Corrientes: en solo un mes, los incendios ya quemaron más de 30.000 hectáreas

PARA LA NACION

CORRIENTES.— El informe técnico mensual del mes de enero, elaborado por profesionales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) sobre la superficie afectada por los incendios en Corrientes, arroja un número alarmante, aunque muy menor en relación con la crisis del año pasado.

“Durante el primer mes de 2023 —dice el documento— se quemaron 27.882 hectáreas, en su gran mayoría humedales”, lo que da cuenta, además, de la focalización de los fuegos en distintas zonas del Parque Iberá, afectando al ecosistema, a los animales y a las actividades turísticas de la temporada.

El avance del fuego en el Portal Carambolas, zona de Puerto Juli Cué, en el Parqué Ibera

El avance del fuego en el Portal Carambolas, zona de Puerto Juli Cué, en el Parqué Ibera

“En enero se contabilizaron 641 focos de calor y en lo que va de febrero 234 focos. Es una situación difícil, pero por suerte no son tan abrumadoras las superficies afectadas con relación a enero del año pasado, cuando contabilizamos 3400 focos de calor y 535.000 hectáreas quemadas”, dijo a LA NACION el ingeniero Ditmar Kurtz, coordinador de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA-Corrientes.

El comparativo por superficie es un dato tranquilizador, pero las condiciones siguen sin mejorar y el retaceo de las lluvias, sumada a la sequía extrema de la región, hace que el fuego avance sin posibilidades de extinguirse. El Servicio Meteorológico Nacional emitió un alerta por tormentas para esta mañana en las zonas críticas, pero en el campo esperan ver para creer.

Informe técnico

“Al 7 de febrero de 2022 teníamos más de 500.000 hectáreas quemadas en la provincia, y hoy tenemos cerca de 30.000”, dijo el ingeniero Kurtz, que fue todavía más allá al recordar los datos de la crisis extrema del año pasado. “Cuando finalizaron los incendios en el primer trimestre de 2022, el 12% del territorio provincial se había quemado. De allí hasta noviembre de 2022 se quemaron 52.300 hectáreas”.

Desde diciembre hasta hoy, la cuenta volvió a iniciarse y los números están en aumento sostenido por las condiciones que se conjugan: vientos calientes, falta de lluvia y sequía extrema. Sin contar la desaprensión de algunos pobladores que siguen haciendo quemas cuando están terminantemente prohibidas.

Incendios en Portal Carambola, en el Parque Iberá
Incendios en Portal Carambola, en el Parque IberáJuan Augusto/ Gentileza Rewilding Argentina

Con respecto de la sequía, un informe publicado días pasados por LA NACION afirma que desde el año 2020, Corrientes sufre un déficit de lluvia que representa entre un 20 y un 35 por ciento menos de precipitaciones. El terreno, por lo tanto, está seco.

Para cuantificarlo en detalle, el INTA hizo público un mapa que, tomando la clasificación de imágenes satelitales de enero de 2023, arrojó valores de apenas 766.630 hectáreas húmedas. Esto quiere decir que solo un 8,6% de la superficie provincial hoy está bajo agua.

El avance del fuego
El avance del fuegoGentileza

El mapa en cuestión hace tres comparaciones: en 1998, durante el fenómeno del Niño, el 58 por ciento del territorio era agua. Ya con la Niña, en diciembre de 2021, había agua en el 14 por ciento de la superficie. Y en diciembre del año pasado, hace poco más de un mes, ese valor era del 12 por ciento. Nos encontramos, por eso mismo, según los especialistas consultados por este diario, en el peor momento de la crisis climática, que seguirá agravándose en tanto y en cuanto no aparezcan las lluvias.

Fuego arrasador

En las últimas horas el informe emitido por los equipos de monitoreo en la provincia daban cuenta de que el fuego activo avanza a razón de 10 hectáreas cada 30 minutos, por las condiciones de sequía. Estimaron además que, sumada a la superficie quemada en enero, los incendios de los últimos días elevaron a 31.000 hectáreas el área arrasada por las quemas.

