Alberto y Cristina, en la plaza de todos

La gente iba en peregrinación a un ritual como cualquier otro, pero sin santos. Desde el lunes había grupos de personas, jóvenes, adultos; familias enteras pasaban a pispear los preparativos de la fiesta. Se alegraban y cantaban mientras los obreros de la ciudad de Buenos Aires retiraban las rejas que los separaba, en la histórica plaza.

Algunos posponían actividades y disponían todo para poder asistir. Otros, como muchos correntinos, viajaron largas distancias para estar en ese solar de la democracia. En la de la unión de los argentinos. La cosa prometía renovar espíritus, como esas largas misas postergadas, y fueron miles los que fueron a ratificarlo. Miles los que dibujaron, desde todos los puntos del país, la nueva cartografía del poder nacional.

El martes, un sol inusualmente furioso desparramó sus rayos desde la mañana. Pero sus llamaradas punzantes no hicieron mella en la multitud que aguantó estoica el acto de jura, en un mediodía impiadoso. Más tarde, refrescados en el ánimo con música y mucho líquido -de distinto tipo, eso sí-, vieron caer el sol con la jura de ministros y el mensaje de sus líderes. Como los feligreses esperan y oyen a sus pastores.
Era una fiesta peronista, en la vieja plaza de Perón. De la juventud movilizada y de la que se iniciaba en la militancia aún sin ficha de afiliación. La plaza del movimiento obrero organizado y también la del marketing territorial de los movimientos sindicales y políticos con sus banderas, pancartas y globos.
La plaza de los cabecitas negras del siglo XXI: chicos y grandes que trataban de mitigar el calor refrescándose en la fuente de la Plaza de Mayo cual si fuera una pileta, en una especie de tributo a la gesta del 17 de octubre de 1945 que marcó la génesis del movimiento justicialista.
Desde los márgenes, a prudente distancia de las vaharadas asfixiantes que rebotaban desde el asfalto ante tanto cuerpo tostado en una densidad al borde de lo inseguro, fue también la plaza de las familias, de las madres con sus chicos pequeños, con sus niñas en brazos o en carritos, de padres solos también con sus hijos, de abuelas y abuelos con sus nietos, de novios y novias. De compañeras y compañeros.
Fue así que, como en la plaza no cabía nadie más, la multitud se fue corriendo pesada, como la lava por la ladera de un volcán. Se fue desplazando por las calles laterales de la Casa Rosada, por las diagonales Norte y Sur y por la Avenida de Mayo, Rivadavia e Yrigoyen.

Mientras crecía la tarde, crecía también el número de asistentes que buscaron alianza con unas pocas nubes para salir de sus casas. Las nubes frenaron el sol, apenas y por instantes, pero se declararon incapaces para morigerar el calor, que para colmo se mezclaba, en todas direcciones, con el humo de los puestos de comida: choripán, bondiola, milanesas, empanadas y hasta papas fritas. Agua, gaseosas, cerveza, vino. Eso y más, para refrescar y entonar la alegría, pero no para apagar el fuego de la muchedumbre reunida para hacer una catarsis colectiva. Para liberar un cúmulo de sentimientos apilados, en capas de distintos grosores y texturas, a lo largo de 4 años.
Era la plaza de la democracia. De la unión de todos los argentinos. La plaza que vendría a ser el corolario del llamado antigrieta que al mediodía pronunció el presidente Alberto Fernández. Era también la plaza de la vuelta: una fiesta popular que contó con la participación de numerosos artistas y sirvió, ya en la noche, de marco propicio para celebrar la asunción como presidente de Alberto y como vicepresidenta de Cristina Fernández de Kirchner.

El festival reunió a artistas de la talla de Lito Nebia, David Lebón, Iván Noble, Adriana Varela y bandas de estilos diversos como Eruca Sativa, Los Pericos, Mala Fama y Sudor Marika, la agrupación que hizo viral la cumbia “Si vos querés, Larreta también”, ariete publicitario de la campaña electoral del Frente de Todos en las pasadas elecciones porteñas. Pegadiza la letra, pero que no impidió la reelección de Horacio Rodríguez Larreta.
Ya cerca del crepúsculo, cuando Juanse, el ex líder de los Ratones Paranoicos, se lucía en el escenario, el flamante primer mandatario salió a la terraza de la Casa Rosada y saludó con los dedos en “V” ante la aclamación de la multitud.

