“Pocho” Romero Feris: “Si aplicáramos el principio de no matar al que no te rinde pleitesía, andaríamos mejor”

Aquí, una conversación que forma parte del ciclo “Gobernadores de la democracia” con el que el diario El Litoral intentará dejar testimonio de los protagonistas y su tiempo, en vísperas de una nueva elección general en la que el pueblo de la provincia deberá elegir a su próximo gobernador, en el contexto extraordinario de la pandemia. Estas charlas se editarán cada domingo hasta el día de las elecciones previstas para el 29 de agosto.

 

Eran las 8.30 del martes 11 de mayo. Estaba fresco. Un viejo colaborador de la familia nos abrió las puertas de la casona que balconea la costanera y nos permitió el ingreso para disponer los equipos de audio y video con los que grabaríamos esta entrevista, y de ese modo concretar una charla demorada con el exgobernador. Era, en efecto, una conversación mil veces pautada y otra mil veces postergada, pero que en el atraso dio forma a una idea mejor: la de esta sucesión de entrevistas con los “Gobernadores de la democracia” que hoy presentamos en formato gráfico.

Ya desde su grabación para la entrega audiovisual, el ciclo empezó por el principio y siguió una línea cronológica, desde 1983 hasta 2021. Pero al recorrido que suponíamos lineal le pasaron cosas: fue un ir y venir por recovecos de sucesos inolvidables y otros olvidados, y por los atajos de viejas tensiones que se sienten aún, en tiempo presente.

Acomodados los equipos y el mobiliario, se encendieron las luces y allí estaba, listo para un repaso de gestión el mandatario que llegó al sillón de Ferré el 10 de diciembre de 1983, con el retorno mismo de la democracia después de la larga noche de la dictadura. Allí estaba pues, el doctor José Antonio Romero Feris. Pocho. El último patriarca autonomista.

“La verdad es que hace rato teníamos pendiente esta charla que se da hoy”, recuerda. Sonríe. Se acomoda y se dispone a dar un paseo por los recuerdos, por aquellos días buenos y malos que sucedieron hace ya casi 40 años.
—Pocho, ¿cómo se convirtió en gobernador?

—Fui gobernador porque me votaron 100 mil personas. (Risas). Pero comencé a los 14 años. A los 18 gané mi primera elección interna y a los 22 ya fui elector a gobernador. Fui diputado provincial a los 24.

—¿En ese momento eran todos récord estos datos de la edad, no?

—En ese momento era el legislador más joven de América, decían. Después fui presidente de la Cámara de Diputados, a los 25.

—¿A los cuántos años se convierte en gobernador?

—A los 42. (Nota del editor: Pocho Romero Feris es el hombre más joven en jurar como gobernador al menos desde el retorno de la democracia en 1983. Y es el segundo más joven desde la vigencia de la Ley Sáenz Peña (1912), pues Raúl Benito Castillo asumió la primera magistratura en 1952, a los 40 años).

—¿Cómo?

—Al final, en el año 82, en el Hotel de Turismo, se firma un acuerdo. Y ese día, me ofrecen la candidatura. Entre tanto, había sido embajador en Costa Rica.

Había dos generaciones de diferencia entre el profesor Mancini, que era el presidente del otro sector, y mi persona. La cuestión es que nos sentamos a dialogar y cerramos en uno de los salones del Hotel de Turismo, la firma del acuerdo. Me eligen presidente del partido, candidato a gobernador y el profesor Omar Mancini fue mi candidato a vicegobernador. Entonces, los liberales plantearon el Pacto Autonomista-Liberal que el que ganaba llevaba el gobernador y el que perdía, el vice. El primero que me informó de esto, pero como versión, fue don Gabriel Feris.

