Camau Espínola y Gustavo Valdés en Equipo de Noticias

El domingo 16 de julio de 2017 participé del programa Equipo de Noticias de Canal 13, oportunidad en la que se entrevistó a los dos principales candidatos que competirán el 8 de octubre por la gobernación de Corrientes.

El programa tuvo mucha repercusión. Hubo críticas más que halagos, pero fue muy importante, porque el envío se estructuró sobre dos trabajos míos editados en la previa por el diario El Litoral: un perfil sobre Valdés que fue publicado en simultáneo con su designación, y una posterior entrevista en la que plantea -entre otras cosas- la posibilidad de un debate con Espínola en el caso de que éste presente su candidatura.

Valdés: “Debatiría con ‘Camau’, pero vamos a ver si es candidato”

El actual diputado nacional fue promocionado el viernes (en el Salón Lapachos del Club San Martín) como un “consustanciado” con el proyecto de continuidad que vigila Colombi. De hecho, sus primeras palabras en su rol de postulante, se estructuran sobre ese eje, aunque enfrentando una contradicción aparente. “Somos el futuro”, dice el slogan de campaña, pero su núcleo conceptual está anclado al pasado. Con el 2001. Con la feroz tormenta política, social, institucional y económica de la que supo salir airoso el actual gobernador.
Corrientes no es la provincia de 2001: la que no pagaba sueldos, la que tenía bonos, peleas intestinas y soportaba, cuándo no, una de las tantas y dañinas intervenciones federales.
El liderazgo de Colombi emergió de ese desaguisado que se desliza hoy como posible si la provincia cae en manos del peronismo. Se trata de una estrategia electoral que apunta, más que al corazón, al estómago, o a su variante material: el bolsillo.
Valdés es un candidato perfecto para ese plano, y también para el político. Es un hombre preparado, militante de tres décadas y fiel ladero de Horacio Ricardo.
Camisa celeste, pantalón fino negro, zapato al tono, Valdés primero tomó unos mates y después un café chico. Tras el último sorbo, ocurrió esta entrevista. Fue ayer a la mañana en la Redacción de El Litoral:
—¿Quién es Gustavo Valdés? 
—Yo soy abogado y un militante de Encuentro por Corrientes.
—¿Y por qué es el candidato de ECO+Cambiemos?
—Porque los partidos de ECO confiaron en mí. Porque cada uno de los militantes de Cambiemos confiaron. Eso es lo importante.
—¿Es candidato desde el viernes 14 de julio de 2017 o desde el 11 de diciembre de 2013?
—Soy candidato desde ayer. Uno es parte de un equipo de trabajo y en él se va desenvolviendo y va aportando lo mejor que tiene. Esa es nuestra fortaleza.
—A Ricardo Colombi, cuando ganó en 2013, se le preguntó por el sucesor y dijo que ya lo tenía: anotó su nombre en un papelito y lo guardó en un cajón. Fue en una entrevista con El Litoral…
—Pero uno se convierte en candidato cuando lo mocionan, no antes. Uno puede tener intención y afinidad, pero se es candidato cuando se lo mociona públicamente. Yo soy desde ayer, desde la presentación.—Se habló mucho de resistencias internas a su designación. ¿Las hubo, las hay, las seguirá habiendo?
—Nosotros tenemos esas cosas… Puede haber lógicas aspiraciones, pero nosotros tenemos un proyecto político de un joven gobernador, Ricardo Colombi, que tiene una trayectoria exitosa. Pese a tener un límite constitucional, la gente ve que Colombi tiene mucho para adelante y esa fortaleza, al momento de generar una transición, también puede generar algo de rispideces, pero la fortaleza de ECO es ponerse de acuerdo con los distintos sectores, que no es fácil… anteponer el proyecto a los intereses personales.

—Mucha gente dice que es un títere de Ricardo. ¿Cómo se siente con eso?
—Cada uno tiene su característica. A mí no me preocupa que puedan decir ese tipo de cosas, porque nosotros lo que proponemos es un pacto con la sociedad. Estamos construyendo un nuevo pacto. Sabemos que, al haber tenido Ricardo un tan buen gobierno, la vara se pone alta para nosotros. Queremos que el correntino sea parte y que colabore con el gobierno. Es una conjunción que debemos trabajar juntos hacia el lado del desarrollo. Tenemos un rumbo sí, que es el que nos ha trazado Ricardo Colombi, y que propusieron los correntinos en el Pacto de Crecimiento que está en la Constitución.

—A los dirigentes y militantes que tienen algunas dudas con su candidatura, ¿los va a convocar, a convencer, o los va a ignorar?
—Nosotros vamos a convocar no sólo a los dirigentes que por ahí puedan gustar más o menos. Vamos a convocar a todos los correntinos. A radicales, liberales, a peronistas, a dirigentes sociales o deportivos. Hay muchos peronistas que nos están acompañando, así que vamos a convocar a todos porque tiene que ser el gobierno de todos. Puede haber disidencias, pero será hasta que terminen las elecciones. Después hay que trabajar para todos los correntinos. Menos pelea y más política para el desarrollo.

—¿Cuándo se conocerá el nombre del compañero o compañera de fórmula?
—Ya lo vamos a dar a conocer oportunamente.

—¿A quién prefiere para que lo acompañe? 
—No. Vamos a trabajar de la misma manera que se trabajó hasta ahora. Se está conversando.

—¿Hombre o mujer?
—Me parece que no hay que mirar el sexo sino las cualidades, las calidades y las condiciones que tengan para adecuarse al proyecto político a desarrollar.

—¿Qué quiso decir Colombi con eso de que usted tiene asfaltado el camino para enfrentar un proceso de 6 años?
—No lo sé. No me di cuenta de que dijo eso. Pudo haber sido un error, porque es una sutileza, pero el mandato -hoy- del gobernador es de 4 años. Pudo haberse referido al tiempo que le corresponde a Mauricio Macri.

—¿O sea que ya le dio por ganada la reelección?
—Pudo haberse referido a que vamos a ganar en estas elecciones y a la reelección del Presidente. Eso quiere decir que Corrientes va a estar bien estos 4 años, porque es la primera vez que nosotros vemos que hay un Presidente que cree en los correntinos y que aspira a concretar los sueños que tenemos y por los que venimos luchando desde hace mucho tiempo.

—Otra interpretación posible es empezar de nuevo el debate para unificar mandatos…
—Noooo. Por supuesto que es mejor tener los mandatos alineados con la Nación. Lamentablemente los correntinos fuimos presas, víctimas… Fuimos la provincia más intervenida porque estábamos en un país que no nos entendía. Entre los correntinos había mucha pelea que se está superando. Hoy tenemos armonía, paz social. Es la primera vez que los correntinos no estamos mirando el conflicto para cambiar el gobierno, sino el desarrollo.

—También eso eleva la vara.
—Por supuesto. Tenemos un enorme desafío por delante. Y ese camino asfaltado que decía Ricardo es lo que nosotros expresamos como la necesidad de alinear a la Nación con la Provincia para desarrollarnos. Pero con un trabajo que sea concienzudo.
Que tengamos a Carlos Vignolo en el Plan Belgrano es algo sumamente importante. Prueba de que este Gobierno Nacional mira el desarrollo del Norte argentino.

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—¿Debatiría con “Camau” Espínola y el resto de los candidatos en el caso de que haya debate y más candidatos?
—No tengo problemas, pero lo vamos a ver más adelante. Vamos a ver si es el candidato.

—¿Lo está poniendo en duda?
—No. Vamos a ver si es el candidato, porque las listas cierran el 19 de agosto.

—Porque hubo una versión, surgida de las usinas oficiales, de que Espínola se bajaba…
—No. Sé que en el peronismo hay inconvenientes. O en el kirchnerismo.

—¿Ampliará, modificará o reducirá el gabinete en el caso de ganar?
—No. Nosotros tenemos que administrar. Y administraremos como estamos. Modificaciones se pueden hacer, pero es para hablarlo mucho más adelante, cuando ganemos el gobierno.

—¿Le gustaría sumar a algún opositor a su gabinete en el caso de que gane?
—A todos. Me gustaría incluir peronistas, a gente de otros sectores que estén consustanciados con el proyecto de ECO. Si están dispuestos a dejar de lado… y comulguen con lo que desde Encuentro por Corrientes proponemos, que primero estamos los correntinos, sin dudas.

—¿Cuáles son sus propuestas principales?
—Las vamos a presentar oportunamente. Estamos comprometidos básicamente con el desarrollo de los correntinos. Y vamos a tener muy en cuenta el Pacto Correntino para el Crecimiento.
Tenemos una oportunidad que es maravillosa. Estamos hablando de un cambio de gobierno que viene de la mano del pacto social, pero no de la mano de la crisis. Cuando agarró Ricardo Colombi la provincia en 2001, la situación era verdaderamente caótica. No se pagaban los sueldos, había cuasimonedas, inestabilidad, enfrentamientos entre los correntinos y hoy creo que eso ha sido superado. Tenemos paz social, una provincia que no debe nada y un Gobierno Nacional que confía en nuestros sueños, en nuestros anhelos, que creen en nosotros y nosotros en ellos.

