Pedro Braillard Poccard: “Pese que las cosas no terminaron bien, valoro demasiado el honor que la sociedad me concedió al elegirme gobernador”

Cuando se grabó esta entrevista, no sabía que por tercera vez en su vida sería candidato a vicegobernador de Corrientes, ahora como compañero de fórmula de Gustavo Valdés. En 2009 juró como vice de Ricardo Colombi. Su bautismo de fuego, en tanto, iba a ser en 1997, pero entonces una tragedia hizo que de segundo pasara a ser el candidato principal y luego gobernador constitucional de la provincia. La historia posterior es conocida y hoy aquí volveremos a repasarla, pero con el propio Pedro Braillard Poccard, dirigente largamente resarcido después de las muchas tristezas del 99, dolores que postergaron incluso esta charla necesaria.

—La historia dice que la muerte de Rubén Darío Casco, ocurrida el 18 de septiembre de 1997, lo obligó a presentarse como candidato a gobernador por el Partido Nuevo, formando dupla con Víctor Hugo Maidana. ¿Cómo es eso según usted?

—Yo lo que recuerdo es que se hizo un pequeño intento para reformar la Constitución, pero no prosperó. El entonces gobernador (Tato Romero Feris) medía muy bien, tenía un alto nivel de aceptación y yo era ministro de Salud. Ingresé al gobierno propuesto por el Partido Liberal. Cuando no se pudo y no había reelección, se hizo una encuesta y las dos figuras que mejor medían eran Rubén Darío Casco y yo. Entonces, ahí se conformó la fórmula. Rubén Darío, en ese momento, era intendente de la Capital, pero además era amigo de Tato. Era una gran persona. Yo tengo el mejor recuerdo de él. Esa mañana estuvimos en Monte Caseros, habíamos ido con el gobernador a ver unas obras. Yo me vuelvo por un problema de salud de un familiar mío. Teníamos que ir con Rubén Darío hasta Paso de los Libres. Entonces quedamos y le digo: “Mirá, mañana nos encontramos”, porque estábamos haciendo campaña juntos. Bueno y cuando llego a Corrientes, me entero de la triste noticia del accidente de Rubén Darío, que terminó con su vida. Ahí se precipitan las cosas, y la estrategia que decide el partido en ese momento es correr la fórmula y completarla. Estábamos en plena campaña.

—¿Y cómo fue para usted ese cambio?

—Fue muy fuerte porque estaba haciendo campaña para vice y de golpe, soy proyectado a hacer campaña como candidato a gobernador. Había una mezcla de gran entusiasmo popular con una gran tristeza, porque Rubén Darío era una persona muy querida. Era una campaña con entusiasmo, pero triste a la vez. No es muy común eso.

—Después van a elecciones y la ganan en la primera vuelta.

—En ese momento recordemos que teníamos balotaje estricto: la mitad más uno. Recién con la reforma de 2007 se pone el balotaje a la usanza argentina que es 45% más uno. Yo llegué a…

—Porque ustedes sacaron 48 o 49%.

—Saqué el 49% y quien venía detrás de mí (Carlos Tomasella, del Pacto, con el 19,7%) decidió ir a la segunda vuelta. Era su derecho. Fuimos a la segunda vuelta y ahí sacamos un porcentaje cercano a 72.

—Fue de 70,3% contra 29,7%.

—Lo que pasa es que, con el sistema de renovación de la Legislatura, en el que el Senado se renueva por tercios y la Cámara de Diputados por mitades, ese triunfo nuestro no se vio reflejado en la presencia legislativa. Seguíamos teniendo una amplia minoría todavía en ambas Cámaras, que después se vio reflejado en muchas cosas.

—El 10 de diciembre de 1997, con 43 años, usted asumió como gobernador de la Provincia. ¿Qué experiencia le deja todo eso casi 25 años después?

—Primero que, más allá de que las cosas no terminaron bien, yo valoro demasiado el honor que la sociedad correntina me concedió de haber sido gobernador constitucional de la Provincia. Esa es un poco la máxima aspiración que tenemos todos políticos que como nosotros hace política local. Ha sido un honor muy grande para mí.

—La pregunta es ¿quiso ser gobernador?

—La verdad es que yo quería ser gobernador, pero no en esas circunstancias. Es decir, yo creo que esa fórmula que surge en el 97 fue la más natural. Yo siempre he hablado de las candidaturas naturales. Era natural, Rubén Darío, un hombre que medía muy bien, tenía el afecto de gran parte de la sociedad correntina y contaba con la confianza del presidente del partido de ese momento. Y yo medía bien, había sido un buen ministro de Salud. Entonces, era una fórmula muy bien armada. Pero ocurre la tragedia, una de esas cosas que uno ni se imagina que va a pasar. Ni siquiera hay tiempo para la reflexión, ocurre y nada más.

—¿Qué provincia encontró cuando asumió?

—Bueno, la provincia estaba muy endeudada. Una deuda que venía de mucho tiempo. No se olvide de que ya hubo un intento de hacer una reestructuración de la deuda, un empréstito de 105 millones de dólares que se iba a hacer con bancos argentinos y norteamericanos, pero fracasó por conflictos locales. Entonces, yo por eso lo planteé de entrada -en la Legislatura- que el compromiso más grande que teníamos era la refinanciación de la deuda. Sin refinanciación de la deuda no había posibilidades de salir adelante. Yo sabía que era cuestión de tiempo. El primer año nomás -si mal no recuerdo- me vencen 230 millones de dólares de ese momento, todo calzado con garantía de coparticipación que, obviamente, no era deuda mía. (…) Eso fue así, y después surge la deuda con garantía de coparticipación federal. Es como que a mí me tengan embargado el 100% del sueldo, para que se entienda. Entonces, ese dinero no entraba en la provincia, directamente era retenido. Imagínese eso en una provincia en la que -como en la mayoría de las provincias argentinas- el 80-85% de los recursos proviene de la coparticipación.

—¿Y los índices?…

—Al punto tal que yo tengo que recurrir a un crédito. Porque uno se hace cargo al 10 de diciembre y ¿qué tiene que pagar? Sueldo y aguinaldo. Entonces, no había recursos. Esa caída de empréstito fue muy fuerte para las finanzas provinciales. Entonces, yo hablo con un amigo que era presidente del Partido Liberal, Carlos Flores Durán, él gestiona y conseguimos un crédito del Scottish Bank Quilmes, que nos permite afrontar los primeros compromisos salariales y arrancar bien el gobierno. De ahí en más, comenzamos con la refinanciación de la deuda.

—¿Y la situación cómo era? Es decir, hay una cuestión electoral favorable, pero los índices no eran buenos…

—Bueno, la provincia tiene dos grandes problemas: en el 98 tuvimos una de las mayores inundaciones de la historia. Eso arranca en enero del 98 con la corriente de El Niño y llegamos a tener el 65% del territorio bajo agua. No era la inundación clásica del río que crece, sino de los ríos que estaban en alto nivel, sumado a una lluvia excepcional. Corrientes, que es una provincia llena de humedales, ríos y arroyos interiores, desbordó todo. Yo he sobrevolado muchas veces la provincia en ese tiempo y usted no veía el horizonte, era todo agua: 65% del territorio bajo agua. Imagine lo que eso significó para la estructura productiva, por ejemplo. Ese fue un problema adicional al de la deuda y el otro problema fue que Brasil devalúa. Este es un dato que muchas veces no se tiene en cuenta. Brasil, país con el que teníamos el acuerdo del Mercosur, devalúa de golpe su moneda y entonces, por ejemplo, el arroz que se vendía a Brasil a 28 centavos de dólar pasa a valer 8, de la noche a la mañana. Imagínese cómo impacta eso.

—Un cóctel explosivo, digamos.

—Y todavía no tenía, estaba empezando bien, ya desde hacía algunos años, la industria forestal, que es la gran posibilidad industrial de la provincia. Estaba ya en marcha y nosotros inauguramos la fábrica que está en Virasoro. Estaba muy avanzada la fábrica que está en Esquina, pero todavía estaba empezando eso. El turismo todavía no era lo que es. Por ejemplo, Carlos Pellegrini estaba con los primeros tres o cuatro emprendimientos de alojamiento y hoy es un panorama totalmente diferente, y así sucesivamente. Es decir, la estructura productiva de la provincia era todavía muy endeble, que es lo que pasa en la mayoría de las provincias argentinas y en el orden nacional también: el Estado es el componente central. Y ojo que yo soy defensor de la libre empresa de toda mi vida. Pero el Estado es el que brinda el componente para la estabilidad. Todo sistema político y económico necesita de un equilibrio determinado y el garante de ese equilibrio es el Estado, con las garantías que ofrece en las provincias con el tema salarial, que es fundamental; con el buen funcionamiento de los servicios; etc. Imagínese usted, con esta situación sanitarias que estamos viviendo, qué hubiese pasado en una provincia como la nuestra si el Estado no hubiese tomado la conducción de la pandemia.

—A toda esa cuestión económica, de la matriz productiva, los desastres naturales, se le sumó la inestabilidad política.

—No. Había un conflicto político que básicamente empieza dentro de los partidos provinciales. Esa es la verdad de las cosas. Ahí tenemos todos una cuota de responsabilidad y yo, sin duda, tengo la mía y me hago cargo.

—El Partido Autonomista, el Partido Liberal, el Partido Nuevo…

—Los partidos provinciales. El Partido Nuevo es hijo de aquellos partidos, si bien amplió mucho más su base. El Partido Nuevo tenía una base muy amplia al principio. Había gente no solamente de origen liberal y autonomista. Pero sí, la crisis empieza allí. Esto después desemboca en la intervención federal. Con la intervención federal viene todo un nuevo esquema partidario en la provincia con un radicalismo muy fortalecido; el peronismo, al principio, dividido, pero después unificado, y los partidos provinciales de los cuales quedan los partidos originales -digamos así-, después el Partido Nuevo y otros que decidimos fundar, como el Partido Popular en el año 2002.

—Si tuviera que elegir su obra de gobierno más importante, ¿cuál fue?

—En primer lugar, conseguimos la transferencia a la provincia de las ganancias de Salto Grande. Es decir, Corrientes cobra regalías por Yacyretá y por Salto Grande. Nosotros logramos que se les transfiera a las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones las ganancias de Salto Grande, en un fondo que beneficia a Monte Caseros y zonas de influencia, que es buen dinero que ingresa todos los meses. Hice una gran incursión en fortalecer la industria forestal. En ese contexto, logré dos cuestiones que para mí fueron muy importantes. Hice muy buena relación con varios embajadores. El embajador de Finlandia fue uno de ellos, a quien traje a Corrientes. Y de ahí se mandaron, primero una misión de dos funcionarios, dos subsecretarios, el de Producción y el de Planeamiento, que fueron a Finlandia. Fue una misión de 4 profesionales para formarse en manejo de fuego que es uno de los temas clave en la forestación. Mandamos también a Chile un grupo de más o menos 20 profesionales a especializarse en manejo de fuego y ellos luego venían a instruir acá a otros profesionales. Lo de Finlandia fue muy importante. Hice una gran amistad también, en su momento, con el Embajador de la República Popular China, que me había armado todo un esquema de visita a China con posibilidades de negocios para la provincia. Bueno, todo eso quedó sin efecto. El embajador me dijo: “Mire que le he armado una gira espectacular”, y le dije: “Embajador, el conflicto político no me permite salir de la provincia”. Una lástima porque Corrientes se hubiera adelantado, ya que hoy el mercado chino es un gran comprador nuestro de un montón de cosas. Nos hubiésemos adelantado varios años. Y así sucesivamente hay varias cosas que se pueden exhibir en menos de un año y medio de gobierno.

—¿Cuál fue la gestión que hizo y de la que después se arrepintió?

—De lo que se hizo no me arrepiento de nada, porque creo que todo lo que se logró, por ejemplo, todas las obras -en eso debo reconocer al entonces presidente Carlos Menem que apoyó mucho a la provincia-; las obras de reconstrucción. Acá se cayeron puentes, se rompieron rutas y la obra de reconstrucción fue muy buena. Lo mismo que un crédito de 26 millones de dólares a través del Bise, que se volcó totalmente a la reconstrucción del sector productivo. No tengo nada de lo que me haya arrepentido de lo que se haya hecho.

—¿Y lo que pudiendo hacer no hizo?

—Y bueno, trabajamos mucho en lo que era la instalación de una fábrica de papel en la provincia. Había dos o tres proyectos dando vueltas. En esa época es cuando se hace la enorme forestación de la zona de Santo Tomé. Empresas chilenas compran tierras y plantan 60.000 hectáreas de pino en dos o tres años. Era interesante ver las técnicas europeas de plantación que tenían. Eso apuntaba a la instalación de una fábrica que hasta hoy Corrientes no pudo lograr. Atraer esa inversión, pero bueno eso requiere de muchos años de continuidad. Es decir, el conflicto político terminó complicando mucho las cosas.

—El Vasco Schaerer fue su ministro más cuestionado.

—Sí, fue cuestionado. Pero yo voy a decir una sola cosa porque tampoco me gusta… No sé cuál es el término… De las causas penales, no hay ninguna de la gestión de él como ministro. Lo que también habla de mi gobierno.

—¿Por qué usted cree que no logró la refinanciación que le hubiese permitido seguir adelante con su mandato?

—Todo estaba relacionado con el conflicto político. Mire, el otro día cuando estuvimos los presidentes de partidos en el lanzamiento de la campaña de la reelección del gobernador Valdés, yo comenté un episodio que me tocó en los años en que estuve un poco fuera de toda función. Me entrevistó una tesista norteamericana, que estaba haciendo una tesis de posgrado. Me hizo una larga entrevista y me preguntó: “¿Cuál fue su principal problema?”. El conflicto político, respondí. Creo que estábamos todavía en época de intervención federal. No es casual que esta provincia haya tenido dos intervenciones federales y de dos signos políticos diferentes (en menos de una década). El gran mérito del espacio político que viene desde el 2001 en adelante, es haber logrado la paz social.

—Y la estabilidad política.

—La estabilidad política es la consecuencia inmediata de la paz social. O la estabilidad política es lo que posibilita la paz social, como usted lo quiera poner.

—Doctor, estamos en el 19 de junio de 1999. La Cámara de Diputados lo suspende en sus funciones y lo somete a juicio político. Si bien salvaguarda su persona, lo acusan de falta de conducción, lo que llevó a delegar el mando del gobierno en el jefe de su partido. El 2 de julio suspenden también al vicegobernador Maidana, que estaba en ejercicio. A Maidana se le hacen otras demandas, como abuso de autoridad y bicefalia de poder, así como privilegiar intereses partidarios a los de la provincia. Y el 3 de diciembre del 99, con el voto de los dos tercios del Senado, lo destituyen a usted y a Maidana por mal desempeño. ¿Qué le genera todo esto?

—Son experiencias que obviamente uno hubiese deseado no haberlas vivido, pero bueno, es parte de la vida. Cuando finalmente se produce mi destitución en el mes de diciembre -yo estuve 6 meses suspendido- me quedaban dos caminos: retirarme y dedicarme a otra cosa. He incursionado en la vida en otras cosas y no me fue mal. Pero la política es lo mío, toda mi vida está ordenada en torno a la política, hasta la cátedra que tengo en la facultad es Derecho Político. Yo me formé para esto, así como hay profesionales que se forman para otra cosa. Y así decidimos empezar de nuevo. Y digo decidimos, porque fue con un grupo de amigos que me acompañaron en los momentos difíciles a los que valoro y aprecio mucho. (En esto hubo) un componente fundamental, que es dejar atrás todo tipo de rencor o de enojo, y eso se logra con un ejercicio mental muy sencillo: “Yo también tuve mi parte de responsabilidad”. Entonces, uno empieza de nuevo y se pone a consideración de la sociedad y la sociedad es la que tiene la última palabra.

—¿Y cuál fue su responsabilidad?

—Yo creo que por el hecho de los cargos que ocupé, pude haber hecho más. Si bien siempre intenté. Pero evidentemente no se logró el objetivo de pacificar los ánimos.

—¿Qué fue el 99 para usted?

—El 99 fue un quiebre porque los partidos provinciales, que eran los triunfadores de elecciones desde el 83 en adelante, no lo fueron más. No lo fuimos más. Formamos diferentes alianzas, pero el protagonismo pasó a otros. Fue un momento importante en la vida de la provincia.

—¿Fue un error también? ¿Ahí se evidencia un error político, o de cálculo?