El mapa con los focos de calor del Instituto del Clima y Agua del INTA Castelar
El mapa con los focos de calor del Instituto del Clima y Agua del INTA CastelarGentileza Patricio Oriccio

Son datos del Comando de Operaciones de Emergencias (COE), que detalla que los humedales son los ambientes perjudicados en su mayoría. En febrero, se consumieron alrededor de 4000 hectáreas, principalmente esteros, bañados, pastizales y bosques nativos.

Defensa Civil calificó la situación como crítica, pero bajo control, y funcionarios provinciales explicaron que los incendios en el interior de los esteros continuarán hasta que llueva.

La situación en el Parque Iberá

Los primeros focos detectados en el Parque Iberá, la zona más afectada hasta el momento, datan de diciembre y fueron intencionales. Incluso hay denuncias formuladas en la justicia. Pero los incendios continúan y solo en las últimas horas se registraron 17 focos activos.

Por eso mismo, la Administración de Parques Nacionales (APN) brindó ayer un informe sobre la situación en el Parque Nacional Iberá de Corrientes. En un comunicado, indicaron que los primeros focos se detectaron a mediados de diciembre y fueron presuntamente provocados por quemas intencionales.

Un pájaro quemado por los incendios en Portal Carambola
Un pájaro quemado por los incendios en Portal CarambolaDaniel Roldan/ Gentileza Rewilding Argentina

De acuerdo con la APN, ayer había activos dos focos en el Iberá, uno en el “Núcleo Carambola” y otro en el “Núcleo San Nicolás”.

En el lugar trabajan brigadistas de los parques nacionales Iberá, Mburucuyá, Chaco, Copo, Pilcomayo y Campo de San Juan. También personal del Parque Provincial Iberá, Fundación Rewilding, Bomberos Provinciales y Evasa Forestal.

Además del daño ambiental causado por el incendio en el parque, se vieron afectadas infraestructuras como plataformas y pasarelas del área de uso público del “Núcleo Carambola”, y están en riesgo varios kilómetros de alambrados.

Sobre el tema, el subdirector de Defensa Civil de la Provincia y coordinador del Comando Operativo de Emergencia (COE), Bruno Lovison, afirmó en declaraciones a la prensa local que “la situación no tiende a mejorar, sino a empeorar todos los días. El personal está sin descanso, está trabajando todos los días y hay un nivel de cansancio que es entendible”.

Uno oso hormiguero víctima de los incendios en Portal Carambola
Uno oso hormiguero víctima de los incendios en Portal CarambolaDaniel Roldan/ Gentileza Rewilding Argentina

“Necesitamos que llueva porque hay zonas que necesitan aproximadamente 200 milímetros de agua para que el fuego se extinga”, mencionó.

Además del Parque Iberá, el fuego activo en la provincia se extiende hacia otras zonas. Afecta a las localidades de Concepción, San Miguel, General Paz, Curuzú Cuatiá, La Cruz, San Carlos, San Luis, Mburucuyá, Sauce, y Esquina.

Por su parte, la dirección de Recursos Forestales comunicó ayer que varios departamentos están en peligro extremo por incendios, entre ellos Paso de los Libres, Monte Caseros, Mercedes, Bella Vista, Esquina, Virasoro, San Miguel, Chavarría y La Cruz.

El miércoles por la noche, incluso, autoridades locales debieron cortar el tránsito por la Ruta Nacional 118, a la altura de la ciudad de Saladas, por un incendio desatado frente al empaque de la ex fábrica de jugos Pindapoy.

  • En caso de ver fuego en la zona, se debe dar aviso al 100 (Bomberos), 103 (Defensa Civil), o 101 (Policía).
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Fuego en el Parque Iberá: el número de hectáreas arrasadas por las llamas que alarma a Corrientes

CORRIENTES.– Dada la presencia sostenida y peligrosa de incendios en la zona de humedales de esta provincia, autoridades decidieron cerrar ayer, por tiempo indeterminado, el Portal Carambola del Parque Iberá, uno de los más atractivos para el turismo. Hoy se informó que la evolución de las llamas siguen su marcha, aunque controlada, pero que ya consumieron unas 4000 hectáreas de pastizales. Por el momento, además, esos puntos de calor están lejos de ser extinguidos por un fenómeno triple que combina sequía, altas temperaturas y vientos cambiantes.

