Operativo de imagen, gestión y limpieza

Nota publicada en el diario El Litoral

Gustavo Valdés cerró la semana protagonizando la escena política local, regional y nacional por varios motivos. Fue noticia nacional porque es el gobernador con mejor imagen en el país. Venía haciendo podio hace varios meses, pero esta vez llegó a las porteñas letras de molde, porque hizo punta y corrió de ese sitial nada menos que al blindado jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta.
El informe de CB Consultora Opinión Pública dice que el primer mandatario de Corrientes encabeza el ranking de gobernadores con mejor imagen de Argentina. Alcanzó el 71,4 % de aprobación durante mayo y desplazó a Rodríguez Larreta del primer lugar. Recuerda asimismo que Valdés dejó el cuarto lugar del ranking que había ocupado durante el mes de abril con el 67,1 % de aprobación, y que logró reducir las consideraciones negativas hacia su gestión: del 30 % de abril bajó al 27 % de mayo.

 

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Fue noticia regional porque se anticipó a sus pares del NEA y también al presidente Alberto Fernández en el anuncio y puesta en vigor de varias medidas de cierre y bloqueo para morigerar los efectos de la pandemia. Ya el martes anunció que cambiarían las fases y el miércoles confirmó el retroceso a fase 2 y 3 de varios municipios importantes, incluida la capital, apelando a cierres parciales, además de activar restricciones zonificadas a lo largo y ancho del territorio.
Pero no fue todo. Valdés se desmarcó incluso de Rodríguez Larreta, su socio en el esquema nacional opositor de Juntos por el Cambio, y cerró las escuelas de las localidades más afectadas con la idea de contribuir al despeje de la movilidad, que es el factor que determina la mayor cantidad de contagios.
En ese marco, además, decretó la prohibición de circulación entre las 00:00 y las 7:00 de la mañana, y la extensión de un asueto a la administración pública provincial. El objetivo: disminuir en un 50 por ciento la circulación en las ciudades correntinas con mayor cantidad de casos, como Capital, Goya, Mercedes y Paso de los Libres, entre muchas otras, cuyos números fueron evolucionando en la semana con un agravante clave: en algunas se detectó la circulación de la cepa Manaos. 
Estos próximos días serán clave para conocer si las restricciones decretadas por el Gobierno consiguen el efecto esperado, pues la provincia vivió hasta el miércoles en una suerte de normalidad solo alterada a la vista por la utilización de barbijos y protocolos sanitizantes más o menos flexibles en los espacios cerrados, clases presenciales en los niveles iniciales, primarios y secundarios, actividades deportivas, recreativas y religiosas, y una vida nocturna intensa, legal e ilegal, ajena a los llamados —insistentes y desesperados— a la responsabilidad social.

 

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Pero el gobernador Valdés también fue noticia en Corrientes. Lo fue porque el río suena. Y porque al no tener una oposición que estructure todavía un proyecto alternativo, atractivo para la opinión general y que, más allá de los diagnósticos y las chicanas, encarne una voz que dispute la agenda pública y capte la atención de las audiencias y del electorado, cualquier movimiento interno de la UCR y de la alianza ECO suenan como si fueran los crujidos del gobierno.
La interna radical está en movimiento, nadie lo niega. Pero es por algo que excede la candidatura a gobernador, validada ya afuera y adentro del espacio partidario, lo cual incluye a Ricardo Colombi, a quien no le quedó otra que levantar la mano de Valdés, rodeado por la evidencia de acompañamiento y consenso político.
(Dicen de hecho que la candidatura de Valdés en la provincia y de Tassano en Capital estaba resuelta de antemano, pese a las quejas privadas y públicas del exgobernador y presidente del partido. Y que esa salida radial, previa a la reunión del radicalismo en la que se oficializó la cabeza de fórmula, no fue más que un hábil intento por anticiparse a una jugada que lo excedió o que lo mantuvo al margen).
Pero más allá de esto o de aquello, lo que se disputa aquí, y que se disputará de aquí al futuro, será el manejo del partido y de la alianza, y en ese camino pueden quedar heridos o magullados. El doctor Raúl Martínez fue el primero, aunque no fue su primera vez.
El exlegislador y exfuncionario provincial, y hasta la semana pasada director del hospital de Goya, fue “invitado” a dejar su cargo luego de que saliera a blanquear sus intenciones de ser candidato a intendente de la segunda ciudad de la provincia. Hay más: el propio Martínez dijo que el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, fue el encargado de pedirle la renuncia.
Dicen que el hecho generó picazones en el seno de la UCR, sobre todo después de que Ricardo Colombi saliera a pedir clemencia para el doctor, dejando expuesta la interna, que se hizo más notoria cuando algunos trolls de plumas y martillos salieran a decir que era falso lo que en realidad era verdad: que Colombi estaba enojado porque echaron al director de hospital que estaba, tal vez, apadrinando como candidato.
La noticia es así: el director del hospital de Goya, Raúl Martínez, confirmó que le solicitaron la renuncia por realizar “política y actos de proselitismo” en el momento en que esa ciudad registra un promedio mayor de 50 casos diarios de covid-19. Como reacción, el Comité provincial de la UCR pidió al Gobierno que revierta la medida.
Ese comité, presidido por Ricardo Colombi, emitió un comunicado en el que respaldó al médico y solicitó “que se deje sin efecto la apresurada decisión”. Ese comité trabaja también, al parecer, en la nominación sistemática de candidatos distintos a los que tienen avales del gobernador.
Lo concreto es que Martínez hacía proselitismo en el hospital y ese acto (además de correrlo de su función específica) configuró un exceso (político) que desafió una postura que ya cobró forma en el radicalismo y en el Gobierno: apoyar al actual secretario de Desarrollo Social, Mariano Hormachea, como candidato del partido y de la alianza para suceder a Ignacio Osella, quien, aun pudiendo hacerlo y con números para lograrlo, decidió no presentarse para un nuevo periodo en la intendencia.

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Todo esto no debiera ser más que ello. Pero es un poco más porque la interna se desarrolla en medio de una pandemia y la política tiende a confundirse con lo público. Pero, en el fondo, lo que está pasando tal vez sea lo mismo que pasó en 2013: lo que la relatoría del gobierno de entonces llamó el “operativo limpieza” que encabezó Colombi para poner en marcha lo que fue el primer gobierno reelegido de la historia de Corrientes. El primero en juntar sus cosas fue el subsecretario de Desarrollo Humano, que entonces no era otro que Raúl Martínez.
Son los hilos del destino: de aquel echado a este defendido Martínez pasaron cosas. Lo que no pasa ni cambia son esas formas de la política: el apego al más rústico pragmatismo sin cara ni corazón, y a la más conveniente amnesia temporal.
La jugada de Martínez puede leerse, en definitiva, hasta que se demuestre lo contrario, como una acción más de la ensordinada interna radical, publicada en cuotas, muy parecida a los movimientos dizque insuflados por Colombi en el seno de ECo y que dieron forma a los reclamos desafiantes de Pedro Cassani primero y de Gustavo Canteros después.
Cassani ya recogió el hilo, un poco por sugerencia de sus partidarios y otro poco de sus socios, mientras que Canteros parece dispuesto a seguir hasta las últimas consecuencias, hasta colocar su candidatura a intendente en alguna boleta.
La política es el arte de lo posible y todo puede pasar siempre. De hecho está pasando, aunque tal vez antes de tiempo, si es que alguien calculó otra cosa: Valdés está configurando su volumen y construyendo espacio a esa medida, ejecutando el mando que le dieron los propios y que le reconocen los ajenos.

La política de la rosca inmutable

Publicado en el diario El Litoral

La crónica política de los últimos meses podría sintetizarse así: Canteros, Cassani y Colombi desafiando a Valdés.

El vicegobernador Gustavo Canteros primero avisó, para no traicionar, y después lanzó su candidatura a intendente de Capital.

El titular de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani, no quiso ser menos. Ya en febrero informó su posición y luego lanzó su candidatura a gobernador. Incluso chicaneó: “¿Por qué Valdés no puede ser mi vice?”. No lo hizo más que en los medios, pero sonó fuerte, como sonaron fuerte las reacciones. Las más notorias se dieron en los anaqueles del Poder Judicial, donde justo por esos días el personal de maestranza pasaba el plumero sobre empolvados expedientes dormidos.

Días después Ricardo Colombi puso en duda la candidatura de Eduardo Tassano. Sin mirar a los ojos a Gustavo Valdés, recordó que no siempre la imagen se traduce en votos. Después azuzó la posibilidad de quiebres y pronosticó fracasos para quienes no escucharan al “Cherubichá”.

