Marcelo Leiras: “Cristina sigue haciendo lo mismo desde 2011”

Lo que pasa es que el compromiso ideológico de los votantes es consecuencia y no causa de las alianzas de los candidatos. Suponete que sos un votante de centroizquierda. Una vez votás a Binner, otra a Stolbizer. Pero los tipos se te van corriendo. No es que vos cambiás, se corren ellos.
Probablemente los únicos que no se corren son la izquierda clasista, pero el resto son muy volátiles en su política de alianzas. ¿Eso quiere decir que la gente no tiene convicciones fuertes? No, eso quiere decir que los candidatos buscan maximizar lo que creen que les conviene más en cada momento. Y también tienen políticas de muy corto plazo.
Si vos te movés mucho ideológicamente, por ahí maximizás en el corto plazo pero minimizás en el largo plazo. Me parece que la volatilidad del electorado es más reflejo del híper-cortoplacismo de los dirigentes. Y sin duda creo que la ideología es un fenómeno muy importante para explicar el comportamiento electoral.

Este es un extracto antojadizo de una muy buena entrevista de Eduardo Castilla para La Izquierda Diario, en la que Marcelo Leiras habla de las Paso: pero en realidad, habla de historia, del presente y del futuro político argentino. Vale la pena tomarse unos minutos para entender la realidad que vivimos:

Leer la nota completa acá:

Marcelo Leiras: “No es novedoso lo que ocurre, Cristina sigue haciendo lo mismo desde 2011”

La culpa es de nuestra generación

C Cada vez más conductas anormales nos parecen normales: nos parece normal que tantos coman poco, que tantos vivan mal, que tantos mueran antes, que la violencia -verbal o física- sea nuestra manera; nos parece normal que nos engañen.

Avanzamos por el camino de la rana: nos metieron en el agua tibia y nos la fueron calentando poco a poco y, con el tiempo, nos acostumbramos a vivir en un país que hierve; o casi hierve, porque tampoco es que haya suficiente gas.

Gran nota de Martín Caparrós con motivo de su cumpleaños. Vale la pena detenerse unos minutos. No para aplaudirlo, sino para discutir con él, con sus datos, con su forma de militancia.

Nota completa: http://nyti.ms/2sjPTZl

Publicado originalmente en New York Times.

Volver al pasado

Muchos manuales de consultoría política sostienen una tesis dominante y comprobada de que las campañas electorales e incluso las permanentes son mucho más retrospectivas que prospectivas. Priman los argumentos relacionados con el pasado del que se sacan tajadas positivas y negativas, según la conveniencia del momento.
Esta aseveración de corte teórico encuentra en el país ejemplos confirmatorios a raudales. Pero no es todo: los movimientos políticos de Corrientes elevan a la categoría de teorema esas aproximaciones que aportó la Comunicación Política a lo largo de los años.
La referencia al pasado está muy presente en la Argentina: en el peronismo que recuerda a sus muertos, Perón y Néstor, y olvida estratégicamente a sus vivos: los 5 presidentes de aquella semana trágica de 2001 y a Cristina Fernández de Kirchner, que respira bajo mullidas alfombras de expedientes judiciales.
Y también está en el radicalismo que ensalza a Alem, Illia, Balbín y Afonsín pero ningunea a De la Rúa, su fracaso y sus consecuencias derivadas.
En ese contexto, el clima de proselitismo espeso en el que está entrando esta nación, al parecer atonta al Gobierno de Mauricio Macri que no ceja en su amontonamiento de errores, los que podrían condicionar su medio término y con él toda su proyección de futuro. Sus buenas intenciones, debe saberlo el Presidente, no conmueven el corazón del peronismo que se recicla oliendo, persiguiendo y bebiendo la sangre de los débiles.
Pero más allá de la política, tampoco esos buenos deseos llenan la olla ni apaciguan la angustia de las clases excluidas y trabajadoras, que sienten en la espalda el peso del ajuste, en los bolsillos la inflación y en toda su carne los despidos propios, de amigos o familiares. La vuelta a lo peor del cirujeo que perfiló la última crisis terminal de la Argentina.

