Corrientes se prepara para elegir gobernador y proyecta el liderazgo de Gustavo Valdés, que va por la reelección

Lanzan el ciclo de entrevistas “Gobernadores de la democracia”

Este año es un año especial por varios motivos. Desde el punto de vista institucional, los correntinos volveremos a elegir gobernador, pero en el marco extraordinario de una pandemia. Esa excepcionalidad nos plantea una serie de desafíos desde el punto de vista sanitario, pero también desde el punto de vista político y electoral.

En todo este tiempo se habló de la pospandemia como una “nueva normalidad”. ¿Cuál será? ¿Cómo será esa nueva normalidad en Corrientes? Por lo pronto, en pleno transcurrir de los acontecimientos, ¿Gustavo Valdés se convertirá en el segundo gobernador reelecto de la historia de la provincia o terminará su mandato el 10 de diciembre?

¿Cuál es la provincia que venimos soñando y cuál la que venimos construyendo? ¿Por qué hay un abismo, al parecer insalvable, entre lo que queremos y lo que al final conseguimos? ¿Nuestra postergación socioeconómica nos define? O, en todo caso, ¿quién nos posterga y por qué, para qué? Esas son algunas de las preguntas rectoras de este ciclo de entrevistas con perspectiva histórica que el periodista Eduardo Ledesma presentará desde esta semana y hasta finales del mes de agosto, cada martes y domingo.

Para cumplir el cometido entrevistó a todos los gobernadores correntinos de la democracia, la que retomó su vigencia plena en 1983. Los demás gobernadores, también elegidos por la voluntad popular antes de esa fecha, ya no están entre nosotros, y de ahí su ausencia. En cambio los interventores federales, así como los dirigentes correntinos que estuvieron a cargo del Ejecutivo en los distintos momentos aciagos o anómicos de nuestro devenir institucional, deliberadamente fueron excluidos de esta serie.

Por esa razón definitiva, estos siete hombres que actuaron desde el retorno de la democracia, después de la última dictadura militar que soportó la República Argentina, son los que en su rol de mandatarios gobernaron la provincia durante las últimas cuatro décadas. Se trata de José Antonio “Pocho” Romero Feris, de Ricardo Guillermo Leconte Mantilla, de Raúl Rolando “Tato” Romero Feris, de Néstor Pedro Braillard Poccard, de Horacio Ricardo Colombi (el único con tres mandatos completos), de Arturo Alejandro Colombi y de Gustavo Adolfo Valdés.

Son siete hombres en nueve períodos de gobierno desarrollados en 38 años. Gestiones engarzadas a un tramo de tiempo varias veces sacudido por las intervenciones federales que fueron un mal endémico de la provincia hasta el 2001. Desde ese año, la provincia transita un lapso inédito de normalidad institucional sustentado en la paz social, uno de los mayores logros de la dirigencia política que llegó al poder con Ricardo Colombi, tras las crisis múltiples de 1999, 2000 y 2001. Esa valiosa calma continúa hasta ahora.

Formato de entrega
Salvo la del gobernador en ejercicio, las demás entrevistas ya fueron grabadas, e irán apareciendo los martes y domingos en su formato audiovisual, y también los domingos en las páginas de El Litoral, en formato gráfico, siguiendo una lógica cronológica desde el próximo domingo, hasta el domingo de las elecciones generales, que tendrán lugar el 29 de agosto.

Son entrevistas que no responden a una lógica coyuntural, sino más bien a una lógica histórica. El ciclo fue concebido como un aporte al archivo audiovisual de la crónica política de la provincia de los últimos 40 años; como una historia posible, pero contada por sus propios protagonistas, en el entendimiento de que será un insumo que después podrían retomar otros periodistas e incluso los historiadores que pretendan ampliar, reafirmar o contrastar lo dicho, para acercarse a la “verdad” de determinados acontecimientos.

Y si bien es cierto que la historia está muy presente, también la política de estos tiempos será analizada por cada uno de los entrevistados, entre otras cosas porque la mayoría de los actores todavía tensionan en la vida pública correntina, y muchos de sus dichos tienen implicancias actuales. Ni hablar del caso del actual gobernador, que será invitado a analizar su gobierno y el plebiscito de gestión al que se someterá el domingo 29 de agosto.

Se trata, en suma, de un trabajo periodístico que abordará la historia reciente desde un presente, desde un lugar, y en un año electoral en el que el pueblo de la provincia deberá elegir a su próximo gobernador. El ciclo “Gobernadores de la democracia” constituye una realización integral del periodista Eduardo Ledesma, bajo la producción de Andrea de los Reyes y posproducción de Arteam Audiovisual. El diseño gráfico es de Augusto Vilar, la fotografía es de Nicolás Alonso y las cámaras son las de Joaquín Dalmazzo y Hugo Zamora. Cuenta con el auspicio del diario El Litoral y Telenord Corrientes, además de las firmas que acompañan, hace tres temporadas, al ciclo de entrevistas #ELPregunta.

La política de la rosca inmutable

Publicado en el diario El Litoral

La crónica política de los últimos meses podría sintetizarse así: Canteros, Cassani y Colombi desafiando a Valdés.

El vicegobernador Gustavo Canteros primero avisó, para no traicionar, y después lanzó su candidatura a intendente de Capital.

El titular de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani, no quiso ser menos. Ya en febrero informó su posición y luego lanzó su candidatura a gobernador. Incluso chicaneó: “¿Por qué Valdés no puede ser mi vice?”. No lo hizo más que en los medios, pero sonó fuerte, como sonaron fuerte las reacciones. Las más notorias se dieron en los anaqueles del Poder Judicial, donde justo por esos días el personal de maestranza pasaba el plumero sobre empolvados expedientes dormidos.

Días después Ricardo Colombi puso en duda la candidatura de Eduardo Tassano. Sin mirar a los ojos a Gustavo Valdés, recordó que no siempre la imagen se traduce en votos. Después azuzó la posibilidad de quiebres y pronosticó fracasos para quienes no escucharan al “Cherubichá”.

Si bien quejoso, también advirtió: “Nadie decidirá nada por mí, ni me van a jubilar”. De paso le tendió una mano a Canteros y otra a Cassani. Los alentó, pues al fin y al cabo nadie puede negarle la posibilidad de ser candidato a nadie, dijo. El hilo común a todos: la silla acomodada en el centro de la escena del programa “Final abierto”.

Antes habló el gobernador. Fue el primero y el que ordenó el debate. Confirmó a Tassano como candidato y dijo que al vice la o lo elegirá él según estas dos condiciones: que sea joven y con votos.

Después, como siempre, pasaron cosas.

La escalada verbal produjo hechos en la superficie y zancadillas brotadas desde los sótanos de la política y de la justicia. Una esquirla tardía de esas viejas detonaciones tal vez sea la viralización de los audios con el pedido de “reintegro” de la diputada nacional Estela Regidor a varios de sus empleados, para hacer “donaciones” en negro, so pena de truncarles el contrato. Es un escándalo de proporciones que, hay que decir también, no implica solo a la diputada radical. Veremos cómo sigue.

Demuestra esto, no obstante, que el carro viene acomodando melones a los tumbos, pero sin el peligro de una guerra declarada como la del 2005 entre los primos Arturo y Ricardo, y que dejó heridos en ristra y algunos muertos.

La terquedad de entonces mutó con el tiempo en el cálculo frío que no pierde de vista las opciones cruciales: ceder y gobernar, o romper y volver al frío gélido del llano. Es verdad que muchos están más abrigados que hace veinte años y que podrían pasar el invierno y la pandemia sin tiritar, pero no es lo mismo hacerlo al calor de las estufas de Salta y Mayo.

Fue en ese marco prepolítico electoral que ocurrió también la cumbre entre Ricardo Colombi y el gobernador Gustavo Valdés. Fue el viernes 30 de abril en Casa de Gobierno. Días después, el miércoles, Colombi dijo por radio que Valdés es el “candidato natural” y más tarde, el mismo miércoles, la UCR avaló las nominaciones de Valdés y Tassano. Fueron ungidos por el radicalismo y en Capital, pero el alcance fue más amplio: se leyó como el ungimiento de ECO a sus dos principales candidatos.

 

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Tal vez nunca se sepa qué pasó efectivamente en la reunión de Colombi con Valdés, porque incluso un ministro de peso dentro del gabinete, varios días antes, varios, firmó en un cuaderno, a modo de anticipo, que esa era la fórmula integral. Valdés-Tassano. Firma del ministro. 

