Valdés gana y mira la historia

 

Con una afluencia de alrededor del 64% de los votantes habilitados y escrutado el 99,84% de los votos, el frente ECO+Vamos Corrientes se impuso ayer en las elecciones correntinas sobre el Frente de Todos, con una diferencia más que abultada de alrededor del 24%. Fue un holgado 58,80% a 34,45% en todo el territorio, aunque menor en relación con la abrumadora elección que consiguió el gobernador Gustavo Valdés hace 15 días, cuando logró su reelección con el 76,91% de los sufragios y una diferencia superior a los 53 puntos porcentuales.

El Gobierno de Corrientes se adjudicó la victoria alrededor de las 21, minutos antes de conocerse los resultados oficiales y antes de que Valdés viajara a Capital Federal para la foto del triunfo nacional de Juntos, en el marco de un breve y sencillo acto celebratorio en el que el propio Gobernador dijo que ganaron la elección con el acompañamiento de alrededor del 60% de los votos. Acto seguido sostuvo que “vamos a poner el alma y el corazón para defender a los correntinos”, al tiempo que pidió mayor compromiso y trabajo militante “para ampliar esta diferencia y tener dos senadores nacionales” en noviembre.

¿A qué se debe ese pedido del Gobernador? En principio, a que lo sucedido ayer debe confirmarse en en las elecciones generales del mes de noviembre, pero sobre todo a la historia.

Valdés quiere ganar la próxima elección, hacer el 3 a 0 en relación a los tres turnos electorales de Corrientes, torcer la regla que indica que las elecciones provinciales son radicales y las nacionales son peronistas. Pero además, y sobre todo, quiere conseguir los dos senadores nacionales, que es la presea más importante para el ituzaingueño.

El asunto es así. El gobernador de Corrientes pretende conseguir lo que no pasó nunca antes en la historia institucional de la provincia y, por lo tanto, nunca antes en la Unión Cívica Radical: que los dos senadores por la mayoría sean de ese partido, el suyo.

Desde el retorno de la democracia y hasta el proceso institucional que recomenzó en Corrientes en el año 2001, tras la última intervención federal, los senadores nacionales fueron siempre de distintos partidos, más allá de la supremacía aliancista, que desde 1983 hasta 1994 fue siempre favorable al Pacto Autonomista Liberal.

En 1994 opera la reforma de la Constitución Nacional y desde entonces las provincias aumentan su número de senadores: de dos se pasa a tres y se impone el sistema vigente en la actualidad: 6 años de mandato para los tres senadores que van al Congreso representando al estado provincial, siguiendo esta lógica: dos por la mayoría, es decir, quien gana la elección, y uno por la primera minoría o para la fuerza que hubiera salido segunda en la compulsa.

El Pacto se quedó con la totalidad de los cargos desde el año 1983 en adelante, con postulantes como Gabriel Feris, Ricardo Leconte, Juan R. Aguirre Lanari y José Antonio Romero Feris.

Ya para la década del 90 y con la reforma constitucional estrenada, el Pacto empezó a ceder lugares, aunque los partidos provinciales dieron pelea por algunos años más con las reelecciones de José Antonio Romero Feris e Isabel Viudez, por ejemplo, que primero entró por el autonomismo y después fue representante del Partido Nuevo. De hecho, Viudez fue la reemplazante de Raúl Rolando “Tato” Romero Feris, quien fue electo en 2003, pero no pudo asumir porque su pliego no pasó el tamiz de la comisión de Asuntos Constitucionales, a cargo por aquellos años de Cristina Fernández de Kirchner.

Lázaro Chiappe fue otro de los referentes provinciales en el Senado, representando al Partido Liberal. Después empezaron a aparecer referentes del Partido Justicialista, como los senadores Angel Pardo y Rubén Pruyas.

En el año 2003, además de Romero Feris, fueron electos Fabián Ríos y Anahí Sánchez, uno del PJ y la otra de la UCR.

El antecedente que el gobernador Valdés tiene más próximo en la historia que está mirando es del año 2009. Entonces la elección la ganó el Frente de Todos, sello electoral de la alianza oficialista comandada por el radicalismo que se quedó con Arturo, tras la pelea de los primos Arturo y Ricardo Colombi. En ese momento fueron electos Josefina Meabe de Mathó (del Partido Liberal), José María Roldán (de la UCR) y Eugenio Nito Artaza, radical de cuna, pero que ingresó al Congreso por la alianza Encuentro por Corrientes, para luego dar el salto hacía la creación de su propio partido y, finalmente, años después, aliarse al frente opositor en Corrientes, ligado al movimiento peronista.

En 2015, pese a la supremacía radical en la provincia de Corrientes, Carlos Mauricio “Camau” Espínola y Ana Claudia Almirón, ambos del PJ, se quedaron con las senadurías nacionales de la mayoría y Pedro Braillard Poccard (del Partido Popular, pero contado como senador PRO), con la banca de la minoría.

Es por eso que de ratificar el triunfo de ayer en las elecciones del 14 de noviembre, el radicalismo, por primera vez en su historia, tendría dos senadores nacionales por Corrientes en el mismo período, y Valdés -en su indiscutido rol de gran elector- colgaría una nueva cucarda en su vitrina de éxitos políticos. Éxitos, a priori, difíciles de igualar y superar y que sustentarían con mayor fuerza el esquema de proyección nacional sobre el que vienen trabajando en el radicalismo de cara a las elecciones de 2023, más allá del lugar que ocupe el gobernador en el armado electoral opositor.

La historia, como queda visto, es central en este presente y en el futuro inmediato de la alianza oficialista correntina. De eso habla Valdés y hacia allá se encamina. Que logre este último objetivo dependerá en gran parte del trabajo de la alianza ECO+Vamos Corrientes en las elecciones de noviembre.

La oposición, que ayer festejó una gran remontada después de la abrumadora derrota del 29 de agosto, tiene en sus manos, en todo caso, tomar nota de lo sucedido hasta aquí, hacer todo lo que haya que hacer y hacerlo bien, sin fallas. Aun así quizás no le alcance, pero no será el mismo punto de partida para las revanchas del año 2023. Las cartas, de uno y otro lado, ya tienen dos manos jugadas. Queda una y muy valiosa, antes de que termine el juego de este año.

Arrasó Valdés e hizo historia

Ganó Gustavo Valdés y se convirtió en el segundo gobernador reelecto de Corrientes, en el marco de una victoria histórica, puesto que arrasó en todo el territorio de la provincia con un porcentaje superior al 75%. Tal diferencia, de alrededor de 50 puntos porcentuales frente al candidato peronista Fabián Ríos, que cosechó el 24%, convirtió al mandatario en el hombre más votado que registre el devenir institucional de la provincia.
Semejante nivel de acompañamiento popular consolidó el liderazgo político interno de Valdés, que ahora se proyecta al país en clave de espaldarazo para sus correligionarios radicales que se juegan y mucho en las Paso de septiembre, de cara a las Generales de noviembre.

Ganó Valdés y lo hizo en el marco de un proceso limpio, que se mantuvo ajeno al epílogo violento que tuvo, vaya paradoja, una campaña de las más tranquilas que haya registrado la provincia desde que se organizó institucionalmente hace 200 años, en 1821.

Si alguien buscó una pesca abultada revolviendo las aguas con el tiro que recibió el diputado Miguel Arias, ese alguien debería replantearse sus estrategias. El resultado electoral deja en claro que la ciudadanía supo separar un hecho de extrema gravedad, repudiable sin cortapisas y que debe investigarse hasta las últimas consecuencias, de un acto político, democrático, cuya institucionalidad goza de una consolidación que no registra antecedentes en más de un siglo.

Pero más allá de la coyuntura de la jornada de cierre de campaña, ensombrecida por los episodios de Tapebicuá, el triunfo de Valdés tiene anclajes más profundos. El enorme apoyo conseguido viene de más lejos. Algunas de las claves podrían ser las siguientes:
La alianza ECO+Vamos Corrientes, el radicalismo correntino e incluso el propio Valdés supieron transmitir un modelo creíble, inmune a los efectos desgastantes de una estadía prolongada en el poder por parte de la alianza; inmune al aburguesamiento de sus funcionarios y a la lentitud de los procesos de cambio que demanda parte de la ciudadanía.

Valdés y el gobierno que lidera supo generar anticuerpos para los ataques externos, para las crisis imponderables, pero sobre todo para la protección interna, mecanismo que funcionó incluso contra sus propios errores, muchos de los cuales se cometieron por error o descuido en el último tiempo.