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Y Corrientes, que ahora marcha al ritmo del disco nacional, no está ajena a esa triste melodía. Y aún así, el tópico es el pasado. Es la materia que han elegido los estrategas del Gobierno de Ricardo Colombi para salir a barrer las aspiraciones del candidato peronista con el que -como pasó en 2013-, el radicalismo y sus aliados menores saldrán a confirmar la grieta electoral-política y a tratar de sobreponerse al obstáculo de esa polarización.
Para el colombismo y su troupe de “aspirantes”, Camau Espínola es el pasado: el kirchnerismo, los bolsos de López, las obras de De Vido y la billetera de Báez; la prepotencia de Cristina, la indiferencia organizada y sistemática del Estado o, recientemente, la farsa de Milani, el general represor con el que el cristinismo sostuvo su política de Derechos Humanos. El castillo de naipes de ese cuento acaba de implosionar.
Para el peronismo fabián-camausista, en tanto, que por un rato entendió que había que buscar al enemigo afuera, el pasado está corporizado en Macri: en el neoliberalismo, en los ajustes, en las mentiras sistemáticas, en las fallas políticas que abrevan en la fuente de los imberbes (o de los imbéciles) y en los datos que le reflejan sus propias planillas de Exxel: en poco más de un año de Gobierno, Macri y otros 50 funcionarios suyos ya están imputados por hechos de corrupción.

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(¿Está claro? que) no es lo mismo tirar bolsos llenos de dinero a un convento, traer o sacar plata en aviones, o enriquecer a tu familia completa, que perdonarle a tu papá, desde el Estado, unos 70 mil millones de pesos, mientras por otro lado le sacas “20 pesos” a los 7 millones de jubilados por en “error de cálculo”. Que no es lo mismo tener a un represor montando escena como guardia de los desaparecidos, que un aduanero que reivindique a los represores. ¡Qué cosa! ¡Tán distintos, tan iguales!
La retrospección, queda demostrado, es un camino peligroso. Lo es en la Nación y lo es también en Corrientes. Sobre todo porque los que disputan el control del Gobierno en todos sus niveles tienen más pasado que futuro y un presente de quietud y mentira.
Debería tener cuidado el Gobierno de Corrientes cuando habla del pasado, porque sacando cuentas, si el kirchnerismo es pasado, el colombismo ya lleva en el poder más que los Kirchner y sus crías. Y eso sin hablar de aquellas épocas en las que compartían escenarios y hasta afiches electorales.
La oposición peronista, por su parte, tiene en su carga genética parte de lo poco bueno y lo mucho malo que le pasó a este país. Cuando estuvo porque estuvo y cuando no, porque hizo lo posible y lo imposible para volver haciendo zancadillas y repartiendo codazos.
El peronismo, que es alérgico al llano, debería en algún momento hacer su mea culpa. Un paneo basta para ver entre sus filas la condensación de promesas sustentadas en el curriculum de algunos de sus miembros, pero también el prontuario de lo más nefasto de la historia reciente del país, y también de Corrientes: dirigentes extraviados, sin votos y dañinos que han hecho del travestismo político su forma de vida. Y que devienen hoy -porque los han dejado- en generales plenipotenciarios que se aprovechan del desprecio interno en el que transcurre el PJ correntino detrás de la retórica del consenso.

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El panorama no es el mejor. El país se debatirá este año entre dos formas de pasado: entre el que encarna el kirchnerismo-peronismo y el que encarna el macrismo-menemismo-aliancismo. Dos formas de gobierno: el del call center atendido por pasantes o el del látigo de los barones y baronesas. Por el momento al menos no hay posibilidad de síntesis.
El gobierno de Corrientes se desmarca: está aprendiendo a usar su call center, trolls y demás servidores humanos de propagandas varias, pero siempre respondiendo a la matriz de otro tiempo, analógica y ciertamente autoritaria: la de un líder que manda y del resto que se encolumna. Cualquiera que encarne un desafío a ese andamiaje no tiene otro destino más que el de la morgue de los burócratas ambiciosos.
Es difícil, en ese contexto, que unos y otros hablen de las bondades de la democracia que no practican ni entre ellos. El radicalismo primero y el PJ la última semana, dieron muestras de gambeta electoral que atiende a múltiples razones, todas ellas ponderables, pero que socavan el sistema, minimizan la participación ciudadana y terminan reduciendo la política a las lógicas primitivas de mando que se heredó de la revolución francesa: el gobierno de elegidos.
Y después está el discurso que se estructura en esa urdimbre funcional. Un referente de ECO+Cambiemos dijo la semana pasada que Espínola no puede ganar porque ya perdió en 2013. En el mismo acto y en la misma radio, ese mismo senador-candidato ponderaba la candidatura de Tassano, que paradójicamente también ya perdió, en 2009.
En paralelo, un referente del PJ-FPV dijo que si llega al poder pujará para evitar que los funcionarios se enquisten en el poder. Daría por terminado, prometió, con aquellos que no conocen otro trabajo más que cobrar del Estado desde que se fue la dictadura.
Se refería al cargo de gobernador y esa prohibición ya está en la Constitución, pero lo que plantea el muchacho es un régimen al estilo norteamericano: dos períodos y a la casa.
Se trata de un acto de voluntarismo puro si se tiene en cuenta que en el mismo sector que él lidera, para estas mismas elecciones, postularán a candidatos que tratarán de encontrar una hendija judicial para burlar las trabas de continuidad que hoy mismo tienen  la Constitución y las cartas orgánicas. Lo que se dice cinismo puro.
Ni hablar de las promesas. El colombismo hará hincapié en las promesas incumplidas de sus oponentes y, por el contrario, tratará de cortar todas las cintas posibles antes de las elecciones. La autovía de la Capital se inscribe en ese esquema. La obra la anunció CFK con Camau, pero la inaugurará -se cree- Macri con Ricardo.
De otro lado la zona de promesas es grande: viviendas, caminos, energía, trabajo. La Coca Cola que no viene no se sabe si por las condiciones fiscales del país o por las condiciones jurídicas de la provincia. Lo concreto es que no llega.
Así es difícil la cosa. Tan difícil como la tiene el presidente. Según el Macrimetro (una iniciativa civil, colaborativa y apartidaria que tiene por objetivo verificar el cumplimiento de las promesas de campaña del presidente), Mauricio hizo en campaña 265 promesas. Lleva en el cargo 435 días. Cumplió 10, incumplió 4, 27 están en progreso y 224 promesas están pendientes.

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Ojalá una iniciativa como esta se ponga en marcha en Corrientes, entre otras cosas, para evitar que las barbaridades que se dicen tengan un mínimo control que escape a la protección de los medios, muchas veces demasiado cercanos a la lógica del discurso único que con dinero público se convierte en hegemónico.
Alguien debería ponerle un coto a la paparruchada de defender el Iberá hasta el 10 y entregarlo el 11 de diciembre; o la berretada de la emancipación con la que se trata de encubrir la mas absoluta dependencia. Pasó con el kirchnerismo. Pasa hoy con el macrismo. En fin, es peligroso hablar de pasado, más aún del pasado reciente que muestra más continuidades que cambios.

Nada es para siempre

 

 

 

 

“El futuro va a ser el que quieran los argentinos, nada es para siempre”.
Cristina Fernández de Kirchner
Presidenta de la Nación

Siempre Cristina Fernández estuvo un paso adelante. Fue presidenta por eso, y por eso mismo reelecta con 54 por ciento de los votos, algo que ni con la segunda vuelta puedo perforar Mauricio Macri, el nuevo presidente de los argentinos.

Cristina supo leer al electorado argentino, al que no obstante perdió en el camino, cuando extravió la brújula de la acción, de la construcción de su sucesor y cuando, agobiada por el calor del poder, perdió también la mesura y la prudencia se transformó en cadenas cargadas de soberbia que propició el hartazgo.

Ganó Mauricio Macri y con él nace una nueva Argentina: un país que debe sincerarse y reconstruirse después de 12 años de kirchnerismo, que aún con sus errores, tiene en ristra una larga lista de aciertos que, al decir de la propia Presidenta, “han empoderardo al pueblo”.

