María Victoria Cerdán: “Hoy la política argentina profundiza la fragmentación social”

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

Abogada, docente universitaria, asesora legislativa, dirigente deportiva, impulsora de un Club de Debate y militante del PJ. Con menos de treinta años, María Victoria Cerdán eligió intervenir en la realidad desde varias instituciones a la vez. 

Pero en este episodio no hablamos de su CV sino de una pregunta que la atraviesa: ¿Se puede cambiar algo desde instituciones que muchas veces están acusadas de estar lejos de la gente? Una conversación sobre política, gremialismo, peronismo (a horas del Día de la Lealtad), sobre el diálogo necesario y lo que significa construir cuando todo parece fragmentado. ¡No te lo pierdas!

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Si tuvieras que presentarte y responder quién sos, ¿qué dirías?

Soy una joven abogada y militante. Hay algo que siempre me gusta decir: soy nieta e hija de dirigentes sindicales. Nací y crecí en un sindicato y, desde muy chica, entendí la importancia de la organización colectiva de los trabajadores y las trabajadoras.

Tenés pocos años y ya participaste en la universidad, la política, el sindicalismo, los clubes y las organizaciones civiles. ¿Qué estás buscando en ese recorrido?

Creo que busco contribuir. Es algo que siempre nos preguntamos con mis amigos y que también hemos tratado en el club de debate: la idea de trascender, pero no tanto de manera individual, sino a través del aporte que uno hace a la comunidad. Dejar algo e intentar cambiar aquello de lo que formamos parte.

Por algo digo que soy militante. Creo que la tarea del militante es tener esperanzas y tratar de contribuir a la sociedad de la que forma parte.

¿Por qué te interesa participar en tantos espacios institucionales y comunitarios?

Creo que la comunidad es la que nos salva. La clave está en formar parte de distintos ámbitos.

Desde muy chica participé en Interact, la rama juvenil de Rotary para adolescentes, y después en Rotaract. El Club de Regatas Corrientes también fue siempre como el patio de mi casa. Crecí en una familia donde la organización colectiva era muy importante.

Entiendo esa idea de comunidad organizada: el individuo puede realizarse cuando existe una comunidad que también se realiza. En un contexto de tanta fragmentación, donde se imponen discursos como el de que cada uno se arregla solo y conceptos como la meritocracia, tenemos que recuperar la idea de que, aunque cada persona tenga su propio proyecto, solo puede desarrollarse plenamente cuando la comunidad también avanza.

¿Qué te preocupa de la manera en que los jóvenes discuten la política actualmente?

Creo que, en realidad, no se está discutiendo. Hay un silencio. Cada uno está en su burbuja, repitiendo sus propios conceptos y creencias, sin demasiado interés en escuchar al otro, entender lo que está diciendo y construir un consenso.

Eso debería ser la democracia y eso debería ser el diálogo. Sin embargo, creo que hoy no sucede ni entre los jóvenes ni en los espacios donde tendría que suceder, como las legislaturas.

Las redes sociales pueden tener algo que ver. Los algoritmos nos muestran lo que queremos ver o aquello que vamos a rechazar, y eso contribuye a construir una individualidad cada vez mayor.

¿También hay desencanto con la política tradicional porque no dio respuestas a los problemas cotidianos?

Sí, puede ser. En ese contexto aparecen discursos de odio que capitalizan ese desencanto, especialmente entre las nuevas generaciones, que no encuentran respuestas a los problemas que enfrentamos todos los días.

Creo que tampoco se generan nuevos debates que permitan encontrar esas respuestas.

Fuiste seleccionada por la Fundación Universitaria del Río de la Plata (FURP) para representar a Corrientes. ¿Qué significa participar de ese espacio?

La FURP es una organización que nació de jóvenes profesionales con la idea de promover el debate y construir un país más federal.

Tiene una instancia provincial: primero se rinde un examen de cultura general y quienes lo aprueban pasan a un coloquio oral, donde se selecciona a quienes representan a cada provincia.

Después viajamos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para participar del Seminario País Federal, una semana de visitas a distintas instituciones, como el Congreso de la Nación y la CGT, además de reuniones con empresarios y medios de comunicación. Allí se realiza una nueva selección para definir quiénes representarán a la Argentina en una gira por Estados Unidos.

¿Cómo sostenés tu identidad política en espacios donde conviven personas que piensan distinto?

Conviviendo, debatiendo e intentando construir consensos. Cuando hablo de política, me refiero a la política en sentido amplio, no solamente a la partidaria.

Creo que hoy necesitamos volver a encontrarnos con quienes piensan distinto. Estos espacios permiten reconstruir eso y volver a construir comunidad.

En la FURP hay una mayoría de radicales y yo soy peronista. Siempre señalan que es difícil encontrar a una joven peronista vinculada al sindicalismo. Pero justamente se trata de compartir espacios con personas diferentes, debatir y construir consensos.

¿Qué significa para vos militar hoy en el peronismo?

Tuve la suerte de tener una unidad básica en mi casa. Ahí empecé a hablar y a conocer qué era el peronismo. Formo parte de una generación que comenzó a tomar conciencia de la realidad social y política durante distintos gobiernos, especialmente durante el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Creo que hoy el peronismo está en un momento de reconstrucción. Cuando se pierde una elección, comienza una etapa de volver a encontrarse, reunir las partes y reconstruir ese rompecabezas.

Es un momento para que surjan nuevos liderazgos, se abran las puertas y se generen nuevos debates. La expectativa es que el peronismo vuelva a representar a una parte importante de la sociedad. Como militante, tengo que decir que espero que así sea.

¿Qué aspectos del peronismo considerás que siguen vigentes y cuáles necesitan revisarse?

Creo que el peronismo es uno solo. Es uno de los pocos movimientos políticos que tiene una doctrina, con bases escritas por Juan Domingo Perón.

Un punto importante de esa doctrina es la actualización. El debate pasa por actualizar esas bases y repensarlas para que sean acordes a los tiempos modernos. No creo que exista un peronismo antiguo y otro nuevo, sino que hay que encontrar la manera de traer esas ideas al presente.

Lo mismo sucede con el sindicalismo. Por eso también surgió la idea de escribir un libro con mi papá, como una invitación a volver a hablar y generar un punto de encuentro y discusión.

¿La política argentina está ayudando a construir un nosotros o profundiza la fragmentación?

Creo que está profundizando la fragmentación. Lo vemos en las dificultades para generar diálogo en los espacios políticos.

Hoy parece que lo que más vende es decir una frase polémica que después se pueda recortar y subir a un video corto. Lo que importa es cuántas visualizaciones se pueden conseguir en las redes sociales, en lugar de debatir para encontrar respuestas o, al menos, formular mejores preguntas.

La política está muy centrada en volverse viral y no tanto en reconstruir ese nosotros.

¿La universidad está logrando generar conocimiento para la sociedad o corre el riesgo de hablar solamente para sí misma?

Creo que suceden las dos cosas. Hay quienes buscan recuperar la universidad como un espacio de generación de conocimiento, pero para producirlo necesitamos volver a escuchar al otro.

No sirve una universidad que solamente genere contenido mirando los libros. Arturo Jauretche decía que los libros no sirven de nada si no miramos la realidad. No podemos hablar de lo que pasa afuera sin salir afuera.

También existe una crisis vinculada con el hecho de encerrarnos y preocuparnos únicamente por cumplir determinados estándares, sin preguntarnos cuánto estamos aportando a la sociedad de la que formamos parte.

Al mismo tiempo, hay estudiantes que quieren investigar, descubrir más allá de los libros y plantear debates. Cuando los invitás a conocer un poco más, muchas veces se despierta esa curiosidad que parecía dormida.

¿Qué te aporta el Club de Regatas y por qué seguís vinculada a ese espacio?

Para mí, Regatas es el patio de mi casa. Me crié en departamentos y el club siempre fue el espacio al que podía salir, donde hice mis primeros amigos y practiqué deportes.

Los clubes, en general, son espacios de contención. El deporte construye vínculos, permite hacer amistades y genera comunidad. Para mí, un club es un punto de encuentro y de contención.

Estás trabajando en un libro con tu papá, Tito Cerdán, que se llama Hablemos de sindicalismo. ¿Cómo surgió y qué propone?

El libro está prácticamente listo y esperando ser publicado. Es un debate generacional sobre el sindicalismo.

No es un libro académico ni pretende ser una reivindicación constante. Busca plasmar en el papel las conversaciones que tenemos con mi papá los domingos en la mesa familiar. Nos hacemos preguntas sobre qué nos falta, cómo estamos y qué cosas compartimos o en cuáles tenemos diferencias.

Es una invitación a hablar. Creo que hoy nos falta conversar, leer y estudiar sobre sindicalismo.

¿Cómo organizaron ese debate entre dos generaciones?

Tuvimos bastante debate sobre cómo hacerlo y finalmente decidimos que cada uno escribiera su propio capítulo. Hablamos de los mismos temas, pero quizás desde perspectivas diferentes.

La idea es poner esas miradas en conversación.

¿Qué tendría que cambiar en el sindicalismo para que los jóvenes vuelvan a verlo como una herramienta útil?

Lo primero es abrir las puertas para que se generen conversaciones dentro de los sindicatos. El mundo del trabajo cambió completamente y la visión que tenemos las nuevas generaciones es distinta.

Hoy tenemos un mundo laboral que no tiene piso, techo ni red. No tiene piso porque siempre puede haber más precarización y menos derechos; no tiene red porque hay formas de trabajo que no están alcanzadas por el Estado ni cuentan con organizaciones colectivas que les den respuestas. Y no tiene techo porque existe la promesa de que siempre se puede ganar más.

Cuando preguntás qué significa el trabajo para mi generación, muchos te dicen que es ganar plata. Creo que el sindicalismo tiene que comprender esa realidad y actualizar sus debates y su agenda, porque nació para responder a demandas de un mundo laboral que hoy cambió.

También tiene que entender cómo impactan las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial.

¿Cómo se dan esas discusiones con tu papá y qué lugar ocupa el recambio generacional?

Mi papá tiene una mente muy abierta. Hay una frase de José Ingenieros, en El hombre mediocre, que siempre le recuerdo: la juventud no es una cuestión de edad, sino de cómo uno se posiciona en el mundo. Hay jóvenes que parecen viejos y personas que nunca dejan de ser jóvenes.

En el sindicalismo, creo que la clave es abrir las puertas y construir un recambio generacional. Hay dirigentes que llevan más de cuarenta años ocupando los mismos espacios. Necesitamos dar lugar a nuevas voces y debates, porque, si no hablamos de estos cambios, difícilmente podamos entenderlos. La realidad avanza sola.

Por ejemplo, mientras discutimos si debe haber una reforma laboral, las nuevas tecnologías y las transformaciones del trabajo ya están modificando las relaciones laborales en los hechos.

También participaste en el proyecto Cielo Limpio. ¿Cómo surgió esa iniciativa?

El proyecto surgió, en primer lugar, por la cantidad de accidentes que sufrían los trabajadores de las telecomunicaciones y de otras empresas cuando tenían que subir a los postes.

A eso se suma la contaminación visual que generan los cables en el tendido urbano y otros problemas asociados a la conectividad, que hoy es un servicio básico.

Empezamos a investigar qué se estaba haciendo en otras provincias, qué planes existían, por qué no se retiraban los cables y por qué algunas empresas se negaban a invertir. La idea es identificar las responsabilidades y pensar qué se puede hacer.

Una propuesta es que el Estado se encargue del retiro con la asistencia de las empresas involucradas. Los beneficiarios serían todos: las empresas, los trabajadores y los vecinos.

Investigaste también la figura del viceintendente. ¿Qué encontraste sobre su función en Corrientes?

Estudié esta figura en distintos municipios y la comparé con lo que sucede a nivel provincial y nacional. Habitualmente, el viceintendente, el vicegobernador o el vicepresidente preside una cámara legislativa, como parte de un sistema de pesos y contrapesos entre los poderes.

En Corrientes encontré diferencias entre la Capital y los municipios del interior respecto de esa función. En el interior, el viceintendente preside el Concejo Deliberante; en la Capital, esa función no se da de la misma manera.

¿Cuánto de los problemas de la política responde a las personas y cuánto al diseño de las instituciones?

Creo que quienes construimos las estructuras también somos las personas. Por eso, no se puede separar completamente una cuestión de la otra.

¿Dónde se solucionan esos problemas? Volvemos a la fragmentación, a la falta de debate y de diálogo, y a la dificultad para identificar cuáles son los problemas concretos sobre los que tenemos que trabajar.

Que el viceintendente presida el Concejo Deliberante es importante porque permite controlar, dar lugar a nuevas voces y hacer que esos espacios funcionen realmente como espacios legislativos.

Otra vez aparece la necesidad de recuperar el sentido de comunidad, el debate y el encuentro.

¿Alguna vez cambiaste de opinión durante una discusión porque escuchaste un argumento que te hizo revisar tu postura?

Sí, me pasó en muchos espacios. Me sucede cuando debato con mi papá, en el club de debate y también en conversaciones con amigos.

Uno llega con sus posturas y creencias, pero puede encontrarse con alguien que pertenece a otro espacio político o viene de otra realidad y tiene un punto de vista válido.

Creo que ahí está la posibilidad de vivir en comunidad y en democracia. A veces cuesta aceptar que el otro tiene razón o que su perspectiva también es válida, pero se puede llegar a un consenso.

Si dentro de unos años volviéramos a conversar, ¿qué te gustaría que hubiera cambiado para sentir que todo este trabajo valió la pena?

Me gustaría que volviéramos a encontrarnos, a escucharnos, a mirarnos a la cara y a que realmente nos importe lo que está diciendo el otro.

Creo que eso es lo que falta en las instituciones y en todos los espacios: construir consensos y recuperar la idea de comunidad.

También aspiro a construir un proyecto político que nos contenga a todos y todas.

¿Qué necesita hoy el peronismo en Corrientes para volver a ser una opción política?

La clave está en abrir las puertas del partido para volver a encontrarnos y permitir que surjan nuevos liderazgos. Necesitamos buscar nuevas figuras que nos representen y que el peronismo en Corrientes pueda volver a ser una opción para la sociedad.

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Media sanción para la ley de campaña permanente contra la Sífilis

La Cámara de Diputados, en su sesión 17, presidida por Eduardo Tassano  aprobó el proyecto de ley que crea en la provincia de Corrientes la Campaña Provincial Permanente de Concientización, Prevención y Control de la Sífilis, destinada a reducir la incidencia de la sífilis adquirida y de la sífilis congénita mediante acciones de información, diagnóstico temprano, tratamiento oportuno y sensibilización comunitaria, expediente iniciado por la diputada Valeria Pavón.

El objetivo es difundir información accesible, científica y actualizada sobre formas de transmisión, prevención y tratamiento de la sífilis; garantizar el acceso no arancelado, oportuno y confidencial a test rápidos, pruebas serológicas y controles de salud sexual y fortalecer la pesquisa en embarazadas, parejas y personas gestantes para prevenir la sífilis congénita; entre otras medidas  que incluyen jornadas de testeos y actualización de protocolos.

