Sin periodismo no hay democracia

 

“Que las paredes hablen, bato (hermano), ya que la ciudadanía calla”.

Javier Valdéz,
periodista mexicano
asesinado por narcos.

 

Hace unos días tuvo lugar en Buenos Aires el XII Congreso Internacional de Periodismo organizado por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea). En esta ocasión, en asociación con la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (Colpin), en el marco de un encuentro importante de periodistas de investigación de la región, para hablar del oficio, sus fallas y sus logros, y del rumbo que viene tomado la industria: el negocio de las noticias que es cada vez menos negocio para algunos y una oportunidad para otros.
Fueron cuatro días intensos de ponencias, conferencias y talleres interesantes, porque abrió caminos en una discusión que si bien puede parecer de interés corporativo, necesariamente es importante para la sociedad. Sin periodismo no hay democracia. Y sin democracia, las cosas pueden ser aún más difíciles. Los argentinos podemos dar testimonio de ello.
El asunto por estos días, en Argentina pero también en el mundo, y sobre todo en regiones como las nuestras, es el periodismo de mala calidad, que repercute también en la valoración de la democracia, pues ante la “no mirada” periodística, o la mirada miope -la distorsión de la mirada (por complicidad o por negocios publicitarios)-, brotan gobiernos malos, corruptos, que dejan de hacer lo que deben tentados por la impunidad y el silencio que los protege.
“Debemos formar periodistas para la democracia”, dijo Pablo Mendelevich, director de la carrera de periodismo de la Universidad de Palermo, lugar donde tuvo lugar el encuentro con periodistas del país y de gran parte de Latinoamérica. “El periodismo no está bien. No está mejor que hace 15 años”, agregó, y mencionó, entre otros problemas, la grieta política-social, la posverdad y otros tantos males como la decadencia de la industria del papel-periódico, que resiste y que para vivir, por sus elevados costos, entrega lo que debe y lo que no debe a pagadores generalmente provenientes del Estado: los gobiernos.
El titular de Fopea, Néstor Sclauzero, a su turno, insistió con una simple pero no por ello menos contundente frase: “El periodismo sigue siendo el mismo de la época de Gutenberg: hay que mirar y contar la verdad. Honrar la honradez”. Lo de los formatos es una circunstancia, porque los formatos de hoy son digitales y serán otros en el futuro. Pero contar un hecho periodístico con rigor informativo es tarea primaria de los periodistas. Hoy y siempre.
Lo que atrae a las audiencias es el talento, añadió. Y eso parece no estar en duda, más allá de las dificultades con las que se encuentra el talento a la hora de echar a andar. Una de ellas tiene que ver con las condiciones desfavorables de producción, un mal común en el mundo de este noble oficio. Porque es noble. Pese a que hay de todo, y por muchas razones se están abandonando los protocolos básicos de actuación periodística. Muchas veces por supervivencia, un periodista deja de preguntar y se dedica a cortar y pegar. A mediar un contenido suministrado, generalmente maquillado por las cada vez más extendidas y poderosas maquinarias publicitarias de los gobiernos que, entendiendo el negocio, gastan más en marketing que en gestión.
Los argentinos, además, consumen noticias por las redes sociales. El 65% del tráfico nacional lo maneja Facebook, pese a que las noticias más confiables las escriben los medios “tradicionales”. Estos gozan de prestigio, pero la cosa es que a los usuarios los maneja Facebook, sin que el interesado ingrese ya a las páginas de los medios. Otro tanto y más grave pasa con las estadísticas de los rotativos, que ven como, año a año, se reducen sus tiradas.
Los problemas, por tanto, pasan hoy por saber a cada instante qué contar, a quién, por dónde y cómo hacer para encontrar financiamiento para la producción de noticias de calidad, que son más caras que producir opinión por Twitter o por cualquiera de las demás redes. “Los hechos son sagrados (y caros) y la opinión libre (y abundante)”.
Los medios siguen siendo los organizadores del mundo, aunque el mundo sea pequeño, como podría ser el mundo de El Litoral: Corrientes, a veces parte de la región. Este diario es una referencia para su zona, para el NEA, pero sufre como sus pares de provincia la caída del modelo de negocios industrial y no se encuentra a ciencia cierta un camino para encauzar el servicio de noticias con una financiación sustancial en los nuevos formatos. Una condena. Por ahora, al menos.
Esa falta de control-financiamiento del negocio, la competencia desmedida sobre los contenidos y la irrupción de las falsas noticias y de operadores pagos (representantes de múltiples intereses) que moldean realidades, las deforman, generan corrientes de opinión, etc., constituyen un panorama bastante complicado para los periodistas y las empresas del rubro.
Hay algo bueno, de todos modos: que la ciudadanía sabe hoy que no todo lo que ve, oye o lee es verdad. Busca cómo validar esos contenidos y en ese esquema de validación todavía radica el hilo de vida de los medios.
El devenir (político, por caso) quiso convertir a los medios en instituciones redundantes de la escena pública. También la aparición de celulares potentes y gente que juega a ser periodista por un rato. Por suerte, más allá de una primicia, no alcanza sólo con eso. Aún valen las valoraciones contextuales y las implicancias efectivas de los hechos que se narran. Y eso no lo hace cualquiera.
De todas maneras, que los medios y el periodismo como entidad consigan hacer falta, no redundar, es menester de los propios medios y periodistas: buscando la verdad, generando credibilidad, prestigio. Periodismo de calidad.
Aquí también juegan un rol importante las instituciones de la democracia, muchas de las cuales se mantienen alejadas de los periodistas. Se esconden. Esconden. Y los medios no fuerzan un cambio de actitud. Muchas veces por comodidad, otras por falta de recursos y la mayoría de las veces por conveniencia económica, los medios también esconden sus sistemas de verificación interna y elevan las posibilidades de cometer inexactitudes o falsedades que terminan abonado el terreno difícil en el que parece estar embarrado el colectivo periodístico nacional.
Copiar y pegar sin verificación conduce al error. Y el error de los periodistas y medios de comunicación es el mejor refugio para los gobiernos escondedores o corruptos, y también para los gobiernos incapaces, que luego asientan la crítica en el error inducido para justificar su propia inacción.
Esta situación, llevada al extremo, hizo que en Argentina surjan entidades de verificación externa, como chequeado.com, que luego ofrece sus servicios a las empresas periodísticas, porque ni siquiera los grandes medios, muchas veces, se toman el trabajo básico de la verificación que hace unos años era una condición previa a cualquier publicación, aunque sea del estado del tiempo.
La información es naturalmente provisoria y por eso el periodismo debe extremar los cuidados. Y debe enmendar errores, en todo caso, cuando los comete.
Esto que parece una lección de primer año de periodismo y una sutileza cuando la realidad desborda los conceptos para imponerse con sus déficits más tremendos (socioeconómicos, sanitarios, educativos, de infraestructura, etc.), implica un mayor compromiso. Porque los que quieren que esto siga ocurriendo no buscan el descalabro de los medios en sí mismo. No les interesa eso. Lo que buscan es encontrar terreno fértil para sus fechorías.
La prensa surgió para contar y controlar, por lo que siempre es mejor para los controlados no tener de qué preocuparse. Es allí donde radica la importancia de estas cuestiones. Y por eso el poder busca siempre intervenir en los medios. Pero hay una certeza, y esta es igual para los vendedores como para los compradores de medios: a las entidades periodísticas que se las interviene políticamente no se les cree y no se las lee.
El acuerdo, por tanto, debe ser con la ciudadanía. Los periodistas debemos seguir bregando por encontrar mecanismos de acuerdo. No tanto con el palacio y más con la plaza. Estamos en un momento de crisis, pero también de oportunidades.

