poder en el país no hace justicia a los hechos”.
“La imagen de la región periférica como un conjunto unificado que tiene frente a sí la voluntad dominadora del centro con sus imposiciones, tiene el defecto de hacer invisibles las desigualdades internas. Omite a los gobernantes y a los grupos dirigentes locales, y al dejarlos fuera de foco, al no tomar en consideración esos poderes domésticos, se los exime de toda responsabilidad social en lo referente a la situación que se critica. Como si les entregara una dispensa”.
(Este párrafo, por si fuera poco, está contenido en otro libro, editado en Corrientes por Moglia en el año 2015 y que puede conseguirse, debe leerse y tratar de internalizarse en la vida cultural y política de esta provincia).
A renglón seguido habló de los argentinos: del desprecio de la ley, de los cultos que nos envuelven sin críticas (el culto al coraje, por ejemplo: “correntino corajudo, sementera libertaria”, etc.).
Puso en discusión el destino de grandeza nacional, recordó el carácter circular nuestros males (“cada 10 años hay crisis”, pero ¿porqué es así? ¿debe ser así?). Pidió avanzar en la concresión de un mosaico cultural para contrarrestar la hegemonía del puerto y recomendó a los historiadores trabajar con datos para desterrar mitos y revisar los hechos que están establecidos y asumen el carácter de verdades absolutas.
También habló de los intelectuales y su misión: hacer visible lo invisible.
Tras la presentación, Altamirano respondió preguntas de los presentes, saludó a muchos de ellos y firmó ejemplares del libro.

El día que tomaron Corrientes: notas de un soldado de la Guerra de la Triple Alianza

El 14 de abril de 2015 marcó el 150 aniversario de la ocupación del Puerto de Corrientes por las fuerzas navales y militares del mariscal Francisco Solano López, iniciando con este acto la participación argentina en la guerra más sangrienta que ha enfrentado a Sudamérica en el período independiente”.
“La llamada Guerra del Paraguay -o de la Triple Alianza- ha sido ampliamente reconocida como un acontecimiento catalítico. El conflicto transformó los contornos históricos del continente de manera totalmente inesperada y dejó el germen de relaciones beneficiosas -y sospechas mutuas- que todavía muestran sus influencias en el siglo XXI”.
“La guerra tuvo amplios efectos políticos. Hizo posible la consolidación final de la República Argentina como un Estado-Nación y abrió un nuevo capítulo en la lucha entre los partidos colorado y blanco en el Uruguay. Elevó la posición social e influencia de los oficiales militares brasileños, una tendencia que a la larga llevaría al derrocamiento de la monarquía en 1889; y aplastó al Paraguay, aniquilando sus instituciones económicas y sociales al lograr que su población -de 450.000 habitantes- se encogiera en alrededor de un 70 por ciento”.

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Si alguien pide una síntesis, esta podría ser una de las más elocuentes narraciones breves de lo que significó la Guerra de la Triple Alianza. Es parte del estudio preliminar, de las notas y los comentarios con los que los doctores Thomas Whigham y Dardo Ramírez Braschi complementaron una obra decisiva al respecto: la del general Daniel Cerri, combatiente de la guerra que, además, dejó por escrito una reseña de aquel hecho que las armas bañaron de sangre.
“Campaña del Paraguay” se titula la obra que el año pasado editó la editorial Contexto. Contiene detalles “sin galas literarias”, según previene el autor, de la toma de la ciudad de Corrientes, del movimiento y los combates después de Curupayty y de la expedición al Chaco en el sitio de Humaitá.
Se trata de un texto documental del conflicto que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay con el Paraguay. Conflicto por proyectos ideológicos distintos, y por las demarcaciones del territorio.
“Es un nuevo aporte a la interpretación de la guerra”, acota Ramírez Braschi, correntino, que llegó a la publicación de este libro conjunto con su par norteamericano después de un dilatado proceso de estudio, de un largo recorrido de validaciones académicas y de innumerables correos electrónicos que iban y venían de una punta a la otra de la América trayendo y llevando trozos de escritura y corrección: una empresa titánica posible sólo gracias a la tecnología.
Es un aporte, sin dudas: a la construcción de una arquitectura que en clave de soporte, rescata los alcances del episodio bélico, los dota de contexto y vuelve mucho más amable la posibilidad de una interpretación más fidedigna de los hechos, limpiando los humores de la época, en complicidad con el tiempo.
Se trata, en el mismo acto, de un texto muy rico en términos literarios, más allá de la cautela del autor nacido en Italia y vuelto argentino por opción. Un texto que puede ser leído en múltiples registros: como un diario de guerra, como un tratado histórico, como una crónica de acontecimiento, pero a su vez como un libro de historia, corregido y aumentado por un monumental trabajo de Whigham y Ramírez Braschi que no solo sopesaron al autor, sino a su circunstancia, ajusticiando los excesos.

*

“Considerando los efectos comprensivos de la guerra en Sudamérica, podría parecer raro que los historiadores hayan dedicado tan poco tiempo de sus análisis al conflicto. Quizás su estudio ha sido obstaculizado por las distintas tradiciones académicas que se han desarrollado en los cuatro países implicados que han permitido la discusión entre los diferentes eruditos solamente en forma limitada. O quizás es que el estudio de la guerra ha sufrido -por un cierto sentido de tristeza a largo plazo- el hecho que todos comparten y reconocen con vergüenza: que tantas vidas fueron perdidas para tan poca ganancia política. Es una cosa mirar la consolidación nacional con ojos positivos, pero es otra cosa contemplar centenares de cementerios llenos de criaturas, un costo altísimo para lograr tal progreso”.
En cualquier caso -agregan los autores del libro-, “sólo ha sido en años recientes que una generación más joven de historiadores ha vencido los varios problemas logísticos y políticos en tratar el estudio del conflicto de la Triple Alianza con un entusiasmo renovado. Han conducido la investigación en el tema no sólo en archivos nacionales de Buenos Aires, Asunción y Río de Janeiro, sino también han movido con éxito archivos privados y provinciales. Han descubierto nuevas fuentes y documentos en algunos sitios en principio improbables de aportar material de significación. También, han tomado una nueva mirada a fuentes más viejas, incluyendo las varias reminiscencias militares que aparecieron -generalmente- en las dos últimas décadas del siglo XIX”.
Allí esta la cifra más grande de esta apuesta de Whigham y Ramírez Braschi, no sólo en la mirada de un contenido hondo para la región toda, sino también en la forma.

Es que con este libro, la Campaña del Paraguay luce interpretada con las mismas herramientas, compromiso y prestigio con el que se rescataron antes las crónicas de las campañas españolas o portuguesas, de Europa al Nuevo Mundo.

El Asalto de Corrientes
Así lo cuenta Cerri:
“Seis días después de consumados estos acontecimientos, la hermosa provincia de Corrientes, esa perla incrustada entre el marco formado por el estuario de dos grandes ríos, cuyas aguas lamen suavemente las orillas de cuatro naciones y fecundizan sus comarcas, fue invadida por un Ejército de 22.000 hombres paraguayos al comando del general (Wenceslao) Robles, y sus pacíficos habitantes mecidos dulcemente a la sombra de sus seculares palmeras, contemplaron con asombro y terror sus hogares invadidos y desbastados por una turba de soldados prepotentes”.
“Cuando a un hombre se le infiere una ofensa que hiere su honor y vulnera sus más caras afecciones, como un arranque instantáneo, sin reflexiones inútiles, aplica un latigazo a su ofensor, aún cuando después como consecuencia inmediata venga el duelo a muerte que reclama la ofensa”.
“Esto mismo puede suceder con respecto a las naciones. La respuesta súbita al proceder agresivo e inesperado del autócrata paraguayo, fue el brillante asalto y toma de Corrientes, arrojando de sus calles, aunque fuese momentáneamente, al osado invasor, después…”
“¡Ah! Después comenzó ese terrible duelo, único en la historia militar sudamericana, que debía terminar cinco años más tarde, el 1 de marzo de 1870, al pie del Cerro Corá, sepultando allí una tiranía irritante sonificada en el mariscal Solano López…”

Las notas de Whigham y Ramírez Braschi corrigen y agregan un dato:
“Las fuerzas terrestres paraguayas llegaron no seis días después, como señala Cerri, sino el día siguiente, el 14 de abril de 1865, justamente el día del asesinato de Abraham Lincoln”.

