Cooperar para vivir

Para el diario El Litoral
Si es verdad que en estos largos días de cuarentena aprendimos que “nadie se salva solo”, entonces hemos aprendido también que la cooperación humana es la tecnología mejor acabada para ponernos de nuevo de cara al sol, cuando todo pase.
Ejemplos a lo largo y ancho del planeta confirman el diagnóstico vuelto sentencia. Y la buena noticia, para hacer frente a los escépticos, es que la cooperación también resultó en Argentina, con efectos que están a la vista.
La cooperación entre los tres niveles de Estado en el Area Metropolitana de Buenos Aires no sólo dio resultados en términos sanitarios (más allá del desfase de los últimos días en los barrios hacinados y marginales ubicados en la porción de tierra más rica del país) sino que también aportó un sedante de magnitud insospechada para la grieta política, repeliendo incluso el intento de quienes, fuera del reparto de la consideración ciudadana, intentan a toda hora y por cualquier orificio sembrar un poco de cizaña para envenenar la magra cosecha de estos días.
La cooperación que dio resultados en todo el mundo, dio también sus frutos en Argentina. ¿Eso molesta? ¿A quién? ¿Por qué?
Atravesamos como humanidad -no ya como nación, o como naciones- una situación crítica por pandemia. Es cierto que sus efectos no encuentran parangón en la historia mediana del globo, pero las bases de lo bien hecho se volverán sólidas si sabemos aprovecharlas.

 

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La cooperación del Estado con los científicos, médicos, infectólogos, fue el primer modelo en el que nos pusimos de acuerdo como sociedad. Nadie, o pocas personas a estas alturas, dudan de la importancia que tuvo para el manejo de la pandemia que el gobierno de Alberto Fernández se respalde en la ciencia, en sus expertos, en los estudiosos que dedican sus vidas al diseño de políticas y estrategias sanitarias.
La cooperación del Estado con los científicos y los CEO (de muchas empresas nacionales) hizo que la Argentina pueda desarrollar tecnología y aparatología médica, además de insumos y reactivos que nos permitirán estar mejor preparados si es que el coronavirus decide golpearnos todavía más de lo que lo ha hecho hasta el momento.
El Estado, las empresas, el conocimiento industrial y la mano de obra calificada, que procede -por ejemplo- de las universidades, como la de los estudiantes de la Universidad del Nordeste, permitieron, por decir algo, el ensamble de respiradores mecánicos para asistir al hospital de campaña de Corrientes, pero también, a futuro, a los institutos u hospitales que lo requieran.
La cooperación del Estado con los empresarios, en el plano de los productos y servicios, hizo posible muchas otras inversiones necesarias, pero al mismo tiempo mostró los agujeros que eran invisibles en el trajinar cotidiano de la vieja normalidad.
Se trata del conocimiento, más que nunca, en la era del conocimiento. Pero en este caso, se trata del saber al servicio de las políticas públicas implementadas bajo el régimen de la evidencia y no bajo el yugo de los caprichos personales, lo que supone un antes y un después, de mínima, en la toma de decisiones de Estado. Y de muchas empresas.

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Por supuesto que hay desafíos, falencias. Hay carencias estructurales. Hay dudas. Por supuesto que hay algunos desconfiados que azuzan con denuncias, y sus razones tendrán. Nunca fue fácil la cosa, nunca del todo transparente. Y nada hace suponer que de repente lo será, en medio de una pandemia, cuando el Estado, a través del gobierno, muchas veces coquetea con la fuerza absoluta que surge de la excepción. Cuando más bien se reviste de poderes que lo alejan del deber ser de la rendición de cuentas. Pasa aquí como en las sociedades más avanzadas. No es un consuelo, pero pasa.
No obstante, habrá un “antes y después”, previenen hasta el cansancio médicos, psiquiatras y analistas, docentes, gremialistas, economistas y políticos de toda caladura.
Ojalá el después, en todo caso, sea un poco mejor que el antes. Que muchas de las acciones apuradas por el coronavirus se queden para contener otros problemas que nos aquejan. Que las campañas sanitarias sirvan, por ejemplo, para atacar al dengue, que es otro de los males que nos zumban en clave de epidemia desde hace bastante tiempo.
Habrá un antes y un después -dicen a coro los expertos- en cuanto a la forma de vida, a la forma de manifestar los afectos, a la forma de realizar los trabajos, muchos de los cuales no tendrán más remedio que adaptarse. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre abril y junio se perderán 195 millones de empleos en el mundo. Los sectores más afectados con pérdidas de mano de obra son el hotelero, el de producción de alimentos, el gastronómico, el inmobiliario, las actividades administrativas, las fábricas y los servicios de reparación, los comercios, el área de los negocios y el sector artístico.
Otra mala noticia, publicada ayer por Daniel Santa Cruz en La Nación: la Argentina reúne el 41% de sus empleos dentro de este grupo de riesgo, de acuerdo al mismo informe de la OIT.

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Habrá un antes y un después en la forma de educar.
La educación, tal vez como ninguno de los otros estamentos, pone al desnudo las asimetrías y brechas, tecnológicas y de aprendizaje. He allí un enorme desafío.
El cambio de mentalidad asociado al cambio de ritmo en el paso de lo analógico y semianalógico a lo digital, por influjo de una crisis sanitaria, insufló la transformación digital, el teletrabajo, la inteligencia artificial. Dispersó la productividad, pero al mismo tiempo dejó más pobres a los pobres y más excluidos a los que ya lo estaban.
La brecha digital es mucho más que eso en provincias y regiones como las que habitamos nosotros. Es eso, pero sobre todo es la pobreza, la falta de trabajo, de viviendas dignas, de infraestructura básica.
Semejante brecha en semejante zona acentúa todavía más las diferencias. Las familias, incluso las que tienen algún recurso tecnológico, sucumbieron ante la cuarentena, que también es asimétrica. En todo caso no hay una sola cuarentena. Las hay a distinto precio.
Las familias sucumbieron ante la falta de aparatos y de servicios de internet y energía suficientes para atender las demandas de todos los miembros del núcleo en el mismo momento, que por trabajo o por estudio, intentan de ese modo hacer sus propios esfuerzos para vincularse con un afuera que cada vez queda más lejos. Ya en una familia tipo se manifestaron esos problemas, y las familias tipo, está claro, son mucho más numerosas en las provincias del Norte. No hay espacio para todos en el mismo momento, y así es difícil pensar, aprender. Avanzar.
Las otras familias, en las que la realidad virtual está lejos de ser siquiera una realidad, volvieron a ser castigadas, ahora en simultáneo por la brecha tecnológica, educativa, por la pandemia y por la economía que se paró como protección ante el virus. El combo es demasiado dañino.
En cuadros como esos es donde anidan los militantes anticuarentena que se mueven por el parámetro único de la economía. Son los que denunció hace unos días el doctor Pedro Cahn, director de la Fundación Huésped y uno de los integrantes del comité de expertos que asesora al Gobierno. “Odio la cuarentena, no la amo. Pero más odio a la morbilidad y mortalidad”, lanzó. Pidió, en todo caso, “que alguien me explique cuál es la alternativa”.
Es muy complejo todo, pero al mismo tiempo esperanzador.
Si la crisis del coronavirus logró sacar -en parte al menos- lo mejor de nosotros, en aspectos cooperativos de proyección positiva, sería bueno que esa voluntad sobreviva cuando acabe la amenaza.
Hasta aquí vimos los efectos multiplicadores de la cooperación como artefacto tecnológico para el avance humano. El coraje de los trabajadores de la salud, el espíritu de solidaridad y compasión de muchos voluntarios y voluntarias, su disposición a ir más allá de sí mismos para colaborar en el bien de todos. También vimos experiencias demoledoras que forzaron a muchos ciudadanos a poner de manifiesto lo peor que llevan dentro: sus miedos, broncas, odios. Afloraron las “conductas regresivas” y muchos se pusieron como niños, como dijo la doctora Nadia Vaschuk Semper en la entrevista #ELP de la semana pasada.
Pero “algo se aprende en medio de las plagas”, nos dijo Camus en “La peste”: “Que hay en los hombres (y mujeres) más cosas dignas de admiración que de desprecio”. Ojalá sea una mayoría la que pueda quedarse con esta mirada.

Coronavirus: aislaron a 56 profesionales de dos hospitales correntinos por sospecha de Covid-19

Publicado en La Nación

Corrientes.- Un total de 56 personas, entre las que se cuentan médicos, otros profesionales de la salud y personal auxiliar que presta servicios en dos importantes centros asistenciales de Corrientes, debieron ser aislados hoy por sospechas de coronavirus. La dirección de ambas instituciones espera los resultados de los laboratorios, que pueden estar a última hora de este mismo viernes, pero en paralelo ya dispuso que el personal fuera aislado, una parte en un hotel céntrico de la capital correntina y la otra en sus respectivos domicilios.

El protocolo se activó en la mañana de este viernes 1 de mayo luego de conocerse la noticia de que una beba sometida a una intervención quirúrgica en el Instituto de Cardiología de Corrientes diera positivo de la enfermedad en Eldorado, Misiones. La beba fue operada la semana pasada y dada de alta. A los 5 días hizo fiebre. Se le practicó un hisopado en el hospital de su localidad y dio positivo para coronavirus, lo que disparó el alerta sanitario en ambas provincias.

“Nosotros creemos que la beba misionera no se contagió en el Instituto de Cardiología. Hay razones para pensar eso, pero de todas maneras, para seguir con los protocolos, hemos aislado e hisopado a 37 personas que tuvieron contacto con ella”, dijo a LA NACION el doctor Julio Vallejos, director del Instituto de Cardiología, mientras esperaba los resultados de los análisis. “Nos pidieron tiempo, pero creo que podríamos tener hoy esos resultados”, añadió.

No obstante, todas las personas de allí deberán guardar aislamiento por 14 días, más allá de que el resultado del hisopado diera negativo.