—Es así como se conforma la fórmula…

—Se conforma la fórmula liberal Leconte-García Enciso y la nuestra Romero Feris-Mancini. Vamos a la elección. Ellos aceptan. Mejor dicho: nosotros aceptamos la propuesta liberal y se eligen formalmente los candidatos ese día. Por la tarde, me habla el doctor Leconte, con quien yo tengo una excelente relación, y me plantea que quería tomar un café acá en este lugar. Yo le digo: “Voy a tu casa porque me queda a tres cuadras de la casa del partido”. Allí hablamos. Yo no compartía eso de negociar los senadores. El PL planteaba que el que perdía las elecciones a gobernador se convertiría en senador. Se lo dije: “Yo juego a matar o morir, o soy gobernador o no soy nada, y colaboro con vos en todo esto”. La cuestión es que vamos a la elección y votaron 360 mil personas. El autonomismo sacó 100 mil votos; el liberalismo 50 mil. Pero entre el autonomismo y el liberalismo estaba el justicialismo que sacó más de 70 mil votos, con don Julio Romero, que ya había sido gobernador 10 años antes, y después se ubicó el doctor Armando Romero, que más tarde fue rector de la Universidad, que fue medio que el primer “alfonsinista”. Quinta quedó la Democracia Progresista, con Pablo Navajas Artaza. Luego el MID, con el doctor Walter Posse, que era de Goya, etcétera. La cuestión es que nosotros obtenemos la cantidad de electores necesarios. Sacamos 8 diputados provinciales; los amigos liberales 6 diputados, con lo cual teníamos 14, la mitad más uno para la Cámara, y tuvimos la mayoría.

—¿Cuál era la situación socio-económica de la provincia de Corrientes en 1983?

—Era difícil, porque empezábamos una etapa nueva. No teníamos Ley de Coparticipación. Íbamos a compartir los ministros…

—Con el liberalismo, con la gente del Pacto…

—Exacto. (Nota del editor: El Pacto Autonomista Liberal funcionó así desde 1961: el partido que ganaba la primera elección después de cada interrupción democrática era el partido que proponía el gobernador, pero el resto de los cargos se repartían equitativamente. Si el gobernador era de A, el vice era de B. Lo mismo pasaba con los ministros. Pero había más: si el gobernador era de A, el ministro de Hacienda era de B, para ejercer una especie de control interno en cuanto a los recursos). Pero más allá de eso, teníamos una buena relación con el presidente.

—Con Alfonsín.

—Con el doctor Raúl Alfonsín, a quien yo conocí cuando fui embajador y después nos veíamos en Buenos Aires, cada 20 o 30 días. (Nota del editor: Romero Feris fue embajador de Costa Rica a los 35 años. Por este puesto recibió muchas críticas, porque se le enrostraba haber sido funcionario de la última y feroz dictadura argentina).

—¿Esa buena relación tiene que ver con la forma de zanjar la cuestión de no tener coparticipación, por ejemplo? ¿Alfonsín cómo se portó con Corrientes respecto a este tema?

—Con gran generosidad. (…) En 1985 gané las elecciones de medio término y salgo a gestionar recursos. Bueno, la cuestión es que yo voy al otro día y a las 9 de la mañana estaba ya en la Secretaría de Hacienda. Me felicita Mario Brodersohn, secretario del ministro Juan Vital Sourrouille, y le digo: “No quiero que me felicites Mario, yo quiero hablar de mi presupuesto. Quiero pedir un incremento muy prudente”. Bueno, la cuestión es que me dice: “No puedo”. Pegué un golpecito a la mesa y me fui. Me trae de vuelta. Le digo: “Mirá Mario, te voy a decir tres cosas: primero voy a renunciar a la Gobernación”. “¿Cómo, si ganaste ayer?”, me dice. “Sí, pero no quiero pedir limosna”, le digo. “Segundo: voy a hacer una conferencia de prensa para decir por qué me voy. Y tercero: voy a hablar con el Presidente”. Lo veo a don Raúl y el Presidente me dice: “Pero qué prudente que ha sido usted. Yo en su lugar hubiera pedido el doble”. La cuestión es que me propone ahí hacer otra reunión. Y ahí don Raúl blanquea el tema y dice: “Mario, ¿qué pasa con Pocho? Yo en su lugar le hubiera pedido el doble”. Y Mario, que es más rápido que Fangio, dice: “Señor, no se preocupe. Yo tengo una gran amistad con Pocho. Mañana nos juntamos a las 10 y resolvemos”.

Entonces yo le dije con toda franqueza: “Mirá Mario, que somos amigos no hay ninguna duda, pero yo te digo simplemente esto: yo voy a estar ahí, no sé cuál es mi agenda, pero voy a estar ahí porque está mi provincia en juego”. Vamos a Olivos y ahí don Raúl llama a Brodersohn, y me pide “el último favor”: esperar dos minutos. Y con la mayor fineza me dice: “Si me excedo en el tiempo que le solicito y usted se va, yo no me ofendo”. Me quedo parado. “Mario, ya hablamos claro”, le escucho decir al Presidente. Entonces Mario me dice, “Pocho, tenés razón”. Nos damos la mano. Y don Raúl dice: “Voy a bendecir este encuentro” y puso su mano sobre las nuestras.

