“Con Calificadas llegamos al Nasdaq de Time Square porque reconocieron nuestro impacto social”

La emprendedora correntina habló sobre los desafíos de crear una empresa tecnológica desde el interior del país, los reconocimientos internacionales obtenidos por Calificadas y el ecosistema emprendedor local. “El emprendimiento es como un deporte de alto rendimiento”, afirmó en Eduardo Ledesma Pregunta. 

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

Estrenamos el segundo episodio de la temporada y la invitada es Costi Gómez: licenciada en Publicidad, doctora en Proyectos de Comunicación, emprendedora y cofundadora de Calificadas®, la primera app en español de oratoria para mujeres con perspectiva de género. Nacida en Corrientes, con formación en el extranjero, entrenó a más de 8.000 personas y construyó un proyecto reconocido por Google, Microsoft, Endeavor, Nasdaq y el Tecnológico de Monterrey. 

En este episodio vamos a hablar de emprendedurismo, comunicación, género, identidad territorial y lo que significa levantar algo grande desde el interior. Una conversación honesta, con fondo y con historia. 


Si vos te tenés que presentar, ¿quién sos?

Soy una mujer emprendedora, muy comprometida, muy constante y disciplinada, que, cuando se pone un foco, un objetivo, se mantiene muy firme y constante hasta lograrlo.

Mujer emprendedora, entonces, básicamente.

Mujer emprendedora.

Y constante.

Y constante, como mi nombre lo dice.

Cuando te dan un nombre, te dan un destino, dicen, ¿no?

Dicen que sí. No sé si lo habrán pensado mis padres, pero sí.

Vamos por el origen. Calificadas es una firma que fundaste con tu mamá y, entonces, la pregunta es, ¿cómo se trabaja con la madre? Y, en todo caso, si hay un límite entre el proyecto y la familia, si es posible. 

Realmente, es algo que nos pusimos como meta con mamá: cuando hablamos en el trabajo somos Caro y Costi.

Y nos pusimos ese límite de los domingos y los sábados, no hablar de Calificadas, algo que nos costaba un montón al principio. Separar el trabajo de la familia es muy difícil cuando estás emprendiendo con tu familia. Ahora mis hermanos se sumaron al equipo y juntos estamos trabajando muy fuerte y comprometidos.

Vivimos en el mismo edificio. Directamente, en nuestro piso no duerme. Cuando estás en un proyecto tan fuerte, con tantas posibilidades de crecimiento e impacto, es imposible no estar conectados todo el tiempo creando esto que estamos creando juntos.

Entonces, realmente fue una meta inicial decir “vamos a tratar de separar”. 

Estamos en una región bastante compleja del país. Sin embargo, ustedes lanzaron una aplicación que hoy tiene reconocimiento de Nasdaq, del Tecnológico de Monterrey, de Stanford. ¿Cuándo fue el momento en el que, como dicen en el barrio, “te cayó la ficha” o entendiste que esto podía ser grande de verdad?

Cuando creamos Calificadas Plataforma. Nosotros arrancamos en 2019 como una consultora. La pandemia nos llevó a probar la tecnología. Ahí vimos que la tecnología tiene un potencial enorme y dijimos: “Metámonos en esto”.

Creo que decidimos meternos sin saber tanto, porque quizás, si sabíamos todo lo que podía llevar, no nos hubiéramos animado.

En ese entonces, desde Corrientes todavía no teníamos tantas herramientas disponibles en la zona. Empezamos a buscar por dónde empezar y a conectarnos con los mejores de Latinoamérica, porque el español es el idioma que manejamos mejor. De la mano de ellos logramos crecer.

¿Y ese otro “nos” quiénes son? ¿Y qué capacidades tienen?

Somos un equipo interdisciplinario. Mis hermanos también.

Nosotras dos somos profesionales. Caro viene más de la comunicación social y yo del marketing y la comercialización. Teníamos que crear una plataforma, una app con inteligencia artificial.

Nuestro equipo hoy está conformado por ingenieros en sistemas y personas que desarrollan y conocen a fondo inteligencia artificial. Todo eso fue nuevo para nosotras y tuvimos que capacitarnos muchísimo.

¿Y cuánta gente es de la zona y cuánto es de Latinoamérica?

Hoy somos nueve personas. Una sola es de Colombia. El resto son correntinos.

¿Y eso se produjo cómo? ¿Qué pasó en el medio para que primero salgas a buscar y ahora lo tengas acá?

Cuando empezamos necesitábamos personas que conocieran la tecnología. Nuestro producto fue invertido por un fondo mexicano y estábamos dentro de una cohorte con emprendedores mucho más avanzados que nosotros.

Teníamos una parte del equipo en Argentina y otra en España, Colombia y México. Con el tiempo logramos desarrollar internamente un equipo local en un 90%.

Lo trabajamos con las universidades locales. Primero ingresan para hacer prácticas profesionales, después pasan a pasantías rentadas y quienes hacen match con el equipo terminan formando parte de Calificadas.

¿Qué es Calificadas en poquitas palabras para después desagregarlo?

Calificadas es una plataforma que desarrolla habilidades sociales y de comunicación impulsadas por inteligencia artificial en empresas.

Nace con foco en las mujeres, pero con el tiempo descubrimos que para potenciar la comunicación de las mujeres dentro de contextos laborales necesitamos que todas las personas tengan acceso a estos recursos.

Hoy impacta en cualquier persona, independientemente de su género, aunque sigue teniendo una versión enfocada específicamente en mujeres.

La particularidad es que con inteligencia artificial hacemos análisis de voz y de lenguaje corporal. Diagnosticamos las habilidades de comunicación de una persona y, a partir de ahí, desarrollamos un plan de entrenamiento personalizado.

Eso sigue siendo el pilar. 

Eso sigue siendo nuestra base.

¿Por qué las mujeres siguen teniendo miedo de hablar en público? ¿Qué hipótesis podemos manejar ahí?

Son diferentes hipótesis.

La primera es que, a lo largo de la historia, generalmente las personas con mayor exposición pública eran varones. Como mujer no tenías tantos modelos a los cuales imitar o en los cuales inspirarte.

La segunda es que, al no ocupar todavía tantos roles de liderazgo, tampoco hay tantas oportunidades de práctica y entrenamiento. La comunicación es algo que se entrena. Si no te exponés para mejorar, es muy difícil lograr un resultado óptimo.

Y después está la seguridad y la confianza. Cuando entrenás y te preparás, desarrollás la habilidad.

La última no es una hipótesis, sino algo que identificamos: generalmente las mujeres son muy perfeccionistas y cuando no se sienten 100% listas y preparadas, no se animan.

Por ejemplo, en búsquedas laborales está comprobado que si los varones cumplen seis o siete de diez requisitos igual se presentan. Muchas mujeres, si no cumplen los diez, sienten que tienen que prepararse más antes de aplicar.

Vos sos doctora en proyectos de comunicación, tenés un máster en marketing estratégico, estás especializada en transformación digital. La pregunta es, ¿cuánto de todo ese bagaje académico se utiliza cuando vos todos los días te levantás y tenés que abrir la aplicación?

Muchísimo. Cuando empecé a estudiar, siempre mi foco estaba en ser una mejor profesional para mi vida laboral. No pensaba cómo eso me iba a ayudar a llevar adelante Calificadas.

Pero a medida que me relaciono con clientes, empresas y problemáticas, me doy cuenta de que la formación académica fue clave.

Entrenaron más de 8.000 personas. Entonces, ahí me interesa saber qué error de comunicación cometemos todos o casi todos, si ninguno reconoce o cuesta mucho reconocer que es un error.

Generalmente, cuando estamos hablando, estamos pensando en lo que vamos a decir más que en lo que la otra persona está diciendo.

Estamos pensando cómo responder antes de terminar de escuchar.

¿Y es una deformación del momento en el que todos estamos discutiendo y ninguno está dialogando?

Sí, totalmente. La comunicación es la común unión entre personas. Si todos estamos pensando en nosotros mismos y no en lo que estamos construyendo juntos, empiezan las dificultades.

La Municipalidad de Corrientes te reconoció como una de las 10 mujeres destacadas de la ciudad, pero ustedes tuvieron previamente reconocimientos en Nasdaq. ¿Qué significa ese reconocimiento acá?

Fue un momento muy especial.

Cuando empezás con tecnología, el sueño de cualquier emprendedor es estar en la pantalla del Nasdaq en Nueva York. Estar ahí significa que algo importante tenés entre manos.

Contemos qué es eso, dónde está y cuándo te sucedió, porque eso es un sueño cumplido.

Es un sueño cumplido.

Nasdaq es la segunda bolsa de valores más importante de Estados Unidos. Tiene su sede central en Nueva York y en Times Square posee una pantalla donde se exhiben empresas que lograron hitos importantes.

Nosotros fuimos elegidos para ser proyectados y acompañados por Nasdaq por el impacto social de nuestro producto.

Nos identificaron como una startup con potencial para escalar e impactar en millones de personas.

¿Estuvieron ahí? ¿Cómo fue?

Sí, ellos nos eligieron para un programa que brindaba recursos para hacer crecer nuestra startup.

Uno de los desafíos era vender nuestro producto en 85 empresas en menos de tres meses. Eso, podría ser sencillo en septiembre, octubre. Pero fue en diciembre. En Corrientes todos estaban pensando en carnavales y chamamé. Pero, lo logramos con muchísimo esfuerzo y con ayuda de empresas amigas y federaciones.

Con ese objetivo cumplido y la selección de Nasdaq, viajamos y vivimos esa experiencia.

¿Qué hace el Estado provincial o qué debería hacer con un ecosistema emprendedor como el que vos representas? ¿Qué falta? 

Para nosotros es muy importante la construcción de este ecosistema emprendedor que está emergiendo en Corrientes.

El ecosistema real se va a construir cuando sector público y sector privado trabajen juntos.