La reelección de Valdés es el resultado natural de haber encarado el proceso electoral en su mejor momento personal, avalado por una aceptación popular muy alta, y también en el mejor momento de su gestión, que se valoró, en contraposición de los excesos, por un manejo exitoso de los efectos devastadores, sanitarios y económicos, de la pandemia de coronavirus.

Ganó por sus acciones, más que por sus argumentos. Y porque se convirtió en la personalización de una fe en el futuro, suficiente para el 75% de los correntinos que ayer fueron a las urnas. El hospital de campaña, el asunto inicial de los respiradores, la construcción de la nueva cárcel, la gestión tecnológica y de los parques industriales e incluso la intervención en el interior, pero sobre todo en Capital, hablan por sí solos.

La reelección de Valdés viene de lejos, desde 2019. En las elecciones de medio tiempo plebiscitó su gestión y no solo capitalizó un triunfo histórico, ya entonces con una diferencia de más de 40 puntos, sino que además sumó a su favor la atomización de la oposición que sigue sin poder encontrar el rumbo.

Desde diciembre de 2019 Valdés gobernó con mayoría calificada en ambas cámaras de la Legislatura, incluso así no pudo conseguir la aprobación de normas clave, como el voto joven o la paridad de género. Esa negativa parlamentaria, que cualquiera pudo haber leído como debilidad, fue otra fortaleza, porque, por un lado, no forzó cambios abruptos para los que muchos no están aún preparados y, por el otro, se mostró como un gobernador republicano, respetuoso de la división de poderes y mesurado a la hora de hacer uso de esas mayorías legislativas.

Hábil negociador, Valdés superó a su mentor, Ricardo Colombi, con un trato sustentado en el diálogo y la cooperación, luego de haber construido para adentro un liderazgo fuerte, pero un liderazgo horizontal para afuera, lo que se materializó en el armado político aliancístico más nutrido desde que este modelo empezó a funcionar en el año 2001.

No las tuvo siempre fácil. Debió lidiar muchas veces con la interna radical (que es la interna más seria que enfrenta), pero antes que quebrar logró encapsular a los díscolos, muchos de los cuales, criados en las lógicas del colombismo, tuvieron que avenirse a las nuevas formas del ejercicio del poder.
Además, sin olvidar nunca aquel postulado de la “continuidad con cambios”, pudo sortear las críticas que reciben algunos miembros de su gabinete heredado, pero además, para afuera, construyó una relación personal e institucional seria con el presidente Alberto Fernández. Esto le permitió una convivencia que hace tiempo no se veía entre ambos estamentos del Estado (en tanto opositores), con los beneficios que eso acerca en planos de la administración y gestión. Y también en el plano político. Valdés nunca descuidó este plano y más allá de Fernández, se convirtió también en una referencia del Consejo Regional del Norte Grande, que es la llave diplomática para futuras realizaciones.

Valdés ganó la escena pública, mediática e incluso supo colonizar el nuevo territorio digital. Es uno de los que mejor entiende esa nueva lógica de comunicación y eso también fue un factor coadyuvante de la victoria de ayer. Consiguió su reelección y, en su condición de gran elector provincial, ayudó también a la reelección de Eduardo Tassano, quien en ese mismo acto quebró un maleficio histórico que impedía repetir a todos los intendentes capitalinos que lo intentaron.

El PJ aceptó la realidad, prometiendo no dejar las convicciones. Resta ahora saber si este mismo Frente de Todos que se reunificó atado al recurso del autoindulto, frizando sus errores y peleas internas, pasadas y presentes, podrá reponerse para los compromisos que vienen: las elecciones nacionales que, en perspectiva histórica, siempre les fueron más favorables.

Dados los resultados de 2019 y los de ayer, el caudal electoral de la oposición es un cimiento todavía lejano y movedizo.
El replanteo tal vez incluya un plan que supere la mera crítica, o el vacío pedido de oportunidades por el solo hecho de que el otro ya tuvo suficiente tiempo.

Tal vez el replanteo modifique el estado de resignación con el que el PJ fue a esta campaña, dejando al Gobierno más que una zona liberada para que consiga lo que logró ayer: la diferencia más abultada en una primera vuelta que recuerde la historia.

Quedan muchas dudas: varias cuestiones que la oposición provincial deberá resolver en nombre de la política, de la república y del libre juego de la democracia, si es que de verdad quiere ser una opción real de poder y no un mero relator enojado. Porque, aun siendo verdad que los otros hacen las cosas mal, eso solo no habilita a pensar que los propios lo hagan bien. Hay un mensaje a escuchar, salido ayer de las urnas.

En un clima enrarecido, Corrientes elige gobernador y Valdés busca su reelección

Publicado en La Nación

La de hoy en Corrientes será una elección crucial. No solo porque se elige gobernador, sino también porque se pondrá a prueba el efecto político del disparo que el jueves por la noche hirió al diputado peronista Miguel Airas, en un acto proselitista de cierre en Tapebicuá, cerca de Paso de los Libres.

Ese ataque corrompió la tranquilidad -incluso verbal- en la que se desarrolló toda la campaña. Sus consecuencias, si es que tiene alguna, se conocerán con el escrutinio.

Pero la elección en Corrientes tendrá además otro condimento que la hace gravitar a nivel nacional: la proyección positiva que un triunfo del gobernador Gustavo Valdés podría tener sobre Juntos por el Cambio de cara a las elecciones primarias del 12 de septiembre.

El gobernador de Corrientes, de conseguir su reelección, podría dar un espaldarazo al radicalismo nacional, y al bonaerense en particular y, por extensión, subir el autoestima del frente opositor de cara a las elecciones de septiembre y noviembre.

Varios referentes políticos del radicalismo aseguraron su presencia en Corrientes para hoy a la noche, para ser parte de la foto del triunfo. El primero en confirmar fue el primer candidato a diputado del radicalismo bonaerense, Facundo Manes.

El gobernador, mientras tanto, se llamó a silencio. La última vez que habló Valdés fue el viernes por la mañana para solidarizarse con el Frente de Todos por el ataque sufrido por el diputado Arias. Ahora espera con la boca cerrada porque sabe que es su mejor estrategia: tratar de no agregar ningún grano de arena a la polvareda que levantó el episodio de Tapebicuá. Si bien hay líneas investigativas que se alejan de lo que el Frente de Todos llamó “violencia política” o “atentado político”, por el momento nada es concluyente.

Los candidatos y referentes del peronismo local, en tanto, pasaron las últimas horas transitando el andarivel de la crítica y anclados a un clima enrarecido que fue bajando su intensidad conforme fue quedando en evidencia que una cosa es el ataque al legislador y otra es el provecho electoral de esa situación.

No obstante hay una cuestión objetiva: que el tiro del jueves hizo añicos la civilidad que hace mucho no se veía en las campañas electorales correntinas. Por eso mismo, no son pocos los voceros que dicen que el objetivo se cumplió: empañar un proceso ejemplar para desteñir también la contundente ventaja que Valdés le podría sacar a su competidor.

La oferta electoral

Pasadas las horas, los efectos grandilocuentes del ataque empezaron a ceder, los operativos electorales se aceleraron y la tranquilidad volvió al primer plano, más allá del estado de conmoción que aún se percibe dada la gravedad del suceso.

La llegada del diputado Miguel Arias al hospital escuela General San Martín, de mayor complejidad de la provincia.
La llegada del diputado Miguel Arias al hospital escuela General San Martín, de mayor complejidad de la provincia.telam

En este inesperado contexto, Corrientes enfrentará entonces su elección a gobernador en medio de la pandemia. Hay más de 868.000 correntinos habilitados para elegir gobernador, vice, cinco senadores y 15 diputados provinciales, intendentes y concejales en 57 municipios. Es una competencia polarizada entre la alianza gobernante ECO+Vamos Corrientes) que postula a Valdés, y al senador nacional Pedro Braillard Poccard; y la alianza Frente de Todos que lleva como candidato principal al actual gerente de la Represa Aña Cuá, el ingeniero Fabián Ríos, ex intendente de la capital, y al senador provincial Martín Barrionuevo.

La mayor expectativa de la elección está depositada en la capital, donde el actual intendente, el radical Eduardo Tassano, buscará retener la comuna, evento que no tiene antecedentes históricos. Enfrente está el actual vicegobernador Gustavo Canteros, que produjo uno de los hechos políticos más trascendentes de Corrientes en los últimos años al saltar de la alianza ECO al PJ opositor.

Corrientes elige gobernador este año porque es una de las dos provincias que tiene desfasado su calendario electoral, producto de sucesivas intervenciones federales. La otra es Santiago del Estero, que elegirá gobernador en noviembre, junto a las elecciones nacionales.

