Cristina conmoción

La decisión de alta política con la que Cristina Fernández de Kirchner sacudió ayer la modorra nacional constituyó una conmoción. Hasta los propios se sorprendieron. Los extraños se desconcertaron y los anti se dividieron en dos grupos. Los unos escupen fuego como dragón enojado y los otros aún no reaccionan, aplastados por el impacto de la noticia.

—¿Qué noticia?
Esa que motoriza la decisión de Cristina Fernández de correrse a un costado, de anunciar que será candidata a vice de Alberto Fernández y que competirá en las elecciones Primarias.
Tanto impacto causó la jugada (el tiempo dirá si fue táctica o estratégica), que el movimiento parece darle la razón a Alejandro Grimson, autor del libro “¿Qué es el peronismo?”.

—¿‏Por qué le da la razón?
Porque Grimson, un antropólogo social e investigador del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), viene diciendo hace tiempo que “el peronismo no deja de conmover la política argentina”.

—¿Y qué tiene que ver con la decisión de Cristina Fernández de Kirchner?
Eso justamente: que conmovió el tablero político nacional, les guste o no les guste a algunos o a muchos.

“De pronto surgió una perspectiva”, escribió ayer la filósofa Esther Díaz. “Una lección de gubernamentalidad. Un ejercicio de la política, no un mandato del márquetin. Sentido de la oportunidad, astucia razonada, conexión con los problemas reales, renunciamientos necesarios. Somos testigos de un gesto político notable, de un acontecimiento”, sentenció.
Tal “acontecimiento”, tiene reminiscencias históricas: Fernández-Fernández suena similar a Perón-Perón; Alberto al gobierno, Cristina al poder es igual a lo dicho y hecho por Perón y Cámpora. Hay otras referencias menos románticas, más dramáticas y un poco más alejadas de la realidad de este supuesto “renunciamiento” de Cristina, que acerca el recuerdo de Evita.
Pero más allá de la comparación en clave histórica, aprobatoria o condenatoria (pues hay para todo) este “acontecimiento” ya desdibujó varias otras candidaturas que ensuciaban el camino al acuerdo de un armado opositor competitivo. Además, dejó en falsa escuadra la estrategia del “populismo-venezualismo” de Cambiemos. Comprometió aún más al radicalismo que, dividido como está, no sabe si creer o no el golpe de efecto, si llamar o no a los peronistas para armar un frente alternativo, o si seguir o no en Cambiemos. (El gobernador mendocino Alfredo Cornejo dijo ayer, en Clarín, que tras la jugada de CFK, su propuesta para sumar peronistas a Cambiemos “está más vigente que nunca”).
El “acontecimiento”, en tanto tal, también, puso en modo de recálculo a los operadores internacionales y los organismos de crédito.
Sucede que Alberto Fernández puede encolumnar gobernadores, puede contener a otros referentes del peronismo de centro, federal, racional o como se llame; puede sumar a las clases populares, a los trabajadores y a sus líderes a los que ya envió señales de afecto y puede dialogar con aquellos que no lo harían con Cristina (ni ella con aquellos). Es que el hombre representa, desde las veredas del “márquetin”, como diría Esther Díaz, una figura más educada, o al menos más moderada que CFK. Alberto Fernández vendría a ser una figura de esas que le gustan al establishment comunicacional-institucional de la Nación, pues entre otras cosas encarna un antídoto para los fantasmas de la cesación de pagos y el aislamiento internacional. Es un constructor, dicen. Un componedor.
Ayer, igual, el desconcierto del establishment comunicacional-institucional de la Nación fue tal, que abordaron el acontecimiento con calificativos desdeñosos, ayudados con carpetas de servicios varios.
Extravagancia dijo uno; títere acotó otro. Alberto es un mentiroso, un doble agente, bramó una señora. Un verdadero panqueque sin personalidad, analizó alguien en Corrientes, para este cronista.
Ella es ella, más que nunca: pues nunca antes alguien renunció a los honores pero no a la lucha, se bajó un escalón y desde allí digitó quien estará en el de arriba. Genial, ironizó alguien más. Sustentan en esa movida la figura de la marioneta. (Además de actuar con los manuales de la infantilería política, quienes apuntan eso en realidad todavía resisten la inteligencia de una mujer como Cristina: la atacan y la niegan, creyendo que así se exorcizan de ella y del alcance de su expertise política).
“Es la admisión de que con ella sola no alcanza”, llegó a decir un radical correntino que pidió reserva tras la conversación con quien esto escribe. “El anuncio encierra el reconocimiento de que el cristinismo había achicado al kirchnerismo”, analizó un colega en la metrópoli. “Esta decisión implica nestorizarse para tratar de ampliar su base en busca de la recuperación del poder”. Etc., etc..