Ante este panorama, las autoridades de Parques y Reservas de la provincia, consultadas por LA NACIÓN, encendieron las alertas, ya que las 4000 hectáreas de campos que ya fueron arrasados por las llamas, se corresponden con un número preliminar y en aumento, porque algunos focos continúan activos –con intermitencias– desde hace por lo menos 20 días.

“Hay un foco en particular, activo desde mediados de diciembre, que se encendió de manera intencional: fue un vecino del paraje Ñu puy que prendió una fogata que no pudo controlar. Se hicieron las denuncias correspondientes, pero por el momento no pasa nada. Ese foco cedió un poco con las lluvias de la semana pasada, pero esa humedad no alcanzó para sofocarlo. Los días posteriores de calor, más la seca existente, hizo que el fuego reavivara”, contó a LA NACIÓN Marisi López, vocera de la Fundación Rewilding Argentina.

“Ahora [ese foco] está muy activado, es muy grande, y sobre todo se desarrolla en un lugar de difícil acceso. Por eso, las brigadas están trabajando en el control y haciendo cortafuegos en las zonas de acceso con vehículos especiales, para evitar que el fuego se propague”.

Y completó: “Hay otros focos en áreas de la estancia El Socorro, en San Marcos, cerca de San Alonso, y algunos otros al sur de los portales de Ituzaingó, que se van atacando, pero la sequía hace muy difícil la situación”.

Ante esta circunstancia, Parques y Reservas de la provincia decidió cerrar el Portal Carambola, en Concepción del Yaguareté Corá, que es uno de los diez accesos que tiene el Parque Iberá en Corrientes. Y la evaluación es permanente, ya que los incendios, si bien son menores en relación a los del año pasado, están ganando terreno.

El Comando Operativo de Emergencias (COE) de la provincia informó ayer en las primeras horas de la mañana que se habían registrado tres focos en San Luis del Palmar, San Miguel e Ituzaingó. Para la tarde, solamente había quedado activo uno en la zona del Portal Carambola. El informe de hoy dio cuenta de nueve focos activos en las localidades de Ituzaingó, San Miguel, Mercedes, Yataití Calle, Esquina, Paso de los Libres y La Cruz.

De esos nueve focos, dos se mantenían activos al cierre de esta nota, mientras que los siete restantes se encontraban en observación.

El comando está conformado por miembros de los gobiernos provincial y nacional, con efectivos de la Policía de Corrientes, bomberos voluntarios, el Ejército, Prefectura Naval, Cruz Roja Internacional y brigadistas del sector privado.

El año pasado, bajo la coordinación del ingeniero Ditmar Kurtz, un equipo de expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) estimó que los incendios habían consumido el 12% de la superficie de Corrientes. El desagregado de ese informe hacía notar que entre diciembre de 2021 y marzo de 2022, los focos de incendios rurales cubrieron más de un millón de hectáreas de la provincia y al menos 840.000 estaban dentro del ecosistema Iberá, que es una reserva natural, pero a la vez un destino turístico en auge dentro del distrito.

Detección temprana

Esta situación, en paralelo, motorizó la presentación de “App Alertas Corrientes”, una nueva aplicación para celulares para reportar incendios en la provincia. Según explicó Anita Alegre López, directora de la empresa estatal TelCo, responsable de su diseño, esta app “es muy sencilla y amigable”, y “una vez descargada en el dispositivo, procede al registro de usuario y contraseña. A partir de ahí tenemos la opción de enviar hasta cinco fotos de los incendios con una breve descripción”. Esa información llega al Comando Operativo.

“Una de las claves en la prevención y el combate de incendios es la alerta temprana. Es indudable que llegando rápidamente a cualquier foco de incendio puede ser controlado minimizando los daños y el impacto en el ambiente. Por eso, esta aplicación”, dijo por su parte el ministro de la Producción, Claudio Anselmo.

La presentación del dispositivo de prevención, que pretende ayudar a los brigadistas distribuidos en el territorio, ocurrió cerca del mediodía en la Casa de Gobierno. Allí el gobernador Gustavo Valdés, que presidió el acto, consideró que la aplicación “nos permitirá trabajar con rapidez, para que el fuego no alcance mayores dimensiones y así minimizar daños”. Pidió además, a la población, utilizar la tecnología “con responsabilidad”, dada la situación que vive la provincia, su extensión, y lo crítico de los recursos humanos.