Ya no hay excusas

Ya no hay excusas. A lo largo del por momentos agobiante calendario electoral correntino, la ciudadanía fue confirmando el sentido político de su voto: se recostó por la alineación de los tres niveles del Estado. La trillada y muchas veces falsa (pero no por eso menos contundente) expresión de deseos de unir Nación-Provincia-Municipio, encontró en Corrientes un salvoconducto para que cambiar sea seguir.
La administración que desde el 10 de diciembre comandará Gustavo Valdés, dio el primer batacazo en el mes de junio cuando el justicialismo no pudo ratificar su permanencia en el municipio de la Capital. Perdió Fabián Ríos. Ganó Eduardo Tassano. Y en ese mismo acto, el rumbo empezó a trazarse con optimismo para ECO+Cambiemos que tenía por delante tres paradas bravas. Con el diario del lunes, podría decirse que no fueron tan bravas como la de Capital.
El error estratégico de Ríos, que traducido al lenguaje común fue el adelantamiento de las elecciones, traía consigo, evidentemente, la llave que destrabaría todas las elecciones.
Anímica, económica y políticamente disminuidos por la pérdida en Capital, el PJ ensayó una interna para regenerar votos y morigerar un eventual impacto negativo en las Primarias de agosto. No lo logró.
ECO+Cambiemos decidió no abrir sus listas y se quedó con el 45 por ciento de los votos. Fue un segundo gran triunfo, pero que sin embargo no pareció el portal de entrada para lo que vino después. No pareció porque la oposición, dividida, había firmado una alianza amplia de unidad para octubre. Contaron sus votos y eran más que los del Gobierno. Compraron aire y tiempo, pero ninguna certeza en su derrotero errante.
Así llegó el 8 de octubre y Gustavo Valdés se impuso a “Camau” Espínola. Desde lo conceptual la elección parecía más ajustada de lo que fue efectivamente cuando se abrieron las urnas. Una amplia diferencia colocó al capitalino-ituzaingueño en el sillón de Ferré y allí sí, envalentonado, el Gobierno de Corrientes que “muñequea” Ricardo Colombi salió a correr el último tramo del calendario electoral provincial-nacional con una pretensión: conseguir los tres diputados nacionales.
ECO+Cambiemos volvió a ganar ayer. Consiguió 2 de los 3: Estela Regidor y Sofía Brambilla. Y se impuso primero por mérito propio. Felicitaciones. Pero se impuso también por una serie larga de desaciertos de la oposición que no logra darle a la gente que no quiere que sigan los mismos (alrededor del 45 por ciento desde hace por lo menos 8 años), un emergente convocante y capaz de asumir ese liderazgo.
La oposición divide cuando debe juntar y hace al derecho lo que debe hacer al revés. Copia modelos (por caso las colectoras) haciendo lecturas erróneas allí donde reposa una regularidad histórica: ninguna elección es igual a la otra. Y no encuentra un mensaje claro. No quisieron ser kirchneristas, pero tampoco se diferenciaron del todo del macrismo.
La oposición nunca encontró la diferencia efectiva con lo que proponía Valdés (una especie de cambio justo) y entonces la ciudadanía que inclina la cancha y que optó por la continuidad en este esquema agrietado, tan cerrado del 54 al 45 por ciento, votó por quien le asegura ciertas certezas: el pago de sueldos es la más contundente. Pero también la paz social. La gobernabilidad.
Para más, la oposición volvió a diluir su potencial ayer, al tener opciones separadas que el 8 de octubre fueron una sola. Por eso también, la estrategia electoral, constituye una materia ineludible que debe saber-entender quien aspira a administrar el poder.
Nito Artaza capitalizó su imagen y otra regularidad que le asiste: siempre tiene buenas performances cuando va solo. Fue segundo en Capital y tuvo una elección al menos sorprendente en el interior. Le disputó de igual a igual a Jorge Romero. Ambos se restaron y estuvieron a un paso de allanarle el camino a Alfredo Revidatti, el tercero de ECO.
Así y pese al modo soberbio en el que lo dice, viendo lo acontecido, Colombi tiene razón: hay muchos dirigentes peronistas que deben pegarse una vuelta por la escuela.
Pero más allá de este análisis en línea de lo que vino sucediendo en Corrientes, el resultado de la elección de ayer confirma un dato político saliente: la alineación.
De allí se desprende, con claridad, siguiendo el lineamiento conceptual del propio gobernador Colombi, que la victoria no da derechos sino obligaciones. Por lo tanto, lo que la ciudadanía hizo este año fue quitarle al gobierno la bandeja de los peros, de los palos en la rueda.
Ya no hay excusas. Ya no hay peleas políticas con el gobierno nacional y tampoco debería haberlas entre el gobierno provincial y los municipios, por caso los más importantes y a la vez más “conflictivos” del último tiempo: Capital y Goya, ni más ni menos que los dos más densamente poblados de la provincia. Allí estarán ahora Eduardo Tassano e Ignacio Osella, dos de paladar negro.
Pero ECO consiguió intendentes en por lo menos otros 30 municipios. Ayer sumó uno más, el de Ituzaingó, por lo que en gran parte de la provincia no hay diferencias a la vista. No hay culpables -a priori- que puedan retrasar el progreso largamente prometido a lo largo de los últimos 16 años, pero básicamente en las campañas de estos días.
No hay excusas para mejorar la infraestructura, para generar trabajo, para mejorar la educación y la salud, para recuperar calidad institucional, el diálogo, el reconocimiento del otro como alguien que piensa distinto, pero que por ello no es un enemigo. No hay excusas para sumar en vez de discriminar.
Ya no hay excusas para trabajar. Para hacerse cargo de los problemas. Para recuperar la institucionalidad que no significa otra cosa que mantener desde el gobierno relaciones serias, institucionales y responsables con los municipios opositores, que fue justamente el reclamo que largamente sostuvo la Provincia en relación con la Nación.
Ya no hay excusas. Es hora de ir a las cosas.

