Valdés, transición y hegemonía

El poder de los gobernantes está fundado sobre
la ignorancia, en la domesticada mansedumbre del pueblo”.

“Yo el supremo”
Augusto Roa Bastos

 

El Gobierno de Corrientes cierra un año perfecto. Otro más.

Ni la feroz crisis económica que se lleva puestas familias enteras en todo el país; ni los vaivenes políticos; ni los avatares del clima. Nada de eso parece conmover a las estructuras del poder que sostiene hoy, en la cúspide, a Gustavo Valdés.

Le pasan de largo los problemas asociados a la falta de trabajo o al cierre de las fuentes que había; a las pérdidas de las condiciones laborales mínimas; a la negación, flexibilización o restricción de derechos. Le resbalan los inconvenientes ligados a la tercerización de los servicios o a la reducción de ciertas prestaciones estatales; o la acentuación de la liberalización de la economía.

Parece inmune -por nombrarlos y reconocerlos- a los niveles dolientes de pobreza, o de marginación y exclusión. Incluso navega aguas calmas mientras otros se hunden en su mentira o incapacidad, ineptitud que se lava y queda al desnudo ante cada lluvia, y que aún así sostiene la pompa de su nombre: plan hídrico.

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¿Pero por qué nada de esto conmueve al gobierno?

Valdés parece a salvo de la crisis porque todavía capitaliza la novedad de su autoridad.

Encabeza una administración que avanza briosa aunque sin haber variado la matriz que sigue dando réditos aún por encima de lo que es: la puntualidad en el pago de los salarios. Esquiva la amargura de los reclamos porque es inteligente en suficiencia para pisar los puntos altos de una gestión que apenas despunta y que aún con problemas, disimula sus carencias: algunas propias, otras tantas del lastre ministerial heredado del colombismo y las restantes, producto de la devaluación, el ajuste, la desinversión general, los tarifazos y la inflación que se acelera en vez de bajar como se prometió largamente.

Aún así Valdés marca diferencias.

A Macri le saca ventajas cuantiosas en cuanto a la consideración general de la gente. A su antecesor, en tanto, ya le dio varias vueltas: en el trato con los dirigentes políticos, con los funcionarios de los otros poderes del Estado, con la sociedad civil, con los visitantes nacionales y extranjeros.

Marca diferencias en cuanto su visión de provincia: Valdés parece tener un proyecto, que además es superador del pago de los sueldos, aunque mientras tanto se apoye en ese recurso. Parece querer algo más que sólo acumular poder.

Habla de puertos, pistas y puentes; de rutas y pasos; de energías renovables, de autopistas de información, pese a que todavía debe lidiar con los cables y cortes de la Dpec y con las luces de sus administradores, que están cambiando foquitos mientras las estructuras funcionales se derriten; y con el oscurantismo de las cuentas de la administración, que vino de doblez en doblez desde 2001. Por eso, en ese cansancio, por ejemplo, echó a Vaz Torres, el ecónomo preferido de Colombi, generando en el acto un mensaje de largo alcance desde las costas de la autonomía.

Falta. Claro que sí.

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Puertas para afuera del gobierno, es lícito preguntar por el ministro de Justicia: no se le escucha la voz hace meses-años. ¿Sólo no habla, o tampoco hace? ¿Qué estaría haciendo en todo caso, en estos tiempos cruciales, el ministro de Desarrollo Social? Y el de Industria: además de bajar cuadros de Alfonsín de las oficinas públicas, ¿trabaja en algún proyecto relacionado con la industria? ¿Qué será de la vida del ministro de la Producción? ¿Se llamó o lo llamaron a silencio? ¿Y el de Obras Públicas?

También están los que hablan mucho, pero no acompañan esa verba con movimiento: allí están las estadísticas educativas y sanitarias para confirmarlo. Están los ni-ni. Y los devotos del marketing. Y están también los que hablan más de la cuenta. Los que hablan y dicen cosas, como que en Corrientes no hay inseguridad…

Para más, o para peor, están aquellos ministros y también funcionarios de menor rango que hablan como si hubieran llegado al gobierno hace 5 minutos. ¿Recién ahora se están dando cuenta de todo lo que falta o es que antes no los dejaban opinar, ni podían proponer opciones? En cualquier caso callaron y cobraron religiosamente sus sueldos.

También están los acomodaticios que mandan a los críticos al interior, como si en algún lugar de interior estuviera escondido algo que no se ve en la provincia capaz desde Piragine, o desde “Pocho” Romero Feris, para hablar desde la recuperación democrática para acá.

Aún así Valdés flota.   

Y si es verdad la mitad de lo que dice, y concreta al menos un cuarto, Corrientes ingresará a una instancia desconocida, después de tantos años de nada, o de muy poco.

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¿Pero si no hay nada, o hay muy poco, por qué entonces el Gobierno cierra un año en positivo y en paz?

Aquí podríamos poner en revisión algunos conceptos se esgrimieron como verdades durante largos años.

La paz social, por caso, es producto del pago en tiempo y forma de los salarios. Sí. De los planes y “pluses” que hacen que no alcancen los días para ir a buscar dinero de los cajeros. Poco muy poco en comparación con algunos vecinos, pero dinero al fin y todas las semanas. Sí.

La gobernabilidad, vaya aspiración, es producto de la división y muerte de la mayoría de los partidos políticos. De las internas y traiciones. Y por si fuera poco, de la voracidad de muchos dirigentes que prefirieron (¿y aún prefieren?) el destrato de hombres como Ricardo Colombi a tener que ganarse la vida por fuera de las arcas del Estado.

Las instituciones de contralor, a su turno, piden permiso para controlar. Las defensorías de los vecinos, de los usuarios y afines, piden permisos a sus mandantes políticos (sí, a su patrones partidarios) para ver si reciben ciertos expedientes o firman ciertas notas con reclamos generales.

La Legislatura se convirtió poco menos que en una escribanía, cuando no en un estorbo. Los escarceos que se escuchan en las bancas vienen de los patios internos o, para ponerlo en situación, de los generosos parquizados radicales, entre otras cosas por la falta de una oposición monolítica, seria, constructiva, que no le tenga miedo al debate y que debata donde debe hacerlo, no en las oficinas de los bloques, entre pocos y a escondidas. Si existe una oposición que se opone, es decir, que cumple con su rol más allá de la política del acuerdo, o del consenso (que parece ser la única forma de hacer política en Corrientes) no se nota. Si hay intenciones -de control por ejemplo, o de propuestas- son cortadas de cuajo por favores adeudados o presiones inconfesables.

Tan endeble es todo que por revisar el presupuesto la oposición fue tratada de “irresponsable”. Se dejó tratar así y una vez más fue avasallada. Pero la tensión es necesaria. Y la negativa también. Decir “no” es empezar a pensar, diría Viñas. A pensar alternativas al pensamiento único. Nada menos.

La Justicia juega su juego, y vaya que lo juega, según se lee últimamente. Los empresarios amigos del poder hacen su negocio. Y entre otras instituciones, el periodismo hace silencio. Muchas veces. Como hacen silencio los que saben y pueden hacer ruido. Las iglesias por ejemplo.

Paz y amor
Es bueno cerrar un año sin saqueos, sin gente en las calles rompiendo vidrios o lastimando su propio cuero. Claro que sí. Pero es malo que haya un 40% de pobres y una inflación de otro tanto no menor que ese guarismo, y sólo suenen villancicos importados en vez de voces propias al son del chamamé o al ritmo del carnaval.

Aturde tanto silencio. Y lo que es peor, la cosa parece que no irá a mejorar. No en lo inmediato al menos.

La hegemonía de la que disfruta Gustavo Valdés, producto del control social-cultural-político que se ejerce desde los cargos públicos, los contratos y negocios, los comités, las aulas, los púlpitos y los medios, y desde los despachos, no sólo viene aplacando los reclamos (que los hay, pero de intensidad en degradé conforme fueron pasando los años desde 2001 en adelante) sino que también aplaca las relaciones de fuerza. Llegamos a tal punto que hoy el contrapeso de Valdés parece ser Colombi, quien no se resigna al hecho de ya no ser. Ricardo Colombi no se acostumbra a estar un rato a la sombra”, le dijo alguien a otro alguien que lo escribió en un diario porteño. Y si no es así, esto ya fué así.

Valdés, en tanto, no encuentra desafíos en el PJ o en alguna de sus variantes, o en sectores de algún armado opositor con intenciones y planes concretos para llegar al poder.

De hecho, hay quienes piensan (y parece razonable) que sin 2019 no habrá 2021 para ningún esquema que se geste por fuera de Cambiemos en Corrientes, y eso que más allá de cualquier chicana, el gobierno de Macri hace todos los días alguna macana para perder las elecciones.

