Macri, Mandela, el Papa; un libro sobre Corrientes y el juego rústico de Colombi

Si un detalle bastara para definir el presente de un momento histórico y de “relaciones carnales” (1) entre el refinado macrismo nacional y el bucólico colombismo vernáculo, el mismo se exhibe sin impostaciones en la antesala del despacho presidencial de Casa Rosada: un libro sobre estancias correntinas que propone a los invitados de Mauricio Macri un paseo por el Taragüí.
La obra de Aníbal Parera (2) está allí, casi como un descuido sobre una mesa ratona de la Secretaría Privada del Presidente. Los periodistas de la región que esperan acceder al lugar más importante de la institucionalidad argentina -que paradójicamente antes era sólo un comedor- se sorprenden por el cumplido gubernamental que simboliza, vaya si lo hace, el cambio de época.
No había semejante trato en tiempos de Néstor Kirchner. De cuando El sostenía la transversalidad. “En tiempos de Ella sólo había maltrato”, se quejan aún hoy los radicales correntinos que a veces acuden a la amnesia para exorcizarse de su pasado parento-kirchnerista.

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Es lunes de siesta en Buenos Aires. La temperatura por un lado y la humedad por el otro, multiplican al infinito las quejas de los porteños por el calor. En la Casa Rosada hay refrigeración de sobra, pero no alcanza a morigerar la calentura que viene de la semana anterior por la entente opositora entre el “impostor menos confiable de la política nacional”, Sergio Massa, y todos sus ex amigos, aquellos de los que se había separado por las esquirlas de otras traiciones.
En eso se hace la hora. Una puerta se abre y se deja ver el despacho del Presidente de la Nación: impoluto, millonariamente remodelado entre la última década y el último año. En el fondo el viejo escritorio, testigo mudo de éxitos y fracasos, de avances y retrocesos. De las mayores glorias y de las peores tragedias del país. Una computadora, un velador, un portapapeles-lapiceras de bronce. Portarretratos de la actual familia del ex jefe de Boca Juniors y muchos oficios encarpetados. Ningún libro a la vista.
El ventanal que da al jardín del fondo, hacia “El bajo”, deja entrar luz a la sala. Cortinados de colores naturales y la Bandera completan la escena solemne que envuelve de un halo especial al remedo del Sillón de Rivadavia.

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Sólo Dios sabe de aquel sillón. El que ofrece reposo a los mandatarios de estos días no fue el que usó Bernardino sino el que llegó para la primera presidencia de Julio Argentino Roca. Data de 1885 y está hecho de madera de nogal italiano. Fue decorado con la técnica “dorado a la hoja”, con láminas de oro, y adquirido en la Casa Forest de París a fines del siglo XIX. Ha sido utilizado desde entonces por todos los presidentes.
Un manual consultado dice que hace unos años Cristina Elisabet Fernández mandó a recuperar antiguos sillones de madera que había adquirido el propio Julio Argentino. Fueron lustrados y retapizados en cuero color crudo para acompañar la clásica mesa de reuniones que está en el punto culminante del despacho presidencial.
Así se compone actualmente el mobiliario de mando. Se completa con varias mesitas auxiliares. Una en particular sostiene, en el fondo y en blanco y negro, un retrato de Nelson Mandela: un inspirador del presidente Macri.
Dicen que el espíritu de convivencia y reconciliación contenido en el libro “La sonrisa de Mandela”, de John Carlin, ayudó a Mauricio a superar situaciones difíciles con gente muy distinta a él. También, aseguran algunos conocedores del mundo Vaticano, que fue aplicado por el propio Papa Francisco para construir una nueva relación política e institucional con Macri.
Uno podría pensar que Mandela estaría complacido con el reconocimiento y los halagos del primer mandatario argentino, pero tal vez haría algunas observaciones por la distancia que se registra entre las buenas intenciones del “populismo cool” (3), rabiosamente democrático, eso sí, y la severa matriz político-económica neoliberal con la que hace equilibrio su confeso admirador.
Si viviera Mandela, contradiciendo la lógica anterior, tal vez hablaría con Macri de los temas más reales y dañinos que esas viejas nomenclaturas de la política de izquierda y derecha, herencia de la Revolución Francesa. Tal vez hablarían de la grieta. ¡Vaya grieta la de Sudáfrica! Blancos y negros. Como acá, pero a los tiros.
No es casual, por eso mismo, que el montaje de esa mesita incluya también al CEO del cristianismo. Y pese a todo lo que se dijo sobre la adustez del Papa a la hora de recibir a su ex vecino de cuadra (4), dos fotos se exhiben en el pequeño mostrador: en compañía y en soledad, Mauricio Macri se muestra con Jorge Bergoglio, pero el de versión sotana y solideo blanco.
Sean amigos o no, una foto con el “Papa peronista” (5) claramente deja dividendos en términos políticos y simbólicos. No es poco para ese lugar y para este momento.

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Se sabe oficialmente que además de restaurar sillas de la época de Roca para los visitantes del presidente, CFK mandó a recuperar y colocar en su despacho antiguos cuadros de sus próceres preferidos: José de San Martín, Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Manuel Dorrego.
El presidente Macri optó por sacar esos cuadros de los próceres de la Revolución de 1810 para poner gigantografías de la ciudad de Buenos Aires y otras piezas de arte contemporáneo: optical art, abstracto, algunas notas del neoplasticismo de Mondrian y obras de Luis Benedit, el pintor que coleccionaba “Amalita” Fortabat (6).
-¿Por qué sacaron a los próceres?
-Esto es mejor. Los otros te miraban feo todo el tiempo -argumentó el vocero Iván Pavlovsky, buen anfitrión de la entrevista-.

En realidad, según se supo en su momento, Mauricio Macri se afectó negativamente por el gusto con el que estaba decorado el despacho: anticuado y ambientado como un museo. Dicen que tenía dolores de cabeza y ningún analgésico le hacía efecto. Por ello no sólo quitó las pinturas sino que mandó a curar energéticamente el salón, tal vez siguiendo a su guía budista, según escribió en su momento un periodista metropolitano.
Y hablando de símbolos y de limpieza, Macri también mandó a sacar la mesa larga que encabezaban El y Ella y la reemplazó por un coqueto living (madera y telas en color crudo) recostado sobre el hogar de hierro fundido, madera labrada e incrustaciones de metal dorado. Es el centro geográfico de la sala. En el fondo, el sillón de Roca que suple al de Rivadavia; en el frente, por donde entran los visitantes, una mesa redonda, más bien chica. Living y mesa redonda. Poder horizontal, cercano, empático, trabajo en equipo. PRO.