Macri llega ahora producto de sus méritos, pero también del cansancio. Es producto de una masa votante agobiada por el griterío, el manoseo y la mentira, más que por las cuestiones que pueden ponderarse desde el punto de vista de la gestión o de la acción de Gobierno.

Macri derrotó a un Scioli que, enredado en las dos puntas incompatibles de ser él mismo o ser el vocero del “proyecto”, tuvo salvavidas de plomo desde el primer momento; soldados que minaron su camino y referentes kirchneristas que lo incendiaron en público, sin el más mínimo reparo. Cargó en su lomo responsabilidades de su propia insolvencia, pero también otras que habría que buscar puertas adentro de la casona de Balcarce 50.

 

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Corrientes, en tanto, ratificó su año de pertenencia peronista en el nivel nacional. Votó a Scioli en las Paso, en las generales y ayer. Pero ganó Macri.

Es justo decir también que los mismos electores vienen acompañando al oficialismo radical cuando se dirimen cuestiones internas, locales. Ayer votó por el gobernador de Buenos Aires rompiendo un régimen histórico en el mismo acto: aquel que sostiene que los correntinos siempre acompañaron candidaturas presidenciales ganadoras.

Pero el dato, además, se compone de otro detalle que no es menor: la elección de ayer dejó a Ricardo Colombi como el único gobernador del NEA en perder la elección. Chaco, Misiones y Formosa, provincias peronistas desde hace mucho, ratificaron al candidato de esos respectivos gobiernos.

No pasó así en Corrientes. Aquí ayer volvió a ganar Scioli, como en todas las elecciones nacionales anteriores, aunque el voto en bloque del peronismo local empezó a deshilacharse, producto entre otras cosas de la feroz interna entre Fabián Ríos y Camau Espínola, la falta de compromiso, de fondos, y el repliegue en esta tercera parte de la campaña. Ganó Scioli, pero festejó Macri.

Capital, últimamente esquiva al PJ y a su variante frentista -pese a las gestiones más que aceptables de Espínola y Ríos (sobre todo en comparación con la de Carlos Vignolo, por ejemplo)-, trocó el triunfo sciolista a nivel provincial para entregar su apoyo al actual Jefe de Gobierno porteño, lo que complica el futuro de los referentes peronistas que de no revertir semejante situación, tienen más cerca el llano que el gobierno de Corrientes que, dicen, es el objetivo general.

La elección de Colombi

Ricardo Colombi, asimismo, hacedor del frente y auto-sindicado como responsable de la victoria, en realidad debe cargar en sus espaldas una feroz derrota como la de octubre y una performance más bien discreta en los comicios de ayer que, por tratarse de un balotaje, por razones obvias polariza los guarismos con ganancia para todos.

Fue, siguiendo esta misma lógica, beneficiario de un repunte como también responsable de una nueva gran pérdida: la de ser el único gobernador de la región en no poder colocar arriba en los escrutinios a su candidato, el líder del PRO y a quien el radicalismo intentará usar de catapulta para llegar al poder al que no pueden acceder con nombres y proyectos propios.

Es decir: Cambiemos, en Corrientes, hizo una mejor elección ayer producto del balotaje, de la desaparición de las opciones, no de una estrategia de infalibilidad electoral como intenta vender el Gobierno de Corrientes en virtud de la necesidad de acomodar sus calchas con el macrismo, colectivo al que se subió más tarde que temprano y por más conveniencias que convencimiento.

 

Amnesia

Olvidando como prefieren en Salta y Mayo sus viejas sociedades con el kirchnerismo, dicen ahora que Macri es la tabla de salvación para los correntinos. Ojalá que lo sea, pero para el beneficio del millón de correntinos, no para abrir una claraboya por donde colar la institucionalización del feudo en el que se ha convertido Corrientes desde hace más de una década.

Puede que sea cierto que el Gobierno Nacional muchas veces actúa mal con gobernadores que no se dejan arrastrar de las narices o seducidos por la billetera; pero puede que sea cierto también que en estos tres lustros en los que gobierna el radicalismo, hubo tiempo suficiente para que Corrientes haga algo más que quejarse de los otros y empiece por asumir sus propias culpas. Que empiece por reconocer que tal vez haga falta una oxigenación, la misma que increíblemente reclamaban, en nombre de la república, para la Argentina.

