Valdés, transición y hegemonía

El poder de los gobernantes está fundado sobre
la ignorancia, en la domesticada mansedumbre del pueblo”.

“Yo el supremo”
Augusto Roa Bastos

 

El Gobierno de Corrientes cierra un año perfecto. Otro más.

Ni la feroz crisis económica que se lleva puestas familias enteras en todo el país; ni los vaivenes políticos; ni los avatares del clima. Nada de eso parece conmover a las estructuras del poder que sostiene hoy, en la cúspide, a Gustavo Valdés.

Le pasan de largo los problemas asociados a la falta de trabajo o al cierre de las fuentes que había; a las pérdidas de las condiciones laborales mínimas; a la negación, flexibilización o restricción de derechos. Le resbalan los inconvenientes ligados a la tercerización de los servicios o a la reducción de ciertas prestaciones estatales; o la acentuación de la liberalización de la economía.

Parece inmune -por nombrarlos y reconocerlos- a los niveles dolientes de pobreza, o de marginación y exclusión. Incluso navega aguas calmas mientras otros se hunden en su mentira o incapacidad, ineptitud que se lava y queda al desnudo ante cada lluvia, y que aún así sostiene la pompa de su nombre: plan hídrico.

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¿Pero por qué nada de esto conmueve al gobierno?

Valdés parece a salvo de la crisis porque todavía capitaliza la novedad de su autoridad.

Encabeza una administración que avanza briosa aunque sin haber variado la matriz que sigue dando réditos aún por encima de lo que es: la puntualidad en el pago de los salarios. Esquiva la amargura de los reclamos porque es inteligente en suficiencia para pisar los puntos altos de una gestión que apenas despunta y que aún con problemas, disimula sus carencias: algunas propias, otras tantas del lastre ministerial heredado del colombismo y las restantes, producto de la devaluación, el ajuste, la desinversión general, los tarifazos y la inflación que se acelera en vez de bajar como se prometió largamente.

Aún así Valdés marca diferencias.

A Macri le saca ventajas cuantiosas en cuanto a la consideración general de la gente. A su antecesor, en tanto, ya le dio varias vueltas: en el trato con los dirigentes políticos, con los funcionarios de los otros poderes del Estado, con la sociedad civil, con los visitantes nacionales y extranjeros.

Marca diferencias en cuanto su visión de provincia: Valdés parece tener un proyecto, que además es superador del pago de los sueldos, aunque mientras tanto se apoye en ese recurso. Parece querer algo más que sólo acumular poder.

Habla de puertos, pistas y puentes; de rutas y pasos; de energías renovables, de autopistas de información, pese a que todavía debe lidiar con los cables y cortes de la Dpec y con las luces de sus administradores, que están cambiando foquitos mientras las estructuras funcionales se derriten; y con el oscurantismo de las cuentas de la administración, que vino de doblez en doblez desde 2001. Por eso, en ese cansancio, por ejemplo, echó a Vaz Torres, el ecónomo preferido de Colombi, generando en el acto un mensaje de largo alcance desde las costas de la autonomía.

Falta. Claro que sí.

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Puertas para afuera del gobierno, es lícito preguntar por el ministro de Justicia: no se le escucha la voz hace meses-años. ¿Sólo no habla, o tampoco hace? ¿Qué estaría haciendo en todo caso, en estos tiempos cruciales, el ministro de Desarrollo Social? Y el de Industria: además de bajar cuadros de Alfonsín de las oficinas públicas, ¿trabaja en algún proyecto relacionado con la industria? ¿Qué será de la vida del ministro de la Producción? ¿Se llamó o lo llamaron a silencio? ¿Y el de Obras Públicas?

También están los que hablan mucho, pero no acompañan esa verba con movimiento: allí están las estadísticas educativas y sanitarias para confirmarlo. Están los ni-ni. Y los devotos del marketing. Y están también los que hablan más de la cuenta. Los que hablan y dicen cosas, como que en Corrientes no hay inseguridad…

Para más, o para peor, están aquellos ministros y también funcionarios de menor rango que hablan como si hubieran llegado al gobierno hace 5 minutos. ¿Recién ahora se están dando cuenta de todo lo que falta o es que antes no los dejaban opinar, ni podían proponer opciones? En cualquier caso callaron y cobraron religiosamente sus sueldos.

También están los acomodaticios que mandan a los críticos al interior, como si en algún lugar de interior estuviera escondido algo que no se ve en la provincia capaz desde Piragine, o desde “Pocho” Romero Feris, para hablar desde la recuperación democrática para acá.

Aún así Valdés flota.   

Y si es verdad la mitad de lo que dice, y concreta al menos un cuarto, Corrientes ingresará a una instancia desconocida, después de tantos años de nada, o de muy poco.

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¿Pero si no hay nada, o hay muy poco, por qué entonces el Gobierno cierra un año en positivo y en paz?

Aquí podríamos poner en revisión algunos conceptos se esgrimieron como verdades durante largos años.

La paz social, por caso, es producto del pago en tiempo y forma de los salarios. Sí. De los planes y “pluses” que hacen que no alcancen los días para ir a buscar dinero de los cajeros. Poco muy poco en comparación con algunos vecinos, pero dinero al fin y todas las semanas. Sí.

La gobernabilidad, vaya aspiración, es producto de la división y muerte de la mayoría de los partidos políticos. De las internas y traiciones. Y por si fuera poco, de la voracidad de muchos dirigentes que prefirieron (¿y aún prefieren?) el destrato de hombres como Ricardo Colombi a tener que ganarse la vida por fuera de las arcas del Estado.

Las instituciones de contralor, a su turno, piden permiso para controlar. Las defensorías de los vecinos, de los usuarios y afines, piden permisos a sus mandantes políticos (sí, a su patrones partidarios) para ver si reciben ciertos expedientes o firman ciertas notas con reclamos generales.

La Legislatura se convirtió poco menos que en una escribanía, cuando no en un estorbo. Los escarceos que se escuchan en las bancas vienen de los patios internos o, para ponerlo en situación, de los generosos parquizados radicales, entre otras cosas por la falta de una oposición monolítica, seria, constructiva, que no le tenga miedo al debate y que debata donde debe hacerlo, no en las oficinas de los bloques, entre pocos y a escondidas. Si existe una oposición que se opone, es decir, que cumple con su rol más allá de la política del acuerdo, o del consenso (que parece ser la única forma de hacer política en Corrientes) no se nota. Si hay intenciones -de control por ejemplo, o de propuestas- son cortadas de cuajo por favores adeudados o presiones inconfesables.

Tan endeble es todo que por revisar el presupuesto la oposición fue tratada de “irresponsable”. Se dejó tratar así y una vez más fue avasallada. Pero la tensión es necesaria. Y la negativa también. Decir “no” es empezar a pensar, diría Viñas. A pensar alternativas al pensamiento único. Nada menos.

La Justicia juega su juego, y vaya que lo juega, según se lee últimamente. Los empresarios amigos del poder hacen su negocio. Y entre otras instituciones, el periodismo hace silencio. Muchas veces. Como hacen silencio los que saben y pueden hacer ruido. Las iglesias por ejemplo.

Paz y amor
Es bueno cerrar un año sin saqueos, sin gente en las calles rompiendo vidrios o lastimando su propio cuero. Claro que sí. Pero es malo que haya un 40% de pobres y una inflación de otro tanto no menor que ese guarismo, y sólo suenen villancicos importados en vez de voces propias al son del chamamé o al ritmo del carnaval.

Aturde tanto silencio. Y lo que es peor, la cosa parece que no irá a mejorar. No en lo inmediato al menos.

La hegemonía de la que disfruta Gustavo Valdés, producto del control social-cultural-político que se ejerce desde los cargos públicos, los contratos y negocios, los comités, las aulas, los púlpitos y los medios, y desde los despachos, no sólo viene aplacando los reclamos (que los hay, pero de intensidad en degradé conforme fueron pasando los años desde 2001 en adelante) sino que también aplaca las relaciones de fuerza. Llegamos a tal punto que hoy el contrapeso de Valdés parece ser Colombi, quien no se resigna al hecho de ya no ser. Ricardo Colombi no se acostumbra a estar un rato a la sombra”, le dijo alguien a otro alguien que lo escribió en un diario porteño. Y si no es así, esto ya fué así.

Valdés, en tanto, no encuentra desafíos en el PJ o en alguna de sus variantes, o en sectores de algún armado opositor con intenciones y planes concretos para llegar al poder.

De hecho, hay quienes piensan (y parece razonable) que sin 2019 no habrá 2021 para ningún esquema que se geste por fuera de Cambiemos en Corrientes, y eso que más allá de cualquier chicana, el gobierno de Macri hace todos los días alguna macana para perder las elecciones.

Si Mauricio Macri o alguno de los suyos accede a la Presidencia este año que comienza (cosa que parece posible, aún teniendo en cuenta lo de las macanas), será muy difícil para los cuadros opositores, por caso los correntinos, encontrar un esquema aglutinante: no solo por la escasez de horizonte, o la atomización de dirigentes y partidos, sino por algo menos romántico y más determinante: si no hay gobierno nacional, no habrá quién financie una campaña a gobernador en 2021 en una provincia donde Valdés corre con fuerza, ventajas y con el portento de uno o un par de gobiernos a su favor.

Puede haber financistas interesados, pero ¿pondrán la plata que hace falta hoy para salir a “convencer” a un electorado cada vez más escéptico, dada la cantidad de engaños que apila?

En fin: uno puede estar a favor o en contra de Valdés, pero de él no será la culpa si de la hegemonía pasamos a un predominio cuasi cesarista. No será culpa del radicalismo que las relaciones de fuerza en la provincia la manejen ellos mismos, es decir Valdés y Colombi. Pero el problema será de todos si “pasan cosas” y se reedita un quiebre como el de los primos Ricardo y Arturo entre 2005 y 2009.

La teoría hegemónica, que en Corrientes se aplica como si fuera el modelo en el que se inspiró Gramci, nos da al menos la chance de estudiar nuestro presente.  

Aún estamos a tiempo de generar sujetos colectivos involucrados con la calidad institucional y política, para evitar, en principio, lo que ciertamente ya se ve en esas costas del Paraná: la imposición de los tipos culturales de los que predominan y de las clases que denoninan. La imposición de los que mandan y nombran.