—¿Sabe qué es lo que pasa? Cuando los ánimos están tan caldeados, no hay margen para pensar muchas veces, y es un error. Debiera haber un momento de enfriar la cabeza, evaluar y pensar qué puede pasar. Yo por lo menos tengo la enorme tranquilidad de que cuando hubo protesta contra mi gobierno, respeté la protesta. No molesté a nadie. No tuve ningún episodio violento. Las cosas que ocurrieron fueron después de que yo estaba destituido. Pero en todo este proceso histórico todos tenemos una cuota aparte. Entonces yo dije, yo vuelvo a la política. Estuve prácticamente 6 años afuera. Pero en realidad vuelvo cuando decidimos fundar el Partido Popular y después queda a consideración de la gente. Y la verdad es que digo con satisfacción que ocupé cuatro cargos electivos desde ahí en adelante: fui diputado provincial; fui convencional constituyente, vicegobernador de la Provincia y senador nacional. (Ahora nuevamente es candidato a vicegobernador en fórmula con el gobernador en ejercicio, Gustavo Valdés). Y en el 2013 me tocó un papel importante como candidato a intendente de la Capital en uno de los distritos más difíciles de la provincia en ese momento (fue derrotado por Fabián Ríos).

—Usted de todas maneras dijo algo en declaraciones a lo largo del tiempo: que el 99 fue un golpe institucional. Pero, además, que faltó informar a la gente sobre la verdadera situación de la provincia y que eso hubiese generado…

—Sí, no sé. Se intentó informar. Lo que pasa es que, y en esto quiero ser muy claro: yo no he intentado informar para echar culpas. Yo intentaba informar para decir este es el camino que necesitamos. Eso también por ahí es un problema que está presente en muchos momentos de la historia argentina. La crisis de 2001-2002, que tiene un origen económico, empieza desde el vamos con un esquema de convertibilidad que estaba agotado y quien asume la presidencia no explicó a lo mejor debidamente que era un esquema agotado de hacía dos o tres años. Eso pasa muchas veces en la sociedad argentina.

—¿Por qué calló tanto tiempo este tema?

—Yo le cuento una cosa: a mí me costó mucho tiempo volver a leer mis archivos y cosas, porque fue una cuestión muy fuerte. Aparte yo necesitaba también, la sociedad necesitaba su propio juicio con respecto a mi. No se olvide que no fueron fáciles las cosas. Y bueno, la gente vio que yo salí del gobierno habiendo sido gobernador, ministro y tenía mucho menos de lo que tenía cuando empecé y que vivo de mi trabajo. Eso también es importante, pero la sociedad tenía que hacer su propio juicio. Ojo que eso puede significar que me digan: no, no te renovamos el crédito. En parte, un sector de la sociedad me lo ha renovado. Por eso, mi máximo orgullo es que ando por la calle con total tranquilidad, la gente me saluda o no, pero hay un sector de la sociedad que sabe que yo nunca me quedé con lo que no me corresponde y eso es algo que yo cuido y valoro mucho. Había que dar tiempo, por eso al principio yo me llamé a silencio. Hay que dejar que la gente haga su propia elaboración.

—¿En qué cree que se equivocó?

—No sé. Yo siempre dije que no es cuestión de… porque con el diario del día siguiente todos somos… No sé, la verdad es que eso tiene que juzgar la sociedad.

—¿Y si usted tuviera que definir su gestión de gobierno, con qué calificativo lo definiría?

—Yo hice el intento. Yo le hablé a la gente con la verdad e hice todo el intento que había que hacer en un contexto muy difícil.

—Usted dijo que a sus hijos le deja el apellido. ¿Y a la comunidad?

—No sé, eso tiene que juzgar la gente. Yo la satisfacción que tengo todavía es que habiendo pasado años en función ejecutiva, todavía me encuentro con mucha gente que me dice: “Usted me dio una mano con tal tema, en tal otro…”. Yo siempre traté de hacer tres cosas cuando estuve en función pública: atender a la gente, lo que es un problema, porque a veces no da una solución y se genera un enojo. Pero también da muchas soluciones y además escucha. La gente necesita que se la escuche. Yo siempre digo que cuando uno escucha a la gente ya le está solucionando en algo su problema. Segundo, la cuestión ética que ya la dijimos. Y tercero, difundir las ideas en las que creo.

—¿Cómo quiere ser recordado?

—Como un ciudadano decente que ocupó algunos cargos públicos.

 

“El poder para mí fue una carga, porque había un problema político no resuelto”

 

—¿Cómo ejerció el poder usted? ¿Con gusto o con padecimiento?

—Cuando uno sabe que tiene un problema grande por delante, es muy relativo lo que puede hacer. Es decir, para mí siempre fue una carga porque yo sabía que había un problema que no estaba resuelto.

—¿Qué le pasa cuando escucha o escuchaba que decían que Tato gobernaba por usted?

—Sin duda que no era bueno y no era agradable de ninguna manera. Pero yo tenía la tranquilidad de que hacía todo el esfuerzo que podía. Es decir, toda la tarea de intentar renegociar la deuda -que era el tema central- la hice yo.

—¿Tato se metía mucho?

—No, en ese tema no. Esa tarea la hice yo y la hizo una persona con quien al principio no fue fácil la relación y que después fue muy buena. Creo que fue en su momento una gran funcionaria: la ministra de Hacienda, Zunilda Míguez, ya fallecida. (…) Lamentablemente, eran dos cosas, conseguir la oferta y conseguir la aprobación legislativa. Los bancos decían: “Tráigame primero la aprobación legislativa, porque sabemos que ustedes tienen conflictos”. Era un tema muy complicado. Estructurar una refinanciación de deuda no es una cuestión sencilla ni menor.

—Usted dijo que trabajó el tema del rencor. ¿No tiene rencor con nadie?

—No, así es.

—¿Y con Tato Romero Feris?

—Con Tato tampoco.

—¿Y tiene relación con él?

—Lo veo muy poco. Esa es la verdad.

—¿No hablan tampoco?

—He hablado algunas veces con él y si se dieran las cosas, me agradaría mucho conversar. Pero no se da. Si bien estamos compartiendo ahora el mismo espacio político, en algunos lugares nosotros respaldamos a algunos intendentes que son del Partido Nuevo, pero no se dan las cosas.

—¿Cómo manejó la violencia, con las protestas, por ejemplo?

—Yo la respeté porque sabía que había una causa. Más allá de que podían haber existido intereses políticos había una causa central que era una demora en el cronograma salarial. No fue la primera vez desde el 83 en adelante, pero eso dejémoslo ahí.

—¿Cómo fue su relación con los gremios?

—Yo siempre respeté al gremialismo. Si bien es cierto que quienes pidieron mi juicio político fueron sectores gremiales docentes, no fueron todos los gremios. Yo los respeté como liberal que soy porque entiendo que son un factor de equilibrio en las relaciones laborales que existen en la sociedad.

—¿Y su relación con la Iglesia?

—Buena. Yo siempre he tratado de tener la mejor relación.

—¿Y qué rol tuvo monseñor Domingo Salvador Castagna en el 99?

—Eso habría que preguntarle a él.

—¿Cómo está usted con él?

—Yo, bien, muy bien. Teníamos mucho dialogo en ese tiempo y, es más, ofreció el ámbito de discusión en la Iglesia. Él lo dijo en ese momento: “Ustedes son los que se tienen que poner de acuerdo”. Y tenía razón. Mantuvimos siempre una excelente relación. Es cierto sí también que hubo algunos importantes representantes de la Iglesia que tuvieron mucho protagonismo en ese tiempo, como el padre (Jorge) Scaramellini.

 

“En su momento pude haber decepcionado a algún sector, pero nunca traicioné a nadie”

 

—¿Cómo se lleva con la crítica?

—Bien. Soy ser humano, pero la recibo y la escucho.

—¿Pero en algún momento le resultó difícil recibir críticas?

—Obvio, a nadie le gusta. Con las únicas críticas que respondo son las que incursionan con lo que es mi vida en la ética y la transparencia porque eso no es patrimonio mío, es patrimonio de mis hijos y es patrimonio de mis padres. Cuando me vaya de este mundo no creo que les deje un gran patrimonio, pero quiero dejarles un nombre y una trayectoria.

—¿Cuál fue su relación con la prensa?

—Creo que nadie puede decir que yo ejercí presión o algo. Nadie. O si no invito a que me digan por si pasó desapercibido. Yo he sido un gran respetuoso de la libertad de prensa.

—¿Por qué los gobernantes tienen inclinación por el pensamiento único?

—No creo que sea así. Eso tiene ver más que con la condición de gobernante, con la modalidad de cada uno. Pero la pluralidad es la base de la democracia. Hay una frase de uno de los politólogos más grandes del mundo, Giovanni Sartoti: “La democracia es el equilibrio permanente”. Usted no tiene equilibrio entre opiniones unánimes. Y el que no entiende eso es porque no comprende las reglas básicas de la democracia.

—¿Siente que traicionó a alguien?

—No. Me queda la carga emocional de que en su momento pude haber decepcionado a algún sector, pero nunca traicioné a nadie.

—¿Y se sintió traicionado por alguien?

—No, eso no.

 

Notas al margen

* El jueves 18 de septiembre de 1997, a 17 días de las elecciones del 5 de octubre, murió a los 41 años Rubén Darío Casco, cerca de Monte Caseros. Se declara duelo provincial. Era intendente de Capital. A Casco lo sucedió Agustín Jorge Collantes en la intendencia y Braillard Poccard en la cabeza de la lista del Panu.
* El domingo 21 de septiembre se proclama la nueva fórmula. “No estoy feliz, asumo con honor reemplazar a un hombre irremplazable”, dijo Braillard. Víctor Maidana sería su vice. Era fiscal de Estado.
* El miércoles 10 de diciembre de 1997 juró cómo gobernador. Aseguró la continuidad de la filosofía del gobierno anterior.

* El viernes 1 de mayo de 1998 ante la Asamblea Legislativa, Braillard habló de un déficit de 80 millones de pesos, y de la readecuación de tareas para ayudar a los damnificados de las inundaciones. Los daños no se terminan de cuantificar, dijo, pues hubo afectación de mucha infraestructura. Habló de las ayudas y de las gestiones con organismos de crédito para socorrer a los damnificados. “Las aguas no bajan con los discursos, criticó, al tiempo que pidió acompañamiento a los legisladores.

* El sábado 1 de mayo de 1999 llamó a respetar el diálogo y el disenso. Admitió el dolor que sufre el cuerpo social correntino, y en ese marco exhortó a superar los problemas entre todos para resolver la cuestión financiera. Habló de una ayuda extra de Nación para pagar los sueldos y descartó una intervención federal. Una semana antes, 15 mil personas salieron a las calles a reclamar por el pago de sus salarios, con apoyo expreso de la iglesia. Fue su último mensaje ante la Asamblea Legislativa.

* El miércoles 12 de mayo de 1999, tres gremios docentes pidieron el juicio político contra el gobernador. Las protestas ganaron las calles y el puente General Belgrano.

* El 7 de junio de 1999 se instaló la llamada “Plaza de la Dignidad”

* El sábado 19 de junio de 1999 fue suspendido el gobernador. También se inició el trámite para intervenir el municipio a cargo de “Tato” Romero Feris. Maidana quedó al frente del ejecutivo.

* El viernes 3 de diciembre de 1999 destituyeron a Braillard y a Maidana. Jorge Abib fue el voto clave.

* El viernes 10 de diciembre asumió Fernando de la Rúa com presidente de la Nación.

* El lunes 13 de diciembre, Carlos Tomasella es elegido vicepresidente del senado. Hugo Perié no lo reconoce y sigue al frente del llamado “Gobierno de Coalición”. El puente se convirtió en un polvorín.

* El miércoles 15 de diciembre De la Rúa decretó la intervención que luego fue refrendada por el Congreso. El jueves 16 nombró interventor a Ramón Mestre. El viernes 17 se produjo la feroz represión en el puente.

Raúl Rolando “Tato” Romero Feris: “Me equivoqué en confrontar tanto, pero en aquel momento fue una necesidad”

Esta entrevista esperó mucho tiempo, hasta que sucedió el 31 de mayo en una oficina de la avenida 3 de Abril. Escuchar a “Tato” fue y es una necesidad periodística, entre otras cosas, porque es preciso comprender la historia reciente de Corrientes. Con esa idea se concebió este ciclo y con ese espíritu hoy editamos esta charla, como un aporte para el trabajo que otros puedan hacer después, o como un punto de partida para desentrañar los muchos procesos que vivió la provincia desde el inicio mismo de la década del 90 hasta el año 2001. He aquí el corazón de la entrevista con Raúl Rolando Romero Feris, el jefe nuevista, el último caudillo de a caballo, botas y sombrero de corcho.

 

—¿Cómo llega a ser gobernador?

—Creo que fue una gestión de intendente bastante exitosa. Está mal que yo lo diga, pero creo que fueron las razones por las cuales me ofrecieron la posibilidad de ser candidato. Casi me exigieron la situación de ser candidato.

—Pero conociéndolo, me parece que también hubo una decisión.

—Sí, por supuesto que hubo una decisión. Pero debo decirte que yo ya no quería seguir en el tema político porque en verdad se abandonan las cosas particulares. Pero fue una exigencia… no puedo decir forzada. Fue un pedido del Pacto en su momento. Porque vos sabés que el Pacto venía un poco barranca abajo.

—¿Cómo encontró la provincia cuando asumió el poder?

—Mirá, cuando asume el poder “Pocho” (Romero Feris, su hermano mayor), en el año 83, después del gobierno de (Juan Alberto) Pita, yo te diría que la provincia estaba ordenada. Después de (Ricardo Guillermo) Leconte entró en una situación institucional complicadísima, así que tuve una provincia muy desordenada. Política, institucional y económicamente. Una provincia que había malvendido su banco y algunas dependencias del Estado.

—¿Cómo definiría su gobierno?

—Estuvo la imposibilidad de una reelección en aquel momento, porque no pudimos reformar la Constitución, aunque lo buscamos. Yo ya tenía algunos conflictos con el Pacto y ya había nacido el Partido Nuevo. Yo creo que hubo una expresión de la gente en el voto. Ahí hubo una valorización. Es como que se estableció del 1 al 10 el valor de un gobierno, y yo creo que la gente en eso se expresó cuando hubo un 70% de voto favorable. Fue una expresión no al que venía, sino al que se iba. Con eso creo que te respondo… Pero hicimos un gobierno que construyó 24.000 viviendas en 4 años; 5 o 6 hospitales, entre ellos, el Pediátrico, el Instituto de Cardiología; 30 escuelas en todo el interior de la provincia. Electrificamos zonas rurales. Marcó, de alguna manera, una forma de gestionar el gobierno provincial.

—¿Cuál cree que fue su mayor acierto y en todo caso su mayor equivocación?

—Creo que fue la Salud Pública, donde pudimos generar una administración centralizada, pero una atención descentralizada. Nosotros a los hospitales del interior le dimos muchísimo. Se operaba en los hospitales; había cirugía, no había derivaciones a la Capital. La construcción del Hospital Pediátrico creo que marcó una etapa de reconocimiento a la Salud Pública, fundamentalmente en los niños. La construcción de viviendas creo que fue otro acierto. Y si tengo que analizar desaciertos, te diría que fuimos muy confrontativos y eso… Pero fuimos confrontativos para generar cambios que por ahí las cúpulas políticas y empresarias no lo entendieron.

—¿Evolucionaron o involucionaron los índices socioeconómicos más importantes después de su gobierno?

—Evolucionaron. La mortalidad infantil, por ejemplo.

—¿Cómo fue su relación con los intendentes?

—Yo privilegié mucho el trabajo de los intendentes porque es una manera de descentralizar actividades que por ahí no tiene por qué manejarlas el gobierno. Tuve muy buena relación con los intendentes, como fue el caso de Ricardo Colombi, de Mercedes.

—¿Y por qué cree que históricamente fue difícil la relación del gobernador con el intendente de Capital?

—Yo creo que por ahí se generan a lo mejor situaciones de celos…

—¿Celos? ¿por qué?

—Me río y te reís… Sí, claro. Porque el intendente puede hacer mejores cosas que el gobernador. O viceversa.

—Usted me dijo alguna vez que cuando asumió como gobernador, no quería ser uno más.

—Bajo ningún concepto. Yo quería marcar diferencias que me parecía que era lo que correspondía desde el punto de vista político. Pero debo reconocer algo, tal vez yo fui muy inocente en el manejo político porque me ungieron candidato a gobernador. Fui gobernador, pero me pusieron la Legislatura con gente que yo no podía manejar. Es decir, me controlaron desde la Legislatura o pretendieron controlarme y ahí vino el conflicto.

