Abrasado por la pobreza, Chaco elige gobernador

Vilma T. es docente. También es emprendedora. Vive en el noroeste chaqueño, en uno de los tantos pueblitos que crecen a la vera de la Ruta Nacional 16 que comunica al Chaco con Salta, pasando por Santiago del Estero. Su voz suena como la vida de esas pampas, jalonadas de espinillos y quebrachos: como un hilo a punto de cortarse. Suena ensordinada por el cansancio de la espera agónica y ancestral del futuro mejor que se promete y no llega.

—¿Quien va ganar este domingo?

—Acá va a ganar “Coqui”.

—¿Por qué?

—Por una ilusión. Porque hay mucha pobreza estructural. Porque no se invierte en educación. Porque mientras se siga sosteniendo una dependencia emocional, económica y de todo tipo de la gente con sus punteros, la libertad se reduce a lo mínimo. Y eso mínimo puede ser Capitanich.

“Aquí hay una red tendida para manejar los votos en función de las primerísimas necesidades que la población tiene sin satisfacer -agrega la mujer, madre de dos chicas-. Acá hay intendentes que impugnaron el voto electrónico no por una cuestión económica ni técnica; impugnaron porque ellos mandan a la gente con la boleta en el bolsillo. Y la gente tiene miedo: aún cree que si cambian de parecer, los patrones se pueden enterar. Creo que esta es una muestra de lo que pasa en gran parte de la provincia, y en la mayoría de las provincias pobres. Es muy triste.

Esa voz se arrastra con dolor, como algunas canciones de Zitto Segovia: marca cultural y de origen de una geografía caliente, muchas veces desértica y otras tantas anegadas por la furia de la inundación. Suena como el Chaco: un viejo territorio nacional luego provincia que este domingo elegirá gobernador. Y sin vértigo, como el tranco de sus paisanos, es muy probable que reelijan a Jorge Milton Capitanich, al “Coqui”, que de lograr esta hazaña empezará a perfilar un récord personal de permanencia en el poder de la provincia que no tiene antecedentes en la historia institucional local.

¿Pero por qué Capitanich encarna una esperanza renovada? La respuesta es compleja, como la sociedad de este confín norteño. A pesar de estar marcada por la pobreza casi mayoritaria, la sociedad chaqueña (y especialmente la resistenciana) es mucho más heterogénea que la de las otras provincias del NEA. Está atravesada por la cuestión indígena, por las migraciones tardías, de cuando estaba finalizando su período como territorio nacional. Tiene además una intensa y diversa actividad artística y cultural, así como un registro sostenido y en extensión tanto del evangelismo como del feminismo, en una puja por el debate público y político… En esa complejidad, es posible que Capitanich –pese a su marcado catolicismo–, condense mejor la necesidad de respuestas progresistas que puede darlas él, como su entorno. 

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Así, la parada en la estación Chaco del derrotero electoral que culminaría el 27 de octubre, se anuncia para hoy en las plataformas de todos los sentidos. Pega en la piel el calor y el polvo de la seca que sobrevino al desastre de la inundación, la peor en 30 años y que de marzo a junio inutilizó más de 2 millones de hectáreas de campo habitado y cultivado. A la vista lastiman las tolderías donde se acurruca la miseria: en el interior provincial, como producto de los castigos naturales y los desaciertos dirigenciales; pero también en los cordones que atan a Barranqueras y Resistencia, ciudades unidas por caceríos y comercios en ristra y que ofician de capital y de entrada a la provincia por la ruta que se postra ante el puente General Belgrano, viaducto que une el Chaco con Corrientes por encima del río Paraná.

El gusto a poco de la campaña (por la austeridad económica y de propuestas) se mezcla con los olores del desaliento y al mismo tiempo de la esperanza. 

En esa contradicción, que viaja a caballo de la crisis económica nacional –y que se siente más en los márgenes de la región NEA-, irán a votar hoy los 941.935 chaqueños habilitados para sufragar en esta elección general que ungirá gobernador, vice y 16 diputados, además de intendente, vice y concejales en 60 de las 69 comunas del distrito provincial. Resistencia, por caso, postergó la definición de su jefe comunal para el 10 de noviembre, en el marco de una batalla que tiene vida propia.

Hoy se abrirán 3.111 mesas, 695 de las cuales usarán el sistema de boleta electrónica, a razón de 83 mil pesos por máquina. 