Queda claro que el sentido común político desde 2001 en adelante fue el sentido común de Colombi, y del radicalismo que él conduce. También queda claro que ese sentido común está siguiendo el derrotero del ocaso, forzado por las circunstancias que el propio Valdés se encargó de marcar: ahora es tiempo de igualdad de derechos, de la paridad de género, de que los chicos más chicos voten a sus representantes, de cambiar los modos de la política: todos asuntos que han calado en el debate público que Colombi y gente como él prefirió no abordar.

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Hay tarea por delante si la pretensión es frenar el camino hacia los excesos. Una democracia no institucionalizada como la nuestra, se caracteriza por el poco alcance, la debilidad y la baja densidad de las instituciones políticas existentes, dice O´Donnell. El problema con eso es que el lugar de esas instituciones queda ocupado por otras prácticas no formalizadas pero firmemente afirmadas, como el clientelismo, el patrimonialismo y la corrupción.

Conviene que no suceda. Incluso el propio Valdés saldría beneficiado de una actitud social más activa, pues con el acompañamiento y contralor político y social (que implica darle unas vacaciones a la claque aplaudidora que merodea presta y angurrienta por la cuadra del poder) podría encabezar un gobierno de este tiempo, más acorde con las demandas generales y menos acorde con los caprichos personales.

Tal vez podríamos pensar entre todos la provincia que queremos y nos merecemos. Podríamos empezar por entender que el pago de salarios no es una dádiva. Que es una obligación de todo empleador -no solo del Estado- pagar por el trabajo. En tiempo. En forma. De manera justa.

El Gobernador lo agradecerá, porque parece que está para más que eso. Y también la provincia, que desde hace rato merece más que sobrevivir siendo una satrapía ubicada en el vertice superior derecho y caliente del Norte pobre de la Argentina.

El día que tomaron Corrientes: notas de un soldado de la Guerra de la Triple Alianza

El 14 de abril de 2015 marcó el 150 aniversario de la ocupación del Puerto de Corrientes por las fuerzas navales y militares del mariscal Francisco Solano López, iniciando con este acto la participación argentina en la guerra más sangrienta que ha enfrentado a Sudamérica en el período independiente”.
“La llamada Guerra del Paraguay -o de la Triple Alianza- ha sido ampliamente reconocida como un acontecimiento catalítico. El conflicto transformó los contornos históricos del continente de manera totalmente inesperada y dejó el germen de relaciones beneficiosas -y sospechas mutuas- que todavía muestran sus influencias en el siglo XXI”.
“La guerra tuvo amplios efectos políticos. Hizo posible la consolidación final de la República Argentina como un Estado-Nación y abrió un nuevo capítulo en la lucha entre los partidos colorado y blanco en el Uruguay. Elevó la posición social e influencia de los oficiales militares brasileños, una tendencia que a la larga llevaría al derrocamiento de la monarquía en 1889; y aplastó al Paraguay, aniquilando sus instituciones económicas y sociales al lograr que su población -de 450.000 habitantes- se encogiera en alrededor de un 70 por ciento”.

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Si alguien pide una síntesis, esta podría ser una de las más elocuentes narraciones breves de lo que significó la Guerra de la Triple Alianza. Es parte del estudio preliminar, de las notas y los comentarios con los que los doctores Thomas Whigham y Dardo Ramírez Braschi complementaron una obra decisiva al respecto: la del general Daniel Cerri, combatiente de la guerra que, además, dejó por escrito una reseña de aquel hecho que las armas bañaron de sangre.
“Campaña del Paraguay” se titula la obra que el año pasado editó la editorial Contexto. Contiene detalles “sin galas literarias”, según previene el autor, de la toma de la ciudad de Corrientes, del movimiento y los combates después de Curupayty y de la expedición al Chaco en el sitio de Humaitá.
Se trata de un texto documental del conflicto que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay con el Paraguay. Conflicto por proyectos ideológicos distintos, y por las demarcaciones del territorio.
“Es un nuevo aporte a la interpretación de la guerra”, acota Ramírez Braschi, correntino, que llegó a la publicación de este libro conjunto con su par norteamericano después de un dilatado proceso de estudio, de un largo recorrido de validaciones académicas y de innumerables correos electrónicos que iban y venían de una punta a la otra de la América trayendo y llevando trozos de escritura y corrección: una empresa titánica posible sólo gracias a la tecnología.
Es un aporte, sin dudas: a la construcción de una arquitectura que en clave de soporte, rescata los alcances del episodio bélico, los dota de contexto y vuelve mucho más amable la posibilidad de una interpretación más fidedigna de los hechos, limpiando los humores de la época, en complicidad con el tiempo.
Se trata, en el mismo acto, de un texto muy rico en términos literarios, más allá de la cautela del autor nacido en Italia y vuelto argentino por opción. Un texto que puede ser leído en múltiples registros: como un diario de guerra, como un tratado histórico, como una crónica de acontecimiento, pero a su vez como un libro de historia, corregido y aumentado por un monumental trabajo de Whigham y Ramírez Braschi que no solo sopesaron al autor, sino a su circunstancia, ajusticiando los excesos.

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“Considerando los efectos comprensivos de la guerra en Sudamérica, podría parecer raro que los historiadores hayan dedicado tan poco tiempo de sus análisis al conflicto. Quizás su estudio ha sido obstaculizado por las distintas tradiciones académicas que se han desarrollado en los cuatro países implicados que han permitido la discusión entre los diferentes eruditos solamente en forma limitada. O quizás es que el estudio de la guerra ha sufrido -por un cierto sentido de tristeza a largo plazo- el hecho que todos comparten y reconocen con vergüenza: que tantas vidas fueron perdidas para tan poca ganancia política. Es una cosa mirar la consolidación nacional con ojos positivos, pero es otra cosa contemplar centenares de cementerios llenos de criaturas, un costo altísimo para lograr tal progreso”.
En cualquier caso -agregan los autores del libro-, “sólo ha sido en años recientes que una generación más joven de historiadores ha vencido los varios problemas logísticos y políticos en tratar el estudio del conflicto de la Triple Alianza con un entusiasmo renovado. Han conducido la investigación en el tema no sólo en archivos nacionales de Buenos Aires, Asunción y Río de Janeiro, sino también han movido con éxito archivos privados y provinciales. Han descubierto nuevas fuentes y documentos en algunos sitios en principio improbables de aportar material de significación. También, han tomado una nueva mirada a fuentes más viejas, incluyendo las varias reminiscencias militares que aparecieron -generalmente- en las dos últimas décadas del siglo XIX”.
Allí esta la cifra más grande de esta apuesta de Whigham y Ramírez Braschi, no sólo en la mirada de un contenido hondo para la región toda, sino también en la forma.

Es que con este libro, la Campaña del Paraguay luce interpretada con las mismas herramientas, compromiso y prestigio con el que se rescataron antes las crónicas de las campañas españolas o portuguesas, de Europa al Nuevo Mundo.

El Asalto de Corrientes
Así lo cuenta Cerri:
“Seis días después de consumados estos acontecimientos, la hermosa provincia de Corrientes, esa perla incrustada entre el marco formado por el estuario de dos grandes ríos, cuyas aguas lamen suavemente las orillas de cuatro naciones y fecundizan sus comarcas, fue invadida por un Ejército de 22.000 hombres paraguayos al comando del general (Wenceslao) Robles, y sus pacíficos habitantes mecidos dulcemente a la sombra de sus seculares palmeras, contemplaron con asombro y terror sus hogares invadidos y desbastados por una turba de soldados prepotentes”.
“Cuando a un hombre se le infiere una ofensa que hiere su honor y vulnera sus más caras afecciones, como un arranque instantáneo, sin reflexiones inútiles, aplica un latigazo a su ofensor, aún cuando después como consecuencia inmediata venga el duelo a muerte que reclama la ofensa”.
“Esto mismo puede suceder con respecto a las naciones. La respuesta súbita al proceder agresivo e inesperado del autócrata paraguayo, fue el brillante asalto y toma de Corrientes, arrojando de sus calles, aunque fuese momentáneamente, al osado invasor, después…”
“¡Ah! Después comenzó ese terrible duelo, único en la historia militar sudamericana, que debía terminar cinco años más tarde, el 1 de marzo de 1870, al pie del Cerro Corá, sepultando allí una tiranía irritante sonificada en el mariscal Solano López…”

Las notas de Whigham y Ramírez Braschi corrigen y agregan un dato:
“Las fuerzas terrestres paraguayas llegaron no seis días después, como señala Cerri, sino el día siguiente, el 14 de abril de 1865, justamente el día del asesinato de Abraham Lincoln”.

 

El libro
Así como el detalle de la toma de Corrientes, hay muchas otras joyas relacionadas con la Guerra de la Triple Alianza que se pueden encontrar en este volumen: “Campaña del Paraguay” editado por Contexto a un valor de $398.

Los autores
Thomas Whigham es profesor de Historia en en la Universidad of Georgia. Recibió su doctorado en 1985 de Stanford University donde estudio con Richard Morse y Frederick Bowser. En su disertación intitulada “The Politics of the River Commerce in the Upper Plata, 1780-1870”, analizó el comercio en Paraguay, el Nordeste argentino, y las zonas limítrofes del Brasil, y fue publicado más tarde por la Editorial de la Universidad de Nuevo México.
Ha publicado ampliamente sobre Brasil y los países platenses, y es particularmente conocido por sus seis libros sobre la Guerra de la Triple Alianza, uno de los cuales ganó un premio como Choice Academic Title en 2003. También es poeta y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Histoiria del Paraguay.

Dardo Ramírez Braschi es abogado. Magister en Ciencias Políticas y doctor en Derecho de la Unne. Es profesor titular de la Cátedra “B” Historia Constitucional Argentina de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Unne. Es miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Además es Miembro de Número de la Junta de Historia de la Provincia de Corrientes, que actualmente preside.
Ha publicado numerosos libros y artículos científicos sobre historia política e institucional de Corrientes, como también en revistas con referato nacionales y extranjeras. En referencia a la guerra del Paraguay escribió cuatro libros, uno con reedición.