—Lejos del conflicto, muy parecido a lo que amagó a pasar acá…

—Sí. Pero yo creo que a nivel provincial en este aspecto Gustavo Valdés fue más inteligente que Colombi. Porque Colombi yo creo que lo puso para que dure 4 años y después que deje, como diciendo “cuidame el sillón que ya vuelvo”.

—Pero eso no pasó.

—No pasó.

—Entonces, en 1996 se crea el Partido Nuevo. ¿Qué fue o qué es el Panu?

—El Partido Nuevo nace porque no hubo entendimiento con el Partido Autonomista. Porque en su momento la propuesta que yo había hecho era armar un frente de tres partidos: liberales, autonomistas, más los que quisieran sumarse y el Panu. Con lo cual, en vez de ser un 50 y 50, hubiera sido un 33% para cada partido. Esto no se entendió en la mecánica y primó más el concepto de sacarme del medio que el de poder seguir estando en el gobierno. Y esto es lo que hizo que perdiera el Pacto. Nos tumbaron a nosotros. Vino el golpe del 99, institucional y, a partir de ahí, el Pacto desapareció. Ahí se terminó el Pacto.

—¿Fue positivo crear el Partido Nuevo?

—Yo creo que fue positivo, se diversificó un poco el escenario político. Y creo que nosotros podíamos seguir gobernando si no hubiera sido por el 99. El 99 ocurre, precisamente, porque me querían sacar del medio y ahí hubo acuerdo entre peronistas, radicales, autonomistas y liberales.

—El candidato a gobernador del 97 era Rubén Darío Casco. Pero muere en septiembre, en plena campaña electoral. Ahí sube la fórmula y queda Pedro Braillard. ¿Usted cree que con Casco hubiera sido distinto?

Absolutamente distinto. Primero, porque lo conocían mucho más a Casco. Aparte era un muchacho que dentro de su manera de ser tenía personalidad y mucha fuerza. Es decir, creo que nunca le hubiera pasado lo que le pasó a Pedro. Yo creo que en el caso de Pedro hubo debilidad en el accionar en cuanto a… Nosotros sabíamos cómo empezó a formarse la plaza. La plaza se formó con dos colectivos que llegaron de Buenos Aires con gente del Grupo Tacuara y del Grupo Quebracho. Se juntaron ahí y ese fue el inicio. Empezó toda una campaña muy dura y difícil. Empezaron a retacear el dinero de la coparticipación a las provincias. Braillard no pudo pagar los sueldos durante dos meses y ahí vino todo el problema. Pero no tuvo el valor, no tuvo la… (Pedro) se ponía la Constitución bajo el brazo y decía: “Acá no puede haber represión”. Y el jefe de Policía nos había advertido que llegaron grupos extraños de afuera de la provincia con la intención de armar la plaza y así fue. No cuestiono a la gente que fue. Ojo. Pero yo he tenido llamados después de muchísima gente diciéndome: “Estoy arrepentido de haber participado en la plaza”.

—Pero más allá de la incitación, en algún momento hubo cosas muy genuinas ahí. La provincia estaba mal.

—Sí, la provincia estaba mal. Coincido. Yo pagué los sueldos hasta el 10 de diciembre que me fui. Después se pagó hasta enero y febrero, y después ya vino el problema de la coparticipación.

—Desde el punto de vista político ese quiebre, ese 99, esa implosión del Pacto, el golpe de Estado que usted dice, desde el punto de vista cronológico…

—¿Vos no coincidís conmigo en que fue un golpe de Estado?

—No, eso lo dice usted.

—Quiero aclararlo, porque si no parece que estamos inventando una leyenda y no es así. El golpe fue institucional. Incluso, antes, pidieron algunas cosas que se concedieron. Después pidieron la renuncia de ministros. Y yo defendí mi gabinete siempre porque me parece que quienes estaban en ese momento en el gabinete eran personas probadas, que había probado en mi gobierno y que seguían en este. Fue un golpe de Estado, institucional, porque vos sabés que obligaron a punta de pistola a algunos legisladores a ingresar a la Legislatura, por lo menos para dar quorum. Hubo mucha plata de por medio, no desde el Gobierno, sino desde la oposición hacia legisladores. Y presiones familiares, incluso, a algunos legisladores. Esto lo tenemos probado, igual que la elección del 2001 que fue robada también.

—¿Colombi es la consecuencia de la crisis del 99 o de qué?

—De Ramón Mestre (interventor federal).

—¿Por qué?

—Porque Mestre viene a la provincia decidido a terminar conmigo y el Partido Nuevo, después de la Coalición. La Coalición que fue desastrosa. La Coalición recibió dinero y tampoco pagó los sueldos. El dinero desapareció, 90 millones de pesos-dólares en aquel momento. No pagaron los sueldos, se tuvieron que ir. Vino Mestre decidido a terminar con el Partido Nuevo. Se hace la elección 2001. Yo estaba detenido en la Gendarmería. Esa elección la gané en primera vuelta, sobradamente.

—Preso, incluso.

—Preso. Fue realmente toda una odisea ganar una elección en esas condiciones. La segunda vuelta la dieron vuelta y si vos mirás los padrones, votó casi el 90% de la ciudadanía, cosa que nunca en la historia se dio.

—¿Cree que amañaron esa elección?

—Sí, sí. Es más, nosotros denunciamos esto y denunciamos con elementos probatorios. Pero en aquel momento, el Superior Tribunal estaba armado por Mestre. La Junta Electoral era el Superior Tribunal, o sea que nosotros sabíamos que íbamos al fracaso.

—¿Y después Ricardo Colombi se convirtió en la personalización de la persecución o él también pensaba cosas de usted y accionaba en consecuencia?

—Mirá, Colombi fue “amigo”. El fue uno de los intendentes más favorecidos durante mi gestión como gobernador. Yo creo que empezó bien y después lo fueron llenando. Creo que después lo fueron cargando, se dejó cargar o le gustó que lo carguen de cosas. Y entró a manejar la Justicia. Vos recordarás que después del 99, por televisión, se amenazaba a los jueces. Había un programa muy pagado por el Estado, en la época de la Coalición, que inducía a los jueces prácticamente a renunciar. En ese momento, hubo un alineamiento judicial. A mí me pusieron un juez puntualmente para mis causas, cosa que no se debe hacer. Eso es ilegal, pero lo hicieron. Historias que no quiero repetir porque están muy gastadas. Para mí el broche de oro de todo esto es el fallo de la Corte Interamericana. El fallo de la Corte Interamericana termina con esto.

—Bueno, pero la diferencia con Colombi era fuerte. ¿Se llegaron a odiar en algún momento?

—No, yo no odio a nadie. El odio está fuera de mi manera de pensar y de sentir. Si yo odiara, después de todo lo que pasé, hubiera salido con una ametralladora a matar a unos cuantos.

—Pero hubo un largo tiempo de muchas diferencias con Colombi.

—Primero hubo un acuerdo porque trabajamos, nosotros acompañamos electoralmente en algún momento. (Pero) Colombi maneja mucho la mentira en la política, no sé en la vida particular, no lo conozco. Pero en política no es confiable. Y lo mejor que puede haber en la política es la confianza. Si no hablamos claramente y no decimos las cosas como corresponde, creo que es un camino errado.

—Se habló en algún momento de que usted planteó un esquema de amnistía a cambio de la reelección de Colombi.

—No. Es más, te voy a decir algo y voy a usar la frase que usé en aquel momento. Cuando Colombi fue candidato en el 2001, Mestre se ve que miró las encuestas y se dio cuenta de cómo venía la mano, entonces mandó un emisario a decirme que “si yo levantaba mi candidatura, al otro día estaba en libertad”. Y le dije así, perdón al público: “Decile a Mestre que se vaya a la puta que lo parió”.

—¿Considera que ya se terminó la persecución hacia usted?

—No. Aún no y realmente no entiendo. Yo considero que todavía hay persecución. Y yo lo único que pido y que pretendo es participar en el libre juego de la democracia que es aceptar la voluntad popular. Yo no estoy pidiendo que me pongan en la Municipalidad o que me pongan en la Gobernación. Estoy diciendo que dejen que la gente me vote si me quiere y si no me quiere, que no me vote. Me estoy queriendo someter de nuevo. Y hasta este momento, a pesar del fallo de la Corte, la Justicia Federal no me dio la derecha. Y yo estoy fuera del padrón desde 2005 y tengo rehabilitada mi actividad civil, mi actividad empresaria, todo rehabilitado y no me rehabilitan políticamente cuando eso me corresponde.

—¿La Justicia está manejada por la política?

—Totalmente. Fundamentalmente, la Justicia Penal desde el Superior Tribunal. Creo que tenemos el peor Superior Tribunal de toda la historia de Corrientes. Gente sin capacidad, con mucho rencor, con mucho odio.

—Si usted dice que la política maneja la Justicia, ¿usted también manejó a los jueces?

—No.

—¿Cómo fue su relación con la Iglesia?

—Buenísima.

—¿Con monseñor Castagna?

—Con Castagna… A ver, yo creo que él fue parte de este proceso del 99. Yo creo que a Castagna lo cargaron mucho. Yo hablé con él antes del 99, antes del golpe, le expliqué cuál era la razón. Y yo sé que él fue actor de esto. Nunca más hablé con él.

—¿Es verdad que en su gobierno había listas negras de periodistas?

—No, jamás. Nunca, al contrario, yo podía estar mal con los medios, pero no podía estar mal con los periodistas. Siempre tuve buena relación con el periodismo. La prueba está en que yo voy a cualquier lugar del interior y las radios a mí me reciben, me llaman.

—Usted tenía medios y programas en su gobierno. Fue muy famoso el “Noti Tato”.

—El “Noti Tato”, que tanto criticaron, y hoy… ¡por Dios! Al otro día que yo me fui del gobierno, por supuesto, ya no tuve lugar en Canal 13. Me pedían el cheque antes para tener un aviso, etc., etc. Yo no tengo pelos en la lengua para decir lo que pienso porque, gracias a Dios, nadie me puede reprochar nada. Tengo la tranquilidad de conciencia de haber actuado como corresponde.

—¿Le hicieron alguna vez el “Diario de Yrigoyen”?

—No. Perdón, hay que ser muy boludo para que te hagan el “Diario de Yrigoyen”.

—¿Por qué cree que los gobernantes, en general, tienen cierta inclinación hacia el pensamiento único?

—No sé. Yo creo que depende de la impronta y de la personalidad de cada uno. Algunos que se creen emperadores y otros que son conscientes de que son gobernadores y que duran 4 años, y que llegado el momento la gente los premia o los castiga.

—¿Cómo se lleva con la crítica?

—No me gusta la crítica. No me gusta como a cualquiera, no me gusta. Pero si es razonable, hay que aceptarla.

—¿Cómo es el correntino?

—El correntino es un tipo aguerrido. Yo me considero un tipo aguerrido. Mirá que ha tenido que soportar cosas esta provincia. La pobreza que tenemos hoy en Corrientes. Bueno, hablemos del norte: del Chaco, Formosa, Misiones. Y el correntino se las banca.

—¿Y por qué cree que históricamente esta es una región pobre y no podemos abandonar esa condición?

—Porque yo creo que no se ha peleado suficientemente por la provincia. Por eso cuando te digo que yo traté de ser un gobernador diferente, peleé cosas. Si hubiéramos tenido una continuidad hubiera estado el segundo puente, como estuvo el puente Santo Tomé-São Borja. El complejo multimodal de cargas entre Chaco y Corrientes. Hubiéramos tenido funcionando el corredor bioceánico. La fábrica de Toyota acá, en vez de estar en Buenos Aires. Se hubiera construido el gran hospital que soñamos para Corrientes, amén del Hospital Pediátrico, amén del Instituto de Cardiología. A Corrientes hoy no le alcanzan los hospitales que tiene.

—¿Qué no haría de volver a gobernar?

—Capaz que no confrontar tanto. Pero la confrontación en aquel momento fue una necesidad.

—¿En qué se equivocó?

—En confiar demasiado. Confié demasiado, sobre todo en las cúpulas políticas.

—¿Traicionó a alguien?

—No, nunca.

—¿Se sintió traicionado por alguien?

—Sí, varias veces.

—¿Qué es la política para usted?

—Actitud de servicio.

—¿Le dio amigos?

—Sí, muchos amigos.

—¿Y enemigos?

—Los de siempre: las cúpulas.

—¿Cumplió sus expectativas o le faltó tiempo?

—Me faltó tiempo. Es decir, nosotros teníamos un plan de gobierno mucho más ambicioso, por supuesto, pero estoy satisfecho con las cosas que pudimos hacer.

—¿Qué cree que le dejó a sus hijos?

—Les dejé espíritu de lucha, integridad moral. Mucha integridad moral porque vieron lo que pasamos, y siempre confiaron en el padre. Les dejo una escuela de trabajo.

—¿Y a la comunidad?

—El amor que siento por la comunidad, por la gente. Yo verdaderamente tengo sentimientos hacia la gente. Me duele el dolor de la gente.

—¿Se arrepiente de algo?

—Yo en mi actividad privada siempre actué con absoluta responsabilidad. No tengo muchas cosas de qué arrepentirme. Nunca fallé a nadie. Nunca traicioné a nadie. No sé, tal vez si me pongo a pensar un poco más detalladamente y me das un poco más de tiempo, me puedo acordar (risas).

—¿Cómo quiere ser recordado, “Tato”?

—Como creo que me están recordando hoy. Yo puedo salir a la calle con vos e ir a pasear por Junín y encuentro afecto en la gente. Siempre encuentro afecto en la gente.

 

LA CRISIS POLÍTICA Y SOCIAL MÁS GRANDE DESDE 1983
“El ’99 fue un golpe de Estado orquestado por las cúpulas políticas porque nosotros pateamos muchos tableros”

—¿Qué fue el 99?

—Fue un golpe de Estado.

—¿De quién?

—De las cúpulas políticas hacia un gobierno constitucional y elegido.

—¿De qué cúpulas políticas?

—Radicales, peronistas, liberales, autonomistas. Ahí participaron, tal vez no como instituciones sino con los representantes legislativos que tenían.

—¿Querían echar del gobierno a Pedro Braillard o a usted?

—A mí, obviamente.

—¿Por qué?

—Porque Pedro Braillard venía del Partido Nuevo. En realidad, él venía del Partido Liberal. Vino al Partido Nuevo y después armó la propia. Pero bueno, el tema era sacarme a mí del esquema de gobierno.

—¿Por qué?

—Porque no les gustaba mi manera de gobernar. Era lógico.

—Pero usted era intendente.

—Sí, era intendente. Pero tenía la fuerza del Partido Nuevo, que era arrolladora desde el punto de vista político.

—En realidad lo que decían era que usted gobernaba desde la Intendencia.

—No. Yo gobernaba el Municipio y, por supuesto, a quien me tocó elegir como candidato a gobernador, juntamente con el partido, aconsejábamos como es lógico. Participábamos en reuniones donde se resolvían temas que eran de fondo, importantes. Pero en realidad, el 99 fue un golpe de Estado, perfectamente orquestado, trabajado previamente con una prensa muy volcada en contra. ¿Sabés qué pasa? Nosotros pateamos muchos tableros. Terminamos con muchos negocios: en la construcción, en Vialidad, en Lotería, en Invico. Las viviendas del Invico se repartían en los comités políticos. Esto no me lo puede negar nadie y te lo estoy diciendo en contra de aquellos con los que yo participaba como miembro de un partido político que era el autonomismo. Se repartían en los comités las viviendas y los cupos de construcción de viviendas no se licitaban. Los cupos de construcción de viviendas se entregaban: vos hacés 300, vos hacés 200, vos hacés 500. Eran 4 o 5 constructores que manejaban. Y nosotros abrimos la jugada y licitamos.

—Era una cartelización, digamos.

—Fue una cartelización. Contra eso luchamos y estos fueron los motivos por los cuales dijeron: “Nooo, a este tipo hay que liquidarlo. Si dejamos que sigan votando, va a seguir ganando”. Ganamos con el 73% cuando yo terminé mi gobierno. Yo gané la Capital con el 73%, cuando terminé la gobernación. Yo creo que eso fue un plebiscito electoral hacia un gobierno que a la gente le pareció que andaba bien.

—¿Se siente responsable de algo?