Cassani, en tanto, emprendió un acelerado regreso, como en la parábola del hijo pródigo: volvió a mostrarse con el gobernador, recorre la provincia con él, y del desafío pasó al silencio.

Canteros siguió en las suyas. Fueron a tentarlo varias veces para que deponga su actitud, pero el dos veces vicegobernador parece dispuesto a dar pelea. Por ahora, dice que dentro de ECO, salvo que no lo dejen. Por lo pronto, el jueves lanzó su candidatura y lo hizo rodeado de dirigentes de 17 partidos, más allá de que después se dijo que dos de esos sellos estaban flojos de papeles.

Canteros no quebró, pero la interpretación política fue esa. Tal vez suceda, pero lo cierto es que aún no. Y no ocurre porque no hay ni fecha de elecciones, y si no hay fecha tampoco hay tiempos definidos para la conformación de alianzas. Y nada debe ser tan dramático, pues según preguntó Canteros, “si el radicalismo no consultó a nadie para lanzar a su candidato, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros, que somos 17?”.

 

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Más allá de todo, el peronismo espera. En el viejo partido de Perón hay sobrados especialistas en la cata de sangre, y dado que no hay señales de cosecha puertas adentro, balconean la interna de ECO hociqueando las mataduras ajenas. Algunos cancerberos, incluso, ya se dieron el lujo de abrir sus anchos portones al otrora compañero sindicalista Canteros. Como cachorros en busca de un amo, algunos ya lamieron sus manos. Incluso algunos otros se animaron a desenrollar viejas alfombras púrpuras, guardadas de otras épocas, de cuando la pelea en el PJ era por algo más que los egos de sus integrantes.

Por fuera de este esquema, hasta el momento, nada sugiere el nacimiento de una alternativa. El modelo bialiancista parece que volverá a perfilar la oferta electoral de este 2021.

 

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Esto recién comienza, y mientras dure, parece saludable el debate. Y ya que la oposición no puede estructurar una discusión que sea superadora de la chicana, o que sea superadora del diagnóstico para pasar a una propuesta que enamore al electorado correntino, al menos están los cruces internos ante tanta hegemonía sustentada en rededor de un hiperconsenso que parece revestir la figura de Valdés.

Su carrera fue vertiginosa, como la acumulación de sus logros políticos. Valdés entró al gobierno como delfín de Colombi y al cabo de cuatro años, pandemia de por medio, emergió como candidato natural a la reelección. ¿Será el tiempo ahora de un empoderamiento pleno, unipersonal? Puede ser. Semejante liderazgo solo fue puesto en discusión por el último capitulador, Ricardo Colombi, que después de zarandear la interna y de azuzar planes alternativos en varios frentes, se avino a la máxima de la superación del alumno.

¿Se avino? Por el momento, sí.

Cerró filas y salió a levantarle la mano. Tal vez esté convencido. Tal vez sea una jugada con altas dosis de pragmatismo de esas que Colombi ensaya a diario. O tal vez se esté curando en salud y esté reservándose para sí el poder de veto o de arbitraje, derecho que podría haber perdido ante la posibilidad de una contienda con fractura expuesta. ¿Qué hará? Aún no se sabe, pero no será la jubilación.

La sangre, una vez más, coaguló antes de llegar al río. Es el catalizador de la inteligencia que faltó en 2005. Y ese aprendizaje estriba en el diseño de una estrategia que piensa ya no en el próximo turno electoral, sino en las próximas dos generaciones, según dice el presidente de la UCR, que puede exhibir, más que gestión, eso sí, un éxito político-electoral que viene de otras dos generaciones.

 

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Todavía hay que confirmar candidaturas y votar. Pero a estas alturas parece difícil que peligre la reelección de Valdés, salvo algún error gravísimo o una implosión no calculada. El resto está por verse. Habría que mirar, en todo caso, la resolución de la interna más fuerte que tiene ahora el frente gobernante por la intendencia de Capital.

Tassano fue ungido por el radicalismo y allí hay un mensaje. No es aún, pero parece el candidato de la alianza. El asunto es que en menos de 24 horas Canteros le salió al cruce. Y dada la ausencia de mecanismos internos o de primarias provinciales que bien podrían arreglar esta situación, la cosa ahora se dirimirá en el plano de las negociaciones o del quiebre.

Si es así, las cosas pueden cambiar. No solo dividiendo el voto oficial, sino también partiendo la masa electoral capitalina, dando chances tal vez a algún otro sector que esté en condiciones de capitalizar a los descontentos y sumar a los desarreglados.

Lo que está claro, sí, es que el mundo cambió. La pandemia dio vueltas las estructuras, disolvió una cantidad impresionante de certezas, pero en Corrientes la rosca política sigue como era entonces. Esos cimientos siguen inmutables.

Juntos como hermanos

 

“La inteligencia no sirve para ser jefe de Estado. Lo que cuenta en un jefe de Estado es la fuerza. El valor, la astucia y la fuerza”

Henry Kissinger
“Entrevista con la historia”
Oriana Fallaci

 

Aseguran que no hay ni habrá pelea, pero por las dudas llaman a la unidad. Invocan la necesidad de una cohesión interna, pero como reaseguro, porque nadie está pensando en quiebres ni en diásporas. Lo que hay, en todo caso, es la teatralidad de la disputa del poder, que a veces es teatro y a veces degüella de verdad. Y la sangre de verdad llega al río de verdad, generando problemas de verdad a una sociedad que mira desde un Coliseo distante, cómo se despedazan los hombres y las fieras. Y todo por el poder.

No ocurrirá aquí. Juntos, como hermanos o primos (como no se pudo en épocas de otros apellidos) los mandamases del principal partido de gobierno, la UCR, pusieron primera de cara a las elecciones de este año, comicios en los que Corrientes deberá elegir gobernador, intendentes, y una larga lista de legisladores comunales, provinciales y nacionales.

Los números que materializan las preferencias sonríen al gobernador Gustavo Valdés. No habría mayor margen en relación con ese tema, al menos puertas adentro de la Unión Cívica Radical, pues Valdés aventaja con holgura a Ricardo Colombi. A veces 2 a 1. A veces 3 a 1. Y son los que más miden en toda la alianza.

Hay quien dice, además, desde las galerías del rosado inquilinato del gobierno, que anoticiado de esos y otros guarismos, que entre el lunes a la noche y el martes a la mañana le mostraron Alejandro Catterberg (director de la consultora Poliarquía) y Andrés Rabossi (de la consultora Nordeste), Colombi sorprendió con el mensaje de unidad lanzado en el salón donde -distanciados por protocolo sanitario- se reunieron los popes del radicalismo vernáculo.

Sorprendió esa suerte de capitulación. Y sorprendieron después sus enojos impostados en entrevistas radiales cuando algunos periodistas le preguntaron sobre su relación con el gobernador. Molesto, el presidente de la UCR dijo que son los otros los que ven peleas allí donde él sólo ve unidad.

—No se discute la unidad. Hay algunos actores que están en una burbuja y tratan de crear discusiones todos los días, en un estado que no es real. ECO es una alianza social y política. La sociedad nos va a castigar con el voto si no hacemos las cosas bien. Tenemos que ser racionales, cautos, moderados, cerrar lo que tenemos que cerrar hacia adentro, consolidar hacia adentro y presentar un proyecto político hacia la provincia —dijo en Radio Dos.

Mensaje correcto, digno de impresionar a los ingenuos. Mensaje astuto, también, digno del avezado jugador que es con las piezas y los tiempos de la política. Sucede que Ricardo Colombi llamó a la unidad justo en momentos en los que viene hablándose -y mucho- de que él mismo estaría detrás de otras candidaturas que buscan esmerilar ciertas estabilidades internas, sin contar que no son pocos los dirigentes que lo ven dispuesto a dar nuevas batallas. Hay otros, también, que intentan jubilarlo, como él mismo dice.

Ahora bien, más allá o más acá de lo que se declara en la prensa, la cuestión central para el radicalismo estriba en la gestión de su propia interna. El resto de los socios parecen convidados en una conversación en la que se definirán cosas menores. El premio mayor parece problema de dos personas, y ello también, más allá de la gastada estrategia del miedo a la que apela Colombi para que los propios trabajen un poco más de lo que les permite el aburguesamiento que da como resultado el ser parte de un gobierno que lleva 20 años en ejercicio de la gestión. Y del poder.

—Hay declaraciones que no sirven para nada. Hay dirigentes que no recorren, que no salen del aire acondicionado, que no andan por la calle, que no salen del café y no hablan con el empresario, el docente, el policía, el comerciante, el productor —reclamó el exgobernador.