 

Colectivos: apriete, interna, paro e inacción

Cada sector involucrado en el conflicto puede contarlo como quiera, pero hay evidencia suficiente, sostenida e histórica, que acredita esta situación casi como una sentencia: el problema del transporte público en Corrientes empieza con denuncias de falta de pago a los choferes. Sigue con peleas internas entre los mismos trabajadores, los que quieren y no quieren trabajar. Luego, con la suspensión de los servicios y de algunos trabajadores, lo que desemboca en un paro. Los usuarios, perjudicados, en el medio e indefensos: son los rehenes necesarios. Para atenderlos y desmontar el conflicto, las autoridades concedentes del servicio proceden casi siempre a un aumento del boleto, de subsidios o a mejorar las condiciones de la concesión que benefician (en algo, siempre) a los empresarios.
(Esa circularidad del sistema es repetitiva hasta el escándalo).
Los actores principales, en Corrientes, son “los empresarios”: un eufemismo para evitar ponerle nombre al problema. Pero el problema tiene nombre. Y apellido.
Esa empresa con nombre propio constituye uno de los poderes reales de la provincia, que echa mano a la misma lógica sin que importe lo obvio que resulta y lo sospechosas que son todas las supuestas maniobras que desencadenan en el conflicto.
También están las autoridades municipales: Intendente, vice y concejales, que más allá de cierto enojo demagógico, de hoy y de siempre, actúan en mayoría como empleados de las empresas concesionarias. De hecho, las firmas supieron poner ejecutivos suyos en los sillones de todos, es decir, en las oficinas públicas que deben controlar el sistema. Una promiscuidad que se naturalizó otrora al punto de la indiferencia.
Los actores secundarios de este berretín -que se repite cada vez que emergen por un lado la inacción oficial y, por otro, la voracidad de las empresas que monopolizan el sistema de transporte público-, son los choferes. Los choferes a secas y los agremiados y agremiadores. Sus problemas reales (salariales y laborales) y sus intrigas internas.
Está, además, la conducción de la UTA encabezada por Rubén Suárez, que desde hace tiempo viene siendo más funcional a las empresas que a los intereses de sus representados -a juzgar por lo que le reclaman sus propios compañeros-. Estos dicen que no los representa.
No es nuevo ese problema en Suárez. De hecho, ocupa una banca en el Senado de la Provincia en nombre de una facción obrera que nadie le reconoce, que sería lo de menos. El detalle es que llegó allí como instrumento de la voluntad ondulante de Ricardo Colombi, que lo usó para esmerilar a los sectores opositores, en el marco de una maniobra de cooptación de la que se sirvió desde que llegó al poder en 2001, hasta que se fue en 2017.
Es decir: nada hay de novedoso en Suárez en eso de que se halla con los patrones. Ni hay nada nuevo en los patrones dividiendo para reinar. El tema, al parecer, es que ahora no hay tiempo para disputas estériles. Falta plata y alguien tiene que ponerla.
Lo cierto es que desde el jueves la ciudad de Corrientes está prácticamente incomunicada, con chicos que no fueron a las escuelas, con estudiantes terciarios y universitarios que no pudieron rendir en este último turno que está cerrando, con trabajadores que no pudieron llegar a sus trabajos o que perdieron su presentismo. Gente que no pudo ir ni venir, a hacer lo que fuera.
Al menos unas 100 mil personas por día tuvieron problemas para trasladarse en las últimas 72 horas, dificultad que se repetirá hasta el martes, por lo menos, porque más allá de la caladura del conflicto, no es lo suficientemente grave como para que los que tienen que resolverlo modifiquen su agenda de fin de semana largo. ¡Faltaba más!

—¿Qué reclaman los choferes no representados por la UTA?
Los autoconvocados presentaron un petitorio por escrito a la Empresa Romero Sociedad Anónima: Ersa. En el documento reclaman que se abone el 5,7% adeudado de los meses de septiembre y octubre, además de una diferencia que existe con el aguinaldo que percibieron a mediados de año y otras mejoras laborales. También acusan a la compañía de hacer figurar en planillas que más de 100 trabajadores cobran más de lo que reciben efectivamente.

—¿Qué dicen en la empresa?
Lo que dicen todas: que no tienen plata, que están en crisis, que los costos están desfasados, que el dólar, que no alcanzan los subsidios ni los valores actuales del boleto. Hay un largo etcétera.

—¿En qué instancia está el conflicto?
En un parate significativo. Hay amenazas de despidos. Desde la empresa dicen que están recibiendo currículums de choferes profesionales. Dicen también que no alcanzan para cubrir la demanda -pese a la escasez de trabajo-. Entonces sigue el problema. Ayer tomaron algunos trabajadores para intentar una reanimación del servicio. Hasta el cierre de esta edición, la salida de algunos colectivos y la implementación de una cobertura adicional, precaria, trajo nuevos problemas.

—¿Y entre los trabajadores?
La UTA no representa a los “insurrectos”. Los insurrectos no quieren saber nada con la UTA. El gremio va a una velocidad y los trabajadores tienen otras urgencias. Pero todos están de paro. ¿No es llamativo?
Suárez fue insultado en varios idiomas por sus compañeros, a quienes éste, a su vez, trató de traidores. Hubo forcejeos y una gresca en ciernes hasta que actuó la policía y entonces Suárez buscó refugio en una de las cómodas y frescas oficinas de la sociedad anónima, hasta que lo sacaron de ese lugar hostil. Ocurrió el jueves.
Mientras, esto otro: mientras el ruido estaba en la otra punta de la ciudad, el Concejo Deliberante apuró la primera lectura del proyecto para aumentar el boleto y fijó fecha de audiencia para apurar la segunda lectura.
(El plan marcha sobre ruedas, aunque no parezca).
En paralelo, desde el mismo jueves, las líneas 110 y 101 dispusieron de algunos coches de refuerzo y mantuvieron el servicio. También lo hizo la empresa Ataco, cubriendo a duras penas el ramal Chaco-Corrientes. Y la línea 11, que va desde la terminal hasta Santa Ana, con su prestación habitual, penosa.

—¿Cómo seguirá la cosa?
En un espiral de caos hasta que no quede más remedio que ir en auxilio de las empresas, invocando a los trabajadores y pensando en los usuarios.
Tan patético es todo, que daría risa la inconsistencia del guion si no fuera porque afecta a miles de personas, en cuanto a la movilidad pero también a su economía. Daría risa si no fuera que cada vez que ocurre el procedimiento, la provincia se involucra más con una empresa que en su expansión elimina cualquier posibilidad de competencias leales y sustentables que equilibren la desmesura del monopolio.
No fueron pocos los jefes comunales que quisieron poner coto a la cuestión, pero también fueron rápidamente convencidos de que era mejor el statu quo. Impresionante el poder de persuasión de los empresarios del transporte. Impresionante.
Por suerte, el actual intendente Eduardo Tassano está atento a la situación. Sólo esperó dos días (justo los dos días hábiles previos al fin de semana largo) para lanzar un plan de emergencia que los capitalinos podrán usar hasta el martes pagando más caro y sólo en efectivo. ¡Una ganga!
Con la misma fuerza con la que decretó que no se inundaría más la esquina de Ferré y España, esperó hasta el viernes a la noche para comunicar por Twitter: “Ante el paro sorpresivo de colectivos que perjudica a miles de vecinos, tomé la decisión de disponer un servicio de emergencia de transporte”. El servicio se presta con colectivos y combis a un valor de 15 pesos, de 8 a 22.
Las preguntas son muchas. ¿Tienen seguro esas unidades? ¿Y los choferes? ¿Se puede cobrar un pasaje más caro que lo que vale habitualmente? ¿Es legal esa maniobra? ¿Es sorpresivo un paro que lleva dos días? ¿Sancionó la Municipalidad a la empresa por ese incumplimiento? ¿Ya pagó la empresa las multas que supuestamente se le labraron por los carteles en los que azuzaba con llevar el precio del boleto por las nubes si Mauricio Macri le recorta los subsidios? ¿Qué va a hacer la Municipalidad si persiste el conflicto más allá del martes? ¿Está controlando la salida de las unidades con las cuales supuestamente empezó a restablecerse la prestación en algunas líneas? ¿Está controlando algo de todo esto la Municipalidad?
Por el momento se sabe una cosa. Según “Cuqui” Calvano, seguirá el paliativo de emergencia que se diseñó “por expresas instrucciones del intendente Eduardo Tassano”.
La oficina de propaganda comunal hace notar, con fervor, que la “solución” provisoria al problema, dos días tarde, sólo para el fin de semana, más caro de lo habitual y sin que pueda utilizarse la tarjeta Sube, llegó gracias a las “expresas instrucciones” de Tassano.
No se sabe si los empleados utilizan ese latiguillo para convencerse -aunque parezca lo contrario- de que en efecto hay alguien que fue elegido para tomar estas y otras decisiones en el Municipio.

El segundo ocaso de Vaz Torres

En sólo once horas de un mismo día, el gobernador Gustavo Valdés produjo y consumó el hecho político (interno) más trascendente de sus once meses de gestión: echar del gobierno al ministro de Hacienda y Finanzas José Enrique “Chirulo” Vaz Torres, alter ego en funciones del viejo régimen colombista al que representaba en persona, forma y concepto.
Ocurrió el lunes. A las 9 de mañana, cuando José Enrique aún no terminaba de digerir el desayuno de ese rutinario amanecer, lo atragantaron con un bocado amargo parecido al que tuvo que engullir hace unos cuantos años, también en contra de su voluntad: el decreto de su despido.
Porque a Vaz Torres no le pidieron la renuncia sino que lo renunciaron, haciéndole tomar, en ese acto, un poco de su propia medicina: un jarabe más bien pastoso, oscuro y agrio que bien podría ser la síntesis de sus tantísimos años en la oficina principal del palacio San Martín.
A las 9, Valdés firmó el decreto de su remoción, a las 19 empezó un acto en Casa de Gobierno y para las 20 de ese mismo lunes, la provincia ya tenía nuevo ministro de Hacienda: Marcelo Rivas Piasentini.
—¿Qué pasó en el medio?
—Toneladas de hartazgo —dicen en Casa de Gobierno.
—¿En verdad es para tanto?
Hay quienes dicen lo siguiente: que el ministro era un intratable o se volvió así; que generaba conflicto donde no había, con la gente o el personal de menor jerarquía; que hacía esperar a sus pares, en la antesala pero también en el trabajo diario, pues aseguran que les trababa expedientes y pedidos, algunos a instancias del propio Gobernador.
—¿Por qué crees que no está el presupuesto todavía? —hizo notar alguien que caminaba ayer por la esquina del poder.
Más aún: dicen que Vaz Torres no se avino a los tiempos. Pero también dicen que más allá de lo que él mismo mandaba a publicar, nunca fue un amigo declarado de la transparencia, siguiendo, claro, cierta lógica escondedora que se le pedía o se le consentía durante el colombismo. No es casual entonces -cualquiera podría suponer- que desde hace varios años haya un cono de sombras sobre las actividades en las que debe iluminar la Dirección de Estadísticas de la Provincia.
—A veces actuaba como si fuera el dueño de la plata y no un mero administrador —agregaron, como si faltaran causales, algunos de sus ex compañeros. Muchos respiran aliviados. Algunos todavía están desconcertados.
La historia, de todos modos, empieza desde más lejos y hay quienes dicen que llegó a su punto culminante cuando empezó a desafiar mandatos de Valdés, algo que tampoco es nuevo en el ex ministro.