Si bien quejoso, también advirtió: “Nadie decidirá nada por mí, ni me van a jubilar”. De paso le tendió una mano a Canteros y otra a Cassani. Los alentó, pues al fin y al cabo nadie puede negarle la posibilidad de ser candidato a nadie, dijo. El hilo común a todos: la silla acomodada en el centro de la escena del programa “Final abierto”.

Antes habló el gobernador. Fue el primero y el que ordenó el debate. Confirmó a Tassano como candidato y dijo que al vice la o lo elegirá él según estas dos condiciones: que sea joven y con votos.

Después, como siempre, pasaron cosas.

La escalada verbal produjo hechos en la superficie y zancadillas brotadas desde los sótanos de la política y de la justicia. Una esquirla tardía de esas viejas detonaciones tal vez sea la viralización de los audios con el pedido de “reintegro” de la diputada nacional Estela Regidor a varios de sus empleados, para hacer “donaciones” en negro, so pena de truncarles el contrato. Es un escándalo de proporciones que, hay que decir también, no implica solo a la diputada radical. Veremos cómo sigue.

Demuestra esto, no obstante, que el carro viene acomodando melones a los tumbos, pero sin el peligro de una guerra declarada como la del 2005 entre los primos Arturo y Ricardo, y que dejó heridos en ristra y algunos muertos.

La terquedad de entonces mutó con el tiempo en el cálculo frío que no pierde de vista las opciones cruciales: ceder y gobernar, o romper y volver al frío gélido del llano. Es verdad que muchos están más abrigados que hace veinte años y que podrían pasar el invierno y la pandemia sin tiritar, pero no es lo mismo hacerlo al calor de las estufas de Salta y Mayo.

Fue en ese marco prepolítico electoral que ocurrió también la cumbre entre Ricardo Colombi y el gobernador Gustavo Valdés. Fue el viernes 30 de abril en Casa de Gobierno. Días después, el miércoles, Colombi dijo por radio que Valdés es el “candidato natural” y más tarde, el mismo miércoles, la UCR avaló las nominaciones de Valdés y Tassano. Fueron ungidos por el radicalismo y en Capital, pero el alcance fue más amplio: se leyó como el ungimiento de ECO a sus dos principales candidatos.

 

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Tal vez nunca se sepa qué pasó efectivamente en la reunión de Colombi con Valdés, porque incluso un ministro de peso dentro del gabinete, varios días antes, varios, firmó en un cuaderno, a modo de anticipo, que esa era la fórmula integral. Valdés-Tassano. Firma del ministro. 

Cassani, en tanto, emprendió un acelerado regreso, como en la parábola del hijo pródigo: volvió a mostrarse con el gobernador, recorre la provincia con él, y del desafío pasó al silencio.

Canteros siguió en las suyas. Fueron a tentarlo varias veces para que deponga su actitud, pero el dos veces vicegobernador parece dispuesto a dar pelea. Por ahora, dice que dentro de ECO, salvo que no lo dejen. Por lo pronto, el jueves lanzó su candidatura y lo hizo rodeado de dirigentes de 17 partidos, más allá de que después se dijo que dos de esos sellos estaban flojos de papeles.

Canteros no quebró, pero la interpretación política fue esa. Tal vez suceda, pero lo cierto es que aún no. Y no ocurre porque no hay ni fecha de elecciones, y si no hay fecha tampoco hay tiempos definidos para la conformación de alianzas. Y nada debe ser tan dramático, pues según preguntó Canteros, “si el radicalismo no consultó a nadie para lanzar a su candidato, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros, que somos 17?”.

 

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Más allá de todo, el peronismo espera. En el viejo partido de Perón hay sobrados especialistas en la cata de sangre, y dado que no hay señales de cosecha puertas adentro, balconean la interna de ECO hociqueando las mataduras ajenas. Algunos cancerberos, incluso, ya se dieron el lujo de abrir sus anchos portones al otrora compañero sindicalista Canteros. Como cachorros en busca de un amo, algunos ya lamieron sus manos. Incluso algunos otros se animaron a desenrollar viejas alfombras púrpuras, guardadas de otras épocas, de cuando la pelea en el PJ era por algo más que los egos de sus integrantes.

Por fuera de este esquema, hasta el momento, nada sugiere el nacimiento de una alternativa. El modelo bialiancista parece que volverá a perfilar la oferta electoral de este 2021.

 

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Esto recién comienza, y mientras dure, parece saludable el debate. Y ya que la oposición no puede estructurar una discusión que sea superadora de la chicana, o que sea superadora del diagnóstico para pasar a una propuesta que enamore al electorado correntino, al menos están los cruces internos ante tanta hegemonía sustentada en rededor de un hiperconsenso que parece revestir la figura de Valdés.

Su carrera fue vertiginosa, como la acumulación de sus logros políticos. Valdés entró al gobierno como delfín de Colombi y al cabo de cuatro años, pandemia de por medio, emergió como candidato natural a la reelección. ¿Será el tiempo ahora de un empoderamiento pleno, unipersonal? Puede ser. Semejante liderazgo solo fue puesto en discusión por el último capitulador, Ricardo Colombi, que después de zarandear la interna y de azuzar planes alternativos en varios frentes, se avino a la máxima de la superación del alumno.

¿Se avino? Por el momento, sí.

Cerró filas y salió a levantarle la mano. Tal vez esté convencido. Tal vez sea una jugada con altas dosis de pragmatismo de esas que Colombi ensaya a diario. O tal vez se esté curando en salud y esté reservándose para sí el poder de veto o de arbitraje, derecho que podría haber perdido ante la posibilidad de una contienda con fractura expuesta. ¿Qué hará? Aún no se sabe, pero no será la jubilación.

La sangre, una vez más, coaguló antes de llegar al río. Es el catalizador de la inteligencia que faltó en 2005. Y ese aprendizaje estriba en el diseño de una estrategia que piensa ya no en el próximo turno electoral, sino en las próximas dos generaciones, según dice el presidente de la UCR, que puede exhibir, más que gestión, eso sí, un éxito político-electoral que viene de otras dos generaciones.

 

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Todavía hay que confirmar candidaturas y votar. Pero a estas alturas parece difícil que peligre la reelección de Valdés, salvo algún error gravísimo o una implosión no calculada. El resto está por verse. Habría que mirar, en todo caso, la resolución de la interna más fuerte que tiene ahora el frente gobernante por la intendencia de Capital.

Tassano fue ungido por el radicalismo y allí hay un mensaje. No es aún, pero parece el candidato de la alianza. El asunto es que en menos de 24 horas Canteros le salió al cruce. Y dada la ausencia de mecanismos internos o de primarias provinciales que bien podrían arreglar esta situación, la cosa ahora se dirimirá en el plano de las negociaciones o del quiebre.

Si es así, las cosas pueden cambiar. No solo dividiendo el voto oficial, sino también partiendo la masa electoral capitalina, dando chances tal vez a algún otro sector que esté en condiciones de capitalizar a los descontentos y sumar a los desarreglados.

Lo que está claro, sí, es que el mundo cambió. La pandemia dio vueltas las estructuras, disolvió una cantidad impresionante de certezas, pero en Corrientes la rosca política sigue como era entonces. Esos cimientos siguen inmutables.

Crujidos radicales

La provincia se juega mucho el año que viene, en el marco de una crisis que se presenta como problema para los que gobiernan y como posibilidad para los que no.

La oposición local tomó nota y empezó a trabajar. Esto quiere decir que los legisladores peronistas jugaron sus cartas para activar un mecanismo de presión e incorporar muchas de las múltiples necesidades de Corrientes en el presupuesto nacional, instrumento que tuvo su primera sanción el jueves en la Cámara de Diputados.

El Gobierno de la Nación hizo lo propio y habilitó una bolsa grande de plata para darle material proselitista a los propios, y material institucional al extraño. En este caso el extraño sería el gobernador Gustavo Valdés, con quien el presidente Alberto Fernández mantiene una relación de cercanía madura, aceitada sobre un concepto de federalismo. Mantener la equidistancia facilitaría las cosas si es que tienen que convivir más allá de 2021, lo cual implicaría la reelección de Valdés.

Esa posibilidad, que en principio debería ser un problema para la oposición (que hace tres elecciones queda en la puerta, pero sin poder entrar al palacio de Salta y 25 de Mayo), parece ser más un problema del radicalismo, que hace crujir su interna por asuntos no resueltos, más allá de los números, que siempre fueron un ordenador político en la era del colombismo.
Sucede que los números ahora acompañan a Valdés, y Ricardo Colombi parece no convencerse ante esa evidencia amarga, entonces apela a lo que sabe y que tiene aprendido de sus viejos libros gordos de chicanas y zancadillas.

