Reforma: un debate que desnuda

El largo debate por la reforma del Código Procesal Penal, que se fricciona según las oportunidades políticas y se contamina desde posturas inconfesables, constituye un indicador más de una triste realidad provincial, acuciada por sus problemas históricos: la pobreza económica, pero también la desnutrición intelectual de sus actores institucionales y la infección de inmoralidad de los referentes políticos.
Esta discusión insumió ya una década y aún no puede zanjar las diferencias de preparación, financiación y oportunidad, caballito de batalla de sus detractores. Varios proyectos fueron presentados. La Cámara de Diputados sancionó uno en 2012, pero terminó muriendo de inanición.
La Cámara de Senadores lo rescató del archivo y procuró ahora la sanción de una nueva iniciativa que -hasta el momento- no encuentra su correlato de interés en la Cámara baja. Sus integrantes dicen que hay que estudiarlo. Es decir, volverán a estudiar lo que ya aprobaron. Están en su derecho, aunque suene a decorado de una trama oculta.
Hay que decir igualmente que esto no sería un problema (pues los tiempos legislativos no siempre son los que demanda la “gente”) a no ser por los fundamentos que sostienen los que se oponen a una norma que, según la mayoría de los profesionales intervinientes en el proceso de su confección, no sólo pondría a las actuaciones judiciales en el marco de la legalidad, sino que además acercaría un sinnúmero de beneficios para el Estado, el sistema judicial, los imputados y las víctimas de los delitos y procedimientos que prevé el plexo procedimental.
Quienes se niegan a su aprobación piensan en nombres, no en instituciones. Piensan en la plata, cuando nunca han hecho nada ante otros descalabros. Piensan en el poder de los otros, sin decir que tal vez, este nuevo escenario recorta las desmesuras propias.
Hablan de desequilibrio cuando en realidad se podría equilibrar un sistema que hace tiempo y según todos los especialistas, sobrevive en falsa escuadra, desde la década del ‘70, para ser exactos. Piensan -dicen en off muchos miembros de la propia casta-, que tal vez la Justicia se les vendría encima, escondiendo que a lo mejor han hecho algo para sustentar su temor.
Ante tal situación, resulta al menos grave que la calidad institucional dependa de personas insolventes desde lo técnico, temperamentales desde lo político y temerosas desde el prontuario, que miran su propio interés ante la necesidad colectiva de adecuar las normas, acortar los procesos, profesionalizar las acciones y aún así, promover ahorros en favor del Estado y hasta el ambiente.
Esto es también Corrientes. Estos también son sus problemas. Y aquí, como en muchos otros casos, no es culpa del otro, como se acostumbran a discursear para excusarse quienes desde hace años ya no saben cómo esconder su propia incapacidad.
(Quien esto escribe abriga la esperanza de que esta nota sea rebatida con hechos).

Carlos Rubín: “A la gente que conozco que está enojada conmigo, merece lo que le está pasando”

 

¿Se puede suspender una elección?

No sé. No sé. Ojalá que no. Se puede hacer cualquier cosa, como intervenir la Provincia. El motivo no interesa. Lo que interesa son las intenciones.

 

 

La charla, segunda en pocos meses, transcurrió temprano a la mañana durante una hora el miércoles último, dos días después de que el ministro y presidente del Superior Tribunal de Justicia, Carlos Rubín, hiciera pública su dimisión.

La renuncia ocurrió el lunes, luego de que se confirmara la información que como rumor se filtró el viernes: el fallo en contra de la re-reelección de 13 candidatos a intendentes de Encuentro por Corrientes.

Todavía estaba caliente la decisión, tan rotunda en términos políticos e institucionales, cuando el experimentado juez abrió las puertas de su despacho despojado para entregarse, suelto de cuerpo, a las preguntas de El Litoral.

Porque hay que decirlo: tan rápido y sorpresivo fue este desenlace como la limpieza del cuartito que durante 10 años ocupó Rubín como despacho, pues se negó desde un principio a franquear la puerta de la oficina presidencial, vacía desde la muerte de Eduardo Farizano en 2009.

A la hora de la entrevista sólo quedaba prendida una computadora. Los muebles, vacíos y abiertos, tenían rastros de polvo. Una caja completaba la escena. Cerca de ella, una trituradora de papel reposaba satisfecha, después de largas horas de trabajo. Además, un busto pequeño de Sarmiento hecho en bronce y una lámpara. Ambos estaban allí buscando destino.

A espaldas de la poltrona que lo acomodó y reposó tanto tiempo en ese lugar, incólume resistía un crucifijo, testigo tal vez de las desdichas del hombre en retirada.

La renuncia fue aceptada el mismo lunes pasado por el gobernador Ricardo Colombi. Por eso es que desde hoy Carlos Rubín dejó de tener investidura. Es ahora un ciudadano más: abogado de medio siglo; un ex ministro y ex presidente de la Corte Provincial.

Lo bueno del caso, según dijo, es que ahora no tendrá problemas con la lengua, pues ya no carga con la necesidad de prudencia que exige el puesto ahora en manos de Guillermo Semhan. En ese clima transcurrió esta conversación con Rubín, la última de su etapa de ministro y presidente del Superior Tribunal.