La diputada Pavón recordó en los fundamentos que la Sífilis es una infección de transmisión sexual (ITS) prevenible, de diagnóstico sencillo y tratamiento eficaz, que, pese a contar con herramientas para su control, ha registrado un incremento sostenido de casos en los últimos años, constituyéndose en un importante problema de salud pública.

“La presente iniciativa no pretende sustituir ni modificar los contenidos establecidos por la Ley Nacional N. º 26.150 de Educación Sexual Integral, sino complementarlos mediante acciones específicas orientadas a la prevención de la sífilis, promoviendo información científica, actualizada y accesible para toda la población”, aclaró la legisladora.

“Básicamente es la lucha contra la Sífilis acá en la provincia de Corrientes, y quiero también destacar el trabajo que está haciendo la provincia, el gobierno provincial, no solamente en la prevención, sino también en la concientización, está distribuyendo los profilácticos y también están haciendo testeos gratuitos que es muy importante para todos.  Este proyecto igual busca consolidar esta permanencia como una política pública y también hacer énfasis y foco en la sífilis congénita y también sacar un poco el estigma social que tienen las ITS en todo el territorio”, concluyó la diputada autora Valeria Pavón. 

El proyecto pasó al Senado para completar su trámite legislativo.

ES RESOLUCIÓN

La Cámara de Diputados de la provincia de Corrientes también aprobó una resolución instando al Poder Ejecutivo Nacional a que arbitre las medidas necesarias para la construcción y adecuación de las obras de paso existentes sobre la RN 12, en los cruces de los arroyos Santa María, Baí, Santa Lucía, Santa Isabel y Canal Berón de Astrada, autoría de la diputada Sofía Brambilla.

“El 7 de septiembre de este año el Instituto Correntino del Agua y del Ambiente –ICAA- presentó una nota ante la Dirección Nacional de Vialidad solicitando la construcción de puentes en estos cinco cruces y la reactivación de las actuaciones existentes.  En esa presentación se señaló como prioridad la inmediata intervención sobre el arroyo Santa María donde existen antecedentes de deterioro, erosión y afectaciones territoriales y productivas desde hace varios años”, fundamentó Brambilla.

“También contamos con un antecedente concreto en el arroyo Baí. Existe un proyecto para construir un puente en el kilómetro 1132 de la Ruta Nacional 12 que cuenta con la viabilidad hidráulica y ambiental otorgada por el ICAA mediante la resolución 45723. Por eso necesitamos que se avancen con las etapas administrativas, técnicas y presupuestarias que están pendientes” agregó.

“Y por último, una nota presentada el 16 de septiembre por la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes, también ante Vialidad Nacional, que advierte sobre la necesidad de adecuar las alcantarillas y obras de arte en el tramo comprendido entre Itatí e Ituzaingó, teniendo en cuenta los antecedentes de inundaciones y sus consecuencias sobre las poblaciones, la producción y la circulación. Por supuesto, como es de público conocimiento, el fenómeno del Niño está agudizando esta crisis sobre la Ruta Nacional 12 y  para evitar problemas mayores es que este proyecto resolución insta a Vialidad Nacional a retomar las obras que ya hace tiempo tiene pendientes”, concluyó la diputada.

El diputado Norberto Ast amplió la temática, enfatizando que “la particularidad está sobre el arroyo Santa María, lugar donde emerge mucha agua. En su momento tuvo un problema serio y está desbordado. Lo pudimos ver el lunes por la tarde. También el Santa Lucía estuvo colapsado”, amplió el diputado entre otros conceptos.

“Por lo tanto, de seguir creciendo el río, el escurrimiento del agua de los campos de Corrientes por estos puente se van a ver agravados. Así que consideramos por demás importante el tratamiento de esto para que este se tome razón de ello y de alguna manera a través de los equipos técnicos de Vialidad Nacional estén en el lugar y trabajar sobre el hecho de mantener los barrancos para que no se siga socavando sobre todo la estructura de estos puentes”, enfatizó el diputado Ast.

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Agustina Porretti: “El error es mi mejor maestro; equivocarse también es parte de crear y hacer arte”

Artista multifacética nacida en Goya, Agustina Porretti hizo de la exploración y la experimentación una forma de expresión y de vida. “El verdadero arte es el arte de vivir”, sostiene. Una conversación sobre el arte como búsqueda, encuentro y posibilidad de mirar el mundo de otra manera.

Por Eduardo Ledesma 

Versión gráfica: Belén Da Costa

En el episodio 20 de Eduardo Ledesma Pregunta, hablé con Agustina Porretti. Nació en Goya y desde chica encontró en el arte una manera de mirar el mundo. Pintora, exploradora de materiales, música, artista en tránsito entre disciplinas y lugares. Durante años recorrió el país llevando sus producciones a ferias y espacios culturales, pero volvió a su comunidad con una convicción que atraviesa toda su obra: que el arte también puede ser una forma de descubrir el mundo. 

En este episodio hablamos de proceso creativo, de error, de lo que se aprende viajando y de una paradoja que ella conoce bien: que a veces cuesta más ser re-conocido cerca de casa. 

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Si tuvieras que presentarte y te preguntaran quién sos, ¿qué respondés?

Soy una persona que está a favor de no definirse demasiado para no limitarse. Es un punto de vista que también encuentra sus contradicciones, pero la vida me llevó a eso: a no definirme. Hoy tengo múltiples espacios donde trabajo de diferentes formas. Soy artista porque me siento artista, pero espero que eso no me limite, porque no soy solamente una artista.

Considero que el arte es la vida, el arte de vivir. Siempre digo que el verdadero arte es el arte de vivir. Uno va construyendo su vida en base a eso. Yo traté de no limitarme y salió todo este embrollo que soy.

Naciste en Goya y creciste entre guitarras, libros y distintas expresiones artísticas. ¿Cuándo sentiste que el arte dejaba de ser algo que te rodeaba para convertirse en algo que necesitabas hacer?

Recuerdo la primera vez que escuché sonar una guitarra. Desde muy chica, las expresiones artísticas me impactaban a un nivel que otras cosas no me generaban. Recuerdo haber visto dibujos y quedarme horas mirándolos, o encontrar discos en la casa de mis abuelos y pasarme horas escuchándolos.

Claramente, el lenguaje artístico, poético y melódico estuvo siempre en mí. Me gusta leer, me gusta escribir. El obstáculo apareció cuando terminé la secundaria y tuve que pensar qué hacer de mi vida.

Empecé a estudiar Filosofía en Goya. Curiosamente, era una de las pocas opciones que teníamos. Me enamoré de la filosofía y eso me dio herramientas para entender que, aunque existan estructuras que uno puede seguir, no garantizan un resultado exacto. También empecé a cuestionar la realidad y la forma estructurada en la que se espera que uno viva.

Dejé el profesorado porque no quería ser docente ni me veía dentro del sistema educativo. A partir de ahí comenzaron otras búsquedas.

¿Qué lugar tuvo tu mamá, que también es artista plástica, en ese recorrido?

De ella, de mi abuela y de mis abuelos recibí el amor por el arte. Pero también me encontré con una barrera: yo quería hacer algo diferente, no quería hacer lo mismo.

Mi mamá es una artista plástica profesional y muy buena. Yo siempre tuve una vara muy alta porque me comparaba con ella. Nunca fui muy buena, la verdad, pero tuve la suerte de aprender y de trabajar tanto que encontré buenos resultados.

Cuando me dicen que soy una genia, les pido que me permitan dudar de esa genialidad. Creo mucho en el aprendizaje y en el trabajo.

¿Cómo empezaste a experimentar con la pintura y con otras técnicas?

Empecé llevando cuadros a las ferias. Siempre me gustaron las ferias de artesanos. Desde chica me fascinaba ver esas cosas mágicas que hacían y que no encontrabas en el supermercado ni en ningún otro lado.

Empecé con pinceles, después exploré otras formas: pinté con esponjas, con palitos y con distintos materiales. Mi recorrido nunca estuvo atado a una sola técnica ni a una sola disciplina.

¿Qué buscás a través de esa exploración artística?

En el fondo, busco reivindicar nuestro derecho como seres humanos a dedicar nuestro tiempo y nuestra vida a cosas que nos hagan bien y nos hagan felices.

Es un tema muy sensible para mí porque salimos a la calle y vemos gente de muy mal humor. Muchas veces es porque dedica diez horas de su día a cosas que no le gustan, que no le hacen bien o que no distienden su mente.

No digo que todo tenga que ser entretenimiento. Pero hay una relación muy íntima entre encontrar lo que uno ama y poder dedicarse a eso. Generalmente, está cerca: uno escarba un poquito y aparece algo que estuvo presente toda la vida.

¿Creés que las personas no se dan la oportunidad de cuestionar esa rutina y buscar algo que les haga mejor?

Yo creo que la gente sí puede, y por eso me dedico a lo que me dedico: porque quiero dejar testimonio de que sí se puede.

También dejé trabajos seguros y fijos para andar como un velero a la deriva, sin saber qué hacer, pero segura de que había algo importante. Nuestro viaje en esta vida no es muy largo y nuestro único capital real es el tiempo.

¿Qué lugar ocupa el error en tu proceso creativo?

El error es mi mejor maestro. Mis errores han sido mis mejores maestros, tanto en cualquier técnica como en la vida.

Me pasa mucho en el espacio de pintura para niños. Me encuentro con chicos de seis años que tienen mucho miedo a frustrarse y a equivocarse. Entonces trabajo mucho sobre eso. Les digo que se diviertan y que, si algo sale mal, aprendieron y pueden hacerlo de nuevo. Tienen millones de hojas para probar hasta que les guste el resultado.

También intento explicarles a los padres que el color tiene una carga emocional y un mensaje. Si un chico quiere usar un color determinado, necesitamos dejar que lo elija. No tenemos que limitarlo diciéndole que algo debe ser de un color específico.

¿Cómo mirás los objetos y la naturaleza para encontrar en ellos algo poético, en un mundo marcado por los tiempos del reloj y la productividad?

A veces suena un poco utópico, pero no lo veo así. Hace unos días hablábamos con una amiga artista sobre el zapallo que crece en la vereda. Esa planta hace que todo el discurso de la productividad se caiga, porque nuestra conexión con la vida tiene mucho más que ver con ese zapallo que con la productividad masiva que estamos obligados a perseguir.

El ser humano tiene una historia larguísima, de la que conocemos muy poco, y seguramente nunca necesitó tantas cosas para vivir como hoy.

Tengo fe en que la humanidad va a darse cuenta, aunque sea de a poco, de que no necesitamos tanta cantidad de cosas y de que muchas necesidades son inventadas. Lo que sí necesitamos es reconocer la abundancia del mundo y compartirla.

También me conmueve ver a niños encerrados en una habitación frente a una computadora, sabiendo que tienen un mundo afuera para explorar, pintar, descubrir y cuestionarse cosas. Me preocupa que no se generen oportunidades para desarrollar el pensamiento crítico, pero no podemos perder las esperanzas.

A pesar de las dificultades de vivir del arte en el interior, nunca abandonaste ese camino. ¿Qué te pasó cuando intentaste alejarte de él?

Las veces que me vi obligada a correrme de ese espacio tan mío y tan personal, me pasaron cosas que llegaron incluso a enfermarme. Empecé a tener síntomas de depresión y enseguida me preguntaba qué estaba pasando.

Entonces me daba cuenta de que no estaba cultivando lo que amo, lo que quiero y lo que siento que voy a dejar en el mundo cuando ya no esté.

Van a quedar mis cuadros, los chicos que se acuerden de que alguna vez pintaron conmigo y quizás alguna frase que les dije. Todo eso también forma parte de lo que uno deja.

El viaje aparece mucho en tu trayectoria. ¿Qué aprendiste al estar en otros lugares?

Nací en un lugar que no tenía muchas oportunidades, más parecido a un pueblo que a una ciudad, aunque Goya hoy sea una ciudad grande. Viajar siempre fue un sueño y también una búsqueda de un lugar donde pudiera expandirme y sentirme mejor.

Encontré limitaciones al quedarme en un lugar fijo, pero también cosas positivas, como poder armar un taller. Cuando volví a Goya, sentí que necesitaba compartir con mi comunidad todo lo que había aprendido.

No creo que deje de viajar. Siento que mi cerebro se nutre de las experiencias nuevas. Con el tiempo leí sobre la neuroplasticidad y encontré una explicación para algo que yo ya sentía: hacer cosas nuevas, conocer lugares y personas diferentes, rompe la monotonía y nos mantiene activos.

Viajé por toda la Argentina durante siete años con un compañero que también pintaba. Ese recorrido fue el comienzo de otra etapa: aprender a comercializar el arte.

¿Viajar también hizo que tu trabajo tuviera más visibilidad fuera de Corrientes que en tu propia provincia?

Totalmente. Recién hace tres o cuatro años empecé a trabajar intensivamente en mi provincia y en mi ciudad, y noté una gran diferencia.

Antes no había podido dar a conocer tanto mi trabajo entre mi propia gente. Me fui buscando esa oportunidad y la encontré en muchos lugares. Pude aprender, mejorar mi técnica y, cuando volví, empecé a sentir todo ese amor y esa retroalimentación de la gente.

Yo amo Corrientes. No hay persona con la que me cruce a la que no le diga que tiene que venir. Pero en su momento no había conseguido ese lugar para mi trabajo. Viajé y volví a Goya durante la pandemia.

¿Te fuiste de Goya sintiéndote expulsada o fue una decisión para buscar otras oportunidades?

Yo amo volver a Goya. De hecho, tengo dos eventos que hago sí o sí todos los años y ahí me encuentro con mis clientas de siempre.

También me voy a trabajar durante las temporadas de verano a Uruguay y, en invierno, he trabajado toda la temporada en Brasil. Viajar sigue siendo parte de mi vida, pero volver a mi ciudad es algo que disfruto mucho.

¿Qué descubriste en el vínculo con las personas que pasan de ser espectadoras a convertirse en tus clientes?

Es muy lindo porque se produce una conexión emocional. Lo que hago es compartir un momento con la gente. Me apasionan las historias de las personas y conocer sus experiencias.

Mientras pinto, yo sé lo que puedo mostrar desde mi lado. Pero cuando termino el cuadro y levanto la cabeza, me encuentro con personas que tuvieron su propia experiencia a través de lo que vieron.

Ahí se termina de completar el contenido artístico. Es como un libro: uno lo escribe, pero cuando alguien lo lee, la obra termina de cumplir su función. El arte es eso. Si no hay alguien del otro lado que lo mire, especialmente con amor y sorpresa, la obra no termina de concretarse.

¿Qué aprendés vos de esa experiencia compartida con el público?

Aprendo a soltar el control, que es muy difícil.

Mi técnica es una técnica de manchado. Tengo que ir fluyendo con lo que la mancha me dice. No sé exactamente qué voy a terminar haciendo. Conozco los pasos de la técnica, pero después lo que sale es un poco como la vida: uno hace sus planes, pero termina pasando lo que pasa.

¿Qué sentís cuando alguien se lleva una obra tuya? ¿Se va también un pedacito de vos?

Sí, siento que ahí está un pedacito de mi vida y ojalá esté resguardado donde vaya.

Cuando era chica, tenía cuadros en mi casa y los miraba pensando quién los habría pintado y qué habría detrás de ellos. Me parecía fantástico. Por eso me gusta pensar que alguien puede llevarse una obra y sentir que encontró un tesoro.

