¿Comenzó el gobierno de Valdés?

 

Cómo deberá medirse el éxito de la gestión de Gustavo Valdés? ¿Sólo con prudencia administrativa, con orden interno, paz social, gobernabilidad y anuncios, como hasta ahora? ¿Contando la cantidad de visitas de funcionarios nacionales, incluido las del Presidente, que se han convertido casi en una olimpiada en la época de Ricardo Colombi?.
¿Se lo medirá por sus gestos y actitudes, que vienen dando señales de cambio en sólo dos meses de mando, o se lo medirá por concreciones, que aún no aparecen, y que son en todo el mundo las variables más aceptadas de aptitud, eficiencia y crecimiento colectivo?
A juzgar por lo que dice el Gobernador, sería por esto último.
Por ahora son como bosquejos. Son planes. Esquemas. Proyectos. Ideas sueltas con pretensión de materialidad, pero nada más. Dejan ver, eso sí, una especie de horizonte, un objetivo, una meta más allá de la permanencia en el poder, que también talla en el amasijo.
Valdés habla de la autovía urbana de la Capital, que debería empezar a ejecutarse el mes próximo. Habla de poder continuarla: de la circunvalación Capital, para que la autovía sea efectivamente urbana y la Ruta 12, desde Riachuelo a Perichón, o más adelante, tenga una senda alternativa que descomprima la carga vehicular diaria que circula por la zona.
Habla de una autovía segura, hasta Empedrado o Saladas, y desde Capital, al Norte, hasta por lo menos Paso de la Patria, o Itatí.
Habla de un segundo puerto nuevo, en la zona de El Sombrero. De reacondicionar el puerto de Capital e incluso echar mano a la escuela de formación de mecánicos, técnicos y navegantes.
De habilitar lo antes posible el puerto de Itá Ibate.
Habla, por supuesto, del segundo puente, que está en vías de licitación. Con plazos increíbles, no porque no sean los plazos, sino por los aplazos consuetudinarios que sufrió esta obra largamente anhelada por los correntinos y chaqueños.
Valdés habla de una Capital mimetizada con las ciudades que la circundan. De iluminación de rutas. De caminos seguros. De transporte integrado.
Habla de extender la avenida Independencia hasta la zona del barrio Laguna Brava.
Habla de recuperar la Terminal de Ómnibus, reacondicionando el lugar que hoy ocupa, generando un nuevo ingreso por donde antes pasaba el tren. Se aferra al lugar, pese a que alguno de sus ministros sugirió reubicarla a Santa Catalina o donde hoy funciona el Mercado Central, en cercanías de la rotonda.
Habla de un aeropuerto, de defensas y obras costaneras en Ituzaingó y Apipé, y de otros aportes que debería derramarse de la Entidad Binacional Yacyretá.
Habla de la recuperación de puentes y rutas, de la construcción de rutas nuevas. De los planes de saneamiento y del plan hídrico: el provincial que recitó con solvencia el viernes el ministro de Producción, Jorge Vara, y el de la ciudad, que está en proceso, pero que, al parecer, será posible gracias a varios-muchos aportes técnicos y económicos del Gobierno provincial.
Según Vara, y respecto al plan hídrico de Capital, “estamos concluyendo el proyecto”.
– “Si bien hay medidas que se han tomado en consonancia con el mismo, es muy grande la intervención que se requiere y los mecanismos son variados. De todos modos, lo más claro es que tenemos que mejorar los ductos de desagüe, porque la Capital tiene las condiciones naturales para que escurra hacia el río Paraná. Es decir: tenemos que trabajar en los conductos de escurrimiento. Es un trabajo costoso y muy importante, por lo que vamos a necesitar un periodo de tiempo para definir en su totalidad el proyecto”.
Hay allí una novedad, porque el viernes, justamente, durante la visita del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que se publicitó como para anunciar el plan hídrico de la ciudad, la cosa cambió en el aire. Se habló del plan hídrico, pero provincial. Un plan que ya fue anunciado y que ya está en obra, en muchos de sus puntos.
Se mencionó el plan de la ciudad, que, en palabras de Vara, aún está en evaluación.
Queda claro no obstante que la provincia se hizo cargo del combo, y para colmo, el intendente Eduardo Tassano guardó silencio. ¿Qué pasó allí? La pregunta es tan inquietante como otra, aunque menos grave, que tiene que ver con Peña:
¿A qué vino el Jefe de Gabinete? Más aún: ¿A qué vino Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios?
Lombardi ni habló. Y Peña, primero en conferencia y después, tras un recorrido que hizo por el Instituto de Cardiología, no repitió más que las frases de la campaña: adelante, juntos, cambio, codo a codo, trabajo en equipo, Nación-Provincia-Municipio.
Es verdad que hubo una reunión en casa de Gobierno y también un almuerzo en un hotel boutique de la ciudad. Casi seguro que allí está respuesta de la visita del Jefe de Gabinete. Casi seguro que existe una razón lo suficientemente importante como para mover una nave de la flota oficial para un paseo de 4 o 5 horas por Corrientes.
Casi seguro que en esos encuentros están las claves de lo que vendrá: el viaje del gobernador Valdés con el presidente Mauricio Macri a México, la visita de Valdés a la asamblea legislativa nacional que hará variar el protocolo provincial, después de muchos años. Y tal vez los anuncios que se harán el 1 de marzo ante la propia asamblea, cuando tenga que trazar el plan de acción anual del Gobierno de Corrientes que, después de 16 años, no será el plan de Ricardo Colombi.
¿Por qué no sería el plan de Colombi? Porque no lo es.
Un solo detalle confirma el perfil de este segmento de obras que pretende poner en marcha y eventualmente inaugurar Valdés: la mayoría involucran a la Capital, departamento sistemáticamente postergado por el ex gobernador.
Pero más allá de ello, otro asunto sustenta el modelo Valdés: muchas de las obras, planes y financiamiento que pretende lograr el Gobierno para poder anudar sus objetivos devienen de un posicionamiento distinto en relación con Yacyretá. Es el gran perfil esbozado por el Gobernador: hacer que la Entidad Binacional corresponda a Corrientes como no lo hizo todo este tiempo, por distintas razones. La mayoría de ellas políticas.
Según altas fuentes de Casa de Gobierno, ya hay algunos avances en cuanto al reclamo que hizo Valdés cuando asumió: conseguir dividendos, en especie y en efectivo, en concepto de regalías. Se trata, en rigor, de una vía de financiamiento genuina que, de conseguirse, constituiría una línea alternativa a la histórica: esa que incluye ir a postrarse ante el mandamás de turno sin que importen razones ni derechos.

Valdés apunta al bolsillo de Macri

 

Ocurrió hace una semana. El domingo pasado, y después de 16 años, Gustavo Valdés ponía fin a la lista de los Colombi en la grilla de mandatarios, y recibía los atributos del mando convertido minutos antes en el gobernador propietario número 59 desde que Corrientes se organizó institucionalmente en 1821.
Fue un hecho importante, sin dudas, pero no el único. Porque más allá de los protocolos, Valdés produjo otros hechos de trascendencia que pudieron resultar imperceptibles, pero que marcan un camino nuevo, distinto, mejor asfaltado que el de la confrontación que usó, como el kirchnerismo en la Nación, el colombismo en Corrientes.
Valdés ingresó el domingo a Casa de Gobierno haciéndose cargo de problemas pesados, que además eran sistemática y oficialmente ignorados.
– “Hoy hablaba de un tema que era central: el combate de la pobreza. (…) Nosotros tenemos que combatir la pobreza, esa pobreza estructural que durante mucho tiempo se quiso esconder debajo de la alfombra (…) Sabemos que la única manera de solucionar los problemas es reconociéndolos. Y sí, tenemos pobreza; por eso los correntinos tenemos que trabajar el doble, todos los días y todos juntos para que la pobreza se erradique de Corrientes y de Argentina”.
En ese sencillo, pero emotivo acto, Valdés asumió su gobierno, que es el de Corrientes, una provincia con índices sociales dolientes, infames. Reconoció el problema, y marcó de ese modo un punto de partida para tratar de morigerarlo y eventualmente solucionarlo. No se escudó en los índices ni en los sistemas de medición, como hizo su antecesor siguiendo lógicas que supuestamente decía combatir.
Pero hay más. Valdés lanzó, hace una semana, un llamamiento importante, tal vez el más inteligente de los últimos 16 años. Pero también riesgoso. Ubicó detrás suyo a la provincia y llamó al millón de correntinos a unirse en un reclamo superador, contenedor, hacia un “enemigo” externo, en este caso el Estado Nacional, que históricamente fue hostil y mezquino, y muchas veces también dañino con los intereses provinciales.
Los modos de Valdés son menos graves y no anticipan una guerra, pero sí los ubican en posición de tener que discutirle a la Nación una especie de reparación histórica, de endilgarle su voracidad y de desafiarle a cumplir con la ley y la Constitución.
En términos políticos, lo que pretende Valdés es algo que no conoce antecedentes inmediatos: la plata, pero también la gloria. Que Nación repare con recursos largos años de indiferencia, pero al mismo tiempo, que ello no implique un quiebre del gastado eslogan de la alineación Nación-Provincia-Municipios.
Lo que pretende Valdés, es que la relación entre las dos casas rosadas, la de Balcarce 50 y la de Salta y 25 de Mayo, encuentren un camino distinto al de la sumisión o el sometimiento. Que la relación sea el fruto de un consentimiento de partes en la que ninguna renuncie a algo que no esté pautado en términos de justicia y de entendimiento republicano.

