Cuestión de tiempo

“…ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás.”
“Memoria de mis putas tristes”, Gabriel García Márquez

Mucho se dijo en estos días acerca de la pretensión del senador José María Roldán de intervenir el Poder Judicial de Corrientes. Por lo tanto, sumar un comentario al respecto puede que no agregue más que otro hilo a la urdimbre en la que se mezclan todo tipo de intereses, muchos de los cuales responden más que nada a la individualidad de quienes lo sostienen.
Pero como no hay peor gestión que la que no se hace, vale el intento de sumar algunos elementos que pueden ayudar a entender este déjà vu abonado por algunas piezas non sanctas del sistema político provincial y nacional.
El pedido de intervención federal presentado en la semana por el senador Roldán hace hincapié en ciertos asuntos que ciertamente pueden reprocharse de la Justicia. El paradero desconocido y el estado general de salud incierto del doctor Juan Carlos Codello, miembro del Superior Tribunal y tío del gobernador, por ejemplo.
La designación sospechada de fiscales y las denuncias que pesan sobre el fiscal general, César Sotelo, entre otros asuntos relacionados con el sistema de votación que se utiliza en el seno de la Corte local a la hora de dirimir cuestiones de variada índole, se suman a la lista de las supuestas “irregularidades”.
La gravedad de la que habla Roldán en su presentación, puesto que según él la Justicia esta impedida de dar respuestas a la ciudadanía, puede verse no obstante relativa, a pesar de todo, puesto que hasta la denuncia del senador, lejos de generalizar, hace foco claramente en el Superior Tribunal (con la defensa expresa del ministro Niz) y en el jefe de los fiscales. Lo de más es música.
Lo raro del caso es que se avance blandiendo la amenaza de intervención pero no se repare sobre el Poder Legislativo que, constitucionalmente, tiene en sus manos las potestades suficientes para separar la paja del trigo. Condenar a los pecadores y absolver a los inocentes.
Aquí no se procede de tal modo. Se amenaza con la intervención recordando que es la última instancia, pero no se echa manos sobre las instancias intermedias. De hecho se la ignora.
De Roldán se dijo mucho en estos últimos días. La corporación judicial lo tuvo en sus oraciones permanentemente. Hasta le enviaron saludos a su madre en más de una ocasión. Una consideración generosa que debería no ser exclusiva, pues hay otros personeros de la política doméstica que están con él o en su contra, pero que sin querer o queriendo, aunque con argumentos contrapuestos, no hacen más que generar pánico y climas enrarecidos a unos pocos meses de las elecciones.
Acorralado por las circunstancias, el presidente del Superior Tribunal, Carlos Rubín, salió a decir, sin tapujos que la intervención es el sueño de algunos para evitar la cárcel. Habló de Roldán, pero también de ex gobernadores, algunos procesados y otros condenados, precisó, aunque sin dar nombres. Tampoco hace falta. Sobran en Corrientes los buenos entendedores.
La Legislatura mantiene un llamativo silencio. Son ellos quienes pueden (y deben) terciar en la cuestión, pero los intereses, en este punto, parecen impedirlo.
Es que más allá de la defensa institucional que hace el gobernador Ricardo Colombi, pocos caen en el amague. Colombi defiende la justicia que logró armar en todos estos años de gobierno radical y ello incluye la preservación del Ministerio Público. Así, aunque no haya forma de probarlo, tanto Roldán como Colombi quieren lo mismo. El Superior y la Fiscalía General.
El senador, aliado a algunos pares suyos, a referentes con y sin votos y a un sector agazapado del kirchnerismo que parece no medir del todo las consecuencias de un posible desenlace intervencionista.
Colombi, por su parte, suma a toda la corporación judicial que siente pánico de solo pensar en perder la inamovilidad en el cargo y la intangibilidad del salario y a los sectores políticos afines a su estrategia reeleccionista.
En el medio y en la superficie queda la disputa entre un ex ministro, ex aliado, ex correligionario que, como un despechado, parece dispuesto a salvarse de lo que sea, aunque para ello juegue algunas fichas políticas que ni siquiera se animan a arriesgar quienes probablemente saquen réditos más grandes de esta movida.
La soledad de Roldán en la presentación del proyecto habla a las claras de un vacío que tiene más olor a finta que otra cosa.
De todos modos, estas son las cosas que logra la política. Junta detrás de un pedido de intervención a los que siempre ganaron con el río revuelto; a los que quieren manejar la justicia, aun dictando sentencias a través de los medios; e incluso a quienes padecieron viejas y dañinas intervenciones federales. Todo sea por la coyuntura, por el momento político, tal vez por un beneficio o la promesa de alguna dádiva. De los costos, bien gracias.
Aquí es donde parece urgente advertir que un poder del Estado no puede ser la pelota del gordito que se enoja. Hoy jaquean a la Justicia. Pero mañana puede ser la Legislatura y pasado el Ejecutivo, como pasó ya en 17 oportunidades. ¿Habrá responsables si eso pasa?
El peronismo, en toda esta década de gobierno radical en Corrientes, opinó cada vez que pudo acerca de la devastación (política y dineraria) de la intervención que empezó Ramón Mestre y terminó Oscar Aguad (a instancias de Ricardo Colombi, que también tiene en su haber un pedido de ayuda externa). Ahora, según Roldán, mas allá de la soledad de su firma, el peronismo versión K apoya el remedio federal, sólo que lo harán saber recién en su momento.
Referentes nacionales del espacio abonan la teoría, pero se cuidan de lastimar a los elementos locales del modelo que, según las usinas de Salta y Mayo, son los verdaderos ideólogos de la acción.
La sabiduría popular se mofa de estas cuestiones. Porque al estigma radical de no terminar los mandatos se le suma este de pedir que otros se hagan cargo de las cosas cuando estas se ponen un tanto complicadas.
Los medios también juegan su parte. Cada cual genuinamente puede defender una postura, pero no sólo a instancias de la política.
Los argumentos esgrimidos hasta el momento, más que rigurosos alegatos, galvanizan posicionamientos personales ante los asuntos de la ley, que en todo caso pueden resolverse, como ya se dijo, activando otros mecanismos.
Sin el necesario cuidado, así, late con fuerza el peligro de caer presos de una incoherencia histórica. Como muchos dirigentes. Hoy se hacen encima de la continuidad institucional que hace no mucho sostenían como bandera de lucha. Como la moral, todo parece cuestión de tiempo.