Libro: un mercenario en plan de conquista que escribió la primera crónica del país

Ante estudiantes de periodismo y comunicación, docentes y público en general, Loreley El Jaber presentó el viernes a la tarde en la Sala del Sol de Extensión Universitaria, su libro “Derrotero y viaje a España y Las Indias”, que recopila las crónicas sobre la región que escribiera Ulrico Schmidl, en el marco de un ejemplar que forma parte de la serie “El país del sauce”, de Editorial Eduner.
Doctora en Letras por la UBA, investigadora del Conicet, docente de Literatura Argentina I en la UBA, Loreley El Jaber prologó, hizo los comentarios críticos y editó el texto que pone en contexto actual la relevancia de una crónica fundante del soldado y viajero alemán, publicado por primera vez en 1567.
La actividad fue presentada por Fernanda Toccalino. Fue declarada de interés por la Vicegobernación de Corrientes. Consistió en un conversatorio que la autora sostuvo con el periodista Eduardo Ledesma, que sirvió para comentar el trabajo y adentrar a los presentes en una obra que, a pesar de los años, mantiene una vigencia sorprendente.

Ulrico Schmidl fue parte de un reducido grupo de cronistas que narraron sus experiencias en tierras americanas cuando este continente era, para los ojos europeos, un territorio vasto, desconocido, fascinante y desafiante.
Estuvo presente en la primera y fallida fundación de Buenos Aires y también en la fundación de Asunción, Paraguay. Navegó por nuestras costas y escribió esa experiencia que, en estos confines, se extendió por casi 20 años.
Su testimonio, que plasmó en “Derrotero y viaje a España y Las Indias”, fue publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos (Eduner), en una reedición que merece elogiarse por el cuidado puesto en los diversos aspectos que plantea un proyecto de estas características, por sus documentos y notas contextuales, que se fueron escribiendo a conciencia a lo largo de 3 largos años.
El “Derrotero y viaje a España y Las Indias” fue publicado por primera vez en Frankfurt en 1567. La edición de Eduner retoma la última versión de la traducción realizada por Edmundo Wernicke, de 1950, publicada en la Universidad Nacional del Litoral. Representa, además, la primera edición crítica, moderna y documentada de la crónica del soldado Schmidl.

Este libro ofrece no sólo un importante conjunto de notas, sino que a la vez publica imágenes y documentos prácticamente desconocidos, que dialogan con la obra y con el autor.
Justamente sobre estos y otros detalles departieron Loreley El Jaber y Eduardo Ledesma. Sobre la idea y la hechura del libro; sobre el cariz político de la crónica de conquista; sobre la amplitud temporal del trabajo, puesto que la crónica abarca casi veinte años: no hay ninguna otra crónica que cubra esa temporalidad.
Sobre el relato de un conquistador alemán que viaja con un adelantado español en busca de riquezas pero que, sin embargo, enfrenta momentos en los que la unión con el español se quiebra: ante la antropofagia, por ejemplo.
Sobre el relato de la conquista que convierte a Ulrico Schmidl en el fundador de una espacialidad discursiva que luego será rioplatense y de una literatura que hará del espacio una marca identitaria nacional.
Una vez concluida la presentación, el público pudo plantear sus puntos de vista y hacer preguntas a la autora, que finalmente agradeció la lectura del libro, a la Universidad Nacional del Nordeste por la acogida y a la Vicegobernación por el reconocimiento de la importancia del texto.

La Unne presenta “Derrotero y viaje a España y Las Indias”

Este viernes 20 de octubre, a las 19,30 y en la Sala del Sol de la sede Corrientes de Extensión Universitaria, Córdoba y 9 de Julio, tendrá lugar la presentación del libro “Derrotero y viaje a España y Las Indias”, de Ulrico Schmidl, ejemplar que forma parte de la serie “El pais del Sauce” de la Editorial Eduner.
Quien estará a cargo de la presentación será su editora, Loreley El Jaber, doctora en Letras por la UBA, investigadora del Conicet, docente de Literatura Argentina I en la UBA y autora de artículos sobre literatura argentina y latinoamericana colonial y del libro “Un país malsano. La conquista del espacio en las crónicas del Río de la Plata (2011)”, quien en este caso tuvo la responsabilidad de escribir el prólogo, los comentarios críticos y de editar el texto en su integralidad, y que pone en contexto actual la relevancia de esa crónica del soldado y viajero alemán, publicado por primera vez en 1567.
La actividad se desarrollará en el marco de un conversatorio que la autora sostendrá con el periodista Eduardo Ledesma, donde comentará el trabajo que se pone en consideración, pero también, el valor de la crónica de un mercenario que fue una de las primeras en moldear el perfil de la América.
Ulrico Schmidl, de hecho, es parte de un reducido grupo de cronistas que narraron su experiencia en tierras americanas cuando este continente era, para los ojos europeos, un territorio vasto, desconocido, fascinante y desafiante.
Estuvo presente en la primera y fallida fundación de Buenos Aires y también en la fundación de Asunción, Paraguay. Navegó por nuestras costas y escribió esa experiencia que, en estos confines, se extendió por casi 20 años.
Su testimonio, que plasmó en “Derrotero y viaje a España y Las Indias”, fue publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos (Eduner), en una reedición que merece elogiarse por el cuidado puesto en los diversos aspectos que plantea un proyecto de estas características.
El volumen, como se dijo, forma parte de la colección “El país del sauce”, dirigida por Sergio Delgado, y hace honor a la trayectoria y el prestigio del sello de la editorial que tiene como directora a María Elena Lothringer.
La relevancia de la obra de Schmidl se justifica en que la historia que publica –de carácter biográfico, en la cual rescata sus experiencias a América del Sur– es un testimonio de primera mano sobre las circunstancias y avatares que rodean la exploración por parte de los europeos de la región platense.