Cuando voy al auto, mis funcionarios me dicen: “¿Pero Pocho, habrás firmado algo?”. Nooo, sería muy maleducado con un Presidente que se portó así. Yo no puedo hacer esas cosas. Tengo que aceptar lo que él me dijo, creer en su palabra. La cuestión es que me cumplió hasta el último centavo. Yo comento este hecho, porque creo que la palabra valía mucho. Don Raúl tuvo un gran gesto.

—¿Problemas económicos entonces los tuvo o no?

—No. Los tuvimos porque yo pedí una suma que no me permitía moverme mucho, pero por lo menos, comprendiendo el momento que se estaba viviendo, yo creo que tenía que colaborar también.

—¿Y eso le alcanzó para sostener el Estado y para hacer obras?

—Para pagar y para hacer obras.

—¿Cómo era su relación con los trabajadores?

—La verdad es que muy buena. Por primera vez hicimos un Plan de Estabilidad y una Escuela de la Administración Pública.

—Y con respecto a las obras, en su gobierno se hizo, tal vez, el más recordado plan de viviendas desde el retorno de la democracia. ¿Cómo hizo eso, con esa cantidad de dinero que no le permitía moverse mucho?

—Porque teníamos un gran presidente en el Instituto. Yo creo que el mérito no es mío, sino que el gran hacedor de eso fue el ingeniero Salomón Méndez, con quien hablé hace tres o cuatro días y estuvimos recordando que Corrientes era muy respetada en eso, pues se hicieron casi 20 mil viviendas. Pero el mérito era de él que iba a trabajar a las cinco y pico de la mañana. Y también se hicieron las escuelas Leloir, Figuerero…

—¿Cuando se terminó su gobierno, evolucionaron qué índices e involucionaron qué otros índices? ¿Qué balance hizo?

—Yo creo que en general hubo una actitud positiva. A veces, quizás recurríamos a cuestiones muy tirantes, porque no nos alcanzaba el dinero. Pero con la gente anduvimos bien. No se echó a una sola persona. Cambiamos ministros, pero no funcionarios de la administración. Fijate vos que hicimos el Instituto de Previsión Social, y dimos el 82% y 85% móvil y automático para jubilados y pensionados, e integramos el Instituto.

—¿Cómo definiría su gobierno, entonces, después de tantos años?

Como uno que tuvo un gran equipo, que trabajó con seriedad, intensamente. El signo de nuestro gobierno fue ser un gobierno desarrollista.

—¿Y cuáles considera que son los hitos de su gobierno?

—El respeto al adversario. La incorporación de personas de distinto signo político.

—¿Y la obra más importante?

—En lo material, el Instituto de Cardiología. ¿Y sabés una cosa Eduardo? Fue un hecho positivo, una política de Estado, porque ningún gobierno le puso los pies encima, lo siguieron agrandando. Y ahí trabajó muchísimo la fundación. No por elogiar a Marly, pero Marly (Brisco, su esposa) fue la que inició esto y convocó a gente representativa para que trabajara en la fundación. Se hizo grande. La fundación cumplió un rol fundamental y los gobiernos siguieron construyendo lo que se podía.

—¿Y en lo no material?

—La venida de Juan Pablo II. Con eso se me prescribieron todos los pecados, no solamente hasta hoy, sino hasta el fin de mi vida. (Risas)

—Fue el 9 de abril de 1987…

—Acordate que es santo hoy. Sí. El día de la lluvia.

—Exactamente, con una lluvia torrencial, Juan Pablo II visitó Corrientes en un viaje que no estaba en agenda, además. Vino gracias a su diplomacia.

—A mi insistencia ante el nuncio apostólico, monseñor (Ubaldo) Calabresi.

—¿Quién fue su mayor o mejor adversario estando en el gobierno?

—Yo no me quejo de los adversarios. Me pegaron bastante, por ejemplo, con el tema del Cardiológico.

—¿Desde el punto de vista político le hicieron problemas por el Cardiológico?

—Por ejemplo, mi amigo Ángel Pardo, y algún otro que hubo, dijo: “Pocho está loco, quiere traer Hollywood a Corrientes”.

—¿Hollywood?