El grupo de personas aisladas se divide en dos: el primer grupo es de 19 médicos, enfermeros y auxiliares del hospital Llano, que en la mañana de este viernes fueron aislados en el hotel San Martín de Corrientes capital. En ese grupo también se encuentra la directora del establecimiento, Silvia Bonasies, que tuvo contacto estrecho, como el resto de los trabajadores sanitarios y en particular con una médica que sí dio positivo, indicaron fuentes oficiales.

“Cada uno de los médicos fue hisopado, se esperan los resultados y se monitorea cada caso; ninguno tiene síntomas”, informaron fuentes cercanas a los médicos a los medios locales.

El segundo grupo aislado es el del Instituto de Cardiología. Son 37 personas, entre ellas, cinco médicos, enfermeras y enfermeros, técnicos, administrativos y personal de maestranza que tuvieron contacto con la beba misionera que fue diagnosticada hoy con Covid-19 y permanece en la localidad de Eldorado. Este grupo cumple el aislamiento en sus respectivos domicilios.

El gobierno de Corrientes espera resultados y determinar el nexo epidemiológico, pues en la jornada de hoy el gobierno de Misiones informó que la beba de 45 días de vida, que fue sometida a intervención quirúrgica cardiovascular, contrajo la enfermedad en Corrientes.

Sobre el estado de salud de la beba se sabe que “está bien, en una sala común, no en terapia intensiva, y de la operación está muy bien también”, según informó el doctor Vallejos.

Coronavirus: una larga noche sin sueño

“La pobre humanidad, loca de miedo, huía en todas direcciones al escuchar el galope de la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte”.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis
Vicente Blasco Ibáñez

 

Acaso el Mundo, hoy enfermo de coronavirus y amodorrado por una noche sin sueño cada vez más larga, ya demostró lo que algunos se resisten a aceptar todavía: que nadie se salva solo. Es verdad también, y cualquiera podría alegar que siempre pasó: que en todos los tiempos y circunstancias hubo quienes pensaron en la salvación como una mercancía de uso personal, tal vez familiar, incluso comarcal, pero no más que eso. Malas noticias: la peste de estos días viaja a caballo de esos que se creen impolutos o son simplemente irresponsables por su individualismo extremo.
Irresponsables como los administradores y diseñadores de la cadena de pagos de los bancos, que el viernes poco menos que tiraron por la borda el efecto positivo que venía teniendo la cuarentena en todo el territorio nacional, exponiendo a la población más vulnerable a la posibilidad de un contagio masivo y, quien sabe, tal vez a cosas peores.
Irresponsables los que cobran sueldos abultados para prever lo que en su mezquindad y ceguera no previeron. Imperdonable casi, porque saben -y no de ahora-, que la inmensa mayoría de los viejos, no sólo en Corrientes, pero sobre todo aquí, usa dinero físico para transaccionar, pues por razones distintas se mantienen alejados de las tarjetas y los cajeros automáticos. Así, la debilidad relativa de los adultos mayores creció el viernes. Y ahora habrá que esperar unos 15 días más para calibrar este mal cálculo administrativo-sindical-laboral en términos sanitarios.
Las filas en los bancos, aun de esa gente incluida en el sistema, expone nuestros problemas estructurales. Nos muestra la cara de la miseria: nuestra condición cuasi natural de carencia, de incultura general, la lejanía del firmamento virtual y también la vigencia del deporte nacional de culpar al que menos tiene de su necesidad.
Lo del viernes nos mostró además la sordidez de algunos funcionarios, flojos de boca, que olvidados de su propio devenir, creen poder calificar a las personas en función de su condición económica. Algunos treparon a la soberbia de la descalificación clasista, como quien cree que tener fortuna en Corrientes, Chaco, o incluso en las demás provincias pobres de la región toda, reviste de oro su miserabilidad y, por lo tanto, los exculpa.
También expuso la ruindad de ex funcionarios, que aun pesados por el lastre de la inoperancia que acumularon en sus épocas en la función pública, se creen ahora con entidad suficiente como para dar clases de política y, lo peor, de gestión comunitaria.
Los funcionarios deberían ponerse a trabajar mirando datos, evidencias, modos y procesos exitosos. Deberían pensar, por una vez, en alguien más que en ellos mismos. Y antes de decirse encima, mantener la calma, o al menos tratar repetir su existencia habitual, más reposada, quieta incluso, porque atravesamos un momento álgido de ánimos, como ocurre siempre cuando un pueblo se bate. De mínima, deberían no estorbar y dejar hacer. Pero al que sabe.
Habrá que recordar algo más: la guerra, si es que hay alguna, es contra un virus invisible. Es contra el coronavirus, no entre nosotros. No vale ahondar la crisis, por ejemplo, de la llamada guerra de los médicos, que en los últimos días escaló a una disputa interprovincial entre Chaco y Corrientes, en estrados judiciales, por el manejo de los criterios sanitarios que impone con urgencia la necesidad de controlar la propagación de la pandemia.
Están en juego la vida como valor supremo, la salud general y una serie larga de derechos, como el derecho al trabajo que muchos correntinos ejercen en el Chaco, entre otras cosas, porque allí son mejores las condiciones de sobrevida y desarrollo. Mejores incluso que en su propia tierra.
Nadie duda de las medidas preventivas adoptadas por el gobernador Gustavo Valdés. Nadie, de buena fe, puede desconfiar de su intención de guardián del bienestar general de la población que gobierna. Y esto, entre otras cosas, porque él más que nadie sabe de las deficiencias del sistema sanitario nacional y provincial. Nadie mejor que él sabe que un colapso sería casi una sentencia de muerte para mucha gente.
Lo que está en juego, en todo caso, es revisar el modelo de prevención. Y en eso está, según declaró en las últimas horas: “No hay ningún problema en que (los médicos) vayan a Chaco, pero cuando vienen a Corrientes deben permanecer aislados. No impedimos la circulación, solicitamos a los agentes de salud que en Corrientes permanezcan en su domicilio porque los casos positivos que tenemos de médicos que trabajan en el Chaco dispararon la cuarentena obligatoria de decenas de personas más por tener contacto directo”.
Con el Chaco, y sobre todo con Resistencia, el pueblo correntino tiene más cosas en común que el puente que vino a unir lo que el río separó desde los primeros días de la Creación. Discriminar, señalar e inculpar habla más de quien lo hace, de su inseguridad o de su ignorancia.
Los gobiernos ya lo entendieron. Primero Valdés y después el gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, cortaron por lo sano cualquier intento “separatista”. Consultado por El Litoral, en la conferencia online del viernes, Capitanich fue contundente: “No vamos a promover el conflicto con Corrientes, sino la unidad”. “El canal político siempre estuvo abierto con Corrientes, lo que pasa es que en cada jurisdicción se tomó una resolución distinta al decreto de necesidad y urgencia sobre las medidas preventivas del coronavirus, pero lejos de pretender un conflicto interjurisdiccional, queremos para los médicos oriundos de Corrientes el libre ejercicio del derecho y la libertad de trabajo”.
La guerra es contra el virus, no contra el otro. Los poderes constituidos deberían dar el ejemplo, lo mismo que las demás instituciones, públicas y privadas. Incluso el periodismo.
La pandemia, como su nombre lo indica, es un problema planetario, no de los chaqueños, más allá de la pericia o de la idea de pericia con la que uno cree que el Chaco está tratando su crisis, con más de cien casos positivos y siete muertos. Más allá, todavía, de la idea de trabajo conjunto que puedan tener Capitanich y el intendente de Resistencia, Gustavo Martínez, que al parecer se hablan menos que Carlos Vignolo y Arturo Colombi en aquellas épocas fratricidas del radicalismo vernáculo.
Nadie, sano de discernimiento, buscaría contraer una enfermedad que podría matarlo. Por lo tanto, una buena manera de pasar esta larga noche sería informarse para desterrar el miedo.
El pánico al pánico no ayuda. De nada sirve la exageración estigmatizante que viene acompañada de los peligros misteriosos, ligados más al sentido común medieval que al actual. Se podría, en todo caso, seguir las recomendaciones de los especialistas, empezando por la Organización Mundial de la Salud, como incluso hizo el Papa Francisco, y dejar para el fuero íntimo las cuestiones relacionadas con las creencias. Hay por lo menos 500 años de ciencia arbitrada y de cultura humana acumulada como para guardar, al menos por un rato, aquellos saberes extemporáneos, nacidos al contacto del peligro o de la ignorancia. O de la “infodemia”, esa práctica nacida a la sombra del coronavirus y que consiste en difundir noticias falsas o maliciosas sobre la peste para aumentar la angustia en las sociedades.
La pandemia demuestra nuestras falencias. Está claro. Pero también, si queremos, puede exponenciar la fraternidad que contagia al hombre el contacto con la muerte, como dice Blasco Ibáñez.
Tal vez sea hora de empezar a revisar la caladura de los cambios que nos dejará la pandemia, y actuar en consecuencia. Tal vez sea hora de echar mano a la audacia que infunden estas circunstancias extraordinarias para pensar estrategias conjuntas de mitigación, de solidaridad y empatía con los que menos tienen, con los más vulnerables; de intensificar la revisión de ciertas formas anquilosadas, por caso en la administración local. De revisar el tratamiento que reciben, por ejemplo, los médicos, pero también el resto de los trabajadores de los servicios esenciales que demuestran su imprescindibilidad en momentos de crisis. De amonestar la actitud de algunos empresarios, sobre todo de ciertos supermercadistas que amparados en la impunidad del dinero, en la lentitud de la burocracia o en la miopía del ojo estatal, sacan rédito en la remarcación de los productos que perfilan la necesidad.
Quizás sea hora de revisar, no solo el tamaño en el que se distribuye un cronograma de pagos, sino también aquello de particionar semanalmente el mendrugo que como salario reciben en su mayoría los trabajadores del Estado, aquí como en todas partes.
La pandemia cambió la cultura relacional entre las personas. Los gobiernos deberían tomar nota, porque están obligados a estar por delante de los problemas, no a perseguirlos.
Están obligados, por lo menos, a hacer realidad el retórico optimismo de sus partes oficiales.