¿Qué balance hace de su gestión?

Yo no tengo por qué hacer un balance. Son mis conciudadanos los que me tienen que juzgar. Son los encargados de decir si cumplí o no.

¿Y cómo se siente usted al dejar este Tribunal?

El 16 de septiembre cumpliré 50 años de casamiento con el Derecho. Mi vida está enderezada con esas enseñanzas. Eso quise transmitir acá. No sé si lo logré o no.

¿Qué va a hacer ahora?

Ahora estoy tramitando mi jubilación. El problema es que en la Argentina los jubilados no somos muy apreciados y yo tengo que vivir de eso, porque no soy un hombre de fortuna. Lo que sí ahora estoy tranquilo. Antes tenía que ser prudente por el cargo. Ahora tengo la lengua suelta. (Risas)

¿Se cansó?

A mí no me cansa hacer expedientes. El trabajo a mí nunca me cansó. Lo que a veces cansa son las ingratitudes.

Felizmente aquí he tenido gente extraordinaria trabajando conmigo que hoy se siente más triste que yo. Para ellos, mi ambición sería que la semilla que he dejado fructifique y que el Poder Judicial sea un poder totalmente independiente, sin que tenga latente sobre la cabeza pedidos de intervención o de juicios políticos. Sin que haya personas que todavía tienen el tupé de decir “si se portan bien no los vamos a intervenir”. Cómo puede un ciudadano ser indiferente ante ese agravio, esa destrucción de las instituciones del país.

¿Las ingratitudes fueron internas o externas?

Nunca tuve ingratitudes de los funcionarios y empleados.

¿Ingratitudes políticas?

Prefiero no aclarar eso. Confucio siempre dice: “Si no puedes hablar bien de alguien, cállate”. (Sic)

¿Quién? ¿El Confucio real o su alter ego local?

No. No. El real. (Risas)

¿Hubo gente que festejó su salida?

Mire. Cuando murió el doctor Farizano, hubo gente que destapó botellas de champagne. Ahora hubo gente que destapó cajas de champagne.

¿Cree que es tan villano?

No es que sea malo. Lo que pasa que los hombres que hacemos algo siempre tenemos amigos y enemigos. El que no tiene enemigos es porque nunca hizo nada. A mí me incomoda nomás el hecho de los amigos que no son tales. Eso es más triste. Además, mi presencia aquí estaba causando molestias a mucha gente.

¿A quién?

A mucha gente, sobre todo a los que perdían los juicios.

¿Tanta gente está enojada con usted?

Y yo no tengo una estadística, pero a la gente que conozco que está enojada conmigo, merece lo que le está pasando. Desmiento que me vaya asustado por alguien, porque a mí me podrán fusilar, menos hacerme tener miedo. (Eso poné expresamente, solicita)

¿Y por qué se va entonces?

Me voy por cuestiones de honor y dignidad, esperando que mi renuncia sirva para despertar conciencias.

 

Filtraciones

¿A quién se dirige?

Me dirijo al hombre común pidiéndole que cese los agravios porque estamos destruyendo el país.

¿Se molestó por la filtración del fallo contra las re-re?

¿Por qué?, si mi voto fue el que triunfó.

Pero por eso lo recusaron, entre otras cosas…

Eso es cosa de todos los días. El Estado Provincial me vivió recusando cuando no le convenía mi actuación. No me molesta porque está haciendo uso de su derecho.

¿Y qué le pareció que se haya filtrado el fallo?

Me pareció una infidelidad, porque en realidad no se filtró. Pero eso no afecta el fallo.

¿No se ha respetado un código de trabajo?

No. No. No se ha respetado la ley, porque acá alguien no guardó el secreto profesional que tiene obligación de guardar.

¿Usted cree que se rompió un pacto de confiabilidad?

No. Yo creo que es consecuencia de la situación que se vive, donde todo se ha licuado. No existen los valores, los ejemplos y el materialismo es lo único que guía las acciones en una sociedad como la nuestra, lo que tarde o temprano va a costar caro.

¿Cree que se puede cambiar eso?

Siempre se puede cambiar.

 

Presiones

¿Se sintió presionado en este tiempo?

Fíjese que antes los que querían intervenir a la Justicia ahora dicen que este Tribunal defendió la Constitución. Entonces cómo creer en la palabra de alguien que cuando no le conviene dice algo y cuando sí, se aferra a lo contrario. Le creería al que habla así, cuando acepte un fallo contrario a sus intereses.

¿Conoció a alguien así?

Cuando era abogado sí. Hubo gente a la que yo he desalojado que después se hizo cliente mía.

¿Se llega a acostumbrar uno a las presiones?

Depende de la concepción de vida que tenga una persona. Si uno está convencido de que está trabajando para la paz social y el derecho, no hay fuerza ni presión que lo pueda hacer claudicar.

¿Entonces qué pasa hoy?

Es que ahora parece que tanto en la política como en el amor todo vale, y no es así.

Hay candidatos que creen que la voluntad popular debe estar por encima de la Constitución…

Eso es desconocer la democracia. La democracia no es solo las elecciones o los votos. Hitler fue electo por mayoría. Además del voto, la democracia debe tener razón, respeto por las minorías y justicia.

