Ladrillero de mi pago

Murió nomás el sabió itateño.

Hablé muchas veces con el querido Pocho Roch. La última fue para consultarlo sobre un asunto para una crónica: http://bit.ly/2y7fSu6
Hablamos largo, despacio. Aquí un fragmento. 👇

***
-Que Dios te bendiga -me dijo el cura.
-Y a Boquita, que juega a las 7 -vociferó como un hincha.
Y me puso a reír.
Días más tarde volvería a escuchar la frase. Hablaba con Pocho Roch sobre Itatí, cómo no. Sobre historia y religión. Sobre la droga.
-Esto pasa en todo el país -dijo con su voz en queja.
-La mía es una opinión muy dolorosa. Somos un centro religioso de importancia nacional y continental y nos enlodan. Y nosotros no tenemos la culpa.
El viejo Roch habla de la culpa pública. Del mirar sin ver. Del estar sin hacer. De la impericia o la complicidad. Habla de Itatí y del 90 por ciento de la gente que es gente de bien.
Su sabiduría es inmensa y él la comparte generoso.
-Gracias Pocho -le digo.
-Que Dios te bendiga -me dijo con su voz jesuita. Y me puso a llorar.
***

Siempre creí que esa crónica, Misa de domingo en Itatí, podría musicalizarse con este tema.

Gracias Pocho, de nuevo. Y hasta siempre.

Chamigos

“Chamigos”. Osvaldo Sosa Cordero. Para todos ellos. Salud. Felicidades.

 

¡Hola, chamigo! ¿Qué tal?.
-¡Pero muy lindo, chamigo!.
Es el típico saludo
que usamos los correntinos.

“Chamigo” quiere decir
literalmente: “Mi amigo”.
Aunque en rigor de verdad
eso se halla enriquecido
por todo cuanto contiene
de fraterno, de afectivo.

El “Chamigo” es algo más
que lo común de un amigo.
Es una mano que estrecha
con impulso repentino,
es la voz que en ocasiones
nos nace como un estímulo
dándole fuerza al elogio:
¡Estuviste bien chamigo!

O la advertencia oportuna
cuando en algún trance crítico
alguien se acerca y nos dice
muy formal: ¡Chaqué chamigo!

O el corazón hecho hueco
cuando brindamos asilo,
diciendo sencillamente:
“¡Esta es tu casa, chamigo!”

O el reproche que nos brota
cuando exclamamos heridos
por el filo de una ofensa
“¡Eso sí que no, chamigo!”

Hasta en ello, hasta en lo ingrato,
la expresión tiene un sentido
de cuño tan puro y noble
que le dá valor de símbolo.

Un símbolo de amistad
muy propio del correntino
pero así, cordial y hermoso
no crea usted que el “Chamigo”
se lo prodiga a cualquiera, no señor.

Es ese un rito que se practica tan solo
cuando está reconocido
el real afecto de aquellos
que se consagran amigos.

Por eso, sin prevenciones
confíe en el correntino,
cuando corazón en mano
se le entrega en un: ¡Chamigo!

Este amor tan tuyo y mio

Este chamamé escuché siempre como fondo, cuando necesitaba reposo. Es una de las tantas bellas creaciones de Antonio Tarragó Ros y Víctor Yunez Castillo, interpretada en este caso por el dúo de Franco Giaquinto y Marcos Pereyra, acompañados en la opotunidad por Pablo González en bajo. Fue grabado en 2008 y es, a mi juicio, una de las mejores versiones del tema.

Que lo disfruten tanto como yo: