Crujidos radicales

La provincia se juega mucho el año que viene, en el marco de una crisis que se presenta como problema para los que gobiernan y como posibilidad para los que no.

La oposición local tomó nota y empezó a trabajar. Esto quiere decir que los legisladores peronistas jugaron sus cartas para activar un mecanismo de presión e incorporar muchas de las múltiples necesidades de Corrientes en el presupuesto nacional, instrumento que tuvo su primera sanción el jueves en la Cámara de Diputados.

El Gobierno de la Nación hizo lo propio y habilitó una bolsa grande de plata para darle material proselitista a los propios, y material institucional al extraño. En este caso el extraño sería el gobernador Gustavo Valdés, con quien el presidente Alberto Fernández mantiene una relación de cercanía madura, aceitada sobre un concepto de federalismo. Mantener la equidistancia facilitaría las cosas si es que tienen que convivir más allá de 2021, lo cual implicaría la reelección de Valdés.

Esa posibilidad, que en principio debería ser un problema para la oposición (que hace tres elecciones queda en la puerta, pero sin poder entrar al palacio de Salta y 25 de Mayo), parece ser más un problema del radicalismo, que hace crujir su interna por asuntos no resueltos, más allá de los números, que siempre fueron un ordenador político en la era del colombismo.
Sucede que los números ahora acompañan a Valdés, y Ricardo Colombi parece no convencerse ante esa evidencia amarga, entonces apela a lo que sabe y que tiene aprendido de sus viejos libros gordos de chicanas y zancadillas.

Y si bien en público se desmienten las intencionalidades, o se las minimizan, vale hacer un racconto para dejar constancia, al menos, de un problema político que ya tiene algunos síntomas y que mal gestionado podría agravarse. Veamos los puntos más importantes de lo que hasta ahora es sólo una puesta en escena:

Acto 1

Esta semana se trató y se aprobó el presupuesto nacional en la Cámara de Diputados. Allí obtuvo su primera sanción con 139 votos a favor, 15 en contra y 90 abstenciones.

Los diputados correntinos se dividieron en dos bloques. Por un lado están los que aprobaron, es decir los tres peronistas (“Pitín” Aragón, Nancy Sand y Jorge Romero) y las dos del PRO (Ingrid Jetter y Sofía Brambilla); y por el otro están los que se abstuvieron, es decir los dos radicales (Estela Regidor y Jorge Vara).

Parece el mundo del revés, pero no lo es. Es el mundo de la política.

—¿Cómo se entiende?

—Así:

El Gobernador pidió a los legisladores correntinos de ECO-Juntos por el Cambio que “acompañen” el proyecto, entre otras cosas porque sus voces fueron escuchadas y el presupuesto prevé la afectación de unos 116.000 millones de pesos en obras. El asunto es que sólo las diputadas macristas lo hicieron.

Regidor y Vara, radicales ellos, se abstuvieron de votar en general, aunque votaron en particular los artículos que beneficiaban a Corrientes. En ese mismo acto desoyeron el pedido del Gobernador, alegando conducta partidaria, pues siguieron la bajada de línea del radicalismo nacional que les ordenó abstenerse.

Aquí hay que tener presente que una cosa es la estrategia nacional de la UCR, y otra la estrategia provincial de cara a las elecciones provinciales del año que viene, cosa que se diferencia todavía más de la estrategia del gobierno provincial, que tiene más responsabilidades, de cara a la gente, que la de pelear espacios o negocios.

En esa línea se manifestó el viernes el secretario general, Carlos Vignolo, quien hablando por radio dijo que Regidor y Vara “tomaron una decisión equivocada”.

Para agregar, solo decir que Vara fue siempre ministro de Ricardo Colombi, hasta que fue electo diputado ya en épocas de Valdés. Y Regidor fue siempre un comodín versátil que a veces cubre necesidades electorales, a veces necesidades administrativas y siempre responde a los requerimientos políticos del ex gobernador. Siempre. Es infalible. Por lo tanto, si siguió un mandato partidario, ese no partió de la ciudad de Buenos Aires sino de la calle Buenos Aires. El tiempo dirá por qué o para qué lo hizo de ese modo.

Acto 2

Si bien responde a una disposición nacional fundamentada en los impedimentos de la pandemia, la conducción de UCR Corrientes decidió prorrogar todos sus mandatos partidarios hasta por lo menos mediados del año que viene. Hay quien dice, no obstante, que ciertos sectores influyentes del partido intentarían alargar la prórroga hasta diciembre de 2021. He allí la clave.

En el resto de los distritos esa decisión tiene un peso determinado, pero en Corrientes, y pongamos por caso, en Santiago del Estero, que también elige gobernador en 2021, esta decisión es un tanto más trascendente porque los procesos electorales son más grandes y determinantes. Se juegan las gobernaciones e intendencias, además de la integración de los parlamentos.

Los mandatos de las autoridades de la UCR Corrientes caducan el 16 de diciembre, pero ante la imposibilidad de realizar convenciones y asambleas, el Consejo Nacional habilitó una extensión de los mismos.

En Corrientes, la decisión de prorrogar mandatos surgió tras la reunión de la Mesa Ejecutiva del Comité Central de la UCR realizada el pasado jueves 22 de octubre. Esa mesa está integrada por Ricardo Colombi, Héctor Lopez, Graciela Insaurralde, Graciela Rodríguez, Norberto Ast, Manuel Aguirre y Susana Nugara, entre otros.

En tal reunión, Colombi expuso la necesidad de considerar la prórroga dada la imposibilidad material de realizar procesos electorales en este contexto pandémico, ya que su concreción implicará el desplazamiento y aglomeración de personas. Es lo que pasará, de hecho, en las elecciones generales, pero para Colombi el riesgo de contagio está en la interna. (¿?)

Lo que no se dice de esa argucia es que tales autoridades tendrán responsabilidades en 2021, por caso la de fiscalizar los procesos y armar las listas de candidatos. (Por suerte lo tienen a Colombi, que se ofrece gratis a realizar esas tareas). De todos modos todavía no está dicha la última palabra. La decisión final debería surgir de la Convención Provincial. Allí necesitarían unos 70 votos para imponer una decisión al respecto.

Acto 3

La semana pasada ocurrió también un escarceo en la Cámara Baja de la Provincia. Diputados peronistas enrolados en el Frente de Todos solicitaron preferencia para agilizar el tratamiento de dos leyes clave para la sociedad en su conjunto, pero ambos fueron rechazados. Se trata de los proyectos de paridad de género y voto joven.

El diputado José Mórtola fue quien primero pidió preferencia para los proyectos de paridad de género, incluyendo el enviado por el gobernador Gustavo Valdés. Tras la votación, su petición fue desestimada. Más adelante, el diputado César Acevedo solicitó la preferencia para las iniciativas de voto joven, que también fueron rechazadas.

Es verdad que el PJ está en su derecho y casi en obligación de insistir con estos temas, aunque cuando puertas adentro tuvo que responder por la paridad, por ejemplo en la disputa entre Rubén Bassi y Patricia Rindel, no quiso hacerlo o no pudo. Y entonces recibió la ayuda solícita del oficialismo radical en el Senado, que con notable coherencia avaló al varón por sobre la mujer y terminó la discusión.

Tal vez no sea este el caso, pero desde entonces ya nadie puede mirar con ingenuidad los amagues opositores para poner en evidencia la supuesta negativa oficialista de tratar estos asuntos, porque negar espacios a la mujer o a los más jóvenes, no generan impacto directo en los generales de las sombras, sino que comprometen más la palabra del Gobernador, más allá de colocar a la provincia entre las más atrasadas en cuanto a la “real igualdad de derechos” que exige la propia Constitución.

Cada vez que es consultado por el tema, Valdés pide que en vez de reclamarle a él, se les reclame a los legisladores por su actitud de negativa constante. Tal vez tenga razón. El ministro Vignolo, que también respondió sobre esto el viernes en una entrevista en Radio Dos, intentó bajar los decibeles. Dijo que cuando estén dadas las condiciones, la Legislatura avanzará en ambas cuestiones.