“La superficie de la provincia tiene un 60% de agua cuando llueve mucho, y hoy estamos en un 8%”, alertó Valdés, en relación a la actual sequía. “La situación es difícil”, valoró el mandatario. “Nos encontramos en el pico más acuciante” de esta crisis climática, cerró.

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Campo negro

El fuego que arrasa la provincia de Corrientes ya redujo los campos usualmente verdes a enormes manchones negros de carbón y cenizas, y con ello menguó el trabajo de años en los centros de investigación y de producción tanto forestal como de pastura, ganadera y turística, además de amplísimos sectores destinados a la preservación del ambiente. Las pérdidas, que están siendo cuantificadas en el marco de un proceso dinámico y en curso, deberán ser afrontadas por el Estado en todos sus niveles y también por las empresas y los particulares. En el medio, acusaciones de las más variadas pusieron en alerta al sistema político, que encontró un punto más de tensión a los temas controversiales de la agenda diaria.
Los datos son dramáticos. Según los registros del Inta local que se conocieron el viernes, hasta el momento los incendios afectaron 786 mil hectáreas, es decir, el 8,8 % de la superficie total de la provincia. El tamaño de las pérdidas y las formas y la celeridad de la ayuda es lo que ahora concentra la tarea de los técnicos provinciales y nacionales.
Los sectores afectados se multiplican con los días: los hay en poblaciones urbanas, periurbanas, rurales, y en los sectores productivos y de reserva ecológica, puesto que las llamas, en complicidad con la sequía prolongada que no da tregua, también hicieron estragos en los Esteros del Iberá, ecosistema que en épocas de normalidad es dominado por el agua. El perjuicio, por tanto, se siente en la naturaleza pero también entre los vecinos de vastos poblados, entre los chacareros menores y entre los empresarios que explotan grandes extensiones de terreno con forestación o ganado, con arroz o maíz, yerbas o cítricos, y también afecta a las administraciones del Estado, sobre todo a aquellas instituciones públicas con años de trabajo científico devorado por las llamas. 
He aquí el punto central del debate que se viene. Y también la razón de la mesura con que la clase dirigente pareció reaccionar tras los primeros días de verba inflamada, escudo de la inacción, desesperación, e incluso de la incapacidad de cooperación por las miserias de la política que afloran siempre, pero sobre todo en circunstancias como estas. Todos los sectores involucrados intentan sacar partido de una situación que, en definitiva, nos costará reponer a los correntinos, y a los argentinos por extensión.
La gente que se vio abrasada por las llamas, que perdió todo su esfuerzo de años, reaccionó de inmediato reclamando alguna contención. Fueron los que gritaron desde un primer momento para que este tema fuera sopesado en su dimensión real, razón por la cual demandarán, de aquí en adelante, por la cadena de responsabilidades.

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¿Quién es responsable por esto que pasa en la provincia? ¿Qué obligaciones tiene el Gobierno y cuáles tendrán los particulares? ¿Cuáles son las prácticas culturales sobre el manejo del fuego para limpieza o rebrote que debemos observar o reeducar? ¿Qué pasa con las normas que regulan el uso de las llamas y sus penas cuando se quebrantan? ¿Qué pasará con los bomberos? ¿Alcanza con que sean abnegados voluntarios entregados a los otros, pero que arriesgan sus vidas sin capacitación específica permanente ni elementos adecuados? ¿Qué debió hacer la Provincia? ¿Qué debe hacer la Nación? En situaciones como estas, ¿es necesario llegar al límite de la ruina para activar protocolos de ayuda? ¿Nunca se podrá prevenir una catástrofe de esta naturaleza? ¿Cuántas de estas quemas son intencionales y cuantas espontáneas? ¿En qué trabajan las áreas específicas de los gobiernos? ¿Para qué los Estados crean dependencias ad hoc si al final las responsabilidades terminan cayendo sobre el conjunto, o sobre nadie, viciando el resto de los debates o incluso el resto del funcionamiento del Estado? ¿Hasta dónde llega la autonomía provincial? Esa autonomía, que suena lindo a los oídos de los autodeterminados, ¿sirve de algo sin recursos adecuados y bien distribuidos? ¿Sirve una autonomía pobre que alimenta los discursos en épocas de normalidad, pero que te deja en evidencia y te hace doblemente dependiente en épocas de necesidad? Un Estado provincial pobre subordinado siempre del Estado nacional rico, ¿es viable para proyectar un futuro de crecimiento y desarrollo?