He viajado por distintos países y en todos la vinculación entre ambos sectores es clave para hacer crecer el ecosistema tecnológico.

Cuando una empresa tecnológica se instala en un lugar, el impacto en empleo, visibilidad e inversión es muy grande.

Iniciativas como el parque tecnológico o los espacios de coworking son muy importantes porque permiten conectar personas, generar ideas y oportunidades.

Ahora está el espacio. Hay que seguir trabajando en inversión, conexiones y capacitación.

¿Ya dijiste que no? Porque imagino que el olfato en estas cosas también se entrena. 

Aparecen opciones en el camino.

Por suerte somos dos fundadoras y tomamos las decisiones juntas. Mi cofundadora, mi madre, tiene una gran capacidad para identificar dónde debemos poner atención.

Al principio no decíamos que no a nada porque sentíamos que había que aprovechar todas las oportunidades. Después hubo que empezar a reducir porque cada cosa demanda mucho tiempo.

A una chica de 20 años en Corrientes que quiere emprender y no sabe, no se anima. ¿Qué le decís?

Lo primero es que busque personas que ya lo hayan hecho y les pida una reunión.

Cualquier persona que haya emprendido le va a abrir las puertas porque sabe lo que implica el proceso.

El mundo del emprendimiento, y sobre todo el de la tecnología, es demasiado generoso. Esa primera reunión que te ayuda a encontrar un horizonte es clave. También le diría que no afloje y que sepa que nunca va a ser fácil.

Pero si tiene el deseo y la iniciativa para hacerlo, se va a dar cuenta de que es como un deporte de alto rendimiento en el que puede sentirse profundamente autorrealizada durante todo el proceso. 

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Emilio Karothy: “Tuve una parálisis facial pero el humor me salvó, es una medicina maravillosa”

Entró a una radio a atender el teléfono y nunca más salió. En el primer episodio de Eduardo Ledesma Pregunta 2026 hablamos con una de las voces más reconocidas de Corrientes.

Por Eduardo Ledesma | Versión gráfica: Belén Da Costa

Arrancamos un nuevo año de entrevistas y el primer invitado no podía ser otro que Emilio Karothy. Dueño de una de las voces más reconocidas de la radio correntina, creador de personajes inolvidables, entrevistador, conductor y protagonista de una etapa histórica del humor y la comunicación en la región.

Desde “La mañana está perdida” hasta sus proyectos actuales, Karothy construyó un estilo propio: inteligencia, ironía, sensibilidad y pasión por la radio, la TV y ahora también el streaming.

En el primer programa de esta temporada vamos a hablar de medios, humor, música, libros, historias de vida y también de cómo cambió la forma de comunicar en tiempos donde todo parece durar apenas unos segundos.

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¿Qué pasa cuando vos te tenés que definir? Si vos tenés que contarle a la gente quién es Emilio Karothy, ¿qué les decís?

No soy locutor porque no estudié locución. Hice un curso acá, en la truchada que vino alguna vez, que nos dieron un carnet de locutor local, una cosa así. Creo que sería insultar a los que fueron y estudiaron. Tampoco soy periodista. Pero sí me gusta mucho decir que soy humorista. Me gusta mucho que la gente se divierta, se ría y que sea yo un vehículo para eso. 

Eso es impagable. 

Totalmente. Que vos seas el que pueda hacer que la gente pase un buen momento me parece una bendición.

Estudiaste tres años medicina. ¿Qué pasó?

Sí, tres años. Hasta que por cuestiones de la vida entré a una radio. Mi tío era muy amigo de un periodista relativamente conocido, Silvio Ubermann. Yo trabajaba en la obra social de la armada, empecé trabajando acá por calle La Rioja, y pedí el traslado a Buenos Aires cuando me fui a estudiar allá.

Mi tío empezó a hacer un programa con él, con el auge de las FM, en una FM recontra supertrucha del barrio de Núñez, se llamaba FM Generación, y ellos jodían que se llamaba FM De Generación cuando eran ellos. A la semana que empezaron, era una vez por semana, tengo mucha onda con mi tío, y me dice: ¿no querés venir a atender teléfono? Sí, le dije yo, era los domingos a la tardecita, noche. Y fue una cosa impresionante. Entré a ese lugar y, tipo, amor a primera vista, fue increíble.

¿Qué es ser un entretenedor para vos?

A mí me gusta que la gente me diga que la pasó bien, que se enganchó y que se quedó escuchando el programa un rato largo. Me gusta que logré llamarle la atención, que se divierta, que participe de alguna manera. 

Y creo que la gente valora esas cosas, que si te reís es porque te dio gracia y no porque le estaba vendiendo un producto o si te embroncaste con tu compañero que está al lado porque dijo algo, se dan cuenta que es verdad. Creo que eso es un valor agregado importante hoy. 

Los que estamos acá tenemos mucho también de artista. La gente sabe que Mario Bofill o el Bocha no le están vendiendo ningún producto y que así como son arriba del escenario, son en la casa, en el bar o cuando se apagó todo y están hablando con vos. Pero también se dan cuenta cuando alguien le quiere vender algo, y después resulta que afuera es de otra manera.

Hoy hacés streaming. ¿Cómo lo vivís?

Para mí es muy raro todavía. Los chicos, los propietarios del canal, por ahí me joden porque sigo diciendo “vengan a la radio” y es un canal. Más allá de que salgo simultáneamente por radio también. 

Yo sigo metiendo la pata, soy un gran metedor de pata. La radio tiene cosas de que vos estás haciendo una nota que es un embole, y vos con tu producción o con tu operador hacés señas. Y me están filmando. Hoy se ve todo eso. 

¿Qué te dejó escribir Musicasos?

La primera reflexión, y creo que es la más fuerte de todo, es caer en la cuenta de lo que tiene que hacer un artista músico en nuestra ciudad para poder hacer lo que ama. Muchos otros, que son artistas que tienen años de trabajo, siguen haciendo otra cosa, algunos relacionada y que le gusta, y otros nada que ver, para poder generar el recurso que les permita hacer lo que aman. 

Eso me parece una cosa impresionante, que merece un respeto terrible. Rodolfito Flores dice que una vez fue a hacer un trámite al registro civil en el auge de Amandayé, y le pregunta: ¿profesión? Y él dijo músico. Y la señora le dijo: “No, no, ¿de qué trabaja?”. 

¿Cuál fue la entrevista más difícil de tu carrera? No por el entrevistado, sino por lo que te movió a vos.

A mí me cuesta mucho hablar con Mario Bofill. Me emociona un montón su historia de vida. Ahora no está bien de salud, pero gracias a dios, la vida me permitió poder decir que es mi amigo y lo visito todo lo que puedo. Pero las veces que hemos estado al aire me cuesta mucho hablar con él, me emociona un montón.

Y cuando hablé con José Galván, que es funcionario hoy del Centro de los Combatientes, cuando terminamos de hacer la nota y él estaba emocionado, me dice: “Dije cosas que no había dicho nunca”. La verdad fue bastante crudo. Me impactó un montón eso.

Me das pie para una pregunta. En un momento, vos mismo pasaste por un problema de salud que te complicó. Pero más allá de eso, la pregunta es, ¿cómo vivir ese momento? Porque el trabajo tuyo es hablar y, en todo caso, hoy mostrar también. Y el cuerpo te puso un límite en ese momento. 

Sí. Tuve una parálisis facial por un virus que me dejó secuelas porque no tengo movimiento cien por ciento del lado izquierdo de la cara. Si me quedo serio, por ahí no se nota, pero al hablar, si me prestás atención, sí se nota. Estuve un tiempo largo sin poder hablar bien. 

Me pregunté un montón de cosas. Pero me dí cuenta que el humor es una medicina maravillosa. Poder sentirte bien y poder reírte en el buen sentido de lo que te está pasando, poder tomarlo con humor, con alegría, es un remedio impresionante. Todavía a veces me veo en una foto o cuando estoy mirando un video y digo: ¿será que alguna vez me va a enderezar del todo? Me lo sigo preguntando. 

¿Hay alguna historia que te marcó en todos estos años?

Sí. Una vez trabajaba en Formosa, iba todos los viernes, y en el hotel me avisaron que me fue a buscar un señor. Era un gendarme. El tipo me dice que me pedía disculpas porque no me conocía, pero que me escuchaba todos los días. Y que cuando su hija, que había fallecido de cáncer, iba a hacer su tratamiento de quimioterapia, le pedía que le pusiera la radio, al gordo de la radio y a los personajes, porque se divertía un montón. El tipo estaba destinado en Formosa y se enteró que yo laburaba ahí, y me dijo que lo único que quería hacer era agradecerme eso. 

¿Qué le podés decir? Yo soy un maricón encima, le encajé una llorada con el tipo, nos abrazamos. Y caés en la cuenta: tengo que hacerlo con mucho más respeto, tengo que ser mucho más humilde. Ahí me dí cuenta que tengo que ser mucho más responsable con lo que digo, y trabajo todos los días por ello. 

¿Qué te queda por hacer?

Quiero volver al teatro. Y creo que en algún momento voy a hacer lo que anhelo, que es un programa de televisión de humor, pero de humor de sketch. Como Cha Cha Cha. Quiero actuar. 

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Ana Cacopardo: “La lógica del enemigo es incompatible con la vida democrática”

“Cuando la lógica del odio se instala como forma de construcción política, estamos en un momento autoritario”, advierte Ana Cacopardo. En el marco del Pampa Doc Fest hablé con la periodista, documentalista y realizadora audiovisual sobre la resistencia del periodismo hoy.

Por Eduardo Ledesma – Versión gráfica: Belén Da Costa

En este cierre de temporada hablé con Ana Cacopardo, periodista, documentalista y realizadora audiovisual, quien dedicó su carrera a dar voz a múltiples historias urgentes. 

Egresada de la UNLP, con formación en cine documental en Cuba y España, condujo por años el ciclo Historias Debidas en Canal Encuentro: entrevistas que muchas veces se transformaron en memoria, resistencia y reflexión.