El “Derrotero y viaje a España y Las Indias” fue publicado por primera vez en Frankfurt en 1567. La edición de la Eduner retoma la última versión de la traducción realizada por Edmundo Wernicke, de 1950, publicada en la Universidad Nacional del Litoral. Representa, además, la primera edición crítica, moderna y documentada de la crónica del soldado Schmidl.
Este libro ofrece no sólo un importante conjunto de notas, sino que a su vez publica imágenes y documentos poco o prácticamente desconocidos, los que dialogan con la obra y con el autor.

El libro

El 1 de septiembre de 1534 parte del puerto de Sanlúcar de Barrameda, con destino al Río de la Plata, la expedición de Pedro de Mendoza. Acompaña a este Adelantado un joven alemán, Ulrico Schmidl, que permanecerá en el nuevo mundo durante prácticamente veinte años. Doblemente extranjero, entre españoles e indígenas, Ulrico asiste a la fundación de ciudades como Buenos Aires y Asunción, al azote del hambre, al canibalismo, al despoblamiento; participa, en definitiva, de la exploración y conquista de un espacio marcado por la leyenda y el desencanto.
Frente a las dificultades, las traiciones y la desilusión debe cuidar, entre tantas amenazas, su propia “diferencia”. El desafío mantiene su tensión al volver a Alemania, a Straubing, su lugar natal, hacia 1554. Son años de formación, de vida matrimonial, pero también de exilio. Por adherir al protestantismo es expulsado de su ciudad y probablemente en estos años comienza a escribir la crónica de su viaje, al menos 13 años después de haberlo emprendido.

Ganó Valdés, ¿y ahora qué?

“Lo peor que puede hacer el ser humano, es negar lo que es. O fingir, y tratar de vender una imagen que no es cierta. Yo no soy una persona que te voy a pasar la mano y después te voy a pegar un patadón. No. Podemos disentir. Podemos acordar. Podemos discutir. Pero siempre respetándonos.
Equivocarme. Y sí. Tal vez por mi forma de ser, muy confrontativo, de decir las cosas de frente, por ahí trajeron malestar y demás, pero bueno, yo soy así.
Yo no soy ni más ni menos que ella (1). Somos iguales. Y le tengo que respetar esté de acuerdo o no con lo que ella diga en su profesión de periodista. Y además le tengo que respetar como persona, como ser humano. Eso es lo que hay que entender. El grave problema que tenemos es creer que uno es eterno. Y no es así.

Ricardo Colombi.
Extracto.
Entrevista con Equipo de Noticias.
Canal 13, domingo 1 de octubre de 2017.

 

 

Todo pasa. Y ahora pasó el colombismo. Empieza otra era para la política correntina que estará liderada por el doctor Gustavo Adolfo Valdés.

Habrá quien piense que es más de lo mismo. Que será difícil deconstruir conceptos tan arraigados como los que perfilaron a Horacio Ricardo Colombi, desde 2001 en adelante, como el “único” garante de la estabilidad social, económica y política que le dieron cierta tranquilidad a un pueblo más acostumbrado a las convulsiones. Habrá que demostrar ahora que sin Colombi, es posible mitigar la angustia que merodea provincias como la de Corrientes, por el fantasma de la cesación de pagos, la falta de empleo y la pobreza consecuente. Larga. Estructural. Doliente.

La provincia está hoy en el umbral de otro momento. La ciudadanía se ha expresado y lo menos que le debemos es respeto. Su sentido práctico emitió un voto de confianza: tal vez crea que la cosa pueda mejorar o, al menos, no empeorar.

Largamente se pueden discutir cuestiones contextuales, como la libertad efectiva de la gente a la hora de razonar y emitir su voto, el calado de las presiones ejercidas de uno y otro lado, el miedo a perderlo todo, es decir, lo poco y nada que tienen aquellos que no forman parte del Estado aglutinante ni del sector privado chico pero coadyuvante. Las prebendas. Las regularidades en cuanto a la utilización de los recursos del erario público para hacer proselitismo salarial, etc. Pero lo cierto es que hay un resultado y hay que acatarlo. Bregar para que Valdés ponga en juego su propia inteligencia y pueda avanzar por el camino prometido: el que prometieron ellos mismos en la campaña.

Es hora, por tanto, de recibir los beneficios del alineamiento multiestatal sin entregar la autonomía. Es la hora del desarrollo sin excusas. De decir la verdad. De empezar a cumplir.

Claro que la cosa no será sencilla. Valdés no podrá hablar de la pesada herencia, pero recibirá una provincia complicada. Que paga sueldos y poco más, sin que eso sea poco, como ya dijimos, por el pasado reciente de la provincia que concluyó con muertos en 1999, rota la cadena de pagos y una enorme porción de la población sumida en un suculento subdesarrollo, muchas veces letal.

La gobernabilidad y la paz social que fueron necesarios para la reconstrucción, hace poco menos de dos décadas, son valores que ya no están en juego. Ni en riesgo. No deberían estarlo al menos. Pero ya no alcanzan. Ya no alcanza sólo con pagar. Ni repetir ese “logro” como una gran cosa cuando se trata de una mínima responsabilidad que tiene un gobernador. Es cierto que hubo quien no pudo ni eso. Pues bien: una pueblada lo echó a patadas. Ya está.

Es hora de avanzar, y Valdés tendrá esa ardua tarea. Primero, dejando de lado una mentira basal: “Lalaca” Colombi no le dejó la “vara alta”. Todo lo contrario. Por eso es necesario desmontar el colombismo. Superar lo de los salarios. En todo caso mejorarlos y generar las condiciones para sumar trabajo y sueldos de calidad.

Habría que eliminar la hipocresía y el engaño del libreto político. No resiste análisis la magnitud de la discriminación nacional durante el kirchnerismo, cuando Colombi y los Kirchner fueron socios. No se puede seguir cuestionando a los otros porque “pagan medios de comunicación nacionales”, teniendo prensa adicta acá nomás, a unas pocas cuadras de Casa de Gobierno, a unos pocos centímetros de la computadora que escribe estas líneas.

No se puede andar pidiendo autocrítica cuando uno mismo no la tiene.