 

El libro
Así como el detalle de la toma de Corrientes, hay muchas otras joyas relacionadas con la Guerra de la Triple Alianza que se pueden encontrar en este volumen: “Campaña del Paraguay” editado por Contexto a un valor de $398.

Los autores
Thomas Whigham es profesor de Historia en en la Universidad of Georgia. Recibió su doctorado en 1985 de Stanford University donde estudio con Richard Morse y Frederick Bowser. En su disertación intitulada “The Politics of the River Commerce in the Upper Plata, 1780-1870”, analizó el comercio en Paraguay, el Nordeste argentino, y las zonas limítrofes del Brasil, y fue publicado más tarde por la Editorial de la Universidad de Nuevo México.
Ha publicado ampliamente sobre Brasil y los países platenses, y es particularmente conocido por sus seis libros sobre la Guerra de la Triple Alianza, uno de los cuales ganó un premio como Choice Academic Title en 2003. También es poeta y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Histoiria del Paraguay.

Dardo Ramírez Braschi es abogado. Magister en Ciencias Políticas y doctor en Derecho de la Unne. Es profesor titular de la Cátedra “B” Historia Constitucional Argentina de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Unne. Es miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Además es Miembro de Número de la Junta de Historia de la Provincia de Corrientes, que actualmente preside.
Ha publicado numerosos libros y artículos científicos sobre historia política e institucional de Corrientes, como también en revistas con referato nacionales y extranjeras. En referencia a la guerra del Paraguay escribió cuatro libros, uno con reedición.

 

Colectivos: apriete, interna, paro e inacción

Cada sector involucrado en el conflicto puede contarlo como quiera, pero hay evidencia suficiente, sostenida e histórica, que acredita esta situación casi como una sentencia: el problema del transporte público en Corrientes empieza con denuncias de falta de pago a los choferes. Sigue con peleas internas entre los mismos trabajadores, los que quieren y no quieren trabajar. Luego, con la suspensión de los servicios y de algunos trabajadores, lo que desemboca en un paro. Los usuarios, perjudicados, en el medio e indefensos: son los rehenes necesarios. Para atenderlos y desmontar el conflicto, las autoridades concedentes del servicio proceden casi siempre a un aumento del boleto, de subsidios o a mejorar las condiciones de la concesión que benefician (en algo, siempre) a los empresarios.
(Esa circularidad del sistema es repetitiva hasta el escándalo).
Los actores principales, en Corrientes, son “los empresarios”: un eufemismo para evitar ponerle nombre al problema. Pero el problema tiene nombre. Y apellido.
Esa empresa con nombre propio constituye uno de los poderes reales de la provincia, que echa mano a la misma lógica sin que importe lo obvio que resulta y lo sospechosas que son todas las supuestas maniobras que desencadenan en el conflicto.
También están las autoridades municipales: Intendente, vice y concejales, que más allá de cierto enojo demagógico, de hoy y de siempre, actúan en mayoría como empleados de las empresas concesionarias. De hecho, las firmas supieron poner ejecutivos suyos en los sillones de todos, es decir, en las oficinas públicas que deben controlar el sistema. Una promiscuidad que se naturalizó otrora al punto de la indiferencia.
Los actores secundarios de este berretín -que se repite cada vez que emergen por un lado la inacción oficial y, por otro, la voracidad de las empresas que monopolizan el sistema de transporte público-, son los choferes. Los choferes a secas y los agremiados y agremiadores. Sus problemas reales (salariales y laborales) y sus intrigas internas.
Está, además, la conducción de la UTA encabezada por Rubén Suárez, que desde hace tiempo viene siendo más funcional a las empresas que a los intereses de sus representados -a juzgar por lo que le reclaman sus propios compañeros-. Estos dicen que no los representa.
No es nuevo ese problema en Suárez. De hecho, ocupa una banca en el Senado de la Provincia en nombre de una facción obrera que nadie le reconoce, que sería lo de menos. El detalle es que llegó allí como instrumento de la voluntad ondulante de Ricardo Colombi, que lo usó para esmerilar a los sectores opositores, en el marco de una maniobra de cooptación de la que se sirvió desde que llegó al poder en 2001, hasta que se fue en 2017.
Es decir: nada hay de novedoso en Suárez en eso de que se halla con los patrones. Ni hay nada nuevo en los patrones dividiendo para reinar. El tema, al parecer, es que ahora no hay tiempo para disputas estériles. Falta plata y alguien tiene que ponerla.
Lo cierto es que desde el jueves la ciudad de Corrientes está prácticamente incomunicada, con chicos que no fueron a las escuelas, con estudiantes terciarios y universitarios que no pudieron rendir en este último turno que está cerrando, con trabajadores que no pudieron llegar a sus trabajos o que perdieron su presentismo. Gente que no pudo ir ni venir, a hacer lo que fuera.
Al menos unas 100 mil personas por día tuvieron problemas para trasladarse en las últimas 72 horas, dificultad que se repetirá hasta el martes, por lo menos, porque más allá de la caladura del conflicto, no es lo suficientemente grave como para que los que tienen que resolverlo modifiquen su agenda de fin de semana largo. ¡Faltaba más!

—¿Qué reclaman los choferes no representados por la UTA?
Los autoconvocados presentaron un petitorio por escrito a la Empresa Romero Sociedad Anónima: Ersa. En el documento reclaman que se abone el 5,7% adeudado de los meses de septiembre y octubre, además de una diferencia que existe con el aguinaldo que percibieron a mediados de año y otras mejoras laborales. También acusan a la compañía de hacer figurar en planillas que más de 100 trabajadores cobran más de lo que reciben efectivamente.

—¿Qué dicen en la empresa?
Lo que dicen todas: que no tienen plata, que están en crisis, que los costos están desfasados, que el dólar, que no alcanzan los subsidios ni los valores actuales del boleto. Hay un largo etcétera.

—¿En qué instancia está el conflicto?
En un parate significativo. Hay amenazas de despidos. Desde la empresa dicen que están recibiendo currículums de choferes profesionales. Dicen también que no alcanzan para cubrir la demanda -pese a la escasez de trabajo-. Entonces sigue el problema. Ayer tomaron algunos trabajadores para intentar una reanimación del servicio. Hasta el cierre de esta edición, la salida de algunos colectivos y la implementación de una cobertura adicional, precaria, trajo nuevos problemas.

—¿Y entre los trabajadores?
La UTA no representa a los “insurrectos”. Los insurrectos no quieren saber nada con la UTA. El gremio va a una velocidad y los trabajadores tienen otras urgencias. Pero todos están de paro. ¿No es llamativo?
Suárez fue insultado en varios idiomas por sus compañeros, a quienes éste, a su vez, trató de traidores. Hubo forcejeos y una gresca en ciernes hasta que actuó la policía y entonces Suárez buscó refugio en una de las cómodas y frescas oficinas de la sociedad anónima, hasta que lo sacaron de ese lugar hostil. Ocurrió el jueves.
Mientras, esto otro: mientras el ruido estaba en la otra punta de la ciudad, el Concejo Deliberante apuró la primera lectura del proyecto para aumentar el boleto y fijó fecha de audiencia para apurar la segunda lectura.
(El plan marcha sobre ruedas, aunque no parezca).
En paralelo, desde el mismo jueves, las líneas 110 y 101 dispusieron de algunos coches de refuerzo y mantuvieron el servicio. También lo hizo la empresa Ataco, cubriendo a duras penas el ramal Chaco-Corrientes. Y la línea 11, que va desde la terminal hasta Santa Ana, con su prestación habitual, penosa.