***

Parece candoroso. Parece más un reclamo de Colombi al kirchnerismo (en las épocas en las que no eran socios). Pero no. Y allí radica otra sutileza. Valdés tiene noticias del kirchnerismo, pero también fue tomando nota de las acciones que el macrismo hace o deja de hacer en función de las necesidades que tienen las provincias. Lo que está sucediendo ahora mismo con el tratamiento de la ley de reforma o ajuste previsional, según sea quien mire, enciende luces de alerta. Y una cosa es defender el proyecto, y otra cosa es comer vidrio.
Valdés plantea una reparación histórica, dinero o especies, pero a alguien que no se caracteriza por la generosidad. A alguien que puede ser tan insensible como para generar ahorro con la plata de los jubilados. He allí el desafío más grande del Gobernador: reclamar lo que es de todos, y tratar de conseguirlo, sin romper puertas ni ventanas ni puentes. ¿Podrá?
Podría decirse que se propuso una meta difícil.
– “Nosotros los correntinos no tenemos pobreza estructuralmente económica, nosotros tenemos recursos naturales y somos ricos, pero no nos reconocen desde Buenos Aires como tiene que ser. Fíjense, yo provengo de una ciudad que es Ituzaingó, era chiquito, y se instaló una oportunidad enorme que fue la represa de Yacyretá, la cual nos entrega a los correntinos tan sólo el 1% de lo que produce y la Constitución del 94 nos dice que los recursos naturales son de las provincias. Por eso como política de Estado tenemos que reclamar lo que es de los correntinos”.

Valdés plantea una reparación histórica, dinero o especies, pero a alguien que no se caracteriza por la generosidad. A alguien que puede ser tan insensible como para generar ahorro con la plata de los jubilados. He allí el desafío más grande del Gobernador: reclamar lo que es de todos, y tratar de conseguirlo, sin romper puertas ni ventanas ni puentes.

Allí hay otra clave. Lo que propone Valdés no tendrá la fuerza que necesita si la ciudadanía no lo avala, no acompaña, no se encolumna.
– “Lo mismo nos pasó con Salto Grande -siguió el Gobernador-, y eso tiene que ser vital para nosotros. Y no hablo de nuestra alianza gobernante, hablo de todos los sectores sociales y políticos que tenemos que tener esta visión para poder desarrollarnos. Somos una provincia supuestamente pobre, pero somos una de las más ricas en recursos naturales”.
Somos la primera potencia forestal y nosotros tenemos que lograr industrializar nuestra madera. Eso son nuestros desafíos y esos son los desafíos que tenemos que hacerlos juntos”.
La Legislatura tomó nota y acompañó con voto unánime el proyecto de ley para provincializar los recursos de Yacyretá. Responde a un proyecto similar que tiene estado parlamentario en el Congreso Nacional y que fue presentado en su momento por el entonces diputado Valdés.
De eso, además, habló el Gobernador con el ministro Juan José Aranguren el miércoles pasado. También se lo comentó al presidente Macri.
– “A nosotros por ahí nos criticaban cuando decíamos que teníamos que alinear Nación, Provincia y Municipios. Tal vez el término alinear sea un término erróneo, pero nosotros decíamos que alinear democráticamente, porque todas las provincias constitucionalmente fuimos concebidas para tener autonomía e igualdad, por eso queríamos nosotros volver a integrarnos al concierto de las provincias para tomar las decisiones y así lo hicimos, ahí estuvimos, férreamente defendiendo lo que es de los correntinos con este pacto fiscal, que seguramente vamos a tener que trabajar y mucho para lograrlo”.
Todo eso dijo Valdés el domingo pasado. También habló de la modernización. Se quejó de la discriminación nacional, otra vez, pero recordó que “la gran avanzada del mundo implica tener conectividad, y nosotros tenemos que modernizarnos y ese es un desafío enorme que tenemos que brindar y hacerlo juntos”. Juntos.
¿Le alcanza a Valdés con sólo pedirlo? ¿La oposición política entendió, en menos de una semana, que Valdés no es Colombi? ¿Los correntinos que no votaron por el abogado capitalino-ituzaingueño, y que en números constantes desde hace 8 años constituyen el 45 por ciento de la población, están dispuestos a acompañarlo bajo la bandera de la unidad, que es un activo en baja en este momento del país?.
Sobran preguntas y escasean respuestas. Por lo pronto el Gobernador parece dispuesto a avanzar con decisión aún si enfrente está el Presidente. Pero reclama acompañamiento. Gente en su rincón.
Porque mientras diseña lo que aspira que sea el perfil de su gobierno, debe atender cuestiones menos sublimes y más acuciantes: el reclamo de varios intendentes (muchos de la alianza ECO+Cambiemos, pero también y sobre todo de la oposición), que sin un auxilio de la Provincia difícilmente puedan pagar sueldos y aguinaldos. Una amenaza que podría empañar la primera Navidad del heredero no ya de Colombi, sino de una forma de hacer gobierno con poco más que la garantía de los salarios. No es poco.
Valdés lo sabe, y dicen cerca de él que, que tras analizar caso por caso, en los próximos días dará una respuesta a los jefes territoriales.
Mirando el reloj están los más complicados: Eduardo Tassano de Capital; e Ignacio Osella de Goya.

#Paso2017: ¿quién ganó y quién perdió?

 

Se realizaron ayer las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, y pese a que hubo ganadores y perdedores -al menos desde el discurso y desde la interpretación política que se hicieron y se harán en los próximos días, es muy poco lo que queda de este proceso como ganancia colectiva.
Las Paso de ayer constituyeron, al menos para los capitalinos de Corrientes, la segunda parada electoral del año, de las cuatro que deberán afrontar hasta octubre. Todavía quedan los comicios municipales-provinciales y las nacionales, y eventualmente una segunda vuelta si es que ninguna de las fórmulas provinciales logra imponerse el domingo 8 de octubre.
Esto mismo, la cantidad de elecciones que sumergen a provincias como la de Corrientes en una especie de campaña permanente, termina por despolitizar a la sociedad, muy por el contrario de lo que supondría el sentido común. Opera una suerte de hartazgo, más allá de que ayer la afluencia de electores, que rondó el 71%, puede considerarse relativamente buena. Pero es la más baja desde que hay Paso.
Puede suponerse asimismo que la industria electoral le sirve más a la clase política que a “la gente”. Y esto teniendo en cuenta la distancia histórica que se manifiesta incólume entre lo que se promete y lo que finalmente se hace.
Si fueran por promesas, esta provincia sería como Suiza, pero sin embargo sigue siendo Corrientes: la que alguna vez fue, la que hoy aparece como una de las pobres de una región empobrecida.
Pero no sólo eso. De no mediar un cambio radical en la conducta social y política, nada hace suponer que vaya a cambiar esa matriz. Entre otras cosas porque no se discuten modelos sino chismes, chicanas y opiniones más que propuestas, planes o proyectos.
Tampoco irá a cambiar algo si los ciudadanos no saben a quién reclamarle qué cosa. A los candidatos casi no se los conoce, y esto lleva a preguntarse algo central sobre el modelo electoral argentino. Las Paso ¿cumplieron su objetivo? Además de costar 2.800 millones de pesos para erigirse en una gran encuesta nacional, ¿sirven para otra cosa?
La investigadora asociada del programa de Instituciones Políticas de Cippec, María Page, estudió el fenómeno y llegó a varias conclusiones:
-Las Paso fueron controversiales desde su origen. Ya en 2009, cuando se debatía su implementación, se las acusó de ser proscriptivas; de conllevar una intromisión excesiva en la vida interna de los partidos; de buscar dividir y desgastar política y económicamente a la oposición; y de resultar injustificadamente onerosas para el Estado y cansadoras para los votantes.
-Los promotores sostenían que perseguía objetivos difíciles de cuestionar: fomentar la democracia interna de las agrupaciones; alentar la restructuración del debilitado sistema de partidos; y ofrecer opciones electorales más claras a los votantes.
-Pese a todo, están los números: en 2011 no hubo competencia para presidente, pero, en 2015, tres fuerzas eligieron sus candidatos presidenciales en primarias con competencia. Para diputados, compitieron una de cada diez agrupaciones en 2011; una de cada cuatro en 2013; y una de cada cinco en 2015. Este año, la información oficial sugiere que habrá niveles de competencia similares a los de 2013.
-Así las cosas, el efecto más evidente de las Paso es la reducción en la cantidad de partidos y alianzas que compiten en la elección general. La elección de 2015 fue la que contó con menos listas de presidente y de diputados nacionales desde 1983. Esto se explica porque las Paso fomentan alianzas entre los que temen no pasar del umbral y facilita la asociación entre quienes, si se juntan, tienen chances de ganar.

