Las espinas de Rozas

El senador Angel Rozas, ex gobernador de la provincia del Chaco, aportó esta semana un acto cipayesco, mezquino, enajenado de la realidad que vive el país y sobre todo la región que lo vio nacer y que gobernó largamente. ¿Qué hizo? Mal usó sus redes sociales para vender como un logro que el radicalismo -partido que lo cobija-, consiguió torcerle el brazo al Gobierno que él y otros integran, para frenar una medida polémica: el pago retroactivo de sobrecostos de la tarifa de gas que debían hacer los usuarios para compensar, por la devaluación, a las empresas prestatarias.
La medida, a todas luces discutible y polémica, perjudicaba directamente a los usuarios que tienen el servicio del gas natural, prestación esencial no solo para las familias sino también para las pymes y grandes empresas. En términos políticos, perjudicaba mayormente a Buenos Aires, un electorado que nadie está en condiciones de dejar de contener.
Pues bien: el radicalismo, según Rozas, lo hizo. ¿Qué hizo? Dejó en evidencia una medida inconsulta y problemática para la aprobación del presupuesto nacional, que por si fuera poco agrava la situación económica de los argentinos que tienen gas natural y, ahora también, de los que no lo tienen.
Escribió Rozas en Twitter: “Lo logramos, el radicalismo consiguió frenar la suba retroactiva del gas. El Estado se hará cargo del monto extra”. 
Pero, ¿en qué nos afecta a nosotros? En mucho.
Como consecuencia de esa jugada del radicalismo, no solo socializamos pasivos privados (producidos por una feroz depreciación monetaria, echando mano a una norma de la Argentina menemista dolarizada) sino que pagamos la sangría de un servicio que nos excluye a todo el NEA, como el gas natural. También asistimos a una nueva entrega en favor de las grandes metrópolis. Cedemos recursos que son de todos, que nos cuestan conseguir y que no alcanzan. Si el Estado paga, esa plata sale de una caja para meterse en otra, asunto que podría terminar en menos obras públicas, menos servicios, menos trabajo, peores salarios y en la postergación, una vez más, de las reparaciones que nos deben. No solo a Corrientes sino a la región.
¿Qué más? Asistimos a la miserabilidad de un senador de la Nación como Angel Rozas que desoye las voces de sus montes para dejarse seducir por el griterío porteño que reproducen los medios. Lo vemos hacer política de la menor estatura con la crisis y el consecuente ajuste al que recurrió el gobierno de Mauricio Macri, que, vaya ironía, el mismo Rozas integra como socio.
(Pobre Macri, además de pánico debe tener espasmos seguido. Tener de socios a Rozas, Aída Ayala o a su comprovinciana ilustre Elisa Carrió debe ser bastante pesado. Le cambian la agenda, le salpican algunos asuntos reñidos con la ley, le marcan la cancha, le digitan funcionarios y también le dibujan límites en su autoridad. Lo raro es que nadie se escandaliza. Cualquier Dady Brieva que se extralimite como Carrió recibe el mote de destituyente. Ella, en cambio, sigue siendo la fiscal moral de la Nación. Cosas que pasan).
También debe ser pesado para el Presidente tener en su “mejor gabinete de los últimos 50 años” a funcionarios como Javier Iguacel, el ex titular de Vialidad Nacional, a quien el fuego amigo apoda cariñosamente “Buzz Lightyear”, por el personaje animado de Toy Story al que dicen que se parece.
¿Quién es Iguacel? Un muchacho que culpa de todo al kirchnerismo. El mismo que sin sonrojarse, contrató a la Escuela de Arte de la actriz Cecilia Maresca para mejorar su oratoria. El mismo que, por ese “coucheo” le hizo gastar 25 mil pesos mensuales por varios meses a Vialidad. Es decir al Estado. Es decir…
Iguacel es el mismo al que se le cayeron dos puentes en Corrientes pese a que cinco minutos antes le habían hecho un informe diciendo que todo estaba regio. (Corrientes sigue sin esos puentes en Itatí, sobre el Iribú Cuá, y en Esquina, sobre el arroyo Guazú. Y una familia misionera sigue llorando a su muerto, víctima de la desgracia de tener que pasar por una provincia pobre, postergada y sin infraestructura de calidad, que no pudo frenar el vehículo de Rogelio Schering, quien murió al caer al agua cuando la camioneta que conducía terminó en el río porque nadie puedo prevenirlo).
Su última escena fue el escándalo por la resolución que transfería a los usuarios de gas la deuda que las petroleras les reclaman a las distribuidoras por la calefacción dolarizada del último invierno. Y como recibió cascotes desde todos los cuadrantes, ¿a que no saben a quién culpó? Exacto: al kirchnerismo. “La mayoría de las quejas por el aumento de gas son de militantes kirchneristas”, dijo en la antikirchnerista radio Mitre.
Pues resulta que sus socios le mostraron que su barbaridad no corre. Que no se trata sólo del kirchnerismo. De hecho, al parecer, las medidas de Iguacel no escurren ni dentro del Gobierno, según dicen, porque el ex CEO petrolero (su ex empresa sería una de las beneficiarias de la resolución trunca) es afecto a puentear sus mandos superiores. Hasta ahora lo banca el Presidente, pero debió callarse la boca y guardarse después de intentar deslegitimar el reclamo social por el asfixiante ajuste y la inflación descontrolada, tildándola de reclamo político. Como si las acciones de su cartera no lo fueran en todas sus formas. En fin…
Por suerte está Carrió, que salió a bancarlo. “Está perfecto (que el Gobierno haya frenado la medida). Era un horror, pero no creo que haya sido una idea de Iguacel”, sostuvo la legisladora días pasados. Menudo favor: Lilita Carrió está diciendo que el bueno de Iguacel puenteó a su superior, el ministro Nicolás Dujovne, que no avisó a nadie, que puso en jaque el acuerdo político por el presupuesto y generó una nueva crisis social-política-económica sosteniendo una idea que no es suya. Genial.

