Gracias por la generosidad a Radio Dos, a Carlos Bramante, Alberto Medina Méndez y Martín Varea con los que analizamos por un rato lo que pasó el domingo en Corrientes. Si no lo escucharon lo pueden hacer por acá:
A poco más de 20 días para las elecciones, hay dos empresas que están prosperando en Corrientes: las que se dedican a hacer encuestas y las que se encargan de decodificarlas y luego de actuar en consecuencia. Estas últimas son las compañías más diversificadas, porque son las que trabajan con productos creativos, las que asesoran en estrategias y las que articulan soluciones de permanencia para los puntos altos y de subversión para los aspectos negativos de cada candidato. También prestan servicios sanitarios, porque la mayoría se dedica a los desagües de la política maquinando y difundiendo productos que se inscriben en el submundo de la política con el genérico de “campañas sucias”.
Corrientes no está inaugurando nada en materia de política comunicacional, hay que decirlo. Las traiciones, cruces, pases de factura; la ventilación de trapos hediondos y los carpetazos llenos de resentimiento con los que se nutren ciertas “informaciones” existieron siempre, causando mayor o menor daño según el caso. Hubo campañas en las que se alternaron mitines con sepelios, por lo que la marcha actual de la carrera electoral es más bien nimia en los términos primitivos de la política correntina.
Desde el punto de vista creativo es la campaña más insulsa del último tiempo (pese a algunos destellos de lucidez teórica), pero no obstante viró su estado zen y cayó en una ferocidad desusada cuando echó mano a una variante que ofrecen los pozos negros de la política: los operativos de prensa, que hay que reconocer también, encuentran siempre mano de obra disponible entre el colectivo periodístico. Esta vez fue un medio televisivo porteño el que ofertó su pantalla al mejor postor para tallar en la discusión correntina.
Amigos del dinero más que del dato o del hecho –en tanto insumo aspiracional de la verdad-, ciertos comunicadores posaron sus garras sobre Corrientes no para vencer la censura (cosa que solía suceder cuando los valores eran otros) sino para tirar basura de uno y otro lado. Para enlodar y sacar ventajas, no porque les interese el futuro de la ciudad que rara vez visitan, sino porque Corrientes está adelantando la disputa nacional de este año y ofrecerá, el 4 de junio a la noche, un dato electoral objetivo con el cual hacer análisis, aplaudir a los vencedores y condenar a los vencidos, hacer ajustes o simplemente tirar la toalla.
El resultado de la elección de Corrientes se nacionalizará o localizará de acuerdo a los intereses de quien lo esgrima. Y ya hay argumentos de uno y otro lado, según se gane o se pierda. Tanto en “Haciendo Corrientes” como en “Encuentro por Corrientes” hay especialistas en este arte, aunque la delantera la lleven los voceros de Salta y Mayo, acostumbrados -tal vez por el ejercicio dilatado del poder- a usufructuar la memoria cortoplacista de la gente.
Por esa claraboya, por ejemplo, se metió en esta campaña como un valor, eso de que por fin la ciudad y luego la provincia alinearán los planetas con el Gobierno de la Nación.
La sintonización del tridente Nación-Provincia-Municipio fue siempre una pretensión de la política. Una meta democrática a alcanzar, pese a que la historia de Corrientes desmienta que esa haya sido alguna vez una posibilidad institucional, sobre todo desde la irrupción de los grandes partidos nacionales que quieren someter, más que respetar la diferencia sustentada en la pluralidad. Los padres fundadores de la institucionalidad local ya advirtieron, al menos dos siglos antes, que federalismo político sin federalismo económico es lo mismo que nada o, peor, porque oficializa la dependencia. Basta con leer los tratados de Pedro Ferré de 1830 (insospechados de kirchnerismo o macrismo) para ahondar en el tema.
Por lo demás, los correntinos sabemos de sobra como opera esa independencia política desfinanciada. Por eso mismo, el discurso de relaciones carnales que hoy venden como la panacea los cancerberos del colombismo, se da de bruces con el discurso de los (mismos) cancerberos del colombismo que dicen que las cosas de Corrientes las resuelve Corrientes.
Se da de bruces con lo que ha sucedido en los últimos tres lustros, pese a que hubo ocasión de sobra para concretar esa tan ansiada (y hoy muy conveniente) meta del acuerdo multilateral entre los tres niveles del Estado.
Nadie dice que ser parte de la provincia, el país o el mundo no constituya una fortaleza para una ciudad como la de Corrientes, que es víctima de ninguneos varios desde hace largo tiempo. Tal destrato afectó a nuevistas, radicales y peronistas. A todos por igual. Sino que lo digan las víctimas del delarruismo-kirchnerismo-macrismo en las cuatro etapas del colombismo: Nora Nazar, Carlos Vignolo, Camau Espínola y Fabián Ríos.
Pero una cosa es la discriminación por diferencias ideológicas y otra muy distinta es aceptar que la alienación es la única salida posible, porque eso sería negar los beneficios del reparto del poder -siempre saludable en una democracia- y tributar mansamente a las hegemonías a las que ciertos dirigentes parecen bastante afectos.
No poner en duda ese pensamiento es aceptar sin más el discurso único que se propala oficialmente mientras al mismo tiempo se denosta al kirchnerismo por haber cultivado el árbol del “relato”. (El cinismo no es exclusividad de un gobierno, pero algunos abusan).
Hace unos días, en la exposición de candidatos organizado por la Iglesia Católica, un aspirante salió desafiante a reclamar transparencia. Llamativo, puesto que representa a una alianza muy reticente a mostrar declaraciones juradas, cuentas de inversión, la marcha de los presupuestos, datos educativos, de salud o de seguridad. Llamativo brío del reclamo al otro, además, porque no hace mucho calló ante la posibilidad de una re-reelección, oposición fundante de su partido, pretendidamente republicano.
La prensa puede equivocarse. Este cronista puede hacerlo, pero a riesgo de plantear una visión distinta del realismo mágico que se multiplica uniformado por las usinas oficiales. Callar es otorgar. Y Corrientes padece cuestiones que difieren de los discursos que blanden quienes tienen más intereses en la continuidad de sus becas que en el crecimiento y desarrollo de un colectivo social que vive en una ciudad con carencias y chatura de horizontes.
A los correntinos nos pasa de todo. No estamos bien y sólo empeoramos con las promesas de siempre de que vamos a estar mejor.
Subidos al tren de la estadística, los correntinos en general y los capitalinos en particular se sienten inseguros y visualizan la temática como una de sus principales dolencias. Es una ciudad que ve crecer dramáticamente sus parámetros de violencia y de marginación asociada con la droga. Por si fuera poco, la economía está estancada (desde Nación para abajo) y repercute en la prestación deficiente de servicios elementales, como los de salud, educación y vivienda. Hasta ahí nada que nadie medianamente informado no conozca, más allá de que la mercadotecnia gubernamental insista en que vivimos en el país-provincia-municipio de las maravillas.
Los nuevos datos -en constante movimiento- tienen que ver con la economía. Los correntinos califican muy mal a la política económica, y si bien esos resortes son nacionales y eventualmente provinciales, se reclaman soluciones a todos los niveles dirigenciales, por lo cual será una variante a tener muy en cuenta en las elecciones del próximo 4 de junio.
Corrientes transita además un momento de inestabilidad política de cara a futuro. Como nunca antes se siente ya la ausencia del líder “modelo Colombi”, que para propios y extraños es un modelo cómodo. La oposición puede criticarlo fácil (aunque sin mucho éxito) por la enorme cantidad de flancos abiertos que deja la tosquedad de sus movimientos. Los propios encuentran en él una argamasa que evita la diáspora, pero también a un gestor que les soluciona problemas e incluso cura sus heridas. Una voz de mando a la que finalmente todos se cuadran, más allá de que alguno, enojado, lance un par de ladridos, más a la luna que a la cara del amo.
A Colombi se le puede endilgar el desencuentro consuetudinario de sus palabras con sus acciones, pese a la pila de años que lleva en el gobierno. Pero el hombre sabe que el funcionamiento sistematizado del tema salarial lo aleja de cualquier zozobra. En una provincia que básicamente vive del Estado, no es un dato menor.
Habrá que ver si Eduardo Tassano logra acarrear para él esa fortaleza. Lo que Ríos puede exhibir en ese punto es más concreto: paga los sueldos lo mejor que puede en tiempo y forma, pero no hace de esa cuestión un bastión electoral. Está centrado más en las obras y en las directrices de la nueva ciudad, que es Santa Catalina; lo que le vale, ciertamente, las críticas más fuertes: “La gente no come asfalto”, le enrostra el Gobernador. “La ciudad es más que Santa Catalina”, dispara Sonia López, la otra candidata.
El asunto es que más allá de todo los capitalinos se sienten orgullosos de su ciudad y de sus tradiciones. Algunos incluso recomiendan vivir en ella, aunque tengan, en paralelo, una larga lista de temas no resueltos, muchos de los cuales afectan la imagen de la gestión municipal.
Por lo tanto, ¿qué votarán los capitalinos el 4 de junio? ¿A quién o a qué frente?
Hay cierto consenso entre los analistas. Los capitalinos votarán por quienes creen que pueden aportar soluciones a los problemas de inseguridad. Por quienes generen condiciones para paliar la erosión de los bolsillos como producto de la inflación y de la política económica que no encuentra rumbo cierto. Votarán por quienes garanticen la continuidad de las obras públicas que mejoren las condiciones de vida de la gente y por quienes garanticen la prestación de servicios de calidad.
Otro punto de consenso: la falta de obras estructurales y la inseguridad son problemas integrados que permean a todos los estratos sociales y capas etarias. La mayoría, asimismo, cree que muchos problemas no se atienden por falta de dinero o de atención de los estados supramunicipales.
La mayoría de los capitalinos siente frustración por los niveles elevados de pobreza, por la discriminación y el desprecio del que son objeto desde hace años. No obstante, se sienten a gusto en su ciudad, pero también la califican de peligrosa y con delito en aumento, relacionado a la falta de oportunidades y de trabajo. Dicen que progresa poco y que la gente ha perdido los valores de la educación y el respeto. Se jactan de tener en Capital un punto turístico-cultural de relevancia y al mismo tiempo reconocen el esfuerzo que se hace en la Comuna para atender el déficit de viviendas generalizado en la provincia.
Lo mejor conceptuado, pese a lo que uno puede llegar a creer: la recolección de residuos. Lo peor: la transparencia en el manejo del dinero público. Quizás por esto no sea casual que los operativos mediáticos contra el intendente Ríos apunten a esa matadura.
¿Quién ganará la elección? Sería una insensatez arriesgar un nombre. Se puede decir no obstante que será una elección polarizada que premiará al que mejor responda a las demandas concretas, esbozadas más arriba, no al que malgaste recursos en Buenos Aires para comprar materia fecal (las bananas con la cara de Tassano; las casas no construidas de Ríos; Colombi y el narcotráfico; Cemborain y los medicamentos firmados, Perugorría y la financiación de la campaña de Espínola) con olor a desesperación.
-¿Puede alguien irrumpir así en un lugar sagrado para arreglar cuestiones de otras dependencias? -me pregunto estando allí, casi sin querer.
Por una fracción de segundo, el silencio incómodo fue más agobiante que el murmullo de las 3 mil personas que estaban yéndose en paz después de haber dado gracias al Señor.
Alguien empezó a reír y dio paso a la carcajada en coro de una media docena de itateños entrados en edad que se libraban de sus estolas bajo las cuales fungieron, minutos antes, de ministros de la Eucaristía. Fue ese el drástico final del trance: un desahogo chistoso para descomprimir la peor semana de un pueblo que cuenta su historia por 4 ó 5 siglos.
Toda el agua de río que ha pasado por sus costas desde entonces hasta hoy, lavó en un santiamén el arraigo preponderante de la fe -aun con sus llagas y miserias-, por la urgencia de los nuevos profetas políticos y mediáticos, locales y de los otros, que blandiendo una bula interesada y coyuntural, renombraron al viejo puerto de Fray Luis Bolaños como la capital narco del norte argentino.
“Están todos detenidos” es el nombre de un premonitorio chamamé del Trío Laurel, escrito hace tanto y confirmado diariamente como universal. ¡Cayeron todos! Y por eso la risa del desahogo bien puede estar negando el llanto.
***
En Itatí apenas son las 9 de la mañana de un domingo pre-otoñal, de sol brillante, intenso pero amable. Muchos turistas-peregrinos estiran las piernas brevemente en la zona de descanso y compras que se levanta justo en el medio del triángulo que conforma, en ese punto de Corrientes, la intersección de las rutas nacional 12 y provincial 20.
Destino final: Basílica Menor de Itatí.
Objetivo: escuchar a los curas que darían misas durante el primer domingo posterior a la hecatombe institucional que empezó visibilizándose desde los púlpitos y acabó en una redada de Gendarmería que dejó al pueblo sin intendente, sin vice, sin comisario e incluso sin un par de agentes locales y otros tantos federales; sin una decena de pobladores comunes y hasta sin un vendedor de la calle. Son ellos, dicen, un par de capos y varios pares de perejiles, supuestamente jefes y soldados narco; efectivamente detenidos; celerísima y públicamente condenados.
Estrategia: ver, escuchar y oler.
Territorio: el centro, la zona turística-religiosa que rodea al portentoso templo que empezó a construirse en 1938, pero también los márgenes. Desde el frigo-negocio barrial que regentea Salvador Lugo, el carnicero y capataz de cuadrilla convertido en intendente, hasta los callejones que se abren como venas en el barrio Yvyraî: ese allá ité donde la noche poriajú, detenida en el tiempo por conjuros de la poesía, cambió las penas de siempre por la alegría de un rato que se edifica sobre el tesoro fácil de la droga.
-Este es el Yvyraî. Como ves, es un barrio de ladrilleros -apunta el baqueano.
-De ladrillos de construcción -aclara y se sonroja.
***
Suena la última campanada, lejano legado del “Nati” que magistralmente describió “Cacho” González Vedoya.
Los peregrinos siguen llegando. La nave central de la basílica está llena de gente. Algunas melodías que se propalan por modernas torres de sonido remedan a los órganos tubulares de las viejas catedrales cristianas. La música se interrumpe con algún anuncio parroquial. Algún feligrés aún trata de acomodarse. Entra a la casa de María: se arrodilla, se persigna, camina unos metros y toca un Cristo de yeso, color carne, descascarado por tanto tacto.