No sería bueno, por tanto, que el doctor Valdés mute en gobernador soberbio que no sea capaz de reconocer un error o, lo que es peor, que no pueda ver que sus acciones u omisiones a veces empeoran las cosas. Que no se pueda ver la pobreza que lo circunda. Una pobreza que baja en el país y sube en Corrientes, y que en conjunto con la indigencia constituyen un mal que afecta nada menos que a la mitad de los correntinos. ¡A uno de cada dos! O que niegue el sistema de medición del nuevo Indec, como hizo el propio Colombi hace una semana y por televisión. ¿No era eso lo que hacía el kirchnerismo? ¿No era eso lo que criticaba?

***

No se puede hablar de vara alta cuando todos los indicadores socio-económicos de Corrientes dan por el piso. La educación no es buena y las escuelas están llenas de alumnos con sobreedad, producto muchas veces de la repitencia y otro tanto por la necesidad de ayudar en sus casas. Dejan y cuando pueden, vuelven. Si vuelven.

La salud cojea. Tiene indicadores dignos del peor atraso: altísimos niveles de mortalidad infantil, condiciones adversas para parir en el interior o para recibir atenciones de clínica médica mínimas en los viejos hospitales, y aún en los nuevos. En los que se han inaugurado en 16 años y en los que se han refaccionado.

Falta trabajo, trabajo y más trabajo. Falta energía, y cuando hay, que no se corte. Faltan caminos y casas. El déficit habitacional es de varias decenas de miles de unidades. Hay que mejorar las rutas. Hay que levantar dos puentes caídos y otros tantos en peligro de derrumbe. Hay que combatir la trata de personas. El narcotráfico. A la policía corrupta. A los corruptos.

Por tanto, Valdés debería crear un equipo de gobierno que gobierne pensando en el otro, no que crea que el Estado le pertenece. Hay que demostrar convivencia. Y hacer lo posible para no pelearse mañana mismo con el intendente Eduardo Tassano.

A los parques industriales, el doctor Valdés tendría que ponerle industrias. Tendría que hacer que venga la Coca Cola. Y que no se vayan los correntinos por falta de oportunidades.

Tiene que generar redes significativas, para que los correntinos que nos quedamos, tengamos manera de desarrollarnos, cada uno en lo que quiere, no en lo que puede, a duras penas.

Deberá cumplir con lo que prometió: que restablecerá el dialogo como método de construcción política. Sabe bien Valdés que en todos estos años hubo mucho monólogo. Mucho grito y golpes en la mesa.

Hay que modernizar el Estado, las comunicaciones. Salir de las cavernas y dejar atrás a los cavernícolas. Hay que dejar atrás el apriete como salvoconducto para conseguir los objetivos, sean estos personales o colectivos, políticos. Y para eso, entre otras cosas, debe nombrar colaboradores que se dediquen a su trabajo, no a presionar profesionales, empleados o contratados para engrosar las maquinarias electorales del partido de Gobierno.

Hay que propiciar la reforma política y electoral. Habrá que garantizar la convivencia y la paz social, porque la provincia está quebrada en dos. Tendrá que hacer esfuerzos el doctor Valdés para gobernar para todos, pese a que la mitad de la población viene queriendo otra cosa.

Habrá que legitimarse siempre, convocando a todos los sectores, pero no destruyéndolos primero. De ser así, la provincia verá las cosas que se pueden hacer cuando la mayoría puede aportar el máximo de su potencial.

Para ser distinto, el doctor Gustavo Valdés tendrá que hacerse cargo. Tendrá que desterrar la vieja lógica de que siempre la culpa es ajena. Eso, básicamente, es ni siquiera hacerse cargo de las decisiones de uno. Su mentor y su secuaces fueron muchas veces campeones en el arte de trasladar culpas y rotar identidades según la conveniencia política del momento.

Por su investidura, Valdés deberá dejar de lado aquello del maltrato a los periodistas sólo porque preguntan. Esa nunca será una culpa periodística. Nunca. Nunca preguntar será un delito. De hecho, ¿no se acompañó desde Corrientes el reclamo de los periodistas que “querían preguntar” a Cristina Kirchner? Pues bueno: Valdés tendrá que responder.

Habrá que dejar atrás el populismo-paternalismo silvestre del gobernador saliente y avanzar en serio hacia el republicanismo que, entre otros, promete el presidente Mauricio Macri. Ello incluye una verdadera división de poderes, la real independencia de la justicia, reconocer adversarios y no enemigos y respetar al que piensa distinto y no mandarle una banda de trolls anónimos, pero bien rentados y adoctrinados. Deberá propender a fomentar una amplia libertad de expresión para que más personas, más periodistas, puedan decirle esto mismo que dicen estas líneas -de frente, en la cara- sin que haya miedo a represalias.

Puede que todo esto se enmarque en una visión pesimista. Puede que sí. Pero es necesaria. Más necesaria a veces que el optimismo pavote o su variante paga: la alcahuetería genuflexa e interesada. De eso tienen mucho los gobiernos.

Menuda tarea tiene el doctor Gustavo Valdés por delante. Ojalá le vaya bien. Mientras tanto ya hay algo para festejar. Las 20.144 personas que nacieron en 2001 en Corrientes, y las 300 mil en promedio que nacieron desde entonces hasta hoy, podrán anotar otro apellido en la lista de gobernadores. Descubrirán que los Colombi no eran monarcas. Ni tenían derecho de sangre.

Este Colombi, el de ahora, se irá el 10 de diciembre y, según dice, y ya no volverá. Irá a su casa de Mercedes a pisar el césped. Descalzo. Valdés entonces tendrá que gobernar. Ojalá lo haga mejor.

 

(1) Ella: se refería a Cristina Solís, una de las periodistas que lo entrevistaba.

¿Por qué la pobreza baja en el país, pero sube en Corrientes?

El jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Marcos Peña, estuvo el viernes 29 de septiembre en Corrientes. Otra vez. Llegó al promediar la mañana y se reunió con Ricardo Colombi y los candidatos de la continuidad del Gobierno: Gustavo Valdés y Gustavo Canteros.

Encabezó la presentación de los detalles de la autovía travesía urbana para Capital (que estuvo a cargo nada menos que de Ingrid Jetter, gerenta regional de Vialidad Nacional que fue varias veces ninguneada por el mandatario saliente); brindó una conferencia de prensa; participó de un acto político en el Club San Martín y luego una serie de inauguraciones en el interior.