Recuerdo una experiencia en la Fiesta del Lago, en El Calafate, donde trabajé durante cuatro o cinco años. Un grupo de turistas asiáticos se acercó a mirar cómo pintaba. No entendía muy bien lo que me decían, así que una chica me ayudó a traducir.

Me preguntaron si había viajado a Asia porque los paisajes que pintaba les recordaban a los de allá. Se quedaron, me filmaron y al día siguiente volvieron para que siguiera pintando. Compraron muchos cuadros y me explicaron que, en su lugar de origen, era difícil encontrar personas que hicieran obras de esa manera y que por eso las valoraban mucho.

Ahí entendí que el éxito también es encontrarte con alguien que diga: “¡Guau, me encontré este tesoro!”. Y ese tesoro puede ser un cuadro.

¿Qué dificultades encontrás para que el arte sea reconocido y pueda sostenerse económicamente?

El arte es algo muy complejo y no tiene reglas únicas. Pero el arte que circula y es reconocido económicamente tiene reglas de mercado, y a los artistas nos cuesta mucho incorporarnos a ellas.

A veces parece que, si no comprendés ese juego, no sos artista. Pero eso es mentira. Sí somos artistas. Corrientes está lleno de artistas.

¿Qué significa para vos crear delante de la gente, en lugar de hacerlo a solas en tu taller?

Es un experimento social constante. A mí me encanta la física y hay un experimento del que me gusta hablar por el peso que tiene la mirada y cómo puede influir en lo que observamos.

Cuando me expongo a pintar delante de la gente, siento muchísimas cosas a partir de esas miradas. Pueden ser miradas de cariño, de amor, de sorpresa o incluso de rechazo.

Hace quince años que pinto delante del público y todavía es un trabajo intenso. Cada cuadro que pinto frente a la gente es como un vértigo. Cuando termino, siento alivio y puedo mostrarlo. No siempre sale bien, pero también puedo mostrar eso.

Es un entrenamiento para hacerte fuerte ante la mirada del otro.

Trabajás con chicos. ¿Qué te gustaría que un niño descubriera por primera vez al acercarse a un material o a un espacio artístico?

Tengo un concepto: todos nacemos artistas porque la capacidad creadora es innata en el ser humano.

Lo que más me interesa de trabajar con niños es que reconozcan su naturaleza creadora, que sepan que son creadores y que nadie puede limitar ni juzgar si algo que hicieron está bien o mal.

Puedo poner un pedazo de pegamento, un ladrillo y cualquier otra cosa, y con eso crear. No tiene sentido juzgarlo con esas categorías. Crear es algo innato, pero también es algo que el ser humano necesita. Me gusta que los chicos reconozcan que tienen ese poder creativo.

¿El arte se puede enseñar?

El arte se puede transmitir, enseñar y aprender, pero también tiene que ver con el gusto. Si a vos te gusta el deporte, ese es tu arte. Si te gusta la cocina, ese es tu arte. Si te gusta ser enfermera, ese es tu arte.

La vida es un arte porque el verdadero arte es vivir. Los artistas nos especializamos en formas no convencionales de vivir.

¿Qué buscás transmitir a través de tus pinturas?

Se pueden sentir muchas cosas a la vez. Lo que más siento que transmito es la intensidad que tiene la vida misma, que es fugaz. Un cuadro se hace en unos minutos: es un instante, y esa fugacidad representa también la intensidad de la vida.

Hay otro mensaje que para mí es muy importante: yo hago esto con pintura, los dedos y un trapo. No necesitamos mucho, no necesitamos tanto. Necesitamos confiar, ser creativos, ser creadores y no ponernos límites.

Cuando estoy en una feria y digo que estas pinturas están hechas con los dedos, muchas personas no me creen. Entonces les muestro que sí se puede. Me hace feliz ser quien le demuestra a otra persona, por primera vez, que algo es posible.

Para mí, esa es una de las funciones del artista y también del filósofo: cuestionar los conceptos, sacar algunos límites y permitirnos vivir con más intensidad.

Si tuvieras que elegir una sensación que te gustaría que alguien experimentara al mirar una obra tuya, ¿cuál sería?

Me gustaría que sintiera esa intensidad y esa fugacidad de la vida, que pudiera vivirlas de esa manera. Pero también que entendiera que no necesitamos tantas cosas para crear. A veces alcanza con confiar, probar y animarse a hacer algo distinto.

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Hugo Scofano: “Quiero que Amandayé siga siendo un espacio de creación y respeto por el escenario”

Músico, cantante y guitarrista correntino, Hugo Scófano es uno de los fundadores de Amandayé y hoy encabeza una nueva etapa del grupo. A 28 años de su creación, habla de la identidad que permanece, de los cambios y del desafío de transmitir una forma de hacer música.

Por Eduardo Ledesma 
Versión gráfica: Belén Da Costa

Músico, cantante y guitarrista correntino, uno de los fundadores de Amandayé, el grupo que desde 1998 renovó el chamamé con un trabajo de armonías vocales que no tenía antecedentes en el género.

Este sábado 3 de octubre celebraron 28 años en el Teatro Vera. Hugo Scófano es hoy el único fundador al frente de una nueva formación, y lleva ese peso con la misma convicción con que empezó: crear, no custodiar. En esta charla hablamos de lo que queda del espíritu original, de lo que cambia y lo que no puede cambiar en Amandayé, y de qué se celebra realmente cuando un grupo llega a casi tres décadas de trayectoria.

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¿Quién sos, si tuvieras que presentarte más allá de tu trayectoria musical?

Exactamente lo que vos habías dicho: una persona que transitó la vida a través de la música.

¿Es imposible para vos pensar la vida sin la música?

Sin la música, si. Pero la música trae aparejado todo el resto.

¿Y qué es todo ese resto para vos?

Es lo que uno sube a un escenario para llevar algún mensaje y recibir, a cambio, el afecto de la gente. Es un ida y vuelta. Al final, lo que más te lleva es ese encuentro con la gente y el cariño que se mantiene. Creo que eso ensancha el alma y te da ganas de seguir. Sobre todo ahora que estamos reposicionando al grupo y trabajando con gente joven. Yo ya estoy con ganas de teñirme todo porque la estoy pasando muy bien.

Amandayé tiene algo particular: no solamente suma músicos jóvenes, sino que también busca llegar a un público joven. Al mismo tiempo, está el público que los acompañó desde aquella época de Pocho Roch, Canto Raigal o Renacer. ¿Qué aprendiste de esos caminos para que todo eso confluyera después en Amandayé?

La música te da muchísimas posibilidades. Podés agarrar una guitarra y ser solista, mantener tu ego arriba, o bajar el ego y compartir la música con otro. Yo estoy en esa segunda parte. Hice mucho deporte y siempre fui de los deportes colectivos. Nunca fui de los individuales. En la música me pasa lo mismo: cuando compartís, se genera un sonido único. Y nosotros insistimos mucho en la armonía vocal porque los timbres de las voces son únicos.

¿Cuál es para vos el instrumento principal: la guitarra o la voz?

La voz.

¿Y suena mejor cuando está acompañada?

Claro. Por ejemplo, Pedro del Prado y yo empezamos juntos en Nuevo Día, en la década del 70. Incluso la respiración al cantar puede hacer una diferencia. Musicalmente podés armar una armonía: una persona hace una voz, otra hace otra y otra una tercera, pero tímbricamente puede no funcionar. A veces aparece esa magia de la música. Nosotros fuimos logrando en los grupos en los que estuvimos un sonido propio, y eso se logró con Amandayé.

En 1998, junto a Pedro del Prado y Hugo Flores, dejan Renacer y forman Amandayé. ¿Qué estaban buscando para construir algo que tuviera ese sonido particular?

Había muchas cosas. Nosotros entramos con Pedro a un grupo que ya estaba armado y que tenía una identidad marcada por la línea de Montiel. Ricardo Scófano había sido bandoneonista de Montiel y Hugo Flores había estado en el Cuarteto Santa Ana. Había mucha influencia de esa tradición.

Nosotros veníamos de otro lado. Pedro es de Paso de los Libres y yo soy de Corrientes Capital. Entonces había cosas que yo no podía cantar porque no me las iba a creer nadie. Yo soy citadino, soy de la ciudad.

Y ahí apareció algo muy importante: el respeto por la identidad. Yo no me iba a poner una ropa que no sintiera. Por suerte, en el camino apareció Pocho Roch, que me hizo entender que no necesitaba hacer eso: tenía que contar mi propia historia.

¿Sentías que estabas impostando una identidad que no era la tuya?

Claro. La gente que hizo esas cosas las vivió. Nosotros no teníamos esa vivencia. Entonces, ¿por qué teníamos que hacerlo? Pocho me hizo entender que había que contar la propia historia.

Amandayé nace también con esa búsqueda de la armonía vocal. ¿Eso fue aprendizaje, recorrido, técnica?

Sí, hay técnica. Cuando estábamos en Nuevo Día, éramos todos jóvenes que estudiábamos en universidades. Había un entrerriano, Rodolfo Tisocco, que era barítono; un santafesino, Boratti, que era bajo; Pedro, de Paso de los Libres; y yo, de Corrientes. Éramos universitarios y ahí empezó todo.

En ese momento estaba de moda cantar en armonía. Estaban Zupay, Opus 4 y otros grupos con otro repertorio. Nosotros hicimos algo distinto: chamamé a cuatro voces. Y hoy no veo una propuesta así en la gran cartelera de la Fiesta Nacional del Chamamé.

¿Por qué creés que no sucede?

No sé. Yo pensé que íbamos a dejar un camino, que la gente iba a recordar esa propuesta, pero no sé por qué no la encararon otros.

¿Puede tener que ver con la complejidad de la formación?

Sí, es muy complejo. Nosotros hacíamos, por ejemplo, “La Calandria” a voces. Era una rearmonización sobre algo muy conocido, que normalmente se tocaba con bandoneón, pero nosotros lo hacíamos a voces.

Y teníamos el atrevimiento de la edad: teníamos 20 años. Abríamos festivales y la gente esperaba el acordeón, el sapucay, y aparecíamos cuatro locos con los micrófonos y las guitarras abajo. Entrábamos cantando a lo Martín Fierro. Nos preguntaban: “¿Y no tocan la guitarra?”. No. Hacíamos “La Calandria” a voces, “Kilómetro 11” a voces.

Se generaba una tensión porque el público estaba esperando otra cosa. Y nosotros decíamos: bueno, o viene el aplauso o viene el primer sillazo. Pero nos jugábamos. No buscábamos el aplauso fácil.

Nombraste varias veces la edad. ¿Qué queda de aquel Hugo Scófano de 1998, fundador de Amandayé, y qué tuvo que cambiar con el paso del tiempo?

Pasaron las comodidades. Cambió el método de trabajo. En los arreglos de guitarra estábamos tranquilos porque teníamos a Pedrito, que sabía exactamente dónde estaba cada uno. En la armonía, en cambio, todos teníamos voz y voto porque conocíamos el ámbito en el que estábamos trabajando.

Ahora me tocó asumir un lugar diferente. Nunca me gustó pensar que en un grupo había un director, aunque siempre hay alguien que, de manera intrínseca, cumple ese rol. Cuando decidimos continuar con Amandayé, primero nos preguntamos qué hacíamos. Yo podía dar por terminado el ciclo.

Ahí pasaron varias cosas: primero se fue Hugo Flores y después murió Pedro. ¿Cómo se complicó la continuidad del grupo?

También se enfermó Piri Aráoz, Alejandro Aráoz, que se había sumado a Amandayé. Él cambió la voz y aportó otra sonoridad.

La característica del Amandayé original era que éramos tres personas que podíamos cantar como solistas y también armonizar. Tener tres personas con una voz identificable era una característica muy importante.

Llegaste a una esquina en la que había que decidir si cerrabas o seguías. ¿Qué hiciste?

Sí. Nosotros todavía seguíamos con el impacto porque lo de Pedro no lo esperábamos. Pero también hay que estar preparado.

Cuando se fueron los Flores, Rodolfito, que estaba en la formación inicial y tocaba el bajo, también se fue. Y quien lo reemplazó fue mi hijo, Julián, hace 12 años. Por eso tampoco estamos hablando de una formación completamente nueva. Julián es el más antiguo de esta formación. Agustín Monzón, en el acordeón, está hace diez años y empezó con nosotros a los 17.

Entonces, el grupo no se derrumbó. Había gente que ya había puesto el hombro durante mucho tiempo.

¿Qué te pasó a vos en ese momento? Porque decís que por un momento pensaste: “Hasta acá llegué”.

Depende de cómo te pegue. Yo dejé que fluyera, pero también estaba la preocupación por los chicos.

Cuando se fueron los Flores, a Pedro le impactó porque éramos amigos de toda la vida. Pero el motivo era válido: él quería tocar con sus hijos y me parecía bárbaro.

Después apareció Piri. Me dijo: “Yo sé todas las armonías, tengo el auto con nafta, vivo a 100 kilómetros, cuando ustedes me digan voy con mi cuadernito”. Y así aparecen las personas.

Cuando Pedro se interna, entra Facundo Rodríguez, un gran guitarrista, como diciendo: “Yo estoy”. Cuando Agustín se va de gira por Europa, aparece Sebastián Flores, el hijo de Nini Flores.

Siempre encontramos gente dispuesta a que esto continúe. Yo no iba a ser el tipo que tirara el ancla. Y todavía tengo ganas de subirme al auto, viajar y cantar.

Está también tu hijo Julián. ¿Cómo se transmite una identidad sin imponerla? Porque hay una sonoridad que hay que respetar si querés seguir siendo Amandayé.

La comparación era inevitable. Y más cuando salimos con esta nueva propuesta en la Fiesta Nacional del Chamamé. Había una presión extra: “A ver qué hacen estos”.

Hay gente que conoce todas nuestras costillas y la comparación iba a ser inevitable. Por eso mi propuesta fue mostrar cosas que habíamos grabado en discos de amigos y que nunca habíamos cantado en vivo.

Aparece “No llores, sauce” y también una deuda enorme que teníamos con Mateo Villalba, que nos regaló un tema llamado “Amandayé” y que nunca habíamos hecho en vivo. Les fui planteando esas canciones porque de esa manera no podían compararnos con la otra formación: nunca las habíamos cantado con aquella formación y ahora son nuestras.

Hay clásicos de Amandayé que no podés sacar del repertorio.

Claro. Hay cosas que no se pueden sacar porque la gente las tiene en la memoria del oído. Pero ahí aparece la habilidad de los chicos y la formación que tenemos. Por ejemplo, se retocó la partitura con arreglos sencillos para que esas canciones sean de este momento.

Hace un tiempo dijiste que no querías que Amandayé fuera un grupo de covers ni un tributo, sino un espacio de creación. ¿Qué significa eso hoy?

Y se está dando. Es lo que siempre hicimos. El grupo siempre fue un lugar de aporte.

Yo tengo el repertorio completo escrito. Cualquiera que lee música puede recibir su parte y tocarla. Pero eso no alcanza. La idea es confiar muchísimo en esta nueva generación porque yo ya estoy pasando la vara.

Porque aparece el alma. La técnica puede ser perfecta, pero hay algo más. ¿Qué lugar tiene eso en el proceso creativo del grupo?