De luto eterno y mohín de angustia desgarrada, la Virgen de los Dolores vigila el paso de los hombres y mujeres. Suena una guitarra, canta un coro. Los creyentes se ponen de pie. Desde el frente del templo avanzan los ministros y el sacerdote paraguayo Derlis Sosa. Dos chicas, apenas púberes, hacen de maestras de ceremonia. Comienza la misa.
La feligresía, una masa variopinta de nativos y foráneos, escucha los relatos bíblicos. Rezan, pero también van y vienen, atienden chicos, hablan con los santos, hacen la señal de la cruz ante cada imagen y se toman fotografías. Cámaras o celulares, no importa: lo trascendente es la constancia de haber estado con la Virgen. Prueba de fe y documento del peregrinaje. Una apoteosis de la “selfi” católica.
Otros, mientras tanto, aprovechan para cumplir necesidades menos espirituales. O para despabilarse con los chorros fríos del agua eterna que brota de las canillas de una de las paredes exteriores del templo. Llevan botellas descartables llenas de esa agua o de otra que consiguen en el atrio de la iglesia. Por unos pocos billetes -jura una mujer- ese líquido será, mientras dure, un manantial bendito.
Al mismo tiempo hay gente que paga o pide. Que ora en silencio, a veces en voz baja, como la madre que desgrana un rosario haciendo dueto con su hija adolescente en lo alto del presbiterio.
-Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre -se dicen entre sí en el último banco de la Recámara de la Virgen. Es un lugar de intimidad, de confesión sin intermediarios.
Es también el testimonio de viejos tiempos. Es la imagen ancestral de las reducciones indígenas venerando a esa figura de nogal y timbó pytá a la espera de sus milagros. Es la práctica de la fe en gerundio. La gente está ahí rezando. Esperando tal vez la confirmación de que la presencia de la Virgen, en ese sacro lugar, no puede ser en vano.
Los chicos y chicas, medianos y grandes del Cotolengo Don Orione están adelante. Oyen la misa, interactúan entre ellos, con el sacerdote cuando éste los alude.
Al costado izquierdo de la basílica los curas confiesan. En la nave derecha que diseñó el arquitecto Felipe Bergamini y construyó el ingeniero Pedro Azzano, la imagen peregrina de María. Al lado, San Jorge, San Roque, Nuestra Señora del Rosario. Réplicas duplicadas de San José, que está celebrando su día. En eso el padre Derlis pone el foco sobre “los que caminamos por cualquier lado por situaciones de la vida”.
Acababa de leer “la palabra” desde el ambón de mármol blanco. Los creyentes, desde una pantalla gigante desaprovechada por desajustes técnicos relacionados con el contraste. Dice el padre que “Jesús siempre nos va a esperar”, aunque andemos más o menos “raros”, desviados.
Fue la única referencia al gran tema de conversación en Itatí, del que también participan los peregrinos. Pero no se quedó allí. Terminada la celebración y aún con su alba blanca y casulla morada de domingo de Cuaresma, Derlis Sosa negó que haya un pacto de silencio entre los sacerdotes después de las denuncias hacia los traficantes e incluso tras las supuestas amenazas recibidas.
-Desde hace muchos años se denuncian esas situaciones -aclara el sacerdote, y tiene razón: las primeras homilías que apuntaban al narcotráfico encuentran registros ya en el año 2002.
-Hasta cuándo Itatí deberá cargar con el humillante título de ser un pueblo donde el contrabando y el narcotráfico se dan a todas horas del día -preguntó entonces el padre Juan Ramón Molina.
-La droga es una realidad instalada en nuestros pueblos y parajes -afirmó en diciembre de 2013 el arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik.
-Itatí ha tenido el comercio ilegal hace muchos años. Antes era cruzar cigarrillos, pero ahora es la marihuana -le dijo a un diario el ex rector de la Basílica, Omar Cadenini, el año pasado.
-Por eso hay que ayudar a todos, ya que como pastores tenemos que animar al pueblo a que siga caminando. Aunque no nos escuchen la Iglesia va a seguir denunciando todo lo que arruina la vida -remarcó el padre Sosa hace apenas un domingo.
A los vecinos de Itatí los está arruinando la droga, está claro. Pero también la claraboya de acceso que es la pobreza, la falta de oportunidades, de trabajo. La inexistencia de un futuro, que encima les cuesta el triple a los que deciden alcanzarlo por la vía del trabajo honesto.
Se cree que por sus costas ingresaron, sólo en el último año, al menos 15 toneladas de marihuana que luego se distribuyeron a 7 provincias argentinas.
La venta de un porro a un menor de 9 años en la Villa Zavaleta, límite de los barrios porteños de Barracas y Nueva Pompeya, dio inicio en mayo de 2014 a la investigación que concluyó el pasado martes 14 de marzo de 2017 con la detención del intendente Natividad “Roger” Terán; su viceintendente Fabio Adrián Aquino; con la del comisario condecorado del pueblo, Diego Ocampo Alvarenga y dos de sus subalternos: el sargento Mario Molina y la cabo Gabriela Quintana. También fueron detenidos Rubén Ferreyra, subcomisario de la Federal; Carlos López, sargento de la Federal, y Fernando Alcaraz, segundo comandante de Gendarmería. La lista la completan un abogado y otras 16 personas.
Están sindicados como integrantes de distinta jerarquía de una banda narco de tres cabezas. Una que operaba desde la cárcel y otras dos que todavía están prófugas, como otros 12 líderes de la red.
La trama novelesca de la redada sirve en bandeja el menú de la generalización: que haya caído el intendente; anteriormente su hija y su yerno; el viceintendente y unos días antes su reincidente hermano; la hermana de una concejal en funciones; el comisario y dos de sus ayudantes, un abogado, dos federales y un gendarme; que esté prófugo un empleado comunal que además parece que es uno de los dueños del negocio; que hayan caído unos cuantos “perejiles” de la “sociedad civil” y hasta un vendedor ambulante de licuados, facilita a los opinadores el argumento de que en Itatí todos son narcotraficantes.
A juzgar por las condiciones generales de vida de las 6.562 personas censadas en 2010 y que viven en ese municipio de la provincia de Corrientes, son los narcos más pobres del país.
De todas maneras, la prosperidad parece abrazar a algunos: son los depositarios de una pujanza sospechosa que no invierte en ladrillos sino en concesionarias. Es curiosa la densidad de camionetas 4 x 4 que todavía están estacionadas en Itatí esperando que alguien las encienda. E impresionante la flota de vehículos secuestrados en el marco del megaoperativo denominado Sapucay.
En total y según consta en los expedientes judiciales, la banda de Itatí fue desbaratada por el despliegue de 670 gendarmes que concretaron 47 allanamientos, 32 de los cuales se hicieron en Itatí. De allí se secuestraron 26 autos (algunos de alta gama), 21 camionetas, 3 lanchas, 2 camiones y 18 motos. Asimismo, encontraron armas de diferentes calibres: escopetas, rifles, pistolas y revólveres. Nada mal.
Estos buenos muchachos y chicas operaban desde el barrio Yvyraî (que en guaraní significa “el agua de la arboleda”) y de ahí río abajo hacia Ensenada y arriba hacia Yahapé. Camuflaron fácilmente sus fechorías por las condiciones geográficas sin control y por la fragilidad social de los pobladores.
Más tarde, cuando ya tuvieron dinero suficiente para corromper el resto de las estructuras y llegaron al Estado que les facilitó protección, la banda del tráfico achicó los gastos y maximizó las utilidades.
El Yvyraî, el barrio Pies Juntos y su zona de influencia, el barrio Mangaruguá, constituyen la fortaleza narco de Itatí. Ranchos de palo y chapas de cartón, a veces de zinc. Caminos de polvo que se convierten en barriales aun si escupe un loro, dada la humedad reinante y consecuente en una zona de ribera. Picadas y montes que pueden esconder casi cualquier cosa. Obstáculos naturales de tacuaras, palmas, mangos, lapachos, espinillos, pichanas y enredaderas. Alambrados, pastizales y roca de basalto erosionada. Arena.
Andando por allí, un vehículo se zarandea por la huella seca del sendero. Una niña de no más de 10 años se cruza. Short y remera, pelo suelto, descalza. Trae consigo una bolsa de pan. Alguien atiende a alguien en lo que alguna vez será una vereda. La calle se termina. El majestuoso e insondable río se presenta como siempre lo hizo desde los siglos de los siglos: picado y brillante, marrón de lejos, claro en la costa.
Hay un corte abrupto en la vegetación, en un recodo del monte:
-Es una bajada de lancha. Eso lo mandó a hacer uno de los capos narco -afirma suelto de cuerpo el guía.
Dobla, saluda a algunas personas y responde con evasivas a la pregunta:
-¿Qué andás haciendo por acá?
-Nada, ando de paseo con unos compinches. ¡Nos vemos!
“Compinche” es una ambigüedad que va desde conocido hasta periodistas en busca de los secretos del contrabando que derivó en tráfico ilegal de estupefacientes. Por eso, quien pregunta desde la costa del Paraná no parece muy convencido. Está pescando y puede que en verdad lo haga, pero también puede ser un chajá o uno de los tantos “matones” de los capos (aunque en realidad asuste más su mediocridad actoral que sus actitudes de tigre agazapado).
El chajá de Itatí no es un ave de zonas bajas y monógamo que vive con su pareja hasta la muerte. Tampoco la muchacha de la leyenda guaraní que lavaba ropa en la orilla y le negó agua a Jesús, por lo que fue convertida luego en un pájaro de graznido en fuga. Se parecen más a los avisadores del indio Yaguaty, según la leyenda uruguaya, listos para advertir la presencia de los blancos. En esta región y en este contexto, blancos son los prefectos y gendarmes, en todas las acepciones de la palabra.
Los matones son en realidad patovicas mal alimentados que no infunden mayor temor salvo que uno fuera mosquito. Si picás, morís. Los identifica su teléfono de la era pre-smart: los famosos Nokia 1100, que al decir de los que saben, “anda hasta abajo del agua”.
El dato no es menor: debe servir para “avisar” alguna “emergencia”, se esté en una zona con cobertura, en el medio del río o en una isla, donde no hay más compañía que la de las alimañas. Esos aparatos deben dar respuestas sin titubeos en esta zona de frontera, donde las telefónicas argentinas y paraguayas se disputan la efectividad de su desidia.
El ambiente igual se puso espeso, porque el guía hacía su trabajo y llevó la camioneta hasta el garaje mismo de una de las casas cuya propiedad le atribuyen a uno de los líderes de la banda que cayó en Itatí.
Se trata de un chalet más bien discreto pero que sobresale cual mansión en medio del pobrerío de ese territorio de vegetación y barrancos. Controla desde su patio un envidiable panorama del río, la isla e incluso la costa paraguaya que está a un puñado de minutos andando en una lancha potente. ¿Parece una fortaleza? No. Es un mangrullo con aire acondicionado en el que vive -asegura el lazarillo- uno de los peces gordos cuando no anda nadando en las aguas que fluyen en el jardín frontal de su propiedad o cuando no está a la sombra del calabozo, como es el caso por estas horas.
En eso estábamos cuando un pozo nos volvió a la realidad del momento. Y el temor se apoderó de nosotros: chofer, tres periodistas.
No por las miradas de los vigías a sueldo ni por las voces supuestamente amistosas de los supuestos pescadores que supuestamente pescaban en la costa de la casa que supuestamente es un aguantadero narco. Más bien por la muñeca del chofer que debía salir de allí a paso de hombre, con el vehículo marcha atrás y calculando a ojo las imágenes que le devolvían los espejos retrovisores: de un lado los tejidos, muros y cercos de palo, y del otro, a centímetros de las ruedas, el mismo precipicio. Y no es una metáfora.
Tampoco fue una construcción conceptual el descabezamiento institucional de Itatí, que tiene consecuencias en varios niveles. Ese pueblo se quedó realmente sin sus autoridades y si bien los “sobrevivientes” de la razia apelaron a la Constitución y a la ley para dar continuidad administrativa a su Comuna, hoy son presa de presiones de todo tipo.
El Gobierno Nacional encarceló a funcionarios cómplices y en ese hecho histórico que no registra antecedentes inmediatos, sustenta un éxito político: Cambiemos, el sello electoral del presidente Mauricio Macri, es ahora poco menos que el escudo norte de Argentina. Antes allí había un colador, sostiene la nueva partitura oficial.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich -que administró los dividendos del logro- marró en varios puntos cruciales su relato de los acontecimientos, pero dejó sin sobresaltos el estigma: Natividad “Roger” Terán es un intendente del Frente para la Victoria. Justo en Itatí, justo en Corrientes, justo en un año electoral.
El Gobierno de Corrientes, en tanto, y su lugarteniente Ricardo Colombi, que en principio dijo no haber visto nada, después viró su discurso hacia aquello de que “algo sabíamos” porque alguien había denunciado, pero Nación nos desprotegió en la frontera. Más adelante fue eso de que “sabíamos, pero no lo de Terán”. Una versión renovada de un viejo hit del colombismo: la culpa siempre será de otro. O de otra.
En la Legislatura, sus aliados políticos e incluso sus legisladores alentaron una intervención al municipio enancados en la falacia lógica que expuso la presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales, Laura Vischi:
-O acompañan la intervención de Itatí o van a ser cómplices -dijo por radio, y su voz se propaló por los parlantes de la estructura comunicacional oficial. No le hicieron caso.
Pese a todo ello, en Itatí transcurren días de “normalidad”:
-Yo tengo 27 años y con todo lo que están diciendo, lo único que hacen es ensuciar al pueblo y a la Virgencita -dice una agente de la Policía de Corrientes que mira televisión mientras hace guardia en la comisaría.
La dependencia está en remodelación y ampliación, por eso tal vez no se toman el tiempo de limpiar las paredes y techos de la recepción, que más parece un nido de arañas y de avispas que una base castrense. Desde el frente, desde esa misma sala de guardia pintada de verde y celeste, mirando en dirección al patio, se puede ver, a lo lejos, el reflejo celeste del Paraná: tajo en la tierra por donde se filtran las lanchas de los pacotilleros de marihuana.
-La verdad es que nosotros no tenemos información de lo que está pasando. Yo no soy de acá, vine porque me trasladaron para empezar la normalización de la dependencia -agrega el comisario mayor Oscar González, interino en Itatí, ya reemplazado.
-¿Pero usted qué opinión tiene de lo sucedido con el comisario Ocampo Alvarenga?
-La verdad que no sólo la comisaría sino toda la institución sintió el impacto de su detención.