Si Mauricio Macri o alguno de los suyos accede a la Presidencia este año que comienza (cosa que parece posible, aún teniendo en cuenta lo de las macanas), será muy difícil para los cuadros opositores, por caso los correntinos, encontrar un esquema aglutinante: no solo por la escasez de horizonte, o la atomización de dirigentes y partidos, sino por algo menos romántico y más determinante: si no hay gobierno nacional, no habrá quién financie una campaña a gobernador en 2021 en una provincia donde Valdés corre con fuerza, ventajas y con el portento de uno o un par de gobiernos a su favor.

Puede haber financistas interesados, pero ¿pondrán la plata que hace falta hoy para salir a “convencer” a un electorado cada vez más escéptico, dada la cantidad de engaños que apila?

En fin: uno puede estar a favor o en contra de Valdés, pero de él no será la culpa si de la hegemonía pasamos a un predominio cuasi cesarista. No será culpa del radicalismo que las relaciones de fuerza en la provincia la manejen ellos mismos, es decir Valdés y Colombi. Pero el problema será de todos si “pasan cosas” y se reedita un quiebre como el de los primos Ricardo y Arturo entre 2005 y 2009.

La teoría hegemónica, que en Corrientes se aplica como si fuera el modelo en el que se inspiró Gramci, nos da al menos la chance de estudiar nuestro presente.  

Aún estamos a tiempo de generar sujetos colectivos involucrados con la calidad institucional y política, para evitar, en principio, lo que ciertamente ya se ve en esas costas del Paraná: la imposición de los tipos culturales de los que predominan y de las clases que denoninan. La imposición de los que mandan y nombran.

Queda claro que el sentido común político desde 2001 en adelante fue el sentido común de Colombi, y del radicalismo que él conduce. También queda claro que ese sentido común está siguiendo el derrotero del ocaso, forzado por las circunstancias que el propio Valdés se encargó de marcar: ahora es tiempo de igualdad de derechos, de la paridad de género, de que los chicos más chicos voten a sus representantes, de cambiar los modos de la política: todos asuntos que han calado en el debate público que Colombi y gente como él prefirió no abordar.

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Hay tarea por delante si la pretensión es frenar el camino hacia los excesos. Una democracia no institucionalizada como la nuestra, se caracteriza por el poco alcance, la debilidad y la baja densidad de las instituciones políticas existentes, dice O´Donnell. El problema con eso es que el lugar de esas instituciones queda ocupado por otras prácticas no formalizadas pero firmemente afirmadas, como el clientelismo, el patrimonialismo y la corrupción.

Conviene que no suceda. Incluso el propio Valdés saldría beneficiado de una actitud social más activa, pues con el acompañamiento y contralor político y social (que implica darle unas vacaciones a la claque aplaudidora que merodea presta y angurrienta por la cuadra del poder) podría encabezar un gobierno de este tiempo, más acorde con las demandas generales y menos acorde con los caprichos personales.

Tal vez podríamos pensar entre todos la provincia que queremos y nos merecemos. Podríamos empezar por entender que el pago de salarios no es una dádiva. Que es una obligación de todo empleador -no solo del Estado- pagar por el trabajo. En tiempo. En forma. De manera justa.

El Gobernador lo agradecerá, porque parece que está para más que eso. Y también la provincia, que desde hace rato merece más que sobrevivir siendo una satrapía ubicada en el vertice superior derecho y caliente del Norte pobre de la Argentina.

No importa la pelea, importa el Gobierno

El gobernador Gustavo Valdés participó este domingo de un programa de televisión y ratificó en ese marco, además de otras cuestiones relacionadas con la gestión, la línea discursiva que vienen esgrimiendo los líderes del “proyecto”. Dijo que su relación con el ex gobernador Ricardo Colombi es excelente y que no habrá pelea como quieren algunos.

Es llamativo pensar que alguien quiere hacerlos pelear o verlos peleados, pero es una manera de verlo. Otra manera posible de analizar una relación política es que no es la pelea lo que importa. No es relevante que Valdés y Colombi hablen, viajen, vacacionen juntos, o lo que quieran. Lo que es relevante para la vida pública es la necesaria distancia que debe tomar Valdés si lo que importa -y le importa-, es la calidad del Gobierno: de su gobierno.

Valdés, entrevistado por Equipo de Noticias de Canal 13 dijo que “la relación con Ricardo Colombi es muy buena”. “Estamos permanentemente en contacto. Es cierto que a algunos le gustaría, pero no hay conflicto con él”, dijo.

En la misma línea, hace varios días y hablando por Radio Dos, Colombi fue más contundente, como es habitual en sus parlamentos: “Tienen que sacarse de la cabeza que me voy a pelear con Gustavo Valdés”, sentenció. “Mi relación con él es buena… hasta le hago de chofer. Con su impronta está avanzando, y lo vamos a acompañar”.

Pasa que “algunos agoreros quieren que nos peleemos, pero eso no está en mi espíritu. Que se saquen de la cabeza esa idea. Hay algunos medios que están pendientes de eso… y tratan de crear polémica, pero eso es una estupidez”.

Lo que no es una estupidez es su intromisión en el nuevo gobierno. Se diga lo que se diga (y Colombi, está demostrado, es libre de decir lo que quiere), cualquier ciudadano correntino, o cualquiera que más o menos mire el desarrollo del juego político, advierte que no hay autonomías plenas. No las hubo en la conformación del gabinete, en los recambios que se están amagando, y que incluso insinúan la vuelta de funcionarios cuestionados y hasta denunciados por distintos tipos de malversaciones.

No hay autonomía en esa supuesta entrega desinteresada que implica hacerle de chofer al Gobernador, como si éste lo necesitara.

En fin.

Pero como cada uno es libre de decir lo que le venga en gana, como hace Colombi, y lo hizo siempre, cambiando el nombre a la gente, insultando dirigentes, maltratando periodistas, incluso burlándose de sus oponentes (como hizo en junio y en octubre pasado, en sendos festejos por triunfos electorales), uno puede decir que la cercanía política del ex gobernador atenta contra la búsqueda de nuevos mecanismos de gestión de la cosa pública.

Einstein decía que, si uno siempre hace lo mismo, no debe, a la vuelta, esperar resultados diferentes.

Los resultados de los tantos años de Colombi en el poder están a la vista: enormes bolsones de pobreza e indigencia, liderazgos nacionales en los peores rankings, por caso los de mortalidad infantil y neonatal; los educativos de repitencia, sobreedad e incomprensiones textuales o numéricas; problemas en los hospitales, de trabajo en general, de conectividad, de energía, de puentes, viviendas, etc., etc.

¿A Colombi le debemos el pago de los sueldos en tiempo y “forma” a la Administración Pública? Si. ¿Cierta paz social? Si. ¿Altos niveles de gobernabilidad? Si. Después podemos preguntar, entre la misma clase política, cómo logró todo eso: si por las buenas, persuadiendo, o a los empujones.

Lo que está visto -más allá de todo- es que ya no alcanza. Y que las líneas de acción trazadas por Valdés implican atender el Estado con otras herramientas y desde otros paradigmas.

El primero de ellos es hacerse cargo de los problemas: Valdés ya lo hizo: los enunció a todos y cada uno ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo, después de un negacionismo de más de tres lustros. A Eduardo Tassano todavía lo estamos esperando, no porque necesitemos esperarlo, sino para demandar que cumpla lo que prometió en campaña: que la alineación Nación-Provincia-Municipio sería nuestra “salvación”.

Si fuera por Colombi, según dijo la semana pasada por Radio Sudamericana, la ausencia de gestión en la Capital -después de las inundaciones de promesas- es culpa de Fabián Ríos. El colmo del cinismo. Pero él tiene derecho a ese planteo. Como nosotros a no creerle.

Está visto: no importa que sigan comiendo a asados o que viajen juntos. Importa que el gobernador, que es Gustavo Valdés, tenga las condiciones prácticas e ideales para desarrollar su gobierno, y que después, en todo caso, pase a cobrar sus aciertos o a pagar por sus errores. La otra lógica, esa que implica que los aciertos son míos y los errores de los otros, y que imperó en Corrientes desde 2001, no nos ha traído a buen puerto.

 

Valdés y las diferencias con Colombi, las responsabilidades y los estilos

Tras el discurso del jueves 1 de marzo con el que inauguró el período ordinario de sesiones, había mucho para preguntarle a Gustavo Valdés. Mucho por preguntar pero algo en que ahondar. Ese algo tenía que ver con la mirada. ¿Qué ha cambiado en Corrientes para pasar del negacionismo exasperante, gambeteador consuetudinario de responsabilidades, a un estado de contrición aparentemente pleno, pero también de alivio y proyección?