Muy parecido al reto de Cristina Kirchner cuando dijo que “hay funcionarios y funcionarias (de Alberto Fernández) que no funcionan”. Perecido, solo eso, porque los modos de la señora están lejos de los modos del señor.

De hecho, Colombi pidió desperezarse y evitar los aires triunfalistas porque “el Gobierno nacional intentará poner a un peronista en el sillón de Ferré”. Y lo dijo como si fuera una novedad, aunque sonó más bien como si fuera un demérito o una ilegalidad esa aspiración. Además de una posibilidad que debe conjurarse con trabajo.

Más allá de esto, lo cierto es que la UCR largó su campaña. Dicen que en breve llamarán a los socios, que empezaron también a moverse. Y a reclamar.

La maquinaria de la política empezó a rodar en busca de los espacios, mientras en paralelo azuza la pandemia y hay urgencias que todavía no tienen manuales protocolizados: por caso la vuelta a las clases, que es una prioridad para el Gobernador. Para el Presidente. Para todos. Será, al parecer, un trofeo en este año electoral.

Pero de nuevo en Corrientes, será ese un punto crucial para Valdés, porque conseguir la apertura de las escuelas y el retorno de la escolaridad presencial será una señal positiva para el futuro y una plataforma de lanzamiento ideal para su reelección, cosa sobre la que pocos dudan a estas alturas.

Colombi, mientras tanto, intenta marcar la cancha, como siempre. En su rol de regente del partido, dijo que recién en abril o mayo se decidirán las candidaturas. Seguramente será así, pero “las candidaturas” no son lo mismo que “la candidatura”.

Tal vez falte un poco más, sí, para terminar de definir la estrategia de Capital. Algunos referentes del Gobierno, como Carlos Vignolo, aseguran que habrá una repetición de fórmula y que Eduardo Tassano irá también por la reelección. Hay otros que ponen ciertas reservas; quizás el propio Colombi sea uno de ellos. También algunos funcionarios y varios socios.

Para colmo, la tormenta de la semana pasada reavivó un viejo fantasma: el de las lluvias enancadas a inundaciones pasajeras, fenómeno que eyectó a Fabián Ríos de la Municipalidad de Corrientes y, en el pliegue inverso, potenció la candidatura de Tassano, arropado por la publicidad de un plan hídrico que mostró algunos avances, pero que se demostró insuficiente. Funcionó en la seca, pero en la primera gran lluvia la ciudad volvió a nadar en sus peores recuerdos.

La oposición, que tampoco pudo hacer mucho cuando fue gobierno, salió a recordarle a Tassano sus déficits: “¿Se acuerdan del plan hídrico?”, preguntó con acidez el diputado Pitín Aragón en sus redes sociales, subido al tren de una candidatura con boletos kirchneristas. Para colmo de males, el ecónomo todo terreno de la Comuna, “Cuqui” Calvano, salió el mismo martes de la lluvia a decir que Tassano merece más tiempo porque hizo lo que nadie, y de eso, hizo muchas cosas que no se ven (sic).

En connotadas parcelas oficialistas ensayaron sonrisas ante esa frase que puede querer decir otra cosa, pero que no fue indiferente a la ponzoña de las chicanas en tiempos electorales.

—Obvio que no se ven. Las obras que se ven en la Municipalidad las hace el Gobierno —ironizó alguien que conoce los pormenores puertas adentro de ECO y que no se escandaliza por los códigos de tanteo a los que se apelan en épocas de campaña.

En ese marco, todo está por verse. Y como todos perciben, números en mano, que la reelección de Valdés es posible, nadie quiere quedar afuera del reparto. Es un asunto difícil porque los espacios son exiguos y los pretendientes son muchos, en ambos esquemas provinciales. Veamos.

En las últimas tres elecciones a gobernador, el electorado polarizó su decisión. Ganó siempre el Gobierno, pero el PJ estuvo allí, cerca. Esa polarización, que parece razonable en términos políticos e incluso ideológicos (pues el mundo democrático se debate entre tres o cuatro ideas de administración y gobernanza), no se condice con la cantidad de partidos que viabilizan el voto. Ni con las visiones o proyectos de provincia que se explicitan, que hace rato son más bien conservadoras.

En Corrientes, aun así, en las últimas elecciones estuvieron habilitados 41 partidos políticos: 41. He allí la dificultad que tienen siempre los armadores y estrategas. Veremos cómo se resuelve esta vez. La carrera entra en tiempo de definiciones. Y de escarceos. Lo que no habrá es pelea, por suerte.

Crujidos radicales

La provincia se juega mucho el año que viene, en el marco de una crisis que se presenta como problema para los que gobiernan y como posibilidad para los que no.

La oposición local tomó nota y empezó a trabajar. Esto quiere decir que los legisladores peronistas jugaron sus cartas para activar un mecanismo de presión e incorporar muchas de las múltiples necesidades de Corrientes en el presupuesto nacional, instrumento que tuvo su primera sanción el jueves en la Cámara de Diputados.

El Gobierno de la Nación hizo lo propio y habilitó una bolsa grande de plata para darle material proselitista a los propios, y material institucional al extraño. En este caso el extraño sería el gobernador Gustavo Valdés, con quien el presidente Alberto Fernández mantiene una relación de cercanía madura, aceitada sobre un concepto de federalismo. Mantener la equidistancia facilitaría las cosas si es que tienen que convivir más allá de 2021, lo cual implicaría la reelección de Valdés.

Esa posibilidad, que en principio debería ser un problema para la oposición (que hace tres elecciones queda en la puerta, pero sin poder entrar al palacio de Salta y 25 de Mayo), parece ser más un problema del radicalismo, que hace crujir su interna por asuntos no resueltos, más allá de los números, que siempre fueron un ordenador político en la era del colombismo.
Sucede que los números ahora acompañan a Valdés, y Ricardo Colombi parece no convencerse ante esa evidencia amarga, entonces apela a lo que sabe y que tiene aprendido de sus viejos libros gordos de chicanas y zancadillas.

Y si bien en público se desmienten las intencionalidades, o se las minimizan, vale hacer un racconto para dejar constancia, al menos, de un problema político que ya tiene algunos síntomas y que mal gestionado podría agravarse. Veamos los puntos más importantes de lo que hasta ahora es sólo una puesta en escena:

Acto 1

Esta semana se trató y se aprobó el presupuesto nacional en la Cámara de Diputados. Allí obtuvo su primera sanción con 139 votos a favor, 15 en contra y 90 abstenciones.

Los diputados correntinos se dividieron en dos bloques. Por un lado están los que aprobaron, es decir los tres peronistas (“Pitín” Aragón, Nancy Sand y Jorge Romero) y las dos del PRO (Ingrid Jetter y Sofía Brambilla); y por el otro están los que se abstuvieron, es decir los dos radicales (Estela Regidor y Jorge Vara).

Parece el mundo del revés, pero no lo es. Es el mundo de la política.

—¿Cómo se entiende?

—Así:

El Gobernador pidió a los legisladores correntinos de ECO-Juntos por el Cambio que “acompañen” el proyecto, entre otras cosas porque sus voces fueron escuchadas y el presupuesto prevé la afectación de unos 116.000 millones de pesos en obras. El asunto es que sólo las diputadas macristas lo hicieron.

Regidor y Vara, radicales ellos, se abstuvieron de votar en general, aunque votaron en particular los artículos que beneficiaban a Corrientes. En ese mismo acto desoyeron el pedido del Gobernador, alegando conducta partidaria, pues siguieron la bajada de línea del radicalismo nacional que les ordenó abstenerse.

Aquí hay que tener presente que una cosa es la estrategia nacional de la UCR, y otra la estrategia provincial de cara a las elecciones provinciales del año que viene, cosa que se diferencia todavía más de la estrategia del gobierno provincial, que tiene más responsabilidades, de cara a la gente, que la de pelear espacios o negocios.

En esa línea se manifestó el viernes el secretario general, Carlos Vignolo, quien hablando por radio dijo que Regidor y Vara “tomaron una decisión equivocada”.

Para agregar, solo decir que Vara fue siempre ministro de Ricardo Colombi, hasta que fue electo diputado ya en épocas de Valdés. Y Regidor fue siempre un comodín versátil que a veces cubre necesidades electorales, a veces necesidades administrativas y siempre responde a los requerimientos políticos del ex gobernador. Siempre. Es infalible. Por lo tanto, si siguió un mandato partidario, ese no partió de la ciudad de Buenos Aires sino de la calle Buenos Aires. El tiempo dirá por qué o para qué lo hizo de ese modo.