***

Sergio Massa fue el primero en ver la luz al final del camino:
“Tenemos la responsabilidad de construir una gran coalición opositora y una nueva mayoría para los argentinos, para derrotar a un gobierno que destruyó a la clase media argentina”.
“Creemos que es importantísimo construir no solamente un nuevo gobierno y una nueva mayoría sino un nuevo peronismo”, afirmó minutos después de que la ex presidenta anunciara su decisión a través de un video de Twitter.

Massa trazó así el objetivo: ganarle a Macri.

En la misma línea se leen las capitulaciones de Agustín Rossi y Felipe Solá. Se esperan más. Daniel Scioli optó por la idea de una gran Paso. Los gobernadores peronistas, varios de ellos, se mostraron “contentos”.

Ahora queda el trabajo. Para todos.

Queda el armado de un vehículo electoral amplio y competitivo mientras se generan los planes y proyectos para lo que viene: una Argentina con enormes carencias y dificultades. Una Argentina en la que será necesario fortalecer los mecanismos de gobernabilidad. Y esta será una necesidad para los Fernández eventualmente, como para los Macri o los Massa, los Lavagna o los Schiaretti. Para el que gane.
Queda además, mientras tanto, llegar a las Paso, después a octubre y tratar de que el país resista entero para encarar el proceso que comenzará el 10 de diciembre.

Queda por delante frenar el deterioro diario de la Argentina, de su gente.

Es allí donde radica la importancia de las señales que envíe el Gobierno a partir de este nuevo escenario. O de las que envíe Mauricio Macri. O el radicalismo en su calidad de socio-sostén territorial del fracaso de Cambiemos. Es que “Macri sólo le ganaba a Cristina, y capaz ahora no le gana a Alberto”, dijo ayer el histórico dirigente Julio Bárbaro. Antes era peronista; ahora es un inclasificable por la cantidad de boletos que se le ven en los bolsillos.
Además dijo otra cosa. Habló de conmoción: de una conmoción que sacudió a gobernadores, intendentes y dirigentes de todo arco político nacional. Y eso tal vez genere todavía más bronca entre los que minimizan la jugada y la descalifican, porque los globos y el ritual de fiesta de quince con música de Gilda nunca moverá las estructuras políticas de la Nación como movió un video con voz en off de CFK, transmitido por Twitter.
Por eso los berrinches en los referentes más desbocados e irresponsables del macrismo que, ante la falta de argumentos, azuzan el miedo, insultan. Fracasan también allí, en la reacción ante una jugada política que pone fichas nuevas en el juego cuyo resultado se conocerá recién el mes de octubre.

—¿Qué hay además, mientras tanto?
La pequeñez de aquellos que recuerdan los días en los que Fernández y Fernández tenían visiones distintas de la política, del gobierno, del país. Opinar distinto lo hizo distinto a Fernández. Y ahora la hace distinta a Fernández.
No obstante ello, al traer esos recuerdos, los odiadores de clase, los fanáticos y los interesados beneficiarios del statu qúo actual no ven que el “peronismo jamás será atrapado en una frase”. Desconocen que para explicarlo es necesario “escapar del análisis unidimensional y desplazarce a un abordaje multidimensional”, como dice Grimson. No alcanza con el enojo.

¿Por qué?
Porque “el peronismo nació y se configuró como un espejo invertido del antiperonismo”, y ambos corren a la par desde hace más siete décadas.
Y el antiperonismo, y su primo hermano el macrismo, son hoy los jefe de campaña de un espacio en formación que puede, si sabe, liquidar el pleito en una pasada.

Política, economía y elecciones

Hoy hablamos con Daniel Collinet acerca de la economía, del plan oficial de control de precios, o de alivio, que tiene mucho de kirchnerismo y de electoral. También hablamos de las implicancias en la provincia. Esta es una de las columnas que semanalmente tengo (los días lunes) en el programa “No está todo dicho”, dado el año electoral y las necesidades básicas insatisfechas de desenmarañar la complejidad extrema del sistema y los procesos políticos correntinos.
Gracias Daniel por el espacio, que espero sirva para que entre todos nos ayudemos a pensar lo que nos pasa y por qué nos pasa.