Dicen por ahí que si alguien creía que este Tribunal era débil, lo es todavía más ahora…

La fortaleza del STJ no está en la cantidad de personas ni tampoco en quiénes son los que están. Están en los principios…

 

Situación política

¿Cómo ve toda esta situación de alta litigiosidad que se vive en Corrientes?

Lo que a mí me parece es que en las elecciones, en todas ellas, tiene que haber un clima de justicia.

¿Cree que se da en este caso?

Las decisiones están tomadas, solamente hay que ejecutarlas, porque los fallos están firmes desde el momento que ya no queda ningún recurso normal. Acá se llegó al recurso extraordinario máximo de la Justicia. Salvo que la Corte acepte una queja. (Se recuerda que la entrevista es del miércoles a la mañana)

¿Se puede entender que la Justicia inferior hace lo que quiere? Porque ha tardado en algunas diligencias…

No tengo pruebas de que ocurra así.

No hay plazos pero…

Bueno, ellos sabrán, pero la realidad es que no hay pruebas de incumplimiento.

¿El clima enrarecido no es indicador de ello?

Hemos pasado muchas elecciones en las cuales el STJ era el órgano máximo. En todas las elecciones ocurrió lo mismo. No conozco ninguna elección en la que no se hable de fraude.

¿Pero con tanta virulencia?

Probablemente no sea exclusiva de Corrientes. El país está demasiado dividido y nos estamos olvidando del concepto de Nación. Veo que se quiere eliminar al adversario y no competir con él, y eso me llena de congoja, porque ante cualquier dificultad, el argentino busca irse.

Los jueces dicen que se llega a esta situación por culpa de la política.

Siempre hay un tire y afloje. No es culpa parcialmente de alguien. Es culpa de un sistema que los argentinos hemos adoptado. Estamos destruyendo gradualmente la Nación Argentina y por ende la Provincia con estos enfrentamientos.

¿Por qué?

Porque toda Nación depende de sus instituciones y si sus instituciones no son respetadas, esa Nación se está destruyendo. Fíjese que al peso argentino no lo quieren ni los habitantes del país. Y la moneda es signo de soberanía.

También hay quienes dicen que los jueces son los que tienen parte de la culpa, por lentos, por indiferentes…

Pero el STJ no puede ordenar de oficio toda esta situación política de incertidumbre. No. Imagínese si nosotros tuviéramos en cuenta todo lo que se dice, no podríamos vivir. Y menos lo que dicen políticos en campaña. Lo que no está en el expediente no está en el mundo.

¿Siente que se va sin poder aplicar la autarquía financiera del STJ? ¿Sin tener las herramientas de trabajo que ha diseñado?

Mire, desde el año 2004 está en la Legislatura un proyecto de Código Procesal Penal y todavía no se puede aprobar. A mí no me pueden endilgar el fracaso de la inactividad legislativa.

Y en cuanto a la autarquía, esto lo da la ley, así que no hay otra cosa. Nosotros hacemos nuestro presupuesto como dice la Constitución y lo mandamos al Poder Ejecutivo.

 

La salida

¿Por qué renunció?

El año pasado ya quería renunciar. Mi familia me perseguía, me pedía que renuncie. No me quise ir por las elecciones, pues yo no podía dejar al Tribunal que enfrente así ese proceso. Entonces mi compromiso era quedarme hasta después de las elecciones.

¿Y qué pasó entonces?

Entendí que estaba relevado de ese compromiso.

Desconocimiento de sus pares…

No interprete lo que yo no dije…

Pero usted era el Presidente del cuerpo. ¿Quién puede relevarlo de una tarea?

Los acontecimientos que se sucedieron me autorizaron a pensar que mi presencia era más un factor de molestia que de ayuda y que tenía que alejarme.

Es decir, la tarea que iba a realizar ya no fue necesaria. Entonces me voy. (Silencio)

Acá pasó algo…

Y bueno, ustedes los periodistas fueron los beneficiarios de la infidelidad que hubo acá. ¿O no?

El término infidelidad, es suyo, pero sí, alguien filtró buena información desde acá adentro…

Y bueno, evidentemente algo se rompió.

Carlos Rubín: “Hay políticos que aún hoy creen que la democracia es solamente números”

 

 

El miércoles, día en que Carlos Rubín podría haber estado en Buenos Aires compareciendo ante los senadores de la Comisión de Asuntos Constitucionales, estuvo en su despacho. Habló con la prensa radial durante la mañana y luego se hizo un espacio para atender a El Litoral.

El presidente del Superior Tribunal de Justicia dialogó más de una hora con este diario acerca de los temas que preocupan a la comunidad judicial y política: la situación del Poder Judicial de Corrientes y la posibilidad de intervención que se baraja en el Congreso Nacional.

La importancia del asunto, no obstante, excede la corporación en cuanto lo que está en juego es la prestación del servicio de justicia, que es lo que en definitiva afecta a todos los cuidadanos en tanto justiciables, no en las candidaturas, cargos y procesos abiertos a funcionarios, legisladores y ex mandatarios que, al parecer, motivan en este caso gran parte de las gestiones que en clave de amenaza buscan censurar o dirigir la acción de la Justicia so pena de una medida extrema como la intervención.