Gustavo Valdés: “Me llevo bien con el Presidente y me quiero llevar mejor”

Publicaco en La Nación

A sus 52 años, Gustavo Adolfo Valdés (UCR) podría convertirse este domingo en el segundo gobernador reelecto de Corrientes. Pero además, su objetivo es llegar arropado por un acompañamiento político amplio, a la luz de histórico si es que se confirman los datos previos, consistentes en todas las encuestas conocidas hasta el momento.

En el tramo final, Valdés trajina la provincia con pequeños actos de cierre de campaña. Ayer protagonizó el acto central de clausura en la capital provincial. “L grieta no sirve porque destruye: me llevo bien con el Presidente y me quiero llevar mejor, porque es lo que debemos hacer cuando gobernamos”, remarcó en diálogo con LA NACION.

En paralelo, su fuerza ECO+Vamos Corrientes, se preparan para un eventual festejo, que podría contar con la presencia de varias personalidades del radicalismo nacional que ya confirmaron asistencia. Uno de ellos será el precandidato a diputado nacional por la UCR en la Provincia de Buenos Aires, Facundo Manes, que intentará capitalizar la victoria

-El Presidente reconoció a los gobernadores de la oposición porque, según dijo: “No hicieron la oposición que hizo la oposición”, en relación a la pandemia.

-Es que nosotros gobernamos. Una cosa es gobernar y otra cosa es tener el rol de un legislador que está en el Congreso. Nosotros estamos para gobernar y para aportar racionalidad al sistema. Yo creo que con la grieta no se construye, se destruye. Yo soy más dialoguista. Creo que nosotros tenemos que conversar mucho más. Creo que hay un reconocimiento de eso por parte del Presidente.

-Usted gobernó estos cuatro años con dos presidentes. La relación con Mauricio Macri fue muy buena, pero no lo fue menos con Alberto Fernández. ¿Es así?

-¿Y por qué en la política hay que pelearse con el adversario? Yo creo que la política tiene que servir como un instrumento de diálogo, de acercamiento. A mí me gustaría tener una mejor relación con Alberto Fernández. Me gustaría tener una mejor relación con los gobernadores del país y seguir mejorando las relaciones.

-¿Cuánto se retrocedió en materia de pobreza por el Covid?

-Creo que retrocedimos mucho por el Covid y por la devaluación. Nadie habla del proceso de devaluación. Si vos te fijas cuánto ganaba un empleado público cuando inicié mi mandato, ganaba creo que 800 o 900 dólares, como mínimo. Hoy un empleado público gana 200 o 300 dólares de base. Entonces, la devaluación fue tremenda y la pobreza se mide en dólares, le guste o no al Gobierno

-Ya en 2019 el índice de pobreza de Corrientes fue muy desfavorable.

-Cuando nosotros vemos que se cambian los índices de distribución de recursos en la Argentina, las provincias comienzan a crecer. Cuando se centralizan los índices de distribución y la Nación se queda con la mayor cantidad de plata, las provincias comienzan a pulular su pobreza. Y esto es lo que nos ocurrió en los últimos tiempos. En el Norte de la Argentina representamos el 30% de la población pero sólo el 15% de la economía. Eso está hablando de que hay una mala distribución de los recursos. Entonces, de esto se trata un poco: si nosotros no resolvemos las economías de las provincias distribuyendo de manera distinta, nunca vamos a poder resolver el problema y el dilema que genera el Conurbano bonaerense.

-En sus discursos usted habla de que durante todo el siglo XX y los primeros años del XXI, uno de cada tres o de cada cuatro correntinos se fue o se va porque la provincia no los contiene. ¿Cree que se puede frenar esa tendencia?

-No es un problema de Corrientes. Es un problema del Norte y del Sur porque los beneficios y las oportunidades terminan estando en el país central. El Conurbano bonaerense es la búsqueda de oportunidades de los ciudadanos del interior. Si nosotros no revertimos la distribución y el desarrollo en la Argentina, no vas a poder resolver jamás el problema del Conurbano. Nunca. Entonces, eso es lo que nosotros tenemos que cambiar. Si nosotros cambiamos la visión de lo que es la macrocefalia de la Argentina y logramos el desarrollo en nuestra provincia, muchos correntinos van a volver. Creo que esa es la única forma: generar oportunidades en la provincia.

-¿Qué provincia encontró cuando asumió?

-Creo que Ricardo Colombi marcó un proceso de normalización. Había cosas pendientes, pero ya con una provincia estabilizada. Pero en los números estábamos ahí, quietos. Creo que el desafío nuestro, con los sueldos al día, estabilizados, era comenzar el despegue y eso hicimos.

-Cuando asumió usted habló de los desafíos en desarrollo, inclusión y modernización. Cuatro años después, ¿cuál es el balance?

-Es imposible soslayar la pandemia, pero sin excusas, creo que estamos en camino a eso. Yo miro el empuje que nosotros le dimos a los parques industriales y fue tremendo. Estamos generando las condiciones para el desarrollo. Avanzamos con dos empresas que también van a mejorar mucho la calidad de vida de los correntinos: Encorsa y Telco, una de generación de energía limpia y la otra que es nuestra empresa tecnológica. Estamos haciendo en este momento un nuevo ingreso a la ciudad de Corrientes. Me parece que esos son hitos, además de la construcción del puerto de Ituzaingó; y el de Lavalle. Pero también creo que es imposible que nosotros no pensemos en incluir a mucha gente que hoy está fuera del sistema y que no tiene posibilidades, porque nos toca un momento duro, un momento difícil.

-¿Para qué busca un nuevo mandato de gobierno?

-Creo que el primer tiempo fuimos más prudentes. Ahora tenemos que profundizar el estilo de gobierno y creo que hoy está claro el camino: tratar de generar valor a nuestros productos, generar empleo y darle para adelante con la industrialización; mucha educación; mucha inversión en salud. Esos serán los pilares si tenemos la oportunidad de gobernar nuevamente.

Operativo de imagen, gestión y limpieza

Nota publicada en el diario El Litoral

Gustavo Valdés cerró la semana protagonizando la escena política local, regional y nacional por varios motivos. Fue noticia nacional porque es el gobernador con mejor imagen en el país. Venía haciendo podio hace varios meses, pero esta vez llegó a las porteñas letras de molde, porque hizo punta y corrió de ese sitial nada menos que al blindado jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta.
El informe de CB Consultora Opinión Pública dice que el primer mandatario de Corrientes encabeza el ranking de gobernadores con mejor imagen de Argentina. Alcanzó el 71,4 % de aprobación durante mayo y desplazó a Rodríguez Larreta del primer lugar. Recuerda asimismo que Valdés dejó el cuarto lugar del ranking que había ocupado durante el mes de abril con el 67,1 % de aprobación, y que logró reducir las consideraciones negativas hacia su gestión: del 30 % de abril bajó al 27 % de mayo.

 

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Fue noticia regional porque se anticipó a sus pares del NEA y también al presidente Alberto Fernández en el anuncio y puesta en vigor de varias medidas de cierre y bloqueo para morigerar los efectos de la pandemia. Ya el martes anunció que cambiarían las fases y el miércoles confirmó el retroceso a fase 2 y 3 de varios municipios importantes, incluida la capital, apelando a cierres parciales, además de activar restricciones zonificadas a lo largo y ancho del territorio.
Pero no fue todo. Valdés se desmarcó incluso de Rodríguez Larreta, su socio en el esquema nacional opositor de Juntos por el Cambio, y cerró las escuelas de las localidades más afectadas con la idea de contribuir al despeje de la movilidad, que es el factor que determina la mayor cantidad de contagios.
En ese marco, además, decretó la prohibición de circulación entre las 00:00 y las 7:00 de la mañana, y la extensión de un asueto a la administración pública provincial. El objetivo: disminuir en un 50 por ciento la circulación en las ciudades correntinas con mayor cantidad de casos, como Capital, Goya, Mercedes y Paso de los Libres, entre muchas otras, cuyos números fueron evolucionando en la semana con un agravante clave: en algunas se detectó la circulación de la cepa Manaos. 
Estos próximos días serán clave para conocer si las restricciones decretadas por el Gobierno consiguen el efecto esperado, pues la provincia vivió hasta el miércoles en una suerte de normalidad solo alterada a la vista por la utilización de barbijos y protocolos sanitizantes más o menos flexibles en los espacios cerrados, clases presenciales en los niveles iniciales, primarios y secundarios, actividades deportivas, recreativas y religiosas, y una vida nocturna intensa, legal e ilegal, ajena a los llamados —insistentes y desesperados— a la responsabilidad social.