Entre momentos de esa apretada agenda, recibió en un aparte a una serie de medios (entre ellos a este cronista) para hablar de política, de elecciones y de gestión: de obras y de los balances económicos que tanto preocupan a los argentinos. También habló de pobreza, esa cuyos índices bajan en el país, pero suben en Corrientes y la zona.

¿Cómo explicó el jefe de Gabinete esa suerte de contrasentido? ¿A quién atribuir responsabilidades si lo que mejoró en dos años en la Nación empeora en esta provincia, que tiene los mismos administradores hace 16 años?

Peña es un hábil hombre de la política, pero también un funcionario nacional que no puede rifar su prestigio. Así que fue de frente:

Según los últimos datos del Indec, la pobreza bajó, pero en el NEA y en Corrientes subió. ¿A qué lo atribuye?

-El tema de la pobreza es un tema estructural que refleja otros problemas de la Argentina. El nivel de desarrollo que descuidaron las provincias, la falta de empleo de calidad en muchos lugares del país, la falta de calidad institucional en muchos lugares que también perjudicó el desarrollo de inversiones.

Afecta el hecho de convivir con fenómenos como la inflación, el trabajo informal, la falta de infraestructura social (el tema de hábitat, de infraestructura), la falta de inversión pública de muchas provincias sostenida en el tiempo y que generó toda esta situación.

Claramente no se corrige de un día para el otro porque tiene dos dimensiones: por un lado, la normalización de la economía que permita sostener el crecimiento, y que baje la inflación. Eso va a ayudar a sacar presión y bajar la pobreza.

Pero también mucho trabajo territorial como lo estamos haciendo aquí y en todo el norte del país. De mejora del hábitat, de viviendas, el saneamiento, la calidad educativa… todas cuestiones que hacen que la igualdad de oportunidades se manifieste como tal.

Lo bueno que está pasando con la cifra a nivel nacional es que vemos que la cifra ya es la correcta y tenemos que ver cómo hacer para acelerarla, porque obviamente todavía es muy alta.

El NEA en la pluma de dos grandes de la literatura: Arlt y Walsh

La editora Cristina Iglesia estuvo este viernes 8 de septiembre en Corrientes para presentar “El país del río”, el libro que reúne las notas que Roberto Arlt escribió en 1933 durante un viaje a través del río Paraná en un barco de carga, y las crónicas que entre 1966 y 1967 escribió Rodolfo Walsh tras su paso por Corrientes, Chaco y Misiones. La actividad tuvo lugar en el Centro Cultural Universitario y se realizó en el marco de un ameno diálogo entre Iglesia y el subdirector del diario El Litoral, Eduardo Ledesma.
“El país del río”, de Editorial Eduner, es un reflejo de las aventuras de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh en su paso por la región NEA: el primero describiendo las ciudades, objetos y personas de la ribera del Paraná y otro adentrándose a situaciones y lugares para escribir crónicas memorables.
En este libro confluyen dos miradas y dos maneras muy distintas de aventurarse en el paisaje, separadas además por más de treinta años de diferencia, que sin embargo se cruzan y por momentos parecen dialogar.

Cristina Iglesia, responsable de esta edición, explicó: “Mi excursión crítica comenzó cuando pensé, por primera vez, que estos dos conjuntos de crónicas podían conformar un solo libro. Si dos escrituras diferentes en el tiempo, en la estética y particularmente en el modo de mirar y narrar podían y debían reunirse en un volumen, no era sólo porque ambos se hubieran adentrado en el país del sauce -esa región acuosa y ambigua del Nordeste argentino-, sino sobre todo porque algunas veces se detenían, se sorprendían y se dejaban atrapar -o no- por la seducción de un mismo trayecto, de un mismo espectáculo, o subrayaban la misma molestia”.
Las aguafuertes fluviales de Roberto Arlt nunca fueron publicadas en su totalidad en un libro hasta ahora. Las notas de Walsh forman parte de “El violento oficio de escribir” (1995). Esta edición vuelve a poner en circulación estos textos de dos de los más geniales cronistas de la literatura argentina, acompañándolos con las imágenes originales: las fotografías del propio Arlt en el primer viaje, las de Pablo Alonso en el segundo.
Todo esto fue parte de la presentación, pero el conversatorio en el Centro Cultural de la Unne avanzó sobre otras cuestiones y profundidades de los textos, sobre las continuidades de las historias allí narradas, sobre las actualidades que engrandecen la agudeza de aquellas miradas y voces.

Generosamente y ante un nutrido público mayoritariamente conformado por alumnos universitarios de la Carrera de Comunicación Social, Cristina Iglesia compartió por más de una hora su experiencia en la hechura del libro, pero también su mirada acerca de la literatura, el periodismo y las cuestiones políticas que allí quedan explícitas.
Después de largo tiempo volvió a estar bajo un techo de la Universidad del Nordeste -de donde egresó hace 40 años-, y aprovechó entonces la oportunidad para conversar sobre la colección que cobija el libro, sobre los conceptos de aguafuerte y crónica y sobre los trabajos de Arlt y Walsh. Sobre la mirada de uno y la participación del otro en las historias. Periodismo, pero también etnografía, antropología.
¿Cambió la Argentina desde aquellas aguafuertes y crónicas? Da la sensación de que algunas cosas mantienen fuertes continuidades. Desde la falta de árboles en una ciudad como Corrientes -tal la queja de Arlt-, hasta la falta de trabajo, la desaprensión estatal, la pobreza, las obras ausentes que agravan las inundaciones, la voracidad empresarial que aún esclaviza, o la marcha del tren -que ahora son colectivos- que avanza sobre las entrañas de las provincias para sacar a su gente, por falta de esperanzas.
El libro es un viaje hacia lo desconocido. Aún hoy, hacia “un país otro”. Hacia una Argentina que se cuenta desde Buenos Aires. Todavía nos están descubriendo/colonizando. ¿Pero cuánto tenemos que ver nosotros con esta centralidad porteña?
De esto hablaron Cristina Iglesia y Eduardo Ledesma, y de otras tantas líneas bellas, críticas, profundas, que están reunidas en el libro. Un libro de texto de los mejores por su calidad descriptiva, narrativa. Por la pluma misma de Arlt y de Walsh. Pero también un objeto valioso, prolijo. Uno de esos que son imprescindibles.

¿Quién es Cristina Iglesia?