Y si bien en público se desmienten las intencionalidades, o se las minimizan, vale hacer un racconto para dejar constancia, al menos, de un problema político que ya tiene algunos síntomas y que mal gestionado podría agravarse. Veamos los puntos más importantes de lo que hasta ahora es sólo una puesta en escena:

Acto 1

Esta semana se trató y se aprobó el presupuesto nacional en la Cámara de Diputados. Allí obtuvo su primera sanción con 139 votos a favor, 15 en contra y 90 abstenciones.

Los diputados correntinos se dividieron en dos bloques. Por un lado están los que aprobaron, es decir los tres peronistas (“Pitín” Aragón, Nancy Sand y Jorge Romero) y las dos del PRO (Ingrid Jetter y Sofía Brambilla); y por el otro están los que se abstuvieron, es decir los dos radicales (Estela Regidor y Jorge Vara).

Parece el mundo del revés, pero no lo es. Es el mundo de la política.

—¿Cómo se entiende?

—Así:

El Gobernador pidió a los legisladores correntinos de ECO-Juntos por el Cambio que “acompañen” el proyecto, entre otras cosas porque sus voces fueron escuchadas y el presupuesto prevé la afectación de unos 116.000 millones de pesos en obras. El asunto es que sólo las diputadas macristas lo hicieron.

Regidor y Vara, radicales ellos, se abstuvieron de votar en general, aunque votaron en particular los artículos que beneficiaban a Corrientes. En ese mismo acto desoyeron el pedido del Gobernador, alegando conducta partidaria, pues siguieron la bajada de línea del radicalismo nacional que les ordenó abstenerse.

Aquí hay que tener presente que una cosa es la estrategia nacional de la UCR, y otra la estrategia provincial de cara a las elecciones provinciales del año que viene, cosa que se diferencia todavía más de la estrategia del gobierno provincial, que tiene más responsabilidades, de cara a la gente, que la de pelear espacios o negocios.

En esa línea se manifestó el viernes el secretario general, Carlos Vignolo, quien hablando por radio dijo que Regidor y Vara “tomaron una decisión equivocada”.

Para agregar, solo decir que Vara fue siempre ministro de Ricardo Colombi, hasta que fue electo diputado ya en épocas de Valdés. Y Regidor fue siempre un comodín versátil que a veces cubre necesidades electorales, a veces necesidades administrativas y siempre responde a los requerimientos políticos del ex gobernador. Siempre. Es infalible. Por lo tanto, si siguió un mandato partidario, ese no partió de la ciudad de Buenos Aires sino de la calle Buenos Aires. El tiempo dirá por qué o para qué lo hizo de ese modo.

Acto 2

Si bien responde a una disposición nacional fundamentada en los impedimentos de la pandemia, la conducción de UCR Corrientes decidió prorrogar todos sus mandatos partidarios hasta por lo menos mediados del año que viene. Hay quien dice, no obstante, que ciertos sectores influyentes del partido intentarían alargar la prórroga hasta diciembre de 2021. He allí la clave.

En el resto de los distritos esa decisión tiene un peso determinado, pero en Corrientes, y pongamos por caso, en Santiago del Estero, que también elige gobernador en 2021, esta decisión es un tanto más trascendente porque los procesos electorales son más grandes y determinantes. Se juegan las gobernaciones e intendencias, además de la integración de los parlamentos.

Los mandatos de las autoridades de la UCR Corrientes caducan el 16 de diciembre, pero ante la imposibilidad de realizar convenciones y asambleas, el Consejo Nacional habilitó una extensión de los mismos.

En Corrientes, la decisión de prorrogar mandatos surgió tras la reunión de la Mesa Ejecutiva del Comité Central de la UCR realizada el pasado jueves 22 de octubre. Esa mesa está integrada por Ricardo Colombi, Héctor Lopez, Graciela Insaurralde, Graciela Rodríguez, Norberto Ast, Manuel Aguirre y Susana Nugara, entre otros.

En tal reunión, Colombi expuso la necesidad de considerar la prórroga dada la imposibilidad material de realizar procesos electorales en este contexto pandémico, ya que su concreción implicará el desplazamiento y aglomeración de personas. Es lo que pasará, de hecho, en las elecciones generales, pero para Colombi el riesgo de contagio está en la interna. (¿?)

Lo que no se dice de esa argucia es que tales autoridades tendrán responsabilidades en 2021, por caso la de fiscalizar los procesos y armar las listas de candidatos. (Por suerte lo tienen a Colombi, que se ofrece gratis a realizar esas tareas). De todos modos todavía no está dicha la última palabra. La decisión final debería surgir de la Convención Provincial. Allí necesitarían unos 70 votos para imponer una decisión al respecto.

Acto 3

La semana pasada ocurrió también un escarceo en la Cámara Baja de la Provincia. Diputados peronistas enrolados en el Frente de Todos solicitaron preferencia para agilizar el tratamiento de dos leyes clave para la sociedad en su conjunto, pero ambos fueron rechazados. Se trata de los proyectos de paridad de género y voto joven.

El diputado José Mórtola fue quien primero pidió preferencia para los proyectos de paridad de género, incluyendo el enviado por el gobernador Gustavo Valdés. Tras la votación, su petición fue desestimada. Más adelante, el diputado César Acevedo solicitó la preferencia para las iniciativas de voto joven, que también fueron rechazadas.

Es verdad que el PJ está en su derecho y casi en obligación de insistir con estos temas, aunque cuando puertas adentro tuvo que responder por la paridad, por ejemplo en la disputa entre Rubén Bassi y Patricia Rindel, no quiso hacerlo o no pudo. Y entonces recibió la ayuda solícita del oficialismo radical en el Senado, que con notable coherencia avaló al varón por sobre la mujer y terminó la discusión.

Tal vez no sea este el caso, pero desde entonces ya nadie puede mirar con ingenuidad los amagues opositores para poner en evidencia la supuesta negativa oficialista de tratar estos asuntos, porque negar espacios a la mujer o a los más jóvenes, no generan impacto directo en los generales de las sombras, sino que comprometen más la palabra del Gobernador, más allá de colocar a la provincia entre las más atrasadas en cuanto a la “real igualdad de derechos” que exige la propia Constitución.

Cada vez que es consultado por el tema, Valdés pide que en vez de reclamarle a él, se les reclame a los legisladores por su actitud de negativa constante. Tal vez tenga razón. El ministro Vignolo, que también respondió sobre esto el viernes en una entrevista en Radio Dos, intentó bajar los decibeles. Dijo que cuando estén dadas las condiciones, la Legislatura avanzará en ambas cuestiones.

Pero el tiempo es ahora, y él lo sabe, o debería saberlo. Demorar el debate implicaría votar otra vez, el año próximo, en las mismas condiciones de siempre, desoyendo fuertes demandas sociales, cambios culturales ya dados en el mundo con evidencias de sobra y las propias promesas formuladas por Gustavo Valdés hace casi 4 años.

También lo saben quienes frenan estas iniciativas, y tal vez por eso lo hagan: porque pescan en río revuelto, y mientras haya pesca, se demora la jubilación de varios pescadores. De todos modos tendrán que tener cuidado, porque el proceso de cambio ya empezó y hace tiempo que escapa de su control.

Semiología práctica

La semiología es una ciencia que se encarga del estudio de los signos en la vida social. Es un término que suele utilizarse como sinónimo de semiótica, aunque los especialistas de la materia hacen algunas distinciones entre ambos. “Semiología” procede del griego y está formada por dos vocablos: semeion que puede traducirse como “signo”, y logos, que es sinónimo de “estudio” o “tratado”.

Puede decirse, a grandes rasgos, que la semiología se encarga de todos los estudios relacionados al análisis de los signos, tanto lingüísticos (vinculados a la semántica y la escritura) como semióticos (signos humanos y de la naturaleza). Por eso mismo esta ciencia, con los años, se constituyó en un instrumento multidisciplinario. Lo usa la política, mucho la comunicación y se usa incluso en medicina humana y animal.

El suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913) fue uno de los principales teóricos del signo lingüístico. También lo fue el estadounidense Charles Peirce (1839-1914). Además de estos, hay otros pensadores que ayudaron a conceptualizar mejor el asunto y sus implicancias. (Para los interesados, se puede mencionar por ejemplo al francés Roland Barthes o al italiano Umberto Eco. Eliseo Verón fue una referencia argentina en este campo). Pero no es nuestro punto. Además, puede que sea un tanto complejo su entendimiento, aunque en el mismo plano hay que decir que el manejo de estas herramientas es fundamental para los procesos comunicativos. Para lo que se dice y lo que se quiere decir. Para lo que se muestra y lo que se esconde en cada proceso de intercambio, en el plano que sea.
Ahora bien: ¿de qué sirve esto en una columna que en general se encarga de temas políticos locales? Veremos que bastante.