En este episodio hablamos de su mirada sobre el periodismo comprometido, la potencia del testimonio para narrar nuestro tiempo y el valor político y social de contar con empatía. También sobre los discursos hegemónicos, la construcción de relatos alternativos y el papel de los medios en la defensa de los derechos humanos. 

Una charla para pensar cómo la palabra, el silencio y la pantalla pueden transformar realidades, construir justicia y fortalecer la memoria colectiva.

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Te reíste recién cuando dije “Ana María”. ¿Quién es Ana María Cacopardo? ¿Cómo te definís?

Sí, lo de Ana María quedó en mi infancia. Nací en Necochea, pero mi vida transcurrió entre La Plata y Buenos Aires, y ahí quedó solo “Ana”. Si tuviera que decir quién soy, diría que intento ser buena persona, que soy activista de derechos humanos, feminista, y que el oficio de narrar me acompaña como impulso vital. Desde chica jugaba con grabadores, en la era analógica, armando montajes caseros. La radio me fascinaba, y creo que fue lo que me empujó al periodismo. Y siempre desde un lugar de transformación: contar para intentar un mundo más justo, más solidario, más igualitario.

Alguna vez dijiste que los derechos humanos atraviesan todo tu trabajo. Pero la palabra “feminista” fue una construcción más reciente. ¿Por qué te hiciste feminista?

Porque no siempre fueron de la mano esas dos luchas. Hoy es imposible pensar derechos humanos sin igualdad de género, pero no siempre fue así. Yo llegué a La Plata en la Primavera Democrática, en 1984, sin mucha conciencia política. Estudiaba comunicación en la UNLP y fue la primera vez que escuché a Estela Carlotto o a las Madres de La Plata. Eso moldeó mi conciencia.

Muchos años después me encontré con los feminismos de la mano de amigas, lecturas y activismos. Ayer, acá en el Pampa Doc Fest, volví a ver una entrevista que le hicimos a Loana Berkins para Historias de vida. La palabra, la corporalidad y el amor de Loana fueron claves para interpelarme: para entender que el género no es biología sino construcción social. Con esas voces hice mi camino hacia los feminismos y los transfeminismos.

En tus trabajos se nota una búsqueda muy puntual de voces. No elegís al personaje “vendible” sino al que puede interpelar. ¿Cómo es ese proceso?

Cuando querés poner una voz en el espacio público, importa preguntarte para qué. Desde el periodismo con perspectiva de género y derechos humanos, nuestro objetivo es abrir debates desde otro lugar.

En el caso de las agendas trans-travestis, quisimos sacar esas historias del lugar de la estigmatización mediática. Y ahí Loana era fundamental: una voz hospitalaria, que interpela desde lo humano. No te expulsa. Tiende puentes.

Lo mismo pasó cuando viajé al sur después del asesinato de Rafa Nahuel. Las comunidades indígenas habían sido construidas como “enemigo” desde discursos muy potentes. Quisimos contar otra cosa. Elegimos la voz de Lorena Cañuqueo, una joven historiadora mapuche que hablaba desde identidades contemporáneas, no esencialistas. Ella trajo el poema Mapurbe, de Daniela Ñancupán, y nos invitó a pensar qué significa ser mapuche en la ciudad. Esas voces tienden puentes. Eso buscamos.

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Tu charla en el Pampa Doc Feste se llamó “Narrar nuestro tiempo”. ¿Cómo se cuenta este momento histórico? ¿En qué tiempo creés que estamos viviendo?

Es una pregunta que me hago todo el tiempo. Creo que todos sentimos que habitamos un momento distinto. Una fase del capitalismo que Maristella Svampa llama “capitalismo del fin”: un neoliberalismo recargado que parece marchar al apocalipsis.

Vivimos una profunda crisis de las democracias. El año pasado celebrábamos cuarenta años de democracia y hoy nos preguntamos si sus valores siguen movilizando a la sociedad. Hay desencanto, promesas incumplidas.

Y en ese contexto emergen liderazgos como Trump o Milei: llegan democráticamente pero corroen la democracia desde adentro. La narrativa del enemigo es una narrativa autoritaria. Cuando el odio organiza la conversación pública, estamos en un momento autoritario.

Y me preocupa algo más: ¿por qué celebramos la crueldad? ¿Qué resentimientos activa la ultraderecha para que el sufrimiento ajeno se viva como espectáculo? ¿Cómo es posible que se celebren despidos masivos o que un derecho sea visto como un privilegio? Esa pregunta es central para el periodismo.

¿Y cómo conversamos con quien piensa distinto en un contexto donde el adversario pasa a ser enemigo? ¿Cómo se discute sin deshumanizar?

Ése es uno de los grandes desafíos del periodismo: ampliar la conversación pública cuando la lógica dominante es la provocación y la agresión. Las ultraderechas construyen su comunicación marcando la cancha con la narrativa del enemigo.

Entonces, ¿cómo salimos de esa trampa? ¿Cómo conversamos en una época atravesada por el sesgo de confirmación y las redes que cancelan al otro?

La otra cuestión es salir de la idea de que el mercado regula toda nuestra vida. Si solo seguimos la agenda del mercado, dejamos afuera las otras Argentinas, las que no entran en esa lógica. Tenemos que iluminar agendas que hoy están en sombra.

Me parece que ampliar la la conversación pública es tener la capacidad de salirnos de ese lugar de la cancha que nos marca la ultraderecha, de salirnos de esa lógica de la provocación permanente y del odio y hacer una apuesta narrativa propia, de invitar al pensamiento, de poner una palabra hospitalaria y, sobre todo, de apostar a la diversidad, es lo más lindo que tiene la condición humana. Y esa es la tarea que cada uno, me parece, en nuestro, en el lugar que le toque, en el medio que le toque. 

Y la generación de redes. Porque justamente estás construyendo un mensaje que, en el mejor de los casos, está fuera de las agendas hegemónicas y, en el peor, es una agenda que la gente no quiere escuchar. Entonces, ahí también, ¿cómo hacer eso?

Bueno, ahí viene el otro reto, ¿no? Lo conversábamos ayer en el marco del festival. Fijate qué importante: estamos en este momento en Colonia Santa Teresa, en La Pampa, en un festival que existe porque hay un equipo de producción formidable —gente de la cultura, de la comunicación, del documentalismo— que cree en la necesidad de sostener estos espacios, que son espacios de encuentro, de debate, de intercambio, de generación de redes. Espacios para pensar nuestro trabajo y nuestro hacer.

Hablamos de comunicación como derecho, del pluralismo, del derecho de las comunidades a tener una voz propia —como la tiene la gente de tu provincia y el conjunto de actores que se reunió aquí. Eso necesitamos. Y eso no lo va a regular el mercado. El mercado aplana. El mercado silencia.

Las redes son una oportunidad, sí. Con poca inversión podés hacer un streaming, por ejemplo. Son espacios de resistencia y hay que ponerlos en valor. Pero no son herramientas neutras: son plataformas con una lógica de negocio. Les importa que los pibes estén catorce horas frente a una pantalla para convertirlos en buenos consumidores y mantenerlos individualizados.

¿Cómo salimos? Con una apuesta narrativa distinta. No es cierto que estamos construyendo apocalipsis. Hay mucha gente construyendo territorios de futuro, más justos y luminosos. Entonces, yo usaba una metáfora hermosa del crítico francés Didi-Huberman: contar el vuelo de las luciérnagas. En la oscuridad más profunda, el destello de las luciérnagas ilumina con más fuerza. Si este es un tiempo oscuro, ojo: las luciérnagas iluminan mucho. Contemos el vuelo de las luciérnagas. Ese es nuestro reto.
 

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Luis Moulin: “El chamamé está tan vivo que crece a borbotones”

“Ser chamamecero hoy, para mí, es ser como un cultivador”, dice Luis Moulin, músico, productor y referente indiscutido de la cultura correntina. En una charla profunda, repasa su trayectoria, su presente creativo y el enorme desafío de sostener una identidad viva en el Litoral.

Por Eduardo Ledesma – Versión gráfica: Belén Da Costa

En el episodio 36 de Eduardo Ledesma Pregunta hablé con Luis Moulin. Músico, productor, gestor cultural y comunicador. Lleva más de tres décadas dedicadas a difundir el chamamé y la identidad del Litoral argentino. Fundador e integrante histórico de Los Alonsitos, con quienes recorrió escenarios de todo el país y alcanzó distinciones como Consagración Cosquín y Disco de Oro, Moulin supo luego ampliar su campo hacia la gestión cultural, la producción audiovisual y la comunicación pública.

En este episodio hablamos de todo eso: de música, de la gestión cultural, de los proyectos propios y conjuntos con Belén (su dúo y compañera), sus planes presentes y futuros y de nuestra cultura patrimonial chamamecera. Un recorrido que nos llevó hasta una pregunta existencial: ¿Qué es el “ser chamamecero” hoy?

Una charla sobre nuestra forma de ser y estar, de decir y de sentir una identidad propia muy profunda.

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Pasaron más de tres décadas de aquella formación de Los Alonsitos. ¿Extrañás algo?

Sin dudas, Pepe. Si yo puedo estar hablando hoy con vos acá, se lo debo a una bendición que ha sido encontrarme con Marco, Ariel y Marcelo cuando teníamos diez, doce años. Todo ese aprendizaje desde lo artístico y profesional me permitió iniciar mi nuevo camino con un bagaje para ver un campo artístico y gestionarlo.

A ustedes les tocó también la profesionalización de la música chamamecera en los noventa.

Yo a los noventa los tomo mucho. Nos han pasado cosas impresionantes, como ser el top cinco de los artistas de EMI en Argentina. Estamos hablando de una propuesta de chamamé que arrancó a jugar en primera, en términos del mainstream y la difusión.
¿Y pensaron en ese momento la tradición y la innovación?