Acto 2

Si bien responde a una disposición nacional fundamentada en los impedimentos de la pandemia, la conducción de UCR Corrientes decidió prorrogar todos sus mandatos partidarios hasta por lo menos mediados del año que viene. Hay quien dice, no obstante, que ciertos sectores influyentes del partido intentarían alargar la prórroga hasta diciembre de 2021. He allí la clave.

En el resto de los distritos esa decisión tiene un peso determinado, pero en Corrientes, y pongamos por caso, en Santiago del Estero, que también elige gobernador en 2021, esta decisión es un tanto más trascendente porque los procesos electorales son más grandes y determinantes. Se juegan las gobernaciones e intendencias, además de la integración de los parlamentos.

Los mandatos de las autoridades de la UCR Corrientes caducan el 16 de diciembre, pero ante la imposibilidad de realizar convenciones y asambleas, el Consejo Nacional habilitó una extensión de los mismos.

En Corrientes, la decisión de prorrogar mandatos surgió tras la reunión de la Mesa Ejecutiva del Comité Central de la UCR realizada el pasado jueves 22 de octubre. Esa mesa está integrada por Ricardo Colombi, Héctor Lopez, Graciela Insaurralde, Graciela Rodríguez, Norberto Ast, Manuel Aguirre y Susana Nugara, entre otros.

En tal reunión, Colombi expuso la necesidad de considerar la prórroga dada la imposibilidad material de realizar procesos electorales en este contexto pandémico, ya que su concreción implicará el desplazamiento y aglomeración de personas. Es lo que pasará, de hecho, en las elecciones generales, pero para Colombi el riesgo de contagio está en la interna. (¿?)

Lo que no se dice de esa argucia es que tales autoridades tendrán responsabilidades en 2021, por caso la de fiscalizar los procesos y armar las listas de candidatos. (Por suerte lo tienen a Colombi, que se ofrece gratis a realizar esas tareas). De todos modos todavía no está dicha la última palabra. La decisión final debería surgir de la Convención Provincial. Allí necesitarían unos 70 votos para imponer una decisión al respecto.

Acto 3

La semana pasada ocurrió también un escarceo en la Cámara Baja de la Provincia. Diputados peronistas enrolados en el Frente de Todos solicitaron preferencia para agilizar el tratamiento de dos leyes clave para la sociedad en su conjunto, pero ambos fueron rechazados. Se trata de los proyectos de paridad de género y voto joven.

El diputado José Mórtola fue quien primero pidió preferencia para los proyectos de paridad de género, incluyendo el enviado por el gobernador Gustavo Valdés. Tras la votación, su petición fue desestimada. Más adelante, el diputado César Acevedo solicitó la preferencia para las iniciativas de voto joven, que también fueron rechazadas.

Es verdad que el PJ está en su derecho y casi en obligación de insistir con estos temas, aunque cuando puertas adentro tuvo que responder por la paridad, por ejemplo en la disputa entre Rubén Bassi y Patricia Rindel, no quiso hacerlo o no pudo. Y entonces recibió la ayuda solícita del oficialismo radical en el Senado, que con notable coherencia avaló al varón por sobre la mujer y terminó la discusión.

Tal vez no sea este el caso, pero desde entonces ya nadie puede mirar con ingenuidad los amagues opositores para poner en evidencia la supuesta negativa oficialista de tratar estos asuntos, porque negar espacios a la mujer o a los más jóvenes, no generan impacto directo en los generales de las sombras, sino que comprometen más la palabra del Gobernador, más allá de colocar a la provincia entre las más atrasadas en cuanto a la “real igualdad de derechos” que exige la propia Constitución.

Cada vez que es consultado por el tema, Valdés pide que en vez de reclamarle a él, se les reclame a los legisladores por su actitud de negativa constante. Tal vez tenga razón. El ministro Vignolo, que también respondió sobre esto el viernes en una entrevista en Radio Dos, intentó bajar los decibeles. Dijo que cuando estén dadas las condiciones, la Legislatura avanzará en ambas cuestiones.

Pero el tiempo es ahora, y él lo sabe, o debería saberlo. Demorar el debate implicaría votar otra vez, el año próximo, en las mismas condiciones de siempre, desoyendo fuertes demandas sociales, cambios culturales ya dados en el mundo con evidencias de sobra y las propias promesas formuladas por Gustavo Valdés hace casi 4 años.

También lo saben quienes frenan estas iniciativas, y tal vez por eso lo hagan: porque pescan en río revuelto, y mientras haya pesca, se demora la jubilación de varios pescadores. De todos modos tendrán que tener cuidado, porque el proceso de cambio ya empezó y hace tiempo que escapa de su control.

Peste, política y posverdad

La verdad fue otra vez víctima de la posverdad, abonada por intenciones políticas que traccionan detrás de la pandemia. Y si bien no es nueva la costumbre de tomar el todo por la parte para documentar el parecer propio en desmedro del ajeno, los daños se proyectan mayores cuando está en juego la salud, la vida y, por tanto, el futuro.

¿Qué pasó? Pasó que un delegado de la Organización Mundial de la Salud, que aconseja sobre covid-19 en Europa, pidió a los países que “dejen de utilizar el bloqueo como método de control principal” para frenar el virus.

El pedido va en línea con la posición del organismo, que desde marzo advierte sobre los efectos negativos de los confinamientos masivos y prolongados y pide minimizarlos, con la aclaración de que estas medidas “son necesarias para suprimir rápidamente el virus”, pero que “deben tener una duración limitada” porque generan efectos socioeconómicos iguales o peores que la peste.

El tema es que las declaraciones del delegado, David Nabarro, volvieron a poner en debate la utilidad de las cuarentenas e hicieron tambalear la posición de la OMS. El cuadro se completó cuando intereses partidarios volvieron a tomar la parte por el todo, apalancados en esas declaraciones. Incluso el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, utilizó esas palabras para asegurar que la OMS le dio la razón y para pedirles a los gobernadores demócratas que “abran sus estados”.

Pero también en Argentina se sintió el efecto media-verdad, según escribió José Giménez, haciendo un racconto aclarativo para chequeado.com. A raíz de las declaraciones del delegado especial, en Argentina “La OMS” fue tendencia en Twitter. El argumento se utilizó además para cuestionar las medidas de aislamiento aplicadas desde marzo por Alberto Fernández y para respaldar las acciones que terminaron en una manifestación ciudadana el pasado 12 de octubre.

Las críticas, que no cabían en marzo, caben ahora por los resultados. La cuarentena es una medida extrema para frenar la propagación, pero acarrea costos altos. Se la tomó para ganar tiempo y de ese modo preparar el sistema de salud, pero desde el primer momento, más allá de ciertas actitudes triunfalistas tempranas, se dejó dicho que tales decisiones no acabarán con la epidemia.

En su chequeo, Giménez recordó que la OMS recomendó acciones para detener la propagación: ampliar el sistema; localizar los casos sospechosos; aumentar la capacidad de los test, y adaptar y equipar instalaciones destinadas a tratar y a aislar a los pacientes.

En la Argentina se avanzó bien en algunos ítems; poco y nada en otros. En Corrientes la cosa estuvo más pareja, con un alto nivel de cumplimiento de esas recomendaciones: se creó un sistema sanitario paralelo para atender, tratar y aislar pacientes, se informó una buena capacidad y número de testeo por habitante y hasta el último mes, al menos, la Provincia informó que tenía controlado el nexo de contagios. Y esto más allá de las múltiples versiones que circulan por el territorio de la virtualidad y que indican lo contrario, a caballo de algunos datos que surgen de usinas de distintos niveles de credibilidad e intencionalidad, con acceso a información confidencial, que echan raíces allí donde la oficialidad llega tarde o calla.

Esto ocurre aquí como en todas partes, porque a la salud y a la economía se les abalanzó la política que tensiona desde los atriles del proselitismo en puertas, con base de sustentación en otra recomendación que parece no tener una respuesta clara: la planificación de una transición gradual para salir de esta situación y reimpulsar la actividad anclada en la famosa “nueva normalidad”, que implica drásticos cambios culturales, además de contención sanitaria.

Es allí donde se inserta la más certera crítica contra el aislamiento, porque demostró no ser una solución sostenible. En ese sentido, Nora Bär escribió el viernes en La Nación que una de las primeras equivocaciones tal vez haya sido seguir la idea de “aplanar la curva”, en vez de “aplastarla”, estrategia que mostró su efectividad en Córdoba, por ejemplo, o en Corrientes misma, pero que fue insuficiente cuando volvió la movilidad.

