Valdés: recuento de daños y proyección a largo plazo

Gustavo Valdés no habló de la herencia. No puede hacerlo por una larga lista de circunstancias políticas, que se sintetizan en una oración de ocho palabras: recibió el gobierno de su mentor, Ricardo Colombi. Pero sí hizo algo digno de esperanzas: reconoció cada uno de los problemas que estancaron a la provincia durante los últimos 20 años y que se negaron sistemáticamente en los últimos 16. El cambio tal vez empiece por ahí, y más allá de las expectativas que tenga cada uno, ese punto de partida predispone a la provincia a transitar el merecido, postergado y reclamado camino de la reconstrucción, del desarrollo, la modernización y la inclusión social.
Fueron esos, de hecho, los ejes del discurso con el que el Gobernador, ayer a la noche, dejó inaugurado el período ordinario de sesiones de la Legislatura.
Gustavo Valdés fue recibido después de las 19 en las remozadas instalaciones del Palacio de las Leyes (todavía con olor a pintura) y desde las 19.20 hasta las 20.27 recorrió las 24 páginas del cuadernillo de su discurso, el primero de su gobierno, plazo fijo en el que depositó el éxito o fracaso de su gestión. No sólo de este año. Porque fue un discurso largamente aspiracional, que no verá frutos en 365 días. No lo creería ni el más optimista. Pero sí marca un rumbo y metas. Veremos.

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Para empezar, selló el carácter de esta etapa que comienza: “Corrientes somos todos”, dijo, e instituyó ese slogan como la identificación de su gestión, que tiene además la intención de una convocatoria amplia, abierta, que incluya principalmente a las mujeres y a los más vulnerables, y a los vecinos de todas las direcciones. Mencionó especialmente a la Capital. Un detalle, pero no tanto. Es una gran diferencia en relación a los últimos años llenos de diferencias entre el Gobierno y el principal distrito provincial. Hay más.
Este largo “todos” incluye “a los que están y a los que se fueron”, dijo Valdés. Incluye a los que se fueron porque no tenían razones para quedarse. Ni trabajo. Ni futuro. Hubo aplausos. Muchos.
Gustavo Adolfo Valdés reiteró los ejes de su gestión trazados en diciembre, cuando asumió: desarrollo, modernización e inclusión social. Habló de aumentar el producto bruto y mejorar la distribución de la riqueza. De más energía para las empresas. De empleos de calidad bien remunerados. Habló de la falta de energía, sí, y también de escasez de rutas, caminos rurales, de puentes para la producción.
De la necesidad de recursos humanos capacitados. De la salud de la gente y del ambiente. Del agua potable, de la necesidad de cloacas. De viviendas saneadas para prevenir enfermedades.
Definió la modernización conceptualizando por comparación: “El mundo está creando inteligencia artificial y nosotros todavía luchamos contra la deserción escolar”, dijo. Fue una daga. Muchos en la sala tragaron saliva. “Modernización no es comprar computadoras. Es cambiar nuestras cabezas y pensar de otra manera”, insistió.
La inclusión social y la lucha contra las desigualdades -reiteró- será uno de los pilares sobre los cuales descansará su gestión. El punto de partida es difícil, “pero asumimos el problema y nos proponemos tratar de solucionarlos”, prometió. Asumir el problema, otra gran diferencia con sus antecesores.
Su visión será humanista, adelantó, pero con bagaje doctrinario para marcar el rumbo del gobierno. Su inspiración: los héroes, desde San Martín para abajo, hasta los comprovincianos que todos los días “trabajan para hacer grande a Corrientes”.
Mencionó a Ricardo Colombi. No podía obviarlo. El ex gobernador miraba retraído desde su banca de senador. En ese momento Valdés habló de un legado. De paz social. De las inversiones. Del Banco de Corrientes saneado. De una provincia desendeudada. De equilibrio fiscal. De los jubilados. Del 82% móvil y de una directriz: “No vamos a transferir nuestra caja de jubilaciones a la Nación. Es de los correntinos y seguirá siendo de los correntinos”, bramó, y le respondieron con vítores.
Habló de una relación madura con los municipios, con todos ellos, sin que importe el partido político de cada administración. Si concreta ese anuncio en los hechos, el nuevo Gobernador habrá marcado otra diferencia con el pasado inmediato.
Habló de industrializar la madera y abrió la puerta, de par en par, a la radicación de una papelera. Mencionó incluso la posibilidad de construir viviendas con este material. Trabajo para los correntinos. “Porque si no lo hacemos nosotros, otros lo van a hacer, arrebatándonos los empleos que necesita nuestra gente”, argumentó.
Mencionó la ganadería y su exportación. El arroz. Los cítricos, la horticultura, la yerba, el té, la miel. Pidió crecer y mejorar.
Se extendió hablando de turismo, del Iberá, de la expansión del aeropuerto Piragine Niveyro y del traspaso a la jurisdicción provincial de otras cinco pistas. Pidió articular conocimiento con los reservorios como la Universidad del Nordeste. Ponderó el conocimiento.
Habló de energías renovables, de represas, y apostó por Garabí. Se detuvo luego en Yacyretá y Garabí: “Corrientes merece una reparación histórica en materia energética y la estamos reclamando. Tenemos derecho a exigir las obras que no se hicieron durante décadas. Porque sí se hicieron en Misiones y se discriminó a Corrientes”, remarcó. Aplausos.
Valdés dijo que concibe su gestión asumiendo desde el Estado el impulso para el desarrollo, la regulación de la vida pública y la generación de oportunidades. “Creemos en la gestión colaborativa y horizontal. No queremos compartimentos estancos”, dijo, y luego remató: “Hacer una gran obra necesita planificación, recursos, gestión, interacción con la sociedad. Eso no lo hace un ministerio, lo hace un gobierno”.
Fue un claro mensaje, pero para la interna del gabinete. Mensaje para quienes usan los recursos del Estado para hacer marketing personal. En fin. Siguió.