El abogado curuzucuateño de 73 años, que preside el alto tribunal local desde diciembre de 2009, habló de todos estos temas: de las amenazas que reciben los jueces; del cuestionado ministro Juan Carlos Codello; de la llamada mayoría automática; de la proscripción de Camau Espínola, candidato a gobernador del kirchnerismo e incluso, del supuesto manejo que el gobernador Ricardo Colombi hace del Poder Judicial.

Una entrevista central para entender cómo concibe su tarea el titular del Superior Tribunal de Justicia, un hombre de pueblo y de una austeridad a prueba de jerarquía.

En este clima, despojado de solemnidad, comenzó la charla que a continuación se describe y que tuvo lugar en la oficina principal del palacio de la calle Pellegrini 934.

 

¿Porqué está acá y no en Buenos Aires?

Porque no fui. Porque fue una invitación y a las invitaciones se puede decir que sí o que no.

¿Mandó una nota excusándose?

Sí. Mandé una nota en la que decía que no era procedente que yo acuda porque se me iba a interrogar sobre cuestiones que hacían mi cargo, a mi provincia, a mis funciones y a mi persona. Y entiendo que un juez no puede ser interrogado. Por otro lado, se me avisaba que se me mandaba documentaciones sobre la presentación hecha por un legislador que está procesado acá por fraude a la Administración Pública. Me parece improcedente que yo tenga que contestar esos dichos.

¿Qué cree que tratan de hacer con este procedimiento? ¿Tiene una motivación extralegislativa?

Bueno, yo no puedo entrar a suponer intenciones de las personas. Justamente eso es lo que yo critico cuando me dicen que no hay justicia. Pero cómo puedo yo defenderme ante afirmaciones de este tipo. ¿Por qué no hay justicia en este caso? ¿Por qué en este caso no y en otro sí? Son las afirmaciones que no se puede responder ligeramente.

Por otro lado, en un juicio hay siempre una parte que pierde y otra que gana. Para el que pierde, el juez es una porquería. Para el que gana, es un gran tipo. Hay subjetividades que tiñen de parcialidad ciertas afirmaciones que son genéricas.

¿Usted tiene una opinión formada sobre el proyecto?

Es sugestivo que el señor que presentó el proyecto (el senador radical José María Roldán) tenga un procesamiento firme, con sentencia de Cámara por fraude a la Administración Pública. Entonces ahí yo tengo un antecedente que me permite suponer que existe algún interés.

¿Y es sólo el interés del senador Roldán?

Y, no sé. No sabría decirle, porque en realidad nosotros tenemos tres legisladores y dos ex gobernadores procesados, así que no sabría decirle quiénes más están interesados.

Usted sabe que en las cuestiones políticas hoy me conviene a mí una cosa y mañana a otro. Así, a los que podría convenirle esta situación la van a apoyar, y a los que no, no. Nosotros, los jueces, nos sustentamos más por el razonamiento que por las estimaciones o afirmaciones. Además, el problema de las intervenciones federales no se trata como la Constitución lo dice…

¿Cómo es eso?

La Constitución diseñó esta institución para ayudar a las provincias, para poder defender a una provincia que está invadida, que cae en un problema, para restablecer a sus autoridades o para sostener sus instituciones y devolverle a sus legítimos mandatarios el mando. Eso dice.

Yo tengo escritos sobre las intervenciones federales desde cuando era abogado. Y allí criticaba el mal uso que se hizo de esta figura. Porque siempre se intervino por razones que no siempre eran las que correspondían. En algunos casos sí, cuando hay dos gobernadores que están disputando o cuando no funcionan las instituciones, pero acá las instituciones están funcionando. Que puedan funcionar bien, mal o regular, eso ya es otra cosa, pero la Constitución autoriza a intervenir cuando hay inexistencia de algo, y acá hay existencia.

¿Todas las acusaciones que se hacen sobre el funcionamiento del Poder Judicial son inválidas?

Yo no las conozco en su totalidad porque quedaron en mandar la documentación y no llegó. O sea, no conozco en su totalidad. Lo que sí puedo saber es que en algunos casos la denuncia se basa en sentencias. Y la doctrina ha establecido hasta el cansancio que nunca una intervención puede basarse en las sentencias que se emitan, porque sean buenas o malas, siempre existen remedios. Se puede acudir a tribunales superiores que pueden rever la situación. Si no fuera así, si estuviéramos los jueces expuestos a una intervención por cada sentencia que dictamos, imagínese como sería la cosa.

El proyecto hace particular hincapié en Codello…

El ministro (Juan Carlos) Codello (tío del gobernador Colombi) está acá enfrente, actuando, por si lo quiere ver…

Bueno, muchos de los puntos del proyecto de intervención intentan saber qué pasa con Codello.

Mire, el pobre Codello estuvo enfermo y se le dio la licencia que se le da a cualquier empleado, a cualquier funcionario y a cualquier juez. Y una vez repuesto, vino a cumplir con su obligación. El colega está trabajando en este momento. Ni siquiera vale el comentario.