Mini diccionario de abusos y malas costumbres

Presenta al lector una obra de actualidad ajustada a las demandas de información de la semana. Contiene una selección de las palabras, buenas y malas, que tuvieron usos destacados en los últimos días. No obstante, esta obra está en proceso de adaptación a la nueva gramática de la lengua correntina, que aún busca su estándar de precisión.

Almacén. En ciertas regiones del norte de Argentina, los gobiernos se conocen con este nombre. Generalmente son atendidos por un almacenero.

Almacenero/a. Dueño o encargado del almacén, persona que lo atiende. Se destaca por llevar un lápiz en la oreja. Generalmente los almaceneros no usan computadoras, mucho menos las tecnologías de la computación o del mundo 2.0. Prefieren la libreta, el lápiz de la oreja y decir las cosas en la cara.

Barrionuevo, Martín. Joven economista, jurista e incluso proyectista originario de Corrientes, ciudad capital de la provincia del mismo nombre. Una especie de “todólogo” que supo integrar el gabinete municipal en épocas de la reconstrucción kirchnerista en la ciudad. En el último trimestre de 2012 fue considerado una pieza clave de la gestión del medallista olímpico devenido alcalde. En la informalidad supieron llamarlo “el aprendiz”. Hay quienes dicen que muchas veces ofició de docente. Reemplazó a Lucas (ver Ferrero) cuando hubo problemas con sus homónimos dinerarios.

Candidatura. Acción de candidatearse. Fantasía de muchos subordinada a lo que decida el jefe, que al parecer quiere seguir. En algunos otros partidos, la candidatura es el premio a la obediencia. En cierto momento se pensó que las candidaturas eran para los señores bien que podrían bancar una campaña. Eso ya no ocurre en la actualidad. Arcaísmo.

Crédito. Favores que piden unos para votar leyes que piden otros.

Droga. Picardía de los hijos de legisladores.

Escuela. Lugar donde se colocan carteles de obras por varios millones de pesos. A esos lugares asisten alumnos que reclaman porque no ven esas obras.

Facebook. Red social originaria de los Estados Unidos creada después de un robo de ideas. En los albores del siglo XXI sirve como libro. Se conoce también como un gran balcón por el cual se puede husmear la vida de los demás y congraciarse o enojarse con la vida propia según le haya ido en el reparto. Desde el punto de vista político, es también una plataforma para hacer campaña virtual: un territorio extenso y cansador, personalizado pero sin personas, y nada del entorno que pueda perturbar la sensación de lo que antes se llamaba realidad o lugar de los hechos. Vulg. Pelotudez en la que incurren ciertos políticos. Esto según un reconocido pensador mercedeño que supo ocupar encumbrados puestos de gobierno.

Ferrero, Lucas. Joven economista correntino con idoneidad comprobable en el manejo de la red social Twitter. Degradado a un cargo de menor jerarquía que necesita de sus altos conocimientos.

Gendarmería. Cuerpo de tropa con problemas salariales y de incomunicación con el Gobierno.

Hipocresía. Virtud en abundancia.

Interna. Práctica política que consiste en hablar mal del otro, siempre que éste sea del mismo partido. También existen registros (pocas veces documentados) sobre ciertos intentos desestabilizadores e incluso conspiraciones contra el líder de la facción.

  1. En vastas regiones de Argentina se llama así a la contienda electoral que dirime fuerzas entre dos o más candidatos. La Real Academia discute por estos días una última acepción a instancias de juristas de la provincia argentina de Corrientes. En asamblea, entendidos de todos los partidos políticos propusieron definir interna como “amenaza del que tiene el poder”. Ciertas minorías sostienen que la interna, además de costosa, implica procesos lentos que bien pueden resolverse hablando entre unos pocos, o bien escuchando a alguna mujer con experiencia en cuestiones de gobierno, y en eso de hablar mucho y escuchar poco.

Invectiva. Discurso o escrito acre y violento contra personas y cosas. Se conoce también como alocución cargada de agravios rústicos. En las costas capitalinas de la provincia de Corrientes, dícese vulgarmente de una “puteada” en donde el aludido no tiene derecho a réplica y asiste impasible a la filípica desde la puerta más cercana, que sin embargo no se utiliza para salir corriendo.

Justicia. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene. En Corrientes, un poder del Estado en constante disputa con los otros poderes, generalmente políticos. También se llama con el genérico de justicia, por extensión, a los hombres que la integran, mayoritariamente abogados que por poco no se tiran con piedras. Dicen los entendidos que los problemas internos de la Justicia tienen que ver con la imposibilidad momentánea de que puedan acogerse a los beneficios de la interna, derecho adquirido por los políticos con anterioridad.

K. Letra muy de moda en Argentina. La mayoría de las provincias la han adoptado como parte de su escudo. En Corrientes se hará una consulta al respecto el año próximo.

Luz. Radiación que produce percepción visual, salvo que un cable pinchado deje al mundo sin un clásico como el de Argentina y Brasil.