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Todo está listo. Los equipos de grabación preparados. Libretas abiertas.
Además de los periodistas que ya estaban acomodados para escuchar al Presidente -perfectamente identificados con cartelitos de mesa hechos para la ocasión-, todo el gabinete comunicacional de Presidencia: el vocero Pavlovsky, el subsecretario de Comunicación Pública, “Juano” Gentile, y el secretario de Comunicación Pública, Jorge Grecco.
Atentos y tomando nota, pero en silencio absoluto, los cancerberos rococó de contenido macrista se limitaron a explicar la modalidad de charla y a cronometrarla.
Cumplidas las formalidades, la enorme puerta fortificada de madera color caoba del fondo de la oficina se abre y entra Macri: zapato marrón, pantalón y saco azul, camisa blanca cuadriculada con líneas oscuras, un tanto ojeroso, cansado y con media voz producto quizás de haber gritado los goles de Boca del día anterior (7) o de haber maldecido todo el fin de semana largo a los impíos de la política tradicional que le clavaron la daga del Impuesto a las Ganancias.
Eran horas cruciales para este segundo fin de año del Gobierno. Las reuniones se sucedían y se suceden todavía hoy con el fin de frenar ese intento o de encontrar, en el mejor de los casos, tiempo y luces suficientes para convertir la derrota al menos en un empate que disimule la falta de experiencia o de timing legislativo, claraboya por la que se han colado, desde el minuto uno, las derrotas políticas del nuevo régimen.
Macri saluda uno a uno. A los hombres, apretón de manos y mirada fija a los ojos. Un beso a la mujer. Se sienta, se acomoda y ordena:
-Empecemos.

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El marido de Juliana Awada y papá de Antonia (y de Agustina (34), Gimena (31) y Francisco (27), de su primer matrimonio con Ivonne Bordeu) reconoció, ante preguntas de El Litoral, no que mintieron pero sí que “generamos expectativas que no cumplimos porque el punto de partida fue catastrófico”.
No es menor que lo diga, ya que si bien pone en la columna de la “herencia recibida” parte de los fracasos iniciales del Gobierno, relativiza el relato de los súbitos alcahuetes del poder que intentan depositar en la mochila de la oposición la generación de expectativas que responden a la lógica de Baglini (8).
Ese razonamiento dice que “el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”. Aplicándolo al gobierno de Cambiemos, dejaría a más de uno con la boca abierta a la luz de los resultados. O le daría a esos mismos la oportunidad de mantenerla cerrada. Pero ese es otro análisis.
Siguiendo con la entrevista, Macri también dijo que espera “que se me juzgue por si puedo o no reducir la pobreza”. Se le reconoce haber puesto en valor al Indec -pese a que aún hay varios índices y todos muy distintos- y ahora se espera que los gobiernos provinciales, entre ellos el de Corrientes, puedan seguir la misma línea con sus oficinas estadísticas, de receso estratégico hace años.
A propósito de Corrientes, el Presidente sostiene que “necesita conectividad”, que “lo único que tiene son caminos destruidos y está aislada del país”.
Dijo asimismo, respondiendo a El Litoral (pero de Santa Fe, insospechado de inmiscuirse en la interna de esta provincia) que “los gobernantes que sólo pagan sueldos no aportan mucho” a la comunidad. Algunos dirigentes peronistas hicieron interpretaciones locales sobre esta afirmación general, ciertamente sustentada en un sentido de responsabilidad gubernamental que excede la lógica del almacén de pueblo.
No obstante, siguiendo esa línea de conceptualización económica, Macri aseguró estar convencido de que “la inflación es la mayor estafa que uno le puede hacer a los que menos tienen” y que trabajan en revertirla. Se trata de un trabajo arduo, de largo aliento. Más aún: “Este cambio de época requiere de coraje, autenticidad, visión de largo plazo”, enumeró.
Reconoció asimismo que “todavía hay mucha gente enojada” y que “razones tienen porque se les mintió mucho durante muchos años”.
Verdadero. Siempre fue así.
Ahora mismo sucede con aquello del aluvión de inversiones, con la devaluación, con el segundo semestre, con la desocupación, con la pobreza cero. Con el aumento de las tarifas (despacito o todo junto) y con el anuncio, hecho por el propio Presidente, de que el calor de este verano vendrá con cortes de luz.
(Y a propósito de la mentira, en algunas radios correntinas todavía resuena como eco el jingle oficial más descarado de los últimos tres lustros: “La cortamos con los cortes”).
Por eso mismo “estoy apostando desde el primer día al valor de la palabra”, insistió Macri, y a quienes lo acusan de usar los mismos métodos del kirchnerismo (la eficiente disciplina de la billetera) los desafió: “Si alguno sale a decir que hay presiones debería caérsele la cara de vergüenza”.
En eso estaba. Hablaba relajado y exponía a la perfección su solvencia en temas específicos de las regiones que atiende a través de los medios provinciales agrupados en bloques. De repente se irguió, pidió disculpas y se fue:
-Un segundo muchachos, tengo que hacer una escala técnica.

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La parada demandó varios minutos. Los periodistas, mientras tanto, dialogaban de cualquier cosa, hasta que alguien hace una pregunta inquietante:
-¿Ustedes saben cuál es el paradero de “Lole” Reutemann? -senador crucial para el oficialismo, que hace bastante tiempo está retirado en cuarteles de silencio-.
Los asesores se miraron, ninguno puede responder esa pregunta.
-Tal vez el Presidente lo sabe -arriesgó uno de ellos-.

-¿Saben cómo votará “Camau” Espínola el Impuesto a las Ganancias en el Senado? -tanteó El Litoral-.
-Silencio. Risas. Luego silencio: vuelve el Presidente.