-¿Y qué van a hacer ahora?
-Nosotros seguimos trabajando, estamos haciendo operativos. Ayer vinieron los concejales para coordinar tareas.
-Comisario, pero acá actúan como que no pasa nada y hay 25 detenidos…
-La verdad es que no todo lo que dicen es cierto. Pero no todo es mentira.
Es una suerte que al menos lo diga.
Queda claro que una cosa es exagerar y otra distinta es mentir. Itatí sigue siendo una capital de fe, pero también es víctima de lo que el gobernador Ricardo Colombi nombra con el genérico de frontera caliente. Un territorio costero desprotegido, como el de Ituzaingó, Itá Ibaté o Paso de la Patria, pero que se extiende en realidad desde Posadas hasta la capital de Corrientes por la zona norte y desde Virasoro a Mocoretá por la zona este. Son en total más de 700 kilómetros lineales de frontera con Paraguay, Brasil y Uruguay que deben controlar -a juzgar por las quejas- efectivos mal formados y peor equipados.
Por ese enorme corredor líquido que debiera ser un límite, antes entraban ropas, vajillas y electrodomésticos. Después pasaban cigarrillos de distintas marcas, primero Ritz y más tarde Rodeo. Más acá en el tiempo la transa viene siendo con Cannabis sativa, pero en el negocio también se cuela algún que otro juguete para grandes y chicos. He allí otro argumento para los que un poco en broma y otro poco en serio trazan los paralelos con el poderío que supo construir Pablo Emilio Escobar Gaviria recorriendo ese mismo camino: primero contrabando, después narcotráfico.
-Nosotros no somos Medellín ni México -se quejó por televisión el gobernador Colombi. Pero no pudo responder con solvencia qué hizo, en 16 años, para que Itatí no sea lo de hoy. No sólo para contener la droga, sino para contener a la gente que lo único que conoce del Gobierno son patrulleros y ambulancias.
Es en ese punto donde se mezclan las cosas y la política muestra su peor cara. Hay argumentos para cualquier cosa. Y contradicciones. Colombi nunca estuvo tan contra las cuerdas como esta semana que pasó. Tuvo casi un destino paralelo al de Itatí.
El doctor Horacio Ricardo, gobernador de Corrientes desde 2001, no puede explicar bien cómo es que no sabía que en Itatí había lo que se descubrió ahora, que además parece ser sólo una parte de lo que hay en la Justicia. Desconoció a Terán pero también a la gente del pueblo.
Justo él, que hizo de la autodeterminación una razón de vida y una bandera proselitista cuando se trataba de los atropellos del kirchnerismo, el lunes, ante Santiago Del Moro, el nuevo divo de la pantalla política argentina, jaqueó la inteligencia de las 2.644 personas que votaron por “Roger” en 2013.
-Se habrán equivocado -dijo como al pasar.
Puestos a pensar en esa línea, ¿no se habrán equivocado también las 286.821 personas que votaron por él en ese entonces, dándole por tercera vez las riendas de la provincia? ¡Claro que no!
Itatí está en boca de todos. No por la belleza de sus costas o labios de agua que los originarios llamaron tembeî. Ni por su pasado de piedra y cal borrado por el tiempo y la fuerza de las aguas. Ni por su historia que comienza a mediados del 1300, según afirman ciertas teorías apoyándose en descubrimientos arqueológicos que dan cuenta de la avanzada técnica alfarera que desarrollaron los indios de Yaguarón. Ni por la fe, esa primera virtud que últimamente cotiza en baja. Está en boca de todos por la droga.
Ese todos incluye al presidente Macri, que tocó el tema en una cena televisada con Mirtha Legrand, la jefa inoxidable de los comedores que devino en personificación de la talla moral del periodismo argentino:
Mirtha Legrand: -El tema droga, Mauricio…
Mauricio Macri: –Bueno, el tema droga es otro de los cambios que ha habido en la Argentina. ¿Viste lo de Itatí? Lo de Itatí existía…
ML: -Ah sí, lo de Itatí, no te había entendido. Terrible, ¡es un horror!
MM: -Bueno ¡pero todo el mundo sabía y nadie hacía nada!
ML: -Nadie hacía nada.
MM: -¿Por qué? Porque había complicidad. El cambio trajo esto, la verdad…
ML: -Ahí es donde está la Virgen de Itatí, en Corrientes, que es tan amada.
MM: -Hace años que están estos tipos. Los curas decían, hace cuánto tiempo, este pueblo está tomado por los narcos. Acá había complicidad e inacción…
-Eso nos hace daño -interrumpe Pocho Roch, hablando por teléfono.
Gonzalo del Corazón de Jesús Roch es un hijo importante de la localidad que -como tantos- tuvo que irse un día. Es un vecino ilustre a fuerza de la poesía que hizo volar con las alas de su música, pero también un historiador de nota, un cronista documentado de su lugar y su gente, y dueño de una calidez personal que, por religiosa, a veces parece mística.
-Hay muchas personas que vienen, se meten en esas cosas y nos corrompen. Pero en Itatí hay mucha gente buena que no tiene la culpa de que un grupo de bandidos se haya apoderado de sus calles -agrega.
Ciertamente, bandidos hay en todos lados. Y en el pequeño pueblo de la Virgen hoy todos se desconfían. Se miran cautos y aún más, observan con recelo cuando un poblador dialoga con la visita. Parecen una masa de espías, aunque eso no sea más que otra de las tantas exageraciones. Puro prejuicio.
-Ojalá que cambie la situación -ruega una señora que hace 35 años trabaja en la secretaría de la Basílica.
-Siempre escuchamos a los padres denunciar este flagelo. Queremos que no nos metan a todos en la misma bolsa. Toda esta situación nos cayó muy mal, pero por otro lado sirvió para destapar lo que estaba ocurriendo -argumenta.
-Queremos que la droga no siga avanzando sobre los jóvenes, porque es un gran riesgo. Mis hijos se tuvieron que ir por falta de oportunidades. Los otros se quedan. Y hay también chicos sin mamá y sin papá por culpa de la droga. Pidió reservar su nombre, para no ser como el mosquito. El temor es un catalizador del silencio.
Juliana sí quiere hablar. Es una enfermera jubilada que ahora dedica su tiempo a servir a la Virgen.
-Escuchamos lo que pasa, pero no vemos nada -dice.
-Antes yo creo que pasaba la droga, pero ahora se queda por acá. Los chicos fuman a cualquier hora -agrega, recordando haber visto lo que antes negó.
Es un sentido común local: ver a los chicos enfermos, pero no a los mafiosos que los enferman.
Igualmente confía en las fuerzas de seguridad, pero duda de que a Salvador Lugo -carnicero, jefe de jornaleros, hombre de iglesia, esposo de Mirta, padre, abuelo, concejal liberal y ahora también intendente interino- lo dejen hacer lo que debe.
-No tiene formación para ser intendente. Ojalá que lo asesoren bien -pide después de juzgar a su vecino con la severidad de los pueblos chicos.
Casi en la misma línea, los radicales acusan a los peronistas de narcotraficantes en el peor de los casos, y de cómplices en el mejor de ellos. Estos otros se defienden:
-Esperá que pase el tiempo. Acá hay políticos radicales que están metidos -dice un camporista, joven militante de una organización política que para una parte importante de los argentinos tiene menos prestigio que un gitano vendiendo autos. Igual ordena anotar un nombre que ojalá que la Justicia ya lo tenga.
-Ese es narco, oló. Y lo protegen.
Terán iba a ser el candidato del PJ para intentar su reelección. Como tal vez no pueda, ahora dicen que una de sus hijas podría ser la heredera de su capital político. O lo que queda de él.
-Necesitamos que se defina esta situación. Que “Roger” nos diga qué hacer -pidió un concejal peronista que cuando ocurre esta charla llevaba tres días sin dormir. Al menos es lo que dice para acercar un tanto de dramatismo a la situación de por sí dramática que viven por estas horas.
-Vamos a ganar. Yo creo que Terán no tiene nada que ver. No voy a poner las manos en el fuego por él si no lo conociera -afirmó Germán Fernández, otro edil pejotista. Dice también que la gente banca al jefe comunal detenido y comprometido por unas escuchas que lo exponen como un facilitador.
Prueba de esa afirmación, de valor relativo, la da un hombre de jean y remera, de unos 50 años, pelo largo semicanoso recogido con gomita, que sugiere a los peregrinos dónde ir a almorzar.
Se acerca e invita a pasar por una parrilla. Ya es de siesta y el hambre arrecia. Pero se aleja raudo tras la pregunta:
-¿Qué te parece toda esta situación que están viviendo?
-Es todo verso, hermano. Es todo política. Terán es un perejil –dice casi gritando.
Natividad Terán fue 12 años concejal y luego intendente, después de César Torres, otro de los caudillos políticos del pueblo que conserva dosis respetables de intención de voto.
-Si se larga Torres capaz que gana –advierte un partidario.
-Si Terán elige bien también podemos ganar nosotros -intercambia un funcionario, que agrega un dato inquietante pero lamentablemente conocido:
-Tenemos nuestros votos. Y después están los paraguayos. Estaban cobrando 150 por cabeza, pero hay que traerlos y llevarlos -se queja.
De la Basílica salen cánticos, gentes y olores. El padre Sergio Ochoa, en la tercera misa matinal del domingo, pide repetir un estribillo. Sin coro, sin música, a capela:
Déjame nacer de nuevo
Déjame nacer de nuevo
Déjame nacer de nuevo, Señor.
No importa la edad que tenga
Tú no la tienes en cuenta.
Déjame nacer de nuevo, Señor.
La gente canta, como en trance. Alguien mira hacia arriba, esperando quizás la luz de una anunciación. De los óculos de la cúpula entra luz clara de sol, como también se filtra el agua cuando llueve, dejando sus marcas como lágrimas. Hay banderas argentinas y papales, algunas manchas de humedad que el color marfil de las paredes no puede contener.
Testigos de miles de meditaciones diarias, desde 1950 cuando fue inaugurado este monumento del renacentismo tardío, son sus vitrales con pasajes bíblicos, sus puertas talladas, sus relieves en piedra, sus mármoles de carrara y travertinos, sus mosaicos marmolados que disimulan la suciedad que se acumula por el ir y venir de los fieles que llegan de todos los cuadrantes en todos los climas.
La ropa es casual en la mayoría. Algunos visten sus mejores galas, más bien sencillas de la gente sencilla que ante la Virgen de timbó colorado se inclina a buscar refugio o consuelo, o a dejar ofrendas o gratitudes.
La fila india de más mujeres que hombres que cumplen el rito de la comunión se replica después, una vez cumplida la misión espiritual, en la fila de puestos de santos, baratijas y “caratijas” varias.
Itatí es vecino de Paraguay y de este país heredó su organización de comercios callejeros, aunque con los años el Estado nacional-provincial-municipal practicó una serie de intervenciones para mejorarlos. Igual sigue siendo una hilera de puestos con productos para la venta y cantidades oscilantes de basura esparcida por los pisos. De ellos surgen aromas que van desde el penetrante olor de la creolina hasta los más amables petricores. En el medio: humo de asado en tira, de pollo a la parrilla, de cigarro, cigarrillos y hasta de sahumerios. De los porros, ¡ni las colillas un domingo a la mañana!
El agua corre despacio, servida, buscando en la perezosa velocidad de la gravedad su encuentro con el río. Lleva desechos y el sueño de que esa misma agua podrida se vaya para siempre y lave las heridas que la droga infligió a un pueblo pobre pero pretendidamente digno en el que viven también algunos facinerosos.
Los empresarios itateños, comerciantes al borde de la formalidad, constituyen la resistencia de carne y hueso a los años de desidia y de pobreza estructural en una provincia pobre de la región más pobre del país. Aun así, abrigan esperanzas cultivadas en la fe. Y esperan.
A la hora de partir, queda un minuto para pensar. No en el trabajo ni en el sabor del pacú regado con cerveza que dejaron su espinazo y un vaso vacío como rastros sobre la mesa del restaurante de uno de los hoteles del pueblo. En ese fluir surgen preguntas.
¿Cuál será la bendición de Itatí, la capital mariana más antigua del Río de la Plata? ¿Qué sobrevive hoy de todo lo que supo ser y tener, de cuando era parte de la provincia de Santa Ana? ¿Qué se hizo del centro cultural guaraní que tiene reportes desde al menos un siglo antes de la fundación de Corrientes, en 1588?
¿Y cuál será -por el contrario- la maldición de vivir todavía hoy como en las viejas reducciones, sin otra certeza de prosperidad que la que ofrece la plata hedionda de marihuana? ¿Por qué la cultura de la ilegalidad? ¿Por qué el Estado ausente o corrupto? ¿Por qué la negación? Si en Itatí saben de sobra que los pecados se absuelven cuando son confesados…
Antes del regreso, paso por la santería y compro un rosario. Abrigo la esperanza de que mi madre rece como siempre, pero esta vez con cuentas de madera de la zona de Itatí.
La señora que cobra indica que justo en ese momento hay un sacerdote bendiciendo esos elementos que objetivan el poder de la oración. Dudo, pero voy.
Al lugar se accede por el patio interno que queda entre la Basílica y la vieja iglesia. Es un salón grande, con algunas imágenes y la bandera que en octubre de 2012 llevó hasta allí la presidenta Cristina Kirchner. Es una de las siete banderas patrias que se enarbolaron en las Islas Malvinas en 1966 durante el “Operativo Cóndor”.
Miro, sigo dudando, pero me acerco y recibo un chorro de agua y la señal de la cruz. Me persigno con vergüenza “progre” pero afirmado en la enorme tradición católica de mi familia.
-Que Dios te bendiga -me dijo el cura.
-Y a Boquita, que juega a las 7 -vociferó como un hincha. Y me puso a reír.
Días más tarde volvería a escuchar la frase. Hablaba con Pocho Roch sobre Itatí, cómo no. Sobre historia y religión. Sobre la droga.
-Esto pasa en todo el país -dijo con su voz en queja.
-La mía es una opinión muy dolorosa. Somos un centro religioso de importancia nacional y continental y nos enlodan. Y nosotros no tenemos la culpa.
El viejo Roch habla de la culpa pública. Del mirar sin ver. Del estar sin hacer. De la impericia o la complicidad. Habla de Itatí y del 90 por ciento de la gente que es gente de bien.
Su sabiduría es inmensa y él la comparte generoso.
-Gracias Pocho -le digo.
-Que Dios te bendiga -me dijo con su voz jesuita. Y me puso a llorar.