Sucede que entre el domingo y el lunes pasado, el gobernador Gustavo Valdés se refirió al asunto. Primero con Carlos Alonso en Radio Dos y después con María Mercedes Vázquez en Radio Mitre. En un tramo de ambas notas, primero conceptualizó y después hizo uso de la herramienta, enviando señales que, con seguridad, algún semiólogo social-político ilustrado o autodidacta estará descifrando.—¿Vos sabés de semiología?— sorprendió Valdés, parado en la vereda de la comunicación política.
—Es la ciencia y arte del buen diagnóstico— replicó Alonso, sentado sobre sus libros de Veterinaria, que es el saber docto que acredita.
Ninguno tenía ánimos de desarrollar teoría, pero sí, al parecer, de desplegar una especie de aplicación práctica:

—Uno tiene que saber qué dice, dónde lo dice y por qué lo dice— disparó Valdés. En este arte de decir, uno tiene que saber qué está diciendo…
¿Y qué es lo que dijo Valdés o, en todo caso, por qué hizo referencia a esta ciencia en particular?
Vayamos por partes.

Entrevista de Carlos Alonso. Radio Dos. “Lo bueno, lo malo y lo feo”.

—La gente se lo pregunta, ¿un gobernador tiene que pensar más allá de su gestión? ¿Pensar a 20 años, para cuando ya no esté?
—Hace 20 años atrás no se pensó de esta manera. Tal vez no teníamos esta posición o tal vez no teníamos este horizonte.
—Es complejo salir (de la provincianía). Y por ahí hay muchos estúpidos que creen que uno sale (al mundo) a pasear. Y por ahí esos estúpidos le hacen decir eso a otros, por canales de televisión vecinos o lo hacen decir por algunos otros medios. Pero no importa. Nosotros sabemos lo que tenemos que hacer y estamos en el camino.
—Posibilidades para la provincia hay, pero hay que buscar. No nos tenemos que mirar el ombligo. Tenemos que levantar la cabeza.
—Entre otras cosas, además, tenemos garantizado pagar los sueldos de acá hasta que termine este mandato.
—¿Y con qué gabinete vas a hacer todo?
—Con los ministros que tengo y espero sumar uno más, de Ciencia y Tecnología.
—¿Cuándo los vas a anunciar? Porque además tenés que cambiar a varios…
—Oportunamente. No hay apuro. Si no tenés un ministro, tenés un subsecretario o secretario de área.
—¿En serio?
—Tranquilo. Hay para todos y todos (sic).
—¿Cómo está la UCR? 
—La UCR es un partido consolidado y creo que tenemos que respetarnos todos dentro de la UCR. La UCR no es de una sola persona. Somos todos y todos le ponemos el hombro para que sea el partido que es. Entonces la UCR no tiene dueño.
—Siento un gran acompañamiento de los ciudadanos. Fundamentalmente de los ciudadanos, y esa es una gran fortaleza. Porque los votos no son ni de las estructuras, ni nadie es dueño de los votos. Nadie se tiene que sentir dueño de la ciudadanía. La ciudadanía es la que elige. La que pone o la que saca. A esa ciudadanía es la que no tengo que defraudar y voy a hacer todo para que esa ciudadanía esté conforme con lo que hago.
—¿Cómo están las cuentas provinciales? ¿Alguien te define como gastador o qué?
—Están queriendo por ahí generar ese clima, pero no importa. Yo sé lo que estoy haciendo.
—Vos anduviste por países que están medio belicosos…
—España, por ejemplo. Hay tensión grande allí.
—Parece que te mimetizaste…
—Bueno. Nunca hubo una estabilidad total en esos países de Europa… (risas) Hay como cuestiones pendientes…
—Pero acá todos tenemos armas. Todos tenemos armas…
—¿No estarás medio enojado hoy, no?
—Todos tenemos armas.
—Viniste complicado…
—No. Es que yo te hablo de desarrollo y vos venís a la politiquería. Te gusta la politiquería (risas).

***

Entrevista de María Mercedes Vázquez. Radio Mitre. “Corrientes en el aire”.
—¿Por qué aclarás que tu gobierno es austero?
—Porque hay por ahí algunos comentarios de despilfarro. Pero siempre comentarios por debajo de la mesa (…) Pero bueno, yo creo que nosotros tenemos que tener un gobierno austero, que ahorre, que cuide los mangos de los correntinos y que pueda tener otra visión. No nos podemos mirar todo el tiempo el ombligo.
—¿Por qué aclarás que están garantizados los sueldos?
—Porque hay gente que dice lo contrario.
—¿Dentro de tu partido político?
—De todos lados. Por ahí algunos tratan de sembrar dudas y nosotros estamos haciendo una muy buena gestión, responsable, tratando de gastar esencialmente en el desarrollo, en obras públicas y en mantener el poder adquisitivo del salario de todos los trabajadores.
—¿Y lo de los ministros?
—Nadie está atornillado a la silla. Y aquellos que no estén cómodos en el gobierno, o no piensan como pensamos nosotros, pueden renunciar mañana sin ningún inconveniente. Nadie es indispensable. Ni el gobernador es indispensable. Y no hay persona indispensable para una sociedad que realmente abraza un sistema republicano. Porque la democracia descansa en la república, en la división de poderes, y nadie es dueño de nada y nadie es indispensable.
—¿Te reunís con la UCR?
—Siempre estoy hablando con el radicalismo.
—Pero se reunieron en estos días…
—Se reunieron el martes. Y creo que mañana (martes) tenían otra reunión. Yo no puedo. Creo que hacen un asadito en la casa de un legislador. Pero bueno, está bien. Yo estoy yendo a buscar fondos que tienen que ver con la Sapen. Son 100 millones de pesos no reintegrables para llevar fibra óptica, conectividad y desarrollo para los correntinos.
—¿Hay internas en la UCR?
—Siempre hay diferentes miradas. Yo no creo que haya un partido que pueda tener una sola mirada.
—Hay gente que quiere que haya una ruptura, que explote todo. O hay algunos dirigentes a los que les conviene, pero nosotros tenemos que fortalecer este espacio exitoso. Nosotros sacamos el 60% de los votos en la primera elección (de este año) que no es de nadie. Es de la propuesta que hicimos nosotros. No me creo dueño ni nadie es dueño de esos votos.
—Hablaste de que nadie es dueño de la UCR.
—Y eso es así.
—¿Y qué trajiste de tu viaje a Europa?
—Nosotros fuimos a buscar posibilidades (para Corrientes). No es que nosotros hacemos como hacen decir por ahí, que buscamos destinos exóticos. Nosotros nos vamos a lugares donde necesitan nuestro producto. No esperamos que nos vengan a buscar.

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Pues bien. “Uno tiene que saber qué dice, dónde lo dice y por qué lo dice”, dijo Valdés. Tal vez ahora mismo haya algún lector diestro en encontrar las marcas que fue dejando el Gobernador entre las líneas de estos mensajes.

Colombi, el espía espiado

 

Una versión desusada de Ricardo Colombi fue el jueves a radio Mitre Corrientes, al programa de María Mercedes Vázquez. Versión descontracturada, jocosa, con ínfulas de espía. Un Colombi disfrazado de vigilante. De lobo solitario. De elemento activo de algún servicio de inteligencia, o algo por el estilo, que se reporta a sí mismo.
Esa versión risueña de Colombi, más parecido a un actor de reparto divorciado de su oficio, exageró su sorpresa por la vista que ofrecen los ventanales de la emisora ubicada en la esquina de las calles La Rioja e Yrigoyen (en diagonal al edificio del diario El Litoral), e interpretó una suerte de fruición sobre el espionaje, aunque su personaje (malo) no pudo esconder al menos dos de sus obsesiones verdaderas: el control y el diario El Litoral.