Algunas respuestas:

—Estamos a pocas horas del discurso con el que abrió el año legislativo. La oposición dice que fue esperanzador, con un diagnóstico fino de la realidad. ¿Se esperaba esa recepción?
—Agradezco los conceptos. Tratamos de hacer justamente un diagnóstico de la realidad, de cuál es el punto de partida y a partir de ahí tenemos que comenzar a trabajar. Creo que la única forma que tenemos de mejorar la realidad es si sumamos voluntades. Yo decía que tenemos que sumar la mayor cantidad de correntinos posible y estamos direccionados hacia ese objetivo que es justamente el del desarrollo. Creo que con el desarrollo nosotros podemos lograr muchas cosas, pero ese desarrollo tiene que venir atado a tratar de lograr dinamismo en otros sectores y que esos sectores de la economía, más el sector privado, también logren la inclusión de los ciudadanos que esperan vivir mejor, tener más salud y que podamos estar cada día mejor.

—También tildaron de desarrollista a su discurso. ¿Cómo lo calificaría usted?
—Fue un discurso desarrollista porque creo que nosotros necesitamos desarrollo. Y también es modernizador. Yo hablé mucho de innovación, porque nosotros tenemos que innovar y trabajar no solamente en la administración pública, sino que tenemos que empezar a cambiar también la forma de pensar, a buscar ideas, a buscar proyectos en general.

—Se le reconoce el diagnóstico porque ha reconocido una serie de falencias, y ese reconocimiento no era común en sus predecesores.
—Siempre las comparaciones son odiosas. Pero cuando uno dice que quiere tener más educación es porque está reconociendo que no tiene la suficiente. Cuando uno dice voy a construir un camino es porque ese camino no lo tiene. Creo que hay varias formas de decirlo y hay varias formas de reconocer la realidad. Yo lo digo en un estilo: y creo que es un estilo y una forma de explicarle a la gente cuál es el inconveniente que tenemos y cuál es la solución y cuál es el camino que vamos a seguir para conseguir ese objetivo.

—Sí, pero es más que el estilo, porque usted cuando asumió reconoció la pobreza y antes no sólo no se reconocía ese flagelo sino que se ponía en duda hasta el sistema de medición. Ya el de Mauricio Macri, no el Indec de Cristina Fernández…
—Pero también el sistema puede tener falencias.

—Por supuesto que sí…
—Lo condenable es cuando nosotros tenemos un Instituto de Estadística y Censos que miente a propósito para tener un resultado que te oculta las cifras. Podemos estar de acuerdo o no, pero sabemos que hay varias formas de medir. Porque hay varias metodologías para incorporar o no un número. Pero más allá de eso, nosotros tenemos que reconocer que la Argentina es un país que tiene inconvenientes, que no es uno de los países más desarrollados de la región. Nosotros antes teníamos mucho por lo que sentirnos orgullosos y hoy tenemos inconvenientes. Entonces tenemos que reconocer ese inconveniente para buscar las soluciones.
Pero son estilos.

—¿Cuánto tiempo está dispuesto a esperar para comenzar a ver resultados?
—Estamos trabajando y tenemos que comenzar a ver resultados. Tenemos algunos que son importantes, por ejemplo en materia de seguridad, y ya lo vamos a ver en otros aspectos. La negociación con los docentes; cómo vamos a trabajar en salud. Tenemos que hacer un trabajo de evaluación completo de lo que se está haciendo.
El ciudadano de Corrientes, el 54%, no tiene la percepción que usted tiene (risas), por eso me han votado como gobernador de la provincia. Siempre que hay cosas…

—Alegra mucho la visión que usted tiene de la provincia: es la visión que mucha gente, salvo el Gobierno, tenía de esta provincia en los últimos 16 años. Por eso justamente…
—No. Tenemos que adaptar las realidades.

—Hoy da la sensación de que estamos mirando la misma provincia.
—Exactamente. Pero tenemos una condición: que la gente ha votado a un gobernador que, como todo gobernador, le da su impronta. Creo que nosotros vivimos una situación de paz social que no vivieron otras provincias. Somos una de las tres provincias más desendeudadas de la Argentina y decir que podemos hacer todo lo que vamos a hacer es porque tenemos una buena provincia. Hoy podemos decir que haremos 4 mil kilómetros de ripio porque tenemos recursos, o que podemos invertir 1.700 millones de pesos en educación para tener un plan universal de alimentación porque tenemos recursos.
Vos te imaginás si, aparte de la situación que tenemos, tuviéramos una provincia mal administrada: estaríamos como otras (señala en dirección al Chaco) que reciben un punto más de coparticipación y están en la misma situación que nosotros. O dicho de otra manera: reciben un 25% más de recursos y están en la misma situación que nosotros.

Cambió la forma o el estilo, no importa. Importa que hay un punto de partida.
¿Algo para celebrar? Poco todavía. Pero ya hay un punto de partida.

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Entrevista publicada en el diario El Litoral

Cuerpo central 👉 http://bit.ly/2oSF9RU
Diferencias con Colombi 👉 http://bit.ly/2FoTIGO
Salarios 👉 http://bit.ly/2CYhRie
Gabinete 👉 http://bit.ly/2FaAVjk

Por Eduardo Ledesma; Jose Agustin Gomez; Mar Blanco
Ph Nicolas Alonso

Entrevista con el gobernador Gustavo Valdés

A pocas horas del discurso con el que abrió el año legislativo, el gobernador Gustavo Valdés accedió a una entrevista para hablar del discurso que tuvo una buena acogida por todo el arco político local, incluida la oposición. Agradeció los conceptos.

Habló del diagnóstico de la realidad trazado en ese mensaje, del punto de partida de su trabajo, del perfil desarrollista que pretende imprimirle a su gestión. Del reconocimiento de falencias del pasado, de las estadísticas oficiales, de obras, de algunas líneas de gestión, por caso la intención de reducir a un dígito la mortalidad infantil de aquí a 4 años.

Habló del inicio de clases y de la visita del presidente Mauricio Macri.

Por supuesto, habló también de la política salarial integral para este año.

 

Adelanto

Valdés: recuento de daños y proyección a largo plazo

Gustavo Valdés no habló de la herencia. No puede hacerlo por una larga lista de circunstancias políticas, que se sintetizan en una oración de ocho palabras: recibió el gobierno de su mentor, Ricardo Colombi. Pero sí hizo algo digno de esperanzas: reconoció cada uno de los problemas que estancaron a la provincia durante los últimos 20 años y que se negaron sistemáticamente en los últimos 16. El cambio tal vez empiece por ahí, y más allá de las expectativas que tenga cada uno, ese punto de partida predispone a la provincia a transitar el merecido, postergado y reclamado camino de la reconstrucción, del desarrollo, la modernización y la inclusión social.
Fueron esos, de hecho, los ejes del discurso con el que el Gobernador, ayer a la noche, dejó inaugurado el período ordinario de sesiones de la Legislatura.
Gustavo Valdés fue recibido después de las 19 en las remozadas instalaciones del Palacio de las Leyes (todavía con olor a pintura) y desde las 19.20 hasta las 20.27 recorrió las 24 páginas del cuadernillo de su discurso, el primero de su gobierno, plazo fijo en el que depositó el éxito o fracaso de su gestión. No sólo de este año. Porque fue un discurso largamente aspiracional, que no verá frutos en 365 días. No lo creería ni el más optimista. Pero sí marca un rumbo y metas. Veremos.