Las fórmulas habilitadas son diez y todas están encabezadas por varones. Todas. Las que tienen más chances son dos: la que lidera el intendente de Resistencia, Jorge Milton Capitanich, secundado por la diputada nacional Analía Rach Quiroga (Frente Chaqueño); y la del ex intendente de Sáenz Peña, Carim Peche, a quién acompaña el ex gobernador Roy Nikisch (Chaco Somos Todos).

Otras tres fórmulas dan la nota de color a una elección que llegó hasta aquí dando tumbos en tonos más bien oscuros: son la del Frente Integrador, de Juan Carlos Bacileff Ivanoff; la del Frente por la Educación y el Trabajo, de Eduardo Aguilar; y la del Movimiento Izquierda, Justicia y Dignidad, de Raúl Castells. 

El primero fue vice de Capitanich y ahora podría restarle votos, sobre todo los más conservadores dentro del peronismo y entre aquellos que sin ser filomacristas, ven con buenos ojos el discurso y la política de mano dura que propone el candidato, a quien algunos con sorna y otros con desdén le otorgan el estatus de una réplica de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, aunque en escala germinal y de menor alcance. 

Aguilar, en tanto, es otro desprendimiento del riñón coquista. Fue su ministro de Economía, senador fiel y hasta un bosquejo de sucesor, hasta que la magia se rompió. Tanto se rompió que armó un espacio propio, desprendido del proyecto madre que sigue liderando el ex jefe de gabinete de Cristina Fernández. 

Y lo de Castells puede leerse como una prueba de vida y lucha de un dirigente que, cuando estuvo en Buenos Aires, supo apilar minutos de aire en radio y televisión, y páginas en los diarios, a veces en las secciones políticas y otras tantas en las policiales. Radicado ahora en Sáenz Peña, cada tanto aparece y ahora retornó emponchado con una candidatura a gobernador.

En la cosecha de estos hombres están cifradas muchas de las esperanzas de Carim Peche de forzar la segunda vuelta.

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—¿Quien va a ganar hoy?

—En mi barrio, Villa Prosperidad, para las elecciones pasadas, Peppo tenía todo arreglado. Coqui apenas puso una mesita en una plaza. ¿Y sabés que pasó?

—No.

—Arrasó Capitanich. 

—¿Entonces?

—Capaz que gane, pero ojalá que el que gane haga algo.

Quien dice esto es Leo, un maestro mayor de obras cuyas credenciales están acreditadas para el dueño del coqueto chalet de la calle Ameghino que lo tiene haciendo algunas mejoras con alto nivel de detalle. Están acreditadas más allá de la política:

—Mi jefe parece que va a volver a votar a Macri. Pero bueno… no se —dice, y se despide.   

Para votar a Macri tendrá que esperar al 27 de octubre, porque la de hoy en el Chaco es una elección provincial. 

A estos comicios llegan diez fórmulas luego de sortear varias modificaciones en el calendario electoral. Hay quien lo llama “manoseo al calendario”. El punto más álgido fue la suspensión de las primarias provinciales, asunto que llegó incluso a la justicia, pero que subsanó el tiempo a falta de política y de sentido común.

La administración actual es del peronista Oscar Domingo Peppo, un correntino que antaño cruzó el río y ya en tierra siguió remando hasta convertirse en gobernador. 

Peppo cerrará el tercer mandato consecutivo del peronismo en el Chaco (provincia que alguna vez se llamó Presidente Perón). La cuenta podría estirarse si las previsiones se cumplen y gana Capitanich. El peronismo chaqueño lo da por hecho, y por lo tanto ni piensa en el 10 de noviembre, fecha prevista para una eventual segunda vuelta. Carim Peche, sin embargo, se aferra a esa posibilidad. 

Peche es un destacado dirigente del radicalismo con estructura territorial-política en Presidencia Roque Sáenz Peña, donde votan más de 82 mil electores. Pero la tiene difícil no solo porque a la provincia la gobierna el PJ, sino porque en ella los Fernández, Alberto y Cristina, continúan con altos niveles de intención de voto. Y Mauricio Macri, que apadrina su espacio político-electoral, vino lastrando la campaña al punto que el mismo Peche intenta provincializar al máximo la discusión para salvar sus activos.

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—¿Por qué volverían a votar por Capitanich?