***

José Enrique Vaz Torres fue siempre una de las principales figuras de los equipos o vehículos de gestión comandados por Ricardo Colombi. Estuvo al frente del Ministerio de Hacienda y Finanzas desde el 10 de diciembre de 2009 de forma ininterrumpida. Ya había ocupado ese cargo entre 2001 y 2006, desde que Ricardo asumió por primera vez hasta que fuera apartado por Arturo Colombi en medio de la feroz interna entre los primos.
En total fueron cerca de 15 los años que “Chirulo” Vaz Torres -exitoso contador público virasoreño- estuvo al mando de las arcas correntinas. Siempre fue un super-funcionario o al menos eso hacía creer realizando declaraciones públicas picantes, al borde del insulto, especialmente contra el Gobierno nacional cuando Cristina Fernández era presidenta. De Néstor Kirchner no hablaba mucho, como tampoco lo hacía su jefe Ricardo.
También era habitual que utilizara las radios para tirar algunos cohetes verbales contra la oposición. Y que descalifique a los periodistas cuando estos ponían en duda el peso específico de su gestión que, a la luz de tantos años, no movió casi en nada los índices más dolorosos que tiene la provincia. Tal vez por eso se esconden esos índices, o algunos buscan silenciarlos.
Sigamos. Vaz Torres -sin que sea exclusividad suya- era afecto al relato. Y ese día que lo echaron, el lunes, se hizo hacer el relato final. Con más amor que criterios de verdad política, su oficina de prensa envió a los medios un resumen de gestión.
Punto uno: dice que le debemos a Vaz Torres la restitución del flujo de pago de la nómina salarial desde 2001, desde cuando se debían 4 meses de sueldo y los mismos se pagaban un 60% en Cecacor (una vez más, el sueldo. O solo el sueldo).
Que le debemos el rescate de los Cecacor, el programa de Conversión de la Deuda Pública 2003, el Programa de Financiamiento Ordenado, la Ley de Administración Financiera, la vida del IPS, Ioscor y del Banco de Corrientes; y el desarrollo y ejecución de la costanera Sur, drenajes de Goya y Virasoro y otras tantas obras públicas. Obras públicas le debemos al ministro de Hacienda, según relatan sus relatores. 
Que le debemos la canasta escolar, la canasta navideña y hasta el cordero correntino (¡vaya gestión el financiamiento de comida!). Le debemos los camiones y máquinas que se le vendieron a los municipios y el diseño e instrumentación del programa de cesión de recursos a las comunas a través de la Coparticipación: el índice pasó de 15% a 19%. (Se olvidó, por supuesto, de que eso empezó tras la reforma de la Constitución de 2007).
Le debemos, dice el relato de Vaz Torres, el 82% móvil para los jubilados y hasta el incremento de la nómina salarial para el personal en actividad que pasó de $34 millones en 2001 a $1.925 millones desde en 2018. Un incremento de 5.562% que cualquiera creería que se debe a la evolución de la economía y de sus valores en todos estos años. Pues Vaz Torres dice que él inventó eso. Y que dio ese aumento.
(Que un funcionario lo diga en estos términos y pase de largo, explica muchas de las razones por las que Corrientes está como está. Vaz Torres habrá sido un buen administrador para alguien, pero queda claro que a costa de todos. Pues sólo en Corrientes es excepcional que un contador pague sueldos. Y que además lo exhiba como logro por casi 20 años después de una crisis).
También, según el catálogo de la creación “vaztorriana”, a él se le debe pleitesía por los fondos fiduciarios y una serie larga de instrumentos impositivos que, vaya injusticia del destino, mantiene a la provincia sumida en una pobreza galopante y con una matriz económica tal vez de las más regresivas y conservadoras que se haya visto nunca.
Pero no sólo eso: cualquier correntino que lea con detenimiento la épica literaria que le construyeron a Vaz Torres (de apuro y como souvenir del final de fiesta), puede experimentar una sensación profunda de engaño, pues quizás ese correntino haya pensando, como la mayoría, que desde 2001 en adelante había votado a Ricardo, a Arturo y a Gustavo Valdés para que hagan eso que al parecer hizo en soledad el popular “Chirulo”.
O tal vez esto otro: que el engañado sea el propio Vaz Torres, que en ancas de un pony que lo sostuvo arriba tanto tiempo, creyó que era él, y no otro, el elegido para gobernar. ¿Se habrá creído en serio Vaz Torres que era él el gobernador?
Al parecer en eso estaba otra vez (como en 2006) hasta que llegó Valdés y le comunicó su despido. Un cese que no se agota en el acto administrativo. Echar a Vaz Torres sostiene un mensaje por lo menos de doble registro:
a) Para la interna es un llamado de atención. Una advertencia. Un punto de inflexión en la gestión que debe cambiar de ritmo si quiere acompañar el proceso del nuevo gobernador. Aún sobreviven ministros heredados que lucen agotados en comparación con los bríos naturales de una administración de once meses. ¿Tendrán ideas para esta nueva etapa que amaga con seguir con fuerza decidida?
—Nadie está atornillado a su sillón —repite cada tanto Valdés.
b) Para el afuera, el despido de Vaz Torres es la ratificación del rumbo electoral: la gente no votó un cambio de gobierno. Votó a un nuevo gobernador, más joven, con otra impronta. Votó una superación de lo anterior. Pero votó a alguien para que gobierne, no para que se deje gobernar.
—La gente no quiere volver para atrás —dicen los que rodean a Valdés, mirando encuestas.
En síntesis, si echó a Vaz Torres, Valdés puede echar a cualquiera. Una localización, tenencia y ejercicio del poder que, juran y perjuran en su círculo áulico, no incuba, como en épocas del arturismo, una ruptura con Ricardo Colombi, al que muchos ven como un general en retirada.
Resta ahora dejar andar a Rivas Piasentini para determinar si el cambio de hombre repercute en el cambio del perfil económico o de las pautas para el desarrollo que necesita la provincia.
Para José Enrique, en cambio, es el segundo ocaso. Primero lo echó Arturo Colombi en 2006. Ahora lo echó Valdés. La mala noticia para él es que el único que lo soporta y lo devuelve al cargo ya no es, ya no está. Pero debemos reconocer que si vuelve por tercera vez, la mala noticia ya no será suya sino comunitaria.

Las espinas de Rozas

El senador Angel Rozas, ex gobernador de la provincia del Chaco, aportó esta semana un acto cipayesco, mezquino, enajenado de la realidad que vive el país y sobre todo la región que lo vio nacer y que gobernó largamente. ¿Qué hizo? Mal usó sus redes sociales para vender como un logro que el radicalismo -partido que lo cobija-, consiguió torcerle el brazo al Gobierno que él y otros integran, para frenar una medida polémica: el pago retroactivo de sobrecostos de la tarifa de gas que debían hacer los usuarios para compensar, por la devaluación, a las empresas prestatarias.
La medida, a todas luces discutible y polémica, perjudicaba directamente a los usuarios que tienen el servicio del gas natural, prestación esencial no solo para las familias sino también para las pymes y grandes empresas. En términos políticos, perjudicaba mayormente a Buenos Aires, un electorado que nadie está en condiciones de dejar de contener.
Pues bien: el radicalismo, según Rozas, lo hizo. ¿Qué hizo? Dejó en evidencia una medida inconsulta y problemática para la aprobación del presupuesto nacional, que por si fuera poco agrava la situación económica de los argentinos que tienen gas natural y, ahora también, de los que no lo tienen.
Escribió Rozas en Twitter: “Lo logramos, el radicalismo consiguió frenar la suba retroactiva del gas. El Estado se hará cargo del monto extra”. 
Pero, ¿en qué nos afecta a nosotros? En mucho.
Como consecuencia de esa jugada del radicalismo, no solo socializamos pasivos privados (producidos por una feroz depreciación monetaria, echando mano a una norma de la Argentina menemista dolarizada) sino que pagamos la sangría de un servicio que nos excluye a todo el NEA, como el gas natural. También asistimos a una nueva entrega en favor de las grandes metrópolis. Cedemos recursos que son de todos, que nos cuestan conseguir y que no alcanzan. Si el Estado paga, esa plata sale de una caja para meterse en otra, asunto que podría terminar en menos obras públicas, menos servicios, menos trabajo, peores salarios y en la postergación, una vez más, de las reparaciones que nos deben. No solo a Corrientes sino a la región.
¿Qué más? Asistimos a la miserabilidad de un senador de la Nación como Angel Rozas que desoye las voces de sus montes para dejarse seducir por el griterío porteño que reproducen los medios. Lo vemos hacer política de la menor estatura con la crisis y el consecuente ajuste al que recurrió el gobierno de Mauricio Macri, que, vaya ironía, el mismo Rozas integra como socio.
(Pobre Macri, además de pánico debe tener espasmos seguido. Tener de socios a Rozas, Aída Ayala o a su comprovinciana ilustre Elisa Carrió debe ser bastante pesado. Le cambian la agenda, le salpican algunos asuntos reñidos con la ley, le marcan la cancha, le digitan funcionarios y también le dibujan límites en su autoridad. Lo raro es que nadie se escandaliza. Cualquier Dady Brieva que se extralimite como Carrió recibe el mote de destituyente. Ella, en cambio, sigue siendo la fiscal moral de la Nación. Cosas que pasan).
También debe ser pesado para el Presidente tener en su “mejor gabinete de los últimos 50 años” a funcionarios como Javier Iguacel, el ex titular de Vialidad Nacional, a quien el fuego amigo apoda cariñosamente “Buzz Lightyear”, por el personaje animado de Toy Story al que dicen que se parece.
¿Quién es Iguacel? Un muchacho que culpa de todo al kirchnerismo. El mismo que sin sonrojarse, contrató a la Escuela de Arte de la actriz Cecilia Maresca para mejorar su oratoria. El mismo que, por ese “coucheo” le hizo gastar 25 mil pesos mensuales por varios meses a Vialidad. Es decir al Estado. Es decir…
Iguacel es el mismo al que se le cayeron dos puentes en Corrientes pese a que cinco minutos antes le habían hecho un informe diciendo que todo estaba regio. (Corrientes sigue sin esos puentes en Itatí, sobre el Iribú Cuá, y en Esquina, sobre el arroyo Guazú. Y una familia misionera sigue llorando a su muerto, víctima de la desgracia de tener que pasar por una provincia pobre, postergada y sin infraestructura de calidad, que no pudo frenar el vehículo de Rogelio Schering, quien murió al caer al agua cuando la camioneta que conducía terminó en el río porque nadie puedo prevenirlo).
Su última escena fue el escándalo por la resolución que transfería a los usuarios de gas la deuda que las petroleras les reclaman a las distribuidoras por la calefacción dolarizada del último invierno. Y como recibió cascotes desde todos los cuadrantes, ¿a que no saben a quién culpó? Exacto: al kirchnerismo. “La mayoría de las quejas por el aumento de gas son de militantes kirchneristas”, dijo en la antikirchnerista radio Mitre.
Pues resulta que sus socios le mostraron que su barbaridad no corre. Que no se trata sólo del kirchnerismo. De hecho, al parecer, las medidas de Iguacel no escurren ni dentro del Gobierno, según dicen, porque el ex CEO petrolero (su ex empresa sería una de las beneficiarias de la resolución trunca) es afecto a puentear sus mandos superiores. Hasta ahora lo banca el Presidente, pero debió callarse la boca y guardarse después de intentar deslegitimar el reclamo social por el asfixiante ajuste y la inflación descontrolada, tildándola de reclamo político. Como si las acciones de su cartera no lo fueran en todas sus formas. En fin…
Por suerte está Carrió, que salió a bancarlo. “Está perfecto (que el Gobierno haya frenado la medida). Era un horror, pero no creo que haya sido una idea de Iguacel”, sostuvo la legisladora días pasados. Menudo favor: Lilita Carrió está diciendo que el bueno de Iguacel puenteó a su superior, el ministro Nicolás Dujovne, que no avisó a nadie, que puso en jaque el acuerdo político por el presupuesto y generó una nueva crisis social-política-económica sosteniendo una idea que no es suya. Genial.