Ricardo Colombi debe comportarse, también dentro de los límites provinciales, como pide que otros se comporten afuera. Mandó a criticar a Scioli porque usó un helicóptero oficial para venir a Corrientes en clave de campaña, y resulta que usó el avión sanitario para hacer de claque de Macri en Jujuy.

Actitudes como esta empobrecen su calidad democrática, tanto o más que las actitudes de Cristina Fernández que ayer, por la vía de Daniel Scioli, fue corregida dolorosamente, dejando al proyecto en los umbrales de una victoria y, por tanto, en la vidriera de una derrota.

Un país nuevo comienza ahora y se espera también por una provincia nueva, que se empape de los aires de cambio de los que tanto se ha hablado en los últimos días para renacer al trabajo, a la seguridad, al mejoramiento de los caminos, de la energía, de las viviendas, y de los parámetros educativos y sanitarios.

Las urnas hablaron y dejaron mensajes varios en el país como en la provincia, tanto para el oficialismo como para la oposición.

Cristina Fernández mostró ayer el sendero. Al mediodía, cuando fue a votar, dijo, en un acto de brutal lucidez, que “nada es para siempre”. A la tarde, millones de argentinos lo ratificaron, mandando a guardar el plan de continuidad. Algunos otros deberían tomar nota.

Diálogo mudo y a oscuras

“Lo que no puedas ganar, empátalo.
Lo que no puedas empatar, enrédalo”.
25 de enero/ Los hijos de los días/ Eduardo Galeano

Desde hace tiempo, por no decir desde siempre, Corrientes asiste a una cadena de berrinches en clave de reproche político que mayoritariamente deja la culpa en la vereda del otro. Es ajeno el problema, la ignorancia, el error, la chiquilinada, el nervio.
Todos los sectores e incluso las personas, sobre todo las más connotadas, se sienten en condiciones de reclamar. Exigen las organizaciones, las iglesias, los gobiernos, los funcionarios e incluso la prensa.
En el idioma de la diplomacia se pide por el diálogo. Es ya un cliché de la política nacional: la de Balcarce 50, la de Salta y 25 de Mayo y también la de Salta y Mendoza, pero poco y nada se hace para conseguirlo. Se habla mucho, pero subordinado a las condiciones del monólogo.
Esta situación, entre otras de igual tenor y amplios niveles de hipocresía, lleva a la gente al hartazgo. Se cansan también los periodistas de mandar a decir eso del diálogo que bien saben que es puro verso, sin rima siquiera. Los demás, los que lo invocan siempre, parecen llevarse de maravillas con ese estado permanente de soliloquio falaz.

Allá
En concreto: ¿es creíble el Gobierno de la Nación cuando habla de diálogo y cierra las puertas de cualquier intercambio con los ajenos e incluso con los propios? El gobernador Scioli anda sabiendo de estas cosas.
¿Es democrático bajar línea casi en tono castrense, sin el derecho mínimo de tragar saliva? Hay una larga lista de anticlericales postrados ante el anillo de Francisco, creyentes de la repentina conversión presidencial.
¿Es “gorila” el disenso por el sólo hecho de plantear una mirada distinta? Esta respuesta queda a criterio de los compañeros.
El diálogo, aseguran los que saben, es un arte que hace mejores a los líderes.
¿Será que eso es posible en un Gobierno donde no está permitida otra charla más que la que mantiene la señora con su alter ego?
Sobran ejemplos para inferir que lo que podría verse como una plática puertas adentro de la Casa Rosada, no es más que una postura de obediencia debida.