Pero, además de esos aspectos técnicos, “hay dos factores cruciales que incidieron en los resultados actuales: la falta de un trabajo interdisciplinario sostenido entre médicos y científicos, incluso con los de campos no afines a la medicina; y la visión de que la pandemia es un hecho meramente biológico, dejando de lado aspectos sociológicos y culturales determinantes”.

Entonces, como vimos, usar la parte por el todo, además de ser engañoso, no es válido como opción, y menos en sistemas deteriorados como el de la Argentina, por caso también el de Corrientes, que debió montar en paralelo un nuevo sistema porque no existía ninguno en condiciones de soportar las exigencias de la pandemia.

El deterioro es una de las herencias de las que habla con cierta desvergüenza el peronismo bonaerense o nacional, que pocas veces acepta el tamaño de su responsabilidad que deviene de la cantidad de años en el gobierno; pero también es una herencia de la que no puede hablar el gobernador Gustavo Valdés, pues más bien es un lastre solapado que le vino del enquistado colombismo, como la pandemia, pero que emergió gracias a ella.

Acá, como en el país, y también como en todas partes, la cuarentena sirvió para preparar hospitales y para aletargar lo que está pasando ahora: las olas de contagios con números de muertos que empiezan a preocupar pero que hubieran sido peores sin la preparación previa necesaria. Lo dicen en el Gobierno de la Nación, pero también aquí en Corrientes, en ambas veredas de esa ancha avenida que a veces suele mostrarse como grieta. En ambos búnkers muestran, aunque en privado, que la gente murió menos en el comparativo marzo-agosto/2019-2020, incluso menos por afecciones respiratorias. Suena fuerte decirlo así, pero es sobre la base de esas evidencias que se tomaron medidas de acción pública. Debería ser siempre así, por lo demás.

Pero más allá de la carrera por la peor estadística -que parece motivar a algunos-, se trata aquí y ahora de construir sobre los objetivos comunes, de salvar vidas, de recuperar la economía; se trata, sobre todo, de la verdad como cimiento para edificar soluciones necesarias y urgentes, y sociedades duraderas que puedan convivir aun en sus diferencias.

Quiere decir esto que saber la verdad de la pobreza, por ejemplo, nos abre la posibilidad de abordarla adecuadamente, contenerla, morigerarla, erradicarla. Se trata de un ejercicio que puede hacerse con cualquier otra cosa: con la pandemia, con la economía, o con la corrupción. Los resultados podrían ser sorprendentes.

Quiere decir que hay que respetar el derecho al trabajo, a la circulación, a la opinión, a la queja política, pero siempre. No solo cuando me conviene. Hacer respetar la libertad de uno, pero también la del otro, que incluye respetar a un “todos” que, en épocas de pandemia, asienta en la salud de la población.

Tal situación, en todo caso, lleva a plantear la necesidad de la responsabilidad individual, sin que ello implique bajar los controles o relajarlos, porque en países como los nuestros -y en provincias como las nuestras- hay factores que exceden el voluntarismo y que determinan conductas.

Es muy fácil criticar la movilidad o la falta de cumplimiento de ciertas normas, sobre todo las que implican costos económicos, sin mostrar en el mismo acto los altísimos niveles de informalidad laboral-salarial, de desempleo, de pobreza estructural y el raquitismo cultural derivado de la falta de educación, que es transversal a los estratos sociales y rangos etarios.

Los resultados conductuales de hoy, demuestran una decadencia en aumento en cuanto a valores de forma y fondo, e incluso demuestran enormes niveles de prepotencia pública, a veces insuflada por malos ejemplos que bajan desde la oficialidad: un contrato social que se deteriora todavía más cuando el Gobierno parece encubrir más que disciplinar, o dar el ejemplo.

Allí surge la importancia de la coherencia y de la verdad, que utiliza el vehículo de los hechos, de las pruebas, que se comunica echando mano a la información disponible, lo cual es contrario a su ocultamiento, y que a su vez debe ser lo más democrática posible.

A la mentira se la conjura con datos, con pruebas, no acallando voces o creyendo que el Estado es el único vocero posible o el único contralor válido. Entre otras cosas, porque hay evidencias de sobra, aquí y en todas partes, de las maniobras de censura en la que terminan cayendo muchos gobiernos mientras maquillan en el plano discursivo una aparente custodia de la libertad de expresión, que no es privilegio de medios o periodistas, sino un músculo de la democracia.

Para que sean creíbles, en todo caso, estos valores deben sostenerse siempre, no cuando queda a mano de alguien porque ilustra su sesgo de pertenencia. Si eso pasa, no estamos más que actuando como aquellos a los que criticamos.

Adoptamos una suerte de “tribalismo moral”, al decir de Eduardo Levy Yevati, en el que hay un “nosotros” y un “ellos”, pero que se parecen. “Asumimos que la gente como uno comparte nuestra visión; si no la comparte, lo más probable es que no sea como uno, y por lo tanto, mejor no escucharla”. La conclusión de eso es una tribu compacta, cerrada. Cuando, además, tal situación está mediada por el odio, o por un cierto resentimiento, el otro se convierte en alguien al que hay que eliminar. Muy peligroso.

Paridad, voto y veto

Acabo de mandar nuevamente a la Legislatura dos proyectos de ley claves para Corrientes: voto joven y paridad de género. Debemos garantizar a los jóvenes la posibilidad de elegir a sus representantes y asegurar la igualdad entre mujeres y hombres en política”, avisó el viernes 3 de julio, por Twitter, el gobernador Gustavo Valdés.
La utilización del adverbio “nuevamente” no es ingenua ni producto de la impericia en el manejo del lenguaje. Remite a un hecho reiterado, simbólico y concreto, no resuelto por obstáculos políticos que se suceden, pero no se declaran.

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El camino de Valdés a la gobernación fue tapizado por promesas de inclusión y desarrollo. Ya en el poder, pidió que se lo juzgue por indicadores de lastre atávico, como el de la pobreza. En el mismo acto, empezó a transitar el camino de construcción de su propio liderazgo poniendo en discusión temas centrales de una agenda más progresista y desusada en una provincia aletargada por el conservadurismo que se meció, por muchos años (pero sobre todo desde 2001 en adelante), bajo la brisa tranquilizadora del pago de los sueldos. En rigor, el mecanizado sometimiento del salario estatal, que ante la falta de mejores oportunidades, allegó una paralizante opresión con efectos sociales y culturales insondables, a la vista de quien lo quiera ver.
En 2019, no obstante, el gobernador Valdés pasó a los hechos. Encolumnó detrás de su figura al frente político que lo sustenta y encaró una campaña para las elecciones de medio término blandiendo las banderas que plantó en el instante de asumir: la obra pública; los procesos de modernización e inclusión con trabajo; y el pedido a los legisladores para aprobar las leyes de voto joven y de paridad de género. Se comprometió con las políticas de igualdad de derechos; de contención para la comunidad Lgbtq+ y las acciones de ataque contra la violencia de género.
En junio ganó las elecciones y el gobernador obtuvo los avales legislativos que necesitaba para avanzar con las reformas, las declamadas y las necesarias para el gobierno. Y las que demanda la sociedad en su conjunto, que se impone con su agenda aún cuando los líderes tengan otras.
Valdés y los suyos lograron una diferencia de más de 40 puntos en las elecciones de 2019 y consiguieron, a partir del 10 de diciembre, no sólo mayoría sino dos tercios en ambas cámaras legislativas. Así y todo, los proyectos oficiales tropezaron contra una llamativa, férrea y silente quietud. El discurso se dió contra la evidencia. Y donde no se requerían las mayorías de otros, también hubo tropiezos. Lo que se dice no es igual a lo que se mantiene: un gabinete lleno de varones, veteranos en la función, incapaces ante la inclusión.