—¿Cómo es la relación con el gobierno de Macri?
—Con el Gobierno Nacional somos socios. En la capacidad y anhelo de crecimiento.

—¿Y cómo es su relación con el Presidente?
—Al Presidente lo conozco: estuve con él y con Ricardo en un almuerzo antes de ir a un acto de cierre. Estuvimos una hora y media hablando. Tenemos una relación política. Voy a decir la verdad: amigo personal del Presidente no soy. Soy sí parte integrante de un gran equipo de trabajo y he compartido con él en varias oportunidades en la Quinta de Olivos con los diputados nacionales, en los gabinetes ampliados, pero siendo parte de los correntinos y de Encuentro por Corrientes, que ahora es más Cambiemos.

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—¿Cuáles cree que son los problemas más acuciantes para la gente?
—Necesitamos generar más empleo. Para eso necesitamos tener mayor desarrollo. Por eso trabajamos hacia el desarrollo. Por eso hicimos mucho para lograr la Ley del Primer Empleo que hoy está dormida en el Congreso y que los diputados de la oposición no la quieren aprobar. Nos permitiría tener alguna promoción para que las empresas puedan incorporar gente joven. Es fundamental porque no tenemos leyes de promoción de empleo o direccionadas a la industrialización, por caso de la madera.

—¿Y salud, educación, seguridad, infraestructura?
—Son problemas serios que tenemos que resolverlos con la Nación. En materia de salud, en la zona Centro, en Buenos Aires, el 85% de la gente se atiende en los centros asistenciales privados. En la zona Norte se da a la inversa. Aquí, el 85% de la gente se atiende en el sistema público. Eso habla de una enorme diferencia en materia de ingresos para la salud publica en general que recae sobre las espaldas del Estado.
Carlos Menem, al transferir la educación a las provincias, se olvidó de transferir las partidas presupuestarias y eso hoy genera los inconvenientes que tenemos.

—En el caso del trabajo, que recién mencionaba, ¿se podría pensar en una ley de paritarias?
—Vamos a hablar con todos los sectores. Somos dialoguistas.

—¿Cambiará algo del rumbo del gobierno actual´? ¿O está todo bien?
—Bueno… Recién hablamos de salud, educación, trabajo. Tenemos problemas, pero las condiciones son otras. Si nosotros miramos para atrás, verdaderos problemas teníamos en 2001. El goteo de la coparticipación se transmitía en directo por radio y se publicaba en los diarios. Cuánto se depositaba en las cuentas públicas para ver qué parte del sueldo atrasado cuatro meses se pagaba. Ese fue el punto de partida en el que asumió Colombi. Con Cecacor, con la cadena de pagos rota, la educación destruida, la salud publica… Debiendo 4 o 5 presupuestos que hoy representarían 150 mil millones de pesos como si nada. Hoy tenemos una provincia con paz social, en orden, encaminada al crecimiento. Y vamos por más.

—¿Enfrentaría a los intereses que afectan a la ciudadanía? Empresarios especuladores, abusos en los servicios, pésimos y caros; malos tratos en dependencias públicas…
—Esa es la sociedad que tenemos. Pero creo que hay mucha gente muy valiosa, buena y muy preparada también. Porque si no, nos quedamos con lo malo. Hay peligros en la sociedad, sin lugar a dudas. Hay algunos que apuestan a que le vaya mal a la sociedad, y eso tenemos que tener en cuenta. Yo hago política desde hace 32 años y conozco bastante de la sociedad, lo que me permite estar en alerta contra todos los intereses nocivos de la sociedad. Por eso te confiere la sociedad el poder para que se puedan morigerar aquellos males y resaltar a los actores que hacen bien.

—¿Cómo cree que es la sociedad de Corrientes?
—No. ¡Cómo voy a calificar yo a la gente! Me parece que la gente es la que tiene que calificar al dirigente que se somete a su voluntad. Sería una falta de respeto que yo califique a un pueblo que quiero tanto.

—De ganar, ¿qué acciones desarrollaría contra el narcotráfico?
—Yo denunciaba en su momento la barbaridad que estaba haciendo la Nación en materia de narcotráfico, cuando se llevaban la Gendarmería de Ituzaingó y Virasoro. Hablábamos de una disminución de efectivos de la Prefectura Naval. Hoy se está tratando de revertir ese proceso.
En su momento creé las unidades de Toxicomanía en las Unidades Regionales. Hay que trabajar muy fuerte en el narcomenudeo. Como diputado estoy impulsando la creación del Juzgado Federal de Goya, para acercar la justicia al Centro-Sur de la provincia. Presenté el proyecto para crear el Juzgado Federal de Ituzaingó, donde el narcotráfico azota mucho más fuerte. Pero hay que involucrarse, no bajar los brazos y trabajar fuertemente.

—¿Y en la Policía, donde hay efectivos denunciados por participar en redes de narcotráfico, o en incumplimientos, como la supuesta inexistencia de retenes en el arroyo Guazú, donde cayó un auto?
—Primero: tenemos que seguir capacitando. Cuando asumí como ministro de Gobierno alargamos la carrera policial de 2 a 4 años. La carrera de suboficial, de 1 a 2 años. Hoy los que se incorporan tienen una formación mínima de 2 años. Y le dimos la posibilidad de que salgan técnicos, bajo control del Ministerio de Educación de la Nación, con la Tecnicatura en Seguridad Pública. Y después firmamos un convenio con la Universidad del Nordeste para que puedan ser licenciados en Seguridad Pública. Me parece que en materia educativa hemos dado un paso enorme. Por supuesto que falta, pero el primer paso es un paso educativo, de formación y después de selección. Esta carrera no tiene que ser una salida laboral solamente, sino una selección de los que tienen la vocación de servir a la comunidad, que es lo difícil. Después hay que poner mayor infraestructura y equipamiento, que es lo que se hace permanentemente.

—¿Piensa impulsar una política de género, de ser electo?             
—Cuando era ministro creé el primer Centro de Contención para mujeres víctimas de violencia. Creamos 9 comisarías de la mujer u oficinas. Hay que seguir extendiendo este trabajo, porque es preocupante, pero es una problemática que tiene hoy la sociedad.

—¿Analiza la posibilidad de incorporar a una mujer en el STJ, de ganar en octubre?
—Nosotros no tenemos problemas con las mujeres más allá de las capacidades. Hay muchísimas mujeres -la gran mayoría diría- en el Poder Judicial. Nuestras dos candidatas a diputadas nacionales son mujeres: Estela Regidor y Sofia Brambilla. La mujer está hoy preparada para ocupar cualquier rol en la sociedad.

—¿De acceder al Gobierno, continuará las gestiones por el traspaso de Transnea?  
—Por supuesto. Comparto el punto de vista del Gobierno Provincial en este tema energético, que es técnico. Me parece que el Estado lo puede hacer mejor.

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—¿Cuál es el aporte que Valdés ya le hizo a la política?
—La pasión de tratar de hacer las cosas bien. De que nuestra sociedad se desarrolle. Cada uno de los cargos que tuve los desempeñé con pasión. Y trato de mejorar día a día.
—¿Y qué le aportará a la provincia en el caso de ser gobernador?
—Voy a hacer lo mismo. Trabajar incansablemente para que todos los días cada ciudadano de Corrientes esté un poco mejor, paso a paso, despacito, dedicándome full time a esta actividad que para mí es una vocación de servicio hace muchos años, no una salida laboral.

Amor, familia, amigos, River y Cabral

—¿Cómo vive su familia esta designación?
—Bien. Acompañando. Te cuento una anécdota: yo conocí a mi mujer en la facultad, y ella dice que me vio la primera vez en una asamblea pregonando los principios de la Reforma Universitaria cuando militábamos en Franja Morada, así que conoce mi vida política desde el primer día. Entiende, me respeta, sabe que yo defiendo lo que pienso y mis ideales.

—¿Qué dicen sus amigos?
—No tuve tiempo de hablar con ellos porque no paramos todavía. Después del acto comí algo y salimos a Virasoro. Volví y uno de los primeros conocidos que vengo a ver, está acá haciendome una entrevista. Ya vamos a tener tiempo seguramente. Ahora hay que trabajar para ganar las elecciones.

—En nombre de los saladeños, tengo que pasarle una factura, porque Juan Bautista Cabral no nació en Mercedes.
—Lo que pasa es que… ¿De qué equipo sos?