Claro. Si no sentís, no me cree nadie. Puedo ser el mejor técnico tocando la guitarra, pero si no le pongo sentimiento soy una maquinita.

Y veo cómo los chicos se están soltando. Mi hijo se formó musicalmente acá en el Instituto, tiene su propia propuesta y también tiene una banda de rock. Con nosotros no quería cantar, aunque siempre cantó. Ahora canta y propone arreglos.

Agustín también participa de los arreglos. Cuando nosotros armábamos las armonías, él estaba con el acordeón, pero tenía una ventaja: tiene la armonía en los botones. Entonces sabía qué estábamos armando y ahora propone otras formas de rearmonizar.

Eso también los incentiva a ser parte de los arreglos y de las propuestas.

Yo no soy compositor. No porque no tenga cosas que decir, sino porque respeto mucho al poeta y me siento cómodo cantando cosas de amigos que están quedando pocos.

Nos quedan obras de Mateo, algunas cosas de Mario, material que nos mandó Marily Morales Segovia y también mucho de Cacho Tito Gómez. Hay todavía material para trabajar.

El 3 de octubre van a celebrar los 28 años de Amandayé en el Teatro Vera. ¿Qué prepararon para esa noche?

Vamos a celebrar el cumpleaños haciendo un repaso por la historia. Y los cumpleaños siempre son con amigos, así que va a haber invitados que tuvieron que ver con nosotros y otros que quizás no sean tan conocidos por el público, pero siempre estuvieron.

Van a venir amigos de Formosa y va a ser una noche de encuentro. También invitamos a amigos con los que compartimos épocas con Pocho y que aceptaron estar.

Va a ser una gran amigada, pero con gente que tiene que ver con nuestra historia y con todo esto que estamos hablando.

Después de casi tres décadas, ¿hay todavía algún sueño personal con Amandayé que tengas pendiente?

Sí. Nosotros tuvimos una experiencia muy linda cuando viajamos afuera y me parecería muy lindo repetirla. Una cosa es contarles a los chicos esa experiencia y otra es que ellos la vivan.

Creo que el grupo está nuevamente a esa altura. Agustín no esperó ese momento: armó su gira, agarró su acordeón y se fue. Y eso es muy necesario porque volvés renovado, traés otra cosa.

También te sentís como alguien que está transmitiendo una cultura. Y con más experiencia eso se siente todavía más.

Tenemos pendiente una invitación de nuestros hermanos paraguayos, el Grupo Generación, para hacer un teatro en Asunción, en el Teatro Municipal. Ellos son uno de los grupos más importantes de Paraguay y no pudimos devolver esa invitación por la pandemia.

También queremos traerlos al Vera, pero creo que tiene que ser una noche especial, un verdadero encuentro.

Facundo, que estuvo un tiempo con nosotros, estuvo tocando con Yamandú Costa por toda Europa. Ahí aparece otro vínculo con Brasil. Yo me imagino todas esas cosas puestas en un escenario. Eso sería una verdadera integración.

¿Quiénes forman hoy Amandayé?

Está Julián, mi hijo; Agustín; Diego Flores, de Curuzú Cuatiá, en guitarra; y también percusión, batería, teclado y guitarristas invitados.

Agustín tiene un grupo de amigos que se juntan y pueden llegar a ser seis acordeones tocando juntos y armonizando. Son todos chicos de la misma edad y muy talentosos.

Creo que esa es la verdadera renovación.

¿Qué te entusiasma de esa nueva generación? Ustedes tuvieron otra manera de aprender y escuchar música. Estos chicos tienen otra formación y otra cabeza. ¿Qué te pasa frente a eso?

Me entusiasma y me alegra muchísimo. Hemos trabajado con gente que creía que sabía música y, en realidad, se perdía tiempo. Cuando manejás un lenguaje musical así, todo es rapidísimo. Hay cosas que ya se saben y fluyen.

Es como un buen número nueve en el área: sabe qué hacer. El músico también. Y toda esta generación viene muy preparada. Creo que eso le hace bien a la música popular.

¿Sentís que esta formación puede darle otro vuelo a Amandayé?

Sí. Creo que Amandayé puede dar un plus más. Sobre todo de mi parte. Todavía tengo ganas. Ya no quiero dar por terminado esto, aunque también siento que dedicarle la vida a esto ya fue una etapa enorme.

Pero no quiero hacer todavía la raya.

El chamamé fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y tiene una fuerte presencia regional. Además, hay nuevas generaciones que están apareciendo. Desde tu experiencia, ¿cómo ves el presente y el futuro del chamamé?

Nosotros vamos a estar en un ciclo que se llama “Latido de Chamamé”, que fue muy bien recibido por la gente de Cultura. Nos dieron una sala desde mayo hasta noviembre, una vez por mes, para mostrar a mucha gente que viene con entusiasmo.

Nosotros habíamos pedido octubre por el cumpleaños y me parece muy importante tener presencia en el Vera, pero también compartir con la gente que viene tratando de mostrar lo suyo.

Lo que me entusiasma de esta nueva generación es la preparación que tiene. Creo que en algún momento van a tener su propia historia para contar y ese va a ser el próximo salto.

A nosotros nos enamoraron las historias. Con el tiempo empezás a recorrer el camino de Santa Rosa, los lugares que nombra el chamamé, y te das cuenta de lo grande que es nuestra música y de la variedad que tenemos.

Más allá de los poetas que ya conocés, ¿seguís encontrando cosas nuevas para leer y cantar?

Sí. Me pasa que me perdí un poco con la parte de los poetas. Terminó Zini, terminó Don Juan Carlos y nos queda Cacho González Vedoya.

A Cacho le voy a decir públicamente que nos debe el “Amandayé”. Pocho Roch y Cacho González Vedoya fueron los autores del nombre. Pocho no solo nos propuso el nombre, sino que nos regaló una canción.

Mateo Villalba también nos hizo una canción que se llama “Amandayé”, que grabamos en un disco suyo y que ahora estamos incorporando a nuestro repertorio.

Nos falta la visión de Cacho González Vedoya sobre Amandayé. Pocho nos dijo que era “ama lluvia, ndayé”, es decir, lo que dice la lluvia poéticamente. Cacho, en cambio, dijo que Amandayé era una reunión o junta, según el diccionario guaraní.

Entonces, lo que estábamos haciendo nosotros era justamente eso: una reunión o junta de gente que toma decisiones. “Ustedes están haciendo un Amandayé”, nos dijo. Y ese fue el nombre.

Cacho había quedado en hacernos un poema sobre Amandayé porque también fue quien nos puso antes el nombre Canto Raigal. Venimos de una historia.

Y de lo nuevo, creo que todavía está esa llama prendida. Ahí están todos los chicos nuevos, con sus inquietudes.

Si mirás al Hugo Scófano que empezó mucho antes de Amandayé y que hoy está celebrando 28 años con el grupo, ¿qué le dirías a ese joven que anduvo buscando su camino con la música?

Mi viejo me acompañó a estudiar música. En casa me habilitó ese camino y yo hice lo mismo con mi hijo. Cuando empezás a jugar con la guitarra, él decía: “Esto se estudia”. Y me buscó un profesor.

Nunca fue el objetivo que yo acompañara a mi hijo para que tocara. La música me fue sorprendiendo. Después tomás conciencia de que viniste para algo: por algo tenés afinidad con la música, por algo tenés una voz para decir. Y creo que ahí está a lo que vinimos.

La verdad, no me arrepiento. No me arrepiento de haber dejado una carrera universitaria. Tengo una familia hermosa y nunca mezclé la construcción de mi familia con la parte profesional de la música de una manera que pudiera desviarme.

Cuando me dediqué, nunca lo tomé como un hobby. Siempre encaré las cosas pensando: si vamos a hacer algo, vamos a hacerlo bien. No a medias.

Y, sobre todo, siempre tuve respeto por el escenario. No subir sin saber la letra, sin saber la armonía. El escenario es sagrado.

Para mí, cada escenario es un desafío, pero no entro tenso: entro a pasarla bien, con el respeto que implica estar ahí. Yo estoy llamando a la gente para que me escuche. Entonces, el silencio se gana y el aplauso se gana.

No sueño con ser una estrella. Con que nuestra música sea respetada, se escuche y pueda servirle a alguien, para mí alcanza.

Hay gente que me cuenta que se casó con una canción nuestra. Otros me dicen que pusieron un disco y terminaron emborrachándose. Lo importante es que no pasó desapercibido. Causó un efecto.

Y hoy, transitando el año 28 de Amandayé, sigo sintiendo que la vida continúa. Quiero apostar mucho a esta formación, aunque algún día yo no esté. Quiero dejar andando la calesita para que ellos la agarren y aprendan lo que es un grupo.

Porque la armonía no está solamente arriba del escenario. También está abajo. Primero hay que trabajar los egos y después trabajar con las personas.

Nosotros cuidamos mucho el entorno y que la persona que comparte nuestro espacio no traiga problemas. Esa armonía está nuevamente fluyendo en el grupo. Cuando viajamos también se nota y eso después sale arriba del escenario.

Veo que en esta generación hay mucha gente buscando su nicho, tocando con distintos grupos. Quizás son más prácticos que nosotros, pero creo que no se puede lograr todo siendo solamente sesionista.

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Eduardo Perna: “Un paciente que consulta a tiempo puede acceder más rápido al tratamiento de un infarto en Corrientes que en Buenos Aires”

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

Médico egresado de la UNNE, jefe de la División de Insuficiencia Cardíaca e Hipertensión Pulmonar del Instituto de Cardiología “J. F. Cabral” y uno de los investigadores cardiovasculares más reconocidos del país. Eduardo Perna participó en más de un centenar de ensayos clínicos y este año recibió el Premio “Rafael A. Bullrich” de la Academia Nacional de Medicina por once años de seguimiento del Registro Argentino de Infarto. 

En este episodio hablamos de ciencia hecha desde el interior, de lo que aprendimos sobre el infarto cuando dejamos de usar datos de otros y empezamos a mirar los nuestros, y de una pregunta que no es técnica sino humana: ¿Tiene las mismas chances de sobrevivir un paciente de Corrientes que uno del interior o de otra provincia?

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¿Quién es usted, más allá de su trayectoria profesional?

Yo soy un médico cardiólogo, muy interesado y muy apasionado por la medicina. Me gusta mucho la atención del paciente, el contacto con el paciente, pero también me interesa mucho la comunicación de lo que hacemos diariamente a través de la investigación en distintos aspectos, vinculándose con mucha gente y participando en muchas actividades docentes, con charlas y demás por todos lados. Son las dos cosas que realmente me provocan mucha pasión y por eso lo disfruto mucho.

Cuando uno repasa casi cuatro décadas de carrera entre la medicina, la docencia y la investigación, ¿puede identificar algún momento que haya marcado un punto de inflexión en su vocación?

Sí. Siempre les cuento a los médicos más jóvenes que cuando yo terminé la residencia es muy interesante decir que yo hice la carrera de medicina, hice mi especialidad y trabajo hace casi 40 años dentro de cuatro cuadras. Porque lo hice acá en la Facultad de Medicina, lo hice en el Hospital Escuela y trabajo en el Instituto de Cardiología. Entonces, no es necesario irse muy lejos para poder formarse y capacitarse en lo que uno desee.

Pero cuando yo terminé la residencia, mi pensamiento era: quizás no puedo escribir ni un artículo ni puedo hacer ningún análisis ni ningún trabajo.

Hay que entrenar y se va aprendiendo, hasta que en una época, cuando empezó el Instituto de Cardiología con el doctor Baraco y el doctor García, que fueron mis mentores, empezamos a trabajar en un biomarcador, que es una sustancia que uno puede encontrar en la sangre.

¿Cómo fue ese comienzo en el Instituto de Cardiología?

Exactamente. Nosotros fuimos de los primeros que fuimos a trabajar al instituto y empezamos a investigar con un biomarcador. Un marcador en la sangre que en ese momento era nuevo y hoy en día es el marcador con el cual se hace el diagnóstico de infarto de miocardio en todo el mundo. Pero en ese momento era muy nuevo.

Y a partir de allí empezamos nuestra carrera de investigación propia. Pero también participamos desde el Hospital Escuela, desde el principio, en la investigación clínica, que son grandes estudios que se hacen a nivel de múltiples países, con una estructura muy importante, y que es donde surge hoy en día la medicación que hay que usar para toda una serie de circunstancias.

¿Qué importancia tuvo el Hospital Escuela y la formación en Corrientes en ese recorrido?

Así es. Por eso yo creo que no hay que olvidarse de dónde uno se forma y de dónde uno viene. Por eso remarco esto de que la formación, por lo menos en mi caso, fue absolutamente aquí en Corrientes. Yo no soy de Corrientes, nací en Santa Fe, pero siempre estudié acá.

Yo creo que nosotros tenemos una Facultad que forma excelentes profesionales. La residencia en ese momento no era fácil, pero la pudimos hacer sin ningún problema. Y después el Instituto de Cardiología abrió puertas también, porque hay que pensar que cuando empezó puso gente muy joven como una apuesta al futuro.

¿Qué significa para usted que el Instituto de Cardiología se haya convertido en un referente nacional e internacional?

Absolutamente. Vos sabés que el Instituto de Cardiología es un referente nacional e internacional, pero nacional particularmente por la característica de funcionamiento y de manejo.

Usted suele decir que nadie investiga solo. ¿Qué es el registro ARGEN-IAM ST, cómo se construyó y quiénes participan de esta investigación?

Sí. Generalmente, las investigaciones uno las puede planear de distintas maneras, pero cuando uno quiere hacer un estudio que tenga más reflejo epidemiológico de una gran región, en este caso del país, nosotros hemos participado también en registros de toda Latinoamérica. Pero de un país, primero hay que lograr un equipo, que es el que se encarga de diseñar el protocolo, de armar una estructura sobre la cual se va a trabajar.

Y esa fue la tarea que nos encomendaron hace 11 años a un grupo de médicos de la Federación Argentina de Cardiología y la Sociedad Argentina de Cardiología, que son las dos sociedades que nuclean a todos los cardiólogos del país.

La Sociedad Argentina, fundamentalmente Buenos Aires; la Federación, fundamentalmente todo el país. Entonces, se decidió, y esto es una cosa muy importante, muy relevante, porque juntar dos sociedades que piensan diferente para, con un objetivo común, fue un gran desafío.

Trabajamos en el diseño y, en la primera etapa de este registro, se hizo un relevamiento de las unidades coronarias que había en el país, para tratar de lograr una cobertura de todas las provincias, porque, si no, no iba a ser representativo. Y en eso hay que convocar a la gente, plantearle, cuando ya el protocolo estaba completo, el diseño para hacer la primera etapa del registro. Te mostró una foto de cómo estaba la situación.

Y a partir de ahí se decidió hacer un registro continuo. En las etapas van cambiando. Nosotros participamos fundamentalmente en la etapa inicial del diseño de protocolo. La doctora Macín, que es la otra representante de Corrientes, está involucrada en la segunda etapa, pero nosotros somos meros representantes de muchos investigadores que han pasado por aquí.

Pero es importante, porque dentro de los autores principales hay dos representantes del interior y los dos son de acá, de Corrientes.

¿Qué fue lo más importante que descubrieron al analizar durante 11 años esa cantidad de datos sobre los infartos en Argentina?