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Pues bien: los proyectos murieron intoxicados con el polvo de los cajones legislativos y por eso, hace casi un mes, el mandatario volvió a enviarlos. A un año calendario de las elecciones generales de 2021, Valdés insistió “nuevamente” con sus proyectos. Los expedientes ingresaron el viernes 3 de julio por la Cámara de Diputados.
Hablando por radio en esos días, a prudente distancia de una interna que fluye en napas de profundidades variables, Valdés respondió a la pregunta más obvia de todas:
—Si el gobierno tiene mayoría en la Legislatura, ¿por qué no avanzan los proyectos enviados por el gobierno?
—No sé por qué tienen miedo a debatir la ley. (En todo caso) que los legisladores y legisladoras digan de cara a las mujeres que no quieren el proyecto de paridad y que les digan a los jóvenes de 16 años que no tienen derecho a voto —dijo Gustavo Valdés.
—Las mujeres tienen que exigir sus derechos. Y no a un hombre, sino a una Legislatura: todos cumplen el mismo rol ahí adentro —añadió.
Usar la frase “no a un hombre”, tampoco fue casual, como el “nuevamente” del trino inicial.
El “hombre” es el senador Ricardo Colombi: inspector que habilita o frena el avance de las leyes en la Legislatura y que, por lo que se vio, apuró el reenvío oficial luego de que el jueves 2 de julio pasado, sin que se le mueva un músculo de la cara, presidiera una conferencia virtual con mujeres tras la cual hizo decir que “con otros senadores estamos trabajando en un proyecto para que la paridad de género se dé en los tres poderes del Estado”. El expediente ingresó el miércoles último, y el jueves, en plenario, el Senado lo mandó a comisión.
—Son los desafíos que se vienen —dijo Colombi, escupiendo altas dosis de cinismo, recién enterado de una demanda que antecede a su voluntad de patriarca. —Esperemos que en el transcurso de este año lo podamos aprobar —anunció luego, ya en su rol de presidente de la UCR, en el cierre de la conferencia online “Estrategias para una sociedad más igualitaria”.
Del webinario otrora impensado para alguien plantado en las antípodas de cualquier virtualidad, participaron, entre otras, varias legisladoras que en privado todavía se quejan de los maltratos o ninguneos proferidos por el ahora “comprensivo y progresista” legislador, que por efecto de alguna magia efectiva decidió abrir los ojos y visibilizar a un colectivo como el de las mujeres, a las que trató casi siempre con distancia y reiterado desdén.
Aún así, a la luz del momento histórico, no deja de ser una buena noticia que Valdés y Colombi estén pensando lo mismo en cuanto a la inclusión y a la igualdad. Tal vez ahora sí avance el proyecto, pues depende de ellos el resorte legislativo.
La oposición -mínima y fragmentada- no talla en esta discusión. Varios de sus miembros ya adelantaron votos favorables, pero no es garantía. El PJ no estuvo a la altura cuando tuvo que demostrar que es verdadero su apoyo a la paridad. Patricia Rindel tiene mucho para decir al respecto. O Rubén Bassi, senador peronista que sopló el escaño de una mujer con votos radicales: sí, con el aval de los mismos que ahora parecen convertidos a la religión del igualitarismo. Una circularidad asombrosa.

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Tampoco fue casual este movimiento de piezas, en medio de la pandemia por coronavirus. No fue casual por cuestiones del momento histórico y político, por el atraso provincial en varias materias de debate candente, y por las acciones del propio Estado nacional. Sucede que el mismo viernes 3 de julio, el presidente Alberto Fernández, tras presentar el “Plan nacional de acción contra las violencias por motivos de género”, marcó un rumbo para enfrentar una problemática que no excluye a Corrientes.
El plan nacional tiene un presupuesto de 18.000 millones de pesos y responde a otro número escalofriante: hasta el 30 de junio se registraron 162 femicidios –81 durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio-, de acuerdo con el relevamiento del Observatorio “Ahora que sí nos ven”: el promedio fue de un femicidio cada 27 horas.
En Corrientes la cosa es igual de preocupante: hasta junio y con la cuarentena de fondo, se registró un caso de violencia familiar cada 30 horas, según la Inspectoría de Justicia de Paz del Superior Tribunal de Justicia.
Ante semejante presente, hablar de contención a las demandas de género o de paridad sólo en clave electoral parece por lo menos poco. Es un derecho que se reclama, no una dádiva que se espera.

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Corrientes está muy lejos de una “real inclusión” como manda la Constitución, y esta no es una apreciación sólo geográfica. Por ello resulta necesario que la intención se convierta en acción, y que el derecho esté por encima de la especulación proselitista, juego que practican al borde de la fascinación algunos referentes caudillescos de este firmamento político aldeano.
Los derechos inclusivos son fundamentales para cambiar realidades. Servirían para mejorar, ya que estamos en épocas de pandemia, los determinantes sociales de la salud.
Haber manejado con (relativo y todavía parcial) éxito la pandemia en la provincia, no fortalece la integralidad del sistema sanitario. Hablar de coronavirus en vez de los enfermos por siniestralidad vial, cardiopatías, desnutrición, chagas, dengue, o aborto, por ejemplo, no elimina la realidad que subyace al efecto totalizador de la peste. Para decirlo claro: silenciar no es erradicar.
Negar el aborto no disminuye la cantidad de interrupciones de embarazo que se siguen haciendo en la clandestinidad y que condena a muerte a muchas chicas desesperadas.
Corrientes tiene un código postal, al decir de la sanitarista Carolina Centeno, que determina también nuestra forma de vivir y de morir. Afecta más a las mujeres, sobre todo a las más pobres poco educadas, que son muchas en nuestro contexto. Esa es la conclusión de años de política negadora, internista, fratricida, excluyente, que convierte en tabú ciertos temas que queman como el fuego en cualquier sociedad del Siglo XXI.
Hay malas noticias: nada mata tanto como la costumbre.
También hay buenas noticias: tenemos una oportunidad para empezar a revertir el cuadro, ahora que internet llegó a ciertas cavernas.
¿Tenemos una nueva oportunidad?

Por la crisis en Chaco, Corrientes restringe el cruce por el puente Belgrano y vuelve obligatorios los hisopados

Publicado en La Nación

Dada la complicada situación epidemiológica del Chaco, pero también con la idea de ayudar a dar cumplimiento al blindaje para toda la semana que propuso el mandatario Jorge Capitanich, el gobierno de Corrientes anunció que extremará los controles en el ingreso a la provincia por el puente General Belgrano.

El propio gobernador Gustavo Valdés (UCR) informó que dio de baja los permisos de circulación interprovincial vigentes, que ahora será necesario tramitarlos de nuevo, y que quienes tengan las autorizaciones pertinentes deberán someterse a un hisopado obligatorio.

Valdés anunció que rubricó el Decreto 935, por medio del cual la provincia estableció la obligatoriedad del hisopado nasofaríngeo para todas las personas que tramiten permisos de circulación, en especial a las que circulen por el puente General Belgrano.

“Se incorporaron al stock de la provincia los test rápidos, con lo cual vamos a realizarlos inmediatamente y en el lugar”. Las personas “que se nieguen a los hisopados”, añadió, “no podrán cruzar por el puente”.

La iniciativa apunta especialmente a ese acceso interprovincial, que fue el viaducto por el cual ingresaron personas que luego facilitaron la aparición de casos en el interior de Corrientes. Por esa misma razón, Valdés informó que las localidades de Mocoretá y Saladas vuelven a las fases 5 y 3, respectivamente.

Gustavo Valdés
Gustavo Valdés Crédito: Facebook

Mocoretá, ubicada en el sur provincial, en el límite con Entre Ríos, tuvo casos importados de Buenos Aires. Saladas, a 100 kilómetros al sur de la Capital, tiene dos casos activos importados de Chaco. La situación está controlada en ambos lugares, pero todavía hay casos en estudio.

Conciencia colectiva

Chaco y Corrientes son dos provincias separadas por el río Paraná pero unidas por el puente General Belgrano. Sus capitales comparten historia y vínculos económicos, educativos y familiares, por lo que el flujo es intenso e incesante. Pero como las realidades en ambas márgenes del río son bien distintas en relación al coronavirus, ambos gobiernos apelan a la responsabilidad individual y colectiva.

Chaco reportó 1364 casos positivos y 77 muertos, mientras que Corrientes reportó 105 casos, solo 11 activos y sin víctimas fatales.

Además de que ese pedido es fundamental, está protocolizado y lo piden todos los organismos nacionales e internacionales que trabajan en la contención de la pandemia, en esta región del Nordeste argentino resulta una necesidad imperiosa por ciertos brotes de anomia detectados a lo largo de la cuarentena, sobre todo en el Chaco, pero también en Corrientes.

El gobernador Capitanich reitera en cada aparición pública la necesidad de guardar el aislamiento, pero sus palabras no lograron hacer carne en la población. Hubo más de 16 mil detenidos y demorados por violar la cuarentena. Aunque hoy, en el debut de la nueva fase 1, la movilidad se redujo un 60 por ciento, según se informó. Corrientes registra una movilidad casi normal, acorde con su estatus de nueva normalidad con distanciamiento social.