Una matriz histórica

Si no fuera tan trágico todo, Rozas daría para la risa en una serie interminable de “memes”. Pero es trágico, aunque no exclusivo del legislador. Sucede que el chaqueño no está solo en la conceptualización unitaria de este país. La cosa, en lo hondo, va más allá de la entrega de Rozas y de los gobernadores y de los dirigentes radicales, que como alternativa a la embarrada del Gobierno (que exhibe cada vez con mayor frescura su ineptitud) hacen pagar a todos por lo que solo algunos tienen.
El comportamiento de Rozas se verifica a lo largo de la historia con muchos legisladores que cuando llegan a Buenos Aires y disfrutan de los atributos del cargo, son capaces de vender las joyas de la abuela con tal de contentar al patrón -generalmente el presidente o algún líder opositor- y preservar sus privilegios.
No hace falta dar nombres (serían menos las excepciones, claro) pero incluso Corrientes ha dado muestras sobradas de genuflexión política. Y si bien cada tanto se habla del tema, los diputados y senadores no fueron capaces, al menos hasta ahora, de regionalizar sus fuerzas y reclamos y potenciarlos con la suma de sus votos.
Solo por mencionar un ejemplo, el del gas natural, hay que recordar que el primer proyecto presentado en el Congreso para que Corrientes y la zona tengan ese servicio, data de 1960. Lo presentó Augusto Conte (h). Es decir: hace casi 60 años duerme el sueño de los justos.
Y ni hablemos de los gobernadores, muchos de los cuales siguen el mismo mecanismo de entrega ante Nación. Ejemplos también abundan. Y, por el contrario, como escasean los que en verdad disputan los intereses que legítimamente les pertenecen a las provincias, la mayoría se sirve del marketing para disimularlo.
Lo que hay es pura actuación política. Puro acting. En Corrientes pasó hasta hace poco: un socio que después dejó de serlo y que ladraba como el perro a la luna. El asunto es que antes había cedido unos cuantos derechos.
Eso mismo llevó a varios intelectuales a analizar el comportamiento, y como la discusión centro-periferia en este país viene casi como una yapa desde la Revolución de Mayo, podría decirse que está demostrado que el centro no siempre tiene toda la culpa. 
Creer que Buenos Aires, el Gobierno de la Nación, Mauricio o Cristina (o Néstor, o los cinco, o Menem, o Alfonsín, y de allí al principio de los tiempos) son los únicos responsables de nuestros males es correr de la escena a los actores locales, como Rozas y tantos más. Y al correrlos se les concede un salvoconducto que no deberían tener por la traición que hacen de sus votos. Por la traición a su electorado. Por rifar sus causas más nobles.
Rozas, mientras tanto, festeja ser radical y frenar al Gobierno. En el Chaco, su provincia (como en muchas otras, incluida Corrientes) hay más gente en las casas de crédito que en los supermercados. Y cuando no, están en los hospitales, comisarías o en los divanes, tratando de mitigar tanta angustia.
Angel, mientras tanto, tuitea. Antes de festejar eso del gas, festejó en clave medieval por otro servicio: por el agua potable que está llegando en el ocaso del año 2018, a ciertos lugares de su provincia postergada. “Seguimos avanzando para que en #Chaco, más de 16 mil personas del Impenetrable tengan agua potable. #UnMejorLugarDondeVivir cc @frigeriorogelio”.
Arrobar al ministro del Interior Rogelio Frigerio no es casual, por supuesto. Ese acto de alcahuetería es una prueba más de la sumisión a la que se entregan algunos, sujetos por el peso de la decadencia, el desprecio por el otro y las mezquindades personales y protopolíticas.

No importa la pelea, importa el Gobierno

El gobernador Gustavo Valdés participó este domingo de un programa de televisión y ratificó en ese marco, además de otras cuestiones relacionadas con la gestión, la línea discursiva que vienen esgrimiendo los líderes del “proyecto”. Dijo que su relación con el ex gobernador Ricardo Colombi es excelente y que no habrá pelea como quieren algunos.

Es llamativo pensar que alguien quiere hacerlos pelear o verlos peleados, pero es una manera de verlo. Otra manera posible de analizar una relación política es que no es la pelea lo que importa. No es relevante que Valdés y Colombi hablen, viajen, vacacionen juntos, o lo que quieran. Lo que es relevante para la vida pública es la necesaria distancia que debe tomar Valdés si lo que importa -y le importa-, es la calidad del Gobierno: de su gobierno.

Valdés, entrevistado por Equipo de Noticias de Canal 13 dijo que “la relación con Ricardo Colombi es muy buena”. “Estamos permanentemente en contacto. Es cierto que a algunos le gustaría, pero no hay conflicto con él”, dijo.

En la misma línea, hace varios días y hablando por Radio Dos, Colombi fue más contundente, como es habitual en sus parlamentos: “Tienen que sacarse de la cabeza que me voy a pelear con Gustavo Valdés”, sentenció. “Mi relación con él es buena… hasta le hago de chofer. Con su impronta está avanzando, y lo vamos a acompañar”.

Pasa que “algunos agoreros quieren que nos peleemos, pero eso no está en mi espíritu. Que se saquen de la cabeza esa idea. Hay algunos medios que están pendientes de eso… y tratan de crear polémica, pero eso es una estupidez”.

Lo que no es una estupidez es su intromisión en el nuevo gobierno. Se diga lo que se diga (y Colombi, está demostrado, es libre de decir lo que quiere), cualquier ciudadano correntino, o cualquiera que más o menos mire el desarrollo del juego político, advierte que no hay autonomías plenas. No las hubo en la conformación del gabinete, en los recambios que se están amagando, y que incluso insinúan la vuelta de funcionarios cuestionados y hasta denunciados por distintos tipos de malversaciones.

No hay autonomía en esa supuesta entrega desinteresada que implica hacerle de chofer al Gobernador, como si éste lo necesitara.

En fin.

Pero como cada uno es libre de decir lo que le venga en gana, como hace Colombi, y lo hizo siempre, cambiando el nombre a la gente, insultando dirigentes, maltratando periodistas, incluso burlándose de sus oponentes (como hizo en junio y en octubre pasado, en sendos festejos por triunfos electorales), uno puede decir que la cercanía política del ex gobernador atenta contra la búsqueda de nuevos mecanismos de gestión de la cosa pública.

Einstein decía que, si uno siempre hace lo mismo, no debe, a la vuelta, esperar resultados diferentes.

Los resultados de los tantos años de Colombi en el poder están a la vista: enormes bolsones de pobreza e indigencia, liderazgos nacionales en los peores rankings, por caso los de mortalidad infantil y neonatal; los educativos de repitencia, sobreedad e incomprensiones textuales o numéricas; problemas en los hospitales, de trabajo en general, de conectividad, de energía, de puentes, viviendas, etc., etc.

¿A Colombi le debemos el pago de los sueldos en tiempo y “forma” a la Administración Pública? Si. ¿Cierta paz social? Si. ¿Altos niveles de gobernabilidad? Si. Después podemos preguntar, entre la misma clase política, cómo logró todo eso: si por las buenas, persuadiendo, o a los empujones.

Lo que está visto -más allá de todo- es que ya no alcanza. Y que las líneas de acción trazadas por Valdés implican atender el Estado con otras herramientas y desde otros paradigmas.

El primero de ellos es hacerse cargo de los problemas: Valdés ya lo hizo: los enunció a todos y cada uno ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo, después de un negacionismo de más de tres lustros. A Eduardo Tassano todavía lo estamos esperando, no porque necesitemos esperarlo, sino para demandar que cumpla lo que prometió en campaña: que la alineación Nación-Provincia-Municipio sería nuestra “salvación”.

Si fuera por Colombi, según dijo la semana pasada por Radio Sudamericana, la ausencia de gestión en la Capital -después de las inundaciones de promesas- es culpa de Fabián Ríos. El colmo del cinismo. Pero él tiene derecho a ese planteo. Como nosotros a no creerle.

Está visto: no importa que sigan comiendo a asados o que viajen juntos. Importa que el gobernador, que es Gustavo Valdés, tenga las condiciones prácticas e ideales para desarrollar su gobierno, y que después, en todo caso, pase a cobrar sus aciertos o a pagar por sus errores. La otra lógica, esa que implica que los aciertos son míos y los errores de los otros, y que imperó en Corrientes desde 2001, no nos ha traído a buen puerto.