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Ahora: sin las Paso ¿hay algún otro mecanismo posible para democratizar los partidos políticos y desterrar al menos lentamente la dedocracia, la autocracia o la postura sostenidamente oligárquica de los partidos políticos? Habría que buscarla.
Sucede que los que piden internas, reniegan de ella. Los que montaron la farsa de la democratización, cuentan los votos totales de las listas únicas que armaron a gusto y piacere, evitando la competencia. La política de Corrientes, por tanto, como la de casi todo el país, no puede salirse de la lógica de los relatos agrietados, por lo que en general toda la puesta en escena no deja de ser sólo eso.
Las Paso sirven para elegir candidatos a legisladores nacionales. Representantes locales, es cierto, pero al Congreso de la Nación, donde se discute una agenda general, nacional. Y hasta ahí todo bien, a no ser porque ninguno de los candidatos locales se hizo escuchar sobre los temas que están en carpeta para la discusión en el Congreso.
Hablan de trabajo, de pobreza, de alinear nación, provincia y municipio, de arroparse al calor de la billetera del pagador de turno, pero nada o muy poco sobre qué harían sobre el aborto, sobre la despenalización del consumo de marihuana (ni hablar de otras drogas), sobre la nueva ley de servicios de comunicación, sobre la reforma electoral, sobre el desfinanciamiento de las investigaciones científicas, sobre el blanqueo de capitales o sobre la redistribución de la coparticipación federal.
Hablan más bien de generalizaciones, de banalidades, y en el único punto en el que se acentúa el posicionamiento (también general) tiene que ver con la marcha de la economía, que se aborda más desde la ideología que desde el conocimiento técnico, de uno y otro lado.
Ni por equivocación aparece en la agenda de los candidatos la materialización de una vieja idea: conformar un bloque regional que tenga como norte al Norte, no al bolsillo de cada uno, que serán llenados de acuerdo con el grado de entrega al centralismo nacional.
Así entonces, y teniendo en cuenta estos apuntes: ¿quién ganó y quién perdió este domingo? ¿Hubo ganadores y perdedores? Tal vez. Pero, ¿vale invertir cerca de 3.000 millones de pesos sólo para eso? ¿No hay otras prioridades? Sí. ¡Y la democracia es una de ellas! Y el gasto es aceptable para sostenerla, pero no a cualquier precio.

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Debe quedar claro algo: criticar las Paso no implica levantar banderas de la anti-política, como pretenden algunos. Lo que se busca, por el contrario, es en todo caso mejorar los mecanismos para que la participación ciudadana sea efectiva. Hay miles y miles de argentinos que se comprometen con su participación política, diariamente, desde muchos espacios. Y eso porque entienden que sólo así se puede construir una mejor sociedad, un proyecto colectivo.
Es allí donde se deben fortalecer los mecanismos de participación… Para que la casta política pueda finalmente renovarse, no sólo en años sino también en prácticas. Para que aquellas personas comprometidas y honestas, de todos los ámbitos, puedan involucrarse en la cuestión pública y no salir asqueados a los pocos meses.
Hay un clima de época que denota un fuerte y amplio interés ciudadano por participar de cuestiones políticas en la sociedad, más allá de lo partidario. Masivas marchas -de uno y otro lado de la grieta-: #NiUnaMenos, #MuerteDeNisman, #MarchaDeSilencio, #Amia, #18F, #2x1genocidas, #NiOlvidoNiPerdon, #DondeEstaSantiagoMaldonado, #NosotrasParamos, #VivasNosQueremos, #BastaDeFemicidio, #Violencia, #Inflación, #BastaDeCorrupción, etc. Un magma que podría encontrar su cauce en la aportación real si es que ocurre lo que tanto se pregona: una promoción efectiva de la participación ciudadana.
Entonces: ¿sirven o no las Paso? ¿Sólo merecen condena o también alguna reivindicación si efectivamente se cumple el espíritu con la que fue creada? En todo caso, ¿hay que eliminarlas o buscar otro mecanismo más viable para los tiempos que corren? El debate queda abierto.

La expectativa y el verso

La política local y nacional está en plena transformación orgánica. Ata y desata alianzas, teje y desteje conveniencias, elucubra bienestares con promesas de fantasía mientras piensa efectivamente en la zancadilla, en la forma de ganar y quedarse con el poder: los cargos y los sueldos, que de eso se trata. Muy poco de ese genérico al que todos aluden, pero nadie atiende: “la gente”.
Estas campañas escalonadas (que particularmente en Corrientes desembocarán en 4, que pueden ser 5 elecciones) son como siempre un festival de mentiras aceptadas.
Muchas de esas mentiras se sustentan desde el discurso y otras tantas desde las acciones, o mejor, desde la falta de acciones, que es lo que más duele. Porque así estamos: esperando que la provincia arranque, que la educación mejore, que la gente se cure, que tenga viviendas para estar, energía para trabajar, rutas para andar, trabajo para vivir y no vivir para robar, oportunidades para proyectar y futuro para quedarse.
¿Está todo esto en la agenda electoral nacional y provincial?
En Corrientes no se discute. En el país tampoco. De hecho, según ordenó Duran Barba a sus candidatos, ni siquiera deben detenerse en estas nimiedades. Según publicó el diario La Nación, el capo de los vendedores de espejitos de colores dijo así: “Ustedes no respondan lo que les preguntan los periodistas y los políticos. Ustedes háblenle a la gente”.

***
En estos párrafos, algunas anotaciones sobre la campaña que estamos transitando aquí y allá:
* En Corrientes se juega el gobierno provincial, 71 gobiernos municipales y 15 bancas legislativas. En el país, por otro lado, la conformación del Congreso y su consiguiente sofreno o profundización del nuevo modelo nacional. El de la cincha cool: te ajusto, pero cuidando las formas y sin cadena.
* Aquí la cosa empezó temprano, con la elección de Capital, el municipio 72. Ganó Tassano y perdió Ríos, abriendo una transición inédita, larga y por momentos peligrosa. La Comuna (con el resultado puesto) hace lo que puede tirando a “sólo lo que debe”, mínimamente, y los triunfantes tratan de armarse en el medio de una “veda de acción” impuesta “desde arriba”.
* La fórmula de los doctores, dicen ellos mismos, hablará de gabinete cuando se defina la elección de gobernador, lo cual puede leerse sólo de una manera: a la ciudad le quedará lo que sobra del gobierno si es que ganan el gobierno, o será el aguantadero del gobierno si es que pierden el gobierno.
* “Camau” Espínola corre solo. Por el momento la suya es una carrera contra el viento. Sostiene su candidatura con altibajos: no por su valía, ni por las acciones que despliega ni por las encuestas, que lo acompañan (obviamente, por la soledad del escenario), sino porque esta es una carrera de resistencia, para lo cual, entre otras cosas, hace falta, además de inteligencia y unidad estratégica, recursos y avales. Y en el peronismo correntino, tal como están las cosas, pocos garantizan las cuatro cosas.
* En el Gobierno la cosa transcurre de manera ambivalente. Envalentonados por el triunfo de Capital, muchos ya se reparten la provincia. Pero creció la interna producto de esa misma elección, lo que estiró las caras de los supuestos elegidos que supuestamente no serán los elegidos.
* Es verdad, de todos modos, que una cosa es jugar a la interna lejos del poder y otra muy distinta es desafiar al poderoso desde adentro mismo de un poder que lleva años no sólo reproduciéndose en sí mismo, sino generando condiciones de desarrollo para muchos personajes que verían sus cuentas más bien raídas si intentan lo mismo en el sector privado.
* Dinero por obediencia parece ser la consigna. Solo eso. No es tanta molestia como el espanto de tener que levantarse, 16 años después, a trabajar por cuenta propia, o para una empresa no tan generosa como el Estado. Es esa, además de la figura potente y exitosa de Ricardo Colombi, lo que mantiene a las masas, y a dirigentes que se detestan, calladitos y bajo el mismo techo.
* No los une el amor, sino el espanto del llano.
* Hubo desafíos y berrinches, amenazas de renuncias y algunas reuniones a los gritos. No fue en el PJ, que a juzgar por las acciones de sus dirigentes aprendió a disgregarse en silencio.
* Esta vez todo pasó en la mismísima casa de Gobierno, excediéndola. Fue tanta la cantidad de gente que operó (los últimos 15 días) para uno y otro bando, que puso en guardia al propio Colombi, quien no tuvo más que cortar por lo sano. Eligió al elegido, al que lo formó personalmente desde hace largos años, y abrió la puerta. El que no está de acuerdo, dijo una vez más, puede irse. La puerta se cerró y, por lo que se sabe, todos siguen adentro.
* Inteligente juego de Colombi sostenido sobre las mentiras de las fechas y las intrigas palaciegas en cuanto a la elección de su sucesor, que mantiene a los medios y a la gente de a pie en situación de una “gigantesca” expectativa que de otro modo no sería tal.
* Gol de “Lalaca”, que lo único que hace es parar la pelota y manejar los tiempos. (De hecho, cierto o no, Horacio Ricardo Colombi, lo primero que dijo cuando ganó en 2013 fue que ya tenía el nombre de su heredero).
* Ambos frentes mayoritarios motorizados por la UCR y el PJ niegan todo, pero transcurren sus días en el marco de una sórdida interna que puede sacudir estanterías.
* Y mientras tanto las Paso: creación del kirchnerismo que no usa el kirchnerismo. Blanco perfecto del macrismo que discursea una cosa, pero hace otra. Tampoco Cambiemos usa las Paso, lo que demuestra lo rápida que es la clase política, aun la que se jacta de distinta, para sucumbir ante las delicias autoritarias del dedo.
* En Corrientes, propios y ajenos, todos ellos antikirchneristas, critican la dedocracia, pero miran hacia otro lado cuando pasan frente a la vereda de ECO+Cambiemos, que tiene bien guardadas las urnas, lo que generó reacciones de dirigentes como Ingrid Jetter o Gustavo Canteros. Así de cínicos son. Y los que acusan recibo del golpe se defienden atacando: ni Jetter ni Canteros llegaron a dónde llegaron por medio de sufragio interno. Ni más ni menos que la persistencia del error por conveniencia coyuntural.
* Pobre Lisandro Almirón que quiso ir a internas en el frente oficial, olvidando que para eso necesitaba una carta democrática que no estaba disponible.
* En fin. Todo está en movimiento. Para muestra, lo que pasa en Buenos Aires: Cristina tomó de Durán Barba lo que Durán Barba tomó de Obama lo que Obama tomó de lo que hacían otros y otros y de allí hasta los griegos. Pero el PRO reclama el copyright. Hace unas horas, incluso, el ministro Frigerio sugirió que CFK copió tanto, que sólo le faltan los globos amarillos.
* Al cruce de todos salió Randazzo. De Massa por su oportunismo de siempre. De su ex jefa Cristina por su soberbia galopante. Y del macrismo porque, según el ex ministro kirchnerista, Macri, Peña y Frigerio, entre otros, tomaron lo peor del kirchnerismo: crucificar al que piensa distinto.
Así está hoy la cosa. Nada cambia. Pura pirotécnica. Y sin querer queriendo, ya estamos empezando el segundo “segundo semestre” al que alguien alguna vez marcó como el punto de partida para que algo pase.