Mirá el video aquí:‼️👇

EDUARDO LEDESMA 22/04

Política, economía y su influencias en las próximas elecciones. Eduardo Ledesma y todo su análisis en NETD TV

Posted by No Esta Todo Dicho on Tuesday, April 23, 2019

 

Cierre de listas o plan integral de “salvación personal”

Hoy hablamos con Daniel Collinet acerca de las listas de candidatos a legisladores para las elecciones del 2 de junio. Esta es una de las columnas que semanalmente tengo (a partir de ahora los días lunes) en el programa “No está todo dicho”, dado el año electoral y las necesidades básicas insatisfechas de desenmarañar la complejidad extrema del sistema y los procesos políticos correntinos.

Gracias Daniel por el espacio, que espero sirva para que entre todos nos ayudemos a pensar lo que nos pasa y por qué nos pasa.

Mirá el video aquí:‼️👇

EDUARDO LEDESMA CIERRE DE LISTAS

El cierre de las listas en Corrientes dejó mucha tela para cortar y muchos análisis por realizar, tarea que realizó Eduardo Ledesma en No Está Todo Dicho TV

Posted by No Esta Todo Dicho on Monday, April 15, 2019

Sin elecciones

La Argentina, últimamente, no es noticia: eso es, para los argentinos, una gran noticia. Y nos sorprende: ya hace semanas, incluso meses que la Argentina no produce sorpresas, que todo se desarrolla en la dirección y al ritmo previsibles. En medio de crímenes diversos, que los medios relatan con regodeo y babita, se constata la obstinada degradación de las condiciones económicas y sociales, la obstinada acumulación de causas judiciales contra Cristina Fernández de Kirchner, sus socios y amigos y familia, la obstinada preparación de las elecciones que, desde marzo a noviembre, mantendrán al país ocupado o como si.

La forma de estas elecciones ya es un disparate y es, también, el síntoma más claro de un liderazgo roto. Los gobernadores provinciales que buscan su reelección desconfían de sus supuestos jefes nacionales y no quieren que les hagan perder votos, así que, para distanciarse, convocaron sus elecciones en fechas distintas de las presidenciales —y distintas entre sí—. Será un festival: desde el próximo domingo 10 de marzo hasta el domingo 16 de junio solo habrá tres fines de semana en que no se elegirá a algún gobernador. Son los que corresponden a tres feriados nacionales —el 24 de marzo, el 1 de mayo, el 25 de mayo— pero el Domingo de Resurrección sí habrá voto en San Luis.

Esa avalancha arrolladora de elecciones deberá conducir hacia el gran estallido final: el 11 de agosto se harán esas “primarias abiertas” cuya función real no entiende nadie, el 27 de octubre la primera vuelta de las presidenciales y las legislativas nacionales, y el 24 de noviembre, el balotaje que decidirá el próximo presidente o presidenta o presidento de la República Argentina. Será el Día de la Resignación, un gran momento del rechazo: elecciones que no van a decidir quién debe ser el presidente sino quien no debe serlo.

Hay dos candidatos excluyentes: Mauricio Macri, Cristina Fernández de Kirchner. Todas las encuestas muestran que más de la mitad de los argentinos no quiere votar a Macri. Y que más de la mitad —otros, los mismos— de los argentinos no quiere votar a Fernández. Más allá de odios particulares o prejuicios varios, no hay duda de que los dos se ganaron ese rechazo con cuidadosas gestiones de gobierno.

Tras ocho años de presidencia definida por la intolerancia y la soberbia, Fernández entregó un país con 29 por ciento de personas pobres, un déficit fiscal incontenible y un 125 por ciento de inflación en sus tres últimos años a un sucesor que hizo campaña diciendo que nada era más fácil que bajar la inflación, que no entendía por qué no lo habían hecho.

Que no entendía estaba claro. Ahora, tras tres años definidos por los errores y rectificaciones y más errores y menos rectificaciones, el gobierno del sucesor Mauricio Macri acumula una inflación de casi el 160 por ciento. En ese lapso la deuda externa aumentó más del 30 por ciento, el PBI bajó más del 15 por ciento, el precio de los servicios se triplicó y la cantidad de pobres creció en un 15 por ciento. La obsesión de sus publicistas es buscar alguna cifra positiva —y no la encuentran—.