 

Valdés: recuento de daños y proyección a largo plazo

Gustavo Valdés no habló de la herencia. No puede hacerlo por una larga lista de circunstancias políticas, que se sintetizan en una oración de ocho palabras: recibió el gobierno de su mentor, Ricardo Colombi. Pero sí hizo algo digno de esperanzas: reconoció cada uno de los problemas que estancaron a la provincia durante los últimos 20 años y que se negaron sistemáticamente en los últimos 16. El cambio tal vez empiece por ahí, y más allá de las expectativas que tenga cada uno, ese punto de partida predispone a la provincia a transitar el merecido, postergado y reclamado camino de la reconstrucción, del desarrollo, la modernización y la inclusión social.
Fueron esos, de hecho, los ejes del discurso con el que el Gobernador, ayer a la noche, dejó inaugurado el período ordinario de sesiones de la Legislatura.
Gustavo Valdés fue recibido después de las 19 en las remozadas instalaciones del Palacio de las Leyes (todavía con olor a pintura) y desde las 19.20 hasta las 20.27 recorrió las 24 páginas del cuadernillo de su discurso, el primero de su gobierno, plazo fijo en el que depositó el éxito o fracaso de su gestión. No sólo de este año. Porque fue un discurso largamente aspiracional, que no verá frutos en 365 días. No lo creería ni el más optimista. Pero sí marca un rumbo y metas. Veremos.

***

Para empezar, selló el carácter de esta etapa que comienza: “Corrientes somos todos”, dijo, e instituyó ese slogan como la identificación de su gestión, que tiene además la intención de una convocatoria amplia, abierta, que incluya principalmente a las mujeres y a los más vulnerables, y a los vecinos de todas las direcciones. Mencionó especialmente a la Capital. Un detalle, pero no tanto. Es una gran diferencia en relación a los últimos años llenos de diferencias entre el Gobierno y el principal distrito provincial. Hay más.
Este largo “todos” incluye “a los que están y a los que se fueron”, dijo Valdés. Incluye a los que se fueron porque no tenían razones para quedarse. Ni trabajo. Ni futuro. Hubo aplausos. Muchos.
Gustavo Adolfo Valdés reiteró los ejes de su gestión trazados en diciembre, cuando asumió: desarrollo, modernización e inclusión social. Habló de aumentar el producto bruto y mejorar la distribución de la riqueza. De más energía para las empresas. De empleos de calidad bien remunerados. Habló de la falta de energía, sí, y también de escasez de rutas, caminos rurales, de puentes para la producción.
De la necesidad de recursos humanos capacitados. De la salud de la gente y del ambiente. Del agua potable, de la necesidad de cloacas. De viviendas saneadas para prevenir enfermedades.
Definió la modernización conceptualizando por comparación: “El mundo está creando inteligencia artificial y nosotros todavía luchamos contra la deserción escolar”, dijo. Fue una daga. Muchos en la sala tragaron saliva. “Modernización no es comprar computadoras. Es cambiar nuestras cabezas y pensar de otra manera”, insistió.
La inclusión social y la lucha contra las desigualdades -reiteró- será uno de los pilares sobre los cuales descansará su gestión. El punto de partida es difícil, “pero asumimos el problema y nos proponemos tratar de solucionarlos”, prometió. Asumir el problema, otra gran diferencia con sus antecesores.
Su visión será humanista, adelantó, pero con bagaje doctrinario para marcar el rumbo del gobierno. Su inspiración: los héroes, desde San Martín para abajo, hasta los comprovincianos que todos los días “trabajan para hacer grande a Corrientes”.
Mencionó a Ricardo Colombi. No podía obviarlo. El ex gobernador miraba retraído desde su banca de senador. En ese momento Valdés habló de un legado. De paz social. De las inversiones. Del Banco de Corrientes saneado. De una provincia desendeudada. De equilibrio fiscal. De los jubilados. Del 82% móvil y de una directriz: “No vamos a transferir nuestra caja de jubilaciones a la Nación. Es de los correntinos y seguirá siendo de los correntinos”, bramó, y le respondieron con vítores.
Habló de una relación madura con los municipios, con todos ellos, sin que importe el partido político de cada administración. Si concreta ese anuncio en los hechos, el nuevo Gobernador habrá marcado otra diferencia con el pasado inmediato.
Habló de industrializar la madera y abrió la puerta, de par en par, a la radicación de una papelera. Mencionó incluso la posibilidad de construir viviendas con este material. Trabajo para los correntinos. “Porque si no lo hacemos nosotros, otros lo van a hacer, arrebatándonos los empleos que necesita nuestra gente”, argumentó.
Mencionó la ganadería y su exportación. El arroz. Los cítricos, la horticultura, la yerba, el té, la miel. Pidió crecer y mejorar.
Se extendió hablando de turismo, del Iberá, de la expansión del aeropuerto Piragine Niveyro y del traspaso a la jurisdicción provincial de otras cinco pistas. Pidió articular conocimiento con los reservorios como la Universidad del Nordeste. Ponderó el conocimiento.
Habló de energías renovables, de represas, y apostó por Garabí. Se detuvo luego en Yacyretá y Garabí: “Corrientes merece una reparación histórica en materia energética y la estamos reclamando. Tenemos derecho a exigir las obras que no se hicieron durante décadas. Porque sí se hicieron en Misiones y se discriminó a Corrientes”, remarcó. Aplausos.
Valdés dijo que concibe su gestión asumiendo desde el Estado el impulso para el desarrollo, la regulación de la vida pública y la generación de oportunidades. “Creemos en la gestión colaborativa y horizontal. No queremos compartimentos estancos”, dijo, y luego remató: “Hacer una gran obra necesita planificación, recursos, gestión, interacción con la sociedad. Eso no lo hace un ministerio, lo hace un gobierno”.
Fue un claro mensaje, pero para la interna del gabinete. Mensaje para quienes usan los recursos del Estado para hacer marketing personal. En fin. Siguió.

Habló de obras. De equipamiento para municipios. De un plan de transporte y de otro para el tratamiento de residuos. De atacar las adicciones.
Pidió la Ley de Educación y el Código Procesal Penal.
Habló de viviendas. De regulación dominial. De un banco de tierras. Del Fondo de Desarrollo Rural. Del plan hídrico. De los productos hechos en Corrientes. De salarios. De la violencia de género. De la seguridad. Del narcotráfico. De la educación. De salud. De cultura.
Habló de la pobreza. De la mortalidad infantil. “Nuestro desafío para los próximos 4 años es bajar la mortalidad infantil a un dígito”, dijo, y le respondieron con aplausos. Hoy Corrientes es la segunda peor en este punto, después de Formosa. Durante el colombismo fue la peor de todo el país.

***

Una hora y siete minutos después de empezar, el gobernador Gustavo Valdés terminó su discurso. Pidió el acompañamiento de todos, “para cumplir nuestro destino”, según dijo.
Hay un punto de partida. Parece claro. Parece estar encaminado a dar respuestas a un orden de prioridades urgentes para el despegue provincial. Ojalá no muera antes de nacer por problemas políticos internos. O por mezquindades externas. Ojalá la oposición asuma responsablemente su rol. Que controle, al igual que la Justicia. Hay un millón cien mil correntinos, según Valdés, que estarán mirando. En una mano sostendrán los premios y en la otra los castigos.

Nación, Provincia ¿y Municipio?