Mercedeño/a. Originario de la ciudad de Mercedes, comarca rica en obras públicas, ubicada al centro de la provincia argentina de Corrientes, distante a mil kilómetros de Buenos Aires, sede de la capital del país. En alguna que otra campaña proselitista, algunos intelectuales e ingenieros de la provincia pusieron en discusión la distancia y hasta hicieron carteles indicando que en realidad Corrientes está separada de Buenos Aires por 1.074 kilómetros y dos cuadras. (En este caso, Corrientes sería Capital).

  1. Para los alumnos de la provincia referida resulta indispensable retener este diferendo, pues subordina todas las otras distancias: la económica, social, cultural, educativa, sanitaria, etc.; que, como se ve, no tiene la importancia de los 1.074 kilómetros y dos cuadras que separan al Sargento Cabral del Obelisco.

Nada. No ser, o carencia absoluta de todo ser. En Corrientes, dícese de las acciones para solucionar el problema de los okupas.

Ñaño. Como tiene muchas acepciones, se discute una que se acerque a las necesidades de Corrientes. Una de las posibles, por ahora con más votos, sería: jefe comunal en relación con su Presidenta.

Obelisco. Distintivo arquitectónico de la ciudad de Buenos Aires, centro del mundo para porteños y refugio para muchos correntinos que desde allí pretenden digitar la vida de los correntinos.

Operativo. Se dice de lo que obra y produce su efecto. En Corrientes, según denuncias públicas que incluso tuvieron tratamiento parlamentario, son acciones que se montan para azuzar a familiares de legisladores que no quieren cooperar. Véase créditos.

Prefectura. Véase gendarmería.

Pobreza. Se la conoce como la madre del hambre. Aún tratan de determinar si es de izquierda o derecha para elaborar un plan de mitigación.

Política. Ciencia, doctrina u opinión referente al gobierno de los estados. En Corrientes, Argentina, un arte que permite las traiciones y sus consecuentes divisiones, muchas de ellas planificadas, para beneficios grupales siempre compatibles con el gobierno de turno.

Querer. Desear o apetecer. Amar, tener cariño. Tener voluntad o determinación de ejecutar algo. Si quien quiere es político, es probable que se materialice el objeto de deseo.

Rústico. Relativo al hombre de campo. En estos pagos se designa con esta palabra al discurso de los chacareros, por caso los de la zona del paiubre.

Silencio. Método muy efectivo para no hacerse cargo de las cosas. Se usa en muchos niveles.

Twitter. Red social perteneciente al campo de la virtualidad que permite filosofar, chismosear, insultar, hacer campañas, informar e incluso desinformar pero sólo en 140 caracteres. Canal ideal para algunos capocómicos originarios de la correntina ciudad de Bella Vista. Con este instrumento hacen enojar a ciertos gobernantes.

Urólogo. Médico necesario para calmar los dolores en reuniones partidarias donde uno es defenestrado y no tiene posibilidad de réplica. También sirve para conferencias de prensa donde se intenta poner fin a un conflicto que en realidad se agudiza. Véase gendarmería y prefectura.

Voto. Acción y efecto de introducir una boleta en un sobre y luego éste en una urna. Dada la precocidad a la que se incita por televisión, ahora se analiza agrandar la base de sustentación del sistema de sufragio.

Whiskería. Lugar próximamente en extinción. Se vendía poco whisky.

X, proyecto. Una película cuyo final es aún incierto. El argumento gira en torno a un vocablo onomatopéyico repetido: rere.

Yermo. Lugares de la ciudad de Corrientes que han dejado de serlo por obra y gracia de los okupas.

Zafio. Dícese de ciertos monólogos caudillezcos ideales para el cierre de mítines.

A falta de tierra, sustratos

“La tierra no tiene dueño,
la tierra es mujer y basta,
la tierra no es del que tiene,
si no es del que la trabaja”

La tierra no tiene dueño. Chamamé. Mario Velázquez y Julián Zini

Uno de los logros más destacados de la inventiva del siglo pasado fue la hidroponía porque, entre otras cosas, llegó para solucionar uno de los tantos problemas que genera el déficit de tierra: la falta de alimentos.
La hidroponia consiste en sustentar cultivos con los nutrientes que cada uno necesita, a través del agua: riego constante por medio de bandejas, canales o cañerías, sin que haga falta suelo alguno.
Derivado de esta práctica, pero siguiendo el mismo principio, se conoce al cultivo en sustrato inerte. Es como la hidroponía, pero a diferencia de aquella, esta técnica permite que las plantas echen raíces en diferentes superficies: aserrín, virutas, arena, lana de vidrio, cáscara de arroz, lo que fuera.
Después, para el crecimiento, sólo se necesita la luz, por aquello de la fotosíntesis, y los nutrientes, claro. Esa alquimia garantiza el crecimiento.