Esta aseveración de corte teórico encuentra en el país ejemplos confirmatorios a raudales. Pero no es todo: los movimientos políticos de Corrientes elevan a la categoría de teorema esas aproximaciones que aportó la Comunicación Política a lo largo de los años.
La referencia al pasado está muy presente en la Argentina: en el peronismo que recuerda a sus muertos, Perón y Néstor, y olvida estratégicamente a sus vivos: los 5 presidentes de aquella semana trágica de 2001 y a Cristina Fernández de Kirchner, que respira bajo mullidas alfombras de expedientes judiciales.
Y también está en el radicalismo que ensalza a Alem, Illia, Balbín y Afonsín pero ningunea a De la Rúa, su fracaso y sus consecuencias derivadas.
En ese contexto, el clima de proselitismo espeso en el que está entrando esta nación, al parecer atonta al Gobierno de Mauricio Macri que no ceja en su amontonamiento de errores, los que podrían condicionar su medio término y con él toda su proyección de futuro. Sus buenas intenciones, debe saberlo el Presidente, no conmueven el corazón del peronismo que se recicla oliendo, persiguiendo y bebiendo la sangre de los débiles.
Pero más allá de la política, tampoco esos buenos deseos llenan la olla ni apaciguan la angustia de las clases excluidas y trabajadoras, que sienten en la espalda el peso del ajuste, en los bolsillos la inflación y en toda su carne los despidos propios, de amigos o familiares. La vuelta a lo peor del cirujeo que perfiló la última crisis terminal de la Argentina.
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Y Corrientes, que ahora marcha al ritmo del disco nacional, no está ajena a esa triste melodía. Y aún así, el tópico es el pasado. Es la materia que han elegido los estrategas del Gobierno de Ricardo Colombi para salir a barrer las aspiraciones del candidato peronista con el que -como pasó en 2013-, el radicalismo y sus aliados menores saldrán a confirmar la grieta electoral-política y a tratar de sobreponerse al obstáculo de esa polarización.
Para el colombismo y su troupe de “aspirantes”, Camau Espínola es el pasado: el kirchnerismo, los bolsos de López, las obras de De Vido y la billetera de Báez; la prepotencia de Cristina, la indiferencia organizada y sistemática del Estado o, recientemente, la farsa de Milani, el general represor con el que el cristinismo sostuvo su política de Derechos Humanos. El castillo de naipes de ese cuento acaba de implosionar.
Para el peronismo fabián-camausista, en tanto, que por un rato entendió que había que buscar al enemigo afuera, el pasado está corporizado en Macri: en el neoliberalismo, en los ajustes, en las mentiras sistemáticas, en las fallas políticas que abrevan en la fuente de los imberbes (o de los imbéciles) y en los datos que le reflejan sus propias planillas de Exxel: en poco más de un año de Gobierno, Macri y otros 50 funcionarios suyos ya están imputados por hechos de corrupción.
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(¿Está claro? que) no es lo mismo tirar bolsos llenos de dinero a un convento, traer o sacar plata en aviones, o enriquecer a tu familia completa, que perdonarle a tu papá, desde el Estado, unos 70 mil millones de pesos, mientras por otro lado le sacas “20 pesos” a los 7 millones de jubilados por en “error de cálculo”. Que no es lo mismo tener a un represor montando escena como guardia de los desaparecidos, que un aduanero que reivindique a los represores. ¡Qué cosa! ¡Tán distintos, tan iguales!
La retrospección, queda demostrado, es un camino peligroso. Lo es en la Nación y lo es también en Corrientes. Sobre todo porque los que disputan el control del Gobierno en todos sus niveles tienen más pasado que futuro y un presente de quietud y mentira.
Debería tener cuidado el Gobierno de Corrientes cuando habla del pasado, porque sacando cuentas, si el kirchnerismo es pasado, el colombismo ya lleva en el poder más que los Kirchner y sus crías. Y eso sin hablar de aquellas épocas en las que compartían escenarios y hasta afiches electorales.
La oposición peronista, por su parte, tiene en su carga genética parte de lo poco bueno y lo mucho malo que le pasó a este país. Cuando estuvo porque estuvo y cuando no, porque hizo lo posible y lo imposible para volver haciendo zancadillas y repartiendo codazos.
El peronismo, que es alérgico al llano, debería en algún momento hacer su mea culpa. Un paneo basta para ver entre sus filas la condensación de promesas sustentadas en el curriculum de algunos de sus miembros, pero también el prontuario de lo más nefasto de la historia reciente del país, y también de Corrientes: dirigentes extraviados, sin votos y dañinos que han hecho del travestismo político su forma de vida. Y que devienen hoy -porque los han dejado- en generales plenipotenciarios que se aprovechan del desprecio interno en el que transcurre el PJ correntino detrás de la retórica del consenso.
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El panorama no es el mejor. El país se debatirá este año entre dos formas de pasado: entre el que encarna el kirchnerismo-peronismo y el que encarna el macrismo-menemismo-aliancismo. Dos formas de gobierno: el del call center atendido por pasantes o el del látigo de los barones y baronesas. Por el momento al menos no hay posibilidad de síntesis.
El gobierno de Corrientes se desmarca: está aprendiendo a usar su call center, trolls y demás servidores humanos de propagandas varias, pero siempre respondiendo a la matriz de otro tiempo, analógica y ciertamente autoritaria: la de un líder que manda y del resto que se encolumna. Cualquiera que encarne un desafío a ese andamiaje no tiene otro destino más que el de la morgue de los burócratas ambiciosos.
Es difícil, en ese contexto, que unos y otros hablen de las bondades de la democracia que no practican ni entre ellos. El radicalismo primero y el PJ la última semana, dieron muestras de gambeta electoral que atiende a múltiples razones, todas ellas ponderables, pero que socavan el sistema, minimizan la participación ciudadana y terminan reduciendo la política a las lógicas primitivas de mando que se heredó de la revolución francesa: el gobierno de elegidos.
Y después está el discurso que se estructura en esa urdimbre funcional. Un referente de ECO+Cambiemos dijo la semana pasada que Espínola no puede ganar porque ya perdió en 2013. En el mismo acto y en la misma radio, ese mismo senador-candidato ponderaba la candidatura de Tassano, que paradójicamente también ya perdió, en 2009.
En paralelo, un referente del PJ-FPV dijo que si llega al poder pujará para evitar que los funcionarios se enquisten en el poder. Daría por terminado, prometió, con aquellos que no conocen otro trabajo más que cobrar del Estado desde que se fue la dictadura.
Se refería al cargo de gobernador y esa prohibición ya está en la Constitución, pero lo que plantea el muchacho es un régimen al estilo norteamericano: dos períodos y a la casa.
Se trata de un acto de voluntarismo puro si se tiene en cuenta que en el mismo sector que él lidera, para estas mismas elecciones, postularán a candidatos que tratarán de encontrar una hendija judicial para burlar las trabas de continuidad que hoy mismo tienen la Constitución y las cartas orgánicas. Lo que se dice cinismo puro.
Ni hablar de las promesas. El colombismo hará hincapié en las promesas incumplidas de sus oponentes y, por el contrario, tratará de cortar todas las cintas posibles antes de las elecciones. La autovía de la Capital se inscribe en ese esquema. La obra la anunció CFK con Camau, pero la inaugurará -se cree- Macri con Ricardo.
De otro lado la zona de promesas es grande: viviendas, caminos, energía, trabajo. La Coca Cola que no viene no se sabe si por las condiciones fiscales del país o por las condiciones jurídicas de la provincia. Lo concreto es que no llega.
Así es difícil la cosa. Tan difícil como la tiene el presidente. Según el Macrimetro (una iniciativa civil, colaborativa y apartidaria que tiene por objetivo verificar el cumplimiento de las promesas de campaña del presidente), Mauricio hizo en campaña 265 promesas. Lleva en el cargo 435 días. Cumplió 10, incumplió 4, 27 están en progreso y 224 promesas están pendientes.
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Ojalá una iniciativa como esta se ponga en marcha en Corrientes, entre otras cosas, para evitar que las barbaridades que se dicen tengan un mínimo control que escape a la protección de los medios, muchas veces demasiado cercanos a la lógica del discurso único que con dinero público se convierte en hegemónico.
Alguien debería ponerle un coto a la paparruchada de defender el Iberá hasta el 10 y entregarlo el 11 de diciembre; o la berretada de la emancipación con la que se trata de encubrir la mas absoluta dependencia. Pasó con el kirchnerismo. Pasa hoy con el macrismo. En fin, es peligroso hablar de pasado, más aún del pasado reciente que muestra más continuidades que cambios.
Si un detalle bastara para definir el presente de un momento histórico y de “relaciones carnales” (1) entre el refinado macrismo nacional y el bucólico colombismo vernáculo, el mismo se exhibe sin impostaciones en la antesala del despacho presidencial de Casa Rosada: un libro sobre estancias correntinas que propone a los invitados de Mauricio Macri un paseo por el Taragüí.
La obra de Aníbal Parera (2) está allí, casi como un descuido sobre una mesa ratona de la Secretaría Privada del Presidente. Los periodistas de la región que esperan acceder al lugar más importante de la institucionalidad argentina -que paradójicamente antes era sólo un comedor- se sorprenden por el cumplido gubernamental que simboliza, vaya si lo hace, el cambio de época.
No había semejante trato en tiempos de Néstor Kirchner. De cuando El sostenía la transversalidad. “En tiempos de Ella sólo había maltrato”, se quejan aún hoy los radicales correntinos que a veces acuden a la amnesia para exorcizarse de su pasado parento-kirchnerista.
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Es lunes de siesta en Buenos Aires. La temperatura por un lado y la humedad por el otro, multiplican al infinito las quejas de los porteños por el calor. En la Casa Rosada hay refrigeración de sobra, pero no alcanza a morigerar la calentura que viene de la semana anterior por la entente opositora entre el “impostor menos confiable de la política nacional”, Sergio Massa, y todos sus ex amigos, aquellos de los que se había separado por las esquirlas de otras traiciones.
En eso se hace la hora. Una puerta se abre y se deja ver el despacho del Presidente de la Nación: impoluto, millonariamente remodelado entre la última década y el último año. En el fondo el viejo escritorio, testigo mudo de éxitos y fracasos, de avances y retrocesos. De las mayores glorias y de las peores tragedias del país. Una computadora, un velador, un portapapeles-lapiceras de bronce. Portarretratos de la actual familia del ex jefe de Boca Juniors y muchos oficios encarpetados. Ningún libro a la vista.
El ventanal que da al jardín del fondo, hacia “El bajo”, deja entrar luz a la sala. Cortinados de colores naturales y la Bandera completan la escena solemne que envuelve de un halo especial al remedo del Sillón de Rivadavia.
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Sólo Dios sabe de aquel sillón. El que ofrece reposo a los mandatarios de estos días no fue el que usó Bernardino sino el que llegó para la primera presidencia de Julio Argentino Roca. Data de 1885 y está hecho de madera de nogal italiano. Fue decorado con la técnica “dorado a la hoja”, con láminas de oro, y adquirido en la Casa Forest de París a fines del siglo XIX. Ha sido utilizado desde entonces por todos los presidentes.
Un manual consultado dice que hace unos años Cristina Elisabet Fernández mandó a recuperar antiguos sillones de madera que había adquirido el propio Julio Argentino. Fueron lustrados y retapizados en cuero color crudo para acompañar la clásica mesa de reuniones que está en el punto culminante del despacho presidencial.
Así se compone actualmente el mobiliario de mando. Se completa con varias mesitas auxiliares. Una en particular sostiene, en el fondo y en blanco y negro, un retrato de Nelson Mandela: un inspirador del presidente Macri.
Dicen que el espíritu de convivencia y reconciliación contenido en el libro “La sonrisa de Mandela”, de John Carlin, ayudó a Mauricio a superar situaciones difíciles con gente muy distinta a él. También, aseguran algunos conocedores del mundo Vaticano, que fue aplicado por el propio Papa Francisco para construir una nueva relación política e institucional con Macri.
Uno podría pensar que Mandela estaría complacido con el reconocimiento y los halagos del primer mandatario argentino, pero tal vez haría algunas observaciones por la distancia que se registra entre las buenas intenciones del “populismo cool” (3), rabiosamente democrático, eso sí, y la severa matriz político-económica neoliberal con la que hace equilibrio su confeso admirador.
Si viviera Mandela, contradiciendo la lógica anterior, tal vez hablaría con Macri de los temas más reales y dañinos que esas viejas nomenclaturas de la política de izquierda y derecha, herencia de la Revolución Francesa. Tal vez hablarían de la grieta. ¡Vaya grieta la de Sudáfrica! Blancos y negros. Como acá, pero a los tiros.
No es casual, por eso mismo, que el montaje de esa mesita incluya también al CEO del cristianismo. Y pese a todo lo que se dijo sobre la adustez del Papa a la hora de recibir a su ex vecino de cuadra (4), dos fotos se exhiben en el pequeño mostrador: en compañía y en soledad, Mauricio Macri se muestra con Jorge Bergoglio, pero el de versión sotana y solideo blanco.
Sean amigos o no, una foto con el “Papa peronista” (5) claramente deja dividendos en términos políticos y simbólicos. No es poco para ese lugar y para este momento.
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Se sabe oficialmente que además de restaurar sillas de la época de Roca para los visitantes del presidente, CFK mandó a recuperar y colocar en su despacho antiguos cuadros de sus próceres preferidos: José de San Martín, Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Manuel Dorrego.
El presidente Macri optó por sacar esos cuadros de los próceres de la Revolución de 1810 para poner gigantografías de la ciudad de Buenos Aires y otras piezas de arte contemporáneo: optical art, abstracto, algunas notas del neoplasticismo de Mondrian y obras de Luis Benedit, el pintor que coleccionaba “Amalita” Fortabat (6).
-¿Por qué sacaron a los próceres?
-Esto es mejor. Los otros te miraban feo todo el tiempo -argumentó el vocero Iván Pavlovsky, buen anfitrión de la entrevista-.
En realidad, según se supo en su momento, Mauricio Macri se afectó negativamente por el gusto con el que estaba decorado el despacho: anticuado y ambientado como un museo. Dicen que tenía dolores de cabeza y ningún analgésico le hacía efecto. Por ello no sólo quitó las pinturas sino que mandó a curar energéticamente el salón, tal vez siguiendo a su guía budista, según escribió en su momento un periodista metropolitano.