Una matriz histórica

Si no fuera tan trágico todo, Rozas daría para la risa en una serie interminable de “memes”. Pero es trágico, aunque no exclusivo del legislador. Sucede que el chaqueño no está solo en la conceptualización unitaria de este país. La cosa, en lo hondo, va más allá de la entrega de Rozas y de los gobernadores y de los dirigentes radicales, que como alternativa a la embarrada del Gobierno (que exhibe cada vez con mayor frescura su ineptitud) hacen pagar a todos por lo que solo algunos tienen.
El comportamiento de Rozas se verifica a lo largo de la historia con muchos legisladores que cuando llegan a Buenos Aires y disfrutan de los atributos del cargo, son capaces de vender las joyas de la abuela con tal de contentar al patrón -generalmente el presidente o algún líder opositor- y preservar sus privilegios.
No hace falta dar nombres (serían menos las excepciones, claro) pero incluso Corrientes ha dado muestras sobradas de genuflexión política. Y si bien cada tanto se habla del tema, los diputados y senadores no fueron capaces, al menos hasta ahora, de regionalizar sus fuerzas y reclamos y potenciarlos con la suma de sus votos.
Solo por mencionar un ejemplo, el del gas natural, hay que recordar que el primer proyecto presentado en el Congreso para que Corrientes y la zona tengan ese servicio, data de 1960. Lo presentó Augusto Conte (h). Es decir: hace casi 60 años duerme el sueño de los justos.
Y ni hablemos de los gobernadores, muchos de los cuales siguen el mismo mecanismo de entrega ante Nación. Ejemplos también abundan. Y, por el contrario, como escasean los que en verdad disputan los intereses que legítimamente les pertenecen a las provincias, la mayoría se sirve del marketing para disimularlo.
Lo que hay es pura actuación política. Puro acting. En Corrientes pasó hasta hace poco: un socio que después dejó de serlo y que ladraba como el perro a la luna. El asunto es que antes había cedido unos cuantos derechos.
Eso mismo llevó a varios intelectuales a analizar el comportamiento, y como la discusión centro-periferia en este país viene casi como una yapa desde la Revolución de Mayo, podría decirse que está demostrado que el centro no siempre tiene toda la culpa. 
Creer que Buenos Aires, el Gobierno de la Nación, Mauricio o Cristina (o Néstor, o los cinco, o Menem, o Alfonsín, y de allí al principio de los tiempos) son los únicos responsables de nuestros males es correr de la escena a los actores locales, como Rozas y tantos más. Y al correrlos se les concede un salvoconducto que no deberían tener por la traición que hacen de sus votos. Por la traición a su electorado. Por rifar sus causas más nobles.
Rozas, mientras tanto, festeja ser radical y frenar al Gobierno. En el Chaco, su provincia (como en muchas otras, incluida Corrientes) hay más gente en las casas de crédito que en los supermercados. Y cuando no, están en los hospitales, comisarías o en los divanes, tratando de mitigar tanta angustia.
Angel, mientras tanto, tuitea. Antes de festejar eso del gas, festejó en clave medieval por otro servicio: por el agua potable que está llegando en el ocaso del año 2018, a ciertos lugares de su provincia postergada. “Seguimos avanzando para que en #Chaco, más de 16 mil personas del Impenetrable tengan agua potable. #UnMejorLugarDondeVivir cc @frigeriorogelio”.
Arrobar al ministro del Interior Rogelio Frigerio no es casual, por supuesto. Ese acto de alcahuetería es una prueba más de la sumisión a la que se entregan algunos, sujetos por el peso de la decadencia, el desprecio por el otro y las mezquindades personales y protopolíticas.

No importa la pelea, importa el Gobierno

El gobernador Gustavo Valdés participó este domingo de un programa de televisión y ratificó en ese marco, además de otras cuestiones relacionadas con la gestión, la línea discursiva que vienen esgrimiendo los líderes del “proyecto”. Dijo que su relación con el ex gobernador Ricardo Colombi es excelente y que no habrá pelea como quieren algunos.

Es llamativo pensar que alguien quiere hacerlos pelear o verlos peleados, pero es una manera de verlo. Otra manera posible de analizar una relación política es que no es la pelea lo que importa. No es relevante que Valdés y Colombi hablen, viajen, vacacionen juntos, o lo que quieran. Lo que es relevante para la vida pública es la necesaria distancia que debe tomar Valdés si lo que importa -y le importa-, es la calidad del Gobierno: de su gobierno.

Valdés, entrevistado por Equipo de Noticias de Canal 13 dijo que “la relación con Ricardo Colombi es muy buena”. “Estamos permanentemente en contacto. Es cierto que a algunos le gustaría, pero no hay conflicto con él”, dijo.

En la misma línea, hace varios días y hablando por Radio Dos, Colombi fue más contundente, como es habitual en sus parlamentos: “Tienen que sacarse de la cabeza que me voy a pelear con Gustavo Valdés”, sentenció. “Mi relación con él es buena… hasta le hago de chofer. Con su impronta está avanzando, y lo vamos a acompañar”.

Pasa que “algunos agoreros quieren que nos peleemos, pero eso no está en mi espíritu. Que se saquen de la cabeza esa idea. Hay algunos medios que están pendientes de eso… y tratan de crear polémica, pero eso es una estupidez”.

Lo que no es una estupidez es su intromisión en el nuevo gobierno. Se diga lo que se diga (y Colombi, está demostrado, es libre de decir lo que quiere), cualquier ciudadano correntino, o cualquiera que más o menos mire el desarrollo del juego político, advierte que no hay autonomías plenas. No las hubo en la conformación del gabinete, en los recambios que se están amagando, y que incluso insinúan la vuelta de funcionarios cuestionados y hasta denunciados por distintos tipos de malversaciones.

No hay autonomía en esa supuesta entrega desinteresada que implica hacerle de chofer al Gobernador, como si éste lo necesitara.

En fin.

Pero como cada uno es libre de decir lo que le venga en gana, como hace Colombi, y lo hizo siempre, cambiando el nombre a la gente, insultando dirigentes, maltratando periodistas, incluso burlándose de sus oponentes (como hizo en junio y en octubre pasado, en sendos festejos por triunfos electorales), uno puede decir que la cercanía política del ex gobernador atenta contra la búsqueda de nuevos mecanismos de gestión de la cosa pública.

Einstein decía que, si uno siempre hace lo mismo, no debe, a la vuelta, esperar resultados diferentes.

Los resultados de los tantos años de Colombi en el poder están a la vista: enormes bolsones de pobreza e indigencia, liderazgos nacionales en los peores rankings, por caso los de mortalidad infantil y neonatal; los educativos de repitencia, sobreedad e incomprensiones textuales o numéricas; problemas en los hospitales, de trabajo en general, de conectividad, de energía, de puentes, viviendas, etc., etc.

¿A Colombi le debemos el pago de los sueldos en tiempo y “forma” a la Administración Pública? Si. ¿Cierta paz social? Si. ¿Altos niveles de gobernabilidad? Si. Después podemos preguntar, entre la misma clase política, cómo logró todo eso: si por las buenas, persuadiendo, o a los empujones.

Lo que está visto -más allá de todo- es que ya no alcanza. Y que las líneas de acción trazadas por Valdés implican atender el Estado con otras herramientas y desde otros paradigmas.

El primero de ellos es hacerse cargo de los problemas: Valdés ya lo hizo: los enunció a todos y cada uno ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo, después de un negacionismo de más de tres lustros. A Eduardo Tassano todavía lo estamos esperando, no porque necesitemos esperarlo, sino para demandar que cumpla lo que prometió en campaña: que la alineación Nación-Provincia-Municipio sería nuestra “salvación”.