La culpa es de nuestra generación

C Cada vez más conductas anormales nos parecen normales: nos parece normal que tantos coman poco, que tantos vivan mal, que tantos mueran antes, que la violencia -verbal o física- sea nuestra manera; nos parece normal que nos engañen.

Avanzamos por el camino de la rana: nos metieron en el agua tibia y nos la fueron calentando poco a poco y, con el tiempo, nos acostumbramos a vivir en un país que hierve; o casi hierve, porque tampoco es que haya suficiente gas.

Gran nota de Martín Caparrós con motivo de su cumpleaños. Vale la pena detenerse unos minutos. No para aplaudirlo, sino para discutir con él, con sus datos, con su forma de militancia.

Nota completa: http://nyti.ms/2sjPTZl

Publicado originalmente en New York Times.

El correntino Eduardo Varela asumirá como embajador argentino en la República de Egipto

El diplomático correntino Eduardo Antonio Varela será el nuevo embajador argentino en Egipto. Ya fue promovido por Cancillería y se cree que a mediados de este mes (llegará el 14 a El Cairo) estaría asumiendo en sus funciones, tras la presentación de las cartas credenciales ante el presidente de aquel país, Abdelfatah Al-Sisi.
El nuevo embajador era hasta el momento de su designación jefe de Gabinete de la Secretaría de Relaciones Exteriores de la Cancillería. Sucederá a Sergio Baur, quien se encontraba en Egipto desde abril de 2013 y a fines de diciembre del año pasado fue trasladado al Palacio San Martín, en Buenos Aires.
El nombramiento de Varela fue dispuesto mediante el decreto 186/2017, publicado el viernes 17 de marzo en el Boletín Oficial luego de que El Cairo le concediera el correspondiente plácet de estilo. El decreto de la designación del nuevo embajador lleva las firmas del presidente Mauricio Macri y la canciller Susana Malcorra.
Hace unos días el diplomático estuvo en Corrientes. Cada tanto viene a cumplir con formalidades y a visitar amigos y algunos parientes que aún tiene en la ciudad.
– “Fui a saludar algunos amigos. Ahora estoy en Buenos Aires preparando todo para partir”, dijo en contacto con El Litoral.
Eduardo Antonio Varela fue alumno del Colegio Nacional General San Martín. Es abogado egresado de la Universidad Nacional del Nordeste en 1981. Fue criado y capacitado en estas tierras, aunque también en el extranjero. Es máster en Ciencias de la Sociedad por la Universtity of New South Wales de Sidney, Australia, desde 1993 y maestro en Ciencias Sociales con especialización en Relaciones Internacionales, por la Flacso, desde 1991. Habla español, inglés, francés, italiano y algo de portugués.
Ahora está esperando que le concedan fecha para la entrega de sus cartas. Mientras, en Argentina, se reúne con personalidades y hasta abriga la esperanza de que el presidente Mauricio Macri lo reciba antes de partir.
-Por ahora me estoy reuniendo con diplomáticos, agentes comerciales e industriales, con referentes de la cultura y con académicos para armar una agenda de trabajo con la que transcurrirá mi día a día en El Cairo.
–¿Cuál será el enfoque que le dará a su gestión?
– Nosotros trabajamos en distintos aspectos de la política global, pero específicamente ahora en la relación entre ambos países para mejorar el comercio y los beneficios derivados.
– ¿Esa agenda es suya o parte de una agenda general que viene determinada por el Gobierno?
– Es una agenda general determinada para los distintos servicios exteriores.
– ¿Cómo es la relación de Argentina con Egipto?
– Tuvo una etapa muy buena en la década del 70 y después las relaciones fueron siempre formales, amigables pero distantes. Una de las razones de ello es que casi no hay comunidad argentina en Egipto y tampoco se da una situación a la inversa.
– ¿Y comercialmente?
– El nivel del comercio es muy importante. Argentina exporta mucho a esos países. Ahora la idea es trabajar en intensificar esa relación, generar mayores volúmenes de negocio y diversificar las exportaciones de alimentos y otros commodities. Hablamos de manufactura y productos agropecuarios con procesos de industrialización.

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Cuando asuma, Eduardo Antonio Varela se convertirá en el tercer correntino en llegar a la máxima jerarquía diplomática a la que se puede aspirar haciendo carrera. En esta cuenta están Ana María Ramírez, quien después de más de un año de vacancia fue designada como embajadora argentina en Perú y el doctor César Figueredo Antequeda.
Llegó a este nivel en su carrera después de transitar un largo camino en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. De hecho, su registro de ingreso al Instituto del Servicio Exterior de la Nación tiene fecha en 1983. Egresó en septiembre de 1985 como secretario de Embajada y cónsul de tercera clase. Ya en 1989 fue promovido a secretario de Embajada y cónsul de segunda clase. Más tarde, en 1993, consiguió la primera clase en esa categoría. En 1997 fue promovido a consejero de Embajada y cónsul general; en 2008 a ministro de segunda y el año pasado a ministro de primera.
El 16 de marzo le comunicaron que pasaría a la Embajada de El Cairo y desde entonces se multiplicaron sus expectativas. Recibió un nuevo reconocimiento mientras se desempeñaba como jefe de Gabinete de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Eduardo tiene 58 años y era algo que ya estaba al caer, según dijo, por lo que el decreto vino a confirmar el rumbo de su carrera. Y a modificar seguramente al menos parte de sus planes familiares, que no obstante están acostumbrados a estos movimientos.
Sucede que el ahora embajador ya prestó servicios en muchos lugares, por ejemplo en la República Popular China, en el Consulado de Sidney, en Suiza y, entre otros, en la Embajada de la República Italiana. Ahora prestará atención a lo que ocurra en Egipto, que acaba de recibir la visita de otro argentino: nada menos que el Papa Francisco.

Misa de domingo en Itatí

¡Están todos detenidos! -exclamó en medio de la sacristía de la basílica un hombre de canas, pantalón y camisa, cuando apenas terminaba la celebración de las 9.30.
-¿Puede alguien irrumpir así en un lugar sagrado para arreglar cuestiones de otras dependencias? -me pregunto estando allí, casi sin querer.
Por una fracción de segundo, el silencio incómodo fue más agobiante que el murmullo de las 3 mil personas que estaban yéndose en paz después de haber dado gracias al Señor.
Alguien empezó a reír y dio paso a la carcajada en coro de una media docena de itateños entrados en edad que se libraban de sus estolas bajo las cuales fungieron, minutos antes, de ministros de la Eucaristía. Fue ese el drástico final del trance: un desahogo chistoso para descomprimir la peor semana de un pueblo que cuenta su historia por 4 ó 5 siglos.
Toda el agua de río que ha pasado por sus costas desde entonces hasta hoy, lavó en un santiamén el arraigo preponderante de la fe -aun con sus llagas y miserias-, por la urgencia de los nuevos profetas políticos y mediáticos, locales y de los otros, que blandiendo una bula interesada y coyuntural, renombraron al viejo puerto de Fray Luis Bolaños como la capital narco del norte argentino.
“Están todos detenidos” es el nombre de un premonitorio chamamé del Trío Laurel, escrito hace tanto y confirmado diariamente como universal. ¡Cayeron todos! Y por eso la risa del desahogo bien puede estar negando el llanto.

***
En Itatí apenas son las 9 de la mañana de un domingo pre-otoñal, de sol brillante, intenso pero amable. Muchos turistas-peregrinos estiran las piernas brevemente en la zona de descanso y compras que se levanta justo en el medio del triángulo que conforma, en ese punto de Corrientes, la intersección de las rutas nacional 12 y provincial 20.
Destino final: Basílica Menor de Itatí.
Objetivo: escuchar a los curas que darían misas durante el primer domingo posterior a la hecatombe institucional que empezó visibilizándose desde los púlpitos y acabó en una redada de Gendarmería que dejó al pueblo sin intendente, sin vice, sin comisario e incluso sin un par de agentes locales y otros tantos federales; sin una decena de pobladores comunes y hasta sin un vendedor de la calle. Son ellos, dicen, un par de capos y varios pares de perejiles, supuestamente jefes y soldados narco; efectivamente detenidos; celerísima y públicamente condenados.
Estrategia: ver, escuchar y oler.
Territorio: el centro, la zona turística-religiosa que rodea al portentoso templo que empezó a construirse en 1938, pero también los márgenes. Desde el frigo-negocio barrial que regentea Salvador Lugo, el carnicero y capataz de cuadrilla convertido en intendente, hasta los callejones que se abren como venas en el barrio Yvyraî: ese allá ité donde la noche poriajú, detenida en el tiempo por conjuros de la poesía, cambió las penas de siempre por la alegría de un rato que se edifica sobre el tesoro fácil de la droga.
-Este es el Yvyraî. Como ves, es un barrio de ladrilleros -apunta el baqueano.
-De ladrillos de construcción -aclara y se sonroja.