Más acá
En Corrientes no pasa distinto. Pero aquí, a las dificultades comunicativas con el mundo exterior se suman las carencias que produce una deficiente interrelación política. Se creó entonces un gobierno defensivo: de los correligionarios más ambiciosos, de los socios que pierden la paciencia esperando el turno que no les llegará y de los adversarios que brotaron por estos pagos y en Buenos Aires. Ser la única provincia radical del país tiene sus costos (históricos), pero también sus beneficios (coyunturales).
Poder marcar el contraste es una ganancia, aunque más no sea desde el punto de vista del relato, ring dialéctico donde hoy se dirimen los diferendos.
De hecho, el devenir de estos días rememora pasajes de los gloriosos tiempos conservadores, que lideraron los destinos provinciales casi siempre, desde cuando la patria quiso ser nación. Una cita de la investigadora María del Mar Solis Carnicer es clara al respecto:
“En el discurso del vidalismo de esos años aparece claramente el enfrentamiento que se quiso hacer entre nación y provincia, contrastando sus realidades. De acuerdo a la óptica vidalista, la nación estaba desquiciada por la tiranía, mientras que Corrientes, gobernada por conservadores, era un ejemplo de progreso y desarrollo”.
Es una descripción política de los años del yrigoyenismo. Mandaba la UCR en casi todo el país. En Corrientes, el Vidal del Partido Autonomista, no sólo era amo y señor: era también uno de los máximos detractores regionales de don Hipólito.
Podría decirse siguiendo esa lógica transversal, que abona por igual el orgullo de autosuficiencia pero también un aislamiento sin sentido, y que pone a Corrientes necesariamente en la vereda opuesta a la del resto del país, que esta conceptualización de hace un siglo, bien puede leerse, fuera de su contexto, como una declaración de ayer, dicha por algún ministro desbocado, que los hay en el firmamento colombista.
En ese marco, ¿puede este Gobierno pedir gestos de civilidad cuando actúa atendiendo no más que la sabiduría del rebenque? ¿Está en condiciones de responder con su lomo lo que dice su boca? ¿Puede exigir intercambio de ideas cortando en el mismo acto todas las vías posibles de relación? Más se parece a una patota mercantil de la razón: si no la tiene la compra.

La otra cuadra
Capital tampoco es la excepción. Es el territorio donde se define gran parte de la contienda y es también la cuna del postulante que con alguna seriedad y muchos billetes prestados osa disputarle el poder al hombre fuerte de la provincia desde hace más de una década.
Esto, que en sí mismo es un mérito, termina subsumiéndose en la soberbia de los que se creen todopoderosos y ganadores, aun sin haber ganado, y que forman parte de una claque a sueldo que está para contraprestar aplausos más que pensamiento crítico.
También en la ciudad se sacraliza el diálogo, pero sólo en las condiciones que la ciudad quiere. Se detesta la vieja política, pero aplicando los mismos métodos. Se aborrece el pasado, hasta que se asocian con él. Se habla del otro en el discurso, pero en los hechos se aplican los números de la mayoría sin que importen los argumentos. Se sueña un lugar de ensueños para todos y todas, pero se actúa en función de la propia ambición, al mando de una realidad creada a medida.
Lo lamentable es que más allá de todo, tarde y temprano, la culpa será de la prensa, fundamental en su rol de estafeta, pero traidora en su rol de analista. Y no es una queja. Es parte de los riesgos que corre el periodismo al sinergiarse con el poder, cualquiera sea su origen y condición.

La puja
Resulta saludable, en todo caso, que la agenda de estos días (llena de cortes de luz y amenazas y deudas que aparecen como zancadillas a la estela de un fantasma) se muestre desnuda a la vista de todos. Todo el mundo ve cómo se diputan las poltronas en una provincia donde escasean las sillas, no sólo las mesas y lo que suele ponerse arriba en horas de la siesta y de la noche.
¿Será que no hay otra forma de confrontar electoralmente?
La fuerza, dicen, es el enemigo de las ideas. ¿Será este el caso?
Muchos partidos que conforman el menú electoral correntino ya muestran heridas y heridos, y ni siquiera abandonan la etapa de los escarceos internos. De hecho, todavía ni empieza la campaña “fuerte”, la que en su momento se llevó a Casco y hace unos años a González Moreno.
Esto es lo que vuelve mezquinos a los dirigentes, lo que los aleja de una realidad que se mide claramente en otros términos, no siempre en la timba hedonista de las encuestas.
Vivir en sociedad implica organizarse políticamente. Las partes, que son muchas, conforman el todo que se refleja a sí mismo. De ahí que es necesario asumir compromisos, primero personales y después colectivos, para mejorar entre todos. Si hay otro camino, no hay más que exponerlo. Los correntinos sabemos qué nos pasa cuando nos desconocemos entre nosotros. ¿Sabemos?