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La ronda específica con cada provincia se cumple y El Litoral avanza sobre la coyuntura.
-¿Colombi es el cambio? ¿Qué tendría para aportar que no haya aportado después de 15 años?
-La política de Corrientes en sí misma constituye una situación particular. No son las generales de la ley. Valoro mucho que Ricardo (Colombi) sea un tipo de larga tradición política que haya creído en el cambio y entendido la necesidad de una política más cerca a la gente, ligada a la obra. Es un hombre que está siempre muy encima de las obras y de las transformaciones que hace en su provincia. (Y) está preparando en su equipo distintos candidatos para continuar.

-¿Tienen candidatos?
-Creemos que hay gente muy preparada y capaz, a la que se agrega gente de otros espacios de Cambiemos. Surgirá en algún momento el candidato con más apoyos para ir a elecciones contra, seguramente, (Camau) Espínola y alguien más…

-¿No descarta un candidato del PRO?
-No. Será un candidato de Cambiemos.

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El Presidente da por terminada la entrevista y sus asesores le indican que aún queda tiempo para una foto grupal. Accede, y mientras tanto, hay espacio para una última pregunta. Tiene que ver con su amigo el gobernador de Corrientes.
Dicen que hay mediciones que le dan muy bien y que en ello podría sustentarse la estrategia electoral de ECO para 2017. Desdoblar elecciones permitiría, por caso, que Colombi vaya varias veces de candidato. ¿Qué hará? Nadie lo sabe aún.

-¿Usted cómo lo ve a Colombi, Presidente?
-Es un dirigente muy importante, una persona muy inteligente.

-Si se queda desocupado el año próximo -las deidades no lo permitan- ¿lo traerá al Gabinete?
-A jugar al fútbol lo vamos a traer.

Colombi en realidad ya juega el picadito de los miércoles con el equipo de los amantes de Gilda y de los globos amarillos. Por eso, ya en la despedida, el vocero Pavlovsky completa la respuesta del Presidente.
-Es rústico. Colombi putea mucho pero no se mueve.
Quien esto escribe quiere suponer que hablaba del juego…

Referencias
1. La frase pertenece a Guido Di Tella. Fue un ingeniero, economista y político argentino, ministro de Relaciones Exteriores durante el menemismo. “Relaciones carnales” fue la expresión con la que el ex funcionario buscó demostrar el alineamiento de la Argentina con los Estados Unidos. Se remonta a 1991. Di Tella la pronunció en un encuentro con las máximas autoridades del Banco Interamericano de Desarrollo, en Washington, explicando la política que la Argentina quería mantener con los Estados Unidos.
-No queremos tener relaciones platónicas: queremos tener relaciones carnales y abyectas.
2. “Estancias de Corrientes”. El libro fue presentado en diciembre pasado con invitación del Gobierno de Corrientes.
3. Populismo cool: categoría propuesta por Beatriz Sarlo en el marco de un ensayo publicado por la revista Noticias el 7 de diciembre pasado.
4. Vecino de cuadra: la Catedral y sede del Arzobispado de Buenos Aires se ubica enfrente del edificio y despacho que hasta 2015 usó el jefe de gobierno porteño, que no era otro que Macri.
5. “Papa peronista” fue la calificación que el gobernador Ricardo Colombi otorgó a Jorge Bergoglio en una entrevista con El Litoral publicada el 3 de abril de 2016. (www.ellitoral.com.ar/407146)
6. María Amalia Sara Lacroze Reyes de Fortabat (Buenos Aires, 15 de agosto de 1921 – 18 de febrero de 2012) fue una empresaria, multimillonaria, filántropa, mecenas y coleccionista de arte argentina. Nacida en el seno de una familia aristocrática, sus primeros idiomas fueron el francés y el inglés. Durante su juventud se convirtió en un ícono de la moda de la clase alta y participó en diversas obras benéficas.
7. En un emocionante partido, Boca Juniors ganó el Superclásico en cancha de River. Fue 4 a 2 a favor del equipo del Presidente y de Barros Schelotto.
8. En Argentina se denomina “teorema de Baglini” a un concepto que sostiene que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder. Fue enunciado en 1986 por Raúl Eduardo Baglini, abogado y político argentino, que ha ejercido como diputado y senador nacional entre 1983 y 2003.

Monseñor Castagna: “Es lamentable querer tener al pueblo empobrecido para mantenerlo sujeto”

 

 

 

EDUARDO LEDESMA – SEBASTIAN BRAVO – MARCOS MENDOZA

 

 

A monseñor Domingo Salvador Castagna le falta poco para ser el que fue. Carece de fuerzas para recuperar su andar intenso pero le sobra gimnasia en su lengua filosa. Castagna es el mismo de siempre pero más viejo (tiene 83 años) y sin poder (es obispo emérito desde el 27 de septiembre de 2007, cuando el Papa Benedicto XVI le aceptó su renuncia). “Ya no vienen a verme los que antes venían”, dice. Se lamenta con misiles discursivos de alto impacto, sin destinatarios explícitos pero que siempre han tenido su acuse de recibo. Considera que “la sociedad está enferma, sobre todo de violencia demencial” y si bien incluye a la Iglesia entre los responsables de su sanación, apunta a los dirigentes políticos como principales “moderadores sociales”. Cree, sin embargo, que “no hay respuestas”. Insiste y reclama: “El que gobierna es un ejemplo para el pueblo”. Debe serlo, al menos, pide.

Mañana se cumplirá una década del X° Congreso Eucarístico Nacional. Se hizo en Corrientes, participaron más de 100 mil personas y hasta estuvo el ahora mundialmente famoso papa Francisco, entonces cardenal primado Jorge Mario Bergoglio. El lema era “Denles ustedes de comer” y hablaban de un pueblo “pobre y robado”.

En vísperas, El Litoral entrevistó a Castagna en el solar histórico de la Cruz de los Milagros, su actual residencia. “Elegí quedarme en Corrientes”, destaca orgulloso. El lugar transmite tranquilidad y soledad, un poco por su personalidad y otro por los artefactos quemados por los vaivenes de la tensión eléctrica. Tampoco estaba el cura con el que suele vivir, quien se encuentra atendiendo asuntos familiares. A él lo suele acompañar en sus misas en el Pirayuí. De todos modos, da misa todos los días en su capilla. “Casi siempre, solo”, detalla. En ese marco, custodiados por fotografías de los tres últimos papas, sucedió esta charla.