Pero el tiempo es ahora, y él lo sabe, o debería saberlo. Demorar el debate implicaría votar otra vez, el año próximo, en las mismas condiciones de siempre, desoyendo fuertes demandas sociales, cambios culturales ya dados en el mundo con evidencias de sobra y las propias promesas formuladas por Gustavo Valdés hace casi 4 años.

También lo saben quienes frenan estas iniciativas, y tal vez por eso lo hagan: porque pescan en río revuelto, y mientras haya pesca, se demora la jubilación de varios pescadores. De todos modos tendrán que tener cuidado, porque el proceso de cambio ya empezó y hace tiempo que escapa de su control.

Homenaje de Canteros a Frondizi: “Sus ideas son la plataforma para la recuperación del país”

El vicegobernador Gustavo Canteros rindió este miércoles homenaje al ex presidente Arturo Frondizi, al conmemorarse un nuevo aniversario de su natalicio y “en un momento muy difícil de nuestro país que nos impone el desafío del crecimiento a través de la matriz desarrollistas que el ex mandatario nos dejó como legado imperecedero”.
“La pandemia conjugada con la profunda crisis económica que enfrenta la Argentina constituyen un escenario muy complejo que sin duda podemos enfrentar con mayores posibilidades de éxito si tomamos el ejemplo de prohombres como Frondizi, en cuya administración se multiplicó la inversión industrial”, recordó Canteros.
El vicegobernador sostuvo que “es un orgullo que el primer presidente haya sido el generador de un modelo nacional que sigue estando vigente y constituye una plataforma para iniciar la recuperación que anhelamos”.
“La confianza institucional y la credibilidad política de Frondizi en su presidencia permitió la radicación de capitales extranjeros que no eran especuladores, sino generadores de riqueza que se tradujo en fuentes laborales y avances tecnológicos que nos distinguieron en el concierto internacional”, analizó el vicegobernador de Corrientes.
Canteros consideró que “los procesos políticos que enfrentó el ex presidente nacido en Paso de los Libres no le permitieron continuar con una administración que se truncó por lamentables interrupciones democráticas del pasado, pero nos quedó lo más importante: el ideario frondicista que siempre podemos aplicar para fortalecer la dinámica productiva de la Nación”. (Espacio de información institucional).

Ayuda oficial a “nuestros héroes cotidianos”

“En esta oportunidad destacamos el trabajo silencioso de ciudadanos que trabajan en la prevención del cáncer de mama, brindando servicios y promoviendo el cuidado de la salud mediante controles periódicos, y de los bomberos voluntarios de dos localidades, que llevan adelante una labor encomiable, cuidando la vida y el patrimonio de las familias correntinas”, afirmó Canteros.
En virtud del trabajo que viene desarrollando desde 1963, Alcec, Asociación de lucha contra el Cáncer de mama, representada por el dr. Juan Beber Gehan, y los promotores de la “Campaña Octubre Rosa”, que se realiza desde 1992 en 70 países, financiando más de 250 proyectos de investigación relacionados al tratamiento y prevención de esta enfermedad, recibieron el reconocimiento.
El dr. Ghean, de Alcec, puntualizó que continúan brindando servicios de atención a pacientes mediante Papanicolau, colposcopia, biopsias, mamografías, ecografía y laboratorio bioquímico.
Las campañas contra el cáncer de mama se realizan durante el mes de octubre y tienen el objetivo de sensibilizar a la población en riesgo y promover el chequeo anual como prevención de la enfermedad.
Por otra parte, fueron destacados las Asociaciones de Bomberos Voluntarios de Itatí y San Luis del Palmar.
La Asociación de Bomberos Voluntarios de Itatí, fue fundada en 1990, por un grupo de vecinos comprometidos con su comunidad y desde hace treinta años trabaja activamente en favor de la localidad.
Parte la asociación de Bomberos voluntarios de San Luis del Palmar, presta servicios desde hace 20 años: Fue fundada el 27 de noviembre del año 2000. Desde entonces permanece al servicio de la comunidad, resguardando vidas y bienes en un trabajo activo y constante frente a distintas circunstancias de emergencias y desastres. (Espacio de publicidad institucional)

Peste, política y posverdad

La verdad fue otra vez víctima de la posverdad, abonada por intenciones políticas que traccionan detrás de la pandemia. Y si bien no es nueva la costumbre de tomar el todo por la parte para documentar el parecer propio en desmedro del ajeno, los daños se proyectan mayores cuando está en juego la salud, la vida y, por tanto, el futuro.

¿Qué pasó? Pasó que un delegado de la Organización Mundial de la Salud, que aconseja sobre covid-19 en Europa, pidió a los países que “dejen de utilizar el bloqueo como método de control principal” para frenar el virus.

El pedido va en línea con la posición del organismo, que desde marzo advierte sobre los efectos negativos de los confinamientos masivos y prolongados y pide minimizarlos, con la aclaración de que estas medidas “son necesarias para suprimir rápidamente el virus”, pero que “deben tener una duración limitada” porque generan efectos socioeconómicos iguales o peores que la peste.

El tema es que las declaraciones del delegado, David Nabarro, volvieron a poner en debate la utilidad de las cuarentenas e hicieron tambalear la posición de la OMS. El cuadro se completó cuando intereses partidarios volvieron a tomar la parte por el todo, apalancados en esas declaraciones. Incluso el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, utilizó esas palabras para asegurar que la OMS le dio la razón y para pedirles a los gobernadores demócratas que “abran sus estados”.

Pero también en Argentina se sintió el efecto media-verdad, según escribió José Giménez, haciendo un racconto aclarativo para chequeado.com. A raíz de las declaraciones del delegado especial, en Argentina “La OMS” fue tendencia en Twitter. El argumento se utilizó además para cuestionar las medidas de aislamiento aplicadas desde marzo por Alberto Fernández y para respaldar las acciones que terminaron en una manifestación ciudadana el pasado 12 de octubre.

Las críticas, que no cabían en marzo, caben ahora por los resultados. La cuarentena es una medida extrema para frenar la propagación, pero acarrea costos altos. Se la tomó para ganar tiempo y de ese modo preparar el sistema de salud, pero desde el primer momento, más allá de ciertas actitudes triunfalistas tempranas, se dejó dicho que tales decisiones no acabarán con la epidemia.

En su chequeo, Giménez recordó que la OMS recomendó acciones para detener la propagación: ampliar el sistema; localizar los casos sospechosos; aumentar la capacidad de los test, y adaptar y equipar instalaciones destinadas a tratar y a aislar a los pacientes.

En la Argentina se avanzó bien en algunos ítems; poco y nada en otros. En Corrientes la cosa estuvo más pareja, con un alto nivel de cumplimiento de esas recomendaciones: se creó un sistema sanitario paralelo para atender, tratar y aislar pacientes, se informó una buena capacidad y número de testeo por habitante y hasta el último mes, al menos, la Provincia informó que tenía controlado el nexo de contagios. Y esto más allá de las múltiples versiones que circulan por el territorio de la virtualidad y que indican lo contrario, a caballo de algunos datos que surgen de usinas de distintos niveles de credibilidad e intencionalidad, con acceso a información confidencial, que echan raíces allí donde la oficialidad llega tarde o calla.

Esto ocurre aquí como en todas partes, porque a la salud y a la economía se les abalanzó la política que tensiona desde los atriles del proselitismo en puertas, con base de sustentación en otra recomendación que parece no tener una respuesta clara: la planificación de una transición gradual para salir de esta situación y reimpulsar la actividad anclada en la famosa “nueva normalidad”, que implica drásticos cambios culturales, además de contención sanitaria.

Es allí donde se inserta la más certera crítica contra el aislamiento, porque demostró no ser una solución sostenible. En ese sentido, Nora Bär escribió el viernes en La Nación que una de las primeras equivocaciones tal vez haya sido seguir la idea de “aplanar la curva”, en vez de “aplastarla”, estrategia que mostró su efectividad en Córdoba, por ejemplo, o en Corrientes misma, pero que fue insuficiente cuando volvió la movilidad.

