Raúl Rolando “Tato” Romero Feris: “Me equivoqué en confrontar tanto, pero en aquel momento fue una necesidad”

Esta entrevista esperó mucho tiempo, hasta que sucedió el 31 de mayo en una oficina de la avenida 3 de Abril. Escuchar a “Tato” fue y es una necesidad periodística, entre otras cosas, porque es preciso comprender la historia reciente de Corrientes. Con esa idea se concebió este ciclo y con ese espíritu hoy editamos esta charla, como un aporte para el trabajo que otros puedan hacer después, o como un punto de partida para desentrañar los muchos procesos que vivió la provincia desde el inicio mismo de la década del 90 hasta el año 2001. He aquí el corazón de la entrevista con Raúl Rolando Romero Feris, el jefe nuevista, el último caudillo de a caballo, botas y sombrero de corcho.

 

—¿Cómo llega a ser gobernador?

—Creo que fue una gestión de intendente bastante exitosa. Está mal que yo lo diga, pero creo que fueron las razones por las cuales me ofrecieron la posibilidad de ser candidato. Casi me exigieron la situación de ser candidato.

—Pero conociéndolo, me parece que también hubo una decisión.

—Sí, por supuesto que hubo una decisión. Pero debo decirte que yo ya no quería seguir en el tema político porque en verdad se abandonan las cosas particulares. Pero fue una exigencia… no puedo decir forzada. Fue un pedido del Pacto en su momento. Porque vos sabés que el Pacto venía un poco barranca abajo.

—¿Cómo encontró la provincia cuando asumió el poder?

—Mirá, cuando asume el poder “Pocho” (Romero Feris, su hermano mayor), en el año 83, después del gobierno de (Juan Alberto) Pita, yo te diría que la provincia estaba ordenada. Después de (Ricardo Guillermo) Leconte entró en una situación institucional complicadísima, así que tuve una provincia muy desordenada. Política, institucional y económicamente. Una provincia que había malvendido su banco y algunas dependencias del Estado.

—¿Cómo definiría su gobierno?

—Estuvo la imposibilidad de una reelección en aquel momento, porque no pudimos reformar la Constitución, aunque lo buscamos. Yo ya tenía algunos conflictos con el Pacto y ya había nacido el Partido Nuevo. Yo creo que hubo una expresión de la gente en el voto. Ahí hubo una valorización. Es como que se estableció del 1 al 10 el valor de un gobierno, y yo creo que la gente en eso se expresó cuando hubo un 70% de voto favorable. Fue una expresión no al que venía, sino al que se iba. Con eso creo que te respondo… Pero hicimos un gobierno que construyó 24.000 viviendas en 4 años; 5 o 6 hospitales, entre ellos, el Pediátrico, el Instituto de Cardiología; 30 escuelas en todo el interior de la provincia. Electrificamos zonas rurales. Marcó, de alguna manera, una forma de gestionar el gobierno provincial.

—¿Cuál cree que fue su mayor acierto y en todo caso su mayor equivocación?

—Creo que fue la Salud Pública, donde pudimos generar una administración centralizada, pero una atención descentralizada. Nosotros a los hospitales del interior le dimos muchísimo. Se operaba en los hospitales; había cirugía, no había derivaciones a la Capital. La construcción del Hospital Pediátrico creo que marcó una etapa de reconocimiento a la Salud Pública, fundamentalmente en los niños. La construcción de viviendas creo que fue otro acierto. Y si tengo que analizar desaciertos, te diría que fuimos muy confrontativos y eso… Pero fuimos confrontativos para generar cambios que por ahí las cúpulas políticas y empresarias no lo entendieron.

—¿Evolucionaron o involucionaron los índices socioeconómicos más importantes después de su gobierno?

—Evolucionaron. La mortalidad infantil, por ejemplo.

—¿Cómo fue su relación con los intendentes?

—Yo privilegié mucho el trabajo de los intendentes porque es una manera de descentralizar actividades que por ahí no tiene por qué manejarlas el gobierno. Tuve muy buena relación con los intendentes, como fue el caso de Ricardo Colombi, de Mercedes.

—¿Y por qué cree que históricamente fue difícil la relación del gobernador con el intendente de Capital?

—Yo creo que por ahí se generan a lo mejor situaciones de celos…

—¿Celos? ¿por qué?

—Me río y te reís… Sí, claro. Porque el intendente puede hacer mejores cosas que el gobernador. O viceversa.

—Usted me dijo alguna vez que cuando asumió como gobernador, no quería ser uno más.

—Bajo ningún concepto. Yo quería marcar diferencias que me parecía que era lo que correspondía desde el punto de vista político. Pero debo reconocer algo, tal vez yo fui muy inocente en el manejo político porque me ungieron candidato a gobernador. Fui gobernador, pero me pusieron la Legislatura con gente que yo no podía manejar. Es decir, me controlaron desde la Legislatura o pretendieron controlarme y ahí vino el conflicto.

—Lejos del conflicto, muy parecido a lo que amagó a pasar acá…

—Sí. Pero yo creo que a nivel provincial en este aspecto Gustavo Valdés fue más inteligente que Colombi. Porque Colombi yo creo que lo puso para que dure 4 años y después que deje, como diciendo “cuidame el sillón que ya vuelvo”.

—Pero eso no pasó.

—No pasó.

—Entonces, en 1996 se crea el Partido Nuevo. ¿Qué fue o qué es el Panu?

—El Partido Nuevo nace porque no hubo entendimiento con el Partido Autonomista. Porque en su momento la propuesta que yo había hecho era armar un frente de tres partidos: liberales, autonomistas, más los que quisieran sumarse y el Panu. Con lo cual, en vez de ser un 50 y 50, hubiera sido un 33% para cada partido. Esto no se entendió en la mecánica y primó más el concepto de sacarme del medio que el de poder seguir estando en el gobierno. Y esto es lo que hizo que perdiera el Pacto. Nos tumbaron a nosotros. Vino el golpe del 99, institucional y, a partir de ahí, el Pacto desapareció. Ahí se terminó el Pacto.

—¿Fue positivo crear el Partido Nuevo?

—Yo creo que fue positivo, se diversificó un poco el escenario político. Y creo que nosotros podíamos seguir gobernando si no hubiera sido por el 99. El 99 ocurre, precisamente, porque me querían sacar del medio y ahí hubo acuerdo entre peronistas, radicales, autonomistas y liberales.

—El candidato a gobernador del 97 era Rubén Darío Casco. Pero muere en septiembre, en plena campaña electoral. Ahí sube la fórmula y queda Pedro Braillard. ¿Usted cree que con Casco hubiera sido distinto?

Absolutamente distinto. Primero, porque lo conocían mucho más a Casco. Aparte era un muchacho que dentro de su manera de ser tenía personalidad y mucha fuerza. Es decir, creo que nunca le hubiera pasado lo que le pasó a Pedro. Yo creo que en el caso de Pedro hubo debilidad en el accionar en cuanto a… Nosotros sabíamos cómo empezó a formarse la plaza. La plaza se formó con dos colectivos que llegaron de Buenos Aires con gente del Grupo Tacuara y del Grupo Quebracho. Se juntaron ahí y ese fue el inicio. Empezó toda una campaña muy dura y difícil. Empezaron a retacear el dinero de la coparticipación a las provincias. Braillard no pudo pagar los sueldos durante dos meses y ahí vino todo el problema. Pero no tuvo el valor, no tuvo la… (Pedro) se ponía la Constitución bajo el brazo y decía: “Acá no puede haber represión”. Y el jefe de Policía nos había advertido que llegaron grupos extraños de afuera de la provincia con la intención de armar la plaza y así fue. No cuestiono a la gente que fue. Ojo. Pero yo he tenido llamados después de muchísima gente diciéndome: “Estoy arrepentido de haber participado en la plaza”.

—Pero más allá de la incitación, en algún momento hubo cosas muy genuinas ahí. La provincia estaba mal.

—Sí, la provincia estaba mal. Coincido. Yo pagué los sueldos hasta el 10 de diciembre que me fui. Después se pagó hasta enero y febrero, y después ya vino el problema de la coparticipación.

—Desde el punto de vista político ese quiebre, ese 99, esa implosión del Pacto, el golpe de Estado que usted dice, desde el punto de vista cronológico…

—¿Vos no coincidís conmigo en que fue un golpe de Estado?

—No, eso lo dice usted.

—Quiero aclararlo, porque si no parece que estamos inventando una leyenda y no es así. El golpe fue institucional. Incluso, antes, pidieron algunas cosas que se concedieron. Después pidieron la renuncia de ministros. Y yo defendí mi gabinete siempre porque me parece que quienes estaban en ese momento en el gabinete eran personas probadas, que había probado en mi gobierno y que seguían en este. Fue un golpe de Estado, institucional, porque vos sabés que obligaron a punta de pistola a algunos legisladores a ingresar a la Legislatura, por lo menos para dar quorum. Hubo mucha plata de por medio, no desde el Gobierno, sino desde la oposición hacia legisladores. Y presiones familiares, incluso, a algunos legisladores. Esto lo tenemos probado, igual que la elección del 2001 que fue robada también.

—¿Colombi es la consecuencia de la crisis del 99 o de qué?

—De Ramón Mestre (interventor federal).

—¿Por qué?

—Porque Mestre viene a la provincia decidido a terminar conmigo y el Partido Nuevo, después de la Coalición. La Coalición que fue desastrosa. La Coalición recibió dinero y tampoco pagó los sueldos. El dinero desapareció, 90 millones de pesos-dólares en aquel momento. No pagaron los sueldos, se tuvieron que ir. Vino Mestre decidido a terminar con el Partido Nuevo. Se hace la elección 2001. Yo estaba detenido en la Gendarmería. Esa elección la gané en primera vuelta, sobradamente.

—Preso, incluso.

—Preso. Fue realmente toda una odisea ganar una elección en esas condiciones. La segunda vuelta la dieron vuelta y si vos mirás los padrones, votó casi el 90% de la ciudadanía, cosa que nunca en la historia se dio.

—¿Cree que amañaron esa elección?

—Sí, sí. Es más, nosotros denunciamos esto y denunciamos con elementos probatorios. Pero en aquel momento, el Superior Tribunal estaba armado por Mestre. La Junta Electoral era el Superior Tribunal, o sea que nosotros sabíamos que íbamos al fracaso.

—¿Y después Ricardo Colombi se convirtió en la personalización de la persecución o él también pensaba cosas de usted y accionaba en consecuencia?

—Mirá, Colombi fue “amigo”. El fue uno de los intendentes más favorecidos durante mi gestión como gobernador. Yo creo que empezó bien y después lo fueron llenando. Creo que después lo fueron cargando, se dejó cargar o le gustó que lo carguen de cosas. Y entró a manejar la Justicia. Vos recordarás que después del 99, por televisión, se amenazaba a los jueces. Había un programa muy pagado por el Estado, en la época de la Coalición, que inducía a los jueces prácticamente a renunciar. En ese momento, hubo un alineamiento judicial. A mí me pusieron un juez puntualmente para mis causas, cosa que no se debe hacer. Eso es ilegal, pero lo hicieron. Historias que no quiero repetir porque están muy gastadas. Para mí el broche de oro de todo esto es el fallo de la Corte Interamericana. El fallo de la Corte Interamericana termina con esto.

—Bueno, pero la diferencia con Colombi era fuerte. ¿Se llegaron a odiar en algún momento?

—No, yo no odio a nadie. El odio está fuera de mi manera de pensar y de sentir. Si yo odiara, después de todo lo que pasé, hubiera salido con una ametralladora a matar a unos cuantos.

—Pero hubo un largo tiempo de muchas diferencias con Colombi.

—Primero hubo un acuerdo porque trabajamos, nosotros acompañamos electoralmente en algún momento. (Pero) Colombi maneja mucho la mentira en la política, no sé en la vida particular, no lo conozco. Pero en política no es confiable. Y lo mejor que puede haber en la política es la confianza. Si no hablamos claramente y no decimos las cosas como corresponde, creo que es un camino errado.

—Se habló en algún momento de que usted planteó un esquema de amnistía a cambio de la reelección de Colombi.

—No. Es más, te voy a decir algo y voy a usar la frase que usé en aquel momento. Cuando Colombi fue candidato en el 2001, Mestre se ve que miró las encuestas y se dio cuenta de cómo venía la mano, entonces mandó un emisario a decirme que “si yo levantaba mi candidatura, al otro día estaba en libertad”. Y le dije así, perdón al público: “Decile a Mestre que se vaya a la puta que lo parió”.

—¿Considera que ya se terminó la persecución hacia usted?

—No. Aún no y realmente no entiendo. Yo considero que todavía hay persecución. Y yo lo único que pido y que pretendo es participar en el libre juego de la democracia que es aceptar la voluntad popular. Yo no estoy pidiendo que me pongan en la Municipalidad o que me pongan en la Gobernación. Estoy diciendo que dejen que la gente me vote si me quiere y si no me quiere, que no me vote. Me estoy queriendo someter de nuevo. Y hasta este momento, a pesar del fallo de la Corte, la Justicia Federal no me dio la derecha. Y yo estoy fuera del padrón desde 2005 y tengo rehabilitada mi actividad civil, mi actividad empresaria, todo rehabilitado y no me rehabilitan políticamente cuando eso me corresponde.

—¿La Justicia está manejada por la política?

—Totalmente. Fundamentalmente, la Justicia Penal desde el Superior Tribunal. Creo que tenemos el peor Superior Tribunal de toda la historia de Corrientes. Gente sin capacidad, con mucho rencor, con mucho odio.

—Si usted dice que la política maneja la Justicia, ¿usted también manejó a los jueces?

—No.

—¿Cómo fue su relación con la Iglesia?

—Buenísima.

—¿Con monseñor Castagna?

—Con Castagna… A ver, yo creo que él fue parte de este proceso del 99. Yo creo que a Castagna lo cargaron mucho. Yo hablé con él antes del 99, antes del golpe, le expliqué cuál era la razón. Y yo sé que él fue actor de esto. Nunca más hablé con él.

—¿Es verdad que en su gobierno había listas negras de periodistas?

—No, jamás. Nunca, al contrario, yo podía estar mal con los medios, pero no podía estar mal con los periodistas. Siempre tuve buena relación con el periodismo. La prueba está en que yo voy a cualquier lugar del interior y las radios a mí me reciben, me llaman.

—Usted tenía medios y programas en su gobierno. Fue muy famoso el “Noti Tato”.

—El “Noti Tato”, que tanto criticaron, y hoy… ¡por Dios! Al otro día que yo me fui del gobierno, por supuesto, ya no tuve lugar en Canal 13. Me pedían el cheque antes para tener un aviso, etc., etc. Yo no tengo pelos en la lengua para decir lo que pienso porque, gracias a Dios, nadie me puede reprochar nada. Tengo la tranquilidad de conciencia de haber actuado como corresponde.

—¿Le hicieron alguna vez el “Diario de Yrigoyen”?

—No. Perdón, hay que ser muy boludo para que te hagan el “Diario de Yrigoyen”.

—¿Por qué cree que los gobernantes, en general, tienen cierta inclinación hacia el pensamiento único?

—No sé. Yo creo que depende de la impronta y de la personalidad de cada uno. Algunos que se creen emperadores y otros que son conscientes de que son gobernadores y que duran 4 años, y que llegado el momento la gente los premia o los castiga.

—¿Cómo se lleva con la crítica?

—No me gusta la crítica. No me gusta como a cualquiera, no me gusta. Pero si es razonable, hay que aceptarla.

—¿Cómo es el correntino?