¿Cómo se eligió a Corrientes como sede del Congreso Eucarístico Nacional (CEN)?

Estábamos en una reunión donde se tenía que elegir la sede. Y había, como candidata, una diócesis más prestigiosa, más céntrica. Pero el ahora cardenal (Estanislao) Karlic, que era presidente del Episcopado se me acerca y me dice: “¿Qué te parece Corrientes?

No. Le dije que no, que estábamos saliendo de la crisis de 1999 que nos llevó a la intervención. Estábamos saliendo de eso, y se iniciaba la primera gestión del actual gobernador cuando se hizo el Congreso.

Le dije: ¿Te parece? Después la organización es muy costosa. Nosotros somos pobres. “Bueno pero eso no importa”, me dijo. “Te ayudamos todos”. Y después en la asamblea dice: “Yo hablé con monseñor Castagna y dijo, bueno; no me dijo que no”. Así se eligió Corrientes en 2002.

Por eso la crisis a la que aludía estaba muy reciente…

Claro, pero además había sólo dos años de preparación para el evento, pero bueno, la Asamblea aplaudió unánimemente y se decidió que en 2004 se haría el Congreso en Corrientes. Digo bueno, voy a consultar. Y me acuerdo que llamé al padre Sánchez, que era mi vicario general. “Qué bien monseñor”, me dijo. Así que así se hizo.

¿Cuál es la conclusión que usted saca hoy, a 10 años del Congreso?

Creo que quedó marcado Corrientes y marcado el país con ese Congreso. Fue un Congreso que dejó una huella profunda. Me lo decían los obispos. La gente se fue conmovida de Corrientes. Eso me lo expresaba, por ejemplo, monseñor (Carmelo) Giaquinta. Decía: “Yo fui a muchos Congresos, pero este me llegó al corazón”.

Fue movilizante…

Creo que uno de los factores para que ello ocurra fue la idiosincrasia del pueblo correntino, que es muy acogedor, muy hospitalario. Y ahí sacó toda su capacidad.

Un pueblo que sufría mucho también de aquello que se hablaba en el Congreso: la pobreza, por ejemplo.

Claro, había pasado una crisis muy dura y era además una realidad muy probada para el pueblo. Recién ahora estamos con un orden más constitucional, por ejemplo.

Pero lo interesante fue cómo recibió el pueblo a los peregrinos, a aquellos elegidos de las diócesis para venir oficialmente al Congreso. Después venían los que querían.

Usted llegó a escribir que no esperaran del Congreso ninguna declaración rimbombante, pero igual terminó ocurriendo eso. El CEN en sí mismo fue una declaración.

Es que dejamos un mensaje, principalmente de índole religioso. Es decir: lo importante fue que en un pueblo, en su mayoría bautizado, cristiano, la centralidad estuvo puesta en Cristo. Por eso elegimos el lema “Denles ustedes de comer”.

Carlos Alonso, viceintendente de ese entonces, dijo: “Ese mensaje fue dirigido a nosotros, a la dirigencia política, que más que decirnos “denles ustedes de comer” nos dice “déjense de joder”.

No lo dijimos así porque si no teníamos que cambiar el logo. (Ríe a carcajadas).

Pero se hizo cargo del mensaje…

Si, bueno. “Denles ustedes de comer”. Eso es parte de un texto bíblico. Es el evangelio de Mateo sobre la multiplicación de los panes. Yo extraje de ahí ese lema. Porque tiene un mensaje. Porque este pueblo estaba hambriento de muchas cosas. De alimentos, pero también de cultura, de salud, de todo. Un pueblo pobre es totalmente pobre. No porque no tenga plata…

¿Es un pueblo empobrecido este?

Claro. Porque no está al alcance de sus manos los elementos para alcanzar el nivel de un pueblo desarrollado.

A 10 años, ¿cambió algo?

Yo creo que no hemos aprendido mucho, no digo el pueblo, porque el pueblo es una reserva, pero los políticos no aprendieron demasiado.

¿No han aprendido?

Yo creo que no han aprendido demasiado. No sólo acá. Lo digo en todo nivel, no sólo hablo de Corrientes. Porque ahora mismo estamos pasando momentos críticos, muy difíciles, que no tendrían que ser así. Espero que se produzca un cambio, digo, en el fondo, en el sentido de un comportamiento popular que vaya renovándose para que este pueblo se vaya poniendo de pie, que es muy importante.

Nosotros lo decíamos mucho en el ‘99. Decíamos que el pueblo se puso de pie y está reclamando sus derechos. Por eso la Iglesia estuvo siempre junto al pueblo en ese sentido.

Usted jugó un rol importante en ese momento, desde su lugar. Hoy la Iglesia argentina, en este momento institucional, pareciera sin el mismo compromiso.

Yo creo que sí. A nivel nacional yo creo que sí. Están trabajando seriamente. Y eso que es un Episcopado nuevo.

Usted sentaba posición semanalmente con sus alocuciones.

Sí, pero desde la fe.

Esta bien, pero hacía política.

Yo siempre decía: les hablo desde la fe, desde el evangelio. Pero desde el evangelio sale todo esto, eh.

¿Usted era consciente del poder que ejercía?

El poder apareció después. Yo me encontré con una situación concreta. La gente me pidió que haga mis homilías y yo me comprometí con ellos.

Usted tenía una tribuna importante todos los domingos, más allá del púlpito.

Recuerdo que los diarios casi siempre me daban la tapa.

¿Usted cree que en otra diócesis la Iglesia tendría el lugar en los medios que tiene en Corrientes?

El pueblo correntino es un pueblo religioso, por lo tanto oye a sus pastores. Eso tenía a favor mío también, porque yo decía una palabra y me escuchaba la gente.

¿Se arrepintió alguna vez de lo que escribió o dijo?

No. Nunca.

¿Nunca fue refutado?

Tampoco. Algunos se enojaban (ríe). Algunos habrán creído que era todo para ellos, pero yo hablo para todos.