—No. Yo no gesté el 99. El 99, yo me voy a morir diciéndolo, fue un armado, un entramado político, utilizando de alguna manera a la gente que en ese momento no estaba cobrando sueldo ya durante dos meses en el gobierno de Pedro Braillard. Yo esto reconozco, entiendo que fue duro para la gente. Un momento de crisis muy pero muy grave porque ya se manifestó la crisis del 2001. Así que yo creo que se aprovechó una circunstancia complicada y en vez de colaborar para buscar una ayuda para la provincia, se buscó por el contrario profundizar los problemas y generar más problemas.

 

“A “Moto” Chiappe le hicieron la cama; le hizo la cama su propio partido”

Tato ¿qué pasó con Lázaro Chiappe? ¿Por qué renunció?
(Suspiro) Lázaro Chiappe, tengo el mejor de los conceptos de “Moto” Chiappe y seguimos siendo amigos. Yo creo que, en su momento, tal vez lo estoy diciendo por primera vez públicamente: a “Moto” le hicieron la cama. Le hizo la cama su propio partido.
“Moto” era un hombre que venía de la vicegobernación tomando poder dentro del Partido Liberal. Era un hombre razonable con el que se podía dialogar con absoluta tranquilidad. Y cuando yo modifico la Ley Previsional de la Provincia, eliminamos la Ley de Priviliegios. Es decir, en aquel momento un senador o un diputado podía jubilarse, terminado su mandato, pero podía ser reelecto después y cobraba la jubilación y la dieta. Eso se terminó. Eso en su momento generó un poco de enojo en el Partido Liberal y en “Moto” inclusive. Entonces, “Moto” amenaza con la renuncia.
Yo sabía por gente amiga dentro del Partido Liberal que le iban a aceptar la renuncia. Yo creo que nunca pensó que lo iban a desplazar. Pero la intención era desplazarlo para poner a “Pipi” Díaz Colodrero de presidente del Senado y como era presidente del Senado, quedarse a cargo de la vicegobernación. Y ahí empezó el problema: “Moto” se fue por eso; renunció y le aceptaron la renuncia. Se va y queda “Pipí”. (Nota del editor: Lázaro Alberto Chiappe renunció el 25 de marzo de 1995. Tras él se fue el Partido Liberal del gobierno. Fue el principio de la ruptura del Pacto, del que Romero Feris se fue en 1996 para fundar el Partido Nuevo).
Yo creo que eso está claro, ahí empezó el ’99. Es decir que lo desplazaron a “Moto” para tomar el lugar de “Moto”, porque con “Moto” teníamos un buen diálogo, había buen trato, nunca obstruyó, nunca generaba conflictos. Era un hombre que se manejaba prudentemente.
Ahí está una la clave. ¿Por qué se rompió el Pacto? ¿Y por qué dice que ahí empezó el ’99?
El Pacto no se rompe. El Pacto siguió, tanto siguió que fueron mis opositores más encarnizados en el final de mi gobierno. El Pacto, en realidad, no se rompe. Yo me voy del Pacto y formo el Partido Nuevo. Primero fue porque el Pacto se transformó en opositor, tanto autonomistas como liberales. Hay episodios y anécdotas que estaríamos todo el día hablando: pedidos de coimas y cosas raras que yo las denuncié en su momento, y que me costó el odio de las cúpulas. En realidad, mi enfrentamiento no fue con los partidos, fue con las cúpulas. Las cúpulas son las que no admitían, bajo ningún concepto, que alguien manejara el gobierno. El Pacto quería manejar el gobierno, pero cuando te digo manejar era: quería manejar el Invico; Lotería; Vialidad; querían constituir directorios afines para seguir con los manejos.
Y usted rompió esa lógica del Pacto.
No es que rompo la lógica, rompo una estructura que estaba enquistada en el poder y que usufructuaba el poder.

 

Notas al margen

El domingo 1 de mayo de 1994, en su primer discurso ante la Asamblea Legislativa brinda un mensaje optimista, pero crítico con los legisladores que no asistieron. De hecho, dio el discurso, pero no inició la Asamblea por ausencia de legisladores peronistas y radicales. Allí habló de “producir el milagro de creer en nosotros mismos. Juntos lo lograremos”. Allí también se defendió: “Llaman autoritarismo a la acción”. Por lo tanto, “no se me pida que vaya despacio”, pidió.

El lunes 1 de mayo de 1995, en su segunda Asamblea, ya sin Chiappe a su lado, dijo: “Basta de privilegios odiosos”. En paralelo hizo reclamos a la Nación por la economía. En el plano político pidió “que se sumen a este modo de hacer por Corrientes”.

En la Asamblea del miércoles 1 de mayo de 1996 llamó a conciliar y pidió leyes necesarias. Habló de la construcción de escuelas, del récord de producción de arroz, de Corrientes como primera provincia forestal. Anunció las obras del Hospital Pediátrico y criticó la ausencia de los legisladores del Pacto, que ya no eran parte del gobierno. Luis María Díaz Colodrero abrió la reunión, pero se retiró luego del recinto.

La última Asamblea no ocurrió el jueves 1 de mayo de 1997 como debía. Fue, en realidad, un inédito mensaje sin Asamblea que se hizo en el Salón Amarillo de Casa de Gobierno. Sucedió que las autoridades no convocaron a los legisladores e impidieron el acceso del gobernador al recinto de sesiones. Fue un entente del Pacto con parte del justicialismo. En este contexto se recordó que fue presentado un petitorio para la reforma constitucional con 150.000 firmas, para habilitar la reelección. Romero Feris dijo, no obstante, que “el cambio es irreversible, pese a que las mayorías circunstanciales no me permiten hacerlo”. “Pero lideraré el cambio desde el puesto que el pueblo me confíe”.

Ya en la despedida, el martes 9 de diciembre de 1997 se inauguró el puente Santo Tomé-São Borja. Un día después Tato da su mensaje final: “Hemos hecho una auténtica revolución en paz. Conservo la conducción política y he de liderar la profundización del cambio”, anunció.

“Hemos derrotado todo lo que había que derrotar: la adversidad, los poderes confabulados, la inacción, los intereses creados, el clientelismo político, la indiferencia de los escépticos y el egoísmo de los perversos”, dijo para finalizar.

Cosa de hombres

 

Más allá de lo que se dice, la política en Corrientes sigue siendo cosa de hombres. No hay declamación paritaria que valga ante la contundencia de los hechos. Y los hechos son estos: las principales fórmulas que competirán por la gobernación el próximo 29 de agosto estarán compuestas por hombres. Gustavo Valdés y Pedro Braillard Poccard por un lado, Fabián Ríos y Martín Barrionuevo por otro. Un abogado y un ingeniero a la cabeza, otro abogado y un contador como escoltas.

En la mayoría de las intendencias pasa lo mismo. La Capital es una muestra suficiente: allí el médico Eduardo Tassano irá por su reelección en el marco de un objetivo hasta ahora nunca alcanzado por nadie. Lo acompañará su colega Emilio Lanari. Se medirán contra el abogado y exdocente-sindicalista Gustavo Canteros que, de ser coequiper de Valdés, pasará a ser la principal posibilidad del PJ para rehacerse con el bastión perdido por Ríos en 2017. Al actual vicegobernador lo acompañará la médica pediatra Gladys Itati Abreo, y es tal vez la gran sorpresa del cierre de listas, un poco por la paridad sí expresada aquí, y otro poco porque este nombre no estaba en los planes iniciales, pese a la trayectoria y militancia de la mujer que ya fue funcionaria de Camau Espínola y de Fabián Ríos.

En las listas legislativas provinciales y municipales no hubo mayores novedades. La supremacía masculina no se rompe más allá de las buenas intenciones y de algunos pocos casos en que las mujeres están al frente de sus nóminas partidarias. Se trata, en general, de un acto que viola el principio de representatividad (de acuerdo con los datos demográficos vigentes), pero que reviste, al parecer, un valor inferior y que no incide en la toma de decisiones.

La paridad, por tanto, seguirá siendo tema de debate, pero en esta elección no será moneda cambio, de premio ni de castigo, por el simple hecho de que ninguno de los dos grandes protagonistas del bialiancismo correntino, que concentran 55 partidos en su interior, tuvo en cuenta ese argumento para presentarse ante un electorado que evidentemente concentra ese reclamo en ciertos sectores militantes, muy ruidosos y virtuales, pero que todavía no alcanzan a mover el amperímetro real ni a preocupar a los armadores de las estrategias electorales concretas.

En el plano de los derechos, no obstante, hay que decir que Corrientes se mantiene como la única provincia del NEA al margen de la paridad de género. Quedan pocas jurisdicciones sin obligar la igualdad en el país. Y si bien hay muchas propuestas para cambiar la legislación, siempre hay trabas que impiden su tratamiento y sanción. Y cuando no son trabas procedimentales, son las zancadillas políticas las que se llevan puesta la igualdad de género a la hora del armado y presentación de las listas.

La historia, en tanto, es lapidaria. Más que este presente. Desde la organización institucional de la provincia, ocurrida tras la sanción de la primera Constitución en 1821, solo han gobernado hombres: 51 varones en 59 mandatos, contados desde Juan José Fernández Blanco hasta Gustavo Adolfo Valdés.

Los interventores, que también fueron muchos, en su enorme mayoría fueron hombres. De hecho, la historia de Corrientes registra una sola mujer al mando: Claudia Bello, que fue interventora federal enviada por el presidente Carlos Menem y que fungió de regente desde el 14 de agosto de 1992 hasta el 3 de febrero de 1993: menos de seis meses. Una mujer en 433 años, desde 1588; una mujer en 200 años desde la Constitución de 1821, pero no elegida por la voluntad popular. Y de esto ya van a cumplirse 30 años.

El 29 de agosto, entonces, el pueblo de la provincia podrá optar entre dos modelos políticos definidos, entre dos perfiles de candidatos e incluso entre dos modos exitosos de gestionar la cosa pública, uno en la provincia y el otro en la municipalidad; entre dos fórmulas que privilegiaron el conocimiento técnico, la honestidad intelectual y la lealtad personal y política, pero no entre fórmulas paritarias. ¿Será la próxima?

“Pocho” Romero Feris: “Si aplicáramos el principio de no matar al que no te rinde pleitesía, andaríamos mejor”

Aquí, una conversación que forma parte del ciclo “Gobernadores de la democracia” con el que el diario El Litoral intentará dejar testimonio de los protagonistas y su tiempo, en vísperas de una nueva elección general en la que el pueblo de la provincia deberá elegir a su próximo gobernador, en el contexto extraordinario de la pandemia. Estas charlas se editarán cada domingo hasta el día de las elecciones previstas para el 29 de agosto.

 

Eran las 8.30 del martes 11 de mayo. Estaba fresco. Un viejo colaborador de la familia nos abrió las puertas de la casona que balconea la costanera y nos permitió el ingreso para disponer los equipos de audio y video con los que grabaríamos esta entrevista, y de ese modo concretar una charla demorada con el exgobernador. Era, en efecto, una conversación mil veces pautada y otra mil veces postergada, pero que en el atraso dio forma a una idea mejor: la de esta sucesión de entrevistas con los “Gobernadores de la democracia” que hoy presentamos en formato gráfico.

Ya desde su grabación para la entrega audiovisual, el ciclo empezó por el principio y siguió una línea cronológica, desde 1983 hasta 2021. Pero al recorrido que suponíamos lineal le pasaron cosas: fue un ir y venir por recovecos de sucesos inolvidables y otros olvidados, y por los atajos de viejas tensiones que se sienten aún, en tiempo presente.

Acomodados los equipos y el mobiliario, se encendieron las luces y allí estaba, listo para un repaso de gestión el mandatario que llegó al sillón de Ferré el 10 de diciembre de 1983, con el retorno mismo de la democracia después de la larga noche de la dictadura. Allí estaba pues, el doctor José Antonio Romero Feris. Pocho. El último patriarca autonomista.

“La verdad es que hace rato teníamos pendiente esta charla que se da hoy”, recuerda. Sonríe. Se acomoda y se dispone a dar un paseo por los recuerdos, por aquellos días buenos y malos que sucedieron hace ya casi 40 años.
—Pocho, ¿cómo se convirtió en gobernador?

—Fui gobernador porque me votaron 100 mil personas. (Risas). Pero comencé a los 14 años. A los 18 gané mi primera elección interna y a los 22 ya fui elector a gobernador. Fui diputado provincial a los 24.

—¿En ese momento eran todos récord estos datos de la edad, no?

—En ese momento era el legislador más joven de América, decían. Después fui presidente de la Cámara de Diputados, a los 25.

—¿A los cuántos años se convierte en gobernador?

—A los 42. (Nota del editor: Pocho Romero Feris es el hombre más joven en jurar como gobernador al menos desde el retorno de la democracia en 1983. Y es el segundo más joven desde la vigencia de la Ley Sáenz Peña (1912), pues Raúl Benito Castillo asumió la primera magistratura en 1952, a los 40 años).

—¿Cómo?

—Al final, en el año 82, en el Hotel de Turismo, se firma un acuerdo. Y ese día, me ofrecen la candidatura. Entre tanto, había sido embajador en Costa Rica.

Había dos generaciones de diferencia entre el profesor Mancini, que era el presidente del otro sector, y mi persona. La cuestión es que nos sentamos a dialogar y cerramos en uno de los salones del Hotel de Turismo, la firma del acuerdo. Me eligen presidente del partido, candidato a gobernador y el profesor Omar Mancini fue mi candidato a vicegobernador. Entonces, los liberales plantearon el Pacto Autonomista-Liberal que el que ganaba llevaba el gobernador y el que perdía, el vice. El primero que me informó de esto, pero como versión, fue don Gabriel Feris.

—Es así como se conforma la fórmula…

—Se conforma la fórmula liberal Leconte-García Enciso y la nuestra Romero Feris-Mancini. Vamos a la elección. Ellos aceptan. Mejor dicho: nosotros aceptamos la propuesta liberal y se eligen formalmente los candidatos ese día. Por la tarde, me habla el doctor Leconte, con quien yo tengo una excelente relación, y me plantea que quería tomar un café acá en este lugar. Yo le digo: “Voy a tu casa porque me queda a tres cuadras de la casa del partido”. Allí hablamos. Yo no compartía eso de negociar los senadores. El PL planteaba que el que perdía las elecciones a gobernador se convertiría en senador. Se lo dije: “Yo juego a matar o morir, o soy gobernador o no soy nada, y colaboro con vos en todo esto”. La cuestión es que vamos a la elección y votaron 360 mil personas. El autonomismo sacó 100 mil votos; el liberalismo 50 mil. Pero entre el autonomismo y el liberalismo estaba el justicialismo que sacó más de 70 mil votos, con don Julio Romero, que ya había sido gobernador 10 años antes, y después se ubicó el doctor Armando Romero, que más tarde fue rector de la Universidad, que fue medio que el primer “alfonsinista”. Quinta quedó la Democracia Progresista, con Pablo Navajas Artaza. Luego el MID, con el doctor Walter Posse, que era de Goya, etcétera. La cuestión es que nosotros obtenemos la cantidad de electores necesarios. Sacamos 8 diputados provinciales; los amigos liberales 6 diputados, con lo cual teníamos 14, la mitad más uno para la Cámara, y tuvimos la mayoría.

—¿Cuál era la situación socio-económica de la provincia de Corrientes en 1983?

—Era difícil, porque empezábamos una etapa nueva. No teníamos Ley de Coparticipación. Íbamos a compartir los ministros…

—Con el liberalismo, con la gente del Pacto…

—Exacto. (Nota del editor: El Pacto Autonomista Liberal funcionó así desde 1961: el partido que ganaba la primera elección después de cada interrupción democrática era el partido que proponía el gobernador, pero el resto de los cargos se repartían equitativamente. Si el gobernador era de A, el vice era de B. Lo mismo pasaba con los ministros. Pero había más: si el gobernador era de A, el ministro de Hacienda era de B, para ejercer una especie de control interno en cuanto a los recursos). Pero más allá de eso, teníamos una buena relación con el presidente.

—Con Alfonsín.

—Con el doctor Raúl Alfonsín, a quien yo conocí cuando fui embajador y después nos veíamos en Buenos Aires, cada 20 o 30 días. (Nota del editor: Romero Feris fue embajador de Costa Rica a los 35 años. Por este puesto recibió muchas críticas, porque se le enrostraba haber sido funcionario de la última y feroz dictadura argentina).

—¿Esa buena relación tiene que ver con la forma de zanjar la cuestión de no tener coparticipación, por ejemplo? ¿Alfonsín cómo se portó con Corrientes respecto a este tema?