Tuvo muchos proyectos de juicio político en su contra. De hecho hoy (por el miércoles) entró uno más.

Yo ya perdí la cuenta. Desde que entré acá, hace 10 años, tuve no sé cuántos pedidos de juicio político, denuncias penales, hasta un juicio de indemnización por daños y perjuicios por sentencia.

También entró un pedido del Tribunal Oral de Paso de los Libres que denuncia a varios de los ministros del Superior Tribunal por un procedimiento de designación de fiscales. ¿Hay algún defecto en la designación de fiscales?

Sé que se inició, pero no conozco el texto. Sí le puedo decir los antecedentes que tenemos acá. Ellos (los doctores Marcelo Pardo, Marcelo Fleitas y Gustavo Ifrán) cuatro veces, en cuatro sentencias, luego de que el Superior Tribunal les había dicho cuál era la directiva, siguieron insistiendo en su postura, al punto que se entendió que debía aplicársele una sanción y así fue.

Ellos denuncian un supuesto intento de censura, de disciplinamiento…

Ellos incurrieron en un procedimiento incorrecto, y aquí se les corrigió.

En la designación de fiscales de Paso de los Libres, ¿estuvo bien el procedimiento?

Acá el Tribunal no entró a ver el fondo de la cuestión, así que yo no puedo decirle, por si tengo que resolver el mismo.

¿Tampoco conoce la denuncia contra usted?

Sé que existe, por los periódicos, pero no conozco en qué se basa. El problema es que no se encara como debe encararse, porque en este caso el Superior Tribunal falló de acuerdo a derecho, como correspondía. No veo cuál es la situación. Probablemente sea por la sanción.

Teniendo en cuenta estos cuestionamientos, ¿no hay nada para cambiar en el Poder Judicial?

Sí, ¡cómo no! Continuamente estamos cambiando. Cuando yo vine existía una cosa y ahora existe otra cosa totalmente distinta. Cuántos juzgados hemos hecho nosotros, cuántos edificios había y cuántos hay ahora. Ahora está el fuero Contencioso Administrativo, totalmente nuevo. A raíz de la reforma de la Constitución del año 2007 y las leyes posteriores, los habitantes de la provincia ahora pueden litigar en su lugar de residencia, antes tenían que venir hasta acá. Ahora hay un tribunal para entender en las cuestiones electorales, lo que deja al Superior Tribunal como última instancia, como apelación extraordinaria en esta materia. Debe haber motivos muy graves para que nosotros actuemos.

Pero más allá de los juzgados, los edificios e incuso las cuestiones tecnológicas, en cuanto al concepto de justicia y la preparación de los jueces, ¿se avanzó en algo?

Constantemente tenemos talleres de capacitación, conferencias, jornadas. Ahora se están haciendo talleres de gestión judicial… El concepto de juez varió completamente. Hasta hace una década atrás, el juez estaba en su despacho, en el bronce, nadie lo podía mirar. Hoy es el jefe del equipo, el gestor, el hombre que maneja y organiza su tribunal. Bajamos de nuestro pedestal. Aunque muchos jueces han continuado con esa creencia, por eso es que hay problemas.

Hoy el juez anda por la calle, explica sus sentencias, habla con la prensa, cosa que antes no ocurría. Pero todavía quedan cosas por cambiar.

¿Qué cosas, por ejemplo? ¿Dónde están más quedados?

El problema es que el servicio de justicia también es un servicio público, como la Dpec. Y cuando la Dpec no brinda un servicio de acuerdo a lo que el consumidor espera, cuando usted va a la Administración Pública y tardan sus trámites, si no lo atienden como corresponde… La gente en general no va a la Nación a pedir la intervención de la Provincia porque le atendieron mal. Entonces por qué al Poder Judicial se le pide perfección. Nosotros no somos perfectos. Se le pide perfección a un sistema manejado por hombres y mujeres que tienen defectos y virtudes.

¿Cómo se puede ayudar?

Nosotros desde el año 2004 queremos que la Legislatura nos apruebe un Código Procesal Penal, uno moderno que nos agilice las cosas, y no lo podemos conseguir, por ejemplo. Hay muchas cosas que se están haciendo y hay otras que se deben hacer, pero eso no significa que ande mal. Significa que se deben hacer y mejorar las cosas. Todas las instituciones son así, pero a nosotros se nos exige perfección.

Pero un juez no es lo mismo que un empleado de la Dpec, con el respeto que se merecen los empleados de la Dirección de Energía.

La superioridad de los jueces ya no existe. Lo que existe…

Entonces poco se hizo para cambiar la matriz cultural en este asunto.

Probablemente. La gente sigue pensando en el viejo juez clásico, aquel que decía Martín Fierro: “Hacete amigo del juez/ no le des de qué quejarse/ y cuando quiera enojarse/ vos te debés encoger/ pues siempre es güeno tener/ palenque ande ir a rascarse”. Esa vieja cultura criolla es la que prendió en nuestra sociedad, pero no vio los cambios que se están haciendo. Todos los hombres y mujeres de la justicia estamos todos los días pensando en cambiar. A veces se puede y otras, no.