—¿Cómo seguirá la cosa?
En un espiral de caos hasta que no quede más remedio que ir en auxilio de las empresas, invocando a los trabajadores y pensando en los usuarios.
Tan patético es todo, que daría risa la inconsistencia del guion si no fuera porque afecta a miles de personas, en cuanto a la movilidad pero también a su economía. Daría risa si no fuera que cada vez que ocurre el procedimiento, la provincia se involucra más con una empresa que en su expansión elimina cualquier posibilidad de competencias leales y sustentables que equilibren la desmesura del monopolio.
No fueron pocos los jefes comunales que quisieron poner coto a la cuestión, pero también fueron rápidamente convencidos de que era mejor el statu quo. Impresionante el poder de persuasión de los empresarios del transporte. Impresionante.
Por suerte, el actual intendente Eduardo Tassano está atento a la situación. Sólo esperó dos días (justo los dos días hábiles previos al fin de semana largo) para lanzar un plan de emergencia que los capitalinos podrán usar hasta el martes pagando más caro y sólo en efectivo. ¡Una ganga!
Con la misma fuerza con la que decretó que no se inundaría más la esquina de Ferré y España, esperó hasta el viernes a la noche para comunicar por Twitter: “Ante el paro sorpresivo de colectivos que perjudica a miles de vecinos, tomé la decisión de disponer un servicio de emergencia de transporte”. El servicio se presta con colectivos y combis a un valor de 15 pesos, de 8 a 22.
Las preguntas son muchas. ¿Tienen seguro esas unidades? ¿Y los choferes? ¿Se puede cobrar un pasaje más caro que lo que vale habitualmente? ¿Es legal esa maniobra? ¿Es sorpresivo un paro que lleva dos días? ¿Sancionó la Municipalidad a la empresa por ese incumplimiento? ¿Ya pagó la empresa las multas que supuestamente se le labraron por los carteles en los que azuzaba con llevar el precio del boleto por las nubes si Mauricio Macri le recorta los subsidios? ¿Qué va a hacer la Municipalidad si persiste el conflicto más allá del martes? ¿Está controlando la salida de las unidades con las cuales supuestamente empezó a restablecerse la prestación en algunas líneas? ¿Está controlando algo de todo esto la Municipalidad?
Por el momento se sabe una cosa. Según “Cuqui” Calvano, seguirá el paliativo de emergencia que se diseñó “por expresas instrucciones del intendente Eduardo Tassano”.
La oficina de propaganda comunal hace notar, con fervor, que la “solución” provisoria al problema, dos días tarde, sólo para el fin de semana, más caro de lo habitual y sin que pueda utilizarse la tarjeta Sube, llegó gracias a las “expresas instrucciones” de Tassano.
No se sabe si los empleados utilizan ese latiguillo para convencerse -aunque parezca lo contrario- de que en efecto hay alguien que fue elegido para tomar estas y otras decisiones en el Municipio.

“A corazón abierto” se presentó en Saladas

Sólo tengo palabras de agradecimiento. A Carlos Lezcano por el reconocimiento y sus palabras. A Leonardo Moglia por sus gestos en un momento difícil para la industria del libro, por la donación de ejemplares y el acompañamiento. A Romy Espinoza que lleva larguísimos kilómetros recorridos abrazando la idea de un rescate y homenaje a Gerardo Pisarello. A la Comisión de la Biblioteca Gerardo Pisarello Saladas. A mi familia, amigos y compañeros de siempre. A los colegas que cubrieron el acto. A Pedro Zubieta que se hizo el viaje. Y a las autoridades que estuvieron y le dieron marco institucional a la presentación de “A corazón abierto”. Muy agradecido. Gracias.
Fotos de Marcos Hernan Diez de MI Saladas II

“A corazón abierto”, en librería

A un mes de su presentación formal en la Feria del Libro de Caá Catí, “A corazón abierto”, la crónica sobre momentos, lugares y personas escrita por Eduardo Ledesma, ya está en librería disponible para la venta.
Cumplidos los trámites legales de rigor para esta segunda tirada -puesto que la primera fue una donación del autor y del editor a la Biblioteca Popular Juan Manuel Rivera-, los ejemplares ya se encuentran disponibles en La Rioja 755 de Corrientes, Capital, sede central de Moglia Ediciones.
Para quienes se encuentren fuera la ciudad o de la provincia y deseen un ejemplar, pueden solicitarlo por mail a: moglialibros@hotmail.com; ingresando al website de la editorial: www.mogliaediciones.com.ar y, también, a través de Mercado Libre.
También el autor tiene disponible ejemplares que pueden solicitarse por mensajes privados a través de cualquiera de sus redes sociales Facebbok; Twitter o Instagram y de su página web https://eduardo-ledesma.com

El libro

Eduardo Ledesma escribió esta crónica para dar visibilidad a las personas y al lugar, y “si bien el libro tiene su epicentro en lo que sucedió en la IV Feria del Libro de Caá Catí, está rebalsado con otros personajes y otros lugares”.
“La feria en sí misma dispara muchas cosas. Creo que es desconocida en gran parte de la provincia porque no es hija del marketing. Y sin hacer alardes y sin mostrar sus pretensiones, año tras año sigue creciendo”, deslizó el periodista.
Esta publicación que aún huele a nuevo, fue en principio producto de una donación tanto de Leonardo Moglia de la Editorial Moglia como del periodista Eduardo Ledesma, quienes en su primera edición confirieron a la Biblioteca Rivera toda la potestad de comercialización de los ejemplares.
Ahora el libro cumplió con sus pasos de inscripción de propiedad para su reedición y comercialización.

Se dice de mi…

A corazón abierto es un viaje, claramente. Un viaje al Tiempo que te sumerge, te lleva y te trae de un modo mágico. Genera una identificación constante con los sentimientos y da un gran alivio porque a través de su lectura se puede reconocer ese sentir. Reconocer y liberar algo que estaba adentro. Por otro lado, hay algo muy “cholulo” y “trágico” que te lleva a la risa (lo del asistente de Luis Miguel) pero no por la historia, sino por lo bizarro. Me mató lo de Fanny. Lo de Romy con Gerardo… Me encantaron las imágenes que transmite Alejandra. Una invitación a la lectura”.
Marta Toledo, fonoaudióloga, cantante profesional

“A corazón abierto” me emocionó hasta las lágrimas, me sumergió en tantos recuerdos. Removió en mi sensaciones y emociones, me hizo pensar, reflexionar.
Disfrute. Deleite. Emoción. Leí el libro en un par de horas, de corrido, y con una sonrisa dibujada, reflejo del cariño, el orgullo, la admiración y la alegría de que Eduardo haya publicado su primer libro.
Su pluma moviliza, emociona, sacude: te sumerge en la historia o lo que cuente. Ya en el periodismo se destaca, pero siento (y creo no equivocarme) que este libro le renovó la emoción de escribir. Lo sentí feliz de hacerlo. Cada palabra transmite ese disfrute.
Moira Insaurralde, periodista, comunicadora

“Esta crónica relata la experiencia de un viaje, pero no un viaje cualquiera sino uno “a corazón abierto”. Ya con el título, Eduardo Ledesma nos previene que la crónica no se basará únicamente en la IV Feria del Libro de Caá Catí, sino también en los engranajes, motivaciones y paisajes humanos que la sustentaron”.
“Ledesma maneja con soltura los tiempos de la crónica; los matiza con pasajes ficcionados de testimonios reales que dotan al relato de una tensión propia de otros géneros. Tal entrecruzamiento le permite desarrollar distintos asuntos a la vez sin que se pierda el hilo ni decaiga el interés por la lectura”.
Rodrigo Galarza, poeta.

“No tengo tantas palabras para nombrar la naturaleza, más bien pocas; me crié con el desapego porteño que cree que la naturaleza es un lugar bello y lejano para ir de vacaciones. Ahora me puedo imaginar ese paraje que describe Eduardo en su crónica, donde “sólo había hierbas fragantes, de campo, sembradas al boleo”, casi puedo olerlo. Todo su relato fue un empujón que me hizo volver a ese día y medio en Caá Catí, al sonido dulce del chamamé, a las historias de los poetas que escribieron el pueblo desde el exilio y de los forasteros que se aquerenciaron ahí”.
Alejandra Zina, escritora.