Por la nacionalización del periodismo

Alguna vez el público contrató con el periodismo recibir “aproximaciones certeras de la realidad” para que éste, con ese insumo, pueda elaborar “certezas aproximadas sobre el mundo”.
“En la Argentina de 2012, esa función referencial deambula grogui por la cornisa donde independentismo y militancia se disputan a empujones la patria potestad del ejercicio de un oficio que los excede”, escribieron esta semana Fernando Martínez y Luis López. (1)
Hablan en esa misma publicación de un mal endémico que atraviesa a la profesión que, consciente pero también inconscientemente, asiste al hecho cotidiano de la tergiversación del referente. La información sagrada se mezcla con la opinión libre. (2)
“Atrás quedaron los días -agregan Martínez y López- en que los lectores aseguraban sin titubeos que el periodismo era quien daba cuenta de hechos sociales y que esos hechos narrados funcionaban circularmente como los “referentes” del discurso”.
Semejante degradación dispara la desconfianza a tiempo completo. Y no es que se busquen -por caso para los diarios- lectores sumisos que esperen la tripulación de su propio pensamiento. Sólo que hoy, hasta el placer de la lectura o el derecho a informarse cayeron presos de la inseguridad. Y quien lee o busca informarse, mejor si lo hace armado: o contra la hegemonía del señor M o contra las unidades básicas de la señora K.
A este debate se suma el de la dichosa “objetividad y el compromiso del periodista, la dicotomía entre los medios públicos y los privados o la forma en que el periodismo condiciona la política y la transforma en función de sus intereses”. (3)
No se trata de la salvación del pecado cual desviación del camino, como lo entiende la iglesia. Muy pocos, además, al ingresar a esta profesión, profesan la ingenuidad. No obstante, sigue siendo duro pagar por errores de los otros o asumir que se tome la parte por el todo.
Esta misma semana, en una de las Mesas de Redacción que se acostumbran hacer en El Litoral, una periodista habitué de las redes sociales contó una experiencia simple pero demoledora:
“Una persona me agregó como amiga al facebook pero me desagregó cuando se enteró que era periodista”, contó.
Al menos es una injusticia. Porque la víctima del desplante no escribió notas destituyentes ni escrachó a sus colegas; tampoco hizo tapa con un triunfo de Boca Junior justo cuando se cumplían 30 años de la guerra de Malvinas. No fue quien se mofó de una causa nacional sosteniendo la postura colonialista del enemigo ni quien se burla de sus lectores como un encumbrado editorialista que no tuvo empacho en describir el supuesto enojo de un funcionario por la manera enérgica de mascar un chicle. (4) No es quien intenta fundar un diario fundiendo otros ni quien denuncia acciones piratas desde la indignidad del robo permanente y sistemático de recursos ajenos.
No obstante, puede entenderse el desplante. Y bien vale este episodio doméstico para revisar como se sentiría cada uno después de observar concienzudamente lo que pasó en el país esta última semana, luego de que la presidenta Cristina Fernández anunciara la renacionalización del 51% de las acciones de YPF.