La guerra del miedo: Corrientes y Chaco, enfrentadas en una inédita pelea política y judicial

Publicado en el diario La Nación

Si algo le faltaba a la ya dramática situación estructural que vive el Norte argentino, pocos hubieran imaginado que ese algo sería la escalada de una disputa interprovincial entre Chaco y Corrientes, en despachos políticos y estrados judiciales, por el manejo de los criterios sanitarios que impone la necesidad urgente de controlar la propagación de la pandemia de coronavirus .

Todo empezó el 24 de marzo, cuando el gobierno de Corrientes dispuso que un grupo de 39 profesionales de la salud debía someterse al aislamiento obligatorio por considerarlo “de alto riesgo”. Este aislamiento incluyó la imposibilidad de regresar a sus trabajos en la provincia del Chaco.
Ante tal situación, la Federación Médica del Chaco y la Asociación de Clínicas y Sanatorios elevaron un recurso cuestionado judicialmente el accionar del gobierno de Corrientes, por entender que la determinación de disponer el aislamiento social y obligatorio de los profesionales médicos con residencia en Corrientes -pero que prestan servicios en la vecina provincia del Chaco- lesiona sus derechos a transitar y trabajar.

En su presentación conjunta, las entidades privadas chaqueñas indicaron además que con la prohibición “se está arriesgando la salud de cientos de pacientes chaqueños” que se quedarían sin atención.

“Sin distinguir entre personal público y privado, la máxima autoridad ejecutiva de la República Argentina ha querido garantizar el acceso a la salud de todos nosotros como habitantes de un mismo suelo, considerando a este servicio como esencial y por ende una actividad exceptuada del cumplimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio”, indica un tramo del escrito firmado por el abogado José Sánchez, en representación de las entidades médicas.

Por esta razón, el domingo pasado, la jueza federal de Resistencia, Zunilda Niremperger , ordenó al gobierno de Corrientes que levante la medida restrictiva que había dictado, pero el cuerpo de asesores letrados del gobierno correntino interpuso otra medida que fue viabilizada este miércoles por el juez federal de Corrientes, Juan Carlos Vallejos , quién anuló lo resuelto por su par chaqueña.

Vallejos hizo lugar a la medida cautelar solicitada por el gobierno de Gustavo Valdés (UCR) y declaró “inoponible” el fallo de la justicia federal chaqueña. Acto seguido, “suspendió los efectos” de lo resuelto contra Estado de la Provincia de Corrientes y el comité de crisis Covid-19.

“Denegar la medida cautelar solicitada importaría hacer prevalecer indebidamente el interés particular de los amparistas sobre el interés general de la comunidad tanto en la provincia de Corrientes como en la provincia del Chaco, de evitar la propagación del virus Covid-19”, sostiene el magistrado.

La resolución del juez correntino repone el vigor del aislamiento de los médicos, alegando, sobre todo, cuestiones de competencia judicial, pero entendiendo también “el peligro” de demorar la cuestión, pues “implicaría un riesgo que no debe correrse, en relación con la pandemia y emergencia sanitaria decretada por la normativa federal y el avance de la circulación comunitaria del Covid-19, lo que demanda una respuesta estatal urgente, inmediata y sin demoras. Y la inmovilización del accionar del Estado correntino importaría la consumación de un perjuicio irreparable para la salud pública en la provincia de Corrientes”.

Esta situación, que afecta a los médicos y al resto del personal de la salud, todavía puede escalar a la Corte Suprema.

Pero además es una situación que afecta no sólo a estos trabajadores sino al resto de los actores del arco económico de la región, porque Chaco y Corrientes comparten mucho más que sus médicos. Por encima de la relación económica, la vida familiar, social y educativa (sólo por nombrar las más importantes) constituyen un solo entramado que ahora habrá que recomponer. Como la relación política entre las administraciones de ambos pueblos.

Los orígenes de esta pelea
Esta disputa tiene antecedentes inmediatos, todos surgidos en paralelo con la pandemia. Primero fueron algunos dardos verbales entre funcionarios de la Salud; después intervino el propio ministro de Salud de la Nación, Ginés González García , para frenar la discusión y correr de la escena los intereses políticos que empezaron a surgir en medio de la crisis. Se le atribuyó al Chaco cierto desmanejo en el tratamiento de la enfermedad, caldo de cultivo para su propagación. La provincia gobernada por Jorge Capitanich es una de las más afectadas del país.

El propio gobernador de Corrientes había sugerido esa situación en declaraciones a la prensa, y en nombre de la preservación de la vida y la salud de los correntinos, ordenó que los profesionales correntinos guarden cuarentena en Corrientes. Después reclamó, a través de su ministro de Salud, Ricardo Cardozo , celeridad en los resultados de las muestras enviadas al Malbrán, y el envío de aparatos e insumos para atender la demanda local.

Sobre el fin de semana pasado, además, hubo un revuelo en las dos orillas por una publicación que endilgaba a los chaqueños la responsabilidad de exportar la enfermedad, cuestión en la que intervino incluso el Inadi. Y en las últimas horas, surgieron situaciones de maltrato, violencia verbal y discriminación hacia una médica que trabaja en el Hospital Perrando de Chaco, cuyo examen de coronavirus dio positivo y que se encuentra guardando aislamiento en su casa de Corrientes.

Mientras todo eso ocurre, Chaco cuenta 5 víctimas fatales por coronavirus, y un total de 91 positivos. En Corrientes son 21 los casos confirmados, sin circulación comunitaria, según se informó oficialmente.

Chaco, una provincia cercada por la crisis y la angustia

Publicado en el diario La Nación

La situación de crisis por la pandemia no da tregua en el Chaco . El Gobierno confirmó ayer la tercera muerte por el nuevo coronavirus en la provincia -igualando el trágico récord de la ciudad de Buenos Aires-, además de la cantidad de infectados, que son 49 y en aumento acelerado, entre otras cosas porque se incrementaron también los procesos de detección del virus en un laboratorio local.

En tanto, hoy se conocerá el análisis efectuado a otro paciente, de quien se sospecha estaba infectado por el nuevo coronavirus, que murió ayer en Resistencia. Era un empresario de una cadena de ventas de materiales para la construcción, de 59 años, y con antecedente de viaje al exterior.

Pero como si no bastase con la angustia del aislamiento y la situación de zozobra de muchas familias de la provincia -abrumadas por el parate de sus economías informales-, en las últimas horas surgió una polémica por un acto del gobernador Jorge Capitanich, que rompió el aislamiento para reinaugurar un monumento en el Día de la Memoria.

Si bien fueron pocos los funcionarios que asistieron e incluso guardaron la distancia de seguridad requerida, Capitanich y su equipo rompieron el protocolo de aislamiento. Y las críticas no se hicieron esperar. La gente reaccionó inmediatamente, sobre todo haciendo notar que por ese incumplimiento hay centenares de personas detenidas.

Diversos sectores opositores consideraron que “Capitanich es un mal ejemplo”. En esos términos se manifestaron dirigentes de la UCR y de Encuentro Cívico. Cuestionaron la “irresponsabilidad” de Capitanich al realizar un acto en plena cuarentena nacional. “Falta de respeto a la población, a quien se le pide no salir de sus casas, bajo pena de ser multados o llevados a prisión”, insistieron. Desde el Gobierno optaron por no responder nada sobre este episodio, ante la consulta de LA NACION .

Fue en este marco de inquietud que el Ministerio de Salud Pública del Chaco informó ayer el fallecimiento de una paciente con diagnóstico de Covid-19: una mujer de 73 años que se encontraba internada en una institución de salud privada de Resistencia desde el 19 de marzo, cuyo diagnóstico fue confirmado anteayer.

“La mujer, que permanecía con asistencia respiratoria mecánica desde el inicio de su internación, tenía comorbilidades: diabetes, hipertensión y obesidad”, señaló Salud Pública en un comunicado oficial.

La paciente había sido internada el jueves último y, según el director de Emergencias Sanitarias del Chaco, Nicolás Ivancovich, no había viajado al exterior, pero sí había tenido contacto con un caso confirmado anteriormente. Otras fuentes, algunas de ellas eclesiásticas, atribuyen a un sacerdote que dio positivo, pero que antes de saberlo celebró varias misas. Por ese mismo caso se activó el protocolo de aislamiento, protección y seguimiento de casos en una localidad de Corrientes, de donde el religioso es oriundo.

Días pasados, en contacto con LA NACION , Ivancovich había puesto la alerta sobre la necesidad de trabajo conjunto en el Noreste Argentino (NEA), sobre todo entre las provincias más cercanas, que son las de Chaco y Corrientes, a las que separa y une el río Paraná.

“Cuando salten los primeros casos en las otras provincias, esperemos que no sea tarde”, había dicho Ivancovich, sustentando esa línea argumental en la estrecha relación que tiene la población de la región. Entre otras muchas cosas, tienen en común extensas fronteras con Brasil y Paraguay, que son a su vez puertas de ingreso y salida del país.

La relación de Chaco y Corrientes es más estrecha aún. Ambas provincias comparten todo: de la educación superior que brinda la Universidad del Nordeste, con sede en ambas orillas, a intrincadas cuestiones familiares y relaciones laborales que, sin conciencia preventiva, o en estado de ignorancia, como el del sacerdote, ofrecen posibilidades de desarrollo a una pandemia como la del coronavirus.

En Chaco cunden los nervios por la situación sanitaria general, por la angustia que genera en su gente verse a diario en el tope de los rankings de la pandemia a nivel nacional, y porque ya se advierte la falta de recursos para afrontar la situación.