—Con gran generosidad. (…) En 1985 gané las elecciones de medio término y salgo a gestionar recursos. Bueno, la cuestión es que yo voy al otro día y a las 9 de la mañana estaba ya en la Secretaría de Hacienda. Me felicita Mario Brodersohn, secretario del ministro Juan Vital Sourrouille, y le digo: “No quiero que me felicites Mario, yo quiero hablar de mi presupuesto. Quiero pedir un incremento muy prudente”. Bueno, la cuestión es que me dice: “No puedo”. Pegué un golpecito a la mesa y me fui. Me trae de vuelta. Le digo: “Mirá Mario, te voy a decir tres cosas: primero voy a renunciar a la Gobernación”. “¿Cómo, si ganaste ayer?”, me dice. “Sí, pero no quiero pedir limosna”, le digo. “Segundo: voy a hacer una conferencia de prensa para decir por qué me voy. Y tercero: voy a hablar con el Presidente”. Lo veo a don Raúl y el Presidente me dice: “Pero qué prudente que ha sido usted. Yo en su lugar hubiera pedido el doble”. La cuestión es que me propone ahí hacer otra reunión. Y ahí don Raúl blanquea el tema y dice: “Mario, ¿qué pasa con Pocho? Yo en su lugar le hubiera pedido el doble”. Y Mario, que es más rápido que Fangio, dice: “Señor, no se preocupe. Yo tengo una gran amistad con Pocho. Mañana nos juntamos a las 10 y resolvemos”.

Entonces yo le dije con toda franqueza: “Mirá Mario, que somos amigos no hay ninguna duda, pero yo te digo simplemente esto: yo voy a estar ahí, no sé cuál es mi agenda, pero voy a estar ahí porque está mi provincia en juego”. Vamos a Olivos y ahí don Raúl llama a Brodersohn, y me pide “el último favor”: esperar dos minutos. Y con la mayor fineza me dice: “Si me excedo en el tiempo que le solicito y usted se va, yo no me ofendo”. Me quedo parado. “Mario, ya hablamos claro”, le escucho decir al Presidente. Entonces Mario me dice, “Pocho, tenés razón”. Nos damos la mano. Y don Raúl dice: “Voy a bendecir este encuentro” y puso su mano sobre las nuestras.

Cuando voy al auto, mis funcionarios me dicen: “¿Pero Pocho, habrás firmado algo?”. Nooo, sería muy maleducado con un Presidente que se portó así. Yo no puedo hacer esas cosas. Tengo que aceptar lo que él me dijo, creer en su palabra. La cuestión es que me cumplió hasta el último centavo. Yo comento este hecho, porque creo que la palabra valía mucho. Don Raúl tuvo un gran gesto.

—¿Problemas económicos entonces los tuvo o no?

—No. Los tuvimos porque yo pedí una suma que no me permitía moverme mucho, pero por lo menos, comprendiendo el momento que se estaba viviendo, yo creo que tenía que colaborar también.

—¿Y eso le alcanzó para sostener el Estado y para hacer obras?

—Para pagar y para hacer obras.

—¿Cómo era su relación con los trabajadores?

—La verdad es que muy buena. Por primera vez hicimos un Plan de Estabilidad y una Escuela de la Administración Pública.

—Y con respecto a las obras, en su gobierno se hizo, tal vez, el más recordado plan de viviendas desde el retorno de la democracia. ¿Cómo hizo eso, con esa cantidad de dinero que no le permitía moverse mucho?

—Porque teníamos un gran presidente en el Instituto. Yo creo que el mérito no es mío, sino que el gran hacedor de eso fue el ingeniero Salomón Méndez, con quien hablé hace tres o cuatro días y estuvimos recordando que Corrientes era muy respetada en eso, pues se hicieron casi 20 mil viviendas. Pero el mérito era de él que iba a trabajar a las cinco y pico de la mañana. Y también se hicieron las escuelas Leloir, Figuerero…

—¿Cuando se terminó su gobierno, evolucionaron qué índices e involucionaron qué otros índices? ¿Qué balance hizo?

—Yo creo que en general hubo una actitud positiva. A veces, quizás recurríamos a cuestiones muy tirantes, porque no nos alcanzaba el dinero. Pero con la gente anduvimos bien. No se echó a una sola persona. Cambiamos ministros, pero no funcionarios de la administración. Fijate vos que hicimos el Instituto de Previsión Social, y dimos el 82% y 85% móvil y automático para jubilados y pensionados, e integramos el Instituto.

—¿Cómo definiría su gobierno, entonces, después de tantos años?

Como uno que tuvo un gran equipo, que trabajó con seriedad, intensamente. El signo de nuestro gobierno fue ser un gobierno desarrollista.

—¿Y cuáles considera que son los hitos de su gobierno?

—El respeto al adversario. La incorporación de personas de distinto signo político.

—¿Y la obra más importante?

—En lo material, el Instituto de Cardiología. ¿Y sabés una cosa Eduardo? Fue un hecho positivo, una política de Estado, porque ningún gobierno le puso los pies encima, lo siguieron agrandando. Y ahí trabajó muchísimo la fundación. No por elogiar a Marly, pero Marly (Brisco, su esposa) fue la que inició esto y convocó a gente representativa para que trabajara en la fundación. Se hizo grande. La fundación cumplió un rol fundamental y los gobiernos siguieron construyendo lo que se podía.

—¿Y en lo no material?

—La venida de Juan Pablo II. Con eso se me prescribieron todos los pecados, no solamente hasta hoy, sino hasta el fin de mi vida. (Risas)

—Fue el 9 de abril de 1987…

—Acordate que es santo hoy. Sí. El día de la lluvia.

—Exactamente, con una lluvia torrencial, Juan Pablo II visitó Corrientes en un viaje que no estaba en agenda, además. Vino gracias a su diplomacia.

—A mi insistencia ante el nuncio apostólico, monseñor (Ubaldo) Calabresi.

—¿Quién fue su mayor o mejor adversario estando en el gobierno?

—Yo no me quejo de los adversarios. Me pegaron bastante, por ejemplo, con el tema del Cardiológico.

—¿Desde el punto de vista político le hicieron problemas por el Cardiológico?

—Por ejemplo, mi amigo Ángel Pardo, y algún otro que hubo, dijo: “Pocho está loco, quiere traer Hollywood a Corrientes”.

—¿Hollywood?

—Fue el “Gordo” quien votó en contra en la Legislatura cuando yo mandé el proyecto. Pero después tuvo en cuenta uno de los motivos por los cuales yo decidí hacerlo. Porque yo les pedí tres días a estos amigos y recurrí a ingresos brutos y dije vamos a meterle. Porque lo único que se hacía en Corrientes en aquel entonces era electrocardiograma. Con un infarto o morías acá o en el avión sanitario. Y el “Gordo” tuvo un infarto a una cuadra y pico de ahí.

—¿Ángel Pardo?

—Ángel. Y lo atiende (el doctor Jorge) Badaracco y Ángel se convierte en el principal aportante para la fundación.

—El doctor Badaracco fue uno de los grandes directores del Instituto de Cardiología ¿no?

—Sí, el doctor Badaracco fue un señor.

—¿Cómo fue su relación con su sucesor, el gobernador Ricardo Leconte? ¿No hubo problemas ahí? Porque el Pacto siempre…

—Hubo un problema cuando le pidieron la renuncia al ministro de Hacienda, que era (el contador Mariano) Cadenas.

—Pero era un problema de espacios políticos, no de relación de transición.

—No, era un problema político anterior, porque dijeron que se había hecho medio hincha nuestro (pese a que era un ministro liberal). Era un gran ministro.

—¿Usted con qué intendentes interactuó en el Municipio de Capital? Porque en ese entonces los mandatos eran de dos años.

—El primero fue el doctor Raúl Papini y después el doctor Armando Galvaliz.

—Si tuviera que definir cómo fue su relación con el Presidente de la Nación, en ese momento.

—Brillante.

—¿Y qué piensa hoy de sus colegas que lo sucedieron?

—Merecen mi reconocimiento, independientemente de las diferencias. Por eso, te decía hoy, al comienzo, el tema del diálogo… Tuvimos algunas discrepancias con algunos, pero yo quiero rescatar lo bueno que hicieron todos y dejar de lado lo malo o, mejor dicho, con lo que yo no coincido.

—¿Con quién, por ejemplo, no coincidió en algún momento?

—Yo preferiría Eduardo, como son tantas las cosas y no podemos utilizar tanto tiempo, reconocer que todos tuvieron sus aciertos y sus errores, como yo también.

—¿Y usted, en qué se equivocó?

—Puede ser en varias cosas. Yo no voy a dar nombres, pero tuve que haber pedido a lo mejor algunas renuncias que no pedí. A lo mejor por cobarde, o no sé si cobarde… Yo tenía 42 años cuando llegué al gobierno. Y como no tenía la plena prueba de lo que pensaba, tres o cuatro renuncias que tenía que haber pedido no las pedí, pensando en la familia, pensando en lo que pasó. Pero creo que, en general, el Gobierno estuvo integrado por gente de primera. Yo me pude haber equivocado en muchas cosas. Y yo siempre digo que me equivoqué porque hay algunos políticos que hablan como si nunca cometieron un error. Y yo me acuerdo que el final del primer mensaje decía simplemente esto: lo único que yo prometía era trabajar y lo único que pretendía al fin del mandato era tener el respeto de mis conciudadanos a los que deseaba servir.

—Usted fue en su momento defensor del Colegio Electoral.

—Y sigo siendo defensor de ese sistema.

—¿Por qué?

—Creo que es la vía por la cual se obtienen resultados producto del diálogo, de la negociación, del acuerdo, del consenso, porque somos muy individualistas los políticos argentinos. Y yo también cometo errores y digo que nosotros pensamos que somos los mejores. Hay algunos a los que jamás los escuché decir: “Yo me equivoqué en tal cosa”.

—¿Pero eso no es un poco darle de nuevo a la élite política potestades y sacarle esa potestad al pueblo con su voto directo?

—No, porque el pueblo vota y es una conjunción de gente que va y viene. Es la única manera de evitar la confrontación.

—Pero si vamos al caso, al sistema indirecto más avanzado, pongamos el sistema electoral norteamericano, también se le escapan cosas…

—Bueno, pero Trump fue un caso específico.

—Pero se le escapa al sistema.

—Yo te voy a decir un principio del Derecho: caso fortuito o fuerza mayor. Caso que no ha podido preverse o que previsto, no se ha podido evitar. Ese ha sido Trump.

—¿Los partidos sirven aún como instrumento político?

—Los partidos, después de la Reforma del 94, en la que se le dio estado constitucional, yo creo que en lugar de mejorar han empeorado.

—Empeorado.

—Sin dudas, yo creo que valen más hoy los liderazgos.

—¿La política le dio amigos o enemigos?

—Yo digo que me dio amigos y adversarios, enemigos no. Es más, si aplicáramos ese principio de no matar al que no te rinde pleitesía, andaríamos mucho mejor.

—¿El poder lo confundió en algún momento?

—Sí, yo creo que me pudo haber confundido. Pero no me hizo perder la visión, porque yo cumplí con lo que habíamos establecido, que era la alternancia. Los muchachos querían reformar la Constitución, pero yo les dije que no, por dos motivos: porque yo creo que el que está en el poder tiene ventaja, y en segundo lugar porque yo tenía un compromiso firmado que decía que después de un autonomista, venía un liberal. La alternancia.

—¿Alguna vez sintió la soledad del poder?

—Sí.

—¿Qué es?

—La soledad del poder es una cosa muy dura. Hay cosas que la puede hacer solamente el que está conduciendo y esa es la soledad del poder. A veces, tenés que hacer cosas que a lo mejor no te satisfagan del todo y que te ponen en una situación complicada, pero tenés que hacerlo.

—¿Qué no haría de volver a tener la ocasión de gobernar?

—Y depende de cómo se den las circunstancias en el momento y cuáles son los hechos que se producen. Cuáles son las decisiones que tenés que tomar. Yo pienso que lo peor que puede hacer un gobernante -yo eso no haría- es decir estoy ocupado, no puedo atenderlo. No tener contacto con la realidad. Porque el funcionario tiene que tener un contacto permanente para saber cómo son las cosas.

Un día me dice alguien: “Es que vos vas siempre por la misma calle”. Entonces, supuestamente, yo siempre encontraba bien las cosas. Y un día, creo que Carlos Alonso -que era director de Comercio y ahora hace periodismo- me dice: “Tomaste otra calle y encontraste unos cuantos problemas allí y llamaste la atención a quien correspondía”. Creo que las cosas más importantes se hicieron así.

—¿Cómo quiere ser recordado Pocho?

—Como una persona que trabajó con espíritu constructivo y que tuvo en cuenta a todos los sectores. Porque en el Gobierno había gente de todos los partidos. O como dije en el final, en el último capítulo de mi primer mensaje. Lo que yo prometía era trabajar y lo único que decía al final es que pretendía que al concluir mi mandato tuviera el respeto de mis conciudadanos. Eso lo logré, gracias a Dios. No sé si me quieren, no me quieren, me votan, no me votan; pero tengo el respeto de la gente acá y donde me muevo.

 

“El Pacto se rompió por una tontería que al final no sirvió para nada”

—¿Qué fue el Pacto Autonomista Liberal?

—Yo pienso que fue una herramienta importante, aunque al comienzo no la hayamos integrado. El motivo por el cual se conforma es porque el gobernador Fernando Piragine Niveyro quería hacer la reforma de la Constitución. (Nota del editor: Piragine planteaba la reforma y la reelección, pero antes que eso, incumplió acuerdos sellados con el autonomismo). Así que, no por el amor sino por el espanto, como dicen, nos unimos azules y colorados en el 61. Imagínate.

—¿Usted considera que el Pacto Autonomista Liberal fue el vehículo electoral tan o más exitoso al día de hoy que Encuentro por Corrientes o el Frente de Todos?

—Fueron dos partidos que cumplimos siempre con lo que habíamos dicho.

—Lo tenían por escrito.

—Claro. Yo, por ejemplo, con mi vicegobernador (liberal) tuve una magnífica relación. Nunca tuve un problema con (José María) García Enciso. Ahora, reconozco que hubo cuestiones y el Pacto se rompe por una cuestión unilateral. El autonomismo no tuvo nada que ver cuando el doctor (Nicolás “Totí”) Garay le dice al doctor (Ismael “Cacho”) Cortinas: “Hemos decidido romper el Pacto por parte del Partido Liberal, unilateralmente”. No sé si fue por una senaduría o por una tontería, que al final no sirvió para nada.

(Nota del editor: el final del Pacto es el corolario de un largo proceso que incluye peleas políticas entre los socios, peleas entre los hermanos Pocho y Tato Romero Feris, las ambiciones políticas del Partido Justicialista, de la UCR, la sociedad de Tato Romero Feris con el presidente Carlos Menen y la creación posterior del Partido Nuevo)


RELACIÓN PRENSA-PODER

“La prensa es indispensable para el sistema democrático”

“El secreto de la fuente y la eliminación de la figura del desacato del Código Penal fueron proyectos míos”.
—¿Cómo fue su relación con los medios y periodistas, siendo usted además, en aquel tiempo, parte del directorio del diario más importante de la provincia, el diario El Litoral?

—Yo tomé una decisión: dejar toda la empresa en libertad y dedicarme totalmente a mi tarea para la cual el pueblo me eligió. Y no me quejo de El Litoral, pero te tengo que decir que hubo varios periodistas que me criticaron. Lo cual me parece bien.

—¿Desde el diario El Litoral?

—No. El Litoral, ni bien ni mal, ahí. (Risas). Pero por ejemplo, sabés qué periodista me trató con mucho respeto siempre, en radio, Tito Meizner; Daniel Caram; y el amigo que falleció, el “Colorado” Martínez Vidal.

—¿Y con el que peor se llevó?

—Era un ex del Litoral. El que tenía un “diarito” o que era diario, El Independiente. Pero no me llevé mal. Él me trató mal, yo lo traté bien. (Se refiere a Baltasar Rodríguez Moreira). Fijate vos que vino a hablar conmigo, y tuvo el auspicio de Lotería.

—¿Es difícil, desde el poder, aceptar la crítica de la prensa?

—Yo acepté siempre, aunque me dolía un poco. Por ejemplo, en Época había un hombre que escribía muy bien, pero me criticaba siempre. (Se refiere a Hugo Zelada, exjefe de Redacción). Terminamos siendo amigos. Encima mi sanción fue que tuviera que leer mi libro.

—Pero, ¿qué le producía, lo enojaba, le daba bronca?

—Nooo. Yo me enojaba cuando no tenía plata para pagar las cosas o cuando no tenía coparticipación.