En el cierre, los artistas que formaron parte de la grilla musical entonaron una versión ad hoc del Himno Nacional que interpretó en el piano Lito Vitale. Para cerrar, un gigantesco coro cantó “Argentina, Argentina, Argentina”.
Pasadas las 20, Alberto y Cristina Fernández salieron al tablado para hablarle a la multitud, y ese momento fue el broche de la celebración, el punto alto del encuentro que desempolvó el misal peronista.
Fue así que además de volver a ver y a hablarle a la multitud, la vicepresidenta Cristina Kirchner vivió su propia fiesta, con gusto a revancha. Y se permitió hablarle al propio Alberto, a quien pidió “confiar en el pueblo” porque “ellos no traicionan y son los más leales”.
“Presidente: quiero decirle que ha iniciado su gobierno con muy buenos augurios después del mensaje que le dio a su pueblo en la Asamblea Legislativa. Confíe en ellos. Lo único que piden es que los defiendan y los representen”.
“Los pueblos no son tontos. Conciben la lealtad con los dirigentes que sienten que los representan y los defienden. Esa voluntad, esa humildad y ese coraje tienen que tener un objetivo: el amor. Al que siempre nos ha movido. Por lo menos a nosotros en esta plaza. Mucho amor”, dijo, y estalló la multitud, una vez más.
“Tiene una tarea muy dura, Presidente” porque “le dejaron un país devastado, tierra arrasada”. “Sé que tiene la fuerza y la convicción para cambiar esta realidad tan fea que hoy están viviendo los argentinos”, afirmó, y despertó una última ovación de los miles de mujeres y hombres que colmaron la plaza y sus adyacencias.

Y allí fue el turno de Alberto Angel. Habló claro, como a la mañana ante los legisladores. Habló de la justicia y sus mafias, a las que pretende desarticular. De los servicios secretos y sus servicios públicos para neutralizar opositores. Pero también giró sobre sus emociones:
“Un día la vida me cruzó en el camino a Néstor Kirchner. Jamás pensé que mi vida iba a cambiar como cambió, que se me iban a abrir las puertas para ser protagonista junto con él de la más maravillosa tarea que fue poner de pie al país y levantar las banderas de la libertad y la democracia”.
“El día que me crucé con Néstor tuve una alegría adicional que le voy a agradecer a la vida eternamente: ese día me crucé con Cristina. En realidad, por la locura de la Argentina, alguna vez nos distanciamos y nos reencontramos sabiendo que no había diferencias centrales entre nosotros, que nos habíamos distanciado por formas, y esa distancia solo favoreció para que este espacio se divida y que volvieran a ganar los que siempre ponen obstáculos para que la Argentina se desarrolle, los mismos que aparecen en escena para endeudarnos, privilegiar a sus amigos, dejar con hambre a las familias”.

En ese momento, miles de los que estaban en la Plaza de Mayo empezaron a cantar contra Macri pero Fernández les pidió que pararan: “No, no, ya no, ya no, todo eso ya pasó. Eso ya pasó, en esta plaza estamos Cristina, yo, nosotros unidos para poner a la Argentina de pie. Al pasado reciente recordémoslo, tengamos memoria, nosotros sabemos que con nuestra división ellos se hacen fuertes, por eso nunca más vamos a dividirnos”.
“Nosotros somos un movimiento político que nació para ser solidario con el prójimo. Los que hoy la están pasando mal, no teman, serán los únicos privilegiados en la Argentina que hoy se inicia”.
Y para pulir un día que ya le salió redondo, como suele suceder con los que empiezan a transitar el camino de una gestión, alfombrada por expectativas y esperanzas, en el cierre del discurso Alberto Fernández tuvo un acto fallido y en vez de decir “mejores” pronunció “mujeres”: “Decían que no volvíamos más. Volvimos y vamos a ser mujeres”, dijo, provocando el último grito de corazón los movimientos de mujeres que sintieron una sinceridad profunda en ese trancazo del subconsciente.
“Demasiado bueno para ser cierto”, le dijo una chica a otra, ya en la desconcentración, por la calle Perú, donde presurosos los barrenderos de la ciudad trataban de disimular la mugre que brotó de ese regocijo político que ancla sus activos en la posibilidad de un futuro mejor.
“Ojalá lo pueda hacer”, respondió la otra.
Su voz, que sonó apenas entre el murmullo ensordecedor de la retirada, fue como una síntesis. Sonó como un clamor: el de millones de argentinos. Un ruego casi.

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Con presencia correntina, juran Alberto y Cristina Fernández como presidente y vice

Cerca de mediodía de hoy asumirá Alberto Fernández como nuevo presidente de Argentina en el Congreso de la Nación. Recibirá los atributos de mando y luego dará su mensaje ante la Asamblea Legislativa, que seguirán desde el Parlamento mandatarios y dignatarios invitados, extranjeros y nacionales, entre los que estará el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés.

Se espera que la jura la sigan también miles de personas que desde ayer montaron guardia en la Plaza del Congreso y en la Plaza de Mayo, frente a Casa de Gobierno.

Según el protocolo previsto, tras prestar juramento, el presidente electo Alberto Fernández brindará su mensaje ante la Asamblea de diputados y senadores nacionales, y en ese marco explicará los principales aspectos del programa que instrumentará su gobierno, principalmente en materia política, económica y social.