—¿Qué tal Ricardo Colombi? ¿Cómo te va?— empezó María Mercedes.
—Bien. ¿Cómo te sentís en tu nueva casa?
—Bien. ¿Te gusta?
—Sí, porque se observa todo desde acá. Se controla bien (…) Realmente muy lindo lugar…
—¿Te gusta?
—Me gusta. Muy buena imagen. Se observa todo y se controla todo desde acá. Más que Barreiro…
—(Risas). Empezó…
—Se controla más que Barreiro desde acá— insistió, y de ese modo dio cuenta de la situación que se hizo pública en la semana.
¿Cuál? La que sostiene que el espía Hugo Rolando Barreiro declaró ante el juez Alejo Ramos Padilla que la organización de espionaje ilegal, inorgánica de la Agencia Federal de Inteligencia, hizo “trabajos” para el senador Carlos Mauricio Espínola. Según trascendió, el espía/arrepentido le dijo al magistrado que las operaciones se realizaron contra el ex gobernador Ricardo Colombi, y contra el actual gobernador, Gustavo Valdés. Barreiro relató además que participó de una reunión con D’Alessio y Espínola en la que el grupo del falso abogado le vendió teléfonos israelíes al senador. Se supone que no eran para hablar con Santiago Lange.
“Camau” desmintió todo: dijo que no espía a nadie y que con “Santi” habla por WhatsApp desde el celular de siempre, pero parece que sí se reunió con D’Alessio. No quería decirle que “no” quería sus servicios por teléfono.
Valdés, en tanto, dijo que no tiene nada que esconder.
Y Colombi hace chistes, sin inmutarse demasiado.
—Escuchá— ordena la conductora, tratando de retomar el hilo de la entrevista, pero Colombi tenía otros planes.
—¿Qué es lo que está enfrente?— preguntó el ex intendente de Mercedes.
—¿Usted se siente observado? Es el diario El Litoral— acotan Juan Manuel Laprovitta y Horacio Ramírez Verdaguer.
—Ah, pero observás bien, quien entra, quien sale.
—Todo (se ve desde acá).
—Quien escribe, quien no escribe. Los editoriales. Cómo hacen…
—Todo.
—Qué dicen, qué no dicen. La verdad, se controla todo. Mirá vos, no conocía— le dijo a sus interlocutores, y se rió, golpeando el palmar de su extremidad superior derecha contra el dorsal de su extremidad izquierda. El popular “peté por la mano”, uno de sus recurrentes fetiches.

***
Después, más de lo mismo. Cuando Vázquez logró encauzar la entrevista, sólo enganchó la versión “normal” de Colombi.
¿Cuál es?
El Colombi que habla de escuchas y operaciones de inteligencia ilegales como algo natural de la política. El que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. El que habla de las aspiraciones radicales y exige compartir el poder con Mauricio Macri…
¿Como acá en Corrientes?
Por supuesto. O alguien pone en duda que el radicalismo comparte el gobierno con sus socios.
¿En serio?
Por supuesto. Trabajo en equipo. La escudería perfecta en la que el ex chacarerito del paiubre es el piloto y el resto (partidos -sellos de goma- y dirigentes) los que cambian las cubiertas.
¿Eso dijo Colombi?
Por supuesto que no. Eso dicen sus socios, pero en secreto, porque no se animan a decírselo en la cara.
***

Lo que sí dijo Colombi en radio Mitre es que quiere reformar el Código Electoral provincial. Sostuvo que es “necesario”. (Y nunca es tarde cuando la dicha es buena: vio la urgencia ahora que es legislador, pues no tuvo tiempo de verla en sus 12 años de gobierno).
Hay más. El Colombi “estadista” habla de reformar todo, menos la discrecionalidad de llamar a elecciones. El Colombi “legislador” quiere nuevo código para que la provincia tenga control sobre los padrones, sobre los circuitos electorales y sobre las boletas. Llegó la hora de las boletas únicas, señaló. El Colombi “magistrado” quiere una justicia electoral ad hoc. Algo así como el control sobre quién puede votar y sobre quién puede y no puede ser candidato. ¡Qué bueno es! Un estadista que parece espía y que piensa en el control.
El Colombi “normal”, además, aplaudió la decisión del gobernador del Chaco, Domingo Peppo, de suspender las elecciones Primarias provinciales. No debe haber internas, dijo. Todo debe resolverse en las generales. No vaya a ser que la institucionalidad y las condiciones de cierta igualdad (sobre todo con quien maneja los recursos del Estado) le socaven el poder. En fin. No hay plata para las internas, así que mejor el dedo. Y mejor si es su dedo. (Aunque no lo expresó, tal vez por pudor).
También pidió acompañamiento, porque desde el Gobierno no se puede hacer más, reconoció Colombi, en términos generales. Es la hora de mejorar, hora de cambios profundos, agregó. Esta ya era la otra versión de Colombi: la negadora. La que no recuerda que él y los suyos gobiernan desde 2001.
Habló de ECO, aunque no de la contradicción que implica hablar maravillas del alineamiento Nación-Provincia-Municipio y alejarse del gobierno enclenque de Mauricio Macri desdoblando las elecciones. Habló del ECO en el que ya no hay lugar para Cambiemos.
Habló también, a regañadientes, de la crisis del PJ. Pero no se metió en la interna: sólo comparó:
—Nosotros siempre estuvimos con la boleta 3, en las buenas y en las malas— dijo.
Por supuesto que olvidó que la UCR estuvo intervenida y que hubo problemas con esa boleta en el medio término del arturismo, cuando él y su primo Arturo Alejandro sumieron al partido y a la provincia en un baile institucional como producto de sus irresueltos problemas de medidas parentales. Un detalle. A quién puede importarle.
Igual, cualquiera podría coincidir en algo con el ex diputado nacional que otrora pidió extender la intervención de Corrientes, algo que también suele olvidar. Se puede coincidir en que “siempre (ante) la ineficacia de alguien, la culpa la tiene otro”. Así le dijo a María Mercedes, y él sabe de lo que habla, pues se pasó todos estos años endilgándole a otros las culpas que no eran de nadie más.
De hecho, allí mismo dio una muestra de ese veneno. Cuando le preguntaron por la pobreza, dijo que bueno, estemmm, la pobreza, los índices, las metodologías, estemmm, sarasa, y quemmm, lo que pasa es quemmm los medios, pobreza, sarasa, pobreza. Punto. Clarísimo.
Y para finalizar lo mejor: la cara oculta de la luna. Otra vez el espionaje. El control. Los celos. El dibujo de sí mismo.
—¿Tenés mejor relación con la prensa ahora?
—Y… después de que vos saliste de la otra radio (LT7), sí.
—¿Qué te pareció la mudanza?
—Año nuevo, casa nueva, dicen.
—Bueno, fue mucho tiempo…
—Bueno, pero yo ya te dije ayer el tema de la luz.
—¿Qué es lo de la luz?
—Nooo. (Risas. Golpe palmar derecho sobre el dorsal izquierdo).
—Gracias, Ricardo Colombi.
—Bueno. Pero realmente muy buena visión, eh. Espectacular se ve.
—Capaz se alquila oficinas por acá (si tanto le gusta)…
—No, no, porque ustedes me van a controlar mucho.
—¿Y ya está bastante controlado?
—Me van a agarrar con los teléfonos esos…
—(Risas)
—Pero de ahí se ve bien —insiste—: quién entra y quién sale, ¿no?
—¿Del diario El Litoral?
—No sé de quién es el diario ese, no conozco, pero… estemmm…
—Ese diario es de Carlos Romero Feris.
—¡Ah!, ¿de él es? Me estoy enterando de que queda acá enfrente (manotazo nervioso sobre la mesa). Pero se ve bien.
—Bueno, vamos a despedirlo porque ya empezó con la pavada. Gracias, Ricardo Colombi.
—Bueno, mucha suerte, que tengas éxito y que te quedes por mucho tiempo acá, porque los alquileres salen caro.
—(Risas)
—Los alquileres de las casas salen caro, te actualizan cada 90 días, te indexan.
—Bueno, pero ahora va a salir más barato el alquiler de la otra (casa/radio) porque no estoy yo.
—¡Ah, no!, pero está el gurú… Cierto.
—¿Gurú?
—Sí.
—¿El que está en mi horario?
—No, no. Yo te digo el pecado, pero no el pecador. Averigüen ustedes.
—Bueno, gracias.
—Gracias, suerte, y que se repita la invitación. Para el chipá ya tienen ahí. Como para quince días tienen— dijo y se fue, siendo una caricatura de sí, escuchando El vagabundo, de Alberto Cortéz, que había muerto ese día.
Se fue como siempre que se fue: chiquito, haciendo notar su despecho porque los gurúes ya no susurran en su oído. Hablando del control que tal vez ya no tenga y por eso proyecta esa necesidad. Haciendo notar la dádiva. El chipá, como los sueldos. Pero no todo está perdido: si el Indec encuestara allí donde Colombi deja chipacitos, tal vez haya menos pobres. Ojalá. Así aliviana la pesada herencia con la que carga Valdés.