—De Cabral…
—Yo soy de River. No conozco tu equipo, pero bueno. La verdad es que ‘el que tiene boca se equivoca, y el que no, se calla la boca’. Yo soy un gran estudioso de la historia y me gusta mucho la historia de Corrientes, sobre todo la historia política. Y bueno, dije eso de Cabral. Son cosas que pasan.
Hay periodistas que tienen días buenos y días malos. ¿No es cierto?

—Por supuesto.
Bueno. Un furcio lo comete cualquiera.

—Por eso hay que desdramatizar el hecho.
—Por supuesto, pero hicieron leña…

Volver al pasado

Muchos manuales de consultoría política sostienen una tesis dominante y comprobada de que las campañas electorales e incluso las permanentes son mucho más retrospectivas que prospectivas. Priman los argumentos relacionados con el pasado del que se sacan tajadas positivas y negativas, según la conveniencia del momento.
Esta aseveración de corte teórico encuentra en el país ejemplos confirmatorios a raudales. Pero no es todo: los movimientos políticos de Corrientes elevan a la categoría de teorema esas aproximaciones que aportó la Comunicación Política a lo largo de los años.
La referencia al pasado está muy presente en la Argentina: en el peronismo que recuerda a sus muertos, Perón y Néstor, y olvida estratégicamente a sus vivos: los 5 presidentes de aquella semana trágica de 2001 y a Cristina Fernández de Kirchner, que respira bajo mullidas alfombras de expedientes judiciales.
Y también está en el radicalismo que ensalza a Alem, Illia, Balbín y Afonsín pero ningunea a De la Rúa, su fracaso y sus consecuencias derivadas.
En ese contexto, el clima de proselitismo espeso en el que está entrando esta nación, al parecer atonta al Gobierno de Mauricio Macri que no ceja en su amontonamiento de errores, los que podrían condicionar su medio término y con él toda su proyección de futuro. Sus buenas intenciones, debe saberlo el Presidente, no conmueven el corazón del peronismo que se recicla oliendo, persiguiendo y bebiendo la sangre de los débiles.
Pero más allá de la política, tampoco esos buenos deseos llenan la olla ni apaciguan la angustia de las clases excluidas y trabajadoras, que sienten en la espalda el peso del ajuste, en los bolsillos la inflación y en toda su carne los despidos propios, de amigos o familiares. La vuelta a lo peor del cirujeo que perfiló la última crisis terminal de la Argentina.

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Y Corrientes, que ahora marcha al ritmo del disco nacional, no está ajena a esa triste melodía. Y aún así, el tópico es el pasado. Es la materia que han elegido los estrategas del Gobierno de Ricardo Colombi para salir a barrer las aspiraciones del candidato peronista con el que -como pasó en 2013-, el radicalismo y sus aliados menores saldrán a confirmar la grieta electoral-política y a tratar de sobreponerse al obstáculo de esa polarización.
Para el colombismo y su troupe de “aspirantes”, Camau Espínola es el pasado: el kirchnerismo, los bolsos de López, las obras de De Vido y la billetera de Báez; la prepotencia de Cristina, la indiferencia organizada y sistemática del Estado o, recientemente, la farsa de Milani, el general represor con el que el cristinismo sostuvo su política de Derechos Humanos. El castillo de naipes de ese cuento acaba de implosionar.
Para el peronismo fabián-camausista, en tanto, que por un rato entendió que había que buscar al enemigo afuera, el pasado está corporizado en Macri: en el neoliberalismo, en los ajustes, en las mentiras sistemáticas, en las fallas políticas que abrevan en la fuente de los imberbes (o de los imbéciles) y en los datos que le reflejan sus propias planillas de Exxel: en poco más de un año de Gobierno, Macri y otros 50 funcionarios suyos ya están imputados por hechos de corrupción.

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(¿Está claro? que) no es lo mismo tirar bolsos llenos de dinero a un convento, traer o sacar plata en aviones, o enriquecer a tu familia completa, que perdonarle a tu papá, desde el Estado, unos 70 mil millones de pesos, mientras por otro lado le sacas “20 pesos” a los 7 millones de jubilados por en “error de cálculo”. Que no es lo mismo tener a un represor montando escena como guardia de los desaparecidos, que un aduanero que reivindique a los represores. ¡Qué cosa! ¡Tán distintos, tan iguales!
La retrospección, queda demostrado, es un camino peligroso. Lo es en la Nación y lo es también en Corrientes. Sobre todo porque los que disputan el control del Gobierno en todos sus niveles tienen más pasado que futuro y un presente de quietud y mentira.
Debería tener cuidado el Gobierno de Corrientes cuando habla del pasado, porque sacando cuentas, si el kirchnerismo es pasado, el colombismo ya lleva en el poder más que los Kirchner y sus crías. Y eso sin hablar de aquellas épocas en las que compartían escenarios y hasta afiches electorales.
La oposición peronista, por su parte, tiene en su carga genética parte de lo poco bueno y lo mucho malo que le pasó a este país. Cuando estuvo porque estuvo y cuando no, porque hizo lo posible y lo imposible para volver haciendo zancadillas y repartiendo codazos.
El peronismo, que es alérgico al llano, debería en algún momento hacer su mea culpa. Un paneo basta para ver entre sus filas la condensación de promesas sustentadas en el curriculum de algunos de sus miembros, pero también el prontuario de lo más nefasto de la historia reciente del país, y también de Corrientes: dirigentes extraviados, sin votos y dañinos que han hecho del travestismo político su forma de vida. Y que devienen hoy -porque los han dejado- en generales plenipotenciarios que se aprovechan del desprecio interno en el que transcurre el PJ correntino detrás de la retórica del consenso.

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El panorama no es el mejor. El país se debatirá este año entre dos formas de pasado: entre el que encarna el kirchnerismo-peronismo y el que encarna el macrismo-menemismo-aliancismo. Dos formas de gobierno: el del call center atendido por pasantes o el del látigo de los barones y baronesas. Por el momento al menos no hay posibilidad de síntesis.
El gobierno de Corrientes se desmarca: está aprendiendo a usar su call center, trolls y demás servidores humanos de propagandas varias, pero siempre respondiendo a la matriz de otro tiempo, analógica y ciertamente autoritaria: la de un líder que manda y del resto que se encolumna. Cualquiera que encarne un desafío a ese andamiaje no tiene otro destino más que el de la morgue de los burócratas ambiciosos.
Es difícil, en ese contexto, que unos y otros hablen de las bondades de la democracia que no practican ni entre ellos. El radicalismo primero y el PJ la última semana, dieron muestras de gambeta electoral que atiende a múltiples razones, todas ellas ponderables, pero que socavan el sistema, minimizan la participación ciudadana y terminan reduciendo la política a las lógicas primitivas de mando que se heredó de la revolución francesa: el gobierno de elegidos.
Y después está el discurso que se estructura en esa urdimbre funcional. Un referente de ECO+Cambiemos dijo la semana pasada que Espínola no puede ganar porque ya perdió en 2013. En el mismo acto y en la misma radio, ese mismo senador-candidato ponderaba la candidatura de Tassano, que paradójicamente también ya perdió, en 2009.
En paralelo, un referente del PJ-FPV dijo que si llega al poder pujará para evitar que los funcionarios se enquisten en el poder. Daría por terminado, prometió, con aquellos que no conocen otro trabajo más que cobrar del Estado desde que se fue la dictadura.
Se refería al cargo de gobernador y esa prohibición ya está en la Constitución, pero lo que plantea el muchacho es un régimen al estilo norteamericano: dos períodos y a la casa.
Se trata de un acto de voluntarismo puro si se tiene en cuenta que en el mismo sector que él lidera, para estas mismas elecciones, postularán a candidatos que tratarán de encontrar una hendija judicial para burlar las trabas de continuidad que hoy mismo tienen  la Constitución y las cartas orgánicas. Lo que se dice cinismo puro.
Ni hablar de las promesas. El colombismo hará hincapié en las promesas incumplidas de sus oponentes y, por el contrario, tratará de cortar todas las cintas posibles antes de las elecciones. La autovía de la Capital se inscribe en ese esquema. La obra la anunció CFK con Camau, pero la inaugurará -se cree- Macri con Ricardo.
De otro lado la zona de promesas es grande: viviendas, caminos, energía, trabajo. La Coca Cola que no viene no se sabe si por las condiciones fiscales del país o por las condiciones jurídicas de la provincia. Lo concreto es que no llega.
Así es difícil la cosa. Tan difícil como la tiene el presidente. Según el Macrimetro (una iniciativa civil, colaborativa y apartidaria que tiene por objetivo verificar el cumplimiento de las promesas de campaña del presidente), Mauricio hizo en campaña 265 promesas. Lleva en el cargo 435 días. Cumplió 10, incumplió 4, 27 están en progreso y 224 promesas están pendientes.