—Hay gente que le tiene miedo a la prensa. ¿Usted le tuvo miedo alguna vez a la prensa?

—No, porque yo creo que la tarea que cumple la prensa es fundamental e indispensable para el sistema democrático, para el sistema republicano, sobre todo. Fíjate que me tocó después como senador ser presidente en la comisión de Libertad de Expresión, donde sancionamos dos proyectos que vos conocés: que el periodista no tuviera que dar a conocer la fuente de información y la eliminación de la figura del desacato del Código Penal. Estos fueron proyectos míos.

—¿A quién respetó por condición intelectual, técnica o política desde la prensa?

—Te hablaría de Carlos Gelmi y de varios otros. De Época, Zelada, que firmaba los artículos y que me caía bastante bien a pesar de que me criticaba duramente siempre.

—¿Le hicieron alguna vez el diario de Yrigoyen?

—No, porque yo ya sabía cómo era la mano.

Notas al margen

* Pocho Romero Feris juró el 11 de diciembre de 1983. El 10 asistió a la toma de posesión del presidente Raúl Ricardo Alfonsín.

* En su mensaje de asunción planteó una serie de ejes a trabajar pensando en el futuro y en la democracia como sistema. Habló de la necesidad de generar empleo para evitar el autoexilio de la población que en esa época, por falta de oportunidades, registraba tasas altísimas.

* El 1 de mayo de 1984, ante la Asamblea Legislativa, reiteró sus ejes de gestión, y habló de la reconciliación nacional, a dos años de la Guerra de Malvinas.

* En 1985 su planteo fue por un verdadero federalismo. También habló de la inflación, a la que calificó de “inmoral”.

* En 1986, en el marco de una gran inundación en el Sur provincial y a casi un año del lanzamiento del Plan Austral en Argentina, Pocho reiteró sus reclamos de atención a la Nación. “No busqué mi elección para convertirme en un mero pagador de sueldos. Busco la grandeza de mi provincia”, dijo ante la Asamblea Legislativa.

* En mayo del año 87 Romero Feris rindió cuentas ante los legisladores. Hizo un balance de los servicios prestados y luego salió de la Legislatura, tras brindar su último discurso, en andas de sus correligionarios, cosa que se repetiría en diciembre, cuando abandonó la Casa de Gobierno.

* El 10 de diciembre de 1987 brindó un balance de gestión por radio y televisión. El 11 entregó los atributos de mando al doctor Ricardo Leconte.

Operativo de imagen, gestión y limpieza

Nota publicada en el diario El Litoral

Gustavo Valdés cerró la semana protagonizando la escena política local, regional y nacional por varios motivos. Fue noticia nacional porque es el gobernador con mejor imagen en el país. Venía haciendo podio hace varios meses, pero esta vez llegó a las porteñas letras de molde, porque hizo punta y corrió de ese sitial nada menos que al blindado jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta.
El informe de CB Consultora Opinión Pública dice que el primer mandatario de Corrientes encabeza el ranking de gobernadores con mejor imagen de Argentina. Alcanzó el 71,4 % de aprobación durante mayo y desplazó a Rodríguez Larreta del primer lugar. Recuerda asimismo que Valdés dejó el cuarto lugar del ranking que había ocupado durante el mes de abril con el 67,1 % de aprobación, y que logró reducir las consideraciones negativas hacia su gestión: del 30 % de abril bajó al 27 % de mayo.

 

***

Fue noticia regional porque se anticipó a sus pares del NEA y también al presidente Alberto Fernández en el anuncio y puesta en vigor de varias medidas de cierre y bloqueo para morigerar los efectos de la pandemia. Ya el martes anunció que cambiarían las fases y el miércoles confirmó el retroceso a fase 2 y 3 de varios municipios importantes, incluida la capital, apelando a cierres parciales, además de activar restricciones zonificadas a lo largo y ancho del territorio.
Pero no fue todo. Valdés se desmarcó incluso de Rodríguez Larreta, su socio en el esquema nacional opositor de Juntos por el Cambio, y cerró las escuelas de las localidades más afectadas con la idea de contribuir al despeje de la movilidad, que es el factor que determina la mayor cantidad de contagios.
En ese marco, además, decretó la prohibición de circulación entre las 00:00 y las 7:00 de la mañana, y la extensión de un asueto a la administración pública provincial. El objetivo: disminuir en un 50 por ciento la circulación en las ciudades correntinas con mayor cantidad de casos, como Capital, Goya, Mercedes y Paso de los Libres, entre muchas otras, cuyos números fueron evolucionando en la semana con un agravante clave: en algunas se detectó la circulación de la cepa Manaos. 
Estos próximos días serán clave para conocer si las restricciones decretadas por el Gobierno consiguen el efecto esperado, pues la provincia vivió hasta el miércoles en una suerte de normalidad solo alterada a la vista por la utilización de barbijos y protocolos sanitizantes más o menos flexibles en los espacios cerrados, clases presenciales en los niveles iniciales, primarios y secundarios, actividades deportivas, recreativas y religiosas, y una vida nocturna intensa, legal e ilegal, ajena a los llamados —insistentes y desesperados— a la responsabilidad social.

 

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Pero el gobernador Valdés también fue noticia en Corrientes. Lo fue porque el río suena. Y porque al no tener una oposición que estructure todavía un proyecto alternativo, atractivo para la opinión general y que, más allá de los diagnósticos y las chicanas, encarne una voz que dispute la agenda pública y capte la atención de las audiencias y del electorado, cualquier movimiento interno de la UCR y de la alianza ECO suenan como si fueran los crujidos del gobierno.
La interna radical está en movimiento, nadie lo niega. Pero es por algo que excede la candidatura a gobernador, validada ya afuera y adentro del espacio partidario, lo cual incluye a Ricardo Colombi, a quien no le quedó otra que levantar la mano de Valdés, rodeado por la evidencia de acompañamiento y consenso político.
(Dicen de hecho que la candidatura de Valdés en la provincia y de Tassano en Capital estaba resuelta de antemano, pese a las quejas privadas y públicas del exgobernador y presidente del partido. Y que esa salida radial, previa a la reunión del radicalismo en la que se oficializó la cabeza de fórmula, no fue más que un hábil intento por anticiparse a una jugada que lo excedió o que lo mantuvo al margen).
Pero más allá de esto o de aquello, lo que se disputa aquí, y que se disputará de aquí al futuro, será el manejo del partido y de la alianza, y en ese camino pueden quedar heridos o magullados. El doctor Raúl Martínez fue el primero, aunque no fue su primera vez.
El exlegislador y exfuncionario provincial, y hasta la semana pasada director del hospital de Goya, fue “invitado” a dejar su cargo luego de que saliera a blanquear sus intenciones de ser candidato a intendente de la segunda ciudad de la provincia. Hay más: el propio Martínez dijo que el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, fue el encargado de pedirle la renuncia.
Dicen que el hecho generó picazones en el seno de la UCR, sobre todo después de que Ricardo Colombi saliera a pedir clemencia para el doctor, dejando expuesta la interna, que se hizo más notoria cuando algunos trolls de plumas y martillos salieran a decir que era falso lo que en realidad era verdad: que Colombi estaba enojado porque echaron al director de hospital que estaba, tal vez, apadrinando como candidato.
La noticia es así: el director del hospital de Goya, Raúl Martínez, confirmó que le solicitaron la renuncia por realizar “política y actos de proselitismo” en el momento en que esa ciudad registra un promedio mayor de 50 casos diarios de covid-19. Como reacción, el Comité provincial de la UCR pidió al Gobierno que revierta la medida.
Ese comité, presidido por Ricardo Colombi, emitió un comunicado en el que respaldó al médico y solicitó “que se deje sin efecto la apresurada decisión”. Ese comité trabaja también, al parecer, en la nominación sistemática de candidatos distintos a los que tienen avales del gobernador.
Lo concreto es que Martínez hacía proselitismo en el hospital y ese acto (además de correrlo de su función específica) configuró un exceso (político) que desafió una postura que ya cobró forma en el radicalismo y en el Gobierno: apoyar al actual secretario de Desarrollo Social, Mariano Hormachea, como candidato del partido y de la alianza para suceder a Ignacio Osella, quien, aun pudiendo hacerlo y con números para lograrlo, decidió no presentarse para un nuevo periodo en la intendencia.

***

Todo esto no debiera ser más que ello. Pero es un poco más porque la interna se desarrolla en medio de una pandemia y la política tiende a confundirse con lo público. Pero, en el fondo, lo que está pasando tal vez sea lo mismo que pasó en 2013: lo que la relatoría del gobierno de entonces llamó el “operativo limpieza” que encabezó Colombi para poner en marcha lo que fue el primer gobierno reelegido de la historia de Corrientes. El primero en juntar sus cosas fue el subsecretario de Desarrollo Humano, que entonces no era otro que Raúl Martínez.
Son los hilos del destino: de aquel echado a este defendido Martínez pasaron cosas. Lo que no pasa ni cambia son esas formas de la política: el apego al más rústico pragmatismo sin cara ni corazón, y a la más conveniente amnesia temporal.
La jugada de Martínez puede leerse, en definitiva, hasta que se demuestre lo contrario, como una acción más de la ensordinada interna radical, publicada en cuotas, muy parecida a los movimientos dizque insuflados por Colombi en el seno de ECo y que dieron forma a los reclamos desafiantes de Pedro Cassani primero y de Gustavo Canteros después.
Cassani ya recogió el hilo, un poco por sugerencia de sus partidarios y otro poco de sus socios, mientras que Canteros parece dispuesto a seguir hasta las últimas consecuencias, hasta colocar su candidatura a intendente en alguna boleta.
La política es el arte de lo posible y todo puede pasar siempre. De hecho está pasando, aunque tal vez antes de tiempo, si es que alguien calculó otra cosa: Valdés está configurando su volumen y construyendo espacio a esa medida, ejecutando el mando que le dieron los propios y que le reconocen los ajenos.

La política de la rosca inmutable

Publicado en el diario El Litoral

La crónica política de los últimos meses podría sintetizarse así: Canteros, Cassani y Colombi desafiando a Valdés.

El vicegobernador Gustavo Canteros primero avisó, para no traicionar, y después lanzó su candidatura a intendente de Capital.

El titular de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani, no quiso ser menos. Ya en febrero informó su posición y luego lanzó su candidatura a gobernador. Incluso chicaneó: “¿Por qué Valdés no puede ser mi vice?”. No lo hizo más que en los medios, pero sonó fuerte, como sonaron fuerte las reacciones. Las más notorias se dieron en los anaqueles del Poder Judicial, donde justo por esos días el personal de maestranza pasaba el plumero sobre empolvados expedientes dormidos.

Días después Ricardo Colombi puso en duda la candidatura de Eduardo Tassano. Sin mirar a los ojos a Gustavo Valdés, recordó que no siempre la imagen se traduce en votos. Después azuzó la posibilidad de quiebres y pronosticó fracasos para quienes no escucharan al “Cherubichá”.

Si bien quejoso, también advirtió: “Nadie decidirá nada por mí, ni me van a jubilar”. De paso le tendió una mano a Canteros y otra a Cassani. Los alentó, pues al fin y al cabo nadie puede negarle la posibilidad de ser candidato a nadie, dijo. El hilo común a todos: la silla acomodada en el centro de la escena del programa “Final abierto”.

Antes habló el gobernador. Fue el primero y el que ordenó el debate. Confirmó a Tassano como candidato y dijo que al vice la o lo elegirá él según estas dos condiciones: que sea joven y con votos.

Después, como siempre, pasaron cosas.

La escalada verbal produjo hechos en la superficie y zancadillas brotadas desde los sótanos de la política y de la justicia. Una esquirla tardía de esas viejas detonaciones tal vez sea la viralización de los audios con el pedido de “reintegro” de la diputada nacional Estela Regidor a varios de sus empleados, para hacer “donaciones” en negro, so pena de truncarles el contrato. Es un escándalo de proporciones que, hay que decir también, no implica solo a la diputada radical. Veremos cómo sigue.

Demuestra esto, no obstante, que el carro viene acomodando melones a los tumbos, pero sin el peligro de una guerra declarada como la del 2005 entre los primos Arturo y Ricardo, y que dejó heridos en ristra y algunos muertos.

La terquedad de entonces mutó con el tiempo en el cálculo frío que no pierde de vista las opciones cruciales: ceder y gobernar, o romper y volver al frío gélido del llano. Es verdad que muchos están más abrigados que hace veinte años y que podrían pasar el invierno y la pandemia sin tiritar, pero no es lo mismo hacerlo al calor de las estufas de Salta y Mayo.

Fue en ese marco prepolítico electoral que ocurrió también la cumbre entre Ricardo Colombi y el gobernador Gustavo Valdés. Fue el viernes 30 de abril en Casa de Gobierno. Días después, el miércoles, Colombi dijo por radio que Valdés es el “candidato natural” y más tarde, el mismo miércoles, la UCR avaló las nominaciones de Valdés y Tassano. Fueron ungidos por el radicalismo y en Capital, pero el alcance fue más amplio: se leyó como el ungimiento de ECO a sus dos principales candidatos.

 

***

Tal vez nunca se sepa qué pasó efectivamente en la reunión de Colombi con Valdés, porque incluso un ministro de peso dentro del gabinete, varios días antes, varios, firmó en un cuaderno, a modo de anticipo, que esa era la fórmula integral. Valdés-Tassano. Firma del ministro. 

Cassani, en tanto, emprendió un acelerado regreso, como en la parábola del hijo pródigo: volvió a mostrarse con el gobernador, recorre la provincia con él, y del desafío pasó al silencio.

Canteros siguió en las suyas. Fueron a tentarlo varias veces para que deponga su actitud, pero el dos veces vicegobernador parece dispuesto a dar pelea. Por ahora, dice que dentro de ECO, salvo que no lo dejen. Por lo pronto, el jueves lanzó su candidatura y lo hizo rodeado de dirigentes de 17 partidos, más allá de que después se dijo que dos de esos sellos estaban flojos de papeles.

Canteros no quebró, pero la interpretación política fue esa. Tal vez suceda, pero lo cierto es que aún no. Y no ocurre porque no hay ni fecha de elecciones, y si no hay fecha tampoco hay tiempos definidos para la conformación de alianzas. Y nada debe ser tan dramático, pues según preguntó Canteros, “si el radicalismo no consultó a nadie para lanzar a su candidato, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros, que somos 17?”.

 

***

Más allá de todo, el peronismo espera. En el viejo partido de Perón hay sobrados especialistas en la cata de sangre, y dado que no hay señales de cosecha puertas adentro, balconean la interna de ECO hociqueando las mataduras ajenas. Algunos cancerberos, incluso, ya se dieron el lujo de abrir sus anchos portones al otrora compañero sindicalista Canteros. Como cachorros en busca de un amo, algunos ya lamieron sus manos. Incluso algunos otros se animaron a desenrollar viejas alfombras púrpuras, guardadas de otras épocas, de cuando la pelea en el PJ era por algo más que los egos de sus integrantes.

Por fuera de este esquema, hasta el momento, nada sugiere el nacimiento de una alternativa. El modelo bialiancista parece que volverá a perfilar la oferta electoral de este 2021.

 

***

Esto recién comienza, y mientras dure, parece saludable el debate. Y ya que la oposición no puede estructurar una discusión que sea superadora de la chicana, o que sea superadora del diagnóstico para pasar a una propuesta que enamore al electorado correntino, al menos están los cruces internos ante tanta hegemonía sustentada en rededor de un hiperconsenso que parece revestir la figura de Valdés.

Su carrera fue vertiginosa, como la acumulación de sus logros políticos. Valdés entró al gobierno como delfín de Colombi y al cabo de cuatro años, pandemia de por medio, emergió como candidato natural a la reelección. ¿Será el tiempo ahora de un empoderamiento pleno, unipersonal? Puede ser. Semejante liderazgo solo fue puesto en discusión por el último capitulador, Ricardo Colombi, que después de zarandear la interna y de azuzar planes alternativos en varios frentes, se avino a la máxima de la superación del alumno.

¿Se avino? Por el momento, sí.

Cerró filas y salió a levantarle la mano. Tal vez esté convencido. Tal vez sea una jugada con altas dosis de pragmatismo de esas que Colombi ensaya a diario. O tal vez se esté curando en salud y esté reservándose para sí el poder de veto o de arbitraje, derecho que podría haber perdido ante la posibilidad de una contienda con fractura expuesta. ¿Qué hará? Aún no se sabe, pero no será la jubilación.