“Recién termino de leer “A corazón abierto” y durante toda la lectura con “carne de gallina” a pesar que soy “cuervo”. Realmente no pude salir nunca de esa emoción de ver reflejada allí la parte más secreta e importante de mi vida artística y de mi vida personal. Es una crónica que está tan bien hecha, con emoción y con justeza que te lleva en un camino directo al corazón de Caá Catí y al corazón del lector.
Romy Espinoza, abogado, escritor, músico, cantor.

“Yo no soy un crítico literario y menos aún lector de crónicas, por lo que sospecho que lo que encontré en el libro “A corazón abierto”, que me encantó, es un aire de novela. Creo que eso indecible entre el material de una novela o un cuento (ficción) o una crónica (algo que sí sucedió) y que se discute a propósito de un recuerdo, es clave. Porque no hay dudas de que el autor escribe sobre algo que sucedió no sólo en el relato de la muerte de Gerardo sino de todo lo que pasó en Caa Catí en esos días. Pero lo que me enganchó a mí es la forma literaria. Su estilo literario”.
Fernando Abelenda, psiquiatra, lector, conductor y columnista de radio

Leer “A corazón abierto” fue como caminar la siesta dormida de Caá Catí pueblo.
Moni Munilla, escritora, periodista

“Mi comentario no intenta ser una crítica formal ni académica de un libro, pero es quizá lo que todo autor busca: ver si lo que escribió “llegó” al corazón del lector. Y a mí no solo me llegó, sino que me conmovió y me mueve a visitar ese antiguo almacén (tan bien descripto), estar en su Laguna Rincón, y conocer a la señora que dibuja con los pies… Claro, y concreto, con la simpleza de “lo nuestro” y una pluma que sin dejar de lado su origen periodístico, incursiona de manera brillante en la literatura.
Graciela Faccini, periodista.

“La tierra ebria sobre mí y yo en una voluntad azul bajo las aguas poseído por el temblor de las especies”. Ese temblor y esa ebriedad mueven las pulsiones de Eduardo ahora en un libro de crónica. Aquí pone su firma, donde la pantalla blanca del computador no tiene límites y los personajes, los momentos y los lugares del interior de Corrientes quedan por un momento -tan solo por un instante- congelados en las páginas de este libro que tituló “A corazón abierto”.
La invitación va más allá de leer: la invitación es para ir pynandi por la tierra del taragüí y conocer su historia cultural, aquella mezcla de poesía y música.
Paulo Ferreyra, periodista.

Una crónica atrapante, un relato fascinante, una literatura que enternece y cala hondo en el corazón del correntino. Imposible no conmoverse con protagonistas como “Cancho” Gordiolla Niella (mi compañero durante el tránsito por caminos del arte), como Pilar Benítez a quien conocí a través de “Pintores sin manos”, o como Fany, la fámula de Borges, fiel y desinteresada como el correntino de ley. Esta obra es, sin lugar a dudas, el preludio de futuros grandes éxitos.
Rosita Troia, docente, crítica de arte

La reverberación de la palabra escrita

Por Paulo Ferreyra
Especial para el diario El Litoral

 

La tarde comienza a la siesta, ya después de comer Heraldo Vallejos nos hace de guía por la casa del poeta de Caá Catí, David Martínez. De camino al lugar llovizna, las calles parecen más anchas y desiertas, cortada la quietud por algún auto que pasa raudamente. Las hojas de los árboles están selladas, no se mueve nada, el agua que va cayendo congela hasta los ánimos.
El acceso al pueblo es por la avenida 12 de Octubre, de cara a esta calle se encuentra el almacén y lo que fue la biblioteca de David Martínez. Aún se conservan ahí sus libros, parte de su mobiliario y el almacén, el mismo que estuvo cerrado durante cuarenta años y hace poco se abrió como un cristal intacto, con la colonia fresca y algunos productos amarillos marcados por el paso del tiempo.
La presentación de libros comenzó con el grupo de escritores de Apóstoles, Mónica Ortiz trajo el libro “Madrugadas y silencios”. Luego los cocineros del Iberá, quienes estuvieron durante los tres días ofreciendo exquisiteces, compartieron su experiencia ante un nutrido auditorio. Pasadas las 17 fue el turno de la poeta María Laura Riba, quien presentó su libro “Ella sin nombre” y estuvo acompañada por Heraldo Vallejos. Ambos hablaron del camino que la llevó a escribir esta novela poética.

“Estar cerca para  contarlo”
Luego de realizar durante dos días el seminario sobre Crónica, tema central de la 5ª Feria del Libro de Caá Catí, Josefina Licitra presentó su más reciente libro, “38 Estrellas, la mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia”.
En la mesa estuvo acompañada por Gabriela Bissaro, quien fue desentrañando cómo se gestó el libro.
“A principios de 2011, cuando trabajaba en un perfil sobre José Mujica, quien entonces era presidente de Uruguay, tuve una entrevista con Lucía Topolansky: su compañera afectiva y hoy vicepresidenta de Uruguay. En aquella charla, Topolansky habló de la gesta colectiva que había sido el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), al que ella y Mujica se habían sumado en los 60, contó cómo esa militancia tenía sus réplicas en las decisiones de gobierno, recorrió su propia vida y evocó los eventos políticos y personales que habían marcado su juventud. Ahí mencionó, sin mayor detenimiento, la Operación Estrella: una fuga carcelaria que ocurrió en Montevideo el 30 de julio de 1971, que llevó a la libertad a treinta y ocho presas políticas y que, hasta el momento, aun cuando tenía cualidades llamativas, no había sido recordada por ninguno de mis entrevistados anteriores.
Esa fue la punta, comencé a investigar y no encontré ningún libro sobre el tema”, explicó Licitra.
“Siempre una fuga es atrapante para leer. Conocemos fugas de hombres, pero una fuga de mujeres conocemos muy poco, entonces esta historia comenzaba a atraerme por varios frentes, una fuga y de mujeres. Sentí que ahí tenía una historia”, subraya.
Luego amplió su alusión explicando procesos de trabajo, pautas que la ayudaron a ordenar la historia y destacó que es un libro con datos duros e históricos, pero que está narrado en forma de novela. “Todos los datos están chequeados porque es un libro periodístico. Al escribir una crónica no podemos ser otro, pero podemos estar cerca para entender lo que sucede”, indicó Licitra.
“Las mujeres eran más reservadas que los hombres. Fui entrevistando a algunas de las fugadas y fue necesario hacer una revisión de los hechos para contextualizar quiénes fueron los Tupamaros. Tardé muchos años y es el libro que más tiempo me llevó, pero eso sucede porque vivo en este país donde uno hace muchas cosas y además escribe un libro”, destacó.