En lancha, para evitar controles

Pese a su situación crítica, Chaco parece no poder contener ciertos desbordes. Uno de los últimos se detectó el fin de semana: la policía descubrió el viernes que dos mujeres chaqueñas llegaron a la ciudad de Corrientes en lancha para participar de una fiesta. Un grupo de vecinos alertó al 911, la Policía llegó hasta el lugar y se encontró con las dos mujeres, que tenían domicilio en Resistencia.

Al realizar las investigaciones sobre el caso se determinó que habían llegado a Corrientes en lancha para evadir los controles apostados en el puente. El episodio fue confirmado por el comisario César Fernández, de la Dirección de Seguridad Metropolitana de Corrientes.

“En un trabajo conjunto con la Policía de Chaco logramos que vuelvan a su provincia”, contó el comisario, pero “a raíz de lo sucedido, le pedimos a la Prefectura que intensifique los controles en el río para evitar que suceda lo mismo en adelante”, agregó.

Caos en las estaciones de servicio

Otro hecho sorprendente se registró este lunes. Vecinos de todo el territorio chaqueño coparon las estaciones de servicio luego del anuncio del gobernador Capitanich de que Chaco volvía a fase 1. Hubo varias cuadras de cola para cargar combustible, e incluso situaciones de tensión en algunos surtidores.

La situación se generó luego de que se conociera el alcance del Decreto N°702 del Poder Ejecutivo que prohibió la carga de combustible desde este martes, a excepción de vehículos oficiales destinados a contener la pandemia y de los automóviles de personas que cuenten con el permiso por actividades exceptuadas.

Alberto Fernández, durante una visita a Chaco
Alberto Fernández, durante una visita a Chaco Crédito: Presidencia

La medida, que en teoría buscaba a evitar la circulación y las aglomeraciones, consiguió el efecto contrario. Muchos vecinos e incluso referentes del sector de los combustibles hicieron responsable del malentendido al propio gobernador, pues el equívoco provocó que en muchas estaciones de servicio se originaron colas de varias cuadras, postal que se replicó en muchas ciudades del interior de la provincia.

Allí radican las críticas oficiales hacía el comportamiento de la población. Hace cuatro días, Ginés González García se mostró sorprendido por porque en el Chaco se siguen “saludando con dos besos”.

En una entrevista radial, el ministro de Salud dijo además que le sorprende la “poca observancia” a las medidas básicas de bioseguridad que se da en los ciudadanos de Resistencia, en general, y en el personal médico, en particular. Dijo que hay un “desconocimiento de cosas mínimas” en el marco de los cuidados para evitar la propagación del coronavirus.

No obstante, también existen errores en la comunicación de las medidas. “Esto es un caos, no entendemos y nadie nos comunicó nada”, dijo a la prensa local Mauro Silvestre, vicepresidente de la Cámara de Expendedores de Combustibles, quien lamentó la situación que se vivió en Resistencia el lunes por la tarde, con largas colas para cargar nafta en todas las estaciones.

“Estamos muy desconcertados. Salió un comunicado que dice que solamente vamos a poder despachar a vehículos oficiales, pero oficialmente a nosotros no se nos comunicó nada. Tampoco entendemos, si volveríamos a fase 1, donde la gente no se puede movilizar, a qué se deben las largas colas en toda la ciudad”.

Preocupación interna

Otro asunto que tiene en tensión al Chaco tiene que ver con los contagios confirmados de tres funcionarias. Son los de la ministra de Seguridad y Justicia, Gloria Zalazar; de la secretaria de Desarrollo Territorial y Ambiente, Marta Soneira; y de la secretaria de Derechos Humanos y Géneros, Silvana Pérez.

A esto se sumó después la confirmación del contagio de la presidenta del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, Magdalena Odarda, quien estuvo en contacto con todas estas funcionarias, con el gobernador Capitanich y con muchas otras personas con Covid-19 durante tres días, del 5 al 8 de junio.

Anteayer se confirmó que los pilotos del avión provincial que trasladó a la comitiva también dieron positivo. Las infecciones se produjeron en un viaje al Impenetrable, por lo que ahora se puso bajo especial atención lo que suceda en aquella zona del interior chaqueño.

La noticia causó alto impacto en el entorno de los pilotos. Debieron ser hisopados numerosos integrantes de las Fuerza Aérea además de personal de Salud Pública, ya que dicha aeronave se utiliza también para vuelos sanitarios.

Como saldo de toda esta cuestión, varios funcionarios locales, uno de El Sauzalito, y otro de Tres Isletas, pidieron al Gobierno que el gabinete evite moverse al interior para frenar posibles contagios.

Corrientes: en menos de dos minutos robaron más de un millón de pesos de la Dirección de Rentas

Publicado en La Nación

Al menos cuatro delincuentes, vestidos con mamelucos y cascos blancos, tipo escafandra , ingresaron a las 3.15 de hoy en la Dirección General de Rentas de Corrientes y en menos de dos minutos se llevaron más de un millón de pesos . La Dirección de Rentas es el principal agente recaudador de la provincia, está monitoreado por alarmas y por agentes de seguridad, pero nada de eso impidió el asalto. La zona, al parecer, estaba liberada al momento del atraco.

Según fuentes reservadas, el botín sustraído asciende a la suma de 1.057.000 pesos. Se habla de una supuesta entrega , pues los delincuentes fueron sin titubeos al lugar donde estaba el dinero. Dos de ellos fueron captados por las cámaras de seguridad del lugar, lo que determina con precisión el horario del robo y la certeza de que tenían información precisa para localizar los fajos de billetes. Algunos investigadores creen, además, que los malvivientes conocían la ubicación y el barrido de las cámaras de seguridad.

Un dato que acredita esta hipótesis es el siguiente: la camioneta en la que se desplazaban fue captada por una cámara exterior, pero no así la chapa patente para poder identificarla .

El gobernador Gustavo Valdés afirmó que lo sucedido “es muy extraño” y que “llama la atención la forma” en que se perpetró el atraco. En declaraciones a la prensa en la Casa de Gobierno, aclaró que el dinero se encontraba en el edificio debido a que “no se puede depositar en el banco” y que “fue la recaudación del día”. “Vamos a dejar a la Justicia y a la policía que investiguen”, dijo.

Fuentes de la Policía contaron a LA NACION que incluso los agentes de la empresa de seguridad privada que monitorea el lugar asistieron a la Dirección de Rentas tras el disparo de la alarma, pero al no ver movimientos extraños en el frente, abandonaron la escena del robo.

Según las primeras informaciones, al menos cuatro delincuentes habrían participado del ataque a las oficinas de Rentas. Dos fueron captados por las cámaras internas. A la oficina donde se encontraba el dinero entraron a las 3.15.57 y se retiraron de allí un minuto y medio después..

La Dirección de Rentas de Corrientes está ubicada en una zona residencial del centro de la capital, por avenida Poncho Verde, entre Perú y Vélez Sarsfield. Es una zona de alta seguridad y donde regularmente hay agentes de la policía provincial. Frente a la oficina de Rentas vive el exgobernador de Corrientes, Ricardo Colombi.

Zona liberada y sospechas de un entregador

El jefe de la Policía de Corrientes, Félix Barboza, dijo que al momento del robo en el lugar no había custodia policial. Afirmó que es materia de investigación cuántos delincuentes ingresaron y cuánto tiempo estuvieron dentro.

A primera hora de la mañana se constituyó en el lugar el ministro de Seguridad, Juan José López Desimoni, mientras que personal de la comisaría 5a. y de las divisiones especiales de la policía concretan las actuaciones investigativas.

En diálogo con la prensa, el ministro Desimoni sostuvo que en la entidad no se maneja efectivo habitualmente, pero por la pandemia cambiaron la modalidad de trabajo. Esto significa que la caseta del Banco de Corrientes, que está en el lugar, dejó de funcionar dado el aislamiento, por lo que las oficinas de Rentas hacían de agente recaudador y al final de cada día depositaban el dinero de las tasas e impuestos cobrados.

De acuerdo con lo informado por fuentes policiales, el ingreso al salón se realizó a través del techo y mediante la rotura de una ventana.

La Fiscalía de Instrucción 5, a cargo de Graciela Fernández Contarde, está a cargo de la pesquisa, al igual que personal de la División de Delitos Complejos, Investigaciones y de la Policía Metropolitana.