“Pocos dimensionan la situación sanitaria. No tienen en cuenta que no hay recursos ni para una situación normal”, agregó, en contacto con LA NACION , el dueño de una pyme que se encuentra cerrada, con vencimientos y la proximidad del pago de sueldos a sus empleados.

La situación es dramática, además, entre los actores de la economía informal, que es en Chaco, como en la mayoría de las provincias norteñas, tanto o más importante que la economía que mueve el Estado, el mayor empleador de la región.

Dentro de este panorama, la buena noticia es que hasta el momento no se confirmó circulación viral, al menos oficialmente. Las últimas muestras fueron analizadas en el Instituto Malbrán y en el laboratorio del Hospital Perrando de Resistencia, dado que a partir de esta semana Chaco está habilitado a realizar los estudios de las muestras, lo que agilizará los procesos y anticipará medidas preventivas.

“A la fecha se han elevado 344 muestras, de las cuales 300 analizan en Malbrán y 44 en Chaco”, agregó ayer la ministra de Salud, Paola Benítez, en conferencia de prensa. Indicó que los médicos que tuvieron contacto con los casos confirmados, están cumpliendo aislamiento social absoluto.

Dada la situación, asimismo, en las últimas horas el Hospital Perrando sumó respiradores e insumos para atender los casos de coronavirus. Son en total 10 nuevos respiradores enviados por la Nación para afrontar la posible creciente demanda ante la emergencia.

Estos equipos se suman al servicio de terapia intensiva para atender los posibles casos de afecciones respiratorias por coronavirus. Mientras, siguen las obras de refuncionalización de otros sectores del hospital para poder sumar otras 52 camas. Y avanza la construcción de un hospital modular que sumará 80 camas de atención de emergencias, según informó el Gobierno.
Por: Eduardo Ledesma

Coronavirus, el nuevo enemigo de una región pobre jaqueada por el dengue 

La situación es complicada en el Chaco y la psicosis va en aumento, tanto allí como en el resto de las provincias del Nordeste. Y si bien el Estado nacional es el principal ordenador del itinerario a seguir, todavía no se verifica un trabajo conjunto en las cuatro provincias de la región, más allá del cierre de sus respectivas fronteras terrestres y de los aeropuertos. Más allá, incluso, del aislamiento obligatorio decretado anoche por el presidente Alberto Fernández. 

En este marco, gana terreno una situación de zozobra propicia para macerar más que un virus, dada la persistente irresponsabilidad social, civil y sanitaria de muchas personas que desoyen todo protocolo de aislamiento, pero también la persistencia de la desinformación, la sobreinformación, e incluso las avivadas de algunos inescrupulosos que apuestan al caos generando y difundiendo noticias falsas de todo orden y caladura, de a cientos por día.

La situación es compleja, pero puede volverse crítica y caótica. Desde hace tiempo, la región NEA constituye el territorio más pobre del país: problemas laborales, educativos y sanitarios, como la desnutrición o el dengue, forman parte de su realidad. Los índices de inflación, incluso, son los más altos del país en el rubro alimentación. Y ahora, por si fuera poco, acecha el coronavirus.

Después de Capital Federal y Buenos Aires, Chaco es la tercera provincia con la mayor cantidad de personas afectadas. Según el racconto que hizo el gobernador Jorge Capitanich, el detalle sería el siguiente: “En total son 15 casos confirmados por COVID-19 hasta el momento: 6 importados, 8 por contacto estrecho y 1 sin nexo epidemiológico, por lo tanto estamos ante una probable circulación viral”. Anoche se confirmaron los últimos dos casos por contacto estrecho, de los 15 registrados.

La pregunta que surge ante este cuadro es por qué el Chaco, y no Corrientes, Formosa o Misiones, provincias que comparten todo, desde el clima hasta la idiosincracia e incluso la frontera terrestre más importante de la zona, que es la de Paraguay, seguida de la frontera con Brasil.

“La respuesta a esa pregunta es muy sencilla, sin ánimo de polemizar: nosotros decimos la verdad. Las otras provincias no buscan o no quieren buscar. O no quieren encontrar casos”, dijo el doctor Nicolás Ivancovich, director de la Central de Emergencias Médicas del Ministerio de Salud Pública del Chaco.

“Además nosotros formamos prematuramente un equipo de infectólogos y epidemiólogos que buscaron los primeros casos, hicieron los mapas de seguimiento, y por eso vamos encontrando casos siguiendo esos rastros”, añadió María Elisa Flores, directora de Epidemiología.

“Igual es una cuestión de tiempo, más allá de los procedimientos. Cuando salten los primeros casos en las otras provincias, esperemos que no sea tarde”, completó Ivancovich, sustentando su línea argumental en la estrecha relación que tiene la población del NEA, sobre todo la del Chaco y Corrientes. Sucede que ambas provincias comparten todo, desde la educación superior (la Universidad Nacional del Nordeste tiene sede en ambas orillas del Paraná) hasta cuestiones familiares, pasando por una intrincada red de relaciones laborales que, sin conciencia preventiva, ofrece grandes posibilidades de desarrollo a una pandemia como la del coronavirus.

El ministro de Salud Pública de Corrientes, Ricardo Cardozo, defiende sus estadísticas. El parte oficial de ayer decía que Corrientes seguía sin registrar casos de coronavirus. Se realizaron exámenes que dieron negativo. Cardozo informó además que son 217 las personas aisladas y que enviaron 40 muestras al Instituto Malbrán para ser analizadas. “Sí se registraron más casos positivos de dengue. Ya son 430”, apuntó.

“Estamos preparándonos para atender coronavirus. Por ahora no lo tenemos. Tampoco creció el número de otros cuadros respiratorios, por lo que no hay motivos para pensar ni siquiera en malos diagnósticos”, se defendió el ministro, en contacto con este diario, cruzando de ese modo la crítica del emergentólogo chaqueño.

“Alquilamos un hotel para alojar extranjeros con síntomas, tenemos dos hospitales con sectores aislados y preparados para recibir pacientes con el virus, y respiradores para contener la demanda, más allá de que seguimos buscando respiradores para adquirirlos preventivamente. Y tenemos cinco líneas telefónicas de denuncia y consulta”, concluyó.

 

La región

Misiones cerró su frontera, tiene un caso sospechoso y 177 personas permanecen en aislamiento. Otros 13 casos fueron descartados y 16 fueron desestimados. Y hasta el momento suman 19 los misioneros repatriados del exterior.

Por lo demás, allí ya dejaron de contar los casos de dengue, por su magnitud. Hace tres días, de hecho, se registró la primera muerte por esa enfermedad.

En Formosa también manda el dengue. El Ministerio de Desarrollo Humano provincial informó ayer que son 510 los casos confirmados de dengue en todo el territorio. Las localidades más afectadas con trasmisión viral del serotipo 4 son Formosa capital, Clorinda, Laguna Blanca y Naineck.

La provincia administrada por Gildo Insfrán es vecina de Paraguay y paso obligado para los argentinos que van al exterior por el aeropuerto internacional de Asunción. Por ahora, según se reporta desde allí, hay sólo dos casos sospechosos por coronavirus.

El director de Epidemiología de Formosa, Mario Romero Bruno, explicó el miércoles en conferencia de prensa, que aguardan los resultados de la médica aislada desde el sábado, cuando regresó al país tras un viaje a Europa. Ingresó por el paso “Puerto Falcón”, junto con dos familiares que la buscaron del aeropuerto Silvio Petirossi, y que se encuentran en cuarentena preventiva.

Ayer actualizó el parte y confirmó que hay un segundo caso sospechoso en Formosa. Se trata de un hombre de 31 años que estuvo en Brasil hace menos de una semana. Su familia también está en aislamiento.

 

Epicentro chaqueño

Mientras todo esto ocurre en el vecindario, Chaco se prepara para lo peor. La confirmación de un caso de coronavirus sobre el que hay fuertes indicios que se trata de un contagio “autóctono”, sin trazabilidad aparente, profundizó el diseño de medidas preventivas.

Ya están trabajando con el Ejército. La Brigada III de Monte, con base en La Liguria, desplegó sus carpas para situaciones de emergencia. Y aunque todavía no entran en acción, fueron habilitadas con el objetivo de contar con equipos médicos y espacios para la toma de muestras a los efectos de contar con un sistema de diagnóstico descentralizado y cercanía con la comunidad. Epidemiólogos chaqueños, además, reciben capacitación del Malbrán para poder estudiar las muestras más rápidamente, lo antes posible, en la propia provincia.

Ayer, en tanto, tras el anuncio de la titular de la cartera sanitaria, Paola Benítez, comenzó la construcción de un hospital modular de emergencia en el predio del Hospital Perrando, en Resistencia, que al cabo de unos 20 días, según se prevé, estará equipado con 48 camas para internación y 24 para terapia intensiva.

El gobernador Capitanich, en tanto, firmó el miércoles un decreto, el 433/20, con medidas complementarias que contempla la “cuarentena” total de la provincia, el aislamiento obligatorio de personas mayores de 60 años; de personas en situación de riesgo; la obligación de reportes de síntomas y denuncia de incumplimeitnos; además de fuertes restricciones en la actividad comercial, educativa, administrativa, así como de esparcimiento y circulación. Dispuso también el aislamiento preventivo de localidades consideradas “críticas”: Resistencia, Barranqueras, Fontana y Puerto Vilelas, que conforman el área metropolitana.

Hace poco más de una semana habían cerrado otras cuatro localidades: La Verde, La Escondida, Colonia Elisa y Lapachito, todas dependientes económicamente de una firma, Indunor, cuyos dueños son italianos y van y vienen a ese país con regularidad. El aislamiento terminó con el resultado negativo de los estudios realizados a uno de los dueños que tuvo contacto con la mayoría de los 600 obreros de la planta, que a su vez viven en esos cuatro pueblos, que suman una población de 16 mil personas, la mayoría adultos mayores.