Cristina Iglesia nació en Corrientes. Estudió Letras en la Unne y luego, por cuestiones políticas, se fue a Buenos Aires donde trabajó como correctora en distintas editoriales y traductora hasta que en 1986 el escritor, critico, polemista y maestro de maestros, David Viñas, que ganó la cátedra de Literatura Argentina 1 (colonial y siglo XIX) le pidió que lo acompañe en la cátedra en una época de oro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
Cristina Iglesia publicó la “La violencia del azar. Ensayos sobre literatura argentina” (2003); “Islas de la memoria. Sobre la autobiografía de Victoria Ocampo” (1996) y, en colaboración, “Cautivas y misioneros. Mitos blancos de la conquista” (1987). Ha compilado y prologado “Letras y divisas. Ensayos sobre literaturas y rosismo” (1998) y “El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti” (1993). En 2010 publicó “Corrientes”, un libro de relatos, y en 2014 “Justo Entonces”.

Un viaje para explorar “El país del río”

En el marco de la presentación del libro “El país del río. Aguafuertes y Crónicas”, el Centro Cultural Universitario y Radio UNNE invitan al público interesado a disfrutar de un ameno diálogo literario con la editora del mismo: Cristina Iglesia.
La cita, de acceso libre, será el jueves 7 de septiembre a las 20 en el Centro Cultural Universitario, ubicado en Córdoba esquina 9 de Julio, Corrientes.
La presentación estará a cargo del periodista Eduardo Ledesma, propiciándose un espacio de conversatorio con la editora.

“El país del río”, de la Editorial Eduner, es un reflejo de las aventuras de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh en su paso por rincones a la vera del Paraná. En este libro confluyen dos miradas y dos maneras muy distintas de aventurarse en el paisaje, separadas además por más de treinta años de diferencia, pero que sin embargo se cruzan y por momentos parecen dialogar. Es en sí mismo un viaje: el de los escritores Arlt y Walsh que se dirigen a un lugar desconocido de su propio país, pero también el viaje de la lectura.

Como lo explica Cristina Iglesia, responsable de esta edición: «Mi excursión crítica comenzó cuando pensé, por primera vez, que estos dos conjuntos de crónicas podían conformar un solo libro. Si dos escrituras diferentes en el tiempo, en la estética y particularmente en el modo de mirar y narrar podían y debían reunirse en un volumen, no era sólo porque ambos se hubieran adentrado en “el país del sauce” –esa región acuosa y ambigua del nordeste argentino–, sino sobre todo porque algunas veces se detenían, se sorprendían y se dejaban atrapar –o no– por la seducción de un mismo trayecto, de un mismo espectáculo, o subrayaban la misma molestia».

Las aguafuertes fluviales de Roberto Arlt nunca fueron publicadas en su totalidad en libro hasta ahora. Las notas de Walsh forman parte de El violento oficio de escribir (1995). Esta edición vuelve a poner en circulación estos textos de dos de los más geniales cronistas de nuestra literatura, acompañándolos con las imágenes originales: las fotografías del propio Arlt en el primer viaje, las de Pablo Alonso en el segundo. Una introducción, una cronología, una bibliografía y notas críticas, materiales preparados por Iglesia con la colaboración de Montserrat Borgatello, completan el equipaje para explorar El país del río.

#Paso2017: ¿quién ganó y quién perdió?

 

Se realizaron ayer las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, y pese a que hubo ganadores y perdedores -al menos desde el discurso y desde la interpretación política que se hicieron y se harán en los próximos días, es muy poco lo que queda de este proceso como ganancia colectiva.
Las Paso de ayer constituyeron, al menos para los capitalinos de Corrientes, la segunda parada electoral del año, de las cuatro que deberán afrontar hasta octubre. Todavía quedan los comicios municipales-provinciales y las nacionales, y eventualmente una segunda vuelta si es que ninguna de las fórmulas provinciales logra imponerse el domingo 8 de octubre.
Esto mismo, la cantidad de elecciones que sumergen a provincias como la de Corrientes en una especie de campaña permanente, termina por despolitizar a la sociedad, muy por el contrario de lo que supondría el sentido común. Opera una suerte de hartazgo, más allá de que ayer la afluencia de electores, que rondó el 71%, puede considerarse relativamente buena. Pero es la más baja desde que hay Paso.
Puede suponerse asimismo que la industria electoral le sirve más a la clase política que a “la gente”. Y esto teniendo en cuenta la distancia histórica que se manifiesta incólume entre lo que se promete y lo que finalmente se hace.
Si fueran por promesas, esta provincia sería como Suiza, pero sin embargo sigue siendo Corrientes: la que alguna vez fue, la que hoy aparece como una de las pobres de una región empobrecida.
Pero no sólo eso. De no mediar un cambio radical en la conducta social y política, nada hace suponer que vaya a cambiar esa matriz. Entre otras cosas porque no se discuten modelos sino chismes, chicanas y opiniones más que propuestas, planes o proyectos.
Tampoco irá a cambiar algo si los ciudadanos no saben a quién reclamarle qué cosa. A los candidatos casi no se los conoce, y esto lleva a preguntarse algo central sobre el modelo electoral argentino. Las Paso ¿cumplieron su objetivo? Además de costar 2.800 millones de pesos para erigirse en una gran encuesta nacional, ¿sirven para otra cosa?
La investigadora asociada del programa de Instituciones Políticas de Cippec, María Page, estudió el fenómeno y llegó a varias conclusiones:
-Las Paso fueron controversiales desde su origen. Ya en 2009, cuando se debatía su implementación, se las acusó de ser proscriptivas; de conllevar una intromisión excesiva en la vida interna de los partidos; de buscar dividir y desgastar política y económicamente a la oposición; y de resultar injustificadamente onerosas para el Estado y cansadoras para los votantes.
-Los promotores sostenían que perseguía objetivos difíciles de cuestionar: fomentar la democracia interna de las agrupaciones; alentar la restructuración del debilitado sistema de partidos; y ofrecer opciones electorales más claras a los votantes.
-Pese a todo, están los números: en 2011 no hubo competencia para presidente, pero, en 2015, tres fuerzas eligieron sus candidatos presidenciales en primarias con competencia. Para diputados, compitieron una de cada diez agrupaciones en 2011; una de cada cuatro en 2013; y una de cada cinco en 2015. Este año, la información oficial sugiere que habrá niveles de competencia similares a los de 2013.
-Así las cosas, el efecto más evidente de las Paso es la reducción en la cantidad de partidos y alianzas que compiten en la elección general. La elección de 2015 fue la que contó con menos listas de presidente y de diputados nacionales desde 1983. Esto se explica porque las Paso fomentan alianzas entre los que temen no pasar del umbral y facilita la asociación entre quienes, si se juntan, tienen chances de ganar.