Coronavirus: una larga noche sin sueño

“La pobre humanidad, loca de miedo, huía en todas direcciones al escuchar el galope de la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte”.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis
Vicente Blasco Ibáñez

 

Acaso el Mundo, hoy enfermo de coronavirus y amodorrado por una noche sin sueño cada vez más larga, ya demostró lo que algunos se resisten a aceptar todavía: que nadie se salva solo. Es verdad también, y cualquiera podría alegar que siempre pasó: que en todos los tiempos y circunstancias hubo quienes pensaron en la salvación como una mercancía de uso personal, tal vez familiar, incluso comarcal, pero no más que eso. Malas noticias: la peste de estos días viaja a caballo de esos que se creen impolutos o son simplemente irresponsables por su individualismo extremo.
Irresponsables como los administradores y diseñadores de la cadena de pagos de los bancos, que el viernes poco menos que tiraron por la borda el efecto positivo que venía teniendo la cuarentena en todo el territorio nacional, exponiendo a la población más vulnerable a la posibilidad de un contagio masivo y, quien sabe, tal vez a cosas peores.
Irresponsables los que cobran sueldos abultados para prever lo que en su mezquindad y ceguera no previeron. Imperdonable casi, porque saben -y no de ahora-, que la inmensa mayoría de los viejos, no sólo en Corrientes, pero sobre todo aquí, usa dinero físico para transaccionar, pues por razones distintas se mantienen alejados de las tarjetas y los cajeros automáticos. Así, la debilidad relativa de los adultos mayores creció el viernes. Y ahora habrá que esperar unos 15 días más para calibrar este mal cálculo administrativo-sindical-laboral en términos sanitarios.
Las filas en los bancos, aun de esa gente incluida en el sistema, expone nuestros problemas estructurales. Nos muestra la cara de la miseria: nuestra condición cuasi natural de carencia, de incultura general, la lejanía del firmamento virtual y también la vigencia del deporte nacional de culpar al que menos tiene de su necesidad.
Lo del viernes nos mostró además la sordidez de algunos funcionarios, flojos de boca, que olvidados de su propio devenir, creen poder calificar a las personas en función de su condición económica. Algunos treparon a la soberbia de la descalificación clasista, como quien cree que tener fortuna en Corrientes, Chaco, o incluso en las demás provincias pobres de la región toda, reviste de oro su miserabilidad y, por lo tanto, los exculpa.
También expuso la ruindad de ex funcionarios, que aun pesados por el lastre de la inoperancia que acumularon en sus épocas en la función pública, se creen ahora con entidad suficiente como para dar clases de política y, lo peor, de gestión comunitaria.
Los funcionarios deberían ponerse a trabajar mirando datos, evidencias, modos y procesos exitosos. Deberían pensar, por una vez, en alguien más que en ellos mismos. Y antes de decirse encima, mantener la calma, o al menos tratar repetir su existencia habitual, más reposada, quieta incluso, porque atravesamos un momento álgido de ánimos, como ocurre siempre cuando un pueblo se bate. De mínima, deberían no estorbar y dejar hacer. Pero al que sabe.
Habrá que recordar algo más: la guerra, si es que hay alguna, es contra un virus invisible. Es contra el coronavirus, no entre nosotros. No vale ahondar la crisis, por ejemplo, de la llamada guerra de los médicos, que en los últimos días escaló a una disputa interprovincial entre Chaco y Corrientes, en estrados judiciales, por el manejo de los criterios sanitarios que impone con urgencia la necesidad de controlar la propagación de la pandemia.
Están en juego la vida como valor supremo, la salud general y una serie larga de derechos, como el derecho al trabajo que muchos correntinos ejercen en el Chaco, entre otras cosas, porque allí son mejores las condiciones de sobrevida y desarrollo. Mejores incluso que en su propia tierra.
Nadie duda de las medidas preventivas adoptadas por el gobernador Gustavo Valdés. Nadie, de buena fe, puede desconfiar de su intención de guardián del bienestar general de la población que gobierna. Y esto, entre otras cosas, porque él más que nadie sabe de las deficiencias del sistema sanitario nacional y provincial. Nadie mejor que él sabe que un colapso sería casi una sentencia de muerte para mucha gente.
Lo que está en juego, en todo caso, es revisar el modelo de prevención. Y en eso está, según declaró en las últimas horas: “No hay ningún problema en que (los médicos) vayan a Chaco, pero cuando vienen a Corrientes deben permanecer aislados. No impedimos la circulación, solicitamos a los agentes de salud que en Corrientes permanezcan en su domicilio porque los casos positivos que tenemos de médicos que trabajan en el Chaco dispararon la cuarentena obligatoria de decenas de personas más por tener contacto directo”.
Con el Chaco, y sobre todo con Resistencia, el pueblo correntino tiene más cosas en común que el puente que vino a unir lo que el río separó desde los primeros días de la Creación. Discriminar, señalar e inculpar habla más de quien lo hace, de su inseguridad o de su ignorancia.
Los gobiernos ya lo entendieron. Primero Valdés y después el gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, cortaron por lo sano cualquier intento “separatista”. Consultado por El Litoral, en la conferencia online del viernes, Capitanich fue contundente: “No vamos a promover el conflicto con Corrientes, sino la unidad”. “El canal político siempre estuvo abierto con Corrientes, lo que pasa es que en cada jurisdicción se tomó una resolución distinta al decreto de necesidad y urgencia sobre las medidas preventivas del coronavirus, pero lejos de pretender un conflicto interjurisdiccional, queremos para los médicos oriundos de Corrientes el libre ejercicio del derecho y la libertad de trabajo”.
La guerra es contra el virus, no contra el otro. Los poderes constituidos deberían dar el ejemplo, lo mismo que las demás instituciones, públicas y privadas. Incluso el periodismo.
La pandemia, como su nombre lo indica, es un problema planetario, no de los chaqueños, más allá de la pericia o de la idea de pericia con la que uno cree que el Chaco está tratando su crisis, con más de cien casos positivos y siete muertos. Más allá, todavía, de la idea de trabajo conjunto que puedan tener Capitanich y el intendente de Resistencia, Gustavo Martínez, que al parecer se hablan menos que Carlos Vignolo y Arturo Colombi en aquellas épocas fratricidas del radicalismo vernáculo.
Nadie, sano de discernimiento, buscaría contraer una enfermedad que podría matarlo. Por lo tanto, una buena manera de pasar esta larga noche sería informarse para desterrar el miedo.
El pánico al pánico no ayuda. De nada sirve la exageración estigmatizante que viene acompañada de los peligros misteriosos, ligados más al sentido común medieval que al actual. Se podría, en todo caso, seguir las recomendaciones de los especialistas, empezando por la Organización Mundial de la Salud, como incluso hizo el Papa Francisco, y dejar para el fuero íntimo las cuestiones relacionadas con las creencias. Hay por lo menos 500 años de ciencia arbitrada y de cultura humana acumulada como para guardar, al menos por un rato, aquellos saberes extemporáneos, nacidos al contacto del peligro o de la ignorancia. O de la “infodemia”, esa práctica nacida a la sombra del coronavirus y que consiste en difundir noticias falsas o maliciosas sobre la peste para aumentar la angustia en las sociedades.
La pandemia demuestra nuestras falencias. Está claro. Pero también, si queremos, puede exponenciar la fraternidad que contagia al hombre el contacto con la muerte, como dice Blasco Ibáñez.
Tal vez sea hora de empezar a revisar la caladura de los cambios que nos dejará la pandemia, y actuar en consecuencia. Tal vez sea hora de echar mano a la audacia que infunden estas circunstancias extraordinarias para pensar estrategias conjuntas de mitigación, de solidaridad y empatía con los que menos tienen, con los más vulnerables; de intensificar la revisión de ciertas formas anquilosadas, por caso en la administración local. De revisar el tratamiento que reciben, por ejemplo, los médicos, pero también el resto de los trabajadores de los servicios esenciales que demuestran su imprescindibilidad en momentos de crisis. De amonestar la actitud de algunos empresarios, sobre todo de ciertos supermercadistas que amparados en la impunidad del dinero, en la lentitud de la burocracia o en la miopía del ojo estatal, sacan rédito en la remarcación de los productos que perfilan la necesidad.
Quizás sea hora de revisar, no solo el tamaño en el que se distribuye un cronograma de pagos, sino también aquello de particionar semanalmente el mendrugo que como salario reciben en su mayoría los trabajadores del Estado, aquí como en todas partes.
La pandemia cambió la cultura relacional entre las personas. Los gobiernos deberían tomar nota, porque están obligados a estar por delante de los problemas, no a perseguirlos.
Están obligados, por lo menos, a hacer realidad el retórico optimismo de sus partes oficiales.