Pero, además de esos aspectos técnicos, “hay dos factores cruciales que incidieron en los resultados actuales: la falta de un trabajo interdisciplinario sostenido entre médicos y científicos, incluso con los de campos no afines a la medicina; y la visión de que la pandemia es un hecho meramente biológico, dejando de lado aspectos sociológicos y culturales determinantes”.

Entonces, como vimos, usar la parte por el todo, además de ser engañoso, no es válido como opción, y menos en sistemas deteriorados como el de la Argentina, por caso también el de Corrientes, que debió montar en paralelo un nuevo sistema porque no existía ninguno en condiciones de soportar las exigencias de la pandemia.

El deterioro es una de las herencias de las que habla con cierta desvergüenza el peronismo bonaerense o nacional, que pocas veces acepta el tamaño de su responsabilidad que deviene de la cantidad de años en el gobierno; pero también es una herencia de la que no puede hablar el gobernador Gustavo Valdés, pues más bien es un lastre solapado que le vino del enquistado colombismo, como la pandemia, pero que emergió gracias a ella.

Acá, como en el país, y también como en todas partes, la cuarentena sirvió para preparar hospitales y para aletargar lo que está pasando ahora: las olas de contagios con números de muertos que empiezan a preocupar pero que hubieran sido peores sin la preparación previa necesaria. Lo dicen en el Gobierno de la Nación, pero también aquí en Corrientes, en ambas veredas de esa ancha avenida que a veces suele mostrarse como grieta. En ambos búnkers muestran, aunque en privado, que la gente murió menos en el comparativo marzo-agosto/2019-2020, incluso menos por afecciones respiratorias. Suena fuerte decirlo así, pero es sobre la base de esas evidencias que se tomaron medidas de acción pública. Debería ser siempre así, por lo demás.

Pero más allá de la carrera por la peor estadística -que parece motivar a algunos-, se trata aquí y ahora de construir sobre los objetivos comunes, de salvar vidas, de recuperar la economía; se trata, sobre todo, de la verdad como cimiento para edificar soluciones necesarias y urgentes, y sociedades duraderas que puedan convivir aun en sus diferencias.

Quiere decir esto que saber la verdad de la pobreza, por ejemplo, nos abre la posibilidad de abordarla adecuadamente, contenerla, morigerarla, erradicarla. Se trata de un ejercicio que puede hacerse con cualquier otra cosa: con la pandemia, con la economía, o con la corrupción. Los resultados podrían ser sorprendentes.

Quiere decir que hay que respetar el derecho al trabajo, a la circulación, a la opinión, a la queja política, pero siempre. No solo cuando me conviene. Hacer respetar la libertad de uno, pero también la del otro, que incluye respetar a un “todos” que, en épocas de pandemia, asienta en la salud de la población.

Tal situación, en todo caso, lleva a plantear la necesidad de la responsabilidad individual, sin que ello implique bajar los controles o relajarlos, porque en países como los nuestros -y en provincias como las nuestras- hay factores que exceden el voluntarismo y que determinan conductas.

Es muy fácil criticar la movilidad o la falta de cumplimiento de ciertas normas, sobre todo las que implican costos económicos, sin mostrar en el mismo acto los altísimos niveles de informalidad laboral-salarial, de desempleo, de pobreza estructural y el raquitismo cultural derivado de la falta de educación, que es transversal a los estratos sociales y rangos etarios.

Los resultados conductuales de hoy, demuestran una decadencia en aumento en cuanto a valores de forma y fondo, e incluso demuestran enormes niveles de prepotencia pública, a veces insuflada por malos ejemplos que bajan desde la oficialidad: un contrato social que se deteriora todavía más cuando el Gobierno parece encubrir más que disciplinar, o dar el ejemplo.

Allí surge la importancia de la coherencia y de la verdad, que utiliza el vehículo de los hechos, de las pruebas, que se comunica echando mano a la información disponible, lo cual es contrario a su ocultamiento, y que a su vez debe ser lo más democrática posible.

A la mentira se la conjura con datos, con pruebas, no acallando voces o creyendo que el Estado es el único vocero posible o el único contralor válido. Entre otras cosas, porque hay evidencias de sobra, aquí y en todas partes, de las maniobras de censura en la que terminan cayendo muchos gobiernos mientras maquillan en el plano discursivo una aparente custodia de la libertad de expresión, que no es privilegio de medios o periodistas, sino un músculo de la democracia.

Para que sean creíbles, en todo caso, estos valores deben sostenerse siempre, no cuando queda a mano de alguien porque ilustra su sesgo de pertenencia. Si eso pasa, no estamos más que actuando como aquellos a los que criticamos.

Adoptamos una suerte de “tribalismo moral”, al decir de Eduardo Levy Yevati, en el que hay un “nosotros” y un “ellos”, pero que se parecen. “Asumimos que la gente como uno comparte nuestra visión; si no la comparte, lo más probable es que no sea como uno, y por lo tanto, mejor no escucharla”. La conclusión de eso es una tribu compacta, cerrada. Cuando, además, tal situación está mediada por el odio, o por un cierto resentimiento, el otro se convierte en alguien al que hay que eliminar. Muy peligroso.

Los nuevos pobres de una vieja pandemia

Según proyecciones elaboradas sobre la última medición del Indec, la pobreza en Argentina alcanzó un 47 % en el segundo trimestre de 2020. En promedio, todo el semestre estuvo en el orden de los 41 puntos, número escandaloso pero naturalizado que golpea a los más jóvenes: al 56 % de las chicas y chicos que viven en hogares con múltiples carencias. Son alrededor de 6,1 millones de afectados. Nombres y apellidos. Futuros condicionados.

La mayor tasa de pobreza se registró en Concordia (52,2 %) y la menor, en la Ciudad de Buenos Aires (17,3 %). Pero en términos absolutos, la mayor cantidad está en el conurbano bonaerense: son 5,8 millones de personas.

Este presente se explica de muchas maneras, aunque sea injustificable o constituya una deuda de la Argentina y de su democracia.

La pobreza se consolidó hace décadas, pero cobró impulso luego de dos años de recesión e inflación, y luego del duro impacto en los ingresos y en el empleo como consecuencia de la pandemia.

Corrientes y la región no escapan al problema, más bien todo lo contrario, pues a las cuestiones de coyuntura debe sumarse, siempre, la estructura de su pobreza desatendida, o no atendida con la fuerza que requiere torcer su curva degradante, inveterada.

En Corrientes la pobreza alcanzó el 41,2 % y se ubica en el tercer lugar de la región. El Chaco registra el mayor índice en el NEA (48,7 %). Le sigue Formosa (42,4 %) y cierra Misiones (38,1 %).

Estos números dicen también que en Argentina hay 18,5 millones de pobres y 4,7 millones de indigentes. Que en un año quedaron bajo la línea de pobreza 2,6 millones de argentinos y bajo la línea de indigencia, 1,3 millón. Nuevos pobres para una doliente colección humana con serios problemas para su desarrollo.

Según algunos analistas, es la peor tasa de pobreza desde 2004, cuando afectó a cerca de un 45 % de personas. Eran momentos en que la Argentina salía de la peor crisis económica en su historia.

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Comparado con el desahucio planetario endilgado al coronavirus, hablar de crisis anteriores -aun en un país tapizado de crisis como la Argentina-, parece un cuento para chicos. La rígida cuarentena que se decidió como camino preventivo para morigerar-retrasar los efectos de la pandemia, destruyó en Argentina unos 4 millones de empleos. Los más afectados fueron cuentapropistas y asalariados informales, aunque el trabajo de calidad también cayó. Todo, pese al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), la prohibición de despidos y la doble indemnización decretada por el Gobierno.