—Fue el “Gordo” quien votó en contra en la Legislatura cuando yo mandé el proyecto. Pero después tuvo en cuenta uno de los motivos por los cuales yo decidí hacerlo. Porque yo les pedí tres días a estos amigos y recurrí a ingresos brutos y dije vamos a meterle. Porque lo único que se hacía en Corrientes en aquel entonces era electrocardiograma. Con un infarto o morías acá o en el avión sanitario. Y el “Gordo” tuvo un infarto a una cuadra y pico de ahí.

—¿Ángel Pardo?

—Ángel. Y lo atiende (el doctor Jorge) Badaracco y Ángel se convierte en el principal aportante para la fundación.

—El doctor Badaracco fue uno de los grandes directores del Instituto de Cardiología ¿no?

—Sí, el doctor Badaracco fue un señor.

—¿Cómo fue su relación con su sucesor, el gobernador Ricardo Leconte? ¿No hubo problemas ahí? Porque el Pacto siempre…

—Hubo un problema cuando le pidieron la renuncia al ministro de Hacienda, que era (el contador Mariano) Cadenas.

—Pero era un problema de espacios políticos, no de relación de transición.

—No, era un problema político anterior, porque dijeron que se había hecho medio hincha nuestro (pese a que era un ministro liberal). Era un gran ministro.

—¿Usted con qué intendentes interactuó en el Municipio de Capital? Porque en ese entonces los mandatos eran de dos años.

—El primero fue el doctor Raúl Papini y después el doctor Armando Galvaliz.

—Si tuviera que definir cómo fue su relación con el Presidente de la Nación, en ese momento.

—Brillante.

—¿Y qué piensa hoy de sus colegas que lo sucedieron?

—Merecen mi reconocimiento, independientemente de las diferencias. Por eso, te decía hoy, al comienzo, el tema del diálogo… Tuvimos algunas discrepancias con algunos, pero yo quiero rescatar lo bueno que hicieron todos y dejar de lado lo malo o, mejor dicho, con lo que yo no coincido.

—¿Con quién, por ejemplo, no coincidió en algún momento?

—Yo preferiría Eduardo, como son tantas las cosas y no podemos utilizar tanto tiempo, reconocer que todos tuvieron sus aciertos y sus errores, como yo también.

—¿Y usted, en qué se equivocó?

—Puede ser en varias cosas. Yo no voy a dar nombres, pero tuve que haber pedido a lo mejor algunas renuncias que no pedí. A lo mejor por cobarde, o no sé si cobarde… Yo tenía 42 años cuando llegué al gobierno. Y como no tenía la plena prueba de lo que pensaba, tres o cuatro renuncias que tenía que haber pedido no las pedí, pensando en la familia, pensando en lo que pasó. Pero creo que, en general, el Gobierno estuvo integrado por gente de primera. Yo me pude haber equivocado en muchas cosas. Y yo siempre digo que me equivoqué porque hay algunos políticos que hablan como si nunca cometieron un error. Y yo me acuerdo que el final del primer mensaje decía simplemente esto: lo único que yo prometía era trabajar y lo único que pretendía al fin del mandato era tener el respeto de mis conciudadanos a los que deseaba servir.

—Usted fue en su momento defensor del Colegio Electoral.

—Y sigo siendo defensor de ese sistema.

—¿Por qué?

—Creo que es la vía por la cual se obtienen resultados producto del diálogo, de la negociación, del acuerdo, del consenso, porque somos muy individualistas los políticos argentinos. Y yo también cometo errores y digo que nosotros pensamos que somos los mejores. Hay algunos a los que jamás los escuché decir: “Yo me equivoqué en tal cosa”.

—¿Pero eso no es un poco darle de nuevo a la élite política potestades y sacarle esa potestad al pueblo con su voto directo?

—No, porque el pueblo vota y es una conjunción de gente que va y viene. Es la única manera de evitar la confrontación.

—Pero si vamos al caso, al sistema indirecto más avanzado, pongamos el sistema electoral norteamericano, también se le escapan cosas…

—Bueno, pero Trump fue un caso específico.

—Pero se le escapa al sistema.

—Yo te voy a decir un principio del Derecho: caso fortuito o fuerza mayor. Caso que no ha podido preverse o que previsto, no se ha podido evitar. Ese ha sido Trump.

—¿Los partidos sirven aún como instrumento político?

—Los partidos, después de la Reforma del 94, en la que se le dio estado constitucional, yo creo que en lugar de mejorar han empeorado.