***

Para empezar, selló el carácter de esta etapa que comienza: “Corrientes somos todos”, dijo, e instituyó ese slogan como la identificación de su gestión, que tiene además la intención de una convocatoria amplia, abierta, que incluya principalmente a las mujeres y a los más vulnerables, y a los vecinos de todas las direcciones. Mencionó especialmente a la Capital. Un detalle, pero no tanto. Es una gran diferencia en relación a los últimos años llenos de diferencias entre el Gobierno y el principal distrito provincial. Hay más.
Este largo “todos” incluye “a los que están y a los que se fueron”, dijo Valdés. Incluye a los que se fueron porque no tenían razones para quedarse. Ni trabajo. Ni futuro. Hubo aplausos. Muchos.
Gustavo Adolfo Valdés reiteró los ejes de su gestión trazados en diciembre, cuando asumió: desarrollo, modernización e inclusión social. Habló de aumentar el producto bruto y mejorar la distribución de la riqueza. De más energía para las empresas. De empleos de calidad bien remunerados. Habló de la falta de energía, sí, y también de escasez de rutas, caminos rurales, de puentes para la producción.
De la necesidad de recursos humanos capacitados. De la salud de la gente y del ambiente. Del agua potable, de la necesidad de cloacas. De viviendas saneadas para prevenir enfermedades.
Definió la modernización conceptualizando por comparación: “El mundo está creando inteligencia artificial y nosotros todavía luchamos contra la deserción escolar”, dijo. Fue una daga. Muchos en la sala tragaron saliva. “Modernización no es comprar computadoras. Es cambiar nuestras cabezas y pensar de otra manera”, insistió.
La inclusión social y la lucha contra las desigualdades -reiteró- será uno de los pilares sobre los cuales descansará su gestión. El punto de partida es difícil, “pero asumimos el problema y nos proponemos tratar de solucionarlos”, prometió. Asumir el problema, otra gran diferencia con sus antecesores.
Su visión será humanista, adelantó, pero con bagaje doctrinario para marcar el rumbo del gobierno. Su inspiración: los héroes, desde San Martín para abajo, hasta los comprovincianos que todos los días “trabajan para hacer grande a Corrientes”.
Mencionó a Ricardo Colombi. No podía obviarlo. El ex gobernador miraba retraído desde su banca de senador. En ese momento Valdés habló de un legado. De paz social. De las inversiones. Del Banco de Corrientes saneado. De una provincia desendeudada. De equilibrio fiscal. De los jubilados. Del 82% móvil y de una directriz: “No vamos a transferir nuestra caja de jubilaciones a la Nación. Es de los correntinos y seguirá siendo de los correntinos”, bramó, y le respondieron con vítores.
Habló de una relación madura con los municipios, con todos ellos, sin que importe el partido político de cada administración. Si concreta ese anuncio en los hechos, el nuevo Gobernador habrá marcado otra diferencia con el pasado inmediato.
Habló de industrializar la madera y abrió la puerta, de par en par, a la radicación de una papelera. Mencionó incluso la posibilidad de construir viviendas con este material. Trabajo para los correntinos. “Porque si no lo hacemos nosotros, otros lo van a hacer, arrebatándonos los empleos que necesita nuestra gente”, argumentó.
Mencionó la ganadería y su exportación. El arroz. Los cítricos, la horticultura, la yerba, el té, la miel. Pidió crecer y mejorar.
Se extendió hablando de turismo, del Iberá, de la expansión del aeropuerto Piragine Niveyro y del traspaso a la jurisdicción provincial de otras cinco pistas. Pidió articular conocimiento con los reservorios como la Universidad del Nordeste. Ponderó el conocimiento.
Habló de energías renovables, de represas, y apostó por Garabí. Se detuvo luego en Yacyretá y Garabí: “Corrientes merece una reparación histórica en materia energética y la estamos reclamando. Tenemos derecho a exigir las obras que no se hicieron durante décadas. Porque sí se hicieron en Misiones y se discriminó a Corrientes”, remarcó. Aplausos.
Valdés dijo que concibe su gestión asumiendo desde el Estado el impulso para el desarrollo, la regulación de la vida pública y la generación de oportunidades. “Creemos en la gestión colaborativa y horizontal. No queremos compartimentos estancos”, dijo, y luego remató: “Hacer una gran obra necesita planificación, recursos, gestión, interacción con la sociedad. Eso no lo hace un ministerio, lo hace un gobierno”.
Fue un claro mensaje, pero para la interna del gabinete. Mensaje para quienes usan los recursos del Estado para hacer marketing personal. En fin. Siguió.

Habló de obras. De equipamiento para municipios. De un plan de transporte y de otro para el tratamiento de residuos. De atacar las adicciones.
Pidió la Ley de Educación y el Código Procesal Penal.
Habló de viviendas. De regulación dominial. De un banco de tierras. Del Fondo de Desarrollo Rural. Del plan hídrico. De los productos hechos en Corrientes. De salarios. De la violencia de género. De la seguridad. Del narcotráfico. De la educación. De salud. De cultura.
Habló de la pobreza. De la mortalidad infantil. “Nuestro desafío para los próximos 4 años es bajar la mortalidad infantil a un dígito”, dijo, y le respondieron con aplausos. Hoy Corrientes es la segunda peor en este punto, después de Formosa. Durante el colombismo fue la peor de todo el país.

***

Una hora y siete minutos después de empezar, el gobernador Gustavo Valdés terminó su discurso. Pidió el acompañamiento de todos, “para cumplir nuestro destino”, según dijo.
Hay un punto de partida. Parece claro. Parece estar encaminado a dar respuestas a un orden de prioridades urgentes para el despegue provincial. Ojalá no muera antes de nacer por problemas políticos internos. O por mezquindades externas. Ojalá la oposición asuma responsablemente su rol. Que controle, al igual que la Justicia. Hay un millón cien mil correntinos, según Valdés, que estarán mirando. En una mano sostendrán los premios y en la otra los castigos.

¿Comenzó el gobierno de Valdés?

 

Cómo deberá medirse el éxito de la gestión de Gustavo Valdés? ¿Sólo con prudencia administrativa, con orden interno, paz social, gobernabilidad y anuncios, como hasta ahora? ¿Contando la cantidad de visitas de funcionarios nacionales, incluido las del Presidente, que se han convertido casi en una olimpiada en la época de Ricardo Colombi?.
¿Se lo medirá por sus gestos y actitudes, que vienen dando señales de cambio en sólo dos meses de mando, o se lo medirá por concreciones, que aún no aparecen, y que son en todo el mundo las variables más aceptadas de aptitud, eficiencia y crecimiento colectivo?
A juzgar por lo que dice el Gobernador, sería por esto último.
Por ahora son como bosquejos. Son planes. Esquemas. Proyectos. Ideas sueltas con pretensión de materialidad, pero nada más. Dejan ver, eso sí, una especie de horizonte, un objetivo, una meta más allá de la permanencia en el poder, que también talla en el amasijo.
Valdés habla de la autovía urbana de la Capital, que debería empezar a ejecutarse el mes próximo. Habla de poder continuarla: de la circunvalación Capital, para que la autovía sea efectivamente urbana y la Ruta 12, desde Riachuelo a Perichón, o más adelante, tenga una senda alternativa que descomprima la carga vehicular diaria que circula por la zona.
Habla de una autovía segura, hasta Empedrado o Saladas, y desde Capital, al Norte, hasta por lo menos Paso de la Patria, o Itatí.
Habla de un segundo puerto nuevo, en la zona de El Sombrero. De reacondicionar el puerto de Capital e incluso echar mano a la escuela de formación de mecánicos, técnicos y navegantes.
De habilitar lo antes posible el puerto de Itá Ibate.
Habla, por supuesto, del segundo puente, que está en vías de licitación. Con plazos increíbles, no porque no sean los plazos, sino por los aplazos consuetudinarios que sufrió esta obra largamente anhelada por los correntinos y chaqueños.
Valdés habla de una Capital mimetizada con las ciudades que la circundan. De iluminación de rutas. De caminos seguros. De transporte integrado.
Habla de extender la avenida Independencia hasta la zona del barrio Laguna Brava.
Habla de recuperar la Terminal de Ómnibus, reacondicionando el lugar que hoy ocupa, generando un nuevo ingreso por donde antes pasaba el tren. Se aferra al lugar, pese a que alguno de sus ministros sugirió reubicarla a Santa Catalina o donde hoy funciona el Mercado Central, en cercanías de la rotonda.
Habla de un aeropuerto, de defensas y obras costaneras en Ituzaingó y Apipé, y de otros aportes que debería derramarse de la Entidad Binacional Yacyretá.
Habla de la recuperación de puentes y rutas, de la construcción de rutas nuevas. De los planes de saneamiento y del plan hídrico: el provincial que recitó con solvencia el viernes el ministro de Producción, Jorge Vara, y el de la ciudad, que está en proceso, pero que, al parecer, será posible gracias a varios-muchos aportes técnicos y económicos del Gobierno provincial.
Según Vara, y respecto al plan hídrico de Capital, “estamos concluyendo el proyecto”.
– “Si bien hay medidas que se han tomado en consonancia con el mismo, es muy grande la intervención que se requiere y los mecanismos son variados. De todos modos, lo más claro es que tenemos que mejorar los ductos de desagüe, porque la Capital tiene las condiciones naturales para que escurra hacia el río Paraná. Es decir: tenemos que trabajar en los conductos de escurrimiento. Es un trabajo costoso y muy importante, por lo que vamos a necesitar un periodo de tiempo para definir en su totalidad el proyecto”.
Hay allí una novedad, porque el viernes, justamente, durante la visita del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que se publicitó como para anunciar el plan hídrico de la ciudad, la cosa cambió en el aire. Se habló del plan hídrico, pero provincial. Un plan que ya fue anunciado y que ya está en obra, en muchos de sus puntos.
Se mencionó el plan de la ciudad, que, en palabras de Vara, aún está en evaluación.
Queda claro no obstante que la provincia se hizo cargo del combo, y para colmo, el intendente Eduardo Tassano guardó silencio. ¿Qué pasó allí? La pregunta es tan inquietante como otra, aunque menos grave, que tiene que ver con Peña:
¿A qué vino el Jefe de Gabinete? Más aún: ¿A qué vino Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios?
Lombardi ni habló. Y Peña, primero en conferencia y después, tras un recorrido que hizo por el Instituto de Cardiología, no repitió más que las frases de la campaña: adelante, juntos, cambio, codo a codo, trabajo en equipo, Nación-Provincia-Municipio.
Es verdad que hubo una reunión en casa de Gobierno y también un almuerzo en un hotel boutique de la ciudad. Casi seguro que allí está respuesta de la visita del Jefe de Gabinete. Casi seguro que existe una razón lo suficientemente importante como para mover una nave de la flota oficial para un paseo de 4 o 5 horas por Corrientes.
Casi seguro que en esos encuentros están las claves de lo que vendrá: el viaje del gobernador Valdés con el presidente Mauricio Macri a México, la visita de Valdés a la asamblea legislativa nacional que hará variar el protocolo provincial, después de muchos años. Y tal vez los anuncios que se harán el 1 de marzo ante la propia asamblea, cuando tenga que trazar el plan de acción anual del Gobierno de Corrientes que, después de 16 años, no será el plan de Ricardo Colombi.
¿Por qué no sería el plan de Colombi? Porque no lo es.
Un solo detalle confirma el perfil de este segmento de obras que pretende poner en marcha y eventualmente inaugurar Valdés: la mayoría involucran a la Capital, departamento sistemáticamente postergado por el ex gobernador.
Pero más allá de ello, otro asunto sustenta el modelo Valdés: muchas de las obras, planes y financiamiento que pretende lograr el Gobierno para poder anudar sus objetivos devienen de un posicionamiento distinto en relación con Yacyretá. Es el gran perfil esbozado por el Gobernador: hacer que la Entidad Binacional corresponda a Corrientes como no lo hizo todo este tiempo, por distintas razones. La mayoría de ellas políticas.
Según altas fuentes de Casa de Gobierno, ya hay algunos avances en cuanto al reclamo que hizo Valdés cuando asumió: conseguir dividendos, en especie y en efectivo, en concepto de regalías. Se trata, en rigor, de una vía de financiamiento genuina que, de conseguirse, constituiría una línea alternativa a la histórica: esa que incluye ir a postrarse ante el mandamás de turno sin que importen razones ni derechos.