Contexto
Lo que viene sucediendo en los varios asentamientos de la ciudad sin que sea una originalidad correntina bien parece extraído del devenir investigativo que tuvo que pasar la hidroponía: a falta de tierra fue menester una idea de superación.
Aquí y ahora, la idea fue una toma sin avales de propiedades privadas, un evento que, como sucede con las plantas, puede nadar al capricho de las aguas o afirmarse al calor de los sustratos que subyacen. Ambas cosas pueden influir en los resultados, rindes o frutos… En este caso, los acontecimientos de la superficie dependerán también del entorno, de las decisiones que deben tomarse y que exceden el voluntarismo de los “intrusos”.
Por lo pronto y hasta tanto ocurra un desenlace, el problema de los asentamientos, además de desnudar el fracaso de las políticas públicas para hacer cumplir el derecho de la casa propia, descarna hasta el hueso la hipocresía, indiferencia e ignorancia de gran parte de la sociedad, sobre todo de aquellos que tuvieron la oportunidad de hacer realidad este caro anhelo argentino.
Claramente esto involucra también a los sectores de poder y de gobierno, por sus responsabilidades mayores que, a la luz de los acontecimientos, están lejos del cumplimiento de las mínimas expectativas que derivan de su investidura.
Lo irónico es que pese a esta realidad histórica, hoy sólo se asiste al descubrimiento de okupas, a los que con apuro se cataloga de ladrones, holgazanes, vivos, parásitos que no hacen más que vivir de las dádivas. En cambio, se le cierra el paso a la opción de vislumbrar el negocio inmobiliario de unos pocos, por ejemplo. Parece que no se vive en Corrientes, donde ese mercado fluctúa con precios irreales; donde un alquiler o una casita vale lo que un chalet en Mar del Plata, en temporada.
Tampoco se pone en duda la acción de los organismos ocupados por funcionarios elegidos y remunerados para que trabajen en la resolución de las dificultades, entre ellas las que impulsan la marginalidad. Porque se trata de eso. Sin embargo, en estos casos, no se elabora un juicio de valor celerísimo.
Se ve a los pobres, pero no la pobreza; la enfermedad, pero no la ineficacia del sistema de salud; se mira la inseguridad, pero no la corrupción policial que puede alimentarla. Se apunta contra los punteros, no contra la política que los vicia; se ve el efecto, pero no la causa, más allá de los diagnósticos.
Se mezclan en este fango los que creen que la necesidad no da derechos; los que profesan a la propiedad por sobre la sensatez solidaria; los que creen que los despabilados aquí son los pobres tipos y tipas y tipitos que se cagan de frío, se enferman y hasta se mueren por conseguir un pedazo de tierra que capaz que después vendan para emborracharse o drogarse.
Este tipo de opiniones abundan. Sólo hace falta leer algunos diarios y escuchar algunos mensajeros radiales sin filtro para comprobarlos, no sin amargura.
Pareciera que “la gente como uno” puede ver eso, porque está a la vista, pero en cambio no tiene argumentos para pensar que una movida en las sombras puede aprovecharse de la necesidad y conseguir mano de obra gratuita para cotizar un páramo y, ruido de por medio, hacer un gran negocio que, por urgente, sale por excepción, como gran parte de las construcciones de la ciudad.
Porque también está el Estado. Y hoy, el Estado son los jueces que calculan y esperan, los legisladores que también lo hacen y los gobernantes que, para no desafinar, practican la misma partitura.
Da la sensación de que no se trabaja en la proyección de una salida para el laberinto. Más bien se pierde tiempo y algunas pocas neuronas, tal vez las disponibles, en ver al adversario con mayores posibilidades para dejarle la “embopa” y sacarle a ello el mayor rédito posible. El caso de los obreros desplomados de la construcción de la calle San Martín demostró que para eso no hay límites. Oficialismo y oposición se tiraron hasta con los muertos.

La prensa
Después esta la corporación periodística (que somos todos y nos incluye), que por ayudar a veces azuza los peores fantasmas, y por depender de una voz oficial se pierde la oportunidad de hacer periodismo, conociendo las historias de la gente en vivo y en directo, sin intermediarios. Lo que hace, es como ir a la cancha y mirar el partido por la pantalla.
Lo peor es que por ignorar o por quedar bien con alguien, simplifica hasta el infinito, convirtiendo el hecho (este o cualquier otro) en una deformación que estigmatiza y discrimina.
Se abona un discurso que excluye y que convierte a la víctima en victimario, y en el mismo acto se exime de culpa y cargo a quienes son los verdaderos responsables.
Puede que esta nota esté equivocada de la capitular hasta el punto final. Sería justo reconocerlo llegado el caso. Pero parece improbable, hoy, que todas esas personas a las que se califica con el genérico de okupas, que por la fuerza de una invasión exigen el derecho de tener donde caerse muertos, sean protagonistas o extras de un maquiavélico film de poder y dinero. Algunos tal vez lo sean, pero ni eso deslegitima la carestía general, que involucra a los okupas, pero también a otros miles de correntinos no tan osados, que sin ocupar terrenos tienen y seguirán teniendo la necesidad de un techo.
Ese es el sustrato que abona la urgencia de una solución habitacional por tantos años de desidia y desinversión; por tantos enfrentamientos y las más variadas necedades. En síntesis, por tantos años de defecar sobre la ley, los tratados y la Constitución.

El mejor oficio del mundo

“El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad.”
Gabriel García Márquez

 

 

El periodismo es el mejor oficio del mundo. Lo dijo García Márquez y muchos compañeros en la profesión así lo creen, aún en las peores épocas. Aún en días como los actuales en que la indecencia pelea con la coherencia una definición en clave de sinónimo; en que la militancia disputa con la independencia nuevas formas de periodismo, como si fuera posible en esos términos; en momentos en que la descalificación desplaza a los argumentos y el mínimo reconocimiento de terceros es más bien una gestión interesada en busca de silencios o voces direccionadas.

Sucede ahora mismo. El Día del Periodista aparece como una celebración apoteótica de la hipocresía, primero porque siempre hay poco para festejar y segundo porque el mar de egos que inunda las costas de la corporación (para usar un término ciertamente vigente) nos hace malos anfitriones. Y al no ser capaces de encauzar y sostener el más mínimo respeto por un colectivo social como el periodístico, cedemos gratuitamente nuestros espacios. Entonces surgen los otros, los cientos de amos de ocasión que compran simpatías y compromisos con un par de chipacitos. Cinismo puro.

Cada 7 de junio recordamos a Moreno con una misa en la escuela que lleva su nombre y después, o antes, cenamos en el gremio. El resto de la semana nos hacemos del tiempo que no tenemos. La agenda nunca es más revisada para poder estar en la mayor cantidad de atracones de favor donde hay que escuchar incluso al depreciado porque se usa, es costumbre.