La licuación de salarios por inflación, además de la rebaja de ingresos que sufrieron miles de trabajadores en medio de la pandemia, perfilan lo que podría llamarse la profundidad de la pobreza: otra brecha que nos permite ver cuán pobres son los pobres, que en su mayoría -y dada la ayuda estatal- recibe en promedio la mitad de lo que se requiere para esquivar la degradante cucarda que se cuelgan sin remedio los pobres en la Argentina: casi uno de cada dos.

Pero hay más (que no son los indigentes, ni los jubilados). Se trata de aquellos que aun con trabajo formal y establecido, aun con trabajo de calidad, ya sea en el Estado o en el sector privado, cobran menos de lo que vale una canasta alimentaria. Esa es una situación que agrava los cuadros y que no se revierte con el mero uso de un efecto discursivo. O de una ayuda.

Agrava los cuadros porque esa transferencia de ingresos (que tanto molesta a los “exitosos” del sistema, que detestan los “vagos” a su alrededor) no resuelve la pobreza estructural sino que solo sirve de contención en medio de las crisis. Hay, por tanto, un alivio, pero también una mayor dependencia de las arcas públicas. Dinero que sirve para sortear la emergencia, pero no para mejorar las oportunidades ni la calidad de los empleos. Aquí hay otra mala noticia: la mayor dependencia del Estado alcanza también a los “exitosos” que se quejan (con altas dosis de hipocresía) de la dependencia de los otros, cosa que, además, no es privativa de la pandemia.

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Pero debajo de la superficie hay otros problemas asociados a la pobreza que van midiendo una degradación más silenciosa, aunque a la vez más dañina. Se trata del proceso de descenso social que en el último año empujó al fondo a una mayor cantidad de hogares argentinos que siempre se jactó de la movilidad social, pero ascendente.

Según informes publicados en los últimos días (Moiguer Compañía de Estrategia – Diario La Nación) con el derrumbe de la economía, el peso de la clase media en la sociedad argentina se redujo y, por primera vez en décadas, su participación cayó por debajo de del tercio. Esto quiere decir que la clase baja infló su participación en la pirámide social argentina hasta alcanzar al 64 % de los hogares, frente al 50 % que representaba en 2019.

“El salto, sin embargo, no se sintió tanto en el número de argentinos que pueden ser identificados como de la ‘clase baja extrema’, que se incrementó en cinco puntos -pasando del 20 % al 25 %- sino más bien por la consolidación de la llamada ‘clase baja’, que tuvo un aumento de nueve puntos (del 30 % al 39 %)”, dice el informe.

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“Las clases medias fueron históricamente consideradas un rasgo particular de la estructura social argentina respecto del contexto latinoamericano y un factor esencial en el modelo de integración social”, dicen Inés González Bombal y Maristella Svampa en un estudio comparativo sobre movilidad. “Sin embargo, en las últimas décadas la Argentina ha conocido un gran aumento de las nuevas y viejas formas de pobreza, de precariedad laboral y, más recientemente, tasas de desempleo nunca alcanzadas en el pasado”. Esta inflexión estructural revela una creciente polarización entre los “ganadores” y los “perdedores” del modelo, con una virulencia nunca vista, lo que echó por tierra la representación de una “clase media fuerte y culturalmente homogénea” y sus esquemas de armonización con los modelos económicos implementados en el tiempo.

Los modelos cambiaron. Los valores también. Y “la dimensión colectiva que tomó el proceso movilidad social descendente arrojó del lado de los ‘perdedores’ a vastos grupos sociales, entre los cuales se incluyen empleados y profesionales del sector público, sobre todo provinciales, “antes protegidos, ahora empobrecidos”, en gran parte como consecuencia de las reformas encaradas por el Estado y el devenir de la economía que tributa en los altares del mercado. La ruptura de esos lazos culturales está a la vista. Fundamentan discusiones acaloradas entre los que pretenden una reconstrucción desde la realidad apremiante del hoy, y los que ven el presente filtrado por el color sepia de un pasado monolítico, supuesto, efectivo a los efectos moralizantes, pero difíciles de verificar e imposibles de recrear.
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El diagnóstico no es bueno. Ni la proyección. Y no lo será nunca si seguimos en la misma, como sugirió Einstein; si seguimos variando recetas que ya fracasaron una y otra vez, y que tienen a la pobreza como instrumento de la política: de la peor de ellas.

Tal vez el punto fundante que nos plantea la pandemia pueda habilitar, en todo caso, una redefinición de urgencias: generar otros pactos y que esos pactos miren el futuro con los elementos de la complejidad actual. Volver al pasado no es una opción. No debería serlo, al menos, y no deberían permitirlo los que miran la vida desde la tabla de los resultados.

Y dados los números, tal vez sea necesario -además de urgente- sustentar mayor cantidad de políticas públicas que perfeccionen las herramientas que atienden a las infancias. Rediscutir los alcances de una real igualdad de oportunidades. Sostener con hechos la inclusión de la mujer en la agenda pública y política. Tomarse en serio la protección del ambiente y, en todo caso, retomar la agenda de la región, que era ya una agenda hace 60 años, para, entre otras cosas, hacer valer nuestras demandas en función de nuestras potencialidades, y dejar de ser solo los mendigos solitarios del poder central por una reparación que no llega y que por tanto nos incapacita.

Tal vez llegó el momento de entender que el poder por sí solo no engendra sabiduría. Que es necesario incluir para pensar. O mirar, por ejemplo, estrategias como las que plantea la Universidad del Nordeste en su regionalización, en su implementación de planes encadenados en las provincias en las que está presente, su postura de gestión y autogestión ante la realidad virtual que aceleró la pandemia, su producido de conocimientos y su generación de profesionales, acciones que en conjunto siguen siendo la puerta más grande y segura hacia la consecución de un capital preparado para exorcizar las impericias que, al abundar, robustecen el estado de cosas.

Paridad, voto y veto

Acabo de mandar nuevamente a la Legislatura dos proyectos de ley claves para Corrientes: voto joven y paridad de género. Debemos garantizar a los jóvenes la posibilidad de elegir a sus representantes y asegurar la igualdad entre mujeres y hombres en política”, avisó el viernes 3 de julio, por Twitter, el gobernador Gustavo Valdés.
La utilización del adverbio “nuevamente” no es ingenua ni producto de la impericia en el manejo del lenguaje. Remite a un hecho reiterado, simbólico y concreto, no resuelto por obstáculos políticos que se suceden, pero no se declaran.

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El camino de Valdés a la gobernación fue tapizado por promesas de inclusión y desarrollo. Ya en el poder, pidió que se lo juzgue por indicadores de lastre atávico, como el de la pobreza. En el mismo acto, empezó a transitar el camino de construcción de su propio liderazgo poniendo en discusión temas centrales de una agenda más progresista y desusada en una provincia aletargada por el conservadurismo que se meció, por muchos años (pero sobre todo desde 2001 en adelante), bajo la brisa tranquilizadora del pago de los sueldos. En rigor, el mecanizado sometimiento del salario estatal, que ante la falta de mejores oportunidades, allegó una paralizante opresión con efectos sociales y culturales insondables, a la vista de quien lo quiera ver.
En 2019, no obstante, el gobernador Valdés pasó a los hechos. Encolumnó detrás de su figura al frente político que lo sustenta y encaró una campaña para las elecciones de medio término blandiendo las banderas que plantó en el instante de asumir: la obra pública; los procesos de modernización e inclusión con trabajo; y el pedido a los legisladores para aprobar las leyes de voto joven y de paridad de género. Se comprometió con las políticas de igualdad de derechos; de contención para la comunidad Lgbtq+ y las acciones de ataque contra la violencia de género.
En junio ganó las elecciones y el gobernador obtuvo los avales legislativos que necesitaba para avanzar con las reformas, las declamadas y las necesarias para el gobierno. Y las que demanda la sociedad en su conjunto, que se impone con su agenda aún cuando los líderes tengan otras.
Valdés y los suyos lograron una diferencia de más de 40 puntos en las elecciones de 2019 y consiguieron, a partir del 10 de diciembre, no sólo mayoría sino dos tercios en ambas cámaras legislativas. Así y todo, los proyectos oficiales tropezaron contra una llamativa, férrea y silente quietud. El discurso se dió contra la evidencia. Y donde no se requerían las mayorías de otros, también hubo tropiezos. Lo que se dice no es igual a lo que se mantiene: un gabinete lleno de varones, veteranos en la función, incapaces ante la inclusión.