El primer hecho relevante es saber qué se hacía en el infarto. Porque cuando vos escuchabas presentar el infarto con elevación del ST, muchos pueden estar preguntándose qué es eso. O sea, que hay otros tipos de infarto. En realidad, el infarto con elevación del ST es el infarto más típico. Es el que sabemos cuando se tapa una arteria coronaria, en general porque hay un accidente dentro de la arteria que la obstruye.

¿Cuál es el tratamiento? Tratar de destaparlo. Y hay dos formas de destaparlo. Una de ellas es con una medicación que se llama trombolítico. ¿Por qué?

Porque rompe el trombo.

Y el otro es una angioplastia primaria que requiere más complejidad: entrar a una sala de hemodinamia, identificar la arteria y destaparla.

Entonces, no sabíamos con exactitud qué pasaba en el mapa de la Argentina con realizar esos procedimientos. Entonces, el primer aporte que hizo es demostrar que un alto porcentaje de los pacientes reciben alguna estrategia para destapar la arteria. Esa estrategia puede ser la angioplastia primaria, que es la que predomina, pero también está la trombólisis.

El segundo aspecto es que, para que destapar una arteria en un infarto sea útil, es importante el tiempo. Entonces, uno tiene que tener un tiempo desde que empieza el dolor hasta que el paciente recibe un tratamiento y se destapa la arteria. Eso se llama tiempo hasta el balón o tiempo hasta la aguja, que es poner el trombolítico. Y eso vimos que eran tiempos muy prolongados.

Entonces, eso fue una alerta para decir: tenemos que intervenir de alguna forma para que el paciente vaya precozmente a la consulta.

Hay días nacionales del dolor precordial, en donde hacemos una alerta en las sociedades científicas, por lo menos en la Federación Argentina de Cardiología, sobre la alerta del dolor, la consulta precoz, no esperar.

También eso generó la noción de que para mejorar hay que usar las redes de infarto, y en eso Corrientes también es pionera, porque nosotros tenemos desde hace varios años un convenio entre la Sociedad Correntina de Cardiología y el Ministerio para desarrollar la red de infarto.

Y esa red de infarto empezó a funcionar aproximadamente antes de la pandemia. Empezó a uniformar la estrategia de manejo del infarto en nuestra provincia, de tal manera que hay centros principales, como el Instituto de Cardiología, que tiene angioplastia; un centro en Goya; hay nodos y hay centros subsidiarios.

Cada uno de esos centros va consultando a los nodos para acortar los tiempos. Uno decide: si un paciente está muy lejos para una angioplastia, le hace el trombolítico. Y, si está cerca, lo deriva rápido. Eso también logró mejorar el manejo de estos infartos.

¿Qué aportó tener datos propios de Argentina y Corrientes, en lugar de depender solamente de información de Estados Unidos o Europa?

Absolutamente, porque el hecho de saber que el foco estaba en estas dos cosas, tiempo a la consulta y de la consulta a la estrategia para destapar la arteria, hace que uno diga: bueno, tenemos que mirar porque cambia totalmente. Las guías recomiendan unos tiempos a la reperfusión mucho más cortos de lo que ocurría acá. Nosotros teníamos el doble o el triple de los tiempos.

¿Y eso también implica un mayor riesgo para los pacientes?

Exactamente. Entonces, muchas veces las guías de otros lados no son necesariamente aplicables en su totalidad a cada una de las regiones. Entonces, cada provincia analiza sus posibilidades.

Por ejemplo, logramos también que aquí en Corrientes, dentro de las drogas para destapar las arterias, el problema es que una de ellas requiere un control más estricto, a veces hay que administrarla en una hora, entonces lleva un cuidado, y aparece la opción de un tratamiento con una droga que se hace en un push, se hace en dos minutos y tiene la misma efectividad que la otra. Entonces, el Ministerio participó en lograr esa droga y en facilitarla en alguno de los centros.

Entonces, mejoró toda la estrategia. Ahora hay que ver el impacto final. Realmente, en el registro se vio que, a lo largo de los años, la mortalidad por infarto todavía sigue siendo alta y no es la reportada en los registros internacionales.

¿Ese sigue siendo el principal desafío?

Ese es el debe. O sea, lograr que estas intervenciones tengan un impacto.

Lo que pasa es que los centros que ahora están registrando son los centros de mayor complejidad, o sea, reciben los pacientes más complicados. Pero seguramente la información que ha aparecido con el manejo incluso en la red de infarto, aquí en nuestra provincia, que ya lleva casi 1500 pacientes con infarto tratados desde que se creó, es un número muy importante. Pudimos tener información que no teníamos.

Porque esto es un aspecto que quizás también es un debe, no solo de las sociedades, sino probablemente de los organismos nacionales que se encargan de manejar esto: que los infartos tengan que ser una enfermedad de denuncia obligatoria.

¿La declaración obligatoria ayudaría a evitar subregistros?

Claro. Ahora hay una normativa nueva del Ministerio que salió hace muy pocos días, este mes, que declaró a la insuficiencia cardíaca y al accidente cerebrovascular de declaración obligatoria. Entonces, eso ya es un avance en unas patologías.

¿Cuánto pesa el lugar donde una persona vive para sobrevivir a un infarto? ¿Hay diferencias entre quienes viven en Corrientes y quienes viven en Buenos Aires?

Mirá, yo hoy diría que el que nació acá en Corrientes incluso tiene más beneficio que el de Buenos Aires. ¿Por qué? Porque tiene mucho que ver el tamaño del lugar para la accesibilidad. Entonces, hoy acceder a un manejo rápido del infarto acá en la ciudad de Corrientes, por ejemplo, es muy rápido. O vas al Instituto y no estás tan lejos.

En cambio, en Buenos Aires, que es una ciudad mucho más grande, por ahí lleva más tiempo.

Tiene la logística de traslado, pero también tiene que ver un aspecto que recién se empieza a notar en las guías, que son los determinantes sociales de la salud. Y en los determinantes sociales de la salud entran aspectos culturales.

Es decir, hay gente del interior que tiene un dolor de pecho y, porque vive quizás en el campo, vive lejos del acceso, se la banca y demora, y demora y demora. Y está visto que el infarto lo tenés que tratar dentro de las primeras 6 a 12 horas para tener un impacto. Y nosotros recibimos pacientes más de 24 horas con un infarto.

¿Por qué? Porque tiene esa parte cultural.

Entonces, tenemos que llegar a esos también para mejorar. Pero aun cuando hay pacientes así, hay pacientes en las mismas ciudades que también demoran la consulta.

O que van quizás a centros que no pueden tener acceso a un electrocardiograma y se demora la derivación.

Entonces, siempre el consejo final de todo esto es: cuando uno tiene un dolor de pecho, sobre todo en el centro del pecho, que parece que le aprieta o que le da un calor, como una sensación de una plancha caliente, en una persona, te diría, más de 35 años, por lo menos tiene que levantar una sospecha de que puede ser del corazón y motivar una consulta, por no quedarse en la casa.

¿Qué le falta todavía a la red de infarto de Corrientes? ¿Hace falta más sensibilización y educación para abordar esas barreras culturales?

Así es. La red implica no solamente la recepción de los datos de un paciente. La red tiene, y esto está a cargo de la doctora Macín y el doctor Pantich, de nuestra provincia, una gran actividad educativa, no solamente hacia los médicos del interior, sino también hacia los enfermeros del interior.

Exacto. Entonces, quizás lo que hay que ampliar, que no necesariamente es de la red, pero es parte de lo que buscan las sociedades de cardiología en particular, es la difusión a la comunidad.

Y para eso creo que es relevante este tipo de programas que dan el espacio y dan el tiempo para contar esta situación, de poder llegar a la gente que quizás no sabe que hay una red de infartos.

Entonces, pero por lo menos saber esto de la alerta del dolor de pecho. El dolor de pecho es el signo fundamental. Después puede haber otras situaciones. Pero si nosotros logramos mejorar que el paciente con un dolor de pecho consulte rápido, ahí sí vamos a lograr un impacto mucho mayor.

¿Qué significa que una investigación de este nivel se haya generado en una provincia como Corrientes y que investigadores del interior hayan llegado a ese nivel de reconocimiento?

No, es que yo creo que es una construcción a lo largo de muchos años de una institución que plantó una bandera diferente de lo que ocurre. Por eso decía hoy, en la práctica, en el acervo nacional no hay ninguna institución que yo conozca con este perfil y que mantiene la filosofía.

Y en eso también no solamente importa el que lo creó, sino el que lo va manteniendo. Entonces, mantener una cultura de cómo se maneja un perfil de la institución permite las posibilidades de que los profesionales dentro crezcan.

Y entonces alcancen niveles de interacción nacional, y que vos te puedas sentar a la mesa con cualquier persona a nivel nacional o incluso a nivel internacional, y ser aceptado como un par.

Lo cual es lo que cuesta. Y para la gente del interior, nosotros lo sabemos porque hemos trabajado mucho en esto, siempre el camino es mucho más áspero que para aquel que está en lugares como Buenos Aires. Entonces, es como que uno tiene que trabajar el doble para lograr lo mismo.

¿Qué implica investigar con independencia de laboratorios, empresas privadas o gobiernos y que sea la ciencia la que guíe estos procedimientos?

Sí, es muy importante esto que vos mencionás, porque originalmente este proyecto se presentó con la búsqueda del apoyo económico a nivel nacional hace muchos años, y creo que fue justo una temporada de cambios de gobierno que motivó que lo que se había pautado no se cumpla.

Y a pesar de eso, se decidió avanzar con una inversión que en dinero no es muy importante, pero sí en trabajo.

Esto, como decía hoy, nosotros somos la punta quizá del iceberg de un montón de investigadores que involucran más de 200, 250 investigadores nacionales, que quizá su nombre no aparece, pero son los que aportan con los pacientes, con los datos y demás.

Y no hubo ningún aporte económico. Y eso realmente destaca al trabajo, porque a veces uno, si tiene un aporte para el manejo de la base de datos, para pagar al que carga la base de datos, le da un plus. Pero en este caso está hecho, yo diría, absolutamente a pulmón, con el aporte únicamente de las dos sociedades científicas.

Entonces, que la Academia Nacional de Medicina haya elegido este trabajo para el premio es un reconocimiento a la investigación absolutamente libre de cualquier influencia de una empresa o de un laboratorio, porque realmente no tuvo ningún sponsoreo, y los que hemos trabajado lo hemos trabajado absolutamente ad honorem.

Desde su experiencia en ámbitos nacionales e internacionales, ¿cómo ve el nivel de la medicina argentina y qué lugar ocupan los profesionales del interior?

Sí. Es que el médico argentino, hablo de la cardiología, pero hoy en día la cardiología está muy interesada con otras especialidades, por ejemplo, los endocrinólogos, los nefrólogos, los nutricionistas. Hay mucha interrelación.

El médico argentino es un médico que está, en mi impresión, muy bien valorado, muy bien visto en Latinoamérica. Entonces, es muy frecuente que en otros países convoquen a médicos argentinos para educación.

Entonces, de por sí, Argentina ocupa un buen lugar, yo diría un lugar destacado dentro de la cardiología y la medicina latinoamericana.

Lo que nos ha pasado es que hemos logrado que los médicos del interior estemos a la par de los médicos en otros lugares, por ejemplo, Buenos Aires, a pesar de que uno hace el doble esfuerzo, eso se equipara.

Entonces, ya no preocupa que “es del interior de la Argentina, no lo voy a llamar”. Al revés, buscan a médicos del interior para ir, y eso creo que también es algo destacable.

Y a nivel internacional no es una tarea fácil, pero Argentina participa en mucha investigación internacional. Los protocolos internacionales, los estudios de investigación internacional ya son diferentes, tienen otra estructura, pero siempre se busca a los médicos argentinos, que se destacan en distintas áreas, a participar ya no como un mero investigador, sino dentro de una etapa más alta, como coordinadores en algunas áreas.

Tenemos referentes que son de Córdoba, como el doctor Felipe Martínez, uno de los médicos más destacados, y que trabaja en la conducción de la mayoría de trabajos que han demostrado eficacia de muchas drogas.

Entonces, destaca que realmente la medicina argentina es una medicina de nivel. Hace mucho tiempo, cuando yo era presidente de la Federación Argentina de Cardiología, me preguntaron, y yo decía que la cardiología argentina es una cardiología de nivel, y yo creo que es una cardiología de nivel internacional.

¿Qué significó para ustedes participar en el Congreso Europeo de Cardiología y poder presentar una disertación en español?

Absolutamente. Tuvimos la oportunidad en el Congreso Europeo de Cardiología, que yo creo que es el Congreso de Cardiología más grande que se hace en el mundo, que convoca a más de 35.000 cardiólogos de todo el mundo.

Hemos podido participar este año, por primera vez, la Federación Argentina de Cardiología en una mesa organizada junto con la Sociedad Europea de Cardiología, y eso es un hecho destacable. Y además, la disertación se dio en español, y lo más interesante es que el salón en el cual se dio estaba lleno.

O sea, destaca que el español, que es nuestro idioma, también puede ocupar un lugar de la ciencia.

De la ciencia, aunque sea más limitado, pero es un idioma. Y participamos justamente en una discusión que tenía que ver con aplicar las guías de la Sociedad Europea de Cardiología en países latinoamericanos y en Argentina en particular.

¿Qué significó para usted recibir el Premio Rafael Bullrich de la Academia Nacional de Medicina, más allá de lo personal?

Sí. Yo creo que el premio, más allá de considerarlo al trabajo, al grupo de investigación, el registro ARGEN-IAM, que es el nombre que tiene, es un registro que tiene muchas publicaciones internacionales.

Pero yo creo que esto es un premio a la investigación absolutamente independiente de la industria, y a la investigación multicéntrica, que significa involucrar a mucha gente.

Realmente, es un trabajo muy importante lograr hacer un registro que tenga una base científica muy sólida y que brinde información sólida.

Entonces, yo creo, y lo decía en alguna oportunidad, que esto es un reconocimiento en la investigación argentina, específicamente en un área, pero es un reconocimiento a la investigación en sí y a hacer una investigación en conjunto, que es como se deben hacer las cosas.

¿Qué le diría a un joven profesional del interior que quiere investigar, pero cree que las oportunidades están afuera?

Sí. La investigación no es fácil, porque hay que dedicarle mucho tiempo. Y creo que por allí puede ser ilustrativa una experiencia que tuvimos con un médico que se formó aquí, en Corrientes.

Él intentó dos o tres veces entrar a la especialidad porque le gustaba mucho, le costó al principio, entró en residencia, después entró en Corrientes y hizo su residencia completa en Corrientes, y fue a trabajar a un pueblito en Río Negro.

Y entonces él me dice en un momento que él quería hacer un trabajo. Le digo: bueno, ¿qué tenés? Le digo: tengo una lista de pacientes que consultaron aquí, de unos 1000 pacientes desde que yo estoy acá, tengo algunos datos de ellos.

Bueno, con eso vamos a hacer una investigación.

Entonces, si uno recopila datos de manera más o menos uniforme, puede ser el primer paso para la investigación.

Y él presentó su primer trabajo y su primera experiencia en un pueblito de Choel-Choel. Muy chiquito, y fue un hecho importante, incluso para la localidad.