Corrientes: zona de promesas en tiempos de ajuste

El 2017 fue un año importante. Pero como el Tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su consentimiento, habrá que dejarlo en reposo para darle luego su valía específica. No obstante, el fin de año demanda un balance. Y aquí hay uno.

Cada cual puede y debe tener su propia visión de las cosas, lo cual impide ensayar un análisis totalizador. Igualmente, desde el punto de vista institucional -que es más o menos la directriz que siguió esta columna a lo largo del año-, hay mucha claridad:

—Desde 2001 hasta hoy, Corrientes mantuvo su institucionalidad en manos correntinas, en hombres elegidos por el voto popular (sí, hombres, todos los gobernadores correntinos fueron y son hombres: blancos, católicos, heterosexuales). Tal continuidad de 16 años no registra antecedentes inmediatos. Ya son cinco los gobiernos elegidos democráticamente, en forma sucesiva, sin interrupciones de ninguna naturaleza.

—El fantasma de las intervenciones federales, que azuzó hasta en las épocas de Arturo Colombi (sobre todo por el sanguinario internismo de los primos y la actuación de ciertos sectores del Poder Judicial) parece hoy alejado de esas costas, producto de una madurez relacional entre elementos de la clase dirigente, pero también del fortalecimiento de las bases políticas, y de una gobernabilidad robusta que abreva en la paz social.

—El 2017 marcó asimismo el fin de la Era de los Colombi. Después de 16 años, ningún mercedeño-pariente con ese apellido gobierna Corrientes. Y lo que algunos acólitos pueden leer como una exageración, otros menos interesados en la propiedad de la herencia por cuestiones de sangre reconocerán que más allá de la formalidad, la desaparición del apellido Colombi de la grilla de gobernadores es un paso adelante fundamental para seguir cimentando la institucionalidad local, lejos de los patriarcas-caudillos-líderes que coquetean con las eternidades en el poder, pretendiendo convertir la cosa pública en patrimonio privado.

—El 10 de diciembre pasado Gustavo Valdés se convirtió en el gobernador propietario número 59 de la historia organizada de Corrientes, que comienza en 1821. Ese 10 de diciembre ocurrió hace 21 días: casi nada, aunque suficiente para sugerir que la casona de 25 de Mayo y Salta no sólo está habitada por otra persona sino también por otro modo de hacer las cosas. Veremos.

—Para empezar, el reconocimiento de la pobreza estructural que horada la (calidad de) vida de la mitad de la población de Corrientes, constituye un giro copernicano de Valdés en relación con Colombi, que fue siempre un negador sistemático y un experto en la traslación de culpas. También lo es el tipo de relación que plantea el nuevo Gobernador con la Nación, de sociedad política, pero sin renunciamientos. Y la apertura que ha demostrado con referentes políticos e intendentes de la oposición durante los últimos días.

—Habrá que ver de todas maneras hasta dónde pueden terciar las ideas de Valdés en el nuevo escenario de ajuste feroz y achicamiento estatal que plantea el gobierno de Mauricio Macri, cuestión que sólo con la reforma previsional y el pacto fiscal ya dejó a Corrientes en situación de merma financiera. “Desagradable”, según el propio Valdés.

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—Este año que se despide, asimismo, marcó el regreso del radicalismo al poder en Capital, después de 8 años de gobiernos kirchneristas-peronistas. El doctor Eduardo Tassano le ganó (por unos pocos puntos) la pulseada al ingeniero Fabián Ríos, en el marco de una elección llena de particularidades: fue convocada muy anticipadamente para el 4 de junio; iba a realizarse con sistema electrónico y al final volvió a votarse con sábanas de papel; supuestamente hubo acuerdos políticos que se incumplieron y zancadillas de rigor variable. Ganó el más fuerte: Tassano, y su espalda convertida en fortaleza por los incalculables apoyos de los gobiernos provincial y nacional.

—Habrá que observar ahora cómo administra esa fortaleza; las relaciones intra ECO+Cambiemos; las que mantiene de manera directa con funcionarios nacionales; y su propia aspiración-proyección-provincial personal que se disimula, pero no puede esconderse.

—En paralelo, la derrota de Ríos confirmó una vieja tradición de la política correntina: nunca un intendente fue reelecto en la ciudad. Nunca. Tampoco un intendente capitalino fue inmediatamente gobernador. Tassano debería tenerlo en cuenta. El último que chocó ante esta “maldición” fue “Camau” Espínola en 2013.

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La desaparición del apellido Colombi de la grilla de gobernadores es un paso adelante fundamental para seguir cimentando la institucionalidad local, lejos de los patriarcas-caudillos-líderes que coquetean con las eternidades en el poder, pretendiendo convertir la cosa pública en patrimonio privado.

—Como ya ocurrió en 2005, hay que recordar -con Néstor Kirchner, Arturo Colombi y Carlos Vignolo-, pero con resultados que mejor olvidar, el 2017 sirvió también para que el oficialismo provincial comandado por Ricardo Colombi lograra, a través de las urnas, una condición política ideal para dejar de generar excusas y empezar a trabajar en la gestión: Colombi y los suyos le pidieron a la ciudadanía alinear Nación-Provincia-Municipios. Contados que fueron los votos, la situación política pedida fue concedida. Ahora no caben más que los resultados. O Dios y la Patria se lo demandarán.

—¿Pero, qué podrían demandar Dios y la Patria después de tantos años, tantas posibilidades perdidas y, no obstante, tantas elecciones ganadas que ratificaron el rumbo? Pues algo más que el pago de los sueldos en tiempo y forma. Tal vez el desarrollo. O un mínimo de crecimiento sostenido. O recuperar a la provincia de su atraso. Insertarla quizás en el concierto nacional. O generar condiciones de crecimiento económico: energía eléctrica a prueba de calores o tormentas, puertos, caminos. Rutas acordes con las necesidades de estos tiempos. Achicar la pobreza, la indigencia. Pobreza. Indigencia.

—Quizás podría demandarse reducir en serio -con más instrumentos de gestión y menos lápices de dibujo- la mortalidad infantil y neonatal. La mejora en la atención de los hospitales. Atacar la repitencia y sobreedad escolar. Atender la falta de escuelas o el mal estado de las mismas. Ponerle industrias a los parques industriales. Y la lista sigue…

—La herencia de la que no puede hablar Valdés es muy larga. Y doliente. Quedó desnuda mitad de año cuando el clima se ensañó con gran parte de la provincia. Las inundaciones que azotaron al Centro-Norte correntino desde abril hasta julio dejaron pérdidas que aún ahora no pueden cuantificarse del todo, pues siguen ocurriendo, ahora con la sequía. A los miles de evacuados y autoevacuados de entonces, hubo que agregar las pérdidas de casi 100 mil cabezas de ganado bovino, otras tantas de ganado ovino y caballar. La provincia tiene (o tenía) un rodeo de 5 millones de cabezas bovinas y de ellas, un millón y medio fueron afectadas por encontrarse en la región inundada.