Embriagados en palabras 
La tarde del domingo en cuanto a presentaciones de libros cerró con “A corazón abierto”, del periodista Eduardo Ledesma. Estuvieron en la mesa Yamil, Fabián, Eva, Melisa, Heraldo y Romy. Comenzaron leyendo fragmentos del libro y se fueron ganando poco a poco por la trama, las historias, los personajes. Fue creciendo todo hasta quebrar y volver vidriosos los ojos del autor, que necesitó tiempo para reponerse y leer también él un fragmento.
“El libro es un regalo que en simultáneo es una devolución de todo lo que nos da Caá Catí. Leo Moglia dijo que si yo ponía el texto, él ponía el libro. Así se gestó este proyecto. Las historias y el hilo central tienen que ver con esta Feria del Libro, pero se ensancha con otras historias y personajes entrañables para todos. La pretensión fue poner en estas páginas lo que significa y lo que es Caá Catí”, explicó Ledesma. Al mismo tiempo y casi en simultáneo Fabián Brizuela agregó: “Es interesante vernos en estas páginas”.
La crónica fue el tema de este año y el libro de crónica juega con los datos del periodismo y la literatura, hay poesía, imágenes que están en la memoria del pueblo y se hicieron historia a través de sus escritores.
“El título del libro hace alusión a la manera en que lo escribí. Este libro lo escribí a corazón abierto, puesto que a menudo debo congelar mi corazón para escribir, pero aquí lo dejé latir y abierto”, explicó Ledesma.
Las historias y las anécdotas en el cierre se fueron esparciendo. Romy Espinoza contó su anécdota con el escritor saladeño Gerardo Pisarello y dejó mudos a todos por un instante, mientras la emoción reverberaba en los rostros ya sensibles en la despedida de la feria.
Hubo aplausos sostenidos después para Gabriela Bissaro y Carlos Lezcano. Este último tomó la palabra para señalar su agradecimiento por el apoyo de todos. “Desde hace unos años en el mes de marzo nos reunimos para pensar la Feria del Libro. Esto se hace con trabajo, y queremos invitar a que se sigan sumando, porque los nuevos contenidos de la feria vendrán de personas nuevas”, destacó.
El cierre musical fue con un homenaje a Rudy y Nini Flores de la mano de Ricardo Navarro y Alejandro Barrios y luego una actuación de Guaranítica.
En ese contexto se acercó una señora y entregó un pan enorme a varios de los organizadores y también a Eduardo Ledesma, una forma más de agradecimiento por su contribución y aporte a la Feria del Libro.

Eduardo Ledesma presenta su libro “A corazón abierto” en Caá Catí

Por Paulo Ferreyra. Publicado en el diario El Litoral

Van acercándose los días en los que Caá Catí se vestirá de palabra y música. La Feria del Libro es un hecho cultural donde la venta de libros es casi un accesorio, y los personajes y el lugar cobran un vuelo insólito para quienes se acercan a conocerlo.
Eduardo Ledesma escribió un libro de crónica para dar visibilidad a las personas y al lugar, y “si bien el libro tiene su epicentro en lo que sucedió en la IV Feria del Libro de Caá Catí, está rebalsado con otros personajes y otros lugares”. La feria en sí misma dispara muchas cosas. “Creo que es desconocida en gran parte de la provincia porque no es hija del marketing. Sin hacer alardes y sin mostrar sus pretensiones, año tras año sigue creciendo”, desliza el periodista.
Esta publicación que aún huele a nuevo, muy nuevo, abrirá su fragancia el próximo domingo. El libro es producto de una donación tanto de Leonardo Moglia de la Editorial Moglia como del periodista Eduardo Ledesma, quienes en esta primera edición del libro confieren a la Biblioteca Popular Juan Manuel Rivera toda la potestad. El libro se venderá a un precio módico y todo lo recaudado será para la biblioteca.
Hace apenas un año atrás, en este pueblo de arena, laguna y bajo ese cielo inmenso, Selva Almada leía un texto inédito de un trabajo que todavía no había presentado en Buenos Aires. Este año estará Josefina Licitra, quien presentará su nueva crónica “38 Estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia”.
“La tierra ebria sobre mí y yo en una voluntad azul bajo las aguas poseído por el temblor de las especies”. Ese temblor y esa ebriedad mueven las pulsiones de Eduardo ahora en un libro de crónica. Aquí pone su firma, donde la pantalla blanca del computador no tiene límites y los personajes, los momentos y los lugares del interior de Corrientes quedan por un momento -tan solo por un instante- congelados en las páginas de este libro que tituló “A corazón abierto”.
La invitación va más allá de leer: la invitación es para ir pynandi por la tierra del taragüí y conocer su historia cultural, aquella mezcla de poesía y música.
“El libro se escribió a lo largo de un año. Es un testimonio que me deja satisfecho. En la intimidad del trabajo hay muchas satisfacciones. Esta crónica es una contribución de toda la gente que participó y de Leo Moglia. Nadie cobra nada por esto. Es una donación”.
“En tanto texto, la escritura me permitió jugar en un registro al que no estoy acostumbrado: me permitió jugar con la ficción. Dialogué con personas que ya no están, con el archivo. Estos elementos periodísticos y narrativos me permitieron generar un relato de asuntos verídicos con una carnadura mayor al del lenguaje periodístico”, concluye.
Esta crónica relata la experiencia de un viaje, pero no un viaje cualquiera sino uno “a corazón abierto”. Ya con el título, Eduardo Ledesma nos previene que la crónica no se basará únicamente en la IV Feria del Libro de Caá Catí, sino también en los engranajes, motivaciones y paisajes humanos que la sustentaron”.
“Ledesma maneja con soltura los tiempos de la crónica; los matiza con pasajes ficcionados de testimonios reales que dotan al relato de una tensión propia de otros géneros. Tal entrecruzamiento le permite desarrollar distintos asuntos a la vez sin que se pierda el hilo ni decaiga el interés por la lectura”. Así traza este libro el poeta Rodrigo Galarza.

 

La corriente hipócrita

El pasado miércoles 8 de agosto, 38 de los 72 senadores nacionales frenaron, al menos por este año, el tratamiento del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE): la legalización del aborto. ¿Qué hicieron los senadores correntinos? Siguieron la lógica mayoritaria-negativa. Fue la misma postura que asumieron los diputados en la votación de la Cámara baja, aunque aquella vez la iniciativa logró la media sanción.
En Diputados, 4 de los 7 votaron en contra. En el Senado, 2 de los 3.
Podríamos decir, en general, sin atender la naturaleza de la representatividad, que un 60% de los legisladores correntinos votó en contra de la ley y un 40% a favor. Tanto los que representan al pueblo como los que lo hacen en nombre de la provincia, en mayoría, se negaron a la legalización del aborto.
¿Será ese el reflejo de lo que piensa la sociedad? ¿Son mayoría los que quieren que nada cambie? ¿O en realidad los diputados y senadores hicieron cálculos -de uno y otro lado- pensando en cuestiones menos morales y altruistas, como la angurria por engrosar las matemáticas de su egoísmo para usarlas en tiempos electorales? No lo sabemos, pero lo veremos, más pronto que tarde.
Podríamos decir también que entre los “Pro-Vida/Anti-derechos, Hipócritas, Clericales, etc.” -según la calificación agrietada y de color verde en la que nos movimos todos estos meses de discusión-, 5 de los 6 votos lo aportaron hombres, casi todos mayores de 50 años: Julián Dindart, Jorge Romero, Oscar Macías, Pedro Braillard y Camau Espínola. También está una mujer: Estela Regidor, más joven, pero al parecer cómoda en el canon que rige la vida actualmente.
Entre los “Pro-Aborto/Anti-Vida, Genocidas, Asesinos, Feminazis, etc.” -según la nomenclatura de los teñidos con el color celeste-, se cuentan 3 mujeres y un hombre. Una del PRO, Sofía Brambilla, y 3 peronistas-kirchneristas: Aracely Ferreyra, Pitín Aragón y Ana Almirón. La mayoría menores de 50 años.

¿Hay allí un dato? ¿Los que están en contra, hombres mayores de 50 años, blancos, católicos, heterosexuales, representan una matriz conservadora? Si no es así, ¿qué representan? ¿A quién? O, mejor dicho: ¿qué pasa, según ellos, con la parte de las mujeres que necesitan y reclaman contención del Estado para cuidarse, informarse o en todo caso no morirse si de todos modos tienen que tomar la decisión de abortar? ¿No creerán lo que dicen, incluso algunas mujeres, que con la legalización, el aborto se convertirá en el nuevo deporte nacional? ¿O sí? Esperemos que no.
Muchas son las preguntas y pocas las respuestas cuando no son chicanas o mentiras. Porque no abundan las propuestas que de verdad busquen una solución al problema, difícil si los hay, y que quedó demostrado que divide a la sociedad toda. Fracturándola.
No obstante, ellos, los legisladores, ensayaron sus respuestas. Y en cada una de estas dos sesiones especiales dieron una muestra pequeña de la transversalidad de la discusión. También hicieron papelones, o esgrimieron argumentos por debajo de la altura que demandó y demanda un debate de estas características. Lo de comparar a las mujeres con perras preñadas sirve de muestra. Alcanza y sobra. Aunque no puede olvidarse aquello del diputado que se copió una opinión a favor del aborto para él votar en contra: Regidor y Macías. Una radical y un peronista. Parejitos. Después estuvo Dindart el poeta. Romero, el que ni se mosqueó: prefirió el silencio, cobarde o prudente, según el cristal que se use para la mira. Calló, pero votó en contra. Aragón fue el relator de un documento del Colectivo de Mujeres Correntinas y poco más. Y Ferreyra defendió su postura militante, sin sobreactuaciones, pero también sin brillo.