—El correntino es un tipo aguerrido. Yo me considero un tipo aguerrido. Mirá que ha tenido que soportar cosas esta provincia. La pobreza que tenemos hoy en Corrientes. Bueno, hablemos del norte: del Chaco, Formosa, Misiones. Y el correntino se las banca.

—¿Y por qué cree que históricamente esta es una región pobre y no podemos abandonar esa condición?

—Porque yo creo que no se ha peleado suficientemente por la provincia. Por eso cuando te digo que yo traté de ser un gobernador diferente, peleé cosas. Si hubiéramos tenido una continuidad hubiera estado el segundo puente, como estuvo el puente Santo Tomé-São Borja. El complejo multimodal de cargas entre Chaco y Corrientes. Hubiéramos tenido funcionando el corredor bioceánico. La fábrica de Toyota acá, en vez de estar en Buenos Aires. Se hubiera construido el gran hospital que soñamos para Corrientes, amén del Hospital Pediátrico, amén del Instituto de Cardiología. A Corrientes hoy no le alcanzan los hospitales que tiene.

—¿Qué no haría de volver a gobernar?

—Capaz que no confrontar tanto. Pero la confrontación en aquel momento fue una necesidad.

—¿En qué se equivocó?

—En confiar demasiado. Confié demasiado, sobre todo en las cúpulas políticas.

—¿Traicionó a alguien?

—No, nunca.

—¿Se sintió traicionado por alguien?

—Sí, varias veces.

—¿Qué es la política para usted?

—Actitud de servicio.

—¿Le dio amigos?

—Sí, muchos amigos.

—¿Y enemigos?

—Los de siempre: las cúpulas.

—¿Cumplió sus expectativas o le faltó tiempo?

—Me faltó tiempo. Es decir, nosotros teníamos un plan de gobierno mucho más ambicioso, por supuesto, pero estoy satisfecho con las cosas que pudimos hacer.

—¿Qué cree que le dejó a sus hijos?

—Les dejé espíritu de lucha, integridad moral. Mucha integridad moral porque vieron lo que pasamos, y siempre confiaron en el padre. Les dejo una escuela de trabajo.

—¿Y a la comunidad?

—El amor que siento por la comunidad, por la gente. Yo verdaderamente tengo sentimientos hacia la gente. Me duele el dolor de la gente.

—¿Se arrepiente de algo?

—Yo en mi actividad privada siempre actué con absoluta responsabilidad. No tengo muchas cosas de qué arrepentirme. Nunca fallé a nadie. Nunca traicioné a nadie. No sé, tal vez si me pongo a pensar un poco más detalladamente y me das un poco más de tiempo, me puedo acordar (risas).

—¿Cómo quiere ser recordado, “Tato”?

—Como creo que me están recordando hoy. Yo puedo salir a la calle con vos e ir a pasear por Junín y encuentro afecto en la gente. Siempre encuentro afecto en la gente.

 

LA CRISIS POLÍTICA Y SOCIAL MÁS GRANDE DESDE 1983
“El ’99 fue un golpe de Estado orquestado por las cúpulas políticas porque nosotros pateamos muchos tableros”

—¿Qué fue el 99?

—Fue un golpe de Estado.

—¿De quién?

—De las cúpulas políticas hacia un gobierno constitucional y elegido.

—¿De qué cúpulas políticas?

—Radicales, peronistas, liberales, autonomistas. Ahí participaron, tal vez no como instituciones sino con los representantes legislativos que tenían.

—¿Querían echar del gobierno a Pedro Braillard o a usted?

—A mí, obviamente.

—¿Por qué?

—Porque Pedro Braillard venía del Partido Nuevo. En realidad, él venía del Partido Liberal. Vino al Partido Nuevo y después armó la propia. Pero bueno, el tema era sacarme a mí del esquema de gobierno.

—¿Por qué?

—Porque no les gustaba mi manera de gobernar. Era lógico.

—Pero usted era intendente.

—Sí, era intendente. Pero tenía la fuerza del Partido Nuevo, que era arrolladora desde el punto de vista político.

—En realidad lo que decían era que usted gobernaba desde la Intendencia.

—No. Yo gobernaba el Municipio y, por supuesto, a quien me tocó elegir como candidato a gobernador, juntamente con el partido, aconsejábamos como es lógico. Participábamos en reuniones donde se resolvían temas que eran de fondo, importantes. Pero en realidad, el 99 fue un golpe de Estado, perfectamente orquestado, trabajado previamente con una prensa muy volcada en contra. ¿Sabés qué pasa? Nosotros pateamos muchos tableros. Terminamos con muchos negocios: en la construcción, en Vialidad, en Lotería, en Invico. Las viviendas del Invico se repartían en los comités políticos. Esto no me lo puede negar nadie y te lo estoy diciendo en contra de aquellos con los que yo participaba como miembro de un partido político que era el autonomismo. Se repartían en los comités las viviendas y los cupos de construcción de viviendas no se licitaban. Los cupos de construcción de viviendas se entregaban: vos hacés 300, vos hacés 200, vos hacés 500. Eran 4 o 5 constructores que manejaban. Y nosotros abrimos la jugada y licitamos.

—Era una cartelización, digamos.

—Fue una cartelización. Contra eso luchamos y estos fueron los motivos por los cuales dijeron: “Nooo, a este tipo hay que liquidarlo. Si dejamos que sigan votando, va a seguir ganando”. Ganamos con el 73% cuando yo terminé mi gobierno. Yo gané la Capital con el 73%, cuando terminé la gobernación. Yo creo que eso fue un plebiscito electoral hacia un gobierno que a la gente le pareció que andaba bien.

—¿Se siente responsable de algo?

—No. Yo no gesté el 99. El 99, yo me voy a morir diciéndolo, fue un armado, un entramado político, utilizando de alguna manera a la gente que en ese momento no estaba cobrando sueldo ya durante dos meses en el gobierno de Pedro Braillard. Yo esto reconozco, entiendo que fue duro para la gente. Un momento de crisis muy pero muy grave porque ya se manifestó la crisis del 2001. Así que yo creo que se aprovechó una circunstancia complicada y en vez de colaborar para buscar una ayuda para la provincia, se buscó por el contrario profundizar los problemas y generar más problemas.

 

“A “Moto” Chiappe le hicieron la cama; le hizo la cama su propio partido”

Tato ¿qué pasó con Lázaro Chiappe? ¿Por qué renunció?
(Suspiro) Lázaro Chiappe, tengo el mejor de los conceptos de “Moto” Chiappe y seguimos siendo amigos. Yo creo que, en su momento, tal vez lo estoy diciendo por primera vez públicamente: a “Moto” le hicieron la cama. Le hizo la cama su propio partido.
“Moto” era un hombre que venía de la vicegobernación tomando poder dentro del Partido Liberal. Era un hombre razonable con el que se podía dialogar con absoluta tranquilidad. Y cuando yo modifico la Ley Previsional de la Provincia, eliminamos la Ley de Priviliegios. Es decir, en aquel momento un senador o un diputado podía jubilarse, terminado su mandato, pero podía ser reelecto después y cobraba la jubilación y la dieta. Eso se terminó. Eso en su momento generó un poco de enojo en el Partido Liberal y en “Moto” inclusive. Entonces, “Moto” amenaza con la renuncia.
Yo sabía por gente amiga dentro del Partido Liberal que le iban a aceptar la renuncia. Yo creo que nunca pensó que lo iban a desplazar. Pero la intención era desplazarlo para poner a “Pipi” Díaz Colodrero de presidente del Senado y como era presidente del Senado, quedarse a cargo de la vicegobernación. Y ahí empezó el problema: “Moto” se fue por eso; renunció y le aceptaron la renuncia. Se va y queda “Pipí”. (Nota del editor: Lázaro Alberto Chiappe renunció el 25 de marzo de 1995. Tras él se fue el Partido Liberal del gobierno. Fue el principio de la ruptura del Pacto, del que Romero Feris se fue en 1996 para fundar el Partido Nuevo).
Yo creo que eso está claro, ahí empezó el ’99. Es decir que lo desplazaron a “Moto” para tomar el lugar de “Moto”, porque con “Moto” teníamos un buen diálogo, había buen trato, nunca obstruyó, nunca generaba conflictos. Era un hombre que se manejaba prudentemente.
Ahí está una la clave. ¿Por qué se rompió el Pacto? ¿Y por qué dice que ahí empezó el ’99?
El Pacto no se rompe. El Pacto siguió, tanto siguió que fueron mis opositores más encarnizados en el final de mi gobierno. El Pacto, en realidad, no se rompe. Yo me voy del Pacto y formo el Partido Nuevo. Primero fue porque el Pacto se transformó en opositor, tanto autonomistas como liberales. Hay episodios y anécdotas que estaríamos todo el día hablando: pedidos de coimas y cosas raras que yo las denuncié en su momento, y que me costó el odio de las cúpulas. En realidad, mi enfrentamiento no fue con los partidos, fue con las cúpulas. Las cúpulas son las que no admitían, bajo ningún concepto, que alguien manejara el gobierno. El Pacto quería manejar el gobierno, pero cuando te digo manejar era: quería manejar el Invico; Lotería; Vialidad; querían constituir directorios afines para seguir con los manejos.
Y usted rompió esa lógica del Pacto.
No es que rompo la lógica, rompo una estructura que estaba enquistada en el poder y que usufructuaba el poder.

 

Notas al margen

El domingo 1 de mayo de 1994, en su primer discurso ante la Asamblea Legislativa brinda un mensaje optimista, pero crítico con los legisladores que no asistieron. De hecho, dio el discurso, pero no inició la Asamblea por ausencia de legisladores peronistas y radicales. Allí habló de “producir el milagro de creer en nosotros mismos. Juntos lo lograremos”. Allí también se defendió: “Llaman autoritarismo a la acción”. Por lo tanto, “no se me pida que vaya despacio”, pidió.

El lunes 1 de mayo de 1995, en su segunda Asamblea, ya sin Chiappe a su lado, dijo: “Basta de privilegios odiosos”. En paralelo hizo reclamos a la Nación por la economía. En el plano político pidió “que se sumen a este modo de hacer por Corrientes”.

En la Asamblea del miércoles 1 de mayo de 1996 llamó a conciliar y pidió leyes necesarias. Habló de la construcción de escuelas, del récord de producción de arroz, de Corrientes como primera provincia forestal. Anunció las obras del Hospital Pediátrico y criticó la ausencia de los legisladores del Pacto, que ya no eran parte del gobierno. Luis María Díaz Colodrero abrió la reunión, pero se retiró luego del recinto.

La última Asamblea no ocurrió el jueves 1 de mayo de 1997 como debía. Fue, en realidad, un inédito mensaje sin Asamblea que se hizo en el Salón Amarillo de Casa de Gobierno. Sucedió que las autoridades no convocaron a los legisladores e impidieron el acceso del gobernador al recinto de sesiones. Fue un entente del Pacto con parte del justicialismo. En este contexto se recordó que fue presentado un petitorio para la reforma constitucional con 150.000 firmas, para habilitar la reelección. Romero Feris dijo, no obstante, que “el cambio es irreversible, pese a que las mayorías circunstanciales no me permiten hacerlo”. “Pero lideraré el cambio desde el puesto que el pueblo me confíe”.

Ya en la despedida, el martes 9 de diciembre de 1997 se inauguró el puente Santo Tomé-São Borja. Un día después Tato da su mensaje final: “Hemos hecho una auténtica revolución en paz. Conservo la conducción política y he de liderar la profundización del cambio”, anunció.

“Hemos derrotado todo lo que había que derrotar: la adversidad, los poderes confabulados, la inacción, los intereses creados, el clientelismo político, la indiferencia de los escépticos y el egoísmo de los perversos”, dijo para finalizar.

Ricardo Leconte: “Mi obsesión no fue ser gobernador, sino estar en el manejo de la cosa política”

Hoy, en la segunda entrega del ciclo “Gobernadores de la democracia”, Ricardo Leconte, el último liberal al frente de una gestión de gobierno que debió soportar, entre otras cosas, la falta de recursos como producto de una hiperinflación superior al 6 mil por ciento. A 30 años de aquellos días dice que “quiere ser recordado como un hombre que tuvo vocación por la cosa pública y que honestamente hizo lo que pudo”.

—¿Cómo se convirtió usted en el segundo gobernador tras el retorno de la democracia en Corrientes?

—Cuando yo tenía 15 años, al salir de una misa del San Francisco, mi amigo (Juan Ramón) Aguirre Lanari, varios años mayor que yo, me dijo: “Vos ya estás en edad de actuar en política y hoy hay una reunión en el Comité Liberal. ¿Por qué no venís?”. Le dije a mi padre y nos fuimos. Era diciembre del 47, momentos del esplendor peronista. Corrientes fue la única provincia que eligió un gobernador no peronista.

(Por ese tiempo) Aguirre Lanari fue nombrado director general de Provincias del Ministerio del Interior. Me llamaron para que fuera su secretario. Fui y estuve con él un año y algo. Después volví a Santa Fe, me recibí de abogado en junio del 47. Vine a Corrientes, y en ese mes se hacía la primera Convención de la Juventud Liberal, para organizarla, y fui electo presidente. Al año entrante fui diputado provincial. Éramos opositores al gobierno de (Fernando) Piragine Niveyro. Defendimos la estabilidad del empleado público. Fuimos los autores del proyecto de Estatuto Docente que se sancionó y de la donación del terreno para el Club Huracán y para el Club Juventus.

—Hay un largo camino previo. Pero, ¿cómo se produce su candidatura o cómo se arma eso para que usted llegue a ser candidato?

—Yo fui militante activo como presidente de la Juventud, presidente del Comité de la Capital, después como miembro del Comité Ejecutivo. Cuando el doctor (Ernesto) Meabe, que ya tenía 91 años, renunció, me respaldó a mí como su reemplazante. Yo asumí en el 83. Fui candidato del partido. Pero en el Pacto acordamos que el que tenía más votos en esa oportunidad llevaba el gobernador y el otro partido el vice. “Pocho” (Romero Feris) me ganó, entonces fue “Pocho” el gobernador y García Enciso el vice, y yo fui electo senador junto con Gabriel Feris.

—¿En el 83 regía ese pacto?

—Sí.

—Gana “Pocho” Romero Feris en el 83, y en el 87, por la vigencia del Pacto, le corresponde al Partido Liberal proponer candidato a gobernador. Ya no era por cantidad de votos ahí.

—Era por alternancia.

—¿Cómo era la alternancia?

—El Pacto tiene dos principios básicos: uno era la alternancia. En la primera elección, el que sacaba más votos llevaba el gobernador y después se producía la alternancia. Como después hubo varios cortes, se empezó de nuevo en el 83, y salió “Pocho”. Además, la mitad del gobierno era para cada uno de los partidos. Incluso había otra norma: si el gobernador era de un partido, el ministro de Hacienda era de otro.

—Una especie de autocontrol interno…

—Exacto, por eso era una sociedad ejemplar para convivir. No siempre era fácil. En ese sentido, Gabriel Feris -director de El Litoral, que fue mi gran compañero en el Senado y mi compañero de fórmula- fue un gran mediador para limar asperezas, acordar consensos, etc. Y bueno, en la elección del 83, “Pocho” me ganó por treinta mil votos y después por mayor diferencia en el 85; y en el 87 le gané por tres mil votos. Le saqué la diferencia, pero en un clima de convivencia constituimos el Gobierno. (Pero) nos tocó una época muy difícil, porque la inflación en los 4 años fue de más de 6 mil por ciento.