Valdés dejó ir a otro colombista

El gobernador Gustavo Valdés decidió darle salida a otro ministro. Al de Obras Públicas. Es el segundo que despide desde que asumió en 2017. Es también el segundo colombista puro que sobrevivía del proceso regimentado que empezó 2001. A la luz de lo que se sabe, es muy bueno para su gestión, porque el cambio se sostiene en el trabajo o, mejor dicho, es producto de su falta. Lo malo es que la continuidad del gobierno responda a pactos políticos que mantienen una inercia que se queda corta y se muestra exhausta para los tiempos que corren, los procesos electorales que se avecinan, y las necesidades que –en provincias como estas–, no merman.
Lo auspicioso es el movimiento, en todo caso. Que Valdés, a diferencia de Colombi, suprime el lastre a cambio del llano, y no a cambio de promociones costosas para el erario público como la de los ex ministros Julián Dindart u Orlando Macció, a los que facilitó becas de diputado nacional y de asesor en Consejo Educación, respectivamente.
Puede que pronto Rodríguez u otro desocupado aparezca en alguna lista legislativa amiga, pero ya no será lo mismo que hacerle peso al gobierno desde adentro del gobierno. Veremos.

***

En verdad, hoy Valdés disimula como puede ese dato que lo envuelve: que de los 13 ministros que lo acompañan desde hace poco más de un año, 8 venían de las gestiones inmediatas anteriores. Hubo uno incluso que venía de 2001: Enrique Vaz Torres, el primer echado.
Disimula que más del 80% de los ministros constituyen una herencia que le daba continuidad, sí, pero le restaba poder de fuego.
Ya con Vaz Torres en la calle Valdés demostró que no está para soportar desplantes de los que antes eran sus iguales, pero ahora son sus subordinados institucionales. Ya con Vaz Torres envió un mensaje multipropósito, a la política externa y a la interna. A la ciudadanía. Con Bernardo Rodríguez da otro mensaje que impacta de lleno en la interna, ahora, en la hora de la interna.

—¿Qué fue lo que pasó?
—Que el ministro de Obras y Servicios Públicos, Bernardo Rodríguez, presentó su renuncia, texto que fue aceptado el viernes por el gobernador Valdés. Que el alejamiento del popular “Gringo” se dio 48 horas después de la cesantía del subsecretario de la repartición, Miguel Angel Tombolini.
(Dos bajas en una semana en el mismo sector. En un ministerio clave para mostrar hechos que acompañen lo que por ahora se ve en soledad: la trabajosa voluntad de Valdés de estar cerca de las demandas de la gente en todo el territorio, justo en momentos en que el clima, además, hace notar la pequeñez humana, pero también las falencias de las políticas públicas y los déficits estructurales, mantenidos y acrecentados por los gobiernos anteriores. De los inmediatos anteriores, incluso, el actual gobernador fue parte. Negar eso es tan errado como echarle la culpa a un empleado por decisiones mal tomadas por el CEO de la empresa.

***

Según se dijo oficialmente para salir del paso, al promediar la semana el arquitecto Tombolini habría tomado la decisión de irse de su oficina para acogerse al beneficio jubilatorio. Otras voces dicen que el subsecretario venía arrastrando diferencias con el Gobernador, que se agravaron por asuntos privados del funcionario que tomaron estado público el año pasado. Que reclamos vecinales de su pago chico, mal gestionados, y con costos para el propio Valdés, precipitaron la decisión.
Dicen también algunos hombres bien informados que merodean el Ministerio de Obras, que Valdés echó a Tombolini.
—En ese tema no dudes. Valdés lo echó. Ahora si quiere se jubila —dicen con énfasis los maestros del hormigón armado. Aseguran además que esa decisión “no le gustó” a Rodríguez.
—No le gustó y entonces renunció.

Al hacerlo, al alejarse de su puesto de ministro de Obras y Servicios, Bernardo hizo trascender que habría renunciado por “motivos personales” y “para dedicarse de lleno a su actividad privada, ya que tiene una empresa de transporte de materiales”. Justo de materiales.
Lo llamativo de la cuartada es que los Rodríguez, él y sus dos hermanas, vienen ocupando cargos públicos y partidarios en la UCR desde que Ricardo Colombi llegó al poder, hace casi 20 años. Nunca hubo problemas con la empresa familiar. Tal vez ahora haya a un exceso de crecimiento o un exceso de crisis económica, razones que demanda la atención de sus propios dueños. El tiempo dirá.

—¿Quién es Rodríguez entonces, un funcionario de carrera-militante o un próspero empresario?
—El ahora ex ministro es oriundo de Curuzú Cuatiá. El “Gringo” es hermano de Alicia, histórica y leal secretaria privada de Ricardo Colombi; y de Graciela, actual senadora, pero que supo jugar todas las canchas que el ex gobernador le pidió. Ricardista de paladar oscuro, fanática hincha de Boca, pero a la vez un cuadro de excepción, en comparación con muchos otros.
Es decir que Rodríguez, dados sus pergaminos y pedigrí, es un peso pesado en la simbología “eco-frentetodiana”. Fue el primer secretario privado del mercedeño cuando éste asumió la Gobernación en 2001. Fracasó luego en una candidatura a intendente en Curuzú. Volvió para quedarse en la segunda gestión Colombi. Asumió la “Sub-Intervención” del Instituto de Viviendas, sillón que se compró a su medida. En 2011 asumió la titularidad del organismo. Hasta el 10 de diciembre de 2017 ocupó ese cargo (sin mayores logros a juzgar por el acuciante déficit habitacional de la provincia), para luego jurar como ministro de Obras, lugar que quedó vacante cuando Aníbal Godoy asumió como diputado provincial.
El “Gringo” permaneció 14 meses como ministro, pero empezó a flaquear y se tuvo que ir. Su salida, segunda cronológicamente y en importancia después de que Valdés echó a Vaz Torres, aviva el fuego de muchos comentarios. Los de siempre tienen que ver con otras renuncias. En el bolillero, por alguna razón, siempre están el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, y el de Desarrollo Humano, Federico Mouliá, pero empiezan a aparecer otros nombres conforme crece la demanda de trabajo político, de alineamientos internos y de compromiso con el líder. Con este que gobierna.

—Algunos deberían tener cuidado —dijo alguien cerca de Casa de Gobierno. —La inoperancia se cubre un tiempo con acuerdos políticos. Pero esa misma ineficiencia mezclada con deslealtad, puede ser explosiva.
—¿Qué más dicen en el Gobierno?
—Que Rodríguez deja el Estado para dedicarse a su familia, y para trabajar -tal vez ahora sí- como administrador de su empresa.
—¿Qué quiere decir “tal vez ahora sí”?
—Y no se si no te diste cuenta, pero ya venía haciendo la plancha hace rato.
—Pero el gobernador también lo sabe desde hace rato: de él y de otros dicen lo mismo…
—Hablemos del Gringo. Venía con freno de mano, desganado, desmotivado, haciendo poco.
—¿De cansancio nomás, o porque no estaba de acuerdo con el Gobernador?
—La verdad es que demostraba poco interés en hacer algo a favor de la gestión. Apostaba al juego de la marioneta, y eso no es así. Ojo.

Al parecer, el que de golpe también se está dando cuenta que eso no es así es el propio Colombi. El viernes por la noche apenas saludó a Valdés: apretón de manos (mano flácida, como siempre con los que detesta), mesa de por medio y obligado por el protocolo en la recepción nocturna a los embajadores que visitaron la provincia el fin de semana.
—Todo muy frío —dijeron los que los vieron.
—¿Y cómo será la sucesión en el Ministerio?
—Para reemplazar a Rodríguez suenan al menos tres personas, todos hombres y con perfiles bastante distintos. Uno de ellos descolla en la actividad específica: Claudio Polich, un cuadro de alta formación y expertise que desde hace tiempo da muestras de eficiencia y que espera su momento. Fue, a la vista de todos, uno de los puntales en la victoria de la elección capitalina, en junio del 17, al ponerse al frente de los trabajos de recuperación de caminos y asistencia vecinal en las épocas del diluvio infernal que ahogó las chances de reelección de Fabián Ríos.
Consultado al respecto, dijo ni.
—No tengo confirmación de nada. En estas horas estuvimos charlando, pero no del tema. No tengo idea de qué decidirá el Gobernador.

En breve se sabrá. Pero ya hay una certeza: nadie que juegue el juego de la marioneta se sumará al gobierno. Ojo.

***

Las teorías políticas que estudian los tipos de liderazgo, tratan estos como otros asuntos. La teoría de las “democracia delegativa”, por ejemplo, estudió mucho en cuanto a los colaboradores directos de los líderes, que cuando son compartidos, dejan de ser verdaderos aliados.
—¿Y porqué es tan importante?
—Porque gobernantes como Colombi no aceptan más que empleados autómatas. “Obedientes seguidores que no pueden adquirir peso político propio, anatema para el poder supremo del líder”, escribió en su momento el cientista político Guillermo O´Donnell.
Esos líderes tampoco tienen en realidad ministros, ya que ello implicaría un grado de autonomía e interrelación entre ellos que es, por la misma razón, inaceptable.