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Pues bien: los proyectos murieron intoxicados con el polvo de los cajones legislativos y por eso, hace casi un mes, el mandatario volvió a enviarlos. A un año calendario de las elecciones generales de 2021, Valdés insistió “nuevamente” con sus proyectos. Los expedientes ingresaron el viernes 3 de julio por la Cámara de Diputados.
Hablando por radio en esos días, a prudente distancia de una interna que fluye en napas de profundidades variables, Valdés respondió a la pregunta más obvia de todas:
—Si el gobierno tiene mayoría en la Legislatura, ¿por qué no avanzan los proyectos enviados por el gobierno?
—No sé por qué tienen miedo a debatir la ley. (En todo caso) que los legisladores y legisladoras digan de cara a las mujeres que no quieren el proyecto de paridad y que les digan a los jóvenes de 16 años que no tienen derecho a voto —dijo Gustavo Valdés.
—Las mujeres tienen que exigir sus derechos. Y no a un hombre, sino a una Legislatura: todos cumplen el mismo rol ahí adentro —añadió.
Usar la frase “no a un hombre”, tampoco fue casual, como el “nuevamente” del trino inicial.
El “hombre” es el senador Ricardo Colombi: inspector que habilita o frena el avance de las leyes en la Legislatura y que, por lo que se vio, apuró el reenvío oficial luego de que el jueves 2 de julio pasado, sin que se le mueva un músculo de la cara, presidiera una conferencia virtual con mujeres tras la cual hizo decir que “con otros senadores estamos trabajando en un proyecto para que la paridad de género se dé en los tres poderes del Estado”. El expediente ingresó el miércoles último, y el jueves, en plenario, el Senado lo mandó a comisión.
—Son los desafíos que se vienen —dijo Colombi, escupiendo altas dosis de cinismo, recién enterado de una demanda que antecede a su voluntad de patriarca. —Esperemos que en el transcurso de este año lo podamos aprobar —anunció luego, ya en su rol de presidente de la UCR, en el cierre de la conferencia online “Estrategias para una sociedad más igualitaria”.
Del webinario otrora impensado para alguien plantado en las antípodas de cualquier virtualidad, participaron, entre otras, varias legisladoras que en privado todavía se quejan de los maltratos o ninguneos proferidos por el ahora “comprensivo y progresista” legislador, que por efecto de alguna magia efectiva decidió abrir los ojos y visibilizar a un colectivo como el de las mujeres, a las que trató casi siempre con distancia y reiterado desdén.
Aún así, a la luz del momento histórico, no deja de ser una buena noticia que Valdés y Colombi estén pensando lo mismo en cuanto a la inclusión y a la igualdad. Tal vez ahora sí avance el proyecto, pues depende de ellos el resorte legislativo.
La oposición -mínima y fragmentada- no talla en esta discusión. Varios de sus miembros ya adelantaron votos favorables, pero no es garantía. El PJ no estuvo a la altura cuando tuvo que demostrar que es verdadero su apoyo a la paridad. Patricia Rindel tiene mucho para decir al respecto. O Rubén Bassi, senador peronista que sopló el escaño de una mujer con votos radicales: sí, con el aval de los mismos que ahora parecen convertidos a la religión del igualitarismo. Una circularidad asombrosa.

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Tampoco fue casual este movimiento de piezas, en medio de la pandemia por coronavirus. No fue casual por cuestiones del momento histórico y político, por el atraso provincial en varias materias de debate candente, y por las acciones del propio Estado nacional. Sucede que el mismo viernes 3 de julio, el presidente Alberto Fernández, tras presentar el “Plan nacional de acción contra las violencias por motivos de género”, marcó un rumbo para enfrentar una problemática que no excluye a Corrientes.
El plan nacional tiene un presupuesto de 18.000 millones de pesos y responde a otro número escalofriante: hasta el 30 de junio se registraron 162 femicidios –81 durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio-, de acuerdo con el relevamiento del Observatorio “Ahora que sí nos ven”: el promedio fue de un femicidio cada 27 horas.
En Corrientes la cosa es igual de preocupante: hasta junio y con la cuarentena de fondo, se registró un caso de violencia familiar cada 30 horas, según la Inspectoría de Justicia de Paz del Superior Tribunal de Justicia.
Ante semejante presente, hablar de contención a las demandas de género o de paridad sólo en clave electoral parece por lo menos poco. Es un derecho que se reclama, no una dádiva que se espera.

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Corrientes está muy lejos de una “real inclusión” como manda la Constitución, y esta no es una apreciación sólo geográfica. Por ello resulta necesario que la intención se convierta en acción, y que el derecho esté por encima de la especulación proselitista, juego que practican al borde de la fascinación algunos referentes caudillescos de este firmamento político aldeano.
Los derechos inclusivos son fundamentales para cambiar realidades. Servirían para mejorar, ya que estamos en épocas de pandemia, los determinantes sociales de la salud.
Haber manejado con (relativo y todavía parcial) éxito la pandemia en la provincia, no fortalece la integralidad del sistema sanitario. Hablar de coronavirus en vez de los enfermos por siniestralidad vial, cardiopatías, desnutrición, chagas, dengue, o aborto, por ejemplo, no elimina la realidad que subyace al efecto totalizador de la peste. Para decirlo claro: silenciar no es erradicar.
Negar el aborto no disminuye la cantidad de interrupciones de embarazo que se siguen haciendo en la clandestinidad y que condena a muerte a muchas chicas desesperadas.
Corrientes tiene un código postal, al decir de la sanitarista Carolina Centeno, que determina también nuestra forma de vivir y de morir. Afecta más a las mujeres, sobre todo a las más pobres poco educadas, que son muchas en nuestro contexto. Esa es la conclusión de años de política negadora, internista, fratricida, excluyente, que convierte en tabú ciertos temas que queman como el fuego en cualquier sociedad del Siglo XXI.
Hay malas noticias: nada mata tanto como la costumbre.
También hay buenas noticias: tenemos una oportunidad para empezar a revertir el cuadro, ahora que internet llegó a ciertas cavernas.
¿Tenemos una nueva oportunidad?

Presentación del libro “Desde las orillas”

Generosas palabras de la gran Stella Maris Folguerá, que agradezco profundamente. Agradezco también a Liliana Romero que guió la conversación, a Leonardo Moglia, como siempre, por editar el libro, y al Instituto De Cultura de La Provincia De Corrientes por el espacio. A Gabriel Romero y a Maia Eirin.

 

Ver entrevista aqui:

 

✍️Sigo disfrutando las charlas dela Feria.
Acabo de ver el muy interesante diálogo entre Eduardo Ledesma y Liliana Romero sobre el libro “Desde las orillas-Entrevistas” de Ediciones Moglia que presenta Eduardo en esta 10º Feria provincial del Libro. La charla se deslizó con naturalidad entre dos que tocan sus instrumentos en la misma clave, y fue de la literatura al periodismo en idas y vueltas fluidas, con entradas a fondo en temas que son eje de nuestra realidad. Muy bien elegida la interlocutora para Eduardo quien, del ciclo “Eduardo Ledesma pregunta, publica en este libro 27 de sus entrevistas siempre sólidas, nunca complacientes a personajes que no dejan de decir lo que tienen para decir. Eduardo es, en mi opinión, un gran periodista y un escritor que maneja su género con riqueza de lenguaje, estilo ágil y profundo, muy buena memoria y conocimiento histórico. Eduardo está siempre a la búsqueda de una verdad que está más allá de la noticia, y eso lo hace entrar en el territorio de la literatura. Su escritura es, sin duda, periodismo literario y literatura periodística en torno a la noticia y la información. Es un periodista escritor, un escritor periodista. “Desde las orillas-Entrevistas” es un libro para tener siempre a mano, no sólo por los personajes que en él vuelcan sus saberes sino por las cuestiones que abordan ya que, como él mismo lo explica, no son encuentros con personajes sino con grandes temas de nuestra realidad y nuestra historia reciente.