Creo que no. Uno va para adelante siempre. Estar en esa carrera implicaba sonar de igual a igual con todos los grupos argentinos. Desde lo técnico se buscaba esa potencia. Pero con el paso de los años empecé a preferir la sutileza, volver a la fibra. Necesitaba volver a cantar y a contar algo que me emocione. Una vez lo escuché a Mario Bofil, emocionando al público, y dije: “Esto quiero yo. Ver cómo alguien con una guitarra, con la potencia de una historia, te emociona”. Quería cantar algo que te llegue y te transforme. Y estamos en eso. 

 ¿Qué es el Instituto de Investigación y Desarrollo Cultural del NEA?

Es una institución recientemente creada por la Fundación Jean Piaget, que creó la Universidad de la Cuenca del Plata con el objetivo de desarrollar la educación y la cultura de la región. Somos el órgano de extensión cultural de la universidad, vinculados a talleres, convocatorias e investigación.

¿Y qué te deja ese cruce entre la creación, la gestión y la institucionalidad?

Yo creo que todo va componiendo de a poquito y lo voy viendo. Este rol de la gestión cultural, me dio un orden. Vos ves mi hoja profesional y es como que me fui preparando por etapas, muy intensamente, por etapas.

Para mí, la institucionalidad me brinda herramientas de profesionalización del campo artístico. Y ya no lo pienso tanto en términos propios. Es cierto que al principio estudié la licenciatura porque sentía que era ponerle profesionalismo a algo que ya era profesional, pero con más herramientas, técnicas y fundamentos.

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Después, al entrar a estudiar la carrera, se me abrió la cabeza. Si antes tenía un concepto de cultura así, después veía cultura en todos lados. Y eso me enriquece también en términos compositivos y artísticos, porque cuando vuelvo a mis letras, cuando vuelvo al escenario, vuelvo con la capacidad de volcar toda esa vivencia.

Hay mucha gente que trabajó para la declaración del chamamé como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Lo vivimos como un partido de fútbol en el teatro. Y vos también participaste muy activamente. Mi pregunta es más personal: ¿qué fue para vos eso y en qué te cambió?

A mí fue mundial también, Pepe, posta. Fue como llevar a Mandiyú a ganar la Champions, ¿entendés? Porque el proceso de patrimonialización es un proceso de descubrir nuestro propio valor, de sistematizarlo, de registrarlo. Y acompañar como parte de ese grupo de entusiastas me hizo tomar real dimensión de lo que era el chamamé.

Ya no era solo mi amor por el chamamé. El chamamé era una forma de vida, una manera de ver las cosas. Era un elemento portador de paz, de comunicación, de valores. Me transformó porque me expandió la mirada y me formó mucho también, porque me hizo estudiar mucho.

Hay muchas cosas que nos dan miedo “de oído”, y eso te obliga a estudiar. Y justo yo estaba cursando, por ejemplo, Patrimonio. Era maravilloso estar haciendo los talleres como comunidad portadora, y a la vez ir a la ley, a los conceptos de UNESCO, a la evolución de las políticas de conservación patrimonial: cuándo arrancan, por qué se empieza a cuidar el patrimonio. Todo eso lo iba estudiando en la universidad mientras transcurría lo otro. Fue una cosa maravillosa.

¿Vos creés que, más allá del título de UNESCO, todavía hay cuestiones del chamamé que puedan estar en riesgo?

Tengo una cuestión con la palabra “riesgo”, porque me remite a una época en la que se decía que había que defender el chamamé. Yo vengo de esa etapa, pero la pregunta es: ¿defenderlo de quién? Cuando uno mira, el chamamé es uno de los fenómenos culturales más dinámicos de la Argentina. No sé si hay otro género folclórico que hoy tenga la diversidad sonora que tiene el chamamé ni la cantidad de artistas y actores participantes.

Cuando hablamos de chamamé hablamos de Misiones, Entre Ríos, el sur de Brasil, Mato Grosso do Sul, Paraguay… Cada uno con su propio sonido. 

No es exagerado decir que podemos tener diez noches de chamamé y cada noche con un estilo diferente.

Totalmente. El riesgo al que apunta UNESCO es a que se pierda la transmisión, el por qué uno hace chamamé, lo que significa para la persona. Y yo creo que no: nuestra gente lo tiene clarísimo. Ellos fueron quienes nos contaron en los talleres que “el chamamé es mi vida”. Y las generaciones que siguen lo viven igual.

Lo que pasa es que el chamamé está tan vivo que crece a borbotones. Aparecen propuestas, estéticas y sonidos, y algunas nos pueden gustar más o menos. Pero lo que es innegable es que el género está vivo, y eso salta a la vista.

Después de todo lo que viviste, estudiaste y escuchaste, si tuvieras que definir qué es ser chamamecero hoy, ¿qué es?

Ser chamamecero hoy, para mí, es ser como un cultivador. Alguien que tiene un espacio propio en su corazón y lo va alimentando con esa semilla de música y de poesía. Ser chamamecero es una persona receptiva, abierta, que vive la vida a través de la música y que encuentra su modo de andar en la vida a través de esta música que lo representa.

Me hace acordar a esos personajes que te responden una conversación con un pedazo de canción, ¿no? Volvemos a eso: al chamamé como elemento que representa valores, modos de comunicarse con la tierra, con el hombre y con Dios. Ser chamamecero es ser una persona íntegra e integral.

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Pablo Caló: “La pesca es algo que va a desaparecer en el tiempo”

El guía profesional analiza el desarrollo acelerado del Iberá y el impacto de Rewilding en la transformación turística de Corrientes. “Yo no creo que la gente tenga la dimensión de la importancia que tuvo Tompkins”, afirma.

En el episodio 35 de Eduardo Ledesma Pregunta hablé con Pablo Caló. Técnico en Acuicultura egresado de la Universidad Nacional del Comahue, investigador y emprendedor. Fue parte del Centro Nacional de Desarrollo Acuícola y coordinó el Cluster Acuícola del NEA, articulando sectores públicos, privados y académicos en proyectos de producción sustentable. En 2011 fundó Experiencia Corrientes, empresa pionera en excursiones de kayak y turismo de naturaleza en los Esteros del Iberá, y desde 2013 se desempeña como guía profesional de pesca deportiva en Argentina, Brasil y México. 
En este episodio hablamos sobre el presente y el futuro de la acuicultura en Corrientes, los desafíos ambientales del Iberá, la articulación entre ciencia, turismo y conservación, y la experiencia de llevar una pasión local a escala internacional. Una charla sobre trabajo, naturaleza y desarrollo sostenible desde el corazón del litoral.

Más allá de todo lo que acabo de leer, si te tenés que presentar, ¿qué le decís a la gente? ¿Quién sos?
Después de lo que acabás de leer, es difícil. Mientras leías me iba acordando de cómo fueron mutando todas esas cosas. Pero si tengo que decir quién soy, soy una persona exiliada constante. Soy oriundo de Buenos Aires y me fui a los 22 para estudiar a Bariloche; del sur me vine al norte. Y algo que aprendí es que cuando uno se va, es exiliado para siempre: ya no tengo dónde volver para dejar de serlo.
Si volviera hoy a Buenos Aires, extrañaría Corrientes, Bariloche o México, donde estuve el año pasado. Y viceversa. Entonces soy un exiliado constante.
Y dentro de ese exilio —que para mucha gente podría ser triste— yo encuentro satisfacción en buscar, ahondar y conocer el lugar donde estoy. Mi bienestar pasa por estudiar el lugar donde me encuentro.

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¿Qué es la acuicultura? Vamos a empezar por ahí.

La acuicultura es la actividad dedicada a la producción de organismos acuáticos o que tienen parte de su ciclo de vida en el agua. Mayormente se la asocia con peces, pero también incluye crustáceos, moluscos, algas o plantas acuáticas.
A veces la confunden con acupuntura o apicultura, pero no tiene nada que ver.

Desde hace décadas se habla del futuro de la acuicultura, pero no termina de desarrollarse. ¿Por qué?

Es un terreno ultra complicado. Cuando empecé la carrera, en 2005, era “la carrera del futuro”. Cuando me recibí, también. Cuando renuncié en 2011, seguía siendo la carrera del futuro. Y hoy sigue siendo “la carrera por despegar”.
Nuestros vecinos —Brasil, Paraguay, Bolivia, ni hablar Chile— tienen grandes producciones. La Argentina quedó en un punto al que no le encuentro explicación. Culturalmente tenemos tendencia a consumir otras carnes y hay toda una industria volcada a eso. El pescado queda relegado, sobre todo al pescado de mar y asociado a la pesca, no al cultivo.

Y eso que estamos rodeados de agua…

Es totalmente cultural. La pesca y la caza son relictos de lo que fue el ser humano antiguo. Es lo último que nos queda de aquello: ya no hay nada más que nos una con ese ser humano prehistórico.
Con los años empecé a ver que la pesca va a declinar naturalmente. Y mirando para atrás, veo que ya está declinando. Para mí “la pesca es algo que va a desaparecer en el tiempo”.
No lo voy a ver, pero va hacia eso. Pregunto siempre: ¿cuántos hijos de pescadores pescan? Es mínimo. El oficio se está perdiendo solo.

¿Y cuál es el panorama de la acuicultura en la provincia? ¿Tiene potencial real?

Tiene un potencial enorme. A nivel mundial, hace al menos 20 años que la acuicultura crece al 10% anual, ininterrumpidamente. Argentina es una rareza: no crece. Pero América Latina incluso supera el promedio mundial.
La pesca no puede dar más toneladas de las que da desde hace años. Aunque dupliques los barcos, no podés sacar más. Hay una limitante biológica. La población humana aumenta y la única forma de complementar esa demanda es con cultivos. No hay otra.

¿Y por qué no despega acá?