La sangre, una vez más, coaguló antes de llegar al río. Es el catalizador de la inteligencia que faltó en 2005. Y ese aprendizaje estriba en el diseño de una estrategia que piensa ya no en el próximo turno electoral, sino en las próximas dos generaciones, según dice el presidente de la UCR, que puede exhibir, más que gestión, eso sí, un éxito político-electoral que viene de otras dos generaciones.

 

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Todavía hay que confirmar candidaturas y votar. Pero a estas alturas parece difícil que peligre la reelección de Valdés, salvo algún error gravísimo o una implosión no calculada. El resto está por verse. Habría que mirar, en todo caso, la resolución de la interna más fuerte que tiene ahora el frente gobernante por la intendencia de Capital.

Tassano fue ungido por el radicalismo y allí hay un mensaje. No es aún, pero parece el candidato de la alianza. El asunto es que en menos de 24 horas Canteros le salió al cruce. Y dada la ausencia de mecanismos internos o de primarias provinciales que bien podrían arreglar esta situación, la cosa ahora se dirimirá en el plano de las negociaciones o del quiebre.

Si es así, las cosas pueden cambiar. No solo dividiendo el voto oficial, sino también partiendo la masa electoral capitalina, dando chances tal vez a algún otro sector que esté en condiciones de capitalizar a los descontentos y sumar a los desarreglados.

Lo que está claro, sí, es que el mundo cambió. La pandemia dio vueltas las estructuras, disolvió una cantidad impresionante de certezas, pero en Corrientes la rosca política sigue como era entonces. Esos cimientos siguen inmutables.

Escándalo: Estela Regidor debió pedir licencia tras difundirse que se quedaba con parte del sueldo de sus empleados

Publicada en La Nación

La diputada nacional por Corrientes (UCR), Estela Mercedes Regidor Belledone, se vio envuelta en un nuevo escándalo. Esta vez no fue por comparar a mujeres embarazadas con perras preñadas, tal su argumento en la votación de la Ley del Aborto, sino por aparecer con su voz en dos audios que se viralizaron por redes sociales y cadenas de mensajería personal en el que pide “reintegros” de hasta el 50% de sus salarios a varios de sus colaboradores, dinero que luego serviría para “hacer donaciones”, aunque solo una parte, porque “lo mío es mío”, dice la legisladora.

El modo de relación laboral y salarial al margen de las normas y el modo de redistribución del ingreso pecuniario de sus asesores, no habla sólo de una arbitrariedad compatible con la ilegalidad, sino también de una amenaza, porque a la legisladora la sorprendieron también dando una fuerte advertencia: el que no está de acuerdo, se quedaría sin su contrato.

“El que no está de acuerdo me dice, porque hoy es 25 y podemos rescindir perfectamente el contrato. Van a cobrar 40.000 pesos cada uno. El resto es reintegro”, dice en el audio difundido anoche por LN+.

Regidor explica además cómo sería el mecanismo: “Vos tenés que tener un sobre de cada uno, entonces cuando ellos te dan, hacés el recuento, ponés el nombre y cerrás el sobre, y yo te voy a decir cada mes a quién le vas a entregar. Vos te encargás de ellos, yo me encargo de lo que es mío. Lo mío es mío”. En otra parte se escucha: “Si el recibo en mano dice 80, entonces 40 se quedan y 40 ponés en la otra”, concluyó.

Incluso se la escucha instruir dónde y cómo conseguir los billetes. Menciona nombres de supuestos beneficiarios, de cajeros específicos y de cadenas de supermercados y farmacias que entregan dinero en efectivo para hacer la operación en un solo acto.

Y ante una pregunta de su interlocutor, con el que conversaba al parecer en un bar, la legisladora lanzó un insólito argumento: “Yo sé, vos me dirás que tu familia y demás, pero yo también tengo familia y he dejado de ganar y de ahorrar. Yo sé que otros diputados, los tipos se las quedan, no hacen las donaciones que yo hago, ni contratan en negro como yo contrato. Tengo gente a la que le doy una ayuda económica en negro”. Se queja incluso de una injusticia a la que califica de “avatares”. Les dice a sus asesores que ella no cobró su aguinaldo, y ya era el mes de febrero.

Luego de la viralización de los audios, sectores sociales y políticos de Corrientes pusieron el grito en el cielo, sobre todo porque la legisladora deja trascender en la grabación, que este tipo de operaciones es común a todo el arco parlamentario.

Tras la denuncia pública, sectores políticos opositores correntinos amenazan con elevar una denuncia penal. Ante esta situación y la escalada del escándalo, la legisladora, delfín del hombre fuerte del radicalismo correntino, Ricardo Colombi, se expresó a través de un comunicado. Dijo que la editaron maliciosamente, pero que pedirá licencia y se someterá a la Justicia para que aclare lo sucedido.

“Ante los hechos de público de conocimiento, basados en la difusión de audios de una conversación sucedida en el mes de enero, audios que fueron editados con manifiesta intención de perjudicarme, he decidido -en primer lugar- pedir licencia a mi banca como diputada por la provincia de Corrientes y presentarme ante la Justicia para que investigue estos hechos”, expresó Regidor en el texto.

“En segundo lugar, quiero aclarar que de ninguna manera mi intención, en aquella conversación con mi equipo de asesores, fue solicitar dinero de sus salarios para mi persona. La intención, que quedó clara en la larga conversación que fue malintencionadamente editada, fue pedir que colaboren con otras personas, como ayudo yo con parte de mi dieta a personas con situación social vulnerable”, agregó.

“En uno de los audios que están circulando se alcanza a escuchar que explico que ayudo económicamente a personas que lo necesitan y que les pedía a ellos la misma solidaridad. Sin embargo, en un segundo audio, la edición suprimió esta parte de la charla”, explicó.

“Confío en que la Justicia podrá deslindarme de las acusaciones que por estas horas los medios de comunicación están formulando sobre mi persona. El pedido de licencia tiene como objetivo no comprometer al bloque de diputados de la UCR y a mis pares de las otras fuerzas políticas. Soy una persona honesta, que puede demostrar perfectamente su patrimonio. Esto se puede observar en mis declaraciones juradas, que dejan constancia fehaciente de que mi patrimonio no ha variado desde que ingresé a la función pública. Tengo además una fuerte fe y el compromiso con los más necesitados siempre ha sido para mí un eje rector en mi vida”, finalizó.

Estela Regidor, diputada nacional por Corrientes, que asumió su banca en 2017, ha protagonizado varios episodios escandalosos, pero nunca, hasta ahora, por cuestiones reñidas con la ley. Casi siempre quedó en el ojo de la tormenta por sus dichos cómo funcionaria local o como legisladora en el Congreso. La última fue en su argumentación a favor de las dos vidas cuando se votó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, en 2018. Entonces dijo: “Seguro que muchos de ustedes tienen mascotas ¿Qué pasa cuando una perrita queda embarazada? No la llevamos al veterinario a que aborte. Decimos uuu, pero enseguida salimos a buscar a quién regalarle los perritos. Fíjense cómo son los animales, hasta las peores fieras quieren a sus crías. ¿Qué nos pasa a los seres humanos que tenemos esta maldita razón que nos tapa el corazón?”, señaló.

Regidor vence su mandato este año, y hay quien dice que esta filtración podría obedecer a cuestiones políticas internas, pues en el final de uno de los audios deja en claro un total quiebre de relación con los referentes del gobierno provincial que, al mando del radicalismo, propuso su candidatura y coadyuvó a la obtención de su cargo. También hay quien sostiene que la filtración sólo obedece a cierta molestia generalizada de los empleados, no sólo de la diputada radical, que son sometidos a este tipo de maniobras.

Juntos como hermanos

 

“La inteligencia no sirve para ser jefe de Estado. Lo que cuenta en un jefe de Estado es la fuerza. El valor, la astucia y la fuerza”

Henry Kissinger
“Entrevista con la historia”
Oriana Fallaci

 

Aseguran que no hay ni habrá pelea, pero por las dudas llaman a la unidad. Invocan la necesidad de una cohesión interna, pero como reaseguro, porque nadie está pensando en quiebres ni en diásporas. Lo que hay, en todo caso, es la teatralidad de la disputa del poder, que a veces es teatro y a veces degüella de verdad. Y la sangre de verdad llega al río de verdad, generando problemas de verdad a una sociedad que mira desde un Coliseo distante, cómo se despedazan los hombres y las fieras. Y todo por el poder.

No ocurrirá aquí. Juntos, como hermanos o primos (como no se pudo en épocas de otros apellidos) los mandamases del principal partido de gobierno, la UCR, pusieron primera de cara a las elecciones de este año, comicios en los que Corrientes deberá elegir gobernador, intendentes, y una larga lista de legisladores comunales, provinciales y nacionales.

Los números que materializan las preferencias sonríen al gobernador Gustavo Valdés. No habría mayor margen en relación con ese tema, al menos puertas adentro de la Unión Cívica Radical, pues Valdés aventaja con holgura a Ricardo Colombi. A veces 2 a 1. A veces 3 a 1. Y son los que más miden en toda la alianza.

Hay quien dice, además, desde las galerías del rosado inquilinato del gobierno, que anoticiado de esos y otros guarismos, que entre el lunes a la noche y el martes a la mañana le mostraron Alejandro Catterberg (director de la consultora Poliarquía) y Andrés Rabossi (de la consultora Nordeste), Colombi sorprendió con el mensaje de unidad lanzado en el salón donde -distanciados por protocolo sanitario- se reunieron los popes del radicalismo vernáculo.

Sorprendió esa suerte de capitulación. Y sorprendieron después sus enojos impostados en entrevistas radiales cuando algunos periodistas le preguntaron sobre su relación con el gobernador. Molesto, el presidente de la UCR dijo que son los otros los que ven peleas allí donde él sólo ve unidad.

—No se discute la unidad. Hay algunos actores que están en una burbuja y tratan de crear discusiones todos los días, en un estado que no es real. ECO es una alianza social y política. La sociedad nos va a castigar con el voto si no hacemos las cosas bien. Tenemos que ser racionales, cautos, moderados, cerrar lo que tenemos que cerrar hacia adentro, consolidar hacia adentro y presentar un proyecto político hacia la provincia —dijo en Radio Dos.

Mensaje correcto, digno de impresionar a los ingenuos. Mensaje astuto, también, digno del avezado jugador que es con las piezas y los tiempos de la política. Sucede que Ricardo Colombi llamó a la unidad justo en momentos en los que viene hablándose -y mucho- de que él mismo estaría detrás de otras candidaturas que buscan esmerilar ciertas estabilidades internas, sin contar que no son pocos los dirigentes que lo ven dispuesto a dar nuevas batallas. Hay otros, también, que intentan jubilarlo, como él mismo dice.

Ahora bien, más allá o más acá de lo que se declara en la prensa, la cuestión central para el radicalismo estriba en la gestión de su propia interna. El resto de los socios parecen convidados en una conversación en la que se definirán cosas menores. El premio mayor parece problema de dos personas, y ello también, más allá de la gastada estrategia del miedo a la que apela Colombi para que los propios trabajen un poco más de lo que les permite el aburguesamiento que da como resultado el ser parte de un gobierno que lleva 20 años en ejercicio de la gestión. Y del poder.

—Hay declaraciones que no sirven para nada. Hay dirigentes que no recorren, que no salen del aire acondicionado, que no andan por la calle, que no salen del café y no hablan con el empresario, el docente, el policía, el comerciante, el productor —reclamó el exgobernador.

Muy parecido al reto de Cristina Kirchner cuando dijo que “hay funcionarios y funcionarias (de Alberto Fernández) que no funcionan”. Perecido, solo eso, porque los modos de la señora están lejos de los modos del señor.

De hecho, Colombi pidió desperezarse y evitar los aires triunfalistas porque “el Gobierno nacional intentará poner a un peronista en el sillón de Ferré”. Y lo dijo como si fuera una novedad, aunque sonó más bien como si fuera un demérito o una ilegalidad esa aspiración. Además de una posibilidad que debe conjurarse con trabajo.

Más allá de esto, lo cierto es que la UCR largó su campaña. Dicen que en breve llamarán a los socios, que empezaron también a moverse. Y a reclamar.

La maquinaria de la política empezó a rodar en busca de los espacios, mientras en paralelo azuza la pandemia y hay urgencias que todavía no tienen manuales protocolizados: por caso la vuelta a las clases, que es una prioridad para el Gobernador. Para el Presidente. Para todos. Será, al parecer, un trofeo en este año electoral.

Pero de nuevo en Corrientes, será ese un punto crucial para Valdés, porque conseguir la apertura de las escuelas y el retorno de la escolaridad presencial será una señal positiva para el futuro y una plataforma de lanzamiento ideal para su reelección, cosa sobre la que pocos dudan a estas alturas.

Colombi, mientras tanto, intenta marcar la cancha, como siempre. En su rol de regente del partido, dijo que recién en abril o mayo se decidirán las candidaturas. Seguramente será así, pero “las candidaturas” no son lo mismo que “la candidatura”.

Tal vez falte un poco más, sí, para terminar de definir la estrategia de Capital. Algunos referentes del Gobierno, como Carlos Vignolo, aseguran que habrá una repetición de fórmula y que Eduardo Tassano irá también por la reelección. Hay otros que ponen ciertas reservas; quizás el propio Colombi sea uno de ellos. También algunos funcionarios y varios socios.

Para colmo, la tormenta de la semana pasada reavivó un viejo fantasma: el de las lluvias enancadas a inundaciones pasajeras, fenómeno que eyectó a Fabián Ríos de la Municipalidad de Corrientes y, en el pliegue inverso, potenció la candidatura de Tassano, arropado por la publicidad de un plan hídrico que mostró algunos avances, pero que se demostró insuficiente. Funcionó en la seca, pero en la primera gran lluvia la ciudad volvió a nadar en sus peores recuerdos.

La oposición, que tampoco pudo hacer mucho cuando fue gobierno, salió a recordarle a Tassano sus déficits: “¿Se acuerdan del plan hídrico?”, preguntó con acidez el diputado Pitín Aragón en sus redes sociales, subido al tren de una candidatura con boletos kirchneristas. Para colmo de males, el ecónomo todo terreno de la Comuna, “Cuqui” Calvano, salió el mismo martes de la lluvia a decir que Tassano merece más tiempo porque hizo lo que nadie, y de eso, hizo muchas cosas que no se ven (sic).

En connotadas parcelas oficialistas ensayaron sonrisas ante esa frase que puede querer decir otra cosa, pero que no fue indiferente a la ponzoña de las chicanas en tiempos electorales.

—Obvio que no se ven. Las obras que se ven en la Municipalidad las hace el Gobierno —ironizó alguien que conoce los pormenores puertas adentro de ECO y que no se escandaliza por los códigos de tanteo a los que se apelan en épocas de campaña.

En ese marco, todo está por verse. Y como todos perciben, números en mano, que la reelección de Valdés es posible, nadie quiere quedar afuera del reparto. Es un asunto difícil porque los espacios son exiguos y los pretendientes son muchos, en ambos esquemas provinciales. Veamos.

En las últimas tres elecciones a gobernador, el electorado polarizó su decisión. Ganó siempre el Gobierno, pero el PJ estuvo allí, cerca. Esa polarización, que parece razonable en términos políticos e incluso ideológicos (pues el mundo democrático se debate entre tres o cuatro ideas de administración y gobernanza), no se condice con la cantidad de partidos que viabilizan el voto. Ni con las visiones o proyectos de provincia que se explicitan, que hace rato son más bien conservadoras.

En Corrientes, aun así, en las últimas elecciones estuvieron habilitados 41 partidos políticos: 41. He allí la dificultad que tienen siempre los armadores y estrategas. Veremos cómo se resuelve esta vez. La carrera entra en tiempo de definiciones. Y de escarceos. Lo que no habrá es pelea, por suerte.

El peligro de las autocracias

“Este oficio surgió para fortalecer un sistema que creció a la par suya: la democracia. Pero hoy nuestras democracias no garantizan el acceso a derechos a la mayoría, y nos toca revelarlo”.
Cristian Alarcón
“Periodismo, instrucciones de uso”

Salidos a duras penas y con heridas del laberinto filoso que nos puso por delante el 2020 -que será recordado como el año de la peste-, ingresamos a un 2021 que promete una vorágine tan intensa y desafiante como su antecesor, lo que vuelve a poner sobre la mesa el asunto del futuro para la humanidad y sus instituciones; para nosotros mismos.
La pandemia de coronavirus no da tregua. Se burla e insufla olas aun por encima de los esfuerzos de la ciencia, que en tiempo récord aportó con éxito varias presentaciones de vacuna. Pero mientras el mundo unifica acciones en ese sentido, la política menos democrática gana la escena y monta un peligroso espectáculo desde los Estados Unidos, hasta ayer una de las mayores democracias del globo.

