Roberto Satina: “Hoy está en crisis el concepto de periodismo”

“El concepto de periodismo está en crisis y quizás hay que reconceptualizar lo que se está haciendo. Desde lo que se hace hoy crear un concepto nuevo. Lo que algunos venden como periodismo no es periodismo. Lo que uno consume como periodismo no es periodismo”.

Lo dice Roberto Satina, maestro de periodistas de la región desde su rol de profesor de la Universidad del Nordeste. Me parece una nota que hay que tener en cuenta para abordar no sólo la realidad que nos envuelve, sino las complejidades que no se tienen en cuenta a la hora de la discusión sobre el periodismo.

Podés leerla completa aqui:

http://bit.ly/2rxjyh6

Sietecase: decálogo ético para periodistas

“El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo”. Ojalá este punteo sirva para abrir un debate necesario.

Aquí una nota escrita por el periodista Reynaldo Sietecase a propósito del Día del Periodista. Para discutir o acordar, vale la pena una recorrida.

Podés leerla completa aquí:

http://bit.ly/2tohVDA

Manifiesto

 

Hoy es el Día del Periodista: momento para hablar de la profesión, para hacer balances, para revisar lo hecho y proyectar posibilidades. Subido a esa lógica, quiero aprovechar este día para relanzar este proyecto profesional personal que estuvo en “señal de prueba” desde hace algunos días.

Esta no es una página de noticias, no puede ni tiene la intención de competir con las páginas de noticias que hacen muy bien su trabajo, por caso la página del diario El Litoral, que es la que sustenta gran parte de lo que se muestra aquí. Esta es una página personal, un oasis donde siempre que haga falta, se sostendrá una visión del mundo, coincida o no con las miradas del mundo en general, y del mundo periodístico en particular, sea este local o nacional.

En el Día del Periodista -y aprovechando esta ocasión en la que además se está presentando un tráiler institucional que será desde ahora en adelante parte importante de la identidad del sitio-, vale la pena, creo, dejar constancia de una postura en relación al oficio. Sobre todo, porque hay quienes creen que hacer periodismo de un lado es eso, y hacer periodismo desde la vereda opuesta es militancia política. Peor cuando quienes sostienen lo primero creen que están en lo cierto porque su cosmovisión social-política es avalada, por ejemplo, por resultados electorales.

Creo firmemente que esto no es así. Puedo estar equivocado y lo reconoceré el día que entienda que lo estaba.

No soy quien para determinar qué está bien y qué está mal. Fui formado por docentes íntegros y por lecturas de periodistas que dieron la vida por lo que creyeron. Por Rodolfo Walsh, por ejemplo: exquisito escritor; periodista disruptivo y mejor cronista. Un tipo excepcional que, sin embargo, es más recordado por su militancia y ensalzado -por izquierda y por derecha- por su forma de plantarse ante la profesión, que es crítica o no es, según decía.

Cierta hipocresía hace que algunas personas (colegas y linderos) que reproducen esas máximas en días como el de hoy, después descalifiquen al otro que piensa distinto no por lo que piensa, sino porque critica el estado de confort con el que el poder hace nublar la visión del más mentado: no sólo por sumisión del primero, sino porque en una relación de ese tipo se acortan las distancias, siempre necesarias para no encandilarse o enfriarse. Como pasa con el sol.

Está dicho que esta no será una página de noticias. Es un reservorio básicamente de gustos y opiniones y, por eso mismo, se renuncia adrede a la entelequia de la objetividad. Pero nunca a la idea de ejercer el periodismo lealmente, con datos, con información. Puede haber equivocaciones, como en todo, pero serán en todo caso por falta de dominio de ciertos temas o situaciones, no por la perversidad manifiesta de mostrar algo y ocultar otro algo sólo por un interés personal o sectorial.

Ese es el compromiso que puedo asumir con mis lectores, sean pocos o muchos: ser honesto intelectualmente siempre, aún con los riesgos que implica para esa postura y libertad, ser parte de otros colectivos periodísticos y empresariales.

Para eso está justamente esto: para evitar que visiones e intereses extraños tripulen el horizonte de una postura que está atravesada por un montón de situaciones sociales, culturales, económicas y espirituales intransferibles, que no se esconde, pero que es esa y no otra. Son visiones propias, que, aunque equivocadas, son propias.