Hay mucha desinformación. La acuicultura que se hace en el norte —estanques excavados— sólo es rentable a gran escala: más de 100 hectáreas de agua. El arrocero, en cambio, tiene el perfil ideal: grandes extensiones, manejo de agua y ciclos productivos que permiten rotar. De hecho, el mayor productor de peces del país está en Chaco, es arrocero y produce pacú usando sus mismas instalaciones. El pacú, además, le baja el costo de siembra porque se come los caracoles, que son plaga.

¿Qué es y cómo surgió el clúster acuícola?

Fue un proyecto de principios de 2010, que reunía ciencia, Estado y sector privado para compartir problemas y soluciones. Funcionó muy bien durante un tiempo, pero ya no funciona. Eran proyectos muy financiados por el Estado y dependían de poder sostenerse solos. De ahí salieron cosas muy interesantes: cajas para transporte de peces, pruebas de alimentos, productores como el arrocero del Chaco… Una etapa muy linda.

Hablemos de tu empresa de experiencias turísticas. Vos trabajás en Iberá. ¿Qué es Experiencia Corrientes?

Cuando llegue por primera vez a lo que es el arroyo Carambola, que corre por ahí, te juro que me quedé sorprendido. Era impresionante. Y después, por supuesto, empecé a interiorizarme: el Portal San Nicolás había sido inaugurado en 2009 por la Provincia como un nuevo acceso a los Esteros del Iberá, y tenía esta particularidad de estar a apenas dos horas de la capital. Entonces dije: “acá hay algo”.

Había un destino emblemático como Pellegrini, pero muy lejos para un viaje de ida y vuelta en el día. Y acá tenías un paisaje igual de imponente, con fauna a la vista, con acceso, con un pueblo cercano, pero sin desarrollo turístico. Era casi como un secreto a voces. Y así surge Experiencia Corrientes: de ese impacto, de esa necesidad de mostrarle a la gente que a 165 kilómetros había un lugar capaz de cambiarte el día.

¿Qué es lo que creés que va a pasar con ese territorio y con esta actividad en los próximos cinco, diez años?

Iberá está creciendo a un ritmo muy acelerado. La realidad es que tener una organización como la Fundación Rewilding es un catalizador, que yo no creo que la gente tome dimensión de la importancia de Rewilding en cuanto al desarrollo turístico de toda la provincia de Corrientes. Yo no creo que la gente lo entienda. Primero, porque no todos tienen porqué estar empapados en el tema; y segundo, porque en los primeros años también hubo mucha desconfianza Imaginate que yo soy extranjero, venga y te digo: yo voy a comprar trescientas mil hectáreas, las que me vendan, y las voy a donar al Estado nacional. Yo no le hubiese creído. ¿Vos le hubieses creído?

Yo no lo sé.

Lo que pasa es que yo lo vi. Yo lo vi a Douglas, yo lo vi a Kris. Los vi haciendo las cosas que hacían. Y hasta hoy siguen trabajando con ellos. Y las cosas hoy pasaron, hoy estamos con el diario del lunes. El Iberá tiene un camino que es un camino de una creatividad constante, porque no hay libros para esto. No están leyendo ningún manual: están escribiendo los manuales. Y de vuelta, vuelvo al principio: yo no creo que la gente tenga la dimensión de la importancia que tuvo Rewilding en todo el desarrollo turístico. Y no del Iberá, porque tiene que ver con Bella Vista, con Goya, con La Cruz, con todo, porque no es Iberá nada más. Es todo.

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Carolina González: “El Encuentro Plurinacional de Mujeres es un hecho político trascendental”

“Nos hermana, nos transforma y nos da fuerzas para seguir organizándonos”, dijo Carolina González, militante feminista y defensora de los derechos humanos, en la antesala del 38° Encuentro Plurinacional que se realizará en Corrientes.

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

En el episodio 34 de Eduardo Ledesma Pregunta, charlé con Carolina González. Militante feminista y defensora de los derechos humanos con una amplia trayectoria en la participación social y comunitaria. Formada en Filosofía y con diplomaturas en Género, Sexualidades y Derechos Humanos por la UNNE, UNCAUS y el Gobierno del Chaco, integra el Espacio de Memoria ex RI9, colabora con el Comité contra la Tortura y forma parte de la Comisión Organizadora del 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries.

En este episodio hablamos sobre el significado de que el Encuentro Plurinacional se realice en Corrientes, los desafíos actuales del movimiento de mujeres y diversidades, la memoria, la organización colectiva y la lucha contra la violencia de género en un contexto de retrocesos sociales y políticos. Una conversación sobre feminismo, derechos humanos y el poder transformador de la militancia que no se rinde.

Si tuvieras que definirte más allá de la presentación, ¿quién es Caro González?

Creo que Caro González es, básicamente, una militante. Trato de ser coherente en mi vida, tengo un compromiso con los derechos humanos, con la lucha por la justicia, con colaborar para hacer una sociedad más justa, donde podamos vivir mejor todos y todas.

¿Y desde cuándo te viene esto, el mirar por el otro?

Creo que empezó en mi adolescencia, en la época de la primavera democrática. Tuve docentes que me inculcaron ese compromiso en la secundaria, y después en la universidad, durante el menemismo, cuando se estaban recortando derechos. Era una época difícil, y la militancia era pequeña, pero necesaria. Ahí empezó el camino orgánico, que con el tiempo se fue diversificando hasta llegar a los espacios feministas y de derechos humanos.

Estamos grabando esta entrevista en vísperas del Encuentro Plurinacional y en un contexto donde ya se registran más de 180 femicidios en Argentina. ¿Qué acciones podemos exigir o hacer para proteger a las víctimas?

Los últimos números hablan de un femicidio cada menos de 36 horas. Tenemos que comprometernos, cada uno desde el lugar que le toca. No dejarlo pasar. Esta semana fue terrible: un femicidio tras otro. Y tenemos que exigir. La responsabilidad es tanto social como estatal. Con un Estado ausente, la problemática se agrava. Este gobierno ha sido muy cruel con las mujeres, los niños, las personas mayores y con discapacidad. Cerró programas, quitó recursos y tiene un discurso muy violento hacia el feminismo.

¿Creés que esos discursos habilitan la violencia?

Sí. Grupos que fomentan el odio hacia las mujeres encuentran respaldo en esos discursos. Muchos de los que se presentan como “víctimas de madres que no dejan ver a sus hijos” tienen denuncias y perimetrales. Cuando el mensaje violento baja desde la máxima autoridad, se legitiman las conductas más crueles.

En Corrientes, ¿cuáles son los espacios que contienen a las mujeres víctimas de violencia?

Hay muy pocos. En Capital hay un solo refugio, una oficina jurídica y psicológica del Ministerio de Justicia y otra del Consejo de la Mujer. Pero eso es todo. Y en el interior, prácticamente nada. La Nación financió el refugio en su momento, pero ya no hay recursos nacionales. 

¿Qué debería hacerse desde las instituciones?

Hay que aplicar la ley. Tenemos una ley provincial que prevé un equipo interdisciplinario —médica, abogada, psicóloga— en cada cabecera policial. Pero nunca se implementó. Entonces, cuando una mujer denuncia, tiene que peregrinar durante días para conseguir atención. La respuesta no es inmediata, y eso puede hacerla desistir. Además, necesitamos justicia con perspectiva de género y capacitación institucional. Hoy todo eso lo suplen las organizaciones sociales.Y todo esto tiene que llegar al interior provincial. 

¿Por qué sigue siendo importante hablar de “femicidio” y no de “homicidio”?

Porque es un hecho político. Las matan por el hecho de ser mujeres. Nombrarlo así visibiliza la desigualdad estructural. No es lo mismo ser varón que ser mujer en esta sociedad. El término denuncia esa desigualdad. En el Código Penal es solo un agravante, pero nombrarlo es indispensable.

En todos estos años, ¿viste cambios profundos respecto a la cuestión de género?

Sí, decir que no sería no dimensionar lo que hemos avanzado. A fuerza de lucha colectiva logramos leyes, espacios de participación, visibilidad. Hoy podemos presentarnos como organizaciones feministas, hablar con fiscales, ser escuchadas. Falta cumplimiento, pero se avanzó. Y la sociedad también reconoce que es necesario.

Falta poco para el Encuentro Plurinacional. Contanos qué significa y cómo se está organizando.

Este año se hace en Corrientes, es la edición número 38. Es un espacio único en Latinoamérica, autogestivo, horizontal, sin partidos. Participan mujeres, lesbianas, trans, travestis, intersex, bisexuales, pueblos originarios, afrodescendientes. Nos juntamos tres días a debatir, a compartir experiencias y a fortalecer luchas.

¿Cuántas personas esperan?

Aproximadamente setenta mil, tal vez más. Hay veinte mil inscriptas que necesitan alojamiento gratuito, que históricamente se hace en escuelas. 

¿Y el cronograma?

La apertura será el viernes 22 de noviembre al mediodía, en el anfiteatro Cocomarola. Habrá talleres durante el fin de semana, una marcha por los travesticidios el sábado y la marcha principal el domingo. El lunes se leen las conclusiones y se elige la próxima sede, por aplausos.

¿Por qué es tan valioso este espacio?

Porque ninguna mujer vuelve igual. Nos transforma. Nos hermana. Nos da ganas de seguir organizándonos. Lamentablemente, los medios no reflejan eso: muestran episodios aislados, pero no los talleres, las marchas, la potencia cultural y comunitaria que se genera.

¿Cómo es el movimiento de mujeres de Corrientes y qué cambios ves a partir de este Encuentro?

Ya se notan. En la comisión organizadora trabajamos mujeres de distintas generaciones y trayectorias. Hay chicas muy jóvenes, universitarias, de barrios, organizaciones. Nos estamos conociendo, articulando, fortaleciendo. Eso ya es un cambio.

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Miguel Goldfarb: “Las ciudades como Corrientes, que tienen un balcón al río, cambiaron mucho y hay que repensarlas”

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa 

En el episodio 33 de Eduardo Ledesma Pregunta, hablé con Miguel Goldfarb. Abogado, doctor en Derecho Público y especialista en Derecho Administrativo por la UNNE. Máster en Derecho Tributario por la Universidad de Barcelona, es además investigador, autor y evaluador académico, con publicaciones sobre derecho público, gestión estatal y políticas urbanas.