Entonces, creo que el hecho está en la voluntad de hacerlo, de creer que uno puede hacerlo y usar las herramientas. La Federación Argentina de Cardiología tiene herramientas cada vez más sólidas para ayudar a investigar.

Si tuviera que elegir una sola pregunta que la cardiología argentina todavía no respondió y que usted quisiera ayudar a responder, ¿cuál sería?

Yo creo que lo que falta investigar, la verdad que hay muchísimas áreas. Hay muchísimas áreas, pero me parece que lo que falta investigar es la aplicación exacta, en una población mucho más amplia del país, de las estrategias que tenemos de tratamiento.

Es decir, nosotros sabemos lo que hay que hacer, sabemos cómo hay que hacerlo, lo leemos todo el tiempo, se lo damos a los pacientes, pero exactamente cómo el paciente lo puede manejar con nuestra realidad, creo que es algo que todavía nos queda mirar. Sí, lo estamos buscando.

No es una estrategia fácil, pero me parece que es algo que uno debería tratar de profundizar, porque eso nos va a permitir entender por qué todo lo que hacemos finalmente no se refleja en los resultados de los pacientes.

Y en eso tienen mucho que ver los determinantes de la salud, de la accesibilidad, del cuidado. Entonces, eso va a permitir hacer estrategias propias.

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Avanza el proyecto de Legajo Único Digital para la Administración Pública en Diputados

La Cámara de Diputados en su sesión 16, presidida por Eduardo Tassano, otorgó media sanción al proyecto de ley de Legajo Único Digital para la Administración Pública, autoría de la diputada Ana Améndola, utilizando las tecnologías de información y comunicaciones, a fin de que las relaciones entre las personas y la Administración, como así también entre los órganos y entes que la conforman, sean canalizadas íntegramente por medios electrónicos o digitales.

Queda establecido además, la eliminación de manera definitiva al papel como soporte de los expedientes y demás actuaciones, debiendo toda la actividad cumplida en ejercicio de la función administrativa desenvolverse íntegramente a través de medios digitales o electrónicos, en la forma y de acuerdo a los plazos que establezca la reglamentación.

La diputada autora del expediente, al fundamentar la iniciativa explicó que en la actualidad uno de los principales obstáculos para una gestión eficiente de los trámites ante el Estado es la frecuente exigencia de información y documentación que ya se encuentra en poder del propio sector público. “Es una decisión de estado, no un lujo”, afirmó en su alocución.

“Este procedimiento engorroso, no solo incrementa la burocracia, sino que también obliga a los ciudadanos a peregrinar entre diversas oficinas, multiplicando la cantidad de interacciones innecesarias con el Estado y a su vez, haciendo crecer más la documentación de manera repetida”, afirmó.

“Hoy venimos a este recinto a rectificar el rumbo de transformación y modernización que nuestro gobierno provincial ha asumido, como un compromiso irrenunciable para cada correntino. Sometemos a consideración este proyecto de ley clave que cuenta con despacho favorable de la comisión, a quien agradezco el trabajo, el consenso, el trabajo en diálogo de la comisión que hemos tratado a lo largo del año en muchos de los expedientes y en particular este también, convocando especialistas, llamando a las partes intervinientes, a quienes luego van a aplicar o aplicarían, en el momento que sea ley, este proyecto. A partir de allí surge el consenso y de allí el despacho favorable”, comenzó diciendo.

“Un registro centralizado facilitará la gestión de personal y permitirá un acceso más rápido a la información frente a esta realidad, ya que establecerá criterios necesarios para la unificación de la información en las distintas bases de datos del sector público provincial, con el propósito de garantizar respuestas rápidas y efectivas a los requerimientos ciudadanos, y promover una gestión más eficiente de los recursos como también una mejor coordinación dentro del sector público”, concluyó.

RÉGIMEN DE ATRIBUTOS AMBIENTALES

En la sesión, volvió al Senado en segunda revisión, la iniciativa que crea el Régimen Integral de Atributos Ambientales y Mercados Ambientales de la Provincia de Corrientes para la identificación, medición, certificación, registro, valorización, financiamiento y comercialización de atributos ambientales, incluidos especialmente los Certificados de Carbono, promoviendo su transformación en activos económicos estratégicos, con la finalidad de fomentar inversiones productivas, atraer financiamiento climático, generar ingresos sostenibles y proteger el capital natural.

Los objetivos son la promoción del desarrollo e implementación de proyectos y programas en el territorio provincial para la generación de Certificados de Carbono y demás instrumentos de atributos ambientales; y la protección y valoración del capital natural de la Provincia de Corrientes, promoviendo su conservación y uso sostenible mediante el reconocimiento económico de los servicios ambientales que prestan los ecosistemas provinciales.

También con la futura normativa se promoverá ingresos adicionales a las actividades productivas, la conservación del capital natural y el desarrollo sostenible del territorio provincial y se pretende generar recursos provinciales que permitan fortalecer las políticas públicas ambientales y las capacidades institucionales de la Provincia de Corrientes en materia climática.

Con la normativa se establece un régimen jurídico que brinde previsibilidad y certeza legal para la generación y comercialización de los Certificados de Carbono y demás instrumentos de atributos ambientales generados en la Provincia, asegurando la trazabilidad, la transparencia y la prevención del doble conteo de los Certificados de Carbono y demás instrumentos de atributos ambientales generados en la provincia.

El diputado Norberto Ast destacó el trabajo que se realizó en las comisiones pertinentes con miembros de la Asociación Forestal Argentina –AFOA- y funcionarios del Poder Ejecutivo. En el momento de la votación, el despacho fue aprobado por unanimidad.

MEMORIAS DE PEDRO FERRÉ

Sobre tablas, también se sancionó la ley 6761 que dispone la reedición de mil ejemplares de la obra “Memoria para los Anales de la Provincia de Corrientes” de Pedro Ferré, edición original de 1921, con todos sus anexos documentales adjuntos, obra que fue encargada por el ex Gobernador de la Provincia de Corrientes Ing. Valentín Virasoro, quien fuera el nieto mayor de Pedro Ferré, a los efectos de proceder a su distribución en bibliotecas públicas nacionales, provinciales, municipales y populares; institutos terciarios, museos, etc. de todo el territorio nacional y provincial.

La reedición dispuesta lo será en soporte papel y digital, pudiendo ampliarse la cantidad de ejemplares por decreto del Poder Ejecutivo.

En sus articulados se instruye al Ministerio de Educación de la Provincia de Corrientes para que la obra en su versión digital sea incluida en las plataformas educativas, con un mensaje histórico y de futuro que indique que “las luchas que se libraron históricamente por el federalismo siguen vigentes y tienen sentido en el futuro”, constituyéndose en un material didáctico transversal, de lectura y análisis crítico, en todos los niveles educativos.

El diputado Eduardo Hardoy detalló la importancia de la iniciativa, destacando las acciones de Pedro Ferré. “Es una reedición pero también de manera digital… su visión no ha dejado de tener plena vigencia”, concluyó para aclarar que el mismo tendrá un nuevo prólogo.

“Lo que propone es una nueva reedición de estas Memorias de los Anales de la provincia de Corrientes que las escribió nuestro exgobernador Brigadier General Pedro Ferré en su exilio en el Brasil. Las mismas tratan y son tan importantes de todo lo que representó su aporte institucional a la vida de la provincia y su visión como estadista de lo que quería no solo para la provincia de Corrientes sino para la conformación de lo que después fue nuestra República Argentina”, detalló.

“Es muy importante porque deberíamos también aprovechar la oportunidad que en poco tiempo más en la provincia de Corrientes se va a realizar, en esta capital la sesión del Parlamento Norte Grande, sería importante también poder distribuir a todos los parlamentarios, a los legisladores de otras provincias estas memorias que representan no solo lo que veía Ferré en ese momento, sino lo que estamos viviendo hoy permanentemente con esta falta de federalismo auténtico”, acotó.

“Federalismo, autonomía de las provincias… la necesidad de no centralismo. Todas estas afirmaciones podrían ser el discurso de cada uno de la cámara, o puede ser el reclamo de un gobernador o de varios. O podría ser el título de una noticia, pero no son solo títulos. Son temas que planteó Pedro Ferré hace 200 años que nos sirven para dimensionar su legado”, agregó el diputado Hugo Calvano, entre otros conceptos vertidos.

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Adolfo Escobar Damus: “Con la infraestructura que tenemos en el Puerto de Corrientes podemos quintuplicar los volúmenes que actualmente estamos moviendo”

De años de inactividad a alcanzar récords históricos de carga. El director de Transporte Fluvial de Corrientes habló de hidrovía, cabotaje y del impacto de esta transformación: “Va a haber más trabajo, infraestructura y mayor inversión”, aseguró.

Por Eduardo Ledesma 

Versión gráfica: Belén Da Costa

Abogado, escribano y director de Transporte Fluvial y Puertos de Corrientes, Adolfo Escobar Damús es el funcionario en el que antes Gustavo Valdés y ahora Juan Pablo Valdés confiaron la reactivación del Puerto de Corrientes después de años de inactividad. Primero llevó la carga a récords históricos y hoy avanza en la habilitación del Puerto de Ituzaingó. 

Y en este episodio hablamos de puertos, hidrovía, reforma del cabotaje y una pregunta que no es técnica sino política: ¿Toda esta reactivación que está a la vista, le cambia en algo la ecuación al correntino de a pie? 

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Si tuvieras que presentarte y te preguntaran quién sos, ¿qué decís?

Innovador. Me gustan los desafíos, claro está. Y siempre me gusta catalogarme como incansable.

En diferentes aspectos de la vida uno va sorteando diferentes obstáculos y oportunidades. En el análisis de un problema utilizo cinco minutos para analizarlo, pero el resto del tiempo para ver para dónde podemos salir y resolver las diferentes cuestiones. Me pasa ahora que me toca tener una función pública, pero también me pasó y me pasa en la parte deportiva, cuando hago algunas actividades. Así es la vida misma.

¿En qué momento el puerto de Corrientes dejó de ser una promesa y empezó a convertirse realmente en una herramienta para industrializar nuestros productos?

Esto arrancó hace un poco más de dos años. Para ubicarlo, fue durante una visita del gobernador Gustavo Valdés a Ginebra, a la línea oceánica de MSC. En ese momento, el gobernador presentó todo el desarrollo productivo que tenía la provincia y el potencial exportador.

Nosotros estábamos viendo qué formato darle al puerto porque movíamos volúmenes muy chicos, de 10 o 12 contenedores. Estábamos evaluando hacer un mix: un puerto de carga para los volúmenes mínimos que teníamos y también un puerto turístico, donde hubiera una balsa que hiciera un paseo por debajo del puente.

Dentro de ese marco se llegó a hacer ArteCo en las instalaciones del puerto. Estaba proyectado hacer dos meses después la Feria del Libro, pero en ese momento me llamó el gobernador desde Ginebra y me preguntó qué posibilidades había de reactivar el puerto. Le respondí: “Todo puede suceder”. Entonces me instruyó para que me ocupara de eso.

Generalmente, los desarrollos portuarios tardan meses, ocho meses, un año, pero nosotros tuvimos que hacerlo prácticamente en tiempo récord.

¿Y qué hubo que hacer para ponerlo en marcha?

El puerto, para los volúmenes que manejaba, no necesitaba tener plazoleta fiscal. Hubo que hacer los trámites con Aduana para la plazoleta, diferentes resoluciones de Prefectura con respecto a la seguridad, el plan antiderrames de hidrocarburos y una serie de cuestiones.

Tuvimos que hacerlo en tiempo récord. MSC nos mandó como primera carga 135 contenedores. Para nosotros era muchísimo. Como carga proyecto, la operación se hizo impecable. A los 30 días tuvimos cerca de 180.

Volvíamos a tener valores que nosotros nunca habíamos manejado. El operador, si bien tenía experiencia, estaba innovando en volumen, dinámica, giro y en operar maquinarias que antes no teníamos.

En su momento, el puerto tuvo como último gran operativo aquel en el que la gente hacía las estibas al hombro con las bolsas. No existían los contenedores ni las máquinas que tenemos hoy. Entonces, esto era todo nuevo.

Cuando nos quisimos dar cuenta, a menos de seis meses estábamos con 480 contenedores. Era impensado para nosotros con la foto inicial.

¿Hace cuánto fue ese llamado del gobernador?

Ese llamado fue en junio; el junio pasado hizo dos años.

Hace dos años el problema era conseguir operar en el puerto y hoy están trabajando al límite y ampliando incluso el playón. ¿El éxito empieza a generar otro problema, que es que la infraestructura está quedando chica?

Sí. El mayor inconveniente, más que la infraestructura, es la escala de las barcazas. Con la infraestructura que tenemos, si tenemos una mayor escala de barcazas podemos quintuplicar los volúmenes que actualmente estamos moviendo.

En vez de tener dos escalas semanales, que es lo que normalmente podríamos hacer sin ningún tipo de sobresaltos, haríamos ocho escalas mensuales. Eso sería contrapuesto a lo que estamos haciendo hoy, por una cuestión de escala, que son de dos a tres nada más mensuales.

Con eso se generaría un mayor dinamismo de giro y de flujo interno de contenedores o de cualquier tipo de carga y podríamos estar cerca de los 2.000 contenedores mensuales, que es muchísimo.

A diferencia de otros puertos, cuando se desarrollan se hace el puerto y se sale a buscar la carga para ver qué podemos sacar. Acá la ecuación se dio diferente.

El desarrollo productivo de la provincia es tan grande y hay muchas empresas con ganas de sacar su producción a través de los puertos de la provincia que están ansiosas de que el puerto de Corrientes tenga mayor escala o de que ya esté operativo Ituzaingó para poder sacar su carga por ahí.

Eventualmente, dentro de unos meses, cuando empecemos a trabajar fuertemente con el puerto de Lavalle, va a ser lo mismo. Y cuando llegue el momento del desarrollo del puerto de El Sombrero, también.

El abanico de esta cadena logística abarca la actividad portuaria y la carga para sacar no solo de las economías de la provincia, sino también regionales.

Hoy, si bien la gran parte es derivada de la forestoindustria de la provincia, estamos sacando harina de hueso de Chaco, cuero de Chaco y palmeras de Chaco. Todo sale en contenedores con destino a Asia.

También hay un anuncio importante de poder sacar litio jujeño del NOA por acá. ¿Ya tiene fecha?

También. Estamos planificando esa carga para noviembre o diciembre.

Se arranca como carga proyecto. La empresa coreana Phantom, que es quien nuclea a diferentes minas de Jujuy, hace la coordinación y después exporta a través del puerto.

Están aguardando que una reglamentación nacional salga en los próximos días o semanas. Con esa situación se haría efectiva no solo la carga proyecto para noviembre o diciembre, sino también la posibilidad de continuar con esa operatoria.

¿Quién tiene la responsabilidad de la operación del puerto?

Una empresa privada. Hoy en Corrientes son dos: Comercial C&Q y Defiba.

¿Hacen el mismo trabajo o tienen dividido el trabajo?

Se complementan. Algunos trabajos los hacen juntos y otros por separado, pero trabajan en conjunto.

Generalmente, Defiba es la empresa que hizo la inversión más importante en el puerto con respecto a las maquinarias. Los reach stacker que levantan y acomodan los contenedores son de esa empresa.