***

Pero ¿en el Senado qué pasó? Corrientes tiene tres representantes: Ana Almirón, Pedro Braillard Poccard y Camau Espínola.
Almirón fue una de las primeras en hablar. Para comenzar admitió que estaba en contra de la legalización del aborto, pero que al informarse cambió de opinión. “Hace 3 años estaba en contra, pero pude dejar de lado mis convicciones religiosas y personales”, dijo. También aclaró que el debate no era sobre el comienzo de la vida: “Estamos hablando de salud pública”.
Dijo que hoy vivimos el tiempo de las mujeres en el mundo: que están empoderadas, que nos exigen esta ley para que puedan decidir sobre su cuerpo, porque quieren elegir cuándo ser madre, cómo, sin morir en el anonimato de la clandestinidad.
Después entró el nudo de su alocución. Recordó que Corrientes se declaró Pro-Vida en 2011 por un decreto de Ricardo Colombi. Una provincia pro-vida pero que los primeros días de julio no pudo salvar a una chica de Perugorría de 27 años que murió por desangrado en Goya; ni pudo hacer nada el 27 de julio con otra chica de 31 años que murió tras una infección por un legrado en Capital. Dos casos sólo en el último mes, recalcó.
“Esta es la salud que tenemos en mi provincia, una provincia pro-vida en la que las mujeres siguen muriendo por aborto clandestino. Si en el último mes tenemos dos casos, no me quiero imaginar todos los casos que nos ocultan”, dijo luego.
Recordó las polémicas declaraciones del director de Hospitales Públicos, Alfredo Revidatti, cuando cuestionó la Educación Sexual Integral y los anticonceptivos. Revidatti sigue siendo funcionario.
También cuestionó a Dindart por haber dicho que las niñas abusadas se “embarazaban porque tenían un rédito económico”. Dindart sigue de diputado, pero en sus tiempos libres se dedica a la literatura.
Recordó además que Corrientes no adhirió al protocolo para la atención integral de las personas con el derecho a la interrupción legal del embarazo que publicó el Ministerio de Salud de la Nación en 2015. Y hasta se acordó de Colombi que vetó la ley de electrodependientes. “¿Qué vida estamos cuidando entonces?”, preguntó.
“Esta ley no obliga a nadie a abortar, sólo le da la oportunidad a quien lo necesite y lo tenga en forma segura. Con esta ley no van a haber más o menos abortos. Lo que van a hacer son menos chicas muertas”, dijo.
Hasta allí todo bien, sólo que después puso en jaque su actuación por esa adicción que tienen los políticos por el atajo. Almirón no fue la única (recién está aprendiendo en comparación con otros), pero mintió argumentando, cuando dijo que en Corrientes la tasa de mortalidad materna cuadruplica la nacional.
“En 2016, último año con información disponible, Corrientes tuvo una tasa por encima del promedio nacional, aunque no cuatro veces superior”, corroboró el sitio Chequeado.com. De acuerdo con los datos oficiales, en 2016 (último disponible), en la Argentina se produjeron 245 muertes de mujeres embarazadas. Esto representa una tasa de 3,4 muertes maternas por cada 10 mil nacidos vivos. En Corrientes, esa tasa fue de 4 muertes cada 10 mil nacidos vivos. Es decir, una tasa por encima del promedio nacional, aunque no el cuádruple, como mencionó la senadora. La fuente de las cifras es la Dirección de Estadísticas e Información en Salud del Ministerio de Salud de la Nación.
Este guarismo ubicó a Corrientes, en 2016, entre las siete provincias con mayor tasa de mortalidad materna del país. Más arriba sólo están Formosa, Catamarca, San Luis, Salta, La Rioja y Chaco, en ese orden. Hasta allí el chequeo.
Es decir: Corrientes tiene muy malos datos como para encima salir a exagerarlos. No hacía falta. Y si somos pro-vida y queremos salvar las dos vidas, etc., podríamos empezar por algo: tal vez por mejorar los índices de mortalidad infantil (muertes de bebés cada mil nacidos vivos), indicador en el que Corrientes es campeón desde hace años. Durante el colombismo fue la peor del país.

***
Más tarde intervino Pedro Braillard Poccard. Hizo una descripción biológica de la concepción y después una serie de consideraciones políticas-ideológicas.
Comentó que escuchó a un biólogo respetable que, con el rigor de su ciencia y claridad de conceptos, lo puso en duda, pero que no alcanzó a convencerlo. Por lo tanto, “ante cualquier duda, me inclino a favor de la vida”, dijo.
“El concepto de vida humana es una convención arbitraria, decía el biólogo”, dijo, pero en ese sentido ancló su postura en contra: desde la concepción hay un ser humano. “Y apoyo la vida que está empezando”.
Luego reconoció que “los abortos clandestinos y los embarazos no deseados son una realidad que existe” en adolescentes y niñas, por lo que pidió que del debate “salgan soluciones”.
“Los que estamos acá queremos expresar lo que pensamos, asumiendo una responsabilidad ante nuestra sociedad”, dijo, y repudió los insultos hacia alguno de sus pares. (Uno de ellos llegó a decir que se la pasó, los días previos, atajando crucifijos).
Habló luego de cuestiones de constitucionalidad, de que los médicos no merecen el trato que les daba el proyecto, de la objeción de conciencia, del daño al sistema público si se echara a médicos valiosos por no practicar abortos.
Después entró a lo hondo: “Me pidieron que no vote por mis convicciones. Pero estamos acá por nuestras convicciones. Por pensar, sentir. Por nuestras trayectorias”, dijo.
Agregó que tuvo “el honor de ser 4 años ministro de Salud de mi provincia y entonces me permito opinar. Creo que tenemos un largo camino por recorrer en materia de políticas de salud, de prevención y de educación para la salud y de hablar del tema. De discutir y de explicar de qué se trata todo esto de los embarazos no deseados, de las enfermedades de transmisión sexual. Los chicos deben saber”.
“Estamos preocupados por un problema, pero tenemos puntos de vista diferentes. Unos piensan que el IVE es la solución y otros pensamos que no es la salida. Sentémonos a ver cuál es la mejor forma de hacerlo”.
Después, palabras más, palabras menos, dijo: yo voto por mis convicciones, por mi trayectoria. No soy hipócrita ni retrógrado. “No quiero que me juzguen porque yo no juzgo a nadie”.
El senador votó en contra, por sus convicciones, según dijo, aunque reconoció estar en duda. Pero ante la duda no se abstuvo. Votó en favor de un embrión y en contra de ampliar el derecho de una mujer que quiere optar, planificar, no morir.
Dijo que el haber sido ministro de Salud le permite opinar sobre lo que hay que hacer. La pregunta es ¿qué hizo? Y si hizo algo ¿qué impacto tuvo? ¿Sobre qué cimientos planteó su gestión sanitaria, si los indicadores correntinos en la materia son históricamente malos, tirando a peores?
Y ya que habló de trayectorias, habría que ver cuál de todas, porque tiene muchas y algunas muy buenas. Pero más allá de que al senador no le guste que lo tilden de hipócrita, de arcaico y esas cosas que se escucharon en el debate, habría que buscar en todo caso algún otro calificativo para conceptualizar a alguien que desde una banca dice -hoy- que hay que sentarse a ver qué hacer, cuando su legajo político tiene más de 30 años.
La hoja profesional de Braillard Poccard dice que fue ministro de Salud de un gobierno cuestionado; que fue funcionario de un ex gobernador que es el único preso por corrupción en Corrientes. Él mismo fue gobernador. ¿Qué hizo por este tema cuando lo fue, antes de ser echado?
Hoy pide educar, pero por la crisis que se inició en su gobierno, los estudiantes correntinos pasaron de año por decreto, con las escuelas cerradas y los maestros en carpas o cortando rutas. ¿Cuál era su convicción en ese entonces? ¿Por qué estuvo bajo el influjo de un corrupto procesado, enjuiciado y condenado? ¿Si se equivocó entonces, no puede pasar eso mismo ahora?
¿Qué hizo como legislador provincial cuando se rehabilitó por medio del voto popular? ¿Qué propuso? ¿Qué hizo o propuso cuando fue vicegobernador de Colombi, un gobernador que por “pro-vida” no permitió la educación sexual que sigue sin darse en las escuelas correntinas? ¿Qué hizo para garantizar la provisión de anticonceptivos?
¿Qué cambió ahora para creer que se van a hacer las cosas que faltan? ¿En verdad Braillard Poccard no siente ninguna responsabilidad política después de tanta trayectoria y convicción?
Ahora hay que educar, dice, y en Corrientes se armó un revuelo porque una maestra escribió “bienvenides” en un pizarrón. Una palabra que mereció una censura trucha por parte de la oficialidad local.