Valdés se está armando. Necesita colaboradores: mente y acción al servicio del gobierno, y no correveidiles de un poder que ya no es.

No importa la pelea, importa el Gobierno

El gobernador Gustavo Valdés participó este domingo de un programa de televisión y ratificó en ese marco, además de otras cuestiones relacionadas con la gestión, la línea discursiva que vienen esgrimiendo los líderes del “proyecto”. Dijo que su relación con el ex gobernador Ricardo Colombi es excelente y que no habrá pelea como quieren algunos.

Es llamativo pensar que alguien quiere hacerlos pelear o verlos peleados, pero es una manera de verlo. Otra manera posible de analizar una relación política es que no es la pelea lo que importa. No es relevante que Valdés y Colombi hablen, viajen, vacacionen juntos, o lo que quieran. Lo que es relevante para la vida pública es la necesaria distancia que debe tomar Valdés si lo que importa -y le importa-, es la calidad del Gobierno: de su gobierno.

Valdés, entrevistado por Equipo de Noticias de Canal 13 dijo que “la relación con Ricardo Colombi es muy buena”. “Estamos permanentemente en contacto. Es cierto que a algunos le gustaría, pero no hay conflicto con él”, dijo.

En la misma línea, hace varios días y hablando por Radio Dos, Colombi fue más contundente, como es habitual en sus parlamentos: “Tienen que sacarse de la cabeza que me voy a pelear con Gustavo Valdés”, sentenció. “Mi relación con él es buena… hasta le hago de chofer. Con su impronta está avanzando, y lo vamos a acompañar”.

Pasa que “algunos agoreros quieren que nos peleemos, pero eso no está en mi espíritu. Que se saquen de la cabeza esa idea. Hay algunos medios que están pendientes de eso… y tratan de crear polémica, pero eso es una estupidez”.

Lo que no es una estupidez es su intromisión en el nuevo gobierno. Se diga lo que se diga (y Colombi, está demostrado, es libre de decir lo que quiere), cualquier ciudadano correntino, o cualquiera que más o menos mire el desarrollo del juego político, advierte que no hay autonomías plenas. No las hubo en la conformación del gabinete, en los recambios que se están amagando, y que incluso insinúan la vuelta de funcionarios cuestionados y hasta denunciados por distintos tipos de malversaciones.

No hay autonomía en esa supuesta entrega desinteresada que implica hacerle de chofer al Gobernador, como si éste lo necesitara.

En fin.

Pero como cada uno es libre de decir lo que le venga en gana, como hace Colombi, y lo hizo siempre, cambiando el nombre a la gente, insultando dirigentes, maltratando periodistas, incluso burlándose de sus oponentes (como hizo en junio y en octubre pasado, en sendos festejos por triunfos electorales), uno puede decir que la cercanía política del ex gobernador atenta contra la búsqueda de nuevos mecanismos de gestión de la cosa pública.

Einstein decía que, si uno siempre hace lo mismo, no debe, a la vuelta, esperar resultados diferentes.

Los resultados de los tantos años de Colombi en el poder están a la vista: enormes bolsones de pobreza e indigencia, liderazgos nacionales en los peores rankings, por caso los de mortalidad infantil y neonatal; los educativos de repitencia, sobreedad e incomprensiones textuales o numéricas; problemas en los hospitales, de trabajo en general, de conectividad, de energía, de puentes, viviendas, etc., etc.

¿A Colombi le debemos el pago de los sueldos en tiempo y “forma” a la Administración Pública? Si. ¿Cierta paz social? Si. ¿Altos niveles de gobernabilidad? Si. Después podemos preguntar, entre la misma clase política, cómo logró todo eso: si por las buenas, persuadiendo, o a los empujones.

Lo que está visto -más allá de todo- es que ya no alcanza. Y que las líneas de acción trazadas por Valdés implican atender el Estado con otras herramientas y desde otros paradigmas.

El primero de ellos es hacerse cargo de los problemas: Valdés ya lo hizo: los enunció a todos y cada uno ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo, después de un negacionismo de más de tres lustros. A Eduardo Tassano todavía lo estamos esperando, no porque necesitemos esperarlo, sino para demandar que cumpla lo que prometió en campaña: que la alineación Nación-Provincia-Municipio sería nuestra “salvación”.

Si fuera por Colombi, según dijo la semana pasada por Radio Sudamericana, la ausencia de gestión en la Capital -después de las inundaciones de promesas- es culpa de Fabián Ríos. El colmo del cinismo. Pero él tiene derecho a ese planteo. Como nosotros a no creerle.

Está visto: no importa que sigan comiendo a asados o que viajen juntos. Importa que el gobernador, que es Gustavo Valdés, tenga las condiciones prácticas e ideales para desarrollar su gobierno, y que después, en todo caso, pase a cobrar sus aciertos o a pagar por sus errores. La otra lógica, esa que implica que los aciertos son míos y los errores de los otros, y que imperó en Corrientes desde 2001, no nos ha traído a buen puerto.

 

Valdés y las diferencias con Colombi, las responsabilidades y los estilos

Tras el discurso del jueves 1 de marzo con el que inauguró el período ordinario de sesiones, había mucho para preguntarle a Gustavo Valdés. Mucho por preguntar pero algo en que ahondar. Ese algo tenía que ver con la mirada. ¿Qué ha cambiado en Corrientes para pasar del negacionismo exasperante, gambeteador consuetudinario de responsabilidades, a un estado de contrición aparentemente pleno, pero también de alivio y proyección?

Algunas respuestas:

—Estamos a pocas horas del discurso con el que abrió el año legislativo. La oposición dice que fue esperanzador, con un diagnóstico fino de la realidad. ¿Se esperaba esa recepción?
—Agradezco los conceptos. Tratamos de hacer justamente un diagnóstico de la realidad, de cuál es el punto de partida y a partir de ahí tenemos que comenzar a trabajar. Creo que la única forma que tenemos de mejorar la realidad es si sumamos voluntades. Yo decía que tenemos que sumar la mayor cantidad de correntinos posible y estamos direccionados hacia ese objetivo que es justamente el del desarrollo. Creo que con el desarrollo nosotros podemos lograr muchas cosas, pero ese desarrollo tiene que venir atado a tratar de lograr dinamismo en otros sectores y que esos sectores de la economía, más el sector privado, también logren la inclusión de los ciudadanos que esperan vivir mejor, tener más salud y que podamos estar cada día mejor.

—También tildaron de desarrollista a su discurso. ¿Cómo lo calificaría usted?
—Fue un discurso desarrollista porque creo que nosotros necesitamos desarrollo. Y también es modernizador. Yo hablé mucho de innovación, porque nosotros tenemos que innovar y trabajar no solamente en la administración pública, sino que tenemos que empezar a cambiar también la forma de pensar, a buscar ideas, a buscar proyectos en general.

—Se le reconoce el diagnóstico porque ha reconocido una serie de falencias, y ese reconocimiento no era común en sus predecesores.
—Siempre las comparaciones son odiosas. Pero cuando uno dice que quiere tener más educación es porque está reconociendo que no tiene la suficiente. Cuando uno dice voy a construir un camino es porque ese camino no lo tiene. Creo que hay varias formas de decirlo y hay varias formas de reconocer la realidad. Yo lo digo en un estilo: y creo que es un estilo y una forma de explicarle a la gente cuál es el inconveniente que tenemos y cuál es la solución y cuál es el camino que vamos a seguir para conseguir ese objetivo.

—Sí, pero es más que el estilo, porque usted cuando asumió reconoció la pobreza y antes no sólo no se reconocía ese flagelo sino que se ponía en duda hasta el sistema de medición. Ya el de Mauricio Macri, no el Indec de Cristina Fernández…
—Pero también el sistema puede tener falencias.

—Por supuesto que sí…
—Lo condenable es cuando nosotros tenemos un Instituto de Estadística y Censos que miente a propósito para tener un resultado que te oculta las cifras. Podemos estar de acuerdo o no, pero sabemos que hay varias formas de medir. Porque hay varias metodologías para incorporar o no un número. Pero más allá de eso, nosotros tenemos que reconocer que la Argentina es un país que tiene inconvenientes, que no es uno de los países más desarrollados de la región. Nosotros antes teníamos mucho por lo que sentirnos orgullosos y hoy tenemos inconvenientes. Entonces tenemos que reconocer ese inconveniente para buscar las soluciones.
Pero son estilos.