 

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Pero el gobernador Valdés también fue noticia en Corrientes. Lo fue porque el río suena. Y porque al no tener una oposición que estructure todavía un proyecto alternativo, atractivo para la opinión general y que, más allá de los diagnósticos y las chicanas, encarne una voz que dispute la agenda pública y capte la atención de las audiencias y del electorado, cualquier movimiento interno de la UCR y de la alianza ECO suenan como si fueran los crujidos del gobierno.
La interna radical está en movimiento, nadie lo niega. Pero es por algo que excede la candidatura a gobernador, validada ya afuera y adentro del espacio partidario, lo cual incluye a Ricardo Colombi, a quien no le quedó otra que levantar la mano de Valdés, rodeado por la evidencia de acompañamiento y consenso político.
(Dicen de hecho que la candidatura de Valdés en la provincia y de Tassano en Capital estaba resuelta de antemano, pese a las quejas privadas y públicas del exgobernador y presidente del partido. Y que esa salida radial, previa a la reunión del radicalismo en la que se oficializó la cabeza de fórmula, no fue más que un hábil intento por anticiparse a una jugada que lo excedió o que lo mantuvo al margen).
Pero más allá de esto o de aquello, lo que se disputa aquí, y que se disputará de aquí al futuro, será el manejo del partido y de la alianza, y en ese camino pueden quedar heridos o magullados. El doctor Raúl Martínez fue el primero, aunque no fue su primera vez.
El exlegislador y exfuncionario provincial, y hasta la semana pasada director del hospital de Goya, fue “invitado” a dejar su cargo luego de que saliera a blanquear sus intenciones de ser candidato a intendente de la segunda ciudad de la provincia. Hay más: el propio Martínez dijo que el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, fue el encargado de pedirle la renuncia.
Dicen que el hecho generó picazones en el seno de la UCR, sobre todo después de que Ricardo Colombi saliera a pedir clemencia para el doctor, dejando expuesta la interna, que se hizo más notoria cuando algunos trolls de plumas y martillos salieran a decir que era falso lo que en realidad era verdad: que Colombi estaba enojado porque echaron al director de hospital que estaba, tal vez, apadrinando como candidato.
La noticia es así: el director del hospital de Goya, Raúl Martínez, confirmó que le solicitaron la renuncia por realizar “política y actos de proselitismo” en el momento en que esa ciudad registra un promedio mayor de 50 casos diarios de covid-19. Como reacción, el Comité provincial de la UCR pidió al Gobierno que revierta la medida.
Ese comité, presidido por Ricardo Colombi, emitió un comunicado en el que respaldó al médico y solicitó “que se deje sin efecto la apresurada decisión”. Ese comité trabaja también, al parecer, en la nominación sistemática de candidatos distintos a los que tienen avales del gobernador.
Lo concreto es que Martínez hacía proselitismo en el hospital y ese acto (además de correrlo de su función específica) configuró un exceso (político) que desafió una postura que ya cobró forma en el radicalismo y en el Gobierno: apoyar al actual secretario de Desarrollo Social, Mariano Hormachea, como candidato del partido y de la alianza para suceder a Ignacio Osella, quien, aun pudiendo hacerlo y con números para lograrlo, decidió no presentarse para un nuevo periodo en la intendencia.

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Todo esto no debiera ser más que ello. Pero es un poco más porque la interna se desarrolla en medio de una pandemia y la política tiende a confundirse con lo público. Pero, en el fondo, lo que está pasando tal vez sea lo mismo que pasó en 2013: lo que la relatoría del gobierno de entonces llamó el “operativo limpieza” que encabezó Colombi para poner en marcha lo que fue el primer gobierno reelegido de la historia de Corrientes. El primero en juntar sus cosas fue el subsecretario de Desarrollo Humano, que entonces no era otro que Raúl Martínez.
Son los hilos del destino: de aquel echado a este defendido Martínez pasaron cosas. Lo que no pasa ni cambia son esas formas de la política: el apego al más rústico pragmatismo sin cara ni corazón, y a la más conveniente amnesia temporal.
La jugada de Martínez puede leerse, en definitiva, hasta que se demuestre lo contrario, como una acción más de la ensordinada interna radical, publicada en cuotas, muy parecida a los movimientos dizque insuflados por Colombi en el seno de ECo y que dieron forma a los reclamos desafiantes de Pedro Cassani primero y de Gustavo Canteros después.
Cassani ya recogió el hilo, un poco por sugerencia de sus partidarios y otro poco de sus socios, mientras que Canteros parece dispuesto a seguir hasta las últimas consecuencias, hasta colocar su candidatura a intendente en alguna boleta.
La política es el arte de lo posible y todo puede pasar siempre. De hecho está pasando, aunque tal vez antes de tiempo, si es que alguien calculó otra cosa: Valdés está configurando su volumen y construyendo espacio a esa medida, ejecutando el mando que le dieron los propios y que le reconocen los ajenos.

La política de la rosca inmutable

Publicado en el diario El Litoral

La crónica política de los últimos meses podría sintetizarse así: Canteros, Cassani y Colombi desafiando a Valdés.

El vicegobernador Gustavo Canteros primero avisó, para no traicionar, y después lanzó su candidatura a intendente de Capital.

El titular de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani, no quiso ser menos. Ya en febrero informó su posición y luego lanzó su candidatura a gobernador. Incluso chicaneó: “¿Por qué Valdés no puede ser mi vice?”. No lo hizo más que en los medios, pero sonó fuerte, como sonaron fuerte las reacciones. Las más notorias se dieron en los anaqueles del Poder Judicial, donde justo por esos días el personal de maestranza pasaba el plumero sobre empolvados expedientes dormidos.

Días después Ricardo Colombi puso en duda la candidatura de Eduardo Tassano. Sin mirar a los ojos a Gustavo Valdés, recordó que no siempre la imagen se traduce en votos. Después azuzó la posibilidad de quiebres y pronosticó fracasos para quienes no escucharan al “Cherubichá”.

Si bien quejoso, también advirtió: “Nadie decidirá nada por mí, ni me van a jubilar”. De paso le tendió una mano a Canteros y otra a Cassani. Los alentó, pues al fin y al cabo nadie puede negarle la posibilidad de ser candidato a nadie, dijo. El hilo común a todos: la silla acomodada en el centro de la escena del programa “Final abierto”.

Antes habló el gobernador. Fue el primero y el que ordenó el debate. Confirmó a Tassano como candidato y dijo que al vice la o lo elegirá él según estas dos condiciones: que sea joven y con votos.

Después, como siempre, pasaron cosas.

La escalada verbal produjo hechos en la superficie y zancadillas brotadas desde los sótanos de la política y de la justicia. Una esquirla tardía de esas viejas detonaciones tal vez sea la viralización de los audios con el pedido de “reintegro” de la diputada nacional Estela Regidor a varios de sus empleados, para hacer “donaciones” en negro, so pena de truncarles el contrato. Es un escándalo de proporciones que, hay que decir también, no implica solo a la diputada radical. Veremos cómo sigue.

Demuestra esto, no obstante, que el carro viene acomodando melones a los tumbos, pero sin el peligro de una guerra declarada como la del 2005 entre los primos Arturo y Ricardo, y que dejó heridos en ristra y algunos muertos.

La terquedad de entonces mutó con el tiempo en el cálculo frío que no pierde de vista las opciones cruciales: ceder y gobernar, o romper y volver al frío gélido del llano. Es verdad que muchos están más abrigados que hace veinte años y que podrían pasar el invierno y la pandemia sin tiritar, pero no es lo mismo hacerlo al calor de las estufas de Salta y Mayo.

Fue en ese marco prepolítico electoral que ocurrió también la cumbre entre Ricardo Colombi y el gobernador Gustavo Valdés. Fue el viernes 30 de abril en Casa de Gobierno. Días después, el miércoles, Colombi dijo por radio que Valdés es el “candidato natural” y más tarde, el mismo miércoles, la UCR avaló las nominaciones de Valdés y Tassano. Fueron ungidos por el radicalismo y en Capital, pero el alcance fue más amplio: se leyó como el ungimiento de ECO a sus dos principales candidatos.

 

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Tal vez nunca se sepa qué pasó efectivamente en la reunión de Colombi con Valdés, porque incluso un ministro de peso dentro del gabinete, varios días antes, varios, firmó en un cuaderno, a modo de anticipo, que esa era la fórmula integral. Valdés-Tassano. Firma del ministro. 

Cassani, en tanto, emprendió un acelerado regreso, como en la parábola del hijo pródigo: volvió a mostrarse con el gobernador, recorre la provincia con él, y del desafío pasó al silencio.