En síntesis: está claro que los dos fracasaron tristemente en sus intentos de mejorar el país que recibieron de sus predecesores; que los dos lo empeoraron y empeoraron, sobre todo, las vidas de los que más apoyo necesitan. Y, sin embargo, las mismas encuestas también dicen que un tercio de los argentinos quiere votar por cada uno de ellos y que, por eso, su próximo presidente será Cristina Fernández o Mauricio Macri.

O, dicho de otra manera: si todo sigue su curso, los argentinos elegirán para gobernarlos a una persona que cuenta con el rechazo de más de la mitad, porque su otra opción despierta más rechazos todavía: el mal menor elevado a estrategia de Estado.

Los dos candidatos, por supuesto, juegan con esa situación. El mayor mérito que exhibe cada uno de ellos es no ser el otro. Las encuestas dicen que Macri tendría menos intención de voto que Fernández pero que, ya en la segunda vuelta, Fernández provocaría más rechazos y entonces él le ganaría. Macri necesita a Fernández para poder ser el mal menor. Es la misma política que usaron, durante años, Cristina y Néstor Kirchner: hacían todo lo posible por conservar a Macri como rival porque muchos los votaban a ellos para impedir que ganara él. Y ahora él hace lo mismo con ella, y la Argentina lleva más de una década entrampada en esta treta de pelea de barrio, en este barro inútil.

(Pero el precio que pagó Macri para recuperar a su enemiga útil fue muy alto: solo el fracaso de sus políticas económicas consigue mejorar la imagen de Fernández, que terminó su gobierno muy desprestigiada y, desde entonces, se siguió desprestigiando más y más con revelaciones sobre sus tan variadas corruptelas. Hay quienes se sorprenden de que los argentinos quieran que los gobierne una señora con tantas y tan fundamentadas causas criminales. Pero la corrupción despierta una indignación variable y funcional: es el reproche más vehemente cuando un sector social rechaza la política de un candidato o un gobernante, pero se olvida cuando esa política les parece deseable o encomiable).

Así está, ahora, la Argentina: entre dos variaciones del fracaso, dos pasados que luchan por no pasar del todo. No hay ninguna razón —ellos no la ofrecen— para creer que ahora van a hacer bien lo que ya hicieron tan mal, pero las tentativas de producir opciones nuevas no prosperan. Es cierto que, en su mayoría, las llevan adelante jóvenes viejos del “peronismo civilizado” —con perdón— como Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, caudillos locales cuarentones guapetones bien trajeados que se parecen demasiado a una mezcla de los dos malos conocidos. Y que ahora, informados de su inviabilidad por las encuestas, están tratando de inventar algún otro candidato, como el ex ministro de Economía de Duhalde, Roberto Lavagna. No parece que vaya a despegar, no suscita entusiasmos ni tiene por qué.

Así que lo más probable es que se imponga el mal menor, que siempre es mal pero nunca menor. En las últimas décadas, la Argentina se ha especializado en innovar: busca incansable —y encuentra, solvente— formas nuevas de la degradación. Esta, la de un país que se resigna a reelegir a uno de dos fracasados porque no tiene la audacia o la imaginación o la consecuencia necesarias para buscar otras salidas, es una nueva cumbre: la promesa de otros cuatro años perdidos.

Quedan todavía unas semanas; quizás en ellas pase algo y la Argentina recupere su poder de sorpresa. No parece. Mientras tanto, la política del menos malo es la mejor forma de seguir fomentando el descrédito de la política, de confirmarla como un juego ajeno, inútil, casi innecesario —y abrir la puerta a vaya a saber qué apóstoles y espadachines—. Bolsonaros y trumpitos se restriegan las manos. Para contrarrestarlos deberían aparecer opciones nuevas: no personas sino proyectos, debates, la búsqueda común de una idea de país. Llevamos décadas sin hacerlo; ya no está claro que sepamos cómo.

Buscando el mensaje de las urnas

Además de ser un análisis, es un compendio de las tesis tal vez más escuchadas en los últimos días, después de las elecciones del 22 de octubre. Esta nota, publicada en Artepolitica.com, tiene como objetivo brindar un “aporte a todo lo interesante que ya se ha escrito, así que buscamos juntar aquí los debates que nos parecen centrales luego de las últimas elecciones del 23 de octubre”, dice su autor: @TomiOlava.

Claramente es un muy interesante aporte para entender lo que viene sucediendo en Argentina. Super recomendada.