Las medidas anunciadas en los últimos días se añaden a otras dispuestas anteriormente y a las anunciadas por el presidente de la Nación, Alberto Fernández. “Ahora, hagamos lo que hagamos, hay dos formas de ver esto: o que son medidas drásticas, o que son medidas lentas. Nosotros preferimos tomar medidas drásticas y ganar tiempo”, dijo Nicolás Ivancovich, titular de emergentología del Chaco.

Mientras tanto, la pelea más ardua y desigual es contra la cuestión cultural. La epidemia del dengue crece con los años. Las campañas parecen insuficientes. La gente sabe las recomendaciones, pero no las acata, y lo que hacen los gobiernos no alcanza. 

Lo mismo parece verificarse ahora con el coronavirus.

“La sociedad chaqueña es atrasada en ese punto. Piensa que puede hacer lo que se le antoja”, dijo José, un ciudadano resistenciano. El doctor Ivancovich coincide. “Hay personas que temen más ser estigmatizadas por el coronavirus que cumplir con su responsabilidad social de aislamiento. Cuando vamos a buscarlos, plantean la agresión antes que la comprensión y la solidaridad con el otro”.

 

Los casos

Hasta ayer, Chaco tenía cerca de 50 de personas con arresto domiciliario por burlar el aislamiento, según informó la ministra de Seguridad, Gloria Zalazar. Los fiscales Patricio Sabadini y Federico Carniel, incluso, requirieron imputaciones para dos personas, madre e hija, por creer que fueron las responsables de propagar el virus en la provincia. Estas mujeres llegaron de España y según la trazabilidad que maneja Salud Pública, son responsables de 10 de los 15 casos que se reportan desde la vecina provincia. 

Una de las mujeres es médica, por lo que a priori cuenta con conocimientos sobre los cuidados de la salud superiores a la media, creen los fiscales. Además se movió por países donde el coronavirus ya era un flagelo. La otra es su hija, becaria de la Universidad del Nordeste, quien estuvo en la institución, lo cual motivó una batería de acciones preventivas tanto en Chaco como en Corrientes.

Los especialistas chaqueños creen que todavía sigue abierta esta vía de contagio, que es la responsable de la situación actual de la provincia, y que incluso puede tener repercusiones en Corrientes. Creen que ambas personas tienen una vida social muy activa y no la morigeraron hasta varios días después de su llegada al país. “Llegaron el 28 de febrero y recién reportaron su caso el 6 de marzo”, dijo una fuente judicial que pidió reserva.

“Estamos atentos, pero no sabemos todo lo que pudo haber pasado en esos días”, añadió otra fuente del Ministerio de Salud del Chaco, que no obstante agregó: “Nosotros no estamos para perseguir a nadie, sino para tratar de entender estos comportamientos para prevenir o curar a los enfermos”

La otra línea de preocupación tiene que ver con el paciente muerto que registra el Chaco, también de la comunidad universitaria. Se trata de un profesor de la UTN que estuvo en Egipto, Alemania y otros países, y del que se desconocen todos los contactos que pudo haber tenido antes de su internación y fallecimiento. Ayer se conoció que una hermana suya está con algunos síntomas. Ya está aislada y sus muestras siendo analizadas.

Hay además una familia de tres miembros contagiada y aislada, que estuvo en Singapur; y finalmente una médica que no tuvo contacto con enfermo alguno, pero tiene el virus, y sobre la que se tejen muchas especulaciones, entre otras cosas por los niveles de contacto de sus familiares que trabajan también, como ella, en los sistemas de Salud Pública tanto de Chaco como de Corrientes.

 

Estado de situación

Si los pronósticos en los que se basan las decisiones gubernamentales se cumplen, la enfermedad podría tener un pico en las próximas 4 o 5 semanas, cuando en esta región caliente empiece a bajar la temperatura. Las dudas, por razones obvias, se multiplican. Son reservados los pronósticos en cuanto a la responsabilidad social de las personas y a la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios públicos de una región estructuralmente pobre.

Los hospitales están funcionando, pero con dispar capacidad de atención. El Chaco ampliará el Perrando y ya tiene disponibles varias carpas de campaña del Ejército. Corrientes dispuso espacios en dos hospitales capitalinos, y puso en alerta a su red provincial. Misiones tiene varios focos de atención, dispuso de una línea de atención telefónica y en pocas horas recibió miles de consultas, sobre todo de las localidades de frontera con Brasil. De Formosa se esperan precisiones en cuanto a los lugares de atención, pero ya se informó que el sistema provincial de salud cuenta con la tecnología y los profesionales necesarios para la atención e incluso la realización de análisis de diagnóstico de coronavirus en laboratorios locales.

Más allá de esto, hay preocupación entre los médicos y el resto de los trabajadores de la salud. La situación general de la salud pública en las cuatro provincias del NEA muchas veces desmiente el optimismo voluntarista de los funcionarios. Y con el correr de los días se multiplican las denuncias por faltantes de insumos y elementos de protección: camisolines, guantes, barbijos y alcohol, o alcohol en gel, cuya escasez excede a los hospitales. En los comercios de la región hace semanas que directamente no se consiguen. Hay promesas de provisión suficiente. Por ahora sólo eso.

Modelos de provincia

“Delante de vos se abren
dos caminos, dos proyectos:
felicidad o desgracia;
el servicio o el provecho;
compartir o amontonar;
el Dios vivo o dioses muertos;
tendrás que elegir, muchacho,
servir al otro, o al dinero.”

“Confesión” / Julián Zini

Aunque esta vez usó más el método de la descripción que el de la conceptualización política, el gobernador Gustavo Valdés no desaprovechó la oportunidad que tuvo hace una semana ante la Asamblea Legislativa y ratificó el perfil con el que pretende coronar su gobierno, que entra en tiempo de descuento, por lo menos por ahora.
Cubierto por una retahíla de anhelos y enancado en un detallado inventario de concreciones de distinta caladura -no del todo determinantes aún-, el gobernador Valdés hizo pie en los acuerdos básicos que necesita una provincia carente como la de Corrientes para sustentar su sobrevida, cuando no su despegue: la educación, el trabajo, la inclusión, la igualdad, la modernización y el consecuente desarrollo, cuyo alumbramiento porfía con la quietud atávica que lo obstruye.
“No somos lo suficientemente ricos para darnos el lujo de no invertir en educación”, dijo, parafraseando a Gandhi, galvanizando de ese modo un sentido común arraigado en Argentina: el de la educación como valor supremo, asunto que se pasea siempre por los discursos y que no obstante retrocede ante los hechos.
Se trata de educar, no hay dudas; pero de educar bien, con calidad y sentido de contexto, lo cual implica definir y sostener un rumbo consecuente con nuestras potencialidades, para evitar -entre otras cosas- la migración forzosa de la gente del interior profundo: de los que tienen para irse y se van y a veces vuelven; de los que saben y se van y nunca vuelven; para evitar la fuga de los mejores, pero también de los desesperados, esos que concentran sus cuerpos y penurias en los cordones periféricos de los centros urbanos, que por ese solo hecho no dan garantía de mejoras.
Esta preocupación es una constante en Valdés. Lo es también aquello de la inclusión; el desarrollo y la modernización; lo de la inserción de la provincia en el mundo con su faceta exportadora; el mejor trato con la gente, sobre todo con la que más necesita; pero también con los sectores más poderosos, empresarios, académicos y productivos, e incluso con el sector político no alineado que acompaña, aunque sin compartir sus modos de materialización de ese catálogo de buenas intenciones que sostiene el Gobernador desde el minuto uno, desde cuando recibió el gobierno con los sueldos al día, sí, pero con el resto de los parámetros sociales relegados a valores insostenibles.
Es titánica la tarea. Y hace tiempo que no hay tiempo. Pero no obstante las urgencias, que parecen acuciar siempre, Valdés supo capitalizar, en estos años de gestión, su visión de diagnóstico, su pelea sorda para desterrar el medioevo cultural que lo rodea y para convertir en un activo la idea de un gobierno distinto con gente que hace 20 años hace lo mismo. Sumó adhesiones también con su discurso aperturista y ciertamente respetuoso de las diferencias. Ese capital se convirtió, el año pasado, elecciones mediante, en un nivel de apoyo institucional y político que no tiene parangón en la historia reciente de Corrientes. Tiene mayorías agravadas en ambas cámaras de la Legislatura, alta ponderación pública y la consideración del pequeño establishment económico de la provincia.
Supo alzar, también, algunas banderas progresistas relacionadas con el debate de nuevos derechos, que sin ponerlo a la vanguardia, lo ubican en ventaja en comparación con ciertos hombres y mujeres que encarnan versiones de un mundo que ya no es, y que persiste en Corrientes por la sombra del pensamiento tripulado a la que son sometidos gruesos sectores vulnerables de la población.
Valdés redondeó en este tiempo un discurso de género, igualdad e inclusión, y navega con solvencia las aguas picadas de los nuevos desafíos sociales, sobre todo el relacionado con el aborto, que pone en contradicción las políticas de salud pública con la moral católica dominante en el país y hegemónica en la provincia.
Pero el Gobernador sabe, más allá de todo, que empieza a acabarse el tiempo que hasta el momento le fue concedido y que ya no alcanza solo con el diagnóstico y mucho menos solo con las palabras bellamente talladas por los profesionales del marketing y la comunicación. Sabe, como estudioso de los procesos que es, que mejor que decir es hacer. Por eso, tal vez, el Gobernador invirtió casi tres horas ante los legisladores, el domingo pasado, para detallar acciones en el marco de un mensaje con varios destinatarios posibles. Ratificó el rumbo, su rumbo, pero consciente de que desatar escollos futuros dependerá más de cuestiones internas que de avatares políticos externos, de la oposición o incluso de la economía, pese a su gravitación crítica.
Para hacer lo que dice, Valdés necesita gestión, gente comprometida y que sea capaz de andar a su ritmo, que por si fuera poco debe ir en aumento para que la reelección sea una opción, como plantean muchos. Pero también requiere de instrumentos, muchos de los cuales aguardan en la Legislatura, cuyo resorte maneja la propia coalición de gobierno. O varios de sus generales.
Radica allí una clave importante para definir el futuro político del Gobernador y el de la provincia. Hace tiempo Valdés viene proponiendo lo que la Legislatura no viene disponiendo. Esa contradicción, manejada todavía dentro de los palacetes oficiales, en algún momento hará eclosión si las diferencias se vuelven insalvables y se convierten en trabas.
La oposición, diezmada por falta de estrategia, fragmentada por mezquindades varias, sin un perfil claro más allá de la defensa de las directrices del gobierno de Alberto Fernández, y sin una propuesta que supere la “sensación de seguridad-estabilidad” que ofrece Encuentro por Corrientes, no tiene poder de fuego. El contralor es menor y los debates no aparecen más que como charlas de café, lo cual tensiona de nuevo sobre la posibilidad de acceso real al poder, que sería importante para una oposición que se precie, como la del PJ, pero que no es lo único. Lo más grave de la ausencia de una oposición real, local-provincial, radica en el empobrecimiento de la calidad final de la democracia.
Este racconto, que no agota las aristas posibles para el análisis, puede abrir la puerta hacia una oportunidad si las diferencias de criterio -que existen en el Gobierno, pese a los silencios que imperan en la vida pública correntina-, se canalizan utilizando lo mejor de las artes de la política. La historia de Corrientes es pródiga en disputas, fratricidas muchas de ellas, que no hicieron más que ahondar la postración.
Los actores del gobierno de Corrientes, que son los mismos desde la crisis de 2001, tienen ante sí la posibilidad de poner a la provincia y a su gente por encima de los intereses personales o sectoriales. De asumir la cuota de responsabilidad que les toca en la administración de la cosa pública, lo que implica suspender, de momento al menos, esa posición de víctima (la culpa de todos los males es siempre de otro, del otro, sobre todo del Gobierno nacional) con la que buscan eximirse de sus errores o excesos.
La hora demanda inteligencia para resolver las cuitas internas entre los que encaran -por ahora desde el discurso y desde algunas acciones germinales- un proyecto de provincia anclado en el progreso y el desarrollo con inclusión, frente a los mesiánicos y sus acólitos que, subsumidos en pensamientos de otro tiempo, cultivan solo la ambición de poder abonada por las viejas glorias de una supuesta reconstrucción, tras la hecatombe del año 99.
El pago de los salarios en tiempo y forma en una provincia cuya actividad principal depende del Estado, es una base necesaria, sin dudas. Pero es solo una base. Tomar esa obligación institucional como un logro de gestión (y de esto ya hace 20 años) y abandonar la tarea verdadera, proactiva en relación al desarrollo provincial, constituye cuanto menos una explícita violación a los mandatos constitucionales que rigen el principio del poder delegado.
Por tanto, es tiempo, desde hace tiempo, de encender las alertas, de levantar un poco la mirada y advertir que en los próximos años se definirá una grieta real entre el progreso y el atraso, entre los planes y las chicanas, entre la expansión y la aldeanía, entre las relaciones asociativas y las cerrazones de la soberbia autoritaria, entre un gobierno de puertas abiertas y otro más bien oscuro, bosquejado en libretas de almacén.
Evitar las confrontaciones en la cúspide del poder y en todo caso profesionalizar la toma de decisiones pensando en el bien común, debería ser una demanda colectiva, pero es, de arranque, obligación de los que gobiernan.
La conducción provincial es más que la de un partido. La provincia debiera significar más que la necesidad obcecada de re-batir un récord personal. Pues mientras algunos cargan las tintas con su verba inflamada, venenosa, los récords que duelen se siguen batiendo a sí mismos, por caso los de la pobreza e indigencia, que ya lisiaron el futuro de varias generaciones desde el 2001 hasta hoy, y que mientras tanto sigue expulsando correntinos a un desarraigo que nos vacía y lastima tanto a los idos como a los quedados.