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Ahora: sin las Paso ¿hay algún otro mecanismo posible para democratizar los partidos políticos y desterrar al menos lentamente la dedocracia, la autocracia o la postura sostenidamente oligárquica de los partidos políticos? Habría que buscarla.
Sucede que los que piden internas, reniegan de ella. Los que montaron la farsa de la democratización, cuentan los votos totales de las listas únicas que armaron a gusto y piacere, evitando la competencia. La política de Corrientes, por tanto, como la de casi todo el país, no puede salirse de la lógica de los relatos agrietados, por lo que en general toda la puesta en escena no deja de ser sólo eso.
Las Paso sirven para elegir candidatos a legisladores nacionales. Representantes locales, es cierto, pero al Congreso de la Nación, donde se discute una agenda general, nacional. Y hasta ahí todo bien, a no ser porque ninguno de los candidatos locales se hizo escuchar sobre los temas que están en carpeta para la discusión en el Congreso.
Hablan de trabajo, de pobreza, de alinear nación, provincia y municipio, de arroparse al calor de la billetera del pagador de turno, pero nada o muy poco sobre qué harían sobre el aborto, sobre la despenalización del consumo de marihuana (ni hablar de otras drogas), sobre la nueva ley de servicios de comunicación, sobre la reforma electoral, sobre el desfinanciamiento de las investigaciones científicas, sobre el blanqueo de capitales o sobre la redistribución de la coparticipación federal.
Hablan más bien de generalizaciones, de banalidades, y en el único punto en el que se acentúa el posicionamiento (también general) tiene que ver con la marcha de la economía, que se aborda más desde la ideología que desde el conocimiento técnico, de uno y otro lado.
Ni por equivocación aparece en la agenda de los candidatos la materialización de una vieja idea: conformar un bloque regional que tenga como norte al Norte, no al bolsillo de cada uno, que serán llenados de acuerdo con el grado de entrega al centralismo nacional.
Así entonces, y teniendo en cuenta estos apuntes: ¿quién ganó y quién perdió este domingo? ¿Hubo ganadores y perdedores? Tal vez. Pero, ¿vale invertir cerca de 3.000 millones de pesos sólo para eso? ¿No hay otras prioridades? Sí. ¡Y la democracia es una de ellas! Y el gasto es aceptable para sostenerla, pero no a cualquier precio.

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Debe quedar claro algo: criticar las Paso no implica levantar banderas de la anti-política, como pretenden algunos. Lo que se busca, por el contrario, es en todo caso mejorar los mecanismos para que la participación ciudadana sea efectiva. Hay miles y miles de argentinos que se comprometen con su participación política, diariamente, desde muchos espacios. Y eso porque entienden que sólo así se puede construir una mejor sociedad, un proyecto colectivo.
Es allí donde se deben fortalecer los mecanismos de participación… Para que la casta política pueda finalmente renovarse, no sólo en años sino también en prácticas. Para que aquellas personas comprometidas y honestas, de todos los ámbitos, puedan involucrarse en la cuestión pública y no salir asqueados a los pocos meses.
Hay un clima de época que denota un fuerte y amplio interés ciudadano por participar de cuestiones políticas en la sociedad, más allá de lo partidario. Masivas marchas -de uno y otro lado de la grieta-: #NiUnaMenos, #MuerteDeNisman, #MarchaDeSilencio, #Amia, #18F, #2x1genocidas, #NiOlvidoNiPerdon, #DondeEstaSantiagoMaldonado, #NosotrasParamos, #VivasNosQueremos, #BastaDeFemicidio, #Violencia, #Inflación, #BastaDeCorrupción, etc. Un magma que podría encontrar su cauce en la aportación real si es que ocurre lo que tanto se pregona: una promoción efectiva de la participación ciudadana.
Entonces: ¿sirven o no las Paso? ¿Sólo merecen condena o también alguna reivindicación si efectivamente se cumple el espíritu con la que fue creada? En todo caso, ¿hay que eliminarlas o buscar otro mecanismo más viable para los tiempos que corren? El debate queda abierto.

En la Feria del Libro: periodismo por periodistas

La prensa tuvo un lugar protagónico el jueves 20 de julio en la Feria Provincial del Libro que se realiza hasta el 29 en el predio del Tekové Potí ublicado en la costanera Sur. Esta segunda jornada contó con la presencia de Gabriela Cabezón Cámara, Edi Zunino y una mesa de periodismo editorial integrada, entre otros, por el subdirector del diario El Litoral Eduardo Ledesma.

Con la presencia de Beatríz Sarlo, comenzó el miércoles la 7ª Feria Provincial del Libro, “Dime qué lees”. El jueves, en su segunda jornada, el periodismo fue la vedette con una mesa sobre “Periodismo editorial” conformada por Eduardo “Pepe” Ledesma, Luis Alarcón, Mariela Mioni, Marcelo Pucciariello, Carlos Lezcano y Carlos Quiñonez.

La charla comenzó en la Sala Nº 1 que se llenó por completo, y debió ser trasladada luego a la Sala 4 donde se sumó la periodista Gabriela Cabezón Cámara con su disertación: “Literatura y periodismo, un par en tensión”.

Antes hubo una serie de intercambios relacionados con la propuesta:

¿Cómo se financian los trabajos periodísticos en su paso a la industria del libro? ¿Cómo hace para vivir un periodista que debe dedicar al menos 6 meses a una investigación para publicar un libro? ¿Quién edita? ¿Hay público para que los periodistas intenten la patriada de invertir en un libro? ¿Cuáles son los intereses de las editoriales locales y regionales?

De estas y otras cuestiones se habló en la mesa, luego de que los distintos participantes expusiera su punto de vista. Hubo una suerte de estado de la cuestión, pero se habló además de los complejos sistemas periodísticos locales dependientes del Estado, de las formas nuevas de producción, de la evasión de la censura, de los libros existentes de periodistas, la mayoría editados en Buenos Aires, etc. De la necesidad de contar con editores.

Tras el cierre de esta presentación fue el turno de la periodista, escritora y docente Silvia Mercado, quien habló sobre “Actualidad política y perspectivas en un año electoral” y más tarde, el periodista Edi Zunino presentó su novela “Locos de amor, odio y fracaso”.