Navegantes de la esperanza

Uno cree que los personajes, porque son de otra época, sienten las injusticias de manera diferente. Y la realidad es que no: las pasiones, emociones y temores han sido siempre los mismos. Las que cambian con las épocas son las aspiraciones”.
Con esta y otras frases de similar hondura, proyección y enorme humanismo, la escritora chilena Isabel Allende dejó inaugurada el miércoles la décima edición de la Feria Provincial del Libro, que esta vez asumió un formato virtual como consecuencia de la pandemia por coronavirus.
El acto fue una transmisión por Instagram Live, por lo que cientos de pantallas de computadoras, tabletas y celulares se constituyeron en el espacio-marco que contuvo a la escritora de 76 años, radicada hace 30 años en Estados Unidos, y que en esta ocasión fue guiada con solvencia y en clave de divulgación casi docente por la periodista Constanza Pérez Ruiz, que la llevó de paseo por su monumental obra.
La biblioteca Isabel Allende tiene punto de partida en 1974, con sus libros infantiles “La abuela Panchita”, “Lauchas y lau­chones, ratas y ratones” y su recopilación de columnas periodísticas “Civilice a su troglodita”. Su salto a la fama internacional se produjo en 1982 con “La casa de los espíritus”, y al día de hoy mantiene un punto de parada momentánea con el libro “Largo pétalo de mar”, editado en 2019, el vigésimo octavo de su carrera.
El recorrido incluyó una avistaje por la construcción de las voces y el perfil de sus personajes, sin abandonar nunca la dimensión política que atraviesa la literatura de Isabel: la dimensión política y humana, moldeada para ella por el terror de la dictadura de Augusto Pinochet. De allí sus obsesiones, según dijo: la violencia, los autoritarismos en todas sus formas, los desplazamientos provocados por el odio al otro, al distinto, por sus datos de origen, color de piel o pensamiento.
—El abuso del poder absoluto en detrimento del ser humano es un tema que me obsesiona. El poder absoluto en todas sus formas y en los escenarios más injustos siempre ha sido un disparador en la temática y la trama de mis libros —dijo Isabel Allende, para luego enmarcar esa posición en cada una de sus obras, en sus personajes, muchos de ellos con carnadura y domicilio en la realidad.

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Fue una entrevista literaria, sí, pero también una declaración de principios políticos necesarios en un momento como este, en el que los abusos parecen recobrar vigor como consecuencia de los estados de excepción que, como resquicio sólido, posibilitó la pandemia. Estados de excepción que toman medidas en términos excepcionales bajo el pretexto de una preocupación anclada en la preservación de la vida, que en los hechos parece estar en estado de vulnerabilidad constante por imperio de las quiebras emocionales, el agravamiento de las asimetrías económicas y culturales que engendran, ante la falta de horizontes, diferentes modelos de violencia multicausal y multidimensional que no enajena a nadie en ningún lugar.
En Corrientes, por caso, la cosa es igual de preocupante que en cualquier otro punto del globo: se registró un caso de violencia familiar cada 30 horas durante la pandemia de Covid-19, según un relevamiento realizado hace unos días por la Inspectoría de Justicia de Paz, que depende del Superior Tribunal de Justicia.
¿Es esta una situación excepcional? Puede ser, como no. Lo alarmante es que la teoría advierte que ciertas situaciones derivadas de transformaciones o estados fundamentales, muchas veces tienen vigor para independizarse del caso respecto del cual habían surgido.
—Lo que nos está sucediendo ahora es tan pavoroso como fascinante. Es la primera vez que estamos todos, en simultáneo, conectados y afrontando lo mismo. Es la evidencia de que somos una gran familia humana —dijo al respecto Isabel Allende, pensando en las luchas contra el Sars-Cov-2.
No es una simple declaración de escritora. Allí hay un fuerte llamado de atención para las individualidades, para los colectivos, pero también para la política, que muchas veces, con sus actos magnificados por la difusión a la que tienen acceso, definen conductas generales.
El mundo asiste, estos largos días, a una pausa de los derechos con implicancias múltiples y disímiles según la geografía y su desarrollo, pero que en general constituye un escenario de complejidad extrema debido a la incertidumbre del futuro. De allí su trascendencia.

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Isabel habló de literatura, sí, pero también del alma humana de sus personajes, espejo del alma humana a secas.
Habló de los porfiados intentos de la investigación literaria para evitar caer en la caricatura, oponiendo esa postura a la exageración en la que cae muchas veces el discurso político binario y venal que se autopercibe cercano a la realidad en tanto insumo para cocinar a su gusto.
Isabel Allende habló de literatura desde la vereda del pensamiento; de los sentimientos e ideales, de la emoción y de las pasiones, de las aspiraciones personales y colectivas que cambian conforme avanza la cultura, estado de cosas a veces necesaria y que otras veces resulta un ancla. Habló de los contextos y de los escenarios. De las conexiones familiares y de las conexiones sociales; del encierro, de los desplazamientos y de las pérdidas.
Isabel Allende habló de literatura, sí, pero a lo largo de la hora que duró la charla, de a ratos conmovedora y de a ratos inspiradora, dio la impresión de decir mucho más. Cada palabra fue más que la descripción de una obra o del proceso creativo de la escritora viva más leída del mundo en habla hispana, con más de 74 millones de ejemplares vendidos y traducida a 42 idiomas.
Isabel habló del mundo de todos los tiempos y en un momento, arropada por el dolor de los migrantes —que ella misma fue en algún momento—, recordó la anécdota de aquellos “navegantes de la esperanza”: pasajeros en fuga de un barco zozobrante que aún en medio de intensas y peligrosas borrascas marinas, sentían que estaban un poco más a salvo que en la tierra, donde la firmeza del suelo era también la obstinada firmeza de la pobreza, de la violencia, de la muerte.
Isabel hablaba de literatura, sí, pero también de las urgencias, de las angustias y de la comprensión necesarias. Hablaba del hombre y del tiempo. Fue excepcional la charla: sin dudas un punto altísimo para inaugurar una feria que será recordada como la primera feria sin feria, la primera feria virtual y la primera en intentar una resistencia a los límites de la pandemia que a priori parece eso, pero a veces deviene en una gran oportunidad.
—Es que una de las cosas más fascinantes que tiene la literatura es la capacidad de conectarnos con la consciencia colectiva. De conectarnos con lo humano —agregó Isabel.
Puede ser esta, de hecho, una importante oportunidad para que la comunidad en general, y de ella sus dirigentes, asuman el precio de su estatus y puedan encontrar, tal vez en alguna forma de la literatura, voces y miradas que nos ayuden a ver más allá de una próxima gestión. Los desafíos del futuro requieren más que eso.

Para ver la charla:
https://bit.ly/2ZjAeNb

Seguir la feria en:
corrientesferiaprovincialdellibro.net

Murió un jefe de Terapia Intensiva en Chaco y reavivó las denuncias por el manejo de la pandemia

Publicado en La Nación

La provincia del Chaco amaneció este viernes en estado de conmoción. La muerte por coronavirus del médico terapista Miguel Angel Duré, jefe en ejercicio de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Perrando de Resistencia, fue un golpe demasiado duro en un momento apremiante de la crisis sanitaria local.

Chaco acumula 81 muertos, lo que representa casi un 10% del total de Argentina, con una población que no llega al 3%. Pero además, es la segunda jurisdicción con más muertes por millón de habitantes, después de CABA; y registra una mortalidad del 5,5%, que también es de las más altas del país.