Semiología práctica

La semiología es una ciencia que se encarga del estudio de los signos en la vida social. Es un término que suele utilizarse como sinónimo de semiótica, aunque los especialistas de la materia hacen algunas distinciones entre ambos. “Semiología” procede del griego y está formada por dos vocablos: semeion que puede traducirse como “signo”, y logos, que es sinónimo de “estudio” o “tratado”.

Puede decirse, a grandes rasgos, que la semiología se encarga de todos los estudios relacionados al análisis de los signos, tanto lingüísticos (vinculados a la semántica y la escritura) como semióticos (signos humanos y de la naturaleza). Por eso mismo esta ciencia, con los años, se constituyó en un instrumento multidisciplinario. Lo usa la política, mucho la comunicación y se usa incluso en medicina humana y animal.

El suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913) fue uno de los principales teóricos del signo lingüístico. También lo fue el estadounidense Charles Peirce (1839-1914). Además de estos, hay otros pensadores que ayudaron a conceptualizar mejor el asunto y sus implicancias. (Para los interesados, se puede mencionar por ejemplo al francés Roland Barthes o al italiano Umberto Eco. Eliseo Verón fue una referencia argentina en este campo). Pero no es nuestro punto. Además, puede que sea un tanto complejo su entendimiento, aunque en el mismo plano hay que decir que el manejo de estas herramientas es fundamental para los procesos comunicativos. Para lo que se dice y lo que se quiere decir. Para lo que se muestra y lo que se esconde en cada proceso de intercambio, en el plano que sea.
Ahora bien: ¿de qué sirve esto en una columna que en general se encarga de temas políticos locales? Veremos que bastante.

Sucede que entre el domingo y el lunes pasado, el gobernador Gustavo Valdés se refirió al asunto. Primero con Carlos Alonso en Radio Dos y después con María Mercedes Vázquez en Radio Mitre. En un tramo de ambas notas, primero conceptualizó y después hizo uso de la herramienta, enviando señales que, con seguridad, algún semiólogo social-político ilustrado o autodidacta estará descifrando.—¿Vos sabés de semiología?— sorprendió Valdés, parado en la vereda de la comunicación política.
—Es la ciencia y arte del buen diagnóstico— replicó Alonso, sentado sobre sus libros de Veterinaria, que es el saber docto que acredita.
Ninguno tenía ánimos de desarrollar teoría, pero sí, al parecer, de desplegar una especie de aplicación práctica:

—Uno tiene que saber qué dice, dónde lo dice y por qué lo dice— disparó Valdés. En este arte de decir, uno tiene que saber qué está diciendo…
¿Y qué es lo que dijo Valdés o, en todo caso, por qué hizo referencia a esta ciencia en particular?
Vayamos por partes.

Entrevista de Carlos Alonso. Radio Dos. “Lo bueno, lo malo y lo feo”.

—La gente se lo pregunta, ¿un gobernador tiene que pensar más allá de su gestión? ¿Pensar a 20 años, para cuando ya no esté?
—Hace 20 años atrás no se pensó de esta manera. Tal vez no teníamos esta posición o tal vez no teníamos este horizonte.
—Es complejo salir (de la provincianía). Y por ahí hay muchos estúpidos que creen que uno sale (al mundo) a pasear. Y por ahí esos estúpidos le hacen decir eso a otros, por canales de televisión vecinos o lo hacen decir por algunos otros medios. Pero no importa. Nosotros sabemos lo que tenemos que hacer y estamos en el camino.
—Posibilidades para la provincia hay, pero hay que buscar. No nos tenemos que mirar el ombligo. Tenemos que levantar la cabeza.
—Entre otras cosas, además, tenemos garantizado pagar los sueldos de acá hasta que termine este mandato.
—¿Y con qué gabinete vas a hacer todo?
—Con los ministros que tengo y espero sumar uno más, de Ciencia y Tecnología.
—¿Cuándo los vas a anunciar? Porque además tenés que cambiar a varios…
—Oportunamente. No hay apuro. Si no tenés un ministro, tenés un subsecretario o secretario de área.
—¿En serio?
—Tranquilo. Hay para todos y todos (sic).
—¿Cómo está la UCR? 
—La UCR es un partido consolidado y creo que tenemos que respetarnos todos dentro de la UCR. La UCR no es de una sola persona. Somos todos y todos le ponemos el hombro para que sea el partido que es. Entonces la UCR no tiene dueño.
—Siento un gran acompañamiento de los ciudadanos. Fundamentalmente de los ciudadanos, y esa es una gran fortaleza. Porque los votos no son ni de las estructuras, ni nadie es dueño de los votos. Nadie se tiene que sentir dueño de la ciudadanía. La ciudadanía es la que elige. La que pone o la que saca. A esa ciudadanía es la que no tengo que defraudar y voy a hacer todo para que esa ciudadanía esté conforme con lo que hago.
—¿Cómo están las cuentas provinciales? ¿Alguien te define como gastador o qué?
—Están queriendo por ahí generar ese clima, pero no importa. Yo sé lo que estoy haciendo.
—Vos anduviste por países que están medio belicosos…
—España, por ejemplo. Hay tensión grande allí.
—Parece que te mimetizaste…
—Bueno. Nunca hubo una estabilidad total en esos países de Europa… (risas) Hay como cuestiones pendientes…
—Pero acá todos tenemos armas. Todos tenemos armas…
—¿No estarás medio enojado hoy, no?
—Todos tenemos armas.
—Viniste complicado…
—No. Es que yo te hablo de desarrollo y vos venís a la politiquería. Te gusta la politiquería (risas).