¿Alguien recuerda convite como el de los periodistas pero con enfermeros, bomberos, docentes, porteros, mecánicos o carpinteros?

Tal vez no sean “tan importantes” como los periodistas.

Lo cierto es que nosotros, dueños de la efímera verdad del momento, del día o de la historia, hasta que alguien la revise, no somos capaces de cuestionar en los hechos el por qué de los favores. Sí la veracidad de cualquier versión ciudadana que interrumpa el descanso del statu quo. Brindamos al abrigo del señorío pero le contamos las costillas a sus víctimas.

Nos olvidamos, en días como los de hoy, que la mayoría de nuestros celebrantes luchan el año entero para imponernos su verdad callando, a nosotros o a colegas.

No recordamos que algunos otros viven del diseño de los más variados métodos de censura, o de presiones de todo tipo, principalmente económicas, para hacer decir lo que conviene, antes de lo que se debe.

Días como los de hoy sientan las bases de un jubileo en el que muchos caemos, para luego, sumidos en una especie de insomnio conveniente, repitamos los discursos sin siquiera recurrir a una partitura. Recitamos de memoria, a veces sin necesidad, cierta melodía dominante (término si los hay), históricamente pretendida en tanto única.

No obstante, un día como el de hoy, tal vez sirva en el fondo también para algo. Puede que para debatir; para hacer las cuentas y tratar de ver si nuestros números pesan más en la columna del debe o en la del haber.

Es decir: ¿Sirve, un día como el de hoy, para preguntarnos por qué es mejor trabajar para un gobierno que para un medio? ¿Es posible que la obviedad de la razón del dinero se imponga, sin más, a las razones de la profesión? ¿Es posible que transitemos un cambio de formato, donde el escritorio sea suficiente verdad para trocarlo por la crónica desde el lugar de los hechos? ¿Es admisible que el periodismo de la gacetilla reemplace a uno de creación? ¿Podemos acceder a que el dato oficial niegue la más mínima investigación? ¿Somos capaces de permitir que la alienación programada desde los sectores encumbrados, del origen que fueran, sea suficiente calmante para el fuego de la preparación, de la superación permanente? ¿Es posible que después de desnudar todas estas falencias nos creamos elegidos?

El vale todo de estos días habilita primeros planos a triunfos fugaces y lo niega a cualquier crítica. De hecho, esto de la crítica nos convierte hoy, sin escalas, en estatales o corporativos, plato que se come sazonado con escraches de todo tipo, y embestidas de una violencia que desnuda el ADN de otros tiempos.

La discapacidad de la hora se ensaña con el oído más que con la boca. Escuchamos poco y, cual niño incontinente, nos decimos encima, todo el tiempo. Reproducimos discursos unidireccionales que en estas zonas andan teniendo dos propaladoras, y nos olvidamos de sus razones. No las cuestionamos. Quemamos, por tanto, la raíz de cualquier análisis.

En cambio, asumiendo cierta complicidad ignorante, muchos periodistas y medios nos adjudicamos un arbitraje ante el público al que le permitimos cualquier exceso. Ni siquiera nos hacemos cargo de decirlo con voz propia. Usamos a la gente (que también se dice encima) para abonar un discurso estigmatizante, discriminador, que convierte a la víctima en victimario de un sistema viciado, excluyente.

Cuando esto pasa, periodista y periodismo han dejado de mediar para convertirse en serviles re-productores de sentidos que no controlan.

“Es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional”, agrega García Márquez.

Tal vez, finalmente, sirva un día como el de hoy para reconocernos en el circo. ¿Nos veremos haciendo piruetas que además, por si fuera poco, otros copian, con tal de que la gente nos lea, nos siga, nos crea?

¿La vanidad que nos envuelve nos permitirá alguna vez hacer algún tipo de autocrítica seria, para que además de leernos, la gente nos tenga algo de compasión?

Ya no se trata de que nos sigan como a profetas. Se trata de que seamos dignos de recuperar nuestra propia dignidad, ultrajada por tanta hipocresía y servilismo idiota, producto de nuestro analfabetismo en el tratamiento de cuestiones clave de la cosa pública y de nuestra sumisión dolorosamente prostituta ante cualquier tipo de poder.

Por estas, y otras cosas, el periodismo seguirá siendo el mejor oficio del mundo. Porque permite, al menos, poder decirlo. Ojalá permita discutirlo.

Felicidades.