La muerte del médico desató las críticas por el manejo de la pandemia
La muerte del médico desató las críticas por el manejo de la pandemia Crédito: multivision.tv

“Veíamos la placa en la computadora y sabíamos el pronóstico”, escribió esta mañana el doctor Julio Picón, médico reconocido y compañero de Duré. El pronóstico se cumplió: el doctor Duré murió en la madrugada y se convirtió en la víctima número 81 de la pandemia en el Chaco.

Conocida la noticia, el médico fallecido cosechó un reconocimiento público casi unánime e inmediato y el cariño de sus compañeros de trabajo. “Nos quebró a todo el Perrando su caída. Era un hombre sereno, callado. Cuando hablaba, lo hacía siempre con las palabras justas. Era sencillo como pocos y confió plenamente en sus colegas”, le dijo a LA Nacion Corina Acosta, residente y terapista.

Al mismo tiempo, la muerte del médico removió viejos dolores y motivó una catarata de críticas de profesionales de la salud y vecinos chaqueños hacía la política sanitaria implementada desde el primer día por el gobernador Jorge Capitanich, con resultados que no son satisfactorios.

Los profesionales que están en la primera línea de atención y exposición vieron en Duré un espejo del drama que viven cada jornada desde el inicio de la pandemia, que en Chaco ocurrió el 9 de marzo. “Su caída será la nuestra”, advirtieron en una carta que publicaron hace unos días en un diario local.

Condolencias oficiales

El Ministerio de Salud Pública a través de su titular, Paola Benítez, y el equipo directivo del Hospital Julio C. Perrando, hicieron saber que lamentan el fallecimiento del médico terapista Miguel Duré, lo mismo que el gobernador Capitanich, que escribió en su cuenta de Facebook: “Quiero expresar mi más profundo pesar por el fallecimiento del Dr. Miguel Duré, (…) que trabajó incansablemente cuidando la salud de los chaqueños y chaqueñas. Nuestras más sinceras condolencias para su familia y seres queridos, junto al reconocimiento a él y a todos los trabajadores que día a día luchan durante esta pandemia que se lleva tantas vidas. Que Dios lo tenga en su Santa Gloria”.

El rechazo de la comunidad a las condolencias del gobernador fue casi inmediato. Lo acusan, como los médicos, de haber subestimado la situación y de no asumir ahora las consecuencias. Recién hoy, después de varios días de cruces mediáticos, se informó que el gobierno y la oposición intentarán un canal de diálogo conjunto para atender la crisis.

Chaco es una de las provincias más azotadas por la pandemia
Chaco es una de las provincias más azotadas por la pandemia

Por este y otros movimientos, considerados al menos tardío, los calificativos que más se repiten en cientos de mensajes que le dejaron en su página al gobernador son los de “hipócrita”, “cínico”, “mentiroso” y otros tantos irreproducibles. Algunos le piden la renuncia.

Los médicos y residentes fueron más allá. Motivados en la bronca por la pérdida de un jefe y compañero, pero también en falencias largamente denunciadas, asentadas en datos y estadísticas oficiales, los profesionales de la salud chaqueños hacen responsable de la crisis al propio gobernador Capitanich. También le endilgan la muerte del especialista, quien se contagió en el Hospital Perrando tras intervenir a un paciente que tenía la enfermedad, sin los elementos de protección adecuados.

Colegas de Duré, agrupados en la Gremial Médica Hospitalaria vienen denunciando, además de desprotección, persecución y aprietes. Los residentes del Perrando, en tanto, publicaron este viernes un duro comunicado en el que apuntan al Gobierno provincial por el hecho. “Subestimaron la situación desde el primer día (…) Fallaron. El sistema de salud falló. Este es el resultado. Personal de salud infectado. Un médico que ya no está. (…) Colocar un tubo en tórax a un paciente Covid que se está muriendo, con un barbijo de tela vegetal y uno quirúrgico encima, no es por elección señores”. El posteo rápidamente se viralizó cosechando adhesiones.

El contagio entre hombres y mujeres del servicio de salud fue uno de los más grandes en esta provincia: llegó a ser de casi un tercio en algún momento de la cuarentena. A mediados de abril, la mitad de los contagios estaba dentro de los hospitales y clínicas.

Hace diez días, hablando en cadena por varias radios de gestión nacional, el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García sugirió este asunto: “El hospital Perrando ya tuvo dos focos importantes de contagio, y la verdad, me parece, que el libreto que tienen es bueno, lo hacen bien, pero que no se cumple totalmente”.

También dijo que hay “mucha omnipotencia, inclusive en muchos colegas de Resistencia que no se cuidan, desconocimiento de las cosas mínimas. Lo digo con mucho afecto porque en esto todos somos víctimas y no hay que culpar a nadie”.

La internación de Duré

El cuadro del doctor Miguel Angel Duré resultó delicado, aunque era un paciente joven. Tenía 53 años. Se contagió de Covid-19 e hizo una insuficiencia respiratoria grave con falla renal, lo que obligaba una dialización. El profesional fue el primer paciente del hospital Perrando internado en la unidad Covid que recibió plasma de convalecientes suministrado al menos en dos oportunidades por una fundación que articula con Salud Pública. Si bien en primera instancia la respuesta fue satisfactoria, luego surgieron otras fallas orgánicas que empeoraron su salud, según se informó extraoficialmente.

Duré era el jefe de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Perrando, estuvo más de 25 años al servicio a la Salud Pública. En los últimos días, desde su entorno y desde ámbitos no vinculados a la medicina, se pedían cadenas de oración por su recuperación, que al final no ocurrió. Cerca del mediodía de este viernes, sus colegas lo despidieron con aplausos y en silencio. Hicieron un cordón humano para que la camioneta utilitaria que llevaba su cuerpo pudiera salir del hospital, que era como su casa.

Fallas del sistema

El doctor Julio Picón, dolido por la pérdida de su colega, a quien vió por última vez en la guardia de esta madrugada, hizo alusión al número de casos que se incrementa día a día. Allí “te das cuenta que algo está fallando. Y después viene la noticia. Falleció Duré. Y pasa a engrosar una estadística fría, que no refleja el dolor que queda. Atrás de esto, tenés un montón de situaciones que bordean lo ridículo para un problema muy serio”, escribió en su página de Facebook.

Fue ese un resumen de una serie de denuncias que se realizan en cadena desde hace varios días acerca de la postura asumida por el Gobierno del Chaco en el manejo de la pandemia.

Días pasados, en una carta que se hizo pública, compañeros del médico fallecido contaron que “Duré contrae el virus cuando intubó a uno de los tres pacientes en grave estado que habían estado en la Unidad Covid y que luego habían sido trasladados a la terapia convencional porque el primer hisopado resultó negativo”.

Cifras alarmantes

Mientras todo ello ocurre, el Chaco aporta datos que sostienen el alerta. El senador correntino Martín Barrionuevo, que viene trabajando con las estadísticas de coronavirus en todo el país, informó ayer que el Chaco es la segunda provincia del país con más muertes por millón de habitantes, después de la Ciudad de Buenos Aires.

CABA con 103.1 y Chaco con 63.9 lideran la tabla que luego completan Buenos Aires con 21.9, Córdoba con 9.3 y Santa Fe con 1.1. El promedio nacional de Argentina es de 19, según los estudios de este especialista.

Capitanich tomó nota e intentó una última jugada, después de decir que ya no sabía qué otra medida tomar para doblegar la curva. Cerró el Chaco desde el pasado lunes y ayer bloqueó incluso varios ingresos al Gran Resistencia. No obstante la rigidez de las medidas, se reportaron hoy los primeros casos en El Impenetrable: confirmaron un caso en El Sauzalito y otro en Nueva Pompeya.

Estos positivos estarían relacionados con los viajes que entre el 5 y el 8 de junio hizo una comitiva oficial a esas zonas del interior chaqueño, acompañando a la titular del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), Magdalena Odarda, quién dio positivo de coronavirus, al igual que otras tres funcionarias del gobierno local.