—¿Cómo fue gobernar en ese contexto político y económico sobre todo?

—Teníamos una Ley de Coparticipación, pero con escasos recursos. El presupuesto de aquella época fue de 300 millones. Calculando que más o menos estaba a la par del dólar, hoy estaríamos en unos 45 mil millones, menos de un tercio de lo que hoy es un presupuesto. Los mayores costos encarecían todas las gestiones. De entrada tuvimos muchos problemas. Había huelga de docentes y de empleados en todo el país. Incluso había ataques a supermercados, pero eso acá no ocurrió. Fuimos unas de las pocas provincias, junto con Córdoba y algunas más, en las que no hubo rebeliones policiales como hubo en casi todas las provincias. Fue una época difícil. Pero nosotros, a través del diálogo y la difusión de los datos reales… Yo me acuerdo que después de una huelga docente, yo me reunía con los directivos de los docentes que eran opositores. Esta es nuestra situación (les decía), la coparticipación que venga la vamos a dedicar a los docentes. ¿A quiénes quieren que les paguemos primero? Y ellos nos decían: “El mes pasado fue a la costa del Uruguay, ahora le toca a la del Paraná”.

—¿Tenía que negociar eso?

—Sí. Además, durante el gobierno de “Pocho” Romero Feris, el ministro de Educación, que era liberal, Juan Ramón Palma, impulsó y concretó la participación de los docentes por elección de representantes en el Consejo de Educación y en la Junta de Clasificación y Disciplina. Se elegían entre ellos. O sea que había una participación de los docentes, aún de opositores, en el manejo de la educación. Esos eran canales que permitían diálogo y entendimiento. Bueno, hasta que para nosotros fue un milagro la Ley de Convertibilidad, en marzo del 91, pues luego de esas cifras siderales que nos creaban tantos problemas, de golpe, entre marzo y diciembre del 91, cuando dejé el poder, creo que la inflación fue del 2 por ciento.

—Pero, en general, además de los docentes, ¿cómo se llevó con los trabajadores? ¿El mayor problema era por los salarios?

—Sí. Había temas de discusión, pero nosotros éramos muy conciliadores. Fíjese que en esa época, una de las iniciativas que fue muy importante era las privatizaciones, que (el presidente de la Nación, Carlos) Menem había iniciado en el orden nacional. Nosotros por filosofía liberal, somos partidarios de reducir la función del Estado, que debe ser muy efectivo y contundente en la seguridad con el monopolio de la fuerza, en la educación y en la salud, para crear las condiciones de convivencia, libertad e igualdad para todos. Pero cuando el Estado entra en actividades comerciales es ineficiente. Yo les decía, entonces: “El Estado en función de empresario es ineficiente, aunque yo lo maneje”. Y privatizamos el Banco de Corrientes, que tenía un déficit y una deuda con la Nación muy grandes. Refinanciamos la deuda y privatizamos. Privatizamos Obras Sanitarias; los casinos de Corrientes y Paso de los Libres; los hoteles de Goya, Esquina y Curuzú; hasta el Boletín Oficial privatizamos.

—¿Cómo le fue con el producido de eso?

—En algunos casos percibimos algo, pero no eran cifras sustanciales. Fíjese, para privatizar Aguas nosotros vimos que la clave de la adjudicación era qué proponente ofrecía mayor rebaja a la tarifa de agua y cloaca. El Estado no percibió un peso, los beneficios eran para los usuarios.

—¿Cómo definiría usted a su propio gobierno?

—Yo le diría que fue un gobierno que tuvo que asumir en condiciones muy negativas. Yo había trabajado con un programa de gobierno. Elaboramos temas para el desarrollo de infraestructura, la salud, la educación y muchas de esas cosas no pudimos hacer. Pero sí hicimos cosas importantes. Por ejemplo, para mí la más trascendente, que demuestra el espíritu de Corrientes, fue el Instituto de Cardiología. Esa fue una iniciativa de “Pocho” Romero Feris, él inició las obras y antes de entregarme el mando inauguró cuatro consultorios externos. A mí me tocó la opción de seguir, terminar las obras, poner en función los servicios, internaciones y locales quirúrgicos. Y sobre todo el éxito de la administración por la Fundación. Eso fue muy importante. Y ahí hay dos figuras dentro del Instituto que hay que recordarlas y que fueron claves: el doctor (Jorge) Badaracco y el doctor (Joaquín) García.

—¿Cuál cree que fue su mejor gestión y cuál su mejor obra de gobierno?

—Yo creo que esa del Instituto de Cardiología, como política de Estado, que han seguido todos los gobernadores, (…) y que sigue manteniendo su jerarquía pues cada uno aportó algo. Después yo creo que la honestidad en la función pública y la claridad en los procedimientos. Además hicimos obras. A mí me tocó terminar la Ruta 17, de Loreto, San Miguel; la Ruta 11; el acceso a Santa Ana y a Berón de Astrada; el barrio Bartolomé Mitre. Terminar, pues estaba en un 20%, el barrio Las Tejas. Habilitar Cazadores Correntinos y construir la avenida Independencia.

—¿Qué no haría de volver a gobernar?

—Mire uno en función de gobierno tiene aciertos y errores. Uno a veces piensa que quizás podríamos haber hecho más viviendas de ayuda mutua, que nosotros desarrollamos mucho cuando yo era un joven ministro de Obras Públicas, en el gobierno de (Diego Nicolás) “Miki” Díaz Colodrero. Nadie hizo más barrios de ayuda mutua que nosotros. Nos faltaron recursos durante el gobierno para hacer todo lo que yo pensaba desarrollar.

—¿En qué cree que se equivocó?

—No sé. No sé si a veces al elegir funcionarios, uno busca los mejores y no siempre lo son. O no haber dado más énfasis a algo. Pero, realmente, gobernar en esa época era desesperante, porque no teníamos dinero. Yo tenía una gran relación con el gobernador de Córdoba, (Eduardo) Angeloz y él me prestaba, a través del Banco de Córdoba, dinero para pagar los sueldos el día 5 de cada mes, y nosotros le cedíamos la totalidad de la coparticipación. Hasta el 23 o 24, que cancelábamos la deuda, estábamos con 4 pesos. Luego, con lo que recibíamos del 24 hasta 5, íbamos cumpliendo con la administración del Estado. Es decir, tuvimos que afrontar una acción con mucha limitación. Eso fueron comprendiendo los docentes, los policías, los empleados públicos, lo que nos permitió convivir mejor que en otras provincias.

—¿Cómo era su relación con los gobernadores de la región?

—Muy estrecha. Yo era el único gobernador no peronista de acá, de la región (Misiones, Formosa, Chaco y Entre Ríos) y con ellos nos entendíamos mucho. Incluso, yo era representante en las relaciones con el Sur del Brasil. Nosotros impulsamos mucho con el gobernador de Rio Grande do Sul, Pedro Simón, la construcción del puente Santo Tomé-Sao Borja. Yo llevaba la representación de los otros gobernadores.

—Hablando de las relaciones, en la Capital usted gobernó con dos intendentes: Ana María Pando (liberal) y “Tato” Romero Feris (autonomista). ¿Cómo era la relación con ellos?

—Bueno, con “Tato” no era fácil. Él era muy activo y trabajador y había sido mi ministro (de Hacienda). Yo me acuerdo que cuando fue ministro era muy diligente y difundíamos la situación financiera todos los meses. Pero yo le daba apoyo a Ana María Pando, intendente, y un día “Tato”, al año de gestión, me dijo: “Pero no tenemos plata. No le podemos dar a Ana Pando”. Él ya tenía sus intenciones para disputar la Municipalidad. “Si vos le seguís dando plata, yo me voy”, me dijo. Entonces yo le dije, “tráeme tu renuncia. Te voy a dar un abrazo agradeciéndote lo que has hecho conmigo, pero traeme tu renuncia porque yo la voy a seguir ayudando”. Después cuando hubo la elección él con apoyo peronista nos ganó. Ahí hubo una polarización. Los dos fueron buenos intendentes.

—¿Por qué cree que la relación con el intendente de Capital siempre es tirante?

—Bueno, hay que pensar que la Municipalidad de Capital administra la vida de casi el 40 por ciento de los habitantes de la provincia, entonces, es un poder al lado de otro poder. Y lo que hace la Municipalidad se ve enseguida. Si hoy se deja de recoger la basura o limpiar la calle o cortar el pasto, en una semana esto es explosivo. En la acción de gobierno los resultados son más dilatados en el tiempo. Entonces, siempre hay alguna puja de imagen entre el Gobierno provincial y el intendente que está en la vidriera.

—¿Cuáles fueron los índices que evolucionaron y los que involucionaron después de su gestión?

—Los índices que mejoraron considerablemente fueron los del control de la inflación. Yo recordaba que el primer año fue del 300 por ciento; el segundo año de 3 mil; el tercero de 2 mil; el cuarto del 84 por ciento. Ya después de la Convertibilidad y en los años siguientes era del 1, 2 o 3 por ciento, como hoy ocurre en los países del mundo. Eso dio una estabilidad y una continuidad a los planes, porque los inversores, las obras públicas y privadas se podían pensar hacia el futuro con razonabilidad. Después sí hubo situaciones negativas, porque cuando terminamos mi gobierno en el Colegio Electoral nosotros empatamos con los opositores que eran radicales y peronistas, que actuaron juntos. Y como ellos para impedir que se elija se fueron al Chaco, al final el Colegio Electoral, con 13, lo eligió a “Tato” Romero Feris. Pero después eso fue anulado.

Cuando yo terminé mi mandato le entregué el poder al presidente de la Cámara de Senadores, que era (Hugo) Mancini. Me acuerdo que horas antes de entregar me llamó (José Luis) Manzano, ministro del Interior de Menem, y me dijo: “Si no hay gobierno nuevo, quedate vos. El presidente te ofrece todo el apoyo”. Yo le dije: “La Constitución dice que mi mandato dura 4 años y no me quedo un minuto más. Y te aviso que en dos horas entrego el poder al presidente del Senado”. Le entregué a Mancini y a los dos meses Menem mandó de interventor a (Francisco de) Durañona y Vedia, que estuvo 6 meses más o menos. Después vino Claudia Bello, que hizo una campaña muy rastrera contra los opositores. Y al final Menem -que tenía cintura política- mandó a (Ideler) Tonelli, que fue un caballero.

—¿Para usted es un dolor institucional eso de no haber podido entregar el mandato a quien correspondía por elección?

—Sí, hubiera deseado… pero en esa época todas estas circunstancias adversas, que desgastan, hacían que se repartieran los votos entre peronistas y radicales. Cuando yo fui electo, el Pacto más los demócratas progresistas sacamos más votos que radicales y peronistas juntos. En ese final, con hiperinflación y todas esas cosas, se repartieron más los votos, incluso, en partidos menores. Por poco no alcanzamos los 14 electores.

—Fue una situación muy compleja.

—Sí, sí. Nosotros mantuvimos el Pacto. Después Durañona propició una reforma constitucional que suprimió el Colegio Electoral. Porque también cuando no podíamos, en uno de los últimos colegios electorales -antes de que pudiera triunfar el peronismo- estábamos nosotros (liberales y autonomistas) dispuestos a apoyar a un radical, que era Noel Bread.

—Ese fue el año del escándalo, de la fuga del elector Tabaré Bruzzo. Pero en ese momento también se empezaba a hablar de que el Pacto empezaba a perder peso hasta que se diluye. ¿Qué pasó ahí?

—Cuando la economía no anda el gobierno se desgasta, entonces, pese a las cosas que estábamos haciendo, nos desgastamos. Eso repartió votos en demócratas cristianos y otras fuerzas menores, que niveló la relación nuestra con la oposición de estas otras dos grandes fuerzas. No nos podían ganar, pero no podíamos ganarles. Empatábamos.

—¿Cómo ve a los partidos políticos hoy?

—Yo creo que han perdido vigencia y gravitación en la sociedad. En aquella época todos estábamos politizados; éramos peronistas, liberales, autonomistas, radicales. Pero ahora han perdido fuerza. Faltan liderazgos gravitantes en el orden general. Entonces, hay un sector de opinión pública que no se identifica con los partidos tradicionales.

—¿Pero ahí hay también una necesidad de los partidos de poder mirar y hacer un mea culpa para ver qué es lo que pasa?

—Sin duda. No ocurre espontáneamente. Están faltando propuestas de los partidos. Hoy mismo nos encontramos con que los partidos no tienen propuestas concretas para todos los temas que afectan a la sociedad.

—Y con respecto a los liderazgos, ¿por qué usted dice que no hay liderazgos? ¿Qué pasa con el liderazgo de Ricardo Colombi, por ejemplo?

—Colombi surgió como una alternativa frente a “Tato” y al peronismo. Nosotros los apoyamos, y después la continuidad fue (Gustavo) Valdés, que tiene un gran consenso en la opinión pública. Es un hombre que no agrede, administra bien las cosas; paga los sueldos regularmente; hace algunas obras; entonces tiene gran consenso. Pero, sin duda, no existen las figuras ni la gravitación que tenían el peronismo, el Partido Liberal, el Partido Autonomista o el radicalismo hace algunos años.

—¿Usted cree que Colombi no tiene esa gravitación?

—Yo creo que ahora ha perdido y le ha ganado de mano Valdés, en ese sentido. Si bien él sigue teniendo un control importante en su partido.

—¿Cómo se llevaba usted con “Pocho” Romero? Porque se hablaba en su momento de que tenían una relación tirante.

—A veces era difícil. No pensamos siempre lo mismo, pero sabíamos que pelear era perder el poder. Entonces, el riesgo de que se hundiera el barco hace que uno se tome de todas las tablas que flotan.

—¿La élite política de épocas anteriores es diferente a la élite política que gobierna hoy en general en la Argentina? ¿Decreció de nivel?

—Sin duda.

—¿Y eso a qué obedece?

—Yo no sé si los conflictos o los problemas han hecho que mucha gente capaz se alejara de la política, entonces se reduce la iniciativa trascendente en función de gobierno. Cuando no hay una visión superior de las cosas se vive mucho el día a día. Se construye para hoy y se frena el camino para el mañana. Ese suele ser el camino del populismo: dar satisfacción inmediata, pero compromete el futuro.

—¿Cómo cree que es el correntino?

—Tiene características muy especiales. Tenemos nuestro idioma, nuestra música y nuestra historia. En el desarrollo de la historia nosotros no vivimos arrastrados por los acontecimientos, sino que tratamos de marcar rumbos. Enfrentamos a la dictadura, luchamos siempre por la organización institucional, la igualdad de todos. Trabajamos hasta que en Caseros se permitió la Constitución que en 50 años cambió la vida del país. Entonces, en Corrientes hay características muy propias que tenemos que aprovechar. El correntino es firme, de convicciones seguras, que se juega en momentos difíciles. Pero hay que abrirle el camino para que haga cosas trascendentes.

—¿El poder lo confundió en algún momento?

—No. Por una filosofía que aprendí en mi partido, uno es consciente de las limitaciones del poder y sabe que es pasajero y debe ser leal a las instituciones. Yo no extraño el cargo público ni el boato de las ceremonias, ni la alfombra roja, ni las bandas que me recibían con sones marciales. No. Yo creo que es una tarea de servicio y en ello uno encuentra la mayor satisfacción, estando en el poder y o en la casa. Muchas veces el drama de los gobernantes corruptos e ineptos es una consecuencia, porque los buenos se quedan en su casa y dejan el vacío.

—¿Por qué quiso ser gobernador?