Y hablando de símbolos y de limpieza, Macri también mandó a sacar la mesa larga que encabezaban El y Ella y la reemplazó por un coqueto living (madera y telas en color crudo) recostado sobre el hogar de hierro fundido, madera labrada e incrustaciones de metal dorado. Es el centro geográfico de la sala. En el fondo, el sillón de Roca que suple al de Rivadavia; en el frente, por donde entran los visitantes, una mesa redonda, más bien chica. Living y mesa redonda. Poder horizontal, cercano, empático, trabajo en equipo. PRO.
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Todo está listo. Los equipos de grabación preparados. Libretas abiertas.
Además de los periodistas que ya estaban acomodados para escuchar al Presidente -perfectamente identificados con cartelitos de mesa hechos para la ocasión-, todo el gabinete comunicacional de Presidencia: el vocero Pavlovsky, el subsecretario de Comunicación Pública, “Juano” Gentile, y el secretario de Comunicación Pública, Jorge Grecco.
Atentos y tomando nota, pero en silencio absoluto, los cancerberos rococó de contenido macrista se limitaron a explicar la modalidad de charla y a cronometrarla.
Cumplidas las formalidades, la enorme puerta fortificada de madera color caoba del fondo de la oficina se abre y entra Macri: zapato marrón, pantalón y saco azul, camisa blanca cuadriculada con líneas oscuras, un tanto ojeroso, cansado y con media voz producto quizás de haber gritado los goles de Boca del día anterior (7) o de haber maldecido todo el fin de semana largo a los impíos de la política tradicional que le clavaron la daga del Impuesto a las Ganancias.
Eran horas cruciales para este segundo fin de año del Gobierno. Las reuniones se sucedían y se suceden todavía hoy con el fin de frenar ese intento o de encontrar, en el mejor de los casos, tiempo y luces suficientes para convertir la derrota al menos en un empate que disimule la falta de experiencia o de timing legislativo, claraboya por la que se han colado, desde el minuto uno, las derrotas políticas del nuevo régimen.
Macri saluda uno a uno. A los hombres, apretón de manos y mirada fija a los ojos. Un beso a la mujer. Se sienta, se acomoda y ordena:
-Empecemos.
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El marido de Juliana Awada y papá de Antonia (y de Agustina (34), Gimena (31) y Francisco (27), de su primer matrimonio con Ivonne Bordeu) reconoció, ante preguntas de El Litoral, no que mintieron pero sí que “generamos expectativas que no cumplimos porque el punto de partida fue catastrófico”.
No es menor que lo diga, ya que si bien pone en la columna de la “herencia recibida” parte de los fracasos iniciales del Gobierno, relativiza el relato de los súbitos alcahuetes del poder que intentan depositar en la mochila de la oposición la generación de expectativas que responden a la lógica de Baglini (8).
Ese razonamiento dice que “el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”. Aplicándolo al gobierno de Cambiemos, dejaría a más de uno con la boca abierta a la luz de los resultados. O le daría a esos mismos la oportunidad de mantenerla cerrada. Pero ese es otro análisis.
Siguiendo con la entrevista, Macri también dijo que espera “que se me juzgue por si puedo o no reducir la pobreza”. Se le reconoce haber puesto en valor al Indec -pese a que aún hay varios índices y todos muy distintos- y ahora se espera que los gobiernos provinciales, entre ellos el de Corrientes, puedan seguir la misma línea con sus oficinas estadísticas, de receso estratégico hace años.
A propósito de Corrientes, el Presidente sostiene que “necesita conectividad”, que “lo único que tiene son caminos destruidos y está aislada del país”.
Dijo asimismo, respondiendo a El Litoral (pero de Santa Fe, insospechado de inmiscuirse en la interna de esta provincia) que “los gobernantes que sólo pagan sueldos no aportan mucho” a la comunidad. Algunos dirigentes peronistas hicieron interpretaciones locales sobre esta afirmación general, ciertamente sustentada en un sentido de responsabilidad gubernamental que excede la lógica del almacén de pueblo.
No obstante, siguiendo esa línea de conceptualización económica, Macri aseguró estar convencido de que “la inflación es la mayor estafa que uno le puede hacer a los que menos tienen” y que trabajan en revertirla. Se trata de un trabajo arduo, de largo aliento. Más aún: “Este cambio de época requiere de coraje, autenticidad, visión de largo plazo”, enumeró.
Reconoció asimismo que “todavía hay mucha gente enojada” y que “razones tienen porque se les mintió mucho durante muchos años”.
Verdadero. Siempre fue así.
Ahora mismo sucede con aquello del aluvión de inversiones, con la devaluación, con el segundo semestre, con la desocupación, con la pobreza cero. Con el aumento de las tarifas (despacito o todo junto) y con el anuncio, hecho por el propio Presidente, de que el calor de este verano vendrá con cortes de luz.
(Y a propósito de la mentira, en algunas radios correntinas todavía resuena como eco el jingle oficial más descarado de los últimos tres lustros: “La cortamos con los cortes”).
Por eso mismo “estoy apostando desde el primer día al valor de la palabra”, insistió Macri, y a quienes lo acusan de usar los mismos métodos del kirchnerismo (la eficiente disciplina de la billetera) los desafió: “Si alguno sale a decir que hay presiones debería caérsele la cara de vergüenza”.
En eso estaba. Hablaba relajado y exponía a la perfección su solvencia en temas específicos de las regiones que atiende a través de los medios provinciales agrupados en bloques. De repente se irguió, pidió disculpas y se fue:
-Un segundo muchachos, tengo que hacer una escala técnica.
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La parada demandó varios minutos. Los periodistas, mientras tanto, dialogaban de cualquier cosa, hasta que alguien hace una pregunta inquietante:
-¿Ustedes saben cuál es el paradero de “Lole” Reutemann? -senador crucial para el oficialismo, que hace bastante tiempo está retirado en cuarteles de silencio-.
Los asesores se miraron, ninguno puede responder esa pregunta.
-Tal vez el Presidente lo sabe -arriesgó uno de ellos-.
-¿Saben cómo votará “Camau” Espínola el Impuesto a las Ganancias en el Senado? -tanteó El Litoral-.
-Silencio. Risas. Luego silencio: vuelve el Presidente.
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La ronda específica con cada provincia se cumple y El Litoral avanza sobre la coyuntura.
-¿Colombi es el cambio? ¿Qué tendría para aportar que no haya aportado después de 15 años?
-La política de Corrientes en sí misma constituye una situación particular. No son las generales de la ley. Valoro mucho que Ricardo (Colombi) sea un tipo de larga tradición política que haya creído en el cambio y entendido la necesidad de una política más cerca a la gente, ligada a la obra. Es un hombre que está siempre muy encima de las obras y de las transformaciones que hace en su provincia. (Y) está preparando en su equipo distintos candidatos para continuar.
-¿Tienen candidatos?
-Creemos que hay gente muy preparada y capaz, a la que se agrega gente de otros espacios de Cambiemos. Surgirá en algún momento el candidato con más apoyos para ir a elecciones contra, seguramente, (Camau) Espínola y alguien más…
-¿No descarta un candidato del PRO?
-No. Será un candidato de Cambiemos.
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El Presidente da por terminada la entrevista y sus asesores le indican que aún queda tiempo para una foto grupal. Accede, y mientras tanto, hay espacio para una última pregunta. Tiene que ver con su amigo el gobernador de Corrientes.
Dicen que hay mediciones que le dan muy bien y que en ello podría sustentarse la estrategia electoral de ECO para 2017. Desdoblar elecciones permitiría, por caso, que Colombi vaya varias veces de candidato. ¿Qué hará? Nadie lo sabe aún.
-¿Usted cómo lo ve a Colombi, Presidente?
-Es un dirigente muy importante, una persona muy inteligente.
-Si se queda desocupado el año próximo -las deidades no lo permitan- ¿lo traerá al Gabinete?
-A jugar al fútbol lo vamos a traer.
Colombi en realidad ya juega el picadito de los miércoles con el equipo de los amantes de Gilda y de los globos amarillos. Por eso, ya en la despedida, el vocero Pavlovsky completa la respuesta del Presidente.
-Es rústico. Colombi putea mucho pero no se mueve.
Quien esto escribe quiere suponer que hablaba del juego…
Referencias
1. La frase pertenece a Guido Di Tella. Fue un ingeniero, economista y político argentino, ministro de Relaciones Exteriores durante el menemismo. “Relaciones carnales” fue la expresión con la que el ex funcionario buscó demostrar el alineamiento de la Argentina con los Estados Unidos. Se remonta a 1991. Di Tella la pronunció en un encuentro con las máximas autoridades del Banco Interamericano de Desarrollo, en Washington, explicando la política que la Argentina quería mantener con los Estados Unidos.
-No queremos tener relaciones platónicas: queremos tener relaciones carnales y abyectas.
2. “Estancias de Corrientes”. El libro fue presentado en diciembre pasado con invitación del Gobierno de Corrientes.
3. Populismo cool: categoría propuesta por Beatriz Sarlo en el marco de un ensayo publicado por la revista Noticias el 7 de diciembre pasado.
4. Vecino de cuadra: la Catedral y sede del Arzobispado de Buenos Aires se ubica enfrente del edificio y despacho que hasta 2015 usó el jefe de gobierno porteño, que no era otro que Macri.
5. “Papa peronista” fue la calificación que el gobernador Ricardo Colombi otorgó a Jorge Bergoglio en una entrevista con El Litoral publicada el 3 de abril de 2016. (www.ellitoral.com.ar/407146)
6. María Amalia Sara Lacroze Reyes de Fortabat (Buenos Aires, 15 de agosto de 1921 – 18 de febrero de 2012) fue una empresaria, multimillonaria, filántropa, mecenas y coleccionista de arte argentina. Nacida en el seno de una familia aristocrática, sus primeros idiomas fueron el francés y el inglés. Durante su juventud se convirtió en un ícono de la moda de la clase alta y participó en diversas obras benéficas.
7. En un emocionante partido, Boca Juniors ganó el Superclásico en cancha de River. Fue 4 a 2 a favor del equipo del Presidente y de Barros Schelotto.
8. En Argentina se denomina “teorema de Baglini” a un concepto que sostiene que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder. Fue enunciado en 1986 por Raúl Eduardo Baglini, abogado y político argentino, que ha ejercido como diputado y senador nacional entre 1983 y 2003.
Esta entrevista cambió tanto de lugar, horario y modalidad que era razonable pensar en su caída. Víctima de una agenda abultada que debía desarrollarse en un puñado de horas, esta charla con el Jefe de Gabinete de la Nación fue más bien acotada y tuvo lugar el viernes en un pequeño salón preferencial de la zona de embarque del Aeropuerto “Fernando Piragine Niveyro”.
Sentado en un sillón tipo Basili de caño cromado y símil cuero negro, Marcos Peña Braun esperó a los periodistas más bien relajado. En principio iba a ser una charla con periodistas de los diarios. Al final pasó de todo y algunos incluso no fueron a la cita, por lo que el intercambio fue casi exclusivo. En la sala, además del periodista y fotógrafo de El Litoral, un colega multiplataforma que filmaba.
Peña tiene preparación en el tema de las entrevistas y hasta podría decirse que está hiper entrenado en el manejo de las preguntas y las respuestas-slogan, muy común en estos tiempos de la política pos-comité, más afecta a la televisión y a las redes sociales.
El ministro dio por terminada la entrevista para un canal de televisión y en el medio apareció otro, fuera de agenda, que no obstante llevó adelante su intercambio. Los publicistas del asesor de Estado más influyente del país aprovechan las ofertas y pasean al hombre, joven pero canoso, amable en el trato, de pantalón azul marino y camisa celeste PRO por las más variadas situaciones periodísticas. Lo importante es estar, aparecer, copar el escenario mediático, simbólico.
Mientras todo esto sucedía, fuera de la austera salita VIP de la terminal aeroportuaria de Corrientes aguardaban el gobernador Ricardo Colombi y una larga lista de dirigentes hambrientos de flashes y posicionamientos internos dentro de una alianza cada vez más grande.
El mandatario se movía exultante y no era para menos: acababa de recibir el mayor respaldo político de los últimos tiempos, muy necesario para arremeter el futuro electoral de cara a 2017, sobre todo después de la caída de la reforma constitucional que promovía, y lo que dicen era su pretensión re-reeleccionista.
Tan contento estaba Colombi que por momentos hizo de agente de prensa. Negoció él mismo con los ayudantes de Peña para que aceleren el contacto con los diarios, apenas minutos antes de que el Tango 10 devuelva al funcionariado a la fortaleza de Balcarce 50:
Ministro. El Gobierno lanzó el (plan) Ahora 18; anunciaron un bono de fin de año… ¿Qué otra política habrá que esperar para reactivar el consumo hasta fin de año?
Centralmente lo que hablamos: de continuar con la baja de la inflación, del aumento de la obra pública, de la recuperación del salario real, de la mejora del crédito, de las economías regionales. Son todas herramientas, procesos, que llevan una maduración natural.
Estamos en un proceso que, creemos, nos lleva hacia el crecimiento. Y estas herramientas puntuales como otras pueden servir para generar ese estímulo, la reparación histórica de los jubilados y otras herramientas más.
Pero creo que tenemos que tener calma, saber que no es de un día para otro que se logra salir de una situación económica tan complicada como la que teníamos, pero estamos yendo por buen camino.
Logran un acuerdo con la CGT, piden el esfuerzo de las empresas para evitar despidos y al otro día organizaciones empresariales salen a poner en duda ese entendimiento. ¿Usted cree que hay acompañamiento de las empresas o todavía se resisten? ¿Se puede pasar el año en paz o hay que esperar alguna crisis?
No vemos razones para ninguna crisis hasta fin de año. Creemos que el espíritu de la Mesa del Diálogo, la Producción y el Trabajo ha sido muy claro. Tanto con el bono de fin de año como con la vocación de evitar despidos sin causas o generación de conflictos puntuales.
Pero además vemos que las estadísticas que se mencionan en el propio acta firmado por la CGT y los sectores empresariales: estamos en un incipiente proceso de creación de empleo, no de disminución de empleo. Hay sectores que están en conflicto, particularmente algunos sectores industriales, pero en general vemos que hay un proceso de incipiente recuperación del empleo.
El ministro del Interior, Rogelio Frigerio dijo que están abiertos a recibir sugerencias en cuanto a la reforma electoral. ¿En cuanto a Ganancias también?