—Los pequeños productores tenían afectadas unas 12 mil hectáreas. Estuvieron comprometidas entre 400 y 500 mil cabezas de ganado por el anegamiento de los campos. La gravedad del fenómeno climático se situó en el eje de las localidades de Loreto, Caá Catí y Berón de Astrada. En esa zona cayeron más de 2 mil milímetros en cuatro meses, lo que generó inconvenientes en las 350 mil hectáreas que integran la cuenca del Riachuelo. La situación desmejoró el estado de los caminos rurales. Hubo campos que perdieron hasta el 80% de su superficie. Los pasos consolidados estuvieron tambaleantes y los caminos principales, como la Ruta 12, vieron caer dos de sus puentes, reparados provisoria y parcialmente meses después.

—La inundación afectó a 2,5 millones de hectáreas de campos en once departamentos. Las pérdidas económicas superaron los $1.000 millones, y si bien se declaró el estado de excepción, el Fondo Nacional de Emergencia creado por ley para toda la República Argentina fue absolutamente insuficiente.

—La lluvia constante durante esos meses, no sólo afectó a productores y a miles de familias correntinas, sino que además fue un catalizador de un acumulado de broncas varias que tuvieron incidencias decisivas en los resultados electorales de varios municipios, empezando por el de Capital.

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He allí una serie encadenada de sucesos que marcaron el año 2017.

Hubo otros también importantes, claro. Los correntinos en su conjunto tuvieron logros y fracasos a lo largo de este 2017. Sucede siempre.

Hay realizaciones que animan y reveces que duelen: que no todas las mesas tengan lo suficiente; que los jubilados sean siempre variable de ajuste; que haya menos derechos laborales y flexibilizaciones; y que la inflación lejos de reducirse sea recalibrada al alza, y prolongada en el tiempo.

Queda claro que hay mucho trabajo por delante. Es hora de hacer y de hacerse cargo. Ya no hay a quien echarle la culpa. ¿O sí?

Valdés apunta al bolsillo de Macri

 

Ocurrió hace una semana. El domingo pasado, y después de 16 años, Gustavo Valdés ponía fin a la lista de los Colombi en la grilla de mandatarios, y recibía los atributos del mando convertido minutos antes en el gobernador propietario número 59 desde que Corrientes se organizó institucionalmente en 1821.
Fue un hecho importante, sin dudas, pero no el único. Porque más allá de los protocolos, Valdés produjo otros hechos de trascendencia que pudieron resultar imperceptibles, pero que marcan un camino nuevo, distinto, mejor asfaltado que el de la confrontación que usó, como el kirchnerismo en la Nación, el colombismo en Corrientes.
Valdés ingresó el domingo a Casa de Gobierno haciéndose cargo de problemas pesados, que además eran sistemática y oficialmente ignorados.
– “Hoy hablaba de un tema que era central: el combate de la pobreza. (…) Nosotros tenemos que combatir la pobreza, esa pobreza estructural que durante mucho tiempo se quiso esconder debajo de la alfombra (…) Sabemos que la única manera de solucionar los problemas es reconociéndolos. Y sí, tenemos pobreza; por eso los correntinos tenemos que trabajar el doble, todos los días y todos juntos para que la pobreza se erradique de Corrientes y de Argentina”.
En ese sencillo, pero emotivo acto, Valdés asumió su gobierno, que es el de Corrientes, una provincia con índices sociales dolientes, infames. Reconoció el problema, y marcó de ese modo un punto de partida para tratar de morigerarlo y eventualmente solucionarlo. No se escudó en los índices ni en los sistemas de medición, como hizo su antecesor siguiendo lógicas que supuestamente decía combatir.
Pero hay más. Valdés lanzó, hace una semana, un llamamiento importante, tal vez el más inteligente de los últimos 16 años. Pero también riesgoso. Ubicó detrás suyo a la provincia y llamó al millón de correntinos a unirse en un reclamo superador, contenedor, hacia un “enemigo” externo, en este caso el Estado Nacional, que históricamente fue hostil y mezquino, y muchas veces también dañino con los intereses provinciales.
Los modos de Valdés son menos graves y no anticipan una guerra, pero sí los ubican en posición de tener que discutirle a la Nación una especie de reparación histórica, de endilgarle su voracidad y de desafiarle a cumplir con la ley y la Constitución.
En términos políticos, lo que pretende Valdés es algo que no conoce antecedentes inmediatos: la plata, pero también la gloria. Que Nación repare con recursos largos años de indiferencia, pero al mismo tiempo, que ello no implique un quiebre del gastado eslogan de la alineación Nación-Provincia-Municipios.
Lo que pretende Valdés, es que la relación entre las dos casas rosadas, la de Balcarce 50 y la de Salta y 25 de Mayo, encuentren un camino distinto al de la sumisión o el sometimiento. Que la relación sea el fruto de un consentimiento de partes en la que ninguna renuncie a algo que no esté pautado en términos de justicia y de entendimiento republicano.

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Parece candoroso. Parece más un reclamo de Colombi al kirchnerismo (en las épocas en las que no eran socios). Pero no. Y allí radica otra sutileza. Valdés tiene noticias del kirchnerismo, pero también fue tomando nota de las acciones que el macrismo hace o deja de hacer en función de las necesidades que tienen las provincias. Lo que está sucediendo ahora mismo con el tratamiento de la ley de reforma o ajuste previsional, según sea quien mire, enciende luces de alerta. Y una cosa es defender el proyecto, y otra cosa es comer vidrio.
Valdés plantea una reparación histórica, dinero o especies, pero a alguien que no se caracteriza por la generosidad. A alguien que puede ser tan insensible como para generar ahorro con la plata de los jubilados. He allí el desafío más grande del Gobernador: reclamar lo que es de todos, y tratar de conseguirlo, sin romper puertas ni ventanas ni puentes. ¿Podrá?
Podría decirse que se propuso una meta difícil.
– “Nosotros los correntinos no tenemos pobreza estructuralmente económica, nosotros tenemos recursos naturales y somos ricos, pero no nos reconocen desde Buenos Aires como tiene que ser. Fíjense, yo provengo de una ciudad que es Ituzaingó, era chiquito, y se instaló una oportunidad enorme que fue la represa de Yacyretá, la cual nos entrega a los correntinos tan sólo el 1% de lo que produce y la Constitución del 94 nos dice que los recursos naturales son de las provincias. Por eso como política de Estado tenemos que reclamar lo que es de los correntinos”.

Valdés plantea una reparación histórica, dinero o especies, pero a alguien que no se caracteriza por la generosidad. A alguien que puede ser tan insensible como para generar ahorro con la plata de los jubilados. He allí el desafío más grande del Gobernador: reclamar lo que es de todos, y tratar de conseguirlo, sin romper puertas ni ventanas ni puentes.

Allí hay otra clave. Lo que propone Valdés no tendrá la fuerza que necesita si la ciudadanía no lo avala, no acompaña, no se encolumna.
– “Lo mismo nos pasó con Salto Grande -siguió el Gobernador-, y eso tiene que ser vital para nosotros. Y no hablo de nuestra alianza gobernante, hablo de todos los sectores sociales y políticos que tenemos que tener esta visión para poder desarrollarnos. Somos una provincia supuestamente pobre, pero somos una de las más ricas en recursos naturales”.
Somos la primera potencia forestal y nosotros tenemos que lograr industrializar nuestra madera. Eso son nuestros desafíos y esos son los desafíos que tenemos que hacerlos juntos”.
La Legislatura tomó nota y acompañó con voto unánime el proyecto de ley para provincializar los recursos de Yacyretá. Responde a un proyecto similar que tiene estado parlamentario en el Congreso Nacional y que fue presentado en su momento por el entonces diputado Valdés.
De eso, además, habló el Gobernador con el ministro Juan José Aranguren el miércoles pasado. También se lo comentó al presidente Macri.
– “A nosotros por ahí nos criticaban cuando decíamos que teníamos que alinear Nación, Provincia y Municipios. Tal vez el término alinear sea un término erróneo, pero nosotros decíamos que alinear democráticamente, porque todas las provincias constitucionalmente fuimos concebidas para tener autonomía e igualdad, por eso queríamos nosotros volver a integrarnos al concierto de las provincias para tomar las decisiones y así lo hicimos, ahí estuvimos, férreamente defendiendo lo que es de los correntinos con este pacto fiscal, que seguramente vamos a tener que trabajar y mucho para lograrlo”.
Todo eso dijo Valdés el domingo pasado. También habló de la modernización. Se quejó de la discriminación nacional, otra vez, pero recordó que “la gran avanzada del mundo implica tener conectividad, y nosotros tenemos que modernizarnos y ese es un desafío enorme que tenemos que brindar y hacerlo juntos”. Juntos.
¿Le alcanza a Valdés con sólo pedirlo? ¿La oposición política entendió, en menos de una semana, que Valdés no es Colombi? ¿Los correntinos que no votaron por el abogado capitalino-ituzaingueño, y que en números constantes desde hace 8 años constituyen el 45 por ciento de la población, están dispuestos a acompañarlo bajo la bandera de la unidad, que es un activo en baja en este momento del país?.
Sobran preguntas y escasean respuestas. Por lo pronto el Gobernador parece dispuesto a avanzar con decisión aún si enfrente está el Presidente. Pero reclama acompañamiento. Gente en su rincón.
Porque mientras diseña lo que aspira que sea el perfil de su gobierno, debe atender cuestiones menos sublimes y más acuciantes: el reclamo de varios intendentes (muchos de la alianza ECO+Cambiemos, pero también y sobre todo de la oposición), que sin un auxilio de la Provincia difícilmente puedan pagar sueldos y aguinaldos. Una amenaza que podría empañar la primera Navidad del heredero no ya de Colombi, sino de una forma de hacer gobierno con poco más que la garantía de los salarios. No es poco.
Valdés lo sabe, y dicen cerca de él que, que tras analizar caso por caso, en los próximos días dará una respuesta a los jefes territoriales.
Mirando el reloj están los más complicados: Eduardo Tassano de Capital; e Ignacio Osella de Goya.