Vivimos en una sociedad que ha perdido muchas cosas, entre ellas el peso de los valores. ¿No será que se espera de la Justicia que sostenga esos valores que el conjunto social ha perdido?

Tal vez. Pero eso le digo, a nosotros se nos exige perfección. El juez no puede tener mala conducta ante la sociedad, no puede desviarse, no puede andar borracho por la calle. Quiere decir que ser juez no es solamente un cargo. Es una decisión de vida, es adoptar un sentido de vida. No sólo el juez sino toda su familia. Por eso debemos tener cierta protección para poder fallar sin temor a las acechanzas que por ahí tenemos. Si no tuviéramos esa protección, que es constitucional, seríamos avasallados directamente.

¿Qué es la mayoría automática?

Es un viejo cuento adoptado por algunos políticos para tratar de defenestrar ciertas actitudes judiciales. Nació en la época de (Carlos Saúl) Menem por su relación con la Corte y fue adaptada por políticos locales pretendiendo con ello desvirtuar la actuación de los jueces, sobre todo, del Superior Tribunal. Y la ley orgánica establece que las decisiones jurisdiccionales se hacen por simple mayoría. De 5, 3. Firmando 3 ya es suficiente. Hay un político que quiere que firmen los 5.

¿Y el orden de los votos?

Bueno, en ese caso también nos quieren ordenar cómo tenemos que votar. Imagínese que nosotros le digamos a la Legislatura: “No, señores, ustedes no tienen que votar así, con las manos levantadas.”

Esa teoría de la mayoría automática no existe. Si usted supiera la cantidad de incidencias que hay acá, no se diría eso. Pero se largan esas calificaciones al aire por placer y va en desmedro de las mismas personas que conforman el Superior Tribunal porque se los está calificando como si fueran autómatas. Acá no se levanta la mano como en otros lados; acá se piensa y se falla en consecuencia, sobre lo que se considera justo. Pero además, acá hay una distribución del orden de las votaciones que fue exhibida como parte de un juicio. Está divida por materias. Pero bueno, lo que pasa es que hay determinados políticos que quieren que determinados ministros voten en determinadas materias o en determinados casos, pero como a veces no ocurre eso, se quejan.

¿Hay gente que lo quiere lejos del Superior Tribunal?

Ya me voy a ir… (Risas) Que no me apuren que ya me estoy por ir. Cumplo 74 años ahora y tengo 43 de servicio. Este año cumplo medio siglo de abogado.

Está amortizado ya…

Sí, y ya tengo el reconocimiento jubilatorio, lo que pasa es yo soy muy terco y cuando todos me dicen que me vaya, no me voy. Ahora, cuando nadie me diga nada, ahí me voy a ir. (Risas)

Usted es como el burro…

Sí. Soy un burro viejo.

Pero reconoce que lo quieren lejos.

Yo sé que a alguien le estoy molestando.

¿Y a quién se imagina que molesta?

Es aquel sector que piensa que se puede volver a las viejas artimañas políticas, que se puede manejar a los jueces. Ese es el sector que quiere que yo me vaya, porque a estos jueces que están ahora no los pueden manejar.

¿Hay, cree usted, una constante demonización de su persona y de otros ministros?

Mire, el año pasado me tomé el trabajo de contar. Salí en 100 de las 361 tapas del año de un periódico. Hasta me han puesto varios sobrenombres.

¿Y cómo se lleva con eso?

Ya aprendí y no me conmueve. Pienso toda mi vida de acuerdo con mi profesión; por lo tanto, usted me va a convencer si me da argumentos. Con simples afirmaciones o creencias, no. Si yo estoy de acuerdo con mi conciencia y con mis principios ya no me interesa el número y eso es lo que le desespera a mucha gente que se basa en el número.

¿Puede explicarlo?

Hay un error tremendo, sobre todo en los políticos actuales -y es una crítica-, que creen que la democracia es solamente números. La democracia no es solamente números. Y yo le puedo demostrar que es así. Hitler en Alemania no llegó por un golpe de Estado. Llegó por el voto de la mayoría de los alemanes. Quiere decir que el número puede equivocarse.

Es así que el número, para ser democrático, debe tener los ingredientes de la razón. Y la democracia no es solamente el dominio de la mayoría, sino también el respeto a las minorías. Es decir, hay una serie de principios que integran el sistema democrático, de los cuales el número es sólo uno de ellos.

¿Los problemas de la Justicia se deben resolver en la Provincia?

Yo soy provinciano y correntino. Y como tal, pienso que nosotros somos los que tenemos que resolver nuestros problemas y tenemos los resortes para solucionarlos. Que se pueda llegar a una solución definitiva, eso es otra cosa, porque ninguna institución en este país es totalmente perfecta y anda sin problemas, ni acá ni en ninguna parte del mundo.

¿Los poderes políticos son parte del problema?

También tienen sus problemas y deben mejorar, como cualquiera, no deben quedarse paralizados en el tiempo. Ninguna institución es perfecta, pero que se achaque el Poder Judicial las desgracias de todo el mundo, me parece excesivo.