En este episodio, hablamos sobre el libro “Derecho a la ciudad”, una obra colectiva que coordina junto a un equipo de investigadores del Nordeste, donde se aborda el vínculo entre ley, desarrollo urbano y justicia ambiental. Goldfarb reflexiona sobre la necesidad de construir ciudades más equitativas, sostenibles e inclusivas, la tensión entre lo público y lo privado en la planificación urbana, y el rol del derecho en imaginar —y garantizar— la ciudad del futuro. Una conversación sobre el derecho, el territorio y la vida urbana: quiénes habitan realmente nuestras ciudades y quiénes todavía buscan su lugar en ellas.

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Vamos a hablar de un trabajo que coordinaste: el libro “Derecho a la ciudad”. ¿Cómo surge y de qué trata esta publicación?

El libro es fruto de un trabajo de investigación que llevamos adelante con un equipo de docentes e investigadores de la Facultad de Derecho de la UNNE, junto con el doctor Gappel. El proyecto tiene tres años y surgió la posibilidad de volcarlo en un libro electrónico a través de una convocatoria de Eudene, la editorial de la universidad. Va a ser presentado formalmente en noviembre, con invitados de otras instituciones.

Si bien el doctor Gappel y yo coordinamos la obra, escriben distintos investigadores y profesores sobre diversos aspectos del derecho a la ciudad. No son discusiones teóricas: son temas que atraviesan nuestra vida cotidiana. Es un concepto nuevo que va a expandirse cada vez más.

En ciudades como Corrientes o Resistencia, pareciera que el crecimiento urbano es desordenado. ¿Cómo se aborda este tema desde el derecho?

El libro parte de cuatro ejes temáticos: la participación ciudadana en la gestión de la ciudad; los instrumentos de planificación urbana; la problemática ambiental; y los sujetos vulnerables. El derecho a la ciudad es mucho más que un derecho tradicional: es un concepto transdisciplinar, que nació en Francia en los años sesenta, ligado a la sociología y al pensamiento socialista. Hoy, por supuesto, ese concepto evolucionó, pero mantiene la idea de una ciudad inclusiva, sustentable y amigable.

¿Cuáles son las inequidades que se evidencian en nuestras ciudades y cómo se pueden resolver?

El concepto rector es el usufructo equitativo de la ciudad: que la ciudad nos invite a vivirla y no sea un obstáculo. Corrientes, con todas sus deficiencias históricas, ha tenido logros y está avanzando, aunque aún falten ajustes.

Los grandes temas son el ambiente y el transporte. Tenemos una ciudad “cerrada” por el río y por la avenida Tres de Abril, que actúa como una barrera psicosocial. Las gestiones hacen lo que pueden, pero hay planes estratégicos y voluntad de avanzar.

Hay un privilegio del desarrollo privado frente a la planificación pública. ¿Cómo se equilibra esa relación?

Hay un poder de policía urbanístico indelegable del Estado, sobre todo municipal. Pero también estamos yendo hacia una idea de participación público–privada. El Estado tiene un rol indelegable en fomentar políticas públicas e inversión inicial que convoque al sector privado.

No puede desligarse ni dejar que el privado trace libremente el tejido urbano, porque después es más caro corregir los errores. Lo hemos visto con inundaciones, fallas de drenaje o problemas eléctricos.

En su capítulo aborda la eficiencia energética. ¿Cómo pueden ser nuestras ciudades más eficientes en ese sentido?

El desafío energético es global. Sabemos que el mundo discute entre energías fósiles y renovables, y el camino son las ciudades sostenibles. Para eso se necesita inversión pública: alumbrado solar, autogeneración, generación distribuida.

Hoy, la normativa permite que cada ciudadano sea prosumidor: generar energía con paneles solares, consumirla e inyectar el excedente a la red. Hay una empresa estatal, Encor S.A, que asesora en estos temas. Hay pocos casos aún, pero el marco legal existe.

¿Y por qué cuesta avanzar, si es un problema tan evidente?

Porque la coyuntura nos gana. Hay leyes desde 2006 y 2015, pero en la historia de la energía es muy poco tiempo. Europa lleva 30 años con renovables; nosotros, 15. Son procesos.

El objetivo era llegar al 20% de energías limpias en 2025, y estamos cerca. Pero faltan políticas de Estado: cada cambio de gobierno corta lo que estaba bien. Esa discontinuidad nos frena.

Decís que la normativa está. ¿Qué falta entonces?

Falta difusión y creación de espacios de interacción. La UNNE tiene fuertes políticas de vinculación con el sector público, y habría que profundizar eso, con la Municipalidad o la Provincia.

Este libro es una forma de transferencia: trabajamos dos años, se publicó, y hoy estamos hablando de él. Ese es el camino: universidad, medios, Estado y ciudadanía pensando juntos, más allá del color político.

¿Hay gente en Corrientes pensando la ciudad del futuro?

Sí, totalmente. Tenemos profesionales muy capacitados en arquitectura, ingeniería, derecho y ciencias políticas. Lo que faltan son vasos comunicantes y decisión política.

Europa lo entendió hace 50 años. En la UNNE dictamos una diplomatura en Derecho Inmobiliario y Urbanístico, con profesores españoles y participación de funcionarios locales. Hay material y conocimiento, falta acompañamiento.

¿Incluso para pensar una ciudad equitativa, ambientalmente sostenible y moderna?

Sí. Los holandeses ya tienen su programa “Ámsterdam 2050”. Nosotros no tenemos un “Corrientes 2050”, pero podríamos.

Hoy vivimos en la Corrientes que pensaron los correntinos de los años sesenta. La costanera fue pensada hace casi un siglo: quienes la diseñaron imaginaban la ciudad del 2000. Deberíamos replicar ese modelo de planificación a largo plazo.

Uno de los capítulos del libro analiza a los productores migrantes en zonas periurbanas. ¿Qué encontraron?

Ese capítulo lo escribió el doctor Quiñones. Analiza la situación de inmigrantes, sobre todo de Bolivia, que trabajan en la producción agrícola alrededor de Corrientes. Son economías de subsistencia, pero con enorme valor económico y social.

Es un fenómeno poco estudiado, que muestra otra cara de la ciudad: la de quienes habitan y producen en los márgenes, pero son parte fundamental de la economía local.

El derecho a la ciudad plantea justamente eso: el derecho de todos los que vivimos en ella a apropiarnos del espacio urbano, en el buen sentido. A disfrutarlo, habitarlo y transformarlo colectivamente. Esa es la esencia del concepto.

Cuando hablamos de “derecho a la ciudad”, no hablamos solo de leyes ni de normas escritas: hablamos del acceso real al espacio público, a los servicios, a la infraestructura, a la posibilidad de participar en las decisiones que definen cómo y para quién se planifica.

Muchas veces, quienes más sufren la falta de planificación —los que viven lejos, los que dependen del transporte público, los que trabajan en la informalidad o en la periferia— son justamente quienes menos voz tienen en el diseño urbano.

Por eso, pensar la ciudad desde el derecho es una forma de equilibrar esas desigualdades: garantizar que el crecimiento no expulse, que la modernización no excluya y que el espacio público siga siendo un lugar de encuentro.

Las ciudades como Corrientes, que tienen un balcón al río y una identidad muy vinculada con la naturaleza, tienen un enorme potencial si logramos cuidar ese vínculo. Esa relación entre el río, el verde y la vida urbana es un patrimonio que hay que proteger, y también una oportunidad para construir una ciudad más justa, inclusiva y sustentable.

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Cleopatra Barrios: “El Gauchito Gil es un fenómeno poliédrico, social, cultural y simbólico en apropiación constante”

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

En el episodio 32 de #ELPregunta, hablé con Cleopatra Barrios. Doctora en Comunicación, magíster en Semiótica Discursiva y licenciada en Comunicación Social, es investigadora adjunta del CONICET y dirige el Instituto de Investigaciones en Comunicación Social de la Facultad de Humanidades de la UNNE.

Su trabajo aborda la religiosidad popular, el fenómeno del Gauchito Gil, las culturas visuales y audiovisuales y la construcción de identidades en el NEA. 

En este episodio hablamos del Gauchito Gil como fenómeno cultural y visual, de las identidades populares del litoral, del arte y la devoción como lenguajes sociales, de los desafíos actuales de la investigación en comunicación y del rol de las universidades públicas en contextos de crisis. Una charla sobre la fuerza simbólica de las imágenes, la memoria regional y la potencia estética de la fe popular.

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Vamos a entrar a uno de tus temas, el Gauchito Gil. ¿Cómo se estudia? ¿Como fenómeno social, cultural, estético?

Es un fenómeno poliédrico, podríamos decir. Tiene muchas caras, y esas caras se sobreimprimen. Hay que estudiarlo desde todos esos lugares: es socio religioso, cultural, político, estético, turístico, patrimonial.
Además, tiene la particularidad de ser un fenómeno en desplazamiento permanente, que ha traspasado las fronteras de Corrientes. Es un fenómeno territorial en dos aspectos: uno geográfico —una leyenda del siglo XIX que empieza a visibilizarse en el XX como devoción rural en Mercedes— y otro simbólico, que lo saca del espacio socio religioso para convertirlo en fenómeno político, cultural y estético.
Creo que el corazón de este fenómeno está en la apropiación constante. Esa agencia humana distingue a las prácticas culturales populares.

¿Y cuando hablás de un desplazamiento político del Gauchito Gil?

Primero hay una leyenda, una memoria oral retomada por la música popular: el padre Julián Zini, la poetisa Luisa Pains. Ellos recopilan esa memoria y la llevan al folklore, al escenario.
Esa interrelación del padre Zini como párroco en Mercedes y su tarea de evangelización con el chamamé acercó la posición de la Iglesia al Gauchito.