Habló de obras. De equipamiento para municipios. De un plan de transporte y de otro para el tratamiento de residuos. De atacar las adicciones.
Pidió la Ley de Educación y el Código Procesal Penal.
Habló de viviendas. De regulación dominial. De un banco de tierras. Del Fondo de Desarrollo Rural. Del plan hídrico. De los productos hechos en Corrientes. De salarios. De la violencia de género. De la seguridad. Del narcotráfico. De la educación. De salud. De cultura.
Habló de la pobreza. De la mortalidad infantil. “Nuestro desafío para los próximos 4 años es bajar la mortalidad infantil a un dígito”, dijo, y le respondieron con aplausos. Hoy Corrientes es la segunda peor en este punto, después de Formosa. Durante el colombismo fue la peor de todo el país.

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Una hora y siete minutos después de empezar, el gobernador Gustavo Valdés terminó su discurso. Pidió el acompañamiento de todos, “para cumplir nuestro destino”, según dijo.
Hay un punto de partida. Parece claro. Parece estar encaminado a dar respuestas a un orden de prioridades urgentes para el despegue provincial. Ojalá no muera antes de nacer por problemas políticos internos. O por mezquindades externas. Ojalá la oposición asuma responsablemente su rol. Que controle, al igual que la Justicia. Hay un millón cien mil correntinos, según Valdés, que estarán mirando. En una mano sostendrán los premios y en la otra los castigos.

Colombi abrió la Legislatura llamando al diálogo, pero desperdigando crít

“Estamos convencidos de que nuestro rol es la superación de los problemas, dejando en un segundo plano el juicio histórico, más propio de la academia, la prensa y la opinión pública”.
Ricardo Colombi,
ayer, ante la
Asamblea Legislativa.