La fe de la imposición

Argentina volvió a correr el arco de sus propios derechos merced a un trabajo arduo en el que estuvieron involucrados, además de organismos sociales, la dirigencia política en su conjunto.
El Congreso Nacional, así, más allá de las disidencias propias del sistema democrático, volvió a ponerse en sintonía con viejos reclamos civiles, ampliando bases de inclusión con votos unánimes o mayoritarios. (1)
Se trata de las leyes de muerte digna y de identidad de género, que sumadas a las de matrimonio igualitario y otras de similar tenor, convirtieron al país en vanguardia a nivel mundial en el amparo de este tipo de nuevos derechos inclusivos, aunque, sobre todo, de un fuerte sinceramiento.
Pero la semana pasada fue también pródiga en discusiones por la decisión del Gobierno de la Nación que, en coordinación con el Inadi, planteó la necesidad de enseñar en las escuelas, aún en los niveles iniciales, que existen en la realidad actual familias constituidas que pueden ya no reflejar los viejos modelos de padre y madre sino también, familias con dos madres o, a la inversa, con dos padres. (2)
Muchos fueron los comentarios sobre el tema, a favor y en contra de la iniciativa. Siempre ocurre cuando lo que se debate roza alguno de los hilos de la urdimbre establecida: la de las creencias e incluso la de las ideologías.
En esencia no está mal. Lo que puede cuestionarse, tal vez, es la tendencia de mucha gente a la imposición de su fe en nombre de la fe.
Sectores progresistas de la comunidad no solo están de acuerdo con esta y otras iniciativas sino que en algunos casos hasta son impulsores de las mismas.
Lo contrario ocurre con sectores más bien mesurados que resisten la sanción y posterior cumplimiento de normas que relativizan ciertos mandatos transmitidos de generación en generación casualmente desde el poder. Resisten, pero además pretenden incidir fuertemente en decisiones de la política y, en consecuencia, del Estado.
El hecho futuro de la enseñanza de las nuevas formas de familia, avaladas por el Ministerio de Educación y el Inadi, chocó en Corrientes con los fundamentos de su realidad.
Desde el gobierno local hablan de la dificultad que encierra transmitir estos conocimientos a niños tan pequeños. Reconocen incluso que otras leyes, como la de educación sexual, cuestan enseñar por la escasa formación de algunos docentes.
Más allá de la queja, hay en esa declaración una suerte de comodidad al atar ese obstáculo al statu quo y a cuestiones supuestamente exógenas: presiones de instituciones como las iglesias, que se oponen enérgicamente a enseñar lo que consideran, sin medias tintas, una especie de degeneramiento de la humanidad. (3)
Pero por encima de la opinión que pueda forjarse cada individuo, conforme su propia historia, lo que no deja de hacer ruido es la resignación de algunos funcionarios: se entregan sin dar batalla a los nuevos desafíos de la hora; denuncian abiertamente presiones institucionales y en el mismo acto, bajan los decibeles de las acciones del Estado por temor a campañas opositoras que puedan surgir desde los púlpitos. Esa es la fe de la imposición.
La religión cumple un rol y debe seguir siendo albacea de valores. Puede incluso imponer a sus feligreses las normas que mejor cuadren a su sostenimiento. Lo que se le reclama, en todo caso, es dejar hacer. Algo mucho más complejo que la simplificación del autoritarismo o la intolerancia con la que se responde a lo que no se conoce.
El Estado provincial se ha manifestado abiertamente en la misma línea que la Iglesia Católica en muchos de los temas candentes que generan intercambios últimamente. (4) El Gobierno de la Nación, en cambio, cumple sostenidamente una bitácora de nuevos derechos, pese a que la Presidenta y otros tantos funcionarios, incluso los legisladores del partido de gobierno, declinan su acompañamiento cuando la conciencia es la que manda.
Por eso la mira está puesta en otro lado. Está en la necesidad de reconocer al otro, al distinto, en sincerar realidades.
Duele revisar archivos enteros y encontrar que gobiernos y otras tantas entidades, milenarias algunas, se resignan a creer que “pobres hubo siempre” para no hacer nada que los saque de esa situación. Pues con ese criterio bien puede decirse que siempre hubo lo que la ley de hoy reconoce.
Puede decirse, en todo caso, que subyace en esto una negación y una dosis concentrada de hipocresía que lejos de ayudar, carcome los cimientos que se pretenden cuidar.
Tachar de conservadora a una comunidad para luego tirarse a muerto -al decir de Roberto Arlt- no es más que una proyección de la propia incapacidad. Las personas son libres de tener sus creencias, pero la parte no puede tenerse por la totalidad y menos desde el Estado, porque podría estar evadiéndose de las necesidades de las minorías.
¿Quién podría negar valores como la vida, la paz, la solidaridad, la compasión o el perdón? Entonces, lógico sería reconocer que el afecto que madura en el corazón bueno de un niño o niña, no importa si es de mamá, papá, o de los dos; o de mamá y mamá o, tal vez, de papá y papá.
Ejemplos sobran para todo. Incluso para hacer notar las desviaciones de muchos individuos criados en senos familiares constituidos como mandan las escrituras.
La gente que vive en un barrio privado acepta las normas que rigen en ese ejido para después compartir los ordenamientos generales. Eso no se cuestiona. Sí sería controvertible que las normas del barrio quieran imponerse en el resto de la ciudad.
Los derechos de hoy no son los del centenario y no serán los mismos dentro de 100 años. Cambia, como la vida, porque evoluciona. No pensarlo de ese modo, vacía los dogmas a los que muchos se aferran, porque la realidad termina superándolos.
La vida, por tanto, tal vez sea un punto de acuerdo. La vida en todas sus formas.
¿Quién puede estar en contra de ella? Ahora, negarse hoy a la posibilidad del aborto, por ejemplo, ¿no contradice el silencio sobre los 30 mil asesinatos de los años de plomo? ¿Acaso una vida vale más que otra? (5 y 6)
Estuvo bueno poder preguntar. Está bueno poder debatir. Estaría bueno que se escuche a todos.

REFERENCIAS
1. Ley de muerte digna. Se aprobó en Diputados el 30 de noviembre de 2011. El Senado lo convirtió en ley por unanimidad el miércoles pasado. Lo mismo pasó con la ley de identidad de género.
2. Agencia Oficial Telam. http://www.telam.com.ar/nota/24348/
3. Diario El Litoral. http://bit.ly/JrC1T4
4. Diario El Litoral. http://bit.ly/KzkYy6
5. Diario Página 12. http://bit.ly/IYugm5
6. Diario El Mundo (España). http://mun.do/JMF2x9

Los miserables

 

A LA MEMORIA DE LOS OCHO
“Hablando pocas palabras lo he visto a Vargas,
quedarse así de cuclillas mirando lejos…
Cercado entre el hormigón, no encuentra su cielo aquí,
de balde lo está buscando entre tanto gris”. (1)

 

¿Cuánto vale la vida? ¿Puede cuantificarse en relación con algo, por caso el dinero? Bibliotecas enteras podrían argumentar acerca de la inconmensurabilidad de la vida, hasta que todo se derrumba. En ese instante se pasa una frontera: se ingresa al territorio donde impera la realidad.