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Ojalá una iniciativa como esta se ponga en marcha en Corrientes, entre otras cosas, para evitar que las barbaridades que se dicen tengan un mínimo control que escape a la protección de los medios, muchas veces demasiado cercanos a la lógica del discurso único que con dinero público se convierte en hegemónico.
Alguien debería ponerle un coto a la paparruchada de defender el Iberá hasta el 10 y entregarlo el 11 de diciembre; o la berretada de la emancipación con la que se trata de encubrir la mas absoluta dependencia. Pasó con el kirchnerismo. Pasa hoy con el macrismo. En fin, es peligroso hablar de pasado, más aún del pasado reciente que muestra más continuidades que cambios.

El Gobernador, la Virgen y el Papa peronista

(Domingo 2 de abril de 2016). Cuando se abre la enorme puerta que separa la Secretaría Privada de la oficina principal de la Casa de Gobierno, pasadas las 10 de la mañana de ayer, Ricardo Colombi se encuentra sentado en su escritorio de otro tiempo, transcribiendo a un papelito blanco, diminuto, un mensaje de texto que acaba de recibir en uno de sus celulares de otra Era. Escribe con birome negra, en letra desprolija, más bien pequeña, algo que luego sujeta con un prendedor de metal y guarda. Recién entonces levanta la vista y sentencia:

– ¿Sólo esto tiene para mandar El Litoral? ¿No hay otros periodistas?

Viniendo de quien viene hay que tomarlo como un cumplido. Es famoso rompiendo hielos con cañonazos. Saluda a todos y se dispone a dar una entrevista solicitada hace bastante tiempo y pautada de última hora para hablar, entre otras cosas, de su permanencia en el poder, es decir, de su récord de asistencia en esa casa del señorío gubernamental, que para la estadística histórica reserva un dato inquietante. Destronó a Pedro Ferré en la “resistencia” del ejercicio de mandar, aún teniendo un período menos que el gobernador de Corrientes que simbólicamente le da nombre a la poltrona más importante de la institucionalidad local. (El Sillón de Ferré es hoy de hule y rueditas).

***

Antes de recibir a los periodistas de El Litoral, el gobernador ya tomó mate, atendió a personas en audiencia y acababa de despedir a su ministro de Hacienda, José Enrique Vaz Torres, uno de sus históricos alter ego al que califica de “amigo”.

Zapatillas negras, jean oscuro y camisa blanca con rayas rojas marca Dior arremangada. Colombi despeja su ya despojado escritorio tallado en el mejor de los robles y discute con su asesor de medios, Julio Burna, quién trata de acomodar los diarios que estaban, ya hojeados, en una de las puntas.

– “No, no cambies”, ordena.

En más de una ocasión confesó que siempre lee primero El Litoral. El detalle es que esta vez no estaba sobre la pila. Y lo dejó ver, tal vez como un íntimo desquite por alguna estocada.

De particular (inusual) buen humor, bromeó con uno de los periodistas sobre un tatuaje y habló de literatura con otro, quien le prestó “Misa con el diablo”, una tesis que ensaya explicaciones sobre el caso Ramoncito. No lo había leído.

Respondió todo con la solvencia que da la experiencia, pero tropezando con su credibilidad política que, como muchas otras cosas, deja en manos de otros.

-Si usted dice que se va a su casa el año que viene, ¿por qué la gente y la clase política no le creen?

– Problema de ellos.

¿Por qué siempre la culpa de es de otros? Si se corta la luz, es problema de Transnea. Si…

– Porque es problema de Transnea.

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Colombi está preparado. Tiene un escudo contra las amenazas y una virtud que él plantea como tal: su cercanía con la gente, sobre todo del interior. Alardea de esa fortaleza, una especie de anti-carisma que atrae en igualdad de proporciones a su hosquedad que repele, a veces, hasta a sus socios. Igual, esa cara es para el interior. Los capitalinos, para él, son “especiales”.

Asegura tener proyectado el futuro desde siempre, pero no arriesga certezas para hablar de 2017. Dice que piensa en volver a ser intendente, tal vez de Mercedes; que ya tiene 6 sucesores y hasta uno que no es del partido.

En un ping pong califica de amigo a varios de sus ministros y aliados y mira con particular desdén a dos personas: “Tato” Romero Feris, de quien dice que es el pasado; y “Camau” Espínola, a quien no considera por el pecado de no venir de la política.

Afirma que Cristina Fernández de Kirchner lo apretó para ponerlo de rodillas y que a eso se debe el cambio de postura del Gobierno de Corrientes en relación con el kirchnerismo. Se le nota, igualmente, cierto respeto por Néstor Kirchner.

Refunfuña cuando se lo relaciona con Oscar Aguad y jura y perjura que él no presentó ningún proyecto para estirar la intervención de Corrientes en el ‘99, cosa que de haber ocurrido, hubiera desnutrido su currículum de gloria.

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Colombi no está dispuesto a departir con periodistas de esos temas y mucho menos a ser puesto en duda. Reniega de los “débiles de mente” porque tal vez, al menos en dos ocasiones, cayó preso de esos fantasmas. Por eso sale del paso con contundencia:

– En 2017 vamos a ganar.

No dice cómo ni por qué y hasta desliza que la gente puede estar queriendo un cambio…

– ¿Usted lo cree o lo midió con encuestas?

– Yo no dije que la gente quiera un cambio. Dije que producto de ese deseo de cambio la provincia lleva adelante una estabilidad que no se daba desde hace más de 170 años. “Nadie es dueño de los votos”, dice para cerrar la discusión.

***

San Martín lo mira desde arriba, desde el imponente cuadro que preside la oficina principal de la Casa Rosada de Corrientes. Más abajo un cristo hecho en madero. A su costado izquierdo, la Virgen de Itatí y una miniatura de la Cruz del Milagro. En las paredes laterales, cuadros de las plazas principales de varias localidades del interior donde Colombi siente placer por estar.

En la mesa de reuniones, ubicada en la misma sala, réplicas del avión y el helicóptero que engrosan el inventario estatal. Enfrente, el living en el que recibe a sus invitados especiales.

Allí es donde Colombi pasó, hasta el momento, 10 años y casi 4 meses. Y donde se lo encontrará por el próximo año y medio. Es mucho y lo sabe, aunque desdramatiza. No quiere tener que ver con la barbaridad de seguir estando y mucho menos -insiste- con aquello de amañar las normas para lograrlo.

Cuenta que tiene colgado, en su casa se supone, un cuadro con la infografía que lo consagra como el más extenso de todos los gobernadores de Corrientes, pero hace que gambetea el bronce. Se siente incómodo al ser comparado con Ferré y más bien intenta hacerse el humilde.

– Soy uno más de los correntinos. Ni más ni menos.

***

Dicen que las personas con poder en general hacen eso: tratan de invisibilizarse. Colombi no puede por su investidura, entonces trata de comportarse como lo que manifiesta ser.

– El otro día fui a la Junín a comprar un zapato de fútbol y la gente no lo podía creer.

Hace referencia a las caravanas de seguridad de otras épocas, como las que custodiaron a Barack Obama en su visita a la Argentina. Eso, grafica Colombi, hasta no hace mucho lo hacían los gobernadores correntinos. Caravanas, policía secreta, perímetros de seguridad, etc.

El compra su propia comida y está a gusto con eso y a salvo de las tapas de los medios porque sigue desconfiando de las nuevas tecnologías y más aún, de las redes sociales. No aprueba lo de Macri y las selfis. La verdad es que aunque quisiera no podría con los teléfonos que usa (aunque tiene sin dudas quién le hace llegar los mensajes).

***

Allí estaba Colombi. Hijo de un desarrollista y de una liberal de los que heredó su amor por el deporte y por las instituciones civiles. De esa mixtura su síntesis: un caudillo provinciano con ascendencia en el partido radical, conservador en muchos aspectos de la vida, como la cultura, la religión y la familia. De hecho, siente la daga cuando se le pregunta por su primo Arturo. No habla. Suelta.

– No me traicionó.

– Ya pasó.

– No soy rencoroso.

– ¿Le dolió toda esa situación? (Baja la cabeza. Mira el piso.)

– Claro que me dolió.

Ya repuesto, culpa entre otras cosas a los medios. Ustedes (se supone que lo dijo en general) tuvieron mucho que ver en eso.

Niega haber perdido contra Vicente Picó, habla de ciertas traiciones y afirma que ganaba igual si su oponente de la segunda vuelta, en 2009, hubiese sido Fabián Ríos.

Parece que ahora lo respeta. Parece que quiere mantener la relación con el intendente de Capital pese a que le mortifica lo que pasó el jueves en el Senado: haber perdido el control de una comisión clave en manos del peronismo que por esta vez, según se entiende, fue conducido por “Tato” Romero Feris.