Ahí hay una potencia para entender el fenómeno. Pero también lo político desde lo más simbólico: es una especie de Robin Hood, que le roba al rico para darle al pobre. Esa síntesis es profundamente política. 

Y esa figura del rebelde como lugar posible de emancipación popular fue tomada por distintos sectores, incluso movimientos sexo-genéricos identitarios, que encuentran en el Gauchito un símbolo. Uno no habría imaginado hace años que una figura del siglo XIX sería apropiada por fenómenos contemporáneos. Y llevado, por ejemplo, al carnaval, como sucedió este año.

¿Cómo surge tu interés por estudiar la religiosidad popular? ¿Qué hay en esas imágenes que te resultan tan potentes?

Tiene que ver con lo estético. Cuando todavía no conocía el fenómeno en Mercedes, observaba los altares ruteros, la figura del Gauchito que ingresaba a los altares familiares.

Me acerqué en un momento de gran visibilidad mediática, hacia 2008. Mis compañeros reporteros gráficos mostraban fascinación por las imágenes que se producían allí.

Ahí hice el pasaje del periodismo a la investigación. Cuando llego, digo: “Esto tenemos que estudiarlo”. Había algo en el modo en que se constituye el ritual masivo de Mercedes: fieles que performan al propio Gauchito y atraen las cámaras. Una teatralización muy fuerte, que produce atracción del fotoperiodismo, el documentalismo, la ficción.

Eso me llamó la atención: la relación entre lo oral y lo visual. Hoy incluso hay instalaciones y experiencias performáticas, como lo teatral del carnaval.

¿Qué es lo que fascina tanto? ¿Por qué ese y no otro?

Tenemos en Corrientes dos grandes movimientos sociorreligiosos: la Virgen de Itatí, con peregrinaciones multitudinarias y fuerte apropiación popular, aunque con formato institucional; y el Gauchito Gil, que surge al margen de la Iglesia, con una apropiación popular de base.

Esa devoción va hibridando rituales vinculados a los difuntos, la comida, la bebida, el baile, la música, la danza. Es una condensación sociocultural que excede lo religioso.

Y a medida que la industria cultural empieza a retroalimentar el fenómeno, se produce una repetición y estetización de la imagen, pero también una complejización: intervienen periodismo, arte, cultura, política. Hacia 2010 se volvió un fenómeno gigantesco, inmanejable incluso para una ciudad como Mercedes.

¿Y el 8 de enero qué es?

Es una fiesta indescriptible. No puedo explicarte en palabras lo que sucede. Fascina para bien o para mal, porque también incomoda.
Es una celebración que no se da en el centro, sino en el borde de la ciudad, un espacio que fue creciendo. Es masiva, popular, implica relación corporal y agencia de los actores sociales.

La regulación estatal implica un gran esfuerzo de negociación. Ese borde generó disputas y tensiones, pero sigue siendo el lugar central. Aunque hoy la devoción está expandida por todo el país, los fieles quieren llegar a Mercedes para cumplir con el Gaucho.

Y sí, uno toca bocina al pasar, aunque no pare. Es una implicación mínima, pero muestra respeto.

¿Ya conocés el nuevo santuario?

Sí. No fui a la inauguración, pero estuve antes, siguiendo todo el proceso desde la demolición, las muertes, el levantamiento popular. Ese espacio de tensión explotó, y a partir de ahí seguí cómo fue la construcción y las visiones que se daban.

No sabemos qué va a suceder, pero es una obra monumental que claramente va a producir un cambio. 

Uno de los primeros grandes cambios fue la construcción de la Ruta Nacional 123 en los ’70, que expandió la devoción. Los camioneros, los taxistas, esa accesibilidad generó circulación nacional e internacional.

En Mercedes hay una nostalgia por aquella devoción rural de mitad del siglo pasado, que hoy parece imposible recuperar.

Distintas posiciones: quienes lo veneran en casa, quienes van a la tumba.

Y este nuevo santuario seguramente lo potencie aún más, aunque con una fuerte intervención estatal.

¿Cómo se estudia un fenómeno así desde la academia, sin perder el pulso popular?

​​​​​​​Con respeto, con humildad y con compromiso. Uno no puede acercarse a estos temas desde una mirada distante o colonizadora del saber.

Yo siempre digo que el pueblo sabe. Lo que hacemos desde la universidad o la investigación es poner en diálogo esos saberes, construir puentes.

El conocimiento popular tiene una potencia que a veces la ciencia no ve, porque lo que se legitima como “verdadero” es lo académico. Pero si uno escucha con atención, hay mucha teoría en la práctica popular.

Eso me marcó muchísimo en mi camino como investigadora y también en mi tarea docente: escuchar, aprender del territorio, devolver algo. No ir solo a sacar información.

¿Qué lugar ocupa hoy la investigación social en este contexto de desfinanciamiento y desprestigio de la ciencia?

Es un momento muy difícil. Pero también es un momento donde se pone a prueba el compromiso de cada uno.

Hay una tendencia a subestimar las ciencias sociales, como si fueran un lujo, cuando en realidad son las que nos permiten entendernos como sociedad.
Sin ellas, no hay política pública posible, no hay memoria, no hay identidad.

Yo siento que el desafío es seguir trabajando desde donde se pueda: con menos recursos, pero con más convicción.

Y también hacer visible lo que hacemos, comunicarlo, compartirlo, porque la ciencia no puede quedarse encerrada. La investigación tiene sentido cuando vuelve al pueblo, cuando se traduce en algo que sirva a la comunidad.

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“Los discursos de odio son eso, no hay que disfrazarlos de libertad de expresión”

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

Licenciada en Comunicación Social y directora de Tres Discursos Comunicación, Anyelén es consultora especializada en capacitación y asesoramiento en comunicación política. Diplomada en Discurso y Lenguaje Político, cursa la Maestría en Comunicación Política en la Universidad Austral. Coordinó programas nacionales como el Parlamento Juvenil del Mercosur y el Plan Lectura, y dirigió la Unidad de Comunicación Institucional del Ministerio de Salud del Chaco durante la pandemia.

En este episodio hablamos del nuevo lenguaje político que emergió con Javier Milei, la comunicación agresiva y sus efectos, las campañas en Chaco y Corrientes, las estrategias digitales, las diferencias entre dirigentes provinciales y las tendencias que marcarán la comunicación política de los próximos años. Una charla sobre cómo se construye poder con palabras, pantallas y estrategia.

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Si vos te tenés que presentar, ¿quién sos?

Soy cruceña, primero. De La Cruz, nacida en La Cruz, estudié allí hasta la secundaria. Soy hija de Marisa y de Luis, hermana de Matías y de Juan Cruz. Y el título que más me gusta decir es tía y madrina de Faustina, la hija de Matías. Después soy periodista, licenciada y todo lo que voy viendo.

¿Y ser cruceña te define en algo?

Me encanta ser cruceña. Creo que me gusta recordar siempre de dónde vengo, todas las cosas que pasé en La Cruz. Fue un lugar donde soñé muchas de las cosas que hoy estoy viviendo. Por eso para mí es tan importante y con orgullo siempre digo que soy del interior de Corrientes. Hace poco tuve la posibilidad de trabajar allí con un proyecto y un desafío muy importante, tanto en lo profesional como en lo personal.

En Argentina, en 2023, irrumpió un estilo de comunicación muy agresivo como el de Javier Milei. ¿Esto cambió la manera de entender la comunicación política?

Sin dudas. Creo que todo lo que irrumpió en 2023 vino a quemarnos un poco todos los libros. Nuestra carrera es muy teórica y conceptual, pero al ejercer la profesión los desafíos son continuos. Nos obligó a repensar el rol del consultor, del periodista y también de los ciudadanos. Tenemos que elegir qué modelo de comunicación queremos expandir. La comunicación es fundamental por el compromiso que tiene con la ciudadanía, y ahí está nuestra responsabilidad: amplificar o bloquear los discursos de odio.

¿Se puede todavía elegir?

Creo que sí. Es nuestra responsabilidad y compromiso, primero como ciudadanos y luego como profesionales. Sabemos que ese no es el mejor camino para comunicar ni acciones de gobierno ni de campaña ni en ningún ámbito.

¿La violencia discursiva se mete también en la política pública?

La violencia es violencia en todos los aspectos. Los discursos de odio no hay que disfrazarlos de libertad de expresión. El odio es odio. En lo discursivo hay un tono muy agresivo con el que tenemos que lidiar.

¿Y hay remedio para eso?

Yo creo que sí, pero porque soy optimista. Me parece que no es el camino, porque hasta erosiona la democracia.

En estos años hubo imitadores del presidente. ¿Por qué creés que pasó eso?

Si un dirigente utiliza la violencia como modo de comunicarse, de alguna manera está legitimando que la gente también se exprese así. Con el tiempo vamos a poder estudiar qué factores hicieron que esa situación se revierta, como vimos en Corrientes y luego en Buenos Aires, donde hubo un hartazgo social: un “basta”. Acompañamos políticas públicas, pero no eran los resultados esperados, entonces el electorado pegó un volantazo.

El presidente presentó el presupuesto con un tono distinto. ¿Qué lectura hacés?

El modo de comunicar fue totalmente distinto. Sin embargo, sigue sin usar un tono de mea culpa o de reconocimiento de errores. Lo noté más en un tono electoralista que de gestión. Pareció un candidato, no el presidente.

¿Creés que los demás candidatos van a revisar sus campañas?

Creo que sí, y espero que sí. Puede ser una primera bajada de línea importante. Me parece que los candidatos van a seguir el tono que expresó su líder.

¿Hay lugar para una tercera vía, como la de Provincias Unidas?

Me parece muy interesante. Primero por el coraje y el propósito de decir “no vamos en la línea del gobierno ni queremos volver al pasado”. El contexto es adecuado para el nacimiento de esa alternativa.

¿Qué te pareció la campaña en Corrientes?