Para los académicos la realidad es la “existencia real y efectiva de algo” (2). Algunos otros subrayan su carácter dual, su alcance concreto y conceptual a la vez. Para nosotros, aquí, la realidad es una dualidad que se alimenta de lo que es y de lo que debería ser, juego en el que se impone ampliamente lo primero.

En este “país del no me acuerdo” (3), la realidad fue el sustrato que permitió el derrape de un avión, el choque de un tren, la cantidad de víctimas de los siniestros viales absolutamente evitables, Cromagnón, Etchecopar  (4); las niñas madres y las madres de las niñas, sus estigmas: los propios y los que reparten algunos personeros del palacio cuando se encuentran con algún micrófono cerca de sus bocas cargadas de ira y resentimiento.

Realidad es la pobreza que mata sin que importe; la prepotencia que te obliga donar sin que quieras. Es la caída de un piso mal calculado, una construcción irregular que se lleva consigo ocho historias (5): de padres, hijos, hermanos, tíos, sobrinos. Vidas, nada menos.

Realidad es la falta de controles públicos y la escasez de responsabilidad privada. Es la misma nada que se apodera de comercios, escuelas, rutas, boliches e incluso de obradores. Es la ley pasible de trampa; la ley mal hecha por legisladores mal votados y peor instruidos. Es la impunidad que ampara la viveza, la sociedad que naturaliza el riesgo permanente, los medios que callan pensando más en sus cuentas que en su rol.

Realidad es el exceso de formalismos. Es tardar un año para empezar algo por derecha y sólo 6 meses para terminarlo, eso sí, pagando pequeños sobornos por la insignificancia de ser un contraventor consuetudinario. Es la degradación social-empresaria, la sobrevaluación del negocio. Es ser juez y parte: garante del control para los otros; sujeto inmune para los propios emprendimientos. Es tener vía libre por obra y gracia del amiguismo, tráfico de influencias y cosas por el estilo, tan glamorosas en estos tiempos. Es la economía que acucia y empuja a la baratija; la supremacía del costo por sobre el peligro, la diferencia entre el daño de algo y la muerte de alguien.

Realidad es la jactancia del poder que sabe al dedillo, con detalles de espía, quién comete los delitos. Es la prudencia de no decirlo si el infractor es un amigo. Es la canallada de denunciarlo -por lo bajo y con terceros- si es un adversario (siempre en el momento oportuno, para maximizar los rindes políticos).

Realidad es la indecencia de mentir acerca de gestiones largas e imposibles -que nunca se hacen-si es que calma los reclamos. Es no dar la cara. Es un fideicomiso sin rostro y generalmente sin escrúpulos. Es ser calle y vereda, pero al mismo tiempo. Es ser custodio de la fe pública de 8 a 12 y de 16 a 20, e infractor no creyente el resto del día; es ser funcionario de medio tiempo y vecino ciego o apático siempre.

Realidad es echar a alguien del Estado por promocionar un culo y, extrañamente, sostener a quien deja morir por indolencia o dolo. Es sostener a quien dice que los pobres son los vivos, que además de tener sexo y recibir la gracia de la vida, consiguen un premio en billetes.

Realidad es la tozudez y la complicidad. Es la prostitución de todos y todas. Es mirar sólo para adelante y creerse especie única. Es extrañarse cuando se habla de inclusión, del otro. Es la estrechez mental del ventajero o calculador, sea periodista, funcionario o constructor. “Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón”. (6)

Realidad es recordar. Es hacer notar que estuviste en la cárcel pero no en la obra; en el exterior pero no en la cárcel. Es ver a quién puedo tirarle un muerto cual chupita en carnaval. Todo vale.

Realidad, lamentablemente, es creer que la desgracia es un invento de la prensa. Es no ver un error o no poder admitirlo. Es la soberbia que nubla hasta el más grande de los actos solidarios.

Realidad es mirar sin ver, escuchar sin oír; es vivir sin cumplir pensando siempre en ganar. Es no asumir siquiera una parte de la responsabilidad subsidiaria que de-viene de ser libre, aunque parte de un cuerpo social.

Es creer que un exabrupto es lo mismo que la muerte y que todo se pesa en la balanza electoral. Es mover contactos, contar votos que no existen en elecciones imposibles aunque imaginariamente permanentes.

Es la “miserabilidad” misma de querer alcanzar las urnas siempre, aunque para ello haya que pisar escombros o pasar sobre cadáveres. Es el calabozo invisible y eterno por el pan, como en la obra de Víctor Hugo (7).

Realidad es pertenecer a esa clase que, según otros, no vale más que el mendrugo del jornal. Es vivir así y morir así, como los ocho: miserables.

Pero es también la esperanza de que las cosas cambien. De que caiga quien tenga que caer por el peso de su malicia o el lastre de su degradación, no por la imprudencia del apuro exigido por la renta, que el jueves, en el derrumbe, dejó en sus bolsas ocho arneses que ahora ya no tienen quién los use.