Una hora de su tiempo le insumió al gobernador Horacio Ricardo Colombi leer las 20 páginas prolijamente estructuradas sobre las que le escribieron su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del año en curso. Comenzó a las 10,35 y concluyó a las 11,31 luego de hacer un repaso por los logros de su gestión, por las deudas que aún tiene con la ciudadanía que gobierna hace tantos años y luego de desparramar en andanadas, reconvenciones muy fuertes contra el Gobierno de la Nación en retirada.
El pleno parlamentario, presidido por el vicegobernador Gustavo Canteros, quien estuvo acompañado también por el presidente de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani, cumplió rápidamente con las formalidades para luego conformar una comisión que fue a buscar al mandatario hasta su despacho ubicado a unos pocos metros de allí, en Casa de Gobierno.
En el recinto de sesiones de la Legislatura aguardaban ellos. Ministros del Superior Tribunal de Justicia, entre ellos su titular, Guillermo Semhan; los ministros del Gabinete, de asistencia perfecta; funcionarios de todo rango, concejales de la ciudad, autoridades de las fuerzas vivas y el mismísimo intendente Fabián Ríos, que fue la novedad en el marco de una tregua con el Gobernador que por momentos pareció tambalear ante las críticas que el mercedeño apuntó directo al corazón del kirchnerismo.
No estuvo el arzobispo, monseñor Andrés Stanovnik, cosa desacostumbrada; como tampoco la ciudadanía de pie. Apenas unos pocos militantes de la UCR se ubicaron con espacios en los balcones y algunos, menos osados, aguardaron afuera, detrás del cordón policial y de la Banda de Música que le puso sonido a la tranquila y radiante mañana dominguera en la cuadra del poder.
Tampoco fue ninguno de los ex gobernadores de la democracia, salvo Pedro Braillard Poccard, que estuvo pero en su rol de ministro de Seguridad.
Asistieron sí algunos dirigentes políticos y contados familiares, desapegados de esta formalidad anual que tiene, no obstante, su relevancia institucional y política innegable y que se pone en evidencia por su propio peso.
Esa fue la platea, completada por periodistas, ante la cual el gobernador Colombi fue a dar su décimo discurso con el que entrará en el promedio de su tercera gestión al frente del Poder Ejecutivo de Corrientes.
Luego de hacer el balance -en el que habló básicamente de política, con menciones contundentes al año electoral en marcha y a la necesidad de “venderle” el modelo correntino a todos los candidatos a presidente-, ponderó la necesidad de diálogo, del que se dijo su adalid, con tal de generar las condiciones de desarrollo negada desde hace tiempo a la región y, por consiguiente, a la provincia de Corrientes.
Hizo una mención elíptica al caso Nisman, habló de gravedad institucional y después descargó contra la encerrona del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a la que hizo responsable de una situación que quiere, en palabras del primer mandatario, a provincias de rodillas si es que estas manifiestan su propio punto de vista.
Habló de las materias pendientes, sin entrar en detalles, aunque haciendo hincapié en la necesidad de de- sarrollo, en la urgencia de solucionar el tema energético y de infraestructura, de agregar valor a la producción, de propender al desarrollo turístico y de seguir sosteniendo la salud, la educación y la cultura.
Puso como tema central el de la inseguridad por la matriz excluyente en la que se desenvuelve la vida de los correntinos; pidió compromiso judicial para tratar de controlar el tema y también puso de relieve, como uno de los aspectos negativos, al de la drogadicción y a la pérdida de los valores fundantes, como el de la familia.
No hizo más que mención a la suba de la tarifa energética, pero la ligó al sostenimiento de políticas heredadas desde los 90, según aclaró.
Elogió el equilibro fiscal del año pasado, sobre todo porque se logró ese objetivo en un contexto inflacionario; el crecimiento de la masa salarial; el 82% móvil con el que se paga a los jubilados y además reconoció, con un agradecimiento, a docentes, tutores y a referentes sindicales, que permitieron que Corrientes pueda iniciar las clases con normalidad por sexto año consecutivo.
Volvió a exaltar el aporte coparticipable a las comunas, los avances del Pacto Correntino de Crecimiento, la pronta inauguración de parques industriales, de la instalación de la planta de Coca-Cola y la inauguración del primer tramo de la red de gas natural que se hará esta semana en Paso de los Libres. Habló de la construcción de unas 5 mil viviendas y luego fijó pautas que considera son necesarias para el crecimiento. Puntos conceptuales para los que pidió acompañamiento, sobre todo a la dirigencia política, a la que exhortó discernir entre lo coyuntural y lo estratégico.
Cerró, como siempre, apelando a la emoción de los correntinos, mencionando Malvinas y a otros atributos de nuestro “ñande reko”.
Habló todo el tiempo de nosotros. Agradeció a los legisladores por el acompañamiento en asuntos clave y los instó a seguir trabajando en conjunto, celebrando acuerdos políticos, según dijo, en base al diálogo.
La repetida referencia a los entendimientos resultantes del intercambio de ideas, cosa que puede discutirse por la historia misma de este Gobernador y su modo de relación con socios y adversarios políticos, generó varios cruces de miradas entre los legisladores y representantes opositores, sobre todo porque muchos de ellos, por traslación, fueron blanco de las más ácidas amonestaciones del doctor Horacio Ricardo.
Desde el fondo del hemiciclo, cuidadosamente ubicada, Estela Barattini, la primera dama provincial, ataviada con un sobrio traje azul y negro seguía el discurso con lectura atenta, asintiendo tímidamente.
Sólo en cuatro ocasiones los aplausos de la platea le dieron a Colombi un respiro a su alocución, por momentos monocorde.
Cuando terminó, acomodó su corbata roja con detalles rayados en celeste y ocre, con un remedo del gesto billardeano de llevar la mano derecha a la garganta y luego reposó, en el sillón principal del estrado, bajo el cuadro de San Martín, conversando con Canteros y Cassani; esperando, tal vez, que desalojen la sala. Impidió, ese gesto, el que todos estaban esperando: el saludo público y con testigos con el intendente Fabián Ríos.