Se enoja por lo ocurrido, pero también por no haber obtenido resultados en la delegación del conflicto en sus delfines. Se alegra, de todos modos, por tener ahora en sus manos el manejo de ese asunto: nada menos que la relación con el PJ, los acuerdos políticos e institucionales con la ristra de intendentes justicialistas.

***

Ya en la despedida, se presta a ser filmado.

Aceptó una propuesta de El Litoral para responder preguntas que los lectores hicieron, a través de las plataformas digitales del diario. Se trata de una innovación. De un éxito de convocatoria para los pocos minutos que la propuesta estuvo online por la urgencia con la que hubo que planear la entrevista.

De todas las cuestiones, el gobernador respondió una media docena. También accedió a un ping-pong y después de casi una hora y media, dio por terminado el encuentro.

Una caja de madera, ubicada como al descuido en el piso, debajo de uno de los ventanales que da al patio de la Casa de Gobierno, clamaba ser tenida en cuenta.

– ¿Qué es eso?

– Abrí y fijate, pero tené cuidado que no te salte…

Al destrabar la caja, dejó ver en su interior una hermosa figura tallada en madera de la Virgen de Itatí.

– Era para el Papa, pero no sé ahora. Se volvió muy peronista.

http://www.ellitoral.com.ar/407146/El-Gobernador-la-Virgen-y-el-Papa-peronista

Colombi: “El sectarismo ya no va; nuestro esquema de alianzas es un ejemplo para la Nación”

ENTREVISTA A FONDO CON RICARDO COLOMBI, EL PRIMER GOBERNADOR REELECTO DE CORRIENTES. Con Sebastián Bravo y preproducción de Moira Insaurralde, Hernán Molina, Agustin Gómez

Pautada con anterioridad, esta entrevista costó concretarse. Es parte de una serie en la que El Litoral tiene pensado abrir sus páginas a todos los protagonistas de las elecciones de este año.

En ese marco, el primer gobernador reelecto de la historia de Corrientes, Horacio Ricardo Colombi, fue quien en persona puso fecha y hora para el encuentro. Fue el jueves por la noche, en el intervalo del espectáculo que brindó en el Anfiteatro Cocomarola el tenor internacional José Carreras. “Mañana a las 9.30”, pautó.

La charla, que es la primera con un diario local luego de la victoria del domingo 15, con la que alcanzó su tercer mandato al frente del Gobierno de Corrientes, arrancó el viernes, poco después de esa hora, en la oficina principal de Casa de Gobierno.

Apenas si un saludo, diarios sobre el despojado escritorio en el que conviven una lista telefónica de las dependencias oficiales e intendencias, una lámpara, algunos papeles, una cruz, una imagen de la Virgen y una estampita de San Expedito. No hay rastros de tecnología digital en ese espacio que preside, desde lo alto, un cuadro de San Martín.
“Veo que está estudiando”, balbucea el entrevistador para romper el témpano del encuentro. “Siempre empiezo por El Litoral, ya te dije una vez”, responde el mandatario.

El Gobernador escanea los diarios, amonesta a un ministro, controla una gestión sanitaria en favor de un periodista (que se empeña en hacer saber) y luego de varios minutos se saca los lentes, deja a un costado los tres celulares que no dejan de sonar, se acomoda en la poltrona (la simbólica, la de Ferré), se sirve un mate y pide dejar las fotografías para después.
“Me quiero concentrar en las preguntas”, aclara. Sorbe el amargo en bombilla de alpaca con sus iniciales grabadas y ordena: “Bueno, empecemos”.

¿Por qué ganó la elección del 15?
Existen varios factores, desde la confianza que la sociedad ha depositado en nosotros, pasando por la experiencia de la gestión pública. Forma y modo de gobernar, de defender los intereses de la Provincia, de poner siempre en valor la idiosincrasia del hombre y de la mujer de Corrientes.
Tiene que ver con una comunidad, que más allá de las necesidades que tiene, aspira a vivir en paz, libertad, con respeto, dándole valor al trabajo, a la historia, a su forma de ser.

¿Por qué cree que perdió Camau Espínola?
Cuando se pierde una elección, uno debe analizar por qué perdió. A nosotros no nos corresponde hacer eso en este caso.

La diferencia fue mínima. ¿Qué análisis hace al respecto?
Sabíamos que iba a ser una elección complicada. En la última semana fue infernal el aparato del Estado nacional y eso hizo que (Espínola) recupere algunos puntos. Toda la logística que tuvieron: hornos eléctricos, heladeras, chapas de zinc. La presencia del Gobierno nacional, 16 gobernadores. No fue fácil enfrentar a toda esa estructura política y económica. Pero eso creo que los perjudicó, porque el correntino no quiere gente extraña en Corrientes. Quiere defender el destino de la provincia por su propio pensamiento.

¿Por qué perdieron en Capital?
Hicimos una muy buena elección. Imagínese, con todas las obras que se hicieron en Capital, perder por un punto, prácticamente es un empate técnico. La elección se dio vuelta en las zonas periféricas donde se montó toda esta estructura de la que estoy hablando.
Sin embargo la campaña de ECO estuvo centrada en los barrios…
Se votó muy bien, pero hubo varios circuitos en los que el resultado no fue favorable. Pero se votó parejo en la mayoría de las zonas de la ciudad.

¿Hubo algunos socios que cortaron boleta? ¿Se pudo haber ganado Capital?
Pudimos haber ganado en muchas ciudades, pero al no tener la boleta completa se desperdiciaron votos. Y dentro el cuarto oscuro, el ciudadano vota. Haciendo un análisis frío se puede pensar en el corte. Lo que sí, algunos partidos políticos no tuvieron el resultado electoral que tuvieron en otras elecciones.

¿Por qué perdieron en distritos clave como Goya o su ciudad, Mercedes?
Hay factores que conllevan a ese resultado negativo. Lo importante es que se analice en cada una de las ciudades y se proyecte una nueva estrategia. De hecho, nosotros ya estamos trabajando para recuperar Goya y Mercedes.

¿Usted ganó por la alianza que armó o ese mismo esquema impidió que la diferencia sea mayor?
Con los números en la mesa se pueden hacer muchas suposiciones. Lo importante es el convencimiento y las formas de llevar a cabo las alianzas. En el 2001 nosotros hicimos esto. Reeditamos en 2005 y creo que no nos hemos equivocado más allá de algunos matices, algunas desavenencias. Pero ese armado fue exitoso. En 2009 lo pudimos hacer y en 2013 otra vez.
Lo importante es que la sociedad cree en la unión de estos distintos sectores sociales y políticos. Es posible en una provincia como la que hoy tenemos. El sectarismo no va más. Creo que esto puede ser un buen ejemplo para la Nación. El modelo de Corrientes puede ser copiado por otras provincias e incluso en la Nación.

Pero el kirchnerismo habla de fracaso…
Hoy el kirchnerismo cuestiona los 12 años de gobierno, pero se olvidan que como Partido Justicialista fueron socios nuestros en 2001-2005, 2005-2009. Los vicegobernadores, las candidaturas nacionales, ¿de dónde salieron? Que no traten de tapar el sol con las manos. Ellos fueron socios nuestros. Entonces no pueden hablar de 12 años de fracaso.

Usted también fue socio del kirchnerismo, en todo caso.
Del justicialismo. Sí, fuimos socios, no hay problema, pero lo hicimos pensando en 2001, mucho antes que el 2003. Lo armamos en 2001 y ya lo pensamos en 1997. Y en muchas ciudades en el ‘83 y en otras en el ‘89, como en Mercedes. No renegamos del marco de alianzas. En muchas ciudades, la gente tiene confianza en una fórmula mixta: uno radical y otro justicialista o viceversa.
Y gracias a Dios, en Corrientes hace mucho tiempo que no hay crisis institucional, sobre todo en los gobiernos locales. Y creo que a nivel provincial hemos roto ese mecanismo de intervención cada 8 años. Logramos algunas cosas.

¿La gente cree en ese mecanismo según su experiencia o es un tema medido en encuestas?
Las dos cosas, por percepción y por la opinión de la gente.

¿Qué opinión tiene de lo que pasa en el PL, cuya vertiente cassanista es ahora su socio mayoritario?
Cuando la Justicia se entromete en la política, sabemos cómo comienza pero no cómo termina. Es un grave error judicializar la política. A nosotros nos pasó. Lo del PL es lamentable, pero bueno, se judicializó.

Pero a usted siempre le fue bien con eso, con los pedazos de los partidos que tenían los votos. Siempre trabajó con esquemas de partidos quebrados.
Bueno pero la responsabilidad es de los partidos. Nosotros también sufrimos esa crisis en 2009. Pero lo más importante es que lo superior, que es la Provincia, no sufrió crisis.