—El liderazgo de Capitanich, sumado a dos exitosos períodos de gobierno entre 2007 y 2015 que supusieron la transformación de infraestructura más grande de la historia provincial, lo ubican en la mejor posición frente al electorado —le dijo a La Nación Jorge Lestani, ex vicario parroquial de la Catedral de Resistencia.

—Lo volverán a votar por el recuerdo de la gente de su buena gestión —coincide Néstor Avalle, periodista, ex director de la AFSCA y ex funcionario del gobierno provincial chaqueño—. Coqui es como Cristina. Les dijeron de todo, pero al final la gente los rehabilita, sobre todo por el contraste que generan sus respectivas gestiones con los desastres actuales.

—Sus dos primeros gobiernos fueron buenos. Se desarrolló la provincia. Puso en marcha los acueductos, rutas, desarrolló infraestructura e incluso como intendente promovió un fuerte desarrollo urbanístico. Si gana, será porque la gente lo ve como un buen gestor en contextos de crisis, de perfil progresista, que entre otras cosas plantea la paridad de género en el armado de su gabinete —dijo Leticia Valle Lisboa, de la consultora Valle Lisboa y Asociados. 

No quiso hablar de números, pero mencionó que en el caso de una segunda vuelta, se sustentaría en la tracción de Peche en Sáenz Peña, su localidad, y en la buena imagen de Nikisch en todo el éjido provincial. Incluso en la idea de que Bacileff Ivanoff podría restarle a Capitanich el voto del peronismo duro.

No hacen mella en la ciudadanía, según las consultorías realizadas, ni los modos a veces desbocados de Capitanich ni los asuntos relacionados con la corrupción, sobre todo del gobierno en curso. A Peppo lo sindican como responsable de uno de los gobiernos más corruptos de la historia del Chaco. De hecho, su ex secretario General de la Gobernación, Horacio Rey, está preso por asuntos vinculados al lavado de dinero.

Por lo demás, la fuerza de los planteos de carácter moral o político se desvanecen ante la imposibilidad de la oposición de estructurar, más allá de la autopercepción de honestidad e idoneidad, una épica superadora, consistente y subordinada a los mandatos y discusiones actuales. No se perciben recambios, escasea la paridad de género y ni siquiera articulan una línea discursiva coherente. Y cuando Peche y los suyos plantean bajar las tarifas, el gobierno nacional que los cobija hace todo lo contrario. 

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—¿Entonces vuelve Coqui?

—Parece que sí —dice José B., empleado estatal desencantado con la actualidad del país al que apostó hace cuatro años.

Volvería Capitanich. Dejó dos veces el gobierno, pero volverá, torciendo la lógica barnizada de traiciones que suele ser moneda corriente en la política regional y nacional. Dicen que Gildo Insfrán, en Formosa, emboscó a Vicente Joga, y nunca más abandonó el poder. En Misiones otro tanto, pero lo de Chaco se parece más a la historia reciente de Corrientes.

Peppo se ocupó de blindarse con los medios y de presionar a los intendentes, y a partir de allí montó un relato que la realidad de su gestión no confirma. Además, dicen, fue siempre ajeno al cariño de la gente. Le pasó a Arturo Colombi en Corrientes, entre 2005 y 2009. Recibió el gobierno -en comodato-, de manos de su primo Ricardo. Pero Arturo se sintió empoderado y quiso construir su espacio personal. En esa empresa ganó los medios, pero perdió la calle. Y como el territorio fue siempre de Ricardo Colombi, la gente le devolvió al poder hasta un tercer mandato. 

Capitanich parece seguir el derrotero de los radicales correntinos. De hecho hasta tomó prestado un discurso de Alfonsín para arengar a sus masas. (Un homenaje que los memes convirtieron en robo).

Dueño de un carisma con el que sueñan dirigentes como Peppo, si vuelve, Coqui volverá arropado por Alberto y Cristina, pero también por la necesidad de la gente que le prende velas al recuerdo de las viejas glorias, de cuando había dinero, obras y trabajo. Futuro.

Encuestas en mano, dicen, Domingo Peppo declinó su candidatura el 23 de agosto tras una reunión con Alberto Fernández. Habría aceptado como compensación dirigir la embajada Argentina en Paraguay o de administrar la represa de Yacyretá, en caso de que Alberto gane. Está en veremos eso, como su futuro político. Por ahora, después de meses largos de una interna subterránea primero y abierta después, Peppo se dedica, a prudente distancia, de hacer campaña por Coqui.