Canteros siguió en las suyas. Fueron a tentarlo varias veces para que deponga su actitud, pero el dos veces vicegobernador parece dispuesto a dar pelea. Por ahora, dice que dentro de ECO, salvo que no lo dejen. Por lo pronto, el jueves lanzó su candidatura y lo hizo rodeado de dirigentes de 17 partidos, más allá de que después se dijo que dos de esos sellos estaban flojos de papeles.

Canteros no quebró, pero la interpretación política fue esa. Tal vez suceda, pero lo cierto es que aún no. Y no ocurre porque no hay ni fecha de elecciones, y si no hay fecha tampoco hay tiempos definidos para la conformación de alianzas. Y nada debe ser tan dramático, pues según preguntó Canteros, “si el radicalismo no consultó a nadie para lanzar a su candidato, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros, que somos 17?”.

 

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Más allá de todo, el peronismo espera. En el viejo partido de Perón hay sobrados especialistas en la cata de sangre, y dado que no hay señales de cosecha puertas adentro, balconean la interna de ECO hociqueando las mataduras ajenas. Algunos cancerberos, incluso, ya se dieron el lujo de abrir sus anchos portones al otrora compañero sindicalista Canteros. Como cachorros en busca de un amo, algunos ya lamieron sus manos. Incluso algunos otros se animaron a desenrollar viejas alfombras púrpuras, guardadas de otras épocas, de cuando la pelea en el PJ era por algo más que los egos de sus integrantes.

Por fuera de este esquema, hasta el momento, nada sugiere el nacimiento de una alternativa. El modelo bialiancista parece que volverá a perfilar la oferta electoral de este 2021.

 

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Esto recién comienza, y mientras dure, parece saludable el debate. Y ya que la oposición no puede estructurar una discusión que sea superadora de la chicana, o que sea superadora del diagnóstico para pasar a una propuesta que enamore al electorado correntino, al menos están los cruces internos ante tanta hegemonía sustentada en rededor de un hiperconsenso que parece revestir la figura de Valdés.

Su carrera fue vertiginosa, como la acumulación de sus logros políticos. Valdés entró al gobierno como delfín de Colombi y al cabo de cuatro años, pandemia de por medio, emergió como candidato natural a la reelección. ¿Será el tiempo ahora de un empoderamiento pleno, unipersonal? Puede ser. Semejante liderazgo solo fue puesto en discusión por el último capitulador, Ricardo Colombi, que después de zarandear la interna y de azuzar planes alternativos en varios frentes, se avino a la máxima de la superación del alumno.

¿Se avino? Por el momento, sí.

Cerró filas y salió a levantarle la mano. Tal vez esté convencido. Tal vez sea una jugada con altas dosis de pragmatismo de esas que Colombi ensaya a diario. O tal vez se esté curando en salud y esté reservándose para sí el poder de veto o de arbitraje, derecho que podría haber perdido ante la posibilidad de una contienda con fractura expuesta. ¿Qué hará? Aún no se sabe, pero no será la jubilación.

La sangre, una vez más, coaguló antes de llegar al río. Es el catalizador de la inteligencia que faltó en 2005. Y ese aprendizaje estriba en el diseño de una estrategia que piensa ya no en el próximo turno electoral, sino en las próximas dos generaciones, según dice el presidente de la UCR, que puede exhibir, más que gestión, eso sí, un éxito político-electoral que viene de otras dos generaciones.

 

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Todavía hay que confirmar candidaturas y votar. Pero a estas alturas parece difícil que peligre la reelección de Valdés, salvo algún error gravísimo o una implosión no calculada. El resto está por verse. Habría que mirar, en todo caso, la resolución de la interna más fuerte que tiene ahora el frente gobernante por la intendencia de Capital.

Tassano fue ungido por el radicalismo y allí hay un mensaje. No es aún, pero parece el candidato de la alianza. El asunto es que en menos de 24 horas Canteros le salió al cruce. Y dada la ausencia de mecanismos internos o de primarias provinciales que bien podrían arreglar esta situación, la cosa ahora se dirimirá en el plano de las negociaciones o del quiebre.

Si es así, las cosas pueden cambiar. No solo dividiendo el voto oficial, sino también partiendo la masa electoral capitalina, dando chances tal vez a algún otro sector que esté en condiciones de capitalizar a los descontentos y sumar a los desarreglados.

Lo que está claro, sí, es que el mundo cambió. La pandemia dio vueltas las estructuras, disolvió una cantidad impresionante de certezas, pero en Corrientes la rosca política sigue como era entonces. Esos cimientos siguen inmutables.

La emotiva carta de una niña que habilitó los reencuentros para el Día del Padre

Publicado en La Nación

CORRIENTES.- El viernes por la noche, Lucía Torres subió a su cuenta de Facebook una carta abierta . Era un pedido especial dirigido al gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, para que la provincia habilite un permiso especial, el Día del Padre, y ella pudiera estar con el suyo, al que no ve desde que empezó el aislamiento obligatorio.

“Señor gobernador: me llamo Lucia, tengo 13 años, y vivo en Saladas con mi mamá, mis hermanos y mi papá del corazón. Pero mi papá biológico, el hombre de mi vida, por cuestiones de trabajo vive en Corrientes Capital y no lo veo hace exactamente 87 días”, dice el texto que se hizo viral una vez que el gobernador Valdés anunció que había leído la carta y que actuaría en consecuencia.

Misas sin agua bendita, gimnasios con termómetros y bares al aire libre: escenas de la nueva normalidad en el interior del país
Lucía le explicó a Valdés “la angustia” que siente en su corazón y la manera en que extraña a su padre, Daniel Torres, que trabaja en una fábrica de revestimientos en la capital provincial, distante unos 100 kilómetros de Saladas, donde vive la niña.
“Se aproxima una fecha muy importante para nosotros (el Día del Padre) y me pone muy triste no pasarlo con él por primera vez en 13 años, por eso quería pedirle por favor, si aunque sea por un día, podría permitir los viajes para poder ver a mi papá”.
“Disculpeme el atrevimiento -dice finalmente-, pero sentía que debía hacer esto… ¡Porfi atienda mi pedido! Le prometemos que nos vamos a cuidar mucho. Gracias”. Lucy firmó la carta con un corazón rojo como punto final.
Valdés, que también es un activo usuario de la plataforma, no dejó pasar la oportunidad política y contestó allí mismo. “Hola Lucía. Leí tu publicación y quiero decirte que tengo una muy buena noticia para vos. El Día del Padre vas a poder pasarlo con tu papá porque habilitamos los permisos de circulación para que, ese día, puedan estar juntos. Un fuerte abrazo”, posteó el mandatario.

El anuncio del gobernador
La historia, de inmediato, acaparó la atención en redes sociales y medios. Esta mañana, en el marco de la conferencia de prensa en la que Valdés perfiló la nueva etapa de la cuarentena, anunció que permitirá los viajes por el Día del Padre en todo el territorio provincia.

Luego de anunciar cómo será la nueva etapa, con mayor flexibilización en varias actividades ( la pesca deportiva y la apertura de templos religiosos, por ejemplo), Valdés dio a conocer la situación planteada por Lucía.
“Me escribieron desde el interior, Lucía me dijo que el mejor de los regalos es poder venir a ver a su padre y vamos a estar acompañando ese pedido que es lógico y razonable”, manifestó Valdés, y agregó: “Es por ello que Lucía, al igual que muchos otros hijos e hijas, podrán viajar para visitar a sus padres dentro del territorio provincial”.

La revolución para Lucía no terminó allí. Llamó inmediatamente a su padre, le contó lo sucedido, pero como todavía estaba en horario laboral, postergaron la charla. Lucía y Daniel volverán a hablar hoy mismo, pero ya en la noche, como hacen siempre.

“No te das una idea de la alegría que tenemos. El corazón no nos cabe en el pecho”, le dijo a LA NACION Sofía Battilana, mamá de Lucía, quien facilitó las fotos de su hija.

La niña volvió a utilizar Facebook para hacer saber de su alegría y agradecimiento. “Estoy muy feliz. Muy contenta, la verdad, muy contenta, no solo por mí, sino también porque otros niños que están alejados podrán ver a su papá en su día y celebrarlo con él”, añadió, aunque con una recomendación final: “Quiero pedirles que por favor se cuiden, que tomen las medidas necesarias, usen barbijos y respeten el distanciamiento social”.

“Lo que pasa es que después de todo lo que pasó, ella quiere que salga todo bien. Pide que las personas se cuiden para evitar que la situación de la pandemia retroceda en Corrientes. No quiere que sea por un pedido suyo”, explicó Sofía Battilana a LA NACION.