Y¿Arranca o no arranca? No se trata de una publicidad de bujías: se trata de la marcha institucional de la Municipalidad de Corrientes. ¿Comenzó en diciembre o sigue en los prolegómenos? Es una pregunta que surge no sólo de un requerimiento periodístico ante tanta quietud, sino de una sensación de vacío que tiende a generalizarse entre los propios vecinos.
Tal vez haya un problema de base. Las elecciones comunales del 4 de junio de 2017 que catapultaron al doctor Eduardo Tassano, ocurrieron demasiado tiempo antes del traspaso de mando que se concretó el 10 de diciembre. En el medio habría de realizarse, además, la otra gran elección: la que consagró a Gustavo Valdés como sucesor de Ricardo Colombi.
Ante tal circunstancia, Tassano no tuvo opciones. Comenzó y terminó el 2017 haciendo campaña. Prometía y prometía, porque corría desde atrás en todas las encuestas.
Mientras prometía, un dilatado temporal de lluvia inundó gran parte de la provincia y casi que ahoga a la Capital. Le vino como anillo al dedo: aprovechó cada milímetro de agua caída para machacar sobre supuestas falencias de la gestión de Fabián Ríos, que luchaba por seguir.
El agua fue una bendición para Tassano. O su cruz. Porque ganó las elecciones, pero ese éxito debía pagarse inmediatamente con cuotas altísimas de participación en la campaña de Valdés. Había que poner su imagen y prestigio al servicio de la madre de las batallas. ¿Cómo lo hizo? Siguió prometiendo.
Ganó Valdés. Asumieron ambos. Y cansados de repetir las bondades de la alineación Nación-Provincia-Municipios, fueron puestos a la tarea de gobernar.
La Nación parece muy interesada en la provincia. Desde Mauricio Macri para abajo, siguen viendo a Corrientes como un atajo para el proyecto reeleccionista del Presidente. Con poco se puede mostrar mucho, y ello sustenta las palabras del líder de Cambiemos: la del Taragüí como uno de los motores del desarrollo regional.
El Gobierno provincial también se muestra encaminado en ese sentido. Desde Gustavo Valdés para abajo, hablan de proyectos concretos, de obras. Muchas de ellas se harán en Capital, lo que constituye un cambio sustancial en relación con los 16 años de colombismo. Se proyecta sobre la ciudad para recuperarla, embellecerla y ampliarla.
La única administración de la tríada política ideal que no entra en eje es la Municipalidad de Corrientes. Como que no encuentra su lugar.
Después de tantas promesas, Tassano o los suyos parecen paralizados, desbordados. Y en vez de empezar por las respuestas, empezaron por ensayar excusas, tocando fibras sensibles como el trabajo y el salario resultante.
En el amanecer de la gestión ya hubo problemas con los empleados. Se denunciaron casos de maltrato y abuso de autoridad, inconvenientes con la obra social y un escenario incierto para un gran número de trabajadores que temen posibles cesantías.
A muchos se les cortaron los recesos. Se le cuestionaron los uniformes que venían de la época anterior. En paralelo se realizó un censo. Control, control y más control. ¿Está mal? Quizás no. ¿Sirvió para algo todo ese desgaste? Todavía está por verse. En la Comuna dicen que sí, que sirvió, y señalan una larga lista de bondades.
“Hay que conocer el personal para mejorar las prestaciones”, sostiene el Intendente. Tiene razón. Pero en el medio ocurrió lo de los maltratos.
Fueron especialmente hostigados algunos empleados identificados con la gestión anterior: se los acusa de no trabajar. De ñoquis. Pero a la vez, hubo un festival de nombramientos de entrecasa. Nepotismo, que le dicen.
Se prometió un plus. Se prometió ampliarlo. Pero ya se le bajó el pulgar a la “dádiva”.
Tassano prometió un plus desdoblado de mil pesos en dos cuotas de 500: se pagó en enero y febrero. Pero ahora su exégeta comunicacional, “Cuqui” Calvano, descartó toda posibilidad de seguir pagándolo durante el año, como se había deslizado en las campañas. “No está prevista la posibilidad de prolongar el plus durante el año; no es algo que tengamos en consideración”, dijo. Punto.
Sigue “Cuqui”: “Tenemos una situación financiera complicada. Hay un déficit importante y con eso es muy difícil”, dijo hace unos días por radio.
Es la cantinela que viene desde la campaña electoral, que se intensificó durante la transición y que ahora, desde diciembre a esta parte, parece ser la tabla de salvación de una gestión en ciernes: culpar al otro, defenestrar el pasado, quejarse de la falta de recursos y en el mismo acto, esconder la quietud, cierta desidia y el déficit de servicios. 

***

Puede que no haya recursos. Puede que Ríos haya desfalcado: pues entonces que lo denuncien en la Justicia, no en los medios.
Pero, ¿no era que la alineación se constituiría en la solución a todos los problemas de postergación de Corrientes? ¿Qué hace tanto tiempo Tassano en Buenos Aires, en todo caso? ¿No le hacen caso? ¿No le dan respuestas? ¿Qué es lo que gestiona? Por ahora, sólo se lo ve de claque.

***

Despejados los primeros nubarrones con los trabajadores, llegó la primera tormenta fuerte, una tormenta de verdad que puso a prueba “la gran promesa”. La ciudad volvió a anegarse, con lo que quedó al desnudo el punto que sustentó toda la campaña de ECO+Cambiemos en Capital: el plan hídrico.
Mientras llovía y se inundaba, para ir a lo primero, la Municipalidad tardó una eternidad en dar respuestas. Y lo hizo después con ayuda de la Provincia. No está mal, pero hay quien dice, cerca de Valdés, que el gobernador tuvo que zamarrear a más de uno para que despabilen y salgan a ayudar.
Tras cartón, Nación y Provincia, hace unos pocos días, hablaron del plan hídrico. Del plan provincial que está en ejecución, y del plan local que están en veremos.
El ministro Jorge Vara, después de intercambiar con tonos adustos con el ingeniero Luis Tassano, subsecretario de Obras Hídricas de la Municipalidad, corrió el velo al asunto: el plan hídrico municipal todavía está en etapa de diseño. “Estamos concluyendo el proyecto”, dijo ante el intendente Tassano, ante el gobernador Valdés y ante el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña. Tras eso,  el jefe comunal se llamó a silencio.
¿Qué fue entonces lo que presentó el médico cardiólogo en campaña? Una promesa.

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Planificar la ciudad, o trabajar en grandes obras -sería necio no admitirlo-, no se logra de un día para el otro. Tampoco podría hacerlo sólo la Municipalidad: eso lo sabe cualquiera. Cualquiera. Por eso siempre es conveniente medir las palabras en la campaña.
Tassano hizo caso omiso, o lo que pudo. Y operó en campaña regido por el teorema favorito de Colombi. El teorema de Baglini, que dice: “El grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”.
Quizás prometió más de la cuenta. Quizás estuvo obligado. Quizás pensó que no llegaría. Pero hace rato que está en el gobierno, y da la sensación, sólo mirando la agenda de la semana que acaba de terminar, que las gestiones y obras que están sosteniendo a Tassano son las que el Gobierno está diseñando y ejecutando en Capital.
¿Y eso qué tiene de malo? A priori nada, pero revela que de la tríada electoral exitosa, Nación y Provincia están en plan de trabajo; y que la Comuna es por ahora sólo una circunstancia geográfica de proyectos políticos mucho más grandes.
Los vecinos, muchos de ellos, ya empezaron a hacer notar sus quejas.
Quizás llegó el momento de que el intendente empiece a trabajar de verdad en su gestión. Que entienda que en Buenos Aires no están todas las respuestas. Eso es lo que advierten incluso sus socios políticos, que no tendrán mayores problemas en dejar de serlo si es que lo que trama cerca de Balcarce 50 es algo más que una obra o servicio.

***

-¿Y? ¿Arranca o no arranca? -pregunta el locutor.
-Siempre arranca -se responde.
Ojalá que éste también sea el caso.