¿En quién pensaba cuando escribía?

No pensaba en nadie. Alguna vez contesté alguno porque dijo alguna macanita públicamente y entonces le respondí, pero nada más (ríe).

¿Extraña eso?

Eran momentos de expresión para mí pero de tensión, también. Ahora estoy bien. Muy mayor. Pero si tuviera que hacerlo haría lo mismo seguramente. Quizás con más experiencia que antes. Con Bergoglio, antes de ser Papa, lo hablamos mucho a esto. El me llamaba cuando había alguna manifestación que me retrucaban en algunos diarios, sobre todo en Página 12. Me llamaba y me decía: “Che, te han cascoteado”. Bueno. Yo voy a seguir diciendo lo que pienso.

Bergoglio también tenía un rol político importante cuando estaba en Argentina. Era muy escuchado.

Claro. Por supuesto.

Aún hoy.

Y desde allá (Roma) con más razón no, porque Dios y la Historia lo han puesto en ese lugar tan especial. Ahora hasta la gente más enemiga no se atreve a decir ni a. Antes decían cualquier cosa. Incluso algunos tuvieron que callarse la boca. Ahora es un hombre internacionalmente querido. Es querido en Roma. Estuve allí cuando fue la canonización de los santos, Juan XXIII y Juan Pablo II. Estuve ahí y en Italia lo adoran a Francisco. Nosotros hemos cambiado nuestra imagen en el mundo gracias al Papa, no gracias a nuestros gobernantes.

 

Futuro Papa en Corrientes

Bergoglio vino al Congreso. Es decir que tuvimos acá a un futuro pontífice.

Bergoglio, futuro papa Francisco vino y estuvo todo el tiempo acá. Los dos éramos vicepresidentes del Episcopado, que presidía monseñor (Eduardo) Mirás. Bergoglio era cardenal y primado de la Argentina así que dirigió algunas jornadas. Yo presidí el famoso acto mariano, de la mañana, se acuerdan? También vino el Nuncio Apostólico (Adriano Bernardini).

Y cómo llega el cardenal Julio Terrazas Sandoval, el enviado del Papa. ¿Ustedes lo pidieron?.

No, no. Lo envió el Papa. Era un obispo latinoamericano.

Era boliviano (el primer cardenal de ese país) y conocía la realidad y la temática del Congreso.

Claro. Además él conocía bien la Argentina porque estudió acá. Fue una decisión acertada la del Papa.

Bergoglio habló ya entonces del hambre de fe y comida.

De todo. Y hablar en un ámbito como éste era importante y desde este ámbito hablarle a todo el país. Es decir, religiosa y socialmente, la atención nacional de esos días estuvo centrada en Corrientes, pese a que no todos los medios nacionales lo reflejaron. Los de acá, claro, lo cubrieron ampliamente.

En el Congreso se decía que había heridas profundas y muchos interrogantes, socialmente y seguramente en la Iglesia. ¿Esas heridas se pueden parangonar con las de hoy?

Esas son consecuencias de heridas profundas. Estas son manifestaciones que enferman interiormente. Entonces nosotros tenemos que curar a la sociedad para frenar las consecuencias de una sociedad enferma como es la delincuencia; la violencia demencial. Matan a los ancianos, a los chicos y tantas otras cosas. También violencia familiar. Hay que pensar mucho más en las familias. Preparar mejor a la gente para el matrimonio. Porque la violencia es fuerte. En todo sentido, incluso los abusos a las criaturas pequeñas. Eso significa que hay una sociedad enferma hay que curar y ahí tenemos que intervenir todos.

La Iglesia tiene que dar su aporte, sobre todo para los que tienen fe. Les da recursos espirituales para superar y ennoblecer su vida. Toda la sociedad tiene que hacerlo: los educadores, los científicos. Y por supuesto los políticos que son los moderadores de la vida social. Si ellos no saben moderar la violencia social, se convierten en un problema.

¿Cómo los ve en general en esos términos, de violencia, de heridas, a la dirigencia?

Es que no hay respuestas. No encuentran la justicia adecuada, las leyes suficientes para contener tanta violencia. Y por ahí se pelean por cosas que no son tan importantes y se olvidan de lo que sí importa, que es la gente.

Se pelean por minucias y olvidan lo importante…

Claro, porque las peleas los distraen de lo importante. Y no digamos nada si aparecen funcionarios contaminados de corrupción. No sólo que es un hecho contra la comunidad sino que hay que dar el ejemplo también. Yo creo que el que gobierna es un maestro para el pueblo. Su vida debe ser un magisterio. Tiene que serlo. La gente tiene que encontrar virtudes, en aquellos que los gobiernan, que puedan trasladar a su vida cotidiana. En los que ellos eligen para que los gobiernen.

En el 2004, este era un pueblo empobrecido pero también robado, según se dijo en el Congreso Eucarístico.

Empobrecido, de lo cual no son los pobres los culpables. Si se le roba a ese pueblo se lo empobrece. Si se le cierra el acceso a una educación adecuada, se lo empobrece. Si se les cierran las puertas a un trabajo digno, a una vivienda como corresponde, a una salud que cumpla con sus necesidades… Eso corresponde a los que están al frente de la sociedad, los que tendrían que ser los servidores de la sociedad. Estos son problemas que no los puede solucionar la gente. Lo tienen que solucionar los gobernantes, aquellos que están al frente de eso.

¿Mejoró algo desde entonces?

Estamos en un momento crítico. Hay que ver lo que no va bien y buscar soluciones. A veces ni pensamos en buscar soluciones sino en sobrevivir al momento, pero la gente quiere soluciones. Quiere pensar, intervenir, hacer su aporte. Hay que preparar al pueblo para que elija bien a sus gobernantes. Hay que educar al soberano.

Es justamente el gobernante el que tiene la obligación de hacerlo, pero muchas veces no educa para que no se le venga encima un pueblo culto, que reclama otras cosas.