¿En serio podemos encarar un proceso educativo en salud sexual y reproductiva con un Ministerio de Educación que mandó un memorando a los colegios para que los docentes no usen lenguaje inclusivo? ¿Con un Ministerio que mandó una resolución interna redactada con errores ortográficos, sin consulta de expertos ni de bibliografía, refritando fragmentos de una nota de Clarín, para luego borrar fuentes y enrevesar lo dicho por un lingüista consultado por el diario?
Se ve que prende rápido el “Modelo Macías: copio y tergiverso” en estos sembradíos de la vida. Si eso no es hipocresía, ¿qué es? ¿Cinismo? ¿Algo peor tal vez?

***
La cosa no terminó allí. O sí. Porque el tercer senador provincial votó en contra, pero en silencio, integrando el lote de senadores que prefirió jugar a la escondidas. Se trata de Carlos Mauricio Espínola.
Camau no habló. De hecho, apenas se lo vio en la sesión, arrellanado en su poltrona. Tal vez no tuvo tiempo ni de plagiar, como su compinche el diputado Macías. O tal vez su espanto ante un momento trascendental de la historia política del país y del continente, tenga que ver con un rapto de lucidez: no podía ir al Senado a recitar su verso marketinero de la fe, el optimismo, los brazos en alto, como el remedo paródico de su otrora mentor Daniel Scioli.
Perdió una oportunidad histórica, al menos de expresarse, porque casi no se escucha su voz en el Congreso. Y otra más elevada: perdió una oportunidad de explicar por qué votó en contra de una ampliación de derechos, o de explicar en todo caso qué son las dos vidas para él. De explicar por qué votó en contra de las muchas correntinas que se mueren por pobres, o en todo caso de decir en qué sustenta su pretensión de salvar vidas, su proyecto para mejorar los índices o los sistemas de salud, cuando mientras tanto, una y a veces las dos vidas se terminan yendo igual, por falta de educación, de prevención, de contención, de empatía. Por falta de soberanía. Por falta de Estado. Por imperio de la clandestinidad, donde mandan el perejil, la aguja de tejer y la percha. ¿Qué pensará de todo esto el senador medallista olímpico?
Ya en el plano estrictamente político, Camau Espínola perdió la oportunidad de explicar por qué votó como votó, sin que ese voto lo convierta en más de lo mismo. Dicho de otro modo: ¿en carácter de qué los correntinos tendrían que asentir, si es que intenta por tercera vez, que en caso de ganar sería un gobernador del cambio, del progreso? En las campañas anteriores se llenó la boca hablando del atraso, al que él ahora aporta.
Camau Espínola, con su voto en contra, silencioso, se perdió la oportunidad de explicar qué intereses defiende. Qué cálculos hace. ¿Piensa en alguien más que en él? ¿Será verdad que actúa por olfato? ¿Será verdad que es muy católico, casi místico? ¿Lo hace por convicción religiosa o de otra índole? ¿Será que cree que los sectores conservadores que siempre le negaron el acompañamiento lo harán ahora porque ayudó a trabar esta ley?
En esa matemática egoísta, ¿cuál sería el cálculo que deben hacer las chicas que militaron su causa y que ahora se sienten defraudadas? Y, finalmente, ¿qué lo diferencia, por caso, de Ricardo Colombi? ¿Será que hay diferencia?
Por lo que se ve, está claro que sólo los distingue la edad y la barba rala del patrón del Paiubre.

***
Mientras tanto, ¿qué pasó en Argentina? Mucho para el futuro.
Para el presente, que las cosas sigan como hasta ahora: con unos 345.627 abortos por año que se van a seguir haciendo, según calculó el Ministerio de Salud de la Nación, a un costo de $11.500 cada uno. Si se aprobaba la ley, la reducción presupuestaria iba a ser del 83%, pues la práctica de aborto seguro saldría no más de $1.900 cada uno. Tal vez no tenga nada que ver, pero vale el dato económico sobre todo para la gente que se preocupa mucho cuando se gastan sus impuestos en planes sociales o nuevos derechos para los menos favorecidos.
Tal vez cayó en la cuenta, y por eso mismo el gobierno de Mauricio Macri esté pensando en eliminar los jugosos “planes sociales” que se distribuyen para sostener al clero.
¿Y en Corrientes? Un sector seguirá militando. Tal vez lo hagan los dos colores.
Lo que es seguro es que las chicas seguirán acompañándose, tal vez más informadas. Y que los abortos seguirán practicándose en tugurios o en clínicas privadas. Allí, católicas y no católicas, conservadoras y progresistas, radicales y peronistas o las chicas del PRO, salvarán su honor y esconderán su goce de manera segura por unos miles de pesos. Las más pobres rifarán la satisfacción de abstraerse por un momento de su malaria estructural, en la ruleta de una curandera o, llegado el caso de la mala suerte, en una sala de terapia de un hospital público.
El resto -de seguir así-, nos convertiremos en personajes de un cuento de José Gabriel Ceballos: “Homenaje al doctor”, al que un crítico le inventó un final influido por el contexto de esta discusión. Dice así:
“Historias durísimas contadas en clave de humor, como aquella del sepelio del médico del pueblo, personajón de alta alcurnia y respeto, en que el cortejo fúnebre es liderado por las prostitutas del mítico burdel pueblerino, agradecidas todas por los numerosos abortos que el muerto les había practicado durante años”, y que habría cobrado en especie.

Dario Sztajnszrajber: “El filósofo no sabe y pregunta, porque preguntando se rompen las hegemonías”

Exactamente dos horas habló Darío Sztajnszrajber en la inauguración de la Feria Provincial del Libro. Fue el viernes 13 de julio por la noche y no en el auditorio, como estaba previsto, sino en el escenario mayor montado para los espectáculos musicales. Esto se debió a que su nivel de convocatoria superó las expectativas y obligó a las autoridades a mover las piezas sobre la marcha para que nadie se quede sin verlo. Sin escucharlo.
El docente y filósofo echó mano a un envidiable manejo de la escena y logró que el público no se moviera, pese a lo extenso de su ponencia que comenzó pasadas las 19. Logró, además, que el público guardara respetuoso silencio y, llegado el momento, interactuara y se divirtiera, tomara aire y saliera a flote con solvencia pese a la profundidad de los temas desarrollados: el amor, pero desde marcos conceptuales varios y complejos.
En ese sentido, resultaría imposible abordar por escrito la presentación del mediático divulgador, pero vale la pena hacer el intento de al menos listar varios de los conceptos más importantes de la charla que, a patio lleno, revistió de un rotundo éxito la primera gala de la 8ª Feria Provincial del Libro.