¿Comenzó el gobierno de Valdés?

 

Cómo deberá medirse el éxito de la gestión de Gustavo Valdés? ¿Sólo con prudencia administrativa, con orden interno, paz social, gobernabilidad y anuncios, como hasta ahora? ¿Contando la cantidad de visitas de funcionarios nacionales, incluido las del Presidente, que se han convertido casi en una olimpiada en la época de Ricardo Colombi?.
¿Se lo medirá por sus gestos y actitudes, que vienen dando señales de cambio en sólo dos meses de mando, o se lo medirá por concreciones, que aún no aparecen, y que son en todo el mundo las variables más aceptadas de aptitud, eficiencia y crecimiento colectivo?
A juzgar por lo que dice el Gobernador, sería por esto último.
Por ahora son como bosquejos. Son planes. Esquemas. Proyectos. Ideas sueltas con pretensión de materialidad, pero nada más. Dejan ver, eso sí, una especie de horizonte, un objetivo, una meta más allá de la permanencia en el poder, que también talla en el amasijo.
Valdés habla de la autovía urbana de la Capital, que debería empezar a ejecutarse el mes próximo. Habla de poder continuarla: de la circunvalación Capital, para que la autovía sea efectivamente urbana y la Ruta 12, desde Riachuelo a Perichón, o más adelante, tenga una senda alternativa que descomprima la carga vehicular diaria que circula por la zona.
Habla de una autovía segura, hasta Empedrado o Saladas, y desde Capital, al Norte, hasta por lo menos Paso de la Patria, o Itatí.
Habla de un segundo puerto nuevo, en la zona de El Sombrero. De reacondicionar el puerto de Capital e incluso echar mano a la escuela de formación de mecánicos, técnicos y navegantes.
De habilitar lo antes posible el puerto de Itá Ibate.
Habla, por supuesto, del segundo puente, que está en vías de licitación. Con plazos increíbles, no porque no sean los plazos, sino por los aplazos consuetudinarios que sufrió esta obra largamente anhelada por los correntinos y chaqueños.
Valdés habla de una Capital mimetizada con las ciudades que la circundan. De iluminación de rutas. De caminos seguros. De transporte integrado.
Habla de extender la avenida Independencia hasta la zona del barrio Laguna Brava.
Habla de recuperar la Terminal de Ómnibus, reacondicionando el lugar que hoy ocupa, generando un nuevo ingreso por donde antes pasaba el tren. Se aferra al lugar, pese a que alguno de sus ministros sugirió reubicarla a Santa Catalina o donde hoy funciona el Mercado Central, en cercanías de la rotonda.
Habla de un aeropuerto, de defensas y obras costaneras en Ituzaingó y Apipé, y de otros aportes que debería derramarse de la Entidad Binacional Yacyretá.
Habla de la recuperación de puentes y rutas, de la construcción de rutas nuevas. De los planes de saneamiento y del plan hídrico: el provincial que recitó con solvencia el viernes el ministro de Producción, Jorge Vara, y el de la ciudad, que está en proceso, pero que, al parecer, será posible gracias a varios-muchos aportes técnicos y económicos del Gobierno provincial.
Según Vara, y respecto al plan hídrico de Capital, “estamos concluyendo el proyecto”.
– “Si bien hay medidas que se han tomado en consonancia con el mismo, es muy grande la intervención que se requiere y los mecanismos son variados. De todos modos, lo más claro es que tenemos que mejorar los ductos de desagüe, porque la Capital tiene las condiciones naturales para que escurra hacia el río Paraná. Es decir: tenemos que trabajar en los conductos de escurrimiento. Es un trabajo costoso y muy importante, por lo que vamos a necesitar un periodo de tiempo para definir en su totalidad el proyecto”.
Hay allí una novedad, porque el viernes, justamente, durante la visita del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que se publicitó como para anunciar el plan hídrico de la ciudad, la cosa cambió en el aire. Se habló del plan hídrico, pero provincial. Un plan que ya fue anunciado y que ya está en obra, en muchos de sus puntos.
Se mencionó el plan de la ciudad, que, en palabras de Vara, aún está en evaluación.
Queda claro no obstante que la provincia se hizo cargo del combo, y para colmo, el intendente Eduardo Tassano guardó silencio. ¿Qué pasó allí? La pregunta es tan inquietante como otra, aunque menos grave, que tiene que ver con Peña:
¿A qué vino el Jefe de Gabinete? Más aún: ¿A qué vino Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios?
Lombardi ni habló. Y Peña, primero en conferencia y después, tras un recorrido que hizo por el Instituto de Cardiología, no repitió más que las frases de la campaña: adelante, juntos, cambio, codo a codo, trabajo en equipo, Nación-Provincia-Municipio.
Es verdad que hubo una reunión en casa de Gobierno y también un almuerzo en un hotel boutique de la ciudad. Casi seguro que allí está respuesta de la visita del Jefe de Gabinete. Casi seguro que existe una razón lo suficientemente importante como para mover una nave de la flota oficial para un paseo de 4 o 5 horas por Corrientes.
Casi seguro que en esos encuentros están las claves de lo que vendrá: el viaje del gobernador Valdés con el presidente Mauricio Macri a México, la visita de Valdés a la asamblea legislativa nacional que hará variar el protocolo provincial, después de muchos años. Y tal vez los anuncios que se harán el 1 de marzo ante la propia asamblea, cuando tenga que trazar el plan de acción anual del Gobierno de Corrientes que, después de 16 años, no será el plan de Ricardo Colombi.
¿Por qué no sería el plan de Colombi? Porque no lo es.
Un solo detalle confirma el perfil de este segmento de obras que pretende poner en marcha y eventualmente inaugurar Valdés: la mayoría involucran a la Capital, departamento sistemáticamente postergado por el ex gobernador.
Pero más allá de ello, otro asunto sustenta el modelo Valdés: muchas de las obras, planes y financiamiento que pretende lograr el Gobierno para poder anudar sus objetivos devienen de un posicionamiento distinto en relación con Yacyretá. Es el gran perfil esbozado por el Gobernador: hacer que la Entidad Binacional corresponda a Corrientes como no lo hizo todo este tiempo, por distintas razones. La mayoría de ellas políticas.
Según altas fuentes de Casa de Gobierno, ya hay algunos avances en cuanto al reclamo que hizo Valdés cuando asumió: conseguir dividendos, en especie y en efectivo, en concepto de regalías. Se trata, en rigor, de una vía de financiamiento genuina que, de conseguirse, constituiría una línea alternativa a la histórica: esa que incluye ir a postrarse ante el mandamás de turno sin que importen razones ni derechos.

Juró Valdés y después de 16 años en Corrientes ya no gobierna un Colombi

Desde que llegó a la Legislatura, hasta que saludó a los presentes con la banda puesta, ya en el patio de la Casa de Gobierno, pasaron exactamente 90 minutos. Intensa hora y media que sirvió para que la provincia de Corrientes viera, después de 16 años, la jura y asunción de un gobernador que ya no lleva el apellido Colombi.
Ocurrió ayer, a las 19.15: Gustavo Adolfo Valdés, a sus 49 años recién cumplidos el 15 de octubre pasado, se convirtió en el gobernador constitucional propietario número 59 desde que Corrientes se ordenó institucionalmente, en 1821. Juró por Dios, la Patria y sobre los Santos Evangelios, desempeñar fielmente el cargo que le otorgó poco más del 54% de los correntinos en las elecciones del 8 de octubre, cumpliendo y haciendo cumplir, según dijo, las constituciones de la Nación y de la Provincia.
La jura fue corta. Al punto de que el protocolo obvió la parte que hoy tiene tanto valor y vigencia. La que dice que, “si así no lo hiciera”, Dios y la Patria se convertirán ya no en testigos, sino en demandantes.