Tuvo muchos condimentos. La mayoría de los candidatos optó por una campaña híbrida, combinando territorio y redes. Hubo innovación digital, con candidatos jóvenes y equipos jóvenes. También momentos más ásperos, pero creo que respondían a estrategias definidas.

Incluso hubo candidatos que usaron inteligencia artificial. ¿Cómo lo ves?

Pasa mucho. Es difícil congeniar estilos. A veces el candidato no comprende del todo qué es un reel o un carrusel, y ahí está el desafío de los equipos: proponer con claridad y explicar el propósito. No se trata de “hacer un TikTok porque se usa”, sino de definir a quién le hablamos y para qué.

¿Cómo se trabaja hoy la comunicación política en la región?

Depende del cliente. La comunicación debe adaptarse al contexto. Las demandas en La Cruz no son las mismas que en Capital o en Resistencia. Hay todavía un trabajo de docencia que me gusta mucho, porque siempre se aprende del intercambio con el cliente y su equipo.

¿Qué diferencias ves entre Chaco y Corrientes?

La idiosincrasia y la manera de hacer política son muy distintas. En Chaco hay más confianza en el consultor, se delega más. En Corrientes todavía cuesta un poco entender el rol del asesor. Contratar a un consultor es un acto de confianza y eso lleva un proceso.

En cuanto al territorio digital, ¿alcanza por sí solo?

No, pero es fundamental. Ya dejó de ser opcional. Por suerte se superó la idea de que “lo maneje el sobrino”. Pero también hay que entender que los likes no son votos. Un contenido viral ayuda, pero no es suficiente.

¿Hay tendencias digitales que llegaron para quedarse?

Sí. Tenemos que prepararnos en inteligencia artificial, que ya está en uso y va a seguir creciendo. También debemos pensar contenidos cortos, sintéticos y atractivos, porque hoy la atención es escasa.

¿Cómo está formado tu equipo?

Somos pocas personas. Tres Discursos nació hace dos años y medio. Ofrecemos asesorías y capacitaciones personalizadas. En campañas trabajo como estratega y consultora, y también colaboro con una consultora amiga de Misiones. Damos capacitaciones en comunicación política, de gobierno, electoral, de crisis, etc.

¿Hacen encuestas?

No, las tercerizamos. Cuando necesito datos, trabajo con otros consultores.

La consultoría era un ámbito muy masculinizado. ¿Cómo lo vivís?

Es un desafío y una oportunidad. Participé de un programa de mentorías para mujeres consultoras con colegas de toda Latinoamérica. La política sigue siendo masculinizada, pero hay cada vez más espacios para mujeres, y no solo en áreas “sensibles”. Trabajo con diputadas en lugares de decisión. Además, entre nosotras nos apoyamos, nos capacitamos y nos damos trabajo. También formo parte de ASACOP, lo que amplía el espectro de vínculos y aprendizajes.

¿Por qué la política? ¿Qué te gusta de ella?

Desde siempre me gustó, pero sé que no quiero ser política. Me gusta el detrás de escena. Descubrí la comunicación política en la carrera, con Roberto Satina, leyendo a Mario Riorda, que hoy es mi director de tesis. Me fascinó poder fusionar la comunicación con la política.

¿Te aportó o te quitó hacer consultoría en tu propio pueblo?

Me aportó muchísimo, aunque fue un nervio extra. Pero fue una experiencia muy valiosa.

Si tuvieras que darle consejos a un candidato que empieza, ¿qué le dirías?

Que apueste a la autenticidad. La ciudadanía distingue cuando alguien es genuino y cuando está impostando. Antes se usaba “disfrazarse” para la campaña; hoy eso no funciona. Autenticidad, innovación y capacitación: esas serían mis recomendaciones.

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Andrés Rabossi: “Hoy la gente ya no quiere un superhéroe en política, prefiere que sea vulnerable”

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

En el episodio 30 de Eduardo Ledesma Pregunta hablamos con el consultor y asesor político Andrés Rabossi. Con más de 25 años de experiencia en el diseño, conducción y evaluación de campañas electorales en distintos niveles del sistema político argentino. Es Psicólogo Social, Coach Ontológico, Máster en Comunicación Política y Especialista en Opinión Pública. Dirige Consultora Nordeste y ha participado en más de 140 campañas en todo el país, asesorando a gobernadores, intendentes, legisladores, funcionarios y empresas.

Autor de Votamos como animales (2020), El nuevo liderazgo político en tiempos de desconfianza (2024) y el reciente Manual de campañas electorales provinciales y municipales (2025), es también creador del método META, un enfoque profesional aplicado a la planificación y ejecución de campañas.

En este episodio hablamos sobre las encuestas y la opinión pública, la coyuntura política en Corrientes, los errores más comunes de los candidatos, el impacto de la inteligencia artificial en la estrategia electoral, las fake news, el liderazgo contemporáneo y los riesgos que enfrenta hoy la democracia argentina.

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Más allá de todo lo que leí, si vos te tenés que presentar, ¿quién es Andrés Rabossi?

Primero te voy a decir quién no es Andrés Rabossi. No soy gurú, no adivino el futuro, no hago esoterismo, y lo digo con todo respeto. Y si tengo que definir quién soy, soy una persona privilegiada, porque cuando me levanto todos los días no digo “uy, tengo que ir a trabajar”, sino que tengo pasión por lo que hago.

Cuando cierro la jornada, siento que fue un día de muchísimo aprendizaje. No soy opinólogo, no soy analista político, no opino de café. En diez años jamás hice una publicación dando una opinión propia sobre política. Sí puedo dar una opinión sobre River o la música, pero no sobre política. Soy especialista en opinión pública. Me dedico a escuchar lo que dice la gente, interpretarla y aprender todos los días.

Entonces, ¿qué es ser encuestador hoy? ¿Qué te dice la gente? ¿Qué está pensando?

Ser encuestador en estos tiempos es bastante complicado. Lo asimilo mucho al que pronostica el tiempo. Medimos el humor social, lo que piensa la gente hoy. En Corrientes tenemos una ventaja sobre otros consultores: no tenemos una foto, tenemos la película. Hace al menos diez años, seis veces al año hacemos estudios de opinión pública, por eso podemos ver el devenir.
Una encuesta es una foto del momento, pero nosotros podemos ver la evolución. Por eso hablo del método: una encuesta es parte del diagnóstico. Es como un GPS: puedo saber a dónde quiero llegar, pero si no tengo claro el punto de partida, será difícil encontrar el camino.

¿Y qué estás viendo del sistema político?

La gente tiene cierta confusión. Nunca fui político, pero por mi exposición me rotulan así. Una encuesta que hicimos muestra que el 96% de las personas, cuando llega a una reunión donde se habla de política, se va hacia otro grupo. Solo 4 de cada 100 se quedan a debatir. Pero si la charla es sobre la luz, los impuestos o los salarios, sí se quedan. Eso también es política. Los estudios muestran hartazgo. La gente está harta de la política partidaria y de los políticos. Lo que más molesta es ver discusiones en televisión sobre temas que no están en la agenda de la gente. Hay una distancia total entre la agenda política y la agenda ciudadana.

Sin embargo, decís que defendés la política.

Sí, porque no conozco otra forma de alcanzar soluciones a los problemas que no sea a través de la política. Soy crítico, pero porque quiero una mejor política, una nueva política. Hoy conviven la vieja y la nueva política. Hay quienes plantean otros modos, formas e ideas.

Incluso vos mencionas la elección de la Provincia de Buenos Aires, donde muchos encuestadores fallaron. Vos fuiste blanco de críticas por tus pronósticos en Corrientes. ¿Cómo te llevás con eso?

A esta altura no me preocupa. No tengo necesidad de exposición. Yo decía que la elección se iba a definir en primera vuelta, y así fue. Hice cinco encuestas en el año y en todas las tendencias eran claras: un candidato con más de 45 puntos y 25 o 30 puntos de diferencia. Eso es irreversible. No tengo intencionalidad política, no hago operaciones de prensa.
El problema es que aparecieron las encuestas militantes, y eso genera desconfianza. Hay colegas que trabajan desde Buenos Aires que te miran por arriba, pero yo salgo a hacer encuestas, hablo con la gente. Y eso te da comprensión, te da contexto, algo que el número solo no explica.

Y la elección de Corrientes, ¿qué mostró sobre los liderazgos locales?

Fue una elección muy territorial, igual que la de Buenos Aires. Se revalorizó el liderazgo de base, el liderazgo territorial.  Yo siempre planteo que las sociedades cambian, los electores cambian, la política debe cambiar. Pero lo que sigue teniendo vigencia es la cercanía. La cercanía es la llave tanto para el premio como para el castigo. Si no vas nunca, no esperes que te acompañen cuando lo necesites.

También se habló de “campaña sucia”. ¿Dónde está la frontera entre una campaña negativa y una campaña sucia? 

Una campaña negativa puede ser legítima si se basa en hechos ciertos: antecedentes, promesas incumplidas, cosas que existieron. Pero lo que vimos ahora en Corrientes fue inédito: ataques personales, amenazas, cuestiones privadas.
El anonimato de las redes amplifica eso. No creo que regularlo sea la solución, porque cuando se regula, se hace por intereses. Pero sí debería haber un freno en cada equipo de campaña.
Antes había códigos, había caballerosidad, los candidatos se saludaban, había debate. Eso se perdió. Y quien más recurre a campañas sucias demuestra debilidad.

Para cerrar, ¿qué características debe tener hoy el líder político que estamos buscando?

El año pasado medí cuáles eran los atributos del candidato ideal. No existe el candidato perfecto, pero sí hay rasgos que la gente busca.
Hace diez años querían un superhéroe. Hoy prefieren una persona vulnerable, que muestre humanidad. La autenticidad es un valor central. Ya no importa tanto la oratoria ni el carisma. La gente quiere que le hables como un vecino. La vecindad, la paridad, la cercanía son esenciales.

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