Colombi: “Nuestra provincia fue castigada por su posicionamiento político”

Un funcionario del gobierno correntino dio tal vez la definición gráfica más contundente, fuera de los oropeles discursivos, de la reprimenda institucional que Ricardo Colombi descargó ayer contra Cristina Fernández y su gobierno. Semejante reconvención no se la dedicó nunca antes un gobernador y menos ante una Asamblea Legislativa, pero es verdad también que nunca antes el kirchnerismo estuvo tan cerca de los cuarteles de invierno como ahora.
“Hoy hasta el heladero le pega a Cristina”, dijo en clave de sorna, el mencionado funcionario, otrora concejal, reconociendo agriamente que nunca se le animaron a tanto a la señora, mucho menos cuando el Gobierno de la Provincia, en sus distintas versiones, a lo largo de la última década, estuvo más cerca que lejos, cuando no transitaba los períodos de sociedad plena con el kirchnerismo.
En ese contexto, pero sin dejar de lado el período electoral que se avecina, debe leerse el mensaje de Colombi que causó ardor a más de uno en la mañana de ayer.
Lo que sigue es un resumen de las frases más picantes del extenso discurso del primer mandatario:

Estamos transitando una etapa política altamente sensible, en la que se requiere de mucha sensatez, y para ello no hay que dejarse llevar por pasiones, ni enfervorizarse livianamente.

El momento es especialmente delicado. El país convive con la sensación de haber perdido una oportunidad.

Estas circunstancias son graves, y no se superarán por un resultado electoral, cualquiera sea el mismo.

El Gobierno Provincial tiene errores y aciertos, pero su norte es la calidad de vida de los correntinos, y no la confrontación con sector alguno de la vida política y social.

La sensación institucional a nivel nacional es preocupante y nos duele. No porque veamos un escenario conspirativo. Nos preocupa el clima enrarecido, la vuelta de la violencia a la vida pública. Nos parece delicado, que problemas de esta naturaleza no nos encuentren a los Argentinos juntos, buscando soluciones.

Compartimos la crisis energética con el país, pero eso no nos saca el peso de la responsabilidad, simplemente lo señalamos porque en la base de esta compleja situación se encuentra una política tarifaria nacional que ha agravado el funcionamiento de las empresas del sector.

La política energética actual tiene la misma matriz que en la década de los años 90’. Desde aquel momento hasta hoy, con una continuidad aterradora, se ha seguido la política de transferir problemas a las provincias.

Nosotros creemos que el país tiene deudas históricas, que para saldarse, necesitan de la cooperación de todos, gobernantes y ciudadanos.
El Gobierno Nacional ha elegido otro camino. Tiene siempre un responsable a mano al que señalar, y se ha centrado mucho más en dichos señalamientos, que en superar los obstáculos, con el concurso de los argentinos de bien.