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Traje azul oscuro, camisa blanca y corbata morada, finamente tejida. Lentes de lectura. Cumplidos los pasos previos y consumada también la jura del primer vicegobernador reelecto de Corrientes, Gustavo Jesús Adolfo Canteros, Valdés encaró con énfasis las 10 páginas generosamente espaciadas que contenían su discurso.
Primero habló de Colombi: de Horacio Ricardo, su mentor, a quien atribuyó la paz social, el orden institucional y la creación de las condiciones de despegue en las que recibe la provincia. Según Valdés, Ricardo Colombi debe descansar tranquilo, con la certeza del deber cumplido.
-Muchas gracias -le dijo, y arrancó la primera gran ovación del auditorio.
Después entró de lleno a desarrollar los ejes en los que reposará su gestión: un ataque frontal contra la pobreza; y dos procesos centrales: uno para conseguir la modernización y otro para lograr el desarrollo, del Estado y de la provincia toda.
-Somos pobres, pero a la vez ricos -graficó en varias ocasiones, y luego aclaró.
-Es que somos ricos despojados.
En esa línea, puso su mirada sobre Yacyretá, entidad generadora de energía que es la mayor de su tipo en el país, enclavada en Corrientes, provincia que paradójicamente tiene una energía deficiente y cara, y recibe poco menos que una migaja después de poner al menos la mitad de sus recursos naturales en la generación del 15% de la electricidad total que produce Argentina.

A las 19.15 de ayer, Gustavo Valdés, a sus 49 años, se convirtió en el gobernador propietario número 59 de Corrientes, desde 1821.

Habló también de la potencialidad de la madera y del turismo. Acto seguido pidió colaboración e inversión a las empresas. Y apoyo y comprensión a la Nación, destinatario obligado de varios de sus reclamos.
-Esperamos 12 años. A esta oportunidad no la vamos a dejar pasar -agregó, y el auditorio volvió a estallar.
(Los opositores se miraron de reojo, aturdidos por lo que acababan de escuchar. Pero no era eso. Se refería al kirchnerismo).
Valdés hizo además una convocatoria amplia, a los intendentes y legisladores, a los hombres más experimentados en el manejo de la cosa pública, pero también a los jóvenes y a las mujeres. A todos, dijo, “los invito al futuro”.
Fueron apenas 17 minutos de discurso. Apenas 17 minutos, pero esperanzadores. Porque ya no hay excusas. Porque las condiciones políticas están idealmente dadas, como pidieron en campaña, para empezar el despegue.

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Exactamente a las 20, según consta en el acta redactada por la escribana mayor de Gobierno, María Cristina Vallejos Gil de Lotero, Horacio Ricardo Colombi repitió un acto que ya cumplió en 2005. Entregó la banda y el bastón de mando. Aquella vez a su primo Arturo Alejandro, ahora a Gustavo Adolfo.
A juzgar por lo sucedido, aquella no fue una buena experiencia. A esta hay que darle tiempo. Tiempo… Tiempo que ya se tomó Colombi, como muestra, para ceder el atributo.
Traicionado tal vez por sus fantasmas, el gobernador saliente tuvo que ser asistido para colocarle la banda a su sucesor. Necesitó una sucesión interminable de instantes. No encontraba el modo, hasta que su esposa, Estela Barattini, solucionó el entrevero.
Un abrazo y la posterior firma del acta oficial coronaron un acto formal lleno de nerviosismo. Tantos, que hasta hicieron confundir al experimentado locutor de Gobierno, Roque Espíndola, quien llamó a Gustavo Canteros a calzarse los atributos del gobernador. Las caras se brotaron de un rojo intenso. Es que los suelos de la política correntina guardan muchas semillas de encono, envidias y traiciones, y aún en épocas de tranquilidad, cualquier escupitajo pueden volverlos fértiles.
Espíndola corrigió. Llamó a Valdés, y las carcajadas descomprimieron el aire. Los fuegos artificiales, peligrosamente lanzados desde los techos del palacio de Salta y 25 de Mayo, trocaron la tensión en festejo.

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Valdés y Canteros, que minutos antes se convirtieron en las nuevas máximas autoridades de la provincia, dieron pasos adelante y saludaron a los familiares, amigos, funcionarios y ciudadanos que colmaron el patio de la Casa de Gobierno para seguir el traspaso. De fondo, el jingle del Gobierno: “Vamos para adelante”, decía despacito el coro grabado que daría paso a las palabras del gobernador saliente.
Ricardo Colombi habló para despedirse, como no pudo su primo en 2005. Las circunstancias políticas-familiares de entonces no lo permitían.
De eso habló el mercedeño. Con los ojos un tanto llorosos, no se sabe si por el momento que le tocaba vivir o por el problema que viene acarreando después de su operación, Horacio Ricardo recordó los momentos difíciles que tuvo que atravesar. Dijo no obstante que cree en la democracia, y que justamente la democracia correntina está a salvo, después de tantos años, tantas intervenciones federales. Es verdad: Corrientes no estaba acostumbrada, hasta antes de los Colombi, a un período tan largo de normalidad institucional.
-Nos costó mucho -dijo, y luego se dirigió a Gustavo Valdés, quién según dijo, va a saber llevar como corresponde el Gobierno, con la ayuda de todos y de la Nación.
-Se vienen tiempos mejores -auguró. -Su gestión va a ser mucho mejor.
Después bajó la guardia. Dijo que hay dolores y sonrisas, que así es la política, pero que él tiene fortaleza anímica y a la familia de sostén.

Traicionado tal vez por sus fantasmas, el gobernador saliente tuvo que ser asistido para colocarle la banda a su sucesor.

Para cerrar deseó suerte a Valdés y Canteros. “A los Gustavo. A los Gustavo al cuadrado”, bromeó.
-No bajen los brazos y cuenten con nosotros -dijo para cerrar, y de paso para ralentizar el retiro.

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Ya sobre el final, sin discurso, pero con unos apuntes, el flamante gobernador 59 hizo una serie de agradecimientos. “Desde el corazón”, alcanzó a decir: “A mi esposa e hijos, a mis padres y hermanos, a Ricardo Colombi, a Estela, su esposa, y a sus hijos; a la UCR, a ECO+Cambiemos; al presidente Mauricio Macri, a los que votaron por mí y a los otros, a la ciudadanía”.
Ratificó, como el presidente, que su gestión centrará su esfuerzo en atacar la pobreza. A erradicarla.
-Sí tenemos pobreza y tenemos que trabajar el doble para combatirla -dijo, y eso mismo constituye un hecho esperanzador, porque lo que hizo Valdés en ese acto fue el reconocimiento público-oficial de una situación muchas veces negada pública y oficialmente.
-Asumimos el compromiso de erradicar la pobreza y acompañar a los desposeídos -añadió después, para insistir en los reclamos que desde ahora en más deberá escuchar Buenos Aires.
-Este es el equipo. Los invito a sumarse: al equipo del millón de correntinos, arengó, y se dispuso a escuchar aplausos y recibir saludos.
Mientras todo esto sucedía, Ricardo Colombi miraba lejos. A veces el piso y muchas veces el cielo. Hasta que fue invitado a retirarse.