—Mire, mi obsesión no fue ser gobernador, sino estar en el manejo de la cosa política, como diputado, como ministro, como lo que fuere. Y las cosas me fueron llevando casi le diría naturalmente.

—¿Para qué?

—Para hacer cosas. La mayor satisfacción del político es hacer cosas.

—¿Y lo logró, en general?

—Muchas cosas sí.

—¿Qué cree que dejó a sus hijos?

—Un buen nombre.

—¿Y a la sociedad?

—El ejemplo de la honestidad en la función pública.

—¿Se arrepiente de algo?

—Uno en el curso de la vida cuando hace tiene muchas cosas que puede decir por qué hice o por qué no hice. Yo no tengo acá algo como para ponerle un ejemplo, pero sí hay. De lo que uno no debe arrepentirse es de hacer. La peor falla es quedarse en la casa, hay que salir. Por eso uno, dentro de la concepción liberal del estado de derecho, respeta las ideas ajenas. Porque el otro también dejó la comodidad para salir a luchar, quizás por una idea equivocada, pero con una vocación de servir, al margen de los desórdenes que a veces le cuestionamos a los adversarios. Pero uno debe respetar las ideas ajenas.

¿Cómo quiere ser recordado?

Como un hombre que tuvo vocación por la cosa pública y que honestamente hizo lo que pudo.

 

RELACIÓN PRENSA-PODER
“A veces el ejercicio del poder enceguece y uno se cree omnipotente”

—Usted es un hombre de militancia política activa y de militancia con la pluma, porque siempre lo fue. Desde muy pequeño como redactor del diario Libertad, como director del diario Corrientes, y también en el periódico Temis. Siempre estuvo cerca de la prensa. ¿Cómo fue su relación con los medios y los periodistas durante su gobierno?

—Fue buena, pese a que teníamos opositores, con todos dialogamos y no perseguimos a nadie. Los respetamos y con el tiempo yo noto que muchos de los que incluso desde el periodismo nos criticaban, hoy me tratan con respeto y consideración.

—¿Alguna vez quiso controlar a la prensa?

—No, nunca.

—¿La condicionó con pauta oficial?

—Siempre el Gobierno tiene pautas oficiales. Y generalmente da más a los que son amigos que a los que son adversarios, pero siempre dentro de los márgenes de racionabilidad.

—¿Por qué cree que hay una cierta tendencia, en general, al discurso único cuando uno llega al poder?

—A veces el ejercicio del poder enceguece y uno se cree omnipotente. Sobre todo, con esta patología del populismo que se ha difundido en el mundo y en Latinoamérica, uno se cree que es la Patria, es el Estado, es la defensa de la nacionalidad y quien no está con esa idea es un vende patria, un réprobo que merece ser perseguido, marginado, postergado y agraviado. Es la filosofía de Cristina Kirchner hoy en día, que es la expresión más cabal y cruda del populismo en el país.

—¿Temió alguna vez no estar a la altura de las circunstancias y ser criticado por la prensa?

—Sí, muchas veces. Uno trata de dar todo lo que puede y es muchas veces consciente de que no alcanza todo lo que debe. Pero uno tiene que hacer el esfuerzo para hacer más y entonces cumple con su consciencia. El que anda en la acción no tiene soluciones perfectas, sino soluciones posibles. Entonces, hay muchas limitaciones que impiden lograr los ideales más avanzados que uno espera.

—¿Quién era el periodista de su época que a usted lo ponía en situación de pensamiento, lo hacía pensar o lo hacía rever algunas cosas, o que usted lo respetaba por sus condiciones periodísticas o intelectuales?

—Yo le tenía respeto a Gabriel Feris, que era un hombre muy inteligente y con una visión muy amplia de las cosas.

—Fue su vicegobernador.

—Pero antes de eso, incluso cuando en una época teníamos enfrentamientos, siempre valoré su espíritu superior.

—¿Le hicieron alguna vez “el diario de Yrigoyen”?

—No, nunca. Porque uno tiene un concepto claro de la realidad y no se alucina con el poder. Y es consciente uno mismo de lo que hace bien y de lo que hace mal, y que uno no es un superhombre, sino un hombre normal que está en un cargo de mucha responsabilidad y tiene que volcar lo mejor que tiene en la medida de su esfuerzo.

 

“Con el Pacto, en 32 años ganamos todas las elecciones, menos la del 73”

El Pacto, en esta época que están de moda las alianzas, fue un modelo de consenso político. Liberales y autonomistas a través de la historia hemos tenido pactos desde la época de (Juan Ramón) Vidal y hemos tenido duros enfrentamientos. La última vez que se rompió el Pacto, en el año 28, tuvimos un duro enfrentamiento en la década del 30.

—Enfrentamientos que excedían el parlamento, llegaban a los hechos…

—Sí, sí. Eran de arriba y de abajo, en todos los niveles. En la época del peronismo por ser opositores nos acercamos. En el 46 hubo ese acuerdo allí, pero después en el 58, en la opción de la UCRI, Piragine o Mariano Gómez, en el Colegio Electoral, el Partido Autonomista optó por Piragine, con lo cual se resintió más nuestra relación. Pero el gobierno no cumplió con el Partido Autonomista y paulatinamente se fueron acercando.

—Por eso se dio lugar al Pacto del 61.

—Claro, Piragine pretendía perpetuarse en el poder y convocó a una reforma constitucional que se hizo en el 60. Ahí el Partido Liberal tuvo la mejor representación parlamentaria del siglo, estaban: Aguirre Lanari, que era adjunto de Linares Quintana en Derecho Constitucional; “Niki” Díaz Colodrero, que fue gobernador; el doctor Frattini, que fue presidente del Centro de Ciencias Económicas, en el 18, en la famosa lucha universitaria; el doctor Bruchu, de Mercedes, que se recibió de veterinario en París; y había varios juristas destacados; Raúl Requena, periodista de La Nación, brillante expositor. Y los autonomistas lo tenían a Juan Carlos Lubari, que había sido camarista en Rosario; embajador y profesor titular aquí; al doctor Harvey, que surgía, etc. En la acción común hubo un gran acercamiento y allí realmente esa reforma la hicieron liberales y autonomistas.

Ese acercamiento se plasmó en el Pacto que se firmó el 14 de julio del 61. El día que se firmó el Pacto, que apoyamos por unanimidad y después fuimos a beber porque éramos socios de estos enemigos. Y en 32 años ganamos todas las elecciones menos la del 73.

 

Notas al margen

El traspaso de mando entre “Pocho” Romero Feris y Ricardo Leconte fue un hecho histórico. Hacía 35 años que no ocurría, desde 1952. La jura tuvo lugar el viernes 11 de diciembre de 1987.

En el primer mensaje al pueblo de la provincia, Leconte habló del problema de la inflación, del estado de pobreza, y prometió encarar un mando estable, una administración dura, áspera en su austeridad, pero honesta.

Ya ante la Asamblea Legislativa, el 1 de mayo de 1988, se comprometió a honrar compromisos con proveedores y, pese a la inflación, prometió equilibrio de recursos y gastos.

El tema central en el balance de 1989 fue el agravamiento de la crisis, la “explosión del sistema socioeconómico” que no permite planificar. Habló de una “desvalorización monetaria imprevisible”.

En el mensaje de 1990 se deja constancia de la creación de 20 mil puestos de trabajo privado, de la disputa por los recursos ante la Nación, del avance de las obras en la avenida Independencia y de la llegada de Menem al poder.

La Asamblea de 1991 ya empezó a mostrar la disputa política que terminaría en la intervención. Leconte dio su último discurso en la Legislatura, pero sin legisladores opositores. Allí habló una vez más de la inflación, de la recesión, de la especulación financiera, de la escasez de recursos y de la fuga de capitales. Temas todos con una vigencia que asusta.

El 10 de diciembre de 1991 entregó el poder a Mancini y el 4 febrero de 1992 se decretó la intervención federal.

Cosa de hombres

 

Más allá de lo que se dice, la política en Corrientes sigue siendo cosa de hombres. No hay declamación paritaria que valga ante la contundencia de los hechos. Y los hechos son estos: las principales fórmulas que competirán por la gobernación el próximo 29 de agosto estarán compuestas por hombres. Gustavo Valdés y Pedro Braillard Poccard por un lado, Fabián Ríos y Martín Barrionuevo por otro. Un abogado y un ingeniero a la cabeza, otro abogado y un contador como escoltas.

En la mayoría de las intendencias pasa lo mismo. La Capital es una muestra suficiente: allí el médico Eduardo Tassano irá por su reelección en el marco de un objetivo hasta ahora nunca alcanzado por nadie. Lo acompañará su colega Emilio Lanari. Se medirán contra el abogado y exdocente-sindicalista Gustavo Canteros que, de ser coequiper de Valdés, pasará a ser la principal posibilidad del PJ para rehacerse con el bastión perdido por Ríos en 2017. Al actual vicegobernador lo acompañará la médica pediatra Gladys Itati Abreo, y es tal vez la gran sorpresa del cierre de listas, un poco por la paridad sí expresada aquí, y otro poco porque este nombre no estaba en los planes iniciales, pese a la trayectoria y militancia de la mujer que ya fue funcionaria de Camau Espínola y de Fabián Ríos.

En las listas legislativas provinciales y municipales no hubo mayores novedades. La supremacía masculina no se rompe más allá de las buenas intenciones y de algunos pocos casos en que las mujeres están al frente de sus nóminas partidarias. Se trata, en general, de un acto que viola el principio de representatividad (de acuerdo con los datos demográficos vigentes), pero que reviste, al parecer, un valor inferior y que no incide en la toma de decisiones.

La paridad, por tanto, seguirá siendo tema de debate, pero en esta elección no será moneda cambio, de premio ni de castigo, por el simple hecho de que ninguno de los dos grandes protagonistas del bialiancismo correntino, que concentran 55 partidos en su interior, tuvo en cuenta ese argumento para presentarse ante un electorado que evidentemente concentra ese reclamo en ciertos sectores militantes, muy ruidosos y virtuales, pero que todavía no alcanzan a mover el amperímetro real ni a preocupar a los armadores de las estrategias electorales concretas.

En el plano de los derechos, no obstante, hay que decir que Corrientes se mantiene como la única provincia del NEA al margen de la paridad de género. Quedan pocas jurisdicciones sin obligar la igualdad en el país. Y si bien hay muchas propuestas para cambiar la legislación, siempre hay trabas que impiden su tratamiento y sanción. Y cuando no son trabas procedimentales, son las zancadillas políticas las que se llevan puesta la igualdad de género a la hora del armado y presentación de las listas.

La historia, en tanto, es lapidaria. Más que este presente. Desde la organización institucional de la provincia, ocurrida tras la sanción de la primera Constitución en 1821, solo han gobernado hombres: 51 varones en 59 mandatos, contados desde Juan José Fernández Blanco hasta Gustavo Adolfo Valdés.

Los interventores, que también fueron muchos, en su enorme mayoría fueron hombres. De hecho, la historia de Corrientes registra una sola mujer al mando: Claudia Bello, que fue interventora federal enviada por el presidente Carlos Menem y que fungió de regente desde el 14 de agosto de 1992 hasta el 3 de febrero de 1993: menos de seis meses. Una mujer en 433 años, desde 1588; una mujer en 200 años desde la Constitución de 1821, pero no elegida por la voluntad popular. Y de esto ya van a cumplirse 30 años.

El 29 de agosto, entonces, el pueblo de la provincia podrá optar entre dos modelos políticos definidos, entre dos perfiles de candidatos e incluso entre dos modos exitosos de gestionar la cosa pública, uno en la provincia y el otro en la municipalidad; entre dos fórmulas que privilegiaron el conocimiento técnico, la honestidad intelectual y la lealtad personal y política, pero no entre fórmulas paritarias. ¿Será la próxima?

“Pocho” Romero Feris: “Si aplicáramos el principio de no matar al que no te rinde pleitesía, andaríamos mejor”

Aquí, una conversación que forma parte del ciclo “Gobernadores de la democracia” con el que el diario El Litoral intentará dejar testimonio de los protagonistas y su tiempo, en vísperas de una nueva elección general en la que el pueblo de la provincia deberá elegir a su próximo gobernador, en el contexto extraordinario de la pandemia. Estas charlas se editarán cada domingo hasta el día de las elecciones previstas para el 29 de agosto.

 

Eran las 8.30 del martes 11 de mayo. Estaba fresco. Un viejo colaborador de la familia nos abrió las puertas de la casona que balconea la costanera y nos permitió el ingreso para disponer los equipos de audio y video con los que grabaríamos esta entrevista, y de ese modo concretar una charla demorada con el exgobernador. Era, en efecto, una conversación mil veces pautada y otra mil veces postergada, pero que en el atraso dio forma a una idea mejor: la de esta sucesión de entrevistas con los “Gobernadores de la democracia” que hoy presentamos en formato gráfico.

Ya desde su grabación para la entrega audiovisual, el ciclo empezó por el principio y siguió una línea cronológica, desde 1983 hasta 2021. Pero al recorrido que suponíamos lineal le pasaron cosas: fue un ir y venir por recovecos de sucesos inolvidables y otros olvidados, y por los atajos de viejas tensiones que se sienten aún, en tiempo presente.

Acomodados los equipos y el mobiliario, se encendieron las luces y allí estaba, listo para un repaso de gestión el mandatario que llegó al sillón de Ferré el 10 de diciembre de 1983, con el retorno mismo de la democracia después de la larga noche de la dictadura. Allí estaba pues, el doctor José Antonio Romero Feris. Pocho. El último patriarca autonomista.

“La verdad es que hace rato teníamos pendiente esta charla que se da hoy”, recuerda. Sonríe. Se acomoda y se dispone a dar un paseo por los recuerdos, por aquellos días buenos y malos que sucedieron hace ya casi 40 años.
—Pocho, ¿cómo se convirtió en gobernador?

—Fui gobernador porque me votaron 100 mil personas. (Risas). Pero comencé a los 14 años. A los 18 gané mi primera elección interna y a los 22 ya fui elector a gobernador. Fui diputado provincial a los 24.

—¿En ese momento eran todos récord estos datos de la edad, no?

—En ese momento era el legislador más joven de América, decían. Después fui presidente de la Cámara de Diputados, a los 25.

—¿A los cuántos años se convierte en gobernador?

—A los 42. (Nota del editor: Pocho Romero Feris es el hombre más joven en jurar como gobernador al menos desde el retorno de la democracia en 1983. Y es el segundo más joven desde la vigencia de la Ley Sáenz Peña (1912), pues Raúl Benito Castillo asumió la primera magistratura en 1952, a los 40 años).

—¿Cómo?

—Al final, en el año 82, en el Hotel de Turismo, se firma un acuerdo. Y ese día, me ofrecen la candidatura. Entre tanto, había sido embajador en Costa Rica.

Había dos generaciones de diferencia entre el profesor Mancini, que era el presidente del otro sector, y mi persona. La cuestión es que nos sentamos a dialogar y cerramos en uno de los salones del Hotel de Turismo, la firma del acuerdo. Me eligen presidente del partido, candidato a gobernador y el profesor Omar Mancini fue mi candidato a vicegobernador. Entonces, los liberales plantearon el Pacto Autonomista-Liberal que el que ganaba llevaba el gobernador y el que perdía, el vice. El primero que me informó de esto, pero como versión, fue don Gabriel Feris.