Ignorar el pasado es un error, vivir en el pasado también lo es.

Las crisis se engendran en silencio, cada vez que la cerrazón política le gana al espíritu de construcción.

Hoy, percibimos un clima de exagerada hostilidad y ausencia de apertura.

La persistente tendencia a no dialogar con la oposición, el manejo de la mayoría parlamentaria como instrumento de imposición, y otros desvíos de esa naturaleza, han empobrecido la vida política.

El Gobierno Nacional ha confundido vocación transformadora con obstinación, y ha hecho un uso indebido del poder, que una mayoría electoral le ha conferido.

Construir poder no significa ir en contra de esa conquista; ni tampoco usar la movilización popular como una forma de asedio a las instituciones.

Faltan pocos meses para las elecciones presidenciales, tenemos la esperanza de que se abra un tiempo de cooperación y diálogo, para que cerremos la grieta y nos pongamos a trabajar juntos, como nos reclama la ciudadanía.

La Nación toda sabe que se están consolidando elementos de una transición traumática que deberíamos evitar.

La deuda pública nacional está sin acuerdo, y por lo tanto con dificultades para ir al mercado de capitales, las tarifas atrasadas, la inflación sin tratamiento adecuado, las economías regionales en crisis. Todo esto no puede esperar al próximo gobierno.

Debemos recordar, que así como la crisis del 2001 no perdonó a ninguno de los responsables, una nueva crisis engendrada desde ahora, no eximirá de responsabilidades a quienes no hayan hecho lo suficiente por evitarla.

Dejemos de hablar de un golpe que no existe, se trata de una circunstancia superada, sencillamente porque el pueblo argentino está del lado de la democracia, de las instituciones y de la paz.

El Gobierno Nacional no debería dejar pasar la oportunidad de poner estos grandes problemas en una mesa, mostrando sensibilidad y grandeza; y la oposición debería sacarlos del debate electoral.

Esta provincia fue castigada por su posicionamiento político, recibiendo ostensiblemente menores inversiones federales que sus vecinas. Lo que planteamos no lo hacemos en una actitud de víctima, decimos que la democracia argentina no se merece esa degradación.

Necesitamos que la inversión pública federal siga criterios racionales, porque el país lo precisa; porque es necesario recuperar la confianza de los ciudadanos en el Estado, porque a la larga no le hace bien ni al que da, que queda cuestionado, ni al que recibe que debe pleitesía.

Nosotros optamos por un camino digno: apoyar lo que creemos conveniente y plantear nuestras disidencias con respeto institucional.

Lamentablemente, debemos señalar que la lógica amigo/enemigo ha envuelto la política. Debemos apostar por salir definitivamente de ese enredo. Quienes han optado por otro camino no son nuestros enemigos, muchas de sus causas son justas. Nosotros, tampoco nos consideramos enemigos de nadie, por hacer los señalamientos que creemos justos.

Ni las diferencias deben enfrentarnos definitivamente, ni las coincidencias llevarnos a una complicidad inmadura. La Nación eligió una senda excluyente, y nos perdimos la oportunidad de colaborar.

En la provincia hemos tratado por todos los medios de evitar esas circunstancias, y a la vista está demostrado cómo el Gobierno Provincial se despliega en todo el territorio sin consideraciones políticas, con las obras y gestiones que se necesitan.

Es sencillo, sólo hace falta la voluntad política de reconocer liderazgos plurales, y entender tanto el consenso como el disenso.

Nos inspira el futuro y hacia él vamos, sin temores, sin aflojar y sin mentiras ni engaños.

Colombi fijó un rumbo: queda adelante

“Corto en palabras/
hay gente que piensa que soy huraño”.
“Neike chamigo”

Chamamé de Zini y Sheridan.
Citado ayer por el Gobernador.