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Suena la última campanada, lejano legado del “Nati” que magistralmente describió “Cacho” González Vedoya.
Los peregrinos siguen llegando. La nave central de la basílica está llena de gente. Algunas melodías que se propalan por modernas torres de sonido remedan a los órganos tubulares de las viejas catedrales cristianas. La música se interrumpe con algún anuncio parroquial. Algún feligrés aún trata de acomodarse. Entra a la casa de María: se arrodilla, se persigna, camina unos metros y toca un Cristo de yeso, color carne, descascarado por tanto tacto.
De luto eterno y mohín de angustia desgarrada, la Virgen de los Dolores vigila el paso de los hombres y mujeres. Suena una guitarra, canta un coro. Los creyentes se ponen de pie. Desde el frente del templo avanzan los ministros y el sacerdote paraguayo Derlis Sosa. Dos chicas, apenas púberes, hacen de maestras de ceremonia. Comienza la misa.
La feligresía, una masa variopinta de nativos y foráneos, escucha los relatos bíblicos. Rezan, pero también van y vienen, atienden chicos, hablan con los santos, hacen la señal de la cruz ante cada imagen y se toman fotografías. Cámaras o celulares, no importa: lo trascendente es la constancia de haber estado con la Virgen. Prueba de fe y documento del peregrinaje. Una apoteosis de la “selfi” católica.
Otros, mientras tanto, aprovechan para cumplir necesidades menos espirituales. O para despabilarse con los chorros fríos del agua eterna que brota de las canillas de una de las paredes exteriores del templo. Llevan botellas descartables llenas de esa agua o de otra que consiguen en el atrio de la iglesia. Por unos pocos billetes -jura una mujer- ese líquido será, mientras dure, un manantial bendito.
Al mismo tiempo hay gente que paga o pide. Que ora en silencio, a veces en voz baja, como la madre que desgrana un rosario haciendo dueto con su hija adolescente en lo alto del presbiterio.
-Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre -se dicen entre sí en el último banco de la Recámara de la Virgen. Es un lugar de intimidad, de confesión sin intermediarios.
Es también el testimonio de viejos tiempos. Es la imagen ancestral de las reducciones indígenas venerando a esa figura de nogal y timbó pytá a la espera de sus milagros. Es la práctica de la fe en gerundio. La gente está ahí rezando. Esperando tal vez la confirmación de que la presencia de la Virgen, en ese sacro lugar, no puede ser en vano.

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Los chicos y chicas, medianos y grandes del Cotolengo Don Orione están adelante. Oyen la misa, interactúan entre ellos, con el sacerdote cuando éste los alude.
Al costado izquierdo de la basílica los curas confiesan. En la nave derecha que diseñó el arquitecto Felipe Bergamini y construyó el ingeniero Pedro Azzano, la imagen peregrina de María. Al lado, San Jorge, San Roque, Nuestra Señora del Rosario. Réplicas duplicadas de San José, que está celebrando su día. En eso el padre Derlis pone el foco sobre “los que caminamos por cualquier lado por situaciones de la vida”.
Acababa de leer “la palabra” desde el ambón de mármol blanco. Los creyentes, desde una pantalla gigante desaprovechada por desajustes técnicos relacionados con el contraste. Dice el padre que “Jesús siempre nos va a esperar”, aunque andemos más o menos “raros”, desviados.
Fue la única referencia al gran tema de conversación en Itatí, del que también participan los peregrinos. Pero no se quedó allí. Terminada la celebración y aún con su alba blanca y casulla morada de domingo de Cuaresma, Derlis Sosa negó que haya un pacto de silencio entre los sacerdotes después de las denuncias hacia los traficantes e incluso tras las supuestas amenazas recibidas.
-Desde hace muchos años se denuncian esas situaciones -aclara el sacerdote, y tiene razón: las primeras homilías que apuntaban al narcotráfico encuentran registros ya en el año 2002.
-Hasta cuándo Itatí deberá cargar con el humillante título de ser un pueblo donde el contrabando y el narcotráfico se dan a todas horas del día -preguntó entonces el padre Juan Ramón Molina.
-La droga es una realidad instalada en nuestros pueblos y parajes -afirmó en diciembre de 2013 el arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik.
-Itatí ha tenido el comercio ilegal hace muchos años. Antes era cruzar cigarrillos, pero ahora es la marihuana -le dijo a un diario el ex rector de la Basílica, Omar Cadenini, el año pasado.
-Por eso hay que ayudar a todos, ya que como pastores tenemos que animar al pueblo a que siga caminando. Aunque no nos escuchen la Iglesia va a seguir denunciando todo lo que arruina la vida -remarcó el padre Sosa hace apenas un domingo.

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A los vecinos de Itatí los está arruinando la droga, está claro. Pero también la claraboya de acceso que es la pobreza, la falta de oportunidades, de trabajo. La inexistencia de un futuro, que encima les cuesta el triple a los que deciden alcanzarlo por la vía del trabajo honesto.
Se cree que por sus costas ingresaron, sólo en el último año, al menos 15 toneladas de marihuana que luego se distribuyeron a 7 provincias argentinas.
La venta de un porro a un menor de 9 años en la Villa Zavaleta, límite de los barrios porteños de Barracas y Nueva Pompeya, dio inicio en mayo de 2014 a la investigación que concluyó el pasado martes 14 de marzo de 2017 con la detención del intendente Natividad “Roger” Terán; su viceintendente Fabio Adrián Aquino; con la del comisario condecorado del pueblo, Diego Ocampo Alvarenga y dos de sus subalternos: el sargento Mario Molina y la cabo Gabriela Quintana. También fueron detenidos Rubén Ferreyra, subcomisario de la Federal; Carlos López, sargento de la Federal, y Fernando Alcaraz, segundo comandante de Gendarmería. La lista la completan un abogado y otras 16 personas.
Están sindicados como integrantes de distinta jerarquía de una banda narco de tres cabezas. Una que operaba desde la cárcel y otras dos que todavía están prófugas, como otros 12 líderes de la red.

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La trama novelesca de la redada sirve en bandeja el menú de la generalización: que haya caído el intendente; anteriormente su hija y su yerno; el viceintendente y unos días antes su reincidente hermano; la hermana de una concejal en funciones; el comisario y dos de sus ayudantes, un abogado, dos federales y un gendarme; que esté prófugo un empleado comunal que además parece que es uno de los dueños del negocio; que hayan caído unos cuantos “perejiles” de la “sociedad civil” y hasta un vendedor ambulante de licuados, facilita a los opinadores el argumento de que en Itatí todos son narcotraficantes.
A juzgar por las condiciones generales de vida de las 6.562 personas censadas en 2010 y que viven en ese municipio de la provincia de Corrientes, son los narcos más pobres del país.
De todas maneras, la prosperidad parece abrazar a algunos: son los depositarios de una pujanza sospechosa que no invierte en ladrillos sino en concesionarias. Es curiosa la densidad de camionetas 4 x 4 que todavía están estacionadas en Itatí esperando que alguien las encienda. E impresionante la flota de vehículos secuestrados en el marco del megaoperativo denominado Sapucay.
En total y según consta en los expedientes judiciales, la banda de Itatí fue desbaratada por el despliegue de 670 gendarmes que concretaron 47 allanamientos, 32 de los cuales se hicieron en Itatí. De allí se secuestraron 26 autos (algunos de alta gama), 21 camionetas, 3 lanchas, 2 camiones y 18 motos. Asimismo, encontraron armas de diferentes calibres: escopetas, rifles, pistolas y revólveres. Nada mal.

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Estos buenos muchachos y chicas operaban desde el barrio Yvyraî (que en guaraní significa “el agua de la arboleda”) y de ahí río abajo hacia Ensenada y arriba hacia Yahapé. Camuflaron fácilmente sus fechorías por las condiciones geográficas sin control y por la fragilidad social de los pobladores.
Más tarde, cuando ya tuvieron dinero suficiente para corromper el resto de las estructuras y llegaron al Estado que les facilitó protección, la banda del tráfico achicó los gastos y maximizó las utilidades.
El Yvyraî, el barrio Pies Juntos y su zona de influencia, el barrio Mangaruguá, constituyen la fortaleza narco de Itatí. Ranchos de palo y chapas de cartón, a veces de zinc. Caminos de polvo que se convierten en barriales aun si escupe un loro, dada la humedad reinante y consecuente en una zona de ribera. Picadas y montes que pueden esconder casi cualquier cosa. Obstáculos naturales de tacuaras, palmas, mangos, lapachos, espinillos, pichanas y enredaderas. Alambrados, pastizales y roca de basalto erosionada. Arena.
Andando por allí, un vehículo se zarandea por la huella seca del sendero. Una niña de no más de 10 años se cruza. Short y remera, pelo suelto, descalza. Trae consigo una bolsa de pan. Alguien atiende a alguien en lo que alguna vez será una vereda. La calle se termina. El majestuoso e insondable río se presenta como siempre lo hizo desde los siglos de los siglos: picado y brillante, marrón de lejos, claro en la costa.
Hay un corte abrupto en la vegetación, en un recodo del monte:
-Es una bajada de lancha. Eso lo mandó a hacer uno de los capos narco -afirma suelto de cuerpo el guía.
Dobla, saluda a algunas personas y responde con evasivas a la pregunta:
-¿Qué andás haciendo por acá?
-Nada, ando de paseo con unos compinches. ¡Nos vemos!