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A Peppo lo tildan de traidor. De haber acordado con Macri. De haber acompañado todas las leyes que le pidió. Pero no es lo más grave; tampoco el único peronista que lo hizo. A Peppo le quitaron la boleta larga en las primarias, y después le arrebataron la candidatura porque el kirchnerismo nunca le perdonó que a poco de asumir haya jubilado a la “compañera Cristina”.

—Cristina Kirchner es una dirigente más —dijo en junio de 2017, y selló su destino para siempre, además de confirmar que el análisis y la proyección política están lejos de ser su fuerte. 

—Es probable que el costo que paga el gobernador Peppo es haber tenido que acordar muchas veces con el gobierno nacional políticas que han sido muy cuestionadas, a cambio de garantizar la gobernabilidad en el Chaco. La reforma jubilatoria, los pagos a los fondos buitres, etc.. Ese proceso fue creando la división que se plasmó en la última elección —graficó Avalle.

La situación fue zanjada, al menos en la superficie. Los dardos envenenados de ambos dirigentes, incluso los insultos que se filtraron y se conocieron como producto de grabaciones clandestinas, se escondieron detrás de la máscara de la unidad y el consenso.

Real o ficticio, esta unidad puede que garantice el triunfo de Capitanich en primera vuelta. Para lograrlo debe obtener el 45% de los votos o 40% con una diferencia de 10% en relación a su inmediato competidor. Es el mismo régimen que el presidencial.

Parece posible por la unidad, por las facilidades que genera comandar el portento del Estado (aunque sea raquítico), pero también por la inserción territorial. El PJ gobierna en 54 de los 69 municipios chaqueños. 

Hay quien dice que la elección está definida porque el tercio más pobre de la población vota siempre al peronismo. Porque el tercio más rico y concentrado en 16 manzanas del punto cero resistenciano, y en los centros de los conglomerados urbanos más poblados del interior, votará al radicalismo y afines. Y porque el otro tercio definirá su voto en función de condiciones futuras más promisorias que las actuales, promesa que parece encarnar Capitanich, según los datos surgidos de las Paso nacionales, en la que Capitanich también fue candidato a senador.

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—¿Qué provincia encontrará el que gane este domingo?

—No se encontrará con nada distinto a la realidad nacional. Cuentas medianamente equilibradas, pero realidades sociales inmersas en una crisis brutal. Salarios postergados, la salud en situación crítica, numerosos problemas de estrategias de desarrollo, y, más lejos en el tiempo, los resabios de las inundaciones de meses atrás que dejaron tremendamente postergados a los productores de gran parte del interior provincial —agrega el ex cura Lestani.

—En el plano social hay índices elevados de pobreza e indigencia, y en educación en la última prueba Pisa salimos número 24 —dijo Carim Peche, el candidato de la oposición.

En salud faltan insumos y persiste precarización laboral. Algunos estudiosos mencionan como muestra lo que pasa con los beneficiarios del Plan Expertos, que cobran asignaciones de alrededor de 6 mil pesos.

—El comercio atraviesa una larga y profunda crisis, agónica diría. Con CAME registramos 21 meses consecutivos de caída de ventas en comercios y pymes, más que los números que marca el Indec. La situación es complicada y visible, fácil de comprobar. Por lo tanto la elección nos genera una expectativa moderada. Va a definir más la elección nacional del 27, aunque tampoco esperamos grandes cambios este año. Tal vez a partir de marzo de 2020 —dijo a La Nación Martín Giménez, presidente de la Cámara de Comercio de Resistencia.

—El problema más serio es que el 63% de las personas es pobre en el gran Resistencia (con una salvedad, el Indec habla del 46,9%), lo que demuestra que ya no alcanza el empleo público. El desafío es reactivar el sector privado. Alentar al sector productivo a que invierta —añadió.

La cuestión salarial es un “oasis”. Chaco paga salarios buenos en relación al NEA, lo que no hace más que confirmar la situación de vulnerabilidad en que se encuentra la región toda. Ni sumadas las pobrezas de la zona más pobre del país, alcanza para hacer una gran pobreza.