Si fuera por Colombi, según dijo la semana pasada por Radio Sudamericana, la ausencia de gestión en la Capital -después de las inundaciones de promesas- es culpa de Fabián Ríos. El colmo del cinismo. Pero él tiene derecho a ese planteo. Como nosotros a no creerle.

Está visto: no importa que sigan comiendo a asados o que viajen juntos. Importa que el gobernador, que es Gustavo Valdés, tenga las condiciones prácticas e ideales para desarrollar su gobierno, y que después, en todo caso, pase a cobrar sus aciertos o a pagar por sus errores. La otra lógica, esa que implica que los aciertos son míos y los errores de los otros, y que imperó en Corrientes desde 2001, no nos ha traído a buen puerto.

 

Valdés: recuento de daños y proyección a largo plazo

Gustavo Valdés no habló de la herencia. No puede hacerlo por una larga lista de circunstancias políticas, que se sintetizan en una oración de ocho palabras: recibió el gobierno de su mentor, Ricardo Colombi. Pero sí hizo algo digno de esperanzas: reconoció cada uno de los problemas que estancaron a la provincia durante los últimos 20 años y que se negaron sistemáticamente en los últimos 16. El cambio tal vez empiece por ahí, y más allá de las expectativas que tenga cada uno, ese punto de partida predispone a la provincia a transitar el merecido, postergado y reclamado camino de la reconstrucción, del desarrollo, la modernización y la inclusión social.
Fueron esos, de hecho, los ejes del discurso con el que el Gobernador, ayer a la noche, dejó inaugurado el período ordinario de sesiones de la Legislatura.
Gustavo Valdés fue recibido después de las 19 en las remozadas instalaciones del Palacio de las Leyes (todavía con olor a pintura) y desde las 19.20 hasta las 20.27 recorrió las 24 páginas del cuadernillo de su discurso, el primero de su gobierno, plazo fijo en el que depositó el éxito o fracaso de su gestión. No sólo de este año. Porque fue un discurso largamente aspiracional, que no verá frutos en 365 días. No lo creería ni el más optimista. Pero sí marca un rumbo y metas. Veremos.

***

Para empezar, selló el carácter de esta etapa que comienza: “Corrientes somos todos”, dijo, e instituyó ese slogan como la identificación de su gestión, que tiene además la intención de una convocatoria amplia, abierta, que incluya principalmente a las mujeres y a los más vulnerables, y a los vecinos de todas las direcciones. Mencionó especialmente a la Capital. Un detalle, pero no tanto. Es una gran diferencia en relación a los últimos años llenos de diferencias entre el Gobierno y el principal distrito provincial. Hay más.
Este largo “todos” incluye “a los que están y a los que se fueron”, dijo Valdés. Incluye a los que se fueron porque no tenían razones para quedarse. Ni trabajo. Ni futuro. Hubo aplausos. Muchos.
Gustavo Adolfo Valdés reiteró los ejes de su gestión trazados en diciembre, cuando asumió: desarrollo, modernización e inclusión social. Habló de aumentar el producto bruto y mejorar la distribución de la riqueza. De más energía para las empresas. De empleos de calidad bien remunerados. Habló de la falta de energía, sí, y también de escasez de rutas, caminos rurales, de puentes para la producción.
De la necesidad de recursos humanos capacitados. De la salud de la gente y del ambiente. Del agua potable, de la necesidad de cloacas. De viviendas saneadas para prevenir enfermedades.
Definió la modernización conceptualizando por comparación: “El mundo está creando inteligencia artificial y nosotros todavía luchamos contra la deserción escolar”, dijo. Fue una daga. Muchos en la sala tragaron saliva. “Modernización no es comprar computadoras. Es cambiar nuestras cabezas y pensar de otra manera”, insistió.
La inclusión social y la lucha contra las desigualdades -reiteró- será uno de los pilares sobre los cuales descansará su gestión. El punto de partida es difícil, “pero asumimos el problema y nos proponemos tratar de solucionarlos”, prometió. Asumir el problema, otra gran diferencia con sus antecesores.
Su visión será humanista, adelantó, pero con bagaje doctrinario para marcar el rumbo del gobierno. Su inspiración: los héroes, desde San Martín para abajo, hasta los comprovincianos que todos los días “trabajan para hacer grande a Corrientes”.
Mencionó a Ricardo Colombi. No podía obviarlo. El ex gobernador miraba retraído desde su banca de senador. En ese momento Valdés habló de un legado. De paz social. De las inversiones. Del Banco de Corrientes saneado. De una provincia desendeudada. De equilibrio fiscal. De los jubilados. Del 82% móvil y de una directriz: “No vamos a transferir nuestra caja de jubilaciones a la Nación. Es de los correntinos y seguirá siendo de los correntinos”, bramó, y le respondieron con vítores.
Habló de una relación madura con los municipios, con todos ellos, sin que importe el partido político de cada administración. Si concreta ese anuncio en los hechos, el nuevo Gobernador habrá marcado otra diferencia con el pasado inmediato.
Habló de industrializar la madera y abrió la puerta, de par en par, a la radicación de una papelera. Mencionó incluso la posibilidad de construir viviendas con este material. Trabajo para los correntinos. “Porque si no lo hacemos nosotros, otros lo van a hacer, arrebatándonos los empleos que necesita nuestra gente”, argumentó.
Mencionó la ganadería y su exportación. El arroz. Los cítricos, la horticultura, la yerba, el té, la miel. Pidió crecer y mejorar.
Se extendió hablando de turismo, del Iberá, de la expansión del aeropuerto Piragine Niveyro y del traspaso a la jurisdicción provincial de otras cinco pistas. Pidió articular conocimiento con los reservorios como la Universidad del Nordeste. Ponderó el conocimiento.
Habló de energías renovables, de represas, y apostó por Garabí. Se detuvo luego en Yacyretá y Garabí: “Corrientes merece una reparación histórica en materia energética y la estamos reclamando. Tenemos derecho a exigir las obras que no se hicieron durante décadas. Porque sí se hicieron en Misiones y se discriminó a Corrientes”, remarcó. Aplausos.
Valdés dijo que concibe su gestión asumiendo desde el Estado el impulso para el desarrollo, la regulación de la vida pública y la generación de oportunidades. “Creemos en la gestión colaborativa y horizontal. No queremos compartimentos estancos”, dijo, y luego remató: “Hacer una gran obra necesita planificación, recursos, gestión, interacción con la sociedad. Eso no lo hace un ministerio, lo hace un gobierno”.
Fue un claro mensaje, pero para la interna del gabinete. Mensaje para quienes usan los recursos del Estado para hacer marketing personal. En fin. Siguió.

Habló de obras. De equipamiento para municipios. De un plan de transporte y de otro para el tratamiento de residuos. De atacar las adicciones.
Pidió la Ley de Educación y el Código Procesal Penal.
Habló de viviendas. De regulación dominial. De un banco de tierras. Del Fondo de Desarrollo Rural. Del plan hídrico. De los productos hechos en Corrientes. De salarios. De la violencia de género. De la seguridad. Del narcotráfico. De la educación. De salud. De cultura.
Habló de la pobreza. De la mortalidad infantil. “Nuestro desafío para los próximos 4 años es bajar la mortalidad infantil a un dígito”, dijo, y le respondieron con aplausos. Hoy Corrientes es la segunda peor en este punto, después de Formosa. Durante el colombismo fue la peor de todo el país.

***

Una hora y siete minutos después de empezar, el gobernador Gustavo Valdés terminó su discurso. Pidió el acompañamiento de todos, “para cumplir nuestro destino”, según dijo.
Hay un punto de partida. Parece claro. Parece estar encaminado a dar respuestas a un orden de prioridades urgentes para el despegue provincial. Ojalá no muera antes de nacer por problemas políticos internos. O por mezquindades externas. Ojalá la oposición asuma responsablemente su rol. Que controle, al igual que la Justicia. Hay un millón cien mil correntinos, según Valdés, que estarán mirando. En una mano sostendrán los premios y en la otra los castigos.

Nación, Provincia ¿y Municipio?