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“Compinche” es una ambigüedad que va desde conocido hasta periodistas en busca de los secretos del contrabando que derivó en tráfico ilegal de estupefacientes. Por eso, quien pregunta desde la costa del Paraná no parece muy convencido. Está pescando y puede que en verdad lo haga, pero también puede ser un chajá o uno de los tantos “matones” de los capos (aunque en realidad asuste más su mediocridad actoral que sus actitudes de tigre agazapado).
El chajá de Itatí no es un ave de zonas bajas y monógamo que vive con su pareja hasta la muerte. Tampoco la muchacha de la leyenda guaraní que lavaba ropa en la orilla y le negó agua a Jesús, por lo que fue convertida luego en un pájaro de graznido en fuga. Se parecen más a los avisadores del indio Yaguaty, según la leyenda uruguaya, listos para advertir la presencia de los blancos. En esta región y en este contexto, blancos son los prefectos y gendarmes, en todas las acepciones de la palabra.
Los matones son en realidad patovicas mal alimentados que no infunden mayor temor salvo que uno fuera mosquito. Si picás, morís. Los identifica su teléfono de la era pre-smart: los famosos Nokia 1100, que al decir de los que saben, “anda hasta abajo del agua”.
El dato no es menor: debe servir para “avisar” alguna “emergencia”, se esté en una zona con cobertura, en el medio del río o en una isla, donde no hay más compañía que la de las alimañas. Esos aparatos deben dar respuestas sin titubeos en esta zona de frontera, donde las telefónicas argentinas y paraguayas se disputan la efectividad de su desidia.

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El ambiente igual se puso espeso, porque el guía hacía su trabajo y llevó la camioneta hasta el garaje mismo de una de las casas cuya propiedad le atribuyen a uno de los líderes de la banda que cayó en Itatí.
Se trata de un chalet más bien discreto pero que sobresale cual mansión en medio del pobrerío de ese territorio de vegetación y barrancos. Controla desde su patio un envidiable panorama del río, la isla e incluso la costa paraguaya que está a un puñado de minutos andando en una lancha potente. ¿Parece una fortaleza? No. Es un mangrullo con aire acondicionado en el que vive -asegura el lazarillo- uno de los peces gordos cuando no anda nadando en las aguas que fluyen en el jardín frontal de su propiedad o cuando no está a la sombra del calabozo, como es el caso por estas horas.
En eso estábamos cuando un pozo nos volvió a la realidad del momento. Y el temor se apoderó de nosotros: chofer, tres periodistas.
No por las miradas de los vigías a sueldo ni por las voces supuestamente amistosas de los supuestos pescadores que supuestamente pescaban en la costa de la casa que supuestamente es un aguantadero narco. Más bien por la muñeca del chofer que debía salir de allí a paso de hombre, con el vehículo marcha atrás y calculando a ojo las imágenes que le devolvían los espejos retrovisores: de un lado los tejidos, muros y cercos de palo, y del otro, a centímetros de las ruedas, el mismo precipicio. Y no es una metáfora.

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Tampoco fue una construcción conceptual el descabezamiento institucional de Itatí, que tiene consecuencias en varios niveles. Ese pueblo se quedó realmente sin sus autoridades y si bien los “sobrevivientes” de la razia apelaron a la Constitución y a la ley para dar continuidad administrativa a su Comuna, hoy son presa de presiones de todo tipo.
El Gobierno Nacional encarceló a funcionarios cómplices y en ese hecho histórico que no registra antecedentes inmediatos, sustenta un éxito político: Cambiemos, el sello electoral del presidente Mauricio Macri, es ahora poco menos que el escudo norte de Argentina. Antes allí había un colador, sostiene la nueva partitura oficial.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich -que administró los dividendos del logro- marró en varios puntos cruciales su relato de los acontecimientos, pero dejó sin sobresaltos el estigma: Natividad “Roger” Terán es un intendente del Frente para la Victoria. Justo en Itatí, justo en Corrientes, justo en un año electoral.
El Gobierno de Corrientes, en tanto, y su lugarteniente Ricardo Colombi, que en principio dijo no haber visto nada, después viró su discurso hacia aquello de que “algo sabíamos” porque alguien había denunciado, pero Nación nos desprotegió en la frontera. Más adelante fue eso de que “sabíamos, pero no lo de Terán”. Una versión renovada de un viejo hit del colombismo: la culpa siempre será de otro. O de otra.
En la Legislatura, sus aliados políticos e incluso sus legisladores alentaron una intervención al municipio enancados en la falacia lógica que expuso la presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales, Laura Vischi:
-O acompañan la intervención de Itatí o van a ser cómplices -dijo por radio, y su voz se propaló por los parlantes de la estructura comunicacional oficial. No le hicieron caso.

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Pese a todo ello, en Itatí transcurren días de “normalidad”:
-Yo tengo 27 años y con todo lo que están diciendo, lo único que hacen es ensuciar al pueblo y a la Virgencita -dice una agente de la Policía de Corrientes que mira televisión mientras hace guardia en la comisaría.
La dependencia está en remodelación y ampliación, por eso tal vez no se toman el tiempo de limpiar las paredes y techos de la recepción, que más parece un nido de arañas y de avispas que una base castrense. Desde el frente, desde esa misma sala de guardia pintada de verde y celeste, mirando en dirección al patio, se puede ver, a lo lejos, el reflejo celeste del Paraná: tajo en la tierra por donde se filtran las lanchas de los pacotilleros de marihuana.
-La verdad es que nosotros no tenemos información de lo que está pasando. Yo no soy de acá, vine porque me trasladaron para empezar la normalización de la dependencia -agrega el comisario mayor Oscar González, interino en Itatí, ya reemplazado.
-¿Pero usted qué opinión tiene de lo sucedido con el comisario Ocampo Alvarenga?
-La verdad que no sólo la comisaría sino toda la institución sintió el impacto de su detención.
-¿Y qué van a hacer ahora?
-Nosotros seguimos trabajando, estamos haciendo operativos. Ayer vinieron los concejales para coordinar tareas.
-Comisario, pero acá actúan como que no pasa nada y hay 25 detenidos…
-La verdad es que no todo lo que dicen es cierto. Pero no todo es mentira.
Es una suerte que al menos lo diga.

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Queda claro que una cosa es exagerar y otra distinta es mentir. Itatí sigue siendo una capital de fe, pero también es víctima de lo que el gobernador Ricardo Colombi nombra con el genérico de frontera caliente. Un territorio costero desprotegido, como el de Ituzaingó, Itá Ibaté o Paso de la Patria, pero que se extiende en realidad desde Posadas hasta la capital de Corrientes por la zona norte y desde Virasoro a Mocoretá por la zona este. Son en total más de 700 kilómetros lineales de frontera con Paraguay, Brasil y Uruguay que deben controlar -a juzgar por las quejas- efectivos mal formados y peor equipados.
Por ese enorme corredor líquido que debiera ser un límite, antes entraban ropas, vajillas y electrodomésticos. Después pasaban cigarrillos de distintas marcas, primero Ritz y más tarde Rodeo. Más acá en el tiempo la transa viene siendo con Cannabis sativa, pero en el negocio también se cuela algún que otro juguete para grandes y chicos. He allí otro argumento para los que un poco en broma y otro poco en serio trazan los paralelos con el poderío que supo construir Pablo Emilio Escobar Gaviria recorriendo ese mismo camino: primero contrabando, después narcotráfico.
-Nosotros no somos Medellín ni México -se quejó por televisión el gobernador Colombi. Pero no pudo responder con solvencia qué hizo, en 16 años, para que Itatí no sea lo de hoy. No sólo para contener la droga, sino para contener a la gente que lo único que conoce del Gobierno son patrulleros y ambulancias.
Es en ese punto donde se mezclan las cosas y la política muestra su peor cara. Hay argumentos para cualquier cosa. Y contradicciones. Colombi nunca estuvo tan contra las cuerdas como esta semana que pasó. Tuvo casi un destino paralelo al de Itatí.
El doctor Horacio Ricardo, gobernador de Corrientes desde 2001, no puede explicar bien cómo es que no sabía que en Itatí había lo que se descubrió ahora, que además parece ser sólo una parte de lo que hay en la Justicia. Desconoció a Terán pero también a la gente del pueblo.
Justo él, que hizo de la autodeterminación una razón de vida y una bandera proselitista cuando se trataba de los atropellos del kirchnerismo, el lunes, ante Santiago Del Moro, el nuevo divo de la pantalla política argentina, jaqueó la inteligencia de las 2.644 personas que votaron por “Roger” en 2013.
-Se habrán equivocado -dijo como al pasar.
Puestos a pensar en esa línea, ¿no se habrán equivocado también las 286.821 personas que votaron por él en ese entonces, dándole por tercera vez las riendas de la provincia? ¡Claro que no!

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Itatí está en boca de todos. No por la belleza de sus costas o labios de agua que los originarios llamaron tembeî. Ni por su pasado de piedra y cal borrado por el tiempo y la fuerza de las aguas. Ni por su historia que comienza a mediados del 1300, según afirman ciertas teorías apoyándose en descubrimientos arqueológicos que dan cuenta de la avanzada técnica alfarera que desarrollaron los indios de Yaguarón. Ni por la fe, esa primera virtud que últimamente cotiza en baja. Está en boca de todos por la droga.
Ese todos incluye al presidente Macri, que tocó el tema en una cena televisada con Mirtha Legrand, la jefa inoxidable de los comedores que devino en personificación de la talla moral del periodismo argentino:
Mirtha Legrand: -El tema droga, Mauricio…
Mauricio Macri: –Bueno, el tema droga es otro de los cambios que ha habido en la Argentina. ¿Viste lo de Itatí? Lo de Itatí existía…
ML: -Ah sí, lo de Itatí, no te había entendido. Terrible, ¡es un horror!
MM: -Bueno ¡pero todo el mundo sabía y nadie hacía nada!
ML: -Nadie hacía nada.
MM: -¿Por qué? Porque había complicidad. El cambio trajo esto, la verdad…
ML: -Ahí es donde está la Virgen de Itatí, en Corrientes, que es tan amada.
MM: -Hace años que están estos tipos. Los curas decían, hace cuánto tiempo, este pueblo está tomado por los narcos. Acá había complicidad e inacción…
-Eso nos hace daño -interrumpe Pocho Roch, hablando por teléfono.
Gonzalo del Corazón de Jesús Roch es un hijo importante de la localidad que -como tantos- tuvo que irse un día. Es un vecino ilustre a fuerza de la poesía que hizo volar con las alas de su música, pero también un historiador de nota, un cronista documentado de su lugar y su gente, y dueño de una calidez personal que, por religiosa, a veces parece mística.
-Hay muchas personas que vienen, se meten en esas cosas y nos corrompen. Pero en Itatí hay mucha gente buena que no tiene la culpa de que un grupo de bandidos se haya apoderado de sus calles -agrega.