—Empeorado.

—Sin dudas, yo creo que valen más hoy los liderazgos.

—¿La política le dio amigos o enemigos?

—Yo digo que me dio amigos y adversarios, enemigos no. Es más, si aplicáramos ese principio de no matar al que no te rinde pleitesía, andaríamos mucho mejor.

—¿El poder lo confundió en algún momento?

—Sí, yo creo que me pudo haber confundido. Pero no me hizo perder la visión, porque yo cumplí con lo que habíamos establecido, que era la alternancia. Los muchachos querían reformar la Constitución, pero yo les dije que no, por dos motivos: porque yo creo que el que está en el poder tiene ventaja, y en segundo lugar porque yo tenía un compromiso firmado que decía que después de un autonomista, venía un liberal. La alternancia.

—¿Alguna vez sintió la soledad del poder?

—Sí.

—¿Qué es?

—La soledad del poder es una cosa muy dura. Hay cosas que la puede hacer solamente el que está conduciendo y esa es la soledad del poder. A veces, tenés que hacer cosas que a lo mejor no te satisfagan del todo y que te ponen en una situación complicada, pero tenés que hacerlo.

—¿Qué no haría de volver a tener la ocasión de gobernar?

—Y depende de cómo se den las circunstancias en el momento y cuáles son los hechos que se producen. Cuáles son las decisiones que tenés que tomar. Yo pienso que lo peor que puede hacer un gobernante -yo eso no haría- es decir estoy ocupado, no puedo atenderlo. No tener contacto con la realidad. Porque el funcionario tiene que tener un contacto permanente para saber cómo son las cosas.

Un día me dice alguien: “Es que vos vas siempre por la misma calle”. Entonces, supuestamente, yo siempre encontraba bien las cosas. Y un día, creo que Carlos Alonso -que era director de Comercio y ahora hace periodismo- me dice: “Tomaste otra calle y encontraste unos cuantos problemas allí y llamaste la atención a quien correspondía”. Creo que las cosas más importantes se hicieron así.

—¿Cómo quiere ser recordado Pocho?

—Como una persona que trabajó con espíritu constructivo y que tuvo en cuenta a todos los sectores. Porque en el Gobierno había gente de todos los partidos. O como dije en el final, en el último capítulo de mi primer mensaje. Lo que yo prometía era trabajar y lo único que decía al final es que pretendía que al concluir mi mandato tuviera el respeto de mis conciudadanos. Eso lo logré, gracias a Dios. No sé si me quieren, no me quieren, me votan, no me votan; pero tengo el respeto de la gente acá y donde me muevo.

 

“El Pacto se rompió por una tontería que al final no sirvió para nada”

—¿Qué fue el Pacto Autonomista Liberal?

—Yo pienso que fue una herramienta importante, aunque al comienzo no la hayamos integrado. El motivo por el cual se conforma es porque el gobernador Fernando Piragine Niveyro quería hacer la reforma de la Constitución. (Nota del editor: Piragine planteaba la reforma y la reelección, pero antes que eso, incumplió acuerdos sellados con el autonomismo). Así que, no por el amor sino por el espanto, como dicen, nos unimos azules y colorados en el 61. Imagínate.

—¿Usted considera que el Pacto Autonomista Liberal fue el vehículo electoral tan o más exitoso al día de hoy que Encuentro por Corrientes o el Frente de Todos?

—Fueron dos partidos que cumplimos siempre con lo que habíamos dicho.

—Lo tenían por escrito.

—Claro. Yo, por ejemplo, con mi vicegobernador (liberal) tuve una magnífica relación. Nunca tuve un problema con (José María) García Enciso. Ahora, reconozco que hubo cuestiones y el Pacto se rompe por una cuestión unilateral. El autonomismo no tuvo nada que ver cuando el doctor (Nicolás “Totí”) Garay le dice al doctor (Ismael “Cacho”) Cortinas: “Hemos decidido romper el Pacto por parte del Partido Liberal, unilateralmente”. No sé si fue por una senaduría o por una tontería, que al final no sirvió para nada.