Cooperar para vivir

Para el diario El Litoral
Si es verdad que en estos largos días de cuarentena aprendimos que “nadie se salva solo”, entonces hemos aprendido también que la cooperación humana es la tecnología mejor acabada para ponernos de nuevo de cara al sol, cuando todo pase.
Ejemplos a lo largo y ancho del planeta confirman el diagnóstico vuelto sentencia. Y la buena noticia, para hacer frente a los escépticos, es que la cooperación también resultó en Argentina, con efectos que están a la vista.
La cooperación entre los tres niveles de Estado en el Area Metropolitana de Buenos Aires no sólo dio resultados en términos sanitarios (más allá del desfase de los últimos días en los barrios hacinados y marginales ubicados en la porción de tierra más rica del país) sino que también aportó un sedante de magnitud insospechada para la grieta política, repeliendo incluso el intento de quienes, fuera del reparto de la consideración ciudadana, intentan a toda hora y por cualquier orificio sembrar un poco de cizaña para envenenar la magra cosecha de estos días.
La cooperación que dio resultados en todo el mundo, dio también sus frutos en Argentina. ¿Eso molesta? ¿A quién? ¿Por qué?
Atravesamos como humanidad -no ya como nación, o como naciones- una situación crítica por pandemia. Es cierto que sus efectos no encuentran parangón en la historia mediana del globo, pero las bases de lo bien hecho se volverán sólidas si sabemos aprovecharlas.

 

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La cooperación del Estado con los científicos, médicos, infectólogos, fue el primer modelo en el que nos pusimos de acuerdo como sociedad. Nadie, o pocas personas a estas alturas, dudan de la importancia que tuvo para el manejo de la pandemia que el gobierno de Alberto Fernández se respalde en la ciencia, en sus expertos, en los estudiosos que dedican sus vidas al diseño de políticas y estrategias sanitarias.
La cooperación del Estado con los científicos y los CEO (de muchas empresas nacionales) hizo que la Argentina pueda desarrollar tecnología y aparatología médica, además de insumos y reactivos que nos permitirán estar mejor preparados si es que el coronavirus decide golpearnos todavía más de lo que lo ha hecho hasta el momento.
El Estado, las empresas, el conocimiento industrial y la mano de obra calificada, que procede -por ejemplo- de las universidades, como la de los estudiantes de la Universidad del Nordeste, permitieron, por decir algo, el ensamble de respiradores mecánicos para asistir al hospital de campaña de Corrientes, pero también, a futuro, a los institutos u hospitales que lo requieran.
La cooperación del Estado con los empresarios, en el plano de los productos y servicios, hizo posible muchas otras inversiones necesarias, pero al mismo tiempo mostró los agujeros que eran invisibles en el trajinar cotidiano de la vieja normalidad.
Se trata del conocimiento, más que nunca, en la era del conocimiento. Pero en este caso, se trata del saber al servicio de las políticas públicas implementadas bajo el régimen de la evidencia y no bajo el yugo de los caprichos personales, lo que supone un antes y un después, de mínima, en la toma de decisiones de Estado. Y de muchas empresas.

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Por supuesto que hay desafíos, falencias. Hay carencias estructurales. Hay dudas. Por supuesto que hay algunos desconfiados que azuzan con denuncias, y sus razones tendrán. Nunca fue fácil la cosa, nunca del todo transparente. Y nada hace suponer que de repente lo será, en medio de una pandemia, cuando el Estado, a través del gobierno, muchas veces coquetea con la fuerza absoluta que surge de la excepción. Cuando más bien se reviste de poderes que lo alejan del deber ser de la rendición de cuentas. Pasa aquí como en las sociedades más avanzadas. No es un consuelo, pero pasa.
No obstante, habrá un “antes y después”, previenen hasta el cansancio médicos, psiquiatras y analistas, docentes, gremialistas, economistas y políticos de toda caladura.
Ojalá el después, en todo caso, sea un poco mejor que el antes. Que muchas de las acciones apuradas por el coronavirus se queden para contener otros problemas que nos aquejan. Que las campañas sanitarias sirvan, por ejemplo, para atacar al dengue, que es otro de los males que nos zumban en clave de epidemia desde hace bastante tiempo.
Habrá un antes y un después -dicen a coro los expertos- en cuanto a la forma de vida, a la forma de manifestar los afectos, a la forma de realizar los trabajos, muchos de los cuales no tendrán más remedio que adaptarse. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre abril y junio se perderán 195 millones de empleos en el mundo. Los sectores más afectados con pérdidas de mano de obra son el hotelero, el de producción de alimentos, el gastronómico, el inmobiliario, las actividades administrativas, las fábricas y los servicios de reparación, los comercios, el área de los negocios y el sector artístico.
Otra mala noticia, publicada ayer por Daniel Santa Cruz en La Nación: la Argentina reúne el 41% de sus empleos dentro de este grupo de riesgo, de acuerdo al mismo informe de la OIT.

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Habrá un antes y un después en la forma de educar.
La educación, tal vez como ninguno de los otros estamentos, pone al desnudo las asimetrías y brechas, tecnológicas y de aprendizaje. He allí un enorme desafío.
El cambio de mentalidad asociado al cambio de ritmo en el paso de lo analógico y semianalógico a lo digital, por influjo de una crisis sanitaria, insufló la transformación digital, el teletrabajo, la inteligencia artificial. Dispersó la productividad, pero al mismo tiempo dejó más pobres a los pobres y más excluidos a los que ya lo estaban.
La brecha digital es mucho más que eso en provincias y regiones como las que habitamos nosotros. Es eso, pero sobre todo es la pobreza, la falta de trabajo, de viviendas dignas, de infraestructura básica.
Semejante brecha en semejante zona acentúa todavía más las diferencias. Las familias, incluso las que tienen algún recurso tecnológico, sucumbieron ante la cuarentena, que también es asimétrica. En todo caso no hay una sola cuarentena. Las hay a distinto precio.
Las familias sucumbieron ante la falta de aparatos y de servicios de internet y energía suficientes para atender las demandas de todos los miembros del núcleo en el mismo momento, que por trabajo o por estudio, intentan de ese modo hacer sus propios esfuerzos para vincularse con un afuera que cada vez queda más lejos. Ya en una familia tipo se manifestaron esos problemas, y las familias tipo, está claro, son mucho más numerosas en las provincias del Norte. No hay espacio para todos en el mismo momento, y así es difícil pensar, aprender. Avanzar.
Las otras familias, en las que la realidad virtual está lejos de ser siquiera una realidad, volvieron a ser castigadas, ahora en simultáneo por la brecha tecnológica, educativa, por la pandemia y por la economía que se paró como protección ante el virus. El combo es demasiado dañino.
En cuadros como esos es donde anidan los militantes anticuarentena que se mueven por el parámetro único de la economía. Son los que denunció hace unos días el doctor Pedro Cahn, director de la Fundación Huésped y uno de los integrantes del comité de expertos que asesora al Gobierno. “Odio la cuarentena, no la amo. Pero más odio a la morbilidad y mortalidad”, lanzó. Pidió, en todo caso, “que alguien me explique cuál es la alternativa”.
Es muy complejo todo, pero al mismo tiempo esperanzador.
Si la crisis del coronavirus logró sacar -en parte al menos- lo mejor de nosotros, en aspectos cooperativos de proyección positiva, sería bueno que esa voluntad sobreviva cuando acabe la amenaza.
Hasta aquí vimos los efectos multiplicadores de la cooperación como artefacto tecnológico para el avance humano. El coraje de los trabajadores de la salud, el espíritu de solidaridad y compasión de muchos voluntarios y voluntarias, su disposición a ir más allá de sí mismos para colaborar en el bien de todos. También vimos experiencias demoledoras que forzaron a muchos ciudadanos a poner de manifiesto lo peor que llevan dentro: sus miedos, broncas, odios. Afloraron las “conductas regresivas” y muchos se pusieron como niños, como dijo la doctora Nadia Vaschuk Semper en la entrevista #ELP de la semana pasada.
Pero “algo se aprende en medio de las plagas”, nos dijo Camus en “La peste”: “Que hay en los hombres (y mujeres) más cosas dignas de admiración que de desprecio”. Ojalá sea una mayoría la que pueda quedarse con esta mirada.

Modelos de provincia

“Delante de vos se abren
dos caminos, dos proyectos:
felicidad o desgracia;
el servicio o el provecho;
compartir o amontonar;
el Dios vivo o dioses muertos;
tendrás que elegir, muchacho,
servir al otro, o al dinero.”