¿No es una contradicción permanente su alianza con el pasado, con sectores que incluso combatieron en el ‘99?
Vos perdés de vista la conformación de la alianza que es por poder territorial, que son los intendentes. Que se materializa a través de los partidos políticos, es cierto. Aunque nosotros priorizamos la pertenencia territorial, que son los intendentes, eso nos fortalece. Por eso de esta alianza participaron 60 intendentes, eso es lo que tenés que ver, no los nombres. (Se refería a los nombres de “Tato” Romero Feris, Pedro Braillard Poccard, Gustavo Canteros, todo junto en una misma boleta)

¿Cómo se plantea ahora el armado del nuevo Gobierno? ¿Considera que los socios ya están pagados o los incluirá en el gabinete?
No creo que “pagado” sea el término correcto, esto no es una moneda de cambio. Me conocen y saben cuál es el comportamiento que debe tener una gestión de gobierno: con aciertos y errores, una matriz que nos ha permitido tener una provincia creíble, fuerte, sana, equilibrada, con inversiones. No vamos a salirnos de esa matriz porque el Gobierno no es un botín de guerra.

RELACION CON LA OPOSICION
Tras las elecciones, el PJ le está buscando a Camau un rol de gestor. ¿No ve en ello una pretensión de administración paralela?
El 15 de septiembre habló la gente, así que a nosotros no nos preocupa eso. Además falta la elección del 27 de octubre y la de 2015. Esto no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.

En ese marco, ¿cree que el resultado de las Paso influyó el 15?
No, porque eran elecciones diferentes. Si influyó, lo hizo negativamente.

¿Influyó el antikirchnerismo de cierto sector del electorado?
No hay que hablar de anti. Ese es un error de ustedes (los periodistas). Acá no somos anti. Eso no existe. Por el hecho de pensar diferente uno no es anti. Creo que en eso hemos evolucionado bastante los argentinos. Las Paso fueron un muestreo. Dicen que se puede ratificar ahora, no sé.

¿Y lo del 15 tampoco va a influir el 27 de octubre en Corrientes?
Lo único que te puedo decir es que la imagen de la Presidenta, que estaba en un 70 por ciento acá en Corrientes, ahora no supera el 40%. Ahora, no sé cómo será el comportamiento de la gente. Nosotros vamos a tratar de hacer una buena elección y meter la mayor cantidad de diputados nacionales posible

¿Analizan un esquema del 66%? (De lograrlo ingresarían los 3 candidatos de ECO)
No. Hay que ser consciente.

¿No está medido?
No.

RELACIÓN CON LAS COMUNAS
¿Cómo será la relación con los municipios?
Vamos a tener la misma relación.

¿Con los de PJ también?
La misma.

¿Con Fabián Ríos?
La misma tiene que ser. Nosotros no tenemos problemas.

El tampoco, según dijo la semana pasada en El Litoral, siempre que haya respeto…
Nosotros siempre nos manejamos así. El único que no quiso relacionarse con nosotros fue el Intendente de la Capital (actual). No porque nosotros no quisimos. Pregúntele a los intendentes del PJ cómo trabajamos.

¿La cosa puede cambiar ahora?
No depende de nosotros sino de quien gobierne el municipio.

¿Qué opina del proyecto de Santa Catalina?
Dijeron que era una propuesta electoral.

Cosa que fue desmentida en una entrevista en este diario…
Y bueno. Esperemos que se concrete. Bienvenido sea. Yo tengo mis dudas, pero bueno. Faltan muchas cuestiones técnicas. Creo que muchas cosas fueron sólo anuncios electorales.

¿Y de la autovía y el segundo puente, qué opina?
Y bueno. No sé con quién va a hacer el segundo puente. ¿Van a llamar a Fabián Ríos? Esas cosas caen mal entre los correntinos, eso de menoscabar a sus autoridades.

¿Seguirá reclamando por el segundo puente?
Nosotros vamos a seguir reclamando. Fíjese: ahora leo unas declaraciones de (Carlos) Rubín, ese sátrapa (sic), habla del gas. El gas es una realidad en Paso de los Libres y en Curuzú Cuatiá. En su pueblo, él negó el crédito. Dice que la Nación va a hacer el gasoducto. La Nación no tiene un mango. Le miente a la gente. El gas va a ser una realidad en Libres porque ya está. En breve se va a licitar el gas para Curuzú, la ciudad de estos diputados (alude a la esposa del diputado Rubín, Alicia Locatelli) que se negaron al crédito.

Ahora, pensando en una nueva relación desde 2014, ¿piensa en infraestructura también para Capital?
Por supuesto, lo primero es la energía. Las obras energéticas están en marcha, y eso pese a que la Nación todavía no nos autoriza a conectar al sistema integrado la estación de Colonia Brugne. Espero que ahora revierta esa postura. En energía invertimos más de 500 millones de pesos. La de Brugne ya está lista. La de Capital se encuentra en condiciones de ser habilitada a fin de año.

¿No hay diálogo con la Nación?
Espero que a partir de los resultados se modifique esa situación.

¿Lo llamó alguien?
No, nadie.

¿Los cuadros intermedios tampoco hablan?
Entre los ministros hablan.

Usted ¿hace cuánto que no habla con la Presidenta?
Tres años y medio.

Usted habla de recomponer relaciones. ¿Cómo hacer con Jorge Capitanich, gobernador del Chaco, que fue blanco de sus dardos durante la campaña?
Es que jugaron muy mal. Inclusive el día de las elecciones. Lo que hicieron a través del canal de televisión desde las 4 de la tarde bombardeando la elección a favor del candidato kirchnerista fue terrible. La vida es una rueda que gira y en ese constante girar hay momentos buenos y malos. Nunca tenemos que perder la fe y debemos saber que hay un ser superior que nos guía, que tiene presencia.
Yo recién te comenté, (“y poné esto”, exige) el caso de un periodista. La vida es una rueda que gira. No hay que ser rencoroso, no hay que vivir del odio, del pasado. Somos seres humanos. Tenemos errores y aciertos. Si yo hubiese sido rencoroso con todo lo que me pasó en la vida, con todo lo que me hicieron y me siguen haciendo, no hubiese podido gobernar esta provincia.

Capitanich es muy creyente, así que no habría problemas…
Hay muchos que van a misa y toman la ostia todos los días y se golpean el pecho, pero no son personas de bien.

LAS METAS DE LA NUEVA GESTIÓN
¿Cuál es el panorama económico para 2014, año en que ya empiezan a operar vencimientos de deuda?
Estaríamos en unos 700 millones de pesos menos en 2014, justamente por los vencimientos, así que vamos a ver si la recaudación cubre ese número.

En ese marco, ¿qué es lo más urgente de resolver?
La crisis de crecimiento, viviendas y energía. Corrientes es una de las provincias que atrajo mayores inversiones. Hace pocos días hemos logrado que esté la Coca Cola. En el interior las empresas que se radican son importantes. Siempre hay cosas por hacer, pero todo esto tiene que servir para mejorar los vínculos y roles sociales, la familia.
En el caso de la energía y la vivienda, son las deudas estructurales de su gestión.
Pero el déficit de estos temas es del país, no solo de Corrientes. La Nación tiene un déficit energético y nosotros somos parte de la Nación. Y la Nación dejó de construir viviendas populares. Nosotros no tenemos recursos para hacer viviendas.
Cuando la Nación se queda con el 78 por ciento de los recursos y las provincias con el 22%, no hay federalismo posible. No podemos hacer absolutamente nada.

¿Y qué pasa con los índices de pobreza, sanidad, de educación?
Es que si no se revierte esta relación Nación-Provincia no vamos modificar esto. Nos alarma y nos preocupan los índices, que generalmente son de Capital, porque los números no reflejan lo que pasa en el interior, ya que no miden el interior. En el conurbano bonaerense la situación es la misma, pero lógicamente Buenos Aires es Buenos Aires.
Acá un tubo de gas de 45 kilos sale 380 pesos. Para consumir 380 pesos de gas en Buenos Aires tenés que dejar la hornalla o el calefón prendido todo el año. El boleto de colectivo, ahora va a subir acá en Capital, a 3 o a tres pesos y pico, en Buenos Aires cuesta un peso. Estas son las cosas que ustedes (de nuevo los periodistas) tienen que discutir.

¿Hace alguna autocrítica puntual?
Siempre hay cosas que mejorar en todas las áreas y yo quiero mejorarlas, quiero un Estado más dinámico. Pero hace 5 años, por ejemplo, se espera un Código Procesal Penal que no sale de la Legislatura. A veces todo no es culpa del Gobierno. La Ley de Educación, la necesitamos, pero es una ley…

¿Cuál cree que será el punto alto de su nueva gestión?
La Coca Cola va estar instalada antes de 2017.

¿Hay otras obras?
Existen otras empresas que se están radicando, pero en el interior. Tienen que salir e informarse. Ustedes creen que la provincia es la Capital.