El traspaso de mando -que genera enormes expectativas debido no sólo a su institucionalidad, sino también a los anuncios que puedan hacerse desde hoy en adelante, sobre todo para morigerar la situación de crisis que atraviesa el país-, moviliza a la militancia peronista en todas sus vertientes, pero también a un grueso sector no partidario que espera con esperanza que la situación mejore, más allá de la grieta.

En eso hace foco la cartelería montada en la calle y que sirve de torre para las pantallas de LED que transmitirán la jura: “Argentina unida” dicen los carteles, bajo el escudo nacional. Son entre dos y tres tótems de imagen y sonido por cuadra, y esa es la infraestructura que desde ayer estaba dispuesta para que la gente que planea manifestarse en la ciudad de Buenos Aires, pueda seguir las alternativas de la ceremonia de asunción, el mensaje ante la Asamblea y la jura de ministros, el festival de música y el mensaje a la plaza que planea dar el nuevo presidente.

Estas enormes pantallas están dispuestas frente al Congreso, frente a la Casa Rosada y en todo el trayecto que une ambos monumentos, a través de la histórica Avenida de Mayo.

Ayer por la tarde, militantes de movimientos sindicales y sociales empezaron a ganar los lugares más importantes de la plaza del Congreso.

Grupos de jóvenes, con banderas y pancartas, cantaban de manera incesante sus consignas. Algunos otros preparaban los bombos mientras se instalaban carpas de seguridad y sanitarias para atender a la muchedumbre que se espera asista hoy a la despedida de Mauricio Macri y la llegada de Alberto Fernández.

En la Plaza de Mayo el clima era distinto. Allí, en horas de la tarde, hasta la caída del sol, familias enteras paseaban, paraban, se sacaban fotos. Una familia correntina, con bandera de Paso de los Libres, también participaba de los preparativos. Más tarde se sumaron los jóvenes y también muchas personas adultas, sobre todo mujeres.

Un grupo de actores -voluntarios y voluntarias amateurs muchos de ellos, intervino en la tarde haciendo una performance con bailes y música, caracterizados todos, aunque sobresalían las mujeres que estaban allí representando a Eva Perón, nada menos. La música intercalaba con fragmentos de discursos varios de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Era ese momento, sin dudas, el de mayor expresividad en la plaza. La mayoría soltaba alaridos en clave de ovación, aunque también había transeúntes con cara de reprobación.

“Esta es la plaza peronista”, le dijo una mujer a otra, en un tono indistinto: podía ser una descripción de hecho, como también una queja. A su alrededor, la fiesta seguía en progreso, ajena a los humores personales.

Y la plaza, sin vallas, mostraba su mejor figura: su concepción de comunidad indistinta. También los edificios de la zona se veían lozanos en su conjunción arquitectónica sin los obstáculos montados hace unos años, por la costumbre de separar y por la de alejar el grito de las protestas.

Un par de pantallas enormes irrumpían asimismo frente al Cabildo, para transmitir las imágenes del acto protocolar, pero también del festival de música con cerca de 30 números que están confirmados para amenizar “la fiesta de la democracia”, según invitan algunos afiches.

A propósito de afiches y carteles, el ministerio de Desarrollo Social, ubicado por avenida 9 de Julio, no sólo exhibe la figura iluminada de la “Abanderada de los Humildes” sino que además permitió la colocación de una bandera con la leyenda “Bienvenidos Alberto y Cristina: todos unidos triunfaremos”.

Asunción presidencial
Según se informó ayer, la Asamblea Legislativa comenzará a las 11.15, presidida por la vicepresidenta saliente Gabriela Michetti. Se realizará la designación de los legisladores que integrarán las comisiones de interior y exterior, respectivamente, que serán las encargadas de recibir en la explanada del Palacio sobre la avenida Entre Ríos al presidente electo.

La ceremonia pasará luego a un cuarto intermedio para recibir a Alberto Fernández.

De acuerdo a lo previsto, el primero en llegar al Congreso a las 11.30 será Macri, luego a las 11.40 hará lo propio Cristina Kirchner y a las 11.45 arribará el presidente entrante.

Más tarde, Cristina Fernández y Alberto Fernández prestarán juramento ante la Asamblea Legislativa como vicepresidenta y presidente hasta el 10 de diciembre del 2023. El nuevo jefe del Ejecutivo recibirá entonces el bastón y la banda presidencial.

Y luego de dar su primer discurso como presidente ante la Asamblea Legislativa, Alberto Fernández se trasladará a la Casa Rosada para recibir a las delegaciones extranjeras, tras lo cual tomará juramento en horas por la tarde a los ministros de su gabinete nacional en el Salón Blanco.

Desde las 14, cómo se dijo, habrá un festival en la Plaza de Mayo donde habrá varios shows musicales. Cerca de las 19 Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner hablarán ante la multitud que se espera en la plaza.

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