—Tenemos un profundo cuadro recesivo, combinado con una inflación altísima, destrucción del mercado interno, aumentos en la matriz de costos, imposibilidad de trasladar al precio de nuestros productos el aumento de costos (dado que el mercado ya no resiste), tarifas dolarizadas y precios de venta pesificados y planchados y una presión impositiva enorme, asfixiante –dice Andrés Irigoyen, titular de la Unión Industrial del Chaco.

—Entre otras cosas, además, tenemos una caída considerable del empleo, en especial del empleo de base industrial, pues convivimos con dos realidades: a nuestros trabajadores no les alcanza el sueldo, y tan cierto como eso es que nosotros tampoco podemos seguir pagando aumentos.

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Vecinos, referentes de la economía popular y de la agricultura familiar, además de dirigentes de las comunidades originarias e incluso de las colectividades extranjeras que viven en el Chaco también fueron consultados para esta nota. La conclusión general se revela unánime: quien gane hoy encontrará una situación económica complicada y una situación social todavía peor. 

Chaco, como las demás provincias pobres de Argentina, necesita inversión sostenida y abultada para poder generar condiciones de igualdad con el resto de las regiones más pudientes. “Aquí, aunque se haga mucho, siempre será poco, porque partimos desde muy atrás”, repiten como mantra los dirigentes de uno y otro sector.

Las cuentas públicas buscan su equilibrio al límite del estallido económico, lo que condiciona la actividad. Periodistas chaqueños vienen afirmando que la próxima administración tendrá que «reperfilar» pasivos, adquiridos para hacer caja y mantener a flote el gobierno de Peppo. Actores sociales piden potenciar la producción, la economía popular y la agricultura familiar, reflotar la industria y el desarrollo de las economías regionales. Y consensos sociales que le garanticen entendimientos mínimos en el medio de una realidad extremadamente complicada.

—¿Cómo empezar?

Carim Peche plantea terminar con la corrupción y el despilfarro en el Estado. “Hoy tenemos las empresas públicas de energía y agua quebradas por la mala administración política. Por lo tanto, nuestro eje rector con Roy Nikisch es austeridad, transparencia, honestidad, orden, seguridad; gobernar con valores, recuperando la cultura del trabajo y la familia. Nosotros convocamos a todos los ciudadanos de bien”, dice. 

El jueves por la tarde, en el cierre de campaña, que fue un abrazo simbólico a la plaza 25 de Mayo, la principal de Resistencia, Peche ratificó su línea de acción:

—Vamos a bajar la luz, terminar con los piquetes, garantizar salud, empleo, educación, vivienda y seguridad. Por eso les pedimos a los ciudadanos del Chaco que nos den la oportunidad de mostrar que se puede gobernar de otra manera. Quienes están del otro lado ya tuvieron su oportunidad y miren lo que hicieron con nuestra provincia, nada funciona bien —enfatizó.

—Capitanich, ¿qué haría ahora que ya no hizo antes?

Es tal vez la pregunta recurrente que debe responder el candidato en su rol de favorito. Y la respondió. “El pueblo chaqueño sabe muy bien de lo que fuimos capaces de hacer y lo mucho que podemos hacer aún con restricciones, limitaciones y con todas las vicisitudes que nos esperan en los próximos años”, dijo en el cierre de campaña.

—Hoy estoy ante un gran desafío que me pone la historia. Quiero afrontarlo poniéndome al servicio de cada uno para poner nuevamente a la Argentina y al Chaco de pie, con la misma dedicación, con el mismo compromiso y la misma responsabilidad, pero con más experiencia y creatividad para encontrar las soluciones que nuestro pueblo demanda.

Se cuela allí su velada pretensión de algún día ser presidenciable.

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Apenas pasado el mediodía del jueves, decenas de obreros armaban el escenario en una de las cabeceras de la cancha de básquet descubierta del Club Don Orione, en Barranqueras. El sol caía a flechazos. Algunos militantes, bien temprano, ya habían colgado sus trapos: los más grandes con las caras de Néstor y Cristina.

La “misa” se repite desde 2007. Capitanich cerró allí aquella campaña que lo depositó por primera vez en el sillón de Obligado y desde entonces nunca cambió de lugar. Nadie se animaría. En 2017 Peppo suspendió esa liturgia y perdió la elección de medio término a manos de Aída Ayala. El tributo de ir hasta ese club parece menor para todo lo que está en juego.

 

About the author: Eduardo Ledesma

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