“Confesión” / Julián Zini

Aunque esta vez usó más el método de la descripción que el de la conceptualización política, el gobernador Gustavo Valdés no desaprovechó la oportunidad que tuvo hace una semana ante la Asamblea Legislativa y ratificó el perfil con el que pretende coronar su gobierno, que entra en tiempo de descuento, por lo menos por ahora.
Cubierto por una retahíla de anhelos y enancado en un detallado inventario de concreciones de distinta caladura -no del todo determinantes aún-, el gobernador Valdés hizo pie en los acuerdos básicos que necesita una provincia carente como la de Corrientes para sustentar su sobrevida, cuando no su despegue: la educación, el trabajo, la inclusión, la igualdad, la modernización y el consecuente desarrollo, cuyo alumbramiento porfía con la quietud atávica que lo obstruye.
“No somos lo suficientemente ricos para darnos el lujo de no invertir en educación”, dijo, parafraseando a Gandhi, galvanizando de ese modo un sentido común arraigado en Argentina: el de la educación como valor supremo, asunto que se pasea siempre por los discursos y que no obstante retrocede ante los hechos.
Se trata de educar, no hay dudas; pero de educar bien, con calidad y sentido de contexto, lo cual implica definir y sostener un rumbo consecuente con nuestras potencialidades, para evitar -entre otras cosas- la migración forzosa de la gente del interior profundo: de los que tienen para irse y se van y a veces vuelven; de los que saben y se van y nunca vuelven; para evitar la fuga de los mejores, pero también de los desesperados, esos que concentran sus cuerpos y penurias en los cordones periféricos de los centros urbanos, que por ese solo hecho no dan garantía de mejoras.
Esta preocupación es una constante en Valdés. Lo es también aquello de la inclusión; el desarrollo y la modernización; lo de la inserción de la provincia en el mundo con su faceta exportadora; el mejor trato con la gente, sobre todo con la que más necesita; pero también con los sectores más poderosos, empresarios, académicos y productivos, e incluso con el sector político no alineado que acompaña, aunque sin compartir sus modos de materialización de ese catálogo de buenas intenciones que sostiene el Gobernador desde el minuto uno, desde cuando recibió el gobierno con los sueldos al día, sí, pero con el resto de los parámetros sociales relegados a valores insostenibles.
Es titánica la tarea. Y hace tiempo que no hay tiempo. Pero no obstante las urgencias, que parecen acuciar siempre, Valdés supo capitalizar, en estos años de gestión, su visión de diagnóstico, su pelea sorda para desterrar el medioevo cultural que lo rodea y para convertir en un activo la idea de un gobierno distinto con gente que hace 20 años hace lo mismo. Sumó adhesiones también con su discurso aperturista y ciertamente respetuoso de las diferencias. Ese capital se convirtió, el año pasado, elecciones mediante, en un nivel de apoyo institucional y político que no tiene parangón en la historia reciente de Corrientes. Tiene mayorías agravadas en ambas cámaras de la Legislatura, alta ponderación pública y la consideración del pequeño establishment económico de la provincia.
Supo alzar, también, algunas banderas progresistas relacionadas con el debate de nuevos derechos, que sin ponerlo a la vanguardia, lo ubican en ventaja en comparación con ciertos hombres y mujeres que encarnan versiones de un mundo que ya no es, y que persiste en Corrientes por la sombra del pensamiento tripulado a la que son sometidos gruesos sectores vulnerables de la población.
Valdés redondeó en este tiempo un discurso de género, igualdad e inclusión, y navega con solvencia las aguas picadas de los nuevos desafíos sociales, sobre todo el relacionado con el aborto, que pone en contradicción las políticas de salud pública con la moral católica dominante en el país y hegemónica en la provincia.
Pero el Gobernador sabe, más allá de todo, que empieza a acabarse el tiempo que hasta el momento le fue concedido y que ya no alcanza solo con el diagnóstico y mucho menos solo con las palabras bellamente talladas por los profesionales del marketing y la comunicación. Sabe, como estudioso de los procesos que es, que mejor que decir es hacer. Por eso, tal vez, el Gobernador invirtió casi tres horas ante los legisladores, el domingo pasado, para detallar acciones en el marco de un mensaje con varios destinatarios posibles. Ratificó el rumbo, su rumbo, pero consciente de que desatar escollos futuros dependerá más de cuestiones internas que de avatares políticos externos, de la oposición o incluso de la economía, pese a su gravitación crítica.
Para hacer lo que dice, Valdés necesita gestión, gente comprometida y que sea capaz de andar a su ritmo, que por si fuera poco debe ir en aumento para que la reelección sea una opción, como plantean muchos. Pero también requiere de instrumentos, muchos de los cuales aguardan en la Legislatura, cuyo resorte maneja la propia coalición de gobierno. O varios de sus generales.
Radica allí una clave importante para definir el futuro político del Gobernador y el de la provincia. Hace tiempo Valdés viene proponiendo lo que la Legislatura no viene disponiendo. Esa contradicción, manejada todavía dentro de los palacetes oficiales, en algún momento hará eclosión si las diferencias se vuelven insalvables y se convierten en trabas.
La oposición, diezmada por falta de estrategia, fragmentada por mezquindades varias, sin un perfil claro más allá de la defensa de las directrices del gobierno de Alberto Fernández, y sin una propuesta que supere la “sensación de seguridad-estabilidad” que ofrece Encuentro por Corrientes, no tiene poder de fuego. El contralor es menor y los debates no aparecen más que como charlas de café, lo cual tensiona de nuevo sobre la posibilidad de acceso real al poder, que sería importante para una oposición que se precie, como la del PJ, pero que no es lo único. Lo más grave de la ausencia de una oposición real, local-provincial, radica en el empobrecimiento de la calidad final de la democracia.
Este racconto, que no agota las aristas posibles para el análisis, puede abrir la puerta hacia una oportunidad si las diferencias de criterio -que existen en el Gobierno, pese a los silencios que imperan en la vida pública correntina-, se canalizan utilizando lo mejor de las artes de la política. La historia de Corrientes es pródiga en disputas, fratricidas muchas de ellas, que no hicieron más que ahondar la postración.
Los actores del gobierno de Corrientes, que son los mismos desde la crisis de 2001, tienen ante sí la posibilidad de poner a la provincia y a su gente por encima de los intereses personales o sectoriales. De asumir la cuota de responsabilidad que les toca en la administración de la cosa pública, lo que implica suspender, de momento al menos, esa posición de víctima (la culpa de todos los males es siempre de otro, del otro, sobre todo del Gobierno nacional) con la que buscan eximirse de sus errores o excesos.
La hora demanda inteligencia para resolver las cuitas internas entre los que encaran -por ahora desde el discurso y desde algunas acciones germinales- un proyecto de provincia anclado en el progreso y el desarrollo con inclusión, frente a los mesiánicos y sus acólitos que, subsumidos en pensamientos de otro tiempo, cultivan solo la ambición de poder abonada por las viejas glorias de una supuesta reconstrucción, tras la hecatombe del año 99.
El pago de los salarios en tiempo y forma en una provincia cuya actividad principal depende del Estado, es una base necesaria, sin dudas. Pero es solo una base. Tomar esa obligación institucional como un logro de gestión (y de esto ya hace 20 años) y abandonar la tarea verdadera, proactiva en relación al desarrollo provincial, constituye cuanto menos una explícita violación a los mandatos constitucionales que rigen el principio del poder delegado.
Por tanto, es tiempo, desde hace tiempo, de encender las alertas, de levantar un poco la mirada y advertir que en los próximos años se definirá una grieta real entre el progreso y el atraso, entre los planes y las chicanas, entre la expansión y la aldeanía, entre las relaciones asociativas y las cerrazones de la soberbia autoritaria, entre un gobierno de puertas abiertas y otro más bien oscuro, bosquejado en libretas de almacén.
Evitar las confrontaciones en la cúspide del poder y en todo caso profesionalizar la toma de decisiones pensando en el bien común, debería ser una demanda colectiva, pero es, de arranque, obligación de los que gobiernan.
La conducción provincial es más que la de un partido. La provincia debiera significar más que la necesidad obcecada de re-batir un récord personal. Pues mientras algunos cargan las tintas con su verba inflamada, venenosa, los récords que duelen se siguen batiendo a sí mismos, por caso los de la pobreza e indigencia, que ya lisiaron el futuro de varias generaciones desde el 2001 hasta hoy, y que mientras tanto sigue expulsando correntinos a un desarraigo que nos vacía y lastima tanto a los idos como a los quedados.