¿Quieren proscribir a Camau?

Hecha la pregunta, Carlos Rubín estalló en una carcajada. Pero, ¿lo quieren proscribir o no?

(Risas) Eso es una estupidez. Discúlpeme la palabra, pero es una estupidez. La sentencia que dictó la doctora Ferreyra, nadie sabía que iba a dictar. Yo me enteré por internet, por los diarios digitales, que había salido y cómo, pero nunca hubo una intención de proscribir a nadie y, más aún, no podríamos hacerlo con un procesamiento, porque la Corte, ya en el caso (Tato) Romero Feris, había dicho que un simple procesamiento no es causal de proscripción. Y este STJ ya consagró eso. Quiere decir que de ninguna manera se nos pasó por la cabeza una proscripción de esta naturaleza…

Se lo criticó al Superior Tribunal también por eso.

Sí, salieron a decir que es un fallo que no sirve, etc. Entonces yo, al salir a defender a una jueza, que es mi obligación, dije que evidentemente el que dice eso no ha leído los más de 20 cuerpos que tiene el expediente y las 104 páginas que tiene la sentencia.

Y aunque fuera así, aunque fuera el peor fallo del mundo, tiene sus resortes para poder cambiarlo. Acá no está en juego si es lindo o feo. Está en juego el respeto que un juez merece para que pueda dictar un fallo sin que nadie lo presione.

¿Ricardo Colombi los maneja?

Con el gobernador Ricardo Colombi, si habré hablado tres veces en 10 años, es mucho. Y yo lo conozco de cuando era intendente de Mercedes. Nunca en la vida el Gobernador me ha dicho algo en relación a una sentencia. Yo tampoco iba a dejarlo, pero todos sabemos que en general el Gobernador es más bien tosco, y no lo sacamos casi de los saludos. El siempre tuvo respeto por la Justicia y hay que reconocerlo, y no es propaganda política. Es la verdad.

He tenido que luchar muchas veces por el presupuesto, eso sí, porque es medio tacaño (golpeó el codo en la mesa); pero eso de querer influir, no. Al menos en el Superior Tribunal. No sé si por allí habrá algún juez que se somete a eso. Eso no puedo enterarme yo. En el caso de que fuera así, el ciudadano puede recurrir…

Pese a ser tacaño ¿se puede entender con él?

Todos los años tiene el mismo cuento, pero lo que pasa es que el Gobernador es el administrador de los fondos y el puede reducirlos, pero tiene la obligación de mandar a la Legislatura lo que él dice y lo que nosotros decimos. El siempre dice menos (risas), pero de ahí a presumir que no nos manda dinero porque no quiere, no tengo ningún argumento.

¿Es independiente la Justicia?

Es totalmente independiente. Los jueces correntinos nunca fueron corruptos en el sentido de recibir dinero o beneficios indebidos. Lo que sí podríamos apreciar es que, a veces, influenciados por el temor, ante tanta falta de inamovilidad, pueda sacar una sentencia influenciada por la autosensura, eso sí ha existido, porque los jueces somos seres humanos.

Es más, con el asunto este de la intervención, yo he leído en los periódicos los dichos de algunos de los actores que dicen que no va a haber intervención si nos portamos bien. ¿Qué es portarse bien o mal? ¿Es dictar una sentencia favorable? Hay que ser muy duro para resistir esos embates.

Es insensato criticar la dependencia de la Justicia al poder político, amenazando desde la política…

Esa es la realidad. Nosotros continuamente recibimos amenazas. Y yo quiero enseñarle a los jueces nuestros a resistir esos embates.

¿Hay otro tipo de amenazas?

De otro carácter, no sé. La mayoría de las amenazas son de este tipo: se utilizan instituciones que están para otra cosa, para amedrentar a los jueces para que éstos fallen de una manera determinada.

Cuestión de tiempo

“…ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás.”
“Memoria de mis putas tristes”, Gabriel García Márquez