Juró Valdés y después de 16 años en Corrientes ya no gobierna un Colombi

Desde que llegó a la Legislatura, hasta que saludó a los presentes con la banda puesta, ya en el patio de la Casa de Gobierno, pasaron exactamente 90 minutos. Intensa hora y media que sirvió para que la provincia de Corrientes viera, después de 16 años, la jura y asunción de un gobernador que ya no lleva el apellido Colombi.
Ocurrió ayer, a las 19.15: Gustavo Adolfo Valdés, a sus 49 años recién cumplidos el 15 de octubre pasado, se convirtió en el gobernador constitucional propietario número 59 desde que Corrientes se ordenó institucionalmente, en 1821. Juró por Dios, la Patria y sobre los Santos Evangelios, desempeñar fielmente el cargo que le otorgó poco más del 54% de los correntinos en las elecciones del 8 de octubre, cumpliendo y haciendo cumplir, según dijo, las constituciones de la Nación y de la Provincia.
La jura fue corta. Al punto de que el protocolo obvió la parte que hoy tiene tanto valor y vigencia. La que dice que, “si así no lo hiciera”, Dios y la Patria se convertirán ya no en testigos, sino en demandantes.

***

Traje azul oscuro, camisa blanca y corbata morada, finamente tejida. Lentes de lectura. Cumplidos los pasos previos y consumada también la jura del primer vicegobernador reelecto de Corrientes, Gustavo Jesús Adolfo Canteros, Valdés encaró con énfasis las 10 páginas generosamente espaciadas que contenían su discurso.
Primero habló de Colombi: de Horacio Ricardo, su mentor, a quien atribuyó la paz social, el orden institucional y la creación de las condiciones de despegue en las que recibe la provincia. Según Valdés, Ricardo Colombi debe descansar tranquilo, con la certeza del deber cumplido.
-Muchas gracias -le dijo, y arrancó la primera gran ovación del auditorio.
Después entró de lleno a desarrollar los ejes en los que reposará su gestión: un ataque frontal contra la pobreza; y dos procesos centrales: uno para conseguir la modernización y otro para lograr el desarrollo, del Estado y de la provincia toda.
-Somos pobres, pero a la vez ricos -graficó en varias ocasiones, y luego aclaró.
-Es que somos ricos despojados.
En esa línea, puso su mirada sobre Yacyretá, entidad generadora de energía que es la mayor de su tipo en el país, enclavada en Corrientes, provincia que paradójicamente tiene una energía deficiente y cara, y recibe poco menos que una migaja después de poner al menos la mitad de sus recursos naturales en la generación del 15% de la electricidad total que produce Argentina.

A las 19.15 de ayer, Gustavo Valdés, a sus 49 años, se convirtió en el gobernador propietario número 59 de Corrientes, desde 1821.

Habló también de la potencialidad de la madera y del turismo. Acto seguido pidió colaboración e inversión a las empresas. Y apoyo y comprensión a la Nación, destinatario obligado de varios de sus reclamos.
-Esperamos 12 años. A esta oportunidad no la vamos a dejar pasar -agregó, y el auditorio volvió a estallar.
(Los opositores se miraron de reojo, aturdidos por lo que acababan de escuchar. Pero no era eso. Se refería al kirchnerismo).
Valdés hizo además una convocatoria amplia, a los intendentes y legisladores, a los hombres más experimentados en el manejo de la cosa pública, pero también a los jóvenes y a las mujeres. A todos, dijo, “los invito al futuro”.
Fueron apenas 17 minutos de discurso. Apenas 17 minutos, pero esperanzadores. Porque ya no hay excusas. Porque las condiciones políticas están idealmente dadas, como pidieron en campaña, para empezar el despegue.

***

Exactamente a las 20, según consta en el acta redactada por la escribana mayor de Gobierno, María Cristina Vallejos Gil de Lotero, Horacio Ricardo Colombi repitió un acto que ya cumplió en 2005. Entregó la banda y el bastón de mando. Aquella vez a su primo Arturo Alejandro, ahora a Gustavo Adolfo.
A juzgar por lo sucedido, aquella no fue una buena experiencia. A esta hay que darle tiempo. Tiempo… Tiempo que ya se tomó Colombi, como muestra, para ceder el atributo.
Traicionado tal vez por sus fantasmas, el gobernador saliente tuvo que ser asistido para colocarle la banda a su sucesor. Necesitó una sucesión interminable de instantes. No encontraba el modo, hasta que su esposa, Estela Barattini, solucionó el entrevero.
Un abrazo y la posterior firma del acta oficial coronaron un acto formal lleno de nerviosismo. Tantos, que hasta hicieron confundir al experimentado locutor de Gobierno, Roque Espíndola, quien llamó a Gustavo Canteros a calzarse los atributos del gobernador. Las caras se brotaron de un rojo intenso. Es que los suelos de la política correntina guardan muchas semillas de encono, envidias y traiciones, y aún en épocas de tranquilidad, cualquier escupitajo pueden volverlos fértiles.
Espíndola corrigió. Llamó a Valdés, y las carcajadas descomprimieron el aire. Los fuegos artificiales, peligrosamente lanzados desde los techos del palacio de Salta y 25 de Mayo, trocaron la tensión en festejo.

***

Valdés y Canteros, que minutos antes se convirtieron en las nuevas máximas autoridades de la provincia, dieron pasos adelante y saludaron a los familiares, amigos, funcionarios y ciudadanos que colmaron el patio de la Casa de Gobierno para seguir el traspaso. De fondo, el jingle del Gobierno: “Vamos para adelante”, decía despacito el coro grabado que daría paso a las palabras del gobernador saliente.
Ricardo Colombi habló para despedirse, como no pudo su primo en 2005. Las circunstancias políticas-familiares de entonces no lo permitían.
De eso habló el mercedeño. Con los ojos un tanto llorosos, no se sabe si por el momento que le tocaba vivir o por el problema que viene acarreando después de su operación, Horacio Ricardo recordó los momentos difíciles que tuvo que atravesar. Dijo no obstante que cree en la democracia, y que justamente la democracia correntina está a salvo, después de tantos años, tantas intervenciones federales. Es verdad: Corrientes no estaba acostumbrada, hasta antes de los Colombi, a un período tan largo de normalidad institucional.
-Nos costó mucho -dijo, y luego se dirigió a Gustavo Valdés, quién según dijo, va a saber llevar como corresponde el Gobierno, con la ayuda de todos y de la Nación.
-Se vienen tiempos mejores -auguró. -Su gestión va a ser mucho mejor.
Después bajó la guardia. Dijo que hay dolores y sonrisas, que así es la política, pero que él tiene fortaleza anímica y a la familia de sostén.

Traicionado tal vez por sus fantasmas, el gobernador saliente tuvo que ser asistido para colocarle la banda a su sucesor.

Para cerrar deseó suerte a Valdés y Canteros. “A los Gustavo. A los Gustavo al cuadrado”, bromeó.
-No bajen los brazos y cuenten con nosotros -dijo para cerrar, y de paso para ralentizar el retiro.

***

Ya sobre el final, sin discurso, pero con unos apuntes, el flamante gobernador 59 hizo una serie de agradecimientos. “Desde el corazón”, alcanzó a decir: “A mi esposa e hijos, a mis padres y hermanos, a Ricardo Colombi, a Estela, su esposa, y a sus hijos; a la UCR, a ECO+Cambiemos; al presidente Mauricio Macri, a los que votaron por mí y a los otros, a la ciudadanía”.
Ratificó, como el presidente, que su gestión centrará su esfuerzo en atacar la pobreza. A erradicarla.
-Sí tenemos pobreza y tenemos que trabajar el doble para combatirla -dijo, y eso mismo constituye un hecho esperanzador, porque lo que hizo Valdés en ese acto fue el reconocimiento público-oficial de una situación muchas veces negada pública y oficialmente.
-Asumimos el compromiso de erradicar la pobreza y acompañar a los desposeídos -añadió después, para insistir en los reclamos que desde ahora en más deberá escuchar Buenos Aires.
-Este es el equipo. Los invito a sumarse: al equipo del millón de correntinos, arengó, y se dispuso a escuchar aplausos y recibir saludos.
Mientras todo esto sucedía, Ricardo Colombi miraba lejos. A veces el piso y muchas veces el cielo. Hasta que fue invitado a retirarse.