Es lamentable que se quiera mantener al pueblo empobrecido para mantenerlo sujeto. La libertad es el gran don de Dios. No es un pueblo libre un pueblo que no ha tenido acceso a lo que necesita para ser pueblo. Y las personas para ser personas. El don de la libertad es fundamental. Y no una libertad que sea libertinaje. A modo que se haga lo que se antoja. Florece la delincuencia de esa manera. Es libertad para hacer lo que se debe hacer. No para que se aproveche el egoísmo como dice el apóstol San Pablo. Al contrario, para establecer los lazos de la fraternidad, de la solidaridad, del amor entre las personas.

En esa misma línea, se decía en el CEN, que no había carencia de bienes sino una carencia de generosidad. ¿Eso es lo que no ha cambiado?

Y sí. Yo creo que los protagonistas son los que tienen que cambiar. Porque todo el mundo dice. Argentina es un pueblo rico pero en manos de gente no suficientemente responsable. Por eso hay que preparar a la gente para la política, pero necesitamos políticos honestos. En el Congreso decíamos que necesitamos políticos honestos y capaces. Hay gente muy honesta pero que no es capaz. No hace bien las cosas. Y hay gente capaz que es deshonesta, que hace las cosas pésimamente mal. Hay que buscar el equilibrio.

¿No cree que se haya evolucionado algo en estos 10 años?

Siempre hay cambios a pesar de que muchas veces obstaculizamos los cambios y las transformaciones. Las irresponsabilidades de unos o de otros. De abajo y de arriba. Eso obstaculiza el progreso y el desarrollo. Pero yo no sería tan pesimista. Creo que no hay que ser tan pesimista. Yo creo que hay reservas en el corazón de nuestro pueblo que lo haría capaz de revertir la situación, cambiar las cosas y tomar un camino más directo hacia la verdad.

Francisco reafirma hoy, siendo Papa, lo que decía aquí siendo obispo. Sobre todo puertas adentro de la Iglesia, cuando, por ejemplo en el Congreso Eucarístico, pedía a los curas salir de sus iglesias.

Salir a la periferia. Las periferias existenciales, lo llama él. No solamente periferias territoriales. Hay gente que está situada en la periferia existencialmente. Por varios motivos. Porque están excluidos, porque sufren de la pobreza, de la injusticia, de la marginación, del olvido de tanta gente. Hay que privilegiarlos porque son los que más sufren.

Yo creo que el país está necesitando eso. Y de la iglesia está necesitando que le predique un evangelio que sea un llamado a la vida, que sea una interpelación a la vida concreta, con sus dificultades, con sus problemas reales, que son muchos lógicamente.

Nosotros, los eméritos, que ya estamos sin el gobierno de una diócesis, podemos hablar. Yo sigo escribiendo mis sugerencias homiléticas (sic) y bajo ese título voy tratando todos los temas desde el evangelio, como hacía con mis alocuciones, pero claro, no tiene repercusión porque no estoy al frente. Porque acá es muy importante eso. Los políticos dejaron de venir. Antes venían todos a verme. Ahora nadie viene (ríe).

¿Y qué venían a hacer?

Y, a hablar conmigo, a consultarme, a preguntarme…

¿Desde que es obispo emérito?

No, antes. Después ya no vinieron más. Alguno que otro, por mayor amistad si viene. La política los enajena, ¿no? Los que pasaron, ya pasaron. “Usted monseñor, ¿está bien?”, me dicen. Sí, yo no me fui. Sigo acá. Todavía no me morí, digo.

¿Hay gente que usted quisiera recibir y no viene?

Hay gente que no viene, es verdad, y podría venir. O hay gente que antes venía y ahora no viene (ríe). Pero está bien. Es natural. Muchos me dicen que van a venir y les digo que se apuren porque si no van a tener que ir a la Catedral. Me preguntan si es allí donde me voy a mudar y les digo que no, que allí es donde está mi sepultura.

¿Y cómo se lleva con eso?

Yo tengo otras actividades. Me llaman los obispos para predicar en el clero. Dentro de mis posibilidades voy, porque me canso más que antes. Pero voy a los retiros espirituales que son muy importantes. Así que viajo bastante. Ahora cuando volví de Roma me pesqué casi una neumonía así que estuve en cuarteles de invierno. Sigo trabajando mucho. Intelectualmente sigo muy activo. Si dejo de pensar me muero.

 

 

LA VIDA DESPUES DEL GOBIERNO

Monseñor Stanovnik tiene “otro estilo” para dirigir la Arquidiócesis

 

 

¿Da misa siempre o una vez por semana?

Todos los días. Tengo mi capilla y doy todos los días. Solo, casi siempre, pero a veces viene algún amigo y los fines de semana. Ahora conmigo vive un párroco del Pirayuí que ahora no está porque su papá se está muriendo en Pigüé. Entonces por ahí voy a la parroquia de él a celebrar misa.

¿Se informa de lo que pasa?

Escucho y veo todo. Miro las noticias.

¿Usa Internet?

Sí. Con la computadora trabajo mucho. Escribo en la computadora desde hace muchos años.

¿Y los medios los lee por Internet?

Leo los diarios por Internet. Miro los títulos, leo los artículos que me interesan.

¿Qué ve en las noticias de hoy?

Me preocupa mucho la violencia. La inseguridad de la gente. La gente está muy preocupada por la inseguridad.

¿Sale a caminar?

No. Me canso mucho.

¿Pero sale?

Si, cuando me llevan.

¿Y qué ve afuera?

Más coches que antes. No se puede estacionar en ningún lago (ríe). Yo me siento cómodo en Corrientes, por eso me quedé. Recibí ofrecimientos para irme a otro lado. Soy de Buenos Aires incluso, pero mis amigos, que generalmente son los últimos que quedan, son de acá. Son correntinos.

¿Tiene vida social?

Viene mucha gente acá. Mucha gente viene porque me toma como director espiritual, como confesor. Esto (por la casa) es un confesionario grande. Hay sacerdotes que vienen también.

¿Cómo ve la diócesis?

Es otro estilo el de mi sucesor (monseñor Andrés Stanovnik). Somos distintos. Nos llevamos muy bien. Nos llamamos. Comemos a veces. Tenemos una diferencia de edad también, yo tengo 19 años más que él.

¿Cuál sería la diferencia más grande?

La diferencia más grande es el estilo pastoral de cada uno. Los estilos son como la cara, como la diferencia entre una cara y otra. No es que uno sea mejor que el otro.