Muchos de nosotros venimos del interior y lo conocemos.
Pero tienen que salir de acá.

Usted cree que le habla a Espínola, Gobernador…
Bueno esperá, el molino arrocero más importante de Sudamérica está en Mercedes. En Goya se instaló una fábrica de hebras de tabaco. Hay un montón de pequeñas fábricas que se están instalando.

¿Y entonces?
Lo que nosotros necesitamos es mayor compromiso del sector privado. Que el empresario correntino invierta más en Corrientes. El Estado tiene un límite. ¿Por qué el deporte local tiene renombre nacional? Porque el Estado puede apoyar, pero si no puede, no hay Regatas, no hay Boca Unidos, no hay Curupay, no hay nada, porque el sector privado es reacio. Hay que romper el chanchito.

La cultura…
Fíjese el espectáculo que vimos anoche (se refiere a la presentación de José Carreras en el popular escenario del Anfiteatro Cocomarola). Poco y nada del aporte privado. Actuó porque el Estado lo permite, pero la vaca lechera tiene leche hasta cierto punto. Todos tratan de tomar de la misma teta y no se puede. Los medios de prensa quieren más plata y no se puede. No hay. El sector privado debe entender que Corrientes es una provincia para invertir. ¿Cómo no vamos a tener un frigorífico? Vamos a tener una fábrica de jugo, pero después de cuántos años. Todavía no podemos generar energía a través de biomasa, de los desechos de la madera. Está el tema del banco…

Justamente, ¿cómo se desarrollará la política salarial en el futuro?
Las paritarias que reclaman los trabajadores están, solo que después la desconocen. Y la masa salarial tiene que ver con los recursos que tenga la Provincia. A más recursos, más posibilidad de aumento. El empleado entiende que las medidas que nosotros adoptamos son previsibles. Esto es lo que hoy podemos. Si podemos, avanzamos, pero no sabemos qué va a pasar en marzo del año que viene. Sí que la inflación va carcomiendo todo.
Se enojan si queremos subir los impuestos, pero bueno, no tenemos la maquinita de imprimir dinero, ni tomamos crédito. Somos la única provincia que no se endeudó. Si se compensa lo que la Nación nos debe y nosotros debemos, tendríamos un superávit de 200 millones de pesos. Histórico.

A propósito de la historia, sabe que la está escribiendo. ¡Será tres veces gobernador!
Pero es porque la gente ha confiado. No somos ningunos genios. Sabemos nuestras limitaciones, falencias, fortalezas y debilidades. El ser común nos da la garantía de poder transitar con total libertad las calles, las rutas. Ser uno más del millón de correntinos. Poder transitar sin custodia. Yo soy un gobernante igual a ellos, de carne y hueso.

¿Cómo cree que será este tercer mandato? ¿Piensa en el bronce?
El bronce es para cuando uno se muere, para que pongan: “Era una buena persona”…

O no.
O no. Exactamente. Para que diga: “Era un hijo de p”. Pero eso cuando te morís.

¿Por qué ganó Ricardo Colombi?

(Lunes 16 de septiembre de 2013). Sólo si los datos de estas horas se confirman luego del escrutinio definitivo, se habrán confirmado también las tendencias previas. Y como las encuestas se convirtieron en votos ayer, puede decirse hoy que los ciudadanos de Corrientes se expidieron y decidieron la continuidad de Ricardo Colombi al frente del Gobierno de Corrientes. Ese dato constituye un hecho histórico, pues el mandatario mercedeño se convirtió en el primero en acceder por el voto popular a un segundo mandato consecutivo y uno de los pocos elegidos en sumar un tercer mandato desde que Corrientes se organizó institucionalmente.

Esta victoria obedece a un sinfín de razones, que trataremos de exponer en esta nota.

Horacio Ricardo Colombi, a sus 56 años, logró su reelección porque fue un buen gobernador que devino en buen candidato, casi por traslación.

Ganó porque la gente lo vio así: capaz de ser gobernador una vez más y pese a todas las deudas que los opositores pudieran endilgarle después de tantos años, suyos y de su primo, en el poder.

Ganó porque los ciudadanos vieron su fortaleza aún en condiciones de soledad política a nivel nacional. De hecho, esa fortaleza trocó en valentía para disputar contra el poder central, contra el sometimiento al que el kirchnerismo le tributa por sus triunfos políticos. Y esto pese a la sociedad que supo sostener con Néstor Kirchner y que forma parte de su pasado reciente.

Ganó porque pagó los sueldos en tiempo y forma y porque supo administrar los recursos del Estado pensando tal vez en la provincia, pero también en su propio pellejo. Dosificó tales recursos y llegó hasta este final en busca de su reelección con el apoyo del empleado, al que lo sostuvo con aumentos salariales progresivos y al que ahora lo benefició con la estabilidad.

También ganó por el temor. Por la posibilidad de que caigan todos los beneficios con el Gobierno. Empleados de las empresas proveedoras hicieron suyo el miedo de los dueños de perder el contrato actual. Y el trabajo es sagrado y multiplica, en este caso, los votos.

Colombi ganó porque, como un jugador de ajedrez, manejó siempre las piezas y los tiempos.

No hizo grandes obras, es cierto. Más bien hizo las suficientes para llegar con oxígeno a esta campaña. Reguló también los cortes de cintas y siempre estuvo en la consideración pública. De hecho siguió su propio axioma: “Cuando es época de elecciones, obras para arriba. Cuando no lo es, obras para abajo”. Así se expresó en una vieja entrevista con El Litoral.

Ganó también porque hizo buenas alianzas electorales, pese a que echó mano a lo peor del pragmatismo utilitario. Mostró un estómago de hierro y retomó las conversaciones con su primo Arturo, al que lo seguían algunos radicales; lo trajo consigo a Tato Romero Feris y usó la buena imagen de su esposa, Nora Nazar, para cosechar en las viñas del nuevismo; y puso en su lista por un lado a Pedro Braillard y por otro a Gustavo Canteros, agua y aceite en la gesta del 99 que además de ser histórica, atraviesa de contradicciones a la coalición entera. No importó.

Ricardo Colombi jugó con el enemigo externo, el kirchnerismo, y borró del horizonte local esas contradicciones del pasado. Jugó y ganó una batalla conceptual y cultural. Se dedicó a hablar de los valores del correntino, de sus luchas y llegó adonde quería: al corazón y al voto resultante.

Ganó porque supo elegir buenos candidatos para que lo secunden. Blindó las listas legislativas y obligó a los socios a sacrificarse por la causa. Miró estratégicamente y privilegió, como siempre, el contacto con la gente. Habló con ella de igual a igual, en su idioma y en su territorio.

Ganó porque supo usar los espacios y los medios. Porque supo comunicar su mensaje y su gestión, aún con los déficit que son muchos y estructurales, como los de vivienda y energía.

Ganó ayudado por el sistema electoral, por la sábana de papel, por la bolsita compradora, por el boleteo estratégico, por un acarreo eficaz y una fiscalización necesaria, aparatosa y costosa, restrictiva, pero útil.

Ganó porque estuvo bien asesorado, porque no se la creyó nunca y porque se granjeó el respeto de todos, aun de sus adversarios, por su enorme capacidad de trabajo que no empezó en agosto de 2013 con la campaña, sino en diciembre de 2005, cuando después de dejar a Arturo en el sillón de Ferré, se sintió echado del palacio. Entonces empezó su campaña. Volvió en 2009, por la puerta grande y cumpliendo una venganza intima. No se movió un ápice de ese norte y, habilitado por la ley, aspiró a la reelección que le fue arrebatada en su momento por las mezquindades de la política.

Perseveró y ahora acaricia las nuevas páginas blancas que le reserva la historia.

 

Por qué perdió Camau

En cambio, Camau Espínola perdió porque se apresuró. Se cegó en ser gobernador y apenas le alcanzaba para ser un buen intendente.

Perdió porque no pudo convencer a la gente de que su gestión era producto de un trabajo en equipo y no el resultado de cualquier administrador de billetera gorda.

Porque hizo pésimas alianzas electorales y porque como resultado armó listas indignas de un frente que pelea por el poder para ganarlo y sostenerlo.

Pagó caro, como cuentan de Esaú en el libro de Génesis, su hambruna de poder. La gobernación por lentejas. Así fue. Tarde es para arrepentirse.

Perdió porque así le fue con la batalla conceptual y cultural. Porque contrató profesionales para Hollywood, no para Corrientes. Porque hizo spot para los Oscar, no para que lo entiendan en el Iberá. Porque no supo llegar al correntino. De hecho ni al capitalino, para el que trabajó cuatro largos años.

Perdió porque arrastró la bronca antikirchnerista de una clase media y alta insultada en su ideología.