En su discurso, Ricardo Colombi hizo lo de siempre. Bordeó los asuntos urgentes, visó los temas importantes y, para cuidar las formas, convocó una vez más a todos los sectores a que aporten ideas para formular y sostener políticas de estado. Mencionó el consenso y subrayó el diálogo, pese a su escasa credibilidad en tales asuntos.
Minó su perorata de consignas más acordes a un ámbito comiteril que otro asambleario, de carácter protocolar y provincial. Apeló a la épica de la superación en la adversidad, lo mismo que del kirchnerismo se critica como relato. Enumeró algunas acciones, hizo un par de reconocimientos, admitió unas pocas falencias y echó mano, finalmente, a la muletilla de la correntinidad en clave de chamamé para arrancar aplausos de la platea, que esta vez estuvo raleada.

“Por eso digo/
para salvarse/
hay que juntarse y
arremangarse.
¡Neike, chamigo!”, recitó.
***

Pocas veces un discurso inaugural de Colombi fue tan desnutrido. Pocas veces, puede ser también, una vaciedad pronunciada en código de arenga dejó tanto al descubierto: la endeblez de los cimientos sobre los cuales el Gobierno construye su propia imagen y se proyecta hacia el futuro, ignorando su pasado que ya supera holgadamente la década.
Colombi habló de la estabilidad política y económica que genera su administración y de la proximidad con la gente, que además de ser un valor que no puede cuestionarse y mucho menos discutírsele al mandatario, ofrece posibilidades de equilibrio de cara al poder.
Sucede que el Gobernador, según dijo, es un receptor de señalamientos sociales. Tantas cosas le cuenta la gente al hombre que, al parecer, empezaron a llegar quejas por la burocracia que impide, traba, limita y desalienta a los emprendedores que el Estado dice querer ayudar. Burocracia que además crece y crece al calor de los fondos del erario.
No obstante esto, Colombi apeló a lo que viene sosteniendo con solvencia: la épica por lo hecho y por lo que vendrá en el futuro.
“Sabemos hacia dónde vamos”, reiteró mil veces. “Vamos para adelante”. Vamos hacia allá “con el acompañamiento de la gente” que, por lo que dejó entrever, tiene preferencias. Lo banca a él pero manifiesta cierto hartazgo de los ciclos políticos cuando se refiere a la Nación. Sobredosis de autoindulgencia.
Dijo además Horacio Ricardo que aborrece las “visiones excluyentes”, pero no ahondó en cuanto a las relaciones políticas que lo desmienten. Fabián Ríos tiene mucho para decir al respecto.
Habló de la inflación pero en el mismo renglón -cosa que tal vez tenga que ver con sus relaciones recompuestas con la Nación-, reconoció que el país avanzó desde la feroz crisis de 2001 y que “ese avance hay que cuidar entre todos”. (Sus funcionarios deberían tener mucho cuidado ahora, pues decir algo en contrario sería, al menos, desautorizarlo).
Se autohalagó por lo que llamó “una buena gestión pública” y aclaró que quiere para el futuro una “provincia productiva, con empleo de calidad y movilidad social ascendente. Sino, para qué demonios estamos en la política”, se preguntó.
La profundidad de la cuestión interpela a más de uno, y desde todos los tiempos. En el auditorio sólo hubo reconfiguración de mohines.
La producción de maderas, la cría de vacas y el cultivo de arroz debe industrializarse, pidió, aunque para ello haga falta infraestructura y mejorar los servicios que son de baja calidad. La energía por ejemplo. O los caminos. Reconoció en ese marco que tenemos problemas. Déficit habitacional, de energía, de conectividad, entre otros tantos, por lo cual llamó a todos los sectores a conformar una comisión: un consejo de políticas públicas, para llevar a la práctica la lista de buenos deseos contenida en el Pacto Correntino de Crecimiento.
Fue tal vez lo más concreto. Habrá que ver si sucede.