¿Cómo ve usted los debates de la Iglesia actual? ¿Los cambios que viene haciendo Francisco dentro de la curia?

Estoy ilusionado con eso. Se necesitaba un cambio. Se necesita un cambio. La simplificación de muchas cosas. El trajo un giro de sencillez que es mucho más evangélico y más transparente.

¿Y con respecto a los casos de abuso?

Con eso también. Ya había empezado Benedicto, que se puso muy duro, cero tolerancia. Y Francisco sigue igual.

¿Usted tuvo que lidiar con ese tema?

Sí. Mucho. Y muchas veces tuve que poner la cara.

Pero la sociedad mira a la Iglesia de otra manera, porque la Iglesia pide comportamientos santos. Entonces, cuando se habla de un cura abusador, el impacto es enorme.

La Iglesia de los pastores. Pero la Iglesia somos todos los bautizados. Entonces, yo siempre lo digo: hay que recordar a todos que somos corresponsables de la presencia de la Iglesia en el mundo. La Iglesia no son sólo los pastores. Y han ocurrido casos, lógicamente. No en la cantidad que se habla. Alguna gente generaliza. Hay más gente buena que mala. Yo los conozco.

Si usted tuviera que volver a escribir las homilías, ¿se le ocurre que haría?

No tengo ganas de volver.

Pero hagamos un simulacro.

Seguiría haciendo lo que hice antes. Aquello sigue siendo válido. Yo me dedicaría a eso y sobre todo, a estar con la gente. Es muy importante. Es lo que está pidiendo el Papa. Pastores con olor a ovejas.

Gracias, monseñor.

Con mucho gusto. Espero que saquen algo de todo esto. Felicidades.

Yo estreché la mano de un santo

Cuando en la tarde del 8 de abril de 1987 -probado el funcionamiento perfecto de todo el operativo- el mal tiempo empezó a hacerse notar, todo el Gobierno de Corrientes empezó a prepararse para lo peor: la suspensión de lo que sería, hasta hoy, el acontecimiento de fe más importante de su historia, sólo comparable tal vez con su fundación en nombre de la Cruz o con la conclusión del proyecto de Itatí, que contiene a la imagen de la Virgen.
A la madruga del 9 la lluvia ya no se hizo esperar y por ello, sin poder hacer mucho pero al efecto de compartir la angustia, José Antonio “Pocho” Romero Feris, uno de los responsables de esta gran historia, citó a todo su gabinete a las 4 o 5 de la mañana a Casa de Gobierno. Montó en su despacho un centro de atención de tráfico aéreo; un servicio meteorológico precario, sin la tecnología de estos tiempos; un centro de comunicaciones vía teléfono de línea y hasta un reclinatorio para los ruegos.
Tanto era el deseo de que el papa Juan Pablo II llegara a Corrientes, que cuando un respiro de la borrasca permitió la salida del avión desde el aeropuerto de Salta, donde había pernoctado el Santo Padre y todo su séquito, la alegría se hizo carne inmediatamente no sólo en todos y cada uno de los que trabajaron en la organización del mega evento, sino también en las más de 100 mil personas que desafiaron el temporal y estoicos esperaron la húmeda llegada del polaco que hoy se convertirá en santo.
“Cuando nos confirmaron que el avión estaba en camino, yo vi al Gobernador dejar escapar unas lágrimas”. Quien lo dice es Alberto Forastier, director de Ceremonial y Protocolo durante el gobierno de “Pocho”, otro de los que tuvo la suerte de estrechar la diestra del obispo de Roma, ya entonces considerado el “Mensajero de la Paz”.
Por sus funciones, Forastier fue el primero en recibir al Papa y una de las personas que lo acompañó de cerca todo el tiempo que estuvo en Corrientes, que en realidad no fue mucho. Romero Feris, que era el gobernador, por razones obvias también compartió todos los minutos con el Santo Padre, pero además fue quien logró que el Vaticano destrabe la agenda papal para incorporar a Corrientes en el itinerario.
La insistencia de Pocho y la mediación de monseñor Giulio Calabrese, entonces nuncio apostólico en Argentina, hicieron el resto. “Y ese acto tuvo su importancia porque Corrientes no estaba en destino. Fue la gestión de Pocho la que logró la visita, aunque con una condición: siempre y cuando el tiempo lo permitiera”, recordó Forastier.
El aguacero nunca cesó, pero no fue una molestia. Para Juan Pablo II fue una bendición que le recordaría, aún con el paso de los años, su visita a este suelo recóndito pródigo en hombres y mujeres de fe.
Así, Karol Wojtyla desoyó a todos sus asesores y decidió presidir la misa central en el altar que el Invico construyó más pensando en el sol que en la lluvia en la intersección de las avenidas Independencia y Chacabuco.
Fue una desazón: un reguero de paraguas y toldos improvisados. Un monaguillo rescató de donde pudo un escobillón y con ese sencillo elemento de limpieza sostenía la lona del techo para evitar que la panza que había producido el peso del agua cayera en el medio del sagrario y emparara definitivamente al Papa. La escena parece surgida del realismo mágico, pero sucedió y ante los ojos de miles de testigos presenciales y del mundo entero, que luego siguió el paso del pontífice por televisión.
“La tormenta modificó todo el protocolo, pero eso nos hizo inolvidables”, dice el ex gobernador Romero Feris. A propósito, recordó que a la misa correntina asistieron sus colegas gobernadores de toda la región y hasta una delegación de la República del Paraguay, que vino a traerle varios presentes al Papa e incluso a anticipar una próxima visita suya a tierra guaraní.
El obispo correntino, entonces, era monseñor Antonio Fortunato Rossi, quien después de la eucaristía recibió al Papa en la sede del Arzobispado, donde nuevamente Jose Antonio Romero Feris y su familia, fueron a saludarlo, en privado. Allí estuvo también Forastier, ambos protagonistas de esta historia y los únicos testigos a mano de una escena que se convirtió tal vez en el ícono de aquella visita. La fotografía tomada por un reportero de este diario que deja ver los paraguas y la lluvia en el aeropuerto Piragine Niveyro, en el momento justo en que el Papa que hoy llegará a santo posó sus pies en la llanura del taragüí.
Pocho todavía se impresiona. Recuerda las gestiones hechas por su esposa en aquel momento y dice que la presencia del Papa lo “conmovió enormemente” y le causo una “sensación infinita de paz”.
No entra fácilmente en cuadro, puesto que no son muchas las personas vivas que hoy, en el mundo, ostenten este raro título de haber conocido y estrechado la mano de un santo. Así, como suena.
Forastier lo piensa y refuerza su idea. Cree desde 1987 que la visita del Papa fue lo más importante de la historia religiosa de Corrientes. “Si desde entonces creo eso, imaginate ahora, con más razón”, dijo ayer, ante la inminencia de la canonización.
Ambos saben de la importancia del acontecimiento. Pero una sensación extraña, casi de megalomanía, los pone en otra dimensión. Estrecharon la mano de un santo, pero ello no deja de ser una cuestión de orgullo personal. Por ello más bien hablan de la gestión y de la llegada del pontífice, concreción que aún hoy no encuentra parangón en la simbología católica correntina.
Tampoco la lluvia tiene semejante. Algunos años después de aquella histórica visita, Pocho y su familia; incluso Forastier y su mujer pudieron comprobarlo. En una misa de los miércoles, en Roma, la esposa de aquel hombre del protocolo rompió todos los códigos de buena conducta y eludiendo gente se acercó hasta el Papa, que pasaba saludando.
-Santo Padre: somos de Corrientes, Argentina, bramó ante la multitud.
El Papa se sorprendió y levantó las manos:
-¡Oh, la lluvia!, exclamó, y antes de irse la bendijo.