***

Entrevista de María Mercedes Vázquez. Radio Mitre. “Corrientes en el aire”.
—¿Por qué aclarás que tu gobierno es austero?
—Porque hay por ahí algunos comentarios de despilfarro. Pero siempre comentarios por debajo de la mesa (…) Pero bueno, yo creo que nosotros tenemos que tener un gobierno austero, que ahorre, que cuide los mangos de los correntinos y que pueda tener otra visión. No nos podemos mirar todo el tiempo el ombligo.
—¿Por qué aclarás que están garantizados los sueldos?
—Porque hay gente que dice lo contrario.
—¿Dentro de tu partido político?
—De todos lados. Por ahí algunos tratan de sembrar dudas y nosotros estamos haciendo una muy buena gestión, responsable, tratando de gastar esencialmente en el desarrollo, en obras públicas y en mantener el poder adquisitivo del salario de todos los trabajadores.
—¿Y lo de los ministros?
—Nadie está atornillado a la silla. Y aquellos que no estén cómodos en el gobierno, o no piensan como pensamos nosotros, pueden renunciar mañana sin ningún inconveniente. Nadie es indispensable. Ni el gobernador es indispensable. Y no hay persona indispensable para una sociedad que realmente abraza un sistema republicano. Porque la democracia descansa en la república, en la división de poderes, y nadie es dueño de nada y nadie es indispensable.
—¿Te reunís con la UCR?
—Siempre estoy hablando con el radicalismo.
—Pero se reunieron en estos días…
—Se reunieron el martes. Y creo que mañana (martes) tenían otra reunión. Yo no puedo. Creo que hacen un asadito en la casa de un legislador. Pero bueno, está bien. Yo estoy yendo a buscar fondos que tienen que ver con la Sapen. Son 100 millones de pesos no reintegrables para llevar fibra óptica, conectividad y desarrollo para los correntinos.
—¿Hay internas en la UCR?
—Siempre hay diferentes miradas. Yo no creo que haya un partido que pueda tener una sola mirada.
—Hay gente que quiere que haya una ruptura, que explote todo. O hay algunos dirigentes a los que les conviene, pero nosotros tenemos que fortalecer este espacio exitoso. Nosotros sacamos el 60% de los votos en la primera elección (de este año) que no es de nadie. Es de la propuesta que hicimos nosotros. No me creo dueño ni nadie es dueño de esos votos.
—Hablaste de que nadie es dueño de la UCR.
—Y eso es así.
—¿Y qué trajiste de tu viaje a Europa?
—Nosotros fuimos a buscar posibilidades (para Corrientes). No es que nosotros hacemos como hacen decir por ahí, que buscamos destinos exóticos. Nosotros nos vamos a lugares donde necesitan nuestro producto. No esperamos que nos vengan a buscar.

***

Pues bien. “Uno tiene que saber qué dice, dónde lo dice y por qué lo dice”, dijo Valdés. Tal vez ahora mismo haya algún lector diestro en encontrar las marcas que fue dejando el Gobernador entre las líneas de estos mensajes.

En el espejo del milagro finlandés

¿Puede Corrientes soñar con el milagro finlandés? ¿Puede de una vez y para siempre alejarse de la queja, de la autoexclusión y de la rosca política que paraliza, y fomentar el desarrollo de políticas duraderas para sustentar un despegue real y efectivo? ¿Puede, una provincia como la nuestra, abandonar su perenne estadío discursivo y pasar a la acción? Puede. Las condiciones naturales de nuestro territorio, su ubicación geopolítica estratégica dentro del Mercosur e incluso la capacidad de trabajo de su gente parecen acercar, siempre, esa posibilidad. Aunque también, muchas veces, los deseos se truncan por factores propios y ajenos, muchos de ellos vinculados con la falta de visión y la mezquindad política.
Por estos días el gobernador Gustavo Valdés encabezó una delegación provincial que visitó, más allá de las escalas técnicas, dos ciudades importantes del norte europeo: Riga, capital de Letonia, y Helsinki, capital de Finlandia.

La meta de este nuevo viaje al exterior (en junio viajó a China) se sustenta en una idea rectora, más allá de las concreciones: buscar mercados para productos locales como la carne, los cereales (con el arroz como nave nodriza) y la madera; y en paralelo acortar distancias y tiempo en materia de planificación e incorporación de tecnología a la producción doméstica.
Otros ya lo hicieron y son eficientes, y por lo tanto no hace falta que Corrientes, provincia en la que está todo por hacerse, pierda tiempo y dinero en sus propias búsquedas. Esa inteligencia parece guiar al gobierno de Valdés que, primero en Letonia, mantuvo una serie de reuniones cuyo saldo, según explicó el propio gobernador, podría resumirse en la adquisición/comparación de experiencia, en la construcción de relaciones políticas y comerciales con potenciales inversores y expertos en el diseño, construcción y operativización de puertos, además de configurar la posibilidad de que en alianza con empresarios y el gobierno letón, Corrientes encuentre canales alternativos para la comercialización de sus productos.

La provincia de Corrientes tiene con Letonia una trayectoria de trabajo conjunto. Ambas jurisdicciones firmaron un convenio de cooperación hace 3 años. Ahora el foco estuvo puesto en la construcción de puertos y en el desarrollo de una logística más ambiciosa que la de acercar nuestros productos/bienes a los mercados tradicionales, como por ejemplo los de Hamburgo o Amsterdam.

“Las experiencias de funcionamiento y gestión del puerto de Riga nos ofrecen múltiples posibilidades para replicar en los nuestros y potenciar la hidrovía Paraná-Paraguay”, dijo al respecto Valdés luego de la reunión que sostuvo con Mihails Kameneckis, un diputado del Ayuntamiento de Riga con experiencia en transporte aéreo, fluvial y terrestre. “Su conocimiento de este campo nos permitirá avanzar en mejoras en las vías de conexión de Corrientes con provincias y países vecinos”, añadió.

En las últimas horas, la comitiva local subió hasta Helsinki, Finlandia, donde vieron una serie de plantas de procesamiento de madera, analizaron potencialidades con referentes de un instituto de tecnología parecido al (ahora desfinanciado) Instituto Nacional de Tecnología Agropeuaria de Argentina, y avanzaron también en la posibilidad de la generación de biocombustibles, material con bajo nivel contaminante que sube su valor, cotidianamente casi, dada su característica amigable con la preservación del ambiente.
En contacto con la prensa correntina, Valdés se mostró sorprendido con la cantidad de productos que, relacionados con la madera, pueden producirse en Corrientes con alto agregado tecnológico. La elaboración de utensilios varios, de impresoras 3D, de bloques de madera para la construcción de casas, edificios, e incluso estadios (o gradas de corsódromos); diseño de indumentaria con la utilización de filamentos de madera que en algunos casos ya está reemplazando al algodón. Habló de un material con base de madera y polímero y otras novedades alentadoras que potenciarían, además, nuestra germinal industria química.

Ahora, ¿cómo relacionar Corrientes con esas realidades europeas altamente tecnificadas?
Valdés habla de generar las bases. Habla de proyectos. De una idea clara de desarrollo proyectada a 10 o 20 años (algo así como un plan “Corrientes 2030”), que una vez fijada, orientaría las inversiones públicas y privadas. Sueña, además, con que esas proyecciones puedan sobrevolar las coyunturas políticas, locales o nacionales. Habla de una provincia de cara al futuro, que no es poco.
Su optimismo se sustenta en estos datos: Corrientes concentra el 40% de la forestación argentina. “Y podemos sumar 2 millones de hectáreas más si aprendemos de empresas con vasta experiencia y el Estado acompaña la inversión privada con estímulos que favorezcan la radicación de industrias generadoras de mano de obra calificada”, escribió en su cuenta de Twitter.

Los árboles en estas tierras están listos para el corte en 10 o 12 años, lo que en Europa demanda entre 50 y 60. Pero no alcanza con lo que hay y la velocidad que aporta la naturaleza. Hay que seguir plantando, pensando más que en períodos de gobierno, en una o dos generaciones, sabiendo que las condiciones naturales achican de manera favorable el recupero de las inversiones.
Corrientes es la primera potencia forestal argentina y la tercera ganadera. Junto al sector privado estamos trabajando para ampliar la producción, industrializarla y mejorar la competitividad. Tenemos potencial”, repite como un mantra el gobernador.

Es cierto que no alcanza con la voluntad. Ni sólo con verbalizar el objetivo. Corrientes corre desde muy atrás y el país afronta un período de crisis económica muy fuerte, que viene, además, con un combo asociado: el cambio de gobierno.
Valdés fue requerido sobre esta cuestión y lo que dijo es que mientras administre el gobierno, la inversión de los correntinos se orientará rumbo a “nuestro desarrollo”. Para lo cual, reconoció, hay que tener una “visión clara”, que para él se materializa en la carne, los cereales, la madera, la energía. Con rutas y puertos.
No entró en la discusión política. No se quedó en la coyuntura que indica que desde el 10 de diciembre ya no estará su amigo Mauricio Macri en la Casa Rosada. Ese día llegará Alberto Fernández. “Nosotros tenemos que tener la visión y el plan para desarrollar la industria y que sea sustentable”. No importa quién corte las cintas, pareció sugerir.

Cada uno podrá juzgar esta cosmovisión, sopesar su nivel de realidad e incluso creer o descreer del discurso de Valdés que, ateniéndose a las generales de la ley, debe cargar con el descrédito que galvaniza la investidura que ostenta, a la luz de tantos indicadores históricos que nos ponen como provincia justamente en la vereda contraria de todo lo que aquí se plantea.

Sea como fuere, no es menor que un gobernante, en su calidad de tal, ponga de relieve esta agenda y la sostenga. No es menor que un gobernante salga y vea y pida ayuda. Que coteje y ofrezca también nuestras riquezas, parado sobre los postes de nuestras fortalezas. No es menor que estemos cambiando la lógica de la discriminación, del aislamiento y de la autosuficiencia. No es menor que, al menos por un momento, un gobernador de Corrientes abra la boca para hablar de proyectos productivos y no de proyectos políticos que, además de ser personales y de empavonarse en una rosca que no lleva más que a la conservación del poder de una casta, atrasa por lo menos 100 años.