Podes leer el artículo completo aquí: 

Peronismo para millennials

En medio de tanto barullo, esta nota ayuda a entender algo lo que está pasando en Argentina. Más allá de la grieta y del lugar que cada uno ocupe en ese diferendo, consciente o inconscientemente, esta nota merece ser leída. Si además la lectura se hace desapasionadamente, pero con criterio crítico, dejará ver todo su valor. Sus autores: Martín Schuster & Agustín Cesio. Fue publicada por la Revista Panamá.

Un párrafo dice: “Durán Barba no le dio a Cambiemos una técnica política, un método, sino una filosofía política”. No una techné, sino una episteme. No solamente un coacheo publicitario de mensajes motivacionales y camisas celestes, sino también un diagnóstico de cómo son las nuevas sociedades y una propuesta (con pretensión científica) de acción sobre ella. ¿Cuál es el diagnóstico, Durán? Que las nuevas sociedades están compuestas por individuos políticamente apáticos, agnósticos a los grandes relatos del siglo XX, a quienes no hay que venderles intensidad épica sino, por el contrario, ascenso y progreso en el ámbito que es para ellos prioritario: la intimidad del mundo privado de la vida.

Hacé clic y leé la nota completa aquí:

 

Ya no hay excusas

Ya no hay excusas. A lo largo del por momentos agobiante calendario electoral correntino, la ciudadanía fue confirmando el sentido político de su voto: se recostó por la alineación de los tres niveles del Estado. La trillada y muchas veces falsa (pero no por eso menos contundente) expresión de deseos de unir Nación-Provincia-Municipio, encontró en Corrientes un salvoconducto para que cambiar sea seguir.
La administración que desde el 10 de diciembre comandará Gustavo Valdés, dio el primer batacazo en el mes de junio cuando el justicialismo no pudo ratificar su permanencia en el municipio de la Capital. Perdió Fabián Ríos. Ganó Eduardo Tassano. Y en ese mismo acto, el rumbo empezó a trazarse con optimismo para ECO+Cambiemos que tenía por delante tres paradas bravas. Con el diario del lunes, podría decirse que no fueron tan bravas como la de Capital.
El error estratégico de Ríos, que traducido al lenguaje común fue el adelantamiento de las elecciones, traía consigo, evidentemente, la llave que destrabaría todas las elecciones.
Anímica, económica y políticamente disminuidos por la pérdida en Capital, el PJ ensayó una interna para regenerar votos y morigerar un eventual impacto negativo en las Primarias de agosto. No lo logró.
ECO+Cambiemos decidió no abrir sus listas y se quedó con el 45 por ciento de los votos. Fue un segundo gran triunfo, pero que sin embargo no pareció el portal de entrada para lo que vino después. No pareció porque la oposición, dividida, había firmado una alianza amplia de unidad para octubre. Contaron sus votos y eran más que los del Gobierno. Compraron aire y tiempo, pero ninguna certeza en su derrotero errante.
Así llegó el 8 de octubre y Gustavo Valdés se impuso a “Camau” Espínola. Desde lo conceptual la elección parecía más ajustada de lo que fue efectivamente cuando se abrieron las urnas. Una amplia diferencia colocó al capitalino-ituzaingueño en el sillón de Ferré y allí sí, envalentonado, el Gobierno de Corrientes que “muñequea” Ricardo Colombi salió a correr el último tramo del calendario electoral provincial-nacional con una pretensión: conseguir los tres diputados nacionales.
ECO+Cambiemos volvió a ganar ayer. Consiguió 2 de los 3: Estela Regidor y Sofía Brambilla. Y se impuso primero por mérito propio. Felicitaciones. Pero se impuso también por una serie larga de desaciertos de la oposición que no logra darle a la gente que no quiere que sigan los mismos (alrededor del 45 por ciento desde hace por lo menos 8 años), un emergente convocante y capaz de asumir ese liderazgo.
La oposición divide cuando debe juntar y hace al derecho lo que debe hacer al revés. Copia modelos (por caso las colectoras) haciendo lecturas erróneas allí donde reposa una regularidad histórica: ninguna elección es igual a la otra. Y no encuentra un mensaje claro. No quisieron ser kirchneristas, pero tampoco se diferenciaron del todo del macrismo.
La oposición nunca encontró la diferencia efectiva con lo que proponía Valdés (una especie de cambio justo) y entonces la ciudadanía que inclina la cancha y que optó por la continuidad en este esquema agrietado, tan cerrado del 54 al 45 por ciento, votó por quien le asegura ciertas certezas: el pago de sueldos es la más contundente. Pero también la paz social. La gobernabilidad.
Para más, la oposición volvió a diluir su potencial ayer, al tener opciones separadas que el 8 de octubre fueron una sola. Por eso también, la estrategia electoral, constituye una materia ineludible que debe saber-entender quien aspira a administrar el poder.
Nito Artaza capitalizó su imagen y otra regularidad que le asiste: siempre tiene buenas performances cuando va solo. Fue segundo en Capital y tuvo una elección al menos sorprendente en el interior. Le disputó de igual a igual a Jorge Romero. Ambos se restaron y estuvieron a un paso de allanarle el camino a Alfredo Revidatti, el tercero de ECO.
Así y pese al modo soberbio en el que lo dice, viendo lo acontecido, Colombi tiene razón: hay muchos dirigentes peronistas que deben pegarse una vuelta por la escuela.
Pero más allá de este análisis en línea de lo que vino sucediendo en Corrientes, el resultado de la elección de ayer confirma un dato político saliente: la alineación.
De allí se desprende, con claridad, siguiendo el lineamiento conceptual del propio gobernador Colombi, que la victoria no da derechos sino obligaciones. Por lo tanto, lo que la ciudadanía hizo este año fue quitarle al gobierno la bandeja de los peros, de los palos en la rueda.
Ya no hay excusas. Ya no hay peleas políticas con el gobierno nacional y tampoco debería haberlas entre el gobierno provincial y los municipios, por caso los más importantes y a la vez más “conflictivos” del último tiempo: Capital y Goya, ni más ni menos que los dos más densamente poblados de la provincia. Allí estarán ahora Eduardo Tassano e Ignacio Osella, dos de paladar negro.
Pero ECO consiguió intendentes en por lo menos otros 30 municipios. Ayer sumó uno más, el de Ituzaingó, por lo que en gran parte de la provincia no hay diferencias a la vista. No hay culpables -a priori- que puedan retrasar el progreso largamente prometido a lo largo de los últimos 16 años, pero básicamente en las campañas de estos días.
No hay excusas para mejorar la infraestructura, para generar trabajo, para mejorar la educación y la salud, para recuperar calidad institucional, el diálogo, el reconocimiento del otro como alguien que piensa distinto, pero que por ello no es un enemigo. No hay excusas para sumar en vez de discriminar.
Ya no hay excusas para trabajar. Para hacerse cargo de los problemas. Para recuperar la institucionalidad que no significa otra cosa que mantener desde el gobierno relaciones serias, institucionales y responsables con los municipios opositores, que fue justamente el reclamo que largamente sostuvo la Provincia en relación con la Nación.
Ya no hay excusas. Es hora de ir a las cosas.