La crisis sin precedentes que observamos desde todos los rincones del planeta tuvo uno de sus puntos culminantes el miércoles, cuando un grupo de partidarios de Donald Trump irrumpió en el Capitolio para protestar contra los legisladores que certificaron la victoria de Joe Biden en las elecciones del 3 de noviembre pasado. Los manifestantes se enfrentaron con la policía, tomaron el estrado del recinto y ocuparon la rotonda dentro del edificio del Capitolio. Hubo muertos, heridos y detenidos.

El asalto ocurrió después de que Trump instara a sus partidarios a mantener el apoyo para rectificar los resultados de las elecciones presidenciales de 2020.

Desde entonces hasta hoy pasó de todo. Algunos de sus propios partidarios tildaron a Trump de “desequilibrado”. La política promete que el Congreso tomará “medidas” si el presidente “no deja el cargo de manera inminente y voluntaria”. La Cámara de Representantes, que ya enjuició políticamente a Trump en diciembre de 2019 por cargos de abuso de poder y obstrucción del Congreso, amaga de nuevo con llevarlo a juicio. Hace dos años el Senado votó para absolverlo de los cargos. Ahora dicen que irán a exonerarlo e inhabilitarlo de por vida. Precedente, que le dicen, para que nadie más se atreva a tanto.

Solo tres presidentes estadounidenses han sido sometidos a juicio político, incluido Trump. Pero ninguno fue dos veces al banquillo en una sola gestión, lo que en este caso sería una novedad absoluta.

Mientras tanto, Donald Trump ya confirmó que no asistirá a la ceremonia de asunción de Joe Biden. Si cumple su promesa, será el cuarto presidente norteamericano en faltar a la asunción de su sucesor. El cuarto. (En Argentina tenemos fresco el desaire de Cristina Fernández a Mauricio Macri. Fue el alimento semanal para las granjas de trolls todavía activas en el mundo de la virtualidad. Ellos hicieron la síntesis: CFK es igual a Trump).

Pero la cosa no terminó allí: legisladores demócratas pidieron garantías a los militares para que el saliente mandatario no quiera iniciar una guerra o algo todavía peor.

Desde el punto de vista simbólico, la cosa no es menos dramática. Durante los hechos de barbarie antidemocrática, los partidarios del presidente ondearon la bandera confederada (tela roja, cruz azul, bordes y estrellas blancas) utilizada originalmente por los estados sureños que se separaron de la Unión y lucharon contra la abolición de la esclavitud en la Guerra Civil norteamericana, entre 1861 y 1865. Fueron derrotados, pero desde entonces la enseña se usa, entre otras cosas, para reivindicar la opresión, la esclavitud y la supremacía blanca, que no es otra cosa que la autopercepción de superioridad de una pequeña elite que se considera dueña de todo y, más aún, heredera del alma americana.

Se trata a todas luces de un hecho de gravedad extrema, que si bien ocurre lejos, podría tener implicancias para el resto del mundo o atolondrar su funcionamiento.

En Argentina, la crisis política de los Estados Unidos se usó toda la semana como un espejo para ensalzar o defenestrar actitudes que, de uno y otro lado, demuestran más puntos en común que diferencias. He allí lo peligroso. Tanto o más como los discursos que se escuchan masificados e irresponsables.

De todos modos, y por encima de la posición que tenga cada uno al respecto de lo que ve y escucha y de las herramientas intelectuales con las que tamiza la realidad que se le presenta, la evidencia muestra que la vida se volvió más difícil en todas partes, acicateada por las ausencias que dejan las víctimas, por los vaivenes emocionales que se encadenan a las pérdidas y por el confinamiento estirado como producto de la pandemia; por la economía en rojo y por una angustia que se profundiza por lo incierto del porvenir.

Es el contexto en el que Argentina ingresa a este año de definiciones.

Ni hablemos de la cuestión local, de Corrientes y la elección de su próximo gobernador, en el marco de una disputa que amaga siempre con romperse desde adentro, como producto de una interna no resuelta en el seno del oficialismo, entre otras cosas, por el manejo del poder.

En todo caso, allá como acá, la lupa debe estar puesta sobre la democracia. Es la visión autocrática del manejo del poder lo que mueve las alocadas acciones de Trump. Nuestro país tiene también sobrados ejemplos. Y la provincia ni hablar.

Por eso importa la democracia y su calidad. Sus efectos sobre la ciudadanía, porque allá y acá, en todas partes, lo cierto cede ante los efectos. La verdad sucumbe ante lo impactante. Lo colectivo se rinde ante lo propio. Hay distancias largas y perniciosas entre lo que se dice y lo que se hace, y eso tensiona sobre los tejidos sociales, sobre los contratos que deben mediar entre los mandantes y los mandatarios.

La oportunidad que nos presenta esta crisis es que ante lo dinamitado de los caminos de siempre (lo cual incluye al periodismo, claro), podemos emprender la búsqueda de caminos alternativos para retomar la discusión política, para que hablemos de proyectos, de modelos, del futuro, y no solo de cargos o de contrataciones reñidas con la ley, o del tamaño de la cuenta bancaria con que saldrá el mandamás de turno por sus servicios prestados a él y a sus amigos.

Hablar más de política tal vez sea un camino. Es una propuesta.

Quien esto escribe desconoce los pormenores de la institucionalidad norteamericana, pero no los pormayores estructurales del régimen democrático. Y si bien está radicado lejos de los entretejidos de la política nacional (que de vez en vez parece más porteña que nacional), está, como todos, habilitado a la observación y a una decodificación. A ver y sopesar resultados. Y como cualquier correntino en ejercicio de su ciudadanía, tiene al alcance de sus sentidos la posibilidad de una observación y conclusión del proceso que se inició en la provincia hace exactamente 20 años.

Es ante ese devenir y sus logros -más bien escasos o ya exiguos a estas alturas- que cabe una petición: la elaboración de políticas públicas que puedan superar el pago de los salarios como única fortaleza real, objetiva y continua del Gobierno, y como única demanda ciudadana en una provincia en la que, por si fuera poco, el Gobierno parece regir absolutamente todo: desde el trabajo hasta el ocio; desde la salud hasta las recetas de cocina por televisión.

Tal vez, después de la peste, o como reacción a ella, sea el momento de abandonar los discursos románticos sobre la pobreza y hacer algo alguna vez para mitigarla, porque la pandemia la reprodujo incluso más rápido que las políticas erradas o indolentes del peor de los gobernantes.

Tal vez sea momento de dejar de lado los prejuicios sobre los que más tienen y en todo caso ayudar a que puedan invertir su dinero en vez de atesorarlo, fugarlo o ponerlo en situación cría en los corrales de la timba financiera que pagamos entre todos.

Trabajar sobre los aspectos centrales de la soberanía de los individuos y los derechos sociales, sin primacías pero con responsabilidad; propender a la expansión de derechos políticos y la redistribución de recursos económicos en áreas claves como salud o educación. La pandemia nos dejó desnudos también en estos dos asuntos. Nos mostró en el mismo acto su esencialidad y su profunda precariedad.
Ante todo o por todo, entonces, tal vez sea el momento de revisar las cosas a fondo. Revisar los sistemas electorales arcaicos y, ya que estamos, dejemos de hablar de los nuevos derechos para llevarlos a la práctica. La paridad, por ejemplo. O el voto joven, pues en Corrientes, como señaló hace poco una senadora nacional, una niña de 10 o 12 años puede ser obligada a parir un hijo, pero a los 16 no puede elegir un concejal. Tan incongruente es nuestro sistema que los chicos y chicas de 16 en adelante pueden votar por su presidente, pero no pueden elegir a su gobernador.

Tal vez sea el momento de salir de las cavernas y abandonar el miedo a los cavernarios. Dejar de mirar para atrás y asumir el compromiso de ir hacia adelante. Pero en serio. Estar a la altura de la historia tiene que poder ser negocio para todos.

Crujidos radicales

La provincia se juega mucho el año que viene, en el marco de una crisis que se presenta como problema para los que gobiernan y como posibilidad para los que no.

La oposición local tomó nota y empezó a trabajar. Esto quiere decir que los legisladores peronistas jugaron sus cartas para activar un mecanismo de presión e incorporar muchas de las múltiples necesidades de Corrientes en el presupuesto nacional, instrumento que tuvo su primera sanción el jueves en la Cámara de Diputados.

El Gobierno de la Nación hizo lo propio y habilitó una bolsa grande de plata para darle material proselitista a los propios, y material institucional al extraño. En este caso el extraño sería el gobernador Gustavo Valdés, con quien el presidente Alberto Fernández mantiene una relación de cercanía madura, aceitada sobre un concepto de federalismo. Mantener la equidistancia facilitaría las cosas si es que tienen que convivir más allá de 2021, lo cual implicaría la reelección de Valdés.

Esa posibilidad, que en principio debería ser un problema para la oposición (que hace tres elecciones queda en la puerta, pero sin poder entrar al palacio de Salta y 25 de Mayo), parece ser más un problema del radicalismo, que hace crujir su interna por asuntos no resueltos, más allá de los números, que siempre fueron un ordenador político en la era del colombismo.
Sucede que los números ahora acompañan a Valdés, y Ricardo Colombi parece no convencerse ante esa evidencia amarga, entonces apela a lo que sabe y que tiene aprendido de sus viejos libros gordos de chicanas y zancadillas.

Y si bien en público se desmienten las intencionalidades, o se las minimizan, vale hacer un racconto para dejar constancia, al menos, de un problema político que ya tiene algunos síntomas y que mal gestionado podría agravarse. Veamos los puntos más importantes de lo que hasta ahora es sólo una puesta en escena:

Acto 1

Esta semana se trató y se aprobó el presupuesto nacional en la Cámara de Diputados. Allí obtuvo su primera sanción con 139 votos a favor, 15 en contra y 90 abstenciones.

Los diputados correntinos se dividieron en dos bloques. Por un lado están los que aprobaron, es decir los tres peronistas (“Pitín” Aragón, Nancy Sand y Jorge Romero) y las dos del PRO (Ingrid Jetter y Sofía Brambilla); y por el otro están los que se abstuvieron, es decir los dos radicales (Estela Regidor y Jorge Vara).

Parece el mundo del revés, pero no lo es. Es el mundo de la política.

—¿Cómo se entiende?

—Así:

El Gobernador pidió a los legisladores correntinos de ECO-Juntos por el Cambio que “acompañen” el proyecto, entre otras cosas porque sus voces fueron escuchadas y el presupuesto prevé la afectación de unos 116.000 millones de pesos en obras. El asunto es que sólo las diputadas macristas lo hicieron.

Regidor y Vara, radicales ellos, se abstuvieron de votar en general, aunque votaron en particular los artículos que beneficiaban a Corrientes. En ese mismo acto desoyeron el pedido del Gobernador, alegando conducta partidaria, pues siguieron la bajada de línea del radicalismo nacional que les ordenó abstenerse.

Aquí hay que tener presente que una cosa es la estrategia nacional de la UCR, y otra la estrategia provincial de cara a las elecciones provinciales del año que viene, cosa que se diferencia todavía más de la estrategia del gobierno provincial, que tiene más responsabilidades, de cara a la gente, que la de pelear espacios o negocios.

En esa línea se manifestó el viernes el secretario general, Carlos Vignolo, quien hablando por radio dijo que Regidor y Vara “tomaron una decisión equivocada”.

Para agregar, solo decir que Vara fue siempre ministro de Ricardo Colombi, hasta que fue electo diputado ya en épocas de Valdés. Y Regidor fue siempre un comodín versátil que a veces cubre necesidades electorales, a veces necesidades administrativas y siempre responde a los requerimientos políticos del ex gobernador. Siempre. Es infalible. Por lo tanto, si siguió un mandato partidario, ese no partió de la ciudad de Buenos Aires sino de la calle Buenos Aires. El tiempo dirá por qué o para qué lo hizo de ese modo.

Acto 2

Si bien responde a una disposición nacional fundamentada en los impedimentos de la pandemia, la conducción de UCR Corrientes decidió prorrogar todos sus mandatos partidarios hasta por lo menos mediados del año que viene. Hay quien dice, no obstante, que ciertos sectores influyentes del partido intentarían alargar la prórroga hasta diciembre de 2021. He allí la clave.

En el resto de los distritos esa decisión tiene un peso determinado, pero en Corrientes, y pongamos por caso, en Santiago del Estero, que también elige gobernador en 2021, esta decisión es un tanto más trascendente porque los procesos electorales son más grandes y determinantes. Se juegan las gobernaciones e intendencias, además de la integración de los parlamentos.

Los mandatos de las autoridades de la UCR Corrientes caducan el 16 de diciembre, pero ante la imposibilidad de realizar convenciones y asambleas, el Consejo Nacional habilitó una extensión de los mismos.

En Corrientes, la decisión de prorrogar mandatos surgió tras la reunión de la Mesa Ejecutiva del Comité Central de la UCR realizada el pasado jueves 22 de octubre. Esa mesa está integrada por Ricardo Colombi, Héctor Lopez, Graciela Insaurralde, Graciela Rodríguez, Norberto Ast, Manuel Aguirre y Susana Nugara, entre otros.

En tal reunión, Colombi expuso la necesidad de considerar la prórroga dada la imposibilidad material de realizar procesos electorales en este contexto pandémico, ya que su concreción implicará el desplazamiento y aglomeración de personas. Es lo que pasará, de hecho, en las elecciones generales, pero para Colombi el riesgo de contagio está en la interna. (¿?)

Lo que no se dice de esa argucia es que tales autoridades tendrán responsabilidades en 2021, por caso la de fiscalizar los procesos y armar las listas de candidatos. (Por suerte lo tienen a Colombi, que se ofrece gratis a realizar esas tareas). De todos modos todavía no está dicha la última palabra. La decisión final debería surgir de la Convención Provincial. Allí necesitarían unos 70 votos para imponer una decisión al respecto.

Acto 3

La semana pasada ocurrió también un escarceo en la Cámara Baja de la Provincia. Diputados peronistas enrolados en el Frente de Todos solicitaron preferencia para agilizar el tratamiento de dos leyes clave para la sociedad en su conjunto, pero ambos fueron rechazados. Se trata de los proyectos de paridad de género y voto joven.

El diputado José Mórtola fue quien primero pidió preferencia para los proyectos de paridad de género, incluyendo el enviado por el gobernador Gustavo Valdés. Tras la votación, su petición fue desestimada. Más adelante, el diputado César Acevedo solicitó la preferencia para las iniciativas de voto joven, que también fueron rechazadas.

Es verdad que el PJ está en su derecho y casi en obligación de insistir con estos temas, aunque cuando puertas adentro tuvo que responder por la paridad, por ejemplo en la disputa entre Rubén Bassi y Patricia Rindel, no quiso hacerlo o no pudo. Y entonces recibió la ayuda solícita del oficialismo radical en el Senado, que con notable coherencia avaló al varón por sobre la mujer y terminó la discusión.

Tal vez no sea este el caso, pero desde entonces ya nadie puede mirar con ingenuidad los amagues opositores para poner en evidencia la supuesta negativa oficialista de tratar estos asuntos, porque negar espacios a la mujer o a los más jóvenes, no generan impacto directo en los generales de las sombras, sino que comprometen más la palabra del Gobernador, más allá de colocar a la provincia entre las más atrasadas en cuanto a la “real igualdad de derechos” que exige la propia Constitución.

Cada vez que es consultado por el tema, Valdés pide que en vez de reclamarle a él, se les reclame a los legisladores por su actitud de negativa constante. Tal vez tenga razón. El ministro Vignolo, que también respondió sobre esto el viernes en una entrevista en Radio Dos, intentó bajar los decibeles. Dijo que cuando estén dadas las condiciones, la Legislatura avanzará en ambas cuestiones.

Pero el tiempo es ahora, y él lo sabe, o debería saberlo. Demorar el debate implicaría votar otra vez, el año próximo, en las mismas condiciones de siempre, desoyendo fuertes demandas sociales, cambios culturales ya dados en el mundo con evidencias de sobra y las propias promesas formuladas por Gustavo Valdés hace casi 4 años.

También lo saben quienes frenan estas iniciativas, y tal vez por eso lo hagan: porque pescan en río revuelto, y mientras haya pesca, se demora la jubilación de varios pescadores. De todos modos tendrán que tener cuidado, porque el proceso de cambio ya empezó y hace tiempo que escapa de su control.