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Ciertamente, bandidos hay en todos lados. Y en el pequeño pueblo de la Virgen hoy todos se desconfían. Se miran cautos y aún más, observan con recelo cuando un poblador dialoga con la visita. Parecen una masa de espías, aunque eso no sea más que otra de las tantas exageraciones. Puro prejuicio.
-Ojalá que cambie la situación -ruega una señora que hace 35 años trabaja en la secretaría de la Basílica.
-Siempre escuchamos a los padres denunciar este flagelo. Queremos que no nos metan a todos en la misma bolsa. Toda esta situación nos cayó muy mal, pero por otro lado sirvió para destapar lo que estaba ocurriendo -argumenta.
-Queremos que la droga no siga avanzando sobre los jóvenes, porque es un gran riesgo. Mis hijos se tuvieron que ir por falta de oportunidades. Los otros se quedan. Y hay también chicos sin mamá y sin papá por culpa de la droga. Pidió reservar su nombre, para no ser como el mosquito. El temor es un catalizador del silencio.
Juliana sí quiere hablar. Es una enfermera jubilada que ahora dedica su tiempo a servir a la Virgen.
-Escuchamos lo que pasa, pero no vemos nada -dice.
-Antes yo creo que pasaba la droga, pero ahora se queda por acá. Los chicos fuman a cualquier hora -agrega, recordando haber visto lo que antes negó.
Es un sentido común local: ver a los chicos enfermos, pero no a los mafiosos que los enferman.
Igualmente confía en las fuerzas de seguridad, pero duda de que a Salvador Lugo -carnicero, jefe de jornaleros, hombre de iglesia, esposo de Mirta, padre, abuelo, concejal liberal y ahora también intendente interino- lo dejen hacer lo que debe.
-No tiene formación para ser intendente. Ojalá que lo asesoren bien -pide después de juzgar a su vecino con la severidad de los pueblos chicos.
Casi en la misma línea, los radicales acusan a los peronistas de narcotraficantes en el peor de los casos, y de cómplices en el mejor de ellos. Estos otros se defienden:
-Esperá que pase el tiempo. Acá hay políticos radicales que están metidos -dice un camporista, joven militante de una organización política que para una parte importante de los argentinos tiene menos prestigio que un gitano vendiendo autos. Igual ordena anotar un nombre que ojalá que la Justicia ya lo tenga.
-Ese es narco, oló. Y lo protegen.

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Terán iba a ser el candidato del PJ para intentar su reelección. Como tal vez no pueda, ahora dicen que una de sus hijas podría ser la heredera de su capital político. O lo que queda de él.
-Necesitamos que se defina esta situación. Que “Roger” nos diga qué hacer -pidió un concejal peronista que cuando ocurre esta charla llevaba tres días sin dormir. Al menos es lo que dice para acercar un tanto de dramatismo a la situación de por sí dramática que viven por estas horas.
-Vamos a ganar. Yo creo que Terán no tiene nada que ver. No voy a poner las manos en el fuego por él si no lo conociera -afirmó Germán Fernández, otro edil pejotista. Dice también que la gente banca al jefe comunal detenido y comprometido por unas escuchas que lo exponen como un facilitador.
Prueba de esa afirmación, de valor relativo, la da un hombre de jean y remera, de unos 50 años, pelo largo semicanoso recogido con gomita, que sugiere a los peregrinos dónde ir a almorzar.
Se acerca e invita a pasar por una parrilla. Ya es de siesta y el hambre arrecia. Pero se aleja raudo tras la pregunta:
-¿Qué te parece toda esta situación que están viviendo?
-Es todo verso, hermano. Es todo política. Terán es un perejil –dice casi gritando.
Natividad Terán fue 12 años concejal y luego intendente, después de César Torres, otro de los caudillos políticos del pueblo que conserva dosis respetables de intención de voto.
-Si se larga Torres capaz que gana –advierte un partidario.
-Si Terán elige bien también podemos ganar nosotros -intercambia un funcionario, que agrega un dato inquietante pero lamentablemente conocido:
-Tenemos nuestros votos. Y después están los paraguayos. Estaban cobrando 150 por cabeza, pero hay que traerlos y llevarlos -se queja.

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De la Basílica salen cánticos, gentes y olores. El padre Sergio Ochoa, en la tercera misa matinal del domingo, pide repetir un estribillo. Sin coro, sin música, a capela:
Déjame nacer de nuevo
Déjame nacer de nuevo
Déjame nacer de nuevo, Señor.
No importa la edad que tenga
Tú no la tienes en cuenta.
Déjame nacer de nuevo, Señor.
La gente canta, como en trance. Alguien mira hacia arriba, esperando quizás la luz de una anunciación. De los óculos de la cúpula entra luz clara de sol, como también se filtra el agua cuando llueve, dejando sus marcas como lágrimas. Hay banderas argentinas y papales, algunas manchas de humedad que el color marfil de las paredes no puede contener.
Testigos de miles de meditaciones diarias, desde 1950 cuando fue inaugurado este monumento del renacentismo tardío, son sus vitrales con pasajes bíblicos, sus puertas talladas, sus relieves en piedra, sus mármoles de carrara y travertinos, sus mosaicos marmolados que disimulan la suciedad que se acumula por el ir y venir de los fieles que llegan de todos los cuadrantes en todos los climas.
La ropa es casual en la mayoría. Algunos visten sus mejores galas, más bien sencillas de la gente sencilla que ante la Virgen de timbó colorado se inclina a buscar refugio o consuelo, o a dejar ofrendas o gratitudes.
La fila india de más mujeres que hombres que cumplen el rito de la comunión se replica después, una vez cumplida la misión espiritual, en la fila de puestos de santos, baratijas y “caratijas” varias.
Itatí es vecino de Paraguay y de este país heredó su organización de comercios callejeros, aunque con los años el Estado nacional-provincial-municipal practicó una serie de intervenciones para mejorarlos. Igual sigue siendo una hilera de puestos con productos para la venta y cantidades oscilantes de basura esparcida por los pisos. De ellos surgen aromas que van desde el penetrante olor de la creolina hasta los más amables petricores. En el medio: humo de asado en tira, de pollo a la parrilla, de cigarro, cigarrillos y hasta de sahumerios. De los porros, ¡ni las colillas un domingo a la mañana!
El agua corre despacio, servida, buscando en la perezosa velocidad de la gravedad su encuentro con el río. Lleva desechos y el sueño de que esa misma agua podrida se vaya para siempre y lave las heridas que la droga infligió a un pueblo pobre pero pretendidamente digno en el que viven también algunos facinerosos.
Los empresarios itateños, comerciantes al borde de la formalidad, constituyen la resistencia de carne y hueso a los años de desidia y de pobreza estructural en una provincia pobre de la región más pobre del país. Aun así, abrigan esperanzas cultivadas en la fe. Y esperan.

***
A la hora de partir, queda un minuto para pensar. No en el trabajo ni en el sabor del pacú regado con cerveza que dejaron su espinazo y un vaso vacío como rastros sobre la mesa del restaurante de uno de los hoteles del pueblo. En ese fluir surgen preguntas.
¿Cuál será la bendición de Itatí, la capital mariana más antigua del Río de la Plata? ¿Qué sobrevive hoy de todo lo que supo ser y tener, de cuando era parte de la provincia de Santa Ana? ¿Qué se hizo del centro cultural guaraní que tiene reportes desde al menos un siglo antes de la fundación de Corrientes, en 1588?
¿Y cuál será -por el contrario- la maldición de vivir todavía hoy como en las viejas reducciones, sin otra certeza de prosperidad que la que ofrece la plata hedionda de marihuana? ¿Por qué la cultura de la ilegalidad? ¿Por qué el Estado ausente o corrupto? ¿Por qué la negación? Si en Itatí saben de sobra que los pecados se absuelven cuando son confesados…

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Antes del regreso, paso por la santería y compro un rosario. Abrigo la esperanza de que mi madre rece como siempre, pero esta vez con cuentas de madera de la zona de Itatí.
La señora que cobra indica que justo en ese momento hay un sacerdote bendiciendo esos elementos que objetivan el poder de la oración. Dudo, pero voy.
Al lugar se accede por el patio interno que queda entre la Basílica y la vieja iglesia. Es un salón grande, con algunas imágenes y la bandera que en octubre de 2012 llevó hasta allí la presidenta Cristina Kirchner. Es una de las siete banderas patrias que se enarbolaron en las Islas Malvinas en 1966 durante el “Operativo Cóndor”.
Miro, sigo dudando, pero me acerco y recibo un chorro de agua y la señal de la cruz. Me persigno con vergüenza “progre” pero afirmado en la enorme tradición católica de mi familia.
-Que Dios te bendiga -me dijo el cura.
-Y a Boquita, que juega a las 7 -vociferó como un hincha. Y me puso a reír.
Días más tarde volvería a escuchar la frase. Hablaba con Pocho Roch sobre Itatí, cómo no. Sobre historia y religión. Sobre la droga.
-Esto pasa en todo el país -dijo con su voz en queja.
-La mía es una opinión muy dolorosa. Somos un centro religioso de importancia nacional y continental y nos enlodan. Y nosotros no tenemos la culpa.
El viejo Roch habla de la culpa pública. Del mirar sin ver. Del estar sin hacer. De la impericia o la complicidad. Habla de Itatí y del 90 por ciento de la gente que es gente de bien.
Su sabiduría es inmensa y él la comparte generoso.
-Gracias Pocho -le digo.
-Que Dios te bendiga -me dijo con su voz jesuita. Y me puso a llorar.