Historia
El anuncio de estatización de la petrolera configura en los hechos el proceso inverso al que signó la década del 90, cuando mandaban las privatizaciones.
Fue una decisión de alto impacto y multipropósito.
Sirvió para que el Gobierno retome el control de la agenda pública y la iniciativa política; deje a un lado el problema judicial del vice, Amado Boudou; embrete a la oposición en sus propias contradicciones y divida una vez más al periodismo que aprovecha la ocasión para hacer gala de su pertenencia e intenta arrastrar consigo al público que parece obligado a estar a favor de su patria o de la madre de su patria.
Gran parte del universo mediático, aunque rendido ante la evidencia de que en algunas cosas la política puede acordar sin chicanas infantiles, hace ostentación del control de la palabra e intenta imponer como vergüenza lo que en realidad es, más allá de la valoración ideológica, un acto de autodeterminación.
Y aunque este gobierno (y no otro) tuvo mucho que ver en la situación actual de una empresa como YPF, aprovecha los excesos de los demás para cometer sus propios excesos, o sustentar impostaciones guionadas para que el relato sea una exquisita obra de transmisión de pensamiento. Eso sí, siempre en clave de epopeya.
Este gobierno no puede explicar muy bien dónde estuvo cuando vaciaban YPF, pero ahora que se dio una vuelta de tuerca es necesario hacer conocer el sacrificio y la valentía que ello implica. Vastos sectores de la intelectualidad argentina incluso plantean declarar al 16 de abril como el Día de la Soberanía Energética. (5)
El periodismo, entrampado en sus divisiones, abona su propia crisis de confiabilidad. Muchos de los profesionales argentinos en las artes de comunicar recuerdan hoy lo importante de la seguridad jurídica, pero nada dijeron en su momento de los derechos humanos violados con la exclusión.
Un chiste pequeño pinta la situación: “La operación ha sido un éxito: hemos conseguido que parezca crisis lo que ha sido un saqueo”. (6)
Los mismos que en los 90 dieron cátedra sobre el consenso de Washington (recetas de varios puntos, iguales para todos los países, para garantizar el crecimiento económico a cualquier precio, incluso a costo de la vida de la gente), son los que no reconocen ese fracaso que ahora ya no se ve sólo en los suburbios del mundo sino en la propia gran Europa o en la América dominante.

Cambio de planes
El mismo acto de soberanía que se analiza aquí, abre el panorama a otra gama de contradicciones en la que suele caer la mayor parte de la clase política y también el periodismo, como se ha visto. Hablamos del cambio de discurso, lo que la prensa militante llamó, desde el bunker de “6, 7, 8”, distinta vara.
Pues sucede que el gobierno español, comandado por el señor Rajoy, ahora dice que es un error la decisión argentina, cuando hace tan sólo 4 años, en 2008, decía que “un país que no maneja su energía es de quinta categoría”.
Es muy parecido al cambio de discurso de los referentes argentinos. Siempre depende de qué lado del mostrador esté cada uno.
En estas condiciones, hoy, la “Argentina no acepta condicionamientos, y menos de los organismos internacionales que han caído en el descrédito”, según dijo Hernán Lorenzino, ministro de Economía. Mauricio Macri, en tanto, primero dijo una cosa y después otra, anteponiendo sus deseos presidenciales. Si fuera presidente, no volvería a privatizar la empresa, se apresuró a decir mientras acunaba a su pequeña Antonia.
El periodismo hegemónico, por su parte, que siempre compara a la Argentina con Brasil, poniendo al primero debajo del segundo, ahora no dice nada del espejo de Petrobras.
Son estos excesos, como el lobby de los mercados o el de la oligarquía nacional, que además tiene injerencia en la cadena de información y formación de opinión pública, los que exacerban las dicotomías que nos impiden ver un camino común, que por si fuera poco perjudica todavía más a quienes tienen menos posibilidades.
Corrientes puede dar su opinión al respecto.

Referencias
(1) Integrantes del Departamento de Comunicación de la Sociedad Internacional para el Desarrollo, Capítulo Buenos Aires. Publicado en Página 12 el miércoles 18 de abril, página 14.
(2) “Las opiniones son libres, los hechos son sagrados”. Adagio del editor Charles A. Dana, uno de los inventores del periodismo informativo, que también se atribuye a CP Scott, histórico director y luego editor de The Guardian, y uno de los creadores del moderno periodismo de información.
(3) Pascual Serrano, “El periodismo es noticia. Tendencias sobre la comunicación en el Siglo XXI”.
(4) Publicado en Clarín: http://bit.ly/J2t53n
(5) Lunes 16 de abril. Día del anuncio presidencial de la nacionalización.
(6) Extraído de “El periodismo es noticia. Tendencias sobre la comunicación en el Siglo XXI”.