—Es así como se conforma la fórmula…

—Se conforma la fórmula liberal Leconte-García Enciso y la nuestra Romero Feris-Mancini. Vamos a la elección. Ellos aceptan. Mejor dicho: nosotros aceptamos la propuesta liberal y se eligen formalmente los candidatos ese día. Por la tarde, me habla el doctor Leconte, con quien yo tengo una excelente relación, y me plantea que quería tomar un café acá en este lugar. Yo le digo: “Voy a tu casa porque me queda a tres cuadras de la casa del partido”. Allí hablamos. Yo no compartía eso de negociar los senadores. El PL planteaba que el que perdía las elecciones a gobernador se convertiría en senador. Se lo dije: “Yo juego a matar o morir, o soy gobernador o no soy nada, y colaboro con vos en todo esto”. La cuestión es que vamos a la elección y votaron 360 mil personas. El autonomismo sacó 100 mil votos; el liberalismo 50 mil. Pero entre el autonomismo y el liberalismo estaba el justicialismo que sacó más de 70 mil votos, con don Julio Romero, que ya había sido gobernador 10 años antes, y después se ubicó el doctor Armando Romero, que más tarde fue rector de la Universidad, que fue medio que el primer “alfonsinista”. Quinta quedó la Democracia Progresista, con Pablo Navajas Artaza. Luego el MID, con el doctor Walter Posse, que era de Goya, etcétera. La cuestión es que nosotros obtenemos la cantidad de electores necesarios. Sacamos 8 diputados provinciales; los amigos liberales 6 diputados, con lo cual teníamos 14, la mitad más uno para la Cámara, y tuvimos la mayoría.

—¿Cuál era la situación socio-económica de la provincia de Corrientes en 1983?

—Era difícil, porque empezábamos una etapa nueva. No teníamos Ley de Coparticipación. Íbamos a compartir los ministros…

—Con el liberalismo, con la gente del Pacto…

—Exacto. (Nota del editor: El Pacto Autonomista Liberal funcionó así desde 1961: el partido que ganaba la primera elección después de cada interrupción democrática era el partido que proponía el gobernador, pero el resto de los cargos se repartían equitativamente. Si el gobernador era de A, el vice era de B. Lo mismo pasaba con los ministros. Pero había más: si el gobernador era de A, el ministro de Hacienda era de B, para ejercer una especie de control interno en cuanto a los recursos). Pero más allá de eso, teníamos una buena relación con el presidente.

—Con Alfonsín.

—Con el doctor Raúl Alfonsín, a quien yo conocí cuando fui embajador y después nos veíamos en Buenos Aires, cada 20 o 30 días. (Nota del editor: Romero Feris fue embajador de Costa Rica a los 35 años. Por este puesto recibió muchas críticas, porque se le enrostraba haber sido funcionario de la última y feroz dictadura argentina).

—¿Esa buena relación tiene que ver con la forma de zanjar la cuestión de no tener coparticipación, por ejemplo? ¿Alfonsín cómo se portó con Corrientes respecto a este tema?

—Con gran generosidad. (…) En 1985 gané las elecciones de medio término y salgo a gestionar recursos. Bueno, la cuestión es que yo voy al otro día y a las 9 de la mañana estaba ya en la Secretaría de Hacienda. Me felicita Mario Brodersohn, secretario del ministro Juan Vital Sourrouille, y le digo: “No quiero que me felicites Mario, yo quiero hablar de mi presupuesto. Quiero pedir un incremento muy prudente”. Bueno, la cuestión es que me dice: “No puedo”. Pegué un golpecito a la mesa y me fui. Me trae de vuelta. Le digo: “Mirá Mario, te voy a decir tres cosas: primero voy a renunciar a la Gobernación”. “¿Cómo, si ganaste ayer?”, me dice. “Sí, pero no quiero pedir limosna”, le digo. “Segundo: voy a hacer una conferencia de prensa para decir por qué me voy. Y tercero: voy a hablar con el Presidente”. Lo veo a don Raúl y el Presidente me dice: “Pero qué prudente que ha sido usted. Yo en su lugar hubiera pedido el doble”. La cuestión es que me propone ahí hacer otra reunión. Y ahí don Raúl blanquea el tema y dice: “Mario, ¿qué pasa con Pocho? Yo en su lugar le hubiera pedido el doble”. Y Mario, que es más rápido que Fangio, dice: “Señor, no se preocupe. Yo tengo una gran amistad con Pocho. Mañana nos juntamos a las 10 y resolvemos”.

Entonces yo le dije con toda franqueza: “Mirá Mario, que somos amigos no hay ninguna duda, pero yo te digo simplemente esto: yo voy a estar ahí, no sé cuál es mi agenda, pero voy a estar ahí porque está mi provincia en juego”. Vamos a Olivos y ahí don Raúl llama a Brodersohn, y me pide “el último favor”: esperar dos minutos. Y con la mayor fineza me dice: “Si me excedo en el tiempo que le solicito y usted se va, yo no me ofendo”. Me quedo parado. “Mario, ya hablamos claro”, le escucho decir al Presidente. Entonces Mario me dice, “Pocho, tenés razón”. Nos damos la mano. Y don Raúl dice: “Voy a bendecir este encuentro” y puso su mano sobre las nuestras.

Cuando voy al auto, mis funcionarios me dicen: “¿Pero Pocho, habrás firmado algo?”. Nooo, sería muy maleducado con un Presidente que se portó así. Yo no puedo hacer esas cosas. Tengo que aceptar lo que él me dijo, creer en su palabra. La cuestión es que me cumplió hasta el último centavo. Yo comento este hecho, porque creo que la palabra valía mucho. Don Raúl tuvo un gran gesto.

—¿Problemas económicos entonces los tuvo o no?

—No. Los tuvimos porque yo pedí una suma que no me permitía moverme mucho, pero por lo menos, comprendiendo el momento que se estaba viviendo, yo creo que tenía que colaborar también.

—¿Y eso le alcanzó para sostener el Estado y para hacer obras?

—Para pagar y para hacer obras.

—¿Cómo era su relación con los trabajadores?

—La verdad es que muy buena. Por primera vez hicimos un Plan de Estabilidad y una Escuela de la Administración Pública.

—Y con respecto a las obras, en su gobierno se hizo, tal vez, el más recordado plan de viviendas desde el retorno de la democracia. ¿Cómo hizo eso, con esa cantidad de dinero que no le permitía moverse mucho?

—Porque teníamos un gran presidente en el Instituto. Yo creo que el mérito no es mío, sino que el gran hacedor de eso fue el ingeniero Salomón Méndez, con quien hablé hace tres o cuatro días y estuvimos recordando que Corrientes era muy respetada en eso, pues se hicieron casi 20 mil viviendas. Pero el mérito era de él que iba a trabajar a las cinco y pico de la mañana. Y también se hicieron las escuelas Leloir, Figuerero…

—¿Cuando se terminó su gobierno, evolucionaron qué índices e involucionaron qué otros índices? ¿Qué balance hizo?

—Yo creo que en general hubo una actitud positiva. A veces, quizás recurríamos a cuestiones muy tirantes, porque no nos alcanzaba el dinero. Pero con la gente anduvimos bien. No se echó a una sola persona. Cambiamos ministros, pero no funcionarios de la administración. Fijate vos que hicimos el Instituto de Previsión Social, y dimos el 82% y 85% móvil y automático para jubilados y pensionados, e integramos el Instituto.

—¿Cómo definiría su gobierno, entonces, después de tantos años?

Como uno que tuvo un gran equipo, que trabajó con seriedad, intensamente. El signo de nuestro gobierno fue ser un gobierno desarrollista.

—¿Y cuáles considera que son los hitos de su gobierno?

—El respeto al adversario. La incorporación de personas de distinto signo político.

—¿Y la obra más importante?

—En lo material, el Instituto de Cardiología. ¿Y sabés una cosa Eduardo? Fue un hecho positivo, una política de Estado, porque ningún gobierno le puso los pies encima, lo siguieron agrandando. Y ahí trabajó muchísimo la fundación. No por elogiar a Marly, pero Marly (Brisco, su esposa) fue la que inició esto y convocó a gente representativa para que trabajara en la fundación. Se hizo grande. La fundación cumplió un rol fundamental y los gobiernos siguieron construyendo lo que se podía.

—¿Y en lo no material?

—La venida de Juan Pablo II. Con eso se me prescribieron todos los pecados, no solamente hasta hoy, sino hasta el fin de mi vida. (Risas)

—Fue el 9 de abril de 1987…

—Acordate que es santo hoy. Sí. El día de la lluvia.

—Exactamente, con una lluvia torrencial, Juan Pablo II visitó Corrientes en un viaje que no estaba en agenda, además. Vino gracias a su diplomacia.

—A mi insistencia ante el nuncio apostólico, monseñor (Ubaldo) Calabresi.

—¿Quién fue su mayor o mejor adversario estando en el gobierno?

—Yo no me quejo de los adversarios. Me pegaron bastante, por ejemplo, con el tema del Cardiológico.

—¿Desde el punto de vista político le hicieron problemas por el Cardiológico?

—Por ejemplo, mi amigo Ángel Pardo, y algún otro que hubo, dijo: “Pocho está loco, quiere traer Hollywood a Corrientes”.

—¿Hollywood?

—Fue el “Gordo” quien votó en contra en la Legislatura cuando yo mandé el proyecto. Pero después tuvo en cuenta uno de los motivos por los cuales yo decidí hacerlo. Porque yo les pedí tres días a estos amigos y recurrí a ingresos brutos y dije vamos a meterle. Porque lo único que se hacía en Corrientes en aquel entonces era electrocardiograma. Con un infarto o morías acá o en el avión sanitario. Y el “Gordo” tuvo un infarto a una cuadra y pico de ahí.

—¿Ángel Pardo?

—Ángel. Y lo atiende (el doctor Jorge) Badaracco y Ángel se convierte en el principal aportante para la fundación.

—El doctor Badaracco fue uno de los grandes directores del Instituto de Cardiología ¿no?

—Sí, el doctor Badaracco fue un señor.

—¿Cómo fue su relación con su sucesor, el gobernador Ricardo Leconte? ¿No hubo problemas ahí? Porque el Pacto siempre…

—Hubo un problema cuando le pidieron la renuncia al ministro de Hacienda, que era (el contador Mariano) Cadenas.

—Pero era un problema de espacios políticos, no de relación de transición.

—No, era un problema político anterior, porque dijeron que se había hecho medio hincha nuestro (pese a que era un ministro liberal). Era un gran ministro.

—¿Usted con qué intendentes interactuó en el Municipio de Capital? Porque en ese entonces los mandatos eran de dos años.

—El primero fue el doctor Raúl Papini y después el doctor Armando Galvaliz.

—Si tuviera que definir cómo fue su relación con el Presidente de la Nación, en ese momento.

—Brillante.

—¿Y qué piensa hoy de sus colegas que lo sucedieron?

—Merecen mi reconocimiento, independientemente de las diferencias. Por eso, te decía hoy, al comienzo, el tema del diálogo… Tuvimos algunas discrepancias con algunos, pero yo quiero rescatar lo bueno que hicieron todos y dejar de lado lo malo o, mejor dicho, con lo que yo no coincido.

—¿Con quién, por ejemplo, no coincidió en algún momento?

—Yo preferiría Eduardo, como son tantas las cosas y no podemos utilizar tanto tiempo, reconocer que todos tuvieron sus aciertos y sus errores, como yo también.

—¿Y usted, en qué se equivocó?

—Puede ser en varias cosas. Yo no voy a dar nombres, pero tuve que haber pedido a lo mejor algunas renuncias que no pedí. A lo mejor por cobarde, o no sé si cobarde… Yo tenía 42 años cuando llegué al gobierno. Y como no tenía la plena prueba de lo que pensaba, tres o cuatro renuncias que tenía que haber pedido no las pedí, pensando en la familia, pensando en lo que pasó. Pero creo que, en general, el Gobierno estuvo integrado por gente de primera. Yo me pude haber equivocado en muchas cosas. Y yo siempre digo que me equivoqué porque hay algunos políticos que hablan como si nunca cometieron un error. Y yo me acuerdo que el final del primer mensaje decía simplemente esto: lo único que yo prometía era trabajar y lo único que pretendía al fin del mandato era tener el respeto de mis conciudadanos a los que deseaba servir.

—Usted fue en su momento defensor del Colegio Electoral.

—Y sigo siendo defensor de ese sistema.

—¿Por qué?

—Creo que es la vía por la cual se obtienen resultados producto del diálogo, de la negociación, del acuerdo, del consenso, porque somos muy individualistas los políticos argentinos. Y yo también cometo errores y digo que nosotros pensamos que somos los mejores. Hay algunos a los que jamás los escuché decir: “Yo me equivoqué en tal cosa”.

—¿Pero eso no es un poco darle de nuevo a la élite política potestades y sacarle esa potestad al pueblo con su voto directo?

—No, porque el pueblo vota y es una conjunción de gente que va y viene. Es la única manera de evitar la confrontación.

—Pero si vamos al caso, al sistema indirecto más avanzado, pongamos el sistema electoral norteamericano, también se le escapan cosas…

—Bueno, pero Trump fue un caso específico.

—Pero se le escapa al sistema.

—Yo te voy a decir un principio del Derecho: caso fortuito o fuerza mayor. Caso que no ha podido preverse o que previsto, no se ha podido evitar. Ese ha sido Trump.

—¿Los partidos sirven aún como instrumento político?

—Los partidos, después de la Reforma del 94, en la que se le dio estado constitucional, yo creo que en lugar de mejorar han empeorado.

—Empeorado.

—Sin dudas, yo creo que valen más hoy los liderazgos.

—¿La política le dio amigos o enemigos?

—Yo digo que me dio amigos y adversarios, enemigos no. Es más, si aplicáramos ese principio de no matar al que no te rinde pleitesía, andaríamos mucho mejor.

—¿El poder lo confundió en algún momento?

—Sí, yo creo que me pudo haber confundido. Pero no me hizo perder la visión, porque yo cumplí con lo que habíamos establecido, que era la alternancia. Los muchachos querían reformar la Constitución, pero yo les dije que no, por dos motivos: porque yo creo que el que está en el poder tiene ventaja, y en segundo lugar porque yo tenía un compromiso firmado que decía que después de un autonomista, venía un liberal. La alternancia.

—¿Alguna vez sintió la soledad del poder?

—Sí.

—¿Qué es?

—La soledad del poder es una cosa muy dura. Hay cosas que la puede hacer solamente el que está conduciendo y esa es la soledad del poder. A veces, tenés que hacer cosas que a lo mejor no te satisfagan del todo y que te ponen en una situación complicada, pero tenés que hacerlo.

—¿Qué no haría de volver a tener la ocasión de gobernar?

—Y depende de cómo se den las circunstancias en el momento y cuáles son los hechos que se producen. Cuáles son las decisiones que tenés que tomar. Yo pienso que lo peor que puede hacer un gobernante -yo eso no haría- es decir estoy ocupado, no puedo atenderlo. No tener contacto con la realidad. Porque el funcionario tiene que tener un contacto permanente para saber cómo son las cosas.

Un día me dice alguien: “Es que vos vas siempre por la misma calle”. Entonces, supuestamente, yo siempre encontraba bien las cosas. Y un día, creo que Carlos Alonso -que era director de Comercio y ahora hace periodismo- me dice: “Tomaste otra calle y encontraste unos cuantos problemas allí y llamaste la atención a quien correspondía”. Creo que las cosas más importantes se hicieron así.

—¿Cómo quiere ser recordado Pocho?

—Como una persona que trabajó con espíritu constructivo y que tuvo en cuenta a todos los sectores. Porque en el Gobierno había gente de todos los partidos. O como dije en el final, en el último capítulo de mi primer mensaje. Lo que yo prometía era trabajar y lo único que decía al final es que pretendía que al concluir mi mandato tuviera el respeto de mis conciudadanos. Eso lo logré, gracias a Dios. No sé si me quieren, no me quieren, me votan, no me votan; pero tengo el respeto de la gente acá y donde me muevo.