Valdés al gobierno

Llegó el día. Entra el capitalino-ituzaingueño Gustavo Adolfo Valdés y se va el mercedeño Horacio Ricardo Colombi. Pero, ¿se va? Por lo pronto sí, se corre unos metros hacia el río, pero sigue en la cuadra del poder, en el Senado. Después de 12 años de ejercicio efectivo en el Gobierno de Corrientes, en 16 años consecutivos (el interregno corresponde a su primo Arturo Alejandro), “Lalaca” Colombi entrega el mando de su tercer período de gestión. Lo hará hoy a la tarde en Casa de Gobierno. Estuvo 4.383 días ejerciendo la primera magistratura, con varios récords, de permanencia y también políticos.
Sucede que Ricardo Colombi es el hombre que más tiempo ejerció el cargo de “gobernador propietario” de Corrientes. En marzo de 2016 batió el récord de duración que tenía Pedro Ferré, el brigadier que en tres períodos alternados ostentaba la marca más larga en el inquilinato del palacio de Salta y 25 de Mayo: 10 años, 3 meses y 14 días.
Desde hoy, el paiubrero Horacio Ricardo se lleva para robustecer su ego, una reválida difícil de igualar y superar, porque Pedro Ferré fue gobernador de la Provincia durante 3 períodos, en casi 18 años; pero Colombi lo superó en 16 años y con 3 elecciones ganadas, logrando en ese acto otra marca histórica: es el primer y único gobernador (por el momento) en usufructuar el instituto de la reelección, incorporado a la Constitución en la reforma del año 2007 y que su primo Arturo quiso, sin éxito, estrenarla en 2009.
El mandato que ahora comienza es inédito en la provincia. Constituye un paso adelante en la institucionalidad local, desacostumbrada hasta el año 2001, a un período tan largo sin interrupciones dirigidas desde Buenos Aires por imperio de las intervenciones federales, un mal que en 17 oportunidades tuvo que soportar el pueblo de Corrientes.
La tarea que tiene por delante el doctor Gustavo Valdés es enorme, porque de movida implica el desafío de seguir manteniendo la paz y la estabilidad política, sin que el apellido Colombi administre los destinos de la provincia.
Ojalá le vaya bien.
Mientras tanto, ya hay algo para festejar: las 20.144 personas que nacieron en 2001 en Corrientes y las 300 mil en promedio que nacieron desde entonces hasta hoy, podrán anotar otro apellido en la lista de gobernadores. Llegarían tal vez a la conclusión de que los Colombi no eran monarcas ni tenían derecho de sangre. Aunque eso todavía esté por verse.
Por lo pronto, hay muchas preguntas y pocas respuestas revistiendo este recambio. Queda por delante saber si Valdés emprenderá en algún momento un despegue o seguirá dependiendo de un poder ajeno, como el que llevó al quiebre entre los primos en el primer año de gestión de Arturo Colombi, en 2005, y desde entonces hasta el año 2009.
En una entrevista con El Litoral -que se publica hoy mismo-, Valdés lo puso en estos términos: “Cambió el gobernador, no el gobierno. La gente eligió eso en octubre”.
A juzgar por el gabinete que presentó el viernes, se trata justamente de eso, de una continuidad. Una prolongación manifiesta que, leída en términos positivos, constituye también un respeto hacia la perennidad del Estado, algo también desusado en Corrientes. Desusado porque cuando se intentó algo parecido, una disputa fratricida terminó por imponerse, llevando por delante los sueños del millón de correntinos. Desusado porque, incluso antes de los Colombi, la lógica rupturista también fue parte de la política correntina. Por eso es difícil este momento, porque hay datos históricos que sustentan la duda y, en este caso, también la versión negativa de esta continuidad.
Es que el que se quema con leche, ve la vaca y llora. Y Colombi lo sabe por experiencia propia. Por eso, creen los más desconfiados, el gobernador saliente devenido senador dejará, más allá de la confianza personal que le tiene a Valdés, granadas de activación remota por si alguien intenta algún tipo de autonomía. De esto se viene hablando desde la designación misma del sucesor, ocurrida el 14 de julio.
Nadie puede garantizar que una cosa u otra vaya a pasar en el futuro, pero hay un dato de la realidad que es elocuente: de los 13 ministros que acompañarán a Valdés, 8 siguen de las gestiones inmediatas anteriores. Uno incluso viene de 2001. Hubo un enroque: Horacio Ortega pasará de manejar Seguridad a esa suerte de jefatura de gabinete que se desprende del Ministerio de Coordinación y Planificación. El tiempo dirá si es una buena decisión. De momento, se sabe que es un hombre de confianza de Valdés y eso ya es suficiente activo en las arenas movedizas de la política.
Se sumaron 5 ministros para completar vacancias generadas por cargos electivos y pases a retiro (el único desplazamiento efectivo es el de la ex ministra de Turismo), la mayoría de los cuales viene de otras áreas del gobierno saliente. En la resta cayeron las mujeres: ahora sólo queda una en Educación.
Esta cuenta arroja este resultado: más del 80% de los ministros sigue. Como por inercia.
En el mismo acto puede decirse que por primera vez el PRO (partido del presidente Macri) tendrá representación en el gabinete provincial, un logro para pocos, pues sólo 4 de los más de 20 partidos que integran ECO tienen una distinción tan alta. La supremacía es radical, claro: 10 sobre 13 espacios, contando al fiscal de Estado. Veremos, veremos, después lo sabremos.
Mientras tanto, vale preguntarse qué tiene de progresista o vanguardista esta escudería que acompañará a Valdés. Qué aportarán ahora que no hicieron en los últimos 8, 12 o 16 años.
La respuesta política más urgente a este tipo de planteos, cuando viene de la vereda del oficialismo, tiene que ver con que hubo cosas que se hicieron bien; que estos ministros las hicieron y que por eso la gente votó. Y que la gente votó básicamente por la alineación Nación-Provincia-Municipios. Los que están, sobre todo en áreas clave -creen algunos “valdesistas”, que ya los hay- son los más idóneos para continuar sin pausas las gestiones, muchas de las cuales bajan con apuro de la Nación, pues en 2018 se entrará en tiempo de descuento si quiere aspirar a una reelección de Mauricio Macri.
También dicen, en la misma línea, que ahora sí se podrán financiar los proyectos (elaborados por estos mismos que siguen) que antes no se pudieron por la mezquindad nacional.
Eso es cierto, aunque no del todo. Se desmiente por las longitudes y caladuras de los acuerdos que los Colombi sostuvieron en distintos momentos con el kirchnerismo. Pero además porque eso de la discriminación deja afuera del análisis a las responsabilidades propias, a la ineptitud o desidia de los propios funcionarios, a los que siempre les quedó más cómodo echarle la culpa al otro que hacerse cargo de su “no pude”, “no supe” o “no quise”.
En eso, además, este entramado político se emparenta a lo peor de las prácticas de los gobiernos conservadores que supuestamente había que superar. Esa cantinela viene de 2001, pero no sólo no ocurrió, sino que la esperanza colombista muchas veces terminó mimetizándose con aquellas formas. A veces por necesidad, y las más de las veces por conveniencia: por acuerdos sustentados en el más descarnado de los pragmatismos que privilegiaron los resultados electorales a las cuestiones éticas, de decencia o de superación institucional que muchas veces se blandieron como banderas.
En 2005 también se logró la alineación Nación-Provincia-Municipios, pero fue sólo un espejismo. Una fórmula proselitista. Terminó mal. Ese pasado debe estar doliendo ahora mismo. También el hecho de que se terminaron las excusas.
Ahora hay que atacar la pobreza-indigencia que pesa sobre la mitad de la población provincial según el Indec, la mortalidad infantil más alta del país, los índices de insuficiencia educativa, los problemas de conectividad, de precio y calidad energética, la falta de trabajo genuino (el Estado cierra este año siendo un patrón más grande que el sector privado, según las estadísticas oficiales de empleo registrado), el déficit habitacional y entre otras cosas (este punteo no se agota aquí) generar las condiciones para el desarrollo individual y colectivo, económico, pero también cultural, de la calidad de vida.
Las condiciones políticas están dadas idealmente para el despegue. No chocar la calesita dependerá en todo caso de Valdés y de la gente que le dejó Colombi. Necesitamos que suceda, de una vez por todas.