Otras maquinarias, como las autoelevadoras —tenemos seis—, también fueron puestas por la empresa. Ellos trabajan en conjunto con respecto a la manipulación de la carga.

Entonces, ¿la Dirección del Puerto se ocupa de controlar?

Nosotros tenemos el control.

A diferencia de otros puertos, lo que busca la provincia es generar infraestructura para que los privados, a través del negocio que realizan, den mano de obra. Eso es lo que está pasando.

Cuando asumimos, hace dos años y cuatro meses, estábamos con un porcentaje de 80% de empleo público y 20% de empleo privado dentro del puerto. Hoy estamos con 10% de empleo público y 90% de empleo privado.

Toda esta reactivación generó ese cambio de matriz. Y nuestra estructura no se redujo: se amplió la otra.

Si tuvieras que elegir un número para demostrar la reactivación del puerto, ¿cuál es el que más te impresiona: toneladas, cantidad de contenedores, frecuencia de barcos, cantidad de empresas o puestos de trabajo?

El trabajo, sin lugar a dudas, es el principal.

Los volúmenes exportables no me terminan de sorprender. Muchas veces, a lo largo de este último año, pensamos que ya estábamos en el techo y claramente, mes a mes, nos dimos cuenta de que aparecía más carga.

Aparecieron exportadores del sur de Brasil queriendo sacar por Corrientes. Eso nos generó incertidumbre sobre por qué Corrientes y no otras vías que tienen ellos, pero también nos obligó a tener una visión más macro.

Ellos hicieron no solamente una evaluación de los costos logísticos, sino que en la actividad fluvial tiene mucho que ver la demora en la carga y descarga de los contenedores.

Hoy estamos a razón de un minuto cuarenta por contenedor la descarga. Es rapidísimo.

Eso también abarata el costo global logístico. Tienen previsibilidad para que el convoy, porque en Buenos Aires para llegar tienen una ventana: entran tal día, de tal hora a tal hora. No están en la fila.

¿Cambia muchísimo la ecuación para una empresa correntina poder mandar también por agua y sacar su producción de las rutas?

Tengo entendido que algunas empresas, no todas, estaban cobrando un extra por eventuales roturas que pudiesen tener en la ruta 14. Sobre todo para la carga que sale de Acon Timber y cuyos camiones van a Buenos Aires.

Es un costo extra, producto del deterioro de las rutas. Sabemos bien que no solo hay rutas deterioradas, hay otras que necesitan mantenimiento y ese mantenimiento no existe.

Y no solo es la ruta, sino también contaminación y costos logísticos. Son infinidad de factores que inciden al momento de evaluar.

Siempre en el transporte multimodal se dice que el camión es la última milla. Eso es lo que estamos buscando con todo el polo industrial que está teniendo la región, en este caso con Ituzaingó y Corrientes.

Lo que pasó hace pocos días, que llegaron contenedores con partes industriales, ¿es una excepcionalidad o buscan que también sea una característica del puerto?

Para que el puerto reciba carga de importación hay diferentes tasas nacionales que hay que quitar.

Hoy claramente la importación no está acompañada de una cuestión normativa. Pero en este caso fue una planta que estaba funcionando, estaba armada, la desensamblaron pedazo por pedazo, tipo Lego, la pusieron en contenedores y la trajeron acá.

Incorporaron también dentro de la carga una línea de producción aparte de la que tenían. Eso va a formar parte de la planta.

Nosotros todavía tenemos los contenedores porque la compañía nos informó que los iban a ir sacando progresivamente, en función de los diferentes sectores que fueran necesitando para armar la planta.

Estamos a razón de cuatro a ocho contenedores semanales, que es lo que nos plantearon.

¿Y esos contenedores los están retirando?

Sí. Nosotros tenemos un depósito fiscal donde ellos pueden tener hasta un año la carga sin problema e ir retirándola en función de las necesidades de la planta.

¿Qué necesitamos de una nueva Ley de Cabotaje para que Corrientes pueda funcionar plenamente?

El proyecto para la nueva ley ya está. Se armó y entiendo que ahora va a tener tratamiento parlamentario.

Lo que buscamos nosotros es que, producto de que no hay oferta de barcazas de bandera nacional, podamos recurrir a extranjeras. Pero eso no quiere decir que las extranjeras vengan a costa del trabajo argentino.

Lo que siempre planteamos es resolver la cuestión de fondo inmediatamente con una liberación de la bandera, para que el exportador no sea rehén únicamente de los camiones.

Paralelamente, hay que generar una política fluvial para las líneas de bandera nacional. Hoy Paraguay es la tercera flota, no porque sean los Messi del transporte fluvial, sino porque en su momento hubo mucha carga fiscal sobre las líneas de bandera argentina, que mutaron y se hicieron paraguayas.

¿Para pagar menos impuestos?

Para pagar menos impuestos y menos tasas. Los regímenes de tripulación son mucho menores y funcionan bien, con control como todo.

Lo que buscamos es que haya esa liberación: que cualquier línea de bandera extranjera o nacional pueda venir a tocar un puerto nacional y después volver a tocar otro nacional para cargar a buques de ultramar.

¿Eso hoy no se puede hacer?

Eso no se puede hacer.

Si no llenás una barcaza en Corrientes, ¿no podés parar en otros puertos hasta llenarla?

El tema no es llenar, sino que nosotros somos un puerto de aguas no profundas y la carga que sacamos acá va a diferentes lugares del mundo.

Las barcazas que cargamos no son aptas para la navegación oceánica. Entonces, la barcaza tiene que ir hasta un puerto oceánico, cargar en los otros buques más grandes y ahí recién salir.

Ese doble puerto nacional no se puede hacer hoy con la reglamentación que está, salvo que sea bandera nacional.

Hoy tenemos dos o tres convoyes de bandera nacional, lo cual para la carga de Corrientes es muy poco. Nosotros estamos necesitando por lo menos más oferta.

¿Entonces la cantidad de barcazas termina limitando cuánto puede sacar el exportador por Corrientes?

El exportador está sacando por acá lo que puede sacar en función de la cantidad de barcazas que tenemos. El resto está saliendo todo por camión.

¿El equilibrio estaría en permitir que otras firmas puedan venir a sacar la carga, pero controlando el asunto del trabajo?

Lo que planteamos es, por un lado, la liberación del cabotaje para que cualquier buque pueda venir a tocar varios puertos nacionales y, por otro lado, la quita del impuesto al combustible fluvial.

Hoy, para graficarte, viene un camión con combustible y tiene que cargar a un buque. Si el buque es de bandera nacional, el combustible se toma como consumo interno, con toda la carga impositiva que tiene eso.

Ese mismo camión se va del buque argentino, viene un buque paraguayo y se toma como exportación a tasa cero. Entonces, para el extranjero sale mucho más barato el combustible que para el nacional.

Estamos hablando de una carga impositiva de más del 45%. Eso hace difícil que las líneas de bandera nacionales puedan crecer, generar reinversión y construir barcazas.

Ya lo hablamos en su momento con Sturzenegger y con el ministro Caputo. Ellos vieron viable poder hacer la quita a los fletes fluviales.

La idea es que vayan las dos cosas juntas: que la liberación resuelva la cuestión inmediata para que las economías regionales puedan sacar su carga y, por otro lado, sacar el impuesto al combustible para que las pocas líneas nacionales puedan generar reinversión y construir barcazas.

¿Qué significa la hidrovía para Corrientes, con los puertos de Corrientes e Ituzaingó y los proyectos de El Sombrero y Lavalle?

La licitación estuvo muchos años en otros gobiernos anteriores, pero lo que nunca tuvo fue la conformación de un órgano de control.

Las empresas balizaban lo que creían conveniente, dragaban lo que creían conveniente, pero nunca se resolvía la cuestión de fondo.

Esta licitación está haciendo justamente eso. La semana que viene tengo una reunión porque se crea un ente de control para la licitación, que arrancó ayer.

Cada provincia va a tener que plantear las necesidades y problemáticas que considera sobre el tramo ribereño que le toca, y la empresa licitataria tendrá que hacer las obras y evaluar costos.

Ya hay un proyecto macro del mantenimiento de toda la red, pero la red se divide en aguas profundas y aguas no profundas.

Acá nosotros tenemos dos pasos críticos, a la altura de Empedrado y Bella Vista aproximadamente, que tampoco son tan complicados, pero sí necesitamos un balizado y una señalización más precisa.

Para la gran mayoría de los desarrollos provinciales portuarios va a servir: Corrientes y, eventualmente, cuando estén El Sombrero y Lavalle.

No así Ituzaingó, porque la licitación va desde Confluencia, desde Paso de la Patria hasta Río de la Plata. No entra Ituzaingó porque ese es un tramo binacional.

Independientemente de que esté fuera de la licitación de la hidrovía, nosotros ya estamos trabajando con el gobierno paraguayo para llegar a un entendimiento y un acuerdo.

Ellos necesitan mucho más que nosotros porque por ese tramo del Alto Paraná Paraguay saca el 60% de los granos del país. Necesitan tener una vía navegable donde puedan operar.

La última vez que hablamos faltaban algunas cosas para la autorización del puerto de Ituzaingó. ¿Qué pasa hoy con eso?

La documentación está toda presentada en la parte administrativa, ya sea en ANPyN, que es el órgano máximo portuario nacional, Aduana y Prefectura.

Estamos con obras complementarias que nos exige Aduana, como el cerco perimetral, cámaras de vigilancia con reconocimiento facial y sensor térmico, la balanza, la defensa y unos módulos de oficinas.

¿Y eso cuándo estaría terminado?

Una vez que terminemos eso, entendemos que estamos bien. Estamos esperando los módulos, que se tuvieron que mandar a pedir porque son contenedores reconvertidos en oficinas.

Son dos. La balanza se está instalando antes de fin de mes. El cerco perimetral ya está y le faltan 160 metros para terminar.

¿Antes de fin de año debería estar todo listo?

Fin de año, diciembre o enero, tenemos operativo Ituzaingó.

Cuando empiecen a operar Ituzaingó y Corrientes, ¿van a ser puertos complementarios o van a competir entre sí?

No. En un momento pensábamos que Ituzaingó iba a venir a reemplazar a Corrientes.

Fue una inquietud de la cúpula directiva de la línea oceánica MSC. En función de la demanda que tienen para sacar carga de Corrientes, creen conveniente que haya dos, tres y cuatro puertos en la provincia. Hay carga tranquilamente.

Entonces, Corrientes va a complementar lo que va a ser el nodo principal, que va a ser Ituzaingó.

Se cargará todo en Ituzaingó, en lo que el río permita la navegación, y se completará en Corrientes.

De acá a cinco años, si este crecimiento continúa, ¿qué tendríamos que ver en la provincia y en las ciudades para decir que este crecimiento es producto del puerto? ¿Más trabajo, más infraestructura?

Va a haber más trabajo, infraestructura también y mayor inversión.

Al bajarle el costo logístico a la cadena productiva y al desarrollo industrial, eso hace que las ganancias o los dividendos de las empresas se reinviertan en mayor infraestructura.

Al ser más competitivos en el mundo también se genera expansión de las plantas.

Está pasando con Acon Timber y está pasando ahora con Arpulp. Estamos trabajando con sus directivos para la planta de celulosa.

Son industrias que, si bien Arpulp va a estar operativa en 2030, hoy ya estamos trabajando con ellos en lo que va a ser la logística de 2030.

En Corrientes, si bien estamos con los movimientos, siempre estamos tratando de innovar, generar mayor certidumbre y mejorar la dinámica interna.

Producto de eso estamos generando un software de gemelos digitales. A través de ese software hacemos una imitación de la operatoria normal: entra el camión, sale, gira, baja, y tratamos de evaluar potenciales errores que pueda manifestar el software para después plasmarlos en la operatoria diaria.

Estamos trabajando en eso en Corrientes y después lo vamos a poner en Ituzaingó.

También acá en Corrientes estamos calificando para puertos verdes. En el país hay uno solo, que es Bahía Blanca, que es un puerto oceánico. De aguas no profundas no existen puertos verdes.

¿Eso implica no contaminar?

No contaminar.

Para eso, la provincia ya hizo el año pasado una inversión fuerte en tomas eléctricas en el frente de muelle. Cuando el buque llega, para no emitir mayor contaminación con los motores prendidos, se conecta a la fuente eléctrica.

También tenemos conexión de agua. Las sirenas y la luminaria de hombre al agua e incendio son todas con paneles solares.

Estamos haciendo ese proceso de ir calificando porque no solo el puerto va a cumplir esos estándares. La carga que tiene mercados internacionales, sobre todo los europeos, busca que su carga vaya a lugares que tengan este tipo de certificación.

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La Cámara de Diputados de Corrientes apoyó reclamo de Bomberos Voluntarios

La Cámara de Diputados, en su sesión 15 presidida por Eduardo Tassano, aprobó una resolución por la cual solicita al Poder Ejecutivo Nacional que, a través de los organismos competentes, garantice la efectiva transferencia y distribución de los fondos correspondientes al Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios establecidos por la Ley Nacional N.º 25.054, proyecto presentado por el diputado Hugo Benítez.

“Es un dinero que ya tiene participación el Gobierno Nacional para  volcar  a los cuerpos de bomberos de todo el país y nosotros desde este Cámara tenemos que ser los puntales para ayudar y también pedir al gobierno, como así lo está pidiendo todos los cuerpos de bomberos del país, para que se le abone el segundo semestre del año 2025 y lo que va del año 2026 ellos están haciendo muchos beneficios y demás”, detalló el diputado Benitez.

“Creemos que es conveniente hacerlo porque realmente ellos se merecen por la labor social que cumplen para todos nosotros. Creemos que tenemos que estar apoyando, así como ellos se juegan por nosotros, nosotros también tenemos que estar al lado de ellos en sus reclamos”, concluyó para la aprobación del expediente.

En el efecto, el  artículo 2 de la resolución expresa taxativamente el “acompañamiento de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Corrientes al reclamo formulado por el Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios, el Consejo de Federaciones de Bomberos Voluntarios de la Honorable Cámara de Diputados Provincia de Corrientes República Argentina y las federaciones provinciales, en relación con la efectiva disponibilidad y transferencia de los recursos que legalmente corresponden al sistema”.

El texto aprobado en la parte resolutiva también “destaca la importancia de garantizar la disponibilidad oportuna de los recursos destinados al equipamiento, mantenimiento y funcionamiento de las asociaciones de Bomberos Voluntarios, así como a la capacitación y fortalecimiento de las instituciones que integran el Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios”.

Se enviarán copias de lo aprobado al Poder Ejecutivo Nacional, al Ministerio de Seguridad Nacional, al Ministerio de Economía de la Nación, al Consejo de Federaciones de Bomberos Voluntarios de la República Argentina y a la Federación de Bomberos Voluntarios de la Provincia de Corrientes, para su conocimiento y demás efectos que correspondan.

En trámite

Por otra parte, el cuerpo legislativo avanzó con dos importantes iniciativas: una que regula las comunicaciones carcelarias, presentado por la diputada Lorena Lazaroff y otro que crea el Legajo Único Digital para la Administración Pública, presentado por la diputada Ana Améndola, los cuales tuvieron modificaciones en las comisiones y ahora pasan a “prensa”, a los fines de ser puestos a consideración del cuerpo prontamente.