—¿Cuánto tiempo está dispuesto a esperar para comenzar a ver resultados?
—Estamos trabajando y tenemos que comenzar a ver resultados. Tenemos algunos que son importantes, por ejemplo en materia de seguridad, y ya lo vamos a ver en otros aspectos. La negociación con los docentes; cómo vamos a trabajar en salud. Tenemos que hacer un trabajo de evaluación completo de lo que se está haciendo.
El ciudadano de Corrientes, el 54%, no tiene la percepción que usted tiene (risas), por eso me han votado como gobernador de la provincia. Siempre que hay cosas…

—Alegra mucho la visión que usted tiene de la provincia: es la visión que mucha gente, salvo el Gobierno, tenía de esta provincia en los últimos 16 años. Por eso justamente…
—No. Tenemos que adaptar las realidades.

—Hoy da la sensación de que estamos mirando la misma provincia.
—Exactamente. Pero tenemos una condición: que la gente ha votado a un gobernador que, como todo gobernador, le da su impronta. Creo que nosotros vivimos una situación de paz social que no vivieron otras provincias. Somos una de las tres provincias más desendeudadas de la Argentina y decir que podemos hacer todo lo que vamos a hacer es porque tenemos una buena provincia. Hoy podemos decir que haremos 4 mil kilómetros de ripio porque tenemos recursos, o que podemos invertir 1.700 millones de pesos en educación para tener un plan universal de alimentación porque tenemos recursos.
Vos te imaginás si, aparte de la situación que tenemos, tuviéramos una provincia mal administrada: estaríamos como otras (señala en dirección al Chaco) que reciben un punto más de coparticipación y están en la misma situación que nosotros. O dicho de otra manera: reciben un 25% más de recursos y están en la misma situación que nosotros.

Cambió la forma o el estilo, no importa. Importa que hay un punto de partida.
¿Algo para celebrar? Poco todavía. Pero ya hay un punto de partida.

***

Entrevista publicada en el diario El Litoral

Cuerpo central 👉 http://bit.ly/2oSF9RU
Diferencias con Colombi 👉 http://bit.ly/2FoTIGO
Salarios 👉 http://bit.ly/2CYhRie
Gabinete 👉 http://bit.ly/2FaAVjk

Por Eduardo Ledesma; Jose Agustin Gomez; Mar Blanco
Ph Nicolas Alonso

¿Comenzó el gobierno de Valdés?

 

Cómo deberá medirse el éxito de la gestión de Gustavo Valdés? ¿Sólo con prudencia administrativa, con orden interno, paz social, gobernabilidad y anuncios, como hasta ahora? ¿Contando la cantidad de visitas de funcionarios nacionales, incluido las del Presidente, que se han convertido casi en una olimpiada en la época de Ricardo Colombi?.
¿Se lo medirá por sus gestos y actitudes, que vienen dando señales de cambio en sólo dos meses de mando, o se lo medirá por concreciones, que aún no aparecen, y que son en todo el mundo las variables más aceptadas de aptitud, eficiencia y crecimiento colectivo?
A juzgar por lo que dice el Gobernador, sería por esto último.
Por ahora son como bosquejos. Son planes. Esquemas. Proyectos. Ideas sueltas con pretensión de materialidad, pero nada más. Dejan ver, eso sí, una especie de horizonte, un objetivo, una meta más allá de la permanencia en el poder, que también talla en el amasijo.
Valdés habla de la autovía urbana de la Capital, que debería empezar a ejecutarse el mes próximo. Habla de poder continuarla: de la circunvalación Capital, para que la autovía sea efectivamente urbana y la Ruta 12, desde Riachuelo a Perichón, o más adelante, tenga una senda alternativa que descomprima la carga vehicular diaria que circula por la zona.
Habla de una autovía segura, hasta Empedrado o Saladas, y desde Capital, al Norte, hasta por lo menos Paso de la Patria, o Itatí.
Habla de un segundo puerto nuevo, en la zona de El Sombrero. De reacondicionar el puerto de Capital e incluso echar mano a la escuela de formación de mecánicos, técnicos y navegantes.
De habilitar lo antes posible el puerto de Itá Ibate.
Habla, por supuesto, del segundo puente, que está en vías de licitación. Con plazos increíbles, no porque no sean los plazos, sino por los aplazos consuetudinarios que sufrió esta obra largamente anhelada por los correntinos y chaqueños.
Valdés habla de una Capital mimetizada con las ciudades que la circundan. De iluminación de rutas. De caminos seguros. De transporte integrado.
Habla de extender la avenida Independencia hasta la zona del barrio Laguna Brava.
Habla de recuperar la Terminal de Ómnibus, reacondicionando el lugar que hoy ocupa, generando un nuevo ingreso por donde antes pasaba el tren. Se aferra al lugar, pese a que alguno de sus ministros sugirió reubicarla a Santa Catalina o donde hoy funciona el Mercado Central, en cercanías de la rotonda.
Habla de un aeropuerto, de defensas y obras costaneras en Ituzaingó y Apipé, y de otros aportes que debería derramarse de la Entidad Binacional Yacyretá.
Habla de la recuperación de puentes y rutas, de la construcción de rutas nuevas. De los planes de saneamiento y del plan hídrico: el provincial que recitó con solvencia el viernes el ministro de Producción, Jorge Vara, y el de la ciudad, que está en proceso, pero que, al parecer, será posible gracias a varios-muchos aportes técnicos y económicos del Gobierno provincial.
Según Vara, y respecto al plan hídrico de Capital, “estamos concluyendo el proyecto”.
– “Si bien hay medidas que se han tomado en consonancia con el mismo, es muy grande la intervención que se requiere y los mecanismos son variados. De todos modos, lo más claro es que tenemos que mejorar los ductos de desagüe, porque la Capital tiene las condiciones naturales para que escurra hacia el río Paraná. Es decir: tenemos que trabajar en los conductos de escurrimiento. Es un trabajo costoso y muy importante, por lo que vamos a necesitar un periodo de tiempo para definir en su totalidad el proyecto”.
Hay allí una novedad, porque el viernes, justamente, durante la visita del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que se publicitó como para anunciar el plan hídrico de la ciudad, la cosa cambió en el aire. Se habló del plan hídrico, pero provincial. Un plan que ya fue anunciado y que ya está en obra, en muchos de sus puntos.
Se mencionó el plan de la ciudad, que, en palabras de Vara, aún está en evaluación.
Queda claro no obstante que la provincia se hizo cargo del combo, y para colmo, el intendente Eduardo Tassano guardó silencio. ¿Qué pasó allí? La pregunta es tan inquietante como otra, aunque menos grave, que tiene que ver con Peña:
¿A qué vino el Jefe de Gabinete? Más aún: ¿A qué vino Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios?
Lombardi ni habló. Y Peña, primero en conferencia y después, tras un recorrido que hizo por el Instituto de Cardiología, no repitió más que las frases de la campaña: adelante, juntos, cambio, codo a codo, trabajo en equipo, Nación-Provincia-Municipio.
Es verdad que hubo una reunión en casa de Gobierno y también un almuerzo en un hotel boutique de la ciudad. Casi seguro que allí está respuesta de la visita del Jefe de Gabinete. Casi seguro que existe una razón lo suficientemente importante como para mover una nave de la flota oficial para un paseo de 4 o 5 horas por Corrientes.
Casi seguro que en esos encuentros están las claves de lo que vendrá: el viaje del gobernador Valdés con el presidente Mauricio Macri a México, la visita de Valdés a la asamblea legislativa nacional que hará variar el protocolo provincial, después de muchos años. Y tal vez los anuncios que se harán el 1 de marzo ante la propia asamblea, cuando tenga que trazar el plan de acción anual del Gobierno de Corrientes que, después de 16 años, no será el plan de Ricardo Colombi.
¿Por qué no sería el plan de Colombi? Porque no lo es.
Un solo detalle confirma el perfil de este segmento de obras que pretende poner en marcha y eventualmente inaugurar Valdés: la mayoría involucran a la Capital, departamento sistemáticamente postergado por el ex gobernador.
Pero más allá de ello, otro asunto sustenta el modelo Valdés: muchas de las obras, planes y financiamiento que pretende lograr el Gobierno para poder anudar sus objetivos devienen de un posicionamiento distinto en relación con Yacyretá. Es el gran perfil esbozado por el Gobernador: hacer que la Entidad Binacional corresponda a Corrientes como no lo hizo todo este tiempo, por distintas razones. La mayoría de ellas políticas.
Según altas fuentes de Casa de Gobierno, ya hay algunos avances en cuanto al reclamo que hizo Valdés cuando asumió: conseguir dividendos, en especie y en efectivo, en concepto de regalías. Se trata, en rigor, de una vía de financiamiento genuina que, de conseguirse, constituiría una línea alternativa a la histórica: esa que incluye ir a postrarse ante el mandamás de turno sin que importen razones ni derechos.