Renuevo la invitación para que cuando gusten se peguen una vuelta por esta parada. Hay de todo un poco. Pero recuerden: no es una página de noticias. Es… una página periodística. Es periodismo.

Felicidades.

Día del periodista: hoy hablan ellos

“Dado que el periodismo es un actor de gran influencia en la sociedad, no es neutral para la calidad democrática que haya un periodismo bueno, malo o mediocre”.

Fernando Ruiz

 

Cómo es el periodismo de Corrientes en la actualidad? ¿Quiénes son los mejores y peores? ¿Con quién se informa usted? ¿Le cree a los periodistas? Esta y otras cuestiones por el estilo ganan la calle en estos días, porque los candidatos que aspiran a “algo” tratan de hacer una buena inversión publicitaria. Entonces contratan encuestadores que andan preguntando sobre la penetración de cada uno de los comunicadores. Cada cual, por tanto, tendrá su respuesta.
Mucho más modesta es la pretensión de El Litoral, que salió a preguntar entre los colegas, antiguos y noveles, con trayectoria y los que aún intentan ganársela, qué es lo que piensan de la profesión que eligieron para abrazar, desarrollar, y de paso, ganarse la vida.
Sirve tal vez un momento de un día como el de hoy para generar un espacio que, en general, no tienen los periodistas, aunque suene contradictorio, y debatir cuestiones que hacen al desarrollo de la actividad y que en muchos casos no llegan a la gente: lectores, oyentes, televidentes, internautas.
El Litoral consultó a muchos colegas. Algunos no respondieron y otros sí. Entre esos, cada uno hizo un balance y elaboró sus respuestas desde su perspectiva. Las opiniones que aquí se reproducen son las de aquellas personas que aparecen todos los días en los distintos medios que los correntinos usan para informarse, formarse y entretenerse.
Hay coincidencias en las opiniones, como también divergencias. Hay acuerdo en cuanto a la evolución técnica; a cierta capacitación de base; a la importancia que ha tenido en el último tiempo la creación de muchas fuentes de trabajo. Hay puntos en común, también, en cuanto a la revolución de la tecnología que demanda, asimismo una revolución en el horizonte de cada periodista para poder abordar una realidad que hoy cambia a cada minuto.
Hay coincidencias, asimismo, en muchas de las dificultades que aquejan a la profesión, desde siempre y en todas partes, y entre ellas el debate que falta para hacer realidad el respeto que se ha perdido entre los colegas por la carrera que hoy se corre, y casi siempre se pierde, contra la inmediatez y la calidad. Se hace hincapié en la necesidad de la formación de los planteles periodísticos, pero también en la actualización de los parámetros empresarios, que son en definitiva el verdadero poder de la prensa.
Dice Noam Chomsky que “los medios de comunicación están sujetos a limitaciones estructurales, ya que viven de la publicidad. Son empresas privadas que venden porciones de audiencia a otras empresas privadas. Y evidentemente, están sometidas al poder del Estado, que también está estrechamente vinculado a los intereses privados. Pueden actuar, pero dentro de este esquema. Aunque entre los profesionales hay muchas personas íntegras que se esfuerzan por hacer su trabajo honradamente”. Es un extracto del libro “Dos horas de lucidez”. Allí se deja constancia de esta realidad universal de la prensa, pero también de los esfuerzos personales, esos que rescatan los colegas correntinos.
Sucede que entre los consultados para este trabajo, hay quienes apelan a los sobreentendidos, como los de salvaguardar a aquellos periodistas que con valentía y dignidad ejercen el oficio, y en cambio, aunque tácitamente, quienes reprochan a los que en paracaídas arrasan con los estándares mínimos de la calidad periodística que cuesta mucho conseguir y sostener en territorios como el correntino, donde casi todo depende del Estado, con las consecuencias que ello acarrea a la prensa, que es parte del casi todo.