Mucho se dijo en estos días acerca de la pretensión del senador José María Roldán de intervenir el Poder Judicial de Corrientes. Por lo tanto, sumar un comentario al respecto puede que no agregue más que otro hilo a la urdimbre en la que se mezclan todo tipo de intereses, muchos de los cuales responden más que nada a la individualidad de quienes lo sostienen.
Pero como no hay peor gestión que la que no se hace, vale el intento de sumar algunos elementos que pueden ayudar a entender este déjà vu abonado por algunas piezas non sanctas del sistema político provincial y nacional.
El pedido de intervención federal presentado en la semana por el senador Roldán hace hincapié en ciertos asuntos que ciertamente pueden reprocharse de la Justicia. El paradero desconocido y el estado general de salud incierto del doctor Juan Carlos Codello, miembro del Superior Tribunal y tío del gobernador, por ejemplo.
La designación sospechada de fiscales y las denuncias que pesan sobre el fiscal general, César Sotelo, entre otros asuntos relacionados con el sistema de votación que se utiliza en el seno de la Corte local a la hora de dirimir cuestiones de variada índole, se suman a la lista de las supuestas “irregularidades”.
La gravedad de la que habla Roldán en su presentación, puesto que según él la Justicia esta impedida de dar respuestas a la ciudadanía, puede verse no obstante relativa, a pesar de todo, puesto que hasta la denuncia del senador, lejos de generalizar, hace foco claramente en el Superior Tribunal (con la defensa expresa del ministro Niz) y en el jefe de los fiscales. Lo de más es música.
Lo raro del caso es que se avance blandiendo la amenaza de intervención pero no se repare sobre el Poder Legislativo que, constitucionalmente, tiene en sus manos las potestades suficientes para separar la paja del trigo. Condenar a los pecadores y absolver a los inocentes.
Aquí no se procede de tal modo. Se amenaza con la intervención recordando que es la última instancia, pero no se echa manos sobre las instancias intermedias. De hecho se la ignora.
De Roldán se dijo mucho en estos últimos días. La corporación judicial lo tuvo en sus oraciones permanentemente. Hasta le enviaron saludos a su madre en más de una ocasión. Una consideración generosa que debería no ser exclusiva, pues hay otros personeros de la política doméstica que están con él o en su contra, pero que sin querer o queriendo, aunque con argumentos contrapuestos, no hacen más que generar pánico y climas enrarecidos a unos pocos meses de las elecciones.
Acorralado por las circunstancias, el presidente del Superior Tribunal, Carlos Rubín, salió a decir, sin tapujos que la intervención es el sueño de algunos para evitar la cárcel. Habló de Roldán, pero también de ex gobernadores, algunos procesados y otros condenados, precisó, aunque sin dar nombres. Tampoco hace falta. Sobran en Corrientes los buenos entendedores.
La Legislatura mantiene un llamativo silencio. Son ellos quienes pueden (y deben) terciar en la cuestión, pero los intereses, en este punto, parecen impedirlo.
Es que más allá de la defensa institucional que hace el gobernador Ricardo Colombi, pocos caen en el amague. Colombi defiende la justicia que logró armar en todos estos años de gobierno radical y ello incluye la preservación del Ministerio Público. Así, aunque no haya forma de probarlo, tanto Roldán como Colombi quieren lo mismo. El Superior y la Fiscalía General.
El senador, aliado a algunos pares suyos, a referentes con y sin votos y a un sector agazapado del kirchnerismo que parece no medir del todo las consecuencias de un posible desenlace intervencionista.
Colombi, por su parte, suma a toda la corporación judicial que siente pánico de solo pensar en perder la inamovilidad en el cargo y la intangibilidad del salario y a los sectores políticos afines a su estrategia reeleccionista.
En el medio y en la superficie queda la disputa entre un ex ministro, ex aliado, ex correligionario que, como un despechado, parece dispuesto a salvarse de lo que sea, aunque para ello juegue algunas fichas políticas que ni siquiera se animan a arriesgar quienes probablemente saquen réditos más grandes de esta movida.
La soledad de Roldán en la presentación del proyecto habla a las claras de un vacío que tiene más olor a finta que otra cosa.
De todos modos, estas son las cosas que logra la política. Junta detrás de un pedido de intervención a los que siempre ganaron con el río revuelto; a los que quieren manejar la justicia, aun dictando sentencias a través de los medios; e incluso a quienes padecieron viejas y dañinas intervenciones federales. Todo sea por la coyuntura, por el momento político, tal vez por un beneficio o la promesa de alguna dádiva. De los costos, bien gracias.
Aquí es donde parece urgente advertir que un poder del Estado no puede ser la pelota del gordito que se enoja. Hoy jaquean a la Justicia. Pero mañana puede ser la Legislatura y pasado el Ejecutivo, como pasó ya en 17 oportunidades. ¿Habrá responsables si eso pasa?
El peronismo, en toda esta década de gobierno radical en Corrientes, opinó cada vez que pudo acerca de la devastación (política y dineraria) de la intervención que empezó Ramón Mestre y terminó Oscar Aguad (a instancias de Ricardo Colombi, que también tiene en su haber un pedido de ayuda externa). Ahora, según Roldán, mas allá de la soledad de su firma, el peronismo versión K apoya el remedio federal, sólo que lo harán saber recién en su momento.
Referentes nacionales del espacio abonan la teoría, pero se cuidan de lastimar a los elementos locales del modelo que, según las usinas de Salta y Mayo, son los verdaderos ideólogos de la acción.
La sabiduría popular se mofa de estas cuestiones. Porque al estigma radical de no terminar los mandatos se le suma este de pedir que otros se hagan cargo de las cosas cuando estas se ponen un tanto complicadas.
Los medios también juegan su parte. Cada cual genuinamente puede defender una postura, pero no sólo a instancias de la política.
Los argumentos esgrimidos hasta el momento, más que rigurosos alegatos, galvanizan posicionamientos personales ante los asuntos de la ley, que en todo caso pueden resolverse, como ya se dijo, activando otros mecanismos.
Sin el necesario cuidado, así, late con fuerza el peligro de caer presos de una incoherencia histórica. Como muchos dirigentes. Hoy se hacen encima de la continuidad institucional que hace no mucho sostenían como bandera de lucha. Como la moral, todo parece cuestión de tiempo.