Volver al pasado

Muchos manuales de consultoría política sostienen una tesis dominante y comprobada de que las campañas electorales e incluso las permanentes son mucho más retrospectivas que prospectivas. Priman los argumentos relacionados con el pasado del que se sacan tajadas positivas y negativas, según la conveniencia del momento.
Esta aseveración de corte teórico encuentra en el país ejemplos confirmatorios a raudales. Pero no es todo: los movimientos políticos de Corrientes elevan a la categoría de teorema esas aproximaciones que aportó la Comunicación Política a lo largo de los años.
La referencia al pasado está muy presente en la Argentina: en el peronismo que recuerda a sus muertos, Perón y Néstor, y olvida estratégicamente a sus vivos: los 5 presidentes de aquella semana trágica de 2001 y a Cristina Fernández de Kirchner, que respira bajo mullidas alfombras de expedientes judiciales.
Y también está en el radicalismo que ensalza a Alem, Illia, Balbín y Afonsín pero ningunea a De la Rúa, su fracaso y sus consecuencias derivadas.
En ese contexto, el clima de proselitismo espeso en el que está entrando esta nación, al parecer atonta al Gobierno de Mauricio Macri que no ceja en su amontonamiento de errores, los que podrían condicionar su medio término y con él toda su proyección de futuro. Sus buenas intenciones, debe saberlo el Presidente, no conmueven el corazón del peronismo que se recicla oliendo, persiguiendo y bebiendo la sangre de los débiles.
Pero más allá de la política, tampoco esos buenos deseos llenan la olla ni apaciguan la angustia de las clases excluidas y trabajadoras, que sienten en la espalda el peso del ajuste, en los bolsillos la inflación y en toda su carne los despidos propios, de amigos o familiares. La vuelta a lo peor del cirujeo que perfiló la última crisis terminal de la Argentina.

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Y Corrientes, que ahora marcha al ritmo del disco nacional, no está ajena a esa triste melodía. Y aún así, el tópico es el pasado. Es la materia que han elegido los estrategas del Gobierno de Ricardo Colombi para salir a barrer las aspiraciones del candidato peronista con el que -como pasó en 2013-, el radicalismo y sus aliados menores saldrán a confirmar la grieta electoral-política y a tratar de sobreponerse al obstáculo de esa polarización.
Para el colombismo y su troupe de “aspirantes”, Camau Espínola es el pasado: el kirchnerismo, los bolsos de López, las obras de De Vido y la billetera de Báez; la prepotencia de Cristina, la indiferencia organizada y sistemática del Estado o, recientemente, la farsa de Milani, el general represor con el que el cristinismo sostuvo su política de Derechos Humanos. El castillo de naipes de ese cuento acaba de implosionar.
Para el peronismo fabián-camausista, en tanto, que por un rato entendió que había que buscar al enemigo afuera, el pasado está corporizado en Macri: en el neoliberalismo, en los ajustes, en las mentiras sistemáticas, en las fallas políticas que abrevan en la fuente de los imberbes (o de los imbéciles) y en los datos que le reflejan sus propias planillas de Exxel: en poco más de un año de Gobierno, Macri y otros 50 funcionarios suyos ya están imputados por hechos de corrupción.

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(¿Está claro? que) no es lo mismo tirar bolsos llenos de dinero a un convento, traer o sacar plata en aviones, o enriquecer a tu familia completa, que perdonarle a tu papá, desde el Estado, unos 70 mil millones de pesos, mientras por otro lado le sacas “20 pesos” a los 7 millones de jubilados por en “error de cálculo”. Que no es lo mismo tener a un represor montando escena como guardia de los desaparecidos, que un aduanero que reivindique a los represores. ¡Qué cosa! ¡Tán distintos, tan iguales!
La retrospección, queda demostrado, es un camino peligroso. Lo es en la Nación y lo es también en Corrientes. Sobre todo porque los que disputan el control del Gobierno en todos sus niveles tienen más pasado que futuro y un presente de quietud y mentira.
Debería tener cuidado el Gobierno de Corrientes cuando habla del pasado, porque sacando cuentas, si el kirchnerismo es pasado, el colombismo ya lleva en el poder más que los Kirchner y sus crías. Y eso sin hablar de aquellas épocas en las que compartían escenarios y hasta afiches electorales.
La oposición peronista, por su parte, tiene en su carga genética parte de lo poco bueno y lo mucho malo que le pasó a este país. Cuando estuvo porque estuvo y cuando no, porque hizo lo posible y lo imposible para volver haciendo zancadillas y repartiendo codazos.
El peronismo, que es alérgico al llano, debería en algún momento hacer su mea culpa. Un paneo basta para ver entre sus filas la condensación de promesas sustentadas en el curriculum de algunos de sus miembros, pero también el prontuario de lo más nefasto de la historia reciente del país, y también de Corrientes: dirigentes extraviados, sin votos y dañinos que han hecho del travestismo político su forma de vida. Y que devienen hoy -porque los han dejado- en generales plenipotenciarios que se aprovechan del desprecio interno en el que transcurre el PJ correntino detrás de la retórica del consenso.

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El panorama no es el mejor. El país se debatirá este año entre dos formas de pasado: entre el que encarna el kirchnerismo-peronismo y el que encarna el macrismo-menemismo-aliancismo. Dos formas de gobierno: el del call center atendido por pasantes o el del látigo de los barones y baronesas. Por el momento al menos no hay posibilidad de síntesis.
El gobierno de Corrientes se desmarca: está aprendiendo a usar su call center, trolls y demás servidores humanos de propagandas varias, pero siempre respondiendo a la matriz de otro tiempo, analógica y ciertamente autoritaria: la de un líder que manda y del resto que se encolumna. Cualquiera que encarne un desafío a ese andamiaje no tiene otro destino más que el de la morgue de los burócratas ambiciosos.
Es difícil, en ese contexto, que unos y otros hablen de las bondades de la democracia que no practican ni entre ellos. El radicalismo primero y el PJ la última semana, dieron muestras de gambeta electoral que atiende a múltiples razones, todas ellas ponderables, pero que socavan el sistema, minimizan la participación ciudadana y terminan reduciendo la política a las lógicas primitivas de mando que se heredó de la revolución francesa: el gobierno de elegidos.
Y después está el discurso que se estructura en esa urdimbre funcional. Un referente de ECO+Cambiemos dijo la semana pasada que Espínola no puede ganar porque ya perdió en 2013. En el mismo acto y en la misma radio, ese mismo senador-candidato ponderaba la candidatura de Tassano, que paradójicamente también ya perdió, en 2009.
En paralelo, un referente del PJ-FPV dijo que si llega al poder pujará para evitar que los funcionarios se enquisten en el poder. Daría por terminado, prometió, con aquellos que no conocen otro trabajo más que cobrar del Estado desde que se fue la dictadura.
Se refería al cargo de gobernador y esa prohibición ya está en la Constitución, pero lo que plantea el muchacho es un régimen al estilo norteamericano: dos períodos y a la casa.
Se trata de un acto de voluntarismo puro si se tiene en cuenta que en el mismo sector que él lidera, para estas mismas elecciones, postularán a candidatos que tratarán de encontrar una hendija judicial para burlar las trabas de continuidad que hoy mismo tienen  la Constitución y las cartas orgánicas. Lo que se dice cinismo puro.
Ni hablar de las promesas. El colombismo hará hincapié en las promesas incumplidas de sus oponentes y, por el contrario, tratará de cortar todas las cintas posibles antes de las elecciones. La autovía de la Capital se inscribe en ese esquema. La obra la anunció CFK con Camau, pero la inaugurará -se cree- Macri con Ricardo.
De otro lado la zona de promesas es grande: viviendas, caminos, energía, trabajo. La Coca Cola que no viene no se sabe si por las condiciones fiscales del país o por las condiciones jurídicas de la provincia. Lo concreto es que no llega.
Así es difícil la cosa. Tan difícil como la tiene el presidente. Según el Macrimetro (una iniciativa civil, colaborativa y apartidaria que tiene por objetivo verificar el cumplimiento de las promesas de campaña del presidente), Mauricio hizo en campaña 265 promesas. Lleva en el cargo 435 días. Cumplió 10, incumplió 4, 27 están en progreso y 224 promesas están pendientes.

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Ojalá una iniciativa como esta se ponga en marcha en Corrientes, entre otras cosas, para evitar que las barbaridades que se dicen tengan un mínimo control que escape a la protección de los medios, muchas veces demasiado cercanos a la lógica del discurso único que con dinero público se convierte en hegemónico.
Alguien debería ponerle un coto a la paparruchada de defender el Iberá hasta el 10 y entregarlo el 11 de diciembre; o la berretada de la emancipación con la que se trata de encubrir la mas absoluta dependencia. Pasó con el kirchnerismo. Pasa hoy con el macrismo. En fin, es peligroso hablar de pasado, más aún del pasado reciente que muestra más continuidades que cambios.