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La situación es desesperante y los recursos no están o son insuficientes o están mal administrados, pese a que la ayuda empezó a llegar desde todos los cuadrantes. Ayuda económica, de logística y brigadistas enviados por la Nación y por distintas provincias para combatir el desastre. Incluso desde Brasil empezó a ingresar material y gente. ¿Sirve? Sí. ¿Recién ahora? Podemos discutirlo. ¿Debió venir antes? Sin dudas.
Desde este punto de vista surge la segunda clave para afrontar el problema. ¿Cómo iniciar la reconstrucción, cuándo, bajo qué esquema de prioridades? 
El gobernador Gustavo Valdés habló entre el viernes y ayer de pérdidas que están en el orden de los 25 mil millones de pesos. Hay quienes como el exministro Jorge Vara —ahora muy presente en los medios—, que calculan el estrago, al día de hoy, en 55 mil millones de pesos por lo menos.
El trabajo consiste entonces en determinar la asistencia inmediata para los que perdieron todo. En cómo cubrir las pérdidas ocasionadas a mediano plazo y en cómo reconstruir y proyectar el futuro, que son cosas bien distintas, sin contar con la urgencia de recuperar los años de investigación, trabajo e infraestructura acumulada de las que hoy no quedan más que rastros calcinados.
Valdés pidió el viernes por la unidad. “Tenemos que juntarnos. No hay lugar para las grietas y las chicanas políticas. Ni para los trolls, ni para las injurias personales que estamos recibiendo. Hoy nos tenemos que juntar para poder salir adelante”, dijo, aludiendo de ese modo a los ataques —sobre todo virtuales— que recibió en los últimos días.
La situación lo puso en el centro de la escena a recibir todos los golpes de una situación que todavía está en proceso y que, como él mismo dijo, no permite vislumbrar una salida inmediata sin ayuda de la naturaleza: sin las lluvias que se niegan y que ponen a Corrientes en situación de jaque agobiante.
Según dijo ayer, recién el viernes por la noche habló con el presidente Alberto Fernández. ¿Qué fue lo que postergó por tanto tiempo una comunicación entre ambos hombres que hasta no hace mucho no escatimaban en la dispensa de halagos? No se sabe. Ojalá esa charla prospere y fructifique.
Un día antes, en contacto con este diario, Valdés se quejó de la falta de coordinación en relación a la ayuda, lo que produjo fugas en los recursos existentes. También dijo que los millones que dice Nación que había enviado aún estaban en camino, salvo el efectivo que acordó con Wado de Pedro: 200 millones de pesos.
Casa Rosada informó por su parte, a través de sus voceros, que ya envió 1.000 millones, amén de brigadistas, aviones, autobombas, maquinarias e insumos. Incluso una fuente de acceso al despacho presidencial le dijo a El Litoral, ayer, que el Ministerio del Interior prepara otro desembolso, mientras el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez, planea otro aterrizaje para hoy en la provincia.

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Mientras todo esto ocurre, el clima no da respiro. Las lluvias anunciadas para hoy, ahora se corrieron para mañana. La superficie quemada al 16 de febrero era de 785.238 hectáreas, según detalles presentados por el grupo de Recursos Naturales de la Estación Experimental Agropecuaria Corrientes del Inta. Pero hay otro dato inquietante. El ritmo de progresión del fuego entre el 7 y el 16 de febrero (los últimos 9 días) fue de casi 30 mil hectáreas diarias. En un informe anterior, esa tendencia era de 20 mil hectáreas diarias.
Estos parámetros justifican la decisión que tomó el viernes Valdés de declarar zona de catástrofe ecológica y ambiental a la provincia. Al anunciar la medida, dijo que el cambio climático está golpeando fuerte. Los efectos de esa frase están a la vista; dejaron de ser teóricos hace tiempo, pero ahora se muestran de manera más que descarnada. Hay allí, entonces, una tercera clave. Empezar a trabajar y a educar pensando en el ambiente como algo más que un entorno escenográfico mejor o peor dotado según el código postal de cada uno.

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