Para un radical no hay nada mejor que un peronista

Puede que el de ayer haya sido uno de los mejores discursos que le fuera escuchado a Ricardo Colombi en los tantos años que lleva regenteando el poder político local. Sin dudas fue el mejor de los 7 anteriores que pronunció ante la Legislatura, entre su primer mandato y este.
Varias razones sustentan lo antes dicho. Parte de la estética y termina en el fondo.
Es bueno porque básicamente fue claro, contundente. Mechó datos y estadísticas (cuya verificación es todavía una tarea por hacer) y habló de política: conceptualizó las bondades de su gestión y las falencias, ligándolas a trabas opositoras; trazó lineamientos futuros y, de paso, en clave electoral, criticó fuertemente al Gobierno de la Nación y poco más que retó a sus referentes locales.
Sutilmente desde la palabra, pero sin filtros en cuando al tono y al modo, tácitamente largó la campaña con él al frente. Descalificó la gratuidad facilista de ciertos beneficios, como el boleto estudiantil, por ejemplo, y le recordó al PJ, que hoy lo ve como un leproso, todas las veces que fueron socios. Hasta parafraseó al General, apoyado en “Las Veinte Verdades”, para decir que comparte con Perón algunos lineamientos fundantes del justicialismo.
Todo esto ocurrió ayer en la Legislatura. Por el momento, hasta que las urnas hablen, fue la última vez que Ricardo Colombi tuvo la obligación de abrir el año legislativo. Tal vez por eso no se anduvo con ahorros. Si hasta la puesta del discurso vino con cotillón extra: una pantalla gigante para acentuar las frases que leía el mandatario, y una envidiable presentación en el formato impreso del mensaje. Toda una innovación.
Aquí una síntesis de los puntos salientes del discurso.

Un expresidente argentino decía dos cosas que hoy siguen vigentes: “A la Argentina la arreglamos entre todos o no la arregla nadie” y “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Yo comparto esas ideas y sería muy bueno que todos las hiciéramos nuestras, para que nadie en el país vea en un adversario un enemigo y en un opositor un traidor a la patria.

La Provincia ha avanzado de un modo decidido y verificable. No vamos a valernos de las cuestionadas cifras del Indec para darle sustento, ni de relatos infundados, sino de cuestiones palpables que todos los correntinos conocemos.

El futuro es para nosotros algo que se construye hoy. Sin confianza en la palabra no hay futuro.

Ninguna operación de marketing puede transformar en verdadero lo que no lo es.

En el origen de la mayoría de las crisis provinciales y nacionales, hay una crisis fiscal que deja sin herramientas a la política para incidir en la economía, para enfrentar conflictos sociales.

Nunca como en este momento la centralización de recursos fue tan extrema. Nosotros no queremos hacer de esa situación un reclamo, sino convocar a una reflexión.

¿Cómo es posible que un Gobierno que dice defender la acción estatal y el país federal, esté en conflicto con muchas provincias por un esquema de distribución de recursos que no reconoce el federalismo?

En Corrientes ningún gobierno municipal, ni ningún intendente, son discriminados por no estar alineados con el oficialismo.

Sabemos que los ciclos económicos no son infinitos y sobre todo no nos llenamos la boca hablando de prudencia: la ejercemos; tampoco usamos el Estado como herramienta de construcción de nuestra base electoral: los ciudadanos nos eligen por nuestras políticas y entre ellas una de las más relevantes es cuidar y fortalecer el Estado: ¡pero de verdad!

Esos créditos a los que no accedimos, implican menos calidad de vida para las familias, mayores costos para nuestros productores, imposibilidad de crear empleo, servicios más caros, menor atractivo para inversiones.

Si no queremos más cortes de luz, tenemos que invertir en la red y para invertir hacen falta recursos. Es tan sencillo que todos podemos entenderlo, por eso necesitamos acceder al crédito, a un crédito razonable, destinado a obras fundamentales.

Nuestra provincia, que en algún momento fue señalada como “inviable”, es hoy y lo va a seguir siendo, una referencia decidida en materia de calidad de manejo de los recursos; no sólo por su solidez sino porque la misma ha sido conseguida sin asfixiar al sector privado.

No creemos que la solidez del Estado deba ser el resultado de perseguir a productores, empresarios o comerciantes; sino que debe ser fruto de la buena gestión y de reglas claras bien aplicadas.

Si estas ideas sencillas, pero a la vez potentes, se entendieran a nivel nacional, creemos que el país marcharía mucho mejor.

El futuro queda lesionado cuando se usan las herramientas estatales de un modo inadecuado, cuando por emitir en forma desmedida se instala la inflación, cuando para financiar al sector público hay que generarle imposición a los trabajadores, cuando el Estado actúa discrecionalmente apoyando a provincias y municipios sólo en función de su alineamiento político.