 

“El Pacto se rompió por una tontería que al final no sirvió para nada”

—¿Qué fue el Pacto Autonomista Liberal?

—Yo pienso que fue una herramienta importante, aunque al comienzo no la hayamos integrado. El motivo por el cual se conforma es porque el gobernador Fernando Piragine Niveyro quería hacer la reforma de la Constitución. (Nota del editor: Piragine planteaba la reforma y la reelección, pero antes que eso, incumplió acuerdos sellados con el autonomismo). Así que, no por el amor sino por el espanto, como dicen, nos unimos azules y colorados en el 61. Imagínate.

—¿Usted considera que el Pacto Autonomista Liberal fue el vehículo electoral tan o más exitoso al día de hoy que Encuentro por Corrientes o el Frente de Todos?

—Fueron dos partidos que cumplimos siempre con lo que habíamos dicho.

—Lo tenían por escrito.

—Claro. Yo, por ejemplo, con mi vicegobernador (liberal) tuve una magnífica relación. Nunca tuve un problema con (José María) García Enciso. Ahora, reconozco que hubo cuestiones y el Pacto se rompe por una cuestión unilateral. El autonomismo no tuvo nada que ver cuando el doctor (Nicolás “Totí”) Garay le dice al doctor (Ismael “Cacho”) Cortinas: “Hemos decidido romper el Pacto por parte del Partido Liberal, unilateralmente”. No sé si fue por una senaduría o por una tontería, que al final no sirvió para nada.

(Nota del editor: el final del Pacto es el corolario de un largo proceso que incluye peleas políticas entre los socios, peleas entre los hermanos Pocho y Tato Romero Feris, las ambiciones políticas del Partido Justicialista, de la UCR, la sociedad de Tato Romero Feris con el presidente Carlos Menen y la creación posterior del Partido Nuevo)


RELACIÓN PRENSA-PODER

“La prensa es indispensable para el sistema democrático”

“El secreto de la fuente y la eliminación de la figura del desacato del Código Penal fueron proyectos míos”.
—¿Cómo fue su relación con los medios y periodistas, siendo usted además, en aquel tiempo, parte del directorio del diario más importante de la provincia, el diario El Litoral?

—Yo tomé una decisión: dejar toda la empresa en libertad y dedicarme totalmente a mi tarea para la cual el pueblo me eligió. Y no me quejo de El Litoral, pero te tengo que decir que hubo varios periodistas que me criticaron. Lo cual me parece bien.

—¿Desde el diario El Litoral?

—No. El Litoral, ni bien ni mal, ahí. (Risas). Pero por ejemplo, sabés qué periodista me trató con mucho respeto siempre, en radio, Tito Meizner; Daniel Caram; y el amigo que falleció, el “Colorado” Martínez Vidal.

—¿Y con el que peor se llevó?

—Era un ex del Litoral. El que tenía un “diarito” o que era diario, El Independiente. Pero no me llevé mal. Él me trató mal, yo lo traté bien. (Se refiere a Baltasar Rodríguez Moreira). Fijate vos que vino a hablar conmigo, y tuvo el auspicio de Lotería.

—¿Es difícil, desde el poder, aceptar la crítica de la prensa?

—Yo acepté siempre, aunque me dolía un poco. Por ejemplo, en Época había un hombre que escribía muy bien, pero me criticaba siempre. (Se refiere a Hugo Zelada, exjefe de Redacción). Terminamos siendo amigos. Encima mi sanción fue que tuviera que leer mi libro.

—Pero, ¿qué le producía, lo enojaba, le daba bronca?

—Nooo. Yo me enojaba cuando no tenía plata para pagar las cosas o cuando no tenía coparticipación.

—Hay gente que le tiene miedo a la prensa. ¿Usted le tuvo miedo alguna vez a la prensa?

—No, porque yo creo que la tarea que cumple la prensa es fundamental e indispensable para el sistema democrático, para el sistema republicano, sobre todo. Fíjate que me tocó después como senador ser presidente en la comisión de Libertad de Expresión, donde sancionamos dos proyectos que vos conocés: que el periodista no tuviera que dar a conocer la fuente de información y la eliminación de la figura del desacato del Código Penal. Estos fueron proyectos míos.

—¿A quién respetó por condición intelectual, técnica o política desde la prensa?

—Te hablaría de Carlos Gelmi y de varios otros. De Época, Zelada, que firmaba los artículos y que me caía bastante bien a pesar de que me criticaba duramente siempre.

—¿Le hicieron alguna vez el diario de Yrigoyen?

—No, porque yo ya sabía cómo era la mano.

Notas al margen

* Pocho Romero Feris juró el 11 de diciembre de 1983. El 10 asistió a la toma de posesión del presidente Raúl Ricardo Alfonsín.

* En su mensaje de asunción planteó una serie de ejes a trabajar pensando en el futuro y en la democracia como sistema. Habló de la necesidad de generar empleo para evitar el autoexilio de la población que en esa época, por falta de oportunidades, registraba tasas altísimas.

* El 1 de mayo de 1984, ante la Asamblea Legislativa, reiteró sus ejes de gestión, y habló de la reconciliación nacional, a dos años de la Guerra de Malvinas.

* En 1985 su planteo fue por un verdadero federalismo. También habló de la inflación, a la que calificó de “inmoral”.

* En 1986, en el marco de una gran inundación en el Sur provincial y a casi un año del lanzamiento del Plan Austral en Argentina, Pocho reiteró sus reclamos de atención a la Nación. “No busqué mi elección para convertirme en un mero pagador de sueldos. Busco la grandeza de mi provincia”, dijo ante la Asamblea Legislativa.

* En mayo del año 87 Romero Feris rindió cuentas ante los legisladores. Hizo un balance de los servicios prestados y luego salió de la Legislatura, tras brindar su último discurso, en andas de sus correligionarios, cosa que se repetiría en diciembre, cuando abandonó la Casa de Gobierno.

* El 10 de diciembre de 1987 brindó un balance de gestión por radio y televisión. El 11 entregó los atributos de mando al doctor Ricardo Leconte.

Crisis y oxígeno

Será difícil olvidar lo del jueves. No solo fue una jornada larga y angustiante sino una de las más críticas desde que se declaró la pandemia en marzo de 2020. El sistema sanitario correntino está en situación de estrés, trabajando bajo presión, sin descanso, con médicos, terapistas y técnicos agotados, con números que no bajan y, por lo tanto, sin posibilidades próximas de una tregua. Y para colmo de males, con una falla en los equipos de provisión de oxígeno sobre el cual se montó una feroz campaña digna de la mejor trama de un relato apocalíptico.

Los datos de por sí son alarmantes: solo en la última semana, desde el domingo pasado hasta ayer, se registraron cerca de 5.500 nuevos casos de covid-19, lo que representa alrededor de un 10 por ciento del total de personas con coronavirus en 16 meses. De nuevo: valores de una semana sobre casi un año y medio de peste. Impresionante. Grave.

Grave porque en los últimos siete días, además, fallecieron casi 70 personas, lo que describe el incremento en el porcentaje de muertes cada 100 mil habitantes, que es el guarismo que más importa. O que debería importarnos.

Lo que sucedió el jueves en el hospital de campaña tuvo su aclaración el viernes. Fue el propio ministro de Salud, Ricardo Cardozo, quien esbozó una explicación un tanto demorada. Sirvió, sirve, pero tal vez no alcance, porque además del congelamiento de los caños que hizo bajar la presión de oxígeno en la sala más crítica del hospital, habló de una “mano negra” y de intereses de la política más “playita”, según su expresión, y esa sola mención acusatoria disparó el tema antes que aquietarlo. Un error de comunicación que en toda situación, pero sobre todo en pandemia, deviene en error político.

Si la idea es bajar los decibeles de la utilización política-mediática de los efectos negativos de la pandemia, en esos términos resulta cuanto menos contradictorio.
No obstante, la tranquilidad volvió a adueñarse del hospital y de las personas, como también del sacrificado equipo sanitario, pero quedó en el aire un germen inquietante, rayano con la peor de las conspiraciones políticas acrecentadas en épocas de campaña: la posibilidad del daño al gobierno, tal vez al gobernador, pero que toma de rehén, para ello, a las personas allí internadas y que hace mella en la preocupación de sus familiares, la mayoría de los cuales están lejos e incomunicados o, por lo menos, ajenos al acceso directo y rápido a una información confiable y precisa.

Parece un combo lo suficientemente peligroso como para que la Justicia se sacuda la modorra del aislamiento impuesto por la situación y haga lo que tiene que hacer tirando, en principio, del hilo que dejó enhebrado el ministro Cardozo.

Solo la Justicia, en todo caso, con profesionalismo y paciencia, podrá determinar el hecho y el color de la mano que lo causó, si es que hubo tal cosa, o en todo caso llevar tranquilidad o aportar sugerencias de previsión para reducir a cero la eventualidad de una falla futura que pueda entorpecer, como el jueves, la marcha normal de una maquinaria que trabaja sin descanso y con enormes niveles de tensión.

Pero la Justicia debe investigar no solo por lo que sugiere el gobierno, sino que debe hacerlo porque hay voces, opiniones expertas e interesadas, pero también, o sobre todo, porque en el medio está la vida o la muerte sobreviniente de la gente que padece los dolores del virus y el miedo de la zozobra ante el error o la maldad. Y porque la comunidad toda se merece que el Hospital de Campaña -que se erigió como un orgullo de la medicina local, como un manual de la articulación técnica y científica, y como el deber ser de la previsión de un gobierno-, no se convierta, por intereses o pataleos oscuros de la coyuntura política, en el hospital de las campañas, teatro de operaciones de una disputa muy menor en relación al valor de la salud personal y pública.

***

Aun así habrá que estar preparado, pues la pandemia será el eje de los libretos proselitistas. Ya lo es y tal vez sea imposible que no lo fuera. La pandemia consiguió, de hecho, un reposicionamiento de la clase dirigente a nivel nacional y acuerdos para el corrimiento de las fechas electorales. Pero eso mismo, en el camino, envalentonó a unos y otros a un violento tanteo por el manejo-utilización del bien más preciado de estos días: las vacunas.

Corrientes entró más tarde y menos abruptamente a esa disputa, básicamente porque entramos de manera más natural a la época de definiciones. Pero empezaron los tironeos cuando el gobernador decidió llamar a elecciones para el 29 de agosto. La oposición, aún desarmada y atomizada, salió a cuestionar la forma de la convocatoria para ver si puede torcer el fondo, que no es otro que ganar tiempo para pertrecharse mejor y salir protegido a competirle a Gustavo Valdés, que hoy se encuentra varios pasos adelante en ese campo.

Son aprontes de una carrera que todavía tiene mucho que dirimir, en uno y otro bando. Y si bien Valdés está firme y suma avales, sigue en el hilado del premio mayor en Encuentro por Corrientes: el liderazgo total de la alianza.

En ese esquema pueden leerse varios movimientos. Cuando avisó que no lo van a condicionar, por ejemplo. O cuando puso algunos puntos sobre lo que él llamó el círculo rojo. O cuando lanzó su candidatura con el acompañamiento de 29 partidos (nunca antes visto en la historia institucional reciente de Corrientes) aunque sin el presidente de su propio espacio político, Ricardo Colombi.
Esta semana fue más allá. Salió a terciar en directo en el armado territorial provincial, mirando con un ojo Mercedes y con el otro Ituzaingó. Después dedicó jugosos espacios de su agenda para visitar o recibir a viejos adversarios de los viejos liderazgos partidarios.

En esta semana ardua, Valdés mostró su fortaleza: pero no solo en el terreno de la gestión, sino también en el pantanoso terreno de la política.

 

***

En esa misma línea sorprendió -aun en su ambigüedad- la jugada de Carlos Mauricio Espínola, que el viernes de noche (siguiendo una lógica virtual y con la ayuda de Google y la ágil vehiculización de contenidos que ofrece WhatsApp), lanzó un globo de ensayo pensando en lo que viene, pero también poniendo en la balanza el peso específico de su liderazgo siempre valorado en las urnas, pero no siempre en el Partido Justicialista.

De hecho, con el spot que hizo público, deja traslucir una cierta lejanía con las estructuras partidarias. Dice que hizo una fuerte autocrítica y acto seguido lanzó un nuevo espacio amplio de cara al futuro: “Hacemos por Corrientes”. Ese nombre parece una eufonía de “Encuentro por Corrientes”, pero es en realidad un espacio destinado a construir a largo plazo, puesto que en el plazo inmediato resulta más un diseño para polarizar entre la oposición, lo que de ocurrir, podría fortalecer aún más las chances de Valdés de conseguir su reelección.

Es un globo de ensayo y recién se está inflando. Debe calibrar todavía su resistencia para transitar después el rumbo trazado, el de “la construcción de algo más grande, donde los resultados quizás no los veamos ahora”, según dicen cerca del ¿candidato? En un documento que acompaña su pieza audiovisual de lanzamiento, también pidió dejar de lado la grieta y “pensar solamente en Corrientes”. El tiempo dará su veredicto.

El PJ, mientras tanto, solo tiene algo seguro. Se llamará Frente de Todos, como se llamó la boleta aglutinante que ungió a Colombi en 2001.

Operativo de imagen, gestión y limpieza

Nota publicada en el diario El Litoral

Gustavo Valdés cerró la semana protagonizando la escena política local, regional y nacional por varios motivos. Fue noticia nacional porque es el gobernador con mejor imagen en el país. Venía haciendo podio hace varios meses, pero esta vez llegó a las porteñas letras de molde, porque hizo punta y corrió de ese sitial nada menos que al blindado jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta.
El informe de CB Consultora Opinión Pública dice que el primer mandatario de Corrientes encabeza el ranking de gobernadores con mejor imagen de Argentina. Alcanzó el 71,4 % de aprobación durante mayo y desplazó a Rodríguez Larreta del primer lugar. Recuerda asimismo que Valdés dejó el cuarto lugar del ranking que había ocupado durante el mes de abril con el 67,1 % de aprobación, y que logró reducir las consideraciones negativas hacia su gestión: del 30 % de abril bajó al 27 % de mayo.

 

***

Fue noticia regional porque se anticipó a sus pares del NEA y también al presidente Alberto Fernández en el anuncio y puesta en vigor de varias medidas de cierre y bloqueo para morigerar los efectos de la pandemia. Ya el martes anunció que cambiarían las fases y el miércoles confirmó el retroceso a fase 2 y 3 de varios municipios importantes, incluida la capital, apelando a cierres parciales, además de activar restricciones zonificadas a lo largo y ancho del territorio.
Pero no fue todo. Valdés se desmarcó incluso de Rodríguez Larreta, su socio en el esquema nacional opositor de Juntos por el Cambio, y cerró las escuelas de las localidades más afectadas con la idea de contribuir al despeje de la movilidad, que es el factor que determina la mayor cantidad de contagios.
En ese marco, además, decretó la prohibición de circulación entre las 00:00 y las 7:00 de la mañana, y la extensión de un asueto a la administración pública provincial. El objetivo: disminuir en un 50 por ciento la circulación en las ciudades correntinas con mayor cantidad de casos, como Capital, Goya, Mercedes y Paso de los Libres, entre muchas otras, cuyos números fueron evolucionando en la semana con un agravante clave: en algunas se detectó la circulación de la cepa Manaos. 
Estos próximos días serán clave para conocer si las restricciones decretadas por el Gobierno consiguen el efecto esperado, pues la provincia vivió hasta el miércoles en una suerte de normalidad solo alterada a la vista por la utilización de barbijos y protocolos sanitizantes más o menos flexibles en los espacios cerrados, clases presenciales en los niveles iniciales, primarios y secundarios, actividades deportivas, recreativas y religiosas, y una vida nocturna intensa, legal e ilegal, ajena a los llamados —insistentes y desesperados— a la responsabilidad social.