Mensajes

Y si de ayudar se trata, aquí te dejo estos versos

nacidos del corazón: no son gran cosa, están hechos

con un oído en la gente y otro en el evangelio;

pueden servirte en la crisis que trae el nuevo milenio…

Delante de vos se abren dos caminos, dos proyectos:

felicidad o desgracia; el servicio o el provecho;

compartir o amontonar; el Dios vivo o dioses muertos:

tendrás que elegir, muchacho: servir a Dios o al dinero.

Extracto del poema “De un padre a un hijo”, del paí Julián Zini

 

(Domingo 17 de marzo de 2013). La elección del papa despierta la atención del mundo entero. Excede a los católicos, que por si fuera poco, son muchos.

La tradición milenaria de la Iglesia de Cristo, revestida de fastuosidad imperial, concita el interés de los mortales comunes, apegados a la necesidad de saber al menos una parte de los misterios, aquellos que le son ajenos por decisión de los hombres que gobiernan desde Roma.

Este hambre convierte por unos días, a personas del globo entero, en depredadores de información: de viejas profecías, de los pomposos ritos y de las intrigas mil veces denunciadas y pocas veces probadas y que claramente rodean la elección de un pontífice, el rey de unos 1.200 millones de personas que creen, que esparcidas por el mundo acogen la virtud de la fe.

En ese andar, en cualquier calle, que incluye a las de Corrientes claro, es fácil advertir la presencia de vaticanistas de ocasión. Todos tienen algo que decir, opinar, conjeturar. Porque hay papa, porque a este se lo conoce y se lo vio actuar. Porque hay un estado de participación, un colectivo de cuerpo presente ante este pedazo de la historia universal.

Católicos y no católicos, por tanto, subidos a las escalinatas de la argentinidad o del americanismo más profundo, con justa razón, abrieron las puertas de la esperanza.

El ex cardenal primado de la Argentina, hoy el papa Francisco, hace lo suyo. No para de enviar señales que el mundo interpreta positivas. En su país, en cambio, todavía se discute. No se sabe si por discutir de puro gusto; por la negación al éxito del otro, que no es más que un vecino; si por política, si por ideología, si por el pasado o por el futuro. Todavía, una parte de este país, discute. Y exige, como cuando es exigido por la Iglesia, al menos un pedido de perdón. Se reclama hoy ese gesto a Francisco. Pero ya, sin demoras, por algunos errores que tal vez haya cometido Bergoglio. El mundo, a su turno, mientras mira las discusiones en la cuna del pontífice, espera que éste siga hablando, con palabras y gestos, pero también con acción.

Mucho se ha dicho en estas horas de Jorge Bergoglio. Y la cosa seguirá así, puesto que a la novedad de este papa argento, se suman otras tantas novedades para una institución como la Iglesia, no muy afecta a los cambios de cuadrante. Menos aún si esos pequeños gestos atacan al corazón de la gran curia, apegada a la fastuosidad, al poder mismo y a sus beneficios.

La humildad y sencillez del vicario de Cristo, alegra y acerca a la plaza. Es necesario. Pero para que sea real, debe hacerse carne en el palacio.

¿Seguirán los cardenales este ejemplo de su guía, el sucesor de Pedro? ¿Los obispos, los curas y religiosos? ¿El pueblo creyente?

La lista puede extenderse y debe hacerlo en nombre de la justicia. Pero si empieza por casa, si de una vez se hace lo que se predica, mejor aún. Para la propia iglesia y para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que esperan del cristianismo, en particular, también un gesto de ternura, no siempre de observación y juzgamiento. O una mirada a su propio pasado fundacional, más despojado de los lujos y más comprometido con los problemas de los otros, más cerca del barro que del oro.

El padre Jorge, el cardenal Bergoglio, por definición, llevó a cabo en Argentina algunos de esos gestos necesarios. Es reconocido incluso entre quienes detestan lo que hace y dice, porque ataca, en calidad de político (que lo es) la matadura más inflamada de la política, que se copia de la caridad de la iglesia pero no construye caminos seguros para la dignidad de los hombres, que está lejos de la limosna proselitista.

En sus primeros pasos el papa Francisco dio señales de tener un horizonte. Y no se trata sólo de los objetivos primordiales para la preservación del catolicismo, que tienen que ver con corregir los descalabros financieros, la corrupción institucional, la pederastia. Eligió un nombre y con él una cruz.

Sabe Dios cómo le irá. Pero desde el miércoles a hoy, hay motivos para volver a mirar, esperanzados tal vez, qué pasa en la gran barca de Pedro.