El país ha perdido competitividad en los últimos años de la mano de la negación de la inflación, de la banalización de los problemas, de la falta de un diálogo sectorial fructífero y de una carga impositiva imposible de sostener para muchos sectores económicos.

La relación de los territorios con el Gobierno provincial va rumbo a vínculos de creciente cooperación y ha abandonado esa perspectiva mendicante y descalificadora que se ve en otras Provincias, donde los gobiernos municipales están a expensas del Gobierno provincial.

Nosotros vemos en este proceso un activo intangible de trascendencia para la Provincia de Corrientes, porque donde hay subordinación política no puede haber creatividad ni innovación y por supuesto no puede haber futuro.

No hacemos política para regodearnos en el poder; por eso desde siempre hemos concebido nuestra acción con el objetivo de resolver la deuda social que la Provincia tiene.

Cuando las políticas sociales en lugar de promover la emancipación, se constituyen en un modo permanente de sobrevida, terminan siendo impropias de una democracia.

Corrientes es una de las provincias que ha liderado en los últimos años los porcentajes de crecimiento económico, pero siendo muy significativo no es lo más importante.

A diferencia de otras provincias que han basado su crecimiento en ocasionales transferencias nacionales, Corrientes está en condiciones de seguir sosteniendo sus programas y a partir de dicha certidumbre es que se apalancan procesos de largo aliento, en un contexto inédito.

Estamos convencidos, no sólo de que el desarrollo y la sustentabilidad no son incompatibles, sino que desarrollarnos nos permitirá defender mejor nuestros activos naturales.

Quiero ratificar que bajo nuestro mandato, nunca cederemos la potestad sobre los Esteros del Iberá.

Ahora quiero dirigirme con mucho respeto al Gobierno nacional. Los correntinos con poco hemos hecho mucho. Y hemos hecho los deberes para poder aspirar a que la Nación cumpla con sus compromisos para que podamos concretar las grandes obras que necesita la Provincia.

No merecemos andar mendigando por estas obras. Los correntinos somos tan argentinos como cualquiera y queremos que el Gobierno nacional cumpla sus promesas.

Acá no pedimos plata para sueldos o aguinaldos. Acá necesitamos estas obras para seguir construyendo futuro.

Un apartado central en la visión del futuro que propongo al pueblo de Corrientes es el referido a la Justicia. En el debate acerca de la Justicia está la clave central de la política argentina actual.

Muchos sienten hoy que están en riesgo el Estado de Derecho, las libertades básicas y los derechos fundamentales. Durante mucho tiempo el riesgo provino de los enemigos de la democracia, de los extremismos ideológicos, de los poderes económicos, del partido militar. El problema es que hoy los peligros para la democracia vienen desde el interior de la propia vida democrática.

Nuestro gobierno defenderá con firmeza los valores de la Constitución. No negociaremos la defensa del derecho de propiedad, de la libertad de expresión, del pluralismo de las ideas, de la libertad de trabajo, de las libertades básicas de todos y cada uno.

Vemos el peligro de ese gran engaño para el pueblo que es el facilismo. Porque lo que es gratis, y no es cierto que sea gratis, nos lleva a la cultura de lo fácil y desde ella a la dependencia. Lo gratuito no existe, alguien en definitiva paga.

Las falsas prodigalidades alguien las paga. ¿La pagarán nuestros jubilados? ¿Serán las generaciones próximas? ¿Será otro tiempo de postración y dependencia?

Señores legisladores, el año 2001 significó un punto de inflexión en la historia de Corrientes. En una amplia y participativa alianza electoral, social y política, nos correspondió tomar el timón. Lo hicimos con convicciones e ideas que significaban cambio y transformación.

Así fue como unimos filas con el PJ en los años 2001, 2003, 2005 y 2007, así fue como pudimos abrir aún más el arco de diálogo y solidaridad, incorporando a partidos provinciales a este gran esfuerzo de lanzar y sostener cambios tan trascendentales.

Muchos van a hablar de cambio en estos tiempos, pero los correntinos sabemos que el cambio empezó hace tiempo y que no se puede parar.