La nueva agenda de Corrientes

El categórico triunfo que el gobernador Gustavo Valdés consiguió el domingo pasado en las elecciones legislativas con las que plebiscitó su gestión, arroja resultados que van más allá de los números, confirmados este viernes por el escrutinio definitivo.
Los guarismos puros y duros indican que el 70% del electorado correntino fue a las urnas: 583.621 sobre los 833.689 que estaban habilitados; y que de ese total, más del 60% le extendió un blindaje de amplio espectro al Gobernador: alrededor de 325 mil voluntades.
Los resultados indican también -como ya se dijo la semana pasada- “que al margen de sus responsabilidades y la mesura que debiera imponerle la investidura totalizadora que ostenta”, Valdés puede saborear como propia esta performance histórica: no sólo logró sumar más votos que cuando ganó la gobernación el 8 de octubre de 2017, sino que apiló una diferencia de más de 40 puntos con la vertiente peronista que salió segunda, el Frente para la Victoria; y que ese aval popular le dará, a partir del 10 de diciembre, dos tercios en ambas cámaras legislativas. En ambas.
¿Qué más significa semejante nivel de apoyo popular? Podríamos explicarlo en estos puntos:

1. Que ante la falta de una oposición real, deberá el propio Valdés generar los anticuerpos para el mal de la autocracia. Lo sabe, y por eso dijo, el lunes, que esta elección “nos obliga a darnos un baño de humildad (para) no avasallar al otro”. “Si nosotros utilizamos los números que nos otorgó la ciudadanía en las cámaras, terminaremos destrozando (todo), y si no hacemos un Estado de mayor calidad democrática, tenderíamos a generar un Estado autocrático. Si nosotros agregamos humildad y escucha, vamos a mejorar la calidad institucional” de Corrientes.

2. Que ahora tiene todos los resortes institucionales formales para desarrollar su gobierno: un Poder Judicial que renació con el proceso que empezó Ricardo Colombi en 2001 y que en general acompaña; y un Poder Legislativo con mayorías especiales para tratar sin necesidad de negociación todos los temas: desde las declaraciones menores, pasando por los empréstitos, hasta llegar -eventualmente- a la necesidad de alguna reforma mayor. Se trata de una suma de poder cuyo uso demanda otra suma similar de compromiso y sensatez republicana.

3. Que el Gobernador fue avalado por la ciudadanía para cumplir lo que postula y que genera adhesiones mayoritarias: el desarrollo y la modernización, la ampliación de derechos, la generación de trabajo de calidad, de infraestructura acorde y la pelea contra la pobreza.

4. Valdés obtuvo el domingo pasado las herramientas que necesitaba para plantear, sin excusas, las condiciones de desarrollo para nuestros recursos naturales, el emprendedurismo, la industrialización y la innovación (que venía siendo demorada en la conciencia y el accionar de varios de los mandantes anteriores).

5. El Gobernador obtuvo los avales legislativos que necesitaba para avanzar con las reformas electorales que viene planteando: la paridad de género en todas las listas y el voto joven en todas las elecciones. Ojalá también le alcance para revisar el sistema electoral arcaico con el que vota Corrientes, y que de una vez por todas aparezca un método más equilibrado, más seguro, más amigable con los votantes, más barato y más ecológico.
(Y ojalá que los socios de ECO, de paso, encuentren otro mecanismo para contarse las costillas, y que ese método de orden interno no sea a costa de todos. Y ojalá que la oposición encuentre al menos algo de orden interno, con el mecanismo que sea).

6. El Gobierno, el más fuerte que se recuerde en la historia reciente de la provincia, fue pertrechado para elevar la mira. Para pasar del pago de sueldos en tiempo y forma a la creación de más sueldos, mejores oportunidades y al fomento de trabajo privado de calidad.

7. Fue dotado para colocar a Corrientes en el radar del mundo, para buscar inversiones y para generar condiciones de despegue. Para avanzar más rápido en la generación de energía, la ampliación de rutas aéreas, de rutas productivas viales y de puertos; para abrir y eficientizar nuestros pasos fronterizos que además fortalecerán todavía más la integración regional. Corrientes debería usufructuar su ubicación estratégica como territorio central y vital del Mercosur.

8. Gustavo Valdés consiguió el domingo un crédito extenso para trabajar al menos en dos bandas: en la diaria, que implica atender la agenda de la pobreza; y en la de mediano y largo plazo, que exige otro tipo de itinerarios, igual de acuciantes e importantes. Se inscriben allí las agendas intelectuales, culturales, turísticas. La tecnología. Los nuevos derechos. El amplio abanico de la producción con alto valor agregado, temas que impactan de lleno en los sectores de la población que, con potencialidades por encima de la media, están pensando más en el autoexilio que en la espera de una alineación interestatal que nunca llega. O que fracasa una y otra vez.

9. El domingo, Valdés fue mandado a la cofa a explorar oportunidades que estén más allá de las urgencias internas. El propio presidente Mauricio Macri advirtió el cambio de envergadura del dirigente correntino y hay quien dice (ya se escribió sobre ello en la prensa nacional) que hasta lo están apuntalando para que sea el interlocutor del PRO con el radicalismo, partido en donde anidan dirigentes que no asumen la contradicción histórica que implica apoyar a un gobierno insensible como el de Cambiemos.

10. Valdés consiguió en las urnas un respaldo que es también una brújula para su gestión. “La provincia no es sólo la economía sino también más instituciones. Y si la sociedad no sabe dónde va, no acompaña, por eso hay que tener una agenda nueva, visión de futuro, mejorar, fortalecer y desarrollar nuevas instituciones para que la gente vaya no sólo por el buen clima político, sino por la calidad de las instituciones”, expresó hace un par de días el consultor Enrique Zuleta Puceiro, hablando por Radio Dos. Hay allí una clave: mayor institucionalidad, que no es mayor burocracia.

***

El respaldo está. Que el Gobierno se fortalezca para hacer y no para atropellar será la tarea más difícil que tendrá en adelante Valdés, que además tiene como mandato no escrito evitar cualquier condición de quiebre en el único lugar donde hiberna una amenaza fuerte para su crecimiento: su propio frente interno.
Será crucial, en el corto plazo, ver cómo genera la cobertura de las vacantes. Varios funcionarios fueron promovidos a legisladores y casi todos consiguieron ese salto de seguridad social, razón por la cual el Gobierno tendrá la necesidad de reponer hombres y mujeres. Tal vez sea la ocasión, incluso, para incorporar más mujeres y de ese modo empezar a saldar una de las promesas de campaña.
Por lo pronto, y con respecto al resto de los temas, el Gobernador ya dio algunas señales de hacia dónde quiere ir. En la semana fue a ver al presidente Macri. Volvió para cortar cintas de algunas de las muchas obras que el Gobierno financia en la Capital, como no se hacía desde 2001, y luego retornó a Buenos Aires, donde se reunió con el Presidente de Brasil.
Con Bolsonaro (más allá de lo que representa en lo personal y de los acuerdos o desacuerdos que puedan generar sus postulados ideológicos-políticos) planteó la necesidad de “la integración económica, social y cultural entre nuestras ciudades fronterizas”. Según se informó, ese fue el tema sobre el que dialogaron el Gobernador local y el Presidente carioca en el almuerzo en su honor ofrecido en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada. Es que para Corrientes, como para Argentina, Brasil es mucho más que un vecino rico, un shopping de frontera o un lindo lugar para ir de vacaciones.
De aquí en adelante lo que aparece es el viaje a China, expedición que emprenderán esta semana el Gobernador y una comitiva de funcionarios, legisladores y empresarios para plantear dos intereses puntuales que tienen escala y volumen para la economía local: la exportación de carne y de madera.
He aquí una agenda. Sobre esto es lo que debe acordar, aportar, discutir u oponerse la oposición, mientras encuentran sus propios temas, curan las heridas producidas en el devenir de sus traiciones y se fortalecen saneando sus diferencias democráticamente. Está claro que el ataque por el ataque no da resultados. La hegemonía de ECO no menguará si enfrente sólo hay un puñado de intereses personales disfrazados de partidos. Ya van varias elecciones. Es tiempo de que la oposición tome nota de que el electorado correntino viene votando construcciones colectivas, mas no aventuras de grupúsculos enajenados.
Al oficialismo, en cambio, se lo observará desde el prisma de la deontología. Valdés no puede pedir más. Tiene una provincia -podríamos decir- en orden (más allá de las dificultades de mucha gente para llegar a fin de mes) y un programa de gobierno. Tiene lo necesario. Por cómo lleva a puerto este barco con viento de cola se lo juzgará en dos años. Y en los libros de historia.