 

***

Pero el gobernador Valdés también fue noticia en Corrientes. Lo fue porque el río suena. Y porque al no tener una oposición que estructure todavía un proyecto alternativo, atractivo para la opinión general y que, más allá de los diagnósticos y las chicanas, encarne una voz que dispute la agenda pública y capte la atención de las audiencias y del electorado, cualquier movimiento interno de la UCR y de la alianza ECO suenan como si fueran los crujidos del gobierno.
La interna radical está en movimiento, nadie lo niega. Pero es por algo que excede la candidatura a gobernador, validada ya afuera y adentro del espacio partidario, lo cual incluye a Ricardo Colombi, a quien no le quedó otra que levantar la mano de Valdés, rodeado por la evidencia de acompañamiento y consenso político.
(Dicen de hecho que la candidatura de Valdés en la provincia y de Tassano en Capital estaba resuelta de antemano, pese a las quejas privadas y públicas del exgobernador y presidente del partido. Y que esa salida radial, previa a la reunión del radicalismo en la que se oficializó la cabeza de fórmula, no fue más que un hábil intento por anticiparse a una jugada que lo excedió o que lo mantuvo al margen).
Pero más allá de esto o de aquello, lo que se disputa aquí, y que se disputará de aquí al futuro, será el manejo del partido y de la alianza, y en ese camino pueden quedar heridos o magullados. El doctor Raúl Martínez fue el primero, aunque no fue su primera vez.
El exlegislador y exfuncionario provincial, y hasta la semana pasada director del hospital de Goya, fue “invitado” a dejar su cargo luego de que saliera a blanquear sus intenciones de ser candidato a intendente de la segunda ciudad de la provincia. Hay más: el propio Martínez dijo que el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, fue el encargado de pedirle la renuncia.
Dicen que el hecho generó picazones en el seno de la UCR, sobre todo después de que Ricardo Colombi saliera a pedir clemencia para el doctor, dejando expuesta la interna, que se hizo más notoria cuando algunos trolls de plumas y martillos salieran a decir que era falso lo que en realidad era verdad: que Colombi estaba enojado porque echaron al director de hospital que estaba, tal vez, apadrinando como candidato.
La noticia es así: el director del hospital de Goya, Raúl Martínez, confirmó que le solicitaron la renuncia por realizar “política y actos de proselitismo” en el momento en que esa ciudad registra un promedio mayor de 50 casos diarios de covid-19. Como reacción, el Comité provincial de la UCR pidió al Gobierno que revierta la medida.
Ese comité, presidido por Ricardo Colombi, emitió un comunicado en el que respaldó al médico y solicitó “que se deje sin efecto la apresurada decisión”. Ese comité trabaja también, al parecer, en la nominación sistemática de candidatos distintos a los que tienen avales del gobernador.
Lo concreto es que Martínez hacía proselitismo en el hospital y ese acto (además de correrlo de su función específica) configuró un exceso (político) que desafió una postura que ya cobró forma en el radicalismo y en el Gobierno: apoyar al actual secretario de Desarrollo Social, Mariano Hormachea, como candidato del partido y de la alianza para suceder a Ignacio Osella, quien, aun pudiendo hacerlo y con números para lograrlo, decidió no presentarse para un nuevo periodo en la intendencia.

***

Todo esto no debiera ser más que ello. Pero es un poco más porque la interna se desarrolla en medio de una pandemia y la política tiende a confundirse con lo público. Pero, en el fondo, lo que está pasando tal vez sea lo mismo que pasó en 2013: lo que la relatoría del gobierno de entonces llamó el “operativo limpieza” que encabezó Colombi para poner en marcha lo que fue el primer gobierno reelegido de la historia de Corrientes. El primero en juntar sus cosas fue el subsecretario de Desarrollo Humano, que entonces no era otro que Raúl Martínez.
Son los hilos del destino: de aquel echado a este defendido Martínez pasaron cosas. Lo que no pasa ni cambia son esas formas de la política: el apego al más rústico pragmatismo sin cara ni corazón, y a la más conveniente amnesia temporal.
La jugada de Martínez puede leerse, en definitiva, hasta que se demuestre lo contrario, como una acción más de la ensordinada interna radical, publicada en cuotas, muy parecida a los movimientos dizque insuflados por Colombi en el seno de ECo y que dieron forma a los reclamos desafiantes de Pedro Cassani primero y de Gustavo Canteros después.
Cassani ya recogió el hilo, un poco por sugerencia de sus partidarios y otro poco de sus socios, mientras que Canteros parece dispuesto a seguir hasta las últimas consecuencias, hasta colocar su candidatura a intendente en alguna boleta.
La política es el arte de lo posible y todo puede pasar siempre. De hecho está pasando, aunque tal vez antes de tiempo, si es que alguien calculó otra cosa: Valdés está configurando su volumen y construyendo espacio a esa medida, ejecutando el mando que le dieron los propios y que le reconocen los ajenos.

La política de la rosca inmutable

Publicado en el diario El Litoral

La crónica política de los últimos meses podría sintetizarse así: Canteros, Cassani y Colombi desafiando a Valdés.

El vicegobernador Gustavo Canteros primero avisó, para no traicionar, y después lanzó su candidatura a intendente de Capital.

El titular de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani, no quiso ser menos. Ya en febrero informó su posición y luego lanzó su candidatura a gobernador. Incluso chicaneó: “¿Por qué Valdés no puede ser mi vice?”. No lo hizo más que en los medios, pero sonó fuerte, como sonaron fuerte las reacciones. Las más notorias se dieron en los anaqueles del Poder Judicial, donde justo por esos días el personal de maestranza pasaba el plumero sobre empolvados expedientes dormidos.

Días después Ricardo Colombi puso en duda la candidatura de Eduardo Tassano. Sin mirar a los ojos a Gustavo Valdés, recordó que no siempre la imagen se traduce en votos. Después azuzó la posibilidad de quiebres y pronosticó fracasos para quienes no escucharan al “Cherubichá”.

Si bien quejoso, también advirtió: “Nadie decidirá nada por mí, ni me van a jubilar”. De paso le tendió una mano a Canteros y otra a Cassani. Los alentó, pues al fin y al cabo nadie puede negarle la posibilidad de ser candidato a nadie, dijo. El hilo común a todos: la silla acomodada en el centro de la escena del programa “Final abierto”.

Antes habló el gobernador. Fue el primero y el que ordenó el debate. Confirmó a Tassano como candidato y dijo que al vice la o lo elegirá él según estas dos condiciones: que sea joven y con votos.

Después, como siempre, pasaron cosas.

La escalada verbal produjo hechos en la superficie y zancadillas brotadas desde los sótanos de la política y de la justicia. Una esquirla tardía de esas viejas detonaciones tal vez sea la viralización de los audios con el pedido de “reintegro” de la diputada nacional Estela Regidor a varios de sus empleados, para hacer “donaciones” en negro, so pena de truncarles el contrato. Es un escándalo de proporciones que, hay que decir también, no implica solo a la diputada radical. Veremos cómo sigue.

Demuestra esto, no obstante, que el carro viene acomodando melones a los tumbos, pero sin el peligro de una guerra declarada como la del 2005 entre los primos Arturo y Ricardo, y que dejó heridos en ristra y algunos muertos.

La terquedad de entonces mutó con el tiempo en el cálculo frío que no pierde de vista las opciones cruciales: ceder y gobernar, o romper y volver al frío gélido del llano. Es verdad que muchos están más abrigados que hace veinte años y que podrían pasar el invierno y la pandemia sin tiritar, pero no es lo mismo hacerlo al calor de las estufas de Salta y Mayo.

Fue en ese marco prepolítico electoral que ocurrió también la cumbre entre Ricardo Colombi y el gobernador Gustavo Valdés. Fue el viernes 30 de abril en Casa de Gobierno. Días después, el miércoles, Colombi dijo por radio que Valdés es el “candidato natural” y más tarde, el mismo miércoles, la UCR avaló las nominaciones de Valdés y Tassano. Fueron ungidos por el radicalismo y en Capital, pero el alcance fue más amplio: se leyó como el ungimiento de ECO a sus dos principales candidatos.

 

***

Tal vez nunca se sepa qué pasó efectivamente en la reunión de Colombi con Valdés, porque incluso un ministro de peso dentro del gabinete, varios días antes, varios, firmó en un cuaderno, a modo de anticipo, que esa era la fórmula integral. Valdés-Tassano. Firma del ministro. 

Cassani, en tanto, emprendió un acelerado regreso, como en la parábola del hijo pródigo: volvió a mostrarse con el gobernador, recorre la provincia con él, y del desafío pasó al silencio.

Canteros siguió en las suyas. Fueron a tentarlo varias veces para que deponga su actitud, pero el dos veces vicegobernador parece dispuesto a dar pelea. Por ahora, dice que dentro de ECO, salvo que no lo dejen. Por lo pronto, el jueves lanzó su candidatura y lo hizo rodeado de dirigentes de 17 partidos, más allá de que después se dijo que dos de esos sellos estaban flojos de papeles.

Canteros no quebró, pero la interpretación política fue esa. Tal vez suceda, pero lo cierto es que aún no. Y no ocurre porque no hay ni fecha de elecciones, y si no hay fecha tampoco hay tiempos definidos para la conformación de alianzas. Y nada debe ser tan dramático, pues según preguntó Canteros, “si el radicalismo no consultó a nadie para lanzar a su candidato, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros, que somos 17?”.

 

***

Más allá de todo, el peronismo espera. En el viejo partido de Perón hay sobrados especialistas en la cata de sangre, y dado que no hay señales de cosecha puertas adentro, balconean la interna de ECO hociqueando las mataduras ajenas. Algunos cancerberos, incluso, ya se dieron el lujo de abrir sus anchos portones al otrora compañero sindicalista Canteros. Como cachorros en busca de un amo, algunos ya lamieron sus manos. Incluso algunos otros se animaron a desenrollar viejas alfombras púrpuras, guardadas de otras épocas, de cuando la pelea en el PJ era por algo más que los egos de sus integrantes.

Por fuera de este esquema, hasta el momento, nada sugiere el nacimiento de una alternativa. El modelo bialiancista parece que volverá a perfilar la oferta electoral de este 2021.

 

***

Esto recién comienza, y mientras dure, parece saludable el debate. Y ya que la oposición no puede estructurar una discusión que sea superadora de la chicana, o que sea superadora del diagnóstico para pasar a una propuesta que enamore al electorado correntino, al menos están los cruces internos ante tanta hegemonía sustentada en rededor de un hiperconsenso que parece revestir la figura de Valdés.

Su carrera fue vertiginosa, como la acumulación de sus logros políticos. Valdés entró al gobierno como delfín de Colombi y al cabo de cuatro años, pandemia de por medio, emergió como candidato natural a la reelección. ¿Será el tiempo ahora de un empoderamiento pleno, unipersonal? Puede ser. Semejante liderazgo solo fue puesto en discusión por el último capitulador, Ricardo Colombi, que después de zarandear la interna y de azuzar planes alternativos en varios frentes, se avino a la máxima de la superación del alumno.

¿Se avino? Por el momento, sí.

Cerró filas y salió a levantarle la mano. Tal vez esté convencido. Tal vez sea una jugada con altas dosis de pragmatismo de esas que Colombi ensaya a diario. O tal vez se esté curando en salud y esté reservándose para sí el poder de veto o de arbitraje, derecho que podría haber perdido ante la posibilidad de una contienda con fractura expuesta. ¿Qué hará? Aún no se sabe, pero no será la jubilación.

La sangre, una vez más, coaguló antes de llegar al río. Es el catalizador de la inteligencia que faltó en 2005. Y ese aprendizaje estriba en el diseño de una estrategia que piensa ya no en el próximo turno electoral, sino en las próximas dos generaciones, según dice el presidente de la UCR, que puede exhibir, más que gestión, eso sí, un éxito político-electoral que viene de otras dos generaciones.

 

***

Todavía hay que confirmar candidaturas y votar. Pero a estas alturas parece difícil que peligre la reelección de Valdés, salvo algún error gravísimo o una implosión no calculada. El resto está por verse. Habría que mirar, en todo caso, la resolución de la interna más fuerte que tiene ahora el frente gobernante por la intendencia de Capital.

Tassano fue ungido por el radicalismo y allí hay un mensaje. No es aún, pero parece el candidato de la alianza. El asunto es que en menos de 24 horas Canteros le salió al cruce. Y dada la ausencia de mecanismos internos o de primarias provinciales que bien podrían arreglar esta situación, la cosa ahora se dirimirá en el plano de las negociaciones o del quiebre.

Si es así, las cosas pueden cambiar. No solo dividiendo el voto oficial, sino también partiendo la masa electoral capitalina, dando chances tal vez a algún otro sector que esté en condiciones de capitalizar a los descontentos y sumar a los desarreglados.

Lo que está claro, sí, es que el mundo cambió. La pandemia dio vueltas las estructuras, disolvió una cantidad impresionante de certezas, pero en Corrientes la rosca política sigue como era entonces. Esos cimientos siguen inmutables.

VIDEO: Lanzamiento del libro “Viaje al país del agua”

Agradezco a mis compañeros de Final Abierto: Gabriela Bissaro y Carlos Alberto Simon por el tiempo del programa que me regalaron para el lanzamiento/presentación en sociedad de la crónica “Viaje al país del agua”.
Gracias también a todos los chicos del equipo: Tana Obregón Nicolas Alonso María De Itatí Joaquin Dalmazzo Hugo Orlando Zamora
Gracias a Leonardo Moglia de Moglia Ediciones por la publicación y a todos y cada uno de los y las que lo hicieron posible.
A Cristina Iglesia que sin saberlo ella me inspiró; y a Rodrigo Galarza que sin saberlo él me abrió las compuertas de las palabras.

Juntos como hermanos

 

“La inteligencia no sirve para ser jefe de Estado. Lo que cuenta en un jefe de Estado es la fuerza. El valor, la astucia y la fuerza”

Henry Kissinger
“Entrevista con la historia”
Oriana Fallaci

 

Aseguran que no hay ni habrá pelea, pero por las dudas llaman a la unidad. Invocan la necesidad de una cohesión interna, pero como reaseguro, porque nadie está pensando en quiebres ni en diásporas. Lo que hay, en todo caso, es la teatralidad de la disputa del poder, que a veces es teatro y a veces degüella de verdad. Y la sangre de verdad llega al río de verdad, generando problemas de verdad a una sociedad que mira desde un Coliseo distante, cómo se despedazan los hombres y las fieras. Y todo por el poder.

No ocurrirá aquí. Juntos, como hermanos o primos (como no se pudo en épocas de otros apellidos) los mandamases del principal partido de gobierno, la UCR, pusieron primera de cara a las elecciones de este año, comicios en los que Corrientes deberá elegir gobernador, intendentes, y una larga lista de legisladores comunales, provinciales y nacionales.

Los números que materializan las preferencias sonríen al gobernador Gustavo Valdés. No habría mayor margen en relación con ese tema, al menos puertas adentro de la Unión Cívica Radical, pues Valdés aventaja con holgura a Ricardo Colombi. A veces 2 a 1. A veces 3 a 1. Y son los que más miden en toda la alianza.