  • Hay quienes confunden al filósofo con los sabios. En realidad es una intención, porque el filósofo no sabe, sino que es un aspirante del saber. Un amante del saber.
  • Como no sabe, pregunta, porque preguntando desestabiliza las hegemonías.
  • Para la filosofía la normalidad no existe. Lo normal, lo supuesto, oculta algo. Lo normal es una construcción social.
  • Normal es que las mujeres sean madres. ¿Es normal?
  • La sociedad se aferra al formato normalizado. Pero a la norma alguien la puso en nombre de su propio interés.
  • El poder se manifiesta de manera invisible. Por eso es necesario deconstruir. Para mirar la historia de determinadas construcciones. Deconstruir para emancipar.
  • Todo depende del marco teórico. Una botella de agua puede ser una botella de agua o puede ser la historia de la contaminación ambiental, o puede ser la historia de la explotación de los trabajadores.
  • Lo personal es político.
  • Que no te otorguen un derecho que de por sí te pertenece, dijo, citando a Nietzsche.
  • El deseo es el deseo del deseo.
  • El amor es dolor.
  • La media naranja. Platón decía: “Uno ama lo que no tiene y busca en el otro completarse”. Esa idea de completarse supone la idea de una carencia, y la gran carente en la historia occidental es la mujer que siempre ha estado en el lugar de la figura de la falencia.
  • Aristóteles define a la mujer como un macho no realizado, ni hablar de los relatos bíblicos que ponen a la mujer siempre en un lugar subsidiario, de acompañamiento.
  • Todas nuestras historias de amor son de algún modo una réplica de la historia de Adán y Eva, Romero y Julieta. Por eso, la desconstrucción va a desmitificar esos relatos.
  • La plenitud absoluta es una idealización.
  • Debemos aspirar a deconstruir la idea productiva de las cosas. De las relaciones. Que todo tiene que tener valor.
  • Lo que mejor explica el amor es la literatura. Somos narradores. Los editores de nuestra propia vida.
  • El amor es un proyecto político que se construye con el otro.
  • Pero más que estar en contacto con el otro, lo que hacemos en el amor es estar en contacto con lo que uno proyecta de sí mismo en el otro. Me parece importante des-idealizar al amor. En términos vinculares no lo podemos pensar como ganancia porque entonces uno de los dos terminaría siendo un medio. Una mercancía para que el otro se expanda.
  • La libertad es huir de uno mismo.
  • La metafísica es lo que está más allá de lo natural.
  • La política es ponerse de acuerdo en las diferencias. Una sociedad madura debería ponerse de acuerdo para que una persona que está en contra del aborto pueda convivir con otra que está a favor. Hoy, la ley sólo resguarda una postura. No es democrática cuando no permite el aborto.
  • El que esté en contra del aborto que viva su vida como quiere, pero que conviva democráticamente con quien está a favor.
  • El conflicto se tornaría “violento” si una de las partes suprime al resto en nombre de la reconciliación, de la armonía y del pensamiento único.

Estos y otros tantos pensamientos, narrados sobre la base de la filosofía de todos los tiempos, constituyen de hecho los fundamentos que dan vida a los dos libros publicados por el autor: ¿Pará qué sirve la filosofía? y Filosofía en 11 frases, libros -por otra parte- altamente recomendados.
Después de su presentación de dos horas, ante un público amplio, heterogéneo y muy respetuoso, el divulgador agradeció y fue despedido con una ovación.
Antes de la charla, por la mañana, dio una conferencia de prensa y luego, a la tarde, compartió un rato con sus lectores y lectoras, y firmó ejemplares a quienes se lo pidieron.
Un acierto de la organización de la Feria del Libro que será recordada como una de las más convocantes, esclarecedoras y políticas de todas las ediciones hasta aquí desarrolladas.

La última nota: adiós Carlos Gelmi

—Hola, Gelmi, tengo malas noticias.
—¿Qué pasó?

—Me llamó su tocayo, el dueño, enojado porque no escribimos. Ninguna firma local en el último número, dijo, quejándose…
—¿O sea que ahora podemos escribir?

—Bueno, más o menos. ¿Le reservo su página para el domingo?
—Bueno. Está bien. Pero que sea la última vez.

***

Ese sábado a la tarde, como tantos sábados, me pasó la nota. Título: “Confusiones de un machirulo”. Y no hizo ni hace falta más para saber de qué se trataba: de Ella y del actual El. Esa nota, por esas cosas caprichosas que tiene el periodismo, todavía estaba ayer en la página web del diario. Salió el 3 de junio. El domingo antepasado decidió no escribir y esta última semana no insistimos, porque andaba medio quejoso.

—Los médicos me dicen que no tengo nada, pero me tienen como un fenómeno recorriendo especialistas.
—Ya va a pasar, no se preocupe —le dije, creyéndolo.
Ayer, cuando me dieron la noticia, recordé lo que mil veces hablamos: que no abandonaría el trabajo, pese a que el último tiempo era la vista la que se le negaba. Y que, si no era su voluntad, sólo saldría del diario con los pies para adelante.
Gelmi podía hablar así y peor aún cuando se trataba de él mismo. Muchas veces me incomodó con un asunto que compartía como quien reparte el chisme de un amorío. Me contaba pormenores de los preparativos de su muerte.
Gelmi era un detallista. Un obsesivo del trabajo. De su trabajo. Del de sus compañeros. Y ayer dio la última clase de periodismo práctico.
1. No se murió en el diario para evitarnos ese contratiempo, pues retrasaría la edición.
2. Se murió temprano, para que tengamos tiempo de buscar algo en el archivo.
3. Y se murió el Día del Padre, con todos sus afectos cerca, para evitar gastos mayores. Porque si bien Gelmi pensaba en la Historia, hasta en eso era austero.

***

Ayer, cuando me dijeron que Gelmi había muerto, recordé lo mucho que nos dio. Lo mucho que le negó a sus propios hijos por nosotros. Recordé la debilidad que tenía por su hija y sus nietos, todos ellos, aunque más acá en el tiempo hablaba mucho de los “demonios” más chiquitos.
Recordé lo mucho que extrañaba a Mario Mauriño. A Chaque.
Y recordé también la última nota que le hice, porque esa nota le dio título a un libro que tal vez alguna vez se edite. Gelmi lo sabía, y hasta se alegró por la osadía. Ahora me apena porque ya no podrá leerlo.

—Cuán malo será eso que escribís que tenés que recurrir a las boludeces que digo yo—me dijo. Nos reímos.
Con cosas como esas podíamos hablar 5 minutos o años. Hasta que una vez le pregunté:

—¿No se cansa de escribir?
—No. Me aburre releerme.

—¿Por qué?
—No sé. No puedo.

—¿Y cómo hace con la inspiración?
—No hago nada. A esta altura los temas aparecen solos.

—¿Sí?
—En realidad para ser periodista tenés que ser un poco descarado.

—¿Usted lo fue?
—Algunas veces, pero con tonteras.

—¿Lo descubrieron alguna vez?
—Nunca me lo hicieron saber.

(Ríe. Y como lo hace solo, tal vez lo haga de su picardía).
—El periodismo es un mundo de mentirosos—dice luego, jocosamente, pero la daga llega al hueso. No entra en detalles, pero en esa frase está condensada la crítica y tal vez la autocrítica por los deslices en los que cayó él y la profesión a lo largo del tiempo. Un poco por cuestiones que involucran a los periodistas, personalmente, y otro poco por cuestiones más estructurales.
Gelmi supo de esas cosas. Jugó en una aldea como la de Corrientes, pero también en la gran metrópoli. No se la contaron, y esa experiencia es la que pudo exhibir hasta el último día.

—Sesenta años después, ¿volvería a elegir el periodismo como profesión?
—Sí.

—¿Se arrepiente?
—No.

***

—Ya que lo dice, Gelmi, le hago la última pregunta: ¿Va a escribir algo para el domingo?
—Y no sé… ¿sobre qué?

—Digamos que tema tiene…
—¿Cuál por ejemplo?