(Nota del editor: el final del Pacto es el corolario de un largo proceso que incluye peleas políticas entre los socios, peleas entre los hermanos Pocho y Tato Romero Feris, las ambiciones políticas del Partido Justicialista, de la UCR, la sociedad de Tato Romero Feris con el presidente Carlos Menen y la creación posterior del Partido Nuevo)


RELACIÓN PRENSA-PODER

“La prensa es indispensable para el sistema democrático”

“El secreto de la fuente y la eliminación de la figura del desacato del Código Penal fueron proyectos míos”.
—¿Cómo fue su relación con los medios y periodistas, siendo usted además, en aquel tiempo, parte del directorio del diario más importante de la provincia, el diario El Litoral?

—Yo tomé una decisión: dejar toda la empresa en libertad y dedicarme totalmente a mi tarea para la cual el pueblo me eligió. Y no me quejo de El Litoral, pero te tengo que decir que hubo varios periodistas que me criticaron. Lo cual me parece bien.

—¿Desde el diario El Litoral?

—No. El Litoral, ni bien ni mal, ahí. (Risas). Pero por ejemplo, sabés qué periodista me trató con mucho respeto siempre, en radio, Tito Meizner; Daniel Caram; y el amigo que falleció, el “Colorado” Martínez Vidal.

—¿Y con el que peor se llevó?

—Era un ex del Litoral. El que tenía un “diarito” o que era diario, El Independiente. Pero no me llevé mal. Él me trató mal, yo lo traté bien. (Se refiere a Baltasar Rodríguez Moreira). Fijate vos que vino a hablar conmigo, y tuvo el auspicio de Lotería.

—¿Es difícil, desde el poder, aceptar la crítica de la prensa?

—Yo acepté siempre, aunque me dolía un poco. Por ejemplo, en Época había un hombre que escribía muy bien, pero me criticaba siempre. (Se refiere a Hugo Zelada, exjefe de Redacción). Terminamos siendo amigos. Encima mi sanción fue que tuviera que leer mi libro.

—Pero, ¿qué le producía, lo enojaba, le daba bronca?

—Nooo. Yo me enojaba cuando no tenía plata para pagar las cosas o cuando no tenía coparticipación.

—Hay gente que le tiene miedo a la prensa. ¿Usted le tuvo miedo alguna vez a la prensa?

—No, porque yo creo que la tarea que cumple la prensa es fundamental e indispensable para el sistema democrático, para el sistema republicano, sobre todo. Fíjate que me tocó después como senador ser presidente en la comisión de Libertad de Expresión, donde sancionamos dos proyectos que vos conocés: que el periodista no tuviera que dar a conocer la fuente de información y la eliminación de la figura del desacato del Código Penal. Estos fueron proyectos míos.

—¿A quién respetó por condición intelectual, técnica o política desde la prensa?

—Te hablaría de Carlos Gelmi y de varios otros. De Época, Zelada, que firmaba los artículos y que me caía bastante bien a pesar de que me criticaba duramente siempre.

—¿Le hicieron alguna vez el diario de Yrigoyen?

—No, porque yo ya sabía cómo era la mano.

Notas al margen

* Pocho Romero Feris juró el 11 de diciembre de 1983. El 10 asistió a la toma de posesión del presidente Raúl Ricardo Alfonsín.

* En su mensaje de asunción planteó una serie de ejes a trabajar pensando en el futuro y en la democracia como sistema. Habló de la necesidad de generar empleo para evitar el autoexilio de la población que en esa época, por falta de oportunidades, registraba tasas altísimas.

* El 1 de mayo de 1984, ante la Asamblea Legislativa, reiteró sus ejes de gestión, y habló de la reconciliación nacional, a dos años de la Guerra de Malvinas.

* En 1985 su planteo fue por un verdadero federalismo. También habló de la inflación, a la que calificó de “inmoral”.

* En 1986, en el marco de una gran inundación en el Sur provincial y a casi un año del lanzamiento del Plan Austral en Argentina, Pocho reiteró sus reclamos de atención a la Nación. “No busqué mi elección para convertirme en un mero pagador de sueldos. Busco la grandeza de mi provincia”, dijo ante la Asamblea Legislativa.

* En mayo del año 87 Romero Feris rindió cuentas ante los legisladores. Hizo un balance de los servicios prestados y luego salió de la Legislatura, tras brindar su último discurso, en andas de sus correligionarios, cosa que se repetiría en diciembre, cuando abandonó la Casa de Gobierno.

* El 10 de diciembre de 1987 brindó un balance de gestión por radio y televisión. El 11 entregó los atributos de mando al doctor Ricardo Leconte.

About the author: Eduardo Ledesma

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