Hay quien dice, además, desde las galerías del rosado inquilinato del gobierno, que anoticiado de esos y otros guarismos, que entre el lunes a la noche y el martes a la mañana le mostraron Alejandro Catterberg (director de la consultora Poliarquía) y Andrés Rabossi (de la consultora Nordeste), Colombi sorprendió con el mensaje de unidad lanzado en el salón donde -distanciados por protocolo sanitario- se reunieron los popes del radicalismo vernáculo.

Sorprendió esa suerte de capitulación. Y sorprendieron después sus enojos impostados en entrevistas radiales cuando algunos periodistas le preguntaron sobre su relación con el gobernador. Molesto, el presidente de la UCR dijo que son los otros los que ven peleas allí donde él sólo ve unidad.

—No se discute la unidad. Hay algunos actores que están en una burbuja y tratan de crear discusiones todos los días, en un estado que no es real. ECO es una alianza social y política. La sociedad nos va a castigar con el voto si no hacemos las cosas bien. Tenemos que ser racionales, cautos, moderados, cerrar lo que tenemos que cerrar hacia adentro, consolidar hacia adentro y presentar un proyecto político hacia la provincia —dijo en Radio Dos.

Mensaje correcto, digno de impresionar a los ingenuos. Mensaje astuto, también, digno del avezado jugador que es con las piezas y los tiempos de la política. Sucede que Ricardo Colombi llamó a la unidad justo en momentos en los que viene hablándose -y mucho- de que él mismo estaría detrás de otras candidaturas que buscan esmerilar ciertas estabilidades internas, sin contar que no son pocos los dirigentes que lo ven dispuesto a dar nuevas batallas. Hay otros, también, que intentan jubilarlo, como él mismo dice.

Ahora bien, más allá o más acá de lo que se declara en la prensa, la cuestión central para el radicalismo estriba en la gestión de su propia interna. El resto de los socios parecen convidados en una conversación en la que se definirán cosas menores. El premio mayor parece problema de dos personas, y ello también, más allá de la gastada estrategia del miedo a la que apela Colombi para que los propios trabajen un poco más de lo que les permite el aburguesamiento que da como resultado el ser parte de un gobierno que lleva 20 años en ejercicio de la gestión. Y del poder.

—Hay declaraciones que no sirven para nada. Hay dirigentes que no recorren, que no salen del aire acondicionado, que no andan por la calle, que no salen del café y no hablan con el empresario, el docente, el policía, el comerciante, el productor —reclamó el exgobernador.

Muy parecido al reto de Cristina Kirchner cuando dijo que “hay funcionarios y funcionarias (de Alberto Fernández) que no funcionan”. Perecido, solo eso, porque los modos de la señora están lejos de los modos del señor.

De hecho, Colombi pidió desperezarse y evitar los aires triunfalistas porque “el Gobierno nacional intentará poner a un peronista en el sillón de Ferré”. Y lo dijo como si fuera una novedad, aunque sonó más bien como si fuera un demérito o una ilegalidad esa aspiración. Además de una posibilidad que debe conjurarse con trabajo.

Más allá de esto, lo cierto es que la UCR largó su campaña. Dicen que en breve llamarán a los socios, que empezaron también a moverse. Y a reclamar.

La maquinaria de la política empezó a rodar en busca de los espacios, mientras en paralelo azuza la pandemia y hay urgencias que todavía no tienen manuales protocolizados: por caso la vuelta a las clases, que es una prioridad para el Gobernador. Para el Presidente. Para todos. Será, al parecer, un trofeo en este año electoral.

Pero de nuevo en Corrientes, será ese un punto crucial para Valdés, porque conseguir la apertura de las escuelas y el retorno de la escolaridad presencial será una señal positiva para el futuro y una plataforma de lanzamiento ideal para su reelección, cosa sobre la que pocos dudan a estas alturas.

Colombi, mientras tanto, intenta marcar la cancha, como siempre. En su rol de regente del partido, dijo que recién en abril o mayo se decidirán las candidaturas. Seguramente será así, pero “las candidaturas” no son lo mismo que “la candidatura”.

Tal vez falte un poco más, sí, para terminar de definir la estrategia de Capital. Algunos referentes del Gobierno, como Carlos Vignolo, aseguran que habrá una repetición de fórmula y que Eduardo Tassano irá también por la reelección. Hay otros que ponen ciertas reservas; quizás el propio Colombi sea uno de ellos. También algunos funcionarios y varios socios.

Para colmo, la tormenta de la semana pasada reavivó un viejo fantasma: el de las lluvias enancadas a inundaciones pasajeras, fenómeno que eyectó a Fabián Ríos de la Municipalidad de Corrientes y, en el pliegue inverso, potenció la candidatura de Tassano, arropado por la publicidad de un plan hídrico que mostró algunos avances, pero que se demostró insuficiente. Funcionó en la seca, pero en la primera gran lluvia la ciudad volvió a nadar en sus peores recuerdos.

La oposición, que tampoco pudo hacer mucho cuando fue gobierno, salió a recordarle a Tassano sus déficits: “¿Se acuerdan del plan hídrico?”, preguntó con acidez el diputado Pitín Aragón en sus redes sociales, subido al tren de una candidatura con boletos kirchneristas. Para colmo de males, el ecónomo todo terreno de la Comuna, “Cuqui” Calvano, salió el mismo martes de la lluvia a decir que Tassano merece más tiempo porque hizo lo que nadie, y de eso, hizo muchas cosas que no se ven (sic).

En connotadas parcelas oficialistas ensayaron sonrisas ante esa frase que puede querer decir otra cosa, pero que no fue indiferente a la ponzoña de las chicanas en tiempos electorales.

—Obvio que no se ven. Las obras que se ven en la Municipalidad las hace el Gobierno —ironizó alguien que conoce los pormenores puertas adentro de ECO y que no se escandaliza por los códigos de tanteo a los que se apelan en épocas de campaña.

En ese marco, todo está por verse. Y como todos perciben, números en mano, que la reelección de Valdés es posible, nadie quiere quedar afuera del reparto. Es un asunto difícil porque los espacios son exiguos y los pretendientes son muchos, en ambos esquemas provinciales. Veamos.

En las últimas tres elecciones a gobernador, el electorado polarizó su decisión. Ganó siempre el Gobierno, pero el PJ estuvo allí, cerca. Esa polarización, que parece razonable en términos políticos e incluso ideológicos (pues el mundo democrático se debate entre tres o cuatro ideas de administración y gobernanza), no se condice con la cantidad de partidos que viabilizan el voto. Ni con las visiones o proyectos de provincia que se explicitan, que hace rato son más bien conservadoras.

En Corrientes, aun así, en las últimas elecciones estuvieron habilitados 41 partidos políticos: 41. He allí la dificultad que tienen siempre los armadores y estrategas. Veremos cómo se resuelve esta vez. La carrera entra en tiempo de definiciones. Y de escarceos. Lo que no habrá es pelea, por suerte.

Crujidos radicales

La provincia se juega mucho el año que viene, en el marco de una crisis que se presenta como problema para los que gobiernan y como posibilidad para los que no.

La oposición local tomó nota y empezó a trabajar. Esto quiere decir que los legisladores peronistas jugaron sus cartas para activar un mecanismo de presión e incorporar muchas de las múltiples necesidades de Corrientes en el presupuesto nacional, instrumento que tuvo su primera sanción el jueves en la Cámara de Diputados.

El Gobierno de la Nación hizo lo propio y habilitó una bolsa grande de plata para darle material proselitista a los propios, y material institucional al extraño. En este caso el extraño sería el gobernador Gustavo Valdés, con quien el presidente Alberto Fernández mantiene una relación de cercanía madura, aceitada sobre un concepto de federalismo. Mantener la equidistancia facilitaría las cosas si es que tienen que convivir más allá de 2021, lo cual implicaría la reelección de Valdés.

Esa posibilidad, que en principio debería ser un problema para la oposición (que hace tres elecciones queda en la puerta, pero sin poder entrar al palacio de Salta y 25 de Mayo), parece ser más un problema del radicalismo, que hace crujir su interna por asuntos no resueltos, más allá de los números, que siempre fueron un ordenador político en la era del colombismo.
Sucede que los números ahora acompañan a Valdés, y Ricardo Colombi parece no convencerse ante esa evidencia amarga, entonces apela a lo que sabe y que tiene aprendido de sus viejos libros gordos de chicanas y zancadillas.

Y si bien en público se desmienten las intencionalidades, o se las minimizan, vale hacer un racconto para dejar constancia, al menos, de un problema político que ya tiene algunos síntomas y que mal gestionado podría agravarse. Veamos los puntos más importantes de lo que hasta ahora es sólo una puesta en escena:

Acto 1

Esta semana se trató y se aprobó el presupuesto nacional en la Cámara de Diputados. Allí obtuvo su primera sanción con 139 votos a favor, 15 en contra y 90 abstenciones.

Los diputados correntinos se dividieron en dos bloques. Por un lado están los que aprobaron, es decir los tres peronistas (“Pitín” Aragón, Nancy Sand y Jorge Romero) y las dos del PRO (Ingrid Jetter y Sofía Brambilla); y por el otro están los que se abstuvieron, es decir los dos radicales (Estela Regidor y Jorge Vara).

Parece el mundo del revés, pero no lo es. Es el mundo de la política.

—¿Cómo se entiende?

—Así:

El Gobernador pidió a los legisladores correntinos de ECO-Juntos por el Cambio que “acompañen” el proyecto, entre otras cosas porque sus voces fueron escuchadas y el presupuesto prevé la afectación de unos 116.000 millones de pesos en obras. El asunto es que sólo las diputadas macristas lo hicieron.

Regidor y Vara, radicales ellos, se abstuvieron de votar en general, aunque votaron en particular los artículos que beneficiaban a Corrientes. En ese mismo acto desoyeron el pedido del Gobernador, alegando conducta partidaria, pues siguieron la bajada de línea del radicalismo nacional que les ordenó abstenerse.

Aquí hay que tener presente que una cosa es la estrategia nacional de la UCR, y otra la estrategia provincial de cara a las elecciones provinciales del año que viene, cosa que se diferencia todavía más de la estrategia del gobierno provincial, que tiene más responsabilidades, de cara a la gente, que la de pelear espacios o negocios.

En esa línea se manifestó el viernes el secretario general, Carlos Vignolo, quien hablando por radio dijo que Regidor y Vara “tomaron una decisión equivocada”.

Para agregar, solo decir que Vara fue siempre ministro de Ricardo Colombi, hasta que fue electo diputado ya en épocas de Valdés. Y Regidor fue siempre un comodín versátil que a veces cubre necesidades electorales, a veces necesidades administrativas y siempre responde a los requerimientos políticos del ex gobernador. Siempre. Es infalible. Por lo tanto, si siguió un mandato partidario, ese no partió de la ciudad de Buenos Aires sino de la calle Buenos Aires. El tiempo dirá por qué o para qué lo hizo de ese modo.

Acto 2

Si bien responde a una disposición nacional fundamentada en los impedimentos de la pandemia, la conducción de UCR Corrientes decidió prorrogar todos sus mandatos partidarios hasta por lo menos mediados del año que viene. Hay quien dice, no obstante, que ciertos sectores influyentes del partido intentarían alargar la prórroga hasta diciembre de 2021. He allí la clave.

En el resto de los distritos esa decisión tiene un peso determinado, pero en Corrientes, y pongamos por caso, en Santiago del Estero, que también elige gobernador en 2021, esta decisión es un tanto más trascendente porque los procesos electorales son más grandes y determinantes. Se juegan las gobernaciones e intendencias, además de la integración de los parlamentos.

Los mandatos de las autoridades de la UCR Corrientes caducan el 16 de diciembre, pero ante la imposibilidad de realizar convenciones y asambleas, el Consejo Nacional habilitó una extensión de los mismos.

En Corrientes, la decisión de prorrogar mandatos surgió tras la reunión de la Mesa Ejecutiva del Comité Central de la UCR realizada el pasado jueves 22 de octubre. Esa mesa está integrada por Ricardo Colombi, Héctor Lopez, Graciela Insaurralde, Graciela Rodríguez, Norberto Ast, Manuel Aguirre y Susana Nugara, entre otros.

En tal reunión, Colombi expuso la necesidad de considerar la prórroga dada la imposibilidad material de realizar procesos electorales en este contexto pandémico, ya que su concreción implicará el desplazamiento y aglomeración de personas. Es lo que pasará, de hecho, en las elecciones generales, pero para Colombi el riesgo de contagio está en la interna. (¿?)

Lo que no se dice de esa argucia es que tales autoridades tendrán responsabilidades en 2021, por caso la de fiscalizar los procesos y armar las listas de candidatos. (Por suerte lo tienen a Colombi, que se ofrece gratis a realizar esas tareas). De todos modos todavía no está dicha la última palabra. La decisión final debería surgir de la Convención Provincial. Allí necesitarían unos 70 votos para imponer una decisión al respecto.

Acto 3

La semana pasada ocurrió también un escarceo en la Cámara Baja de la Provincia. Diputados peronistas enrolados en el Frente de Todos solicitaron preferencia para agilizar el tratamiento de dos leyes clave para la sociedad en su conjunto, pero ambos fueron rechazados. Se trata de los proyectos de paridad de género y voto joven.

El diputado José Mórtola fue quien primero pidió preferencia para los proyectos de paridad de género, incluyendo el enviado por el gobernador Gustavo Valdés. Tras la votación, su petición fue desestimada. Más adelante, el diputado César Acevedo solicitó la preferencia para las iniciativas de voto joven, que también fueron rechazadas.

Es verdad que el PJ está en su derecho y casi en obligación de insistir con estos temas, aunque cuando puertas adentro tuvo que responder por la paridad, por ejemplo en la disputa entre Rubén Bassi y Patricia Rindel, no quiso hacerlo o no pudo. Y entonces recibió la ayuda solícita del oficialismo radical en el Senado, que con notable coherencia avaló al varón por sobre la mujer y terminó la discusión.

Tal vez no sea este el caso, pero desde entonces ya nadie puede mirar con ingenuidad los amagues opositores para poner en evidencia la supuesta negativa oficialista de tratar estos asuntos, porque negar espacios a la mujer o a los más jóvenes, no generan impacto directo en los generales de las sombras, sino que comprometen más la palabra del Gobernador, más allá de colocar a la provincia entre las más atrasadas en cuanto a la “real igualdad de derechos” que exige la propia Constitución.

Cada vez que es consultado por el tema, Valdés pide que en vez de reclamarle a él, se les reclame a los legisladores por su actitud de negativa constante. Tal vez tenga razón. El ministro Vignolo, que también respondió sobre esto el viernes en una entrevista en Radio Dos, intentó bajar los decibeles. Dijo que cuando estén dadas las condiciones, la Legislatura avanzará en ambas cuestiones.

Pero el tiempo es ahora, y él lo sabe, o debería saberlo. Demorar el debate implicaría votar otra vez, el año próximo, en las mismas condiciones de siempre, desoyendo fuertes demandas sociales, cambios culturales ya dados en el mundo con evidencias de sobra y las propias promesas formuladas por Gustavo Valdés hace casi 4 años.

También lo saben quienes frenan estas iniciativas, y tal vez por eso lo hagan: porque pescan en río revuelto, y mientras haya pesca, se demora la jubilación de varios pescadores. De todos modos tendrán que tener cuidado, porque el proceso de cambio ya empezó y hace tiempo que escapa de su control.