Tal vez sea el momento de empezar a mirar el futuro y soñar con el milagro finlandés, ese que en un lapso de 30 años transformó un sistema educativo mediocre e ineficaz en una incubadora de talentos que encabezó rankings mundiales de desempeño estudiantil y cimentó el nacimiento de una economía sofisticada y altamente industrializada.

Falta. Falta mucho. Más aún si el punto de partida es la educación. Falta inversión en ciencia y aggiornar nuestra legislación a los nuevos tiempos. A los nuevos derechos. A las nuevas formas de hacer política. A la igualdad de género. Pero también es cierto que para terminar de hacer una casa primero hay que empezarla. El momento es clave. Valdés lleva dos años en el gobierno y todavía tiene tiempo para sostener este eje de gestión y empezar con las acciones. Es un camino válido para ambicionar algo más que sólo el pago en tiempo y forma de los sueldos estatales. Para trabajar por una mejora real del ingreso, que sea expansivo a toda la comunidad, pues de esa manera es como los países desarrollados acotaron las inequidades y dieron respuestas a las expectativas de crecimiento multidimensional que también nosotros no sólo deseamos, sino que necesitamos y nos merecemos.
Puede que fracasemos otra vez. Pero podríamos acordar que al menos al oído es mejor escuchar esta música que aquella otra que suena como un ruido, monótono y vacío, hace por lo menos dos generaciones. Años largos de empobrecimiento general y migración forzada de talentos.

Soplan vientos de cambio

Ganaron Alberto y Cristina Fernández. Perdió Mauricio Macri. Pesó, con preponderancia, más allá de otros valores no cuantitativos, el rumbo económico desesperante para la mayoría de los argentinos. La crisis que no pueden superar las clases bajas y medias, en el país y en la provincia, donde se sienten aún más las carencias por encima del esfuerzo provincial para paliar sus efectos.
Primó la marcha de la economía, el voto bolsillo. Pero está lejos de ser un cheque en blanco. La ciudadanía, en el amplio territorio nacional, emitió su voto para anticipar tal vez lo que hará en octubre: frenar esta marcha que excluye y divide, porque la promesa de suturar la grieta y combatir la pobreza no dejó nunca de ser una aspiración que la realidad se encargó de desmentir, de manera sistemática.
Ganó Alberto el simulacro de elección en el que terminó convertida la elección primaria, pero dejó una serie de datos que pueden evaluarse puertas adentro de la provincia, que es lo que haremos en esta nota:

Corrientes, aún con la formidable performance electoral de Gustavo Valdés en el mes de junio, hace apenas dos meses, no pudo revertir la tendencia “histórica” del voto peronista nacional de Corrientes. El posible cambio de escenario traerá consigo, más allá de las pertenencias partidarias, los necesarios recálculos políticos, internos y externos, como derivado directo del resultado de ayer.
Llegará el tiempo de revisar las estrategias, que siempre fueron ganadoras en las veredas del oficialismo gobernante en Corrientes, pero que ayer no lograron torcer el rumbo general. De revisar los discursos, sobre todo los más violentos, surgidos, algunos, de la impotencia que genera una derrota. De la impunidad, otros.
Es momento, por tanto, de poner por encima los valores democráticos. Y democracia es respetar al otro, aunque el otro encarne mi disgusto electoral en determinada coyuntura.
Macri ya dio vuelta una Primaria adversa en 2015. Falta mucho. Y todo puede pasar. Pero ese todo no incluye cualquier cosa a cualquier precio. El desatino de los ganadores o perdedores, de acá a octubre o a diciembre, puede ser muy perjudicial si no tiene en cuenta que el resultado de tal o cual decisión impactará en las personas, en la gente, en la ciudadanía. E impactará más en los que menos tienen.
Ganó Alberto y perdió Macri. Pero nadie ganó ni perdió aún. Los que sí perdieron, en efecto, fueron los encuestadores, de nuevo. Quedó en evidencia su coartada de hacer competitivo a alguien que no lo fue. Acertaron sí en un punto: en el segmento de la polarización absoluta. Alberto y Mauricio se repartieron el 80 por ciento de los electores. El 80 por ciento. Nada menos.

¿Qué pasó en Corrientes?
Lo que pasó en Corrientes es una suposición. Al cierre de esta edición, escrutado más del 89 por ciento de las mesas del país, Corrientes permanecía fuera de sistema. Llamativo, además de lamentable y vergonzoso.
Dicho esto, en Corrientes pasó lo de siempre: que todas las elecciones son distintas.
Arriesguémonos pues, a falta de datos:

El ejemplo de la singularidad de cada elección es lo que pasó con el PJ. Fue vapuleado en las provinciales de junio por sus errores en ristra y ahora recuperó espacio electoral, garantizando en el mismo acto la candidatura de José Aragón, caballo de comisario que cobró su lealtad hacia Cristina Kirchner. Lealtad que, hay que decir, se manifestó sin tapujos cuando muchos, hoy aliados, eran acérrimos opositores, arrepentidos del kirchnerismo en su versión corrupta. Ganó por la diferencia de recursos. Por el escaso volumen de algunos o el abultado prontuario de otros candidatos de la interna. Pero ganó por Alberto Fernández. Por Cristina Fernández. Por la boleta larga. Eso debe quedar debidamente documentado.
No obstante, la oportunidad que se le presenta ahora al PJ tiene que ver con la posibilidad de constituirse en contrapeso para la hegemonía que administra -por aciertos propios y yerros ajenos- el gobierno de Corrientes. La esperanza de poder ordenarse y generar un espacio con expectativas, sólo es posible si ganan los Fernández en octubre, primero, y si es que encuentran un sendero de unidad después. Los Fernández hicieron la huella. Está en los dirigentes correntinos demostrar que están a la altura de algo más grande que sus intereses personales o de grupo.
Las divisiones permanentes, aun siendo el partido más votado de los últimos tiempos, aleja sistemáticamente al PJ del poder real en la provincia, más allá del aporte que se hace, siempre y por factores más bien externos, a los procesos nacionales.
Tal vez ahora, con este envión, puedan juntar los pedazos de las disputas fraticidas y encarar un proceso proactivo de reconstrucción, que entre otras cosas destierre las malas prácticas históricas. La amenaza más grande que el peronismo debe despejar tiene que ver con no reincidir en errores del pasado. No hacer lo mismo que en el tercer kirchnerismo. No discriminar más a los que piensan distinto, sean estos personas o provincias.

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En el oficialismo hubo ganadores y perdedores. Los números (extraoficiales) dicen que su interna la ganó Jorge Vara. Los balances políticos dicen que ganó Ingrid Jetter. Se discute, ante la ausencia de datos oficiales (justo de la provincia mimada del macrismo) si perdió o no el radicalismo, algo que no acostumbra. Parece que perdió en la provincia. Lo de la Capital estaba por verse, pero parece que también. Lo que estaba claro anoche, para algunos, era que perdió Ricardo Colombi, al que lo castigaron por segregar cuando debía unir. Dicen…
Su propia interna la ganó Jorge Vara porque fue/es un buen candidato. Aquilata una muy buena gestión en el Ministerio de la Producción. Pudo sobreponerse a muchas adversidades, incluso más difíciles que las de ayer. Contra todos los pronósticos, en sus inicios consiguió ganarse la confianza del sector productivo, aun de aquellos que descreían de su capacidad general y sospechaban que sólo su sector (el del arroz) iba a ser beneficiado por su administración.
Vara terminó siendo, tal vez, el mejor ministro del colombismo. El mejor ministro de un mal gobierno, que pagó sueldos pero empeoró en casi todos los demás índices. Ayer fue víctima de un error de cálculo. Ganó, pero el sabor era agrio en su boca.
Ingrid Jetter, en paralelo, pudo meterse en la discusión por fuerza y capacidad de trabajo propias, pese a los destratos que tuvo que soportar. Quizás también porque, de todos los candidatos, es la que menos esfuerzo debe hacer para identificarse con la política del presidente Macri, y eso es un activo para mucha gente, sobre todo para el votante no peronista correntino.
Asimismo tiene a su favor, más allá de los altibajos históricos, estructurales, una fuerte identificación de su imagen con la autovía urbana de Corrientes, obra largamente anhelada y que, en ejecución a ritmo sostenido, se convirtió casi casi en un símbolo que será más que eso de cara a octubre. Eso esperamos todos. Ahora más que nunca. Pues si las máquinas que trabajan en la autovía ralentizan sus movimientos, indicará algo más que falta de combustible.
Ingrid Jetter habría hecho una elección contundente, dicen los que saben y pudieron ver los números, porque recibió apoyos varios, de los propios pero también de muchos socios más distantes que empiezan a sentir la fatiga de tener que soportar a los que no asumen que sus roles, por estas horas, tienen que ver con el reposo en la sombra.
Pese al escenario con evidentes vientos de cambio, todavía queda margen de maniobra en uno y otro sector. Porque lo de ayer, como se dijo largamente, no fue definitivo, aunque encienda muchas luces de alerta. Lo de ayer hizo sonreír a unos y dibujó gestos adustos en otros, pero como se trata de política, no achicó en ninguno las posibilidades de generar puentes. Y puentes harán falta si los resultados de las Primarias se confirman en octubre.
Lo de ayer fue un reparo que tomó la mayoría de la ciudadanía al emitir su voto. Un reparo en busca de equilibrio. La necesidad de repartir el poder.
En Corrientes gobierna Valdés, y lo hace bien según se expresó la ciudadanía en junio. Ahora estimó necesario hacer saber que en octubre, tal vez, votará una especie de contralor nacional.
Quedará para el análisis por qué cayó la performance oficialista. Por qué dividió su voto. Quedará también para los próximos días el sopeso de la interna que crece conforme se acerca 2021. Y más allá de la corrección política, lo que no es secreto para nadie es que será la interna radical la que dirimirá gran parte del futuro de Corrientes. Un poco en octubre. Otro tanto en dos años.