Cabe remarcar que también se aprobaron una serie de Declaraciones de interés a distintos eventos y celebraciones provinciales.

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Marcelo Roselli Majul: “Antes que compañeros de música, Los Alonsitos somos una familia que aprendió a conocerse profundamente”

Marcelo Roselli Majul repasa más de cuatro décadas de Los Alonsitos, entre la familia, el trabajo y la búsqueda de un sonido propio. “Aprendimos a conocernos y a tomar decisiones que nos hagan felices musicalmente”, aseguró. 

Por Eduardo Ledesma 

Versión gráfica: Belén Da Costa

Cantante, guitarrista y compositor. Marcelo Roselli Majul fundó Los Alonsitos en 1985 cuando todavía era un niño, y desde entonces su vida entera quedó ligada a esa formación. Cuarenta años después, el grupo acumula más de una docena de discos, los reconocimientos de Cosquín y escenarios en Argentina, Latinoamérica y Estados Unidos. 

En este episodio no hablamos solo del éxito: hablamos de lo que se sacrifica para llegar, de cómo se sostiene durante cuatro décadas una convivencia artística entre hermanos y amigos, y de una pregunta que pocas veces se hace: ¿Quién es Marcelo Roselli sin Los Alonsitos?

Si yo te pregunto quién sos, ¿vos qué me decís?

Uh, qué difícil. No sabía que venía con tanta profundidad. No sé, yo soy un agradecido a la vida, un enamorado de la posibilidad que tuve de vivir de lo que amo en un país donde cuesta tanto que uno pueda desarrollarse como persona y mantener a su familia haciendo lo que a uno le gusta. Somos muy pocos, creo yo.

Además, si te gusta la música, que es como un adicional. Música, deporte, fútbol, arte, lo que te guste. Es muy difícil porque muchas veces tenés que aprender otro oficio o estudiar algo que no te gusta porque sabés que con eso vas a poder trabajar, sustentar tus necesidades.

A nosotros se nos dio todo desde muy chicos y jugando. Con Los Alonsitos, en el año 85, yo tenía 11 años y Ariel y Marco, 8 y 9. Luis tenía nueve. Luis no es el iniciador de Los Alonsitos, eso es algo que debo corregirte.

Marco, Ariel y yo comenzamos Los Alonsitos el 3 de mayo del 85 y Luis se sumó para octubre. Ahí lo vimos tocando con su guitarra en el Colegio Salesiano, cantando solo. Nosotros éramos dos acordeones y una guitarra; nos faltaba un guitarrero.

Le propusimos y le encantó, más al papá que a él: a Roberto Moulin, que es súper chamamecero y tradicionalista. Rapidísimo se incorporó. Entonces Luis empezó a caminar con nosotros desde octubre del año 85 hasta que cumplimos 25 años. Luis anduvo 25 años con nosotros y ahora estamos recorriendo los 41 años, o sea que hace 16 que también se bajó del barco.

¿Qué recordás vos de ese niño? De aquel Marcelo, de los primeros ensayos. 

Fui jurado del Interbarrios hace unos días con Marco y veía a los papás con los instrumentos, a los chicos llevándolos con esas ansiedades y con ganas de subir al escenario. Me veía ahí, nos veía cuando andaba mi papá, mi mamá, Carlitos Báez, llevándonos el acordeón. Tengo esos recuerdos de niños, que para nosotros era un juego.

Yo hoy veo otras ansiedades. Se lo he dicho ahí a los padres: a veces los padres les cargan ansiedades a los hijos en la música, en el deporte. Los acompañan y tienen una necesidad de que llegue rápido, y eso le pone al niño una mochila que tiene un peso.

Los primeros escenarios eran el Colegio Salesiano, los compañeritos, los compañeros que jugaban al fútbol en el Club Huracán, el Interbarrios. Pero siempre fue un juego. Nosotros éramos medio inconscientes y desfachatados porque subíamos al escenario, sabíamos tres temas y hacíamos un show de 50 minutos con tres temas. Decíamos “a pedido del público” y tocábamos tres veces un tema.

Éramos caraduras y también la gente veía niños. No había chicos en la música en ese momento, era algo raro, era gracioso. Todo lo que hiciéramos, así pifiáramos, la gente nos aplaudía.

Te termina frustrando. Yo eso le decía a algunos papás en el Interbarrios: “Tranquilos, que lo disfrute. Va a querer tocar el acordeón, va a querer tocar la guitarra, va a querer jugar al fútbol, va a querer hacer piano, va a querer hacer zapateo, va a querer hacer tenis, va a querer hacer una cantidad de cosas, pero lo importante es que vos estés, lo acompañes, lo lleves”.

Ahora le dije: no le compres el piano, no le compres todas las cosas que te va a pedir porque te vas a enloquecer. Acompañalo, seguilo.

¿Qué parte de esa historia que no conoce el público y que fue sacrificio, fue otra cosa?

De sacrificio sigue habiendo. No todo es el escenario, esa hora, los aplausos, la foto, el autógrafo. En esa época se usaba mucho el autógrafo, hoy es la selfie. La selfie reemplazó a la firma.

La semana está cargada de cosas. Nosotros entendimos eso desde chiquitos, gracias a nuestros padres: que era trabajo, que era ensayo. Nosotros trabajamos toda la semana para esa hora del show. Entendimos que Los Alonsitos era nuestra empresa, nuestro negocio.

Hoy algunos tenemos otras actividades porque hemos decidido tener otra actividad y hemos tomado con mucha más calma la actividad artística.

Estamos viajando menos por elección y haciendo otras cosas porque nos gusta. Ariel es viceintendente de la ciudad, fue diputado. Marco tiene un pub en la costanera, Piba. Yo estoy ayudando a mi hija y a su pareja en la administración de unos negocios y lo hago porque me gusta. Estoy en una oficina, algo que no hice en toda la vida. Mi vida siempre fue afuera, viajando, y ahora hago horario comercial.

Obviamente, nosotros nos perdimos una cantidad de cosas de la niñez y de la adolescencia. A veces hemos hecho locuras por venir a un boliche, a una fiesta de 15 o a una fiesta de fin de año con los chicos después de tocar.

Llevábamos a un amigo, por ejemplo, a estar en el festival de la Chaya en La Rioja. Lo hacíamos dormir todo el día para que, ni bien tocáramos, pudiéramos agarrar el auto y venir para llegar a las 5 o 4 de la mañana. Recordemos que las fiestas antes duraban hasta más tarde: 6, 7, 8 de la mañana. Entonces, si llegábamos a las 4 o 5, estábamos en la frutillita de la fiesta.

Hemos hecho locuras, manejar toda la noche y a velocidades, porque nos perdimos esa parte de la adolescencia. Nos perdimos muchos cumpleaños de 15 y, para un chico de 15, 16, 17, 18 años, nos perdimos esa adolescencia.

Nos perdimos los viajes que hacés con tus amigos, esas vacaciones de verano. Nosotros empezamos a tener ahora, en los últimos años, la posibilidad de irnos de vacaciones en enero o febrero: decir “15 días en enero no trabajemos, nos vamos”.

Porque encima es la temporada alta, digamos, ¿no?

Es la temporada alta. Si vos decís “yo no trabajo 15 días”, para Los Alonsitos es decir “no voy a seis, siete festivales”. Es mucho.

Hoy lo hacemos. Decidimos no tocar en esos festivales, pero también nos podemos dar el lujo de hacerlo.

Estoy pensando en que esa disciplina y también esos excesos, digamos, pueden costar, de hecho a muchos artistas les costó caro, ¿no?

Por supuesto, una cantidad ha quedado en accidentes trágicos en el camino.

Y entonces entiendo también que a los padres a los que vos le estás hablando hoy, le estás hablando desde un lugar de conocimiento.

Sí. Uno no quiere ponerse en el pedestal de dar consejos. Quiero contarles mi experiencia y que ellos decidan.

¿El grupo sentís que le hizo crecer más rápido?

Sí, totalmente. Nosotros a los 16, 17 años estábamos firmando contratos con discográficas, con representantes, decidiendo que queríamos vivir en Corrientes porque la compañía nos presionaba para ir a vivir a Buenos Aires.

Eso es algo que nosotros nunca cedimos. Dijimos: “No, si hay que ir a Buenos Aires y estar 15 días allá o hay que ir, estar 48 horas trabajando y volver a Corrientes”, nosotros siempre decidimos vivir en Corrientes.

Nunca decidimos irnos. Te doy ejemplos: Los Nocheros en mucho tiempo vivieron en Córdoba, vivieron en Buenos Aires; Los Tekis se mudaron a Córdoba; Soledad se mudó a Buenos Aires. Te estoy diciendo nuestros contemporáneos, que hoy siguen. Hoy todos están viviendo en Salta, en Jujuy, en Santa Fe, todos volvieron.

Y nosotros nunca nos fuimos de Corrientes.

¿Qué aprendieron a perdonarse ustedes para seguir juntos, por Los Alonsitos?

Nosotros con Los Alonsitos tenemos una forma muy ácida de bromear, pero entiendo que es algo interno que funciona en nosotros. No sé si funcionaría en otro grupo. Las bromas, las cargadas, pero también sabemos cuándo el otro está torcido o sabemos cuándo se levanta hasta dos horas después con aquel, no; o con el tema de la guita, con ese no se jode; o con la comida, con aquel no se jode.

Sabemos los límites de cada uno, pero también hemos empujado esos límites y hemos tenido problemas como todos. Los hemos sabido llevar adelante.

Nos conocemos desde muy chiquitos y tenemos una relación que yo digo que son amigos-hermanos, hermano-amigo, y hemos salido adelante.

Cuando Luis se tuvo que ir, también se fue bien. Nunca tuvimos ningún problema con él. Arreglamos toda la parte. Fue un golpe, un cimbronazo, desde lo anímico sobre todo.

Nosotros pensábamos, porque en ese momento éramos los cuatro y todos teníamos el sueño, que queríamos llegar a 50 años, hacer la despedida, como Los Chalchaleros. Pero eso nunca se dio con los cuatro. Con Ariel y con Marco ya estamos ahí, cerca de los 50 años de carrera, pero tampoco pensamos en esa despedida como hicieron Los Chalchaleros.

Estamos disfrutando mucho el escenario, mucho de ese momento.

Si bien ahora ya no viajamos con toda la banda, tenemos un micro de gira, ya vamos los tres y vamos más sobre la hora de la tocada. Después de tocar nos quedamos a dormir y volvemos al otro día.

Para nosotros los viajes, en la adolescencia y después un poco más grandes, eran viajes que se disfrutaban mucho porque eran viajes entre amigos.

Hablando de Los Alonsitos, cuando toman una canción, ¿cómo se construye el arreglo? ¿Quién lo propone? ¿Quién discute? ¿Quién cede? Y ¿cuándo sucedió que ese sonido que hoy escuchamos es el sonido de ustedes? 

Es trabajo. Llevó un tiempo.

Al principio agarrábamos canciones y solamente las acompañábamos con esos instrumentos que te nombré. Después empezamos a querer darle nuestra impronta y las cosas que nos gustaban a nosotros de esos instrumentos que habíamos incorporado.

Hoy agarramos una canción e intentamos, si bien agarramos una versión, que la canción no pierda el espíritu del compositor. Si la canción es nuestra, la hacemos como nos nace hacerla.

Nosotros logramos una muy buena versión de El cielo de Mantilla, por ejemplo, que debe tener 200 o 500 versiones. Si vos agarrás El cielo de Mantilla y el que está escuchando no reconoce El cielo de Mantilla de Teresa Parodi, me parece que uno está equivocado.

Yo creo que en nuestra versión se reconoce El cielo de Mantilla que la gente tiene en el oído y en el gusto, pero hemos logrado una versión distinta.

Por ahí pasa nuestra búsqueda: que no pierda el espíritu con el que fue concebido, pero que suene a Los Alonsitos.

Es muy difícil poner en palabras cómo lo hacemos porque es algo que lleva tiempo: dos, tres, cuatro, cinco ensayos. Después decimos: “Sí, está la canción”. La tocamos en el escenario y después pasa un tiempo y encontramos la vueltita que le faltaba.

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Parlamento Norte Grande: legisladores correntinos agradecieron apoyo de sus pares

El presidente de la Cámara de Diputados de Corrientes Eduardo Tassano destacó la importancia de la sesión del Parlamento Norte Grande, llevado a cabo en esta oportunidad en la provincia de La Rioja, como ámbito de intercambio y construcción de consensos entre las distintas provincias, con el objetivo de avanzar en una agenda común sobre cuestiones que impactan en el desarrollo y en la vida cotidiana de los ciudadanos de la región.

“Estos espacios nos permiten compartir realidades, experiencias y objetivos de cada provincia, sobre la base de problemáticas comunes”, señaló Tassano, quien es además, miembro de la mesa ejecutiva del Parlamento Norte Grande.

Durante el encuentro, al que asistieron los diputados César Lezcano, Norberto Ast, Sara Aparicio y Cecilia Gortari, -junto a los senadores provinciales-, se abordaron distintos temas vinculados con la infraestructura, la energía, la producción, el impacto de los fenómenos climáticos y la situación económica de las familias de la región.

Entre los puntos analizados, los legisladores plantearon la necesidad de avanzar en tarifas eléctricas diferenciadas para el Norte Grande durante los meses de verano, teniendo en cuenta el mayor consumo que generan las altas temperaturas.

“Es importante que se contemplen las particularidades de nuestra región. El clima y las condiciones que tenemos durante el verano generan una demanda energética muy diferente, y eso debe ser tenido en cuenta a la hora de pensar políticas de estado”, sostuvo el titular de la Cámara baja correntina.

También se puso en consideración la importancia de la infraestructura y de la Hidrovía como herramientas estratégicas para la integración regional, la navegación y el fortalecimiento de las economías provinciales.

En las comisiones, en tanto, también se analizaron otros temas presentados por legisladores de otras provincias. “Agradecemos el apoyo de los pares a las propuestas que llevó la provincia de Corrientes”, dijo Tassano.

En contacto con la prensa riojana el presidente de la Cámara de Diputados de Corrientes reafirmó la importancia de continuar fortaleciendo el Parlamento Norte Grande como ámbito de articulación entre las provincias y felicitó a la organización de las jornadas de trabajo.

Previo a la sesión de este jueves, el gobernador de La Rioja Ricardo Quintela dio una cálida bienvenida a todos los presentes, tras lo cual los parlamentarios debatieron un extenso orden del día.

Asistieron, entre otros los vicegobernadores: Teresita Madera de La Rioja, de Santiago del Estero y presidente del Parlamento Carlos Silva Neder, Catamarca Rubén Dusso, Alberto Bernis de Jujuy, de Salta Antonio Oscar Marocco y de Tucuman: Miguel Ángel Acevedo.

También los presidentes de las cámaras de Diputados de Corrientes, Eduardo Adolfo Tassano, del Chaco Carmen Noemí Delgado, el vicepresidente primero del Senado de Corrientes Henry Fick y el senador provincial Gustavo Valdés, éste último invitado especial como exgobernador.

Se acordó además, que la próxima sesión tendrá como sede la provincia de Corrientes.

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