No importa la pelea, importa el Gobierno

El gobernador Gustavo Valdés participó este domingo de un programa de televisión y ratificó en ese marco, además de otras cuestiones relacionadas con la gestión, la línea discursiva que vienen esgrimiendo los líderes del “proyecto”. Dijo que su relación con el ex gobernador Ricardo Colombi es excelente y que no habrá pelea como quieren algunos.

Es llamativo pensar que alguien quiere hacerlos pelear o verlos peleados, pero es una manera de verlo. Otra manera posible de analizar una relación política es que no es la pelea lo que importa. No es relevante que Valdés y Colombi hablen, viajen, vacacionen juntos, o lo que quieran. Lo que es relevante para la vida pública es la necesaria distancia que debe tomar Valdés si lo que importa -y le importa-, es la calidad del Gobierno: de su gobierno.

Valdés, entrevistado por Equipo de Noticias de Canal 13 dijo que “la relación con Ricardo Colombi es muy buena”. “Estamos permanentemente en contacto. Es cierto que a algunos le gustaría, pero no hay conflicto con él”, dijo.

En la misma línea, hace varios días y hablando por Radio Dos, Colombi fue más contundente, como es habitual en sus parlamentos: “Tienen que sacarse de la cabeza que me voy a pelear con Gustavo Valdés”, sentenció. “Mi relación con él es buena… hasta le hago de chofer. Con su impronta está avanzando, y lo vamos a acompañar”.

Pasa que “algunos agoreros quieren que nos peleemos, pero eso no está en mi espíritu. Que se saquen de la cabeza esa idea. Hay algunos medios que están pendientes de eso… y tratan de crear polémica, pero eso es una estupidez”.

Lo que no es una estupidez es su intromisión en el nuevo gobierno. Se diga lo que se diga (y Colombi, está demostrado, es libre de decir lo que quiere), cualquier ciudadano correntino, o cualquiera que más o menos mire el desarrollo del juego político, advierte que no hay autonomías plenas. No las hubo en la conformación del gabinete, en los recambios que se están amagando, y que incluso insinúan la vuelta de funcionarios cuestionados y hasta denunciados por distintos tipos de malversaciones.

No hay autonomía en esa supuesta entrega desinteresada que implica hacerle de chofer al Gobernador, como si éste lo necesitara.

En fin.

Pero como cada uno es libre de decir lo que le venga en gana, como hace Colombi, y lo hizo siempre, cambiando el nombre a la gente, insultando dirigentes, maltratando periodistas, incluso burlándose de sus oponentes (como hizo en junio y en octubre pasado, en sendos festejos por triunfos electorales), uno puede decir que la cercanía política del ex gobernador atenta contra la búsqueda de nuevos mecanismos de gestión de la cosa pública.

Einstein decía que, si uno siempre hace lo mismo, no debe, a la vuelta, esperar resultados diferentes.

Los resultados de los tantos años de Colombi en el poder están a la vista: enormes bolsones de pobreza e indigencia, liderazgos nacionales en los peores rankings, por caso los de mortalidad infantil y neonatal; los educativos de repitencia, sobreedad e incomprensiones textuales o numéricas; problemas en los hospitales, de trabajo en general, de conectividad, de energía, de puentes, viviendas, etc., etc.

¿A Colombi le debemos el pago de los sueldos en tiempo y “forma” a la Administración Pública? Si. ¿Cierta paz social? Si. ¿Altos niveles de gobernabilidad? Si. Después podemos preguntar, entre la misma clase política, cómo logró todo eso: si por las buenas, persuadiendo, o a los empujones.

Lo que está visto -más allá de todo- es que ya no alcanza. Y que las líneas de acción trazadas por Valdés implican atender el Estado con otras herramientas y desde otros paradigmas.

El primero de ellos es hacerse cargo de los problemas: Valdés ya lo hizo: los enunció a todos y cada uno ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo, después de un negacionismo de más de tres lustros. A Eduardo Tassano todavía lo estamos esperando, no porque necesitemos esperarlo, sino para demandar que cumpla lo que prometió en campaña: que la alineación Nación-Provincia-Municipio sería nuestra “salvación”.

Si fuera por Colombi, según dijo la semana pasada por Radio Sudamericana, la ausencia de gestión en la Capital -después de las inundaciones de promesas- es culpa de Fabián Ríos. El colmo del cinismo. Pero él tiene derecho a ese planteo. Como nosotros a no creerle.

Está visto: no importa que sigan comiendo a asados o que viajen juntos. Importa que el gobernador, que es Gustavo Valdés, tenga las condiciones prácticas e ideales para desarrollar su gobierno, y que después, en todo caso, pase a cobrar sus aciertos o a pagar por sus errores. La otra lógica, esa que implica que los aciertos son míos y los errores de los otros, y que imperó en Corrientes desde 2001, no nos ha traído a buen puerto.

 

About the author: Eduardo Ledesma

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