Palabras
Las opiniones que aquí se publican a lo largo de 4 páginas, y que se agradecen, no tuvieron otra edición que las que demandó el espacio. Cada colega consultado dice lo suyo, y colaboró con este trabajo casi espontáneamente. No hubo más que compartir la inquietud para recibir la respuesta generosa de casi todos ellos, lo que en cierta medida sugiere la idea de carencia a la hora de obtener los espacios de discusión que demanda una observación del ejercicio de la profesión, tal vez el único no escrutado seriamente bajo parámetros de rigurosa calidad.
Por ello mismo, desde El Litoral se plantea este eje de trabajo, un día como el de hoy, que podría ayudar a mejorar la tarea profesional y por tanto la calidad informativa.
De paso se ayuda al lector a entender con mayor nivel de detalle cuáles son las dificultades con las que diariamente se encuentra “su” periodista a la hora de encarar su actividad.
Una de ellas es la que marcó el periodista y escritor colombiano Gabriel García Márquez: “Es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional”.
Es allí donde estriba la demanda de actualización permanente y de ayuda, por caso, de la Universidad, que podría abrir sus investigaciones para colaborar con los medios y con los periodistas para discutir sobre sí mismos, pero desde una perspectiva constructiva, no desde el facilismo de la jocosidad ante los errores cometidos.
“El poder del periodismo es innegable”, agrega Nápoli, citado por Fernando Ruiz. “No es omnipotente como creen algunos, ni tan mínimo como creen otros. Pero es uno de los motores de los acontecimientos sociales, económicos, culturales y políticos, y en algunas coyunturas, su influencia puede crecer. Es claro que fabricar periodismo no será nunca lo mismo que fabricar mayonesa”.
No es lo mismo un mueble que un bien simbólico como el que genera la prensa. Como no es lo mismo una simbología libre que otra atada a intereses concretos, aun cuando se hagan esfuerzos para esconder las verdaderas intenciones que hay detrás de cada publicación o cada nuevo emprendimiento periodístico.
Por lo demás, bien vale conceptualizar lo que es desde siempre la piedra sobre la que se construyen los reclamos del sector: el régimen laboral y salarial.
“Es innegable que en escenarios de alta concentración mediática, pluriempleo de los periodistas producto de los bajos sueldos, baja tasa de lectura de diarios y vinculaciones obscenas entre los poderes económicos y políticos, la calidad periodística se va por el sumidero y las normas éticas requieren más que de principistas, de valientes y astutos equilibristas. (…) Buena parte de la sociedad, acuciada por otras urgencias, no tiene tiempo ni capacidad de mayores exigencias”. Lo dice el investigador Sebastián Lacunza, en el libro “La calidad periodística”
Finalmente y para no decir que todos son reclamos, y en todo caso empezar a pensar aquello de la autocrítica que mucho se declama, bien puede citarse una pieza ya clásica del Instituto Gutenberg: “La prensa fiscaliza al gobierno. La prensa fiscaliza a los jueces. La prensa fiscaliza a los artistas. La prensa fiscaliza a los empresarios. La prensa fiscaliza a los políticos. La prensa fiscaliza a los jugadores de fútbol. La prensa fiscaliza a los policías de tráfico. La prensa fiscaliza a los sacerdotes y obispos. La prensa fiscaliza a los poderes públicos. La prensa fiscaliza al cine y al teatro. La prensa fiscaliza a los profesores. Lo único que la prensa no fiscaliza es a la propia prensa”.
Ojalá esto sirva de algo para todos.

El mejor oficio del mundo

“El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad.”
Gabriel García Márquez

 

 

El periodismo es el mejor oficio del mundo. Lo dijo García Márquez y muchos compañeros en la profesión así lo creen, aún en las peores épocas. Aún en días como los actuales en que la indecencia pelea con la coherencia una definición en clave de sinónimo; en que la militancia disputa con la independencia nuevas formas de periodismo, como si fuera posible en esos términos; en momentos en que la descalificación desplaza a los argumentos y el mínimo reconocimiento de terceros es más bien una gestión interesada en busca de silencios o voces direccionadas.

Sucede ahora mismo. El Día del Periodista aparece como una celebración apoteótica de la hipocresía, primero porque siempre hay poco para festejar y segundo porque el mar de egos que inunda las costas de la corporación (para usar un término ciertamente vigente) nos hace malos anfitriones. Y al no ser capaces de encauzar y sostener el más mínimo respeto por un colectivo social como el periodístico, cedemos gratuitamente nuestros espacios. Entonces surgen los otros, los cientos de amos de ocasión que compran simpatías y compromisos con un par de chipacitos. Cinismo puro.

Cada 7 de junio recordamos a Moreno con una misa en la escuela que lleva su nombre y después, o antes, cenamos en el gremio. El resto de la semana nos hacemos del tiempo que no tenemos. La agenda nunca es más revisada para poder estar en la mayor cantidad de atracones de favor donde hay que escuchar incluso al depreciado porque se usa, es costumbre.