Ya no hay excusas

Ya no hay excusas. A lo largo del por momentos agobiante calendario electoral correntino, la ciudadanía fue confirmando el sentido político de su voto: se recostó por la alineación de los tres niveles del Estado. La trillada y muchas veces falsa (pero no por eso menos contundente) expresión de deseos de unir Nación-Provincia-Municipio, encontró en Corrientes un salvoconducto para que cambiar sea seguir.
La administración que desde el 10 de diciembre comandará Gustavo Valdés, dio el primer batacazo en el mes de junio cuando el justicialismo no pudo ratificar su permanencia en el municipio de la Capital. Perdió Fabián Ríos. Ganó Eduardo Tassano. Y en ese mismo acto, el rumbo empezó a trazarse con optimismo para ECO+Cambiemos que tenía por delante tres paradas bravas. Con el diario del lunes, podría decirse que no fueron tan bravas como la de Capital.
El error estratégico de Ríos, que traducido al lenguaje común fue el adelantamiento de las elecciones, traía consigo, evidentemente, la llave que destrabaría todas las elecciones.
Anímica, económica y políticamente disminuidos por la pérdida en Capital, el PJ ensayó una interna para regenerar votos y morigerar un eventual impacto negativo en las Primarias de agosto. No lo logró.
ECO+Cambiemos decidió no abrir sus listas y se quedó con el 45 por ciento de los votos. Fue un segundo gran triunfo, pero que sin embargo no pareció el portal de entrada para lo que vino después. No pareció porque la oposición, dividida, había firmado una alianza amplia de unidad para octubre. Contaron sus votos y eran más que los del Gobierno. Compraron aire y tiempo, pero ninguna certeza en su derrotero errante.
Así llegó el 8 de octubre y Gustavo Valdés se impuso a “Camau” Espínola. Desde lo conceptual la elección parecía más ajustada de lo que fue efectivamente cuando se abrieron las urnas. Una amplia diferencia colocó al capitalino-ituzaingueño en el sillón de Ferré y allí sí, envalentonado, el Gobierno de Corrientes que “muñequea” Ricardo Colombi salió a correr el último tramo del calendario electoral provincial-nacional con una pretensión: conseguir los tres diputados nacionales.
ECO+Cambiemos volvió a ganar ayer. Consiguió 2 de los 3: Estela Regidor y Sofía Brambilla. Y se impuso primero por mérito propio. Felicitaciones. Pero se impuso también por una serie larga de desaciertos de la oposición que no logra darle a la gente que no quiere que sigan los mismos (alrededor del 45 por ciento desde hace por lo menos 8 años), un emergente convocante y capaz de asumir ese liderazgo.
La oposición divide cuando debe juntar y hace al derecho lo que debe hacer al revés. Copia modelos (por caso las colectoras) haciendo lecturas erróneas allí donde reposa una regularidad histórica: ninguna elección es igual a la otra. Y no encuentra un mensaje claro. No quisieron ser kirchneristas, pero tampoco se diferenciaron del todo del macrismo.
La oposición nunca encontró la diferencia efectiva con lo que proponía Valdés (una especie de cambio justo) y entonces la ciudadanía que inclina la cancha y que optó por la continuidad en este esquema agrietado, tan cerrado del 54 al 45 por ciento, votó por quien le asegura ciertas certezas: el pago de sueldos es la más contundente. Pero también la paz social. La gobernabilidad.
Para más, la oposición volvió a diluir su potencial ayer, al tener opciones separadas que el 8 de octubre fueron una sola. Por eso también, la estrategia electoral, constituye una materia ineludible que debe saber-entender quien aspira a administrar el poder.
Nito Artaza capitalizó su imagen y otra regularidad que le asiste: siempre tiene buenas performances cuando va solo. Fue segundo en Capital y tuvo una elección al menos sorprendente en el interior. Le disputó de igual a igual a Jorge Romero. Ambos se restaron y estuvieron a un paso de allanarle el camino a Alfredo Revidatti, el tercero de ECO.
Así y pese al modo soberbio en el que lo dice, viendo lo acontecido, Colombi tiene razón: hay muchos dirigentes peronistas que deben pegarse una vuelta por la escuela.
Pero más allá de este análisis en línea de lo que vino sucediendo en Corrientes, el resultado de la elección de ayer confirma un dato político saliente: la alineación.
De allí se desprende, con claridad, siguiendo el lineamiento conceptual del propio gobernador Colombi, que la victoria no da derechos sino obligaciones. Por lo tanto, lo que la ciudadanía hizo este año fue quitarle al gobierno la bandeja de los peros, de los palos en la rueda.
Ya no hay excusas. Ya no hay peleas políticas con el gobierno nacional y tampoco debería haberlas entre el gobierno provincial y los municipios, por caso los más importantes y a la vez más “conflictivos” del último tiempo: Capital y Goya, ni más ni menos que los dos más densamente poblados de la provincia. Allí estarán ahora Eduardo Tassano e Ignacio Osella, dos de paladar negro.
Pero ECO consiguió intendentes en por lo menos otros 30 municipios. Ayer sumó uno más, el de Ituzaingó, por lo que en gran parte de la provincia no hay diferencias a la vista. No hay culpables -a priori- que puedan retrasar el progreso largamente prometido a lo largo de los últimos 16 años, pero básicamente en las campañas de estos días.
No hay excusas para mejorar la infraestructura, para generar trabajo, para mejorar la educación y la salud, para recuperar calidad institucional, el diálogo, el reconocimiento del otro como alguien que piensa distinto, pero que por ello no es un enemigo. No hay excusas para sumar en vez de discriminar.
Ya no hay excusas para trabajar. Para hacerse cargo de los problemas. Para recuperar la institucionalidad que no significa otra cosa que mantener desde el gobierno relaciones serias, institucionales y responsables con los municipios opositores, que fue justamente el reclamo que largamente sostuvo la Provincia en relación con la Nación.
Ya no hay excusas. Es hora de ir a las cosas.

En “Los Cenadores” haciendo un balance de las elecciones

Con Alberto Medina Mendez participamos una vez más del programa “Los Cenadores” en el que hicimos un balance de las elecciones ejecutivas del 8 de octubre, oportunidad en la que fue elegido Gustavo Valdés como el Gobernador Constitucional Propietario N° 59 de la provincia de Corrientes.

Gracias a Rafael Costa y Daniel Collinet por la invitación. Que lo disfruten.