Valdés al gobierno

Llegó el día. Entra el capitalino-ituzaingueño Gustavo Adolfo Valdés y se va el mercedeño Horacio Ricardo Colombi. Pero, ¿se va? Por lo pronto sí, se corre unos metros hacia el río, pero sigue en la cuadra del poder, en el Senado. Después de 12 años de ejercicio efectivo en el Gobierno de Corrientes, en 16 años consecutivos (el interregno corresponde a su primo Arturo Alejandro), “Lalaca” Colombi entrega el mando de su tercer período de gestión. Lo hará hoy a la tarde en Casa de Gobierno. Estuvo 4.383 días ejerciendo la primera magistratura, con varios récords, de permanencia y también políticos.
Sucede que Ricardo Colombi es el hombre que más tiempo ejerció el cargo de “gobernador propietario” de Corrientes. En marzo de 2016 batió el récord de duración que tenía Pedro Ferré, el brigadier que en tres períodos alternados ostentaba la marca más larga en el inquilinato del palacio de Salta y 25 de Mayo: 10 años, 3 meses y 14 días.
Desde hoy, el paiubrero Horacio Ricardo se lleva para robustecer su ego, una reválida difícil de igualar y superar, porque Pedro Ferré fue gobernador de la Provincia durante 3 períodos, en casi 18 años; pero Colombi lo superó en 16 años y con 3 elecciones ganadas, logrando en ese acto otra marca histórica: es el primer y único gobernador (por el momento) en usufructuar el instituto de la reelección, incorporado a la Constitución en la reforma del año 2007 y que su primo Arturo quiso, sin éxito, estrenarla en 2009.
El mandato que ahora comienza es inédito en la provincia. Constituye un paso adelante en la institucionalidad local, desacostumbrada hasta el año 2001, a un período tan largo sin interrupciones dirigidas desde Buenos Aires por imperio de las intervenciones federales, un mal que en 17 oportunidades tuvo que soportar el pueblo de Corrientes.
La tarea que tiene por delante el doctor Gustavo Valdés es enorme, porque de movida implica el desafío de seguir manteniendo la paz y la estabilidad política, sin que el apellido Colombi administre los destinos de la provincia.
Ojalá le vaya bien.
Mientras tanto, ya hay algo para festejar: las 20.144 personas que nacieron en 2001 en Corrientes y las 300 mil en promedio que nacieron desde entonces hasta hoy, podrán anotar otro apellido en la lista de gobernadores. Llegarían tal vez a la conclusión de que los Colombi no eran monarcas ni tenían derecho de sangre. Aunque eso todavía esté por verse.
Por lo pronto, hay muchas preguntas y pocas respuestas revistiendo este recambio. Queda por delante saber si Valdés emprenderá en algún momento un despegue o seguirá dependiendo de un poder ajeno, como el que llevó al quiebre entre los primos en el primer año de gestión de Arturo Colombi, en 2005, y desde entonces hasta el año 2009.
En una entrevista con El Litoral -que se publica hoy mismo-, Valdés lo puso en estos términos: “Cambió el gobernador, no el gobierno. La gente eligió eso en octubre”.
A juzgar por el gabinete que presentó el viernes, se trata justamente de eso, de una continuidad. Una prolongación manifiesta que, leída en términos positivos, constituye también un respeto hacia la perennidad del Estado, algo también desusado en Corrientes. Desusado porque cuando se intentó algo parecido, una disputa fratricida terminó por imponerse, llevando por delante los sueños del millón de correntinos. Desusado porque, incluso antes de los Colombi, la lógica rupturista también fue parte de la política correntina. Por eso es difícil este momento, porque hay datos históricos que sustentan la duda y, en este caso, también la versión negativa de esta continuidad.
Es que el que se quema con leche, ve la vaca y llora. Y Colombi lo sabe por experiencia propia. Por eso, creen los más desconfiados, el gobernador saliente devenido senador dejará, más allá de la confianza personal que le tiene a Valdés, granadas de activación remota por si alguien intenta algún tipo de autonomía. De esto se viene hablando desde la designación misma del sucesor, ocurrida el 14 de julio.
Nadie puede garantizar que una cosa u otra vaya a pasar en el futuro, pero hay un dato de la realidad que es elocuente: de los 13 ministros que acompañarán a Valdés, 8 siguen de las gestiones inmediatas anteriores. Uno incluso viene de 2001. Hubo un enroque: Horacio Ortega pasará de manejar Seguridad a esa suerte de jefatura de gabinete que se desprende del Ministerio de Coordinación y Planificación. El tiempo dirá si es una buena decisión. De momento, se sabe que es un hombre de confianza de Valdés y eso ya es suficiente activo en las arenas movedizas de la política.
Se sumaron 5 ministros para completar vacancias generadas por cargos electivos y pases a retiro (el único desplazamiento efectivo es el de la ex ministra de Turismo), la mayoría de los cuales viene de otras áreas del gobierno saliente. En la resta cayeron las mujeres: ahora sólo queda una en Educación.
Esta cuenta arroja este resultado: más del 80% de los ministros sigue. Como por inercia.
En el mismo acto puede decirse que por primera vez el PRO (partido del presidente Macri) tendrá representación en el gabinete provincial, un logro para pocos, pues sólo 4 de los más de 20 partidos que integran ECO tienen una distinción tan alta. La supremacía es radical, claro: 10 sobre 13 espacios, contando al fiscal de Estado. Veremos, veremos, después lo sabremos.
Mientras tanto, vale preguntarse qué tiene de progresista o vanguardista esta escudería que acompañará a Valdés. Qué aportarán ahora que no hicieron en los últimos 8, 12 o 16 años.
La respuesta política más urgente a este tipo de planteos, cuando viene de la vereda del oficialismo, tiene que ver con que hubo cosas que se hicieron bien; que estos ministros las hicieron y que por eso la gente votó. Y que la gente votó básicamente por la alineación Nación-Provincia-Municipios. Los que están, sobre todo en áreas clave -creen algunos “valdesistas”, que ya los hay- son los más idóneos para continuar sin pausas las gestiones, muchas de las cuales bajan con apuro de la Nación, pues en 2018 se entrará en tiempo de descuento si quiere aspirar a una reelección de Mauricio Macri.
También dicen, en la misma línea, que ahora sí se podrán financiar los proyectos (elaborados por estos mismos que siguen) que antes no se pudieron por la mezquindad nacional.
Eso es cierto, aunque no del todo. Se desmiente por las longitudes y caladuras de los acuerdos que los Colombi sostuvieron en distintos momentos con el kirchnerismo. Pero además porque eso de la discriminación deja afuera del análisis a las responsabilidades propias, a la ineptitud o desidia de los propios funcionarios, a los que siempre les quedó más cómodo echarle la culpa al otro que hacerse cargo de su “no pude”, “no supe” o “no quise”.
En eso, además, este entramado político se emparenta a lo peor de las prácticas de los gobiernos conservadores que supuestamente había que superar. Esa cantinela viene de 2001, pero no sólo no ocurrió, sino que la esperanza colombista muchas veces terminó mimetizándose con aquellas formas. A veces por necesidad, y las más de las veces por conveniencia: por acuerdos sustentados en el más descarnado de los pragmatismos que privilegiaron los resultados electorales a las cuestiones éticas, de decencia o de superación institucional que muchas veces se blandieron como banderas.
En 2005 también se logró la alineación Nación-Provincia-Municipios, pero fue sólo un espejismo. Una fórmula proselitista. Terminó mal. Ese pasado debe estar doliendo ahora mismo. También el hecho de que se terminaron las excusas.
Ahora hay que atacar la pobreza-indigencia que pesa sobre la mitad de la población provincial según el Indec, la mortalidad infantil más alta del país, los índices de insuficiencia educativa, los problemas de conectividad, de precio y calidad energética, la falta de trabajo genuino (el Estado cierra este año siendo un patrón más grande que el sector privado, según las estadísticas oficiales de empleo registrado), el déficit habitacional y entre otras cosas (este punteo no se agota aquí) generar las condiciones para el desarrollo individual y colectivo, económico, pero también cultural, de la calidad de vida.
Las condiciones políticas están dadas idealmente para el despegue. No chocar la calesita dependerá en todo caso de Valdés y de la gente que le dejó Colombi. Necesitamos que suceda, de una vez por todas.