Y¿Arranca o no arranca? No se trata de una publicidad de bujías: se trata de la marcha institucional de la Municipalidad de Corrientes. ¿Comenzó en diciembre o sigue en los prolegómenos? Es una pregunta que surge no sólo de un requerimiento periodístico ante tanta quietud, sino de una sensación de vacío que tiende a generalizarse entre los propios vecinos.
Tal vez haya un problema de base. Las elecciones comunales del 4 de junio de 2017 que catapultaron al doctor Eduardo Tassano, ocurrieron demasiado tiempo antes del traspaso de mando que se concretó el 10 de diciembre. En el medio habría de realizarse, además, la otra gran elección: la que consagró a Gustavo Valdés como sucesor de Ricardo Colombi.
Ante tal circunstancia, Tassano no tuvo opciones. Comenzó y terminó el 2017 haciendo campaña. Prometía y prometía, porque corría desde atrás en todas las encuestas.
Mientras prometía, un dilatado temporal de lluvia inundó gran parte de la provincia y casi que ahoga a la Capital. Le vino como anillo al dedo: aprovechó cada milímetro de agua caída para machacar sobre supuestas falencias de la gestión de Fabián Ríos, que luchaba por seguir.
El agua fue una bendición para Tassano. O su cruz. Porque ganó las elecciones, pero ese éxito debía pagarse inmediatamente con cuotas altísimas de participación en la campaña de Valdés. Había que poner su imagen y prestigio al servicio de la madre de las batallas. ¿Cómo lo hizo? Siguió prometiendo.
Ganó Valdés. Asumieron ambos. Y cansados de repetir las bondades de la alineación Nación-Provincia-Municipios, fueron puestos a la tarea de gobernar.
La Nación parece muy interesada en la provincia. Desde Mauricio Macri para abajo, siguen viendo a Corrientes como un atajo para el proyecto reeleccionista del Presidente. Con poco se puede mostrar mucho, y ello sustenta las palabras del líder de Cambiemos: la del Taragüí como uno de los motores del desarrollo regional.
El Gobierno provincial también se muestra encaminado en ese sentido. Desde Gustavo Valdés para abajo, hablan de proyectos concretos, de obras. Muchas de ellas se harán en Capital, lo que constituye un cambio sustancial en relación con los 16 años de colombismo. Se proyecta sobre la ciudad para recuperarla, embellecerla y ampliarla.
La única administración de la tríada política ideal que no entra en eje es la Municipalidad de Corrientes. Como que no encuentra su lugar.
Después de tantas promesas, Tassano o los suyos parecen paralizados, desbordados. Y en vez de empezar por las respuestas, empezaron por ensayar excusas, tocando fibras sensibles como el trabajo y el salario resultante.
En el amanecer de la gestión ya hubo problemas con los empleados. Se denunciaron casos de maltrato y abuso de autoridad, inconvenientes con la obra social y un escenario incierto para un gran número de trabajadores que temen posibles cesantías.
A muchos se les cortaron los recesos. Se le cuestionaron los uniformes que venían de la época anterior. En paralelo se realizó un censo. Control, control y más control. ¿Está mal? Quizás no. ¿Sirvió para algo todo ese desgaste? Todavía está por verse. En la Comuna dicen que sí, que sirvió, y señalan una larga lista de bondades.
“Hay que conocer el personal para mejorar las prestaciones”, sostiene el Intendente. Tiene razón. Pero en el medio ocurrió lo de los maltratos.
Fueron especialmente hostigados algunos empleados identificados con la gestión anterior: se los acusa de no trabajar. De ñoquis. Pero a la vez, hubo un festival de nombramientos de entrecasa. Nepotismo, que le dicen.
Se prometió un plus. Se prometió ampliarlo. Pero ya se le bajó el pulgar a la “dádiva”.
Tassano prometió un plus desdoblado de mil pesos en dos cuotas de 500: se pagó en enero y febrero. Pero ahora su exégeta comunicacional, “Cuqui” Calvano, descartó toda posibilidad de seguir pagándolo durante el año, como se había deslizado en las campañas. “No está prevista la posibilidad de prolongar el plus durante el año; no es algo que tengamos en consideración”, dijo. Punto.
Sigue “Cuqui”: “Tenemos una situación financiera complicada. Hay un déficit importante y con eso es muy difícil”, dijo hace unos días por radio.
Es la cantinela que viene desde la campaña electoral, que se intensificó durante la transición y que ahora, desde diciembre a esta parte, parece ser la tabla de salvación de una gestión en ciernes: culpar al otro, defenestrar el pasado, quejarse de la falta de recursos y en el mismo acto, esconder la quietud, cierta desidia y el déficit de servicios. 

***

Puede que no haya recursos. Puede que Ríos haya desfalcado: pues entonces que lo denuncien en la Justicia, no en los medios.
Pero, ¿no era que la alineación se constituiría en la solución a todos los problemas de postergación de Corrientes? ¿Qué hace tanto tiempo Tassano en Buenos Aires, en todo caso? ¿No le hacen caso? ¿No le dan respuestas? ¿Qué es lo que gestiona? Por ahora, sólo se lo ve de claque.

***

Despejados los primeros nubarrones con los trabajadores, llegó la primera tormenta fuerte, una tormenta de verdad que puso a prueba “la gran promesa”. La ciudad volvió a anegarse, con lo que quedó al desnudo el punto que sustentó toda la campaña de ECO+Cambiemos en Capital: el plan hídrico.
Mientras llovía y se inundaba, para ir a lo primero, la Municipalidad tardó una eternidad en dar respuestas. Y lo hizo después con ayuda de la Provincia. No está mal, pero hay quien dice, cerca de Valdés, que el gobernador tuvo que zamarrear a más de uno para que despabilen y salgan a ayudar.
Tras cartón, Nación y Provincia, hace unos pocos días, hablaron del plan hídrico. Del plan provincial que está en ejecución, y del plan local que están en veremos.
El ministro Jorge Vara, después de intercambiar con tonos adustos con el ingeniero Luis Tassano, subsecretario de Obras Hídricas de la Municipalidad, corrió el velo al asunto: el plan hídrico municipal todavía está en etapa de diseño. “Estamos concluyendo el proyecto”, dijo ante el intendente Tassano, ante el gobernador Valdés y ante el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña. Tras eso,  el jefe comunal se llamó a silencio.
¿Qué fue entonces lo que presentó el médico cardiólogo en campaña? Una promesa.

***

Planificar la ciudad, o trabajar en grandes obras -sería necio no admitirlo-, no se logra de un día para el otro. Tampoco podría hacerlo sólo la Municipalidad: eso lo sabe cualquiera. Cualquiera. Por eso siempre es conveniente medir las palabras en la campaña.
Tassano hizo caso omiso, o lo que pudo. Y operó en campaña regido por el teorema favorito de Colombi. El teorema de Baglini, que dice: “El grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”.
Quizás prometió más de la cuenta. Quizás estuvo obligado. Quizás pensó que no llegaría. Pero hace rato que está en el gobierno, y da la sensación, sólo mirando la agenda de la semana que acaba de terminar, que las gestiones y obras que están sosteniendo a Tassano son las que el Gobierno está diseñando y ejecutando en Capital.
¿Y eso qué tiene de malo? A priori nada, pero revela que de la tríada electoral exitosa, Nación y Provincia están en plan de trabajo; y que la Comuna es por ahora sólo una circunstancia geográfica de proyectos políticos mucho más grandes.
Los vecinos, muchos de ellos, ya empezaron a hacer notar sus quejas.
Quizás llegó el momento de que el intendente empiece a trabajar de verdad en su gestión. Que entienda que en Buenos Aires no están todas las respuestas. Eso es lo que advierten incluso sus socios políticos, que no tendrán mayores problemas en dejar de serlo si es que lo que trama cerca de Balcarce 50 es algo más que una obra o servicio.

***

-¿Y? ¿Arranca o no arranca? -pregunta el locutor.
-Siempre arranca -se responde.
Ojalá que éste también sea el caso.

¿Comenzó el gobierno de Valdés?

 

Cómo deberá medirse el éxito de la gestión de Gustavo Valdés? ¿Sólo con prudencia administrativa, con orden interno, paz social, gobernabilidad y anuncios, como hasta ahora? ¿Contando la cantidad de visitas de funcionarios nacionales, incluido las del Presidente, que se han convertido casi en una olimpiada en la época de Ricardo Colombi?.
¿Se lo medirá por sus gestos y actitudes, que vienen dando señales de cambio en sólo dos meses de mando, o se lo medirá por concreciones, que aún no aparecen, y que son en todo el mundo las variables más aceptadas de aptitud, eficiencia y crecimiento colectivo?
A juzgar por lo que dice el Gobernador, sería por esto último.
Por ahora son como bosquejos. Son planes. Esquemas. Proyectos. Ideas sueltas con pretensión de materialidad, pero nada más. Dejan ver, eso sí, una especie de horizonte, un objetivo, una meta más allá de la permanencia en el poder, que también talla en el amasijo.
Valdés habla de la autovía urbana de la Capital, que debería empezar a ejecutarse el mes próximo. Habla de poder continuarla: de la circunvalación Capital, para que la autovía sea efectivamente urbana y la Ruta 12, desde Riachuelo a Perichón, o más adelante, tenga una senda alternativa que descomprima la carga vehicular diaria que circula por la zona.
Habla de una autovía segura, hasta Empedrado o Saladas, y desde Capital, al Norte, hasta por lo menos Paso de la Patria, o Itatí.
Habla de un segundo puerto nuevo, en la zona de El Sombrero. De reacondicionar el puerto de Capital e incluso echar mano a la escuela de formación de mecánicos, técnicos y navegantes.
De habilitar lo antes posible el puerto de Itá Ibate.
Habla, por supuesto, del segundo puente, que está en vías de licitación. Con plazos increíbles, no porque no sean los plazos, sino por los aplazos consuetudinarios que sufrió esta obra largamente anhelada por los correntinos y chaqueños.
Valdés habla de una Capital mimetizada con las ciudades que la circundan. De iluminación de rutas. De caminos seguros. De transporte integrado.
Habla de extender la avenida Independencia hasta la zona del barrio Laguna Brava.
Habla de recuperar la Terminal de Ómnibus, reacondicionando el lugar que hoy ocupa, generando un nuevo ingreso por donde antes pasaba el tren. Se aferra al lugar, pese a que alguno de sus ministros sugirió reubicarla a Santa Catalina o donde hoy funciona el Mercado Central, en cercanías de la rotonda.
Habla de un aeropuerto, de defensas y obras costaneras en Ituzaingó y Apipé, y de otros aportes que debería derramarse de la Entidad Binacional Yacyretá.
Habla de la recuperación de puentes y rutas, de la construcción de rutas nuevas. De los planes de saneamiento y del plan hídrico: el provincial que recitó con solvencia el viernes el ministro de Producción, Jorge Vara, y el de la ciudad, que está en proceso, pero que, al parecer, será posible gracias a varios-muchos aportes técnicos y económicos del Gobierno provincial.
Según Vara, y respecto al plan hídrico de Capital, “estamos concluyendo el proyecto”.
– “Si bien hay medidas que se han tomado en consonancia con el mismo, es muy grande la intervención que se requiere y los mecanismos son variados. De todos modos, lo más claro es que tenemos que mejorar los ductos de desagüe, porque la Capital tiene las condiciones naturales para que escurra hacia el río Paraná. Es decir: tenemos que trabajar en los conductos de escurrimiento. Es un trabajo costoso y muy importante, por lo que vamos a necesitar un periodo de tiempo para definir en su totalidad el proyecto”.
Hay allí una novedad, porque el viernes, justamente, durante la visita del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que se publicitó como para anunciar el plan hídrico de la ciudad, la cosa cambió en el aire. Se habló del plan hídrico, pero provincial. Un plan que ya fue anunciado y que ya está en obra, en muchos de sus puntos.
Se mencionó el plan de la ciudad, que, en palabras de Vara, aún está en evaluación.
Queda claro no obstante que la provincia se hizo cargo del combo, y para colmo, el intendente Eduardo Tassano guardó silencio. ¿Qué pasó allí? La pregunta es tan inquietante como otra, aunque menos grave, que tiene que ver con Peña:
¿A qué vino el Jefe de Gabinete? Más aún: ¿A qué vino Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios?
Lombardi ni habló. Y Peña, primero en conferencia y después, tras un recorrido que hizo por el Instituto de Cardiología, no repitió más que las frases de la campaña: adelante, juntos, cambio, codo a codo, trabajo en equipo, Nación-Provincia-Municipio.
Es verdad que hubo una reunión en casa de Gobierno y también un almuerzo en un hotel boutique de la ciudad. Casi seguro que allí está respuesta de la visita del Jefe de Gabinete. Casi seguro que existe una razón lo suficientemente importante como para mover una nave de la flota oficial para un paseo de 4 o 5 horas por Corrientes.
Casi seguro que en esos encuentros están las claves de lo que vendrá: el viaje del gobernador Valdés con el presidente Mauricio Macri a México, la visita de Valdés a la asamblea legislativa nacional que hará variar el protocolo provincial, después de muchos años. Y tal vez los anuncios que se harán el 1 de marzo ante la propia asamblea, cuando tenga que trazar el plan de acción anual del Gobierno de Corrientes que, después de 16 años, no será el plan de Ricardo Colombi.
¿Por qué no sería el plan de Colombi? Porque no lo es.
Un solo detalle confirma el perfil de este segmento de obras que pretende poner en marcha y eventualmente inaugurar Valdés: la mayoría involucran a la Capital, departamento sistemáticamente postergado por el ex gobernador.
Pero más allá de ello, otro asunto sustenta el modelo Valdés: muchas de las obras, planes y financiamiento que pretende lograr el Gobierno para poder anudar sus objetivos devienen de un posicionamiento distinto en relación con Yacyretá. Es el gran perfil esbozado por el Gobernador: hacer que la Entidad Binacional corresponda a Corrientes como no lo hizo todo este tiempo, por distintas razones. La mayoría de ellas políticas.
Según altas fuentes de Casa de Gobierno, ya hay algunos avances en cuanto al reclamo que hizo Valdés cuando asumió: conseguir dividendos, en especie y en efectivo, en concepto de regalías. Se trata, en rigor, de una vía de financiamiento genuina que, de conseguirse, constituiría una línea alternativa a la histórica: esa que incluye ir a postrarse ante el mandamás de turno sin que importen razones ni derechos.