Hasta el mediodía de este viernes, Chaco registró 1.475 casos positivos de Covid-19, además de los 81 fallecimientos. De los casos positivos, 718 recibieron el alta clínica definitiva.

Por la crisis en Chaco, Corrientes restringe el cruce por el puente Belgrano y vuelve obligatorios los hisopados

Publicado en La Nación

Dada la complicada situación epidemiológica del Chaco, pero también con la idea de ayudar a dar cumplimiento al blindaje para toda la semana que propuso el mandatario Jorge Capitanich, el gobierno de Corrientes anunció que extremará los controles en el ingreso a la provincia por el puente General Belgrano.

El propio gobernador Gustavo Valdés (UCR) informó que dio de baja los permisos de circulación interprovincial vigentes, que ahora será necesario tramitarlos de nuevo, y que quienes tengan las autorizaciones pertinentes deberán someterse a un hisopado obligatorio.

Valdés anunció que rubricó el Decreto 935, por medio del cual la provincia estableció la obligatoriedad del hisopado nasofaríngeo para todas las personas que tramiten permisos de circulación, en especial a las que circulen por el puente General Belgrano.

“Se incorporaron al stock de la provincia los test rápidos, con lo cual vamos a realizarlos inmediatamente y en el lugar”. Las personas “que se nieguen a los hisopados”, añadió, “no podrán cruzar por el puente”.

La iniciativa apunta especialmente a ese acceso interprovincial, que fue el viaducto por el cual ingresaron personas que luego facilitaron la aparición de casos en el interior de Corrientes. Por esa misma razón, Valdés informó que las localidades de Mocoretá y Saladas vuelven a las fases 5 y 3, respectivamente.

Gustavo Valdés
Gustavo Valdés Crédito: Facebook

Mocoretá, ubicada en el sur provincial, en el límite con Entre Ríos, tuvo casos importados de Buenos Aires. Saladas, a 100 kilómetros al sur de la Capital, tiene dos casos activos importados de Chaco. La situación está controlada en ambos lugares, pero todavía hay casos en estudio.

Conciencia colectiva

Chaco y Corrientes son dos provincias separadas por el río Paraná pero unidas por el puente General Belgrano. Sus capitales comparten historia y vínculos económicos, educativos y familiares, por lo que el flujo es intenso e incesante. Pero como las realidades en ambas márgenes del río son bien distintas en relación al coronavirus, ambos gobiernos apelan a la responsabilidad individual y colectiva.

Chaco reportó 1364 casos positivos y 77 muertos, mientras que Corrientes reportó 105 casos, solo 11 activos y sin víctimas fatales.

Además de que ese pedido es fundamental, está protocolizado y lo piden todos los organismos nacionales e internacionales que trabajan en la contención de la pandemia, en esta región del Nordeste argentino resulta una necesidad imperiosa por ciertos brotes de anomia detectados a lo largo de la cuarentena, sobre todo en el Chaco, pero también en Corrientes.

El gobernador Capitanich reitera en cada aparición pública la necesidad de guardar el aislamiento, pero sus palabras no lograron hacer carne en la población. Hubo más de 16 mil detenidos y demorados por violar la cuarentena. Aunque hoy, en el debut de la nueva fase 1, la movilidad se redujo un 60 por ciento, según se informó. Corrientes registra una movilidad casi normal, acorde con su estatus de nueva normalidad con distanciamiento social.

En lancha, para evitar controles

Pese a su situación crítica, Chaco parece no poder contener ciertos desbordes. Uno de los últimos se detectó el fin de semana: la policía descubrió el viernes que dos mujeres chaqueñas llegaron a la ciudad de Corrientes en lancha para participar de una fiesta. Un grupo de vecinos alertó al 911, la Policía llegó hasta el lugar y se encontró con las dos mujeres, que tenían domicilio en Resistencia.

Al realizar las investigaciones sobre el caso se determinó que habían llegado a Corrientes en lancha para evadir los controles apostados en el puente. El episodio fue confirmado por el comisario César Fernández, de la Dirección de Seguridad Metropolitana de Corrientes.

“En un trabajo conjunto con la Policía de Chaco logramos que vuelvan a su provincia”, contó el comisario, pero “a raíz de lo sucedido, le pedimos a la Prefectura que intensifique los controles en el río para evitar que suceda lo mismo en adelante”, agregó.

Caos en las estaciones de servicio

Otro hecho sorprendente se registró este lunes. Vecinos de todo el territorio chaqueño coparon las estaciones de servicio luego del anuncio del gobernador Capitanich de que Chaco volvía a fase 1. Hubo varias cuadras de cola para cargar combustible, e incluso situaciones de tensión en algunos surtidores.

La situación se generó luego de que se conociera el alcance del Decreto N°702 del Poder Ejecutivo que prohibió la carga de combustible desde este martes, a excepción de vehículos oficiales destinados a contener la pandemia y de los automóviles de personas que cuenten con el permiso por actividades exceptuadas.

Alberto Fernández, durante una visita a Chaco
Alberto Fernández, durante una visita a Chaco Crédito: Presidencia

La medida, que en teoría buscaba a evitar la circulación y las aglomeraciones, consiguió el efecto contrario. Muchos vecinos e incluso referentes del sector de los combustibles hicieron responsable del malentendido al propio gobernador, pues el equívoco provocó que en muchas estaciones de servicio se originaron colas de varias cuadras, postal que se replicó en muchas ciudades del interior de la provincia.

Allí radican las críticas oficiales hacía el comportamiento de la población. Hace cuatro días, Ginés González García se mostró sorprendido por porque en el Chaco se siguen “saludando con dos besos”.

En una entrevista radial, el ministro de Salud dijo además que le sorprende la “poca observancia” a las medidas básicas de bioseguridad que se da en los ciudadanos de Resistencia, en general, y en el personal médico, en particular. Dijo que hay un “desconocimiento de cosas mínimas” en el marco de los cuidados para evitar la propagación del coronavirus.

No obstante, también existen errores en la comunicación de las medidas. “Esto es un caos, no entendemos y nadie nos comunicó nada”, dijo a la prensa local Mauro Silvestre, vicepresidente de la Cámara de Expendedores de Combustibles, quien lamentó la situación que se vivió en Resistencia el lunes por la tarde, con largas colas para cargar nafta en todas las estaciones.

“Estamos muy desconcertados. Salió un comunicado que dice que solamente vamos a poder despachar a vehículos oficiales, pero oficialmente a nosotros no se nos comunicó nada. Tampoco entendemos, si volveríamos a fase 1, donde la gente no se puede movilizar, a qué se deben las largas colas en toda la ciudad”.

Preocupación interna

Otro asunto que tiene en tensión al Chaco tiene que ver con los contagios confirmados de tres funcionarias. Son los de la ministra de Seguridad y Justicia, Gloria Zalazar; de la secretaria de Desarrollo Territorial y Ambiente, Marta Soneira; y de la secretaria de Derechos Humanos y Géneros, Silvana Pérez.

A esto se sumó después la confirmación del contagio de la presidenta del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, Magdalena Odarda, quien estuvo en contacto con todas estas funcionarias, con el gobernador Capitanich y con muchas otras personas con Covid-19 durante tres días, del 5 al 8 de junio.

Anteayer se confirmó que los pilotos del avión provincial que trasladó a la comitiva también dieron positivo. Las infecciones se produjeron en un viaje al Impenetrable, por lo que ahora se puso bajo especial atención lo que suceda en aquella zona del interior chaqueño.

La noticia causó alto impacto en el entorno de los pilotos. Debieron ser hisopados numerosos integrantes de las Fuerza Aérea además de personal de Salud Pública, ya que dicha aeronave se utiliza también para vuelos sanitarios.

Como saldo de toda esta cuestión, varios funcionarios locales, uno de El Sauzalito, y otro de Tres Isletas, pidieron al Gobierno que el gabinete evite moverse al interior para frenar posibles contagios.