Con respecto a Ganancias iniciamos un proceso de consenso bastante amplio con los gobernadores que son los que pagan la mitad del Impuesto a las Ganancias. Con el Congreso empezamos a trabajar en esa dirección y también con los sectores sindicales. Hay que entender que este segundo paso que estamos dando en cuanto a mejoras del Impuesto a las Ganancias es una mejora de 27 mil millones de pesos (porque este año ya dimos una mejora de 50 mil millones) y es una mejora prácticamente para todos los que pagan el impuesto.
Si hay mejoras, o ideas que no hemos contemplado, creemos que es importante respetar el marco de política fiscal, porque si nosotros no tenemos una política de reducción del déficit fiscal, al final del día eso es dinero de la gente porque eso vuelve por otro lado.
Como jefe de Gabinete, ¿cuál es su visión acerca de los cuestionamientos que se hacen al equipo que dirige? Que es muy grande, que va y viene, etc. ¿Cuál es el balance que hace de eso?
El balance para mí es muy positivo. Se ha logrado hacer una enorme cantidad de cosas este año gracias a este buen equipo de gobierno, a estos funcionarios que han puesto muchísimo compromiso para poder avanzar prácticamente en todos los puntos de la agenda que teníamos. Obviamente falta muchísimo pero vamos por un año, y después de mucho tiempo de deterioro, pero somos muy muy optimistas.
¿Qué le pasa cuando dicen que este Gobierno le da más importancia al marketing que a la política?
Me parece que siempre puede haber intentos de descalificar pero en la realidad es el gobierno que más ha logrado construir vínculos con los gobernadores, con los dirigentes sindicales, con dirigentes sociales, con el Congreso que está activo y funciona. Es un gobierno que ha integrado una diversidad de dirigentes políticos a su gabinete, con lo cual creo que hacemos política y de la buena.
No creo que haya una nueva o una vieja política, hay buena política o mala política y hace 15 años que con Mauricio Macri estamos trabajando en la construcción permanente de política.
Cuando hay gente cercana al gobierno (como Emilio Monzó), o intelectuales (como Sergio Berenstein) que dicen que este gobierno tiene momentos, que tiene luces y sombras ¿Qué le pasa a usted? ¿Cuáles serían las luces y cuales las sombras del gobierno de Macri?
En todo caso eso lo tienen que decir los que lo plantean. Nosotros creemos que todo gobierno tiene dificultades, tiene aprendizajes, es natural que así sea y siempre lo hemos dicho. El Presidente ha planteado que prefiere un equipo que hace 10 y se equivoca en 3 y acierta en 7, y no un equipo quiere hacer 3 todo perfecto y al final no hace nada. Y en ese sentido creo que lo más importante es la coherencia entre lo que prometimos y lo que estamos haciendo.
La forma de gobernar, la forma de gestionar, las prioridades, no hay prácticamente ningún tema que hayamos prometido en campaña que no hayamos encarado. Creo que eso es lo más importante porque logramos la confianza de la sociedad y sentimos esa confianza muy fuertemente.
¿Cuál es su visión acerca de la política de comunicación del Gobierno? Hay mucho ruido un poco por las leyes que promueven y otro poco por las controversias que generan el cierre de medios, el despido de trabajadores, o el caso del cierre y traslado de la sala de periodistas de Casa Rosada.
Creo que ha sido un año de enorme fortalecimiento de la libertad de expresión, de mejora de la relación del Estado con la prensa luego de muchos años de presión, de extorsión y de injerencia del Estado en los medios.
No sólo hemos promovido y obtenido la media sanción en el Senado para la ley de pauta oficial sino también sancionamos la Ley de Acceso a la Información; hemos transparentado y mejorado el sistema de medios públicos, despolitizándolo; hemos trabajado en una permanente política de conferencia de prensa, en diálogo con el periodismo.
Obviamente sabemos que fruto de la exorbitante pauta oficial que el Estado daba hasta el año pasado como herramienta política, se generó un desfase en algunas empresas mediáticas. Obviamente lo miramos con preocupación, centralmente porque creemos que los empresarios que recibieron mucha de esa pauta oficial se tienen que hacer responsables de los trabajadores. De eso hemos sido muy claros desde el primer día.
En el caso de la Casa Rosada (mover la sala prensa a un lugar más alejado del paso de los funcionarios) también creemos que el cambio propuesto es para mejorar las condiciones de trabajo, pero lo vamos a hacer todos juntos. Hemos dado muestras de sobra de nuestro compromiso con la independencia del trabajo de la prensa.
Hay una cuestión que destaca todo el mundo, y que es poner en valor las estadísticas nacionales. En Corrientes hace tiempo que no hay estadísticas y muchas de las razones que esgrimen los funcionarios es que no hay articulación con la Nación ¿Cuánto tiempo más hay que esperar para tener estadísticas confiables en todo el país?
Este es un proceso de reconstrucción, claramente. Y no tengo un cronograma específico para Corrientes, pero se ha hecho un trabajo muy importante con (el titular del Indec Jorge) Todesca a la cabeza, para justamente sanear y empezar a tener un mapa estadístico más confiable, sea en temas de pobreza, desocupación, la inflación, como cualquier otro tema.
Y sobre todo cambiar la cultura, de entender que no da todo lo mismo, que es muy difícil gobernar si no tenés esos instrumentos de precisión.
Cuando hablan de cambio, a propósito del lanzamiento de ECO+Cambiemos en Corrientes ¿Usted cree que el Gobierno de Corrientes representa el cambio del que hablan mientras que la misma matriz lleva más de 15 años?
Pasa que la cuestión del cambio tiene que ver sobre todo con la mirada de transformación, de trabajar con la gente y vemos que en ese sentido aquí se viene haciendo un trabajo muy importante y lo respaldamos plenamente. Obviamente ahora surgirá el desafío de ECO+Cambiemos de presentar una renovación de candidatos por el tema de los mandatos.
Pero también por ejemplo cuando hablan de cambio, el Gobierno de Corrientes no está muy a favor de la boleta electrónica (pese a que se critica al FPV por haberla trabado en el Senado…)
Es que nosotros planteábamos y lo hablábamos con él gobernador Ricardo Colombi, más allá de cuál es el instrumento. Pudimos analizar si es boleta única, si es boleta electrónica, más allá del método, creo que cada provincia aporta de acuerdo a su necesidad y de acuerdo a la realidad puntual.
Pero creemos que hay una vocación de Colombi de también llevar adelante una modernización del sistema.
¿El PRO está en la búsqueda de un candidato propio para Corrientes o irá detrás de la UCR el año que viene?
Esa es una definición de la mesa de ECO+Cambiemos en la provincia de Corrientes. Nosotros somos muy respetuosos de la autonomía y del debate propio que debe darse en la fuerza.
Hay muchas fuerzas políticas que conviven en este espacio y son todas de nuestro gobierno. Obviamente el PRO, trabaja como todos los partidos y la UCR en busca de fortalecerse. Lo importante es que surjan los mejores consensos posibles para las alternativas electorales.
Los correntinos estamos curados de espanto porque desde hace mucho tiempo se hacen anuncios que no se cumplen y se ha especulado con la expectativa de la gente. Usted hablaba en conferencia de prensa que este gobierno va a producir el federalismo más importante de la historia. ¿Qué se le dice al correntino que no cree en ustedes (en tantas buenas noticias aparecen todas juntas pero se desinflan con tiempo)?
Que nosotros estamos trabajando para que no exista más esa mentira. Y eso se va a ir viendo concretamente en la inversión de las rutas que están en proceso, como el puerto, con el puente y otras cosas que se están trabajando; centralmente porque lo que nosotros valoramos es la confianza de cada uno de los argentinos y de los correntinos. Nosotros venimos, damos la cara, estamos acá, con lo cual esa es nuestra garantía.
Damos nuestra palabra y lo que más valoramos es la confianza que nos dan. No vamos a dejar de trabajar para cumplir con esas promesas.
(Domingo 03 julio 2016).
Desestimado doctor Dindart. Me atrevo a escribirle esta carta porque no estoy seguro de poder soportar, con usted presente, una conversación calma sobre el tema que, dado los acontecimientos, al parecer lo consterna, tanto, que es capaz usted mismo, sin ayudas, de cometer varias veces el mismo exabrupto.
No es que importe lo que piense, pues está en su derecho de hacer lo que le parezca. De última es su problema. No se puede tampoco, por respeto a su investidura, intentar siquiera que usted deje de cometer sus imprudencias. Pero preocupa un tanto que piense lo que piense en su rol de representante de un pueblo que -a juzgar livianamente, como usted mismo enseña- desprecia profundamente.
Está claro que nada garantiza que estas palabras puedan significar algo para usted, pues se confesó “insensible” ante sus pares, pese a su condición de pediatra. Eso sería mucho pedir para un completo desconocido como yo, sobre todo si usted no hizo un acto de contrición cuando se lo pidió su amigo personal el gobernador Ricardo Colombi, que hizo todo lo que estuvo a su alcance para protegerlo cuando, como ministro, lo hundió en las barbaridades de sus palabras, contradiciendo el mensaje de cercanía y comprensión que pretende hacer llegar a la ciudadanía el Gobierno de Corrientes del que usted es parte.
Podría decirse que mucho le debe usted a su amigo el Gobernador, que en vez de degradarlo encontró una salida decorosa pese a su comportamiento. ¡Lo puso en una lista, Julián! ¡Lo hizo legislador nacional, para que ahora usted vuelva sobre sus pasos!
El asunto, desestimado, es que usted ya no sólo no está en Corrientes paseando su insensatez sino que representa a la provincia en el Congreso de la Nación, entidad que le confió (vaya a saber por qué) la presidencia de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, como parte de un gran entramado político que tiene a su partido, la Unión Cívica Radical, como socio del frente gobernante Cambiemos.
Es saludable que haya renunciado a la comisión. También es saludable que usted sostenga lo que sostiene. ¿Por qué? Posiblemente crea firmemente que las mujeres, sobre todo las más jóvenes, se embarazan para cobrar un plan, pese a que los números que usted mismo mandó a hacer en su época de ministro de Salud lo desmientan categóricamente.
Se le rescata en su obstinación, más allá del yerro, que crea que lo que dice es verdad y que en todo caso el arco político, sobre todo sus correligionarios, en realidad piensan lo mismo pero están tan absorbidos por la política que no les queda otra más que ser lo que son, una parva de hipócritas.
Puede que en algún momento de la historia usted consiga algo de paz con esto que lo aqueja, pero hoy no es el momento. Los que antes lo defendían, sus amigos de Corrientes, están obligados a negarlo más de tres veces, como pasó incluso esta semana, porque estamos cerca de una campaña; porque sus partidarios se juegan mucho más que lo que pueda valer su cabeza, y porque usted, ni más ni menos, cometió otro error grave en el sostenimiento de su verdad: dijo algo que ni el más facho de sus correligionarios diría, por más que lo piense.
Usted se puso a la derecha del propio Macri, diputado Dindart, lo que es mucho hasta para el más osado de los alcahuetes del poder. No puede dejarse llevar por la banalidad de “decirse encima”, más allá de que esté rodeado de gente que elabore las vicisitudes del mundo como usted.
***
Déjeme decirle algo, Julián. Probablemente no cambie en nada la situación, pero es importante. No soportaría que usted leyera esta carta y crea que se funda sólo en apreciaciones libres, como las que usted garabatea para sostener sus equivocaciones.
Las estadísticas más actualizadas disponibles (sepa disculpar la ambigüedad, pero en Corrientes es difícil conseguir estadísticas) sostienen que la tasa de fecundidad adolescente tuvo un ligero incremento en el período interanual 2009-2010, pero se mantiene prácticamente estable desde 1990, desde cuando mandaba el neoliberalismo de Carlos Menem, aquel que pauperizó a la sociedad, ¿le suena?
En Corrientes, asimismo, desde el año 2011 se mantiene el índice de natalidad según las estadísticas difundidas por el Ministerio de Salud de la Nación y el informe elaborado por el Ministerio de Salud Pública local.
En cuanto a porcentaje de embarazos de mujeres jóvenes, hay un incremento escalonado en proporción al crecimiento poblacional desde 2001, estancándose entre 2006 y 2014, entre 19 y 20 por ciento.
Es raro que le diga esto Julián, créame, porque antes de ayer leía en un diario que su sucesor en el Ministerio de Salud, el doctor Ricardo Cardozo, confirmaba estos conceptos con datos oficiales, locales y nacionales, de cuando usted era funcionario, desestimándolo. Una pena.
Más aún. Una organización nacional “chequeó” sus palabras, ¿sabe? Esa organización, cuyo producido se puede ver en la página chequeado.com, insospechada de parcialidad, dijo que lo suyo es insostenible, Julián.
“No hay datos disponibles que prueben una incidencia directa de la AUH en el aumento de los embarazos. Un estudio alternativo da cuenta de un impacto sobre la fecundidad, pero se trata de un efecto moderado y restringido a cierto grupo”, concluyeron.
Por lo demás, cuesta creer que en “su” ministerio sus propios correligionarios quieran dañarlo. Pero déjeme decirle también, por las dudas, que al menos lo desconocieron, desde el ministro secretario general para abajo. Usted fue un problema para ellos esta semana, como lo fue reiteradamente cuando fue ministro.
Quisieron terminar con sus enchastres mandándolo al Congreso y lo único que lograron, a un puñado de meses de su asunción, es que usted magnificara sus deposiciones.
(Entre nos: ¿usted creyó en serio que mantendría un secreto en el Congreso desalojando periodistas de un recinto? ¿Si usted cree firmemente en lo que dice, por qué no quiere que la sociedad lo escuche?).
Debería asesorarse mejor, desestimado Dindart, que para eso el pueblo argentino paga buenos cupos. Ocúpelos al menos para no incinerarse y actuar como el carbón (prendido quema y apagado ensucia) con sus amigos que trabajaron duro para que usted sea diputado.
Como ciudadano uno se pregunta, diputado, si usted estaría a la altura de sus responsabilidades si no fuera porque es amigo del Gobernador. Uno se pregunta si le importa en serio la salud pública, la familia, la niñez y todo eso. ¿Le importan, Julián?
Usted fue ministro de Salud Pública en Corrientes durante muchos años y entre otras cosas ¿sabe lo que dejó?: muchos malos índices. Tantos, que ni siquiera vienen al caso. Hay médicos que dicen que su gestión fue desastrosa y lo hacen públicamente.
¿Podría hacerse cargo de ello alguna vez? ¿O no tiene tiempo más que para quejarse por medidas que otros desarrollaron para tratar de incluir a una sociedad como la nuestra Julián, muy pobre, estructural y culturalmente?