Porque no supo defenderse. Colombi atacó e hizo del ataque una forma de campaña. Acusó de cualquier cosa al kirchnerismo y al propio Espínola y este no logró desinstalar los agravios ni los rumores plantados por sus adversarios. Todavía resuenan, de hecho, aquellas suposiciones como la instalación de gente de villas porteñas en terrenos locales; aquello del supuesto estado de corrupción generalizado en la Comuna; un esquema de nepotismo exacerbado, según dicen; eso de que él es ella; o aquello de que Corrientes es y sería con más fuerza una escribanía de la Nación.

Perdió porque no pudo desactivar estas bombas de efecto ni demostrar que entiende la idiosincrasia del correntino. Porque estuvo mal asesorado.

Porque ocupó mal los espacios y los medios. Porque no supo comunicar su gestión, rica en obras como pocas. Porque no supo administrar  las acciones y los actos para crear las sensaciones de acompañamiento necesarias en una campaña.

Porque es suficiente con que Buenos Aires sea la capital como para que también sea centro de operaciones de una municipalidad a mil kilómetros de distancia.

Perdió porque la arrogancia porteña genera rechazo, y bronca la soberbia local de los que creen que han ganado todo y, las urnas lo demuestran, no han ganado nada.

Perdió porque no se gobierna por los medios ni para los medios sino para la gente. Una charla con un vecino es siempre más que una llamadita de tapa. Alguna vez lo entenderán.

Perdió porque la plata de la campaña hay que saber gastarla y aquí se gastó mal. Perdió porque se han cometido una serie larga de errores, de improvisaciones varias y porque jamás se pudo contener la interna que se desató al armar las alianzas, se agravó con los nombres de las listas y terminó de explotar con la derrota de las Paso.

Camau no perdió por kirchnerista, cosa que de hecho está en duda. Perdió por incauto y arrogante. Ojalá aprenda y pueda volver.

Los cínicos

Declaró Ryszard Kapuscinski en un libro así titulado, que “los cínicos no sirven para este oficio”. Se refería a los periodistas, él que es de los más destacados en el mundo de la prensa.
En contrario, podría decirse que el cinismo es sustento de la política actual por propia definición: desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.
Queda claro que cínicos hay en todas partes, y es justamente eso lo que asegura la germinación de tal semilla en los almácigos correntinos.
Lo sucedido en los últimos días es una sucesión casi perfecta de hechos que podrían analizarse bajo estos términos, a saber:

El procesamiento

La jueza Graciela Ferreyra, apegada a una interpretación de la ley se olvidó del contexto y la oportunidad y salió a encarcelar a uno y procesar a otros dos funcionarios municipales, entre ellos al intendente Carlos Espínola, por la causa que se sigue para conocer la responsabilidad civil e institucional por el derrumbe de una obra en construcción ocurrido el 22 de marzo de 2012, y en el que murieron 8 personas y otras 3 resultaron heridas.
Procesó a 10 personas, la mayoría empresarios y trabajadores calificados, pero una de ellas es nada menos que el intendente y candidato a gobernador por el kirchnerismo, lo que entraña una remota posibilidad de proscripción que fue suficiente para desencadenar un rosario de penas y reactualizar un viejo culebrón local: la utilización de los juzgados para resolver asuntos de los partidos o, más allá, de las urnas. La embopa, por supuesto, quedó por Colombi.
La respuesta no tardó en llegar. En fila, legisladores del PJK salieron a recordarle al gobernador que también tiene asuntos pendientes con la Justicia: un muerto (Hernán González Moreno, quien apareció con un disparo en la cabeza en un campo de Goya a días de la segunda vuelta electoral de 2009) y la denuncia del muerto, que hace pie en una supuesta evasión fiscal por más de medio millón de pesos por la mansión que recibió el primer mandatario como un gesto dadivoso por parte de un amigo insolvente: Hernán Laslo.

La foto

En el medio estuvo el 25 de Mayo, fecha patria que sirve para izar la bandera, ir a misa y tomar chocolate. También para que gobernador e intendente se encuentren en la plaza y puedan charlar, reírse un poco y sacarse algunas fotos.
No es un dato menor porque en este caso gobernador e intendente lo que menos quieren es verse. Tal como ya ocurrió con este mismo Colombi y Nora Nazar; y con el otro Colombi y Carlos Vignolo. Soportan el protocolo como pueden, sonríen y ya está. Un rato después, a la hora de digerir el locro, o los pastelitos, ambas partes ya están pensando de nuevo en la lucha. Lo que se dice hipocresía.
Eso sí, con cara de usted tiene razón asienten cuando el obispo Stanovnik dice que hay que construir ciudadanía desde la solución, no desde los problemas. “La democracia no se construye agudizando conflictos, sino concretando ideales de una verdadera amistad social”, dijo el prelado en el tedéum. En primera fila estaban ambos: Lalaca y Camau. No se sabe si lo oyeron. Desvergüenza hipoacúsica.

La Justicia

Pero volviendo a la piedra del conflicto: ¿Está bien lo que hizo la jueza Ferreyra? La prensa tiene poco tiempo y menos elementos para determinarlo. La academia consultada, no obstante, da algunos indicios. Se escuda de opinar porque, dicen, es un caso altamente politizado.
De todos modos, el presidente del Superior Tribunal de Justicia, Carlos Rubín, alumbró en el asunto: “El fallo está perfecto”, dijo.
¿Le queda otra a la Justicia? Siempre fueron tenidos por corporativos y tal vez ello limite su campo de acción. La opinión de unos sobre otros, la crítica constructiva sobre el trabajo de los propios jueces, en circunscripciones como la correntina, es más bien escasa, lo cual reproduce un modo que es insano en sí mismo, pero muy políticamente correcto.
Aún así, no hay corporativismo que los salve, a la luz pública, de sus propias acciones. La Justicia viene siendo juez y parte en la mayoría las discusiones institucionales y proselitistas de los últimos años. Y no es una opinión; el dato surge casi estadísticamente. Si no está de oficio, alguien la invita, pero al final participa. Su relación con la política, por tanto, es indudable, pero también inherente a su condición, desde su génesis, porque es así como lo prevé el sistema.
Un candidato a juez pasa por las aulas pero también por la observación determinante de los legisladores, luego de que el dueño temporal del Poder Ejecutivo se haya decidido por uno de entre una terna. ¿Qué más político que eso? Hay incluso quienes aún teniendo problemas con las aulas escalan posiciones porque gozan del beneficio de la influencia. Llegan al cargo que aspiran y después pagan en cuotas la manito recibida.
Situaciones como esta, por todos conocida, impone preguntar, por tanto, si procesar a Camau Espínola es una circunstancia de la causa judicial o un fin político en sí mismo. Si pedir la declaración jurada patrimonial de Ricardo Colombi es una necesidad para el conocimiento público o una venganza política.
En todo caso, hay que investigar a Camau como jefe de la Comuna, pero también la indiferencia de los funcionarios del Gobierno, por caso en la órbita de Trabajo. Las cuentas de Ricardo y compañía, pero también el patrimonio de Camau y los suyos. Y de los legisladores y hasta de los empresarios que aquí como en todas partes constituyen el poder real, que engorda casi siempre bajo el calor del Estado.
De lo contrario, es como ir a la guerra por la paz. Es decir que Colombi mandó a procesar a Espínola en la Provincia porque los jueces de la Nación quieren indagarlo. Por esa misma acción, el kirchnerismo vernáculo, en línea directa con la Justicia Federal, hace las veces de fiscal y sale a evaluar el bolsillo del primero. Una versión jurídica del “Mirar para cuidar”, recientemente lanzado.
La idea sería proscribir todo, incluso la madurez política y la convivencia democrática que hace rato están en el banco de los suplentes.

Debate trunco

Mientras esto ocurre, lo que es peor, la provincia se debate en el vacío. Que “arriba” tal cosa; que los “sueños” tal otra. Que hay que cambiar para que nada cambie, o que hay que seguir para que todo empeore.
Más allá del juego de palabras, hoy no se discute política; más bien se riñe descalificando al otro. No se dice, en términos concretos, porqué debería seguir Colombi o, en todo caso, porqué debería llegar Camau.
Tal como va la cosa, la contienda parece reducirse a seguir siendo autónomos y excluidos o a ser parte y sometidos. O para decirlo mejor: defender el federalismo o sumarse al proyecto.
La historia de Corrientes tiene mucho para contar en este sentido, aunque también, tomando un término muy de moda en estos días, la historia igualmente está jalonada de arrepentimientos, de cambios de rumbo que a veces llegaron cuando los ciclos superiores estaban en franca decadencia.
No obstante, decir que esto pasa hoy, es olvidarse que al menos la mitad de los 12 años que en sus distintas variantes lleva el gobierno colombista, se transitó en aceptable sintonía entre la Rosada local y la de Balcarce 50. Los resultados son los que son y están a la vista.