En “Los Cenadores” haciendo un balance de las elecciones

Con Alberto Medina Mendez participamos una vez más del programa “Los Cenadores” en el que hicimos un balance de las elecciones ejecutivas del 8 de octubre, oportunidad en la que fue elegido Gustavo Valdés como el Gobernador Constitucional Propietario N° 59 de la provincia de Corrientes.

Gracias a Rafael Costa y Daniel Collinet por la invitación. Que lo disfruten.

 

Ganó Valdés, ¿y ahora qué?

“Lo peor que puede hacer el ser humano, es negar lo que es. O fingir, y tratar de vender una imagen que no es cierta. Yo no soy una persona que te voy a pasar la mano y después te voy a pegar un patadón. No. Podemos disentir. Podemos acordar. Podemos discutir. Pero siempre respetándonos.
Equivocarme. Y sí. Tal vez por mi forma de ser, muy confrontativo, de decir las cosas de frente, por ahí trajeron malestar y demás, pero bueno, yo soy así.
Yo no soy ni más ni menos que ella (1). Somos iguales. Y le tengo que respetar esté de acuerdo o no con lo que ella diga en su profesión de periodista. Y además le tengo que respetar como persona, como ser humano. Eso es lo que hay que entender. El grave problema que tenemos es creer que uno es eterno. Y no es así.

Ricardo Colombi.
Extracto.
Entrevista con Equipo de Noticias.
Canal 13, domingo 1 de octubre de 2017.

 

 

Todo pasa. Y ahora pasó el colombismo. Empieza otra era para la política correntina que estará liderada por el doctor Gustavo Adolfo Valdés.

Habrá quien piense que es más de lo mismo. Que será difícil deconstruir conceptos tan arraigados como los que perfilaron a Horacio Ricardo Colombi, desde 2001 en adelante, como el “único” garante de la estabilidad social, económica y política que le dieron cierta tranquilidad a un pueblo más acostumbrado a las convulsiones. Habrá que demostrar ahora que sin Colombi, es posible mitigar la angustia que merodea provincias como la de Corrientes, por el fantasma de la cesación de pagos, la falta de empleo y la pobreza consecuente. Larga. Estructural. Doliente.