El gobierno que usted representa, Julián, está hace mucho tiempo en Corrientes. ¿Usted cree, en todo caso, que las condiciones para que las chicas se embaracen y cobren un plan dependen de un capricho adolescente?
Julián, ¿usted cree que una chica cargaría con un hijo, haciendo malabares con un plan de unos pocos pesos, si tuviera opciones de estudio, trabajo, vivienda digna y oportunidades de desarrollo personal y profesional?
En fin, diputado, no quiero que pierda más de su valioso tiempo con estas nimiedades.
Estoy seguro de que usted respetará esta opinión, aun las menos fundadas, pues es así como usted procede.
De cualquier manera, puestos a decir barbaridades, si las mujeres se embarazan por un plan que con suerte paga dos paquetes de pañales descartables, usted, que cobra unos varios miles de pesos por mes, ¿lo hace para decir lo que dice y actuar en consecuencia, es decir, estigmatizar, enjuiciar y condenar desde el más recalcitrante prejuicio y resentimiento poco menos que clasista?
Aunque si lo pienso me parece que es una barbaridad.
Perdóneme Julián.
No debería dejar que digan semejantes cosas de usted.
Atentamente.
(Domingo 15 de mayo de 2016) El recuerdo señorial de la oficina de la Intendencia desaparece ante la evidencia del despojo. El palacio que refaccionó “Tato” Romero Feris para gobernar con mayor comodidad (algunos dicen que no sólo la ciudad) y que conservaron los interventores, y después los intendentes Nora Nazar, Carlos Vignolo y Camau Espínola -ya con ligeros cambios-, mutó ahora a poco menos que un depósito.
La gran oficina en forma de “L” pintada de bordó y blanco que ocupa Fabián Roberto Ríos, dejó de ser un despacho. El escritorio de mando apila algunos obsequios recibidos, premios a entregar, banderines de la ciudad, papeles y vaya a saber cuántos olvidos. Un sillón de madera, primo hermano del estilo barroco español, pensado para el mandamás capitalino, descansa en soledad como un desocupado recostado sobre una pared. Detrás preside un cuadro de San Martín.
El living en el que se conversó gran parte de la política capitalina en las últimas dos décadas, compuesto por una mesa ratona y cuatro cuerpos de sofás de simil cuero rojo, se encuentran hoy menos que tirados, a un costado, a punto de tapar con polvo el recuerdo de sus viejas glorias.
El espacio que sobra lo ocupan una veintena de tótems alineados como soldados robóticos, listos para prestar el servicio de las consultas y recargas de las futuras tarjetas Sube con las que funcionaría el sistema de transporte público.
En el ambiente hay olor a humo. Fabián Ríos gobierna hoy en medio de cajas, máquinas multifunción, papeles, unos pocos libros y muchas carpetas con planillas apiladas en una mesa ovalada medio enclenque que siente el paso de los años, la ausencia de un carpintero y el peso de los brazos del Jefe comunal. Se mueve cada vez que el hombre se apoya.
Hay un televisor de Led justo enfrente de donde se sienta el ingeniero. No hay computadoras. Un simple vistazo bastaría para concluir que la oficina de la Intendencia es una zona de obra, como la que en este momento ocurre afuera, en la fachada, que por años fue poco menos que un sustrato para el capricho vegetal pariente de la desidia.
Una mirada más profunda desmiente la observación. Ríos es el líder de su propio gobierno digital. Ordena desde su iPad, aparato que está integrado a su iPhone y, todavía más, a su iWatch.
Envía mails-órdenes desde su tableta; controla el flujo informativo desde su teléfono; habla con la gente por ese mismo aparato y por un handy sigue las novedades de la gestión. Cuando lo opera parece un capataz visando el trabajo de un obrador del tamaño de una ciudad grande como Corrientes, que por si fuera poco está en proceso de crecimiento acelerado y a veces desordenado.
Ríos postea en Facebook, escribe en Twitter y revisa todo, a cada rato, desde su reloj. Un ejecutivo de estos tiempos que se ubica en las antípodas del Gobernador, que recién está en vías (lejanas) de abandonar las cavernas de la comunicación.
A la hora de la entrevista preside la mesa, en la cima de una montaña de papel, un libro de Roberto Chevalier: “Psicogénesis, psicología y psicoterapia”. Es un libro del año 1983, ajado, amarillento.
-No me digas que estás leyendo psicología…
-No, no… -dice y se ríe.
-¿No estarás queriendo interpretar la psique de Ricardo Colombi…?
-No, no, para nada. Además para eso haría falta una biblioteca.
***
Son las 15.25 del miércoles 11 de mayo. El Intendente trabaja con unos funcionarios y aprovecha el letargo siestero, el día gris y el fresco para recibir a un grupo de periodistas de El Litoral. Tiene listo un mate que él mismo ceba y no convida; un anotador de papel auspiciado por la Municipalidad de Corrientes que recuerda todo el tiempo que “lo nuestro es hacer”; una lapicera roller y un cenicero blanco, diminuto, que acepta las cenizas de los Marlboros con los que intenta relajarse.
A juzgar por el olor penetrante de la oficina, fuma seguido. La entrevista se extenderá por al menos 90 minutos. Fumará sólo un cigarrillo en ese tiempo. Lo prende justo cuando tiene que responder cuestiones políticas. Se retrae, piensa, calcula el riesgo y lanza, desdramatiza:
-¿Cómo es tu relación con Colombi?
-Mala. Y no quiero que sea buena sino equilibrada e institucional.
-¿Por qué creés que discrimina a Capital?
– No lo hace. Le importa demasiado Capital.
-Pero pasa siempre esto de las peleas. Se pueden enumerar…
-Está naturalizado que el Gobernador y el Intendente de Capital deben matarse.
-¿Por qué le molesta tanto que Nora Nazar presida la comisión de Poderes del Senado?
-No le pregunté.
-¿Es por el nombramiento de jueces?
-Mirá. A la senadora Nora Nazar le dije una regla de oro para mí: yo no me voy a sentar en la perra vida en una mesa de negociación política en la que se esté por hablar de la libertad de un hombre o una mujer.
-¿Y entonces?
-Si alguien tejió que ese lunes se habló de la cuestión de Tato y el Poder Judicial está totalmente equivocado.
***
Fabián Ríos reacciona cuando es llevado contra las cuerdas de la realidad: la prisión de Tato Romero Feris, que como siempre danza al son electoral; la feroz interna del PJ, que por feroz y por interna es casi una costumbre de vitalidad del partido de Perón; la deteriorada relación con el Gobierno provincial, que apela al torniquete financiero para disciplinar; las cuestiones lindantes a la reforma electoral en marcha y al sórdido avance de un proyecto reeleccionista que no se conjura, movido por el interés de perpetuidad de los padres y el vuelo bajo de los herederos. Todas cuestiones que se hablan desde hace tiempo pero que recobraron inusual vigor en el mundillo de la política luego del guiso carrero que Fabián Ríos cocinó para Ricardo Colombi la noche del lunes 2 de mayo.
El Intendente dijo que un mediador poco común acercó a las partes. Que hubo primero una llamada, después una conversación y un primer encuentro con don “Lalaca” que tuvo lugar el sábado 30 de abril. Hablaron unos minutos cuando caía el sol en la casa del mediador. No dijo quién fue. A los efectos de este relato puede decirse que fue el señor H. R. También doctor como Horacio Ricardo, pero otro.
-Quedamos en juntarnos el 3 de mayo, pero con el compromiso inicial de frenar las retenciones desde el lunes- aclara.
La comida se adelantó del 3 al 2 de mayo por cuestiones de agenda de uno de los comensales, que también, dicen, se destaca como chef. En total fueron 6 los que disfrutaron el menú en la residencia de Ríos: además del anfitrión estuvo Colombi, Sergio Flinta y Carlos Vignolo en un rincón; Rubén Pruyas y Nancy Sand en el otro, flanqueando al dueño de casa.
Entre bocado y bocado se fueron aclarando algunas cosas. Las consecuencias se sabrán con el tiempo, pero algunas, las que pueden reconocerse, ya salieron a la luz: hay una tregua en la pelea Provincia-Municipio y conversaciones varias.
-Dicen que se habló de la reforma electoral y de la Constitución…
-No se habló más que de cuestiones institucionales.
-Si se plantea la re-re, ¿qué harían ustedes?
-Si hay una necesidad de reforma, re-re, extensión de mandatos o lo que fuera, lo tendrá que plantear el oficialismo. Nosotros como oposición estamos obligados a debatir.
-Después del guiso, desde el punto de vista temporal, se encarceló a Tato Romero Feris.
-Sí.
-Legisladores del PJ emitieron un comunicado. ¿Vos qué pensás?
-Que hay un sector del Poder Judicial que actúa políticamente.
-Pero ahí al menos hay actores necesarios en dos partes…
-Y sí. Hay alguien que ordena y alguien que acata. Es una costumbre asumida como normal.
-¿Lo ves a Colombi dando esas órdenes?
-Yo no puedo citar quién es el que hace el ejercicio. Ahora, de que ocurre, ocurre. Podemos citar varios ejemplos.
***
Fabián Ríos hace una pausa y un racconto. Enumera una serie de situaciones en que la Justicia actuó y luego volvió sobre sus pasos. Justo en épocas electorales, casi como ahora, y siempre contra opositores. Mencionó el procesamiento de Camau Espínola, el de otro funcionario municipal, la prisión del secretario privado de un gobernador y la detención del propio Tato. Todas cuestiones que tienen puntos en común: parte de una misma Justicia y actores de un mismo gobierno.
No habla, pero con la mirada parece decir “saquen ustedes sus conclusiones”.
Parece mucho, pero la política es así muchas veces. Descarnada. Violenta. Da muchas vueltas en poco tiempo. Los políticos entienden el juego y lo juegan, y esa experiencia los convierte en teruterus perfectos: zancudos progenies de los andarríos que ponen sus huevos aquí y gritan allá para despistar a los predadores, mientras se alimentan en las riberas cenagosas o arenosas, por caso de la política.
***
La comida está presente en la historia institucional reciente de Corrientes. En sus primeras épocas Ricardo Colombi agasajaba a sus invitados con corderos asados ¡tan ricos! que consiguió una gobernabilidad ¡tan longeva!, al punto de destronar al mismísimo Pedro Ferré en la permanencia en el poder (aun teniendo un mandato menos que aquel gobernador de otros tiempos que donó su nombre a una silla con poderes magnéticos).
La mesa vuelve a servirse ahora. El menú parece más austero, pero por lo que se ve, muy rico en calorías. La receta es sencilla:
Cebolla. Morrón. Aceite (rehogo). Carne molida. Chorizo colorado (rehogo). Salsa de tomate. Sal y pimienta. Agua. Tubérculos a elección (papa, batata, mandioca). Condimentos a gusto. Fideos ídem.
-Pero que sea de fideos cinta de los gruesos… -ordenó Colombi cuando se despidió de la casa del señor H. R.
-Bueno, dale -dijo Ríos.
Era lo de menos después de haber logrado el cese momentáneo de una sangría coparticipable millonaria.
El lunes ese se reunieron a cenar: comieron y bebieron y hablaron. Fumaron y volvieron a hablar, satisfechos por el menú calórico y barato que no tiene el glamour del cordero asado, pero al parecer sí los mismos efectos en el entendimiento humano.
Fue tal vez una metáfora del ahorro en que ha caído la dieta de la política producto de la escalada de precios que no puede bajar y los ajustes que hace crecer Mauricio Macri. Ni los dos hombres más poderosos de la cuadra más poderosa de la provincia escapan a los efectos del desquicio inflacionario. En eso es democrática la economía.
http://www.ellitoral.com.ar/413613/Del-cordero-al-guiso-la-dieta-del-poder
(Domingo 2 de abril de 2016). Cuando se abre la enorme puerta que separa la Secretaría Privada de la oficina principal de la Casa de Gobierno, pasadas las 10 de la mañana de ayer, Ricardo Colombi se encuentra sentado en su escritorio de otro tiempo, transcribiendo a un papelito blanco, diminuto, un mensaje de texto que acaba de recibir en uno de sus celulares de otra Era. Escribe con birome negra, en letra desprolija, más bien pequeña, algo que luego sujeta con un prendedor de metal y guarda. Recién entonces levanta la vista y sentencia:
– ¿Sólo esto tiene para mandar El Litoral? ¿No hay otros periodistas?
Viniendo de quien viene hay que tomarlo como un cumplido. Es famoso rompiendo hielos con cañonazos. Saluda a todos y se dispone a dar una entrevista solicitada hace bastante tiempo y pautada de última hora para hablar, entre otras cosas, de su permanencia en el poder, es decir, de su récord de asistencia en esa casa del señorío gubernamental, que para la estadística histórica reserva un dato inquietante. Destronó a Pedro Ferré en la “resistencia” del ejercicio de mandar, aún teniendo un período menos que el gobernador de Corrientes que simbólicamente le da nombre a la poltrona más importante de la institucionalidad local. (El Sillón de Ferré es hoy de hule y rueditas).
***
Antes de recibir a los periodistas de El Litoral, el gobernador ya tomó mate, atendió a personas en audiencia y acababa de despedir a su ministro de Hacienda, José Enrique Vaz Torres, uno de sus históricos alter ego al que califica de “amigo”.
Zapatillas negras, jean oscuro y camisa blanca con rayas rojas marca Dior arremangada. Colombi despeja su ya despojado escritorio tallado en el mejor de los robles y discute con su asesor de medios, Julio Burna, quién trata de acomodar los diarios que estaban, ya hojeados, en una de las puntas.
– “No, no cambies”, ordena.
En más de una ocasión confesó que siempre lee primero El Litoral. El detalle es que esta vez no estaba sobre la pila. Y lo dejó ver, tal vez como un íntimo desquite por alguna estocada.
De particular (inusual) buen humor, bromeó con uno de los periodistas sobre un tatuaje y habló de literatura con otro, quien le prestó “Misa con el diablo”, una tesis que ensaya explicaciones sobre el caso Ramoncito. No lo había leído.
Respondió todo con la solvencia que da la experiencia, pero tropezando con su credibilidad política que, como muchas otras cosas, deja en manos de otros.
-Si usted dice que se va a su casa el año que viene, ¿por qué la gente y la clase política no le creen?
– Problema de ellos.
¿Por qué siempre la culpa de es de otros? Si se corta la luz, es problema de Transnea. Si…
– Porque es problema de Transnea.