Juró Valdés y después de 16 años en Corrientes ya no gobierna un Colombi

Desde que llegó a la Legislatura, hasta que saludó a los presentes con la banda puesta, ya en el patio de la Casa de Gobierno, pasaron exactamente 90 minutos. Intensa hora y media que sirvió para que la provincia de Corrientes viera, después de 16 años, la jura y asunción de un gobernador que ya no lleva el apellido Colombi.
Ocurrió ayer, a las 19.15: Gustavo Adolfo Valdés, a sus 49 años recién cumplidos el 15 de octubre pasado, se convirtió en el gobernador constitucional propietario número 59 desde que Corrientes se ordenó institucionalmente, en 1821. Juró por Dios, la Patria y sobre los Santos Evangelios, desempeñar fielmente el cargo que le otorgó poco más del 54% de los correntinos en las elecciones del 8 de octubre, cumpliendo y haciendo cumplir, según dijo, las constituciones de la Nación y de la Provincia.
La jura fue corta. Al punto de que el protocolo obvió la parte que hoy tiene tanto valor y vigencia. La que dice que, “si así no lo hiciera”, Dios y la Patria se convertirán ya no en testigos, sino en demandantes.

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Traje azul oscuro, camisa blanca y corbata morada, finamente tejida. Lentes de lectura. Cumplidos los pasos previos y consumada también la jura del primer vicegobernador reelecto de Corrientes, Gustavo Jesús Adolfo Canteros, Valdés encaró con énfasis las 10 páginas generosamente espaciadas que contenían su discurso.
Primero habló de Colombi: de Horacio Ricardo, su mentor, a quien atribuyó la paz social, el orden institucional y la creación de las condiciones de despegue en las que recibe la provincia. Según Valdés, Ricardo Colombi debe descansar tranquilo, con la certeza del deber cumplido.
-Muchas gracias -le dijo, y arrancó la primera gran ovación del auditorio.
Después entró de lleno a desarrollar los ejes en los que reposará su gestión: un ataque frontal contra la pobreza; y dos procesos centrales: uno para conseguir la modernización y otro para lograr el desarrollo, del Estado y de la provincia toda.
-Somos pobres, pero a la vez ricos -graficó en varias ocasiones, y luego aclaró.
-Es que somos ricos despojados.
En esa línea, puso su mirada sobre Yacyretá, entidad generadora de energía que es la mayor de su tipo en el país, enclavada en Corrientes, provincia que paradójicamente tiene una energía deficiente y cara, y recibe poco menos que una migaja después de poner al menos la mitad de sus recursos naturales en la generación del 15% de la electricidad total que produce Argentina.

A las 19.15 de ayer, Gustavo Valdés, a sus 49 años, se convirtió en el gobernador propietario número 59 de Corrientes, desde 1821.

Habló también de la potencialidad de la madera y del turismo. Acto seguido pidió colaboración e inversión a las empresas. Y apoyo y comprensión a la Nación, destinatario obligado de varios de sus reclamos.
-Esperamos 12 años. A esta oportunidad no la vamos a dejar pasar -agregó, y el auditorio volvió a estallar.
(Los opositores se miraron de reojo, aturdidos por lo que acababan de escuchar. Pero no era eso. Se refería al kirchnerismo).
Valdés hizo además una convocatoria amplia, a los intendentes y legisladores, a los hombres más experimentados en el manejo de la cosa pública, pero también a los jóvenes y a las mujeres. A todos, dijo, “los invito al futuro”.
Fueron apenas 17 minutos de discurso. Apenas 17 minutos, pero esperanzadores. Porque ya no hay excusas. Porque las condiciones políticas están idealmente dadas, como pidieron en campaña, para empezar el despegue.

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Exactamente a las 20, según consta en el acta redactada por la escribana mayor de Gobierno, María Cristina Vallejos Gil de Lotero, Horacio Ricardo Colombi repitió un acto que ya cumplió en 2005. Entregó la banda y el bastón de mando. Aquella vez a su primo Arturo Alejandro, ahora a Gustavo Adolfo.
A juzgar por lo sucedido, aquella no fue una buena experiencia. A esta hay que darle tiempo. Tiempo… Tiempo que ya se tomó Colombi, como muestra, para ceder el atributo.
Traicionado tal vez por sus fantasmas, el gobernador saliente tuvo que ser asistido para colocarle la banda a su sucesor. Necesitó una sucesión interminable de instantes. No encontraba el modo, hasta que su esposa, Estela Barattini, solucionó el entrevero.
Un abrazo y la posterior firma del acta oficial coronaron un acto formal lleno de nerviosismo. Tantos, que hasta hicieron confundir al experimentado locutor de Gobierno, Roque Espíndola, quien llamó a Gustavo Canteros a calzarse los atributos del gobernador. Las caras se brotaron de un rojo intenso. Es que los suelos de la política correntina guardan muchas semillas de encono, envidias y traiciones, y aún en épocas de tranquilidad, cualquier escupitajo pueden volverlos fértiles.
Espíndola corrigió. Llamó a Valdés, y las carcajadas descomprimieron el aire. Los fuegos artificiales, peligrosamente lanzados desde los techos del palacio de Salta y 25 de Mayo, trocaron la tensión en festejo.

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Valdés y Canteros, que minutos antes se convirtieron en las nuevas máximas autoridades de la provincia, dieron pasos adelante y saludaron a los familiares, amigos, funcionarios y ciudadanos que colmaron el patio de la Casa de Gobierno para seguir el traspaso. De fondo, el jingle del Gobierno: “Vamos para adelante”, decía despacito el coro grabado que daría paso a las palabras del gobernador saliente.
Ricardo Colombi habló para despedirse, como no pudo su primo en 2005. Las circunstancias políticas-familiares de entonces no lo permitían.
De eso habló el mercedeño. Con los ojos un tanto llorosos, no se sabe si por el momento que le tocaba vivir o por el problema que viene acarreando después de su operación, Horacio Ricardo recordó los momentos difíciles que tuvo que atravesar. Dijo no obstante que cree en la democracia, y que justamente la democracia correntina está a salvo, después de tantos años, tantas intervenciones federales. Es verdad: Corrientes no estaba acostumbrada, hasta antes de los Colombi, a un período tan largo de normalidad institucional.
-Nos costó mucho -dijo, y luego se dirigió a Gustavo Valdés, quién según dijo, va a saber llevar como corresponde el Gobierno, con la ayuda de todos y de la Nación.
-Se vienen tiempos mejores -auguró. -Su gestión va a ser mucho mejor.
Después bajó la guardia. Dijo que hay dolores y sonrisas, que así es la política, pero que él tiene fortaleza anímica y a la familia de sostén.

Traicionado tal vez por sus fantasmas, el gobernador saliente tuvo que ser asistido para colocarle la banda a su sucesor.

Para cerrar deseó suerte a Valdés y Canteros. “A los Gustavo. A los Gustavo al cuadrado”, bromeó.
-No bajen los brazos y cuenten con nosotros -dijo para cerrar, y de paso para ralentizar el retiro.

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Ya sobre el final, sin discurso, pero con unos apuntes, el flamante gobernador 59 hizo una serie de agradecimientos. “Desde el corazón”, alcanzó a decir: “A mi esposa e hijos, a mis padres y hermanos, a Ricardo Colombi, a Estela, su esposa, y a sus hijos; a la UCR, a ECO+Cambiemos; al presidente Mauricio Macri, a los que votaron por mí y a los otros, a la ciudadanía”.
Ratificó, como el presidente, que su gestión centrará su esfuerzo en atacar la pobreza. A erradicarla.
-Sí tenemos pobreza y tenemos que trabajar el doble para combatirla -dijo, y eso mismo constituye un hecho esperanzador, porque lo que hizo Valdés en ese acto fue el reconocimiento público-oficial de una situación muchas veces negada pública y oficialmente.
-Asumimos el compromiso de erradicar la pobreza y acompañar a los desposeídos -añadió después, para insistir en los reclamos que desde ahora en más deberá escuchar Buenos Aires.
-Este es el equipo. Los invito a sumarse: al equipo del millón de correntinos, arengó, y se dispuso a escuchar aplausos y recibir saludos.
Mientras todo esto sucedía, Ricardo Colombi miraba lejos. A veces el piso y muchas veces el cielo. Hasta que fue invitado a retirarse.