 

 

  1. “El cielo del albañil”. Chamamé. Teresa Parodi y Antonio Tarragó Ros.
  2. Definición. Real Academia Española.
  3. “En el país del Nomeacuerdo”. Tema infantil. María Elena Walsh.
  4. a. El vuelo 3142 de Lapa, se estrelló en el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires el 31 de agosto de 1999 a las 20,54. Murieron 65 personas.
  5. Una formación del tren Sarmiento impactó a las 8.32 contra el andén en la estación Once. Fue el 22 de febrero: 51 muertos y más de 700 heridos.
  6. Al cierre de esta nota, sólo en Corrientes se registraron 49 accidentes fatales en 2012: 62 muertos.
  7. Incendio en el boliche República Cromagnón. Ocurrió el 30 de diciembre de 2004: 194 muertos y más de 700 heridos.
  8. Asalto en la casa del conductor Baby Etchecopar, el 12 de marzo pasado. Un muerto y varios heridos de bala.
  9. Hasta anoche era el número de muertos por el derrumbe del barrio La Cruz. Todavía hay dos heridos graves.
  10. “Cambalache”. Tango. Enrique Santos Discépolo.
  11. “Los miserables”. Novela. Víctor Hugo, publicada en el año 1862.

 

http://www.ellitoral.com.ar/es/articulo/192709/Los-miserables

Para hacerse escuchar, la campana debe sonar

 

“A los médicos, la intolerancia, la incertidumbre y el narcisismo nos hace vivir los aciertos como producto de nuestra capacidad, olvidando el azar, y responsabilizando de los errores a algún otro o al azar, olvidando o negando nuestra incapacidad.”
Alberto Agrest. Médico académico.

 

La muerte de Agustina Cristaldo, la nena de 3 años que el lunes ingresó al Hospital Pediátrico en busca de atención médica y ayer fue sepultada, cuanto menos actualizó el debate sobre las condiciones del sistema público de salud, la responsabilidad de los gobiernos encargados de su organización y gestión y sobre la pericia de los médicos y asistentes que son la cara visible de ese sistema.

Entendidos en la materia hablan de la necesidad de reorganizar el esquema de atención; de hacer funcionar la descentralización que se pretendió con la implementación de las salas y centros de salud y, por lo tanto, de contar y contener al material humano encargado de aplicar las políticas sanitarias definidas, se cree, como políticas de Estado.

Las limitaciones presupuestarias jaquean siempre ese deber ser. De ello hablan los gobiernos para justificar su intransigencia ante el reclamo de los gremios, y de ello también hablan los gremios para justificar sus paros. Pero una realidad se da de bruces con esta cuestión: los profesionales preparados en Corrientes hoy ejercen en otras provincias, incluso más pobres que esta, aunque cueste creerlo. Entonces, ¿no hay dinero, voluntad, o lo que escasea es la inteligencia para administrarlo?.

No hace mucho, por caso, el Pediátrico fue un hospital de referencia en el país, capacitado para atender a pacientes que demandaban prestaciones de alta complejidad. ¿Que pasó ahora con esta niña? Dicen que la Justicia se encargará de revisar el caso. Pero mientras tanto, ¿quién se encarga de lo otro, de reorganizar el sistema, de equipar los hospitales, de capacitar médicos y rentarlos de acuerdo a sus responsabilidades?.

Los gremios del sector vienen desarrollando medidas de fuerza por estas y otras cuestiones. Advirtieron en más de una oportunidad que este (la muerte) podría ser el resultado. Ahora que está la muerte sus responsables aclararon rapidito que el Pediátrico no estuvo de paro. ¿Cómo es entonces? ¿Hay o no hay precariedad laboral?

En el Juan Pablo II, como sucedió ya en otros hospitales, sus directivos primero salieron a proteger la prestación de sus médicos, después a colaborar con la justicia por el esclarecimiento del caso de Agustina y en las últimas horas a quejarse por la falta de médicos, de enfermeros pediátricos y de otros asuntos que no siempre están en la agenda de charla con los responsables políticos del Ministerio de Salud. Si de eso hablan, alguien no entiende o no hay respuestas.

En paralelo, médicos con jerarquía dentro de la institución, no tuvieron mejor idea que recurrir a las estadísticas. “Atendemos a más de 250 mil niños por año”, aseguró ayer un doctor en contacto con la prensa. O pretendió con ello revivir el recuerdo de viejas glorias o, lo que sería peor, intentó justificar la muerte por una cifra.

Pero fueron más allá todavía. Este y otros profesionales salieron a cuestionar la tarea de la prensa, como queriendo matar al cartero. Resulta que para estos doctores, y también para algunos chupamedias de profesión, integrantes de una claque de pseudo comunicadores de moralina, la prensa informó sobre el caso de manera parcializada. Reflejó el dolor de la familia y no la rotura de unos vidrios, la bronca amenazante de los padres y no la voz oficial.

Tal vez tengan razón. En cuestiones como esta, la prensa suele defender al más débil, dándole voz al que no tiene, no al que la oculta. Pero además, deben saber los doctores -y los serviles-, que una campana se escucha si la hacen sonar. Es muy difícil para la prensa acceder al campanario, es decir, defender una posición que no conoce.

Ni el director del hospital (salvo en una mini conferencia de prensa), ni las autoridades del Ministerio de Salud, ni la fiscal de la causa, ni el jefe de los fiscales respondieron requisitorias periodísticas tras el escándalo. Este diario los buscó infructuosamente. Ese vacío lo llenó una familia desbordada de dolor por la muerte de una niña y por el (mal) trato humano de los médicos y enfermeros.

La crítica elíptica, no obstante, activó los teléfonos. Ayer, cual corporación, los médicos quisieron explicar sus verdades, casi como el dueño del chancho pateado que cuenta el refrán. Hasta hubo una reunión interna en el hospital. Raro, teniendo en cuenta “un caso” en 250 mil al año.

La prensa también comete errores, graves algunos. Pero no es error de la prensa no acceder a la información por una negación de quienes detentan circunstancialmente el poder de administrarla. Y mal que les pese a algunos, periodismo se hará siempre. Y será del bueno si horada las posiciones soberbias de los grupos dominantes, cualquiera sea su origen.