La provincia está hoy en el umbral de otro momento. La ciudadanía se ha expresado y lo menos que le debemos es respeto. Su sentido práctico emitió un voto de confianza: tal vez crea que la cosa pueda mejorar o, al menos, no empeorar.

Largamente se pueden discutir cuestiones contextuales, como la libertad efectiva de la gente a la hora de razonar y emitir su voto, el calado de las presiones ejercidas de uno y otro lado, el miedo a perderlo todo, es decir, lo poco y nada que tienen aquellos que no forman parte del Estado aglutinante ni del sector privado chico pero coadyuvante. Las prebendas. Las regularidades en cuanto a la utilización de los recursos del erario público para hacer proselitismo salarial, etc. Pero lo cierto es que hay un resultado y hay que acatarlo. Bregar para que Valdés ponga en juego su propia inteligencia y pueda avanzar por el camino prometido: el que prometieron ellos mismos en la campaña.

Es hora, por tanto, de recibir los beneficios del alineamiento multiestatal sin entregar la autonomía. Es la hora del desarrollo sin excusas. De decir la verdad. De empezar a cumplir.

Claro que la cosa no será sencilla. Valdés no podrá hablar de la pesada herencia, pero recibirá una provincia complicada. Que paga sueldos y poco más, sin que eso sea poco, como ya dijimos, por el pasado reciente de la provincia que concluyó con muertos en 1999, rota la cadena de pagos y una enorme porción de la población sumida en un suculento subdesarrollo, muchas veces letal.

La gobernabilidad y la paz social que fueron necesarios para la reconstrucción, hace poco menos de dos décadas, son valores que ya no están en juego. Ni en riesgo. No deberían estarlo al menos. Pero ya no alcanzan. Ya no alcanza sólo con pagar. Ni repetir ese “logro” como una gran cosa cuando se trata de una mínima responsabilidad que tiene un gobernador. Es cierto que hubo quien no pudo ni eso. Pues bien: una pueblada lo echó a patadas. Ya está.

Es hora de avanzar, y Valdés tendrá esa ardua tarea. Primero, dejando de lado una mentira basal: “Lalaca” Colombi no le dejó la “vara alta”. Todo lo contrario. Por eso es necesario desmontar el colombismo. Superar lo de los salarios. En todo caso mejorarlos y generar las condiciones para sumar trabajo y sueldos de calidad.

Habría que eliminar la hipocresía y el engaño del libreto político. No resiste análisis la magnitud de la discriminación nacional durante el kirchnerismo, cuando Colombi y los Kirchner fueron socios. No se puede seguir cuestionando a los otros porque “pagan medios de comunicación nacionales”, teniendo prensa adicta acá nomás, a unas pocas cuadras de Casa de Gobierno, a unos pocos centímetros de la computadora que escribe estas líneas.

No se puede andar pidiendo autocrítica cuando uno mismo no la tiene.

No sería bueno, por tanto, que el doctor Valdés mute en gobernador soberbio que no sea capaz de reconocer un error o, lo que es peor, que no pueda ver que sus acciones u omisiones a veces empeoran las cosas. Que no se pueda ver la pobreza que lo circunda. Una pobreza que baja en el país y sube en Corrientes, y que en conjunto con la indigencia constituyen un mal que afecta nada menos que a la mitad de los correntinos. ¡A uno de cada dos! O que niegue el sistema de medición del nuevo Indec, como hizo el propio Colombi hace una semana y por televisión. ¿No era eso lo que hacía el kirchnerismo? ¿No era eso lo que criticaba?

***

No se puede hablar de vara alta cuando todos los indicadores socio-económicos de Corrientes dan por el piso. La educación no es buena y las escuelas están llenas de alumnos con sobreedad, producto muchas veces de la repitencia y otro tanto por la necesidad de ayudar en sus casas. Dejan y cuando pueden, vuelven. Si vuelven.

La salud cojea. Tiene indicadores dignos del peor atraso: altísimos niveles de mortalidad infantil, condiciones adversas para parir en el interior o para recibir atenciones de clínica médica mínimas en los viejos hospitales, y aún en los nuevos. En los que se han inaugurado en 16 años y en los que se han refaccionado.