¿Alguien recuerda convite como el de los periodistas pero con enfermeros, bomberos, docentes, porteros, mecánicos o carpinteros?

Tal vez no sean “tan importantes” como los periodistas.

Lo cierto es que nosotros, dueños de la efímera verdad del momento, del día o de la historia, hasta que alguien la revise, no somos capaces de cuestionar en los hechos el por qué de los favores. Sí la veracidad de cualquier versión ciudadana que interrumpa el descanso del statu quo. Brindamos al abrigo del señorío pero le contamos las costillas a sus víctimas.

Nos olvidamos, en días como los de hoy, que la mayoría de nuestros celebrantes luchan el año entero para imponernos su verdad callando, a nosotros o a colegas.

No recordamos que algunos otros viven del diseño de los más variados métodos de censura, o de presiones de todo tipo, principalmente económicas, para hacer decir lo que conviene, antes de lo que se debe.

Días como los de hoy sientan las bases de un jubileo en el que muchos caemos, para luego, sumidos en una especie de insomnio conveniente, repitamos los discursos sin siquiera recurrir a una partitura. Recitamos de memoria, a veces sin necesidad, cierta melodía dominante (término si los hay), históricamente pretendida en tanto única.

No obstante, un día como el de hoy, tal vez sirva en el fondo también para algo. Puede que para debatir; para hacer las cuentas y tratar de ver si nuestros números pesan más en la columna del debe o en la del haber.

Es decir: ¿Sirve, un día como el de hoy, para preguntarnos por qué es mejor trabajar para un gobierno que para un medio? ¿Es posible que la obviedad de la razón del dinero se imponga, sin más, a las razones de la profesión? ¿Es posible que transitemos un cambio de formato, donde el escritorio sea suficiente verdad para trocarlo por la crónica desde el lugar de los hechos? ¿Es admisible que el periodismo de la gacetilla reemplace a uno de creación? ¿Podemos acceder a que el dato oficial niegue la más mínima investigación? ¿Somos capaces de permitir que la alienación programada desde los sectores encumbrados, del origen que fueran, sea suficiente calmante para el fuego de la preparación, de la superación permanente? ¿Es posible que después de desnudar todas estas falencias nos creamos elegidos?

El vale todo de estos días habilita primeros planos a triunfos fugaces y lo niega a cualquier crítica. De hecho, esto de la crítica nos convierte hoy, sin escalas, en estatales o corporativos, plato que se come sazonado con escraches de todo tipo, y embestidas de una violencia que desnuda el ADN de otros tiempos.

La discapacidad de la hora se ensaña con el oído más que con la boca. Escuchamos poco y, cual niño incontinente, nos decimos encima, todo el tiempo. Reproducimos discursos unidireccionales que en estas zonas andan teniendo dos propaladoras, y nos olvidamos de sus razones. No las cuestionamos. Quemamos, por tanto, la raíz de cualquier análisis.

En cambio, asumiendo cierta complicidad ignorante, muchos periodistas y medios nos adjudicamos un arbitraje ante el público al que le permitimos cualquier exceso. Ni siquiera nos hacemos cargo de decirlo con voz propia. Usamos a la gente (que también se dice encima) para abonar un discurso estigmatizante, discriminador, que convierte a la víctima en victimario de un sistema viciado, excluyente.

Cuando esto pasa, periodista y periodismo han dejado de mediar para convertirse en serviles re-productores de sentidos que no controlan.

“Es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional”, agrega García Márquez.

Tal vez, finalmente, sirva un día como el de hoy para reconocernos en el circo. ¿Nos veremos haciendo piruetas que además, por si fuera poco, otros copian, con tal de que la gente nos lea, nos siga, nos crea?

¿La vanidad que nos envuelve nos permitirá alguna vez hacer algún tipo de autocrítica seria, para que además de leernos, la gente nos tenga algo de compasión?

Ya no se trata de que nos sigan como a profetas. Se trata de que seamos dignos de recuperar nuestra propia dignidad, ultrajada por tanta hipocresía y servilismo idiota, producto de nuestro analfabetismo en el tratamiento de cuestiones clave de la cosa pública y de nuestra sumisión dolorosamente prostituta ante cualquier tipo de poder.

Por estas, y otras cosas, el periodismo seguirá siendo el mejor oficio del mundo. Porque permite, al menos, poder decirlo. Ojalá permita discutirlo.

Felicidades.