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Colombi está preparado. Tiene un escudo contra las amenazas y una virtud que él plantea como tal: su cercanía con la gente, sobre todo del interior. Alardea de esa fortaleza, una especie de anti-carisma que atrae en igualdad de proporciones a su hosquedad que repele, a veces, hasta a sus socios. Igual, esa cara es para el interior. Los capitalinos, para él, son “especiales”.
Asegura tener proyectado el futuro desde siempre, pero no arriesga certezas para hablar de 2017. Dice que piensa en volver a ser intendente, tal vez de Mercedes; que ya tiene 6 sucesores y hasta uno que no es del partido.
En un ping pong califica de amigo a varios de sus ministros y aliados y mira con particular desdén a dos personas: “Tato” Romero Feris, de quien dice que es el pasado; y “Camau” Espínola, a quien no considera por el pecado de no venir de la política.
Afirma que Cristina Fernández de Kirchner lo apretó para ponerlo de rodillas y que a eso se debe el cambio de postura del Gobierno de Corrientes en relación con el kirchnerismo. Se le nota, igualmente, cierto respeto por Néstor Kirchner.
Refunfuña cuando se lo relaciona con Oscar Aguad y jura y perjura que él no presentó ningún proyecto para estirar la intervención de Corrientes en el ‘99, cosa que de haber ocurrido, hubiera desnutrido su currículum de gloria.
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Colombi no está dispuesto a departir con periodistas de esos temas y mucho menos a ser puesto en duda. Reniega de los “débiles de mente” porque tal vez, al menos en dos ocasiones, cayó preso de esos fantasmas. Por eso sale del paso con contundencia:
– En 2017 vamos a ganar.
No dice cómo ni por qué y hasta desliza que la gente puede estar queriendo un cambio…
– ¿Usted lo cree o lo midió con encuestas?
– Yo no dije que la gente quiera un cambio. Dije que producto de ese deseo de cambio la provincia lleva adelante una estabilidad que no se daba desde hace más de 170 años. “Nadie es dueño de los votos”, dice para cerrar la discusión.
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San Martín lo mira desde arriba, desde el imponente cuadro que preside la oficina principal de la Casa Rosada de Corrientes. Más abajo un cristo hecho en madero. A su costado izquierdo, la Virgen de Itatí y una miniatura de la Cruz del Milagro. En las paredes laterales, cuadros de las plazas principales de varias localidades del interior donde Colombi siente placer por estar.
En la mesa de reuniones, ubicada en la misma sala, réplicas del avión y el helicóptero que engrosan el inventario estatal. Enfrente, el living en el que recibe a sus invitados especiales.
Allí es donde Colombi pasó, hasta el momento, 10 años y casi 4 meses. Y donde se lo encontrará por el próximo año y medio. Es mucho y lo sabe, aunque desdramatiza. No quiere tener que ver con la barbaridad de seguir estando y mucho menos -insiste- con aquello de amañar las normas para lograrlo.
Cuenta que tiene colgado, en su casa se supone, un cuadro con la infografía que lo consagra como el más extenso de todos los gobernadores de Corrientes, pero hace que gambetea el bronce. Se siente incómodo al ser comparado con Ferré y más bien intenta hacerse el humilde.
– Soy uno más de los correntinos. Ni más ni menos.
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Dicen que las personas con poder en general hacen eso: tratan de invisibilizarse. Colombi no puede por su investidura, entonces trata de comportarse como lo que manifiesta ser.
– El otro día fui a la Junín a comprar un zapato de fútbol y la gente no lo podía creer.
Hace referencia a las caravanas de seguridad de otras épocas, como las que custodiaron a Barack Obama en su visita a la Argentina. Eso, grafica Colombi, hasta no hace mucho lo hacían los gobernadores correntinos. Caravanas, policía secreta, perímetros de seguridad, etc.
El compra su propia comida y está a gusto con eso y a salvo de las tapas de los medios porque sigue desconfiando de las nuevas tecnologías y más aún, de las redes sociales. No aprueba lo de Macri y las selfis. La verdad es que aunque quisiera no podría con los teléfonos que usa (aunque tiene sin dudas quién le hace llegar los mensajes).
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Allí estaba Colombi. Hijo de un desarrollista y de una liberal de los que heredó su amor por el deporte y por las instituciones civiles. De esa mixtura su síntesis: un caudillo provinciano con ascendencia en el partido radical, conservador en muchos aspectos de la vida, como la cultura, la religión y la familia. De hecho, siente la daga cuando se le pregunta por su primo Arturo. No habla. Suelta.
– No me traicionó.
– Ya pasó.
– No soy rencoroso.
– ¿Le dolió toda esa situación? (Baja la cabeza. Mira el piso.)
– Claro que me dolió.
Ya repuesto, culpa entre otras cosas a los medios. Ustedes (se supone que lo dijo en general) tuvieron mucho que ver en eso.
Niega haber perdido contra Vicente Picó, habla de ciertas traiciones y afirma que ganaba igual si su oponente de la segunda vuelta, en 2009, hubiese sido Fabián Ríos.
Parece que ahora lo respeta. Parece que quiere mantener la relación con el intendente de Capital pese a que le mortifica lo que pasó el jueves en el Senado: haber perdido el control de una comisión clave en manos del peronismo que por esta vez, según se entiende, fue conducido por “Tato” Romero Feris.
Se enoja por lo ocurrido, pero también por no haber obtenido resultados en la delegación del conflicto en sus delfines. Se alegra, de todos modos, por tener ahora en sus manos el manejo de ese asunto: nada menos que la relación con el PJ, los acuerdos políticos e institucionales con la ristra de intendentes justicialistas.
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Ya en la despedida, se presta a ser filmado.
Aceptó una propuesta de El Litoral para responder preguntas que los lectores hicieron, a través de las plataformas digitales del diario. Se trata de una innovación. De un éxito de convocatoria para los pocos minutos que la propuesta estuvo online por la urgencia con la que hubo que planear la entrevista.
De todas las cuestiones, el gobernador respondió una media docena. También accedió a un ping-pong y después de casi una hora y media, dio por terminado el encuentro.
Una caja de madera, ubicada como al descuido en el piso, debajo de uno de los ventanales que da al patio de la Casa de Gobierno, clamaba ser tenida en cuenta.
– ¿Qué es eso?
– Abrí y fijate, pero tené cuidado que no te salte…
Al destrabar la caja, dejó ver en su interior una hermosa figura tallada en madera de la Virgen de Itatí.
– Era para el Papa, pero no sé ahora. Se volvió muy peronista.
http://www.ellitoral.com.ar/407146/El-Gobernador-la-Virgen-y-el-Papa-peronista
(Domingo 20 diciembre 2015). Apenas 8 minutos duró el superficial discurso del Presidente. Lleno de frases hechas, llamó a la unidad, a formar un gran equipo para sacar a flote a la Argentina y hacer que los que se fueron puedan volver (ver página 5). Se trata, en efecto, del destierro, una triste realidad que los correntinos comparten con muchos connacionales, por lo que el deseo de Mauricio Macri arrancó un alarido de los presentes: un puñado importante de militantes, dirigentes políticos, funcionarios, legisladores, jefes comunales (varios del PJ), y productores agropecuarios que estacionaron donde pudieron sus camionetas a lo largo de los 9 kilómetros de camino casi perfectamente enripiado que conecta la tranquera con el corazón mismo de los molinos arroceros donde se concretó el epicentro de la visita.
El avión presidencial aterrizó en Mercedes pasadas las 9 de la mañana e inmediatamente Mauricio Macri, en compañía del gobernador Ricardo Colombi, cubrieron en el helicóptero oficial provincial los 50 ó 60 kilómetros que separaban el aeropuerto paiubrero con el patio principal del establecimiento “San Celestino”, de Ceagro SA, de quien Luis Martín Irastorza es uno de sus representantes.
Los 45 minutos que duró la visita presidencial, desde las 10,25, alcanzó para sobrevolar la arrocera: sembradío bien dotado como la presa que la riega, ayudada en estos días por la lluvia inclemente que aunque buena para el cultivo, viene lastimando a las familias de casi todo el Taragüí.
Alcanzó además para recibir regalos de Colombi, que apeló al mate como símbolo de amistad del correntino, y a un facón que, a falta de moneda (para evitar la pelea, como sugiere la tradición), fue intercambiado por un billete de 100 pesos que el Presidente eligió de entre los varios que tenía en el bolsillo trasero derecho de su pantalón color crema.
La ceremonia, que ahondó en chascarrillos entre el gobernador Colombi y el presidente Macri, siguió con la entrega de las declaraciones de rigor y luego las palabras del Jefe de Estado, que al final fue obligado a quedarse a escuchar chamamé, a bailar con una dama curuzucuateña y a fotografiarse con músicos y empleados, a los que trató condescendientemente. Colombi no habló.
Cerca, pero distante
Saludando a la gente, pero sin contacto directo con los productores; sin anuncios de ninguna naturaleza y sin hablar con la prensa (cosa que antes era toda una tragedia), Macri bajó del acoplado brasileño adornado con alfalfa que sirvió de escenario para volver al helicóptero.
Subió a una camioneta SW4 Toyota y se perdió entre el gentío. Detrás, pidiendo a los gritos que la militancia se haga a un lado, Ricardo Colombi.
“Córranse, que el helicóptero no sale sin mí”, advirtió el Gobernador y abordó un Fluence de Renault para hacerse llevar y desaparecer. De pronto, la nave negra y gris, reminiscente del “Lobo del aire” se elevó detrás de los silos y orientó su vuelo hacia Mercedes. Eran las 11,11 de la mañana.
Así transcurrió la primera visita oficial del presidente Mauricio Macri a Corrientes. Más como un respaldo simbólico a los ruralistas, pero también a Colombi, a quien lo une una sociedad política “que debe recomponerse”, según dicen algunos; “que está en su mejor momento”, según otros.
El propio Macri adujo que vino para consolidar la confianza con el Gobernador correntino, de quien dijo que es un glotón al que no le seguirá en zaga, puesto que no le gustaría recibir de él el pecado de la gula saciado con chipacitos y torta frita. El menú calórico que Colombi engulle cuando maneja, “como si fuera maní”, según se encargó de graficar el Presidente, se constituyó en la “comidilla” del encuentro, que por lo demás fue, como le gusta al titular del Ejecutivo Nacional, más bien bajas calorías.
Compañías
Al presidente Mauricio Macri y a su anfitrión Ricardo Colombi acompañaron los ministros Ricardo Buryaile, de Agroindustria; Rogelio Frigerio, de Interior, y entre otros, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó. El gabinete local estuvo en pleno, al igual que el radicalismo de todos los tiempos, a quienes a su vez acompañaron legisladores propios, aliados y no tanto, como varios de los intendentes peronistas que fueron hasta la arrocera a probar suerte, a presentar credenciales y confirmar que la cosa cambió hace poco más de una semana. Por caso, la ventanilla de pagos.
El más “encarpetado” fue el intendente de Goya, Gerardo Bassi, que hasta se puso traje para dejarle a Macri un plan-pedido para el puente Goya-Reconquista.
Asistió también el intendente de Mercedes, el kirchnerista Víctor Cemborain, que se trenzó en charlas de todo tipo, como hicieron casi todos a los que Macri dejó con la palabra en la boca. El mercedeño igual pudo entregarle un presente: otro mate.
Quien se llevó la mayor cantidad de besos, abrazos, selfies y preguntas más farandulescas que políticas fue el ex “piquetero rural” entrerriano, Alfredo De Angeli, actual senador nacional, quien llegó en la comitiva y ocupó un lugar en el escenario, para luego oficiar de embajador del macrismo entre la tosca y el barro que cada tanto ensuciaba a alguien.
Tacaño
Colombi hizo dos regalos al Presidente: un mate y un cuchillo. Uno como símbolo de amistad, según dijo; y otro como demostración de poder, según dicen los semiólogos. Regalo que además debe cortar con la tradición de los malos augurios recibiendo una moneda del homenajeado.
Claramente Macri no llevaba encima una moneda y mucho menos sus colaboradores cercanos, así que Colombi no tuvo empacho en pedir un billete. “Traé uno de 100 entonces”, lo toreó. El Presidente sacó uno de tantos billetes que llevaba encima y se lo dio. La gente bramaba y creó el clima para que el Gobernador retomara la iniciativa: “Ahora va a llover mil milímetros”, lanzó, protegido por la carcajada generalizada.
“Esa es la fama que me quieren hacer algunos”, recibió como respuesta, además de una reprimenda jocosa por la obesidad a base de grasa frita u horneada.
Aprendiz de chamamecero
Chamamé antes, durante y después. Ese fue el sonido ambiente de la mañana mercedeña-curuzucuateña que sirvió de marco para recibir al Presidente. Pero además, para el broche de oro, Colombi contrató a un lugareño talentoso: Juancito Güenaga, que fue quien terminó tocando para el deleite de la gente, pero también para que el Jefe de Estado se animara sin mayor éxito con el baile.
Sucede que primero fue desairado por Colombi cuando el flamante primer mandatario intentó jugar a ser el damo del mercedeño. Demasiado igualitario para Colombi, que prefirió cortar por lo sano. Igual no pudo evitar la foto.
Pero la cosa no terminó allí y una mujer saltó el corral que la separaba del Presidente y lo invitó a bailar. Se llama María Elena Galdames. Tiene 43 años y es curuzucuateña, madre de varios chicos, uno de los cuales también se fotografió con Macri. María le susurró al oído algunos pasos y el ex alcalde porteño hizo sus mayores esfuerzos. Fue animado y se llevó los aplausos.
“¡Sí, se pudo!”, exclamó la mujer. “Fue una linda experiencia”, alcanzó a decir luego, aturdida por la emoción de haber logrado lo que pocas: hacer bailar chamamé a un presidente que gusta más bien de la cumbia “gildera”.
Todo eso transcurrió mientras Colombi ordenaba la escena. Entra este y sale aquel. Pidió al menos cuatro bises antes de dejar ir a su invitado.
Fue todo el show. Las aspas de la aeronave dieron por terminada la fiesta, que no obstante siguió cerca de las estacas y la carne asada.
Minutos después, la caravana de camionetas desandaba el camino rumbo a la Ruta 119, o lo que queda de ella. La princesa se convirtió en calabaza y los invitados al mitin despertaron del sueño del cambio a la realidad, que viaja a otra velocidad desde hace muchos años en Corrientes.



