Falta trabajo, trabajo y más trabajo. Falta energía, y cuando hay, que no se corte. Faltan caminos y casas. El déficit habitacional es de varias decenas de miles de unidades. Hay que mejorar las rutas. Hay que levantar dos puentes caídos y otros tantos en peligro de derrumbe. Hay que combatir la trata de personas. El narcotráfico. A la policía corrupta. A los corruptos.

Por tanto, Valdés debería crear un equipo de gobierno que gobierne pensando en el otro, no que crea que el Estado le pertenece. Hay que demostrar convivencia. Y hacer lo posible para no pelearse mañana mismo con el intendente Eduardo Tassano.

A los parques industriales, el doctor Valdés tendría que ponerle industrias. Tendría que hacer que venga la Coca Cola. Y que no se vayan los correntinos por falta de oportunidades.

Tiene que generar redes significativas, para que los correntinos que nos quedamos, tengamos manera de desarrollarnos, cada uno en lo que quiere, no en lo que puede, a duras penas.

Deberá cumplir con lo que prometió: que restablecerá el dialogo como método de construcción política. Sabe bien Valdés que en todos estos años hubo mucho monólogo. Mucho grito y golpes en la mesa.

Hay que modernizar el Estado, las comunicaciones. Salir de las cavernas y dejar atrás a los cavernícolas. Hay que dejar atrás el apriete como salvoconducto para conseguir los objetivos, sean estos personales o colectivos, políticos. Y para eso, entre otras cosas, debe nombrar colaboradores que se dediquen a su trabajo, no a presionar profesionales, empleados o contratados para engrosar las maquinarias electorales del partido de Gobierno.

Hay que propiciar la reforma política y electoral. Habrá que garantizar la convivencia y la paz social, porque la provincia está quebrada en dos. Tendrá que hacer esfuerzos el doctor Valdés para gobernar para todos, pese a que la mitad de la población viene queriendo otra cosa.

Habrá que legitimarse siempre, convocando a todos los sectores, pero no destruyéndolos primero. De ser así, la provincia verá las cosas que se pueden hacer cuando la mayoría puede aportar el máximo de su potencial.

Para ser distinto, el doctor Gustavo Valdés tendrá que hacerse cargo. Tendrá que desterrar la vieja lógica de que siempre la culpa es ajena. Eso, básicamente, es ni siquiera hacerse cargo de las decisiones de uno. Su mentor y su secuaces fueron muchas veces campeones en el arte de trasladar culpas y rotar identidades según la conveniencia política del momento.

Por su investidura, Valdés deberá dejar de lado aquello del maltrato a los periodistas sólo porque preguntan. Esa nunca será una culpa periodística. Nunca. Nunca preguntar será un delito. De hecho, ¿no se acompañó desde Corrientes el reclamo de los periodistas que “querían preguntar” a Cristina Kirchner? Pues bueno: Valdés tendrá que responder.

Habrá que dejar atrás el populismo-paternalismo silvestre del gobernador saliente y avanzar en serio hacia el republicanismo que, entre otros, promete el presidente Mauricio Macri. Ello incluye una verdadera división de poderes, la real independencia de la justicia, reconocer adversarios y no enemigos y respetar al que piensa distinto y no mandarle una banda de trolls anónimos, pero bien rentados y adoctrinados. Deberá propender a fomentar una amplia libertad de expresión para que más personas, más periodistas, puedan decirle esto mismo que dicen estas líneas -de frente, en la cara- sin que haya miedo a represalias.

Puede que todo esto se enmarque en una visión pesimista. Puede que sí. Pero es necesaria. Más necesaria a veces que el optimismo pavote o su variante paga: la alcahuetería genuflexa e interesada. De eso tienen mucho los gobiernos.

Menuda tarea tiene el doctor Gustavo Valdés por delante. Ojalá le vaya bien. Mientras tanto ya hay algo para festejar. Las 20.144 personas que nacieron en 2001 en Corrientes, y las 300 mil en promedio que nacieron desde entonces hasta hoy, podrán anotar otro apellido en la lista de gobernadores. Descubrirán que los Colombi no eran monarcas. Ni tenían derecho de sangre.

Este Colombi, el de ahora, se irá el 10 de diciembre y, según dice, y ya no volverá. Irá a su casa de Mercedes a pisar el césped. Descalzo. Valdés entonces tendrá que gobernar. Ojalá lo haga mejor.

 

(1) Ella: se refería a Cristina Solís, una de las periodistas que lo entrevistaba.